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EL ÚLTIMO REINO – TEMPORADA 1

The Last Kingdom
BBC America, BBC Two | 2015
Aventuras, histórico | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Adrian Bower, Ian Hart, Emily Cox, Rune Temte, Thomas W. Gabrielsson, Tobias Santelmann, Amy Wren, Sean Gilder, Brian Vernel, Simon Kunz, Harry McEntire, Eliza Butterworth, Charlie Murphy, Nicholas Rowe, Eva Birthistle.
Valoración:

Estamos en el siglo IX, cuando los vikingos ponen los ojos sobre los reinos sajones (Inglaterra) en busca de gloria, riqueza y tierras. Una partida de daneses ataca un castillo y toma como rehén al joven heredero, Uthred, que será educado ahora como uno de ellos. Su vida da otro vuelco cuando, ya de adulto, su actual familia es masacrada por las rivalidades entre clanes. Entonces huye de vuelta hacia los reinos sajones, esperando recuperar las tierras que debería heredar, aunque encontrará dificultades para ser aceptado de nuevo, al ser considerado medio danés. Por otro lado, busca también venganza por la masacre de su familia adoptiva.

La serie parte de las novelas The Saxon Stories (Historias sajonas) de Bernard Cornwell, que narran las aventuras de un ficticio habitante (Uthred) del castillo de Bebbanburg (hoy en día Bamburgh) en un contexto histórico bastante realista. Y esta fidelidad la mantiene el guionista Stephen Butchard en la adaptación, que resulta mucho más verosímil que la más famosa Vikingos (Michael Hirst, 2013), que se apoya demasiado en una figura muy mítica y toma excesivas licencias. Lo más notable es el esfuerzo por ser fieles en el vestuario, lo que le ha ganado incluso alguna crítica absurda de “parece cutre”. Se ha instalado demasiado en la retina del espectador los fantasiosos cueros negros y peinados extravagantes de Los Tudor (Hirst, 2007) y Vikingos y muchas películas, y cuando se encuentran con una obra que respeta la sencillez y pobreza propia de esos siglos les parece anacrónico o insuficiente.

Los movimientos y conflictos de reyes y nobles ingleses y líderes vikingos también se mantienen cerca de lo que se conoce, y aunque Uthred anda siempre metido en todo es una presencia más, no cobra un protagonismo excesivo como los de Pullo y Voreno en Roma (Bruno Heller, William J. MacDonald, John Milius, 2005). En el retrato de la época se van exponiendo distintos aspectos de forma muy orgánica. Se dibujan bien las diferencias entre las clases nobles y el pueblo llano, y se respeta la ignorancia y vulgaridad de las gentes, que esto es otra cosa que se suele pasar mucho por alto, es decir, en el género (cine o series) los personajes muchas veces parecen sacados del presente, y la religión, crucial en esa época, no parece existir. Aquí cada individuo actúa según dónde y cómo se ha criado, y se muestra muy bien la sombra de la religión en todo momento. Los autores son capaces incluso de exponer el cambio gradual en la sociedad y la política a pesar de lo corta que es la temporada. El contraste entre la forma de pensar de los vikingos y los ingleses es palpable, y la intriga e inquietud por el único dios cristiano se ve crecer en los primeros poco a poco: las matanzas vikingas iban seguidas de alianzas y bautizos que los integraban. Donde no ponen mucho esmero es en los idiomas, todos parecen hablar inglés; en Vikingos sí trataron muy bien este tema.

Uthred es un joven con demasiadas ambiciones y poca experiencia, así que se lleva bastantes palos. Pero también es inteligente y hábil y aprende rápido. ¿Conseguirá alcanzar alguna de sus muchas metas? La primera, volver a ser aceptado por los ingleses, es la principal en esta temporada. Ha de lidiar constantemente con las intrigas palaciegas del rey Alfred de Wessex, donde todos recelan de sus intenciones. Este rey luego sería conocido como El Grande, pues ante el envite vikingo imaginó unos reinos sajones unidos, pero ahora vemos a un líder prudente, piadoso, lo que choca con el pagano e irreflexivo Uthred. En la corte encontramos al religioso Beocca, que conoció a Uthred en su infancia y es el único que, no sin dudas, lo intenta ayudar; a los Odda, el padre fiel consejero del rey, y el hijo un trepa ambicioso y pronto rival de Uthred; y a otros pocos condes y religiosos. Pero quien más deslumbra es el soldado Leofric, uno de esos secundarios que roba escenas a todos los demás, incluso al protagonista; la relación con Uthred pasa por muchas fases sin atascarse en estereotipos. Aunque también merece una distinción Aethelwold, heredero al trono echado a un lado por inútil, que resulta un secundario cómico muy efectivo. Entre los vikingos tenemos a Ragnar, el hermanastro de Uthred, con quien planea la venganza por la masacre de su familia; Brida, la esclava con la que escapa, amante y amiga intermitente, por eso de los cambios de bando constantes de Uthred; y Guthrum y Ubba, algunos de los reyezuelos más importantes de la época y causantes de los principales infortunios de Uthred.

Pero hay más secundarios que dejan buena impresión a pesar de su breve presencia, como la monja o Skorpa, pues la serie se distingue más por mostrar unos habitantes muy verosímiles y atractivos que por elaborar tramas complejas. Sí, es cierto que es de aventuras de supervivencia más que de política, pero el principal problema de la temporada es que resulta muy, muy predecible. Es fácil ver venir el resultado de cada nueva etapa en la odisea de Uthred, y por mucho que le pase es difícil creerse que no saldrá airoso: no hay giros hábiles que sorprendan ni intrigas absorbentes que ofrezcan un poco más de densidad y suspense. Pero, con ese esfuerzo puesto en los protagonistas, su viaje engancha con facilidad. A Uthred le va cayendo de todo encima y avanza como bien puede, los conflictos internos del rey son muy interesantes, las pocas disputas de la corte efectivas, las rivalidades y alianzas facilonas pero nunca vulgares, y no hay batallas con la épica de Vikingos pero lo que ofrecen es más que suficiente.

El reparto es la mar de competente. Quizá el protagonista, Alexander Dreymon, es más guaperas que un intérprete de nivel, pero cumple de sobras. Quienes más destacan son Adrian Bower, que borda a Leofric con un carisma arrollador, David Dawson, capaz de mostrar los pensamientos del rey Alfred sólo con el gesto y la mirada, Ian Hart como el pelota de Beocca, y Harry McEntire como Aethelwold, el heredero fracasado. Cabe señalar también las apariciones estelares de grandes nombres como Matthew Macfayden o Rugter Hauer, y el cuidado en elegir actores nórdicos para los vikingos.

Los capítulos son largos, casi de sesenta minutos cada uno. Alguno de los iniciales se me hizo un poco pesado, como si abarcara demasiadas historias que hubieran ido mejor por separado y en episodios más breves, y sí, también con algo menos de previsibilidad, pero una vez inmerso en la vida de los protagonistas y con todos los frentes abiertos mejora rápidamente. Pasamos de la aventura de supervivivencia a las intrigas de la corte y de ahí al romance cuando no a la acción a toda velocidad pero sin que ningún escenario ni género llegue a solaparse o ralentizarse más de la cuenta, y todo va dejando un buen poso en los personajes. En resumen, siempre hay sensación de avance, y la corta temporada tiene entidad propia a pesar de tocar muchas temáticas y dejar muchas de las historias abiertas.

El último reino es una buena recomendación para quien busque aventuras históricas entretenidas y respetuosas a la vez. Pero si se ambiciona una nueva Juego de tronos, como les ha pasado a muchos, seguramente decepcionará.

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 7 Y FINAL


CBS | 2015
Drama | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Cush Jumbo, Christine Baranski, Jeffrey Dean Morgan, Chris Noth, Alan Cumming, Makenzie Vega, Michael J. Fox, Sarah Steele, Zach Grenier.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento la temporada bastante a fondo, sobre todo el final. —

Última temporada de The Good Wife. Cabía esperar que por fin echaran toda la carne en el asador, que movieran de una vez por todas a los personajes que no se atrevían a mover, empezando por Alicia. Que, ya sin miedo por el futuro, rompieran los tabúes conservadores a los que se aferran, limitando su potencial mucho más de la cuenta, hasta el punto de haber provocado algunas historias y giros bastante criticables a lo largo de la serie. Y más sabiendo que, al ser el final, se mira con especial atención ese riesgo o la falta de él y las elecciones que tomen a la hora de enfrentar el desenlace.

Pero en realidad no tenemos nada nuevo, es otro año más, con sus virtudes y limitaciones ya de sobras conocidas. Como en toda la serie, nos encontramos ante una narrativa encorsetada en directrices (a veces incluso absurdas) que limitan a unos guionistas que muestran un potencial muy superior. El notable dibujo de personajes (incluso los que tiene apariciones esporádicas), la sutileza con que narran algunas relaciones y pensamientos, y los subtextos tan inteligentes que suelen tener los casos del día a día (empezando porque tocan temas de actualidad bastante jugosos), de nuevo ven frenados su potencial por la obsesión de aferrarse a un esquema narrativo inmovilista y un tono conservador. Y sigue sorprendiendo que repiten el error de abordar tramas que saben que no pueden llevar a buen puerto por esas razones y acabarán obligados a darles carpetazo de mala manera. También, como ha sido más o menos la tónica, se pueden diferenciar tres fases. La que se centra en los casos sueltos, la que sigue una historia larga (en los primeros años, más de abogacía, en los últimos, con predominio de la política), y la que parece improvisada porque se han quedado sin material, pues siempre se ha notado que veintidós capítulos por año son demasiados. Normalmente seguían este mismo orden, pero aquí es el inverso.

El tramo inicial parece ir sin ganas, tirando sobre la marcha con rellenos poco sustanciosos (por suerte, como no es el final de temporada, no incluyen un giro sensacionalista). Y es que empezamos en una posición que ya critiqué en la etapa anterior. Qué sentido tiene volver a poner a Alicia empezando desde lo más bajo de la abogacía, y más cuando se ha hecho forzando, otra vez también, un distanciamiento hacia sus compañeros y amigos, más otro amago de acercamiento a su archienemigo, Canning. Llevan amagando con que se va a trabajar o no con él desde tiempos inmemoriales, mareando la perdiz sin llegar a nada. Y llevan el mismo tiempo jugando con que Alicia llega a lo alto del mundo laboral (encabezar un bufete importante, saltar a la política) para lanzarla al barro otra vez.

Consiguen mitigar un poco la sensación de paso atrás gracias a que los casos son bastante entretenidos y algunos incluso dejan buenas reflexiones, y a que en cierta manera dan un paso lateral que disimula un poco, ya que variamos ligeramente la dinámica de siempre en la relación con los clientes, pues sacan a Alicia de un despacho rodeada de abogados y la meten en las trincheras, peleándose por las migajas en la sala de vistas para fianzas primero, y luchando desde casa por levantar cabeza poco después. También se intenta aportar savia nueva. En seguida conocemos a Lucca Quinn, una abogada novata con la que empieza a colaborar porque se llevan bien. Esta es una de esas ocasiones en que un rol secundario termina ascendiendo a protagonista porque el actor es un roba escenas de cuidado: el buen hacer (y la buena presencia, claro) de Cush Jumbo le ganó pronto mantenerse durante toda la temporada, pero también ser recuperada en el spin off The Good Fight que encabeza Diane Lockhart.

Por desgracia, también aquí se materializa la nueva relación en tensión a través un mozo atractivo por el que Alicia se pone cachonda y duda durante media temporada sobre si irse con él o no. Lo cierto es que el personaje, Jason Crouse, tiene carisma y Jeffrey Dean Morgan le otorga más, pero la dinámica con los investigadores lleva siendo cansina desde hace mucho (qué pesados con Kalinda, y qué mal trataron a Robin en cambio), y si encima forma también parte del eterno triángulo amoroso, pues me pone en una situación difícil: por un lado, me cae bien, por el otro, parece hacer lo mismo en todos los capítulos, lo mismo que hacían otros personajes. Esto señala lo que venía diciendo, la obsesión por mantenerse a la fuerza fieles a la premisa y el tono conservador. Hay que tener un investigador que resuelva los casos con una llamada de último momento, y Alicia debe tener un conato de aventura mientras duda de si ser fiel a Peter para mantener a la familia, porque ha de haber movimiento dramático y tensión en el personaje pero a la vez el divorcio es tratado constantemente como una catástrofe, como un pecado (sí, estamos en el siglo XXI).

Además, es incomprensible que se centren tanto en Alicia teniendo a mano tantos protagonistas y tantas posibilidades con los diferentes frentes latentes. El bufete de Diane, Cary y Lee se mantiene de mala manera, con tramas secundarias entre tontorronas y lamentables. En vez tener casos paralelos que agilicen el ritmo, aparecen como para cumplir con el contrato de los actores. El lío con el viejo de Howard Lyman llega a resultar verdaderamente cansino, y rebaja de mala manera a grandes personajes como Diane y Cary. Los líos de racismo al contratar nuevos abogados aportan bien poco, salvo mantener la maldición de la serie de personajes que desaparecen: Monica Timmons (Nikki M. James) parecía estar ahí para largo, y se esfuma sin más; y hay que sumar otros casos recientes, como el encantador Finn Polmar (Matthew Goode), la anterior pieza del triángulo amoroso de Alicia que fue descartada cuando ya no servía, y el tal RD (Chris Platt), el del lobby republicano que parecía tan importante en las historias de Diane, hasta el punto de que lo citan en algunos roces ideológicos, pero que nunca vuelve a aparecer. Y aquí voy a mencionar que, como en las etapas anteriores, no aprovechan bien a la fauna de personajes recurrentes que construyeron en los primeros años, a pesar del tiempo a rellenar que había. Aparte de Canning apenas aparece Elsbeth Tascioni y un par de abogados y jueces.

Con Eli Gold también estamos estancados. El actor Alan Cumming tiene una presencia arrolladora capaz de levantar casi cualquier situación, y la hija (Marissa) es la mar de simpática, pero leches, repetir durante todos los capítulos el chiste del despacho enano, el momento de rencilla con la directora de campaña de Peter y las manías del personaje (ser ladino y manipulador), termina agotando. Sólo se recupera cuando se sincera con Alicia por haberle ocultado una llamada de Will Gardner hace unos años, un giro bien aprovechado ahora aunque en aquel entonces fuera el enésimo truco para poner en frío de nuevo la relación en tensión.

Este tramo logra entretener y ofrece algunos buenos momentos (destacando la dinámica con Lucca y que la religiosidad de la hija de Alicia se ha descartado inesperadamente y tiene algunos aportes interesantes, como su trabajillo como secretaria), pero la poco disimulada repetición del esquema narrativo se hace evidente demasiado pronto y afecta demasiado a los personajes secundarios, atascados en un bucle que roza la vergüenza ajena. Así pues, en esta reformulación de la premisa no parece haber suficiente para justificar el retroceso en el estado laboral y personal de Alicia, y como inicio de la temporada final deja más bien una sensación de agotamiento de ideas, de decepción, y más teniendo en cuenta todo lo que abarca, diez capítulos, casi la mitad de la temporada.

Con Eli y la directora de campaña Ruth Eastman, para la que ficharon a un peso pesado como Margo Martindale, iban manteniendo en segundo plano la carrera para la vicepresidencia de Peter. No ha ofrecido nada especialmente llamativo, más que nada porque se atasca con la dinámica repetitiva de Eli y Ruth, y cuando por fin cobra protagonismo no es que aporte algo extraordinario. Sí, es uno de esos tramos donde nos apartamos de la dinámica habitual de abogados y nos ofrecen una perspectiva muy realista de cómo funciona la política en Estados Unidos, pero ya hemos visto varias veces que, por mucho fuego artificial que lancen, al final harán un reset. Y vaya si lo hacen, con todo descaro. Pero, como en la serie en general, mantiene un nivel más que decente porque los personajes son bastante buenos y sus vivencias y sentimientos están bien exprimidos. Alicia está harta de todo y empieza a romper con todo sin miedos ni remordimientos. Va con Peter porque es bueno para la carrera de ambos, pero no parece sentir nada por él. Aguanta a Eli igual, y también parece que si lo llega a perdonar es por seguir adelante.

Así pues, aunque no ha sido espectacular, este tramo ha dado vidilla cuando la temporada no parecía dirigirse hacia ninguna parte, y dura poco, pues en seguida nos lanzamos al arco final, donde el procedimental de abogados ofrece lo mejor de sí y la trama creciente del nuevo juicio contra Peter salpica con un poco de intriga. El ritmo y el interés crecen con casos más llamativos, con personajes que se mueven más, y en general con una sensación de dirección, de que los productores sí se están trabajando el final de la serie.

Para empezar, inesperadamente terminan echándole huevos y llevando por fin a Alicia a una aventura auténtica con Jason, rompiendo el eterno triángulo amoroso con ella decidida a follar sin mirar atrás, a vivir la vida de una vez por todas. Por cierto, es graciosísimo ver que le cambian la peluca desde entonces por una más clara y medio despeinada, señalando actitud juvenil y desenfrenada. Los tejemanejes en el bufete dan lo mejor de sí después de un receso tan largo. Diane recupera su merecido protagonismo, Alicia y Quinn luchan por hacerse un hueco, los roces clásicos con Lee mantienen el tipo, hay unos pocos casos muy interesantes, como el del trasunto de Snowden, el de las armas, el la seguridad versus intimidad (el de los drones), y todo termina explotando con el acoso a Peter, donde Eli vuelve a estar en su salsa. La apoteosis llega en el capítulo de la fiesta en casa de Alicia (720, Party), el mejor del año.

Por supuesto, esta sección también tiene su lado malo, pues le sigue pesando la sensación que no han meditado bien algunas cosas. Resulta bastante cogido por los pelos (aunque a la vez se veía venir) que Alicia acabe otra vez en el bufete, y aunque iba predispuesto a perdonarlo porque así los teníamos a todos juntos, resulta que esto no es del todo así. Primero, la relación entre Alicia y Diane está un poco fría, no terminan de entrar en una dinámica llamativa de o guerra o recuperar la amistad profesional y personal. De hecho, tenemos una subtrama extraña: el intento de formar un bufete sólo de mujeres da vueltas sin concretar nada, y al final se esfuma en el aire. Y lo grave es que no queda claro qué quería Alicia, si estaba dispuesta a volver luchar por ascender o, como parecía, estaba más feliz siendo abogada de más bajo nivel. Pero el problema más claro es que parece que no sabían qué hacer con Cary, y lo van relegando y relegando hasta que deben quitárselo de encima. ¿Tanto se enamoraron los escritores de Lucca Quinn o de su intérprete que Cary ya no les encajaba? Es una lástima, era otro personaje principal notable y el joven Matt Czuchry ha estado espléndido todos estos años. También me pregunto por qué, cuando temen por el futuro de Peter, Eli pretende que sus donantes pasen a Alicia: ¿no estaba ella vetada en el partido?

El final trae polémica, una polémica que no he entendido muy bien, porque no veo salidas de tono de dudosa justificación o lo contrario, cobardía excesiva, como para ponerlo a parir. Hay varios frentes abiertos, y los principales, aunque difíciles, los cierran bien. Sólo con algún aspecto secundario tendría pegas. La bofetada de Diane a Alicia me parece otro momento de esos de forzar enemistades; lo mismo si tenemos dos capítulos más acaban juntas otra vez, que ya me conozco la jugada. Y la salida de Cary no me gustó, no tiene un final digno.

Lo más relevante es Alicia, pues de nuevo copa un protagonismo excesivo. El caso contra Peter se desarrolla bastante bien, con infinidad de baches y giros que mantienen un buen nivel de expectación. El trío amoroso se estira como siempre, pero sacan mucho partido de los sentimientos de Alicia, de su lucha interna por decidir si seguir con su familia, aunque ya no sienta nada por su marido, para mantener a sus hijos y su trabajo en un nivel de estabilidad y respetabilidad como exige la sociedad, o si sería mejor arriesgarse a perseguir una felicidad más idílica yéndose con Jason, un inmaduro lleno de promesas vagas pero atractivas. ¿Y por qué se decantan al final los autores? Por un término medio que me parece muy acertado. Alicia, que creía haber madurado, ofreciendo una cara muy dura al exterior, con cinismo incluso, trabajando duramente, incluso si era necesario doblegando la justicia y la ética, para salir adelante y sacar adelante su familia, en el momento clave demuestra no haber madurado del todo, sobre todo en cuanto a relaciones amorosas. Su indecisión, su lentitud a la hora de enfrentar sus sentimientos y contrastarlos con los deberes como cabeza de familia, le explotan en la cara, dejándola en un limbo: Jason huye, con Peter se ha vuelto a distanciar.

Supongo que muchos espectadores esperaban lo fácil, que se fuera con Crouse siguiendo la fantasía. Quizá otros pensaban que el acercamiento a Peter, aunque fuera desde el respeto y la responsabilidad más que desde el amor, auguraba que se quedaría con su familia. Pues yo me alegro de que los guionistas por una vez hayan optado por un movimiento valiente, y también un tanto cruel, melancólico: la vida sigue adelante, dándote bofetadas si no actúas con determinación. Prefiero un final abierto, que deje margen a la imaginación y a la reflexión, que uno que te lo dé todo mascadito, donde el único riesgo está en elegir entre dos opciones demasiado previsibles y que con toda probabilidad implican una recepción más dispar, dividida precisamente en dos. Por ello, remarco que no entiendo qué es lo que no ha gustado. Creo que, dada la serie que era y dada la trama final, no había mejor desenlace sin llegar a abandonar su espíritu.

PD: Ahora que me fijo, me sorprende la falsa publicidad de los pósteres de cada temporada, con Alicia vestida de rojo o en posturas eróticas, todo lo contrario a su estilo habitual.

Ver también:
Temporada 1 (2009)
Temporada 2 (2010)
Temporada 3 (2011)
Temporada 4 (2012)
Temporada 5 (2013)
Temporada 6 (2014)
-> Temporada 7 y final (2015)

RICK Y MORTY – TEMPORADA 1


Rick and Morty
Adult Swim | 2015
Comedia, Drama, Ciencia-ficción | 10 ep. de 22 min.
Productores ejecutivos: Dan Harmon, Justin Roiland.
Intérpretes: Justin Roiland, Chris Parnell, Spencer Grammer, Sarah Chalke, Kari Wahlgren.
Valoración:

Rick y Morty es una creación de Justin Roiland y Dan Harmon para Adult Swim. Ambos han pasado por todo departamento imaginable en el mundillo, sobre todo en programas y series de humor: extras, dobles, animadores, fotografía, efectos visuales, editores… Y tienen bastante experiencia en los más relevantes, guion y dirección (Harmon es el más conocido, por su serie de culto Community), pero también en interpretación, en especial en series de animación. El mismo Roiland dobla a Morty y a Rick ¡a la vez!, y Harmon a muchos secundarios.

Rick es un genio de la ciencia que ha inventado un aparato para viajar entre universos paralelos y se ha construido una nave espacial con trastos del garaje, entre otros muchos avances. Y ha decidido llevarse a su nieto Morty a sus peligrosas aventuras.

¿Cómo la describiría? Como una mezcla de Regreso al futuro, Doctor Who y sobre todo Futurama, todo ello aderezado con las drogas que toman los guionistas de Padre de familia y Padre made in USA. Es una serie de aventuras espaciales desbordante de imaginación, infinidad de referencias culturales y humor bruto, y todo ello sin olvidarse de tratar temas serios con inteligencia e ironía. Así, incluso el viaje más absurdo de la pareja tiene un trasfondo de humanidad, y eso cuando la trama no está sumergida de lleno en algún análisis social. Para esto último suele emplearse el resto de la familia: mientras Rick y Morty están en una delirante odisea de ciencia-ficción, en casa de los padres y la hermana mayor vemos líos familiares más terrenales. Eso sí, la mayoría de las veces ambas secciones tienen un nexo de unión, sea un giro casual o parte de la trama, y otras tantas acaban viajando todos juntos.

¡Son clones de una realidad alternativa poseídos por demoníacos espíritus alienígenas del futuro de otra dimensión!

Creo que ya lo he dicho todo, y a la vez no he dicho nada. Porque la personalidad y originalidad de la serie es difícilmente clasificable. Piensa en los mejores momentos de Futurama, pero con un ritmo demencial, muchos más giros impredecibles y locuras sin mesura alguna. Comento por encima varios capítulos de distinto estilo, porque no he encontrado otra forma de abordar tal variedad de historias y situaciones.

Tenemos los que en su premisa parecen tirar de algo básico o incluso predecible. Por ejemplo está el que habla de los ligues juveniles en la fiesta del instituto, donde Morty toma una poción para atraer a la chica que le gusta y acaba con todo el mundo deseándolo y peleándose por él. Pero más allá de este punto de partida todo sorprende, el argumento se retuerce y renueva de forma insólita: el abuelo intenta arreglar el desastre pero la caga varias veces provocando situaciones cada cual peor… hasta el punto de terminar con el mundo que conocían patas arriba y tener que buscar una solución tan drástica e inesperada que el desenlace resulta inquietante, sobrecogedor.

En cuanto a los más centrados en la ciencia-ficción, tenemos los que cogen uno o más clásicos del género y se montan su surrealista versión alternativa, como la parodia de Origen (Inception) o la de Parque Jurásico. En el primero se introducen en los sueños de un profesor para inducirlo a que le ponga buena nota al chaval, y acaban en un desmadre de sueños eróticos sin pies ni cabeza y pesadillas a lo Pesadilla en Elm Street que, atención, se resuelve tirando de un giro humanista, no con un truco de “ciencimagia”. El segundo combina el parque de atracciones que se va al traste con El chip prodigioso, convirtiendo las partes del cuerpo humano en las distintas etapas de la cinta de Spielberg. La otra tendencia abandona la parodia para buscar historias propias tremendamente imaginativas, como el intento de una raza alienígena de sacarle información al dotado anciano mediante realidades virtuales: una dentro de otra, dentro de otra, dentro de otra hasta que acabas totalmente loco, pero al final va incluso más allá, porque la forma de Rick para resolverlo consigue impresionarte incluso después de todo lo visto.

Llegas al último tramo de la temporada pensando que ya te has hecho al estilo de la serie, pero te clavan otros dos capítulos inclasificables. Aquel en que se ponen a ver la televisión de distintos universos paralelos, donde sin duda hay muchas escenas improvisadas en la sala de doblaje (si es que se notan hasta las risitas), tiene gran cantidad de salidas absurdas… y aun así acaba con un giro dramático muy emotivo. Y luego llega Close Rick-counters of the Rick Kind, donde de nuevo te dejan anonadado al plantar la semilla de una trama seriada de gran imaginación: el consejo de Ricks, donde los abuelos de distintas realidades se reúnen para perseguir a los que se descarríen, y concretamente están desbordados por los estragos que causa uno de ellos, convertido en asesino en serie de Ricks… Escena tras escena es un prodigio narrativo que ofrece un estupendo análisis sobre relaciones humanas (Rick y Morty discuten sobre cómo se tratan entre ellos, y su dinámica evoluciona con los eventos) y religiones (en dos escenas breves te clavan un certero análisis de cómo las religiones surgen de la miseria y la desesperanza), todo ello envuelto en una historia de ciencia-ficción compleja y original (incluso cuando se busca una referencia obvia, como el Consejo Transdimensional de Ricks inspirado en los Señores del Tiempo de Gallifrey de Doctor Who) que te lanza una lluvia de ideas geniales tras otra… y aun así son capaces de volver a sorprenderte en el giro final.

Pero puestos a elegir un favorito entre tanta maravilla yo me quedo con Meeseeks and Destroy. Se habla de nuestros fallos y limitaciones como personas, que pueden minar las relaciones: el marido empanado, la esposa que abandona sus sueños resignada, Morty queriendo hacer el bien pero topándose con las zancadillas que pone la vida… Pero joder, ¿cómo demonios se les ocurrió la cosa esa de los meeseeks? No puedo describirlo, tienes que verlo por ti mismo. El momento en que se echan la patata caliente de un meeseek a otro… tuve que darle al pause porque me atragantaba de la risa. Y si hablamos de escenas sueltas, entre las muchas magistrales y desconcertantes hubo una que me dejó patidifuso: la del abuelo, después del lío con las realidades virtuales, cogiendo a Morty y poniéndole un cuchillo en el cuello al grito de ¡Pequeño hijo de perra! ¡¿Eres una simulación?!

De primeras, al ver el dibujo de la familia puede parecer que tiene una animación muy sencilla, pero en cuanto empezamos a saltar entre universos y planetas explota el imaginario a lo grande: infinidad de escenarios y alienígenas de todo tipo, algunos rebuscadísimos, pasan ante nuestros ojos a gran velocidad. Diseñar tantos lugares y personajes lleva tiempo y esfuerzo y por extensión cuesta dinero. Supongo que por eso las dos primeras temporadas son tan cortas (once y diez episodios respectivamente): detrás no hay una productora importante que ponga dinero y un gran equipo de animadores. En cuanto al doblaje al castellano, las voces parecen aceptables, aunque por las pocas escenas que he visto diría que Morty pierde mucha expresividad: en el original el tono de voz y los ruiditos que hace son esenciales para conocer su estado de ánimo, en castellano se queda muy corto. Y no sé si la traducción respeta las referencias, porque recuerdo que en Futurama no lo hacían mucho y de hecho a veces cometían unas cagadas imperdonables.

PD: Los Simpson incluyó una introducción del sofá combinada con Rick y Morty que resultó memorable. La podéis ver en el canal de youtube de Adult Swim.

THE EXPANSE – TEMPORADA 1

Syfy | 2015
Ciencia-ficción, drama, suspense | 10 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Thomas Jane, Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Chad L. Coleman, Athena Karkanis, Paulo Costanzo, Jay Hernandez, Florence Faivre, Jared Harris, Lola Glaudini, Shawn Doyle, Kevin Hanchard.
Valoración:

The Expanse (la expansión) es una serie de novelas escritas por Daniel Abraham y Ty Franck bajo el pseudónimo compartido de James S. A. Corey. La primera entrega, Leviathan Wakes, se publicó en 2011, y apuntan en principio hasta un total de nueve. En España está prevista su llegada a finales de 2016. La adaptación nace en el canal Syfy a manos de Mark Fergus y Hawk Ostby, autores de guiones del calibre de Iron Man (2008) e Hijos de los hombres (2006). Pero también cuentan con la experiencia de un veterano como Naren Shankar, que empezó en Star Trek: La nueva generación (1987) y ha pasado por varias del género (Farscape -1999-, Más allá del límite -1995-) además de por C.S.I. Las Vegas (2000).

Desde el primer capítulo se notan los orígenes literarios en la complejidad y detallismo del universo presentado y la valentía de tener varios frentes muy distantes en espacio y tiempo (está claro que tardarán bastante en unirse), pero también en estilo. Cada sección es prácticamente un género y una historia por separado donde se describen distintos aspectos fundamentales del trasfondo en que se está gestando la trama global, una conspiración que amenaza con alterar el precario equilibrio político y social de todo el Sistema Solar.

En Ceres (el asteroide más grande del cinturón, denominado ahora como planeta enano) tenemos una intriga de detectives que aborda temas sobre diferencia de clases, lucha obrera y terrorismo. La vida se retrata en profundidad: los cinturianos tienen su propio lenguaje y gestos, sus problemas (escasez de agua, deformaciones por la baja gravedad), sus tipos de ciudades, ambientes y trabajos. Cabe destacar que la miseria y el odio creciente contra la Tierra y Marte por explotarlos sin miramientos son el caldo de cultivo para que la aceptación de una banda terrorista esté aumentando entre la población. Pero en todo ese embrollo no se olvidan de la esencia del cine negro, con un detective, Joe Miller, por lo general sombrío y a veces abrumado por los hechos, pero también capaz y resistente hasta la desesperación de sus enemigos y superiores. Y no le falta el sombrero y cierto cinismo, en la onda del gran Humphrey Bogart de El halcón maltés (John Huston, 1941) y El sueño eterno (Howard Hawks, 1946). El carisma nato de un actor tan desaprovechado como Thomas Jane (La niebla -2007-, Hung -2009-) termina de perfilar este protagonista clásico pero de gran magnetismo, y el caso, seguirle la pista a una joven rica descarriada, avanza con su intriga combinada muy bien con esa elaborada descripción del lugar y la acertada exposición de su particular grupo de personajes secundarios.

A bordo de un carguero de hielo que vuelve de Saturno empezamos a conocer a su tripulación, aunque quienes se alzarán como protagonistas no serán quienes esperas de primeras, en uno de los giros donde más se nota el origen literario: los realizadores no tienen miedo a la hora de presentar a los protagonistas con tranquilidad y denotando una prometedora planificación futura. Nos encontramos con que, tras discutir sobre si realizar un salvamento (por eso de que podrían ser piratas), una nave desconocida destruye el carguero. Se salvan de milagro los pocos que fueron en la lanzadera de rescate, unos voluntarios, otros obligados. Y esta es la otra gran sección de la temporada: la aventura de supervivencia de unos desgraciados que sin comerlo ni beberlo se han topado con parte de un extraño complot. Porque no sólo deberán sobrevivir en el implacable espacio, sino que serán rifados por cada bando político, siendo acusados por unos y buscados por otros para ver qué saben de la misteriosa nave causante del lío y que parece querer provocar una guerra.

Su odisea va dibujando cada rol y afianzando la dinámica del grupo, aprendiendo cada uno las habilidades y limitaciones de los demás, teniendo sus momentos de confianza y desconfianza. Jim Holden (Steven Strait -visto en Magic City, 2012-) es el más inteligente y moralista: se para a analizar toda situación, pensando en las implicaciones a corto y largo plazo de las acciones que proponen seguir. Esto desespera a Amos Burton (Wes ChathamThe Unit, 2006, Los juegos del hambre: Sinsajo, 2014-), el bruto cabeza hueca, que saltándose el rango de aquel se alía con Naomi Nagata (Dominique Tipper en su primer papel relevante), una superviviente nata que actúa con más determinación. Alex Kamal (Cas Anvar -infinidad de papeles secundarios-) queda un poco en tierra de nadie, pero su gran valía como piloto impide que sea ninguneado. Todos tienen un pasado con secretos que se irá desvelando poco a poco, terminando de definir sus formas de ser.

Este viaje sirve también para profundizar en el espectro político: vemos cómo funciona la maquinaria bélica (impresionante la parte de la nave de guerra marciana), se matizan los roces entre estados y nos presentan otros bandos menores. En sus numerosos cambios de escenario buscando respuestas y salidas destaca la estación Tycho, donde conoceremos a Fred Johnson (Chad L. ColemanThe Wire, 2002, The Walking Dead, 2010-), otro jugador importante del tablero que actúa de forma independiente. Y de refilón vemos a los mormones y su nave gigante de colonización, que parece más bien una hégira. ¿Qué relevancia tendrán en el conjunto de acontecimientos?

En la Tierra terminamos de adentrarnos de lleno en la política al seguir las andanzas de la secretaria de estado Chrisjen Avasarala (Shohreh Aghdashloo24, 2001, Grimm, 2011-), cuya posición en las altas esferas pero no demasiado arriba le permite estar metida en todos los berenjenales sin exponerse demasiado. Es una veterana de los juegos a dos bandas, de los secretos y las intrigas, y acaba hasta el cuello con ellas en el lío al que los gobiernos de la Tierra, Marte y el cinturón están siendo empujados. ¿Quién está agitando el avispero y con qué intenciones? ¿De quién es esa nave hostil que son incapaces de identificar y encontrar? ¿En quién puede confiar?

En lo visual también muestra una ambición que no se veía en Syfy (el único canal que a veces apunta hacia el espacio) desde Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2004). Muchos escenarios con decorados de todo tipo, incluyendo varios interiores de navíos, bastante efecto digital de calidad y una buena labor de vestuario reconstruyen los distintos lugares y ambientes con bastante realismo. Destaca la recreación de Nueva York, protegida por diques para no acabar bajo el agua, el diseño verosímil de las naves, el contraste entre zonas ricas y pobres… Y supongo que en próximas temporadas veremos más localizaciones (¿conoceremos Marte al fin?). Eso sí, en comparación no veo que supere a Galactica. No hay cifras confirmadas, pero los rumores dicen que aquella costaba unos dos millones de dólares por capítulo y que The Expanse estaría por encima de los cuatro, con lo que cabe pensar que podría lucir mejor. Ahora bien, como digo el acabado es impresionante y carencias tiene pocas. Solo una podría citar, y precisamente por todo este estupendo trabajo me mosquea bastante: ¿por qué pusieron tan poco esfuerzo en diseñar los puentes de mando? Hasta el acorazado marciano se maneja con una mísera tableta que vale para todo (por no decir que el puente es un cubículo puesto en medio de lo que parece un almacén). ¡Quiero pantallas, botones y gente currando!

El mimo que ponen los realizadores también se aplica a la autenticidad de la física espacial. La gravedad sólo funciona cuando una nave está en aceleración, y por ello estas tienen forma de cohetes y no de barcos y aviones como acostumbra el género. Las batallas son hiperrealistas en movimiento, distancias (las naves no se ponen a cien metros para dispararse, pues pueden hacerlo desde miles de kilómetros, y sólo se acercan para el abordaje) y efectos varios (las explosiones, descompresiones e ingravidez dan para un sinfín de escenas emocionantes). Eso sí, hay molones efectos de sonido, y a mí me parece estupendo.

Aun así, la dificultad de rodar tanta escena compleja termina mostrando algunos fallos: estanterías que claramente no sujetan bien los objetos, mesas con cosas puestas que saldrían flotando en cuanto dejen de acelerar, y alguna situación que no parece tener lógica. Resulta que, en una pequeña lanzadera con un habitáculo no más grande que una habitación, la exclusa falla y se abre, y se tiran un rato arreglándola, cuando está claro que el aire habría salido por completo en segundos. Y la más llamativa, cuando están reparando algo en el casco una herramienta de repente sale despedida a toda velocidad como si la nave estuviera en una aceleración que no afecta a los trabajadores, que se sientan en el casco como si no se encontraran en perpendicular respecto a la supuesta fuerza ejercida, ni a otros escombros que flotan alrededor. Aparte, hay un fallo de edición llamativo: en los capítulos 102 y 107 vemos una escena breve repetida, la de Miller yendo al puerto de Ceres y tropezando con un transeúnte (minutos 10:14 y 33:56 respectivamente, por si te da la curiosidad).

Pero salvo por esas minucias la puesta en escena no está nada mal. No tiene una labor de dirección que deje huella, pero cumple de sobras y la fotografía es bastante buena, destacando que los juegos de filtros e iluminación varían según donde estemos. Sólo he echado de menos una banda sonora con más personalidad. En cuanto a los títulos de crédito, se han currado unos bastante majos que resumen la colonización del sistema solar de forma artística, pero los episodios van tan ajustados de duración que sólo aparecen en dos o tres y en el resto sólo vemos el logo de rigor. Y finalmente, aunque también sin deslumbrar, el reparto convence a la primera, todos se hacen rápido a sus roles y muestran con veracidad las penurias constantes a las que se enfrentan.

Viendo esta presentación de The Expanse está claro que estamos ante una serie de ciencia-ficción con una complejidad muy de agradecer en un género, por desgracia para los fans, poco explotado en este sentido. Babylon 5 (Joe Michael Straczynski, 1994) y para de contar, porque Battlestar Galactica fue puro humo, desde la primera temporada se vio que todo estaba improvisado de mala manera, y Farscape (Rockne S. O’Bannon, 1999) y Firefly (Joss Whedon, 2002) eran más de aventuras, sin un universo elaborado ni grandes tramas políticas. Con la atractiva exposición gradual de este futuro ficticio, la jugosa intriga global que alcanza a tantos bandos e individuos, la certera descripción de estos y sus atractivas y variadas aventuras, The Expanse resulta imprescindible para el fan de la ciencia-ficción, pero también es muy recomendable para el que busque un buen thriller político. Su calidad es bastante alta y su potencial enorme, aunque en esta primera etapa no llega a explotarlo del todo debido a algunas limitaciones. Nada grave, pero da la sensación de que se queda a las puertas de lograr una temporada monumental.

El principal lastre es el ritmo inestable, que corre unas veces más de la cuenta y otras se frena demasiado. El proceso en que Miller acaba encaprichado de la chica misteriosa que persigue me parece un tanto forzado, así como su decisión final de buscarse nuevos aires. La dinámica de la tripulación en formación parece condensar demasiados eventos sin permitir que estos calen del todo en los personajes; donde más se nota es cuando llegan por fin a un sitio donde pueden decir lo que saben y esconderse para que no los molesten, pero de repente, sin una transición adecuada, los vemos meterse por voluntad propia aún más en todo el jaleo. Y sobre todo, la política en la Tierra es más pesada de la cuenta: tiene escenas que dan muchas vueltas para llegar a cosas obvias, de hecho, hay algún momento que peca de rebuscado, como la visita a la madre de un protagonista (esa que vive en una casa en la nieve). En otras palabras, Avasarala habla demasiado, ocupando un tiempo que podría haberse empleado en describir mejor a los secundarios de esta sección así como el funcionamiento y las maquinaciones del gobierno.

Eso sí, no veo bajones acusados, más grave me parece la velocidad excesiva de algunos acontecimientos. Creo que le habría venido muy bien más capítulos para tratarlo todo con mayor tranquilidad, dejando que se asienten mejor los personajes y las historias, para lo que podrían haber incluido alguna trama secundaria, que espacio para moverse por este vasto universo tienen de sobra. Por otro lado, esa velocidad, esa lluvia de información, permite ver la temporada varias veces sin que acuse desgaste.

Ver también:
-> Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)

WAYWARD PINES – TEMPORADA 1

Fox | 2015
Suspense, drama | 10 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: Donald De Line, Ashwin Rajan, Chad Hodge, M. Night Shyamalan.
Intérpretes: Matt Dillon, Carla Gugino, Toby Jones, Melissa Leo, Hope Davis, Shannyn Sossamon, Reed Diamond, Tim Griffin, Charlie Tahan, Terrence Howard, Juliette Lewis.
Valoración:

Para no revelarte el argumento y los numerosos giros, por si te atreves a verla, haré un paralelismo inventado con alguna obra conocida. Imagina que estás viendo Parque Jurásico. Después de varios amagos para mantener el misterio por fin te muestran a los dinosaurios. Y un poco más tarde te explican de dónde salen. Pero si fuera como esta serie seguirían añadiendo giros, y no precisamente serios. En la siguiente escena (o capítulo en este caso), de repente, a pesar de todo lo dicho, resultaría que los dinosaurios son hologramas. Luego descubres que eso forma de un plan para desviar la atención sobre una invasión alienígena. Luego que hay facciones tratando con los aliens porque… Bueno, a estas alturas te va a dar igual la explicación, porque ya sabes que luego vendrá otra parida más grande.

Aquí tenemos un agente del Servicio Secreto que acaba perdido y atrapado en un pueblo misterioso en la onda de Twin Peaks. Todo el mundo es raro y ocurren cosas extrañas, tantas que esto roza la comedia involuntaria (empezando por esas cámaras ocultas pero con una luz roja enorme). Cada vez que empieza a desentrañar una de las incógnitas surge un nuevo secreto; cuando empieza a escarbar en él, aparece otra revelación rompedora que altera todo lo conocido y trae nuevos enigmas, todo ello en plan loco en el estilo de los ejemplos que he puesto. No sé si esta premisa, o galimatías de premisas, funciona en la trilogía de novelas de Blake Crouch en que se basan, pero la serie es excesiva, inconexa, absurda y a la postre fallida. ¿Cómo se puede conectar con un mundo cuyas reglas cambian cada 42 minutos, que no deja de lanzarte a la cara más y más argumentos delirantes sin haber asentado la lógica y verosimilitud de los anteriores?

Pero lo más alucinante es que todos los implicados se toman esto en serio. Los directores, algunos tan llamativos como M. Night Shyamalan (también productor), Nimród Antal, David Petrarca o Vincenzo Natali, consiguen un aspecto visual muy sólido: la fotografía es estupenda y el ritmo bastante intenso, con lo que aunque no te están contando nada coherente la mayoría de los capítulos lo esconden un poco con su buen tono y velocidad. En la mayoría, porque los más absurdos se hacen pesados al dar la sensación de no estar viendo nada concreto ni con objetivo a la vista, y en el último hay más acción pero no le sacan buen partido. Los actores se ven ante un drama serio y dan todo de sí, y atención al reparto que han logrado reunir: Matt Dillon, Carla Gugino, Toby Jones, Hope Davis, Melissa Leo, Terrence Howard

Y lo más importante, los guionistas, aunque se aferran a esas ideas absurdas, también dejan entrever un trasfondo de temas muy potentes: el control gubernamental, el miedo como arma, la rendición a las imposiciones sociales, la manipulación desde la escuela, las sectas y la adoración al líder… Todo ello lo exponen a través de personajes inicialmente bien dibujados y con bastante potencial. Las figuras predominantes de este tétrico gobierno de hecho resultan espeluznantes: Megan (la profesora), el Dr. Jenkins (el líder visionario pero de mano dura) y su fiel Pam. En cuanto al protagonista y su familia, todo lo que les está cayendo encima los va afectando, con lo que se conecta aceptablemente bien con ellos. También tenemos mucho secundario con un lugar claro en el entramado.

Hay que decir que es un logro destacable conseguir personajes verosímiles entre aventuras tan rebuscadas. Así que, entre los protagonistas y el sugerente trasfondo, a pesar de las mamarrachadas de las tramas principales seguí dándole varias oportunidades a la serie, porque me parecía que ese poso inteligente tendría que emerger alguna vez. Pero por el ecuador tiré la toalla, porque en vez de crecer se hundía cada vez más en esa dinámica de giros forzados, de cambiar no las reglas, sino el universo entero. Continué viéndola por inercia, por la curiosidad de ver adónde eran capaces de llegar con las sorpresas absurdas. Y lo cierto es que en el tramo final intentan por fin asentar una línea concreta, pero asombrosamente, después de tanta temática rebuscada y fantasiosa, ahora resulta que se inclinan por andar caminos muy trillados. Así que sólo quedaban los personajes… y me temo estos se van hundiendo con las tramas, acabando cada historia personal en topicazos enormes y momentos muy previsibles (algunos lamentables, como el protagonista que se sacrifica) que echan por tierra sus correctas posiciones iniciales.

Por ese amago de calidad con los personajes y esos temas de fondo con potencial, Wayward Pines se puede digerir sin atragantarte demasiado, porque si se sostuviera sólo con el argumento principal hubiera resultado insoportable. Pero claro, eso no es suficiente para salvarla, y me parece un engaño y una pérdida de tiempo.

SILICON VALLEY – TEMPORADA 2

HBO | 2015
Comedia | 10 cap. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, John Altschuler, Dave Krinsky, Alec Berg…
Intérpretes: Thomas Middleditch, T.J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer.
Valoración:

Richard Hendricks y sus amigos siguen tratando de adelante su empresa en el difícil mundo de las nuevas tecnologías, donde un día eres una estrella con aspiraciones millonarias y al siguiente puedes haber caído en el olvido y estar mendigando en las calles. Es impresionante la lluvia de aventuras en que los guionistas vuelven a sumergir al grupo de protagonistas sin mostrar ni un ápice desgaste. Conflictos personales, morales y legales, retos inesperados y estrés, mucho estrés, se acumulan casi sin darte respiro.


Con ello los escritores exprimer magistralmentecon el mantra de que la vida lleva por caminos inesperados para realzar la incertidumbre y la sorpresa, y consiguen que los personajes respondan cada uno a su manera en todo momento, y eso que tienen personalidades dispares y muy marcadas, y las historias avancen en una dirección clara sin achaques ni trampas. Es envidiable la facilidad que tienen para idear giros alocados y luego encontrar soluciones sorprendentes pero verosímiles dentro de lo absurdo de las situaciones. Por ejemplo, el genial desenlace de lo del nido de águila surge debido al buen trabajo que han hecho los protagonistas, es decir, no les cae encima sin más, han allanado el terreno para que cualquier nuevo factor en la ecuación tenga posibilidades de redundar a su favor.

No voy a describir a fondo la infinidad de acontecimientos que hay en tan solo diez capítulos de media hora (se agradecen un par más que el primer año, pero siguen sabiendo a poco), porque merece la pena vivirlo por uno mismo: Silicon Valley es de nuevo una de las grandes series del año. La veracidad en el tratamiento de los temas relacionados con las nuevas tecnologías y quienes viven a su alrededor es loable, especialmente en la descripción de los frikis. El microcosmos que han construido, en la onda de El séquito (como me veía venir), es fascinante, parece que estemos ante un mundo real donde existen Gavin Belson y demás personajes y empresas, y donde los protagonistas podrían ser tus amigos, no unas representaciones arquetípicas como los de The Big Bang Theory (2007). Los líos empresariales, las tendencias y aficiones, las figuras representativas… Todo el mundillo queda retratado con inteligente ironía.

El sentido del humor vuelve a ser deslumbrante. Se juega hábilmente con la vergüenza ajena, se trabajan chistes de largo recorrido (la trayectoria de Cabezón…), hay bromas más simples y directas… chiste sobre chiste y enredo sobre enredo hasta que necesitas ver la temporada otra vez para saborear bien la lluvia de información. Y cómo no, los personajes principales son encantadores y el repertorio de secundarios estrafalarios resulta maravilloso, y todos los actores mantienen el tipo. Ni un pero le puedo poner a otra temporada única en personalidad y calidad.

Entre algunos de los mejores momentos del año destacaría, sin revelar nada concreto, los siguientes. La presentación de la nueva jefa de Monica, el relato de la muerte del anterior (recordad que el actor falleció), Jared hablando alemán en sueños, el análisis de Gilfoyle y Dinesh sobre si contarle al tipo de deportes extremos que su cálculo está mal y va a matarse, las manías del multimillonario (las puertas del coche se abren hacia arriba o lateralmente), la contratación de una chica y el intento de Jared de que no se sienta acomplejada, el plan de Gavin Belson con Cabezón, y este sin enterarse de nada, la prueba del software de Gavin en un móvil y la presentación de su plataforma de streaming, el nido de águila y todo lo que desencadena…

Ver también:
Temporada 1.

SENSE8 – TEMPORADA 1

Netflix | 2015
Ciencia-ficción, drama | 12 cap. de 50-67 min.
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Aml Ameen, Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, , Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo describo la premisa y los protagonistas.–

Tres guionistas con insuperables hitos de la ciencia-ficción en su currículo se unen para crear una serie que anuncian como de gran ambición y originalidad, en un canal, Netflix, dispuesto explorar nuevas fronteras. Joe Michael Straczynski nos trajo Babylon 5, una producción sin parangón en cuanto a número y calidad de tramas y personajes, que además evolucionaron por caminos nunca vistos, con la que reescribió todo concepto y norma de narración televisiva desde la sombra, pues no triunfó entre el gran público. Las hermanas Wachowski rompieron esquemas con Matrix, una película inspirada por dentro pero realmente fascinante en su envoltorio que fue un gran éxito de taquilla e influyó considerablemente en el cine posterior. Con Sense8 aseguran que cambiarán el lenguaje de las series con un relato único y revolucionario. ¿Lo conseguirán?

Ocho individuos en ocho países distintos empiezan a descubrir que tienen una conexión entre ellos: ver y sentir lo que ven y sienten los otros, compartir experiencias y habilidades. Esta primera temporada de doce capítulos se centra en presentar sus formas de ser y mostrar como comienzan a explorar sus nuevas relaciones y capacidades. De fondo hay una trama de conspiraciones y un universo con gran potencial que ya veremos cómo crece, pues apenas acaba de empezar a manifestarse. Por ello quizá no sea para el gusto de todos los espectadores. Quien esperara sumergirse de lleno en conspiraciones secretas e individuos con poderes en lucha constante se puede llevar una decepción al encontrarse con un drama humano íntimo y emotivo donde lo que se narra es cómo personas normales que enfrentan penurias normales se hallan en una situación nueva y desconocida. Dicho de otra forma, Sense8 no es ciencia-ficción más pura al estilo Expediente X, Fringe y semejantes, sino un drama que habla de las relaciones humanas en un mundo que pese a la globalización parece cada vez más solitario y complicado, y para ello se basa en una premisa muy imaginativa con un pie en la ciencia-ficción. Se acercaría más al estilo inicial de Orphan Black, donde primaban los problemas personales de las clones y las intrigas estaban más en segundo plano. Otro punto de conflicto para muchos puede ser que aborda especialmente temas sobre el amor y la sexualidad, pilares fundamentales en la vida, pero además lo hace con unas historias y escenas muy explícitas: es una obra valiente como pocas, dispuesta a luchar contra tabúes que todavía mantienen muchas sociedades. Así pues, quienes vayan con ideas preconcebidas de género y estilo deberán abrir sus mentes y corazones si pretenden disfrutarla.

Capheus (Aml Ameen) vive en Nairobi, sobreviviendo como puede como conductor de un minibús. Su madre tiene SIDA y desespera por sacar suficiente dinero para medicinas de calidad, porque los sucedáneos y productos adulterados abundan en África. Su gran afición es Van Damme, y en sus películas querría inspirarse a la hora de enfrentar los problemas con las bandas criminales que asolan el lugar, pero es un buenazo que no está hecho para la violencia. En Seúl, Sun Bak (Doona Bae) vive a la sombra de su padre y su hermano, que la relegan en la empresa familiar por ser mujer; descarga su estrés y frustración participando en combates de kickboxing (boxeo con artes marciales). En San Francisco, la hacker Nomi Marks (Jamie Clayton) lleva una vida feliz desde que dejó atrás el cuerpo de hombre con el que nació y tiene una novia a la que ama con pasión, Amanita (Freema Agyeman). En Mumbai, Kala Dandekar (Tina Desai) tiene un buen trabajo y una familia amorosa, pero vive una tormenta de sentimientos ante su inminente matrimonio. Riley Blue (Tuppence Middleton) es islandesa pero trabaja en Londres como DJ; huyó de algún drama familiar pero aquí no termina de encontrar un sitio para echar raíces. En Berlín, Wolfgang Bogdanow (Max Riemelt) sigue los pasos de su padre como experto asaltador de cajas fuertes, apoyado por su fiel amigo Felix (Max Mauff). En Méjico, Lito Rodriguez (Miguel Ángel Silvestre) es un exitoso actor de películas de acción con tono de culebrón. Su condición de estrella lo empuja a mantener su homosexualidad en privado, con lo que lleva una doble vida: de cara al público su novia es otra celebridad, Daniela (Eréndira Ibarra), pero en secreto vive con su gran amor, Hernando (Alfonso Herrera). Will Gorski (Brian J. Smith) trata de ser un honrado policía de Chicago, pero el despertar del vínculo con los demás lo mete en varios líos.

Cada lugar tiene sus propios secundarios, las familias de cada protagonista y los grupos con los que se relacionan o chocan, de forma que esto prácticamente termina siendo ocho series dramáticas unidas en una mediante el enlace surgido entre ellos así como por una temática global. Todo versa sobre cómo tratamos de hacernos un lugar en el mundo luchando con lo que nos va cayendo encima, donde elegir con libertad total es muy complicado porque estamos siempre atados por las convenciones sociales y nuestros conflictos internos. Conocemos a cada individuo cuando están embarcándose, lo quieran o no, en algunos de los momentos más importantes de sus vidas, ante un inminente cambio o maduración más allá de lo que antes si quiera podían imaginar. Pero el impulso para andar o sortear ese camino tan difícil llega por vías inesperadas…

Gorski se encuentra con un tipo misterioso llamado Jonas Maliki (Naveen Andrews), quien le explica que son un grupo de “sensates” (se podría traducir como “conscientes”) y acaban de tener su “segundo nacimiento”, esto es, tener conocimiento de los demás miembros del grupo de ocho. Le enseña los primeros pasos de esta vida, donde deberán aprender cómo conectar unos con otros y transmitirse sus habilidades. Lito tiene un bajón cuando a Sun le llega la regla, Capheus zurra de lo lindo cuando deja entrar a Sun, Nomi usa los conocimientos policiales de Gorski para sus hackeos, etc. Pero Jonas también avisa sobre quienes va tras ellos con oscuras intenciones, como un tal Whispers o Susurros (Terrence Mann). Aquí surgen los misterios y la conspiración secreta: quién es y qué pretende el tal Whispers y qué es esa organización para la que trabaja, cuál es la afiliación real de Jonas, si hay otros sensates hay por el mundo, qué vivieron Gorski y Riley de jóvenes, etc. Sabiendo que a los tres escritores les gustan los universos elaborados (aunque El destino de Júpiter de las Wachowski terminara siendo una chapuza), sumado a que Straczynski desarrolla sus narraciones con mucha calma y de hecho afirma que planean cinco temporadas, yo apuesto a que veremos tramas mucho más complejas que se irán exponiendo poco a poco.

Pero por ahora la magia radica en su fuerza emocional, tanto por la íntima relación que puedes establecer con sus maravillosos personajes como por la energía y simpatía que sacan los escritores de aventuras en apariencia convencionales. Aquí hay que señalar el hábil estilo empleado, que muchos no han sabido ver y lo han usado como fallida crítica. Se utilizan los clichés y tópicos con mucha sabiduría, primero, para ubicarnos en lugares y situaciones reconocibles, de forma que introducirte en las culturas y los protagonistas sea más fácil y rápido, y segundo, para mostrar diversidad cultural y sexual y romper tabúes de manera más orgánica o natural. La sección de Kala ejemplifica muy bien ese punto inicial a base de clichés: los temas típicos de matrimonios y religión que la gente asocia a India sólo son el punto de partida de una historia que fluye de forma muy sencilla, casi tontorrona, pero amena, y cuando te ha ganado aporta conflictos más realistas y profundos. Si hubieran empezado con un relato sobre aspectos que no son parte del conocimiento común no hubieran llegado con tanta facilidad al espectador, o hubieran necesitado mucha exposición para que entendiéramos el contexto y con ello las acciones de los protagonistas. Así que apuestan por introducirte primero dentro del personaje y luego abrir poco a poco el horizonte de su mundo. Por ejemplo, yo no conocía las disputas entre tradición y modernización que hay entre los templos que no quieren cambiar nada y los ricos que quieren adaptarse al resto del mundo borrando sus raíces en una malentendida globalización; y la escena de Kala de niña en la cabalgata de Ganesha no habría resultado tan bonita sin comprender íntimamente su visión de la religión. En cuanto a tratar tabúes partiendo de tópicos, el mejor ejemplo es Lito, donde una vez nos tienen atrapados con la loca aventura en tono de humor culebronesco clásica de Méjico, le dan la vuelta haciendo que la doble vida, el triángulo amoroso y demás líos, traten sobre la homosexualidad de los implicados, jugando así hábilmente con la normalización del asunto.

Aunque realmente las Wachowski se lanzan a la normalización total, incluyendo también a la transexual y lesbiana Nomi, haciendo un alegato inspirado en sus vidas, pues tanto ellas como la intérprete de ese rol, Jamie Clayton, vivieron como hombres durante muchos años por miedo al qué dirán los demás. Lana se transformó hace algunos años, pero Lilly no se atrevió a salir del armario hasta hace poco. Este es un avance que a pesar de la lucha constante no se atreven a dar en canales tradicionales, pero a Netflix y Amazon (con Orange is the New Black y Transparent antes de Sense8), emitiendo por internet y con directivos abiertos a todo, no les afectan los grupos de presión sociopolíticos que imponen doctrinas morales arcaicas por todo el globo, ni temen espantadas de empresas anunciantes tras los lloriqueos de espectadores con prejuicios.

Pero este alegato sobre la diversidad va mucho más allá. Como los preciosos títulos de crédito vaticinan, toda la serie es una oda a la humanidad: se muestran distintas vidas, culturas, religiones, trabajos, sexualidad y formas de entender el mundo para hablar sobre qué nos define y une como humanos, para señalar que las diferencias realmente no deberían separarnos porque todos anhelamos tanto las mismas necesidades básicas (familia, sustento, amor) como los mismos placeres (el arte como nexo de unión es esencial, en especial la música).

Estamos pues ante una obra con muchos niveles distintos combinados a la perfección y varias lecturas posibles debido a su tono humanista y filosófico. Cada aventura personal es diferente y atractiva por sí sola, pero pronto se fusionan con las demás ofreciendo nuevas perspectivas. El universo imaginario latente promete mucho. Y sobre todo, la magia y belleza que destila es incomparable, resultando enormemente emotiva y conmovedora.

El único pero es que alguna sección puede no llamarte tanto la atención como otras. Siendo una producción muy subjetiva en todos sus estratos, cada cual tendrá sus partes preferidas. A mí se me hizo un poco pesado el conflicto de Capheus con el capo del lugar, pues a pesar de que me cae tan bien como los demás y las partes de acción son de cine de alto nivel, me pareció alargar demasiado algo un tanto convencional. Por ejemplo, la labor policial de Gorski podría haber ido por ese mismo camino, pero se limitan a exponer su forma de ser y de trabajar y luego lo sumergen en la trama de persecución a los sensates, con lo que no llega a aparecer desgaste. De todas formas, no estoy hablando de grandes fallos, sólo hubiera reducido un poco el viaje de Capheus y le hubiera dado más tiempo al arco final que une a todos, pues pasa en un suspiro pese a ser tan importante, y quizá hubiera matizado mejor algún tramo de Sun, ya que el lío empresarial queda resumido en sus clásicos giros (familiares sacrificándose por otro) y el paso por la cárcel no me parece muy bien relacionado con su maduración personal. Por esas ligeras carencias se resiente un poco el ritmo en el tramo central.

En cuanto a mis secciones las favoritas, me ganaron bien rápido Nomi y Amanita, una pareja entrañable, la odisea de Lito en tono cómico me resultó divertidísima, el romance entre Kala y Wolfgang es muy hermoso, y sobre todo me cautivó la melancolía de Riley y cómo se desgranan poco a poco las penurias que arrastra. Pero de una forma u otra me apasionaron todas las historias, y tenemos infinidad de momentos memorables que te pueden hacer reír, llorar, reflexionar… todo en un solo capítulo. Destaco sólo algunos instantes que gustaron especialmente, pero hay muchos inolvidables: Capheus reflexionando con Sun (mientras ella anda por un concurrido paseo), los momentos musicales como el What’s Up de 4 Non Blondes, Wolfgang conociendo a Kala en diversas situaciones (la canción, los baños, la boda), Sun y Riley hablando ante el amanecer londinense, Capheus canalizando la ira de Sun para zurrar a los matones, Lito sufriendo la menstruación de Sun, muchos encuentros de Riley y Gorski, Lito y Nomi repasando sus pasados ante un cuadro, la persecución en coche de Gorski a Jonas, el polvo compartido entre todos, cuando van recordando sus partos… y como colofón pondría las revelaciones sobre el pasado de Riley, que te estrujarán el corazón.

Pero hablando de niveles llegamos a otro esencial: la puesta en escena. Este guion que combina lo introspectivo con lo ambicioso (ocho escenarios distintos en todo el mundo unidos narrativa y visualmente) podría haberse quedado a medio camino de sus objetivos si no se hubiera plasmado en imágenes de la mejor forma posible. Pero las Wachowski tienen experiencia de sobra en superproducciones, Netflix les soltó talonario, y se rodearon de un equipo de primera con el que han filmado una de las series más espectaculares de los últimos años.

Lo primero que salta a la vista es la poderosa impronta visual. Entre la fantástica iluminación y el tono cinematográfico (planos amplios y elaborados) la fotografía resulta cautivadora. El gran John Toll (La delgada línea roja, Braveheart) lidera este departamento con un resultado extraordinario. Lo segundo que llama la atención son los saltos entre ciudades tan distantes entre sí, donde además enseguida te van a dejar completamente pasmado con la conexión que nace entre los personajes, donde cualquier secuencia, algunas muy difíciles como las peleas cuerpo a cuerpo, mezcla los distintos protagonistas y escenarios de forma increíble. El esfuerzo para planificar, rodar y editar todo esto ha tenido que ser monumental, y la labor de vigilar la continuidad (vestuario, maquillaje, posición de cada persona… ¡incluso las diferencias horarias!) nunca ha sido tan complicada y esencial.

Además el dinero luce a lo grande. Resulta impresionante la variedad de localizaciones, los constantes exteriores, las secuencias de gran tamaño (la pelea final de Capheus y la posterior persecución) y dificultad (los tiroteos que rueda Lito son puro vacile). Pero además súmale que buscaron coincidir las fechas con eventos relevantes para el argumento: el orgullo gay de San Francisco, un festival hindú sobre Ganesha, etc. No ha trascendido el presupuesto, pero contando la cantidad equipos de trabajo en distintas partes del mundo (atención a la larga lista de créditos) y la ampulosidad del aspecto visual, y a tenor del único comentario que se ha visto en boca de un directivo de Netflix, diciendo que estaría cerca de las últimas superproducciones de las Wachowski (El destino de Júpiter y El atlas de las nubes), yo apostaría por al menos un mínimo de 100 millones de dólares, pero estoy seguro de que tiene que ser más; o eso, o lo han exprimido muy bien.

Para dirigir este colosal proyecto las Wachowski emplearon a gente de confianza, autores con los que ya habían trabajado: con Tom Tykwer dirigieron a tres manos El atlas de las nubes (y en su haber tiene otras como El perfume y Corre Lola, corre), James McTeigue empezó como su director de segunda unidad pero acabó dirigiendo para ellas V de Vendetta, y finalmente dieron una oportunidad al encargado de los efectos especiales Dan Glass, también colaborador habitual. El rodaje se repartió por ciudades, no por capítulos, que suele ser lo común, aunque como productoras ejecutivas las Wachowski terminaron pasando por todas las localizaciones tanto para controlar el trabajo como para dirigir las partes más complicadas; afirman que se hicieron como ciento sesenta mil kilómetros en avión en un año. Así pues, cada episodio tiene metraje de todos los directores… y a pesar de toda esa ambición y complejidad el resultado es asombroso por su equilibrio y altísima calidad.

El casting tampoco era fácil, pues debían encontrar actores de la misma edad que no sólo fueran adecuados al rol descrito, sino también intérpretes muy capaces y que tuvieran química con los demás, porque la verosimilitud de los sentimientos entre ellos es crucial tanto por los romances incipientes como por las relaciones tan diversas que establecen. Pero el reparto que han reunido es impecable. No hay actor en el que puedas decir que se queda por debajo del resto, todos le echan enorme pasión, incluso los secundarios están fantásticos. Algunos trabajaron previamente con las Wachowski y otros son bastante conocidos en sus países (por ejemplo el valenciano Miguel Ángel Silvestre es bastante popular por Sin tetas no hay paraíso o Velvet), pero en general ninguno era mundialmente famoso. La última puntilla la pone una música en perfecta comunión con las imágenes, tanto la compuesta por Tom Tykwer (también director) y su colaborador Johnny Klimek, que es una partitura variada, vibrante y hermosa como las imágenes necesitan, como la fantástica selección musical que se adapta tan bien a momentos cruciales de los protagonistas, destacando la predilección por Sigur Rós y The Who.

Entonces, ¿es Sense8 la serie rompedora y revolucionaria que venden sus creadores? Pues diría que para hablar de revolución es pronto. No ha causado un impacto instantáneo, así que habrá que esperar a ver su legado e influencia, y obviamente todo depende de cómo evolucionen las próximas temporadas. Pero este primer año sin duda ofrece unas cualidades únicas, aparte de gran belleza y espectacularidad, con lo que la recomiendo encarecidamente, aunque hay que decir que también genera la habitual polarización de creaciones tan peculiares: o la amas con pasión o se te atraganta bastante.

PD: Si alguien se pregunta por el título, “sense8” y “sensate” se leen en inglés prácticamente igual, es decir, es un juego de palabras que combina el nombre que se da a estos individuos y el número de miembros de cada grupo.

Ver también:
-> Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Episodio final (2018)