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DAREDEVIL – TEMPORADA 3 Y FINAL


Netflix | 2018
Drama, suspense, superhéroes | 13 ep. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Erik Oleson, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Joanne Whalley, Jay Ali, Wilson Bethel, Stephen Rider, Ayelet Zurer, Peter McRobbie.
Valoración:

Las imposiciones de los directivos de Marvel/Disney, ABC Studios y Netflix y el movimiento de guionistas afectó bastante a la segunda temporada, que perdió calidad e interés en grandes cantidades. La obligación de incluir las historias de la Mano y Elektra, además dejando el final para la miniserie The Defenders, no cuajó con el estilo inicial y los escritores de entonces, Doug Petrie y Marco Ramirez, no estuvieron inspirados. No se puede usar una serie como escaparate de otra si no se planifica mejor la trama y se desarrollan más a fondo los personajes, y no fue el caso a pesar de que ambos guionistas precisamente desarrollaron The Defenders.

El relevo en Daredevil lo toma Erik Oleson. No es muy conocido, pero ha sido co-productor ejecutivo de varias series (Arrow -2012-, Imborrable -2011-…) y showrunner de El hombre en el castillo (2016). Aquí ha tenido que lidiar con una serie ya en marcha y en la que infinidad de productores y directivos meten mano, y a pesar de todo ello él y el resto del equipo han conseguido encarrilar las cosas. La pena es que por culpa de la todopoderosa Disney se ha cancelado, pues van a montarse su propia plataforma online y están recuperando los derechos de muchas obras (Marvel es propiedad suya) para que no haya nada suyo fuera. ¿Veremos más temporadas de este grupo superhéroes o un reinicio cuando pongan en marcha su canal? No se sabe por ahora, pero en Netflix aseguran que estas temporadas seguirán siempre en su plataforma.

El esperado retorno de Wilson Fisk cumple muy bien con las expectativas. Tenemos un personaje fascinante y perturbador a partes iguales que Vincent Donofrio hace suyo de nuevo con una interpretación escalofriante. Cada escena en que aparece deja mal cuerpo, sobre todo aquellas en las que trata de manipular o herir a alguien con su retorcido intelecto. En estos casos también cuenta, como es obvio, el buen desarrollo de los otros personajes. Los agentes del FBI Ray Nadeem y Benjamin Poindexter tienen una trayectoria magistral. En todo momento sabemos qué los motiva y qué problemas tienen, de forma que resulta verosímil el condicionamiento al que son sometidos. Los dos intérpretes, Jay Ali y Wilson Bethel respectivamente, muestran muy bien su caída al infierno. La reaparición de Vanessa y su sensual actriz Ayelet Zurer también está a la altura, sobre todo cuando elige bando.

Matt, Karen y Foggy tienen un viaje más convencional, pero el esfuerzo por desarrollarlo bien se agradece. Con Matt enfrentamos los dilemas del héroe en una de las perspectivas más oscuras que ha dado el género. Deber, moral, pecado, redención, realización personal… Tiene un lío mental enorme y un alma atormentada, pero ninguno de sus amigos parece poder llegar a él. El renacimiento de Fisk como Kingpin sucede precisamente en estos momentos críticos, así que no hay paz para él. Foggy mantiene su simpatía, y su lucha contra Fisk desde el lado de la ley muestra bien la otra cara del juego. Karen queda un poco en el limbo durante la contienda, porque una vez derrotada en el marco del sistema (atacar desde el periódico) da unos pocos de tumbos hasta que vuelve a ganar interés con el flashback a su pasado, que aunque parezca una historia tangencial aporta mucho al personaje. Charlie Cox y Elden Henson están de nuevo muy entregados, pero con el torrente de emociones que ofrece Deborah Ann Woll queda algo por encima.

El conflicto entre ambas facciones es bastante impredecible, mantiene muy bien la sensación de desasosiego y fatalismo. Episodio tras episodio las cosas se van torciendo para nuestros héroes mientras Kingpin hace y deshace a su gusto, de forma que la espiral de derrotas y la atmósfera opresiva son muy intensas, desagradables en ocasiones. Cuando Fisk consigue poner a Daredevil como el enemigo público número uno parece no haber salida.

En el lado del espectáculo también tenemos un año impresionante. El retorno de Daredevil en el cuarto capítulo, con el glorioso plano secuencia de la cárcel, es memorable. Tuvo que costar mucho tiempo y sudor planificar y rodar semejante hito cinematográfico, porque hablar de televisivo no le hace justicia. Pero ese punto álgido no es un momento aislado, toda la temporada recupera para la saga el nivel visual que se había perdido en las fallidas Luke Cage, Iron Fist y The Defenders. La estupenda fotografía, con unos fantásticos juegos de luces y sombras, y las coreografías tan bien ejecutadas disimulan muy bien que no es una producción de alto presupuesto y los escenarios son pocos y parcos.

Pero, como en el primer año, falta algo para lograr la gran serie que hay latente. Algo de equilibrio, de visión global y de ritmo. Lo primero que salta a la vista es que le pesan los obligados trece episodios. Con ocho o diez nos habríamos librado de rellenos, pausas y estiramiento de tramas. La parte inicial en la iglesia es la más afectada, sobre todo porque alargan algo predecible en vez de darle carpetazo y pasar a otra cosa más relevante. Sabemos de sobra que Matt vive y Daredevil volverá, son responsabilidades y un destino que no puede esquivar, más que nada porque no habría serie. Así que tenerlo tres largos capítulos mareando la perdiz con su recuperación física y mental es bastante contraproducente. En el primer acto de la temporada el héroe termina siendo un secundario, con Nadeem y el retorno gradual de Fisk robando el protagonismo; por la intriga de ver la trayectorias de estos dos mantiene el interés, si no, quizá muchos espectadores hubieran abandonado antes del pelotazo del cuarto episodio.

El tramo final vuelve a perder un poco de fuelle. Una vez están todas las cartas sobre la mesa no queda margen para la sorpresa, y ni los guionistas consiguen un giro que renueve el interés ni los directores están tan brillantes como en otras ocasiones. Parece que gastaron todas sus fuerzas a lo largo del año, porque en el desenlace está lejos de la espectacularidad necesaria para dejar huella. La esperada confrontación final entre Daredevil y Kingpin parece un trámite a cumplir en vez de un final épico; mucho más lograda está la carrera entre coches de penúltimo capítulo, por ejemplo. Por otro, lado la parte de Foggy acaba con un reset de serial barato, dejando muy malas impresiones.

Otro aspecto mejorable es que con Fisk se centran tanto en unos pocos personajes que, a pesar del extraordinario resultado con ellos, da la impresión de que se olvidan de cuidar mejor su supuesto gran entramado criminal. O quizá no podían aspirar a más por falta de dinero para más escenas y personajes secundarios. El caso es que Fisk maneja toda la ciudad a su antojo sin moverse de su habitación, y no parece que sea el abogado quien hace el trabajo por él, ni tiene fieles secundarios que se encarguen de ello más allá de las pocas misiones de Nadeem (Dex es sólo su matón). A veces se resuelven cosas importantes con un conveniente y simple “Fisk lo ha querido así”, como una parte de la carrera de Foggy a fiscal, y rechina un poco.

Aunque sus carencias frenan un poco su potencial, desde luego no impiden que tengamos un año notable, extraordinario en ocasiones, y con personajes inolvidables, que supone una de las mejores obras de superhéroes en cine o televisión. Pero por desgracia llega tarde para salvar la saga The Defenders, tanto por lo bajo que ha caído esta como por su cancelación.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
-> Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

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THE LAST KINGDOM – TEMPORADA 2

BBC Two, Netflix | 2017
Aventuras, histórico | 8 ep. de 56-59 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Ian Hart, Harry McEntire, Simon Kunz, Thure Lindhardt, Millie Brady, Eliza Butterworth, Cavan Clerkin, Arnas Fedaravicius, Christian Hillborg, Mark Rowley, Toby Regbo, Tobias Santelmann, Adrian Bouchet, Björn Begntsson, Perl Baumeister, Eva Birthsitle, Gerard Kearns, Erik Madsen, Magnus Samuelsson, Alexander Willaume, Ole Christoffer Ertvaag.
Valoración:

Tras su colaboración en la victoria del rey Alfred de Wessex contra los daneses, Uthred esperaba tener mejores posibilidades de recuperar su tierra natal, Bebbanburg, y hallar a su hermana, esclavizada por los vikingos Kjartan y su hijo Sven. Pero el destino le tiene preparado nuevos retos.

Los planes del soberano de aunar los distintos reinos en una utópica Inglaterra implican echar a los invasores nórdicos que campan en algunos de ellos y hacer alianzas con los estados libres. En lo bélico no puede dejar ir a un recurso tan valioso como Uthred, así que le exige mantenerse a su servicio. Pero las intrigas constantes de Alfred limitan su libertad, y para el rey, el impetuoso pagano roza la traición muchas veces, con lo que la relación nunca va del todo bien.

Tienen a los belicosos hermanos Erik y Sigefrid como inminentes rivales en la liberación de las tierras conquistadas, la nueva alianza con el torpe rey Guthred (Thure Lindhardt) y su pequeño estado de Cumberland que colinda con esos territorios, y la proyectada mediante el matrimonio de la princesa heredera, Aethelflaed (Millie Brady), con otro vecino noble, Aethelred (Toby Regbo).

Así pues, se amplían los frentes respecto a la primera temporada. Los planes de cada facción se entrecruzan, chocando o avanzando a la vez hasta que un nuevo obstáculo aparece, pero tampoco olvidemos a la omnipresente religión, que mete baza según sus intereses, y los conflictos personales, donde cada jugador del tablero piensa por sí mismo. Y en todo el meollo Uthred aguanta como puede, poniendo siempre su independencia y experiencia por delante aunque sea a costa de quedar mal con todos.

Pero también vivirá otras aventuras muy variadas, porque la temporada abarca de todo, pero todo con muy buen ritmo y coherencia. Nada se precipita, cada evento cala, incluso los saltos temporales y las historias que parecen secundarias, como el invierno que Uthred pasa esclavizado en Islandia o el romance del vikingo con la noble secuestrada, se trabajan con esmero, con secundarios potentes, y dejan secuelas. Y no todo son palos para el joven, porque mantiene amigos (el padre Beocca, la monja Hild), hace otros nuevos (los soldados Halig, Finan, el danés Sithric…), y encuentra un nuevo amor en la hija de Guthred, Gisela (Peri Baumeister). Y no me olvido de su hermano adoptivo, Ragnar, y su amiga en común, Brida, que tendrán también sus momentos.

Se sigue cuidando muy bien el entorno histórico, tanto en la fidelidad a eventos y personajes como en la forma de actuar de las gentes. La influencia de religión, la forma de entender el mundo y expectativas de cada individuo según su clase y entorno, y el desarrollo de las invasiones son de nuevo mucho más fieles que en la exitosa Vikingos (Michael Hirst, 2013), donde la fidelidad se diluye o deforma en un espectáculo vacuo con personajes estrafalarios.

Con mayor número de escenarios tenemos también más decorados. Aquí se nota menos dinero que en Vikingos, pero dista de parecer una serie cutre. Sin embargo, es cierto también que le sigue faltando una puesta en escena de alta calidad que aproveche el potencial del género: todo son parajes naturales o decorados y el vestuario es estupendo, pero la forma de rodar es muy sencillita. Eso sí, hay un momento inesperadamente inspirado: el ataque al campamento donde secuestran a la princesa, narrado cámara en mano, es sobrecogedor. También cabe señalar que la música de John Lunn va ganando presencia, con mención especial para la voz de Eivør Pálsdóttir.

En cuanto a actores, destaco otra vez a David Dawson como Alfred, el estupendo idiota que consigue Thure Lindhardt en Guthred, el carisma de los vikingos Erik y Sigefrid, en manos de Christian Hillborg y Björn Bengtsson, y la veteranía de algunos secundarios como Ian Hart (Beocca) y Simon Kunz (Odda).

PD: Netflix se metió como coproductora junto a la BBC en esta segunda temporada, pero para la tercera ha adquirido la serie entera y sus derechos de emisión.

Ver también:
Temporada 1 (2015)

JESSICA JONES – TEMPORADA 2


Netflix | 2018
Drama, superhéroes | 13 ep. de 47-55 min.
Productores ejecutivos: Melissa Rosenberg, varios.
Intérpretes: Krysten Ritter, Rachael Taylor, Eka Darville, Carrie-Anne Moss, Janet McTeer, Terry Chen, John Ventimiglia, J. R. Ramírez, Callum Keith Rennie.
Valoración:

Después del extraordinario villano que fue Kilgrave, un reto imponente para la protagonista a la vez que sobrecogedor para el espectador, el listón estaba tan alto que prácticamente cualquier nuevo enemigo tenía todas las de decepcionar. Así veo que ha ocurrido un poco con la némesis de Jessica Jones este año: su madre. Quien esperara otra confrontación clásica de superhéroes se puede llevar un chasco al encontrarse una temporada más centrada en los problemas internos de la heroína, en su vida personal tan caótica, donde la presencia de su madre, por mucho superpoder que tenga también, sirve para canalizar esos temas más que para desarrollar una rivalidad creciente que acabe con el duelo final de rigor.

Jessica está hundida, y aunque sigue por inercia indagando sobre sus orígenes, bien le gustaría romper con todo el mundo, como si aislándose y bebiendo sin parar se fuera a arreglar su vida. Por otro lado, Malcom ha rehecho la suya y trata de apoyarla, pero sus posiciones están tan opuestas que los roces son constantes, y la paciencia de él puede agotarse ante la incapacidad de ella para sobreponerse. Trish por su parte lleva el camino que puso a Jessica donde está, la autodestrucción, aunque por otros motivos: va de heroína por el subidón de la droga, de la violencia, de sentirse realizada. Todo se complica con la aparición de la descentrada de la madre de Jessica, que siembra el caos allá por donde va, poniendo a todos en contra de ambas, con los consecuentes peligros, Además, en vez de traer respuestas y paz suma caos y variables que la investigadora no es capaz de poner en orden. Hay espacio también para la abogada, Teri, con sus propios problemas personales a pesar de su fachada de fría y dura, para el vecino simpático, que es un encanto, y para un nuevo contrincante en el gremio de los investigadores, el asiático tan pagado de sí mismo.

Con tantos buenos personajes en conflicto constante con ellos mismos, más los eventos que van desarrollando con sus acciones, Melissa Rosenberg y su equipo de guionistas logran un drama coral de buen nivel y bastante adictivo que se ve realzado por la buena labor de los actores. Sin duda es una temporada menos intensa que la primera, que tuvo tramos entre impresionantes y desgarradores, pero el equilibrio entre géneros es muy bueno y resulta igual de entretenida. El drama es emotivo, el noir intrigante, la parte de superhéroes mezcla los dos anteriores y consigue ser más profundo de lo habitual en el género, teniendo siempre dilemas éticos y problemas de todo tipo en juego. La única pega que le puedo poner es que en algunas ocasiones está claro que dan un par de rodeos o estiramientos para poder llegar a los trece episodios exigidos: en las investigaciones, en los enfrentamientos con la madre y en los vaivenes de Trish hay algunos bajones de ritmo y sensación de repetición.

En la puesta en escena encuentro algo de mejora, pues antes se dejaba un poco al simple pero efectivo truco de la cámara en mano, y ahora se esfuerzan algo más a la hora de buscar un estilo visual más concreto. Se cuida bastante la composición de cada plano, teniendo algunos muy llamativos, y en combinación con la música con toques jazz y el tono noir del argumento se consigue una serie con bastante personalidad.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
-> Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

LA MALDICIÓN DE HILL HOUSE – MINISERIE

The Haunting of Hill House
Netflix | 2018
Drama, terror | 10 ep. de 43-70 min.
Productores ejecutivos: Mike Flanagan.
Intérpretes: Michael Huisman, Carla Gugino, Henry Thomas, Elizabeth Reaser, Oliver Jackson-Cohen, Kate Siegel, Victoria Pedretti, Lulu Wilson, McKenna Grace, Paxton Singleton, Julian Hilliard, Violet McGraw, Timothy Hutton, Anthony Hutton, Annabeth Gish, Robert Longstreet.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sin datos reveladores de ningún tipo. —

Una familia compra una vieja mansión para reformarla y ganar un buen dinero vendiéndola. Viven de eso hasta que puedan permitirse “la casa para siempre”. Pero está encantada, y padre, madre y los cinco hijos empiezan a sufrir el acoso de diversos fantasmas hasta que algo grave ocurre y salen huyendo. Pero, ya de adultos, vemos que el crecimiento de los niños ha estado lastrado por esa infancia traumática, arrastrando todos alguna falla importante en su personalidad que los impide ser felices. Y las cosas se complican cuando la casa empieza a llamarlos de nuevo.

A nadie se le escapará que la premisa es bien vieja. No en vano, la novela homónima de Shirley Jackson en que se basa es de 1959, y desde entonces el género ha sido explotado de diversas formas en la literatura y el cine. No tanto en televisión, donde esta miniserie ha deslumbrado alzándose como una de las más exitosas y mejor valoradas del año. En el drama también he encontrado una influenia obvia, pues recuerda bastante a uno de los grandes referentes, A dos metros bajo tierra (Alan Ball, 2001): la vida alrededor de una gran casa y una funeraria y la descripción de personajes heridos de diversas formas la traen a la memoria en varias ocasiones. Entonces, ¿cómo ha podido causar tanta sensación? Pues mediante un truco viejo también: contar las cosas bien. Y en este caso hablamos de muy, muy bien. Pocas veces una serie ha logrado acojonar tanto, y más partiendo de algo tan poco original, pero en el drama es magnífica también.

Para provocar terror es esencial una narrativa muy cuidada. La historia debe ser coherente dentro de su fantasía para que podamos tener un marco de referencia al que aferrarnos, los personajes deben respirar vida propia para contagiarnos sus miedos, y la consecución de atmósferas adecuadas han de primar sobre los sustos sonoros cutres. Por desgracia, en el cine por lo general no se trabajan debidamente los personajes, se abusa del efectismo barato en las historias y de los sustos forzados. El creador Mike Flanagan se ha curtido en este ámbito con algunos títulos menores llenos de estos vicios pero que aun así tuvieron cierto éxito, porque por alguna razón el género es capaz de vender chorradas sin problemas. Sólo he visto la infame Oculus (2013), así que espero que Absentia (2011), Hush (2016), Ouija (2016) y El juego de Gerald (2017) sean algo mejores. Sea como sea, desde aquella a la presente muestra una maduración impresionante.

Rodeado de colaboradores habituales en el equipo técnico Flanagan hace gala de una narrativa inteligente y metódica. La fotografía de Michael Fimognari juega sabiamente con la oscuridad y las sombras, pero no forzando oscuridad, sino todo lo contrario, aprovechando al máximo la riqueza del escenario de la mansión. La música de los hermanos Newton es sencilla pero efectiva para darle la última puntilla a cada situación, aunque se mueven mejor en lo melancólico que en lo tenebroso.

Encontramos una armonía admirable entre la construcción de atmósferas inquietantes y la llegada de los sustos con el desarrollo de los personajes, todo ello además jugando con dos épocas distintas que se retroalimentan de maravilla. Porque los episodios combinan pasado y futuro (algo que el realizador ya probó brevemente en Oculus), presentando a los protagonistas y sembrando los misterios con cuentagotas, eso sí, sin abusar del “sigue mirando que luego te lo cuento”; sólo con la puerta roja se pasa un poco en ese aspecto. Además, por lo general centra cada capítulo en un personaje, aunque como su relación es estrecha se avanza con todos y con la historia global en todo momento. Los intérpretes (algunos también viejos conocidos del realizador) se dejan todo en personajes muy exigentes. Flanagan los muestra destrozados y abandonados, y poco a poco nos expone cómo han llegado ahí, y cómo son incapaces de superar sus problemas. Imposible destacar tan sólo un par de actores, hasta los chiquillos están impecables.

Con este buen trabajo delante y tras las cámaras la serie resulta conmovedora y sobrecogedora a partes iguales, sólo necesitan unas pocas escenas para contagiarnos la pesadumbre de los protagonistas y el ambiente malsano de la mansión, de forma que acabas ya desde el primer capítulo con mal cuerpo y unos cuantos sustos de los gordos. Y sí, hay muchas veces que sabes que viene una escena de fantasma… pero te acojona igual. Por cierto, atentos a la infinidad de espectros ocultos que salpican cualquier plano y a alguna estatua que cambia de postura sutilmente.

Ahora bien, el equilibrio de la fórmula se resiente un poco en el tramo final, de forma que es probable que a algunos espectadores les deje malas sensaciones. Flanagan deslumbra en los tres primeros episodios, cuando parece que va a aflojar el ritmo nos recupera en el quinto con el primer gran giro inesperado (La mujer del cuello torcido, aunque largo, efectivo) y a continuación nos deja anonadados con uno de los mejores capítulos de los últimos años, Dos tormentas. Este se compone de unos pocos planos secuencia de diez minutos o más donde se juntan todos los protagonistas, los dos escenarios principales (la funeraria y la mansión) y las dos líneas temporales en un colofón sin parangón. El rodaje fue una pesadilla, pero el resultado es un hito asombroso.

Sin embargo, desde esa altura caemos bastante. La confrontación final con la casa no sólo falla a la hora de dar el esperado subidón final de infarto, sino que en comparación con el resto de la miniserie queda un peldaño por debajo. Es buen final en concepto, pero a la hora de plasmarlo Flanagan y supongo que también los productores han cometido el error de alargarlo demasiado. Con ocho episodios y un cierre de aúpa podríamos estar hablando de una obra maestra. Pero el octavo baja la intensidad, y el noveno es descaradamente relleno para cumplir con los diez, todo el metraje son conversaciones que repiten lo ya conocido, además en escenarios muy parcos (coches sobre todo), como para descansar del esfuerzo del sexto capítulo. Así que abordamos el desenlace habiendo perdido esa atmósfera tan intrigante, y como optan por una solución blanda, emotiva, dejando el terror completamente de lado, puede decepcionar a más de uno. Lo cierto es que cierra bien la historia de cada personajes, tiene buenas sorpresas, y aunque algún giro se pueda intuir está bien ejecutado. Pero parece el epílogo tras un clímax que nunca llega.

Pero aun contando con ese bajón, La maldición de Hill House es una serie excelente, con picos extraordinarios, digna de citar como una de las grandes del año. Para los amantes del terror, desde luego es un visionado obligatorio.

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 6

Neflix | 2018
Drama, comedia | 13 ep. de 50-85 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Dale Soules, Danielle Brooks, Uzo Aduba, Adrienne C. Moore, Elizabeth Rodriguez, Selenis Leyva, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Jackie Cruz, Laura Gómez, Daniella De Jesús, Nick Sandow, Beth Dover, Matt Peters, James McMenamin, Emily Tarver, Mike Houston, Taryn Manning, Amanda Fuller, Susan Heyward, Lori Petty, Nicholas Webber, Laverne Cox, Shawna Hamic, Alysia Reiner, Mackenzie Phillips, Vicci Martinez, Henny Russell.
Valoración:

Cabía pensar que la renovación por tres años de golpe allá en la cuarta temporada daba a Jenji Kohan y su equipo de guionistas tiempo más que de sobra para planificar bien las historias a largo plazo y tener claro cómo abordar el tramo final, pero la sexta y penúltima etapa parece haber sido improvisada más de la cuenta. Ha dejado cierta decepción en el ambiente, pues Orange is the New Black ha pasado de copar las listas de lo mejor del año a un segundo plano. Continúa siendo una serie superior a la media, un entretenimiento de primera a la vez que un análisis sociológico magistral, pero el listón estaba alto y se esperaba que siguiera subiendo. El motín puso la expectación por las nubes. Muchos frentes, muchos problemas, y todo sobre un grandísimo trabajo con los personajes y la crítica social subyacente, nos dejaron en vilo y esperando ver más. Pero prácticamente hacemos un borrón y cuenta nueva y tenemos una temporada de relleno. Adictiva, espectacular a veces; encantadora, hasta el punto de hacerte vibrar con la mayor parte de sus numerosos personajes; didáctica y a la vez conmovedora, porque muestra la realidad con una visión compleja y delicada; pero, en el fondo, de relleno.

Las reclutas son repartidas en distintos pabellones de máxima seguridad. Muchos personajes desaparecen y conocemos otros nuevos, por sí solos interesantes (en especial los guardias y su jueguecito), pero puede mosquear que a estas alturas den la espalda a los que tenían un vínculo emocional ya establecido con el espectador y con los que se esperaba que abordaran sus arcos finales para irse por las ramas con novedades. La niñata pelota y las dos hermanas en guerra constante por liderar a las presas y mostrar su odio mutuo ofrecen aventurillas bastante moviditas, pero carentes del recorrido emocional tan trabajado y el contenido intelectual crítico al que nos tenían acostumbrados. Es decir, valdrían como tramas secundarias, de esas que salpican el día a día en la cárcel, pero me temo que toman protagonismo total a costa de dejar las secciones principales, las que esperábamos ver desarrolladas, en un plano inferior.

Las secuelas del motín se tratan con cuentagotas a través de unas pocas historias deshilvanadas y sin la garra y lecturas de antaño. La feroz crítica a las carencias del capitalismo y cómo promueve la corrupción (el sistema penitenciario, la justicia, los políticos…) solo se retoma en dos parejas de personajes. Por un lado tenemos el esperado juicio por el motín, que recae en Taystee y Caputo. Este resulta simplemente correcto y está extendido más de la cuenta para que abarque todo el año, dejando la sensación de que sabe a poco, de que cumplen con ello por obligación. Mejor funciona la odisea de Dayanara y su madre, ambas empujadas por el sistema a hundirse más y más: la primera ve que la cárcel es su futuro, y por consecuencia trata de hacerse fuerte con los grupos más violentos; la otra, se encuentra con que todo está diseñado para que vuelva al mundo del crimen. Pero fuera de ello apenas tenemos unos repetitivos amagos de traiciones entre las presas implicadas en el motín para salvar sus propios cuellos y un par de escenas dedicadas al estrés de los guardias. Todas las historias subyacentes (pobreza, racismo y demás injusticias sociales) que llevaron a las presas a la cárcel, en muchos casos injustamente, y fueron creciendo hasta acabar provocando la rebelión, se dejan de lado y nos vamos a un sinfín de historias secundarias.

Y no me malentendáis. Como indicaba, estas son de nuevo variadas y muy atractivas, y ofrecen un muestrario de vivencias y problemas realistas con una naturalidad asombrosa. Pero como llegan a costa de olvidar todo lo andado se pierde gran parte del interés, de la pasión con que seguíamos la serie. Además, no todas las historias funcionan, con algunas estamos dando vueltas en círculos todo el año: Frieda y sus miedos y Suzanne y su confusión terminan agotando. También debo quejarme de que continúan desaprovechando el grandísimo talento de Taylor Schilling al no darle al personaje historias más intensas con las que la actriz pueda lucirse como en las primeras temporadas; prácticamente lo único que ofrece es la rivalidad con la matona, que se hace cansina.

Así que esperemos que para la traca final vuelvan a la senda y deslumbren como antaño.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
-> Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)

DESENCANTO – TEMPORADA 1


Disenchantment
Netflix | 2018
Comedia, aventuras | 10 ep. de 28-36 min.
Productores ejecutivos: Matt Groening, Josh Weinstein
Intérpretes: Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon, John Dimaggio, Billy West, Maurice Lamarche.
Valoración:

Cuando se anunció Desencanto (paso de los paréntesis absurdos inventados por la distribuidora española), el retorno de Matt Groening con una serie nueva tras la (ya larguísima) decadencia de Los Simpson (1989) y el final de Futurama (1999), se generaron muchas expectativas sin motivos claros, principalmente porque la elaboración de ambas se llevó a cabo por muchos escritores. En la presente igual: actúa más de creador e ideólogo que de guionista.

Los aburridos primeros capítulos (¿era necesario pasar de la media hora de duración?) han segado rápidamente ese entusiasmo, presentando una serie poco inspirada y de narrativa aletargada. Por suerte mejora poco a poco, hasta desembocar en un buen final, y los protagonistas se hacen querer, pero es difícil perdonar un comienzo tan pobre más otro par de episodios flojitos en una temporada tan corta.

La premisa es sencilla: una chica rebelde, un padre conservador, unos secundarios graciosetes, y un entorno de fantasía medieval donde jugar con elfos, cíclopes y demás. Bean es la hija mayor del rey, una joven irresponsable, respondona y alcohólica que rechaza cualquier intento de los miembros de la corte para hacer algo con su vida. También es cierto que algunas circunstancias, como el matrimonio obligado, no ayudan a apaciguarla. Y es que el pobre rey Zog tiene muchas cosas con las que lidiar, pero todos parecen tomarlo por memo o por tirano: su querida esposa falleció, la actual es de una raza anfibia y fría y distante, el hijo con ella idiota perdido, los reinos vecinos traen mil problemas, etc. Bean se hace amiga de Elfo, un elfo desterrado, cursi e inocente que se topa con un mundo lleno de egoísmo y crueldad, y de Luci, un demonio enviado por una facción rival para desestabilizar el reino, pero que pasa un poco de todo y se va de juerga con ella.

No sé por qué, como más o menos todo el mundo, esperaba algo más elaborado. Viendo los avances parecía que versaría sobre aventuras fantásticas, pero al principio el escenario parece irrelevante, todo es un dramón adolescente que bien podía haberse ambientado en cualquier otra época, y la poca fantasía que encontramos es una decepcionante parodia tonta tipo Shrek (Andrew Adamson, Vicky Jenson, 2001). En Futurama era al revés: ciencia-ficción con vetas bien equilibradas de historias sobre amistad, maduración y romance. Pero una vez pasado el flojo inicio empieza a equilibrarse y madurar poco a poco, dejando entrever sus virtudes: en contra de lo bajo que apuntaba, veremos que no se queda en los estereotipos de ambos géneros, fantasía y adolescencia.

Entre las locas aventuras de la familia real de Utopía (Dreamland), como la parodia de Hansel y Gretel, el exorcismo, la fiesta loca en el castillo, etc., hay un trasfondo más serio que combina hábilmente la brutalidad inherente a la animación actual (Bean es borracha y malhablada) con una sorprendente delicadeza con que tratan los temas dramáticos. Con Bean se habla de la responsabilidad, de no ser capaz de encontrar algo que llene tu vida; el padre no es un cutre villano, sino un pobre desgraciado que no sabe cómo tratarla; tanto el demonio como sobre todo el elfo van mostrando aristas poco a poco… Y prácticamente todos los episodios tratan de alguna forma temas paterno filiales, de responsabilidad, de amistad…

Hay más dejes de Futurama que de Los Simpson, pero también poco a poco va formando su propia idiosincrasia. Los personajes secundarios ganan presencia (atención a los consejeros del rey), los reinos vecinos adquieren complejidad (hay rencillas familiares y políticas, conflictos culturales), algunas historias en apariencia secundarias cobran protagonismo (la sangre de elfo como elixir de la vida), y el sentido humor es más ingenioso y loco cada vez. Todavía le falta inteligencia y mordacidad, pero ya va teniendo más imaginación y gracia.

Y así llegamos a un tramo final rozando el notable, con momentos emotivos, giros inesperados muy logrados, humor cada vez mejor combinado con unos personajes que van creciendo a ojos vista y un universo cada vez más rico. Así que, después del gran desencanto inicial, he terminado esperando con interés la próxima temporada.

LOST IN SPACE – TEMPORADA 1


Netflix | 2018
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 10 ep. de 47-65 min.
Productores ejecutivos: Matt Sazama, Burk Sharpless, Neil Marshall, Marc Helwig, Jon Jashni, Zack Estrin.
Intérpretes: Molly Parker, Toby Stephens, Maxwell Jenkins, Taylor Russell, Mina Sundwall, Parker Posey, Ignacio Serricchio, Raza Jaffrey.
Valoración:

La serie original, creada por Irwin Allen en 1965, fue un producto familiar sencillo (hoy en día nos parecerá ingenuo, quizá incluso cutre) con bastante éxito popular, hasta el punto de que ha propiciado numerosas referencias en distintas películas y series (Los Simpson como siempre a la cabeza). El argumento parte del clásico drama familiar (conflictos paternos, educación de los hijos), pero el giro de tener aventuras en el espacio le daba un aire nuevo en aquellos tiempos; por ejemplo, el robot causó sensación.

En 1998 fue llevaba al cine como superproducción cinematográfica escrita por Akiva Goldsman (El cliente -1994-, Batman Forever -1995-, Batman y Robin -1997-) y dirigida por Stephen Hopkins (Depredador 2 -1990-, Los demonios de la noche -1996-), aunque de calidad anduvo tan escasa que el boca a boca la hundió rápido; ni con la estupenda música de Bruce Broughton y la presencia del insigne Gary Oldman se podía salvar. Hubo un intento de resucitarla como serie en 2004 bajo el título de The Robinsons: Lost in Space. A pesar de estar producida por grandes empresas (Warner Bros. y la cadena Fox) no salió nada bueno y se quedó en el episodio piloto. Puedes echarle un vistazo en Youtube si te atreves. En argumento y tono parece sacada de los años setenta, con lo que renovación poca, y pesar de estar dirigido por John Woo, con varias películas de acción a cuestas (Cara a cara -1997-, Acantilado rojo -2008-), el paupérrimo aspecto visual también empeora las malas sensaciones.

La nueva versión llega de la mano de varias productoras pequeñas y Netflix con dos guionistas que, viendo su corto y débil currículo, tiran un poco para atrás: Matt Sazama y Burk Sharpless tienen en su haber paridas como Drácula: La leyenda jamás contada (2014), El último cazador de brujas (2015), Dioses de Egipto (201) y Power Rangers (2017). Quizá si me hubiera fijado antes en sus nombres ni me habría acercado, pero llegué por el reparto y por el género, no puedo resistirme al espacio y las naves.

Por suerte, esta aproximación es bastante ambiciosa, tanto en lo visual, con un presupuesto sin duda descomunal muy bien aprovechado, como para mi sorpresa también en la escritura. Mantienen el tono para toda la familia, pero no es una cursilada llena de argumentos bobos, tópicos y moralina barata, sino que toman al espectador por inteligente, los autores son capaces de ofrecer aventuras emocionantes para los jóvenes y un envoltorio más complejo y serio para los adultos. Por comparar con otras del género recientes, me estoy acordando de los infumables dramones llenos de personajes estereotipados de Terra Nova (Kelly Marcel, Craig Silverstein, 2011) y Falling Skies (Robert Rodat, 2011), y no hay color.

Las aventuras son variadas y por lo general bastante completas. Se combina supervivencia en la naturaleza y contra el propio ser humano con ciencia-ficción bastante realista, habiendo poca tecnojerga y ciencimagia y más empeño en mostrar el esfuerzo físico pero también intelectual de los personajes de forma verosímil aunque los escenarios sean fantasiosos. Cabe señalar que se ven pronto las intenciones de describir la ciencia, el progreso y la pasión por descubrir cosas como algo que puede traer algún peligro pero siempre recompensas mayores. Un drama familiar tan progresista viniendo de EE.UU. hoy en día es algo atípico y muy valioso.

Los hechos calan en los personajes, no es una vuelta al statu quo tras cada resolución. Hay situaciones traumáticas en casi todos los episodios, con algunas disyuntivas de nivel, como cuando se presenta la elección de salvar a una persona arriesgando a muchas o dejarla morir ante sus narices. Los protagonistas son inesperadamente grises y falibles, incluso la villana crece muy bien tras una presentación que no apuntaba maneras. La perspectiva que esta tiene del mundo se trabaja bien para que su empeño en sobrevivir a costa de todos (por cobardía, incapacidad para ver el cuadro completo, etc.) no la convierta en un cliché con patas sino en un ser miserable muy atractivo. Esto permite otros dilemas interesantes: cómo tratar la justicia y el perdón en el nuevo mundo.

Es cierto que la familia responde inicialmente también a unos cuantos estereotipos. El matrimonio a punto de romperse por las ausencias del hombre por su trabajo, la madre perfecta, el niñito empollón, las adolescentes, una la bohemia y otra la chica de carrera… Pero tienen dimensión suficiente para resultar simpáticos, aunque, al menos todavía, no entrañables, y ocurren tantas cosas que no da tiempo a que se atasquen en sus descripciones iniciales, siempre hay movimiento en las historias y problemas en lo personal y lo ético que los exprimen adecuadamente. Pronto llega el robot, que aporta el toque de misterio. El diseño es espectacular y produce asombro e inquietud a la vez. Y no tardan en aparecer también nuevos grupos de supervivientes, todos bastante interesantes y aportando más historias y conflictos.

Uno de los alicientes que me llevaron a verla a pesar de las reticencias iniciales con que fuera una obra muy infantil es el reparto. Con dos grandes actores como Toby Stephens (Black Sails, 2014) y Molly Parker (Deadwood, 2004) me tenían medio ganado. Pero los chavales también están muy bien elegidos, sobre todo el más difícil, el jovencísimo Maxwell Jenkins, que logra una interpretación muy natural. Y Parker Posey (Superman Returns, 2006) como la malvada doctora Smith también está estupenda en un papel muy complicado: es capaz de mentir hablando pero mostrar su cobardía y sus planes con la mirada.

Lo único que se le puede achacar es que algunas historias personales se ven venir muy de lejos y que a veces pecan de buscar el escenario más grande y exagerado, saliéndose de la tónica realista para forzar algunos finales de episodio de infarto. Las disputas matrimoniales siguen todos los pasos esperables sin un atisbo de buscar novedades, de hecho, ocurre lo contrario, deciden que llega el momento de tener tal situación y la fuerzan, por ejemplo montando a los dos padres en el coche y haciendo que se queden varados por ahí para que tengan que trabajar juntos y acercarse otro poco. En cuanto a efectismo innecesario, hay varios momentos aquí y allá que hacen torcer el gesto un poco, pero la palma se la lleva la salida final al espacio, un despiporre de exageraciones y salvaciones en el último momento, para acabar en un giro tipo Perdidos (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004). Entiendo que había que tener un clímax apasionante, pero es tan artificial que resulta contraproducente, hay momentos en que da más bien vergüenza ajena.

En lo visual no hay ni una pega, tiene el nivel de superproducción de cine, tipo Prometheus (Ridley Scott, 2012) o El marciano (ídem, 2015). El vestuario es impresionante, pero los decorados, vehículos y efectos especiales son realmente asombrosos, y el rodaje en espectaculares exteriores garantiza un aspecto visual arrebatador. Es incluso decepcionante si se mira en el sentido de que hay un montón de grandes obras ciencia-ficción que se quedaron cortas (o incluso canceladas) por falta de dinero, y esta serie menor y algo tontorrona consigue tal despliegue. Directores de talento como Neil Marshall (The Descent -2005-, Centurión -2010-), Vincenzo Natali (Hannibal -2013-) y David Nutter (desde Expediente X -1993- a Juego de tronos -2011-) exprimen las posibilidades al máximo. Ya con las fastuosas panorámicas de hielo y montañas de los primeros capítulos me engancharon, pero partes como la del valle de tierra (donde hay otra nave estrellada a punto de caer por un acantilado) son alucinantes.

Si logran quitarse de encima las pocas limitaciones argumentales y consiguen mantener un interés constante sin inclinarse demasiado por artificios huecos, la serie puede crecer muy bien. Netflix no suelta datos sobre sus audiencias, pero parece que ha tenido buen recibimiento, así que tendremos segunda temporada para comprobar si madura adecuadamente.

PD: Netflix España está optando por no traducir ni un título. Me da rabia, teniendo muchos una traducción tan fácil y resultona.