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EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD

El Camino: A Breaking Bad Movie
Netflix | 2019
Drama, suspense | 1 ep. de 122 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Diane Mercer.
Intérpretes: Aaron Paul, Matt Jones, Charles Baker, Jesse Plemons, Scott Macarthur, Scott Shepherd, Jonathan Banks, Krystin Ritter, Bryan Cranston.
Valoración:

Alerta de spoilers: Diría que señalo algunos aspectos del final, pero realmente no cuenta nada nuevo respecto a la serie y no revelo detalles concretos.–

Con Breaking Bad terminada por todo lo alto y una secuela que explora otras opciones (Better Call Saul) en marcha, ¿qué necesidad había de ofrecer un tardío epílogo? Cierto es que se puede pensar que siempre puede haber otra etapa en la vida de los personajes que relatar (hasta la muerte, obviamente), pero si no era relevante para desarrollarla durante la serie, y no hay una clara sensación de que se quedaron cosas en el tintero por falta de tiempo o recursos, ¿por qué andar mendigando resquicios por donde tirar seis años después? Viendo el resultado, está claro que en vez de trabajarse un homenaje que fluya con naturalidad mientras desarrollan una historia con novedades y bien trabajada que pueda despertar nuevo interés, Netflix y Vince Gilligan han buscado únicamente exprimir a los seguidores más fieles.

Ver a Jesse Pinkman en libertad era un buen final, no dejaba cabos sueltos, pues los enemigos estaban eliminados y la poderosa órbita de Walter White desaparecida, y tuvo el toque justo y necesario de emotividad: el calvario del joven ha terminado y puede intentar rehacer su vida. Volver atrás y tratar de aportar novedades a historias ya cerradas tiene todas las decepcionar, y más después de tanto tiempo, con la serie tan idealizada. Cada espectador se habrá imaginado un destino distinto para Jesse… y el que nos ofrecen no convence lo más mínimo. No aporta a su arco dramático nada que no estuviera claro o al menos se intuyera en aquel desenlace, y hasta llegar de nuevo a la conclusión hemos tenido dos horas perdidas en una lucha por la supervivencia muy floja en interés y calado.

Es decir, El Camino es puro relleno para llegar a la misma situación. Con libertad y sin ataduras tiene la posibilidad de retomar su vida como quiera y pueda, pero esa historia no hay necesidad de contarla. Por eso no lo han hecho aquí. Y que fueran conscientes de ello no hace sino confirmar que sabían que era una película innecesaria, un reclamo para fans.

La sensación de que es un episodio menor, de transición entre cosas más importantes que están por llegar, es constante. La serie era terriblemente irregular, pero aun así este capítulo se siente por debajo de los más flojos en ritmo y en contenido. Ninguna acción parece generar secuelas ni allanar un viaje emocional concreto y novedoso para el protagonista, todo son anécdotas sin trascendencia ni algún atractivo extra. Salvo en la inicial escena de persecución, bastante tensa, no se teme por lo que le pueda ocurrir, no te asombras con situaciones imprevistas que descolocan cualquier intuición que tuvieras sobre el porvenir, elementos que hicieron destacar a la serie, y el final es anticlimático a más no poder. El último clímax depende exclusivamente de si un tipo llama a la policía o no, y ninguna de las dos opciones promete nada extraordinario ni llega a ofrecerlo. Con las aventuras tan espectaculares y originales que hemos tenido durante las temporadas, ahora pretenden captar nuestra atención con una simplona huida de las autoridades y una artificial venganza contra un villano de poca monta que se han sacado de la manga, porque como decía, todas las tramas estaban bien cerradas.

La inspiración de Vince Gilligan también brilla por su ausencia en el acabado, que luce como una película de cine de presupuesto menor porque hay talento y experiencia de sobra, pero la inventiva de la que hacía gala en cada episodio, y seguramente con menos dinero y tiempo, aquí no está presente. Intenta unas cuantas escenas con los reconocibles enredos visuales, pero estas no logran impresionar ni agilizar tramos de menor interés. Por ejemplo, la búsqueda de dinero en el piso se alarga hasta aburrir.

El Camino vive exclusivamente de la referencia, de jugar con la añoranza del espectador. Para los seguidores que tienen endiosada la serie, se la han visto mil veces y buscan cualquier detalle para seguir alimentando su idolatría, Gilligan hace malabares para citar detalles rebuscados y mostrar fugazmente personajes muy, muy, muy secundarios que sólo ellos puedan identificar y así saciar su apetito. Para los que vimos la serie y seguimos adelante con nuestra vida buscando otras obras originales y de gran calidad, porque por mucho que digan sus fanáticos Breaking Bad no fue la mejor de la historia ni entra en la categoría de obra maestra, tiene también su ración de gominolas, estás más baratas: mete con calzador otras figuras más reconocibles pero que ya habían dicho todo lo que tenían que decir. Mike, Walter White y Jane Margolis no aportan absolutamente nada, de lo que canta el intento de conmover obtiene lo contrario, molesta porque intenta engañarte con trucos manipuladores. Sólo con Badger y Skinny Pete consigue un homenaje bonito y bien hilado. Todd en cambio no funciona del todo: resulta simpático, pero su presencia es puro relleno, una trama secundaria para matar el tiempo.

Gracias a la conexión con Jesse y el excelente papel de Aaron Paul, que tiene pocos diálogos pero logra transmitir bien su desesperación y miedos, el visionado logra engancharte lo suficiente para que esperes que la historia llegue a concretar algo y explote de una vez. Pero ni las partes más intensas, como la persecución inicial, la aparición de los falsos policías y el duelo con estos, logran mitigar la sensación de que El Camino carece de inspiración y esfuerzo en su creación. Apenas vale para pasar el rato, y no da lo suficiente como para dejar huella y pensar en volver a verla.

PD: Robert Forster rodó su parte (interpretando al dependiente de la tienda de aspiradoras) a pesar de sufrir un cáncer de cerebro. Murió justo el día de estreno de la película, el viernes 11 de octubre.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
-> El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

DESENCANTO – TEMPORADA 1, PARTE 2

Disenchantment
Netflix | 2019
Aventuras, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Matt Groening, Josh Weinstein, Claudia Katz.
Intérpretes: Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon, John Dimaggio, Billy West, Maurice Lamarche, Tress MacNeille, Sharon Horgan.
Valoración:

Antes que nada, no entiendo eso de llamar parte 1 y parte 2 de la temporada a tandas de capítulos estrenadas con un año de diferencia. Supongo que serán temas legales, pero a los fans lo único que hace es confundirnos. Con Futurama pasó lo mismo, hubo un tiempo durante el cual nadie sabía cuántas temporadas había realmente y a cuál correspondían los episodios.

La presentación de Desencanto hizo honor a su título resultando un desencanto bastante importante. ¿Dónde estaba el Matt Groening y colaboradores que nos regalaron genialidades como Los Simpson y Futurama? Las aventuras de Bean en Utopía (o Dreamland) carecían totalmente de la inventiva e inteligencia de aquellas, resultando una parodia bastante simple de la fantasía medieval clásica sazonada con unos pocos líos paternofiliales tampoco muy elaborados. Si no fuera porque los personajes mantuvieron cierta simpatía y por el notable subidón en los tres capítulos finales apostaría a que casi nadie habría seguido viéndola… Pero esta segunda parte es otra prueba de fuego, porque arrastra los mismos problemas. Netflix no da resultados de audiencias, pero a tenor del escaso y tibio recibimiento que se lleva en las redes no le veo mucho futuro.

Con Utopía patas arriba, el complot descubierto, la reina y madre de Bean resultando ser muy distinta a la figura tan idolatrada que tenían, nos dejaron en un clímax de infarto. En el primer episodio, los nuevos pasos en el asunto y sus posibles secuelas prometen bastante. A Bean se le abren los ojos a una nueva cultura y un conflicto tanto político como personal que la sobrepasan. La cantidad de situaciones y giros que traen las dificultades que enfrenta garantizan una historia muy movidita e impredecible. El segundo capítulo, con el viaje al infierno, sigue sumando puntos añadiendo un humor más ingenioso y loco, prometiendo que la temporada irá por caminos más arriesgados y originales.

Pero esa inspiración inicial tanto en historias como en la cantidad y la calidad de los chistes desaparece en los siguientes, que vuelven al tono sencillo, cuando no simplón, de la primera etapa. Tiene amagos en que parece que se va a poner seria, jugando con sutilezas (los orígenes de Elfo), abordando temas más complejos (los conflictos entre los elfos y el rey), deslumbrando con otros lugares (los ogros, Vaporlandia)… pero se desarrollan sin pena ni gloria. La sátira es tontorrona y a veces resulta forzada (el feminismo a la cabeza), el ingenio brilla por su ausencia, todo son entuertos sencillos, parodia básica con chistes muy blandos, pues ni con un demonio cabroncete como se supone que es Luci ni con los choques de Elfo con la realidad tenemos gracias subidas de tono.

Lo mejor que se puede decir es que si te caen bien los personajes querrás seguir viendo sus aventuras, pues por poco excitantes que sean la mayor parte, estos tienen sus momentos en cada episodio y, sobre todo, hay una continuidad en la evolución de sus relaciones y sus personalidades. Y esto se extiende a la fauna creciente de secundarios: todos van aportando detalles al conjunto, de forma que se nota una planificación global o al menos una intención de ir avanzando hacia alguna parte.

Pero ahí también se queda corta, porque al final del año pasan por completo de casi todo lo que han ido sembrando y lo dejan para más adelante. El misterio con la caja de música y las marcas por el castillo parece ser crucial, le dedican un par de capítulos con mucho esmero en sembrar intriga… y luego no lleva a nada, sólo se retoma unos segundos en un giro final muy forzado y sin garra. La parte de Vaporlandia, la asombrosa ciudad steampunk, te deja esperando un colofón que dé la vuelta a todo… pero el episodio final en cambio se centra en cosas que a su lado parecen totalmente intrascendentes, sobre todo con la falta de empaque con que las narran. Los últimos problemas de Bean, Luci, Elfo y por extensión Utopía están lejos de mantenernos en vilo como supongo que pretendían, saben a distracción temporal que no se han trabajado con ganas, resultando un capítulo final aburrido y anticlimático.

La esperanza nunca se pierde, se suele decir, y Desencanto todavía mantiene la sensación de que tiene un mundo enorme por explorar, pero por ahora sigue apuntando a unos mínimos decepcionantes.

Ver también:
Temporada 1, parte 1 (2018)
-> Temporada 1, parte 2 (2019)

MINDHUNTER – TEMPORADA 2


Netflix | 2019
Suspense, drama | 9 ep. de 48-63 min.
Productores ejecutivos: David Fincher, Charlize Theron, Jennifer Erwin.
Intérpretes: Jonathan Groff, Holt, McCallany, Anna Torv, Stacey Roca, Joe Tuttle, Albert Jones, Lauren Glazier, Gareth Williams, Nate Corddry, Dohn Norwood.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las líneas principales de la temporada. —

A la hora de publicar esto no he encontrado declaraciones oficiales ni artículos que especulen con lo que ha pasado, pero está bastante claro que el creador de la serie, Joe Penhall, ha abandonado el barco. En los créditos aparece como “creador”, una cita obligatoria, y más escondido como “consultor”, a pesar de que se sabe que al menos hasta enero estuvo trabajando en la segunda temporada, lo que le habría valido un cargo de “productor” o de “guionista” (“story by” en algún episodio, al menos), mientras que “consultor” viene a ser un puesto honorífico con sueldo que suele darse cuanto te despiden y no quieren que armes jaleo. Estoy convencido de que se debe a que Fincher, que se fue imponiendo en todo aspecto creativo el primer año, ha terminado haciéndose con el control total y Penhall se ha largado o ha sido despedido. Los nuevos guionistas principales son Joshua Donen y Courtenay Miles, colaboradores habituales de Fincher, aunque hasta ahora más en el aspecto de la producción que de la escritura.

El desenlace de la primera temporada cayó en el único traspiés notable que tuvieron los autores en la presentación de la serie: dejamos a los personajes en un final bastante sensacionalista que no encaja en el tono tan serio y realista que habían planteado. Por suerte, ha sido un desliz breve. La segunda etapa vuelve a encarrilarse abordando las consecuencias de aquellos hechos con la narrativa sobria y sutil tan característica.

Lo que parecía el bache más importante y peliagudo durante el proyecto de los protagonistas se toma como otra anécdota en la dinámica y la política del trabajo: la alteración de unas declaraciones y el chivatazo del nuevo miembro del equipo se despachan muy rápido, con lo que cabe pensar que no deberían haberle dado más relevancia que a otros conflictos. Las dudas de lealtad, los roces personales y sobre todo la lucha por sacar adelante su investigación en una cadena de mando llena de intereses (la mayor parte conservadores) ya estaban ahí y siguen trayendo nuevos problemas la mar de interesantes.

Al ataque de pánico de Ford se le dio demasiado dramatismo para que al final no tome tanto protagonismo y sea sólo otra característica más de su personalidad, y las hay más importantes, como su ambición superior a su experiencia y su nulo tacto político propiciado por sus ganas de quedar como un héroe. ¿Madurará o seguirá chocando contra sí mismo una y otra vez? La ruptura sentimental de Wendy parecía muy mundana para una obra tan inteligente, pero por suerte la nueva pareja da mucho más juego, pues se abordan mejores análisis sobre el comportamiento humano, que es de lo que va la serie. Se ve obligada a separar su vida personal de la laboral, pues ve que ni en ese ambiente tan progresista abunda la tolerancia a otras formas de entender la vida. Los líos familiares de Bill se relacionan mejor con la parte policíaca, pues confiere a las investigaciones una perspectiva más humana, más dramática. Enfrenta en sus carnes lo que está estudiando cuando su hijo acaba implicado en la muerte de otro niño: ¿y si es como esos asesinos en serie?, ¿cómo puede evitarse que una persona crezca siendo así?

Hay que alabar el papel de los tres protagonistas principales, Jonathan Groff, Holt McCallany y Anna Torv, que están impresionantes en el difícil tono de la serie, la contención, los suspiros, las miradas… Son capaces de reflejar cualquier estado de ánimo con gestos velados y silencios.

Secundarios hay pocos pero tan interesantes que deseas que aparezcan más. Gregg Smith (Joe Tuttle) intenta superar sus problemas para integrarse saltando a realizar entrevistas, pero verá que tiene mucho que aprender. El nuevo jefe (Michael Cerveris) parece simpático y dedicado… pero pronto se ve que es más bien ladino y que la dedicación va encaminada a su carrera profesional. El agente Jim Barney (Albert Jones), que era el candidato perfecto para el puesto que tomó Smith por enchufe, acaba colaborando con ellos; su profesionalidad y dedicación darían mejores frutos… si no fuera negro. La mujer de Bill, Nancy (Stacey Roca), representa muy bien el lado civil, los que no son capaces de entender y soportar la violencia y crueldad de la que hacen gala algunas personas… sobre todo si son conocidas. Y hay que destacar de nuevo el gran trabajo de caracterización que han hecho con los asesinos reales que aparecen. Todos están fielmente representados, resultan fascinantes a la par que inquietantes, y con ellos los autores canalizan muy bien los temas que quieren tratar. Eso sí, al final, el menos llamativo ha sido el más hablado estos días, Charles Manson.

Sigue habiendo unas pocas entrevistas a convictos que mantienen la línea compleja e instrospectiva habitual. Cada una aporta vivencias a los personajes, los lleva a conocerse mejor, y también deja sesudas reflexiones sobre el ser humano. Pero sabiamente los autores evitan el desgaste o la sensación de estancamiento saltando pronto a un caso que servirá de arco central esta temporada. No rompe las formas, pues se trata con el mismo estilo metódico y profundo, pero nos lleva a nuevos escenarios y a aplicar lo que los protagonistas han ido estudiando.

El FBI va modernizándose poco a poco, y llegan mejores tiempos para la Unidad de Ciencias del Comportamiento. No será un camino de rosas, pero sus esfuerzos empiezan a dar frutos: son respetados por sus compañeros y poco a poco su labor influye en otros cuerpos de la ley y en la política. En esta nueva fase enfrentan un paso crucial: pondrán en práctica lo aprendido con el perturbador asesino de niños de Atlanta, que se cree que dejó un reguero de treinta adolescentes, sembrando el pánico en la región.

Entramos en una investigación en la onda de The Wire (David Simon, 2002), pero con una perspectiva más sórdida y psicológica. Hay análisis social y político con gran visión global y obsesión por el detalle, pero se mantiene por encima de ello el sombrío e intimista acercamiento a la mente humana. Los condicionantes sociales y familiares, los traumas durante el crecimiento y los análisis éticos se dejan entrever en todo momento con una verosimilitud y sensibilidad insólitas.

El ritmo mantiene el tono sosegado pero hipnótico del primer año. Hasta la conversación más larga y tranquila cautiva por su sugestivo trasfondo y la fantástica puesta en escena con el toque Fincher, capaz de sacar una belleza inquietante hasta de la habitación más anodina. De nuevo Mindhunter te engancha y no te suelta, y te llama para volver a verla y buscar detalles que se te hayan escapado. Por ello me sorprende y apena ver a algunos espectadores decir “no pasa nada, es muy lenta”, cuando en cada plano, frase y gesto hay algún matiz que aporta esencia al conjunto. Un suspiro o mirada en una de las entrevistas refleja la reacción y maduración de los personajes, y esto tendrá consecuencias más adelante. Desde luego, no está hecha para quienes esperan hechos simples y directos, como un flashback que te dé mascadita la escena del crimen y una persecución molona.

El tener una investigación policíaca más clásica, por bien ejecutada que esté, limita un poco el factor originalidad con que asombró tanto en la primera temporada, pero pegas reales encuentro pocas. La historia de Wendy vuelve a quedar un poco descolgada en la parte final, no son capaces de mantener al personaje en el foco con algo más interesante que un nuevo conflicto amoroso, pero al menos no faltan a la historia real metiéndola por la fuerza en el caso. Hay un giro al final que, sin más explicaciones, hay que considerarlo poco meditado o un agujero de guion; lo comento más abajo. No me ha gustado que en una obra siempre tan arriesgada opten por incluir el típico epílogo de reposicionamiento de personajes mediante un montaje de escenas cotidianas y musiquita facilona. Me molestan algunas traducciones que hace Netflix en España: los detectives son convertidos en inspectores y los comisarios en directores, y ni por asomo es lo mismo. Y, sobre todo, pesa el miedo a que la cancelen porque es demasiado exquisita y exclusiva y la vemos muy pocos espectadores.

Alerta de spoilers: Entro en un aspecto importante del final.–
Que la mujer de Bill se largue con el niño está muy cogido por los pelos. Estando en plena evaluación de los servicios sociales, si se ha escapado sin avisar de la separación y si se ha ido a otra ciudad, como decía poco antes que le gustaría, la pondría prácticamente en busca y captura por la justicia y podría perder la custodia. Bastaba incluir una escena con ella explicando que su marido genera un ambiente inadecuado para el niño y los servicios sociales aceptaran un divorcio exprés; espero que empiece así la siguiente temporada y tape el agujero, si no, será un giro sensacionalista que genera graves incongruencias.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 7 Y FINAL

Netflix | 2019
Drama, comedia | 13 ep. de 55-90 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Dale Soules, Danielle Brooks, Uzo Aduba, Adrienne C. Moore, Elizabeth Rodriguez, Selenis Leyva, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Jackie Cruz, Laura Gómez, Daniella De Jesús, Nick Sandow, Beth Dover, Matt Peters, Emily Tarver, Mike Houston, Taryn Manning, Susan Heyward, Lori Petty, Nicholas Webber, Laverne Cox, Shawna Hamic, Alysia Reiner, Berto Colon, Natalie Carter, Karina Arroyave, Jason Biggs, Catherine Curtin, Hunter Emery, Bill Hoag, Mike Houston, Vicci Martinez, Greg Vrotsos, Alicia Witt, Marie-Lou Nahhas.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo describo las historias principales por encima, sin desverlar finales. —

Esperaba que al tener confirmado el final de la serie con tanta antelación (desde la quinta temporada) Jenji Kohan tendría más fácil hilar el arco argumental de cada personaje e historia y preparar bien los desenlaces, pero lo cierto es que la sexta etapa dejó entrever cierto desgaste y también un alejamiento de la fórmula y las historias que hasta entonces íbamos viendo, y aunque gracias a la calidad de los personajes y las tramas secundarias que seguían tocando temas trascendentales con tanta sensibilidad mantuvo muy buen nivel, quedaba algo por debajo de lo esperado en la serie. ¿Logra remontar en la temporada final? Desde mi punto de vista, un poco, pero no suficiente como para terminar tocando el cielo como en otros años.

Vuelve a centrarse en algo que habían dejado demasiado en suspenso, el motín, sus secuelas y la parte de la crítica social y política que surgía de él. Y empieza arreglando elecciones que no convencieron a los seguidores: Malison es despachada bien rápido y fingiremos que aquí no ha ocurrido nada, y Taystee vuelve a primer plano con fuerza después de que anduviera muy infrautilizada tras el punto álgido en el que quedó su trayectoria personal al terminar el motín. Las dudas sobre si se sobrepondrá o si se suicidará y la crítica a cómo el sistema etiqueta y abandona a los criminales sin darles la rehabilitación y la segunda oportunidad que tanto vende te mantienen en vilo, y con la simpatía y energía de la actriz Danielle Brooks termina de llegarte muy hondo. Pero, salvo por un par de escenas donde Luschek y McCullough muestran brevemente los traumas que la situación dejó en ellos, las secuelas no van más allá de Taystee, todo el análisis que se fue desarrollando sobre los malos tratos por parte de los guardias, la dejadez y abusos de la administración, los males del capitalismo, la indiferencia de la sociedad, etc., se han dejado muy de lado. Hasta Linda Ferguson y Natalia Figueroa se blanquean con un tono más ligero, y los directivos de la compañía que compró la prisión no vuelven a aparecer.

Da la impresión de que Kohan decidió a última hora cambiar el foco hacia otro tema de actualidad que ha traído la era Donald Trump: el trato cada vez más inhumano a los inmigrantes irregulares. Lo introdujo en los últimos minutos del final de temporada anterior y aquí lo lleva como trama global. Y no me malentendáis, trata el asunto con gran detallismo y verosimilitud, con la habitual cercanía que consigue que cada historia y personaje parezcan totalmente reales. El problema es que parece una trama impuesta en momentos en que todo seguidor esperaba que continuara ahondando en lo que ya estaba en marcha. La mitad del reparto ha desaparecido con el cambio de prisión, las vidas de muchas secundarias son relleno tonto (Suzanne), parecen un poco forzadas (Red, Pennsatucky), precipitadas (el giro que inicia la trayectoria final de Lorna), o desaprovechadas (la vida de Piper fuera no sorprende nunca, aunque sea muy amena).

En otras palabras, falta un poco de la visión global y también de la fuerza arrolladora que ha tenido en sus mejores tramos. Pero sólo un poco, porque sigue siendo una serie muy buena, el problema es que prometía llegar a ser una obra maestra al nivel de Oz (Tom Fontana, 1997) y The Wire (David Simon, 2002) y se ha quedado a las puertas.

Como es habitual, el fascinante despliegue de personajes e historia que nos regala Kohan pasa de la comedia al drama con una agilidad asombrosa, los personajes que aparecen ofrecen un sin fin de vivencias conmovedoras y con diversas lecturas y críticas muy inteligentes, y los ausentes se llevan un bonito homenaje al final, más otro en los créditos (aunque no entiendo por qué aparece Pornostacho y no Bennett y Donuts). Las propias Piper y Lorna siguen siendo encantadoras, aunque no deslumbren como antes. En cierta manera Figueroa casi que gana con el blanqueamiento, porque ya no resulta tan distante y caricaturesca. Caputo tiene un arco fantástico que además permite mover a otras, como a María Ruiz, y tocar brevemente otro asunto candente, el #metoo. Dayanara, Aleida, Cindy y otras muestran que la vida sigue, que el pasado pesa pero desde luego el no luchar para mejorar no ayuda. Nicky Nichols está estupenda en todo momento. Y algunas incluso se benefician del tema de la inmigración: Gloria y sus compañeras latinas brillan más que nunca al tener más protagonismo, y las nuevas que llegan en esta parte, Karla Córdova (Karina Arroyave) y Shani Abboud (Marie-Lou Nahhas), se hacen querer instantáneamente.

En cuando a la fidelidad a la vida real en que se ha basado la serie, la de Piper Kerman, aquí renombrada a Piper Chapman, hay que señalar que muchas veces ha tirado por su propio camino según iban creciendo los personajes (Suzanne iba a salir pocos episodios en principio, por ejemplo), y otras tantas se las habrán inventado de la nada. Pero en cuanto a la propia Kerman, cabe señalar que esta volvió con su marido al salir, pero en la serie quedó pronto claro que el casting de su versión (Jason Biggs) fue un desastre y había más química con Laura Pepron (Vause), así que han potenciado esa relación hasta el final, creando tensión con si la esperará o se irá con la nueva mujer tan atractiva que conocer, Zelda, interpretada por una encantadora Alicia Witt.

Aunque en estas dos últimas etapas haya perdido algo de fuelle y haya quedada eclipsada por otras nuevas grandes producciones, Orange is the New Black ha sido una de las mejores series de los últimos años, de esas que una vez caes en su embrujo volverás a ver una y otra vez y cuyo legado ya se empezó a notar en las primeras temporadas, pues hay versiones de sus personajes en muchas series y el número de producciones sobre cárceles de mujeres se ha disparado por todo el mundo.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
-> Temporada 7 y final (2019)

JESSICA JONES – TEMPORADA 3 Y FINAL


Netflix | 2019
Superhéroes, drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Melissa Rosenberg, varios.
Intérpretes: Krysten Ritter, Rachael Taylor, Eka Darville, Carrie-Anne Moss, Janet McTeer, John Ventimiglia, Benjamin Walker, Jeremy Bobb, Sarita Choudnhury, Aneesh Sheth.
Valoración:

Alerta de spoilers: Entro bastante a fondo. —

Al igual que Daredevil, y se suponía que también Iron Fist y Luke Cage, pero salieron muy malogradas, Jessica Jones nació con la intención de, potenciando el tono ya oscuro de los cómics, aportar una perspectiva más adulta y compleja a un género habitualmente muy luminoso y maniqueo, con la excepción de Batman y pocos más. Héroes impolutos o con problemas emocionales sencillos y conflictos con villanos arquetípicos basados en la fuerza o en un reto intelectual sin complicaciones serias son la tónica más habitual.

La premisa inicial es básica. Jessica Jones es superior físicamente y muy capaz en su trabajo y se dedica a hacer el bien. Pero en el fondo se habla sobre personas traumatizadas, familias rotas, una justicia muy falible y la frustración y dramas que eso conlleva, la fina frontera entre héroe, justiciero y villano… Por ello era lógico que en vez de ponerla ante el típico malo que vencer a tortas hubiera algo distinto. Y vaya si lo hubo.

En la primera temporada, Jones se enfrentó a probablemente el villano más temible que hemos visto en el género en cine y series, Kilgrave, un ser capaz de manipular las emociones de los que lo rodean. En la segunda, el enemigo era más cercano, su propia madre, con lo que el drama era de altos vuelos. En ambos casos la protagonista era puesta a prueba de las formas más crueles imaginables tanto en el lado emocional como en la responsabilidad del héroe. ¿Cómo enfrentar el reto sin destruirte como persona ni traicionar los límites morales?

Aunque fueron temporadas irregulares, más la segunda, los protagonistas estaban muy bien trabajados y cuando la confrontación alcanzó sus momentos álgidos el nivel fue muy alto. ¿Qué nos ofrece la tercera etapa? Repetición de ideas, vueltas en círculos y rellenos entre anodinos y cargantes.

Como en todas estas series relacionadas, salta a la vista que obligar a tener trece episodios por año no les ha sentado bien. Hasta en Daredevil en sus mejores momentos hacen esfuerzos evidentes para cumplir con el número. Quizá con seis episodios a lo sumo, yendo al grano, esta nueva historia de Jessica Jones habría resultado más amena, aunque fallara en las novedades y la profundidad. Pero con trece se hace muy cuesta arriba.

Los cinco primeros te los puedes saltar, no perderás el hilo conductor y ganarás tiempo de vida. Jessica y Trish están tristes por la muerte de la madre biológica de Jess, y tratan de rehacer sus vidas, pero nada llamativo, y mucho menos novedoso, ocurre. Odian sus vidas y trabajos, van como zombis por el mundo. Así todo el rato. Casi pasamos más tiempo con los secundarios, pero no funciona. No puedes pasar a primer plano a figuras que eran un apoyo puntual para las protagonistas principales, y menos con dramas tan artificiales, y esperar que ganen nuestra atención a estas alturas. La abogada Jeri Hogarth de repente tiene una enfermedad mortal, uy pobrecita, y trata de recuperar a una vieja amada para no sentirse sola. Nos torturan con infinidad de cansinas y repetitivas escenas de romance y peleíllas que en realidad no aportan nada a la serie. El investigador Malcolm Ducasse quiere hacer algo de valía, tener un trabajo respetable, pero hacerlo con Jeri significa tener éxito y dinero a costa de sacrificar la ética. Y duda, y duda, y así hasta la eternidad. He acabado hartito de las mimas muecas del limitado intérprete Eka Darville. Y para colmo, el simpático vecino latino de Jess desaparece sin dejar rastro, sea porque el actor se largó o porque los guionistas querían forzar otra relación amorosa en tensión con un nuevo personaje y no sabían qué hacer con ese obstáculo. El nuevo es Erik Gelden, un tipo misterioso que dice poder sentir la maldad en las personas, pero cuya lealtad e intereses Jess no logra descifrar. El actor Benjamin Walker juega muy bien con el amplio rango de actitudes que finge o sufre el rol: carisma, patetismo, cercanía, falsedad, traumas… Eso sí, su hermana no pinta nada, es para darle más minutos de relleno a Malcolm, igual que la novia que este se echa en el bufete.

Podrían haber puesto unos cuantos casos del día, que viéramos a Jess trabajar mientras intenta levantar cabeza, potenciando así el noir (¿qué fue también del detective rival, el asiático chungo?) en vez de tanto dramón impostado, y mostrar de tanto en tanto indicios breves de la trama de largo recorrido, como se ha hecho siempre, en vez de dejar todo en suspenso a base de repetir lo mismo una y otra vez.

En el sexto y séptimo episodios, ¡a mitad de temporada!, parece que va a remontar la cosa. Por fin sacan del armario a Trish, como intentando sorprender a pesar de que eran evidentes sus intenciones desde la temporada anterior. Está obsesionada con convertirse es una superheroína, pero finge querer hacer el bien cuando lo único que busca es superar a Jessica y dar rienda suelta a su ira a base de golpear a los malos.

Paralelamente presentan, ¡ya iba siendo hora!, al villano que será el hilo conductor de la misión y responsabilidad del héroe en esta etapa. Gregory Sallinger (un inquietante Jeremy Bobb) es otro enemigo acorde al estilo de la serie: sus capacidades vienen por el lado intelectual, pues es más inteligente que Jess y Trish y sabe urdir planes que atacan su estado mental y la percepción de la sociedad sobre ellas. Promete ser otro enemigo imponente que pondrá las cosas cada vez más difíciles.

Pero nada cuaja. El amago del remontada no vuelve a darse, en adelante siguen con la inercia, con más bajones que subidones, hasta acabar en un tramo final que decepciona incluso en estas débiles condiciones, sobre todo porque el undécimo capítulo es uno de esos de relleno cutre que se hacían en seriales baratos de cincuenta años atrás, donde se resume toda la temporada recopilando escenas ya vistas y añadiendo como mucho una nueva frase en cada una. ¡Menudo robo de tiempo y menudo insulto al espectador!

En el resto, el ritmo es plomizo y la historia se queda en su armazón más simplón y predecible. Estaba bien claro lo que iba a ocurrir, y en ello se atascan sin ser capaces de lograr el ambiente de las temporadas anteriores, lleno de tensión por cómo saldrán airosas las protagonistas y cuánto sufrirán en el proceso. Sallinger pondría a la opinión pública en contra de Jess y Trish, enemistaría a estas dos y a Hogarth al empujar a Trish a convertirse en villana y por extensión a Jess a replantearse qué se puede hacer para detener a los criminales, tanto a los que son seres queridos como a lo contrario, los psicópatas sin límites. Vamos, lo que hemos visto ya. Trish ofrece un remedo pobretón de la confrontación con la madre, y Sallinger es remedo de Kilgrave. Al final no se sabe muy bien cuáles eran las intenciones de este último, si matar a las heroínas o derrotarlas de cara al público, y qué tenía que ver con ello los asesinatos en serie previos. Parece que los escritores tampoco tenían muy muy clara la posición de este, porque en el tramo final parece que intentan blanquearlo para justificar que Jess interceda por él (por un tipo que ha torturado y matado a unas diez personas, incluyendo un ser querido), cuando el conflicto ético y legal es claro: no dejar que Trish mate a su antojo.

El enfrentamiento pasa por las escenas más predecibles, los dramas más forzados, los giros más facilones, y todo con una desgana que se contagia capítulo tras capítulo, en especial en la anticlimática confrontación final y las relamidas despedidas. Y atención al penoso epílogo con Jess dudando si me voy o no me voy, abandono o sigo. ¿A quién queréis engañar? Y la desgana también lleva al descuido, pues hay algunos patinazos asombrosos, como las incursiones de Jessica en las comisarías: en la del pueblo, por lo ridículo que es todo, en la de las pruebas de Sallinger, igual, pero rematado con la parida de que el detective deje abandonada sin protección la única evidencia sólida contra él, un cabello: aunque no hubiera desaparecido por la intervención de Jessica, la cadena de custodia se habría roto.

Ni siquiera la correcta puesta en escena, que consigue una personalidad atractiva para la serie, ni un rol central tan potente como Jessica Jones y el papelón de Krysten Ritter levantan el nivel de una temporada muy aburrida y olvidable.

Al final tenemos que alegrarnos de que Marvel/Disney o Netflix hayan decidido poner fin a este ciclo de héroes, porque si en tan poco tiempo se les han agotado las ideas, extenderlo hubiera sido terminar de rematar el recuerdo de su breve momento de brillantez.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
-> Jessica Jones – temporada 3 y final (2019)

KINGDOM – TEMPORADA 1


Kingdeom
Netflix | 2019
Aventuras, suspense | 6 ep. de 43-56 min.
Productores ejecutivos: Seong-hun Kim, Kim Eun-hee.
Intérpretes: Ji-hun Ju, Doona Bae, Ryu Seung-ryong, Greg Chun, Hye-Jun Kim, Kim Sang-ho, Kim Sung-kyun, Heo Jun-ho.
Valoración:

Kingdom es la primera producción de Netflix en Corea del Sur. Está escrita por Kim Eun-hee y dirigida por Seong-hun Kim, dos autores que, sin tener una larga carrera, han cosechado cierto éxito en su país. Estaba pensado que fueran ocho episodios, pero el rodaje se alargó y se sobrepasó el presupuesto, de forma que se quedaron en seis. Presenta una historia de supervivencia zombi sumergida en una intriga palaciega en la corte medieval. Esta es una de las grandes ventajas de Netflix: conocer una cultura que suele llegar poco a España, pues no es sólo una serie coreana, sino una con tintes históricos.

Con zombis esperas algo adulto no sólo en términos de violencia y sangre, sino en la temática, a menos que sea una comedia loca tipo Shawn of the Dead (Simon Pegg, Edgar Wright, 2004). Pero aunque hay suficientes muertos sangrientos, en argumento y estilo resulta demasiado superficial y blanda. Tenemos un débil equilibrio entre el entretenimiento sin pretensiones y el típico producto comercial que roza la vergüenza ajena por combinar sin ton ni son géneros e ideas buscando la aceptación de todos los espectadores posibles. Es thriller politícito, aventuras, terror gore, comedia (muy tonta además), y de una escena a otra pasa de seria y adulta a loca y juvenil. Se ve que en Corea también siguen ese absurdo mantra de que una obra comercial debe abarcar todo rango de público posible, ser simple y llena de estereotipos.

La descripción de los personajes se ahoga en viejos tópicos, la trama se apoya en unas bases muy pobres y se desgrana con torpeza y recursos burdos. Son seis episodios, y la mayor parte se hacen algo largos. Pero también hay que decir que al menos los personajes principales enganchan y quieres saber qué les ocurrirá a continuación, y aquí y allá hay tramos donde amaga con desplegar su potencial y resulta entretenida, por momentos incluso emocionante, sobre todo en el espectacular tercer capítulo. Pero en esas partes es cuando más se nota que debe demasiado al portento de puesta en escena que tiene.

Está claro que dinero han echado en grandes cantidades, porque el acabado es impresionante. El vestuario es excelente, los decorados imponentes y los grandes paisajes (casi todo está rodado en exteriores) cautivan. Con una fotografía estupenda y un buen director queda una impronta visual magnífica, de forma que hasta las escenas más parcas en contenido entran bien por los ojos, pero cuando llegamos a las partes más moviditas y a la acción parece una película de gran nivel. Lo que no está a la altura es la música, muy floja.

La pareja protagonista, el príncipe empanado que empieza a despertar y el buenazo pero competente de su guardaespaldas, tiene simpatía de sobras para llevar el relato. El despertar gradual del heredero al que los corruptos quieren destronar es muy predecible, pero no cae demasiado bajo, y con las situaciones y diálogos tan variadas que se trae con su compañero y el que los actores son la mar de competentes y tienen buena química entre ellos, sus aventuras resultan agradables de seguir. La enfermera que encuentran por el camino y el tipo misterio que es muy hábil sobreviviendo en cualquier situación también tienen cierto atractivo, pero me temo que en el tramo final a él lo dejan de lado y a ella le ponen escenas secundarias sin garra. Bueno, las bromas que le gasta al noble idiota que la sigue son graciosas, pero es que termina apareciendo sólo para soltar un par de chistes por episodio.

No sé cuál será el estatus de los actores principales en Corea del Sur, si son famosos o no. Sólo conozco a Doona Bae, la más internacional, vista en Sense8 (2015) y El atlas de las nubes (2012). En cuanto al doblaje, ya no los aguanto aunque el idioma original me suene raro de primeras, y no me la jugué y la vi en versión original con subtítulos en español. Al poco conoces a cada personaje lo suficiente para ver cuándo está siendo irónico, cuándo expresa miedo… Me puse en castellano una escena llena de sutilezas de ese tipo para ver qué tal está el doblaje, y todo el diálogo era plano, con la misma entonación, perdiéndose completamente el significado real de la situación. Y todavía hay gente diciendo que “te pierdes más leyendo los subtítulos”.

Si el resto del repertorio de protagonistas e historias mantuviera este nivel digno habría salido una serie bastante mejor. Pero cuando nos salimos de las aventuras del príncipe tiene tan poco que ofrecer que hubiera preferido que el escritor se centrara en la parte de supervivencia y olvidara todo lo demás. Nobles traicioneros, villanos de manual, una conspiración harto previsible y moralejas básicas de tiranía y justicia se desarrollan con el mínimo esfuerzo. Y a veces hacen cosas raras: inluyen algún flashback repentino y torpes pausas para dar explicaciones de lo que está ocurriendo, como si pensaran que hacía falta aclarar alguna parte a pesar de lo simple y obvio que es todo. Pero la cosa empeora en los personajes más secundarios. El maestro sabio y los gobernante locales estúpidos resultan roles demasiado rígidos que escupen frases épicas chorras y humor inmaduro y están encarnados por actores histriónicos, resultando difíciles de aguantar desde sus primeras apariciones.

Los zombis son peculiares, porque atacan sólo de noche, cual vampiros. Pero me temo que no es una idea que enriquezca el género, sino una excusa para parar de vez en cuando el curso de la acción, para estirar las historias: atacan y duermen a conveniencia del guionista. La intriga inicial con qué está pasando y cómo reaccionarán los protagonistas mantiene la expectación. Los primeros choques y combates también. Parece que vamos a tener una odisea caótica y agobiante como se espera del género… Pero tras el buen subidón en su ecuador se vuelve a venir abajo en el final, donde todo empieza a hacerse repetitivo. Otra vez se refugian tras murallas en espera de ataques y teniendo insípidas maquinaciones políticas, pero nada cambia, salvo que prometían ofrecerte una gran batalla como desenlace… y se tiran todo el episodio así, uno entero de seis, amagando, anunciando grandes cosas, para terminar sin que nada haya ocurrido. Vamos, el típico gancho para que veas la siguiente temporada.

Aparte de que me he sentido estafado con esa sucia maniobra en el final, no veo que haya material para alargarlo más años, así que va al cajón de descartadas.

BLACK MIRROR – TEMPORADA 5


Netflix | 2019
Drama, suspense, ciencia-ficción | 3 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Anthony Mackie, Yahya Abdul-Mateen II, Nicole Beharie, Andrew Scott, Damson Idris, Topher Grace, Miley Cyrus, Angourie Rice, Madison Davenport, Susan Pourfar, Pom Klementieff, Ludi Lin, Monica Dolan.
Valoración:

Alerta de spoilers: En los comentarios de los episodios entro a fondo.–

Si bien la segunda temporada rozó el desastre después de pelotazo de la primera, desde Blanca Navidad parecía que Charlie Brooker se encontraba más a gusto desarrollando historias originales y experimentando (aunque patinara alguna vez), sobre todo cuando Netflix le dio más recursos y episodios. Sin embargo, nos trae otro año en el que hay poco que rescatar.

Con el esfuerzo que llevó realizar Bandersnatch no les daba tiempo a estrenar otra una temporada de seis episodios, así que han vuelto a los tres con que se inició la producción en Channel 4. Pero bien podría haberse tomado Brooker un descanso más largo, o al menos contratar guionistas que aporten savia nueva, porque el desgaste mostrado en ese episodio se ha acrecentado en esta etapa.

Otrora, la serie se caracterizaba por mostrar elaborados mundos ficticios, generalmente en futuros cercanos, donde se analizaba la influencia de las nuevas tecnologías en la sociedad de forma muy tétrica pero plausible. Cada micro universo contenido en cada episodio resultaba fascinantegracias al mimo que ponía Brooker en su construcción y el cariño que les cogíamos a la mayor parte de los protagonistas, pero sobre todo por la inquietante moraleja que siempre dejaba. Prácticamente cada historia que hemos visto parece estar a punto de hacerse realidad en pocos, muy pocos años.

Este año apenas mantiene el tono en el tercer episodio, los otros dos son relatos mundanos anclados en un aburrido presente y carecen de lecturas profundas sobre nuestro porvenir, giros imprevisibles y finales trágicos, ofreciendo a cambio lecciones torpes, ritmo moroso sin sorpresas, y conclusiones sin garra.

Otro aspecto llamativo es que esta vez no se han dedicado a buscar autores de renombre para las labores de dirección y banda sonora: los directores y músicos alternativos de calidad brillan por su ausencia. ¿Habrán querido recortar dinero? Lo único llamativo es la presencia de Miley Cyrus interpretando una versión de sí misma.

Tras el salto encontraréis un análisis por capítulos.
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