Archivo de la etiqueta: 2014

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 2


BBC Two | 2014
Drama, suspense | 6 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Joe Cole, Harry Kirton, Paul Anderson, Helen McCrory, Spophie Rundle, Sam Neill, Finn Cole, Tom Hardy, Charlotte Riley.
Valoración:

Se va materializando esa maduración de la que sus cada vez más numerosos seguidores anuncian, pero todavía me parece poco para hablar de una gran serie. Lo primero es que se observa es más esfuerzo en profundizar en la familia Shelby, pues en la primera etapa me quejaba de que los hermanos quedaban muy descolgados. Cada uno de ellos gana dimensión, vamos conociendo algo más allá de sus formas de ser, sus demonios internos, sus esperanzas sobre el futuro… Los problemas de Arthur para centrarse y su viaje con las drogas son muy interesantes, por ejemplo. Pero incluso con esas al final les roba protagonismo un nuevo personaje, un hermano dado en adopción tiempo atrás y que ahora quiere entrar en la familia. La historia del joven deslumbrado por el dinero y poder no es nueva, pero Michael, eficazmente interpretado por Finn Cole en su primer papel principal, es un rol que no deja la sensación de ser un estereotipo, sino que resulta atractivo y te interesas por su porvenir.

También hay mejora en las tramas, un tanto encorsetadas en la presentación de la serie, pero ahora algo más originales y elaboradas. Los planes de Thomas siguen siendo ambiciosos, de forma que los Shelby plantan cara a varios frentes y también se buscan otros nuevos, pero con su inteligencia y talante los va sacando adelante a pesar de los numerosos obstáculos. Entre ellos destacan los roces familiares, donde debe acallar voces y mantenerlos a todos cohesionados, en especial a su tía Polly.

La temporada es corta pero trepidante. Hay tantos planes, intrigas y giros inesperados (atención a la escena de un protagonista cavando su tumba) que engancha bastante y permite volver a verla, o incluso lo requiere, si te has perdido en alguna de las muchas maquinaciones cruzadas. Vuelve a destacar el papelón de Cillian Murphy, bien secundado por Helen McCrory, y la puesta en escena (cámara en mano, iluminación natural, escenarios sucios) que tan bien nos sumerge en el ambiente de la época. Momentos épicos hay unos cuantos, como la pugna entre Thomas y Alfie Solomons, encarnado por un imponente Tom Hardy, que ofrece un par de escenas inquietantes, la entrada gradual de Michael en la familia, la tensión creciente en el asalto al hipódromo…

Pero sigue habiendo aspectos mejorables y algunos giros un tanto pasados de rosca. Me ha dejado muy malas sensaciones el rival mafioso, el italiano. A pesar de contar con un buen actor como es Noah Taylor el personaje no impone, se queda en un villano de relleno dibujado con cuatro trazos, y palidece al lado del gran Alfie. Pero lo más grave es que incomprensiblemente nos traen de nuevo lo peor de la primera temporada cuando parecía que nos habíamos librado de ello. El pesado del detective Cambpell, ahora mayor, vuelve con el acento forzado de Sam Neill y su historia tan sensacionalista, con momentos de vergüenza ajena, como la violación. Y para rematar, también tenemos a Grace y la sosa Annabelle Wallis, con la relación amorosa en tensión más floja que recuerdo en años.

Así pues, Peaky Blinders todavía tiene mucho margen para mejorar.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 6

CBS | 2014
Drama, suspense | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Christine Baranski, Matthew Goode, Archie Panjabi, Chris Noth, Alan Cumming, Zack Grenier, Mike Colter, Michael J. Fox.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay algunos spoilers importantes si no has visto esta y la anterior.–

He de decir que tras la quinta temporada abandoné The Good Wife, pues me sentía defraudado e incluso engañado. Le había costado varios años, pero parecía estar madurando lentamente, dejando atrás sus numerosas limitaciones (el tono procedimental, el potencial desaprovechado de las historias y su alcance), tanto que esa quinta etapa se había lanzado por fin echando toda la carne en el asador… Pero en su ecuador se vio que era todo humo, que sólo se habían atrevido desarrollar tramas de apariencia valiente porque un actor abandonaba el barco y podían hacer un reset descarado sin vergüenza alguna. Y a partir de ahí fue dando tumbos, estancándose en viejos y en nuevos errores.

No he retomado la serie porque haya mejorado en críticas, de hecho, se le acusa de problemas semejantes en los dos últimos años, sino por afán completista, por curiosidad, y bueno, también porque en el fondo sigue teniendo buenas virtudes que la hacen muy entretenida, y esperaba que no volvieran a meter la zarpa de esa manera. Pero una vez vista queda claro que le ocurre en cierta manera lo mismo. Por suerte el bajón llega más tarde, en el tramo final, y no es tan grave, pues el giro que deja todo lo andado en el limbo no resulta un reinicio tan grande. Además, la parte buena lo es bastante.

Entre sus aciertos vuelve a figurar ese crecimiento. El tono de procedimental desaparece por completo, hasta el bajón, en dos tramas principales potentes y bastante bien llevadas, el juicio a Cary y el viaje en la política de Alicia, entre las que se alternan unos pocos casos bastante acertados, en especial a la hora de tratar temas de actualidad. En estos destacan los que tratan las violaciones en las universidades, el racismo en la policía, los temas de informática (aunque el hackeo al nuevo bufete da un poco de risa: ¿abogados de nivel cediendo a un chantaje cutre?) y otras nuevas tecnologías (el dilema de las armas llevado a las que se pueden hacer con impresoras 3D).

El proceso a Cary es iniciado por la fiscalía, eterno rival de nuestros protagonistas, para tratar de llegar a uno de sus clientes, el narcotraficante Lemond Bishop (Mike Colter). Su desenlace era obvio desde el principio, pero el trayecto mantiene el interés en todo momento con infinidad de problemas, algunos inesperados, y bastante tensión: se ve a los personajes sufrir y esforzarse en todo momento en este enorme revés que los azota justo cuando estaban poniendo en marcha su nuevo bufete. Paralelamente tenemos la campaña de Alicia para Fiscal del Estado, esa a la que no quería presentarse pero el entorno, encabezado por Eli, la empujó hasta que lo vio como un paso inevitable. Y eso es lo mejor de la temporada. Alicia más que nunca es la protagonista, y sabemos en todo momento qué piensa, qué sufre, qué quiere, qué la lleva a tomar unas decisiones u otras, incluyendo algunas en contra de su postura inicial (debe replantearse su ética cada dos por tres). Recordemos que en los inicios de la serie los guionistas no eran capaces de mostrar su interior con cercanía, era un rol plano, frío, y muchas veces engullido por los que se suponía que eran los secundarios. Ahora hasta tenemos escenas que nos introducen directamente en sus pensamientos, viendo las situaciones que imagina y analiza. Aquí es imprescindible citar el capítulo 604, Oppo Research (análisis del oponente), donde Eli le selecciona un director de campaña y buscan juntos todos los puntos oscuros y polémicos sobre ella que la oposición podría sacar durante la contienda. El drama personal tan bien tratado y el paso final que dan a la hora de abordar el análisis del sistema político estadounidense ofrecen el que probablemente sea el mejor episodio de la serie y uno de los grandes del 2015.

En plena carrera a las elecciones hay tramos en los que parece que estamos ante la hermana menor de El Ala Oeste de la Casa Blanca con toques de la campaña de Carcetti en The Wire: el funcionamiento del entramado político, sobre todo obviamente en el camino previo a las votaciones, es tratado con verosimilitud y detallismo. Incluso se atreven a aportar ciertas dosis de humor negro e ironía bastante sutiles. Los grupos de opinión, las presiones de todo tipo, los debates, las entrevistas, las recaudaciones… Vemos todas las caras de un sistema lleno de agujeros: el racismo, las posturas fingidas (decir que el matrimonio Alicia-Peter va viento en popa), los juegos sucios (sacar a la luz temas personales delicados), las influencias de un lado (los donantes ricos, como el viejo asqueroso) y de otro (los políticos, como los superiores del partido)… Pero aunque se roza el nivel eternamente prometido sigue chocando con algunas barreras que limitan su potencial. No me hubiera parecido muy grave si no fuera porque en el tramo final explota todo, pero aunque no fuera así tendría que citar estos puntos débiles del año, porque después de todo sigue estando presente en todo momento la sensación de que en algunos aspectos los autores no se atrevan a mojarse del todo. Es como si se hubiera abierto la veda para tratar la política, pero en los temas sociales (amores, amistades, matrimonios) y la religión siguiera siendo una serie muy conservadora.

La religión la incluyen pero hablan de ella con mucho miedo a herir sensibilidades, así que todo es forzadamente luminoso, todos se respetan, y Alicia acepta por fin que debe dejar la puerta abierta porque tarde o temprano Dios entrará… Y cada vez que aparece la hija, a la que los guionistas en vez de sacarla del armario la metieron en la iglesia, dan ganas de vomitar. En la misma onda rancia tenemos otra vez amagos de romance con Alicia, y varios además, que se quedan en nada, señalando claramente que los realizadores no se atreven a ir más allá del concepto “Santa Alicia”, eso de que las aventuras son un pecado y el matrimonio debe mantenerse a toda costa aunque esté podrido y sostenido en mentiras. Así, Alicia sólo se siente tentada cuando las cosas van mal y un hombre hecho y derecho la apoya en esos momentos de bajón (aunque una vez tiene un calentón por un instante de entusiasmo), pero luego se recupera y vuelve a ser la mujer perfecta: trabajadora, ama de casa y esposa calladita. Vale, quizá no sea una situación tan de blanco o negro, pero sí es cierto que a la hora de dar el paso definitivo en una acción o decisión siempre optan por barrerlo todo bajo la alfombra, sin atreverse a criticar a fondo tendencias sociales impuestas por los sectores conservadores. En esta falla cabe destacar lo desaprovechado que está el personaje de Finn, pues aunque Mathew Goode logra un rol atractivo en sus pocas frases los escritores se empeñan en tenerlo como sustituto pobre de Will, esto es, el romance en tensión que nunca llega a nada. Mira que cuando parecía que iban a lanzarse lograron un par de escenas geniales, como la del restaurante donde se va la luz y ponen velas, convirtiéndose inesperadamente en una cena romántica, pero en general lo incluyen con calzador en las tramas, como esos casos en los que aparece ayudando en el juzgado sin que se sepa por qué, puesto que no trabaja con ellos.

Y, aunque menos evidente a primera vista pero también relevante, tenemos que la esperada trama de rivalidad entre bufetes se deja de lado para centrarse en la sección política, y cuando parece que van a volver a ella la fulminan rápidamente: la firma de los protagonistas recupera las oficinas originales y poco a poco a todos los abogados, hasta al malvado de David Lee. ¿Qué necesidad había de aferrarse tanto al statu quo, por qué ese miedo a enfrentar a quienes antes eran amigos (la facilona forma en que Diane acabó trabajando con Alicia y Cary en vez de ser oponentes), por qué hacer amagos de guerras que no vamos a ver? Y no acaba aquí, porque como veréis más abajo, en los últimos capítulos repiten estos errores.

Esta barrera ideológica, sea autoimpuesta por los guionistas por miedo o imposición de la cadena, explota cuando, en un giro de folletín forzado, todo lo andado en diecinueve episodios se queda prácticamente en nada: ¡no se atreven a dar el paso de que Alicia llegue fiscal y vuelven a ponerla como una abogada cualquiera! La evolución lógica de la serie, y más dedicándole tanto tiempo a esa historia, era que acabara como fiscal. No puedes volver al punto de salida, a luchar por empezar en la abogacía desde abajo, ya lo hemos visto en sus dos versiones, como novata y formando un bufete. ¿Otra vez tenemos que lidiar con ello? ¿En el tramo final de la serie? ¿Cuando anuncias a bombo y platillo que vas a dar un gran paso al frente? ¿Repitiendo el lío de votaciones trucadas y con un giro trampa demencial que la hace dimitir sin tener culpa de nada y sin luchar ni un mísero minuto? Y para colmo todos los problemas y escándalos se eliminan de golpe: los donantes exigentes no le piden cuentas de su huida repentina, Peter no aporta nada a pesar de su posición como marido y gobernador, sea decirle que tire la toalla o ayudarla a plantar cara, y la sospecha de su relación con Bishop ya es obviamente irrelevante. Es decir, la trama se suspende porque le sale de ahí a los productores y/o escritores, y no se esfuerzan mucho en darle un cierre bien desarrollado que no deje flecos, dan un portazo y miran para otro lado, tal y como hicieron con la penosa muerte de Will, que se llevó por delante todo frente abierto sin disimulo alguno.

Ahí termina la temporada. Como en el año anterior, hay algunas secuelas en los personajes (Alicia está cansada y asqueada), pero son muy leves, intrascendentales y predecibles… así que intentan recuperar el ritmo metiendo más giros sensacionalistas absurdos. Que si Alicia se pelea con su bufete y la relación con sus compañeros y amigos se va al traste, que si va a ir a por todas para luchar contra ellos… Y esto se cierra con un abrazo y perdón cutre, fuera de pantalla además, igual que los roces con Cary que adornaron malamente su inicio en el bufete conjunto en el desenlace de la etapa anterior. Pero esto no da para cumplir con los capítulos que quedan, así que vuelven al procedimental incluyendo casos vulgares que parecen escritos con prisas. El del tipo retenido ilegalmente por la policía parecía volver a tratar temas serios, pero es el mejor ejemplo de que está tan encorsetado en el procedimental que no explora lo más mínimo sus posibilidades. Y en los últimos minutos del año nos tratan de colar otro giro forzado con la aparición de Canning, como si dijeran “ahora sí vamos a cambiar las cosas”. No veo por qué montar otro bufete, por mucho que sea con quien era un ferviente enemigo, va a ser más interesante que seguir con todas las historias tan jugosas que iban desarrollando. Por no decir que ya amagaron con ello hace tres temporadas.

Los otros puntos débiles tampoco son nuevos. Entiendo que no haya tiempo para todos los personajes recurrentes de este particular universo, pero es que no saben dosificar sus apariciones y salidas. Canning es el que mejor parado acaba al tener más tiempo, y la presencia de la encargada de hacer el seguimiento de los acusados (un puesto que no conocía, parecido al de agente de la condicional pero antes de pasar por prisión) funciona por la novedad. Pero con el resto rozamos el desastre. Robin desaparece sin más a los pocos episodios. Los abogados y jueces variopintos apenas cumplen su cupo, y da la impresión de que a veces intentan reforzar sus breves apariciones recalcando sus peculiaridades, como el tipo investigador que siempre lleva varios niños a cuestas, con el que en cada escena repiten el mismo patrón de forma cargante. Aunque la peor parada en esta categoría es Elsbeth Tascioni: lo que hacen con ella es surrealista y termina siendo un insulto a la gente con problemas tipo asperger, obsesión compulsiva, déficit de atención y semejantes; me sorprende que no hubiera una buena polémica. También vuelven a incluir una mujer en la órbita de Alicia y Peter… y de nuevo se queda en casi nada. Al menos el rol de Connie Nielsen se va cerrando su historia, porque los de Amanda Peet, Maura Tierney y Mellissa George se esfumaron sin más. ¿Y qué me decís de los dos abogados afroamericanos que se supone que son socios importantes pero se tiran toda la serie entrando y saliendo caóticamente? También se desvanece Gary, ese que confunden con Cary muchas veces. En fin, un pequeño desastre.

Entre los secundarios relevantes también tenemos achaques, como ese David Lee al que se empeñan en poner de malo pero sin ahondar en su psique, es decir, es malo porque sí. Pero Kalinda es la principal afectada de este problema… de nuevo. Con el caso de Cary empieza atascada en esta otra eterna relación en tensión que no termina de definirse, a lo que se suma ese lesbianismo raro en que la sumergen. En las primeras temporadas no se atrevían a mostrar un simple beso, y ahora que por fin hay escenas en que sale en la cama con el bellezón del FBI se empeñan en recalcar en todas las ocasiones que se acuesta con ella para sacarle algo de información. Sexo apasionado casual, amistad íntima, follamiga de toda la vida… nada, es como si todavía no se atrevieran a decir que es bisexual porque siente atracción, pasión y amor por los dos sexos, sino que es una buscavidas dispuesta a todo y que por esas transgresiones es una mujer triste y solitaria y acaba siempre metida en líos. Y después del juicio a Cary ya definitivamente no saben qué hacer con ella. Sólo aparece para dar la resolución mágica del caso del día, con una llamada telefónica que da la pista que resuelve las cosas a favor del bufete. Antes era un personaje limitado, pero al menos la veíamos investigar, luchar por sacar adelante su trabajo, compenetrarse o chocar con los compañeros… Ahora ni lanzándola a la órbita de Bishop remonta… de hecho, ahí fallan estrepitosamente volviendo a una de las principales pegas de los primeros años: no quieren olvidarse de ella, ni de Bishop y su influencia en otros protagonistas, y aunque no aporten nada meten una escena clónica en cada episodio en vez de concentrar una historia más tangible en unos pocos. Por suerte, por fin se la quitan de encima largándola con la excusa de que teme por su vida por culpa de ese criminal.

Curiosamente, cuando se acerca el final de la historia política de Alicia empiezan a llevar a Diane hacia la suya propia. Pero aquí empezamos y acabamos metidos de lleno en la línea cobardica y superficial. El berenjenal de dilemas y discursos de izquierda y derecha o demócratas y republicados se expone con vaguedades, drama de postín y resoluciones facilonas. Por suerte Diane es un gran personaje que mantiene el tipo en todo momento; y bueno, lo cierto es que al menos exponen ciertos temas polémicos (las armas, el choque entre religión y matrimonio homosexual, los grupos de presión de los poderosos -lobbies, think tanks-), porque bien podrían haber pasado siquiera de intentarlo. Y por otro lado, Cary ve bastante reducido su protagonismo tras el juicio, pero mantiene presencia y personalidad suficiente.

Me ha costado bastante decidir qué nota darle. Sigue siendo un drama con unos puntos fuertes muy destacable: es realmente entretenido, sus personajes principales tienen mucho tirón (en parte por los buenos intérpretes), y los tramos más logrados son de muy buen nivel. Pero también tiene un potencial infrautilizado por culpa de ese tono bipolar incomprensible, tanto en el equilibrio cualitativo como en el rango ideológico de las historias. Es una serie que en un capítulo parece tocar el cielo, y en el siguiente es un procedimental del montón.

Ver también:
Temporada 1 (2009)
Temporada 2 (2010)
Temporada 3 (2011)
Temporada 4 (2012)
Temporada 5 (2013)
-> Temporada 6 (2014)
Temporada 7 y final (2015)

JUSTIFIED – TEMPORADA 5

FX | 2014
Drama, acción, suspense | 13 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Graham Yost, Michael Dinner, Timothy Olyphant.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jere Burns, Jacob Pitts, Erica Tazel, Michael Rapaport, James Le Gros, Damon Herriman, Alicia Witt, Natalie Zea, Jacob Lofland, Amy Smart.
Valoración:

Empezamos justo donde acabó la cuarta temporada, con Ava y Boyd en un punto de inflexión importarte en su odisea criminal. El protagonismo que toma Boyd sigue creciendo, hasta el punto de que en este año parece el personaje principal en detrimento de Raylan. Los líos de Ava en la cárcel, las disputas familiares, la pugna constante por mantener su dominio criminal… Es un no parar, con varias tramas paralelas cada cual más jugosa.

Decía en la etapa anterior que los guionistas habían encontrado el tono, que la serie había alcanzado su madurez después de tres años irregulares. Aquí se mantiene el nivel, y eso que repiten la fórmula de forma bastante descarada e incluso con algo de torpeza al principio. Incluyen una nueva familia de criminales de poca monta en cuyas fechorías andará Raylan fastidiándolos cada dos por tres, pero de primeras asusta, porque su aparición inicial es algo fallida. Ese viaje a Florida es un tanto forzado, y la presentación de los nuevos caracteres resulta torpona, por precipitada y mal explicada. Pero en cuanto los llevan a Harlan y los meten en jaleo con los Crowe la cosa cambia. De nuevo tenemos una buena historia de crímenes con un estilo peculiar, pues el drama rural mezclado con el humor negro sigue funcionando a las mil maravillas. De una escena de gran tensión (todos tan locos y violentos que puede liarse parda en cualquier momento) pasamos a un chiste cínico de cuidado, en la notable parodia del mundo del crimen que mantiene la serie: los paletos criminales fallan más por su incompetencia que por las habilidades de Raylan.

Volviendo al Marshal, está algo apartado en aventuras un poco de relleno, más ligeras y ajenas a los líos de familias en el condado, pero la mayoría son bastante amenas, aunque eso sí, la falta de trascendencia hace que se olviden muy rápido. El romance con la asistente social es interesante, el tema de la casa del rico es un puntazo, el viaje con el chaval y su padre no está mal tampoco. Y en pequeñas dosis va creciendo la rivalidad con los nuevos enemigos, donde como digo los guionistas tiran de lo que saben que funciona (las típicas entradas chulas de Raylan) pero lo hacen de forma tan hábil que la temporada resulta tan intensa y entretenida como la anterior.

Aparte de las limitaciones inherentes a la serie (la puesta en escena de bajo nivel y lo desaprovechados que están los compañeros de la ley en contraposición con los amplios y fascinantes grupos criminales), el único fallo es que los viajes a Chigaco, los tejemanejes con las mafias de allí, terminan siendo un tanto rebuscados y exagerados. Por ello el tramo antes del desenlace pierde un poco de equilibrio: se deja de lado la aventura gamberra en pos de una trascendencia bastante impostada, con toques de Tarantino poco eficaces (la habitación de hotel con Boyd, Duffy y los de Chigaco). Por suerte el final de temporada sí cierra todo bien, y sobre todo, cuando aquí se lanzan a un drama más serio (el niño obligado a mentir), logra ser bastante emotiva.

PD: Elmore Leonard, el autor de los relatos en que se basa la serie, falleció antes del estreno de esta temporada de un infarto cerebral a los 87 años de edad.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Primeras impresiones.

RIPPER STREET – TEMPORADA 3

Amazon Instant Video | 2014
Suspense, policíaco, histórico, drama | 8 ep. de 63-75 min.
Productores ejecutivos: Richard Warlow, Simon Vaughan, Will Gould.
Intérpretes: Matthew Macfadyen, Jerome Flynn, Adam Rothenberg, MyAnna Buring, Charlene McKenna, David Wilmot, Clive Russell, Josh O’Connor, Louise Brealey.
Valoración:

Tras dos temporadas la BBC America canceló Ripper Street, pero sorprendentemente Amazon la compró y resucitó, emitiéndola primero en internet pero más tarde también en BBC y BBC America. Pero mejor se hubiera quedado muerta, porque esta temporada no aporta nada…

En la segunda etapa señalaba el principal fallo de la pérdida de calidad respecto a la primera: los guionistas dejaban de lado la regla básica de “muéstralo, no lo cuentes”. Los personajes hablaban más que hacían, frenando el ritmo y desaprovechando la superior capacidad de impactar que tiene lo visual sobre lo contado. Y en este año se lleva más allá, resultando una narración innecesariamente densa, lenta y aburrida, lo que se empeora porque que termina fallando en otra fórmula esencial del arte cinematográfico: ve al grano sin rodeos. No sé por qué se empeñan en estirarlo todo mediante conversaciones en el fondo banales pero llenas de frases rebuscadas en la superficie, hasta el punto de los actores tienen que coger aliento varias veces para terminarlas y el espectador debe hacer un esfuerzo por reconstruir tal monólogo y sacarle un significado.

Con esta combinación casi todas las escenas carecen de una acción clara en movimiento, tanto en la trama como en los personajes. Las historias se desarrollan con una pasividad y una falta de profundidad alarmantes. Y lo peor, a la hora de avanzar (en la investigación del día y en los dramas personales) se hace repentinamente, y muchas veces sin un esfuerzo real después de tanto metraje mareando la perdiz. Sólo se ven algunos momentos en que los personajes trabajan, sea interrogando o realizando autopsias. Pero seguir pistas por la calle, hacer seguimiento de sospechosos (básicamente hay un interrogatorio por capítulo), reunir datos, darles nuevas perspectivas… en definitiva, las correctas y entretenidas investigaciones que teníamos en la primera temporada se ven bien poco, sólo el caso de los barriles muestra esos esfuerzos, el resto de revelaciones y pistas les llegan por arte de magia o por factores externos. El joven agente es enviado a recopilar pruebas y testimonios, pero no vemos nada: vuelve, suelta el cuento, y se ponen a darle vueltas hasta que hilan alguna idea, tras lo cual miran un libro, ficha o periódico, y tacháaan, caso resuelto tras una hora de hablar y hablar y hablar en la sala de autopsias o el despacho de Reid. Si los diálogos fueran ágiles, si la trama tuviera calidad, si el caso fuera complejo y dejara algún poso (¿qué fue de aquel tono deprimente que mostraba lo peor de la época?), pues podría valer. Pero no estamos ante los clásicos de Humphrey Bogart (El halcón maltés, El sueño eterno). Aquí tenemos palabrería, peroratas y discursos eternos en los que sólo tiene valor una sentencia de cada veinte, el resto es puro humo, adorno pretencioso fallido.

Como resultado, no hay ningún caso aislado que recordar, y la trama global, el accidente de tren, va con cuenta gotas y también sin causar impresión alguna. Y todo ello a pesar de tener sólo ocho capítulos. ¿Con una serie tan corta no había manera de encontrar historias más jugosas y completas y narrarlas con más agilidad e intensidad? Qué harán estos guionistas ante una temporada de veintidós episodios. Por lo menos se pueden recortar veinte minutos de cada uno. Es incomprensible cómo todos pasan de los sesenta, más de una hora, cuando lo normal en las series de cable está en los cincuenta o cincuenta y cinco minutos y que sólo superen esa franja si es estrictamente necesario; uno incluso llega a los setenta y cinco, resultando obviamente cansino. Con menos longitud y más agilidad probablemente hubiera salido una serie bastante entretenida: aunque no sean historias de altos vuelos, analizadas desde fuera no parecen malas, el problema es lo infladas que están y la lentitud con que se exponen. Ahí tenemos como ejemplo el primer año, mucho más ágil y emocionante.

Volviendo a la trama principal, esta parecía interesante en principio por su potencial impacto en la zona y los personajes y por estar causada por uno de ellos, es decir, por el viaje al lado oscuro de Susan. Pero una vez pasada la presentación se aparca para sólo recuperarse de vez en cuando tímidamente y sin darle la relevancia esperada. Para colmo, cuando el capitán encuentra la pista definitiva (la huella dactilar), se guarda para el episodio final. Para eso no la reveles tan pronto, leches. El desenlace… pues insustancial. El padre de aquella se presenta como un villano, pero causó tan poca sensación en pasadas apariciones que no recordaba nada de él, y aquí no pasa de ser un “soy malo porque sí”. La redención de Susan va muy deprisa después de ir todo tan despacio y disperso, y el conflicto que genera en los tres protagonistas va igual, todo de sopetón después de haber ido a paso de tortuga, para no terminar ofreciendo un final llamativo.

Cabría pensar que dedicando tan poco tiempo a las tramas, los personajes saldrían ganando. Pero siguen la tónica de mucho hablar pero sin movimiento o maduración tangibles. Estamos ante la panda de seres atormentados que nos presentaron en la primera temporada, pero el atractivo ha desaparecido, porque ya en la segunda su evolución se frenó mucho, y aquí se para y muere. Llegan a cambiar en ocasiones su posición y rumbo (el capitán se echa una novia, Bennet parece querer volver con Rose, Reid pasa por varias etapas), pero todo cambio ocurre como con los casos, a trompicones repentinos sin una explicación clara, sin fluidez, sin exponer motivaciones y transiciones adecuadas. Y en algunos giros no se entiende nada: ¿qué ha sido de Emily Reid, y qué aporta la concejala si el romance con Edmund se dejó totalmente de lado? Para colmo, el misterio con la hija desaparecida se resuelve, pero con el mismo estilo fallido: aparece porque sí, sin que haya detrás la esperada investigación retomada por alguna nueva pista. Y claro, los guionistas tienen que estirar el golpe de efecto, así que se inventan una chorrada para que Susan la retenga un par de capítulos, y en otro cuelan otro malabar absurdo que convierte a Reid momentáneamente en malo. Y vaya fallo de casting el de la chiquilla, tanto en lo interpretativo como en el físico.

Resumiendo, al final de la temporada los personajes están en una situación más o menos diferente, pero no ha habido detrás ninguna historia llamativa, ninguna evolución visible y atractiva con la que pudiéramos interesarnos. En cambio sí hay toneladas de aburrimiento y malas sensaciones. De bueno sólo puedo decir que la puesta en escena ha mejorado un poco en cuanto a dirección y fotografía, conteniendo la floja e innecesaria cámara en mano y el montaje frenético que no parecían adecuados para una obra de corte histórico. Ahora manejan mejor las escenas de interiores, algo esencial porque son mayoría, resultando en lo visual una producción bastante correcta.

Amazon ha renovado por dos temporadas más. Espero que sus guionistas se hayan dado cuenta del bajón y se pongan las pilas, porque después de todo, la serie tiene todavía cierto encanto y muchas posibilidades.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

MASTERS OF SEX – TEMPORADA 2

Showtime | 2014
Drama | 12 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Michelle Ashford, Amy Lippman.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Teddy Sears, Annaleigh Ashford, Kevin Christy, Betsy Brandt, Julianne Nicholson, Beau Bridges, Allison Janney.
Valoración:

Qué decepción, qué desastre la segunda temporada de Masters of Sex. En la primera señalaba que la narrativa, aunque algo predecible, era muy sólida, se veía que los guionistas (con Michelle Ashford a la cabeza) trabajaban con esmero e inteligencia para sacar el máximo partido de la historia y los personajes, dando como resultado un drama modélico. Así que cabía esperar que tras esta básica pero notable presentación la serie madurara, creciera por caminos menos trillados… pero lo que hace es patinar a lo grande en una caída de calidad que recuerda a lo ocurrido con The Americans. Para algunos se ha estrellado, para otros sólo ha bajado el ritmo. Yo estoy entre los primeros. Me ha costado bastante acabar la temporada, tiene tramos muy aburridos y un capítulo que resulta infame: Fight, ese en que no salen de la habitación de hotel (y como ocurrió con la mosca de Breaking Bad, algunos lo pretenden encumbrar como el mejor del año, para dárselas de alternativos). La historia se les ha escapado completamente de las manos, los personajes principales están estancados y hacen alguna cosa rara, y los secundarios son un caos enorme. Es un año que en cada fase, cambio y nueva trama me ha transmitido la sensación de que los escritores no tenían planificado ningún arco general e iban improvisando. Sólo se recupera algo en la parte final, pero no como para recordar las buenas virtudes vistas en la primera etapa.

Parte del problema surge de una estampida de actores secundarios. Así funciona el mundo de las series: los contratos estipulan que si encuentran un papel mejor pueden abandonar el actual. Es lógico, no puedes obligar a nadie a trabajar donde no quiere. Pero es una putada enorme para los realizadores, sobre todo si, como aquí, sufren varios casos de golpe. Pero un buen guionista habría salido del bache, habría traspasado el objetivo de las tramas de estos personajes a otros, y me temo que aquí no muestran esa habilidad. Tardan mucho en conseguir nuevos secundarios relevantes, y mientras, rellenan con otros que resultan cargantes. Lo más triste es que los cuatro intérpretes que se largaron dejaron esta serie trascendental y bastante aclamada para fichar en comedias tontorronas…

Barton y Margaret (dos actorazos como Beau Bridges y Allison Janney) eran los secundarios más interesantes, porque los líos con otros médicos no terminaban de llegar a nada. La homosexualidad secreta de él y la tardía iniciación en el sexo de ella eran muy llamativos, sobre todo porque formaban parte intrínseca de la historia general de la serie: el sexo, los tabúes, la ciencia, la inminente revolución. Pero él se fue a The Millers y ella a Mom. Y sin ellos, claro está, el personaje de la hija ya no pinta mucho… pero no tienen tiempo de plantearse darle un nuevo lugar, porque la actriz Rose McIver se largó a iZombie. En seguida los sustituyen por los cansinos Betty y Gene (Annaleigh Ashford y Greg Grunberg), que quedan como receso cómico totalmente malogrado e insufrible, y cuya relación con la trama es bastante tangencial, pues el tema de la falsa esterilidad no aporta ninguna perspectiva interesante a las historias sobre la revolución sexual. Seguramente los escritores veían que este dúo no funcionaba, y más tarde de lo deseable se quitan la relación de encima, manteniendo únicamente a Betty como secretaria en la nueva clínica. No es un papel importante, pero algo le sacan al personaje y a la actriz, que es un encanto cuando no la meten en tramas de comedia de enredos. Ethan Haas ni siquiera llega a aparecer, su despedida es por teléfono. A Nicholas D’Agosto no le salió bien la jugada, porque Cómo conocí a vuestro padre ni siquiera llegó a ver la luz. Por suerte para él parece que en Gotham ha encontrado su sitio. Su hueco no se nota demasiado, porque aparte de un lío de amores con Virginia no daba mucho de sí.

Los secundarios que continúan por desgracia no eran los más logrados. El tonto ligón de Austin (Teddy Sears) lo mantienen pero a la fuerza, sin saber qué hacer con él. Sólo cobra algo de interés (pero muy poco) cuando la gorda del programa de adelgazamiento lo utiliza como juguete sexual. Lillian DePaul (Julianne Nicholson) no sé muy bien qué ha aportado a la serie, sólo servía como punto de conflicto para sacar algo de Virginia cuando no estaba con Bill, porque este tiene a su esposa Libby. La subtrama de su enfermedad no consigue causar impresión alguna a pesar de que fuerzan un tanto el drama, y su supuesta muerte me descolocó un montón, porque el gesto de Virginia era de que su amiga seguía viva (de hecho parecía respirar), pero en cambio no vuelve a aparecer pero tampoco no hay entierro ni duelo.

Libby (Caitlin FitzGerald) es un personaje muy atractivo pero al que también les cuesta mantener en el juego. Cuando se dan cuenta de que tenerla como esposa florero no permitía ampliar mucho su drama la lanzan hacia el grupo de negros, dándole motivos por los que vivir, emocionarse y sentir algo, hasta el punto de que se ve venir el romance con uno de ellos. Pero tardan mucho en llegar a materializar una historia que es bastante previsible, de hecho toda la parte con la niñera es bastante insustancial. Por suerte, la actriz borda el papel y el guion a pesar de los baches logra un personaje entre dulce y tristón que ejemplifica bastante bien los problemas de las mujeres de la época.

A partir del ecuador emergen por fin nuevos personajes atractivos e importantes en la trama, el friki del cine Lester (Kevin Christy) y una secretaria que pasó poco tiempo con Bill, Barbara (un gran papel de Betsy Brant, quien se dio a conocer en Breaking Bad). Ambos van creciendo poco a poco y hábilmente los embarcan en la nueva historia sobre el sexo, los problemas de impotencia. La pareja que forman es encantadora y como receso sencillo son personajes muy acertados: tienen entidad propia y su destino interesa, no como el matrimonio absurdo de Betty y Gene.

En cuanto a la pareja protagonista, también acusa una pérdida de tirón. El capítulo inicial es caótico, no parece que los realizadores tuvieran muy claro cómo lanzar un romance de largo recorrido, amén de que hacen malabares para encajar la falta de personajes/actores. Más adelante justifican la aventura improvisando que Bill y Virginia fingen seguir con el estudio como excusa para follar sin parar, pero de creíble no tiene nada. En seguida aparece otra sensación: que el estudio ni los personajes avanzan. El horrendo Fight deja el interés por los suelos. Los líos de Bill por encontrar hospital repiten el mismo patrón todo el rato: que el estudio es una bomba que nadie quiere es obvio, podían haber ido más rápido mostrando esos problemas.

Pero parece que los guionistas se dan cuenta de la falta de rumbo y empaque de la trama y cuelan un salto temporal de varios años que pretende avanzar de golpe lo que no han conseguido desarrollar poco a poco. Bill monta una clínica para seguir con su trabajo, se enfrenta a los líos burocráticos que conlleva, el romance ha parado, tiene otro hijo (para contentar a Libby, básicamente), Virginia sigue siendo una incansable trabajadora… Pero cuando logras recolocarte tras el repentino y confuso cambio de tiempo y escenario, no tardas en comprobar que realmente no hemos avanzado nada, es todo humo, los personajes siguen igual y el estudio no muestra nada nuevo, es decir, no hay ninguna historia sobre revolución sexual llamativa. También parece que se dan cuenta de ello, y en otro cambio repentino de rumbo pasamos a una nueva fase de investigación: los problemas sexuales, con la impotencia a la cabeza. ¿Y cómo se les ocurre dar protagonismo a esta línea narrativa? Pues haciendo que Bill de repente sea impotente. Así sin más. Para colmo en este tramo aparece su hermano, porque ahora resulta que tiene un hermano. Un giro de culebrón que desvía toda trama para abordar líos pasados de alcoholismo y problemas familiares que no aportan nada excepto dramón innecesario. Y todo para acabar de golpe, siguiendo como si no hubiera existido esta trama familiar sensacionalista. Otro giro fallido es el que se obligan a meter en el final de temporada para poner un golpe de efecto sobre los protagonistas: no hay quien se crea el movimiento de Virginia con sus hijos, lo que retuercen los guionistas la situación para que haya un poco de intriga y drama que no viene a cuento.

Así que me temo que en el conjunto de la temporada hay poco material que sacar de Bill y Virginia, dos caracteres otrora fascinantes que ahora dan vueltas sobre sí mismos sin un rumbo concreto. Hasta el tramo final no hay algo de movimiento tangible. Aunque lo de la impotencia fuera un truco rebuscado, casi se agradece que le den algo a Bill con lo que podamos recuperar ese personaje afligido y huraño al que cuesta acercarse, con el que sufrimos y esperamos que sea capaz de sobreponerse. Además la trama se apoya muy bien en Lester y Barbara, con lo que por fin volvemos al drama serio y realista que conocíamos. Y como extensión de todo ello Virginia vuelve a coger energía también, vuelve a ser la mujer decidida y valiente que empuja a los demás a salir adelante. El conflicto con la competencia y la idea de rodar un documental para publicitarse da vida a la historia general, el estudio sobre el sexo, su alcance, los tabúes con los que hay que luchar… También encontramos algún apunte interesante sobre cómo enfrentamos demonios internos, cómo tragamos con los sufrimientos secretos, lo que nos cuesta a veces pedir ayuda (la parte de Virginia en el psiquiatra está muy bien), los matrimonios fingidos y los fracasados, los romances, las dificultades añadidas de la mojigatería de la época… Pero todo está en una línea bastante disminuida respecto a las grandes cualidades que vimos en la primera temporada, donde todo se trataba y desarrolla con gran dedicación e inteligencia, con una evolución gradual de los protagonistas que resultaba absorbente, llena de sutilezas, gestos, detalles… Los actores Michael Sheen y Lizzy Caplan están estupendos de nuevo, pero con menos carga emocional en sus personajes no logran deslumbrar como antes.

En el acabado visual no puedo ponerle pegas, siguen manteniendo un aspecto formal muy cuidado, casi hipnótico. Pero con la escasa fuerza de los guiones el tempo narrativo hace aguas. Así que la temporada se va como empezó, siendo un quiero y no puedo con más inclinación hacia el no puedo.

Ver también:
Temporada 1.

THE HONOURABLE WOMAN – MINISERIE


BBC2 y SundanceTV | 2014
Drama, suspense | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Hugo Blick.
Intérpretes: Maggie Gyllenhaal, Stephen Rea, Lubna Azabal, Katherine Parkinson, Andrew Buchan.
Valoración:

El creador, guionista y director de The Honourable Woman es Hugo Blick, quien aquí multiplica por cien todos los vicios que frenaron el potencial de The Shadow Line. La historia es pura indefinición desde la premisa al estilo. No se sabe si quiere un drama familiar, un thriller de espionaje empresarial, una intriga política, un drama de denuncia… Salta entre estilos e ideas sin decantarse por ninguno, y la trama no llega a tomar una forma determinada ante nuestros ojos. Acumula muchos diálogos y escenas inflados con burda pedantería, pero no se encamina hacia nada concreto, resultando un galimatías caótico e insoportable.

El conflicto Israel-Palestina prometía una serie arriesgada, pero ni se acerca, porque realmente no trata nada relativo al tema. Que sí, que si vas a Gaza te metes en zona de guerra, y que cada bando se odia y comete atrocidades. Es decir, apenas señala lo obvio, y no hay más chicha. No puedes prometer abordar una temática determinada, y más una tan polémica, y luego esquivarla con tanto descaro. Llega a un nivel de desvergüenza alucinante: la protagonista se supone que da un par de grandes discursos sobre el asunto… pero lo único que se nos muestra es un chiste tonto, al final no hay discurso ni mensaje real. Además, sumerge a los personajes en el embrollo de forma muy forzada: el lío del secuestro, el secreto que trajeron de allí y la trama subsiguiente es de un exagerado que resulta insultante para la inteligencia y los sentimientos del espectador. Y ni con esas se moja en ofrecer un análisis, sea neutral o partidista, de la situación.

Como thriller de espías también hace gala de una torpeza alucinante. La concepción de Blick de la intriga es no contar nada. No gestiona los secretos, misterios y personajes ambiguos de forma que se genere un ambiente de intriga donde debas ir reconstruyendo poco a poco la trama y donde las revelaciones y giros te ofrezcan nuevas perspectivas además de sorpresas interesantes y coherentes. Lo que hace es guardarse todo, omitir la información, no decirte absolutamente nada y luego soltarlo sin más, y en no pocos casos el giro resulta entre forzado y completamente inverosímil, aunque lo normal es que se incline por lo insustancial. Por ejemplo, el gran giro en el ecuador de la serie, la sorpresa que supuestamente cambia todo, es que en la empresa alguien desvía fondos… Cuidado, no te cagues patas abajo con la sorpresa. Los conflictos entre agencias de inteligencia (MI6, CIA) se enmarañan sin sentido alguno, como si eso fuera narrar con inteligencia. Y los personajes crípticos sin venir a cuento me sacan de quicio. Aquí nadie dice ni hace nada, como si no tuvieran ganas de estar donde están. Y al final les ocurren las cosas porque sí o las resuelven por arte de magia sin que se vea cómo: el hermano de la protagonista sale airoso de una situación con el MI6 llamando a altos cargos estadounidenses… ¿Ese mindundi y patán tiene esos contactos? ¿Y no me lo explicas o lo insinúas antes para que el giro sea creíble?

El drama humano también tira por el amarillismo y el absurdo de ocultar las emociones, motivaciones y secretos y soltarlos más tarde, cuando le da la gana al guionista, sin haber creado el ambiente necesario. La protagonista central, Nessa Stein, es cargante como pocos personajes he visto. Da la sensación de que Blick buscaba un rol femenino central fuerte, decidido, capaz… Pero joder, lo que se ve es una pupas que va como zombi lamentándose todo el rato, y los puntos clave de su viaje emocional son de un sensacionalismo que en vez de congoja me hicieron reír por su falsedad, por inflar la trama con un melodrama demencial. Sumado a los otros principales, el desastre es digno de estudiar en como algo que no debe hacerse en el cine o televisión: no te exponen motivaciones ni intereses con claridad, ni siquiera te explican la posición de cada uno en la historia y las relaciones entre ellos. Tardas tres episodios en saber qué hace esa israelí/palestina (ni eso me queda claro) en casa de la pareja casada, cuando todos son protagonistas principales.

Y de los secundarios mejor ni hablar. Teniendo la ficha con el reparto delante soy incapaz de ubicar en la trama a los actores, qué personajes tenían y qué hicieron estos. Por ejemplo, veteranos como Tobias Menzies, Eve Best y Lindsay Duncan me son fácilmente reconocibles, pero que me aspen si recuerdo qué hacían aquí. Además, si ya son flojos de por sí, no digamos lo que se difumina su sentido en el argumento global cuando Blick los pierde en las subtramas anodinas que salpican el relato. No sé si la idea era jugar con la intriga, pero en casi todos los capítulos se va por las ramas con alguno de estos secundarios, dando vueltas en círculos solamente para darle un giro (generalmente matarlo) en una escena clásica del género. Por favor, meter una escena cliché porque sí (el taxi en las sombras, el matadero, etc.) no garantiza que funcione. Lo más gracioso es ver a Stephen Rea repitiendo exactamente el mismo papel de The Shadow Line. Sí, el intérprete vale para esa pose de tipo misterioso, pero sin guion detrás no sirve para nada.

Ni siquiera tiene un acabado visual digno de citar, la puesta en escena es rutinaria, nada virtuosa y sí con algunos lastres, como escenas pobremente fotografiadas e iluminadas cual culebrón televisivo. Así pues, estamos ante una serie completamente malograda, inestable y caótica en todos sus elementos: ritmo moroso, disperso, incapaz de enganchar, personajes insustanciales y sin sentido claro en el entramado, historia más que confusa incoherente y además salpicada de adornos fallidos. Los capítulos, todos de una hora, se hacen cuesta arriba hasta resultar insufribles. El esfuerzo de verla entera es infructuoso, no da nada que merezca la pena, sólo se ven peleles hablando sin transmitir ni una emoción, sin desarrollar ningún relato con sentido y capacidad de impresionar lo más mínimo.

El mejor ejemplo de la torpeza y negligencia del guion es que en el primer episodio secuestran al niño, pero a partir del tercero se olvida esta historia por completo hasta el final, e incluso los personajes actúan como si estuviéramos en otra serie distinta, todo porque ahora toca soltarte sin más otros misterios. Y el mejor ejemplo del sinsentido que Blick toma por trama intrigante y con sorpresas es la serie de muertes idiotas y las revelaciones sobre quiénes son los que mueven realmente los hilos, tan absurdas y ridículas que, vulgarmente hablando, me llegué a cagar en sus muertos. ¿De verdad los pocos críticos y espectadores que han recibido bien la miniserie se han tragado todo este galimatías pretencioso y soporífero, este desmadre sin pies ni cabeza? Me resulta difícil de creer. Más bien me parece que casi nadie ha sido capaz de acabarla, por eso hay tan poquísimas críticas y casi ninguna negativa; es más, de las positivas el noventa por ciento son de medios que cobran por hacer el publirreportaje de turno. El resto… han tenido que ver otra serie…

The Honourable Woman solamente te deja la sensación de haber estado varias horas en coma: no recuerdas nada, salvo que has perdido tiempo de vida. Pocas veces en los últimos años me he sentido tan estafado con una serie. Y tengo claro que no veré jamás nada nuevo de Hugh Blick. A la lista negra junto a Damon Lindelof.

También es surrealista el Globo de Oro a Maggie Gyllenhaal, pues lo único que hace es poner una repetitiva expresión entre ausente y lastimera, porque ciertamente el rol no da para más. Habiendo papelones como el de Allison Tolman en Fargo o el de Frances McDormand en Olive Kitteridge es incomprensible que se lo dieran, más teniendo en cuenta el poco impacto de la serie.

HALT AND CATCH FIRE – TEMPORADA 1

Halt and Catch Fire
AMC | 2014
Drama | 10 ep. de 43 min.
Productores ejecutivos: Christopher Cantwell, Christopher C. Rogers.
Intérpretes: Lee Pace, Scoot McNairy, Mackenzie Davis, Kerry Bishé, Toby Huss.
Valoración:

La expresión “Halt and Catch Fire” (algo así como “detenerse y prenderse fuego”) que da título a la serie es una referencia informática realmente rebuscada. La intentan explicar nada más empezar: era una instrucción (o código) que hace que el ordenador entre en un bucle, bloqueándose de forma que sólo se recupera reiniciando. Pero se quedan cortos, porque no indican que era una especie de chiste en la época en que se trabajaba con código máquina, una instrucción fantasma, una leyenda, que ha evolucionado como expresión para indicar que algo no funciona como debería. En fin, supongo que sólo quien viviera en ese mundillo la pillará.

Por suerte, la serie en sí no es tan rebuscada. Es un drama sencillo, muy clásico de hecho, que al estilo de Mad Men, Masters of Sex y Manhattan narra la vida de unos personajes en un contexto histórico reciente y bastante concreto. En este caso nos vamos a principios de los años ochenta, cuando la informática deja de ser un gueto reducido de algunas empresas punteras y empieza a comercializarse a mayor escala: el PC u ordenador personal está empezando a pegar fuerte. Esta industria emergente es muy golosa, y la lucha por hacerse un nombre será feroz.

Como en Manhattan, se hace una aproximación histórica paralela, es decir, no es un documental que muestre hechos reales, sino que se opta por unos personajes y empresas fictios que se mezclan con la realidad. El ambiente del gremio en esta década se capta con gran acierto en todos los niveles: la forma de trabajar, la ética empresarial (plagios y guerras), los avances tecnológicos y su impacto en la sociedad, los hechos concretos relevantes (IBM y Apple están muy presentes)… Así, los protagonistas y su compañía son inventados, pero retratan a la perfección aquellos tiempos. Cabe destacar una buena selección musical (con algún temazo, como el de Gary Numan), unos títulos de crédito que captan muy bien la esencia buscada, y, sobre todo, la serie demuestra que se puede tratar la informática de forma realista sin resultar farragoso: se habla sin tapujos de tecnologías, lenguajes de programación y detalles concretos (el juego al que se enganchan, por ejemplo), pero sin perderse en tecnicismos que sólo un experto entendería.

Tres son los protagonistas principales, todos muy diferentes entre sí y que representan muy bien distintas visiones e implicaciones en la industria. Gordon Clark (Scoot McNairy, secundario en muchas películas, uno de esos que te suena pero no asocias a ningún papel en concreto) es un ingeniero experimentado, un buen trabajador, pero cuya energía y visión se apagaron tras fracasar con una creación suya que casi lo deja en la ruina. Ahora se contenta con mantener su puesto en Cardiff Electric para tener sustento para su familia. Tiene dos hijas pequeñas y una mujer que, para la época, es bastante independiente: también ingeniera y con su propio trabajo, será un apoyo crucial para la tormenta que se avecina. La interpreta Kerry Bishé, aún menos conocida. Cameron Crowe (Mackenzie Davis en su primer papel de peso) es la joven hacker, esto es, quien se ha criado entre ordenadores y salas de juego aprendiendo por su cuenta, renegando de los estándares sociales habituales (estudios, trabajo, movimientos sociales del momento -el punk-). Su visión innovadora y sin contaminar por las tendencias impuestas es prometedora, pero en principio buscan más su habilidad como programadora para hacer lo que hacen todos: copiar a IBM. Joe MacMillan (Lee Pace, el rey elfo de El Hobbit) es el comercial con visión, el capitalista sin escrúpulos que vendió su alma por dinero y ahora intenta vender las de los demás. Es quien empujará a Cardiff Electric a enfrascarse en la guerra por ser la compañía más puntera y rompedora.

Todos juntos podrían forman un equipo con enorme potencial, pero este parece estar lejos de realizarse porque, como seres humanos, cada uno tiene sus propios vicios y limitaciones. Gordon está acobardado y sin su mujer casi no es capaz de hacer nada. Cameron es inmadura y rebelde. Y Joe es un psicópata sin freno que arrastra a todos a su loco proyecto sin importarle las consecuencias. La trama principal es la del desarrollo de un ordenador que rompa el mercado. Inicialmente parten como todos, imitando a IBM y aprovechando su compatibilidad con los programas más usados, pero poco a poco empiezan a tener ideas más prometedoras: crear un ordenador portátil. Esto sirve como trasfondo para los esperables choques personales y laborales, los esfuerzos y problemas personales, etc. Los protagonistas serán puestos a prueba en algunos de los momentos más importantes de sus vidas.

Pero Halt and Catch Fire no llega al nivel de los ejemplos con los que la comparaba. Es una serie sencilla, correcta sin más. Los personajes no impresionan, pero tienen el tirón suficiente como para interesante bastante por sus andanzas. Los actores son competentes de sobra, pero no consiguen un papel que deje huella. El drama tira por caminos bastante básicos, predecibles en algunas ocasiones y falto de inteligencia en otras (algunos giros algo tontorrones, otros salidos de madre -el de la homosexualidad de un personaje es absurdo-), pero aguanta el tipo sin grandes agujeros, creciendo aceptablemente bien. El tramo final en la feria es bastante intenso, con buenas trazas de agobio, pero en cambio en evolución de personajes anda algo escaso. En la puesta en escena es donde va más justita. Con una labor de dirección, fotografía y montaje bastante pobre no resulta digna del nivel actual de las series.

Lo mejor es que dentro de su sencillez entretiene bastante, sólo en algún instante de sus primeros episodios estuve a punto de considerarla una pérdida de tiempo, por floja y no aportar nada. Pero encuentra su tono y cumple de sobras como pasatiempo sin pretensiones para cualquier seriéfilo aficionado a dramas de corte clásico. No va a deslumbrar, pero una vez superadas las dudas iniciales no decepciona.