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EL SÉQUITO – TEMPORADA 8 Y FINAL

Entourage
HBO | 2012
Comedia, drama | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein, Ally Musika.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Beverly D’Angelo, William Fichtner, Scott Caan, Rhys Coiro, Alice Eve.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante las tramas, incluyendo algún desenlace.–

Tras tantos años ya es difícil sorprender, y menos cuando las historias personales están encaminadas hacia líneas concretas. Así, se puede decir que vamos un poco con la inercia en los dos personajes más prominentes, Eric y Vince. “E” no tiene ningún conflicto laboral interesante, salvo los roces de siempre con el inmaduro de Scott Lavin. ¿Qué hay de la lucha por afianzar sus nuevos puestos como directores de la compañía? Nada se ofrece en este campo, Scott y él viven como dos empleados sin muchas preocupaciones. Y en lo personal van a lo más fácil en la relación con Sloan: las típicas disputas, el romance en eterna tensión, donde incluso con el consabido embarazo no se atreven a darles un cierre en un sentido u otro. Vince sale de rehabilitación como si nada hubiera pasado. No es adicto, dice, y continúa con su vida sin secuelas. Me parece un tanto cobarde no haber seguido explorando su caída al abismo y sus esfuerzos por salir a flote. En lo personal también lo embarcan en un idilio un tanto forzado, con ese precipitado enamoramiento con una periodista y el soso desenlace de la improvisada boda.

En ambos casos las historias funcionan aceptablemente bien por la simpatía de los personajes, las situaciones y diálogos ágiles marca de la casa y los giros imprevisibles. Así, lo del embarazo se convierte en una locura divertidísima cuando meten de por medio la aventura con Melissa, la madre de Sloan, y el padre, Terrance, aparece para imponerse. Vince tiene alguna situación más llamativa (atención al conocido que se pega un tiro), y en lo emocional hay que decir que sus intentos de ligar con la primera chica que lo rechaza son emocionantes, aunque la relación no tenga un recorrido ni un final elaborados y sorprendentes.

Las otras secciones traen más novedades y movimiento. Bueno, quizá la de Tortuga no es muy recordable, pero al menos sus líos con el tequila han influido en su personalidad, se lo ve más maduro, y sigue luchando por sacar nuevos proyectos adelante. Drama tiene la trama más tensa, con el lío en la serie de animación, donde su compañero de reparto inicia en una protesta absurda para cobrar más sin haberla estrenado aún. Hay una buena sensación de un destino incierto y se sufre bastante con el personaje, que no parece levantar cabeza ni cuando consigue un trabajo digno. El divorcio de Ari es la parte más valiente en cuanto a avanzar y profundizar en los protagonistas. Su viaje por el infierno, bien merecido en este ególatra machista, es la mar de ajetreado, y conforme se intuye el intento de arreglarlo hay que alegrarse porque no se resuelve con cuatro tópicos, sino paso a paso y con esfuerzo. El que peor parado vuelve a quedar es Lloyd, quien tras prometer bastante inexplicablemente fue relegado a secundario del montón.

El truco que tienen los productores para evitar que el desgaste pese mucho es condensar los diez o doce episodios que íbamos teniendo en ocho, de manera que todo ocurre con un ritmo vertiginoso muy bien exprimido, sobre todo en los capítulos finales, muy intensos y emocionantes. Y como siempre, las vivencias en el día a día son variadas y encantadoras, con momentos cómicos muy efectivos y las sorpresas que cada dos por tres alteran todo inesperadamente. Así, la ves de un tirón muy entretenido y acabas con una sonrisa en la boca, pues te lo has pasado tan bien como en otros años…

Pero al poco piensas que podían haber ofrecido algo más trascendente y mejor trabajado, que para ser el final se han quedado un tanto cortos. No se aporta nada novedoso en cuanto a la particular visión de Hollywood que veníamos viendo. Ni Vince ni Eric se sumergen en algún proyecto apasionante, como el siguiente paso obvio, dirigir un filme por parte del primero y mantener a flote la empresa el segundo. El salto a director se dejó para la película de cines que llegó en 2015, pero ahí hacen lo mismo, dejarlo de lado por aventuras menos complejas, sin la savia y energía que mostró la serie en sus mejores momentos.

Ver también:
Temporada 7.
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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TREME – TEMPORADA 3

HBO | 2012-2013
Drama | 10 ep. de 55-70 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, David Morse, Jon Seda, Phyllis Montana LeBlanc, Chris Coy, Sam Robards, Michael Cerveris, Ntare Guma Mbaho Mwine, Lance E. Nichols.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las historias principales, aunque obviamente será revelador si no has visto las temporadas anteriores.–

Nueva etapa en la vida de las gentes de New Orleans. Dos años han pasado desde que el Katrina arrasara la ciudad y dejara una huella más profunda de lo esperado por culpa de la incompetencia y corrupción del gobierno, y no parece haber cambiado la cosa, el renacer no ha servido para dejar atrás todo lo malo y aprender de los errores. Sus habitantes se resignan poco a poco, pues están batallando día a día para sacar adelante el trabajo y la familia, y salvo excepciones no parece haber una conciencia global que ayude a levantar la urbe como es debido.

McAlary explora nuevos proyectos que aparte de darle un sustento sirvan para aportar algo a la sociedad y la cultura, o al menos para no olvidar. Su ruta turística medio improvisada es un cachondeo y no da mucho de sí, pero tanto hablar de viejas glorias de la música lo empuja a tratar de recuperarlas en un álbum destinado, según él, a marcar una época y darles un justo beneficio a esos músicos dejados de lado. Janette, a pesar de su éxito como chef, no termina de encontrarse a gusto lejos de su hogar. Cuando recibe una oferta para llevar una cocina en New Orleans bajo la batuta de un magnate de la restauración recela del aspecto de empresario ambicioso de este tipo, pero las condiciones son demasiado buenas para dejarlas pasar. La llegada de un reportero, L. P. Everett (Chris Coy), a la ciudad agita el avispero de corrupción policíaca, pues parece obstinado en escarbar en casos como el de Abreu o Seals que llevaba Toni Bernette, de hecho no tardan en trabajar juntos y empezar a conseguir resultados poco a poco. ¿Conseguirán sacar a la luz toda esta inmundicia y que se haga algo al respecto? Colson intenta hacer lo mismo desde la comisaría, pero ni los jefes están de su lado. Y los tres sufrirán represalias constantes, lo que para Toni es cruel porque su hija es una víctima inocente. Sophia por su parte está en el proceso de maduración, con sus propios problemas.

Sonny parece haberse establecido bien con los vietnamitas, pero aún tiene que convencer al padre de su novia de que es un tipo responsable. Annie sigue por el camino al éxito como músico: apoyada por un mánager que ve en ella talento y posibilidades forma una banda con la que promocionar sus composiciones. Batiste le está cogiendo el gusto a la educación musical de los jóvenes, hasta el punto de implicarse emocionalmente en los conflictos de varios chavales. Nelson Hidalgo vuelve cuando se calman las aguas tras el último escándalo político, pero no parece haber un nuevo pastel al que hincar el diente y va tirando con chanchullos inmobiliarios menores, aunque con su gran visión tiene ideas para remontar el vuelo, de hecho pronto entra en juego un gran centro de jazz que hay proyectado. Delmond acaba como consejero en el proceso… ¿olerá la mierda que hay detrás y que la música les importa poco a estos tiburones? Mientras, su carrera musical sigue alternando entre la modernidad de New York y la tradición cerrada de New Orleans, sobre todo porque no quiere dejar a su padre, Albert, solo con tanto agobio. Este sigue tratando de terminar de arreglar su casa y salir a desfilar a tiempo con “Los guardianes de la llama” mientras lidia con el trabajo, pero tanta responsabilidad continua afectando a su estado de ánimo y su físico… aunque la degradación de esto último obtiene una respuesta inesperada: un cáncer amenaza con destruir todas sus esperanzas. Ladonna intenta sacar el bar adelante a pesar de la injusta política sobre el ruido y el acoso de algunos vecinos, a lo que se suma que el juicio por el asalto y violación se acerca, y los amigos de los culpables tratan de amedrentarla para que no testifique.

Como es habitual, todos los personajes resultan más o menos encantadores, tan vívidos y cercanos que sus historias se siguen con pasión. Además estas dejan grandes lecciones sobre la vida, y por supuesto infinidad de grandes momentos. Me encantó cuando Albert se sorprende porque Nelson conoce los locales de culto, como el Gigi, que no es solo un empresario sin escrúpulos, sino que se ha implicado en la vida local. El bajón de Sonny ante el miedo a la responsabilidad es algo típico, pero resulta bastante duro. Aunque para trágico, las represalias contra Toni y Sophia, que dejan unas pocas escenas muy inquietantes; y Colson también tiene momentos muy chungos, pero me encanta cómo levanta la cabeza y sigue adelante sin pestañear. Por el contrario, Annie como siempre ofrece el lado más luminoso, con su creciente éxito, y Batiste con los críos trae también muchos momentos de esperanza entre la miseria (la chica que no sabe leer pero puede tener un futuro porque le apasiona la música). Y su mujer Desiree gana presencia con su lucha contra el mangoneo que hay tras las reparaciones de las casas, mostrando eso de que se debe plantar cara o al menos hacer ruido, pues la injusticia no se va a ir sola. De nuevo, los que menos me han llenado han sido Ladonna y Albert, pues me resultan un poco cargantes con tantas penurias… aunque su acercamiento sentimental desde luego les da nueva vida. Y los que más adoro son McAlary y Janette, que contagian su entereza y entusiasmo. También cabe destacar el peculiar periodista, Everett, que engancha rápido.

Pero a la temporada le falta algo para llegar al nivel de las primeras, le pesa la sensación de que va con la inercia. Sí, seguimos adelante con buenas historias, pero sin aportar giros que sorprendan, sin abordar una nueva perspectiva sobre la situación de New Orleans. La única novedad digna de mención es que la odisea de McAlary sirve para homenajear a músicos veteranos que a pesar de su fama no han tenido el apoyo merecido, pues muchos trabajaron sin contrato o explotados y no tienen una jubilación digna. También está claro que la pasión de Batiste con las bandas infantiles es un homenaje y apoyo a la música, pero tampoco es una historia impactante, rompedora. Así pues, aunque tenemos otro año notable de este gran drama que ofrece un cuadro delicado y verosímil pero fascinante de una ciudad tan peculiar, lo cierto es que le falta una pizca para ser perfecto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

HOMELAND – TEMPORADA 2.

Showtime | 2012
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, David Harewood, Morgan Saylor, David Marciano, Navid Negahban, Jamey Sheridan, Rupert Friend.
Valoración:

Alerta de spoilers: Alerta spoilers: Revelo todo giro y muerte del año, no se te ocurra leer si tienes pensado verla.–

No tenía muchas esperanzas puestas en la segunda temporada de Homeland tras un sobrevalorado primer año donde parecía que los guionistas se aferraban demasiado a la idea de mantener el statu quo con los métodos clásicos: alargando tramas, metiendo otras de relleno, no atreviéndose a dar pasos que parecían necesarios, etc. Sin embargo mi sorpresa ha sido enorme y muy gratificante cuando he comprobado que desde los primeros minutos la segunda sesión se han lanzado hacia adelante con valor, haciendo avanzar las historias y los dramas personales a pasos agigantados, manejando la tensión, las sorpresas y las revelaciones con maestría. Sólo algunos deslices (alguna cosilla cogida por los pelos) salpican una temporada de las que no se olvidan.

En el lado malo, como ocurrió el año pasado a veces se juega demasiado con el grado de credibilidad de la trama. En líneas generales la ficción parece de corte realista, pero algunos giros o resoluciones se salen un poco de madre. Por ejemplo tenemos el hallazgo de Carrie del escondite oculto de Nazir que no fue visto por decenas de investigadores en una búsqueda intensa, y canta demasiado la forzadísima separación del grupo de agentes que la acompañan para que se enfrente al enemigo ella sola. También pesa la sensación de que Carrie deambula demasiado por la CIA sin que se explique bien cuál es el grado de cooperación que mantiene. Y finalmente hay algunos momentos un poco (o bastante) rebuscados, como el pinchazo y la subsiguiente muerte del sastre, y sobre todo la muerte del vicepresidente: tiene un marcapasos que se puede manejar a distancia (¡con un ordenador!), con lo que, aunque conseguir el código es complicado (únicamente está en su posesión), facilita mágicamente que pueda ser asesinado por nuestro protagonista de forma que parezca un accidente.

Pero son tan solo unas pocas escenas en un año en conjunto memorable donde como indicaba se han corregido otros muchos fallos. Aquí no hay historias secundarias que no llevan a nada, todo avanza a velocidad impresionante y con historias imprevisibles y llenas de sorpresas. Algunas trampas argumentales son muy efectivas (como poner sospechas de traición sobre ese secundario al que yo apuntaba en la primera temporada, el agente Danny Galvez, para darle la vuelta en una resolución estupenda) y otras funcionan a pesar de resultar arriesgadas, como la caída de Nazir, que parece muy fácil pero luego vemos que forma parte de un plan a largo plazo, que hasta él mismo se consideraba sacrificable por el bien de su misión.

El año empieza con un pequeño salto temporal. Carrie está fuera de juego por su enfermedad y trata de salir adelante luchando contra la depresión que supone haber perdido un trabajo que daba sentido a su existencia. La forma en que vuelve a colaborar con la CIA está bien hilada por los guionistas (al principio, luego falla a la hora de dar verosimilitud a su continuada presencia, como decía más arriba), y el momento en que la acción la devuelve a la vida es muy bonito. Tras un tramo donde parecía volverse a la tónica de la primera temporada (la parte del sastre), en seguida llega la primera bofetada del año: Saul se topa con el video que Brody preparó antes del atentado que no consiguió llevar a cabo, descubriendo así para la CIA lo que Carrie llevaba tiempo advirtiendo: que el héroe nacional ha sido convertido en terrorista. El episodio Q&A (205) es de los grandes del año televisivo, un río de emociones y tensión espectacular, un duelo interpretativo de primerísimo nivel, una historia desgarradora en la que no podemos apartar la mirada. Carrie mostrando sus sentimientos para acercarse a Brody, donde no sabemos cuánto es cierto y cuánto no (¿forma parte de su táctica o sigue enamorada?), Brody sumergido por completo en la desesperación, en un abismo donde no ve salida…

Aquí hay que alabar que es una serie trepidante que obtiene la acción mayormente a través de diálogos y dramas personales, algo que no es nada fácil de conseguir. La exquisita construcción de personajes, la habilidad para exponer emociones incluso a través de un velo constante (no siempre sabemos qué piensan o esperan los protagonistas) y también la fantástica puesta en escena y la impresionante labor interpretativa de Claire Danes, Damian Lewis y Mandy Patinkin son los elementos cruciales para lograr que esta serie resulte tan absorbente e intensa.

Una vez con Brody vuelto a traer al lado de la CIA los episodios son un no parar. Los intentos de sacar información a los terroristas, con la congresista Roya Hammad de por medio, las sorpresas inesperadas, como tener a Nazir en territorio estadounidense, las constantes trifulcas personales que agobian a Brody, los quebraderos de cabeza de Carrie… En segundo plano tenemos al no menos interesante Saul Berenson, con historias un poco menos relevantes pero también muy atractivas, así como la incoportación de un nuevo personaje, el agente Peter Quinn, que resulta un aporte muy logrado al rompecabezas que supone la trama de espionaje. Las dudas de Carrie y Saul sobre su lealtad y los constantes momentos donde se prueban mutuamente mantienen buen nivel de expectación, pero es la revelación de su misión para Estes lo que más impacta: deberá asesinar a Brody si cabe la posibilidad de que se descubra que es un terrorista que se le escapó a la CIA y ahora tiene una meteórica carrera política que lo lleva a lo más alto del gobierno del país.

La sección de la hija esta vez está muy bien hilada. Con ella se exponen muy bien los problemas familiares de Brody, para mi gusto mejor que con la madre, que me resulta cansina con tanto alargar su salida o no salida del matrimonio y la de vueltas que se da con el romance con Mike. Con Dana el conflicto da siempre buenas escenas, sin sensacionalismos ni extensiones innecesarias… Y en esto último algunos meten la sección en que ella atropella a alguien, pero a mí esta parte me parece crucial. Primero, porque es otro interesante aporte al lío familiar, pues no olvidemos que la serie tiene un pie en el drama de personajes. Segundo, porque el encubrimiento del asunto magnifica la sensación de podredumbre en la política estadounidense, algo que afecta a varios personajes, sobre todo a Brody, quien con este problema se ve aún más perdido en un mar de mentiras, juegos sucios y traiciones a la ética y al país.

En el tramo final grandes escenas y giros de la trama nos golpean de nuevo, volviendo a demostrar la valentía de los guionistas. La muerte del vicepresidente puede ser un tanto rebuscada en cuanto a ejecución, pero en lo relativo al impacto en los personajes es esencial: Brody ha llevado a cabo su acto de venganza o acto de justicia contra el corrupto y bélico gobierno estadounidense, quitándose un gran peso de encima. Pero cuando parecía volver a encarrilarse, dejando a su mujer definitivamente por Carrie, el plan de Nazir les explota en la cara. Nazir, que tanto ha costado cazar, que casi acaba con la vida de Carrie… El atentado final supone un enorme borrón y cuenta nueva en la dinámica de la serie. Personajes de gran relevancia muertos (Estes), la CIA desmembrada, la población atemorizada… Y la cinta de Brody sale a la luz y todo apunta a que él fue quien realizó el atentado. Pero Carrie le cree (no sin dudas, pienso yo) y lo pone a salvo.

¿Y ahora qué? Con Brody a la carrera y Saul tras él, Carrie de nuevo jugará con su propia agenda. Aparte de eso, no puedo hacerme una idea de lo que tendrán planeado los guionistas, sólo espero que estén tan inspirados como en esta temporada.

Ver también:
Temporada 1.

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 5

FX | 2012
Drama, acción | 13 cap. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Art Linson, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Ron Perlman, Maggie Siff, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Winter Ave Zoli, Danny Trejo, Rockmond Dunbar, Benito Martínez.
Valoración:

Alerta spoilers: No leas si no has visto la temporada, cito todos los momentos cruciales.–

Desde la temporada segunda hasta la cuarta Sons of Anarchy mantuvo un nivel de calidad e interés excepcional, sublime, donde se veía claramente que su fuerza venía de una excelente planificación de tramas y una ejecución sensacional de estas en los guiones. Sin embargo, este quinto año parece una huida hacia adelante poco meditada, donde la improvisación y la necesidad de mantener el estilo de la serie (peligro constante, golpes de efecto, varias historias a la vez…) deja por ello entrever los trucos, los esquemas de guion predefinidos, los clichés, la repetición de elementos… y por extensión también la falta de rumbo en algunos personajes, la exposición de tramas un tanto aparatosa, la ejecución irregular de algunas secciones… No me malinterpreten, el año está lejos de resultar mediocre, la serie sigue siendo un buen producto de acción y drama, pero la grandeza de antaño desaparece casi por completo en favor de una visible improvisación. Desde mi punto de vista no puedo hablar de decepción, porque la cosa no decae tanto como para ello, pero sí deja algunas malas sensaciones en varios momentos importantes y en un par de protagonistas.

Lo peor de la sesión está en su tramo inicial, cuando aparece el nuevo súper villano de la temporada y este resulta bastante fallido. Después de todo lo que hemos visto en Charming, con varios grupos moteros, los cárteles, las agencias de la ley… resulta que no son nada comparado con este dios del crimen salido de la nada y que domina toda la región como le place. No resulta nada creíble que no se hubiera mencionado antes, que su presencia no se notara. La necesidad de ir más allá causa estragos aquí. Pero el error más grande con este carácter es el sorprendentemente erróneo casting: se espera que semejante rol esté interpretado por una figura imponente, temible… y nos encontramos con el pringadillo de Michael de Lost, el buenazo de Augustus de Oz: Harold Perrineau. No pega nada para el papel de gángster de alto nivel, de genio del crimen. Y como no pega, su actuación canta a fingida en cada escena. El físico, el porte, el aspecto, la mirada… es crucial para un personaje. No puedes poner para el rol de matón que ha ascendido al nivel Padrino a un jovenzuelo con cara de bueno. Es constante la sensación de que su segundo al mando da mucho más el pego, de que los papeles parecen cambiados.

Un problema menor sería que los personajes parecen algo estancados, habiendo llegado a la cima de su progresión y repitiendo el patrón que les define. No sería grave porque, primero, son caracteres muy bien escritos, y segundo, porque a veces las personas no cambian, de hecho de eso trata muchas veces las serie: del inmovilismo de los miembros del Club, de como las garras del crimen te atrapan y no te dejan escapar, de como el pasado de te acosa constantemente. El problema llega cuando en una de esas vueltas el guion pega un patinazo, o peor aun, cuando un personaje da tantos giros sobre sí mismo que termina desvirtuado.

En el primer caso puedo citar a Jax. Disfruto mucho viendo al nuevo Presidente atacar con su ímpetu e inteligencia habitual los mil problemas que le vienen encima, pero al final parece que lo único que hace es dar rodeos interminables con algún que otro achaque, como el tema del alcalde: con la absurda idea de que el nuevo local tiene que estar en una tierra del alcalde, como si no hubiese más zonas en alquiler en la región, Jax trata de chantajearlo en una trama que se alarga demasiado y también adolece de cierta falta de credibilidad, pues si quieres salirte del crimen qué demonios es eso de chantajear una figura de la ley de tan alto nivel. Pero repito que una escena malograda no echa por tierra el personaje, aunque sea un punto negativo para la temporada…

… Sin embargo lo que ocurre con Gemma es otro cantar, pues con ella se cae en un bucle que resulta fatídico. Su afán de dominar el cotarro y su obsesión por estar en la cúspide de la familia es algo inherente a su carácter, pero aquí se fuerza hasta salirse de madre. Y es una pena, porque la trayectoria de autodestrucción con que se iniciaba su historia en esta temporada era muy atractiva y coherente. Pero más adelante no saben qué hacer con ella, y la hunden en una cansina lucha por sus nietos, con giros rebuscados (el accidente de coche, recurrir a la ex de Jax, el acoso excesivo a Tara) y tramas muy alargadas e insistentes cuando hay cosas más interesantes que contar. Por suerte en el tramo final vuelve a mejorar cuando se incorpora en las tramas de Jax para salvar al Club de los tejemanejes de Clay.

Y sobre Clay decía el año anterior que su derrota ante Jax era un movimiento no por esperable y necesario menos atrevido, pues cambiaba por completo el statu quo de la serie. Sin embargo, aquí vemos que a los guionistas les cuesta tratar las repercusiones, y muchas veces da la sensación de que la presencia de Clay en el Club resulta forzada. No parece creíble que Jax acepte tener cerca a un monstruo que puso en serio peligro a su familia y su Club, y el plan de Clay a veces me resulta un poco exagerado (¿hundir el Club para volver a tomarlo? Puedo entender que prefiera la destrucción a no tener nada, pero no se desarrolla muy bien). Al final del año Jax consigue ponerle entre las cuerdas en otro movimiento espectacular, y la idea de Clay de ir por libre promete, pero da la impresión de que esto tenía que haber ocurrido en dos o tres episodios para que fuera más verosímil.

En cuanto a la escritura de las tramas de forma improvisada, debo decir que esto no tendría por qué haberse notado, pues la mayor parte de las historias funciona muy bien. El problema está en que una parte mal desarrollada desluce el resto. Aparte de lo citado con los protagonistas hay algunos instantes muy cogidos por los pelos, poco plausibles y cuyo desarrollo parece bastante mal orquestado. El asesinato de Ope, cuyas consecuencias en Jax (¡era su mejor amigo!) y en el Club no parecen existir, hace pensar en que se buscaba la muerte de un personaje principal por meter un golpe de efecto, sin pensar en la credibilidad o las consecuencias. Igual ocurre con la ejecución de la hija de Tig, precipitada, mal rodada, y confusa: el personaje no tenía relevancia, su implicación está metida con calzador y sabe a golpe de efecto apañado sobre la marcha. También podemos hallar algunos momentos cruciales no muy bien resueltos, como el desenlace del acoso de Pope a Tig y Jax en un tiroteo que no resulta nada verosímil (aunque la inteligente forma de endilgar el crimen a Clay es una buena sorpresa).

Pero el resto del año sigue siendo de gran calidad, ofreciendo de nuevo unos protagonistas muy atractivos envueltos en un sinfín de aventuras llenas de acción y violencia donde se maneja muy bien el ritmo (siempre activo, siempre intenso), las sorpresas y los efectos colaterales (cada acción tiene consecuencias previstas e imprevistas). Jax, sigue siendo un rol central de gran carisma, acompañado a la perfección por Tara y un gran número de gloriosos secundarios: geniales los problemas de confianza de Tig con Clay, la fidelidad de Chibs y Munson, la caída en desgracia de Juice tras su actuación como topo, etc. A ellos hay que sumar una incorporación espectacular: Nero Padilla, un criminal medio retirado que forja amistad con el Club. El personaje es magnífico, y en gran parte gracias a la excelente interpretación de Jimmy Smits, un actor secundario con larga carrera y grandes papeles (como el de candidato a presidente en El Ala Oeste o el de detective Simone en Policías de Nueva York).

Con Sons of Anarchy ha pasado lo que pasa cuando se alarga una serie más de la cuenta: se empieza a ver la falta de ideas, la expansión de historias y la improvisación de las mismas. Cuando se estaba gestando esta quinta temporada supimos que anunciaron también la sexta, pero por lo visto el contrato con Kurt Sutter, su creador, es para tres años, así que la séptima está prácticamente garantizada también. Así pues, tras terminar el grueso de historias en la cuarta temporada lo que hubiera planeado para el siguiente ciclo se ha tenido que alargar y/o postergar. Y aunque la serie sigue siendo más que buena, es evidente que acusa demasiado el tener el final tan lejano. Esperemos que en la sexta sesión los guionistas hayan tenido tiempo de planificar mejor las aventuras del Club.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
-> Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 (2014)

COPPER – TEMPORADA 1.

BBC America | 2012
Drama, Suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente.
Valoración:

En la década de 1860 el barrio Five Points de Nueva York es un hervidero de caos, inmundicia y crímenes propiciados por la pobreza y la mezcolanza de culturas, y el ambiente está aún más enrarecido debido a los recientes disturbios y a las heridas que está dejando la Guerra de Secesión que se libra en el sur pero tiene su repercusión en todas partes.

Kevin Corcoran (Tom Weston-Jones) es un detective que ha terminado su servicio militar y vuelve para encontrarse que su hija ha fallecido y su mujer desaparecido. Su retorno estará pues marcado por la desesperación de hallar pistas que resuelvan el misterio. En el conflicto hizo nuevos amigos, un médico negro (Matthew Freeman –Ato Essandoh-) que sufre el racismo a diario y un joven rico al que salvó la vida con ayuda del doctor (Robert Morehouse –Kyle Schmid-) y que no se deja avasallar por su poderoso padre y sigue su propia agenda. Ambos serán de gran ayuda en las investigaciones que lleva a cabo con sus fieles Andrew O’Bryan (Dylan Taylor), fuerte pero gentil, y Francis Maguire (Kevin Ryan), sombrío y rudo. Corcoran ahoga sus penas con una prostituta llamada Eva (Franka Potente), quien está claramente enamorada de él y hará cualquier cosa por no perderlo.

En uno de sus nuevos casos Corcoran se encuentra con una niña de unos diez años que ha sido forzada a prostituirse (una impresionante Kiara Glasco). La chiquilla está mentalmente destrozada y supone una carga enorme, por no decir que resulta espeluznante cuando le da por hacerse la adulta y ofrecer sexo. En este caso cae en la órbita de una ricachona con la que podría iniciar una relación (Anastasia Griffith), pero con la niñata de por medio y el recuerdo de la esposa todavía doliendo todo se complica.

Copper es un policial bastante clásico, y aunque en los primeros episodios se tontea bastante mal con el procedimental moderno (con la exagerada ciencia del amigo médico), por suerte es algo que pronto se minimiza y la narración se decanta por un estilo más serio y centrado en los personajes donde los casos suelen durar varios episodios y siempre tienen repercusiones en ellos. De hecho, sorprende también que la búsqueda de respuestas de Corcoran da frutos rápidamente en esta corta temporada (de 10 capítulos), sin extenderse como en otros policíacos eternamente hasta que se avise de la cancelación de la serie.

New York es caótica y sucia, la población inculta y bruta; la suciedad y pobreza campa a sus anchas en los barrios obreros y la ostentación es el día a día en los ricos, mientras que la ley se la reparten también según sus recursos: a golpe de puño y de billete. La guerra se huele en el ambiente, no solo porque veamos sus consecuencias directamente en los protagonistas, sino también porque hay varias tramas relacionadas, como la de los atentados (que resulta algo exagerada, todo sea dicho). Lo mismo pasa con los recientes motines del barrio de las cinco esquinas (vistos en la cinta de Martin Scorsese, Gangs of New York), cuyo recuerdo todavía duele y el temor de que pueda volver a ocurrir flota en el aire.

El microcosmos por donde habitan los caracteres refleja muy bien la situación. Los roles, tanto principales como secundarios, son todos buscavidas que oscilan entre el animal que usa la violencia como método de vida y supervivencia (el propio Corcoran) y el que se aprovecha de la situación complicada de otros (el capitán de policía lo hace con pequeñeces, pero el padre de Robert lo hace a lo grande). Todos tienen su lado sombrío y trágico que a veces se sobrepone a la razón. Muchos han sufrido más allá de lo resistible por un ser humano y son incapaces de encontrar su rumbo en el mundo; en este sentido, la trama de la niña violada llega a resultar escalofriante y durísima. De hecho, como resultado de la época dura en que viven, los protagonistas ven modificadas sus vidas a golpe de tragedia constante: es impresionante la cantidad de secundarios relevantes que mueren y deforman todo este microcosmos en un instante.

En los personajes destaca otro gran punto a favor: la química y complicidad entre ellos se maneja muy bien y resulta crucial en muchos momentos, pues miradas y gestos hablan tanto como las palabras. Los actores, sin ser extraordinarios, están convincentes en sus papeles, y en concreto Tom Weston-Jones sorprende bastante después de su flojísima interpretación en Un mundo sin fin: aquí parece otro actor. Por el lado contrario, aunque todos tengan un lado tenebroso muy atractivo, ningún rol obedece a un dibujo complejo, y en ocasiones se fuerza su presencia en el capítulo: los guionistas se empeñan en meterlos a todos en casi todas las historias, hasta el punto de que parece que sólo ellos viven en la ciudad. Algunas secciones además, como la del médico y su mujer, no son especialmente llamativas.

Se nota que es una producción nada barata, porque la ambientación es exquisita, pero obviamente el dinero no es infinito y hay limitaciones… que son sorteadas con bastante atrevimiento, pues prácticamente todos los fondos en planos amplios son digitales, es decir, prácticamente todo lo que se ve de la ciudad está puesto en postproducción. Y se nota en ocasiones, pero no como para molestar. La dirección es francamente buena, y la fotografía resulta aún mejor, otorgando un tono oscuro que da un toque aún más sombrío a la ciudad y sus habitantes.

Aunque Copper claramente va destinada a un público adulto (es dura y sucia como pocas), también es evidente que pretende ser una aventura distendida, fácil de ver, pues no hace alarde alguno de trascendencia, densidad y complejidad como acostumbran a ofrecer las series de su rango de edad, sino que resulta un entretenimiento ligero y de nulo poso. Así pues, Copper es una producción bastante atípica, y si bien este primer año no resulta especialmente notable sí tiene calidad suficiente como para que te lo pases muy bien viéndola.

Copper es una creación de Tom Fontana y Barry Levinson (este último con larga carrera como productor, guionista y director en cine), que como demostraron en Oz son un expertos en ahondar en la violencia del ser humano. También supone la primera serie original de BBC America para EE.UU.

LOS BORGIA – TEMPORADA 2.

The Borgias
Showtime | 2012
Drama, histórico | 10 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Neil Jordan, James Flynn, Sheila Hockin, Steve Matthews.
Intérpretes: Jeremy Irons, François Arnaud, Holliday Grainger, Lotte Verbeek, David Oakes, Colm Feore, Peter Sullivan, Aidan Alexander, Sean Harris.
Valoración:

En poco difiere la segunda temporada de Los Borgia con respecto a la primera. Tiene sus mismos puntos fuertes y las mismas limitaciones que hacen de ella una serie de intrigas históricas correcta y muy bien recreada pero lejos de lo que cabe esperar de la televisión actual, capaz de dar producciones del nivel de Los Tudor o Juego de tronos. Por desgracia, el salto cualitativo que esperaba no parece haber llegado, aunque al menos esta tanda de episodios carece de altibajos notables.

Los líos personales de la familia Borgia avanzan lentamente, pero aunque se agradecería más energía y movimiento nunca llegan a aburrir. Destacan la búsqueda de marido para Lucrezia, el plan de Giuliano para envenenar a Rodrigo o la caída en desgracia de Juan. La trama bélica y religiosa es más atractiva, pues ofrece conflicto y aventuras más intensos y emocionantes. Los asedios, las tretas, los engaños, las negociaciones y demás jaleos que rodean al pulso constante que mantiene el Papa para no perder su posición añaden densidad y fuerza a los sencillos y previsibles dramas personales, y de nuevo salvan a la serie de acercarse peligrosamente a la calificación de intrasdencente o incluso fallida. En cuanto a los personajes, aunque bien perfilados en general, a todos les faltan todavía un par de puntos en su dibujo y desarrollo, quedándose a mucha distancia de lo que serían grandes roles (y vuelvo a poner Los Tudor como ejemplo). Si tengo que destacar alguno, me quedo con el inquietante asesino y torturador que Cesare lleva consigo a todas partes, Micheletto.

En el trabajo actoral seguimos obviamente en la misma situación, pues los protagonistas son los mismos. El desequilibrio entre figuras experimentadas como Jeremy Irons u otras muy bien elegidas como Holliday Grainger (Lucrezia) comparado con los flojos y por momentos pésimos papeles de otros protagonistas principales como son los de los hermanos Borgia, François Arnaud (Cesare) y David Oakes (Juan), es demasiado evidente y resta bastante calidad a la serie.

Por el lado contrario, la puesta en escena resulta de nuevo tan excelsa que suma puntos extras a la hora de su valoración global. Su aspecto de superproducción te deja boquiabierto en muchas escenas, aunque no sea de las más caras de la actualidad (la HBO tiene series que duplican el presupuesto de esta). El vestuario y los decorados son sublimes, y con ellos la vida en las calles o en los palacios son recreadas a lo grande, destacando claro está los conatos de batallas y asedios. La profesional dirección de cada capítulo, unida a una iluminación y fotografías de calidad, ofrecen un acabado visual de primerísimo nivel.

Ver también:
Temporada 1.

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 3.

The Big C
Showtime | 2012
Género | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Laura Linney, Neal H. Moritz, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver, Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hickey, Gabourey Sidibe, Susan Sarandon.
Valoración:

Todos los protagonistas han cambiado mucho desde el inicio de la serie, pero en esta temporada la evolución es aún más notable. Adam sigue madurando y buscando la forma reafirmar su personalidad, lo que implica alejarse de los padres. Su inmersión en la religión no cuenta con el agrado de Cathy (genial el episodio de la subasta, cuando ella recupera el coche), pero él sigue adelante. Tras su infarto Paul ha cambiado su perspectiva de la vida y, como hizo Cathy con el cáncer, decide ir a por todas, no desperdiciar lo que le queda de existencia. Conoce a Joy (Susan Sarandon), una emprendedora de reuniones emocionales, de esas que dan charlas sobre cómo ser feliz, y termina metido en el mundillo hasta el cuello. Andrea ahora se hace llamar Ababuo, para acercarse a sus raíces africanas. Aparte de sus roces con la lucha racial se apunta con Paul como secretaria. Sigue sin ser un personaje tan definido como los demás, pero también sigue manteniendo su vitalidad y simpatía y funciona constantemente como brújula moral y contacto con la realidad para la disfuncional familia. El único que falla un poco es Sean, pues en esta sesión está un poco infrautilizado. Su parte es más de alivio cómico, y queda algo en segundo plano. Además, usar casi todo el año el tema de la línea erótica cansa, aunque luego lo mejoran con un trío amoroso delirante.

En Cathy, protagonista absoluta de la serie, el cambio es bien palpable también, pero además resulta más interesante pues ha ido dando poco a poco un giro hacia el lado oscuro. Parece que The Big C ya no versa sobre una Cathy desesperada viendo que el cáncer la engulle, situación que aprovechaba para intentar vivir y atar cabos con la familia, sino que ahora se ha dejado llevar por la inercia y usa la enfermedad como excusa para evadirse y renegar de su vida tal y como la conocía. La temporada se va volviendo cada vez más siniestra (desde un tono de comedia, ojo), poniendo a Cathy como una egoísta desenfrenada que a veces parece la villana de la función. Vive alguna tragedia que la pone de nuevo como víctima (el timo del embarazo), pero el resto del año se dedica a sus excesos y al distanciamiento de la realidad y de su familia. La doble vida en el bar o la escapada final casi parecen eliminar la posibilidad de redención en el personaje, pero supongo que el próximo año se abordará este tema.

Es indudable que The Big C ha perdido en cada nueva temporada un poco de la energía y calidad que ofreció en su inmenso primer año, pero lejos de algunas críticas que la ponen por los suelos, a un servidor le sigue pareciendo una dramedia de gran nivel, con personajes excelentes, un ritmo muy equilibrado y muchas historias gratificantes. Además, el capítulo final es enorme.

Showtime ha firmado por una cuarta y última temporada de cuatro episodios de una hora, un formato extraño que equivale a ocho episodios de media hora.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.