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DEVS – MINISERIE


FX/Hulu | 2020
Drama, suspense, ciencia-ficción | 8 ep. de 43-55 min.
Productores ejecutivos: Alex Garland.
Intérpretes: Sonoya Mizuno, Nick Offerman, Alison Pill, Jin Ha, Zach Grenier, Karl Glusman, Cailee Spaeny, Stephen McKinley Henderson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento por encima argumento y temática. —

El escritor Alex Garland entró en el mundo del cine cuando adaptaron en el año 2000 su novela La playa (publicada en 1996). Ahí conoció al director Danny Boyle, con quien colaboró en dos títulos más, 28 días después (2002) y Sunshine (2007), bastante exitosos pero que no mostraban por ninguna parte el talento que se empezó a ver en ellos más tarde, pues eran unos torpes compendios de todos los clichés de los géneros zombi y ciencia-ficción. Dredd (2012) no valía para deducir si Garland estaba creciendo como escritor, por ser una serie b sin ambición, pero luego dio el salto a dirigir sus propios guiones y llamó bastante la atención. Aunque disten de ser redondas, Ex Machina (2014) y Aniquilación (2018) son obras de ciencia-ficción muy sugerentes y están rodadas con talento y pasión, lo que hace perdonar bastante sus limitaciones y fallos.

Cuando se anunció que iba a escribir y rodar una miniserie, los fans del género que lo teníamos en la mira la esperamos con interés. Con más tiempo y libertad para desarrollar las historias, ¿veríamos su potencial desplegado en su máximo esplendor? Pero en vez de observarse maduración y mayor amplitud de miras se ve un acomodamiento a fórmulas facilonas combinado torpemente con un tono pretencioso que acaba resultando más bien en unos lastimeros delirios de grandeza.

Cuando un relato de misterio va construyendo la trama sobre premisas, giros y detalles vagos y muy artificiales ya se puede ir intuyendo que no dará respuestas concretas. Uno bueno desgrana la información de forma que la suma de datos permite hacerse una idea del destino, da pie a que puedas ir reconstruyendo el enigma central. Uno muy bueno además será capaz de lograr un giro final que desmonte tus esquemas, pero llega ahí habiendo puesto sutilmente la semilla que lo hace verosímil, o sea, de forma que no parezca un giro salido de la nada, una farsa cutre. Un gran ejemplo es Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017); en series, Black Sails (Robert Levine, Jonathan E. Steinberg, 2014) tiene una temporada final con sorpresas de ese tipo muy bien ejecutadas. Un escritor mediocre y vago elude los datos consistentes, porque no los tiene, así que cuando parece acercarse hacia algo salta con una salida por la tangente, con fuegos artificiales para desviar la atención. Pero hay otra clase de autores que van más allá, que se creen buenos pero acaban patinando con una grandilocuencia que puede ser entre cargante e hilarante. Lo peor es que suelen tener éxito: ahí están Mr. Robot (Sam Esmail, 2015) y Dark (Baran bo Odar, Jantje Friese, 2017) como buena muestra de ello. Devs cumple todos estos nefastos puntos con nota… incluído el aspecto de engatusar a numerosos espectadores y medios, que están obsesionados con ella como si fuera un gran hito de la ciencia-ficción.

Un punto de partida interesante y un acabado que trata de ser hipnótico pueden llamar la atención de primeras. El amago de ofrecer una historia con varias ramificaciones parece asentar unas buenas bases en los tres primeros capítulos. En San Francisco, el centro mundial de las nuevas tecnologías, tenemos una empresa ambiciosa y un directivo endiosado, se presenta una intriga de espionaje industrial, y de fondo, se siembra la semilla de la fascinación por lo desconocido: ¿qué están desarrollando en la parte secreta de la compañía?

Pero nada llega a tomar forma, sino todo lo contrario, la escasa consistencia inicial se desinfla rápidamente. Para empezar, el punto de partida es exactamente el mismo que en Ex Machina. Jóvenes entusiastas y adoradores de esa figura mitificada logran acercarse a ella e ir descubriendo su investigación que promete cambiar el curso de la historia. En aquella cinta entrábamos en un sugerente análisis sobre las inteligencias artificiales, la frontera entre humano y máquina, la ética en el tratamiento de estas creaciones… Aquí vamos por otro camino en argumento pero también en calidad y alcance: la tecnología en que trabajan es pura fantasía, la intriga todo clichés que no llevan a ninguna parte, el conjunto acaba arrastrado hacia un dramón muy básico, y todo ello está adornado con infinidad de enredos narrativos de mala calidad… y de dudoso respeto de cara al espectador, porque son engaños descarados.

Tenemos personajes extremos, marcados por una sola característica forzada e inverosímil. El equipo de Devs, el proyecto secreto, es un despiporre sin pies ni cabeza. Un viejo muy viejo y un joven muy joven de sexo indeterminado. ¿Qué se nos quiere decir con eso? El realizador sabrá. Un jefe que parece a punto de llorar a todas horas, porque sólo lo mueve el drama familiar que vivió, nada más se tiene en cuenta para tratar de elaborar alguna personalidad. Una subdirectora o lo que sea que lo acompaña y que no se sabe qué hace, pues aquí no se explica nada, se limita a poner cara de sobrada, de “sé cosas que tú no”. Parece que nadie más trabaja realmente ahí salvo el viejo y el niño/niña, eso sí, con tecnojerga y pantallitas llenas de enredos, nada que sea verosímil y venga de un esfuerzo real; los directivos sólo dan algunas órdenes, en plan “sigue trabajando”, y echan broncas cuando consiguen un gran avance porque… yo qué sé, nada tiene sentido; bueno, en realidad hay algunos extras que entran y salen de escena sin que quede claro qué pasa: trabajan ahí a tiempo parcial o qué. Aparte está el jefe de seguridad, que sí hace de todo él solito a pesar de estar a punto de morirse de viejo, así que el típico intento de mostrar un matón inquietante resulta más bien gracioso, porque parece estar en todas partes a la vez aunque le cuesta llegar a la puerta del despacho sin asfixiarse.

La anodina protagonista principal, recién introducida en este mundo, se sustenta en unos pocos amigos y novios que mueven su historia según se requiera, pues tras decidir que investigará lo que ocurre no vuelve a tener autonomía, no hace prácticamente nada nada concreto por sí misma. Lo gracioso es que algún personaje llega a decir que admira su determinación, cuando sólo va de un lado a otro empujada por los demás sin mostrar motivación alguna. Y tampoco que estos secundarios que la ordean vengan a salvar al situación, pues son meros motores de la trama, sólo sirven para ponerle encima las nuevas pistas o misterios, tampoco tienen dimensión alguna.

Sumando el nefasto reparto, no podía resultar un grupo de personajes menos conmovedor y más aburrido. Viendo sus trabajos anteriores, está claro que las mujeres niña andróginas, cual robots asexuados, son un fetiche de Garland, pero al menos podía tener en cuenta un poco las dotes interpretativas: Sonoya Mizuno está horrible. Y sus novios igual, Jin Ha y Karl Glusman cada cual da más vergüenza ajena y provoca más rechazo. Aunque habría que ver si el problema es el director, porque tenemos actores de gran talento probado, como Nick Oferman (Parks and Recreations, 2009) y Alison Pill (En terapia, 2008) como los directivos de Devs, de los que si por esta serie fuera diríamos que son intérpretes muy limitados.

Una vez entrados en materia, las pocas maneras a las que apuntaba el estereotipado entramado de historias se viene abajo rápido, a partir del cuarto episodio damos tumbos sin rumbo, y si Garland apuntaba bajo, en adelante acaba quedándose por completo sin ideas, rellena como puede un par de capítulos enteros para poder acabar con ocho, y se estrella a lo grande en un final para el que por suerte ya llegaba sin expectación ni esperanzas de ningún tipo.

Lo de que en Devs se está cociendo algo muy gordo no tarda en intuirse como un artificio manipulador sin nada detrás. Resulta que en un cubículo estrafalario donde curran cuatro mataos está el destino del mundo. Con una máquina hecha de tubitos de cobre, tan ridícula como la de Dark, se redefinirá el conocimiento humano del universo en un proyecto con repercusiones científicas, sociales y tecnológicas increíbles. Y de todo lo que se podría tratar, de la infinidad de análisis antropológicos, filosóficos y científicos que se podían hacer, sólo se habla de que el pobrecito jefe sufre una pérdida de seres queridos, lo que lleva a un improvisado e infantil ensayo sobre determinismo y libre albedrío… y, lo peor de todo, con unos ramalazos religiosos vulgares y esperpénticos. Para ser pretencioso al menos debes mostrar inteligencia tras la verborrea, así que sólo encontramos sensacionalismo y paridas, vaguedades y embustes. Como en Perdidos, se eluden las respuestas con más preguntas y desvíos de atención. Como en Mr. Robot, meten momentos chocantes por la fuerza para intentar provocar, como innecesarias peleas a tortas y muertes sangrientas, y otros numeritos visuales mal encajados.

En el final el despiporre es ya demencial: rompe las propias reglas establecidas, como para intentar provocar un shock por sorpresa, pero da igual, por arte de magia (aquí ciencia ninguna) acaba todo como se veía venir muy de lejos (si es que hasta detalles secundarios, como el mendigo, resultan obvios desde el segundo o tercer capítulo).

La línea de misterio con indagaciones de la protagonista nunca da sensación de peligro. Cómo va a darlo, si puede estar encerrada en un sitio de gran seguridad y salir andando por la ventana, si el matón sólo mata a personajes que el guionista considera que ya no son útiles y deja convenientemente al resto con vida… y al final Garland incluso logra superarse con una escena de las de enmarcar entre las más estúpidas del año: la protagonista llega a ir a casa de los asesinos que la persiguen a pedir explicaciones de por qué lo hacen… y estos se las dan.

En la puesta en escena Garland también intenta apuntar alto con pretensiones más que con visión y conocimiento. El ambiente hipnótico de Ex Machina y Aniquilación se generaba por el buen nivel del acabado visual y porque la necesaria unión con la historia funcionaba. Es decir, el estado de ánimo de los personajes se reforzada por las imágenes y estas eran coherentes con lo narrado además de hermosas. Aquí da igual lo que pase, todo se rueda con la misma iluminación naranja, la cámara andando lentamente de acá para allá en un ballet que lejos de resultar hipónico como dicen se hace cargarte ya desde el primer episodio. Sólo nos salimos de la tónica para tratar de epatar los sentidos con enredos absurdos: las lámparas del bosque, las columnas de oro (¿qué gilipollez es esta?) y el sobrecargado interior del edificio no impresionan, y menos sin en cada capítulo los enfoca veinte veces como diciendo “mira qué maravilla”. La música también sigue la estela de Mr. Robot, rarita sin venir a cuento. Los efectos especiales no dan la talla, el edificio de Devs y la estatua gigante cantan demasiado, y los coches (¿¡por qué hacen los coches por ordenador!?) parecen sacados de un videojuego de hace años. El escaso presupuesto también se nota en los escenarios y decorados, que son cuatro mal contados; se dejaron todo el dinero en el interior de Devs, con mucho enredo pero poco sentido.

Alex Garland ha patinado a lo grande en su paso a la televisión, cayéndose del pedestal en que lo teníamos los amantes de la ciencia-ficción. Estaba claro que era una adoración precipitada, pero desde luego apuntaba maneras y no se esperaba que cayera tan bajo repentinamente. Devs es una pérdida de tiempo total, de esas que te dejan cabreado por haberte dejado engañar.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 5 – HOTEL

FX | 2015
Fantasía, suspense | 12 cap. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Bradley Buecker, Tim Minear.
Intérpretes: Kathy Bates, Sarah Paulson, Evan Peters, Denis O’Hare, Wes Bentley, Chloë Sevigny, Matt Bomer, Cheyenne Jackson, Angela Bassett, Lady Gaga, Mare Whinningham, Finn Wittrock.
Valoración:

Por fin American Horror Story ofrece una temporada sin la patente irregularidad de la que ha ido haciendo gala año tras año, incapaz de alcanzar el nivel de su estupenda etapa inicial en la casa encantada. El hotel Cortez ha dado mucho más juego que el asilo (donde se acumulaban las historias sin conexión ni interés), las brujas (más o menos lo mismo, aunque con personajes más atractivos), y el circo (que empezó bien pero patinó en su desenlace). No llega a ser deslumbrante, pero mantiene un estilo más cohesionado y desarrolla unos personajes e historias mucho más concretos y llamativos.

La ambientación es la más lograda, quizá incluso mejor que la de la casa encantada. El morbo de que se base mucho en hechos reales, tanto por el hotel como por los asesinos en serie que van apareciendo, combinado con la fantástica estética ochentera, le ha dado una personalidad genuina muy atractiva. La puesta en escena está más comedida, centrada en obtener el tono adecuado para la historia en vez de abusar de enredos visuales como antaño (sobre todo con las brujas). Y cabe destacar la selección musical, donde han empleado temas icónicos con gran sabiduría: Depeche Mode, She Wants Revenge, Joy Division, New Order y muchísimos más. De hecho la banda sonora les ha tenido que costar bastante dinero.

Presentan un nuevo y amplio grupo de protagonistas, como es habitual, pero esta vez su dibujo y desarrollo es mucho más certero. Prácticamente te interesas por todos, y algunos en especial resultan encantadores. La condesa vampira juega muy bien con los cánones del género: es sugerente, inquietante, temible, trágica… La pega es que Lady Gaga hace un papel muy flojo; se salva porque cumple con su pose entre seria y erótica, pero cuando debe mostrar más registros se notan enormes carencias. La travesti Liz Taylor es adorable, y la combinación con la gruñona de Iris ofrece una pareja fantástica. Además los papeles Denis O’Hare y Kathy Bates como siempre son magníficos. Sally la yonki, con sus penurias y lágrimas, es otro acierto, y Sarah Paulson cada vez mejora más como actriz. El detective John (Wes Bentley), obsesionado con cazar a un asesino en serie, tiene un viaje de lo más movidito. Su mujer, Alex (Chloë Sevigny), es otra tragedia personificada: la historia del hijo desaparecido parece previsible pero tiene giros muy eficaces. James March (fantástico Evan Peters), el gerente fantasma del hotel, es descacharrante, y su criada (Mare Winningham) aficionada a limpiar manchas de sangre ni te cuento. Los únicos principales algo flojos son dos los guaperas que se lían con la condesa, que a veces incluso me costó distinguir. Sus historias entran y salen y nunca llegan a captar la atención a pesar de ser aparentemente relevantes en gran parte del año. Uno de ellos sirve para introducir a Ramona Royale (Angela Bassett), y ella sí deja huella a pesar de tener una historia corta: es la archienemiga de la condesa.

Todos danzan en la órbita del hotel y de esta condesa, con historias largas muy jugosas, otras más secundarias también aprovechadas con habilidad, y algunas breves muy entretenidas (todos los visitantes ofrecen buenas escenas… y buenas muertes). Pero sobre todo, lo que funcionan son las historias personales, los esfuerzos y fracasos en las tortuosas y dramáticas vidas que tienen. Como es esperable, la tragedia y la muerte están a la orden del día, con buenas cantidades de gore y más erotismo que de costumbre. También me han encantado los breves enlaces con otras temporadas, que no destriparé.

Así pues, American Horror Story casi recupera el nivel con el que empezó la serie: una historia que reinventa muy bien tópicos de los géneros que abraza (El resplandor, vampiros, la vida en los ochenta…), con muchos giros efectivos y tramas secundarias entretenidas, un grupo de personajes estrafalarios que se hacen querer u odiar, una ambientación con personalidad… Pero sigue faltándole una pizca de equilibrio a la mezcla. Alguna aventura podría mejorarse, el ritmo tiene algunas fallas a pesar de tener tanto que contar, los desenlaces no todos funcionan, y el capítulo final es un pequeño desastre. Básicamente la temporada termina en el undécimo, sólo quedan un par de cabos sueltos que despachan no muy bien para lanzarse de repente a un nuevo relato (la vidente conocida en la casa encantada) que a estas alturas no pinta nada, resultando un epílogo muy torpe, tan ajeno al resto que descoloca y no es capaz de despertar interés alguno.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 – Asylum (2012)
Temporada 3 – Coven (2013)
Temporada 4 – Freak Show (2014)
-> Temporada 5 – Hotel (2015)

JUSTIFIED – TEMPORADA 6 Y FINAL

FX | 2015
Drama, suspense, acción | 13 ep. de 50 min.
Productores ejecutivos: Graham Yost, Michael Dinner, Timothy Olyphant.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jere Burns, Jacob Pitts, Erica Tazel, Sam Elliott, Mary Steenburgen, Garret Dillahunt, Justin Welborn, Natalie Zea, Rick Gomez, Jeff Fahey, Kaitlyn Dever, Jonathan Tucker, Jonathan Kowalsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la trayectoria final de los protagonistas con sumo detalle.–

Estaba claro que en la última temporada nos ofrecerían por fin el esperadísimo duelo final entre Raylan y Boyd, que con tanta habilidad habían ido posponiendo los guionistas sin caer en giros tramposos, sin estirar burdamente la situación. Y lo desarrollan con el mismo buen hacer: sin trucos rebuscados y a la vez sin tirar por caminos predecibles. La verdad es que esperaba alguna las dos cosas, pero por suerte el desenlace está muy bien cuidado, tiene algunos momentos inesperados muy acertados entre otras despedidas más clásicas pero muy efectivas.

Un claro sello de la serie es el villano sobre el que hacer girar la temporada y los demás malhechores del lugar. Avery Markham (Sam Elliott) es otro gángster poderoso e inquietante muy bien descrito, y sus secuaces resultan todos atractivos y dan mucho juego. El más destacado está en manos de Garret Dillahunt, uno de esos secundarios que siempre está muy cómodo como malo de la función, pero casi le gana la partida Jonathan Tucker con un personajillo perturbador, Boon, aunque eso sí, su presentación amenazando a ciudadanos en un restaurante fue un tanto forzada. La órbita de Markham atrae a viejos conocidos, como el sobreviviente Wynn Duffy, y enlaza con otros más nuevos, como Katherine Hale (Mary Steenburgen), y por su puesto Boyd acaba metido en guerra con ellos. La trama del año es si conseguirá Boyd asaltar la atestada caja fuerte que tiene este terrateniente, y si los Marshal, con Raylan a la cabeza, lo pillan en pleno acto para poder encasquetarle por fin un crimen que lo deje en la cárcel de por vida.

El conflicto evoluciona con el habitual humor negro y las aventuras secundarias variadas y siempre entretenidas. En el primer caso tenemos los esperables giros geniales, como la carnicería en la caravana de Duffy, el experto en cajas fuerte que acaba explotando, el montañero que se presentaba como la salvación de Ava pero acabó muerto en su soledad… En el segundo, como ha venido ocurriendo con la maduración de la serie, las historias más breves se decantaban cada vez más por tener relación directa con el arco del año: las compras de tierras y el acoso de los secuaces de Markham en el proceso han sido esenciales para cimentar la sensación de que este mafioso estaba alterando, desde el lado del crimen, la vida en Harlan. Cabe destacar que me ha encantado cómo la temporada trata con valentía un tema muy actual: la legalización de la marihuana podría llegar a la zona, dejando de criminalizar el único negocio que tienen muchos pobres del lugar. Markham intenta hacerse, por la fuerza si es necesario, con todas las tierras posibles antes de que los paletos se den cuenta de la llegada de una salida a su marginalidad económica y legal.

Entre medias los guionistas también aprovechan el factor nostalgia, recuperando brevemente a unos cuantos habitantes míticos de la serie, como Dickie Bennett, Bob el vigilante tontaina, o Limehouse, y darle un final a otros tantos que siempre han estado ahí: Dewey Crowe (cómo se traga la trampa de Boyd), Mike (el guardaespaldas de Duffy)… Aunque la que más destaca por tiempo y relevancia es la chiquilla Loretta McCready, que se mete contra Markham en un par de escenas magistrales. Pero en cambio vuelve a dar la sensación de que no consiguen obtener de los otros marshal el protagonismo que piden a gritos, aunque esta vez no quedan relegados hasta dar penita como otras veces. El pequeño retiro del jefe y el ascenso de Rachel saca más partido de ella; los roces con Raylan y sus métodos son muy divertidos, por ejemplo. Pero Tim, aunque también tenga sus momentos, sigue pareciendo un gran secundario muy desaprovechado. Aparte, Winona, la ex de Raylan, aparece lo justo para estirar lo de que se quiere ir a Florida para cuidar de la hija en común.

En la trama global, el enfrentamiento entre los dos protagonistas con Ava de por medio, hay muchísima tensión y drama en el ambiente. Que Ava sea un topo de Raylan pone la sombra de la guadaña sobre su cabeza en prácticamente todos los capítulos. Y cuando Boyd la descubre… madre mía, cómo acojona el paseo por el bosque. Pero en realidad nadie lo tiene fácil. Raylan está de nuevo en sospecha ante sus jefes, porque de nuevo se juega muy bien con su lealtad ambigua y su estilo en plan salvaje Oeste: ¿se liará con Ava, se saltará la ley para acabar con Boyd? Mientras, Boyd vuelve a comprobar que ser un rey del crimen te deja sin amigos: traiciones y problemas en fila uno detrás de otro.

Creo que el único modo de escapar de nuestra ciudad con vida es no haber nacido allí -Boyd.

Yo daba por sentado que alguien moriría de los tres, que siguiendo el tono melancólico y trágico de la serie esto acabaría en desastre, que los guionistas no se arriesgarían a hacer nada extraño que tuviera posibilidades de disgustar a los seguidores. El tiroteo en la noche en el bosque maximiza esa sensación: esto tendrá un final oscuro. Pero para mi sorpresa se trabajan un final más complejo, con diversos clímax (fugas y tiroteos en cantidad) muy bien planteados, huyendo de lo previsible con inteligencia y mucho tacto. Sí, al final también acabamos con una despedida amarga, con la melancolía tradicional en plan “la vida es un asco aunque tomes buenas decisiones, pero si las tomas malas sufrirás las consecuencias”. Pero ofrece menos sangre de la esperada, se inclina más por poner a los personajes ante un nuevo ciclo de sus vidas, uno muy atado a su camino y decisiones recientes.

Después de todo eso aún mejora la cosa, con los epílogos entre Raylan y Ava y luego entre Raylan y Boyd, que poseen una carga dramática y emocional enorme, mostrando todo lo que han vivido los personajes y señalando que la existencia seguirá siendo dura y difícil: Raylan y Winona están separados, Boyd en la cárcel como empezó, incapaz de sobreponerse a su lado oscuro, Ava huyendo constantemente de un pasado tormentoso. Las mentiras de Raylan a Boyd para alejar a Ava de su mente y mantener al hijo en secreto, que probablemente no se cree pero acepta como única posibilidad de redención, dan una escena de cierre sublime para uno de los mejores capítulos finales que he visto. Me mantuvo con el corazón en un puño en todo momento, y tras el fundido en negro me dejó con la sensación que debe dejar una buena serie y un buen final: la de haber vivido una pequeña parte de mi vida al lado de personajes que casi he podido tocar. Extrajimos carbón juntos.

Justified termina por todo lo alto, en su mejor año. Y además se va, según creo yo, como una serie de culto, pues no ha tenido un gran éxito de crítica y público, ni tampoco se puede decir que haya sido una obra de primera división (sólo el último capítulo resulta excelso), pero tiene un férreo grupo de admiradores enamorados de su encanto especial, de su estilo único y de sus personajes tan carismáticos o todo lo contrario, tan patéticos y fracasados. Cuando empecé a verla me pareció una tontería, y ahora la voy a echar muchísimo de menos.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Primeras impresiones.

FARGO – TEMPORADA 2

FX | 2015
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Noah Hawley, John Cameron, Warren Littlefield.
Intérpretes: Kirsten Dunst, Patrick Wilson, Jesse Plemons, Jean Smart, Ted Danson, Jeffrey Donovan, Angus Sampson, Bokeem Woodbine, Zahn McClarnon, Cristin Milioti, Rachel Keller, Allan Dobrescu.
Valoración:

Me sorprende mucho la fascinación que ha despertado la segunda temporada de Fargo a pesar de ser incapaz de repetir la fórmula mágica de la primera. Allí ya se veían algunos fallos (subtramas innecesarias, como la del rey de los supermercados) que aquí son la tónica habitual, lo que sumado a otros problemas se traduce en una patente falta de equilibrio narrativo. Donde antes teníamos una serie única y embriagadora, ahora queda un batiburrillo de ideas que no llevan a nada.

La esencia del filme en que se inspira parece estar ahí de primeras. Nos encontramos ante individuos raritos y un entorno de violencia que los engulle en una historia con un tono de humor entre absurdo y negro. Hay un montón de situaciones extrañas, con momentos que tiran al surrealismo, y tenemos diálogos grandilocuentes y monólogos recargados. Pero a la combinación le falta savia, inteligencia y cohesión. Y la cosa empeora cuando se ve que el guionista Noah Hawley parece poner el empeño en saturar el relato con muchas ideas en vez de concentrarse en narrar bien algo más concreto y centrado, en una fallida obsesión con abarcar más de la cuenta, cuando lo que funcionó en la película y la primera temporada fue la sencillez, exprimir al máximo unos pocos protagonistas envueltos en una odisea delirante que mezclaba hábilmente el thriller con un humor ácido, casi cruel. Aquí no se sabe si pretendía hacer cine del oeste, thriller, drama personal, retrato americano, épica criminal a lo El padrino, comedia negra… porque no hay un pilar firme que mueva la narrativa, todas las ideas e historias se meten descuidadamente y a la fuerza. Demasiados frentes, subtramas poco llamativas, anécdotas irrelevantes, personajes rebuscados metidos con calzador, y muy poco avance real. Como resultado, la temporada más que arrítmica carece de rumbo, dando tanto tiros al aire como vueltas en círculos, con lo que se hace larga y pesada.

El enfrentamiento entre bandas que atrapa a algunas personas normales resulta una historia floja y mal hilvanada, y alrededor se monta toda esa parafernalia ostentosa pero a la postre insustancial. El guion no es capaz de ir más allá de unos pocos protagonistas con potencial entre una serie de roles fallidos y unos diálogos que resultan muy artificiosos. Ni siquiera se cuida bien el entramado criminal de cada bando: no se sabe cuántas tropas tienen, aparecen y desaparecen soldados por arte de magia, no puedes hacerte una idea de quién lleva ventaja porque el siguiente capítulo puede empezar con una batalla de decenas de personas que no sabes de dónde han salido.

Sólo logré interesarme por los Blumquist y en menor medida por la pareja de sheriffs, pero su aventura está a años luz del fascinante periplo de Lester Nygaard y las vidas tan atractivas de Gus Grimly y Molly Solverson. El resto de caracteres resultan entre indiferentes y cargantes. Me importó un bledo la familia mafiosa, cuya descripción resulta tan predecible como el posterior desarrollo del conflicto. Sus rivales fueron puro humo, aquí no hay un villano temible como Lorne Malvo, ni siquiera funciona la imitación que hacen con el indio (aunque tiene un par de escenas bastante potentes a pesar de ser puro relleno). El asesino pedante Mike Milligan resulta insufrible, y para colmo es el mejor ejemplo del problema más evidente de la temporada: el artificio sobre la inteligencia y la coherencia. El tío sale en todos capítulos haciendo exactamente lo mismo, y de ahí no se mueve, como si tener un tipo rarito y unos monólogos inflados bastara para dar forma y profundidad al relato. El resto se estanca de la misma manera hasta que algún giro chorra cierra su historia: la vieja y su ambición, el hermano peleón y sus rabietas, la rubita tontita y sus visitas al asesino, el hermano que parece tonto pero es el único que pone algo de cordura… Todos los episodios y personajes repiten el mismo esquema. En la primera etapa los secundarios tenían su momento, sus apariciones espaciadas. Aquí tienen una presencia constante, pero al no tener un recorrido amplio, se limitan a repetir su característica de rigor en todas las escenas; y ese es tiempo que se quita a las figuras principales, me temo.

Por suerte esos protagonistas que funcionan lo hacen bastante bien y salvan el año, aunque haya que quitar mucha paja e incluso arrastre algún tramo que casi resulta soporífero. La línea de los tontos y torpes Blumquist es la única con una evolución dinámica, y los personajes son encantadores. Además los actores Jesse Plemons y Kirsten Dunst lo bordan, en especial esta última, que logra uno de los mejores papeles del año. El carisma de Ted Danson y Patrick Wilson realza bastante a los dos sheriffs, y aunque me temo que su viaje está algo más limitado tienen también algunos buenos momentos. Por lo demás, nada que destacar en una temporada que está cerca de resultar un despropósito. Hasta la puesta en escena, en la superficie muy llamativa por su notable aspecto visual, tiene sus carencias: va con el piloto automático puesto, hay demasiada exposición y vacile visual (muy bonito el encuadre, sí) cuando se tenía que buscar más energía y ritmo (que me dueeermo). Escenas dispersas, reiterativas, plomizas y sin objetivo a la vista hay a puñados.

Le ha pasado como a True Detective. Lo que nació como miniserie tiene que quedarse como miniserie, extenderla no funciona porque el guionista tiene que trabajar a destajo para estrenar un año después, cuando la escritura de la primera tanda fue realizada con mucho detenimiento. O si acaso, si ven que no llega a tiempo y con calidad, deberían convertirla en una producción coral, en conjunto con otros autores. Por suerte con la tercera temporada no van a forzar las cosas: no llegará hasta 2017. Curiosamente, la segunda sesión de True Detective fue vapuleada sin miramientos a pesar de tener algunas virtudes destacables, pero Fargo es aclamada sin verle ninguno de sus muchos fallos.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
-> Temporada 2 (2015)

JUSTIFIED – TEMPORADA 5

FX | 2014
Drama, acción, suspense | 13 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Graham Yost, Michael Dinner, Timothy Olyphant.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jere Burns, Jacob Pitts, Erica Tazel, Michael Rapaport, James Le Gros, Damon Herriman, Alicia Witt, Natalie Zea, Jacob Lofland, Amy Smart.
Valoración:

Empezamos justo donde acabó la cuarta temporada, con Ava y Boyd en un punto de inflexión importarte en su odisea criminal. El protagonismo que toma Boyd sigue creciendo, hasta el punto de que en este año parece el personaje principal en detrimento de Raylan. Los líos de Ava en la cárcel, las disputas familiares, la pugna constante por mantener su dominio criminal… Es un no parar, con varias tramas paralelas cada cual más jugosa.

Decía en la etapa anterior que los guionistas habían encontrado el tono, que la serie había alcanzado su madurez después de tres años irregulares. Aquí se mantiene el nivel, y eso que repiten la fórmula de forma bastante descarada e incluso con algo de torpeza al principio. Incluyen una nueva familia de criminales de poca monta en cuyas fechorías andará Raylan fastidiándolos cada dos por tres, pero de primeras asusta, porque su aparición inicial es algo fallida. Ese viaje a Florida es un tanto forzado, y la presentación de los nuevos caracteres resulta torpona, por precipitada y mal explicada. Pero en cuanto los llevan a Harlan y los meten en jaleo con los Crowe la cosa cambia. De nuevo tenemos una buena historia de crímenes con un estilo peculiar, pues el drama rural mezclado con el humor negro sigue funcionando a las mil maravillas. De una escena de gran tensión (todos tan locos y violentos que puede liarse parda en cualquier momento) pasamos a un chiste cínico de cuidado, en la notable parodia del mundo del crimen que mantiene la serie: los paletos criminales fallan más por su incompetencia que por las habilidades de Raylan.

Volviendo al Marshal, está algo apartado en aventuras un poco de relleno, más ligeras y ajenas a los líos de familias en el condado, pero la mayoría son bastante amenas, aunque eso sí, la falta de trascendencia hace que se olviden muy rápido. El romance con la asistente social es interesante, el tema de la casa del rico es un puntazo, el viaje con el chaval y su padre no está mal tampoco. Y en pequeñas dosis va creciendo la rivalidad con los nuevos enemigos, donde como digo los guionistas tiran de lo que saben que funciona (las típicas entradas chulas de Raylan) pero lo hacen de forma tan hábil que la temporada resulta tan intensa y entretenida como la anterior.

Aparte de las limitaciones inherentes a la serie (la puesta en escena de bajo nivel y lo desaprovechados que están los compañeros de la ley en contraposición con los amplios y fascinantes grupos criminales), el único fallo es que los viajes a Chigaco, los tejemanejes con las mafias de allí, terminan siendo un tanto rebuscados y exagerados. Por ello el tramo antes del desenlace pierde un poco de equilibrio: se deja de lado la aventura gamberra en pos de una trascendencia bastante impostada, con toques de Tarantino poco eficaces (la habitación de hotel con Boyd, Duffy y los de Chigaco). Por suerte el final de temporada sí cierra todo bien, y sobre todo, cuando aquí se lanzan a un drama más serio (el niño obligado a mentir), logra ser bastante emotiva.

PD: Elmore Leonard, el autor de los relatos en que se basa la serie, falleció antes del estreno de esta temporada de un infarto cerebral a los 87 años de edad.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Primeras impresiones.

JUSTIFIED – TEMPORADA 4

FX | 2013
Drama, suspense, acción | 13 ep. de 40-45 min.Productores ejecutivos: Graham Yost, Elmore Leonard, Michael Dinner, y otros.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Nick Searcy, Joelle Carter, Jacob Pitts, Jere Burns, Mike O’Malley, Erica Tazel, Natalie Zea, Ron Eldard, Jim Beaver, Abby Miller.
Valoración:

Justified vuelve a encontrar el tono tras un tercer año que deshacía lo andado en el segundo, redondeando la fórmula hasta conseguir la temporada más equilibrada, fluida y emocionante hasta ahora. Sigue sin verse por ninguna parte la gran serie que algunos se empeñan en defender, pero como entretenimiento cumple de sobras. De hecho algunos de sus fallos siguen ahí, empezando por la puesta en escena regulera que falla en momentos clave (los tiroteos pierden bastante por el mediocre montaje, las conversaciones dentro de coches en movimiento son horribles) y el poco partido que sacan de algunos secundarios.

Lo primero a destacar es como siempre Raylan Givens, el marshal de culo inquieto con tendencias justicieras que se mete en fregado tras fregado para desesperación de su jefe. El carisma de Timothy Olyphant sigue siendo esencial para realzar un personaje que podría haber sido mítico si la serie hubiera alcanzado mayores cotas de calidad e influencia. Desde el primer capítulo empieza deslumbrando con la captura de un fugitivo y el trato que le da, pero momentos con su estilo hay otros tantos, como cuando busca enfrentarse con el ex de su actual novia o cuando dispara a un sheriff sospechando que era un impostor. Lo que sigue sin funcionar del todo es la exmujer. Sí, ella y el embarazo sirven para darle a Raylan algo de trasfondo y de humanidad, pero los guionistas no terminan de llegar a ninguna parte con la relación entre ambos, parece que ni siquiera buscan la típica relación en tensión, porque de hecho ella cada vez tiene menos protagonismo. Sale tan poco ni recuerdo cómo acabó embarazada ni qué fue del novio que tenía. Además al final se van al lado contrario, forzando cosa mala su presencia en la trama, porque el desenlace con la familia en peligro es predecible y sensacionalista.

En la comisaría tenemos los otros personajes desaprovechados, y sigo sin entender por qué los mantienen en los créditos como principales. Supongo que en algunas investigaciones es más verosímil que vaya acompañado de otros agentes, pero historias concretas con ellos sólo tenemos la de Tim con los veteranos de guerra, que no está nada mal pero no termina de darle vida al personaje, y algunos roces divertidos de Raylan con el jefe. Rachel continúa sin levantar cabeza, quedando relegada a un par de escenas en toda la temporada.

Más relevancia se le da a los villanos secundarios (Duffy, Augustine) y al séquito de Boyd, donde el juego a dos y tres bandas del primo Johnny y las meteduras de pata de Colton mantienen bien la intriga sobre si Boyd caerá por sus propios hombres. Y este gran Boyd Crowder por fin está aprovechado plenamente en historias propias y líos con Raylan sin parecer una presencia forzada en ningún instante. La dinámica entre ambos se mantiene muy bien, y esto es una sorpresa, porque mantener la rivalidad durante tantos capítulos, alternando entre momentos de calma y momentos de tensión pero sin llegar a un punto en que no fuera verosímil postergar el enfrentamiento final, es algo muy difícil de conseguir y de hecho anteriormente no lo lograban. Las veces que se cruzan tememos que pase algo de una vez entre ellos, pero cuando las cosas se medio solucionan no da la sensación de dar tramposas vueltas en círculos. Hasta las tramas secundarias de Boyd, como la del religioso que le quita clientes, funcionan de maravilla. De hecho la forma de vencer a este tipo es fantástica. De ahí pasamos a los jaleos con los ricos (donde hace gala de gran inteligencia, pero también excesiva ambición), los jaleos con Duffy y Detroit, el miedo a que descubran el cadáver que dejó Ava, el lío en que se va metiendo la puta tontita Ellen May… Es un no parar de aventuras muy bien enlazadas y con giros bien trabajados, algunos incluso con buenas sorpresas, en especial al final cuando le devuelven alguno de sus golpes o cuando nos dicen por fin quién es Drew Thompson, el misterioso fugitivo tras el que todos andan.

Y eso es lo mejor de la temporada: todas las tramas, y son bastantes, tienen su tiempo bien medido y denotan buena planificación, de forma que se combinan muy bien, porque de una forma u otra casi todas las cosas acaban conectadas. El hallazgo de la bolsa, el interés de varios grupos en ella y las andanzas particulares de Boyd son los troncos principales, pero ramificaciones hay muchas. Hasta los casos sueltos ya se alejan completamente de parecer el caso del día (el fugitivo negro da mucho juego, por ejemplo). Otro gran logro es que consiguen hacer relevantes (y temibles) a personajes que no llegamos a ver, como el mafioso jefe de Detroit, Theo Tonin. Es cierto que eso complica a veces saber de quién están hablando, o que la guerra entre sus herederos queda un poco rara al mencionarse de pasada, pero se manejan muy bien los miedos y repercusiones de estos grandes mafiosos en los criminales locales.

La otra gran virtud es que la serie se encontró su tono hace tiempo y este sigue siendo esencial para conseguir una serie con cierta personalidad: la combinación de humor negro e ironía a la hora de tratar a los paletos sureños y los criminales ofrece muchos buenos momentos de humor.

PD: fatal el casting de una treintañera para hacer de adolescente de dieciséis o así (la que entra en casa de Raylan).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 4 – FREAK SHOW

FX | 2013
Suspense, fantasía | 13 ep. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Tim Minear.
Intérpretes: Sarah Paulson, Evan Peters, Kathy Bates, Jessica Lange, Angela Bassett, Emma Roberts, Denis O’Hare, Michael Chiklis, Frances Conroy, Finn Wittrock.
Valoración:

Brad Falchuk y Ryan Murphy nos llevan en esta temporada a un circo de fenómenos que sobrevive a principios de los años cincuenta. En su actual emplazamiento la feria enfrenta el ocaso de una profesión que permitía tener un sustento a estas gentes expulsadas de la sociedad por sus deformidades. Y por si la crisis de la profesión no fuera suficiente, todavía luchan contra viejos fantasmas: ese rechazo trae también los linchamientos y ejecuciones cuando los pueblerinos buscan culpables de sus desgracias. La aparición de un asesino en serie, un payaso loco que siembra el caos entre los lugareños, abre la veda para la persecución de los fenómenos.

El año empieza con bastante más fuerza que los dos anteriores gracias a que presenta unos personajes más sólidos y atractivos. Es cierto que Jessica Lange repite un rol de lideresa ambiciosa sin escrúpulos, pero Elsa Mars pronto resulta más interesante que la bruja de la etapa precedente, porque parece más humana, porque sus heridas son más tangibles, y sobre todo porque su lastimera obsesión por hacerse un nombre en el negocio, aunque sea a costa de dejar a los suyos en la estacada, resulta inquietantemente divertida.

Recuperamos a Evan Peters en un papel que permite ver su valía como actor: el chico langosta es fiel a los suyos, carismático y valiente. Kathy Bates se aprovecha muy bien otra vez, pues la mujer barbuda muestra un viaje emocional bastante completo. Sarah Paulson encarna a las siamesas, dos cabezas y dos personalidades encantadoras cuya historia de crecimiento personal y búsqueda de un lugar en el mundo también da mucho de sí. El resto de feriantes queda en un plano más secundario, pero todos tienen algo que aportar: la gigante, la enana, la mujer sin piernas, el hombre sin brazos… Y todos estos además son fenómenos reales, solo con la siamesa y la barbuda han usado maquillaje y efectos especiales.

Sabiamente relegan la aparición de otros protagonistas, de forma que no saturan en los primeros capítulos. El forzudo (Michael Chiklis) y la mujer de tres pechos (Angela Bassett) darán para un buen drama familiar junto al chico langosta y la mujer barbuda, porque las relaciones guardan interesantes sorpresas. Denis O’Hare y Emma Roberts son una pareja de caza-fenómenos que se infiltra en el circo para obtener especímenes que vender a museos de horrores. Y aparte tenemos la fascinante historia de Dandy (Finn Wittrock), el chico mimado y malcriado por una madre que le consiente todo (Frances Conroy), y quien irá sacando su vena de asesino psicópata poco a poco. Wittrock, que se dio a conocer en Masters of Sex, es la nueva incorporación a la serie y logra la mejor interpretación de la temporada.

La puesta en escena se inclina por una línea más clásica, evitando las locuras previas. Se agradece, porque ese estilo no parecía encajar aquí y porque en la etapa de las brujas se le veía un desgaste importante. Los únicos encuadres variopintos son fruto de encajar las dos cabezas de la siamesa, que además se llevaría gran parte del presupuesto. Aunque sí encontramos un recurso atípico en otro elemento: la idea de poner canciones de los años ochenta en los numeritos de Elsa (con predilección por David Bowie) ayuda a generar una atmósfera irreal.

Lamentablemente, los guionistas se quedan sin ideas a mitad de la sesión. Una vez terminadas las tramas del payaso asesino y del lío con los lugareños no saben desarrollar nuevas historias, y los personajes se estancan en una dinámica repetitiva que no lleva a nada. Por si fuera apoco pronto se ve que con conscientes de ello pero que su único recurso es rellenar y amagar: cuántos falsos asesinatos tenemos que tragarnos, tanto por parte de la pareja infiltrada como por las constantes disputas en el propio circo, empezando por los tejemanejes de Elsa. Así a ojo, las siamesas no-mueren tres o cuatro veces, hasta el punto de que una vez me sorprendí de verlas de nuevo, pensando que definitivamente habían fallecido.

Media temporada dando vueltas en círculos acaba con la paciencia de cualquiera. Poco hay que salvar de los agotados personajes, como mucho las penurias del chico langosta, tanto en el tema familiar como en su esfuerzo por defender al grupo, y el paso al lado oscuro de Dandy. Pero me temo que incluso con este último aparcan lo inevitable hasta los capítulos finales: el reguero de muertes tan largamente anunciado, cuando llega, ya no puede sorprender, porque lo hace tarde y de forma precipitada. La posición final de otros personajes tampoco sorprende: el viaje de Elsa se ve venir de lejos y se le dedica demasiado tiempo, mientras que el destino de los pocos supervivientes del circo es tan insípido que ni lo recuerdo a la hora de escribir esto.

Otra cosa que hacen mal los guionistas es meter a última hora un par de personajes nuevos. El capítulo centrado en contarnos el pasado de Pepper es el colmo del relleno innecesario: aparte de lento y aburrido no aporta absolutamente nada a un personaje que apenas pasa de figurante y que finalmente vemos que no tiene nada nuevo que decir. Y la aparición estelar de Neil Patrick Harris como nuevo loco asesino también sabe a trampa, porque intenta desviar la atención de los hilos principales y porque se expone todo con prisas cuando con los protagonistas van a paso de tortuga. Aunque por eso mismo se puede decir que termina ofreciendo algo de entretenimiento por aportar ritmo y frescura.

Es triste acabar una temporada con tanta desgana y desinterés por lo que le pase a los protagonistas cuando en el inicio de la misma estos te han llegado con fuerza. Pero es lo que ocurre cuando los guionistas no planifican bien el año, cuando no saben dosificar personajes y tramas. Y la verdad es que es difícilmente perdonable, porque escriben sabiendo que será una temporada cerrada.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 – Asylum (2012)
Temporada 3 – Coven (2013)
-> Temporada 4 – Freak Show (2014)
Temporada 5 – Hotel (2015)