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EL ÚLTIMO REINO – TEMPORADA 1.

The Last Kingdom
BBC America, BBC Two | 2015
Aventuras, histórico | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Adrian Bower, Ian Hart, Emily Cox, Rune Temte, Thomas W. Gabrielsson, Tobias Santelmann, Amy Wren, Sean Gilder, Brian Vernel, Simon Kunz, Harry McEntire, Eliza Butterworth, Charlie Murphy, Nicholas Rowe, Eva Birthistle.
Valoración:

Estamos en el siglo IX, cuando los vikingos ponen los ojos sobre los reinos sajones (Inglaterra) en busca de gloria, riqueza y tierras. Una partida de daneses ataca un castillo y toma como rehén al joven heredero, Uthred, que será educado ahora como uno de ellos. Su vida dará otro vuelco cuando, ya de adulto, su actual familia sea masacrada por las rivalidades entre clanes. Entonces huye de vuelta hacia los reinos sajones, esperando ser aceptado de nuevo, pues lo miran con recelo por ser medio danés, y recuperar las tierras donde se crio, mientras sueña con vengarse de los vikingos que acabaron con su familia adoptiva.

La serie parte de las novelas The Saxon Stories (Historias sajonas) de Bernard Cornwell, que narran las aventuras de un ficticio habitante (Uthred) del castillo de Bebbanburg (hoy en día Bamburgh) en un contexto histórico bastante realista. Y esta fidelidad la mantiene el guionista Stephen Butchard en la adaptación, que resulta mucho más verosímil que la más famosa Vikingos, que se apoya demasiado en una figura muy mítica y toma excesivas licencias. Lo más notable es el esfuerzo por ser fieles en el vestuario, lo que le ha ganado incluso alguna crítica absurda de “parece cutre”. Se ha instalado demasiado en la retina del espectador los fantasiosos cueros negros y peinados extravagantes de Los Tudor y Vikingos y muchas películas, y cuando se encuentran con una obra que respeta la sencillez y pobreza propia de esos siglos les parece anacrónico o insuficiente.

Los movimientos y conflictos de reyes y nobles ingleses y líderes vikingos también se mantienen cerca de lo que se conoce, y aunque Uthred anda siempre metido en todo es una presencia más, no cobra un protagonismo excesivo como los de Pullo y Voreno en Roma. En el retrato de la época se van exponiendo distintos aspectos de forma muy orgánica. Se dibujan bien las diferencias entre las clases nobles y el pueblo llano, y se respeta la ignorancia y vulgaridad de las gentes, que esto es otra cosa que se suele pasar mucho por alto, es decir, en el género (cine o series) los personajes muchas veces parecen sacados del presente, y la religión, crucial en esa época, no parece existir. Aquí cada individuo actúa según dónde y cómo se ha criado, y se muestra muy bien la sombra de la religión en todo momento. Los autores son capaces incluso de exponer el cambio gradual en la sociedad y la política a pesar de lo corta que es la temporada. El contraste entre la forma de pensar de los vikingos y los ingleses es palpable, y la intriga e inquietud por el único dios cristiano se ve crecer en los primeros poco a poco: las matanzas vikingas iban seguidas de alianzas y bautizos que los integraban. Donde no ponen mucho esmero es en los idiomas, todos parecen hablar inglés; en Vikingos sí trataron muy bien este tema.

Uthred es un joven con demasiadas ambiciones y poca experiencia, así que se lleva bastantes palos. Pero también es inteligente y hábil y aprende rápido. ¿Conseguirá alcanzar alguna de sus muchas metas? La primera, volver a ser aceptado por los ingleses, es la principal en esta temporada. Ha de lidiar constantemente con las intrigas palaciegas del rey Alfred de Wessex, donde todos recelan de sus intenciones. Este rey luego sería conocido como El Grande, pues ante el envite vikingo imaginó unos reinos sajones unidos, pero ahora vemos a un líder prudente, piadoso, lo que choca con el pagano e irreflexivo Uthred. En la corte encontramos al religioso Beocca, que conoció a Uthred en su infancia y es el único que, no sin dudas, lo intenta ayudar; a los Odda, el padre fiel consejero y el hijo un trepa ambicioso y pronto rival de Uthred; y a otros pocos condes y religiosos. Pero quien más deslumbra es el soldado Leofric, uno de esos secundarios que roba escenas a todos los demás, incluso al protagonista; la relación con Uthred pasa por muchas fases sin atascarse en estereotipos. Aunque también merece una distinción Aethelwold, heredero al trono echado a un lado por inútil, que resulta un secundario cómico muy efectivo. Entre los vikingos tenemos a Ragnar, el hermanastro de Uthred, con quien planea la venganza por la masacre de su familia; Brida, la esclava con la que escapa, amante y amiga intermitente, por eso de los cambios de bando constantes de Uthred; y Guthrum y Ubba, algunos de los reyezuelos más importantes de la época y causantes de los principales infortunios de Uthred.

Pero hay más secundarios que dejan buena impresión a pesar de su breve presencia, como la monja o Skorpa, pues la serie se distingue más por mostrar unos habitantes muy verosímiles y atractivos que por elaborar tramas complejas. Sí, es cierto que es de aventuras de supervivencia más que de política, pero el principal problema de la temporada es que resulta muy, muy predecible. Es fácil ver venir el resultado de cada nueva etapa en la odisea de Uthred, y por mucho que le pase es difícil creerse que no saldrá airoso: no hay giros hábiles que sorprendan ni intrigas absorbentes que ofrezcan un poco más de densidad y suspense. Pero, con ese esfuerzo puesto en los protagonistas, su viaje engancha con facilidad. A Uthred le va cayendo de todo encima y avanza como bien puede, los conflictos internos del rey son muy interesantes, las pocas disputas de la corte efectivas, las rivalidades y alianzas facilonas pero nunca vulgares, y no hay batallas con la épica de Vikingos pero lo que ofrecen es más que suficiente.

El reparto es la mar de competente. Quizá el protagonista, Alexander Dreymon, es más guaperas que un intérprete de nivel, pero cumple de sobras. Quienes más destacan son Adrian Bower, que borda a Leofric con un carisma arrollador, David Dawson, capaz de mostrar los pensamientos del rey Alfred sólo con el gesto y la mirada, Ian Hart como el pelota de Beocca, y Harry McEntire como Aethelwold, el heredero fracasado. Cabe señalar también las apariciones estelares de grandes nombres como Matthew Macfayden o Rugter Hauer, y el cuidado en elegir actores nórdicos para los vikingos.

Los capítulos son largos, casi de sesenta minutos cada uno. Alguno de los iniciales se me hizo un poco pesado, como si abarcara demasiadas historias que hubieran ido mejor por separado y en episodios más breves, y sí, también con algo menos de previsibilidad, pero una vez inmerso en la vida de los protagonistas y con todos los frentes abiertos mejora rápidamente. Pasamos de la aventura a las intrigas de la corte y de ahí al romance cuando no a la acción a toda velocidad pero sin que ningún escenario ni género llegue a solaparse o ralentizarse más de la cuenta, y todo va dejando un buen poso en los personajes. En resumen, siempre hay sensación de avance, y la corta temporada tiene entidad propia a pesar de tocar muchas temáticas y dejar muchas de las historias abiertas.

El último reino es una buena recomendación para quien busque aventuras históricas entretenidas y respetuosas a la vez. Pero si se ambiciona una nueva Juego de tronos, como les ha pasado a muchos, seguramente decepcionará.

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DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 6 Y FINAL.


ITV | 2015
Drama | 9 cap. de 50-120 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Rebecca Eaton, Gareth Neame.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Raquel Cassidy, Michael Fox, David Robb, Sue Johnston, Jeremy Swift, Douglas Reith.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento el final de cada personaje.–

La última temporada de Downton Abbey obviamente se destina a ir cerrando las historias que íbamos viendo sobre todos los personajes. Esto nos pone ante la ventaja de que su creador y guionista Julian Fellowes no tiene que reservar nada de cara a nuevas etapas, así que va al grano y además hacia los momentos cumbre de cada protagonista. Por fin va a dejar de dar vueltas con Mary y sus pretendientes, por fin sabremos si Edith conseguirá ser feliz o no, etc. Y no desaprovecha el potencial, dando un año algo más activo e intenso que los precedentes.

La vida sigue cambiando en el mundo y en Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, y vemos cómo los nuevos tiempos van alcanzando a la finca de los Crawley. La nobleza pierde poder ante una emergente clase obrera, el tipo y cantidad de trabajos aumenta y se lleva a los empleados del servicio en búsqueda de oportunidades más prósperas y justas. La familia continúa tratando de adaptarse, como hemos ido viendo en las últimas temporadas: ajustando el número de criados, controlando mejor las finanzas, pensando en que hay que sacar dinero explotando las granjas y vendiendo tierras… El conde Robert ha aceptado hace tiempo el camino a andar y confía en Mary como heredera a pesar de ser mujer; además pronto vuelve Tom Branson para ayudarla.

Cora e Isobel quieren traer esos nuevos aires a la gestión del hospital, abriendo las puertas a nuevos procedimientos, tanto médicos como de gestión, algo a lo que la abuela Violet se enfrenta con el coraje típico de los conservadores: fe ciega contra la razón. Edith empieza a emanciparse, encontrando en el trabajo en la revista de su desaparecido amor un consuelo para su desdichada vida. Mary continúa con la relación de amistad y amor contenido con Henry Talbot, y aunque fuera evidente que acabaría con él se aceptaba, porque es lo que se espera del personaje y de la serie, y sobre todo porque se ha desarrollado muy bien; fueron geniales las escenas en que Branson la empuja a aceptar sus sentimientos, por ejemplo. Además, que por fin Mary abra su corazón implica dejar entrar en él a Edith de una vez por todas: resultó muy emotiva la confrontación definitiva y el posterior proceso de perdonarse y aceptarse la una a la otra. En cuanto a Edith, aunque el lío de la adopción en secreto de su hija da otros tantos problemas, también termina encontrando el amor con Bertie, como deseábamos todos, que ya había sufrido bastante como personaje trágico de la serie. Y seguimos con bodas, porque Carson y Mrs. Hughes pasan por el aro también en otra historia muy jugosa: los primeros pasos y roces en la vida juntos mantienen la habitual mezcla de drama ligero y humor.

Otra mejora es que damos carpetazo a historias muy manidas para centrarnos en esas otras más interesantes. Bates y Anna vuelven a ocupar su lugar como secundarios después de marear demasiado la perdiz con el dichoso caso contra él, y por suerte el drama de no poder tener hijos dura pocos capítulos y se maneja mejor. Y Baxter sigue arrastrando los fantasmas del pasado, pero con mucha menor insistencia. Pero esto también tiene su lado malo: Fellowes finalmente vuelve a meter en el armario a Thomas Barrow, y eso que con el intento de suicidio parecía ir a por todas. En sus intentos de encontrar trabajo fuera de la casa bien podría haber hallado un amor secreto y nuevas razones por las que vivir, pero el guionista vuelve a barrer, otra vez, el tema de la homosexualidad bajo la alfombra; esta temática se le atragantó bastante durante toda la serie, así que no sé para qué la incluyó.

Por supuesto, paralelamente tenemos decenas de aventuras pequeñas pero tan deliciosas y entretenidas como las más importantes, detalles del día a día en la vida de la época, recesos cómicos… Las riñas entre los empleados de Violet son más divertidas esta vez: menuda arpía Denker, vaya con Spratt y su columna femenina en la revista. Y la maduración de la relación entre Violet e Isobel es bien patente, pasando del odio a una dependencia mutua tan entretenida como las peleas anteriores. Eso sí, a Isobel le dan la única trama que no me ha parecido bien equilibrada: su relación amorosa en tensión con Lord Merton ha ido a trompicones, con partes confusas; sólo el drama con la hija de aquel tratando de apartarlos ha levantado el interés.

Ahora bien, me temo que los fallos que Fellowes no comete en la temporada sí aparecen en el final. En el ya clásico especial navideño con el que cierra el año y ahora también la serie se ablanda cosa mala en dos aspectos esenciales: el cambio hacia nuevos tiempos y la situación final de los personajes. Quizá por ser un conocido ferviente admirador de las clases nobles y todas esas pijadas inglesas, no termina de dar el paso último en la transición social. A mi modo de ver hacía falta un desenlace que señalara más claramente la tendencia de cambios sociales, políticos y económicos, y qué mejor que un relevo generacional: esperaba que Robert y Violet fallecieran, dando paso al futuro con Mary tomando las riendas de la finca definitivamente y dejando atrás los arcaicos ideales de la condesa. Amaga con cargárselo a él, pero no se atreve, y queda un tanto forzado.

A Tom Branson y Henry Talbot los pone montándose un concesionario de coches, pero no puede decirse que sea un gran avance, estos dos siempre han ido a contracorriente de los nobles, no en vano el primero empezó como chófer y el segundo ha sido piloto. Y donde verdaderamente tenía que mojarse no lo hace mucho: con los criados es muy inmovilista. Molesley es el único que se va, pero siempre había tenido un pie fuera, siempre se ha dicho que su estancia en la casa era provisional, mientras que la transición de Daisy y Andy hacia la granja queda incompleta (¿pero se van o no?, decídete). El único cambio llamativo que hay es muy conservador: la semi jubilación de Carson (¡ni se atreve a retirarlo definitivamente!) permite que Thomas Barrow vuelva a la casa en un reset descarado, porque resulta que ahora todos le perdonan su actitud más que hosca imposible, todos de repente se quieren mucho. ¿Qué problema había con que encontrara otro trabajo? ¿Qué necesidad hay de encajarlo donde no pinta nada? Y este giro repentino hacia la felicidad plena se extiende a los demás. Todos se perdonan todos los problemas y roces que tuvieran entre ellos (y sólo funciona el caso de Mary y Edith previo a este último capítulo), o encaminan un rumbo estable en sus vidas, o sufren un giro esperanzador que les quita todo peso de encima así sin más.

A veces, el relato debe fluir aunque sea hacia algo predecible, porque es su destino natural y ponerle la zancadilla puede resultar contraproducente. ¿Qué absurda necesidad había de dar un paso atrás cuando personajes y entorno estaban avanzando claramente? Todo porque Fellowes de repente trata de hacer un desenlace feliz, emotivo e indulgente a toda costa, con lo que termina traicionando los buenos pasos que estaba dando. No hacía falta buscar con tanto ahínco la lágrima fácil del espectador, ya tenemos la boda de Edith, el embarazo de Anna y la despedida de la serie, más otras tantas bodas en el resto de la temporada. Los giros sensibleros, los finales excesivamente luminosos en una obra siempre bastante dramática, los pasos atrás para mostrar reconciliaciones que pretenden ser emotivas pero resultan muy improbables, afean un tanto el final de la serie, lo que puede empañar también ligeramente las buenas impresiones que deja el año en su conjunto.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.