Archivo de la etiqueta: 2011

EL SÉQUITO – TEMPORADA 7

Entourage
HBO | 2011
Comedia, drama | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein, Ally Musika.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Beverly D’Angelo, William Fichtner, Scott Caan, Dania Ramirez, Sasha Grey, Rhys Coiro.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento la temporada a fondo, incluido el final.–

En la séptima temporada de El séquito abordamos otra historia muy habitual en el mundo de las estrellas de Hollywood: la adicción a las drogas. El viaje de Vince es muy interesante, pues como es habitual se trata con verosimilitud (los personajes siempre han sido muy realistas) y la dosis justa de ingenio para que una historia tan sencilla y conocida llegue con intensidad al espectador. La caída al lado oscuro afecta a su carrera, a sus amistades, y mira que la unión del grupo es férrea, y obviamente a sí mismo, haciendo más visibles sus debilidades: su inseguridad, su dependencia de otros. Se engancha a nuevos amigos, Scott Lavin y sobre todo Sasha Grey (uno de los cameos más destacables, si no el que más), que le permiten de todo y lo empujan un poco más. Y como es habitual en estas situaciones, para levantar cabeza antes debe estamparse en el fondo.

Pero hay un problema de base que me deja una mala sensación durante todo el año. Sí, la historia es muy completa y entretenida, pero no tiene un punto de partida claro. Es como si ahora tocara tratar este tema y se lanzaran a ello si más, y queda muy precipitado, no hay razones claras en la vida de Vince que justifiquen este patinazo. En realidad se pueden señalar un par de puntos de conflicto que estaban ahí latentes para explotar en esta línea… pero no los abordaron, de hecho los omitieron sin más. Hablo del reciente traspiés en su carrera en la quinta temporada, donde estuvo a punto de perder todo lo que quería, incluso se resintió por primera vez severamente la amistad con Eric. Pero esto no mostró ninguna secuela en la sexta etapa, donde vivían todos plácidamente otra vez, ni se recupera en el inicio de esta para mostrar miedos que cimentaran este camino dramático. Tampoco se remarca un posible sentimiento de soledad, de que todos los amigos tienen sus vidas propias y él no sabe vivir sin ellos. Apenas pareció mencionarse al inicio de la temporada pasada, pero en adelante se olvidó por completo también. Así pues, da la impresión de que hemos pasado de un año de relax intrascendente a uno de crisis importante sin una transición bien trabajada. De hecho hay alguna contradicción: en el capítulo inicial casi muere en el set en una escena de acción, y parecía indicarse que se acojonó… Pero luego vemos lo contrario, pues se apunta a saltar en paracaídas. Así que no queda claro si se embarca en las drogas en busca de nuevas aventuras, porque lo tiene todo y ya nada lo excita, o porque hay un vacío en su vida y trata de evadirse.

También hay otro giro repentino que descoloca, aunque este sí tenía unas bases claras. Tortuga empieza la temporada con un proyecto laboral en pleno funcionamiento, un servicio de conductoras. Sabemos que quería hacer algo para ganarse su sustento, que pidió ayuda a Ari y, viendo que no tenía los contactos y títulos necesarios, se puso a estudiar empresariales. Pero de repente lo tenemos ya inmerso en todo el meollo (¿acabó los estudios tan rápido?), y los líos laborales se centran únicamente en problemas de relaciones personales y sexuales. Aun así, es un paso esperado en la vida de Tortuga, y resulta bastante ameno. Pero, sobre todo, es un interludio, y en seguida pasamos a otra aventura más completa: la del tequila. Ahí sí veremos cómo se mueve y lucha por sacar adelante un proyecto que le apasiona y en el que ve un buen futuro, y la relación con la chica que lo introduce en este negocio, Alex (Dania Ramirez), es muy simpática.

Pero hay más baches extraños. El amigo y empleado de Ari que en tantos líos lo metió, Andrew Klein, desaparece sin más. Su única aparición es una breve llamada donde dice estar internado en un centro de desintoxicación. Su vida era un desastre, pero más allá de alguna cogorza puntual no vimos en él ningún problema con drogas. Veo dos posibles razones para la salida del personaje. Una es que no calara entre la audiencia; ciertamente, tanto esta como la etapa anterior no tuvieron tan buenas críticas como las cinco previas, y él era el único elemento nuevo al que echar la culpa. La otra es que el intérprete Gary Cole se marchara para ser protagonista en una serie y no cuadraran las agendas. De ser así la jugada no le salió bien, porque la producción, llamada Uncle Nigel (Tío Nigel), no pasó del episodio piloto…

Con Ari seguimos otro intento de crecer, de ser un gigante en Hollywood. Pero aunque la pelea por traer un equipo de la NFL a Los Ángeles es como de costumbre muy movidita, también es predecible y sabe a visto: es otra vez Ari luchando como loco por ascender por la escalera del poder y la fama, con los roces esperables con la esposa desatendida. La única novedad es que acabó enzarzado con la agente Amanda Daniels y su exempleada Lizzy Grant, quienes lo amenazan con sacar unas cintas donde el público y los magnates verían su verdadera cara: un abusón y un machista de cuidado. Pero este juego de que si llega o no llega su ascenso o caída se alarga más de la cuenta con amagos poco vistosos, y aunque por suerte también tiene algunos buenos momentos, como la escena en el restaurante con su esposa y con Amanda, es evidente que le falta capacidad para sorprender y emocionar como en aquellas épicas batallas por sacar adelante su propia compañía de agentes en las primeras temporadas. Por otro lado, después de la que liaron con Lloyd en su órdago contra Ari para ver si lo ascendía a agente, ahora que lo ha hecho parece que se han olvidado de él, pues apenas tiene presencia.

Drama tampoco tiene un viaje que impacte mucho. De nuevo en un limbo laboral, Eric, Phil Yagoda y Billy Walsh intentan convencerlo para que ponga voz a una serie animada ideada por Billy y en la que hay claro interés desde la cadena. Pero para Drama es un paso atrás que podría significar el fin de su carrera, así que costará convencerlo de que es un sueldo y la única forma que tiene de mantenerse vivo en el gremio en espera de mejores oportunidades. Eric está incluso más apagado. La relación con Sloan de nuevo pasa a suspenso, con unas pocas e intrascendentes menciones a la boda… Bueno, quizá incluso se agradezca que no entren esta historia, que puede caer en lo cursi con facilidad, pero deberían haber buscado algo distinto para dar más vidilla a la pareja. En cuanto a su trabajo, se mantiene en lo que ya conocemos: lidiando entre la labor de mánager y la de amigo de Vince, con Scott metiendo baza de por medio. La parte en que intentan levantar un proyecto con Randall Wallace (guionista de Braveheart) es la más llamativa, pero fuera de ahí no hay mucho que recordar.

Entre los mejores momentos tenemos una escena mítica de la serie, la de Ari y Eric encontrándose a Vince inconsciente en la piscina mientras Sasha Grey se pasea en pelotas, pero hay otros muchos destacables: el pique de Drama con John Stamos, los pasos de Vince hundiéndose (aparecer colocado en los encuentros con productores, pelearse con los amigos), los de Tortuga intentándose ligar a Alex, los siempre llamativos cameos (Peter Berg, Mike Tyson, Mark Cuban, Christina Aguilera, John Cleese…), el inútil de Carlos (Miguel Sandoval) sin visión comercial para su tequila y, sobre todo, el colofón final en Escenas porno en un italiano (709, Porn Scenes from an Italian Restaurant), con Ari y su mujer y la pelea con Amanda por un lado y Sasha y Vince liándose en el baño por el otro, y la caída al abismo en el último capítulo con la pelea con Sasha en el set, la ruptura con sus amigos y la que monta en la fiesta de Eminem.

Es evidente que El séquito acusa un poco de desgaste, lo que sumado a ese par de saltos extraños da otra temporada un poco por debajo del gran nivel alcanzado en sus mejores momentos. Sigue siendo una serie la mar de entretenida gracias a su notable puesta en escena y a los magnéticos personajes tan bien interpretados, pero la falta de novedades impide que sea capaz de conmover y dejar huella como antaño.

Ver también:
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

Anuncios

TREME – TEMPORADA 2

HBO | 2011
Drama | 11 ep. de 58-90 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, David Morse, Jon Seda, Phyllis Montana LeBlanc.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento el punto de partida de cada trama y protagonista. —

En el salto a la segunda temporada de Treme no cambiamos abruptamente de escenario y grupo de personajes como ocurrió en The Wire, pero también se amplía el horizonte para abarcar nuevas perspectivas del embriagador retrato que David Simon nos está ofreciendo de New Orleans. En la primera etapa nos sumergíamos a fondo el ambiente social y cultural. La gastronomía, protagonizada por Janette y sus sueños rotos, las tradiciones únicas, como los indios de Albert Lambreaux, y sobre todo la música en todo su rango: los intérpretes callejeros (Annie, Sonny), los que han logrado ascender un poco y viven de las sesiones en locales (Batiste), los veteranos más o menos famosos (Delmond, los numerosos músicos reales que aparecen en cada capítulo), y los que están en su propio mundo, como McAlary y sus locuras. Ahora también conoceremos más detalladamente cómo funcionan el gobierno y las fuerzas de la ley, adentrándonos en el ayuntamiento y el cuerpo de policía.

La corrupción del gobierno local y federal y su especulación urbanística las vislumbramos previamente porque los personajes las sufren en sus carnes, pero ahora veremos con más detalle cómo se gesta en manos privadas y cómo se permite e incluso fomenta desde los supuestos servidores públicos. Por supuesto, Simon se basa escrupulosamente en los hechos reales, relacionando las acciones de los protagonistas con eventos relevantes para la vida de la ciudad, destacando la infame gestión del alcalde Nagin y la planificación urbana de tintes racistas. Nelson Hidalgo (un carismático Jon Seda) es joven pero tiene experiencia en los entresijos del mundillo, y viene dispuesto a hacerse rico. Se acerca al empresario con visión (Ligouri), se reúne con los políticos que haga falta, pide y da favores y dinero con un entusiasmo y una visión que parecen llevarlo directo a la cima. Con Sofia, la hija de Toni Bernette, trabajando como becaria para un concejal, relacionamos esta temática un poco más con los viejos conocidos, porque Nelson va bastante por libre.

En la policía teníamos un enlace gracias también a Toni y sus constantes investigaciones, pero aunque el gran David Morse (uno de esos secundarios de lujo allá por donde aparece) encarnara al Teniente Colson, este tenía muy poca presencia y no dejó gran huella. Sin embargo su historia se amplía aquí desde el principio. Asqueado de la corrupción e incompetencia de los demás policías y detectives, parece decidido a plantar cara, y más ahora que el crimen está desbocándose de nuevo tras la pausa que supuso el éxodo forzado por el Katrina. Pero ha de ir con pies de plomo, porque un paso en falso pondría a todo el cuerpo en su contra. Por su parte, Toni acepta un caso que nos acompañará durante mucho tiempo, canalizando estos temas de corrupción y ocultación de delitos: la muerte de un joven llamado Abreu apunta al departamento de policía. El rastro, tras tanto tiempo, está frío, pero cada piedrecita que levanta parece mostrar más inmundicia.

Por supuesto, todos nuestros queridos personajes están embarcados en nuevas etapas de sus vidas, lo que nos permite tanto disfrutar de sus deliciosas como vivencias adentrarnos más en New Orleans, en la vida y las gentes de tan peculiar y encantadora urbe. Davis McAlary se lanza tras en inumerables proyectos musicales con gran entusiasmo pero sin grandes resultados. Batiste necesita un trabajo fijo, y trata de formar un grupo a la vez que tantea la posibilidad de ser profesor en la banda de un instituto. Annie, saliendo ahora con McAlary y no con el destartalado Sonny, parece estar empezando a exprimir su potencial como músico, sobre todo gracias al apoyo de su amigo Harley (Steve Earle también es músico en la vida real). Delmon Lambreaux continúa saltando entre New York y New Orleans, tratando de conciliar el jazz moderno y la tradición, y sacar algo de dinero de este género tan poco vendido. Y entre una odisea y otra, aunque tiene relación sobre todo con la de Davis, vemos el resurgir de un género musical, o más bien el de un movimiento social: el bounce, una mezcla de dance, hip hop y vetas de jazz local cuya energía y letras críticas sirven para alzar la cabeza y gritar contra las injusticias y la incompetencia de los gobiernos.

Fuera de los músicos tenemos otros muchos relatos entrañables. Albert Lambreaux no parece encontrar nada que le traiga felicidad, por mucho que Delmond trate de ayudar; el documental sobre los indios y la idea de Delmond de combinar géneros jazzísticos parecen mantenerlo ocupado, pero su humor es intratable, y va siempre alicaído. Janette renunció a su restaurante y se ha atado a New York, donde hay trabajo de sobra para una chef de su nivel, pero no encuentra un lugar en el que sentirse a gusto. Sonny parece incapaz por sí sólo de salir adelante, pero el empujón de un colega de la banda de Batiste, donde es aceptado porque no había más candidatos, podría encarrilarlo: le encuentra un trabajo de pescador para mantenerlo lejos de fiestas y drogas y con un flujo de dinero estable. Laddona apenas sobrelleva la pérdida de su hermano cuando un asalto en su bar la embarcará en otro drama que la perseguirá constantemente.

Mis secciones favoritas han sido de nuevo las de Jannete y McAlary, seguidas de las desventuras de Batiste, la lucha constante de Toni, ahora acompañada de Colson, y la entrada triunfal de Nelson. Pero la sorpresa la da Sofia, que parecía simplemente ser la hija de Toni, simpática pero un complemento de la tragedia familiar que supuso el destino de Cray, pero aquí gana protagonismo muy bien, llevándote hacia la parte más oscura: evidentemente arrastra una depresión… ¿acabará como el padre o logrará salir de ella? Y en cuanto a escenas sueltas que me hayan marcado, hay muchas, pero por poner las primeras que me vienen a la mente, me encantó cuando Annie ve la foto de Sonny rescatando a gente, así como el giro con su amigo Harley; muy emotivo fue el momento en que Davis encuentra a Sofia borracha; divertidísimo cómo Jannette cierra un capítulo de su vida: lanzando una copa de sazerac (un extraño cóctel típico de New Orleans) a un crítico famoso; los líos de la banda de Batiste son numerosos y todos la mar de emocionantes; etc.

Hay también algunos puntos oscuros, aunque no especialmente graves. La novia que se había echado Albert desaparece de golpe; supongo que la actriz se daría el piro, y claro, deja un hueco raro. Pero más notable es que el propio Albert es el único cuya historia no avanza con fluidez y un destino más o menos claro. Da vueltas en círculos, se pasa el día refunduñando sin concretarse nada; ni siquiera queda claro si sigue trabajando como carpintero o si deja de coser al final o no, pero aun así hace su espectacular aparición con “Los guardianes de la llama”.

Se podría decir que en lo visual es una serie es bastante sencilla, cuando una localización con tanto encanto podría deslumbrar más, sobre todo teniendo en cuenta de que disponían de un presupuesto más holgado que en The Wire, pero eso no quiere decir que el acabado sea de poca calidad. Como en la recreación de Baltimore, Simon busca un estilo natural, que deje respirar a los personajes. Donde más se nota la sutil pero eficaz labor de los directores es en los momentos de gran complejidad, como los conciertos en bares abarrotados y los desfiles: pese a su dificultad las ruedan con una naturalidad asombrosa, permitiendo que te parezca estar ahí dentro con los personajes.

Treme vuelve a ofrecer otro año redondo, inteligente y hábil como pocos, pues a pesar de su realismo y contención consigue entrener y emocionar con gran facilidad mientras a la vez también te lleva a la reflexión con delicadeza.

Ver también:
Temporada 1.

BLACK MIRROR – TEMPORADA 1

Channel 4 | 2011
Drama, ciencia-ficción | 3 ep. de 44-60 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Rory Kinnear, Lindsay Duncan, Donald Sumpter, Daniel Kaluuya, Jessica Brown Findlay, Toby Kebbell, Jodie Whittaker, Tom Cullan.
Valoración:

Siguiendo el formato corto de las series británicas, Black Mirror ofrece únicamente tres episodios, que pueden quedarse en miniserie o extenderse si tiene éxito. Es además aún más atípica de lo habitual, pues ninguna de sus partes tiene relación entre sí más allá de la idea de mostrar y analizar la influencia negativa de las nuevas tecnologías de comunicación en nuestras vidas.

De la nada, porque no había expectación alguna en su estreno, llegó a copar todos los blogs de series, donde era aclamada prácticamente en unanimidad como una de las producciones más revolucionarias, rompedoras, visionarias, sorprendentes y atrevidas realizadas en los últimos años, pero también porque resulta espectacularmente irreverente, analítica y crítica. El entusiasmo es sin duda comprensible, porque el shock inicial es de los que no se olvidan, pero siendo justos hay que decir que dos de sus tres partes no son perfectas, que en cada capítulo pierde algo de fuelle. Aun así, en conjunto es impactante y memorable como pocas, un ejercicio televisivo (o ya debería decirse cinematográfico) que aun con sus fallas deja bastante huella.

Tras el salto encontraréis un análisis por capítulos.
Sigue leyendo

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 2.

The Big C
Showtime | 2011
Género | 13 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Laura Linney, Neal H. Moritz, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver, Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hickey, Reid Scott, Gabourey Sidibe, Cynthia Nixon, Hugh Dancy, Boyd Holbrook.
Valoración:

Cathy se las ve putas para conseguir entrar en un estudio contra el cáncer que se presenta como su única oportunidad para luchar contra la enfermedad que amenaza su vida. Paul debe afrontar las consecuentes facturas médicas, problema que se agrava cuando es despedido; debe entonces empezar una carrera a contrarreloj para encontrar un trabajo… ¿pero quiere uno digno o necesita cualquier cosa que le dé dinero rápido? Esta situación le llevará a enfrentarse a facetas de su vida que no conocía (familia antes que honor), a conocer nuevos amigos (Mykail) e incluso enfrentarse a difíciles dilemas (los robos, la cocaína…). Mientras, Adam tropieza con los amores y deseos de los adolescentes, perdido y confuso como cualquier otro humano a esa edad, y Sean (el hermano de Cathy) parece encarrilar su vida, asentar la cabeza con la construcción de su propia familia… si es que los reveses de la vida no le mandan de vuelta a la casilla cero, es decir, a las locuras que provoca su enfermedad mental.

La narración sigue siendo muy fluida, con una evolución constante que sabe llevarlo todo siempre hacia delante sin tropezar ni andarse con rellenos poco atractivos: ni tramas ni personajes son los mismos de un episodio a otro. Los caracteres son de enorme calidad, todos con rasgos claros y numerosos matices que los hacen densos y realistas, aunque destacan principalmente por lo fácil que resulta conectar con ellos, con sus problemas, esperanzas y ambiciones. El bache en la carrera profesional de Paul, el propio cáncer de Cathy, los líos de Adam en la entrada a la adolescencia, las dificultades de Sean para relacionarse en sociedad y familia… No hay parte que pierda atractivo. Y el humor es constante, sea en la línea ligera o en la dura (cuántas veces se utiliza para afrontar miserias de la vida: el personaje Lee es clave para ello –magnífica su presentación con el atropello-).

Seguramente será porque el factor sorpresa ha desaparecido (ya conocemos a Cathy y sus excesos bipolares) y porque ya no tenemos el toque tan dramático que suponía guardar en secreto la enfermedad, pero esta temporada me ha resultado menos intensa que la anterior, que ofrecía un drama bastante más fuerte y duro que el mostrado en este año. Las tramas delirantes mezcladas hábilmente con la comedia de familias disfuncionales y personajes zumbados siguen siendo excelentes, pero se echan de menos esos momentos que te ponían al borde de la lágrima.

Pero tengo también otras pequeñas quejas. Primero, no me cuadra un aspecto del tramo final. Se supone que Cathy se mete a entrenar al equipo de natación como forma de ponerse a prueba, de superarse a sí misma, y que la propia lucha contra el cáncer, donde estima que si tiene efectos secundarios es que está ganando, es motivación más que de sobra para seguir adelante. Pero en los últimos episodios se empeña en la maratón, en que tiene que hacer algo para sentir todo lo que acabo de citar, olvidando que ya lo hacía, que ya tenía retos de sobra. Precisamente el desenlace de la parte del campeonato de natación queda muy en segundo plano, cuando antes se le estaba dando más importancia. En conclusión, no puedo dejar de pensar que los guionistas forzaron la presencia de la maratón para tener un final de año concreto. No es grave, porque funciona (el último plano es bonito, aunque sea bastante manipulador), pero sí queda un poco confuso o mal desarrollado. Y segundo, el amigo que hace en el estudio contra el cáncer es un pedazo de personaje que ofrece muy buenas historias y funciona de maravilla dentro del estilo de la serie (es decir, es otra buena muestra de los problemas de seres los humanos y cómo nos enfrentamos a ellos), pero no puedo quitarme la sensación de que es una repetición paso por paso del personaje de la vecina. Y hablando de la vecina, las visiones en plan A dos metros bajo tierra no me han aportado nada.

Así pues, aunque The Big C sigue siendo una serie deliciosa, con unos personajes fantásticos y gran habilidad para jugar con drama y comedia en una misma escena, es evidente que arrastra un ligero bajón con respecto a la primera temporada.

Ver también:
Temporada 1.

HOMELAND – TEMPORADA 1.

Showtime | 2011
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 49-84 min.
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon, Gideon Raff.
Intérpretes: Damian Lewis, Claire Danes, Morena Baccarin, David Harewood, Mandy Patinkin, Diego Klattenhoff, Morgan Saylor, Jackson Place, David Marciano.
Valoración:

Alerta de spoilers: Revelo datos cruciales del final de temporada.–

Tras ocho años desaparecido en Irak el sargento de los marines Nick Brody es hallado y rescatado de su cautiverio. Vuelve a casa como un héroe a los ojos de la población y los políticos que aprovechan su fama, pero la CIA debe ser más cuidadosa y por ello analiza si en todo ese tiempo ha podido ser cambiado de bando mediante la tortura y haberse convertido en un agente durmiente, en un terrorista con un plan. Sin embargo, su intachable actitud adaptándose de nuevo a su vida (al menos de cara al público, que su reinicio con la familia es un desastre, como cabe esperar) y lo fiable de sus testimonios quitan pronto la sospecha sobre sus hombros… salvo para Carrie, una agente obsesiva y rebelde que no duda en infringir la ley para espiarlo constantemente. Está convencida de que hay algo oculto en su retorno relacionado con Abu Nazir, el líder terrorista más buscado. Y hará todo lo posible para hallar pruebas.

La parte de los protagonistas está muy bien trabajada. Los caracteres son pocos pero de gran densidad. Sus formas de ser, sus miedos, sus capacidades y limitaciones son definidos y desarrollados con intensidad y realismo, lo que se traduce en que desde el primer episodio sus vidas y problemas resultan sumamente interesantes y se disfruta bastante siguiendo sus historias y esperando con interés su futuro. La adaptación de Brody a su entorno, donde su familia siguió adelante sin él, se muestra con ideas típicas (ella –Morena Baccarin– se lio con otro, la hija adolescente es rebelde) pero bien utilizadas. Cabe destacar también que los hijos no resultan repelentes, e incluso la chica (Morgan Saylor) lo hace muy bien en un papel que toma importancia conforme avanza la sesión. Carrie arrastra sus propios secretos (es bipolar y lo oculta a la agencia, pues si no sería expulsada), y vemos que quien de cara a la CIA es una agente excelente tiene serios problemas de estabilidad emocional. Su mentor Saul (un siempre excelente Mandy Patinkin) suda de lo lindo para que no tire su carrera en conjeturas muy fantasiosas mientras lidia también con sus asuntos propios: este tipo de trabajo impide tener una vida familiar en condiciones, y su intermitente relación con el amor de su vida no levanta cabeza.

Momentos cumbres relativos a estos protagonistas hay muchos de gran impacto, destacando especialmente la caída en desgracia de Carrie cuando su enfermedad vuelve a controlar su vida y sus locuras salen a la luz o los pasos finales de Brody, donde toda la tensión y estrés acumulados son palpables en cada escena (fantástica la preocupación de la hija y lo cerca que está de pillarlo). Los dos actores tienen papeles complejos en los que sumergirse y explotar sus dotes, y no desaprovechan ni una de las numerosas oportunidades que tienen para lucirse: Carrie (Claire Danes) loca y luego desecha da lástima, y Brody (Damian Lewis) en el búnker es un auténtico caudal de terrores fluyendo mientras intenta controlarlos.

Pero la trama de espionaje, conspiración y terrorismo es por el contrario irregular y sobre todo resulta algo tramposa. Al principio fue llamativa e intrigante, pues dado como se presentaba ofrecía un sin fin de posibilidades por donde la serie podría haber navegado. Sin embargo, van pasando los episodios, tres o cuatro, y vas viendo que los guionistas no se van a arriesgar tanto como en apariencia prometían, y que todo se va a limitar a dos opciones: o Nick está tratando en secreto de desmantelar un plan de Abu Nazir, o lo está siguiendo. En el proceso hay mucho humo, mucha vuelta innecesaria que no lleva a ninguna parte y subtramas que no aportan nada llamativo (la amiga infiltrada de Carrie, por ejemplo). Nos tiramos un montón de tiempo varados en una trama ambigua y sin objetivo aparente con capítulos que, aunque entretenidos, realmente no dan nada tangible, pues todos se limitan a mostrarnos a Carrie obsesionada y Nick artificiosamente intrigante. En el tramo final la cosa va tomando forma y por fin se adivina una ruta, pero esta no resulta especialmente llamativa, de hecho se presenta demasiado sencilla y previsible. Está claro que la bomba no va a explotar, su fallo es completamente predecible, y en general todo el tramo final ofrece una narrativa que se ve venir punto por punto. Y para colmo termina la temporada y nos quedamos igual que al principio: Carrie obsesionada y Brody otra vez en el limbo de si está con Nazir o no.

Otro factor negativo a tener en cuenta es que la consistencia del relato se mantiene constantemente al borde del precipicio. Es arriesgado y complicado mostrar un personaje como Brody sin dejar al espectador incrédulo, y lo cierto es que el nexo se mantiene débilmente: sí, interesa porque el carácter es excelente en su sección dramática, pero cuando se sumerge en la trama de terrorismo, sobre todo cuando se expone finalmente su objetivo, esa justificación no es del todo plausible, queda muy cogida por los pelos porque en contraste con el resto de su vida no parece creíble, no pega que un hombre tan inteligente y fuerte sea un terrorista suicida tan decidido que ni la vuelta a la normalidad en su casa le aparta de su misión fatal. Incluso personajes más exagerados, como Walter de Breaking Bad, me resultan más fáciles de aceptar. En la misma línea de forzar la credibilidad hay muchos instantes a lo largo del año, destacando principalmente una falla muy gorda: que Brody se pasee con el chaleco explosivo medio día entre un montón de personas (con roces y contactos varios incluidos) sin que nadie note nada… La idea es sencillamente absurda.

Pero lo previsible o facilón no resulta un lastre tan grande como para hundir la serie, porque dos factores levantan la calidad del producto. El primero es la citada vida diaria de los protagonistas, cuya gran calidad hace de la historia algo tan atractivo que aunque lo que sucede sabe a poco en un momento o se ve venir en otro, se vive con cierta expectación porque seguimos de cerca y con interés sus vidas. El segundo es la puesta en escena, muy profesional y capaz de dar ritmo y vida a episodios no especialmente complejos. De hecho, el último dura hora veinte, convirtiéndose en un thriller casi cinematográfico de buen nivel, no extraordinario pero sí plenamente satisfactorio como entretenimiento. Carrie hundida y rechaza hasta por su amigo y mentor y Brody tenso y muerto de miedo por la cercanía de su objetivo son momentos de gran fuerza, y debo decir que el minuto último del año es un cierre espectacular: Carrie recordando el dato crucial que destaparía a Brody justo antes de la operación en la que perderá la memoria es un clásico utilizado con sumo acierto.

Así pues, está claro que Homeland funciona más como drama que como thriller, aunque lo lógico sería que si su trama se halla firmemente anclada en un género sea esa parte la más destacable. De todas formas las virtudes superan bastante a los fallos y se obtiene una temporada bastante atractiva. Es de agradecer que por fin se ofrezca un thriller de espionaje que no es procedimental repetitivo o acción sin mucho detrás. No llega al nivelazo de Rubicon, pero cumple bastante bien. Eso sí, para mi sorpresa muchos la tratan no sólo como el mejor estreno del año (claramente superiores son American Horror Story o Boss) sino también como una gran serie, y para mí es indudable que dista de serlo. Además me deja la sensación de que dado lo visto en este primer año es muy improbable que vaya a más en próximas temporadas. Pero ojalá me equivoque y sepan mejorar los problemillas que han limitado su potencial.

PD: no sabía dónde meterlo: lo del topo en la oficina queda en el aire, pero como sólo hay un secundario en la agencia lo más seguro es que sea él.

TERRA NOVA – PRIMERAS IMPRESIONES

En el futuro, la contaminación ha llegado a límites insostenibles y la humanidad sobrevive a duras penas. La falta de alimentos, las constantes enfermedades e incluso las restricciones legales, como las limitaciones en el número de hijos, ponen en serios aprietos a la población. Pero un resquicio de esperanza asoma para algunos pocos elegidos: el casual hallazgo de la tecnología que posibilita viajar a un punto concreto del remoto pasado para iniciar de nuevo la historia del hombre. Ochenta y cinco millones de años atrás, junto a los dinosaurios, el asentamiento Terra Nova trata de prosperar en la hostil naturaleza.

Por lo que veo en la red el sentimiento es generalizado. Se esperaba mucho de Terra Nova por varias razones: por el nombre de Steven Spielberg en la cabeza de un equipo de realizadores donde destacan trambién otras grandes figuras de la televisión (Brannon Braga, René Echevarria, Alex Graves, David Fury), porque se anunciaba como una superproducción enorme y porque la publicidad empezó con mucha antelación a sembrar la semilla de la expectación. Sin embargo, el reciente y sonoro fracaso artístico de Falling Skies (Robert Rodat, 2011), también apadrinada por Spielberg, de estilo y cualidades semejantes, y los varios retrasos y reformas que fueron postergando su estreno casi un año (que si mejorar efectos especiales, que si rumores sobre que la rehacían para darle un toque más familiar, etc.) han ido espantando a mucha gente, tanta que de ser la serie más esperada de la temporada ha terminado teniendo un estreno bastante frío en cifras de audiencia y críticas. De hecho, pienso que la gente iba con tan malas previsiones que se han afilado las críticas incluso más que con Falling Skies, con la que, comparando los inicios de ambas, está unos cuantos peldaños por encima… aunque eso no signifique que estemos ante una buena serie…

La historia inicial vista en el doble episodio piloto (Genesis) es sencilla, pues prima la necesidad de presentar los personajes y el mundo imaginado. Algunos detalles sobre el futuro, los conflictos familiares, el viaje al pasado y por supuesto el inicio del proceso de adaptación a su nueva vida se hilan sin ofrecer virtuosismo pero también sin caer en el aburrimiento y la previsibilidad torpona. Es decir, nada destaca por ser especialmente original o inteligente, pero tampoco peca de la desesperante simplicidad y maniqueísmo vistos en Falling Skies. Los protagonistas resultan atractivos y sobre todo la trama ha tenido más dinamismo y garra y por suerte no rebosa de clichés cansinos por todas partes. El drama familiar no resulta demasiado ñoño, incluso los niños resultan personajes aceptables y no repelentes. Además, el militar que aquí encontramos no es un arquetipo facilón y promete dar mucho juego con sus intrigas y forma de actuar, mientras que los padres protagonistas tienen carisma de sobra para caer bien. Los actores cumplen sin problemas, en especial el citado mandamás (Stephen Lang, visto en AvatarJames Cameron, 2009-), cuya presencia resulta imponente en cada plano que aparece.

Fuera de la historia familiar encontramos cosas más jugosas de cara al futuro. Los “sextos”, ese grupo alternativo, recuerdan a los exiliados de Outcasts (Ben Richards, 2011), y espero que den más juego y sobre todo que sus motivaciones queden más claras que en aquella fallida serie. Y los secretos del comandante aportan una nota de misterio muy atractiva, con ese hijo desaparecido y las posibles intenciones ocultas de esta estancia en el pasado.

El mayor problema que arrastra la presentación es que se nota un desequilibrio de ideas. Es decir, se notan los cambios y recortes que presumiblemente desviaron una propuesta de ciencia-ficción más madura a un drama más sencillo, para todos los públicos. Las explicaciones sobre el universo de la serie y su historia y tecnologías se han reducido a instantes forzados mientras evidentemente se ha potenciado la carga de drama familiar. Así, da la sensación de que en unos momentos la narración corre demasiado, pasando por encima de datos y revelaciones que necesitan más densidad, como ese inicio apresurado donde hay un montón de agujeros (¿cómo se fuga el padre?), cuando en otros instantes se pierde más de la cuenta en conflictos facilones (las riñas padre e hijo pecan de simplonas). También se hace evidente que querían abarcar mucho y se quedaron sin tiempo y recursos. Ciudades del futuro, dinosaurios, escenarios en la selva… Es obvio que no pueden llegar a tanto, y por ello los efectos especiales no son perfectos; sin embargo para mí distan de ser malos: que estamos en una serie, no me parece correcto llorar porque no tenemos el impresionante aspecto visual de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), como veo a mucha gente criticar injustamente. Lo único feo son las cantosas pantallas de fondo (¿cómo quedan tan mal si es algo que se usa con excelentes resultados en un montón de series, incluidas muchas de bajo nivel de producción como Monk?) y los cansinos efectos de sonido cada vez que aparece un aparato electrónico (hasta el chip más pequeño tiene luz y sonido) o un arma (hasta las que no se tocan suenan como si se cargaran), una manía me saca muchísimo de la narración de un montón de series.

Sobre la puesta en escena en general también debo decir que no aguanta la comparación con las series de primera división, pues aunque es francamente buena (de nuevo, muy superior a la mediocre Falling Skies) se le puede criticar que para ser tanta superproducción como anunciaban no brilla especialmente en las escenas de acción.

Quedaría por ver si la temporada mantiene un rumbo correcto, si aciertan a desarrollar mejor los personajes y los misterios del mundo presentado, con lo que sería una serie más que aceptable, o se pierde en tramas familiares demasiado triviales… Y viendo el siguiente episodio (Instinct) parece que tomará el camino de melodrama clásico, simple y políticamente correcto (¿pero cómo te vas a interesar por los chicos si sólo tienes 16 años y estás buena?). La aventura de supervivencia queda relegada a un elemento secundario, una excusa para desarrollar memeces familiares muy vistas; de hecho, queda tan diluida que las soluciones a los problemas llegan rapidísimo, como si se hubiera recortado todo lo interesante para dejar únicamente la aburrida historia de que mamá no puede follar con papá porque los hijos son unos pesados y papá está inquieto porque llega un antiguo amor de mamá.

Pero de nuevo debo decir que para el público al que va destinado no está mal, es un pasatiemo inofensivo que gustará a los jóvenes como me gustaba a mí Seaquest (Rockne S. O’Bannon, 1993), pero claro, para quien espere algo más deja las mismas sensaciones que Falling Skies: parece una serie de hace veinte años, tanto en el argumento como en la ideología y moralina que desprende.

LOS BORGIA – TEMPORADA 1.

The Borgias
Showtime | 2015
Drama, Histórico | 10 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Neil Jordan, James Flynn, Sheila Hockin, Steve Matthews, Darryl Frank, Michael Hirst.
Intérpretes: Jeremy Irons, François Arnaud, Holliday Grainger, Lotte Verbeek, David Oakes, Colm Feore, Peter Sullivan, Aidan Alexander, Ronan Vibert, Sean Harris.
Valoración:

Una decepción me ha supuesto la primera temporada de Los Borgia, pues esperaba no sólo una superproducción que luciera en pantalla, sino también una historia de alta calidad, una digna sucesora de Los Tudor (misma cadena, mismo estilo, algunos de los mismos productores…). En Los Tudor teníamos un gran número de personajes cada cual más fascinante que el anterior y nos enfrentábamos a varias intrigas políticas y personales más o menos entrelazadas que se desarrollaban con un ritmo muy firme y que resultaban siempre densas y sumamente atractivas. En Los Borgia los protagonistas son escasos y por desgracia salvo Rodrigo Borgia y su hija Lucrezia resultan muy poco interesantes, de hecho algunos llegan a ser considerablemente monótonos: los otros hijos de Rodrigo son anodinos, algo imperdonable al tratarse de protagonistas principales. Sus conflictos, planes y demás quehaceres se describen y desarrollan con una notable falta de garra, con una simpleza que deja un mal sabor de boca en una serie nacida en teoría para ser grande. La sensación de que todo está muy visto y no se pone suficiente esfuerzo por darle algo de densidad y atractivo es constante, tanto que los primeros capítulos terminan resultando muy aburridos.

Pero a partir de su ecuador las tramas crecen de forma notable. Los problemas matrimoniales de la pequeña Borgia ofrecen buen drama y el avance militar del rey Carlos VIII aporta considerable fuerza a la trama política y su presencia reaviva el papado haciendo que haya más actividad, rivalidades y problemas. Pero a la larga se pasa de un extremo a otro: llegan a ocurrir tantas cosas que pienso que incluso termina precipitándose más de lo debido. Qué rápido despachan la llegada a Florencia, qué poco impacto produce la resolución de estos ahora atractivos hilos narrativos. No es especialmente grave, pero un cierre más llamativo, menos forzado, le habría venido muy bien.

El trabajo actoral es igualmente irregular, cuando Los Tudor nos dejó uno de los mejores repartos de la pasada década. La única presencia imponente es la de Jeremy Irons, y por debajo de él sólo unos pocos destacan por aportar papeles muy profesionales, siendo dignos de citar la joven Holliday Grainger (Lucrezia) o el veterano Colm Feore (Giuliano Della Rovere). Obviamente el que el reparto no sea sobresaliente no es como para quejarse, pero sí lo es que dos figuras desentonen tanto en una producción de tal calibre: François Arnaud (Cesare) y David Oakes (Juan) llevan papeles principales con una desgana y falta de carisma asombrosa, empeorando sus sosos personajes.

En la ambientación y la puesta en escena sólo puedo verter halagos. Como en Los Tudor estamos ante una obra visualmente perfecta, una producción colosal cuidada con una dedicación impresionante a todos los niveles. El resultado es prácticamente inmejorable, plano a plano te deslumbran con el fastuoso vestuario, las bien elegidas localizaciones y decorados, la fotografía e iluminación brillantes, la acertada música… De hecho, si los primeros soporíferos episodios resultan mínimamente interesantes es por su embriagador aspecto visual, que incluso solapa a las propias tramas: en muchos momentos me descubrí solamente observando la belleza de las imágenes, sin hacer caso lo que parloteaban los insulsos protagonistas.

En consecuencia, es un año bastante desequilibrado, con un arranque excesivamente frío y lento que no se puede perdonar con tan pocos capítulos en juego. Cuando se lanza llega a alcanzar el nivel de notable y resulta un producto digno de la televisón privada, pero no se mantiene en esa media el suficiente tiempo o número de capítulos como para considerar que la temporada merezca semejante calificación. Es un drama bastante clásico al que no han sabido dar intensidad suficiente y que además carga con una gran diferencia cualitativa entre el contenido y el continente. Espero que se pongan las pilas en la próxima temporada.