Archivo de la etiqueta: 2014

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 2


BBC Two | 2014
Drama, suspense | 6 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Joe Cole, Harry Kirton, Paul Anderson, Helen McCrory, Spophie Rundle, Sam Neill, Finn Cole, Tom Hardy, Charlotte Riley.
Valoración:

Se va materializando esa maduración de la que sus cada vez más numerosos seguidores anuncian, pero todavía me parece poco para hablar de una gran serie. Lo primero es que se observa es más esfuerzo en profundizar en la familia Shelby, pues en la primera etapa me quejaba de que los hermanos quedaban muy descolgados. Cada uno de ellos gana dimensión, vamos conociendo algo más allá de sus formas de ser, sus demonios internos, sus esperanzas sobre el futuro… Los problemas de Arthur para centrarse y su viaje con las drogas son muy interesantes, por ejemplo. Pero incluso con esas al final les roba protagonismo un nuevo personaje, un hermano dado en adopción tiempo atrás y que ahora quiere entrar en la familia. La historia del joven deslumbrado por el dinero y poder no es nueva, pero Michael, eficazmente interpretado por Finn Cole en su primer papel principal, es un rol que no deja la sensación de ser un estereotipo, sino que resulta atractivo y te interesas por su porvenir.

También hay mejora en las tramas, un tanto encorsetadas en la presentación de la serie, pero ahora algo más originales y elaboradas. Los planes de Thomas siguen siendo ambiciosos, de forma que los Shelby plantan cara a varios frentes y también se buscan otros nuevos, pero con su inteligencia y talante los va sacando adelante a pesar de los numerosos obstáculos. Entre ellos destacan los roces familiares, donde debe acallar voces y mantenerlos a todos cohesionados, en especial a su tía Polly.

La temporada es corta pero trepidante. Hay tantos planes, intrigas y giros inesperados (atención a la escena de un protagonista cavando su tumba) que engancha bastante y permite volver a verla, o incluso lo requiere, si te has perdido en alguna de las muchas maquinaciones cruzadas. Vuelve a destacar el papelón de Cillian Murphy, bien secundado por Helen McCrory, y la puesta en escena (cámara en mano, iluminación natural, escenarios sucios) que tan bien nos sumerge en el ambiente de la época. Momentos épicos hay unos cuantos, como la pugna entre Thomas y Alfie Solomons, encarnado por un imponente Tom Hardy, que ofrece un par de escenas inquietantes, la entrada gradual de Michael en la familia, la tensión creciente en el asalto al hipódromo…

Pero sigue habiendo aspectos mejorables y algunos giros un tanto pasados de rosca. Me ha dejado muy malas sensaciones el rival mafioso, el italiano. A pesar de contar con un buen actor como es Noah Taylor el personaje no impone, se queda en un villano de relleno dibujado con cuatro trazos, y palidece al lado del gran Alfie. Pero lo más grave es que incomprensiblemente nos traen de nuevo lo peor de la primera temporada cuando parecía que nos habíamos librado de ello. El pesado del detective Cambpell, ahora mayor, vuelve con el acento forzado de Sam Neill y su historia tan sensacionalista, con momentos de vergüenza ajena, como la violación. Y para rematar, también tenemos a Grace y la sosa Annabelle Wallis, con la relación amorosa en tensión más floja que recuerdo en años.

Así pues, Peaky Blinders todavía tiene mucho margen para mejorar.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)

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JUSTIFIED – TEMPORADA 5

FX | 2014
Drama, acción, suspense | 13 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Graham Yost, Michael Dinner, Timothy Olyphant.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jere Burns, Jacob Pitts, Erica Tazel, Michael Rapaport, James Le Gros, Damon Herriman, Alicia Witt, Natalie Zea, Jacob Lofland, Amy Smart.
Valoración:

Empezamos justo donde acabó la cuarta temporada, con Ava y Boyd en un punto de inflexión importarte en su odisea criminal. El protagonismo que toma Boyd sigue creciendo, hasta el punto de que en este año parece el personaje principal en detrimento de Raylan. Los líos de Ava en la cárcel, las disputas familiares, la pugna constante por mantener su dominio criminal… Es un no parar, con varias tramas paralelas cada cual más jugosa.

Decía en la etapa anterior que los guionistas habían encontrado el tono, que la serie había alcanzado su madurez después de tres años irregulares. Aquí se mantiene el nivel, y eso que repiten la fórmula de forma bastante descarada e incluso con algo de torpeza al principio. Incluyen una nueva familia de criminales de poca monta en cuyas fechorías andará Raylan fastidiándolos cada dos por tres, pero de primeras asusta, porque su aparición inicial es algo fallida. Ese viaje a Florida es un tanto forzado, y la presentación de los nuevos caracteres resulta torpona, por precipitada y mal explicada. Pero en cuanto los llevan a Harlan y los meten en jaleo con los Crowe la cosa cambia. De nuevo tenemos una buena historia de crímenes con un estilo peculiar, pues el drama rural mezclado con el humor negro sigue funcionando a las mil maravillas. De una escena de gran tensión (todos tan locos y violentos que puede liarse parda en cualquier momento) pasamos a un chiste cínico de cuidado, en la notable parodia del mundo del crimen que mantiene la serie: los paletos criminales fallan más por su incompetencia que por las habilidades de Raylan.

Volviendo al Marshal, está algo apartado en aventuras un poco de relleno, más ligeras y ajenas a los líos de familias en el condado, pero la mayoría son bastante amenas, aunque eso sí, la falta de trascendencia hace que se olviden muy rápido. El romance con la asistente social es interesante, el tema de la casa del rico es un puntazo, el viaje con el chaval y su padre no está mal tampoco. Y en pequeñas dosis va creciendo la rivalidad con los nuevos enemigos, donde como digo los guionistas tiran de lo que saben que funciona (las típicas entradas chulas de Raylan) pero lo hacen de forma tan hábil que la temporada resulta tan intensa y entretenida como la anterior.

Aparte de las limitaciones inherentes a la serie (la puesta en escena de bajo nivel y lo desaprovechados que están los compañeros de la ley en contraposición con los amplios y fascinantes grupos criminales), el único fallo es que los viajes a Chigaco, los tejemanejes con las mafias de allí, terminan siendo un tanto rebuscados y exagerados. Por ello el tramo antes del desenlace pierde un poco de equilibrio: se deja de lado la aventura gamberra en pos de una trascendencia bastante impostada, con toques de Tarantino poco eficaces (la habitación de hotel con Boyd, Duffy y los de Chigaco). Por suerte el final de temporada sí cierra todo bien, y sobre todo, cuando aquí se lanzan a un drama más serio (el niño obligado a mentir), logra ser bastante emotiva.

PD: Elmore Leonard, el autor de los relatos en que se basa la serie, falleció antes del estreno de esta temporada de un infarto cerebral a los 87 años de edad.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Primeras impresiones.

RIPPER STREET – TEMPORADA 3

Amazon Instant Video | 2014
Suspense, policíaco, histórico, drama | 8 ep. de 63-75 min.
Productores ejecutivos: Richard Warlow, Simon Vaughan, Will Gould.
Intérpretes: Matthew Macfadyen, Jerome Flynn, Adam Rothenberg, MyAnna Buring, Charlene McKenna, David Wilmot, Clive Russell, Josh O’Connor, Louise Brealey.
Valoración:

Tras dos temporadas la BBC America canceló Ripper Street, pero sorprendentemente Amazon la compró y resucitó, emitiéndola primero en internet pero más tarde también en BBC y BBC America. Pero mejor se hubiera quedado muerta, porque esta temporada no aporta nada…

En la segunda etapa señalaba el principal fallo de la pérdida de calidad respecto a la primera: los guionistas dejaban de lado la regla básica de “muéstralo, no lo cuentes”. Los personajes hablaban más que hacían, frenando el ritmo y desaprovechando la superior capacidad de impactar que tiene lo visual sobre lo contado. Y en este año se lleva más allá, resultando una narración innecesariamente densa, lenta y aburrida, lo que se empeora porque que termina fallando en otra fórmula esencial del arte cinematográfico: ve al grano sin rodeos. No sé por qué se empeñan en estirarlo todo mediante conversaciones en el fondo banales pero llenas de frases rebuscadas en la superficie, hasta el punto de los actores tienen que coger aliento varias veces para terminarlas y el espectador debe hacer un esfuerzo por reconstruir tal monólogo y sacarle un significado.

Con esta combinación casi todas las escenas carecen de una acción clara en movimiento, tanto en la trama como en los personajes. Las historias se desarrollan con una pasividad y una falta de profundidad alarmantes. Y lo peor, a la hora de avanzar (en la investigación del día y en los dramas personales) se hace repentinamente, y muchas veces sin un esfuerzo real después de tanto metraje mareando la perdiz. Sólo se ven algunos momentos en que los personajes trabajan, sea interrogando o realizando autopsias. Pero seguir pistas por la calle, hacer seguimiento de sospechosos (básicamente hay un interrogatorio por capítulo), reunir datos, darles nuevas perspectivas… en definitiva, las correctas y entretenidas investigaciones que teníamos en la primera temporada se ven bien poco, sólo el caso de los barriles muestra esos esfuerzos, el resto de revelaciones y pistas les llegan por arte de magia o por factores externos. El joven agente es enviado a recopilar pruebas y testimonios, pero no vemos nada: vuelve, suelta el cuento, y se ponen a darle vueltas hasta que hilan alguna idea, tras lo cual miran un libro, ficha o periódico, y tacháaan, caso resuelto tras una hora de hablar y hablar y hablar en la sala de autopsias o el despacho de Reid. Si los diálogos fueran ágiles, si la trama tuviera calidad, si el caso fuera complejo y dejara algún poso (¿qué fue de aquel tono deprimente que mostraba lo peor de la época?), pues podría valer. Pero no estamos ante los clásicos de Humphrey Bogart (El halcón maltés, El sueño eterno). Aquí tenemos palabrería, peroratas y discursos eternos en los que sólo tiene valor una sentencia de cada veinte, el resto es puro humo, adorno pretencioso fallido.

Como resultado, no hay ningún caso aislado que recordar, y la trama global, el accidente de tren, va con cuenta gotas y también sin causar impresión alguna. Y todo ello a pesar de tener sólo ocho capítulos. ¿Con una serie tan corta no había manera de encontrar historias más jugosas y completas y narrarlas con más agilidad e intensidad? Qué harán estos guionistas ante una temporada de veintidós episodios. Por lo menos se pueden recortar veinte minutos de cada uno. Es incomprensible cómo todos pasan de los sesenta, más de una hora, cuando lo normal en las series de cable está en los cincuenta o cincuenta y cinco minutos y que sólo superen esa franja si es estrictamente necesario; uno incluso llega a los setenta y cinco, resultando obviamente cansino. Con menos longitud y más agilidad probablemente hubiera salido una serie bastante entretenida: aunque no sean historias de altos vuelos, analizadas desde fuera no parecen malas, el problema es lo infladas que están y la lentitud con que se exponen. Ahí tenemos como ejemplo el primer año, mucho más ágil y emocionante.

Volviendo a la trama principal, esta parecía interesante en principio por su potencial impacto en la zona y los personajes y por estar causada por uno de ellos, es decir, por el viaje al lado oscuro de Susan. Pero una vez pasada la presentación se aparca para sólo recuperarse de vez en cuando tímidamente y sin darle la relevancia esperada. Para colmo, cuando el capitán encuentra la pista definitiva (la huella dactilar), se guarda para el episodio final. Para eso no la reveles tan pronto, leches. El desenlace… pues insustancial. El padre de aquella se presenta como un villano, pero causó tan poca sensación en pasadas apariciones que no recordaba nada de él, y aquí no pasa de ser un “soy malo porque sí”. La redención de Susan va muy deprisa después de ir todo tan despacio y disperso, y el conflicto que genera en los tres protagonistas va igual, todo de sopetón después de haber ido a paso de tortuga, para no terminar ofreciendo un final llamativo.

Cabría pensar que dedicando tan poco tiempo a las tramas, los personajes saldrían ganando. Pero siguen la tónica de mucho hablar pero sin movimiento o maduración tangibles. Estamos ante la panda de seres atormentados que nos presentaron en la primera temporada, pero el atractivo ha desaparecido, porque ya en la segunda su evolución se frenó mucho, y aquí se para y muere. Llegan a cambiar en ocasiones su posición y rumbo (el capitán se echa una novia, Bennet parece querer volver con Rose, Reid pasa por varias etapas), pero todo cambio ocurre como con los casos, a trompicones repentinos sin una explicación clara, sin fluidez, sin exponer motivaciones y transiciones adecuadas. Y en algunos giros no se entiende nada: ¿qué ha sido de Emily Reid, y qué aporta la concejala si el romance con Edmund se dejó totalmente de lado? Para colmo, el misterio con la hija desaparecida se resuelve, pero con el mismo estilo fallido: aparece porque sí, sin que haya detrás la esperada investigación retomada por alguna nueva pista. Y claro, los guionistas tienen que estirar el golpe de efecto, así que se inventan una chorrada para que Susan la retenga un par de capítulos, y en otro cuelan otro malabar absurdo que convierte a Reid momentáneamente en malo. Y vaya fallo de casting el de la chiquilla, tanto en lo interpretativo como en el físico.

Resumiendo, al final de la temporada los personajes están en una situación más o menos diferente, pero no ha habido detrás ninguna historia llamativa, ninguna evolución visible y atractiva con la que pudiéramos interesarnos. En cambio sí hay toneladas de aburrimiento y malas sensaciones. De bueno sólo puedo decir que la puesta en escena ha mejorado un poco en cuanto a dirección y fotografía, conteniendo la floja e innecesaria cámara en mano y el montaje frenético que no parecían adecuados para una obra de corte histórico. Ahora manejan mejor las escenas de interiores, algo esencial porque son mayoría, resultando en lo visual una producción bastante correcta.

Amazon ha renovado por dos temporadas más. Espero que sus guionistas se hayan dado cuenta del bajón y se pongan las pilas, porque después de todo, la serie tiene todavía cierto encanto y muchas posibilidades.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

MASTERS OF SEX – TEMPORADA 2

Showtime | 2014
Drama | 12 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Michelle Ashford, Amy Lippman.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Teddy Sears, Annaleigh Ashford, Kevin Christy, Betsy Brandt, Julianne Nicholson, Beau Bridges, Allison Janney.
Valoración:

Qué decepción, qué desastre la segunda temporada de Masters of Sex. En la primera señalaba que la narrativa, aunque algo predecible, era muy sólida, se veía que los guionistas (con Michelle Ashford a la cabeza) trabajaban con esmero e inteligencia para sacar el máximo partido de la historia y los personajes, dando como resultado un drama modélico. Así que cabía esperar que tras esta básica pero notable presentación la serie madurara, creciera por caminos menos trillados… pero lo que hace es patinar a lo grande en una caída de calidad que recuerda a lo ocurrido con The Americans. Para algunos se ha estrellado, para otros sólo ha bajado el ritmo. Yo estoy entre los primeros. Me ha costado bastante acabar la temporada, tiene tramos muy aburridos y un capítulo que resulta infame: Fight, ese en que no salen de la habitación de hotel (y como ocurrió con la mosca de Breaking Bad, algunos lo pretenden encumbrar como el mejor del año, para dárselas de alternativos). La historia se les ha escapado completamente de las manos, los personajes principales están estancados y hacen alguna cosa rara, y los secundarios son un caos enorme. Es un año que en cada fase, cambio y nueva trama me ha transmitido la sensación de que los escritores no tenían planificado ningún arco general e iban improvisando. Sólo se recupera algo en la parte final, pero no como para recordar las buenas virtudes vistas en la primera etapa.

Parte del problema surge de una estampida de actores secundarios. Así funciona el mundo de las series: los contratos estipulan que si encuentran un papel mejor pueden abandonar el actual. Es lógico, no puedes obligar a nadie a trabajar donde no quiere. Pero es una putada enorme para los realizadores, sobre todo si, como aquí, sufren varios casos de golpe. Pero un buen guionista habría salido del bache, habría traspasado el objetivo de las tramas de estos personajes a otros, y me temo que aquí no muestran esa habilidad. Tardan mucho en conseguir nuevos secundarios relevantes, y mientras, rellenan con otros que resultan cargantes. Lo más triste es que los cuatro intérpretes que se largaron dejaron esta serie trascendental y bastante aclamada para fichar en comedias tontorronas…

Barton y Margaret (dos actorazos como Beau Bridges y Allison Janney) eran los secundarios más interesantes, porque los líos con otros médicos no terminaban de llegar a nada. La homosexualidad secreta de él y la tardía iniciación en el sexo de ella eran muy llamativos, sobre todo porque formaban parte intrínseca de la historia general de la serie: el sexo, los tabúes, la ciencia, la inminente revolución. Pero él se fue a The Millers y ella a Mom. Y sin ellos, claro está, el personaje de la hija ya no pinta mucho… pero no tienen tiempo de plantearse darle un nuevo lugar, porque la actriz Rose McIver se largó a iZombie. En seguida los sustituyen por los cansinos Betty y Gene (Annaleigh Ashford y Greg Grunberg), que quedan como receso cómico totalmente malogrado e insufrible, y cuya relación con la trama es bastante tangencial, pues el tema de la falsa esterilidad no aporta ninguna perspectiva interesante a las historias sobre la revolución sexual. Seguramente los escritores veían que este dúo no funcionaba, y más tarde de lo deseable se quitan la relación de encima, manteniendo únicamente a Betty como secretaria en la nueva clínica. No es un papel importante, pero algo le sacan al personaje y a la actriz, que es un encanto cuando no la meten en tramas de comedia de enredos. Ethan Haas ni siquiera llega a aparecer, su despedida es por teléfono. A Nicholas D’Agosto no le salió bien la jugada, porque Cómo conocí a vuestro padre ni siquiera llegó a ver la luz. Por suerte para él parece que en Gotham ha encontrado su sitio. Su hueco no se nota demasiado, porque aparte de un lío de amores con Virginia no daba mucho de sí.

Los secundarios que continúan por desgracia no eran los más logrados. El tonto ligón de Austin (Teddy Sears) lo mantienen pero a la fuerza, sin saber qué hacer con él. Sólo cobra algo de interés (pero muy poco) cuando la gorda del programa de adelgazamiento lo utiliza como juguete sexual. Lillian DePaul (Julianne Nicholson) no sé muy bien qué ha aportado a la serie, sólo servía como punto de conflicto para sacar algo de Virginia cuando no estaba con Bill, porque este tiene a su esposa Libby. La subtrama de su enfermedad no consigue causar impresión alguna a pesar de que fuerzan un tanto el drama, y su supuesta muerte me descolocó un montón, porque el gesto de Virginia era de que su amiga seguía viva (de hecho parecía respirar), pero en cambio no vuelve a aparecer pero tampoco no hay entierro ni duelo.

Libby (Caitlin FitzGerald) es un personaje muy atractivo pero al que también les cuesta mantener en el juego. Cuando se dan cuenta de que tenerla como esposa florero no permitía ampliar mucho su drama la lanzan hacia el grupo de negros, dándole motivos por los que vivir, emocionarse y sentir algo, hasta el punto de que se ve venir el romance con uno de ellos. Pero tardan mucho en llegar a materializar una historia que es bastante previsible, de hecho toda la parte con la niñera es bastante insustancial. Por suerte, la actriz borda el papel y el guion a pesar de los baches logra un personaje entre dulce y tristón que ejemplifica bastante bien los problemas de las mujeres de la época.

A partir del ecuador emergen por fin nuevos personajes atractivos e importantes en la trama, el friki del cine Lester (Kevin Christy) y una secretaria que pasó poco tiempo con Bill, Barbara (un gran papel de Betsy Brant, quien se dio a conocer en Breaking Bad). Ambos van creciendo poco a poco y hábilmente los embarcan en la nueva historia sobre el sexo, los problemas de impotencia. La pareja que forman es encantadora y como receso sencillo son personajes muy acertados: tienen entidad propia y su destino interesa, no como el matrimonio absurdo de Betty y Gene.

En cuanto a la pareja protagonista, también acusa una pérdida de tirón. El capítulo inicial es caótico, no parece que los realizadores tuvieran muy claro cómo lanzar un romance de largo recorrido, amén de que hacen malabares para encajar la falta de personajes/actores. Más adelante justifican la aventura improvisando que Bill y Virginia fingen seguir con el estudio como excusa para follar sin parar, pero de creíble no tiene nada. En seguida aparece otra sensación: que el estudio ni los personajes avanzan. El horrendo Fight deja el interés por los suelos. Los líos de Bill por encontrar hospital repiten el mismo patrón todo el rato: que el estudio es una bomba que nadie quiere es obvio, podían haber ido más rápido mostrando esos problemas.

Pero parece que los guionistas se dan cuenta de la falta de rumbo y empaque de la trama y cuelan un salto temporal de varios años que pretende avanzar de golpe lo que no han conseguido desarrollar poco a poco. Bill monta una clínica para seguir con su trabajo, se enfrenta a los líos burocráticos que conlleva, el romance ha parado, tiene otro hijo (para contentar a Libby, básicamente), Virginia sigue siendo una incansable trabajadora… Pero cuando logras recolocarte tras el repentino y confuso cambio de tiempo y escenario, no tardas en comprobar que realmente no hemos avanzado nada, es todo humo, los personajes siguen igual y el estudio no muestra nada nuevo, es decir, no hay ninguna historia sobre revolución sexual llamativa. También parece que se dan cuenta de ello, y en otro cambio repentino de rumbo pasamos a una nueva fase de investigación: los problemas sexuales, con la impotencia a la cabeza. ¿Y cómo se les ocurre dar protagonismo a esta línea narrativa? Pues haciendo que Bill de repente sea impotente. Así sin más. Para colmo en este tramo aparece su hermano, porque ahora resulta que tiene un hermano. Un giro de culebrón que desvía toda trama para abordar líos pasados de alcoholismo y problemas familiares que no aportan nada excepto dramón innecesario. Y todo para acabar de golpe, siguiendo como si no hubiera existido esta trama familiar sensacionalista. Otro giro fallido es el que se obligan a meter en el final de temporada para poner un golpe de efecto sobre los protagonistas: no hay quien se crea el movimiento de Virginia con sus hijos, lo que retuercen los guionistas la situación para que haya un poco de intriga y drama que no viene a cuento.

Así que me temo que en el conjunto de la temporada hay poco material que sacar de Bill y Virginia, dos caracteres otrora fascinantes que ahora dan vueltas sobre sí mismos sin un rumbo concreto. Hasta el tramo final no hay algo de movimiento tangible. Aunque lo de la impotencia fuera un truco rebuscado, casi se agradece que le den algo a Bill con lo que podamos recuperar ese personaje afligido y huraño al que cuesta acercarse, con el que sufrimos y esperamos que sea capaz de sobreponerse. Además la trama se apoya muy bien en Lester y Barbara, con lo que por fin volvemos al drama serio y realista que conocíamos. Y como extensión de todo ello Virginia vuelve a coger energía también, vuelve a ser la mujer decidida y valiente que empuja a los demás a salir adelante. El conflicto con la competencia y la idea de rodar un documental para publicitarse da vida a la historia general, el estudio sobre el sexo, su alcance, los tabúes con los que hay que luchar… También encontramos algún apunte interesante sobre cómo enfrentamos demonios internos, cómo tragamos con los sufrimientos secretos, lo que nos cuesta a veces pedir ayuda (la parte de Virginia en el psiquiatra está muy bien), los matrimonios fingidos y los fracasados, los romances, las dificultades añadidas de la mojigatería de la época… Pero todo está en una línea bastante disminuida respecto a las grandes cualidades que vimos en la primera temporada, donde todo se trataba y desarrolla con gran dedicación e inteligencia, con una evolución gradual de los protagonistas que resultaba absorbente, llena de sutilezas, gestos, detalles… Los actores Michael Sheen y Lizzy Caplan están estupendos de nuevo, pero con menos carga emocional en sus personajes no logran deslumbrar como antes.

En el acabado visual no puedo ponerle pegas, siguen manteniendo un aspecto formal muy cuidado, casi hipnótico. Pero con la escasa fuerza de los guiones el tempo narrativo hace aguas. Así que la temporada se va como empezó, siendo un quiero y no puedo con más inclinación hacia el no puedo.

Ver también:
Temporada 1.

THE HONOURABLE WOMAN – MINISERIE


BBC2 y SundanceTV | 2014
Drama, suspense | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Hugo Blick.
Intérpretes: Maggie Gyllenhaal, Stephen Rea, Lubna Azabal, Katherine Parkinson, Andrew Buchan.
Valoración:

El creador, guionista y director de The Honourable Woman es Hugo Blick, quien aquí multiplica por cien todos los vicios que frenaron el potencial de The Shadow Line. La historia es pura indefinición desde la premisa al estilo. No se sabe si quiere un drama familiar, un thriller de espionaje empresarial, una intriga política, un drama de denuncia… Salta entre estilos e ideas sin decantarse por ninguno, y la trama no llega a tomar una forma determinada ante nuestros ojos. Acumula muchos diálogos y escenas inflados con burda pedantería, pero no se encamina hacia nada concreto, resultando un galimatías caótico e insoportable.

El conflicto Israel-Palestina prometía una serie arriesgada, pero ni se acerca, porque realmente no trata nada relativo al tema. Que sí, que si vas a Gaza te metes en zona de guerra, y que cada bando se odia y comete atrocidades. Es decir, apenas señala lo obvio, y no hay más chicha. No puedes prometer abordar una temática determinada, y más una tan polémica, y luego esquivarla con tanto descaro. Llega a un nivel de desvergüenza alucinante: la protagonista se supone que da un par de grandes discursos sobre el asunto… pero lo único que se nos muestra es un chiste tonto, al final no hay discurso ni mensaje real. Además, sumerge a los personajes en el embrollo de forma muy forzada: el lío del secuestro, el secreto que trajeron de allí y la trama subsiguiente es de un exagerado que resulta insultante para la inteligencia y los sentimientos del espectador. Y ni con esas se moja en ofrecer un análisis, sea neutral o partidista, de la situación.

Como thriller de espías también hace gala de una torpeza alucinante. La concepción de Blick de la intriga es no contar nada. No gestiona los secretos, misterios y personajes ambiguos de forma que se genere un ambiente de intriga donde debas ir reconstruyendo poco a poco la trama y donde las revelaciones y giros te ofrezcan nuevas perspectivas además de sorpresas interesantes y coherentes. Lo que hace es guardarse todo, omitir la información, no decirte absolutamente nada y luego soltarlo sin más, y en no pocos casos el giro resulta entre forzado y completamente inverosímil, aunque lo normal es que se incline por lo insustancial. Por ejemplo, el gran giro en el ecuador de la serie, la sorpresa que supuestamente cambia todo, es que en la empresa alguien desvía fondos… Cuidado, no te cagues patas abajo con la sorpresa. Los conflictos entre agencias de inteligencia (MI6, CIA) se enmarañan sin sentido alguno, como si eso fuera narrar con inteligencia. Y los personajes crípticos sin venir a cuento me sacan de quicio. Aquí nadie dice ni hace nada, como si no tuvieran ganas de estar donde están. Y al final les ocurren las cosas porque sí o las resuelven por arte de magia sin que se vea cómo: el hermano de la protagonista sale airoso de una situación con el MI6 llamando a altos cargos estadounidenses… ¿Ese mindundi y patán tiene esos contactos? ¿Y no me lo explicas o lo insinúas antes para que el giro sea creíble?

El drama humano también tira por el amarillismo y el absurdo de ocultar las emociones, motivaciones y secretos y soltarlos más tarde, cuando le da la gana al guionista, sin haber creado el ambiente necesario. La protagonista central, Nessa Stein, es cargante como pocos personajes he visto. Da la sensación de que Blick buscaba un rol femenino central fuerte, decidido, capaz… Pero joder, lo que se ve es una pupas que va como zombi lamentándose todo el rato, y los puntos clave de su viaje emocional son de un sensacionalismo que en vez de congoja me hicieron reír por su falsedad, por inflar la trama con un melodrama demencial. Sumado a los otros principales, el desastre es digno de estudiar en como algo que no debe hacerse en el cine o televisión: no te exponen motivaciones ni intereses con claridad, ni siquiera te explican la posición de cada uno en la historia y las relaciones entre ellos. Tardas tres episodios en saber qué hace esa israelí/palestina (ni eso me queda claro) en casa de la pareja casada, cuando todos son protagonistas principales.

Y de los secundarios mejor ni hablar. Teniendo la ficha con el reparto delante soy incapaz de ubicar en la trama a los actores, qué personajes tenían y qué hicieron estos. Por ejemplo, veteranos como Tobias Menzies, Eve Best y Lindsay Duncan me son fácilmente reconocibles, pero que me aspen si recuerdo qué hacían aquí. Además, si ya son flojos de por sí, no digamos lo que se difumina su sentido en el argumento global cuando Blick los pierde en las subtramas anodinas que salpican el relato. No sé si la idea era jugar con la intriga, pero en casi todos los capítulos se va por las ramas con alguno de estos secundarios, dando vueltas en círculos solamente para darle un giro (generalmente matarlo) en una escena clásica del género. Por favor, meter una escena cliché porque sí (el taxi en las sombras, el matadero, etc.) no garantiza que funcione. Lo más gracioso es ver a Stephen Rea repitiendo exactamente el mismo papel de The Shadow Line. Sí, el intérprete vale para esa pose de tipo misterioso, pero sin guion detrás no sirve para nada.

Ni siquiera tiene un acabado visual digno de citar, la puesta en escena es rutinaria, nada virtuosa y sí con algunos lastres, como escenas pobremente fotografiadas e iluminadas cual culebrón televisivo. Así pues, estamos ante una serie completamente malograda, inestable y caótica en todos sus elementos: ritmo moroso, disperso, incapaz de enganchar, personajes insustanciales y sin sentido claro en el entramado, historia más que confusa incoherente y además salpicada de adornos fallidos. Los capítulos, todos de una hora, se hacen cuesta arriba hasta resultar insufribles. El esfuerzo de verla entera es infructuoso, no da nada que merezca la pena, sólo se ven peleles hablando sin transmitir ni una emoción, sin desarrollar ningún relato con sentido y capacidad de impresionar lo más mínimo.

El mejor ejemplo de la torpeza y negligencia del guion es que en el primer episodio secuestran al niño, pero a partir del tercero se olvida esta historia por completo hasta el final, e incluso los personajes actúan como si estuviéramos en otra serie distinta, todo porque ahora toca soltarte sin más otros misterios. Y el mejor ejemplo del sinsentido que Blick toma por trama intrigante y con sorpresas es la serie de muertes idiotas y las revelaciones sobre quiénes son los que mueven realmente los hilos, tan absurdas y ridículas que, vulgarmente hablando, me llegué a cagar en sus muertos. ¿De verdad los pocos críticos y espectadores que han recibido bien la miniserie se han tragado todo este galimatías pretencioso y soporífero, este desmadre sin pies ni cabeza? Me resulta difícil de creer. Más bien me parece que casi nadie ha sido capaz de acabarla, por eso hay tan poquísimas críticas y casi ninguna negativa; es más, de las positivas el noventa por ciento son de medios que cobran por hacer el publirreportaje de turno. El resto… han tenido que ver otra serie…

The Honourable Woman solamente te deja la sensación de haber estado varias horas en coma: no recuerdas nada, salvo que has perdido tiempo de vida. Pocas veces en los últimos años me he sentido tan estafado con una serie. Y tengo claro que no veré jamás nada nuevo de Hugh Blick. A la lista negra junto a Damon Lindelof.

También es surrealista el Globo de Oro a Maggie Gyllenhaal, pues lo único que hace es poner una repetitiva expresión entre ausente y lastimera, porque ciertamente el rol no da para más. Habiendo papelones como el de Allison Tolman en Fargo o el de Frances McDormand en Olive Kitteridge es incomprensible que se lo dieran, más teniendo en cuenta el poco impacto de la serie.

HALT AND CATCH FIRE – TEMPORADA 1

Halt and Catch Fire
AMC | 2014
Drama | 10 ep. de 43 min.
Productores ejecutivos: Christopher Cantwell, Christopher C. Rogers.
Intérpretes: Lee Pace, Scoot McNairy, Mackenzie Davis, Kerry Bishé, Toby Huss.
Valoración:

La expresión “Halt and Catch Fire” (algo así como “detenerse y prenderse fuego”) que da título a la serie es una referencia informática realmente rebuscada. La intentan explicar nada más empezar: era una instrucción (o código) que hace que el ordenador entre en un bucle, bloqueándose de forma que sólo se recupera reiniciando. Pero se quedan cortos, porque no indican que era una especie de chiste en la época en que se trabajaba con código máquina, una instrucción fantasma, una leyenda, que ha evolucionado como expresión para indicar que algo no funciona como debería. En fin, supongo que sólo quien viviera en ese mundillo la pillará.

Por suerte, la serie en sí no es tan rebuscada. Es un drama sencillo, muy clásico de hecho, que al estilo de Mad Men, Masters of Sex y Manhattan narra la vida de unos personajes en un contexto histórico reciente y bastante concreto. En este caso nos vamos a principios de los años ochenta, cuando la informática deja de ser un gueto reducido de algunas empresas punteras y empieza a comercializarse a mayor escala: el PC u ordenador personal está empezando a pegar fuerte. Esta industria emergente es muy golosa, y la lucha por hacerse un nombre será feroz.

Como en Manhattan, se hace una aproximación histórica paralela, es decir, no es un documental que muestre hechos reales, sino que se opta por unos personajes y empresas fictios que se mezclan con la realidad. El ambiente del gremio en esta década se capta con gran acierto en todos los niveles: la forma de trabajar, la ética empresarial (plagios y guerras), los avances tecnológicos y su impacto en la sociedad, los hechos concretos relevantes (IBM y Apple están muy presentes)… Así, los protagonistas y su compañía son inventados, pero retratan a la perfección aquellos tiempos. Cabe destacar una buena selección musical (con algún temazo, como el de Gary Numan), unos títulos de crédito que captan muy bien la esencia buscada, y, sobre todo, la serie demuestra que se puede tratar la informática de forma realista sin resultar farragoso: se habla sin tapujos de tecnologías, lenguajes de programación y detalles concretos (el juego al que se enganchan, por ejemplo), pero sin perderse en tecnicismos que sólo un experto entendería.

Tres son los protagonistas principales, todos muy diferentes entre sí y que representan muy bien distintas visiones e implicaciones en la industria. Gordon Clark (Scoot McNairy, secundario en muchas películas, uno de esos que te suena pero no asocias a ningún papel en concreto) es un ingeniero experimentado, un buen trabajador, pero cuya energía y visión se apagaron tras fracasar con una creación suya que casi lo deja en la ruina. Ahora se contenta con mantener su puesto en Cardiff Electric para tener sustento para su familia. Tiene dos hijas pequeñas y una mujer que, para la época, es bastante independiente: también ingeniera y con su propio trabajo, será un apoyo crucial para la tormenta que se avecina. La interpreta Kerry Bishé, aún menos conocida. Cameron Crowe (Mackenzie Davis en su primer papel de peso) es la joven hacker, esto es, quien se ha criado entre ordenadores y salas de juego aprendiendo por su cuenta, renegando de los estándares sociales habituales (estudios, trabajo, movimientos sociales del momento -el punk-). Su visión innovadora y sin contaminar por las tendencias impuestas es prometedora, pero en principio buscan más su habilidad como programadora para hacer lo que hacen todos: copiar a IBM. Joe MacMillan (Lee Pace, el rey elfo de El Hobbit) es el comercial con visión, el capitalista sin escrúpulos que vendió su alma por dinero y ahora intenta vender las de los demás. Es quien empujará a Cardiff Electric a enfrascarse en la guerra por ser la compañía más puntera y rompedora.

Todos juntos podrían forman un equipo con enorme potencial, pero este parece estar lejos de realizarse porque, como seres humanos, cada uno tiene sus propios vicios y limitaciones. Gordon está acobardado y sin su mujer casi no es capaz de hacer nada. Cameron es inmadura y rebelde. Y Joe es un psicópata sin freno que arrastra a todos a su loco proyecto sin importarle las consecuencias. La trama principal es la del desarrollo de un ordenador que rompa el mercado. Inicialmente parten como todos, imitando a IBM y aprovechando su compatibilidad con los programas más usados, pero poco a poco empiezan a tener ideas más prometedoras: crear un ordenador portátil. Esto sirve como trasfondo para los esperables choques personales y laborales, los esfuerzos y problemas personales, etc. Los protagonistas serán puestos a prueba en algunos de los momentos más importantes de sus vidas.

Pero Halt and Catch Fire no llega al nivel de los ejemplos con los que la comparaba. Es una serie sencilla, correcta sin más. Los personajes no impresionan, pero tienen el tirón suficiente como para interesante bastante por sus andanzas. Los actores son competentes de sobra, pero no consiguen un papel que deje huella. El drama tira por caminos bastante básicos, predecibles en algunas ocasiones y falto de inteligencia en otras (algunos giros algo tontorrones, otros salidos de madre -el de la homosexualidad de un personaje es absurdo-), pero aguanta el tipo sin grandes agujeros, creciendo aceptablemente bien. El tramo final en la feria es bastante intenso, con buenas trazas de agobio, pero en cambio en evolución de personajes anda algo escaso. En la puesta en escena es donde va más justita. Con una labor de dirección, fotografía y montaje bastante pobre no resulta digna del nivel actual de las series.

Lo mejor es que dentro de su sencillez entretiene bastante, sólo en algún instante de sus primeros episodios estuve a punto de considerarla una pérdida de tiempo, por floja y no aportar nada. Pero encuentra su tono y cumple de sobras como pasatiempo sin pretensiones para cualquier seriéfilo aficionado a dramas de corte clásico. No va a deslumbrar, pero una vez superadas las dudas iniciales no decepciona.

SILICON VALLEY – TEMPORADA 1

HBO | 2014
Comedia | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, John Altschuler, Dave Krinsky.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T.J. Miller, Josh Brener, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Christopher Evan Welch, Amanda Crew.
Valoración:

¿Qué mejor lugar para mostrar el mundo de las nuevas tecnologías que Silicon Valley? Para quien no lo conozca todavía, es una amplia región de San Francisco (EE.UU.) donde todas las compañías que se precien tienen su sede principal: Google, Twitter, Microsoft, Apple… Tener todo el meollo de innovación tecnológica en un mismo lugar facilita facilita la búsqueda de talentos y finanzas, y estar donde empezaron los grandes da buena imagen para tu compañía. Así que todos los que sueñan con ser genios del gremio o fundar una empresa exitosa intentan ir allí. La mayor parte acaban estrellados sin llegar a nada, otros se estrellan tras una carrera fulgurante pero corta. Muy pocos llegan a multimillonarios que cambian el mundo. Las nuevas tecnologías y las modas son así. Un día Myspace domina la red, al otro nadie se acuerda de ello y le toca el turno a Facebook.

En este ambiente encontramos a nuestros protagonistas. Su descripción inicial parte de algunos estereotipos, si nos ponemos finos, pero era algo ineludible si tratas de representar un colectivo muy concreto. Tenemos al inteligente pero tímido Richard (Thomas Middleditch), cuyas aspiraciones de triunfar choca con sus limitaciones a la hora de saber ser un triunfador: carece de coraje y determinación, le falta experiencia empresarial, etc. Contamos también con el charlatán que vive del cuento y de las rentas de algún trabajillo anterior, Erlich (T.J. Miller). No falta uno medio indio (pakistaní en realidad), que es la raza de moda en Estados Unidos y casi toda serie incluye uno, y cómo no es otro informático empollón: Dinesh (Kumail Nanjiani). Martin Starr es Gilfoyle, el tipo serio y críptico con salidas extrañas e inesperadas. Encontramos al empanao que es objetivo de las bromas del grupo, Big Head, o sea, Cabezón (Josh Brener). Sin catalogación posible está el nuevo en la pandilla, Jared (Zach Woods), que es antisocial pero competente. Y por supuesto tenemos algunas perspectivas del empresario millonario, destacando este año el agresivo sin escrúpulos Gavin Belson (Matt Ross, mítico en papeles de malvado) y el rarito con manías delirantes Peter Gregory (Christopher Evan Welch).

Todos los intérpretes del grupo de colegas tienen larga experiencia en televisión, pero salvo quizá Zach Woods (estuvo en The Office -2005- en un papel semejante), ninguno ha pasado por alguna producción que le diera algo de visibilidad, lo cual ayuda a hacernos a los protagonistas, porque no asocias los rostros a algún personaje anterior. Además, los actores se hacen al estilo característico de sus roles con rapidez, captando todos sus matices y excentricidades y logrando además una química fantástica con los demás. Destaca lo hábilmente que cogen el punto a lo más complicado: transmitir a través de miradas y gestos lo que el protagonista siente y sufre. Desde el primer episodio sabemos cómo puede reaccionar Richard, qué significa ese suspiro o por qué se muerde los labios; el tono de voz de Erlich señala que está en otro de esos intentos de afirmarse, de superar sus limitaciones; una mirada fugaz entre Dinesh y Gilfoyle puede exponerte su reacción a una situación sin requerir más diálogos. Pero hay que señalar una triste anécdota: Christopher Evan Welch falleció de cáncer antes del estreno de la temporada. A los guionistas no le queda otra que cambiar las tramas que giran a su alrededor en el segundo año.

Una vez hemos visto la vida en la zona y cómo trabajan los protagonistas, que anhelan la gloria pero están en puestos más precarios y con menos futuro del que esperaban, el proyecto de Richard salta a la luz como una obra posiblemente revolucionaria, eso que todos buscan con desesperación en Silicon Valley. Está programando un software de compresión de archivos sin pérdida de calidad que desterraría definitivamente el flac, mkv y semejantes (porque el mp3, divx y otros, con su notable pérdida, hace mucho que están obsoletos), lo que cambiaría por completo el manejo de información en internet, afianzando definitivamente el dominio de la nube. Pero el triunfo y el éxito no llegan sin más. Tiene que saber mostrarlo y distribuirlo sin que la competencia lo aplaste antes. Tiene que decidir entre ofertas varias, entre el dinero (venderlo y hacerse millonario) y la realización personal (sacarlo adelante y escribir su nombre en la historia). Tiene que luchar día tras día con marañas de papeleo, engaños y abusos. Sus amigos lo apoyan como pueden pero todos carecen de la experiencia y personalidad necesarias para enfrentarse a pesos pesados como los Belson y Gregory del mundo.

Silicon Valley puede parecer sencilla de primeras, pero en nada que empiezas a analizarla se ve toda su inteligencia y complejidad. Todas las escenas combinan magistralmente la certera presentación y desarrollo de los personajes y el entorno, el progreso veloz y firme de las tramas, las numerosas capas de chistes, tanto fugaces como de largo recorrido, la construcción paulatina de su particular universo (que apunta a cobrar vida propia como el de Entourage)… No, no es nada sencilla. Y ahí radica su genialidad: los guionistas lo mezclan todo de forma que el producto esté completamente equilibrado, resultando una serie cuya profundidad y sutilezas no impiden que parezca ligera y resulte entretenidísima.

Sus guionistas han realizado una labor de documentación meticulosa para recrear un entorno realista y respetuoso, y han tenido mucho cuidado para que el tono de autoparodia, como el patetismo de algunos personajes y los chistes basados en clichés (como el nulo tacto de los frikis con las mujeres) no alteren el equilibrio cayendo en el estereotipo. La idea de la serie nace de la experiencia personal de su creador Mike Judge, que con su graduado en física empezó a trabajar como programador y acabó asqueado del mundillo, sobre todo de la cultura de idolatría que muchos tienen alrededor de figuras famosas (Steve Jobs y Steve Wozniak -Apple-, Larry Page -Google-, Mark Zuckerberg -Facebook- y otros tantos). Se pasó a la televisión, y tras hacerse un nombre con las series de animación El rey de la colina (1997) y Beavis y Butt-Head (1993), alrededor de las que hay cierto culto, decidió mostrar ese ambiente desde una perspectiva satírica pero a la vez delicada. Sólo el tema de la “puntuación Weissman” (eso de medir el grado de compresión) es inventado, pero resulta creíble y sirve para sintetizar las tramas.

El esfuerzo puesto da resultado. Se puede tocar y sentir el ambiente de Silicon Valley y sus habitantes desde las primeras escenas. De la situación laboral del currito marginado a la del multimillonario excéntrico hay todo un rango fascinante, como los genios desaprovechados, los fracasados, los trepas cansinos, o los “apartados” (esos que son contratados para joder a la competencia y ubicados en puestos donde no tienen nada que hacer). El funcionamiento de las empresas se describe muy bien, las aspiraciones y problemas de los jóvenes mejor aún. Las referencias a figuras famosas y no tan famosas abundan, los personajes millonarios del relato dan para teorizar sobre en quiénes se inspiran. Tenemos mil detalles de la vida cotidiana convertidos en estupendos chistes: las fiestas para aparentar, las convenciones, los líos entre informáticos, los guiños frikis…

La temporada entra de maravilla por su ritmo trepidante, una equilibrada combinación de la puesta en escena de primer nivel (excelente fotografía de planos medios y estupenda ejecución de escenas con muchos personajes con interacción sutil entre ellos) y la pasmosa facilidad con la que los guionistas definen a los protagonistas en los treinta minutos del primer capítulo y en los siguientes siete los sumergen en una vorágine de acontecimientos que es un no parar de historias relacionadas con la informática. Hay humor directo y sencillo como el que puede verse en Big Bang Theory (2007), la más cercana en cuanto a género aunque juegue en una liga muy inferior, pero abunda más la parida ingeniosa y el giro inesperado mezclados hábilmente con chistes más sutiles y otros gags de largo recurrido muy bien desarrollados. Inevitablemente también tenemos mil referencias a las nuevas tecnologías (empresas, internet, personajes famosos, etc.), y en estos tiempos tampoco falta el toque de vergüenza ajena, los personajes que rozan lo patético. Las aventuras son amables y simpáticas por lo general (esta vez de drama casi no hay nada), pero encontramos bastante autocrítica del gremio y muchas enseñanzas sobre los temas tratados (conflictos laborales y limitaciones personales, principalmente).

Momentos geniales, chistes tronchantes y situaciones muy originales hay varias en cada episodio. Enseguida destaca la dinámica entre protagonistas, con sus chistes y piques recurrentes (como los líos entre Gilfoyle y Dinesh), las paranoias de Elrich, y, sobre todo, las excentricidades de los dos multimillonarios, cada cual más loco. Mis momentos favoritos son: el chaval programador y la que arma, el viaje absurdo de Jared en coche automático (el momento más surrealista de la temporada), la idea de Elrich de tomar setas alucinógenas para buscar un nombre para la empresa, las delirantes presentaciones en la convención (el tío de la estufa de microondas: “¡nooo la enciendas!”), los ataques de ansiedad de Richard (cuando moja los pantalones…), el médico bocazas, Jared incapaz de hacerse notar, el destino de Cabezón, la no-obsesión de Richard con una exnovia, Elrich y sus aventuras con las mujeres del juez de la convención…

Sólo le puedo poner un par de pegas. Primero, estoy a favor de las temporadas cortas, porque evitan el desgaste y estirar tramas con rellenos menos trabajados… pero ocho capítulos de treinta minutos saben a poquísimo, y más si son tan buenos. Le ocurre como a Transparent y Girls: da la impresión de que pasan demasiadas cosas en un corto espacio de tiempo. Sí, en este caso la trama lo justifica bien (trabajan a contrarreloj), pero eso no elimina la impresión de que se podría haber contenido el ritmo para que los personajes y sus aventuras calaran más gradualmente, y la mejor forma de hacer esto es con unos cuantos capítulos más. Pero claro, también alargarla podría implicar meter los citados rellenos, arriesgándose a perder una de sus mejores virtudes: ir al grano sin rodeos y con un ritmo adictivo que pide a gritos varios revisionados. En mi caso, en cuanto la acabé la vi de nuevo, porque me parecía que no la había saboreado bien, y pude comprobar que había pasado por alto numerosas sutilezas, tanto en chistes como en la evolución de los personajes, con lo que le saqué mucho más partido.

El único fallo importante es su giro final, donde se fuerza demasiado la cosa y se abandona momentáneamente el tono por lo general realista de las andanzas empresariales de los protagonistas. En ese momento cumbre tiran demasiado de topicazos y giros tramposos que se ven venir de lejos: cuando Richard deja a todos pasmados en el último instante me produjo vergüenza ajena, por cutre, por forzado, por tramposo y predecible. Parece impropio de una obra tan inteligente, la verdad. Se podía haber desarrollado el mismo planteamiento sin forzar tanto la situación, con más naturalidad: no va a sorprender, qué menos que mostrarlo de forma más verosímil. Esperemos que sea un desliz casual y la segunda temporada mantenga e incluso supere el buen tono con el que ha empezado la serie.

PD: Es horrible la cutre recreación de la fachada del edificio de la empresa Hooli, y cantan bastante los planos repetidos del exterior de la convención. No parece una serie de bajo presupuesto, se podían haber currado estos aspectos un poco más.