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TRUE BLOOD – TEMPORADA 7 Y FINAL

HBO | 2014
Suspense, Comedia, drama | 10 cap. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Lauren Bowles, Anna Camp.
Valoración:

Alerta de spoilers: Final de serie, spoilers en cantidad, incluidas muertes importantes.–

Última temporada de True Blood. ¿Qué esperar de ella? Pues lo mismo de siempre, porque incluso sin Alan Ball a las riendas siguió en su estilo y con las mismas virtudes y limitaciones. Las aventuras originales, alocadas y con un genial humor negro, los protagonistas deliciosos, los actores fantásticos, la puesta en escena brillante… y también las tramas con algunos deslices en el ritmo, las historias secundarias irregulares, los caminos algo fallidos de algunos personajes.

El final de la sexta temporada pegaba un salto y nos introducía de lleno en los eventos de la séptima. La crisis de la hepatitis-V es el desencadenante final del conflicto entre humanos y vampiros, y se traduce en una guerra sucia, una guerra sin líderes ni objetivos, sino de caos y supervivencia. La trama va a gran velocidad, dejándonos sin aliento en una situación extrema donde cualquier personaje está en peligro constante. Y están todos presentes en todo momento, porque casi no hay ni tiempo para historias secundarias, de esas que más veces de las deseables resultaban poco satisfactorias (solo está la de Tara, que luego comentaré). Hasta Sam se mantiene en primera línea y es apartado en una correcta despedida cuando ya no pinta nada ahí; aunque seguro que nadie se acuerda de su aburrida novia. Eso sí, hay un giro extraño: el novio vampiro de Jessica es convertido por arte de magia en un personaje completamente distinto. Ahora es un homosexual que no tiene interés en ella, cuando el romance que nos mostraron era de flechazo. Así entiendo que el actor se cabreara y largara y fuera sustituido por otro. No sé qué pretendían los guionistas con este giro, si se les fue de las manos sin querer o pensaban que tendría sentido; menos mal que es un rol menor; lo malo es que Lafayette pierde bastante protagonismo, y apareciendo con el tipo este no recupera mucho interés.

Hasta secundarios de toda la vida, como la petarda de la madre de Hoyt, están metidos en el embrollo hasta el cuello. La elección de bandos, las implicaciones morales de cada acción, los tumultos, los intentos de mantener la civilización… todo se va acumulando en un clímax que probablemente sea el mejor de la serie, y que termina en la espectacular batalla en el bar de Eric, donde una banda de vampiros infectados se hizo fuerte. Pero no todo es perfecto, porque el reguero de muertos es desigual. Varios secundarios caen, pero alguno se celebra con gusto (la citada madre), y sobre todo cabría esperar que más personajes importantes acabaran asesinados, para terminar esta serie de corte generalmente macabro a lo grande. Pero solo lo hacen dos, y son dos muertes muy discutibles. La de Tara es directamente estúpida. Un personaje que no muere en primer plano es un personaje que sin duda estará vivo… Pero tras varios capítulos mareando la perdiz resulta que definitivamente ha sufrido la muerte verdadera. Y aparece como fantasma en la única trama secundaria o de relleno del año que encontramos, una historia de redención fantasmal incomprensible, intrascendente, aburrida… vamos, completamente olvidable. ¿Pero a qué jugaban, cómo trataron tan mal al personaje? Por extensión su madre y su primo Lafayette pierden algunos puntos al verse arrastrados con ella. Por suerte ocupa poco tiempo.

La muerte de Alcide es la otra polémica, y la que marca el punto de inflexión en la temporada. Una vez la tormenta pasa sobre Bon Temps (aunque el miedo a que vuelva sigue presente) la narración se inclina principalmente hacia los personajes. Y empieza con el giro descarado de volver a poner a Sookie y Bill juntos, sin duda para finalizar la serie con el clásico círculo cerrado, con la pareja inicial. La jugada funciona porque a estos dos personajes los guionistas los tratan muy bien y la relación va bien encaminada hacia un desenlace romántico-trágico bastante efectivo, pero desde luego lo de que se dieran cuenta de que Alcide molestaba y lo eliminaran sin disimulo no queda bien.

También es cierto que el inicio de este segmento final asusta por la reaparición de un viejo personaje, Hoyt. De primeras me pareció un retorno innecesario a un culebrón ya caduco, pero pronto se ve que los guionistas tienen un plan (como con Bill y Sookie) y lo desarrollan con sumo cuidado. La idea es dar un cierre a todos los protagonistas, y Hoyt sirve como un nexo estupendo para varios. La relación de Jason con Brigette se expone de maravilla, de hecho es de lo mejorcito del año y tiene momentos sublimes, y el reinicio de la relación entre Jess y Hoyt es creíble y bonito. En el resto de personajes solo los Bellefleur, con la búsqueda cansina de la niña-hada, dan alguna vuelta más de la necesaria. Eric y Pam arrasan como siempre, él con su carisma, ella con su boca malhablada, él con su pasotismo ablandado (florece la compasión ante las gentes de Bon Temps), ella con su fidelidad incansable; y el flashback de ambos resulta memorable. El retorno de Sarah Newlin no podía ser mejor: la loca está más loca que nunca y encima ahora es la cura andante de la Hep-V, lanzando así el final de la trama central con un toque de humor negro demencial.

Como todos los años, lo que no falla un ápice es la excelsa puesta en escena, donde destaca lo bien que ruedan las escenas nocturnas (más les valía, claro), y el inconmensurable reparto, uno de los mejores de los últimos tiempos, que brilla especialmente en esta última temporada porque los personajes viven momentos clave. Así, Anna Paquin (Sookie) está de nuevo pletórica y Deborah Ann Woll (Jessica) se luce más que nunca (qué injusticia no haberse llevado ningún premio). No se quedan atrás Ryan Kwanten como el mejor y más complejo papel de tontorrón que he visto (Jason), el eterno carisma de Stephen Moyer (Bill), Alexander Skarsgård (Eric) y Kristin Bauer (Pam), los secundarios magníficos por doquier, encabezados por Chris Bauer (Andy) y Carrie Preston (Arlene), y la breve pero intensa presencia de Anna Camp (Sarah Newlin). Este año han estado menos llamativos Sam Trammell (Sam) y Nelsan Ellis (Lafayette), pero por su presencia más limitada.

Acabamos con el mundo rehaciéndose gracias a la cura y los personajes retomando su camino con toda la experiencia adquirida. Más o menos todos consiguen lo que buscaban en la vida, o todos han madurado para saber cómo enfrentarla sin tanto sufrimiento. Quizá es un final muy sensiblero y clásico para una serie tan macarra, pero es indudablemente efectivo. Se centra en los personajes, no desbarra con tramas absurdas y giros innecesarios, y solo puede criticarse desde una perspectiva subjetiva: esperando que fuera más agridulce u oscuro, o que ofreciera una trama final apoteósica. Y está claro que esto último no encajaría, porque True Blood no es una serie de tramas complejas, sino de personajes enfrentando situaciones. Simplemente los guionistas han pensado que tras tanto viaje los protagonistas y el espectador merecían un final feliz. O te gusta o no, pero no es motivo para hablar de una mala temporada, porque ha sido de las buenas.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
-> Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 5

HBO | 2012
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 47-59 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Denis O’Hare, Lucy Griffiths, Janina Gavankar, Valentina Cervi, Lauren Bowles.
Valoración:

Alerta de spoilers: No leer si no se ha visto la temporada al completo.–

Al contrario de lo que ha ocurrido otras temporadas, donde el tramo final resulta espectacular y disimula partes irregulares o tramas estiradas, esta vez encontramos que tras una sesión en general muy intensa y atractiva el desenlace pierde bastante fuerza, dejando una mala sensación que, por eso de fallar en el momento cumbre, el que más se va a recordar, puede incluso estropear la percepción sobre el resto de la temporada.

Entre lo mejor del año encontramos algunos momentos fantásticos, como la despedida de Hoyt, que de bonita y triste es capaz de humedecer los ojos. Cuando le pide a Jessica que le borre de la memoria toda su relación con ella y Jason para librarse de tanto dolor… joder, entre la fuerza del momento y el papelón de los actores te deja hecho polvo. Al otro lado del espectro, en la onda más humorística, encontramos que la parte de Tara esta vez es magnífica. Aunque su muerte me gustó, pues nos la quitaba de en encima, cualquier duda que despertara su retorno desapareció rápidamente: convertirla en vampiro ha sido un acierto enorme. Se renueva por completo un personaje que llevaba tiempo estancado y siendo un lastre, y sobre todo le da una nueva y divertida perspectiva a este rol que tan mal solía caer entre los espectadores. Instantes geniales como el intento de suicidio en la cama de rayos UVA destacan en la estupenda dinámica que desarrolla la relación entre ella y Pam, su creadora. Los cambia formas, con Sam y su chica por un lado y Alcide y la manada de lobos por el otro, han aportado bastante más contenido que antes, y aunque el tema de la dirección de la manada no es que me resultara especialmente interesante ha sido bien llevado, con un ritmo pausado pero seguro. Lo de los paletos asesinos de cambia formas ha sido incluso más interesante, sobre todo cuando ha mezclado a más personajes (incluyendo el viejo sheriff).

La parte menos lograda del año ha sido la del fantasma-demonio que acosa a Terry Bellefleur, que ha resultado tediosa y poco sustanciosa. Y siguiendo con lo malo, da la sensación de que no sabían qué hacer con Lafayette, que ha aportado muy poco esta vez. Como es habitual, el problema de algunas secciones es un problema general de la serie: a veces la idea de tener varios personajes yendo cada uno por su lado no funciona del todo, ya sea porque no te caen tan bien, porque su sección llena menos o porque te aparta de otras partes que deseas ver. Por suerte este año eso ocurre menos, tanto por la calidad globar de las mismas como porque de una manera u otra casi todas las historias han acabado cruzándose de vez en cuando. De hecho, esta vez Sookie ha estado bastante apartada del hilo central, habiendo pasado temporalmente por casi todas las tramas. Eso implica que ha perdido un poco de protagonismo en ocasiones, al menos hasta que las hadas vuelven a primer plano. Eso sí, de nuevo todo lo visto sobre estos seres no termina de exponerse por completo, dejando muchas cosas para la siguiente temporada, como el misterio de quién es el que mató a los padres de los Stackhouse. Lo mismo que con Sookie ha ocurrido con Jason. En cierta manera ha deambulado por varias historias, pero siempre sin perder interés, pues cada vivencia aporta algo al personaje. Igual ocurre con Jessica, quien ha crecido tanto que no necesita estar en el centro de una trama importante, sino que su búsqueda de un lugar en el mundo da de sobra para que su sección enganche.

En el hilo principal encontramos el esperado retorno de Russell Edginton, el poderoso y temido vampiro que promete echar por tierra el débil equilibrio entre vampiros no violentos y humanos que se ha conseguido contra los vampiros tradicionales, aquellos dispuestos a usar a la humanidad como ganado. La Autoridad Vampírica impone, el resurgir de Russell acojona y la captura de Bill y Eric resulta muy intrigante, y más cuando Bill parece haberse convertido a la religión: ¿está fingiendo o no? Y la religión… en menuda panda de lunáticos convierte a los líderes vampíricos. El grupo resulta fascinante (Roman, Salome y Nora -hermana de Eric- son muy buenos personajes, y Newlin es un puntazo). Toda esta historia promete desembocar en algo grande, y parece acercarse a ello cuando empiezan a volar las fábricas de Tru Blood, salen de caza drogados y Rusell deja de disimular y se desata… Sin embargo, a pocos episodios del final de la temporada la trama se estanca, prácticamente muere. No avanza, no evoluciona, no consigue adquirir trascendencia (pero qué poco impacto causa esta incipiente guerra). Y lo peor, llega el desenlace y acaba de una forma bastante insatisfactoria. Pocas sorpresas y situaciones sin garra. La caída de Russell es horrible, deja muy mal sabor de boca, y la muerte y resurrección de Bill no emociona y sorprende como pudiera, porque el comportamiento errático del personaje y lo poco claro que queda todo el asunto de la religión le resta coherencia y credibilidad a esa parte.

La labor actoral como siempre resulta soberbia. La puesta en escena espléndida. El estilo que mezcla sordidez con sensualidad y drama con humor es único. Su micro universo de criaturas y personajes estrafalarios sigue resultando espectacular. Con sus logros e irregularidades habituales, True Blood ha vuelto a dar otro año de gran nivel. Lástima que en este caso la sección menos lograda sea el desenlace, máxime cuando suponía la partida de Alan Ball como guionista principal. Veremos si la serie aguanta el tipo sin él… algo que rara vez ocurre.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
-> Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)