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DAREDEVIL – TEMPORADA 2.

Netflix | 2016
Productores ejecutivos: Doug Petrie, Marco Ramirez, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Jon Bernthal, Elodie Yung, Vincent D’Onofrio, Rosario Dawson, Scott Glenn, Royce Johnson.
Valoración:

La serie la puso en marcha Drew Goddard, pero no duró mucho porque prefirió centrarse en proyectos cinematográficos de superhéroes, con lo que terminó siendo desarrollada por su mano derecha, Steven S. DeKnight. Pero este ha partido también a otros trabajos en cine, dejando paso a otros colaboradores, Doug Petrie y Marco Ramirez. Tanto cambio no es buena señal, porque la posibilidad de que el producto mantenga o supere el nivel alcanzado por sus artífices originales es remota. Y en Daredevil no se ha cumplido. Los nuevos encargados, aunque estuvieran implicados a menor nivel desde el principio, no tienen la pericia de quienes nos ofrecieron un primer año tan notable. Son muchos los puntos oscuros y los deslices de esta nueva etapa que también arrastra desgana y flojera en grandes cantidades. Para mi sorpresa, la mayor parte de los espectadores no parece haber sentido mucho el cambio, pero a mí me ha costado acabarla por ser algo aburrida y fallida, cuando la primera me la vi dos veces seguidas de lo que me fascinó.

Había una buena base. El típico viaje iniciático del héroe y el villano así como las relaciones con los amigos resultaban muy atractivas por la enorme calidad de los personajes, que además eran realzados por los excelentes actores elegidos. La atmósfera ofrecía un universo más maduro y serio de lo habitual, con lo que en cierta manera, aunque se notaba la inspiración en algunos thrillers cinematográficos influyentes de los años setenta, parecía traer aire fresco al género de los superhéroes. Y para rematar, la puesta en escena fue modélica. Pero los productores ejecutivos actuales no llegan a alcanzar el listón a pesar de tener cierta experiencia en series (Petrie salió, como Goddard y DeKnight, de la sala de escritores de Buffy, la cazavampiros). La trama y las relaciones entre personajes tienen baches e incoherencias, y eso cuando no andan en círculos. Los diálogos son un poco ramplones a veces, las situaciones en que se van viendo implicado los protagonistas carecen de empaque, de novedad, de capacidad para emocionarte. Y además se le suman algunos errores de casting y el abuso de un único estilo para las peleas, con lo que el acabado visual no impresiona tanto. Así, la temporada se queda bastante corta, resulta irregular. Si se salva es porque no llega a ser una catástrofe y cumple en lo básico, pero desde luego me ha resultado bastante decepcionante.

El primer gran problema es el estancamiento, que se acusa sobre todo en los personajes. Entiendo que los escritores quieran reservar los pasos importantes de sus vidas para la parte final, pero hasta entonces no puedes estar amagando y volviendo para atrás, tienes que andar en una dirección clara y hacerlo con equilibrio y verosimilitud. El dilema de Matt de hasta dónde llegar con la violencia se atasca a pesar de la presencia del Castigador y de Elektra, es decir, a pesar de que la serie no hace más que hablar de ese tema. La relación con los amigos está en un punto bajo por los líos que los agobian y porque Matt los abandona por su álter ego, pero se expone fatal, pues cada capítulo repite prácticamente lo mismo, retrasando los avances reales mucho más de la cuenta. Peor acaba la atracción entre Matt y Karen. Creo que es la relación en tensión amorosa más torpe que he visto. Hasta en series tan largas como Expediente X eran capaces de apañárselas para no dar un paso definitivo pero ir mostrando cambios suficientes en la dinámica como para mantener el interés. Aquí los meten en citas que a todas luces señalan que están enamorados y deberían estar folleteando, pero en la siguiente escena es como si no hubiera ocurrido nada, para en el próximo capítulo repetir el patrón; y así se tiran la mitad del año.

Con Castigador y Elektra tratan de exprimir la dualidad héroe-villano, pero no logran despertar demasiado interés. Castigador sale bien parado en líneas generales: entendemos al individuo, resulta oscuro y trágico en el tono de la serie… Pero podría haber dado mucho más de sí. Es constante la sensación de que se repiten los mismos dilemas o mensajes morales en todas sus apariciones, sin mostrar evolución alguna aunque estemos en situaciones que van cambiando (combates, juicio…), y las motivaciones no sorprenden, su historia resulta demasiado predecible. Con Fisk partían también de lugares comunes y aun así resultó un rol sobrecogedor. ¿La diferencia? Pues que el guion no llega. Elektra se queda mucho más atrás, resultando es un fallo gravísimo de planteamiento y escritura. No se explica casi nada de ella, y eso a pesar de tener numerosos flashbacks (monótonos y previsibles la mayoría). ¿Qué sentido tiene la relación de Matt con ella, qué la mueve, qué espera del mundo y qué traumas la han formado hasta el punto de disfrazarse y luchar por causas extrañas? Se muestra el entrenamiento con Stick, pero no es suficiente para justificar sus acciones, y más cuando va por libre; y su personalidad desde luego queda sin definición. Qué pereza me dan sus apariciones, y qué poco entiendo por qué Daredevil se apunta a todo con ella en vez de tratar de mantener cerca a sus otros amigos. Stick tampoco me convence, aunque esto viene desde su presentación: tan forzadamente críptico que necesita ayuda y no da respuestas ni facilidades a sus supuestos aliados, con lo que la intriga con él resulta artificiosa.

Pero estos dos nuevos protagonistas acaban por los suelos por dos fallos imperdonables: el casting es horrible y las dos secciones se cierran con giros infames. La trama de la Mano ya es puro humo de por sí, pero las revelaciones finales sobre Elektra no hay por dónde cogerlas. El Castigador también tiene un cierre (o punto de inflexión más bien) demencial, con ese giro de telefilme barato que saca la sorpresa final por donde menos te lo esperas y por donde menos verosímil parece. Y no entiendo cómo en una serie que cuidó tantísimo el reparto en la primera temporada, donde hasta los extras que hacían de matones parecían actores de primera y no simples figurantes, han podido rebajar tanto el nivel como para fichar dos intérpretes principales tan mediocres. Elodie Yung carece de registro y de carisma, lo que agrava la apatía que despierta el rol. Jon Bernthal cumple por los pelos por el físico de boxeador retirado y su mirada intensa, porque como actor de drama es un manta: frase con tensión fingida, mirada para el lado, frase, mirada… Todo el rato igual, sin cambiar ni una pizca esté en la situación que esté; de hecho hace exactamente el mismo papel que en The Walking Dead, donde ya debería haber sido etiquetado como actor a evitar y aun así lo siguen fichando aquí y allá. Para colmo, han dado el visto bueno a la serie The Punisher/El Castigador.

La trama tiene las mismas carencias. Nos encontramos con más frentes abiertos pero a la larga resulta que estamos atascados en una historia cíclica. El progreso llega a trompicones, muchas veces sin explicar, otras desaprovechando el material. Hice todo un artículo hablando de cómo el plan Marvel llegó por fin a las series para romper los clichés y dar al género el paso a la maduración tan esperada, y ahora resulta que la historia de la Mano es digna de un serial antiguo: elementos y giros sensacionalistas (ese agujero gigante en el suelo, el absurdo ataque al hospital, la cápsula misteriosa, leyendas rebuscadas, etc.), personajes y dilemas atascados en bucles, y muchas peleíllas simples y repetitivas con extras saltimbanquis. Y todo para hacer un Perdidos, es decir, tras mucho misterio y trampa argumental exagerada realmente no han mostrado nada, acaban con más batallas pero sin dar respuesta a nada concreto. También hay algún receso incomprensible: para qué dedicar gran parte de un capítulo a presentar la entrada del nuevo irlandés en su banda si su relevancia en las tramas es muy escasa y no va más allá de ese episodio. Aparte, en el tercer acto recuperamos a Fisk, y por suerte aquí no patinan. El gran mafioso (Kingpin) sigue resultando imponente y su futuro me atrae muchísimo más que el de los demás personajes.

Las carencias se notan también en los detalles: los deslices o directamente agujeros de guion abundan por todas partes. Son infinidad, así que sólo menciono los más notables. Qué cutre la herida de Elektra curada metiéndole unas tenazas dentro y luego echándole bicarbonato mezclado con otras mierdas de la cocina… pero es que encima ni la vendan, y al día siguiente está en pie repartiendo hostias. Con el buen dinero que parecen haber echado en la serie podrían haberse currado una oficina mejor para el periódico, que da risa: resulta que están todos apretados en un despacho y un pasillo estrecho, y el editor le da a Karen (una investigadora aficionada ajena al diario) el despacho del periodista muerto, ¡que lo tiene ahí vacío! La peor escena del año podría ser la fiscal arrepintiéndose como una niña: una corrupta, una trepa, mentirosa y manipuladora de las que hacen época, se acobarda cuando las cosas se ponen difíciles y suelta sus secretos casi llorando, en un giro de manual para sacar a los protagonistas del apuro; no, no cuadra en alguien con tanto poder y tanto que perder. Las apariciones de la enfermera están metidas con calzador sin cuidarlas lo más mínimo: es como si nadie más trabajara en el hospital, hasta el punto de que maneja una crisis de varios pacientes graves sin ningún médico residente cerca; luego te sacan el lío de la junta, pero resulta que sólo es para tratar de tapar la inverosimilitud que genera tener decenas de ninjas-muertos-vivientes por ahí y que nadie se cuestione nada. Madame Gao dice que la competencia que lidera Blacksmith es más numerosa y fuerte que sus soldados, y que el barco donde tienen la mercancía estará muy vigilado, pero luego vemos que hay dos tíos inútiles ahí; con ese nivel de información es normal que le esté comiendo terreno; pero no, no queda bien, se supone que ella es una maestra del crimen. Los ninjas descubren que soltando las espadas Daredevil no los oye, pero en vez de seguir zurrándolo con esa nueva ventaja se largan sin más.

Y por desgracia, la desgana del guion afecta al aspecto visual. Donde antes se buscaba un acabado formal virtuoso y con picos que te dejaran anonadado, ahora van con la inercia, con el piloto automático puesto. Se curran un par de escenas espectaculares (la batalla de Daredevil por las escaleras, la del Castigador en la cárcel) para intentar mantener el estilo marcado, pero no me vale si el resto se descuida bastante. En parte es por la falta de garra y originalidad de la escritura: todos los conflictos se desarrollan de la misma forma, sean las peleas contra Castigador o contra los ninjas. En parte también porque hay nuevo director de fotografía y nuevos directores que no han estado a la altura. El resultado es que el desgaste asoma pronto la patita, perdiendo factor sorpresa y factor asombro, e incluso llegando al punto de que se empiezan a ver muchos fallos. La contienda en la azotea entre Daredevil y Castigador fue bastante mala, con una falta de pegada bien patente, algunos golpes mal rodados y ese francotirador que no acierta una. Incluso la gran escena de las escaleras es imperfecta: intentan simular un plano secuencia y los cortes cantan bastante, por no decir que se alarga hasta perder fuerza. Pero sobre todo, las constantes luchas con los ninjas van bajando el nivel hasta acabar en un desenlace que deja muy mal sabor de boca. Es como si los directores se fueran cansando, poniendo cada vez menos esfuerzo y cuidado. Los extras que esperan su turno para ser golpeados, las patadas al aire, las coreografías sin savia… y por mucho que esto sea fantasía, al final no puedes dejar de preguntarte por qué no usan armas de fuego en vez de perder tiempo y esfuerzo en darse puñetazos. Matt es que no parece aprender nada del Castigador y de Elektra, metiéndose en berenjenales gordos sin buscar ventaja alguna. Llévate un táser o dardos con sedantes por lo menos, que pareces tonto.

Resumiendo en pocas palabras, el gran mal de la temporada es el no saber exponer, desarrollar y cerrar adecuadamente las distintas historias, y ello permite que se vean las costuras del relato. Si Daredevil sigue por este camino puede acabar deshilachándose. Y el plan Marvel para series ha dejado de brillar bien pronto. Esperemos que sólo sea una mancha.

PD: Por lo visto el traje de Daredevil no gustó a muchos fans, así que van cambiándole detalles poco a poco. Yo no le veía ningún problema.

Ver también:
Temporada 1.

DAREDEVIL – TEMPORADA 1.


Daredevil
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Drew Goddard, Steven S. DeKnight, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Toby Leonard Moore, Vondie Curtis-Hall, Bob Gunton, Ayelet Zurer, Rosario Dawson.
Valoración:

Matt Murdock es un abogado que al quedar ciego en la juventud adquirió superpoderes con los que puede sentir y “ver” lo que hay a su alrededor como ningún otro, pero también creció en él una visión personal de la vida muy concreta: hacer de su barrio algo mejor. Hell’s Kitchen (la cocina del infierno) es una zona de Nueva York que no levanta cabeza, llena de crimen y miseria, y Matt pretende cambiar las cosas. Como hombre de ley luchará desde dentro del sistema, pero como héroe enmascarado perseguirá a los criminales a golpes bajo el amparo de la oscuridad.

Sus compañeros en el despacho que acaba de formar son el abogado Foggy Nelson, su mejor amigo desde la universidad, y Karen Page, que toma el puesto de secretaria cuando estos la ayudan en su caso contra una oscura corporación. Esta investigación los llevará hacia la estela de Wilson Fisk, un empresario ambicioso que parece ser también el capo más poderoso de la zona. La mano derecha de este último es Wesley, fiel hasta la médula y lleno de recursos, mientras que los héroes se apoyarán en el periodista Urich, especialista en historias de mafias. Hay algunos secundarios más, pero sólo son realmente relevantes Vanessa, el amor de Fisk, y Claire, la enfermera que ayuda a Matt.

El creador de la serie es Drew Goddard, quien creció como guionista con Joss Whedon en Buffy, la cazavampiros y Angel y terminó de formarse colaborando en Alias y Perdidos. Pero no tardó tiempo en hacerse un nombre en el cine también, con Cloverfield y La cabaña en el bosque (siendo además director en esta última). Desde entonces no deja de enlazar producciones de alto nivel, como las adaptaciones de las novelas Guerra Mundial Z, The Martian (dirigida por Ridley Scott nada menos) y la futura Robopocalypse. Vamos, que se ha convertido en uno de los guionistas más respetados y solicitados… hasta el punto de que la factoría Marvel lo sacó de la serie para escribir Sinister Six (Los Seis Siniestros), donde finalmente también dirigirá. Con Goddard dejando la producción en plena gestación, Steven S. DeKnight tomó las riendas como showrunner, acompañado eso sí por numerosos productores ejecutivos. DeKnight es otro que salió de Buffy y Angel, y luego pasó por Smallville y Spartacus, tanto escribiendo como produciendo.

El plan Marvel es iniciar una saga de series interconectadas que terminarán uniéndos en otra. Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage e Iron Fist tendrán su temporada, o temporadas si el éxito acompaña, y darán lugar a The Defenders, como en el cine las películas se juntan en Los Vengadores. También llamativo es que se han inclinado por un tono adulto y oscuro, algo muy de agradecer en un género que, salvo excepciones como el Batman de Nolan, suele andar falto de esas cualidades. Por ello sus creadores se inspiran más en los thrillers de los años setenta y ochenta (Serpico, French Connection o Taxi Driver son las más evidentes) que en la onda de héroes, magia y los tópicos habituales. La corrupción del sistema, la ciudad inmersa en un caos criminal y las solitarias figuras que emergen en las sombras para luchar contra ello copan las tramas, dejando la fantasía más pura de los superhéroes más poderosos para las películas de Los Vengadores.

Desde sus primeras escenas se puede ver el mimo puesto en la producción, la intención de buscar algo más serio y de primera calidad. La fotografía e iluminación que juega con las sombras y los contrastes es una elección arriesgada, pero con el virtuosismo del que hacen gala los realizadores tenemos una impronta muy característica y realmente impactante donde controlan muy bien que la atmósfera sea tenebrosa y deprimente pero se vea con claridad la acción y el rostro de los protagonistas. El tempo narrativo es contenido, se busca no sólo exponer a través de los personajes, sino hacer que la escena luzca bien, de forma que cautive. Así, se esfuerzan mucho en las conversaciones de personajes sentados, algo esencial porque son mayoría, pero explotan por completo en las de acción, que tienen además un extra de dificultad, porque aquí se lanzan sin miedo hacia la consecución de ese sello de calidad que los haga resonar en la exigente televisión actual. Las coreografías elaboradas y rodadas con maestría son la tónica habitual, pero de vez en cuando se permiten unos vaciles impresionantes. La lucha en el pasillo del segundo capítulo sin duda queda para los anales de la historia televisiva, un plano secuencia de insólita complejidad, aunque quizá no tanta originalidad, porque se inspira claramente en la pelea principal de una película coreana de culto, Old Boy (Oldeuboi, Chan-wook Park, 2003). Pero no es la única remarcable, hay otras tantas escenas espectaculares que te dejarán a cuadros. Aquí hay que señalar el magnífico uso de dobles, donde sólo si afinas mucho puedes llegar a notarlos en un par de planos (y porque Scott Glenn -Stick- es un viejales y los movimientos tan ágiles no cuadran). Redondean el acabado una sutil música que es quizá muy sencilla pero funciona bastante bien, y unos títulos de crédito hipnotizantes.

Otro aspecto vital son los actores, y estos también están perfectos. Charlie Cox (Matt Murdock), Deborah Ann Woll (Karen Page) y Elden Henson (Foggy Nelson) se hacen enseguida a sus roles y muestran una estupenda química entre ellos, transmitiendo verosimilitud desde las primeras escenas. Siendo un relato que se sumerge bastante en la mente de los protagonistas era crucial tener intérpretes que se luzcan en el campo de las emociones, y no falla ninguno. A Ann Woll la conocía por True Blood y no tenía ninguna duda sobre sus habilidades, Cox mostraba carisma en Boardwalk Empire, pero hasta verlo aquí no sabía si podría aguantar un personaje principal tan exigente, y Henson me era totalmente desconocido. Ahora bien, incluso en este buen nivel el veterano Vincent D’Onofrio (Ley y Orden) te deja sin aliento con su imponente, hosco y temible Wilson Fisk. La frase “No soy un monstruo… ¿verdad?” es de las que hacen época. Este se ve rodeado por dos secundarios que también clavan sus personajes, Ayelet Zurer como Vanessa y Toby Leonard Moore como Wesley. Él consigue una interpretación llamativa en un personaje serio en extremo, y ella no se queda atrás: resulta sutil y erótica a pesar de la sobriedad que emana. Y para rematar hay que señalar que el casting no descuida ni a los matones de Fisk, donde no cogen a simples extras, sino a actores muy competentes y carismáticos.

Una vez cautivado y enganchado irremediablemente por su arrebatadora impronta visual quedaba por ver qué tal navega la serie: el desarrollo de personajes y tramas, la coherencia narrativa, la fuerza de los diálogos… Es decir, qué tal resulta el elemento primordial, el guión.

Los escritores son conscientes tanto de las limitaciones del género como de esta historia en concreto, e intentan que las bases del relato sean muy sólidas. Se trabajan con esmero a los personajes, haciéndonos partícipes muy de cerca de sus problemas, anhelos, dificultades, vaivenes emocionales… Vivimos codo con codo con Matt y su deseo de hacer un mundo mejor, acompañándolo en el dilema de cuáles son los límites de la violencia y conociendo al detalle otros muchos recovecos de su personalidad. Con Karen y Foggy casi lo mismo, pero al ser más realistas resultan incluso más humanos: casi te convences de que son tus propios amigos. Cabe destacar la simpatía contagiosa de Foggy y la candidez de Karen, ambas conseguidas por el gran papel de los intérpretes y la excelente conexión que mantienen. Fisk se presenta fascinante, nunca se había realizado una aproximación a la piscología de un villano tan detallada y profunda. Como con los demás protagonistas, vemos de primera mano sus ambiciones y deseos, pero aquí cobran importancia sus puntos frágiles y sus desviaciones, llegando a vislumbrar y entender qué lo lleva a actuar de una forma u otra. Además la gama de sensaciones que transmite al espectador, oscilando entre la pena, el asco y el miedo, garantizan que no dejará frío a nadie… aunque puede llegar al extremo de provocar rechazo, de lo perturbador que resulta. Y para redondearlo tenemos la relación amorosa con Vanessa, que es excitante en todo momento: los tanteos, los miedos, las sutilezas, el acercamiento gradual… Acaba siendo mucho más interesante que la dinámica entre Foggy y Karen, que casi parece de relleno al lado de esta. Hay que señalar también los detalles más o menos velados sobre el pasado y posible futuro de personajes varios (¿tiene Karen secretos oscuros?, ¿qué pretende Stick y para quién trabaja?), que resultan intrigantes para el no lector de los cómics y buenos guiños para los fans.

Pero una vez salimos de la descripción y desarrollo de los personaje este guión no llega a ser redondo, porque el entorno donde los sumergen y el progreso de la trama fallan en algunos aspectos clave: le falta ritmo y vitalidad, y no queda del todo justificado por qué Fisk es el gran villano que dicen que es.

En el primer punto resulta obvio que hay largos tramos a los que no consiguen otorgarles suficiente ritmo, dejando la impresión de que a pesar de todo el potencial (espléndido aspecto visual, grandes personajes) la serie no avanza con la fluidez y fuerza suficientes como para aprovechar plenamente esas bases. Hay pasajes algo faltos de garra y que dan vueltas en círculos (cuántas veces Foggy y Karen se mantienen en pantalla con la excusa de salir a emborracharse, pero realmente no están haciendo nada; cuánto habla ella con Urich pero qué poco avanzan), y otras partes son bastante predecibles, porque al final, a pesar de tanto esfuerzo, no han sido capaces de esquivar el lastre de algunos estereotipos obligados por el género: la infancia de Matt no tiene mucha pegada y va perdiendo fuelle, y cuando llega la parte de Stick se vuelve bastante previsible y cargante; pero es que la de Fisk sólo sirve para presentar el detalle del cuadro, que sí, es genial, pero el resto del viaje a su pasado son clichés obvios que bastaba con señalarlos sutilmente; y ahí incluyo el destino del padre, que puede ser trascendental en su crecimiento pero se ve venir tan de lejos que deja la sensación de que era innecesario remarcarlo tanto.

La falta de vitalidad del entorno remarca estas carencias de ritmo, porque no parece pasar nada realmente importante a pesar del empeño en transmitir eso con el tono serio y ligeramente pretencioso del relato. ¿Es que nadie más vive en Hell’s Kitchen excepto los pocos protagonistas y unos cuantos criminales? No hay un entramado de personajes que nos recuerde que estamos en una gran urbe llena de gentes e historias, y casi la totalidad de escenas son en el despacho o en callejones y solares vacíos, dando la impresión de que no luchan realmente por nadie salvo por ellos mismos. Los realizadores se esfuerzan en darle personalidad a los secuaces y matones de Fisk, pero en cambio los héroes no parecen tener vida más allá del enfrentamiento con aquel: ni familia, ni amigos… ni otros casos. Por una vez me tengo que quejar de que a una serie le falte algo de procedimental. Estoy convencido de que le habría venido de perlas meter algunos casos secundarios para tapar estos agujeros. Servirían para mostrar la dinámica de trabajo (evitando tener que repetir las citas tontas -tontísimas- de Karen y Foggy), para justificar su sueldo (pero cómo se sustenta esta gente), y sobre todo para mostrar mejor el alcance de la organización de Fisk. La cansina anciana Elena, de la que te alegras de que muera de lo petarda que resulta, ejemplifica muy bien esta indefinición: es la única ciudadana que sufre las supuestas maldades infinitas de Fisk, el único caso que tienen contra él, y casi la única vez que los vemos batallar por alguien (Matt salva a unas pocas personas -las putas, el niño- en los dos primeros episodios, pero es una excusa para presentar sus habilidades).

De esta forma me temo que Fisk, pese a resultar por sí mismo un personaje memorable, no funciona realmente como villano. Primero, queda un tanto ambiguo su objetivo: ¿es un mafioso que quiere controlar el mundo del crimen o un tirano con una visión de romper el sistema para moldearlo a su gusto? Dice que quiere cambiar las cosas pero no es más que un capo con dinero comprando y vendiendo inmuebles. En su discurso de presentación al público habla de combatir crimen y pobreza como si se presentase a un puesto importante (concejal, fiscal o alcalde), algo que no hace, con lo que simplemente parece estar reforzando su fachada para seguir como hasta ahora. En otras palabras, su plan no se llega a concretar, ni siquiera se señala con claridad si se basa en el caos o en la dominación. Pero sobre todo, no se justifica claramente por qué los héroes lo consideran tan rápido como el archienemigo de la ciudad, si sólo tienen contra él algún roce con matones (Karen y la anciana) que creen asociados a él, pero sin pruebas tangibles. ¿Dónde está el plan megalómano, la siembra de crímenes numerosos y horrendos por todo el barrio o la ciudad? Como mucho, Matt descubre, persiguiendo delincuentes por la calle, que estaría implicado en el narcotráfico. Pero eso tampoco parece suficientemente probado como para llegar a la conclusión irrevocable de que Fisk es el mal último que asola el lugar. Y para colmo, cuando se convierte en una figura pública se cagan patas abajo, cuando en realidad no ha cambiado nada; es más, si acaso se volvería más vulnerable, porque cualquier cosa podría dañar su imagen.

Así pues, hay un desequilibrio importantísimo entre Fisk como persona y Fisk como villano (Kingpin), y la verdad es que me resulta sorprendente dada la evidente dedicación que han puesto en dibujar protagonistas complejos y humanos. Parece que poniendo tanto el foco en cosas concretas han perdido un poco la perspectiva global. No hay una gran trama con pegada que exprima y dirija mejor la dualidad héroe-villano, de hecho da la sensación de que lo poco que ofrecen además se explota tarde y mal, pues el giro que lleva a Fisk a la cárcel es endeble y repentino después de ir de forma tan vaga y lenta con la investigación.

Además hay otros detalles que pueden parecer poca cosa, pero son de esas casualidades y pequeños agujeros que se van sumando y terminan molestando. Qué conveniente que la mujer de Urich tenga la cabeza perfecta en el capítulo final para conseguir una escena de perdón lacrimógena. Por qué dicen que la vieja Elena no tiene a nadie y se encargarán ellos del entierro cuando capítulos antes nos han dicho que se llevaba tan bien con los vecinos que hasta se ayudaban con la comida. Qué oficina más lastimera tiene el periódico a pesar de que se supone que es uno importante en la ciudad (por cierto, no pudo ser The Daily Bugle por cuestión de derechos). Resulta bastante exagerado que Matt pueda escuchar todas las conversaciones de la policía desde una azotea, teniendo en cuenta lo grande que es la ciudad y la de ruidos que habrá interfiriendo; por ejemplo, que halle así a su objetivo en el episodio final resulta bastante forzado, no costaba nada que nos lo mostraran capturando a uno de sus hombres y robándole la radio, como ha hecho otras veces al buscar información. Y cabe preguntarse si se quedaron sin tiempo de rodaje o sin ideas en el desenlace, porque la pelea de Daredevil con Fisk está muy por debajo de las otras que hemos visto en la serie, con lo que después de la espera decepciona un poco.

En conclusión, Daredevil ha deslumbrado más por haber marcado un nuevo rumbo para las series de superhéroes que como serie en sí misma, pues a pesar de algunos puntos fuertes que rozan el sobresaliente también poee unas carencias dignas de mención. Pero no hay que poner el grito en el cielo porque “sólo” llegue al notable cuando tiene potencial para más, porque esto es sólo la presentación, y no de esta obra únicamente, sino de todo un universo que ha renovado el género pero sin duda también va a mostrar una nueva forma de hacer series.

PD: Con la de idiomas que se hablan en escenas enteras (español, ruso, japonés y obviamente inglés) se hace más evidente que nunca el sinsentido del doblaje. Supongo que en el paso al castellano convertirán a Elena en brasileña, como han hecho en otras muchas obras cuando hay personajes hablando nuestro idioma.
PD2: Eso de que decenas de chinos se queden ciegos voluntariamente para tener un trabajo de mierda es demasiado exagerado.

EL RESURGIR DE LOS SUPERHÉROES EN TELEVISIÓN.

¿Por qué el género de los superhéroes ha tardado tanto en despegar en condiciones en televisión? Hasta la llegada del plan de Marvel Television con ABC Studios y Netflix, salvo honrosas excepciones, no lograba alejarse de unos patrones muy limitados. Ojo, no voy a perder el tiempo citando las series anteriores a los noventa, porque su nivel de cutrez e ingenuidad hoy en día resulta insoportable y dudo que se salve alguna. Voy a centrarme sólo en la televisión moderna, los 90 y sobre todo el despunte desde el año 2000, cuando su madurez alcanzó cotas de originalidad, riesgo y calidad que superaban al cine. Tampoco tengo en consideración la sección Marvel de animación, con infinidad de series destinadas a los niños.

Ante esta edad de oro que redibujaba las fronteras narrativas con formas hasta ahora desconocidas y dejaba no pocas obras maestras entre un sinfín de series notables, muchos nos sorprendíamos y lamentábamos de que las cadenas y productoras siguieran empeñadas en considerar el género de los superhéroes algo de segunda: series baratas, destinadas a público juvenil y poco exigente, en las que ponían escaso o ningún esfuerzo por hacer algo de calidad. Sólo si hay suerte caen en manos de guionistas que son conscientes de las limitaciones y consiguen un producto amable y entretenido, aunque eso implica también falta de trascendencia y profundidad. En esa onda parecen estar The Flash (2014), Arrow (2012) y Agent Carter (2015, aunque esta la incluyo por estar relacionada con Los Vengadores, que de superhéroes no tiene prácticamente nada). Pero las demás que han ido surgiendo han seguido la nefasta estela de Lois y Clark (1993-1997), Smallville (que nació en este siglo, 2001-2011, pero parece de la época de la anterior) y semejantes, es decir, estancadas en el procedimental de tono juvenil, acobardadas a la hora de construir historias serias e inteligentes, con un nivel cualitativo que roza la vergüenza ajena… y con cierto éxito popular, porque a fin de cuentas el público demanda obras del género y se traga lo poco que haya.

Las críticas de Gotham (2014) señalan que repite esos cansinos patrones. Otras como Constantine (2014) no dejan huella alguna. Algunas se gestan tan fallidas que directamente mueren en el parto, como Wonder Woman (2011, la protagonizada por Adrianne Palicki, que fue motivo de burla cuando se vio el episodio piloto filtrado). Sólo Heroes (2006-2010) llegó a apuntar hacia un camino distinto, pero mucho me temo que las buenas ideas se les agotaron enseguida a los guionistas y el potencial de su primera temporada desapareció de golpe en el resto. Y sorprendentemente nadie parece haber intentado emular su fórmula de ofrecer un tratamiento más realista y complejo, salvo quizá Powers (2015, la primera serie de PlayStation Network), que al parecer se ha quedado en la fachada, viendo cómo la ponen a parir en todas partes.

La excepción a todo fueron Buffy, la cazavampiros (1997-2003), y su hermana Angel (1999-2004), obras que además salían casi de la nada, pues no se basaban en ningún cómic. Su creador Joss Whedon aprovechaba el viejo género de vampiros para construir un universo particular muy interesante, pero si destacaba era por su ingenio (tuvo algunas historias muy originales y arriesgadas) e inteligencia, que se notaba especialmente en el delicado y sutil tratamiento de los personajes, todos magníficos en su dibujo y encantadores y a través de los cuales exponía hábilmente temas sobre la juventud y la maduración. Con ellas quedó además patente el talento de Whedon como guionista, sobre todo en el género, donde ha terminado escribiendo cómics y películas de gran calibre.

Como habrá quedado claro por las referencias a los comentarios y críticas ajenos, estaba tan asqueado del género que no he visto ninguna moderna salvo Heroes (hasta que parecía evidente que no podía remontar). Quizá alguna se convirtiera en placer culpable si le diera una buena oportunidad, no digo que no, pero hoy en día no estoy dispuesto a rebajar expectativas, mi nivel de exigencia está al nivel de la buena televisión actual. Pero creí ver mis esperanzas cumplidas cuando se anunció Agents of S.H.I.E.L.D., la primera serie Marvel ambientada en el mismo universo que las películas, y encima vendida como una creación del gran Joss Whedon. Pero el estreno fue otra gran decepción, sólo tenía de Whedon el apellido y era otra producción con bases obsoletas y ninguna ambición. ¿Cómo pretendían los de Marvel trasladar el éxito del género en el cine a la televisión con una obra que parecía un subproducto de merchandising? Con ese nivel se me quitan las ganas de ver Agent Carter, que no la ponen nada mal, y desde luego no voy a tragarme eso de que la anterior mejora en la segunda temporada, porque para mejorar tendrían que rehacerla por completo y borrar la existencia de decenas de capítulos y personajes infames.

Pero el panorama ha cambiado de golpe por fin. Después de conseguir resultados simplemente correctos con Agent Carter y Agents of S.H.I.E.L.D. (críticas aceptables pero lejos de ser entusiastas, y poca pegada entre un público que suele ser muy fácil de enganchar), Marvel se ha puesto las pilas desarrollando, bajo la batuta de Jeph Loeb, presidente de la sección televisiva, un plan más ambicioso donde buscan una saga de corte adulto, serio, inteligente y desarrollada mediante una buena planificación: cuatro temporadas de distintas series interconectadas que terminarían en una miniserie. También pensaron en lanzarse a los nuevos métodos de emisión, es decir, en internet, para abarcar un rango más amplio de espectadores, pues ya tocan las cadenas tradicionales con aquellas dos. Finalmente fue elegida la cadena Netflix, supongo que por ser la más popular y mejor asentada por todo el globo (aunque hay que aclarar que la cadena no es productora, lo es ABC Studios, y estos sólo emiten, como hacen con muchas series). Y bueno, no descartemos que si tienen mucho éxito terminen haciendo películas para cine.

La series llegarían por este orden: Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage, Iron Fist, y terminarían uniéndose en The Defenders, sumando en total 60 episodios. Aunque las cosas parecen haber cambiado sobre la marcha, porque el exitazo de Daredevil (2015) les ha empujado a realizar su segunda temporada.

Daredevil es el personaje más conocido. En España llegó inicialmente como Dan Defensor, aunque su nombre original fue el que terminó asentándose. Trata sobre un abogado ciego tras el que se oculta un hombre atormentado (el cómic se fue volviendo más oscuro con el tiempo) que usa sus poderes (sentidos amplificados) para combatir el crimen. Jessica Jones adquirió sus poderes de vuelo, fuerza y resistencia superiores en un accidente radiactivo, y se dedica a combatir las injusticias desde una empresa de investigación. Protagonizará Krysten Ritter (secundaria en numerosas series, como Veronica Mars o Breaking Bad). Luke Cage sería presentado en esa serie, pues en algún momento establece una relación amorosa con la protagonista. El intérprete elegido es Mike Colter (Sons of Anarchy). Sus poderes son parecidos: fuerza sobrehumana y piel durísima, y actúa como un mercenario, aunque con un código de honor muy concreto. Iron Fist o Puño de Hierro (alias de Danny Rand) es un experto en artes marciales con gran agilidad, fuerza y rápida curación, además de algunos poderes mentales. Este llega a ser socio de Luke Cage, así que ya tienen otro nexo de unión. Todos trabajan en Nueva York, la mayoría en el barrio Hell’s Kitchen, y como indicaba, al final se unirían en The Defenders, uno de los muchos grupos de superhéroes que ha dado Marvel. Eso sí, habrá que ver lo fieles que se mantienen al concepto inicial de cada personaje, claro.

El gran nivel de Daredevil ha causado sensación, resucitando un género que no parecía madurar ni cuando más series se están produciendo, ganando adeptos que, como yo, nos manteníamos al margen por desidia. Ahora estamos en el lado contrario: llenos de expectación por un futuro de series de superhéroes que promete ser apasionante.