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DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 6 Y FINAL


ITV | 2015
Drama | 9 cap. de 50-120 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Rebecca Eaton, Gareth Neame.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Raquel Cassidy, Michael Fox, David Robb, Sue Johnston, Jeremy Swift, Douglas Reith.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento el final de cada personaje.–

La última temporada de Downton Abbey obviamente se destina a ir cerrando las historias que íbamos viendo sobre todos los personajes. Esto nos pone ante la ventaja de que su creador y guionista Julian Fellowes no tiene que reservar nada de cara a nuevas etapas, así que va al grano y además hacia los momentos cumbre de cada protagonista. Por fin va a dejar de dar vueltas con Mary y sus pretendientes, por fin sabremos si Edith conseguirá ser feliz o no, etc. Y no desaprovecha el potencial, dando un año algo más activo e intenso que los precedentes.

La vida sigue cambiando en el mundo y en Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, y vemos cómo los nuevos tiempos van alcanzando a la finca de los Crawley. La nobleza pierde poder ante una emergente clase obrera, el tipo y cantidad de trabajos aumenta y se lleva a los empleados del servicio en búsqueda de oportunidades más prósperas y justas. La familia continúa tratando de adaptarse, como hemos ido viendo en las últimas temporadas: ajustando el número de criados, controlando mejor las finanzas, pensando en que hay que sacar dinero explotando las granjas y vendiendo tierras… El conde Robert ha aceptado hace tiempo el camino a andar y confía en Mary como heredera a pesar de ser mujer; además pronto vuelve Tom Branson para ayudarla.

Cora e Isobel quieren traer esos nuevos aires a la gestión del hospital, abriendo las puertas a nuevos procedimientos, tanto médicos como de gestión, algo a lo que la abuela Violet se enfrenta con el coraje típico de los conservadores: fe ciega contra la razón. Edith empieza a emanciparse, encontrando en el trabajo en la revista de su desaparecido amor un consuelo para su desdichada vida. Mary continúa con la relación de amistad y amor contenido con Henry Talbot, y aunque fuera evidente que acabaría con él se aceptaba, porque es lo que se espera del personaje y de la serie, y sobre todo porque se ha desarrollado muy bien; fueron geniales las escenas en que Branson la empuja a aceptar sus sentimientos, por ejemplo. Además, que por fin Mary abra su corazón implica dejar entrar en él a Edith de una vez por todas: resultó muy emotiva la confrontación definitiva y el posterior proceso de perdonarse y aceptarse la una a la otra. En cuanto a Edith, aunque el lío de la adopción en secreto de su hija da otros tantos problemas, también termina encontrando el amor con Bertie, como deseábamos todos, que ya había sufrido bastante como personaje trágico de la serie. Y seguimos con bodas, porque Carson y Mrs. Hughes pasan por el aro también en otra historia muy jugosa: los primeros pasos y roces en la vida juntos mantienen la habitual mezcla de drama ligero y humor.

Otra mejora es que damos carpetazo a historias muy manidas para centrarnos en esas otras más interesantes. Bates y Anna vuelven a ocupar su lugar como secundarios después de marear demasiado la perdiz con el dichoso caso contra él, y por suerte el drama de no poder tener hijos dura pocos capítulos y se maneja mejor. Y Baxter sigue arrastrando los fantasmas del pasado, pero con mucha menor insistencia. Pero esto también tiene su lado malo: Fellowes finalmente vuelve a meter en el armario a Thomas Barrow, y eso que con el intento de suicidio parecía ir a por todas. En sus intentos de encontrar trabajo fuera de la casa bien podría haber hallado un amor secreto y nuevas razones por las que vivir, pero el guionista vuelve a barrer, otra vez, el tema de la homosexualidad bajo la alfombra; esta temática se le atragantó bastante durante toda la serie, así que no sé para qué la incluyó.

Por supuesto, paralelamente tenemos decenas de aventuras pequeñas pero tan deliciosas y entretenidas como las más importantes, detalles del día a día en la vida de la época, recesos cómicos… Las riñas entre los empleados de Violet son más divertidas esta vez: menuda arpía Denker, vaya con Spratt y su columna femenina en la revista. Y la maduración de la relación entre Violet e Isobel es bien patente, pasando del odio a una dependencia mutua tan entretenida como las peleas anteriores. Eso sí, a Isobel le dan la única trama que no me ha parecido bien equilibrada: su relación amorosa en tensión con Lord Merton ha ido a trompicones, con partes confusas; sólo el drama con la hija de aquel tratando de apartarlos ha levantado el interés.

Ahora bien, me temo que los fallos que Fellowes no comete en la temporada sí aparecen en el final. En el ya clásico especial navideño con el que cierra el año y ahora también la serie se ablanda cosa mala en dos aspectos esenciales: el cambio hacia nuevos tiempos y la situación final de los personajes. Quizá por ser un conocido ferviente admirador de las clases nobles y todas esas pijadas inglesas, no termina de dar el paso último en la transición social. A mi modo de ver hacía falta un desenlace que señalara más claramente la tendencia de cambios sociales, políticos y económicos, y qué mejor que un relevo generacional: esperaba que Robert y Violet fallecieran, dando paso al futuro con Mary tomando las riendas de la finca definitivamente y dejando atrás los arcaicos ideales de la condesa. Amaga con cargárselo a él, pero no se atreve, y queda un tanto forzado.

A Tom Branson y Henry Talbot los pone montándose un concesionario de coches, pero no puede decirse que sea un gran avance, estos dos siempre han ido a contracorriente de los nobles, no en vano el primero empezó como chófer y el segundo ha sido piloto. Y donde verdaderamente tenía que mojarse no lo hace mucho: con los criados es muy inmovilista. Molesley es el único que se va, pero siempre había tenido un pie fuera, siempre se ha dicho que su estancia en la casa era provisional, mientras que la transición de Daisy y Andy hacia la granja queda incompleta (¿pero se van o no?, decídete). El único cambio llamativo que hay es muy conservador: la semi jubilación de Carson (¡ni se atreve a retirarlo definitivamente!) permite que Thomas Barrow vuelva a la casa en un reset descarado, porque resulta que ahora todos le perdonan su actitud más que hosca imposible, todos de repente se quieren mucho. ¿Qué problema había con que encontrara otro trabajo? ¿Qué necesidad hay de encajarlo donde no pinta nada? Y este giro repentino hacia la felicidad plena se extiende a los demás. Todos se perdonan todos los problemas y roces que tuvieran entre ellos (y sólo funciona el caso de Mary y Edith previo a este último capítulo), o encaminan un rumbo estable en sus vidas, o sufren un giro esperanzador que les quita todo peso de encima así sin más.

A veces, el relato debe fluir aunque sea hacia algo predecible, porque es su destino natural y ponerle la zancadilla puede resultar contraproducente. ¿Qué absurda necesidad había de dar un paso atrás cuando personajes y entorno estaban avanzando claramente? Todo porque Fellowes de repente trata de hacer un desenlace feliz, emotivo e indulgente a toda costa, con lo que termina traicionando los buenos pasos que estaba dando. No hacía falta buscar con tanto ahínco la lágrima fácil del espectador, ya tenemos la boda de Edith, el embarazo de Anna y la despedida de la serie, más otras tantas bodas en el resto de la temporada. Los giros sensibleros, los finales excesivamente luminosos en una obra siempre bastante dramática, los pasos atrás para mostrar reconciliaciones que pretenden ser emotivas pero resultan muy improbables, afean un tanto el final de la serie, lo que puede empañar también ligeramente las buenas impresiones que deja el año en su conjunto.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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BROADCHURCH – TEMPORADA 1

Broadchurch
ITV | 2013
Drama, policíaco | 8 ep. de 50 min.
Productores ejecutivos: Chris Chibnall.
Intérpretes: Olivia Colman, David Tennant, Jodie Whittaker, Andrew Buchan, Jonathan Bailey, Arthur Darvill, Adam Wilson, Charlotte Beaumont, Pauline Quirke, Vicky McClurem, Simone McAullay, David Bradley.
Valoración:

La emisión de la producción inglesa Broadchurch tuvo muy buenas audiencias y críticas, cosechando varios premios (BAFTA incluidos) y convirtiéndose en todo un fenómeno al estilo Twin Peaks, con la gente ansiosa por saber quién sería el asesino. Pronto se exportó a varios países, incluyendo España, donde se volvió a demostrar el poco gusto y respeto por la televisión de calidad, pues Antena 3 reeditó algún episodio a su antojo. También alucinante es que la FOX la compró pero no para estrenarla en EE.UU., sino que se montó un remake (llamado Gracepoint) en modo clonación, es decir, copiando escena a escena. Para rematar el absurdo contrataron al mismo actor principal. Como es esperable la han puesto a parir por ser una imitación sin alma. Mientras, la original nació como miniserie pero explotarán su éxito con más temporadas.

En una pequeña ciudad costera aparece muerto un niño de once años, y como ahí nunca ocurría nada el evento causa conmoción. El caso lo lleva un detective nuevo en el lugar, famoso porque se le señala como causante del fracaso de otro caso semejante, y lo acompaña una detective local, no acostumbrada a investigaciones de esta índole. Vemos también la forma en que la tragedia afecta a la familia y a sus allegados, quienes además serán los principales sospechosos.

Lo primero que se observa al empezar el visionado es que es una serie para el gran público. No esperéis complejidad, inteligencia o profundidad como en The Killing o True Detective, los referentes más recientes del género. Es una producción facilona, directa y previsible. Entiendo que haya obras para todos los espectadores, pero como ocurre en más ocasiones de la cuenta aparece la eterna cuestión: ¿por qué se sigue tratando al gran público como estúpido e ignorante? La respuesta está en las audiencias. Ha sido un exitazo. Y con tal recepción me esperaba una gran serie. Iluso de mí, que vivo en una burbuja. Podría aceptar que fuera solo un entretenimiento ligero, que no se inclinara por complejas reflexiones ni pidiera un bagaje cultural inalcanzable para la masa de espectadores, pero es que se va al extremo de parecer un panfleto de la derecha más rancia y casposa. Su tono simplón, manipulador y conservador es exasperante a veces, sobre todo en el capítulo final: el vidente queda como bueno, el cura y la religión unen al pueblo y curan heridas, los periodistas se vuelven buenos, las familias se unen ante la adversidad, todo el mundo tiene su momento de redención…

Si no se te atraganta ese estilo, lo que queda es un thriller básico bastante aceptable y entretenido, aunque cualquier espectador curtido verá sus costuras rápidamente. La trama es de manual, de primero de carrera de guionista, como se suele decir, con lo que arrastra obviedades y giros previsibles en tal cantidad que nada va a sorprender. Cada episodio se centra en un falso sospechoso que es presentado en el capítulo previo en las escenas finales con música inquietante y será despachado en el presente cuando, tras mucho marear la perdiz, por fin se destape su secreto que lo sacará de toda sospecha. Y se pueden acertar todos (el que hace la tira fue acusado de pederasta, la señora misteriosa, fea y arisca, el amigo rarito, el cura solitario, el marido distante…) y todos sus secretos (el que estaba con la amante, el que esconde un pasado que pondría al pueblo en su contra, el que estaba robando -y prefiere que lo acusen de asesinato antes que de hurto menor, por lo que se ve-, etc.). Y claro está el culpable finalmente será el más improbable de todos.

Agujeros también hay. La investigación halla pistas solo cuando el guionista quiere avanzar, siendo algunas realmente absurdas, como el pelo encontrado en un barco carbonizado. Situaciones cogidas por los pelos cuando no directamente increíbles también se encuentra en cantidad: el detective que va sufriendo infartos mientras anda, la reunión post-entierro montada en el local de un personaje solo porque es personaje, porque ahí no pintan nada viendo la relación de este rol con la familia, etc.

La pareja de detectives y algún secundario como la madre del fallecido son el alma de la serie. La evolución de la relación entre ellos y ver cómo enfrentan la situación es lo único realmente logrado, porque el caso es poca cosa (y se va desinflando) y arrastra al resto de personajes, que quedan como objetos de la trama. Alec Hardy y Ellie Miller son prácticamente opuestos. Ella es sencilla y cercana a la gente, él frío e implacable, y trabajar juntos no será fácil. Las peleíllas, incluidos algunos toques de humor, son muy interesantes. Y los actores Olivia Colman (con una larga carrea en Reino Unido) y David Tennant (conocido por Doctor Who) están francamente bien, aunque con el éxito se ha sobrevalorado su labor, sin ir más lejos Tennant estuvo bastante mejor en su reencarnación del Doctor Who. Por otro lado, Beth Latimer (Jodie Whittaker), madre del chico asesinado, vive una tragedia que, aunque a veces tire de sensacionalismo, aporta un drama humano bastante certero. Pero más allá hay poco que disfrutar. El marido es un cliché andante y el actor muy flojo, y el resto de secundarios son mero relleno; sólo salvaría al anciano tendero, el único que aporta una subtrama más completa y seria.

No puedo terminar sin decir que si buscáis un thriller de corte realista realmente bueno no hay que salir de Reino Unido: la mítita Principal sopechoso (Prime Suspect) cumple todos los requisitos del género con notable alto.

EL PRISIONERO – TEMPORADA ÚNICA

The Prisoner
ITV | 1967
Suspense, Ciencia-ficción | 17 ep. de 50 min.
Productores ejecutivos: Patrick McGoohan, David Tomblin.
Intérpretes: Patrick McGoohan.
Valoración:

Alerta de spoilers: La sinopsis no contiene spoilers, pero en los comentarios revelo prácticamente todo, de otra forma la opinión y el análisis quedarían muy cojos.–

Para una visión y análisis global de la serie os remito a la presentación, aquí analizo por capítulos.

En la red encontraréis varios órdenes distintos para la guía de episodios, siendo la mayor parte erróneos. Ni el orden de producción ni el de emisión eran fieles a la escasa continuidad de la trama, y me temo que no hubo confirmación oficial de ningún tipo hasta que en la edición en dvd se contó con la opinión de los clubs de fans y se formalizó una.

Cuatro capítulos más estaban escritos pero se quedaron sin rodar. En los extras de las ediciones en dvd y bluray se incluyen los guiones de dos y las sinopsis de los otros dos. No llegó a emitirse en España pero sí en Latinoamérica, doblaje que no recomiendo porque la traducción se inventa la mitad de los diálogos; he optado por hacer una traducción más fiel de los títulos.

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EL PRISIONERO – PRESENTACIÓN

Patrick McGoohan, aunque nació y falleció en Estados Unidos (1928-2009), era un irlandés que triunfó como actor en la televisión británica en la década de los sesenta con dos series con considerable reconocimiento. Una fue Danger Man (ITV, 1960-1968, conocida como Secret Agent en EE.UU. y Cita con la muerte en Latinoamérica), una de espionaje que no tuvo mucho éxito inicialmente pero a partir de cierto momento el tirón de James Bond la relanzó a lo grande, triunfando en ambos lados del Atlántico. Dando vida al espía John Drake, McGoohan, se labró una buena posición en el gremio, de hecho, en plena fiebre del género y gracias a su porte de gentleman inglés, fue candidato para interpretar al propio James Bond, aunque rechazó el papel porque, según se dice, tenía un ideal moral que chocaba con el personaje (asesino y mujeriego, opuesto a Drake). Pero la serie por la que se le recordará eternamente es una producción nacida de su mano: El prisionero (The Prisoner, 1967). Después alternó televisión y cine, siendo sus interpretaciones más relevantes el memorable y despreciable rey de Inglaterra en Braveheart (Mel Gibson, 1995) y el recto alcaide de la prisión en Fuga de alcatraz (Don Siegel, 1979). Sus últimos trabajos fueron poniendo voz en un par de obras de animación, destacando la parodia de El prisionero vista en Los Simpson en el episodio El ordenador que acabó con Homer de la duodécima temporada (The Computer Wore Menace Shoes, 2000).

En pleno éxito de las andanzas de John Drake y siendo McGoohan una estrella internacional, pudo lograr sin problemas el visto bueno para rodar su personal idea que supondría una fascinante versión alternativa del género. El prisionero rompía con todos los estereotipos de los espías: dejaba atrás las aventuras con malos y buenos muy marcados y las tramas simples de salvar a occidente de ideales o países opuestos, evitaba los objetos y escenarios cotidianos (pistolas, bombas, bases secretas, el ligue) y los mil y un clichés repetidos en cada capítulo o película. Críptica, endiabladamente enrevesada, llena de juegos mentales y torturas psicológicas de lo más originales, no se parecía entonces ni se parece en nada ahora a cualquier otra obra de espionaje y por extensión también de ciencia-ficción. Y no olvidemos los cientos de dobles lecturas, los análisis sobre aspectos sociales y políticos diversos: la Guerra Fría, la fobia comunista y el McCarthismo vigentes en la época están muy presentes, siendo palpable en cada episodio la lucha del individuo y su libertad contra el Estado que quiere controlar todo milimétricamente; y solo el más erudito podrá ubicar las mil referencias a obras literarias, cinematográficas y estudios sobre psicología, sociedad y medios de comunicación (control de masas) que impregnan el relato. Hay capítulos que son un auténtico festín para quien disfruta teorizando sobre influencias y mensajes y señalando referencias.

Si bien hubo no problemas para iniciar su producción, sí los hubo para acabarla. Por un lado, los productores (encabezados por Lew Grade, uno de los hombres más importantes de la televisión del país en la época, creador de ITV, el canal que dio cobijo a la serie) querían aprovechar el tirón de John Drake en EE.UU. para exportarla allí (a la CBS), para lo cual exigían dos temporadas de trece capítulos, mientras que McGoohan planeó la obra para siete episodios, pues una serie corta es lo habitual en la televisión británica. Por el otro, la pugna fue también creativa. George Markstein, quien ayudó a esbozar las primeras ideas y además iba a ser su segundo guionista, quería una serie que se abriera más a los cánones de la época, con historias más convencionales, pero McGoohan pretendía tirar por la alegoría y el surrealismo. El resultado fue un rodaje muy movido, lleno de problemas y peleas. Markstein fue engullido por el ego y el poder de McGoohan, estrella del momento y con más fuerza en la producción, y terminó largándose en el decimotercer episodio y con el nombre casi borrado en la historia. En ese punto de inflexión los mandamases dieron un paso al frente antes de que McGoohan se largara también, y finalmente se llegó a un término medio de acabar en diecisiete episodios en vez de los veintiséis esperados.

En esta guerra con final caótico está claro que la producción se resintió. Salta a la vista que McGoohan rellenó con dos capítulos (14 y 15) completamente fuera del tono y la calidad habitual, pero lo que no está tan claro es cuánto de Markstein y cuánto de McGoohan hay en el resultado. Si atentemos al doble final escrito por McGoohan, que resulta totalmente surrealista, se puede suponer por dónde quería llevar él la obra. ¿Lo que vemos en los otros trece fue un equilibrio entre los dos? De ser así, la relación, por tumultuosa que fuera, resultó muy beneficiosa, porque los guiones huían por completo de convencionalismos pero a la vez no se iban de madre con el surrealismo, de forma que las dobles lecturas y referencias se pueden entrever aplicando más lógica que imaginación, al contrario que en ese demencial desenlace. Con este panorama es entendible que la leyenda de El prisionero esté rodeada de misterio, teorías y análisis diversos.

El punto de partida no se narra, sino que se expone en los créditos, jugando así con el misterio. Empezamos directamente en el tormento del protagonista, sin haber visto ni sabido nada de su vida. Lo poco que deducimos a través de esa presentación es que un tipo renuncia a su trabajo, deduciéndose fácilmente que relativo al espionaje, y como respuesta es secuestrado y despierta en un lugar inquietante donde no hay escapatoria: La Villa. El dichoso pueblecito se ve como una fachada desde el primer momento: todo en él está preparado para sacar información a personas indicadas, en este caso a nuestro protagonista sin nombre, al que le otorgan el identificativo de Número 6. McGoohan se reservó el papel principal, el único que es fijo en la serie. El enemigo está representado por el Número 2, líder visible de la organización en La Villa y cerebro de los planes para doblegar a Número 6, y que cambia de rostro en cada episodio. Tan solo vemos un par de roles recurrentes, un técnico (el de la sala de control) y un mayordomo (el enano), el resto de secundarios (habitantes y cómplices del enemigo) varían en cada aventura. Tampoco sabemos a qué bando pertenece esta gente, si son los superiores del héroe o una facción rival.

En cada capítulo Número 6 es sometido a escrutinios, pruebas, torturas y engaños de diversa índole, la mayoría tan originales y retorcidos que parece imposible que pudieran plantearse en esa época. Juegos mentales variados y muy duros (manipulación del sueño, hipnosis, drogas y tecnologías que inducen cambios de personalidad), escenarios planificados realmente complejos, engaños dentro de engaños… De aquí nacieron la mitad de tramas recurrentes en la ciencia-ficción televisiva, y la otra mitad de su coetánea Star Trek. ¿En cuántas series nos hemos tragado burdas imitaciones del tema clon o del intercambio de cuerpos?

Toda la isla donde se encuentra el pueblo está monitorizada, todos los pasos del personaje son seguidos minuciosamente y sus intentos de fuga neutralizados con rapidez. Lo único que puede hacer es luchar, no rendirse, plantar cara infatigablemente. Y lo hace con una fuerza y un desparpajo impresionantes. Número 6 es inteligente y hábil, y su clase y sentido del humor con gran cinismo desquician a sus captores a la vez que llegan con gran fuerza al espectador, porque hacen de él un personaje con gran magnetismo. Ayuda también el carisma nato de McGoohan y su apasionada interpretación, que transmite muy bien el sufrimiento y el esfuerzo constante por salir adelante.

Nunca llegamos a saber qué buscan exactamente los captores, ni quién era realmente Número 6 o cuál su trabajo en concreto, más allá de ir deduciendo poco a poco alguna cosilla superficial. Pero es evidente que esos son datos irrelevantes y no aportar esa información no crucial ensalza el aura de misterio. La serie se centra en como la voluntad y libertad del protagonista es atacada de mil formas diferentes, sin tener un arco concreto, siendo cada episodio autoconclusivo. Aun así, la evolución en el proceso de quebrar a Número 6 obedece a un patrón bastante claro, con lo que hay cierta continuidad en el estilo de los capítulos: primero pretenden mostrar que no tiene escapatoria, luego atacan su identidad, luego su mente. De igual manera, la actitud de Número 6 cambia sutilmente a medida que avanza la serie: primero se esfuerza por escapar, luego por resistir, luego por vencer. Por todo ello es recomendable seguir un orden concreto de episodios para disfrutarla mejor. Digo esto porque su emisión fue bastante desordenada y se tomó como oficial hasta que por fin la editaron en dvd buscaron el orden más adecuado, que se obtuvo de los análisis de los fans en internet. Aunque me temo que las guías de episodios de casi todas las páginas siguen el orden de emisión todavía, con lo que te puedes liar bastante. En mi guía pondré el que se considera correcto.

La ambientación, al igual que la trama, muestra un sinfín de recursos innovadores y sorprendentes. Tenemos teléfonos inalámbricos muy originales, ordenadores avanzados, tecnologías futurísticas variadas (aunque es obvio que han envejecido mucho) y alguna ida de olla impresionante, como el globo vigilante, un sello clásico de la serie que nació de la improvisación. Vestuario, decorados y localizaciones buscan un tono característico, y vaya si lo consiguen. Las gentes de La Villa visten de una forma peculiar, con colores muy vivos, y los cochecitos y detalles varios como las puertas automáticas (una curiosidad: el efecto de sonido es el mismo usado luego en Aliens) forman también parte de la personalidad de la serie. La sala de control y el despacho del Número 2 tienen un diseño espectacular (aunque la tontería del chisme dando vueltas es más un vacile que otra cosa), y el pueblo elegido como localización (Portmeirion, en Gales) resulta muy acertado: es bello, pequeño, atípico y aislado. Finalmente, el vestuario de Número 6, las sencillas zapatillas y la americana de estilo deportivo, es mítico.

Todo ello es aprovechado por una puesta en escena brillante. La dirección de todos los capítulos es de primerísimo nivel, con una técnica (destacando la excelente labor de fotografía y montaje) muy compleja en comparación con el estándar en televisión,. Además se nota, al contrario de lo que ocurría en Star Trek, que había dinero de sobra, siendo una de las producciones más caras del momento. No escatiman en panorámicas dignas del cine y grandes escenas en exteriores. Sin embargo, también hay alguna limitación propia de la época: las peleas a puñetazos son bastante malillas, con el típico sonido cutre de los golpes.

Se estrenó a finales de 1967 y descolocó a los espectadores ingleses, pues la mayoría esperaba una secuela de las andanzas de John Drake y se encontró con un relato realmente excéntrico y complicado. De hecho, su críptico y delirante final forzó un exilio temporal de McGoohan de su hogar en Londres, debido al acoso de periodistas y espectadores que buscaban explicaciones. La principal pregunta colea todavía: ¿es Número 6 John Drake o no tiene nada que ver con él?

No fue un éxito de audiencias pero sin duda causó gran impacto en la historia de la televisión: su fórmula revolucionaria le hizo ganarse un estado de culto que fue creciendo con el tiempo, y tanto McGoohan como su inolvidable Número 6 son desde entonces toda una leyenda televisiva en medio mundo. La influencia llega hasta nuestros días y su culto sigue muy vivo después de casi cincuenta años porque gracias a internet la va conociendo más gente. Huellas claras de su legado hay en infinidad de series que han copiado o se han inspirado en algunas de sus historias y conceptos, pero los homenajes también abundan: Babylon 5 referencia el saludo típico de La Villa (un Nos vemos acompañado de un gesto con la mano uniendo el índice y el pulgar) y retoma las filosóficas cuestiones iniciales: Quién es usted, qué quiere; el remake de Battlestar Galactica tiene su propio Número 6 en la cylón rubia protagonista; y ya he citado el capítulo de Los Simpson.

Finalmente, se intentó actualizar con un bien intencionado pero flojo remake en el año 2009 (que coincide además con la muerte de McGoohan). A pesar de partir de una premisa escrita tiempo atrás por McGoohan para una posible película no resultó muy llamativo. Como modernización estaba bien encaminado y mejoró al original en un aspecto, el de ofrecer más personajes con los que el espectador pudiera conectar y el protagonista interactuar, dejando una base desde donde se podría dotar de mayor solidez e interés a la odisea que vive. Pero en conjunto se ve que el guion se quedó en esa promesa, porque no supieron dar forma a una historia original y absorbente, dejaron de lado la paranoia psicológica nueva en cada capítulo, el pueblo no tenía atractivo alguno y el argumento era más confuso que intrigante.

Su antigüedad puede echar para atrás a muchos espectadores y su trama tampoco es apta para todos los públicos, pero es un título obligatorio para los amantes de la ciencia-ficción y para quien busque nuevas fronteras en la televisión, porque no solo en el presente hay joyas inclasificables. El prisionero rompe todos los esquemas de cualquier época, no hay nada comparable. Como mucho se puede decir que, aunque sus incondicionales aceptan el galimatías de su tramo final, esta caída de calidad tan grande decepciona bastante y dificulta su visionado.