Archivo de la etiqueta: Jessica Brown Findlay

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 3

ITV | 2012
Drama | 9 ep. de 48-92 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Jessica Brown-Findlay, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Dan Stevens, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Siobhan Finneran, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes, incluidas muertes…–

La tercera temporada de Downton Abbey ha mostrado algo de desgaste que se ha traducido en pérdida de intensidad. Huelga decir que siempre ha sido un entretenimiento ligero, pero no hasta el punto de que encontrar tramos donde da la sensación de que no pasa nada o, peor aún, de ver que al rematar alguna trama principal se hace con poca garra, pasando por encima no sólo de una historia con potencial, sino de unas consecuencias más que lógicas. Esto lleva a otra crítica que no soy el primero en señalar: los guiones a veces pecan de ser demasiado políticamente correctos. Con estas dos limitaciones, la sección más afectada ha sido la de la homosexualidad latente en dos personajes (muy evidente en Thomas desde hace tiempo), que a pesar de tratarse en casi todo capítulo de una forma u otra no parecía que avanzase con determinación y cuando daba un paso importante daba la sensación de que forzaban rápidamente su vuelta al armario. Todo problema relativo a este tema se arregla con escasas secuelas y demasiado buenrrollismo, cuando en esa época un escándalo homosexual hubiera hecho tambalear los cimientos no sólo de la mansión, sino del pueblo entero.

Alguna otra historia sobre el choque de ideas, culturas o épocas se solventa bastante mejor. Muy entretenidos son los intentos de Isobel de ayudar a mujeres sin recursos, donde la aparición de la criada que dejó a su hijo en adopción genera polémica porque se está dedicando a la prostitución. Igual de interesante resulta el cambio en las políticas económicas, pues el continuo enfrentamiento entre Robert y Matthew sobre cómo manejar los recursos de las tierras que poseen ejemplifica muy bien el cambio de mentalidad necesario para abordar los nuevos tiempos. Y más jugoso que estas dos historias me pareció el análisis sobre el cambio en las estructuras sociales, pues la presencia de Tom Branson da mucho juego debido a su ascenso en el escalafón social, su anarquismo irlandés y su catolicismo: las peleas con el bautizo del hijo, los diálogos sobre política y religión y las muestras de injusticia entre las diferentes clases sociales se exponen bastante bien.

En cuanto a los hilos narrativos principales, como indicaba no terminan de desarrollarse con toda la energía de antes, aunque nunca llegan a decaer tanto como para hablar de pérdida de calidad importante. La estancia de Bates en la cárcel se me antoja bastante desaprovechada. Que un criado (considerado casi un miembro más de la familia) cayera en tal desgracia supuso uno de los arcos argumentales más importantes e intensos de la pasada temporada, pero aquí presenta su fuerza diluida en unas apariciones anecdóticas y una investigación un poco sosa. No hay sensación de peligro, ni de tragedia, y por descontado se sabe que todo saldrá bien. Por el lado contrario los problemas de Edith para encontrar marido se manejan algo mejor. La boda fallida y el acercamiento al editor llevan buen camino, lento pero seguro. La joven hija suele comerse las aventuras menos llamativas, pero este año me ha gustado bastante. Un poco menos atractivos son los triviales problemas matrimoniales de Lady Mary y Matthew, aunque por lo menos no aburren.

Los conflictos del día a día han sido lo más interesante del año, pues de nuevo un sinfín de pequeñas historias envuelven a este grupo de adorables personajes. Los roces entre criados, los líos familiares, las peleíllas constantes en las comidas (estos dos últimos con Violet siempre a la cabeza), la agenda social, etc. ofrecen siempre buenas aventuras, con emoción y diversión a partes iguales, con un ritmo siempre activo. Ningún episodio se hace aburrido, salvo el último (el especial de navidad), que es demasiado largo y monótono.

A falta de un grueso de aventuras que diera entidad y “recordabilidad” a la temporada, los guionistas han abusado del golpe de efecto de culebrón. La muerte de Sybil no resulta fallida narrativamente hablando, pero no me termina de convencer, primero porque sabe a giro rebuscado, segundo porque las consecuencias duran poco en la familia… y en el espectador: el personaje desaparece y no lo echo de menos en ningún momento. Pero acepto que va con el género, y como digo no resulta una parte realmente malograda. No puedo decir lo mismo de la precipitada, rebuscadísima, tramposa y ridícula muerte de Matthew en el último episodio. Vale que esto es un culebrón, pero se pueden hacer las cosas bien (con una trama que lleve a un desenlace trágico) o mal (el giro de guión porque sí).

En el acabado visual no hay nada que objetar, pues mantiene una realización brillante con elementos que destacan de forma espectacular: la música es preciosa, el vestuario magnífico y la fotografía siempre perfecta, contando ésta con momentos impresionantes en el último episodio, donde sacan toda la belleza de los paisajes.

Ver también:
Temporada 1 (2010)
Temporada 2 (2011)
-> Temporada 3 (2012)
Temporada 4 (2013)
Temporada 5 (2014)
Temporada 6 y final (2015)

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BLACK MIRROR – TEMPORADA 1

Channel 4 | 2011
Drama, ciencia-ficción | 3 ep. de 44-60 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Rory Kinnear, Lindsay Duncan, Donald Sumpter, Daniel Kaluuya, Jessica Brown Findlay, Toby Kebbell, Jodie Whittaker, Tom Cullan.
Valoración:

Siguiendo el formato corto de las series británicas, Black Mirror ofrece únicamente tres episodios, que pueden quedarse en miniserie o extenderse si tiene éxito. Es además aún más atípica de lo habitual, pues ninguna de sus partes tiene relación entre sí más allá de la idea de mostrar y analizar la influencia negativa de las nuevas tecnologías de comunicación en nuestras vidas.

De la nada, porque no había expectación alguna en su estreno, llegó a copar todos los blogs de series, donde era aclamada prácticamente en unanimidad como una de las producciones más revolucionarias, rompedoras, visionarias, sorprendentes y atrevidas realizadas en los últimos años, pero también porque resulta espectacularmente irreverente, analítica y crítica. El entusiasmo es sin duda comprensible, porque el shock inicial es de los que no se olvidan, pero siendo justos hay que decir que dos de sus tres partes no son perfectas, que en cada capítulo pierde algo de fuelle. Aun así, en conjunto es impactante y memorable como pocas, un ejercicio televisivo (o ya debería decirse cinematográfico) que aun con sus fallas deja bastante huella.

Tras el salto encontraréis un análisis por capítulos.
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DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 2

ITV | 2011
Drama | 9 ep. de 53-93 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Jessica Brown-Findlay, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Dan Stevens, Allen Leech, Jim Carter, Thomas Howes, Phyllis Logan, Siobhan Finneran, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Iain Glen.
Valoración:

Poco puedo decir que no haya dicho en el comentario de su primera temporada, pues el producto es el mismo. A simple vista, el argumento promete un drama clásico con toques de culebrón que probablemente no tenga nada que aportar al género, pero su exquisita composición de tramas y personajes le da una categoría de serie de primera división, ofreciendo una insólita capacidad para absorber al espectador en la vorágine de dramas personales de los habitantes de la mansión.

Esta vitalidad se consigue a través de diálogos constantes, cruces de protagonistas a toda velocidad (en secuencias dignas de El Ala Oeste), escenas siempre narradas con intención de dotarlas de dinamismo e intensidad (la cámara nunca está quieta, se mueve siempre sutilmente, el montaje da ritmo sin sensación de forzar las cosas), saltos temporales que pueden abarcar meses o años (y la mitad de las veces ni te enteras, y da igual) y sobre todo gracias a las mil tramas y subtramas siempre en movimiento o cuando menos disfrazando muy bien su letargo (que temas como el matrimonio de Lady Mary se alargan mucho). Cabe citar también el exquisito envoltorio histórico, con el trasfondo de la primera guerra mundial como aspecto más relevante, pero sin descuidar otros como la sensación de que se acerca el fin de las clases nobles o la inminente emancipación de la mujer (trama sostenida siempre sobre Lady Sybil).

Pero no todo son alabanzas, porque el equilibrio narrativo, al contrario que en la temporada anterior, no es perfecto. En el tramo final se muestra algo de desgaste en el guión, ofreciendo algunas líneas mejorables. El citado proceso de emparejamiento de Lady Mary se toma como si fuera la trama central, es decir, la que dura todo el año, y claro, hacen malabares para alargarla y de vez en cuando se nota el truco. Igualmente, el tema de Bates, su esposa y su enamoramiento de Anna se me antoja estirado más de la cuenta. En cuanto a la parte de la guerra, ésta tiene baches extraños, porque Matthew va y viene en cada capítulo como si estuviera ahí al lado: en este aspecto los saltos temporales fallan. Y hablando de él, el tema de sus heridas no podía ser más previsible y forzado (amén de que trasladarlo en ese estado es absurdo), y su milagrosa curación sí cae en el culebrón excesivo. Otra parte que se gira demasiado hacia el melodrama de forma muy forzada es esa tontería del pariente lejano que vuelve… pero con la memoria perdida. Si al menos hubiera tenido un cierre digno… pero se quitan la trama de encima sin más. En excesos cae también el final del trío amoroso Mary-Lavinia-Mathew, sobre todo por la forma de sacar de la ecuación a la prometida, donde tras tanto darle vueltas al asunto sabe a poco. Y finalmente, una mini-trama totalmente incongruente e innecesaria asoma de vez en cuando: el impecable y recto señor de la casa tontea con una criada. La historia no encaja y es tan corta como insípida.

Sin embargo, estos problemillas son algo disimulados tanto porque con el tsunami de historias entrelazadas casi no da tiempo a pestañear como por la fuerza arrolladora de los personajes y los actores. Las relaciones entre los habitantes de la casa cobran una dimensión extra de credibilidad y energía gracias a la impresionante solidez y química del amplio reparto. Los guiños, miradas, puyas y emociones se transmiten tanto por los diálogos como velados a través de la inflexión de la voz o los gestos. Especialista en guardar las apariencias, un papel endemoniadamente complejo porque debe mostrar el espectador emociones sin parecer forzada, es Michelle Dockery (Lady Mary), quien a lo tonto se ha ido convirtiendo en la actriz más destacable del drama, y mira que todos están impecables.

La ambientación exquisita, la puesta en escena modélica (se saca un partido impresionante de la mansión, la ambientación –el presupuesto se va en el vestuario- y los paisajes a través de la sublime fotografía: ¡cuánto colorido y belleza en cada plano!) y una de las mejores bandas sonoras que ha parido la televisión rematan una serie entretenidísima y de gran calidad donde el bajón con respecto a la primera temporada no me parece suficiente como para quitarle el notable de nota.

Ver también:
Temporada 1 (2010)
-> Temporada 2 (2011)
Temporada 3 (2012)
Temporada 4 (2013)
Temporada 5 (2014)
Temporada 6 y final (2015)

DOWNTON ABBEY –TEMPORADA 1

ITV | 2010
Drama | 7 ep. de 47-66 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Jessica Brown-Findlay, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Dan Stevens, Allen Leech, Jim Carter, Thomas Howes, Phyllis Logan, Siobhan Finneran, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Rose Leslie, Kevin Doyle.
Valoración:

Downton Abbey entra por los ojos con prontitud e intensidad a pesar de no ser una superproducción ampulosa. Sus decorados y localizaciones son pocos (la mansión y el pueblo), pero lo que hay se aprovecha con sabiduría, pues la puesta en escena los exprime de forma impecable: la dirección y fotografía siempre son controladas al milímetro buscando la expresión más hermosa, sacando el máximo de un vestuario y atrezo tampoco espectaculares pero sí perfectamente adecuados a la representación de la época. Todas las escenas ofrecen belleza y elegancia sin perder en ningún momento el ritmo narrativo, manejando con destreza guiones bastante complicados, pues los personajes que aparecen en cada secuencia son numerosos. Aunque si tengo que destacar un elemento del conjunto sería la música (de John Lunn), maravillosa en todo momento.

Tras el guión también se ve una mano profesional, hábil y sumamente detallista: Julian Fellowes, quien nos regalara hace unos años la magnífica Gosford Park, de este mismo estilo. Empezamos en 1912, con la tragedia del Titanic, y acabamos en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Observamos el día a día de la vida en una mansión, siguiendo detalladamente los quehaceres de los dos estratos sociales que allí conviven, la aristocracia y los sirvientes.

Los caracteres están definidos y desarrollados con maestría y arropados por un reparto quizá no sobresaliente pero sí muy correcto. Cada protagonista (y no son pocos) tiene su propia historia personal, sus conflictos internos y formas de ver las cosas, y entre todos tejen un entramado de relaciones y aventuras interconectadas hábilmente hiladas, en perfecto equilibrio narrativo. Las propias tramas son también variadas: hay rencillas personales de diversa índole, adaptación a los cambios históricos (liberación de la mujer, nuevas tecnologías –divertidísimos los choques culturales con el teléfono o la luz eléctrica-) y sobre todo conspiraciones sociales clásicas (matrimonios, luchas de poder, etc.). Las situaciones y diálogos siempre tienen un punto de inteligencia (a veces el humor te coge desprevenido) y aportan constantemente algo concreto al conjunto, pues no hay nada dejado al azar: un simple gesto de uno de los varios personajes que aparecen en un plano puede significar muchísimo. Las tramas avanzan con paso firme no perdiendo de vista el objetivo principal, que no es otro que entretener, y el guión se preocupa más de su coherencia que de buscar el impacto directo o la sorpresa facilona.

Puntos negativos se pueden citar pocos, y no son graves. Por el afán de tirar por el realismo se llega a subtramas que terminan siendo bastante predecibles, como el secreto del sirviente cojo. Y este ejemplo me lleva al otro punto criticable: las líneas entre el bien y el mal están muy marcadas en los protagonistas, pues o son hijos de puta o son buenazos en situaciones desfavorables. Así, me da la sensación de que le ha faltado algo de intensidad a los conflictos, de que no ha habido mucha sangre. Por poner los casos más notables, el citado misterio que envuelve al sirviente cojo como se veía venir lo convierte en un héroe silencioso, el padre de la familia es un cacho de pan que resuelve con diálogo y sonrisas toda pelea que se le presenta, y el agrio pique entre las abuelas acaba con un giro tan previsible como edulcorado. El golpe de efecto más notable y jugoso, por crudo y arriesgado, es el del embajador muerto en la cama y la correspondiente pérdida de inocencia de la hija implicada.

Así pues Downton Abbey es bastante ligera. No resulta compleja en exceso, no hay mucha carga adulta (violencia, sexo o conflictos sórdidos brillan por su ausencia) y en general es evidentemente una serie para emitir en abierto, para el gran público. Y aún así me sorprende que guste tanto y haya triunfado incluso en España, porque se aleja bastante en calidad y estilo (inteligente, pausada) de la mierda televisiva que se traga la masa. Es motivo para alegrarse, claro.

No hallamos nada nuevo en la aventura que propone Downton Abbey, que es la enésima incursión en un género muy sobado que alcanzó sus momentos cumbres con la mítica Arriba y abajo en televisión y con Gosford Park en el cine, pero el sólido equilibrio entre la modélica puesta en escena y el cuidadísimo guión ofrece una serie excelente y que además resulta notablemente entretenida. A veces, una idea clásica y muy utilizada puede resultar fascinante incluso cuando no se le busca una nueva vuelta de tuerca o una perspectiva diferente. A veces, un relato satisface plenamente aunque no se aparte lo más mínimo de los preceptos del género y las líneas narrativas tradicionales. A veces, lo viejo y sobado es bueno o incluso muy bueno. Sólo hay que hacerlo perfecto.

Ver también:
-> Temporada 1 (2010)
Temporada 2 (2011)
Temporada 3 (2012)
Temporada 4 (2013)
Temporada 5 (2014)
Temporada 6 y final (2015)