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DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 6 Y FINAL


ITV | 2015
Drama | 9 cap. de 50-120 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Rebecca Eaton, Gareth Neame.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Raquel Cassidy, Michael Fox, David Robb, Sue Johnston, Jeremy Swift, Douglas Reith.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento el final de cada personaje.–

La última temporada de Downton Abbey obviamente se destina a ir cerrando las historias que íbamos viendo sobre todos los personajes. Esto nos pone ante la ventaja de que su creador y guionista Julian Fellowes no tiene que reservar nada de cara a nuevas etapas, así que va al grano y además hacia los momentos cumbre de cada protagonista. Por fin va a dejar de dar vueltas con Mary y sus pretendientes, por fin sabremos si Edith conseguirá ser feliz o no, etc. Y no desaprovecha el potencial, dando un año algo más activo e intenso que los precedentes.

La vida sigue cambiando en el mundo y en Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, y vemos cómo los nuevos tiempos van alcanzando a la finca de los Crawley. La nobleza pierde poder ante una emergente clase obrera, el tipo y cantidad de trabajos aumenta y se lleva a los empleados del servicio en búsqueda de oportunidades más prósperas y justas. La familia continúa tratando de adaptarse, como hemos ido viendo en las últimas temporadas: ajustando el número de criados, controlando mejor las finanzas, pensando en que hay que sacar dinero explotando las granjas y vendiendo tierras… El conde Robert ha aceptado hace tiempo el camino a andar y confía en Mary como heredera a pesar de ser mujer; además pronto vuelve Tom Branson para ayudarla.

Cora e Isobel quieren traer esos nuevos aires a la gestión del hospital, abriendo las puertas a nuevos procedimientos, tanto médicos como de gestión, algo a lo que la abuela Violet se enfrenta con el coraje típico de los conservadores: fe ciega contra la razón. Edith empieza a emanciparse, encontrando en el trabajo en la revista de su desaparecido amor un consuelo para su desdichada vida. Mary continúa con la relación de amistad y amor contenido con Henry Talbot, y aunque fuera evidente que acabaría con él se aceptaba, porque es lo que se espera del personaje y de la serie, y sobre todo porque se ha desarrollado muy bien; fueron geniales las escenas en que Branson la empuja a aceptar sus sentimientos, por ejemplo. Además, que por fin Mary abra su corazón implica dejar entrar en él a Edith de una vez por todas: resultó muy emotiva la confrontación definitiva y el posterior proceso de perdonarse y aceptarse la una a la otra. En cuanto a Edith, aunque el lío de la adopción en secreto de su hija da otros tantos problemas, también termina encontrando el amor con Bertie, como deseábamos todos, que ya había sufrido bastante como personaje trágico de la serie. Y seguimos con bodas, porque Carson y Mrs. Hughes pasan por el aro también en otra historia muy jugosa: los primeros pasos y roces en la vida juntos mantienen la habitual mezcla de drama ligero y humor.

Otra mejora es que damos carpetazo a historias muy manidas para centrarnos en esas otras más interesantes. Bates y Anna vuelven a ocupar su lugar como secundarios después de marear demasiado la perdiz con el dichoso caso contra él, y por suerte el drama de no poder tener hijos dura pocos capítulos y se maneja mejor. Y Baxter sigue arrastrando los fantasmas del pasado, pero con mucha menor insistencia. Pero esto también tiene su lado malo: Fellowes finalmente vuelve a meter en el armario a Thomas Barrow, y eso que con el intento de suicidio parecía ir a por todas. En sus intentos de encontrar trabajo fuera de la casa bien podría haber hallado un amor secreto y nuevas razones por las que vivir, pero el guionista vuelve a barrer, otra vez, el tema de la homosexualidad bajo la alfombra; esta temática se le atragantó bastante durante toda la serie, así que no sé para qué la incluyó.

Por supuesto, paralelamente tenemos decenas de aventuras pequeñas pero tan deliciosas y entretenidas como las más importantes, detalles del día a día en la vida de la época, recesos cómicos… Las riñas entre los empleados de Violet son más divertidas esta vez: menuda arpía Denker, vaya con Spratt y su columna femenina en la revista. Y la maduración de la relación entre Violet e Isobel es bien patente, pasando del odio a una dependencia mutua tan entretenida como las peleas anteriores. Eso sí, a Isobel le dan la única trama que no me ha parecido bien equilibrada: su relación amorosa en tensión con Lord Merton ha ido a trompicones, con partes confusas; sólo el drama con la hija de aquel tratando de apartarlos ha levantado el interés.

Ahora bien, me temo que los fallos que Fellowes no comete en la temporada sí aparecen en el final. En el ya clásico especial navideño con el que cierra el año y ahora también la serie se ablanda cosa mala en dos aspectos esenciales: el cambio hacia nuevos tiempos y la situación final de los personajes. Quizá por ser un conocido ferviente admirador de las clases nobles y todas esas pijadas inglesas, no termina de dar el paso último en la transición social. A mi modo de ver hacía falta un desenlace que señalara más claramente la tendencia de cambios sociales, políticos y económicos, y qué mejor que un relevo generacional: esperaba que Robert y Violet fallecieran, dando paso al futuro con Mary tomando las riendas de la finca definitivamente y dejando atrás los arcaicos ideales de la condesa. Amaga con cargárselo a él, pero no se atreve, y queda un tanto forzado.

A Tom Branson y Henry Talbot los pone montándose un concesionario de coches, pero no puede decirse que sea un gran avance, estos dos siempre han ido a contracorriente de los nobles, no en vano el primero empezó como chófer y el segundo ha sido piloto. Y donde verdaderamente tenía que mojarse no lo hace mucho: con los criados es muy inmovilista. Molesley es el único que se va, pero siempre había tenido un pie fuera, siempre se ha dicho que su estancia en la casa era provisional, mientras que la transición de Daisy y Andy hacia la granja queda incompleta (¿pero se van o no?, decídete). El único cambio llamativo que hay es muy conservador: la semi jubilación de Carson (¡ni se atreve a retirarlo definitivamente!) permite que Thomas Barrow vuelva a la casa en un reset descarado, porque resulta que ahora todos le perdonan su actitud más que hosca imposible, todos de repente se quieren mucho. ¿Qué problema había con que encontrara otro trabajo? ¿Qué necesidad hay de encajarlo donde no pinta nada? Y este giro repentino hacia la felicidad plena se extiende a los demás. Todos se perdonan todos los problemas y roces que tuvieran entre ellos (y sólo funciona el caso de Mary y Edith previo a este último capítulo), o encaminan un rumbo estable en sus vidas, o sufren un giro esperanzador que les quita todo peso de encima así sin más.

A veces, el relato debe fluir aunque sea hacia algo predecible, porque es su destino natural y ponerle la zancadilla puede resultar contraproducente. ¿Qué absurda necesidad había de dar un paso atrás cuando personajes y entorno estaban avanzando claramente? Todo porque Fellowes de repente trata de hacer un desenlace feliz, emotivo e indulgente a toda costa, con lo que termina traicionando los buenos pasos que estaba dando. No hacía falta buscar con tanto ahínco la lágrima fácil del espectador, ya tenemos la boda de Edith, el embarazo de Anna y la despedida de la serie, más otras tantas bodas en el resto de la temporada. Los giros sensibleros, los finales excesivamente luminosos en una obra siempre bastante dramática, los pasos atrás para mostrar reconciliaciones que pretenden ser emotivas pero resultan muy improbables, afean un tanto el final de la serie, lo que puede empañar también ligeramente las buenas impresiones que deja el año en su conjunto.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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ROMA – TEMPORADA 2 Y FINAL

Rome
HBO | 2007
Drama, histórico |10 ep de 50-65 min.
Productores ejecutivos: William J. MacDonald, John Milius, Bruno Heller, Anne Thomopoulos.
Intérpretes: Kevin McKidd, Ray Stevenson, Polly Walker, Simon Woods, James Purefoy, Lyndsey Marshal, Kerry Condon, Lindsay Duncan, Tobias Menzies, David Bamber, Max Pirkis, Chiara Mastalli, Lee Boardman, Coral Amiga, Nicholas Woodeson, Alex Wyndham, Allen Leech.
Valoración:

La segunda temporada de Roma supone un bajón considerable de calidad e interés en su tramo inicial, aunque por suerte a partir de su ecuador remonta hasta conseguir que el año deje un gran recuerdo. Pero sí, da la sensación de que la inspiración de los guionistas tarda en llegar, y de hecho mi impresión es que fue la cancelación la que salvó la temporada, pues obligó a resumir y centrarse en lo más relevante, dejando de lado las historias estiradas y las que no daban la talla. Por no decir que evitó que la serie tomara un camino que no parece muy factible…

Resulta que mientras estaban escribiendo la temporada, la HBO les comunicó que sería la última, porque veían que el dinero invertido no podían recuperarlo. Bruno Heller y demás guionistas tenían planeado un arco argumental de al menos cinco temporadas: la segunda trataría de la venganza de Octavio sobre los asesinos de César (acabando con la muerte de Bruto en la batalla de Filipos), en la tercera y cuarta estaríamos saltando entre Roma y Egipto hasta la muerte Antonio y Cleopatra y el alzamiento de Octavio como Emperador, pero en la quinta nos iríamos más al Este, al jaleo judeocristiano y, atención, al parecer querían llegar a Jesucristo (aquí un ejemplo de sus declaraciones). No se sabe nada concreto de sus planes, pero desde luego parece un tanto absurdo, porque implicaría pegar un gran salto temporal, pues acabamos en el año -27 y Jesucristo muere en el +30, lo que obligaría a un cambio total en la serie: de escenario, de época y de personajes (por edad no quedaría ni uno vivo; Octavio Augusto fallece en el +14). Y bueno, luego está el tema oscuro de la realidad histórica de Jesucristo; miedo da que guionistas de EE.UU. aborden este asunto, me imagino otro peplum que toma la Biblia como literal, con milagros, resurrecciones… Tampoco veo claro cómo querían tener dos temporadas en Egipto cuando la guerra civil de César y Pompeyo les ocupó tan poco en comparación.

Ya en el inicio de esta temporada se puede observar que el alargamiento de tramas y la inclusión de la sección de los judíos no le hacen ningún bien. El ritmo e interés caen bastante, hasta el aburrimiento incluso, en los cuatro primeros episodios de los diez que consta. La fórmula parece gastada, los personajes agotados, la fascinante historia de Roma algo desaprovechada.

Las aventuras de Voreno y Pullo con el colegio (la asociación de matones del barrio) son poco llamativas, probablemente porque ocupan mucho tiempo para ofrecer una intriga muy básica y que apenas difiere de lo visto en el año previo. En aquel entonces, de un capítulo a otro teníamos nuevas historias bien enlazadas y muy atractivas, mientras que aquí las pretendían reducir y estirar. Además el drama personal sigue inclinándose más de la cuenta hacia el culebrón: qué sensacionalista y cansina resulta la historia de los hijos de Voreno, qué forzado el final de Eirene y algunos giros entre Pullo y Voreno (la predecible confrontación, tan breve como insulsa).

Mientras, la intriga de los nobles también está un poco estancada, ha perdido fuelle. Atia y Servilia están muy exprimidas y ya no sorprenden. La tortura de la primera a la segunda es excesiva se mire por donde se mire; y el final de Servilia, tras tanto sufrimiento y giros rebuscados, no me causó desazón alguna, fue más bien una liberación. Los iniciales tiras y aflojas entre Octavio y Antonio (con Cicerón de nuevo danzando entre medio sin ofrecer una personalidad concreta) y la huida de Bruto no terminan de coger rumbo y ritmo. Por suerte una parte más intensa levanta bien esta sección: los líos amorosos están mucho mejor trabajados, sin giros exagerados. La atracción de Atia hacia Antonio, que nace de necesidad política pero en la que luego también aparece el afecto, y el romance de Octavia y Agripa que deben mantener en secreto por culpa de las tradiciones, están bien llevados y ganan cuando la política se mete en medio: las bodas por conveniencia y las separaciones forzadas ofrecen un buen drama.

Pero lo peor es que la trama judía resulta un verdadero coñazo. El matón de Atia, Timon, cobra protagonismo, llega su hermano, vemos a su familia y conocemos un poco de sus asuntos culturales y religiosos, donde el ascenso del rey Herodes al poder (auspiciado por Roma) va a agitar mucho las cosas los próximos años. Pero ni estos personajes tienen el tirón de los demás ni la trama consigue ser llamativa, y además queda muy descolgada del resto.

Los saltos temporales y encuentros se cuidan aún menos que en la temporada anterior, simplemente los guionistas quieren separar y reunir a determinados personajes y lo hacen. El lapso en el que Pullo se va con Eirene y regresa es un tanto cutre, sobre todo tras el diálogo explicativo tan facilón. El tropiezo de Lyde con Pullo es vergonzoso: ¿de verdad ella no conoce el camino a su barrio de toda la vida? El viaje de Pullo tras Voreno y luego el de estos dos tras las niñas tampoco está muy bien expuesto. El crecimiento de Octavio no sabían dónde meterlo y lo cuelan al azar en un momento en que no parece haber pasado mucho tiempo (tres meses creo que dicen); de todas formas, con este cambio estaban bastante atados, y el nuevo de actor es acertadísimo.

Pero con la sombra de la cancelación deciden reescribir gran parte del año, y aceleran y concentran todo lo bueno mientras apartan lo malo. Quizá hubiera sido mejor que rehicieran la temporada entera, eliminando completamente a los judíos y demás tramas poco sustanciosas para empezar con más fuerza con las intrigas políticas, pero se ve que no quisieron desechar el trabajo realizado o no les daba tiempo porque el calendario de rodaje se les echaba encima y posponerlo o alargarlo supone un dineral. Pero menos es nada, y el nuevo rumbo que toma mejora sustancialmente.

A partir del quinto capítulo (Heroes of the Republic), cuando Octavio se siente con la confianza, poder y bazas como para empezar a jugar a lo grande, la remontada es espectacular. Desaparecen los cansinos judíos, de golpe y para siempre, y no se los echa de menos. Los colegios se limitan a un mínimo aceptable y tienen más relevancia en el conjunto con el jaleo de la escasez de grano. Pero sobre todo, gana importancia el conflicto político y vemos que lo hace incluso solventando una de sus carencias en la primera temporada: Octavio y Antonio son personajes mejor trabajados que César y Pompeyo. La guerra de intrigas que se traen los dos hombres más poderosos de Roma es más compleja y detallada, pero si gana es principalmente porque se le da más profundidad al dibujo de los dos líderes. Conocemos al detalle cuáles son sus intenciones, qué temen y desean, las emociones que los embargan en cada momento… No quedan relegados a secundarios como César, Pompeyo y Catón, sino que somos partícipes de sus vidas con mucha cercanía. De hecho adquieren tal protagonismo que casi dejan a Pullo y Voreno como secundarios, cosa que se agradece porque se reducen los giros de folletín con ellos.

Estamos de nuevo ante una intriga política multinivel donde hay muchos protagonistas que van moldeando los acontecimientos, todos ellos accionando y reaccionando a su manera. Así, para cada decisión ha habido detrás movimiento de varios hilos que la han condicionado, y a esta le siguen numerosas consecuencias. Tiras y aflojas, pactos, engaños, jugadas sutiles (sobre todo por parte del inteligente y frío Octavio), matrimonios estratégicos… Hay un montón de grandes instantes, y conforme avanza la temporada aumentan en número y calidad. La boda de Antonio con Octavia como estrategia de Octavio para manejar a Antonio y su imagen pública, el Triunvirato (con Lépido metido con calzador, pero bueno), la caída de Antonio bajo el embrujo de Cleopatra, cómo Octavio consigue poner a Roma en contra de Antonio para reforzar su propia imagen y evitar llamar al conflicto otra guerra civil, la fascinante Livia Drusilla, tan bien conseguida en tan poco espacio de tiempo (atención a la rivalidad con Atia, que le da nueva vida a esta última)… Y los mejores instantes se guardan para el desenlace: el encuentro entre Octavio y Cleopatra (leyéndose el uno al otro) y los suicidios de Antonio y Cleopatra son escenas magistrales. Tan solo hay algún desliz menor, como la forma absurda en que cae Bruto: un romano noble que ve llegar su fin muere con honor clavándose la espada él mismo, no lanzándose a que lo trinchen las tropas enemigas. Por el otro lado, la muerte de Cicerón es muy emotiva.

Todo ello se narra además con bastante fidelidad histórica, sin huecos o cambios forzados a pesar de que condensan bastante los eventos. Los saltos temporales y las escenas difíciles evitadas con elipsis (la gran batalla naval de Actium/Accio) fluyen muy bien, haciendo olvidar los tropiezos del inicio de temporada. Mientras, la parte más ficcionada, la de Pullo y Voreno, como decía parece ganar dándole menos protagonismo. Los personajes son los mismos y su evolución está bien expuesta, pero nos libramos de los giros exagerados. La pena es que su encuentro en Egipto, interesante en principio, desemboca en un desenlace un tanto forzado: Voreno va herido de Egipto a Roma, un auténtico suicidio cuando lo lógico es parar a curarse en el primer lugar medio seguro que encuentren, y Pullo comete la temeridad de meter a Cesarión en plena ciudad, cuando es el heredero más buscado del mundo y además será difícil quitarle su educación como soberano.

En cuanto a personajes secundarios, algunos funcionan muy bien pero otros no terminan de despuntar. Octavia resulta muy atractiva gracias a que le ponen problemas más realistas de las mujeres romanas y menos culebrón retorcido. El ya de por sí simpático Posca mejora al tener un viaje más variado. Agripa es un encanto, aunque por desgracia no hay tiempo para mostrar su valía como general. En cambio Mecenas queda más desdibujado, y Longino sigue siendo un relleno para cumplir con la Historia, como lo es luego también Lépido.

Los actores Kevin McKidd (Voreno), Ray Stevenson (Pullo) y Polly Walker (Atia), siguen estando soberbios, pero quienes destacan este año son James Purefoy como Antonio, Lyndsey Marshal como Cleopatra y el nuevo actor para Octavio, Simon Woods (que clava la forma de actuar del anterior), siendo estos dos últimos intérpretes nada conocidos, y de hecho no han vuelto a tener papeles que les den visibilidad. Por cierto, soy yo o Lépido (Ronan Vibert) se parece un montón a César (Ciarán Hinds), produciendo una sensación de déjà vu en sus apariciones.

En cuanto a la puesta en escena, las labores de dirección (y fotografía y música) siguen en la misma línea, manteniendo formas clásicas muy efectivas, pero en cuanto a grandilocuencia reducen un poco el nivel para ahorrar dinero. La única secuencia de gran complejidad es la esperada batalla que Filipos. El resultado es francamente bueno para una serie, más teniendo en cuenta que es la primera vez que se intenta algo así, pero lo cierto es que no impacta tanto como creo que podría: pienso que podrían haber sacado más partido al potencial que tenían a mano con tal despliegue de dinero y recursos. Tampoco deja huella el único escenario nuevo relevante, el cruce del colegio donde están Pullo y Voreno, que es de buen tamaño pero no impacta como las escenas del foro y otras calles y villas vistas desde la primera temporada. Y lo que me parece más importante es que se echa de menos una ampliación más notable de Alejandría y el palacio de Cleopatra, pero supongo que viendo que les cancelaban no la hicieron.

Siendo mucho más irregular que la primera temporada, me ha costado más aún darle nota. El tramo inicial es decepcionante, pero la remontada a partir de su ecuador impresionante y ofrece de nuevo una serie de grandes cualidades. Por su deslumbrante aspecto visual, la notable recreación de la época* y la fuerza arrolladora de algunos de sus protagonistas creo que merece un notable, aunque no evita la sensación de cierto desencanto y de que, después de todo, la cancelación quizá hizo más bien que mal, aunque en su momento los seguidores la lloramos bastante. Esto me lleva a señalar que también me parece que no es una serie que envejezca bien. Con sus destacables virtudes nos cegó ante unas limitaciones en el guion que se hacen más patentes cuanto más tiempo pasa y la comparas con otras series de la cadena que resultaron sublimes en ese aspecto y por ello el paso de los años no parece afectarlas: The Wire, Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Carnivàle… Yo la pongo al nivel de Deadwood: fascinante e imprescindible, pero no llega a conseguirse la obra maestra latente en ella.

Como decía en la presentación, se planeó realizar una película (no sé si para cine o para tv) recuperando a Pullo y Voreno (después de todo realmente no se lo ve morir), pero finalmente no se concretó nada.

* No encuentro un artículo de calidad que hable del tema, pero mi impresión es que el vestuario romano de esta temporada se excede en diseños y costuras enrevesados para aquellos tiempos y en adornos recargados. Concretamente estos últimos no eran usados por los hombres, salvo el anillo de rigor con sus siglas, pero aquí se aferran a la manía de Hollywood de ponerles brazaletes de todo tipo. Todo queda muy bonito y vistoso, pero no es del todo fiel a la Historia. Lo que sí es una cagada monumental es tener a reyes extranjeros (Cleopatra, Herodes) paseándose por el foro, es decir, dentro del recinto sagrado de la ciudad; es una transgresión absurda si pretendían ser fieles.

Ver también:
Presentación
Temporada 1 (2005)
Temporada 2 (2007)

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 5

ITV | 2014
Drama, comedia | 9 ep. de 50-93 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Lily James, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes.–

A estas alturas Downton Abbey no va a sorprender, pero ha sabido disimular mejor el desgaste que se veía en la cuarta etapa. No es que haya una trama general de altos vuelos, pero el buen ritmo y estabilidad de las numerosas historias paralelas ha conferido mayor cohesión e interés al año.

Por ejemplo, es obvio que con Mary no avanzan mucho o que de hecho están estancados otra vez en el juego de con quién se casará, pero ni caen en el sopor ni tiran de sensacionalismo, aprovechando muy bien la fuerza de este personaje y manejando las dosis justas de intriga y humor. Tampoco pueden ser originales con la dinámica entre las dos ancianas, Violet e Isobel, pero consiguen mantenerlas en primer plano y además evolucionan lo justo (empiezan a ver su dependencia y respeto mutuos) para no quedarse atrás. Y para sorpresa de todos los seguidores es Lady Edith quien más aporta este año. Su drama con la hija dada en adopción va creciendo muy bien y termina a lo grande con una trama de engaños y giros estupendos no por previsible menos entretenida.

En el resto encontramos lo esperable: un sinfín de vidas entrelazadas, con unas historias de largo recorrido y otras anecdóticas, pero siempre muy amenas. Seguimos con los avances sociales, con el conflicto del padre de familia sobre cómo enfrentar el futuro. Avanza también Daisy, que pone de manifiesto las ventajas de tener educación y cultura a pesar de las reticencias conservadoras de otros. Lady Rose también crece al enamorarse y casarse: su boda dará mucho juego en los últimos capítulos. También hay cambios en el resto del mundo, como manifiesta la subtrama con los rusos. Mis aventuras favoritas han sido la del tipo que le tira los tejos a Cora y las perturbaciones que causaba en la familia la presencia de la profesora y su pensamiento liberal.

No está libre de errores, sin embargo. La sección de los Bates es cansina, pues no se juega bien con la intriga: quieren dosificarla y a la vez que no se olvide, pero lo que consiguen es que canse por aparecer en pequeñas dosis pero demasiadas veces. El lío con los rusos tampoco me convence. Quieren mostrarlo pero no se atreven a llevarlo hacia ninguna parte, con lo que parece una trama demasiado superficial.

En el final en el especial navideño se nota más que estiran tramas, tanto principales (el tema de la familia Bates sigue dando vueltas y lo dejan abierto, nos torturarán con él otro año) como en secundarias (los piques entre criados de la abuela son cansinos), pero también destacan sus virtudes de siempre: hora y media de capítulo que se pasan volando gracias al sin fin de personajes encantadores y aventuras muy bien combinadas, donde destacan como siempre las peleas durante las comidas, los roces entre clases y las referencias a situaciones sociales de la época. Y avanzan por fin en algunas cosas sin tirar de golpes de efecto, sino siguiendo acontecimientos bien expuestos poco a poco: el acercamiento de Mr. Carson y Mrs. Hughes, el destino de Tom Bransom… y un destello que esperemos que se desarrolle en la próxima etapa: el chispazo de Lady Mary con un atractivo personaje interpretado por Mathew Goode.

La puesta en escena es como siempre modélica, con ese portento de fotografía y vestuario. Esta vez sin embargo me quejaré de la banda sonora: ya va siendo hora de que evolucione, que John Lunn ha exprimido demasiado los mismos temas.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2012)
Temporada 4 (2013)
-> Temporada 5 (2014)
Temporada 6 y final (2015)