Archivo de la categoría: Oz

OZ – TEMPORADA 6 Y FINAL.

Oz
HBO | 2003
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Chuck Zito, Christopher Meloni, Scott William Winters.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo a fondo cada trama y destino de personajes.–

Última temporada de Oz. El destino final de los numerosos personajes que han poblado este relato se acerca. Unos tienen un cierre concreto, otros ejemplifican que la vida sigue día a día, y unos pocos no salen muy bien parados, pues la temporada tiene algún desliz digno de mención.

Tras ser apuñalado en un atentado contra su mentor, Burr, Augustus muere. Pero sigue apareciendo en la narración hacia el espectador, aunque no es tan omnipresente. La dinámica cambia un poco de forma muy interesante: en cada capítulo aparece algún preso que ha fallecido en temporadas anteriores, contanto historias como es habitual en relación con las tramas del episodio.

Para sorpresa de McManus y Said, Augustus deja un manuscrito de una novela sobre la vida en la cárcel (algo que nunca le hemos visto desarrollar, pero bueno). Ambos piensan que es material de primera calidad que debe ser editado. Said se lo toma como nueva meta en su vida, con lo que se encarrila tras un tiempo dando tumbos. Los caminos inesperados le llevan a decidir autopublicarlo e imprimirlo desde la cárcel con ayuda del resto de musulmanes. Como es esperable, el proyecto arrastrará mil y un problemas. La muerte inesperada de Said lo pondrá todo patas arriba, y Ariff debe tomar de nuevo el difícil el liderato.

Álvarez sigue intentando reconciliarse con el mundo, contener los problemas que le surgen, pues las vueltas que da su vida parecen llevarlo siempre hacia el abismo, por mucho que se esfuerce. Cuando consigue poner algo de orden y sentido se da cuenta de que no todo depende de él, de que hay factores impredecibles. Al ver que no saldrá nunca porque el encargado de la condicional le tiene manía, parece abarazar la desesperación habitual en él como único modo de vida: hay que seguir hacia adelante y punto. Omar ha caído tan bajo que parece imposible volver a despegar. Sin el apoyo de McManus y de Said, menos posibilidades tiene. Intenta encontrar un sentido a su vida: primero, aferrándose a la idea de la venganza por la muerte de Said, segundo, intentando aceptar y comprender el sentido de la vida, del universo. Pero en su ignorancia y locura se equivoca al elegir un maestro que le guíe: el asesino de Said está como una regadera, y lo degüella en plena noche.

Rebadow está completamente hundido tras la muerte de su nieto, pero la vida da muchas sorpresas y termina encontrando consuelo al enamorarse de la nueva encargada de la biblioteca. Sin embargo la relación da pasos extraños cuando descubre que, como su nieto, ella puede morir de cáncer en cualquier momento. Mukada se sigue enfrentando al poder que sobre él ejerce el chaval pelirrojo que enloqueció definitivamente al matar al reverendo Cloutier. El chico ahora dice estar poseído, y Mukada afronta dilemas de fe intensos: creerle o no, aceptar para sí mismo que quería ver al reverendo muerto, perdonarse por ello y perdonar al chaval por haber perdido también su sendero, etc. Gloria por su parte se enfrenta a sus propios diablos: la posibilidad de que las celdas de aislamiento sean tóxicas la enfrenta contra la ética laboral y la política (callar o enfrentarse al sistema).

Muy interesante es la historia que involucra al Senador Devlin: un alcalde encarcelado podría soltar mierda sobre él, y decide mover hilos para cargárselo. Durante toda la temporada la trama me mantuvo en vilo: ¿por fin caería el villano más grande de todos, el político repelente, un ser más cruel que la mayoría de los presos? Me gustó mucho también la caída gradual de Robson, uno de los nazis más destacados. El rechazo de su grupo le lleva a ir reconociendo poco a poco la miseria de vida que ha llevado siempre (no sin antes cometer otros errores enormes), y las escenas en que se desmorona son muy intensas.

En otro de esos proyectos que pretende hacer de la cárcel algo mejor que un simple almacén de ciudadanos descarriados, se inicia un grupo de trabajo pagado. Burr, perdido tras la muerte de Augustus, lo usa para levantar su espíritu y conseguir redención: con ello podría encarrilar a su gente, alejarlos de las drogas. Como siempre en la serie, el asunto ofrece muchas vueltas y perspectivas, y resulta un estupendo análisis: se critica que las empresas usen presos con salarios de mierda, se desarrolla una buena trama de superación personal, de problemas y vicios que nos impiden realizarnos como personas y encontrar un sentido a la vida, etc.

El plato fuerte del año es sin duda el desenlace de una historia que viene de temporadas anteriores: la pena de muerte de Cyril. Capítulo tras capítulo la tragedia se va acercando mientras los protagonistas intentan todo por evitarlo. La tensión constante que enfrentan los personajes, la dureza que es vivir cada día con la sombra de la muerte de un ser querido acercándose cada vez más, la desesperación de O’Reilly, la locura en que se va sumergiendo Cyril (vertiendo una doble personalidad en el calcetín-muñeco), la terapia de electroshocks (¡curarlo para matarlo!)… Todo este segmento es durísimo, desgarrador. Y los guionistas lo exprimen al máximo, generando una espiral creciente de tensión y drama con momentos sobrecogedores. La ejecución aplazada a instantes de realizarse te deja sin respiración durante toda la maldita secuencia. Los presos haciendo su protesta te llegan al alma. Y finalmente, al enésimo intento del desmoralizado y podrido sistema “democrático” estadounidense, Cyril es ejecutado, a pesar de su retraso mental y su demencia. La posterior redención de O’Reilly con su padre y con Gloria es también muy emotiva.

En las historias secundarias, que huelga decir están siempre relacionadas con el resto de forma excelente, hay muchas que destacar también. La búsqueda de venganza de Dave Brass por haber quedado cojo y haber perdido su posible futuro como jugador de baloncesto (con la brutal y equivocada paliza a Morales), los intentos de Peter Schibetta, el italiano, de encontrar un hueco en una prisión donde todos le rechazan (aunque el personaje no termina de tomar un rumbo claro tampoco este año), los líos de Busmalis con su novia, la obra de teatro, etc.

Pero como indicaba al principio, la temporada tiene algunos patinazos importantes. Está lejos de ser grave, de hecho pienso que si me ha molestado bastante es porque le tenía cariño a los personajes y esperaba mucho más, pero sin duda hay secciones que no terminan del todo bien. Primero, a base de repetir la dinámica de la vida en la cárcel llega un momento en que ya no sorprende nada. Tantas guerras entre bandas, tantas muertes, tantos problemas… Cuando los golpes de efecto (muertes principalmente) no aportan algo tangible (una crítica o análisis determinado sobre algún aspecto humano, social o político, un desenlace notable a una trama interesante) pueden llegar a resultar poco impresionantes. Segundo, en el tramo final se abusa del sensacionalismo rápido y fácil, en un fallido intento de dejar huella en el último momento.

El mejor ejemplo de ambos problemas es que desde la cuarta temporada la rivalidad entre Beecher y Schillinger da varios traspiés, con varias muertes innecesarias, y llega un momento en que tanto exagerar y forzar las cosas termina saturando al espectador. En este año llegamos a un punto en que de repente se cargan al padre de Beecher. ¿De verdad era necesario, hay motivos argumentales para ello, o es un simple golpe de efecto? Y la cosa va más allá: Beecher por fin sale de la prisión, un momento que debería haber ido acompañado de la emoción y fuerza que han tenido otros instantes clave de su vida, pero que en realidad carace del empaque esperado. Para colmo, los guionistas se empeñan en rizar el rizo: vuelve a Oz por una tontería y a partir de ahí se envuelve en una espiral de historias rebuscadas y forzadas con Keller. La trama de Keller volviéndose malvado peca de tramposa y sensacionalista, y si bien se salva porque mete un giro interesante (era su plan definitivo para acabar con Schillinger), lo cierto es que luego vuelve a empeorar en el desenlace. Hubiera quedado mucho más creíble y trágico que Beecher testificara contra él, y que así saliera de la cárcel, por no decir que de esta forma se habría mantenido más fiel a la dinámica de la relación entre Beecher y Keller en los últimos episodios. Es que joder, no puedo evitar pensar que de esa manera habrían conseguido un final trágico perfecto: Beecher libre de cárcel y purgado de los crímenes de su entorno, pero a costa de abandonar a su amado. En cambio optan por una muerte de cómic con Keller cayéndose por la barandilla. En conjunto no llega a ser una trama horrible, pero tanto altibajo y exceso deja un mal sabor de boca, y más cuando Beecher siempre ha sido mi favorito.

Pero hay más muertes que se me antojan fallidas. Después de haber visto caer de forma magistral a roles de gran calibre (Adebisi a la cabeza), es una pena que los guionistas decidieran forzar las muertes de otros personajes, como si sólo por hacerlo ya lograran un momento dramático digno de recordar. Y no es así. Como decía, sin un contexto adecuado, sin un objetivo tangible, la eliminación de caracteres sin más sabe a trampa, a sensacionalismo barato. Cabe preguntarse qué sentido tiene cargarse a Said de golpe y a través de un personaje insulso (e inverosímil: es capaz de colar una pistola en la prisión). Cabe preguntarse por qué pensaron que matar a Morales en una subtrama tan sencilla ofrecería algo interesante o impactante. Y sobre todo, hay que exclamar que a qué demonios viene asesinar a Leo Glynn en una escena tan rebuscada y tramposa. En el lado contrario está la muerte de Augustus: no me convenció por resultar precipitada y poco creíble, pero por suerte sus secuelas han sido bien trabajadas.

En una valoración global de la serie, pienso que los tres primeros años son más equlibrados e intensos, y los tres siguientes, aun siendo magníficos, tienen algunos altibajos. Esta temporada es la que mejor ejemplifica esa sensación. Por un lado, alguna muerte innecesaria y un tramo un poco salido de madre (el lío con Beecher, Keller y Schillinger), por el otro, mil historias maravillosas que componen un cuadro magistral de la condición y sociedades humanas, con tramos sublimes como la parte de la familia O’Reilly. Sea como sea, Oz se despide como nació: su ritmo siempre activo que atrapa con fuerza, las mil tramas cruzadas que resultan siempre interesantes, la evolución constante en los protagonistas, bien palpable y creíble, los infinitos detalles cotidianos que embellecen un todo ya de por sí excelso… Oz ha sido un drama revolucionario, complejo y brillante como pocos se han visto.

Cerca del final, la hermana Peter Marie suelta una frase que resume muy bien la idea que siempre ha querido transmitir la serie: nada es blanco o negro, el ser humano es falible, el sistema es mejorable, etc.: Vivimos en una nación de leyes, algunas de las cuales son brillantes y otras que son terribles. Pero no podemos abandonar nuestro código moral cada vez que sea conveniente. Entonces daría igual que abriéramos las puertas de todas las prisiones.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

OZ – TEMPORADA 5.

Oz
HBO | 2002
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Chuck Zito, Christopher Meloni, Scott William Winters.
Valoración:

Alerta spoilers: Resumo muchos acontecimientos importantes, con lo que no debes leer el artículo si quieres ver la temporada sin conocer nada.–

Aunque el susto de la bomba no llevó a nada, la explosión de gas obliga a realojar durante un tiempo a los reclusos en otros pabellones. En realidad en la serie no llegamos a ver esta estancia, porque volvemos justo cuando retornan a Ciudad Esmeralda. En cuanto a consecuencias sobre la vida en Oz, pocas, pues lo único reseñable es que el pastor Jeremiah, empalado por sus fieles más locos (ese niñato pelirrojo insoportable), acabó bien quemado. No sé muy bien qué tenían los guionistas pensado con esta trama, porque queda poco resultona, por no decir que las apariciones fantasmales del reverendo y la desaparición de su cuerpo, aunque no llegan a extremos absurdos, sí resultan un poco fantasiosas para una serie tan realista. Por suerte en la próxima temporada sí muestran qué pasó con el cuerpo, no dejando el asunto en desaparición milagrosa absurda.

El año se inicia realmente con el accidente de autobús, un golpe brutal bastante bien llevado desde su desarrollo hasta sus consecuencias. La cantidad de familiares que fallece ahí afecta a las gentes de Oz, en especial al latino Morales y a Augustus Hill, cuyas madres y sus visitas eran de lo poco que les mantenía en contacto con la realidad. De hecho Augustus se sume en una depresión que lo lleva a tomar drogas, cayendo en una sobredosis que casi acaba de su vida. Me gusta mucho el revuelo que se arma, porque era un individuo muy querido tanto por los presos como por los currantes de la prisión.

Una de las tramas más importantes y atractivas del año, que ya venía de la temporada anterior, es la espectacular vida de Omar, el negro que Tim McManus se empeña en intentar salvar hasta que acaba hasta los huevos de él porque no es capaz de manejar tanta incompetencia. Tim encuentra una solución temporal encasquetándoselo a Said, pues el musulmán no es capaz de controlar su ira (tantos problemas con su gente y los roces con los arios le han sacado de quicio) y McManus piensa que tratando de encarrilar a alguien tan débil y necesitado como Omar pone un objetivo en su vida. Pero Omar es intratable, un auténtico agujero negro de calamidades que a veces resultan cómicas pero que por lo general suponen un triste ejemplo de cómo algunas personas no son capaces de salir adelante por mucho que se haga por ellas. Neurótico, hiperactivo, incapaz de centrarse y avanzar, siempre recae en malos hábitos o hace alguna tontería enorme, para luego arrepentirse y volver a suplicar que le ayuden. Resulta una escena memorable, por su fuerza y por todo lo que significa en el personaje de Said, cuando pierde los estribos y termina dándole una paliza enorme al pobre desgraciado. Finalmente, Omar termina por cometer el error capital: asesina a alguien, y McManus lo pone en aislamiento indefinidamente. Por cierto, el papelón de Michael Wright es magnífico.

Beecher y Schillinger, mediante el programa de Peter Marie y con intervención de Said, intentan acercarse, pedir perdón y arreglar la guerra interminable que hay entre ellos, algo prácticamente imposible dado el historial de violencia que tienen. Aunque hay tibios momentos de acercamiento, estos se van al traste cuando llegan a Oz dos jóvenes, uno de ellos conocido por Beecher desde que era chico, y Schilligner va a por ellos con el proceso habitual: hacerlos sus putitas, violación incluida. La parte en que Beecher intenta ayudarlos mientras ellos luchan por su supervivencia como pueden pone de manifiesto cómo los prejuicios no nos dejan ver con claridad la realidad: el rechazo a Beecher por ser homosexual les lleva directo a ser violados y esclavizados por los nazis.

Keller es vuelto a trasladar a Oz, pero no a Ciudad Esmeralda, sino a custodia protectiva, pues el caso que pendía sobre él no se sostuvo pero de repente hay testigos de otro viejo asesinato. Keller se juega la pena de muerte, y Beecher le ofrece a su abogada para ayudar en su caso. Sin embargo, al verse ésta envuelta en este triángulo amoroso las consecuencias son tristes para Beecher: ella se va porque ve que Keller es culpable y no quiere defender a alguien así, pero sobre todo porque no puede estar con Beecher mientras ame a tal asesino.

Álvarez, en su eterna espiral hacia el abismo, está enfrentado hasta con los suyos. Cuando le llega la posibilidad de la libertad condicional se emociona, pero la realidad le estalla en la cara: mal comportamiento constante, un notable intento de fuga… Ante la destrucción de sus esperanzas la paga con el agente de la condicional, rematando su futuro.

Ryan O’Reily sigue mentido en todo lo que ocurre en Ciudad Esmeralda, sobre todo en las luchas entre bandas. La rivalidad con Jia, los testigos que pueden acusarle de crímenes y la supervivencia constante siempre le mantiene alerta, elaborando numerosos planes para eliminar a sus rivales (o más bien, para que se eliminen entre ellos). Y resulta que su madre biológica ha decidido trabajar en Ciudad Esmeralda ayudando a los presos con trabajos artísticos (obras de teatro, música, etc.), con lo que teme que otros vayan a por ella. A Cyril sin embargo le viene bien tener familia cerca… Pero eso no basta para sacarle del caos violento en que se ve envuelto, y en una de las peleas termina matando a alguien y acaba con su culo en el corredor de la muerte. Esto abre dos tramas muy trágicas: a Ryan le caen encima los fantasmas del pasado, pues en el jaleo debe enfrentar a su horrible padre, y la condena a Cyril desata otra serie de protestas contra las ejecuciones, pues se trata de un retrasado mental.

Una de las partes que más me gustó del año es la relativa al oficial que fue apuñalado en el tobillo, lo que acabó con su posible carrera como jugador profesional de baloncesto. La frustración e injustica embargan su vida… hasta que Rebadow le pide el favor de comprarle un boleto de lotería, pues tiene la esperanza de que si gana podrá curar el cáncer de su nieto. Y le toca, vaya si le toca… pero el oficial se larga con el dinero. En un ataque de remordimientos vuelve, pero ya es tarde, pues el chaval ha fallecido. Rebadow no será el mismo desde entonces.

Vuelve Schibetta después de años sin aparecer, pero lo cierto es que no aporta una historia con mucha sustancia. Se supone que estuvo en el loquero, pues la violación le dejó tocado. Intenta organizar a los suyos para ir tras los arios, pero solo obedecen a Pancamo, quien en una reyerta es apuñalado y puesto fuera de juego temporalmente. Al ir por libre, Schibetta es violado por Schillinger otra vez. La presencia del italiano no termina de cobrar mucho protagonismo, y las secuelas de sus nuevas penurias se dejan para el próximo año.

Para cerrar la temporada, la nueva escalada de tensión y violencia entre bandas acaba con el apuñalamiento por accidente de Augustus en un atentado contra su amigo y protector Burr, que llevaba tiempo siendo líder de los negros. Nunca me ha gustado que en un final de temporada dejen a un personaje al borde de la muerte, es una treta muy manipuladora: no sabes si vive, pero intuyes que no se van a cargar a un protagonista, que si lo quisieran hacer lo harían sin trampas burdas. Además, la escena es tan breve y causa tan poco impacto que cuando empecé la siguiente temporada (pocas semanas después) ni me acordaba del evento. No es final digno para una serie de tanta calidad, para una temporada tan perfecta, pero también es cierto que es un fallo aislado que no lastra el resto del año.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

OZ – TEMPORADA 4.

Oz
HBO | 2000
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, Edie Falco, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Adewale Akinnouye-Adbaje, Chuck Zito, Christopher Meloni.
Valoración:

Alerta spoilers: Resumo muchos acontecimientos importantes, con lo que no debes leer el artículo si se quieres ver la temporada sin conocer nada.–

La cuarta temporada de Oz es doble (dieciseis episodios en vez de ocho), pues debido al calendario de grabación de series de ese año la HBO se encontró con dinero extra que invirtió aquí. Se nota que la producción estaba empezada y la temporada regular escrita, pues hay una clara división de estructura de tramas entre los ocho primeros episodios y los ocho siguientes, de hecho una tanda fue emitida en julio y agosto y la otra a partir de enero.

En la primera parte de la sesión vemos como Clayton, el sobrino del alcaide, descontento con su despido y asqueado de todo, deja un arma al alcande de los presos. Entre el catastrófico tiroteo que se desata y otras recientes muertes, Tim McManus se ve obligado a renunciar como administrador de Ciudad Esmeralda. Su sustituto, un afroamericano, pronto muestra una clara tendencia racial con favoritismo hacia los suyos, moviendo tanto presos como guardias desde Ciudad Esmeralda a los pabellones normales o viceversa según el color de la piel. Así, Adebisi, que se quitó a Nappa de en medio y había afianzado su posición, ahora tiene el dominio absoluto a pesar de que algunos de sus hombres, como Kenny, fueron asesinados en el tiroteo.

Pero el dominio de Adebisi se descontrola, y Said termina aliándose con McManus para acabar con dicho reinado y devolver Ciudad Esmeralda a manos de Tim. Lo consiguen gracias a que Adebisi tenía grabadas algunas de sus fiestas y fechorías, pero en la venganza contra Said acaba muriendo a manos del musulmán. La caída de un grande como Adebisi es espectacular, tanto por la trayectoria como por el desenlace, pero también por la lectura que se puede hacer. La vida de Adebisi se había limitado durante años a la guerra por el poder, y cuando alcanzó la cima vio que no había nada más que llenara su miserable existencia, con lo que se embarcó en una espiral de autodestrucción suicida. Y las secuelas en Said serán enormes.

Un nuevo negro llega a prisión, Desmond Mobay. Es en realidad un agente de narcóticos infiltrado que busca atacar desde dentro a quienes manejan el contrabando de droga en la cárcel, un problema que siempre ha sido de difícil contención. Sin embargo, las pruebas de lealtad que le exigen para entrar en la banda chocan con la ley y la moral… hasta que son vencidadas por el ansia de ofrecer resultados, de quedar como un héroe en el cuerpo de policía. Las secuelas de tales actos llegan pronto, y las drogas no las mitigan, sino todo lo contrario. Al final, la drogodependencia y el descontrol le llevan definitivamente al lado oscuro (asesinato incluído) y termina siendo encarcelado por sus crímenes. Esta trama no por previsible me resultó menos lograda, amén de que ya se iba echando de menos una historia de este estilo.

Said ha perdido el liderato frente a Arif, aunque no por ello deja de luchar por lo que cree justo. Álvarez, con la mente prácticamente destrozada, descubre otro plan de Busmalis para fugarse, y no desaprovecha la situación. Busmalis es cazado pronto, pero con él tardan más. Diane deja de aparecer y se despide por teléfono, pues la actriz Edie Falco se largó a hacer una obra de teatro en Inglaterra y luego se decantó por Los Soprano (un acierto enorme, la verdad, pues aquí salía poco y en aquélla hace el papel de su vida).

Aunque Beecher y Keller se han ido acercando hasta convertirse en amantes, la vida de Beecher sigue siendo un infierno gracias a Schillinger. La escadala de violencia con el nazi como represalia por haber matado a uno de sus hijos acaba con el secuestro de los niños de Beecher y el asesinato de uno de ellos. Beecher pretende seguir la espiral matando al otro hijo de Schillinger, pero cuando consigue entrar en razón y darse cuenta de que todo esto no lleva a nada no puede hacer llegar la contra orden al asesino y el otro hijo de Schillinger muere también. No sé si porque esta rivalidad había alcanzado ya cotas durísimas y tragedias enormes o porque no se trata con la perfección de otras partes, pero todo esto me resultó excesivamente rebuscado y exagerado, y además no vi en los personajes tantas secuelas como debería. Beecher sin embargo sigue resultando un rol fascinante y mi eterno favorito.

O’Reily continua metiéndos en todos los fregados (el tema del teléfono móvil y los jaleos con los rusos son muy divertidos), pero su vida está dominada por la atracción que siente por la doctora Gloria. Poco después de discutir con la doctora y sufrir su claro rechazo ella resulta violada fuera del trabajo. No fue él, aunque ella piense así, y de hecho asesina al que lo hizo cuando éste llega a Oz.

Y como es habitual, infinitas y gloriosas tramas secundarias llenan Oz de la densidad y vitalidad habitual. Hay partes que me encantaron, como el anciano Rebadow asesinando (y sintiendo la necesidad de hacerlo de nuevo), o la sección de la loca en el corredor de la muerte, aumentada luego con otros en su misma situación. Muy interesante también ha sido el paso al lado oscuro de Clayton: su ira contra el sistema lo lleva a atentar contra el senador Devlin, y de haber sido oficial una vez pasa a reo.

En la segunda parte de la temporada las cosas siguen adelante, y si bien la mayoría lo hace con el nivelazo habitual, también hay partes que parecen poco trabajadas, otras mal acabadas y otras, quizá por la idea de meter golpes de efecto llamativos, terminan resultando demasiado exageradas. Seguramente ello se deba a que Tom Fontana tuvo que escribir a toda prisa. Así pues, hay cierto bajón, aunque debido a la calidad de los personajes y a las mil tramas que hay en marcha no llega a notarse demasiado. Sea como sea, la parte final final de la temporada patina y pierde algo de interés.

Como fruto de la caída del administrador de Ciudad Esmeralda y de Adebisi, Said recupera el grupo de musulmanes y McManus su puesto, aunque por supuesto ninguno de los se librará de los problemas de siempre. Para intentar recuperar algo de presencia, McManus reta a Vayhue, la estrella del baloncesto, a un torneo, pero no saldrá muy bien.

Con la banda de negros desmembrada parecería que los latinos, con nuevo líder, Morales, iban tomar el control… pero la llegada de un conocido líder negro, Burr Redding, vuelve a equilibrar las cosas. Mientras, Augustus se ve metido en medio de la lucha de liderazgo entre Burr, que es un viejo amigo suyo, y Supreme Alá, y su vida llega a estar en serio peligro.

O’Reilly, entre su insistencia y lo bien que se aprovecha de los problemas médicos de su hermano Cyril, consigue poco a poco acercarse a la doctora Nathan. Esta parte me resultó bastante forzada, pues no me pareció creíble que tras todo lo ocurrido ella pudiera perdonarle y aun más llegar a sentir algo por él. También encontramos aquí detalles impropios de esta serie, como la chorrada de envejecimiento de Cyril con las drogas experimentales.

Schillinger se topa con la novia de su hijo asesinado y con el nieto que ella trae. Quizá por ello acepta intentar terminar con las hostilidades entre él y Beecher. Mientras, Keller se despide de Beecher: cuando Schillinger está a punto de descubrir que Beecher planeó la muerte de su hijo, Keller se declara culpable. En espera del juicio es enviado a otra prisión, despidiéndose así uno de los personajes más complejos y difíciles (unas veces cae bien, otras es odioso). Después de todas estas tormentas, Beecher se topa con que le llega la posibilidad de libertad condicional. No cree en ella debido a su trayectoria de violencia, pero el proceso termina despertando esperanzas desaparecidas. Ve la libertad, se alegra de que Schillinger muere intentando evitar que salga… pero todo ha sido un sueño, y en realidad se la deniegan. Un sueño de hecho forzadísimo, tramposo y manipulador como nunca he visto, tan excesivo que resulta anacrónico en una serie de tanta calidad. La historia de la lucha por la libertad era bonita y trágica sin necesidad de sensacionalismos absurdos. De entre todas las historias vistas en Oz hasta ahora, ninguna me había parecido que perdía interés o desvariaba demasiado. Pero ésta sí, hasta el punto de resultarme completamente fallida.

La vuelta de Álvarez no ayuda a terminar con su locura, pues de nuevo los encierros en solitario minan su mente cada vez más, y los intentos de hacer de soplón para el alcaide mezclados con los intentos de acercarse de nuevo al grupo latino no salen bien. Otro loco de remate es Clayton, quien en su ingreso en la cárcel compartirá pabellón con Mobay. Pero mientras Mobay ha encontrado la paz, aquél cada vez está más desequilibrado, y en su constante rebelión termina causando su propia muerte.

O’Reily intenta hacerse amigo de un irlandés del IRA que espera ser trasladado a Inglaterra, terminando el asunto con una exagarada historia con bomba que no llega a explotar. El Padre Mukada, cura de la prisión, se topa con un rival difícil, un reverendo con el que tiene tiras y aflojas constantes. Entre medio tenemos también una poco sustanciosa aventura con unos refugiados asiáticos que son ubicados en la prisión a falta de otro lugar, parte que ni causa impacto ni se recuerda, con lo que no sé muy bien qué utilidad tuvo.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

OZ – TEMPORADA 3.

Oz
HBO | 1999
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, Edie Falco, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Adewale Akinnouye-Adbaje, Chuck Zito, Christopher Meloni.
Valoración:

Alerta spoilers: Resumo muchos acontecimientos importantes, con lo que no debes leer el artículo si se quieres ver la temporada sin conocer nada.–

Otro año en Oz es otro año de supervivencia al límite. Beecher debe lidiar con la traición de Keller, instigada por el nazi Schillinger. Se hará más difícil aun cuando el propio Keller muestre síntomas de arrepentimiento: ¿cómo volver a confiar en él… o en cualquier otro ser humano en general? La proyección de Beecher sigue siendo magistral. Sus miedos, los cambios drásticos que sufre, los caminos trágicos por los que se arrastra…

Otro año en Oz es otro año donde las inmundicias del sistema salpican a los habitantes del mismo. La nueva privatización del hospital de la cárcel limita muchísimo el margen de acción de Gloria, y pacientes con delicada condición mental como Álvarez sufren mucho las consecuencias.

Otro año en Oz es otro año en el que hay que lidiar contra lo peor del ser humano. La tensión constante entre presos, materializada en violencia en demasiadas ocasiones, lleva a McManus a probar otra idea radical: organizar un campeonato de boxeo que redirija toda esa ira. La situación es aprovechada por los grupos sociales y étnicos para hacer lo mismo de siempre: marcar el territorio, mostrar quién es más fuerte. O’Reily hace para variar también lo mismo, pero por su cuenta. Usa a su hermano, quien a pesar de tener las facultades mentales disminuidas sabe boxear. Y al final, el proyecto estalla en las manos de McManus, pues el enfrentamiento aumenta las rivalidades hasta que hay un herido grave en la lona del último combate. Mientras, Adebisi sigue manteniendo la pugna con los italianos, tratando constantemente de acabar con Nappa.

Otro año en Oz es otro año enfrentado a uno mismo, a las limitaciones personales, seas preso o trabajador. McManus lidia con una nueva agente, dura y algo pasada de rosca. Lidia con otro vigilante que parece tomar partido por los nazis, pero no tiene pruebas para tumbarlo. Lidia con la incompetencia de otro agente nuevo, Clayton, sobrino del alcaide, a quien han aceptado a regañadientes. Augustus lucha contra ser un chivato o dejar pasar un crimen imperdonable, el asesinato cruel de una familia al completo. Y Beecher, deshumanizado por completo, sólo tiene pensamientos para la venganza, y la llegada a la cárcel de uno de los hijos de Schillinger no se lo podía haber puesto más fácil: urde un plan para humillarlo y acabar con su vida, hiriendo así a Schillinger donde más le duele.

Otro año en Oz es otro año de búsqueda personal, de tratar de encontrar algo por lo que vivir, de hallar paz interior que te permita seguir adelante. Nos acercamos a la psique de Keller a través de la psicóloga Peter Marie, quien sufre las consecuencias de atender a presos tan difíciles. Se nos descubre un Keller lleno de problemas y dudas que materializa en acciones muy dolorosas para los que le rodean. Beecher pasa de la venganza al arrepentimiento, y acaba pidiendo consuelo y guía a Sayid, otro que ve tambalearse su mundo al enamorarse de una mujer blanca.

Y de nuevo, un sinfín de tramas más breves pero también cruciales inundan las vidas de los habitantes de Oz, tantas que no soy capaz de recordarlas todas: Kenny asesinando a su familia por la infidelidad de su novia, los líos con los rusos, Clayton empeñado en averiguar cómo murió su padre y mostrando cada vez más su poca entereza mental a la hora de enfrentarse a los problemas de la vida, el largo historial de dolor que deja Schillinger alrededor suyo, el proyecto de Peter Marie para acercar a gente enfrentada, los problemas que surgen con una mujer en el corredor de la muerte…

Este tercer año de Oz sigue rozando el cielo de la genialidad televisiva. Brillante planificación de tramas, sublime descripción y evolución de personajes, y todo ello envuelto en un halo de análisis social enormemente inteligente y atinado. Un par de detalles que son algo mosqueantes, como lo demasiado fácil que resulta conseguir drogas y otras sustancias de la enfermería, o algún relato menor, como el absurdo plan de fuga de Augustus que cerraba el año anterior y aquí ni se menciona (se ve que pretendía ser un recurso cómico sin trascendencia, pero no quedó bien) no bastan para empañar otra temporada sobresaliente.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

OZ – TEMPORADA 2.

Oz
HBO | 1998
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, Edie Falco, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Adewale Akinnouye-Adbaje, Chuck Zito, Christopher Meloni.
Valoración:

Alerta de spoilers: Resumo muchos acontecimientos importantes, con lo que no debes leer el artículo si se quieres ver la temporada sin conocer nada.–

La segunda temporada de Oz sigue exprimiendo de forma magistral su enorme grupo de personajes. Las historias, grandes o pequeñas, se desarrollan a toda velocidad, ofreciendo un mosaico de aventuras sin igual capaces de emocionar mientras te remueven por dentro gracias a su profundo análisis sobre el comportamiento humano en situaciones extremas. Hay tantas tramas, tantos roles, tantas perspectivas de distintos temas sociales que es difícil recordarlo todo con detalle al terminar el año, con lo que no es que aguante siguientes visionados muy bien, sino que los pide a gritos para saborearla a fondo. El único punto negativo que puedo ponerle es que a veces parece que no se esfuerzan en mantener algunos secundarios o en explicar adónde han ido, pues a lo largo de toda la serie algunos de estos desaparecen sin más, como en este caso el jugador de baloncesto, el músico y algún otro que han volado de una temporada a otra sin explicaciones (y algunos de ellos también reaparecen como por arte de magia más adelante). Pero claro, esto es un problema heredado de uno de sus grandes atrevimientos: es una de las series con más secundarios fijos que he visto. Muchos están ahí para cumplir el cupo de grupos étnicos o sociales, y aunque no lleguen a adquirir protagonismo siempre son los mismos actores y salen en casi todos los episodios. Le da la serie un aura de realismo enorme, pero claro, es dificilísimo mantener en nómica tantos intérpretes.

Como es complicado alabar tanta genialidad sin citar las vivencias de los personajes, he optado por ofrecer un extenso resumen de las historias principales con comentarios aquí y allá.

El motín ha estado a punto de tirar por tierra el sueño de Tim McManus, quien se empeña en esquivar baches y escalar murallas casi imposibles para sacar adelante un sistema carcelario que reconduzca a los presos para volver a convertirlos en ciudadanos en vez de almacenarlos y castigarlos en prisiones inhumanas. La temporada se abre con la investigación que pretende sacar a la luz las causas que llevaron a semejante situación y si se revolvió como la ley manda o hubo irregularidades. De hecho nos saltamos la resolución de la revuelta para pasar directamente a la investigación y a las secuelas, desgranando poco a poco el misterio de qué pasó con cada personaje. Es cierto que el episodio es el menos logrado del año, pues las pesquisas no tienen tanta fuerza como el resto de historias, pero da buenos momentos y deja un poso que define el rumbo de muchos protagonistas. La lucha de Said, la posibilidad de que Diane matara a un preso a propósito, los problemas de Ciudad Esmeralda para volver a resurgir (politiqueo, jugadas sucias, etc.), los destinos de numerosos encarcelados (unos con el mono, otros rozando la locura)… Cuando Ciudad Esmeralda vuelve a abrir es en esencia el mismo lugar, pero sus gentes han cambiado, unos más y otros menos, unos por el efecto causado por el motín otros por lo vivido hasta ese momento.

Adebisi, a pesar de superar el terrible síndrome de abstinencia durante el encierro, vuelve a las drogas a lo grande y en plan desmadrado, lo que pone en peligro su poder y acrecienta las rivalidades entre grupos. Se mantiene la pugna constante con los italianos, con los habituales ataques, violaciones y asesinatos, pero cuando llega Nappa, un viejo con más experiencia que maneja la situación evitando violencia innecesaria, vuelve a encarrilarlos mientras Adebisi se hunde en sus paranoias.

McManus inicia un proyecto para que la gente estudie, pues con el título tendrán más posibilidad de encontrar empleo y no reincidir en sus crímenes. Como es esperable surgen mil problemas, el primero es que debe romper con los prejuicios y las limitaciones de los presos y el último es el constante recorte presupuestario que manda todo al traste. Con este curso se inicia la salida de Poeta, uno de eso secundarios que parecían puestos para rellenar pero poco a poco fue tomando gran protagonismo. Tiene un punto de ironía su salida, su éxito como poeta rapero… y su caída en desgracia por ser incapaz de distanciarse del mundo del crimen. Su vuelta hunde sus expectativas sobre labrarse de nuevo un futuro, y se mete de lleno en la dinámica de Adebisi.

Beecher, que sigue siendo mi rol favorito, había sido machacado en la primera temporada, pero aquí es destrozado por completo, sumergido totalmente en la locura y desesperación. El bestial plan de Schillinger y Keller, donde éste último finge enamorarse de él para luego humillarlo, termina de eliminar lo poco que quedaba de humanidad y esperanza dentro de él. Esa historia es lo más duro que he visto en una serie o película, una tragedia y una cabronada de proporciones alucinantes. Otro que pierde la cabeza es Álvarez. Sus desequilibrios emocionales son puestos a prueba cuando al grupo latino llega un delincuente conocido que toma el liderazgo exigiéndole pruebas de lealtad: el momento en que ataca a un guardia hasta dejarlo ciego le marcará para siempre.

Said, apoyándose en un libro que ha publicado, sigue manteniendo su constante ataque contra el sistema, ya sea denunciando las irregularidades ocurridas en el motín o de cualquier otra forma, como rechazando el indulto que le ofrecen para quitárselo de en medio, acción que además refuerza su posición ante los demás musulmanes y de paso ante todos los presos, donde también mantiene una lucha constante por no perder su posición de líder espiritual. O’Reily, mi otro gran favorito, para variar está metido en mil fregados. El cáncer exprime su vena de supervivencia hasta límites delirantes: el enamoramiento con Gloria le lleva a provocar el asesinato de su marido como venganza por su rechazo y con la absurda creencia de que así tendrá vía libre para conquistarla. Además se incorpora a la cárcel su hermano, artífice del crimen, quien tiempo atrás sufrió un golpe fatídico en la cabeza que le dejó medio retrasado mental, con lo que deberá cuidar de él constantemente.

Se siembran también semillas para historias que crecerán en próximas temporadas, como la mujer en el corredor de la muerte, o Rebadow y su amigo Busmalis con los planes de fuga, o la presencia de un anciano loco que podría saber algo sobre la muerte del marido de la psicóloga Peter Marie, sucedido muchos años atrás. Pero hay más, muchas más historias, tantas que mezclo lo ocurrido en unas temporadas con lo ocurrido en otras. La calidad y complejidad de Oz es tan grande que, como decía, se puede volver a ver una y otra vez y siempre resultará fascinante.

Ver también:
Temporada 1.

OZ – TEMPORADA 1.

Oz
HBO | 1997
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson,
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, Edie Falco, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Adewale Akinnouye-Adbaje.
Valoración:

La HBO (Home Box Office) siempre fue un canal un canal pionero en técnica (el primero por cable y satélite, el primero en ser únicamente para abonados, el primero en emitir en alta definición…) y de primera calidad en contenidos (deportes y películas de prestigio), pero sin duda la gran revolución llegó cuando empezó a crear contenidos propios, tanto series como películas. En 1997 la mítica Oz fue la que abrió la ola de producción televisiva que no se pone límites ni censuras en lo argumental ni en lo visual, con historias adultas e inteligentes que abordan temas sociales delicados o incluso tabúes, con todo el sexo y violencia que estimen sus creadores. En su estreno pasó algo desparecibida, de densa y sórdida no llegó a tener un éxito inmediato. Los Soprano en 1999 fue la que marcó el éxito popular para el canal, pero el mérito de Oz no debe quedar ensombrecido por aquélla. Como otras creaciones de la cadena, la fama la fue ganando con el tiempo, cuando su concepto tan avanzado y complejo fue calando poco a poco en el espectador.

Oz es como se conoce a la penitenciaría de Oswald, donde un bloque experimental llamado Ciudad Esmeralda pretende recuperar el propósito de reinserción de los presos contra la ineficaz idea del castigo sin humanidad. Es un proyecto dirigido por el entusiasta Tim McManus, que lucha siempre contra las limitaciones de presupuesto impuestas por el estado y acometidas por el alcaide Glynn a la vez que enfrenta las restricciones impuestas por los políticos conservadores a favor de la justicia de mano dura. Y por supuesto debe lidiar con los presos, que difícilmente pueden sobreponerse a sus problemas y a las conductas que la cárcel y sus habitantes les inducen.

La vasta red de personajes, relaciones e historias de Oz es espectacular. Con ella se arma un sólido drama de denuncia, realista hasta provocar repulsión en ocasiones, capaz de remover conciencias haciendo que seamos conscientes de los aspectos más oscuros de la condición y las sociedades humanas. Se atacan obviamente las miserias del sistema penitenciario estadounidense, obcecado con almacenar y castigar delincuentes olvidando que son personas y dejando de lado derechos básicos del hombre, pero se hace desde numerosos puntos de vista, con lo que se muestra un abanico de situaciones tan amplio que no pocas veces se tratan temas que van más allá de las cárceles: la redención, la búsqueda personal de objetivos y esperanzas en la vida, la amistad, el poder del miedo, los grupos sociales, las exclusiones por racismo u homofobia… Todo se muestra de forma hiperrealista y directa, sin rodeos o sutilezas, analizando muchas veces varias caras de la misma situación. Por ejemplo, en un capítulo la crítica a la pena de muerte más que nítida es descarada, forzando la situación hasta destrozarte por dentro… pero en la siguiente ejecución le dan la vuelta a todo lo mostrado, poniéndote ante un monstruo que prácticamente nadie sería capaz de perdonar o intentar reconducir, dejándote claro que nada es blanco o negro, haciéndote pensar.

Como el número de protagonistas es amplísimo me centraré en presentar los que aportan las tramas más importantes esta temporada. Hay que indicar que estos caracteres van alternando protagonismo y evolucionando constantemente, con lo que siempre hay historias jugosas que contar. En ocho capítulos Oz tiene más contenido que muchas series en temporadas de veintidós. En cuanto a la historia global, este año destaca el ambiente de desencanto y cabreo que poco a poco va sembrando la idea del motín en entre los reos, rebelión apoyada sobre todo por el grupo musulmán encabezado por Said. En el desenlace de la temporada la situación explota en un episodio impresionante, aunque si debo escoger uno me quedo con el centrado en la pena de muerte, que es inmenso y sobrecogedor.

Con Said se nos muestra el poder de la religión y de la palabra, así como que la unión hace la fuerza; sus motivos, luchar contra las injusticias del sistema, son loables, pero sus métodos con raíz en el fanatismo religioso provocan escalofríos a veces, tanto a los reclusos como a los directores de la prisión, así como al espectador. Adebisi y Kenny encabezan la banda de negros, siempre beligerante y metida en asuntos de drogas; la adicción es un asunto serio en una cárcel donde en cualquier momento te puedes quedar sin suministro. Schillinger dirige la tropa de nazis. Su poder lo obtiene del miedo, y no duda en usar incluso gente blanca para ello. Hace de un nuevo recluso, Beecher, su putita, su juguete. Tobias Beecher es uno de mis roles favoritos, pues representa al desgraciado que no es delincuente pero ha cometido graves errores (conduciendo borracho atropelló a una niña) y acaba en un sistema penitenciario que ha olvidado la idea de reinserción y que destruye a todo el que entra en él. Su evolución a lo largo de la serie es siempre constante y queda bien patente en esta primera temporada. Su mente es atacada rápidamente, acabando con sus esperanzas e incluso destrozando su personalidad entera. De la humillación y desesperanza (hay escenas terribles, como cuando le visita su madre o cuando es forzado a travestirse) se sumerge en las drogas, y de ahí va dando el paso a la locura.

Tenemos también al grupo de mafiosos italianos que controlan el cotarro (con Schibetta y Ortolani a la cabeza), aunque las cosas son tan volátiles que hay una pugna constante por el dominio y cualquiera puede caer. O’Reily es un irlandés experto en supervivencia; va siempre por libre, forjando alianzas con todo el que puede y traicionando siempre que estime oportuno para sus intereses. Es otro de mis favoritos, pues está metido en todos los embrollos. Álvarez es uno de los latinos con más protagonismo: su abuelo y padre han pasado su vida en la cárcel y ahora le toca a él. Es otro que pasa por muchos estados de ánimo, pues la vida y esperanzas siempre penden de un hilo tras las rejas. Una amplia lista de secundarios, algunos recurrentes y otros que dan historias puntuales, dan aún más fuerza y realismo al conjunto: el carnívoro es un puntazo, el anciano Rebadow siempre anda por ahí y siempre lo sabe todo, subtramas como la del jugador de baloncesto son muy impactantes, etc.

Diane es la más visible de los oficiales que vigilan a los reos (y la única mujer, aunque en próximas temporadas aparecerán otras). Su vida es miserable y se aferra a este odioso trabajo porque no tiene otra cosa. En ese estado de desesperación es un blanco fácil para situaciones delicadas, como presos que la exprimen para introducir contrabando. El padre Mukada es el cura de la prisión, un gran apoyo para McManus porque siempre busca lo mejor de los delincuentes. La hermana Peter Marie es una monja metida a psiquiatra que también aporta muchísimo al propósito de Ciudad Esmeralda. El director o alcaide Glynn antepone la administración (dinero, funcionamiento global) a la humanidad, con lo que entra constantemente en conflicto con McManus. Y los políticos de turno, encabezados por el despreciable Devlin, con su obtusa forma de ver las cosas no se dan cuenta de que provocan más daño que soluciones.

Oz rompe con todos los esquemas narrativos existentes hasta ese momento en televisión, su formato y estilo son totalmente revolucionarios. El episodio dura cincuenta y tantos minutos (sin límite fijo) en vez de cuarenta y dos, y carece de segmentos para las pausas publicitarias y de la estructura estándar de presentación, nudo y desenlace. Lo normal hasta este momento era hacer de cada capítulo una historia cerrada, aunque ésta tuviera partes para formar una perspectiva global, pero aquí la perspectiva es más amplia: cada historia dura lo que estiman oportunos los guionistas, y como lo normal es que la historia sea la propia vida del personaje, ésta puede abarcar temporadas o incluso la serie entera. Ahora estamos acostumbrados a que la televisión por cable siga este patrón, pero en su momento tuvo que sorprender bastante.

También se dan situaciones en las que hay saltos temporales, o se omiten los hechos (no vemos cómo termina de desarrollarse algún asunto) y se salta directamente a las consecuencias, que es lo que importa. Obviamente cuidan de que no se pisen los hilos argumentales o se creen incongruencias, pero alguna se escapa, como el pirómano apaleado que aparece en una escena posterior como si nada, o que en un episodio se diga que en las ejecuciones no está permitido por el estado que haya familiares, cuando en la anterior ejecución sí hubo.

Su estilo es experimental y atrevido incluso comparado con la televisión que vino después. Mediante la narración de uno de los personajes, el minusválido Augustus Hill, que constantemente se dirige al espectador a través de escenas imaginativas y representaciones variadas, se enfatiza la crítica, se exponen situaciones, se buscan paralelismos con el mundo fuera de la cárcel o se presentan mediante flashbacks los crímenes que llevan a los delincuentes a Oz. Igualmente hay numerosas escenas que juegan con lo visual para resaltar momentos y descripciones de personajes (los efectos de las drogas, situaciones caóticas, etc.). Y pensando quizá en que es una serie difícil de seguir también se incluyen flashbacks que recuerdan eventos concretos que ahora están volviendo a tener importancia; lo cierto es que se agradecen mucho, pues incluso en una misma y breve temporada pasan tantas cosas que hasta viéndola de un tirón hay detalles que se olvidan.

El único aspecto criticable de Oz puede ser la credibilidad de Ciudad Esmeralda, con un entorno que veces fuerza un tanto la realidad: jaulas de cristal (que se puede romper con una silla) no parecen algo muy lógico con presos peligrosos, los despachos de personal accesibles a los reos (con fichas privadas y papeleo variado) y los propios currantes que se pasean por ahí como si nada son detalles un poco mosqueantes a veces, incluso teniendo en cuenta la idea de proyecto especial. Pero lo que no es aceptable es que haya material peligroso tan fácilmente accesible, como cuchillos de cocina, las drogas de la enfermería, etc. Este aspecto se fuerza bastante en muchas ocasiones.

La primera temporada de Oz es uno de los hitos más grandes de la historia de la pequeña pantalla. El sello de la HBO y de la televisión moderna se forjó aquí a lo grande. Revolucionaria, rompedora, atrevida como ninguna hasta el momento. Inteligente, crítica, explícita y comprometida. Impactante, inolvidable, con personajes fascinantes e historias que calan hondo. Una obra maestra totalmente imprescindible que se adelantó un par de años al nacimiento de la denominada edad de oro de la televisión que empezó a florecer en 1999 con Los Soprano y El Ala Oeste.