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BANSHEE – TEMPORADA 3

Cinemax | 2015
Acción, suspense | 10 ep. de 46-58 min.
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, Greg Yaitanes, Peter Macdissi, Alan Ball.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Rus Blackwell, Matt Servitto, Trieste Kelly Dunn, Ryann Shane, Lili Simmons, Geno Segers, Matthew Rauch , Tom Pelphrey, Langley Kirkwood, Odette Annable.
Valoración:

Parece que los guionistas de Banshee (David Schickler y Jonathan Tropper a la cabeza) han sido conscientes de las limitaciones de la segunda temporada y se han puesto las pilas. Y vaya si el esfuerzo ha dado resultado, porque la serie ha llegado más alto de lo que esperaba. Tiene todas su llamativas virtudes en su máximo esplendor, y a la vez no se ven prácticamente ninguno de sus fallos. El ritmo vuelve a ser trepidante, sin rellenos ni recesos con poca sustancia, ofreciendo dos tramas importantes que denotan planificación y esfuerzo a la hora de desarrollarlas. Los protagonistas sencillos pero carismáticos son puteados al límite en un sinfín las historias de rivalidades, peleas y crímenes, teniendo así mejor recorrido, en especial los secundarios, que ya no parecen desaprovechados; incluso conocemos nuevos personajes que resultan fascinantes.

El conflicto con los indios explota del todo con el loco de Chayton dirigiendo su cruzada contra el hombre blanco invasor. Estamos ante un villano arquetipo como se espera en esta serie, y en ese estilo resulta ejemplar: cerrado de miras, temible y tan peligroso que se lo pone muy difícil a los protagonista. El actor lo han clavado: Geno Segers es imponente y su voz acojona. La guerra va con un ritmo estupendo, avanzando a través de escaramuzas, huidas y demás jaleos que impiden que la trama pierda fuelle. El momento álgido, el ataque a la comisaría, es memorable, y el tramo final en Nueva Orleans está muy bien también. Pero se puede señalar un ligero patinazo, la única escena malograda del año: el asalto de Lucas al campamento indio antes que llegue el FBI y le quite de sus manos la venganza es realmente absurdo incluso en alguien tan impetuoso como él, por no decir que los guionistas no atan bien los cabos: ¿ninguna secuela ni denuncia por parte del FBI? No hay quien se lo crea.

La otra gran historia es la del atraco monumental que planea la banda. El campamento militar que hay cerca de Banshee está apunto de trasladarse y llevarse consigo los millones y millones traídos de las giras en Irak y Afganistán. Es una locura de misión, pero cuándo eso ha frenado a Lucas, Job, Carrie y el ya considerado nuevo miembro Sugar. Los planes y preparativos son de lo más variado, y el robo resulta espectacular en la línea de la serie: una exageración casi en plan cómic. Pero no queda ahí la cosa, porque las repercusiones no tardan en llegar, regalando otros tantos capítulos de infarto donde no se ve salida para nuestros protagonistas. Aprovechan aquí para meter algunos flashbacks, como hicieron en las otras temporadas, pero esta vez son mucho más certeros a la hora de describir a los personajes y resultar entretenidos. Todo esto acaba con el clásico golpe de efecto final de un compañero secuestrado, para levantar la expectación de cara a la próxima etapa y exprimir un poco más la aventura.

En otro plano está Kai Proctor, con el que ya sabemos que irán postergando el enfrentamiento final con la policía, o más concretamente con Lucas, hasta probablemente el final de la serie. Pero por ahora siguen manejando muy bien la dinámica entre ellos: intrigas, roces, peleas puntuales… No, no podemos quejarnos de que lo mantengan en suspenso de mala manera. Y de nuevo salta a primer plano la posibilidad de que la enemistad se convierta en una relación laboral inquietante entre Kai y Lucas. Además su propia sección ha cobrado interés, tanto en lo personal (los líos con los padres) como en los tratos con el crimen, donde Rebecca en sus ansias de crecer la caga a lo grande y acaban teniendo una guerra contra otras mafias. Además esta parte da para que Lili Simmons demuestre que no está ahí sólo por el físico. Y no me olvido de destacar al guardaespaldas Clay Burton, inquietante y letal y quien que nos regala la mejor escena de la temporada y una de las más grandes del año televisivo: la pelea con la india Nola es un vacile visual sin igual que te dejará flipando.

Entre todas estas historias los personajes avanzan muy bien. La caída al abismo de Brook, los líos de confianza entre todos los policías, los problemas para asimilar tanta violencia, los intentos de Ava y Gordon por rehacer sus vidas, el rumbo desbocado de Deva (genial cuando Lucas hace más de mentor en los robos que de padre)… Hay muertes trágicas, tramas paralelas interesantes (Brook y su ex) y nuevos secundarios muy atractivos, como el indio metido a policía, o realmente deslumbrantes, como ese nazi, Kurt Bunker, que arrasa de forma espectacular en el poco tiempo que aparece: qué carisma, qué historia más prometedora, qué papelón hace Tom Pelphrey (y aquí se nota otra vez que el actor principal, Antony Star, va algo justito). El año que viene espero que lo expriman bien, porque supongo que se centrará por fin en los nazis.

Cómo no, la puesta en escena es impresionante y sin duda tiene detrás un trabajo largo y complicado. La planificación y el rodaje de tiroteos y peleas a puños, todas muy rebuscadas, tienen que suponer un quebradero de cabeza, sobre todo a la hora del montaje. Cabe destacar la incomparable lucha del guardaespaldas con la india, un ejercicio de coreografía y edición soberbio. Pero en líneas generales la serie es visualmente una gozada, con una fotografía fantástica llena de planos muy elaborados y un ritmo narrativo encomiable. Hay que citar también el extraño enredo en el asalto al campamento militar, narrado a través de cámaras: es un poco excesivo (en la onda de la serie, eso sí), pero bastante efectivo. Sólo una pega le puedo poner, y es que en tan excelente conjunto no se entiende esa chapuza que han hecho cuando los protagonistas montan en moto: una cutrísima pantalla de fondo. Desentona tanto que casi parece un chiste.

Banshee no sólo vuelve a recuperar el tono tras esa irregular y por momentos aburrida segunda temporada, sino que crece hasta meterse en la primera división, donde no esperaba que ni pretendiera llegar dado su tono de divertimento intrascendente. Es evidente que su estilo de acción desenfadada, descacharrante e histriónica sigue sin ser apta para todos los públicos, pero precisamente esas formas tan características combinadas con la alta calidad que está alcanzando quizá logren convertirla en una serie de culto.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
-> Temporada 3 (2015)
Temporada 4 y final (2016)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 5

HBO | 2012
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 47-59 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Denis O’Hare, Lucy Griffiths, Janina Gavankar, Valentina Cervi, Lauren Bowles.
Valoración:

Alerta de spoilers: No leer si no se ha visto la temporada al completo.–

Al contrario de lo que ha ocurrido otras temporadas, donde el tramo final resulta espectacular y disimula partes irregulares o tramas estiradas, esta vez encontramos que tras una sesión en general muy intensa y atractiva el desenlace pierde bastante fuerza, dejando una mala sensación que, por eso de fallar en el momento cumbre, el que más se va a recordar, puede incluso estropear la percepción sobre el resto de la temporada.

Entre lo mejor del año encontramos algunos momentos fantásticos, como la despedida de Hoyt, que de bonita y triste es capaz de humedecer los ojos. Cuando le pide a Jessica que le borre de la memoria toda su relación con ella y Jason para librarse de tanto dolor… joder, entre la fuerza del momento y el papelón de los actores te deja hecho polvo. Al otro lado del espectro, en la onda más humorística, encontramos que la parte de Tara esta vez es magnífica. Aunque su muerte me gustó, pues nos la quitaba de en encima, cualquier duda que despertara su retorno desapareció rápidamente: convertirla en vampiro ha sido un acierto enorme. Se renueva por completo un personaje que llevaba tiempo estancado y siendo un lastre, y sobre todo le da una nueva y divertida perspectiva a este rol que tan mal solía caer entre los espectadores. Instantes geniales como el intento de suicidio en la cama de rayos UVA destacan en la estupenda dinámica que desarrolla la relación entre ella y Pam, su creadora. Los cambia formas, con Sam y su chica por un lado y Alcide y la manada de lobos por el otro, han aportado bastante más contenido que antes, y aunque el tema de la dirección de la manada no es que me resultara especialmente interesante ha sido bien llevado, con un ritmo pausado pero seguro. Lo de los paletos asesinos de cambia formas ha sido incluso más interesante, sobre todo cuando ha mezclado a más personajes (incluyendo el viejo sheriff).

La parte menos lograda del año ha sido la del fantasma-demonio que acosa a Terry Bellefleur, que ha resultado tediosa y poco sustanciosa. Y siguiendo con lo malo, da la sensación de que no sabían qué hacer con Lafayette, que ha aportado muy poco esta vez. Como es habitual, el problema de algunas secciones es un problema general de la serie: a veces la idea de tener varios personajes yendo cada uno por su lado no funciona del todo, ya sea porque no te caen tan bien, porque su sección llena menos o porque te aparta de otras partes que deseas ver. Por suerte este año eso ocurre menos, tanto por la calidad globar de las mismas como porque de una manera u otra casi todas las historias han acabado cruzándose de vez en cuando. De hecho, esta vez Sookie ha estado bastante apartada del hilo central, habiendo pasado temporalmente por casi todas las tramas. Eso implica que ha perdido un poco de protagonismo en ocasiones, al menos hasta que las hadas vuelven a primer plano. Eso sí, de nuevo todo lo visto sobre estos seres no termina de exponerse por completo, dejando muchas cosas para la siguiente temporada, como el misterio de quién es el que mató a los padres de los Stackhouse. Lo mismo que con Sookie ha ocurrido con Jason. En cierta manera ha deambulado por varias historias, pero siempre sin perder interés, pues cada vivencia aporta algo al personaje. Igual ocurre con Jessica, quien ha crecido tanto que no necesita estar en el centro de una trama importante, sino que su búsqueda de un lugar en el mundo da de sobra para que su sección enganche.

En el hilo principal encontramos el esperado retorno de Russell Edginton, el poderoso y temido vampiro que promete echar por tierra el débil equilibrio entre vampiros no violentos y humanos que se ha conseguido contra los vampiros tradicionales, aquellos dispuestos a usar a la humanidad como ganado. La Autoridad Vampírica impone, el resurgir de Russell acojona y la captura de Bill y Eric resulta muy intrigante, y más cuando Bill parece haberse convertido a la religión: ¿está fingiendo o no? Y la religión… en menuda panda de lunáticos convierte a los líderes vampíricos. El grupo resulta fascinante (Roman, Salome y Nora -hermana de Eric- son muy buenos personajes, y Newlin es un puntazo). Toda esta historia promete desembocar en algo grande, y parece acercarse a ello cuando empiezan a volar las fábricas de Tru Blood, salen de caza drogados y Rusell deja de disimular y se desata… Sin embargo, a pocos episodios del final de la temporada la trama se estanca, prácticamente muere. No avanza, no evoluciona, no consigue adquirir trascendencia (pero qué poco impacto causa esta incipiente guerra). Y lo peor, llega el desenlace y acaba de una forma bastante insatisfactoria. Pocas sorpresas y situaciones sin garra. La caída de Russell es horrible, deja muy mal sabor de boca, y la muerte y resurrección de Bill no emociona y sorprende como pudiera, porque el comportamiento errático del personaje y lo poco claro que queda todo el asunto de la religión le resta coherencia y credibilidad a esa parte.

La labor actoral como siempre resulta soberbia. La puesta en escena espléndida. El estilo que mezcla sordidez con sensualidad y drama con humor es único. Su micro universo de criaturas y personajes estrafalarios sigue resultando espectacular. Con sus logros e irregularidades habituales, True Blood ha vuelto a dar otro año de gran nivel. Lástima que en este caso la sección menos lograda sea el desenlace, máxime cuando suponía la partida de Alan Ball como guionista principal. Veremos si la serie aguanta el tipo sin él… algo que rara vez ocurre.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
-> Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 4


HBO | 2011
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 48-59 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Kevin Alejandro, Marshall Allman, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Paola Turbay.
Valoración:

Alerta de spoilers: No puedo comentar la temporada sin mencionar muertes de personajes y finales de tramas: no leer si no se ha visto.–

Después de un tercer año de gran nivel, con historias más equilibradas y apasionantes que en temporadas anteriores, la cuarta etapa de nuevo resulta algo irregular, con un primer tramo disperso y quizá más lento de la cuenta. Pero como ocurre en anteriores sesiones, se va lanzando y posee un tramo final espectacular y un desenlace apoteósico que hace olvidar las líneas llevadas con menos habilidad.

En la línea de la serie nos encontramos ante un gran número de protagonistas con aventuras más o menos entrelazadas, con dramas más intensos, secciones más cómicas, guerras entre razas o historias de amor dulzonas. Es difícil mantener tantas tramas en juego, y más dotarlas de un nivel de interés alto a todas ellas. Así, como es habitual habrá personajes que no nos caigan muy bien, o que sí lo hacen pero los vemos desperdiciados en historias que no nos llaman mucho. Cabe preguntarse para qué se pierde tanto tiempo con Jason y los rednecks cambia-formas si al final no se convierte en uno, o si no podían haber finiquitado la aburrida presencia del hermano de Sam con más celeridad, o qué sigue pintando Tara en toda la serie… Otras partes se salvan precisamente porque sus protagonistas tienen carisma de sobra: si no fuera por la fuerza del personaje de Sam, su poco llamativo romance y los problemas con su hermano hubieran sido bastante más tediosos.

Encontramos también que secundarios de gran potencial pero anteriormente infrautilizados han cobrado protagonismo: Jessica y sus problemas de adaptación como vampira, donde debe luchar contra sus nuevos instintos (apetito de sangre, violencia y sexo), han ganado muchísimo en emoción y ritmo. Además se explota de maravilla tanto el lado interpretativo de Deborah Ann Woll (qué bien muestra todos esos instintos y sus duras repercusiones) como el aspecto erótico en su caótica relación con Jason y Hoyt (incluso el no mostrar desnudo total como el resto del reparto la hace más atractiva). Igualmente, otros secundarios que antes resultan incluso molestos están mejor aprovechados: Jesús y Lafayette y sus delirios con la magia resultaban excesivos el año pasado, y ahora son prácticamente protagonistas del hilo central, con lo que su presencia es crucial; por suerte, salvo momentos puntuales (un par de desfases al final, como la posesión de Jesús), sus aventuras dan mucho más de sí, y desde luego siempre es una gozada ver a actores del nivelazo de Nelsan Ellis. Además, a quien le cayera mal Jesús, como a mí, su muerte es un momento de placer no por previsible menos agradecido.

En cuanto a las tramas centrales seguimos el conflicto con una bruja que trata de acabar con los vampiros, secundadas de lejos por otras que vienen de atrás y todavía les queda desarrollo en próximas temporadas (las hadas siguen en segundo plano, el conflicto vampiro-humano tiene más relevancia pero no termina tomar protagonismo, los hombres lobo siguen por ahí pero un poco apartados…). La historia de la bruja recuerda claramente a la de Mariann: debe llenar la temporada entera, y claro, deja la sensación de que en algunos momentos se estira demasiado. La frase “Antonia Gavilán de Logroño” ya se usa como cachondeo para reírse de los excesos del personaje, más sobreactuado y pasado de rosca de lo que un villano de tal nivel necesitaría (mayor inteligencia y capacidad de dar miedo por sus brillantes planes, básicamente). De hecho su muerte, aunque en un par de episodios espectaculares llenos de momentos geniales, se hace eterna, y para colmo cuando por fin parece haber fallecido su fantasma posee a Jesús. Además está el tema de que lo de jugar con la magia sin una mitología clara detrás siempre sabe a engaño, a deus ex machina barato: qué poco me gusta que se saquen conjuros de la manga para resolver las cosas. Pero eso sí, repito que dicho desenlace se produce en un envoltorio de tramas, dramas personales y situaciones concretas de primerísimo nivel, con lo que el cierre del año deja en general muy buenas sensaciones.

Es la parte que incumbe a los vampiros, como suele ser habitual, la que sale mejor parada. Eric atontado y con la memoria borrada es un puntazo detrás de otro, la boba de Sookie enamorándose de él da para muchos buenos momentos (sexuales, claro, pero también humorísticos), los conflictos que surgen con Bill en el trío amoroso magnifican el asunto de forma excelente, la fiel seguidora de Eric (Pam), con la carne pudriéndose por el conjuro, es tronchante… Y todos juntos dan para escenas memorables, ya sea cuando están encadenados para escapar de la luz del sol (vaya puñaladas verbales se sueltan entre ellos) o al final uniendo fuerzas contra Antonia Gavilán de Logroño. No menos interesantes son las partes dedicadas a los roces con los humanos, con Nan, La liga de los Vampiros y la temible Autoridad, la subtrama de la conspiración contra esos poderes que maneja ella con Eric… y su sorpresiva muerte. Vaya zorra, suelta Eric en otra de esas geniales frases de final de temporada que se marca la serie.

Hay tantos, tantísimos personajes e historias entrelazadas, que es difícil mencionarlos a todos sin alargarme demasiado. Me dejo en el tintero otras partes francamente interesantes, como la de los hombres lobo, muy entretenida a pesar de quedar algo descolgada, o los problemas del Sheriff Bellefleur y sus choques con su hermano Terry, muchos más atractivos que los juegos cansinos del bebé de Arlene (esta quizá sea la parte menos lograda del año).

Como decía, el final acapara momentazos uno detrás de otro, como las clásicas escenas salidas de madre (Eric sorbiendo del corazón o matando a Pam), pero también con sorpresas inesperadas (espectaculares muertes de personajes –la de Tara algo forzada pero bien recibida-) y con la recuperación de tramas latentes (las hadas, el grandioso vampiro Russell) para subir el interés de cara a la próxima sesión.

Con sus altibajos ya más que aceptados, True Blood sigue siendo un entretenimiento completísimo: divertido, alocado, excéntrico, erótico y gore hasta donde la imaginación de sus autores sea capaz de llegar. Y hablando de sus autores, me maravilla su capacidad para crear y mantener este universo sin perder el control, sin caer en lo absurdo sin sentido, y su habilidad para mostrar en cada episodio, aunque sea de los aburridos, destellos de grandeza, detalles geniales, chistes inesperados… Y sobre todo, hay que volver a destacar la aparente facilidad que tienen para darle un envoltorio fascinante (aaah, el sello HBO: dinero + talento). Sin embargo, como ocurre con la serie desde su estreno, sigue habiendo gente que la ve porque está de moda pero no la entiende, y se atraganta y la critica de maneras poco objetivas. Que sí es ridícula y cómica sin pretenderlo, que si sus actores no saben qué hacen… Lástima que no sean capaces de ver su tono de humor, a veces sutil y a veces descaradamente absurdo pero siempre muy bien colocado, su capacidad de no tomarse en serio pero a la vez ofrecer protagonistas sumamente creíbles dentro de su entorno de fantasía desenfrenada, y lástima que tampoco sean capaces de admirar las sublimes labores interpretativas de todos los actores, todos espléndidos en sus excéntricos personajes (vuelvo a decir que es estamos ante uno de los mejores repartos de los últimos años). Pero ellos se lo pierden. Larga muerte a True Blood.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
-> Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 3

HBO | 2010
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 47-59 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Greg Fiender.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Denis O’Hare, Kevin Alejandro, Marshall Allman, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Evan Rachel Wood, Joe Manganiello, James Frain.
Valoración:

El tercer año de True Blood se ha lanzado tras una segunda temporada que bajó el nivel hasta rozar el tedio en algunos tramos, aunque luego tuviera un cierre estupendo. El ritmo ha mejorado considerablemente, las tramas han ganado en interés, los personajes principales andan más centrados y los secundarios menos necesarios (o dicho de otra forma, los más cargantes) en general han aportado más (Tara) o se han relegado un poco más a segundo plano (Jessica).

La aparición del Rey de los vampiros abre una trama apasionante y de mayor calado y densidad que las cansinas orgías de Maryann. Intrigas políticas, riñas territoriales, conflictos entre razas (vampiros, hombres lobo, humanos), el pasado de Eric … Todo se presenta apasionante, y más si tenemos en cuenta que la presencia de Russell Edgington como Rey de los vampiros es fascinante y la interpretación de Denis O’Hare antológica. La relación entre Sookie y Bill, con Eric de por medio en general y en algunos tramos con la bien utilizada aparición de Alcide (el hombre lobo), se desarrolla con rumbos correctamente definidos y algunos giros muy acertados que ponen las cosas siempre tensas (la revelación de qué es Sookie y la de por qué Bill llegó al pueblo y a ella son las más llamativas). La parte de la simpática pero poco relevante Jessica con el plasta de Hoyt se ha reducido y queda como un complemento correcto. La sección de Jason y el sheriff Bellefleur, con los rednecks cambia formas, las drogas y la nueva manía del hermano tonto de Sookie no es especialmente épica, pero sigue funcionando muy bien como la parte más cómica del conjunto. Pero lo que más me ha satisfecho y sorprendido es que Tara, el personaje al que casi todos los espectadores querrían eliminar y borrar de la serie, ha tenido unas desventuras bastante más interesantes, aunque principalmente sea tanto por brevedad (no ha consumido tanto tiempo para decir nada, como ocurría antes) como por la imponente presencia de un actor tan grande como James Fraim. Lástima que a éste ya no lo volveremos a ver.

Pero no todo son aciertos, pues hay caracteres que han perdido fuelle. Cabe preguntarse por qué se centran tanto en la trama de Sam, totalmente desligada del resto, para que luego ofrezca tan poco en el fin de temporada; y Lafayette con su novio el enfermero marean la perdiz también sin llegar a ninguna parte. Supongo que son historias que se desarrollarán mejor más adelante, pero al dedicarles tanto tiempo en este año han terminado siendo más un lastre que un aporte consistente. Pero son minucias en un repertorio de personajes excéntricos y delirantes que como en las dos temporadas anteriores despiertan tantas pasiones como odios. De hecho hay espectadores que tragan tan poco con algunos caracteres y se tropiezan a veces con el tono de cachondeo irreverente que otorga Allan Ball a la serie que equivocadamente se empeñan en decir que es mala. No, la serie es muy buena, quizá no antológica pero si un entretenimiento de factura impecable y con un tono tan original y gamberro (cuánta sangre, sexo y escenas surrealistas) que resulta deliciosamente divertida.

Y hablando de calidad, no hace ni falta recalcar de nuevo que la realización es sublime en todos sus aspectos (dirección, localizaciones, fotografía, atmósfera en general), el reparto es de lo mejorcito de la televisión actual (Anna Paquin, Ryan Kwanten, Denis O’Hare, James Frain y Alexander Skarsgarg ofrecen interpretaciones memorables) y hay muchísimos momentos en los que no sé si aplaudir por asombro y admiración o partirme de risa, destacando sobre todo el ya mítico “y ahora Tiffany, el tiempo”.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
-> Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 2


HBO | 2009
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 45-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Deborah Ann Woll, Kristin Bauer.
Valoración:

Aclamada y odiada por igual, incomprendida y amada en medidas semejantes, True Blood sigue siendo una de las series que más da que hablar estas dos últimas temporadas. Extraña, caótica, divertida, carismática y con personajes tan odiosos como adorables (donde cada espectador se inclina por unos concretos). Es un éxito considerable (lo más visto en la HBO desde Los Soprano, se ha llevado múltiples premios, tiene una gran presencia en Internet) y desde luego es un plato interesante y altamente adictivo, pero creo que ni el seguidor más fanático puede ignorar lo obvio: no es la panacea y de hecho es notablemente irregular en ritmo. Además esta segunda temporada pierde fuelle con respecto a la anterior: le cuesta horrores arrancar, de hecho media temporada se hace algo larga e insustancial y si se salva es por la calidad de la realización y su reparto, que siempre ofrecen algo realmente digno de ver.

Es entendible que al crear las dos tramas centrales prácticamente desde cero (aunque ya habían sido debidamente presentadas en la sesión anterior) el ritmo se resienta, pero no que lo haga tanto. La trama de Maryann (una arrolladora Michelle Forbes) no parece llevar un rumbo concreto y da muchísimas más vueltas de lo debido sobre las mismas ideas, supongo que por la necesidad de rellenar los doce episodios. Eso sí, su desenlace es de primer nivel y no deja ningún mal sabor de boca. Por el lado contrario, la parte de la secta donde Jason se introduce goza de mayor equilibrio narrativo y su relación con el estado actual de los vampiros (magnífica la aparición del sheriff de los licántropos de la zona) ofrece momentos de gran interés. Además, en ella se encuentran los personajes más carismáticos e interesantes (el romántico pasmarote de Bill, el cabronazo de Eric, la alocada pero dulce Sookie, el imbécil simpático Jason y algunos secundarios muy atractivos), mientras que en la línea de Maryann se sustenta prácticamente por Sam Merlotte y sus aventuras, porque como eje central de la misma hay que aguantar a una Tara que todavía no encaja del todo en el conjunto (a pesar de las excelentes labores de la actriz el carácter es bastante tonto y pesado, y su nuevo novio más todavía) y algunos secundarios no tan llamativos. Un tanto descolgado de todo lo demás encontramos una pareja que trae una de cal y otra de arena: la del pueblerino (Hoyt) con la vampira adolescente, personaje éste que con Bill funciona dando momentos de gran humor, pero cuya relación amorosa con el anterior y la relación de éste con su propia madre son realmente cansinas.

La calidad de la producción es indiscutible en todos sus aspectos. La ambientación es sublime gracias al espléndido uso de la fotografía, las muy bien elegidas localizaciones, la música… La dirección es brillante, como es habitual esperar de la HBO, y tiene el mérito de hacer realmente interesantes y llevaderos capítulos de cincuenta minutos con poco contenido, aunque una vez terminados estos uno tenga la sensación de no haber visto avance alguno.

Y el reparto se ha elegido un tacto impresionante, como también es habitual en la mítica cadena: todas sus figuras son excepcionales y algunas realmente brillantes. Es difícil limitarse a destacar un par de actores, porque todos merecen un aplauso y muchos uno bien sonoro. Daría un puesto de honor Anna Pakin por ser la figura central y todavía estúpidamente criticada porque su personaje no cae bien a todo el mundo, y a Ryan Kwanten por tener entre manos un tipo de papel que no suele aclamarse, el de tontaina; su labor es simple y llanamente sublime. No menos efectivos son Rutina Weasley (Tara), Nelsan Ellis (Lafayette) o Sam Trammell (Sam), mientras que entre los secundarios hay también grandes figuras: sobresalientes Anna Camp y Michael McMillian como los líderes de la secta (sus papeles son de los difíciles) y la bellísima Deborah Ann Woll como la joven Jessica, amén de la citada Michelle Forbes. Citar también las breves pero intensas apariciones de Allan Hyde como Godric y Evan Rachel Wood como la poderosa vampira. Probablemente sea el mejor reparto de los últimos años, superando incluso al de Perdidos.

Ahora, a esperar con ganas la siguiente ración de excentricidades, piques entre vampiros, pueblerinos enfrentados a los sobrenatural, amoríos y calenturas, humor made in Allan Ball (realmente único) y sangre y sexo a raudales.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
-> Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 1

HBO | 2008
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

Como indiqué en su momento, el pre-air más que efectivo episodio piloto fue injustamente menospreciado, quizá por sus tramas atípicas y su tono un tanto excéntrico. Pero la llegada de la serie regular no tardó mucho tiempo en acallar las malas críticas, y al final se ha ido convirtiendo silenciosamente en el estreno más remarcable del año. Sin embargo, no se puede negar que True Blood no pasa de ser un entretenimiento muy bien confeccionado, y dudo que dadas sus características llegue a deslumbrar como una gran producción (sobran las comparaciones con A dos metros bajo tierra, por ejemplo). La creación del ya mítico Alan Ball tiene tanto puntos a favor como puntos en contra ciertamente remarcables, aunque el equilibrio entre ambos ofrece una obra fresca, original y sobre todo muy atractiva.

A su favor el punto más fuerte es el sólido y cohesionado reparto, donde todos los intérpretes dan vida de forma muy creíble a caracteres de lo más variopinto, a individuos con poderes paranormales o directamente monstruosos (vampiros, licántropos, telépatas), a extravagantes, paranoicos y demás bichos raros (el ligón imbécil, la chica fuerte por fuera y débil por dentro, el homosexual libertino que no se amilana ante la sociedad retrógrada donde vive, etc.). Entre todos ellos cabría mencionar el brillante y carismático papel de la siempre excelente Anna Paquin, de la que tengo que decir que su personaje es difícil de asimilar y hay a quienes les resulta cargante, pero eso no es excusa para atacar su magnífica labor. No se quedan atrás otros como Ryan Kwanten (su hermano Jason), quien también ha tenido menos reconocimiento del merecido por tener en sus manos un tipo de personaje que parece más cómico que otra cosa (el citado ligón tontaina). Su interpretación es exquisita, y más si tenemos en cuenta lo difícil que es hacer creíble a semejante individuo.

Muy logrado es también el ambiente en que se enmarcan los acontecimientos, esa sociedad sureña conservadora que poco a poco abre las puertas a la modernización social, a la aceptación de otras formas de vida. El choque cultural de la homosexualidad no es nada comparado con el vampirismo, con lo que la serie goza de un humor ciertamente cínico y surrealista, un clásico sello de Alan Ball.

La realización es de gran nivel, siendo lo que más impronta deja la excelente y a ratos bellísima fotografía. Mención especial para las escenas de suspense o las correctas inclusiones del citado sentido del humor, que mantienen el interés constante en las historias a pesar de que algún personaje pueda no atraernos tanto como los demás (a mí se me atragantó Tara y su historia de exorcismos, por ejemplo).

En el lado malo el aspecto más notable es la aburrida trama central, aquélla que versa sobre el asesino en serie. Si bien da para lanzar interesantes subtramas y para meter en el juego a todos los personajes que aparecen, estos mismos caracteres y el día a día en sus vidas terminan siendo más relevantes que dicha historia. Por si fuera poco la resolución de la misma es poco menos que mediocre y es el principal factor en la pequeña pérdida de ritmo y fuerza que aparece en los dos o tres episodios finales.

True Blood es en conjunto una producción original que ofrece un agradable visionado, y si le sumamos el sello de calidad de la HBO, que garantiza un nivel intelectual alto y una realización de gran nivel (amén de sangre y desnudos por doquier), tenemos lo que se dice un entretenimiento de primera.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – PRE-AIR EPISODIO PILOTO

True Blood (Original Pilot)
HBO | 2008
Drama, suspense, comedia | 55 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Guion: Alan Ball.
Dirección: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Brook Kerr, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

En un pequeño pueblo de Louisiana las cosas están a punto de cambiar para sus habitantes. La creciente aceptación de los vampiros en la sociedad por fin llega a este rincón tan apartado y causará tanto expectación como problemas varios. Sookie, una joven que tiene la capacidad de leer las mentes, se interesa especialmente en un misterioso vampiro que aparece en el bar donde trabaja.

¿Cómo definir el género y argumento de True Blood? Porque decir “va sobre vampiros” es tan cierto como injusto, pues con el cliché de los géneros al ver una etiqueta todos pensamos en las mismas historias de siempre. Atendiendo a esas barreras que producen los estereotipos cabe realizarse otra pregunta: ¿qué demonios hace Alan Ball, uno de los máximos exponentes del análisis crítico de las sociedades humanas en el cine (la espléndida American Beauty) y en la televisión (la aún mejor A dos metros bajo tierra) confeccionando una serie sobre vampiros? El visionado del pre-air (versión de prueba) del episodio piloto responde esas cuestiones y supone un curiosísimo y por ahora muy prometedor cruce de géneros.

True Blood es, en pocas palabras, una especie de A dos metros bajo tierra pero sustituyendo la homosexualidad por el vampirismo. Aquí no son los homosexuales el colectivo que tras muchos años de represión por fin goza de libertad y creciente respeto, sino los temidos e incomprendidos chupadores de sangre. La sociedad se encuentra ante un punto de inflexión donde florecerán nuevos sentimientos y problemas, donde el odio lidiará con la aceptación, donde habrá que luchar por ganarse el respeto o incluso por la supervivencia ante los más crueles fanáticos (en este caso, los que saben que la sangre de los vampiros es una poderosa droga). Los protagonistas son un grupo de amigos y familiares que suelen encontrarse, por amistad o trabajo, en un bar típico del centro-sur de Estados Unidos, entre los que destaca la joven Sookie, quien tiene el poder de leer las mentes. La presencia de los vampiros cambiará sus vidas para siempre.

True Blood es por tanto un drama de sociedad y personajes donde la fantasía solamente se utiliza para aportar un contexto distinto. Ahora aparecen nuevas preguntas: ¿calará esta extraña propuesta entre el público de la HBO y entre los numerosos seriéfilos de Internet? Veo en IMDB y TV.com que el piloto está siendo machacado por el público estadounidense, y si la cosa no cambia con el estreno de la temporada veremos si dura más de un año. A mí por el contrario esta presentación me ha gustado bastante. A la originalidad de la idea hay que sumarle el buen hacer de Ball en la construcción de personajes (todos muy bien presentados y descritos y además muy interesantes) y la elaboración de situaciones y diálogos creíbles, nada previsibles y sí muy originales y absorbentes. Además, una buena dirección (también de Ball), el carisma y la atípica belleza de Anna Paquin, y sobre todo la inquietante presencia de Stephen Moyer, el vampiro más vampiro que he visto nunca (y sin maquillaje alguno), son otros buenos alicientes. Se podría decir, sin que lo considere un fallo, que el episodio no ha relatado nada relevante, pues no se ha decantado por ofrecer sorpresas impactantes o tramas de altos vuelos, sino que ha sentado con tranquilidad las bases (o sea, ha presentado los personajes) de un drama muy suculento. Veremos qué da de sí la serie, pero desde luego promete bastante y la espero con muchas ganas.

Ver también:
-> Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)