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EL ÚLTIMO REINO – TEMPORADA 1.

The Last Kingdom
BBC America, BBC Two | 2015
Aventuras, histórico | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Adrian Bower, Ian Hart, Emily Cox, Rune Temte, Thomas W. Gabrielsson, Tobias Santelmann, Amy Wren, Sean Gilder, Brian Vernel, Simon Kunz, Harry McEntire, Eliza Butterworth, Charlie Murphy, Nicholas Rowe, Eva Birthistle.
Valoración:

Estamos en el siglo IX, cuando los vikingos ponen los ojos sobre los reinos sajones (Inglaterra) en busca de gloria, riqueza y tierras. Una partida de daneses ataca un castillo y toma como rehén al joven heredero, Uthred, que será educado ahora como uno de ellos. Su vida dará otro vuelco cuando, ya de adulto, su actual familia sea masacrada por las rivalidades entre clanes. Entonces huye de vuelta hacia los reinos sajones, esperando ser aceptado de nuevo, pues lo miran con recelo por ser medio danés, y recuperar las tierras donde se crio, mientras sueña con vengarse de los vikingos que acabaron con su familia adoptiva.

La serie parte de las novelas The Saxon Stories (Historias sajonas) de Bernard Cornwell, que narran las aventuras de un ficticio habitante (Uthred) del castillo de Bebbanburg (hoy en día Bamburgh) en un contexto histórico bastante realista. Y esta fidelidad la mantiene el guionista Stephen Butchard en la adaptación, que resulta mucho más verosímil que la más famosa Vikingos, que se apoya demasiado en una figura muy mítica y toma excesivas licencias. Lo más notable es el esfuerzo por ser fieles en el vestuario, lo que le ha ganado incluso alguna crítica absurda de “parece cutre”. Se ha instalado demasiado en la retina del espectador los fantasiosos cueros negros y peinados extravagantes de Los Tudor y Vikingos y muchas películas, y cuando se encuentran con una obra que respeta la sencillez y pobreza propia de esos siglos les parece anacrónico o insuficiente.

Los movimientos y conflictos de reyes y nobles ingleses y líderes vikingos también se mantienen cerca de lo que se conoce, y aunque Uthred anda siempre metido en todo es una presencia más, no cobra un protagonismo excesivo como los de Pullo y Voreno en Roma. En el retrato de la época se van exponiendo distintos aspectos de forma muy orgánica. Se dibujan bien las diferencias entre las clases nobles y el pueblo llano, y se respeta la ignorancia y vulgaridad de las gentes, que esto es otra cosa que se suele pasar mucho por alto, es decir, en el género (cine o series) los personajes muchas veces parecen sacados del presente, y la religión, crucial en esa época, no parece existir. Aquí cada individuo actúa según dónde y cómo se ha criado, y se muestra muy bien la sombra de la religión en todo momento. Los autores son capaces incluso de exponer el cambio gradual en la sociedad y la política a pesar de lo corta que es la temporada. El contraste entre la forma de pensar de los vikingos y los ingleses es palpable, y la intriga e inquietud por el único dios cristiano se ve crecer en los primeros poco a poco: las matanzas vikingas iban seguidas de alianzas y bautizos que los integraban. Donde no ponen mucho esmero es en los idiomas, todos parecen hablar inglés; en Vikingos sí trataron muy bien este tema.

Uthred es un joven con demasiadas ambiciones y poca experiencia, así que se lleva bastantes palos. Pero también es inteligente y hábil y aprende rápido. ¿Conseguirá alcanzar alguna de sus muchas metas? La primera, volver a ser aceptado por los ingleses, es la principal en esta temporada. Ha de lidiar constantemente con las intrigas palaciegas del rey Alfred de Wessex, donde todos recelan de sus intenciones. Este rey luego sería conocido como El Grande, pues ante el envite vikingo imaginó unos reinos sajones unidos, pero ahora vemos a un líder prudente, piadoso, lo que choca con el pagano e irreflexivo Uthred. En la corte encontramos al religioso Beocca, que conoció a Uthred en su infancia y es el único que, no sin dudas, lo intenta ayudar; a los Odda, el padre fiel consejero y el hijo un trepa ambicioso y pronto rival de Uthred; y a otros pocos condes y religiosos. Pero quien más deslumbra es el soldado Leofric, uno de esos secundarios que roba escenas a todos los demás, incluso al protagonista; la relación con Uthred pasa por muchas fases sin atascarse en estereotipos. Aunque también merece una distinción Aethelwold, heredero al trono echado a un lado por inútil, que resulta un secundario cómico muy efectivo. Entre los vikingos tenemos a Ragnar, el hermanastro de Uthred, con quien planea la venganza por la masacre de su familia; Brida, la esclava con la que escapa, amante y amiga intermitente, por eso de los cambios de bando constantes de Uthred; y Guthrum y Ubba, algunos de los reyezuelos más importantes de la época y causantes de los principales infortunios de Uthred.

Pero hay más secundarios que dejan buena impresión a pesar de su breve presencia, como la monja o Skorpa, pues la serie se distingue más por mostrar unos habitantes muy verosímiles y atractivos que por elaborar tramas complejas. Sí, es cierto que es de aventuras de supervivencia más que de política, pero el principal problema de la temporada es que resulta muy, muy predecible. Es fácil ver venir el resultado de cada nueva etapa en la odisea de Uthred, y por mucho que le pase es difícil creerse que no saldrá airoso: no hay giros hábiles que sorprendan ni intrigas absorbentes que ofrezcan un poco más de densidad y suspense. Pero, con ese esfuerzo puesto en los protagonistas, su viaje engancha con facilidad. A Uthred le va cayendo de todo encima y avanza como bien puede, los conflictos internos del rey son muy interesantes, las pocas disputas de la corte efectivas, las rivalidades y alianzas facilonas pero nunca vulgares, y no hay batallas con la épica de Vikingos pero lo que ofrecen es más que suficiente.

El reparto es la mar de competente. Quizá el protagonista, Alexander Dreymon, es más guaperas que un intérprete de nivel, pero cumple de sobras. Quienes más destacan son Adrian Bower, que borda a Leofric con un carisma arrollador, David Dawson, capaz de mostrar los pensamientos del rey Alfred sólo con el gesto y la mirada, Ian Hart como el pelota de Beocca, y Harry McEntire como Aethelwold, el heredero fracasado. Cabe señalar también las apariciones estelares de grandes nombres como Matthew Macfayden o Rugter Hauer, y el cuidado en elegir actores nórdicos para los vikingos.

Los capítulos son largos, casi de sesenta minutos cada uno. Alguno de los iniciales se me hizo un poco pesado, como si abarcara demasiadas historias que hubieran ido mejor por separado y en episodios más breves, y sí, también con algo menos de previsibilidad, pero una vez inmerso en la vida de los protagonistas y con todos los frentes abiertos mejora rápidamente. Pasamos de la aventura a las intrigas de la corte y de ahí al romance cuando no a la acción a toda velocidad pero sin que ningún escenario ni género llegue a solaparse o ralentizarse más de la cuenta, y todo va dejando un buen poso en los personajes. En resumen, siempre hay sensación de avance, y la corta temporada tiene entidad propia a pesar de tocar muchas temáticas y dejar muchas de las historias abiertas.

El último reino es una buena recomendación para quien busque aventuras históricas entretenidas y respetuosas a la vez. Pero si se ambiciona una nueva Juego de tronos, como les ha pasado a muchos, seguramente decepcionará.

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SENSE8 – TEMPORADA 2.

Netflix | 2017
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 11 ep. de 55-120 min.
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Toby Onwumere, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, aunque realmente no pasa gran cosa, nada que no se viera venir.–

La esperadísima segunda temporada de Sense8 me ha supuesto una decepción bastante grande. El primer año me cautivó sobremanera presentando una serie única, tanto por su originalidad como por su contagiosa energía y belleza: era emocionante y hermosa como poca series he visto. Es cierto que los episodios iniciales eran algo lentos, pero había sensación de dirección, de crecimiento, y mientras tanto las vivencias personales mantenían el interés alto. Y además pronto se vio que es mucho más de lo que parecía, que no es sólo una más de ciencia-ficción con conspiraciones y los protagonistas tratando de desentrañarlas, sino que es un drama que habla del ser humano en general, tratando con una delicadeza y profundidad insólitas los sentimientos, la sexualidad, las culturas… en otras palabras, el qué nos define, qué nos mueve, qué nos diferencia y qué nos une. Además, la historia global, el vínculo que surge entre ellos y la persecución a la que los someten misteriosos individuos, tenía su intriga y prometía unir a todos los personajes al final. Quizá el rescate de Gorski fue un tanto facilón, pero es evidente que era una excusa para presentar la trama, y lo importante era ver el florecimiento y la unión de los ocho sensates. Las situaciones en que trabajan juntos, explorando la conexión mental, y momentos puntuales memorables, como la escena de los partos y la revelación sobre Riley, nos regalaron un tramo final magnífico que dejaba enganchadísimo, porque como es obvio prometía seguir yendo más allá.

Pero en esta segunda etapa la sensación que se transmite, del primer episodio al último, es la de que sus autores han trabajado con desgana, sobre todo en el guion, pero también un poco en la puesta en escena, de que han perdido la pasión y la inspiración iniciales y van con la inercia, cumpliendo con los preceptos establecidos en la premisa y ya está. La narrativa resultante está estancada, es monótona en cuanto a las aventuras personales y de lejos insuficiente en la intriga, pero sobre todo se queda muy corta en su mejor virtud: es bastante superficial en lo relativo al aspecto humano. Aclaro aquí que la ausencia de Lilly Wachowski no sé si pudo influir ni cuánto. Dejó el trabajo indefinidamente por temas personales (estaba en plena transformación de género), pero parece que se ocupaba más del día a día de la producción y de la dirección que del guion, que es de donde vienen la mayoría de los problemas.

Los personajes se han quedado en su definición inicial, dando vueltas en círculos en la historia que sirvió para describirlos. Sí, todos los protagonistas resultaron encantadores y sus odiseas deliciosas. Pero no puedes quedarte ahí plantado durante toda la siguiente temporada. Algunos de hecho se hunden en un bucle total, sin dar si quiera un paso lateral que disimule un poco. Si al menos la parte de la conspiración hubiera emergido a primer plano y ofrecido algo llamativo… pero me temo que apenas avanza en un par de datos bastante elementales y narrados también con esa falta de garra.

Kala y su matrimonio están todo el año en el mismo punto de que si funciona y lo consuman o que si no. Sabemos de sobra que acabará con Wolfgang (a menos que algún giro lo impida), no puedes retrasarlo si no logras una historia que lo justifique bien y que resulte interesante. Y al final por arte de magia parece decidirse por fin en ir a buscarlo… ¡pero si en ella no ha cambiado nada, todas las dudas y baches son los mismos todo el rato! Y por supuesto el encuentro queda en el aire, después de todo un año posponiendo lo que se espera desde los primeros capítulos de la primera temporada. Por el lado contrario, el alemán es el mejor ejemplo de paso lateral, del relleno con el que ir matando el tiempo hasta que todo esté maduro para lanzar su arco… El problema es que nada madura, ni el resto de personajes ni la trama. El lío de mafias es eso, relleno intrascendente. No añade ninguna nueva capa al personaje, apenas vale como excusa para dar presencia a los otros grupos, clanes o clústeres de sensates, y por sí sólo no es especialmente atractivo o entretenido, de hecho ni me parece verosímil.

Gorski sirve para avanzar en la conspiración y exponer lo que va haciendo el clúster para huir y aprender de Whispers y la BPO, la Organización de Preservación Biológica que parece estar tratando de controlar a los sensates con algún oscuro propósito, presumiblemente la dominación mundial. Como buen agente, sabe investigar, deduce cosas… pero apenas veo una sombra de aquel joven capaz pero a la vez afligido por penas presentes y pasadas. Sufre un poco con las drogas y con el padre, todo bastante facilón además, y no hay más movimiento en su psique. Pero lo peor es que arrastra a Riley, antes mi favorita, pero aquí un cero total en interés. Sólo sirve para ponerle encima la investigación cuando él no puede salir de su escondite (el viaje a Chicago), y esto ocupa poco, es muy predecible, y tampoco aporta nada al personaje. La única escena donde se ve una persona realmente viva y en movimiento es cuando decide pinchar como DJ en una discoteca para tratar de localizar a otros sensates. Una sola escena en todo el año.

La intriga que nos van exponiendo se mueve tan poco que parece un engaño digno de Expediente X, donde mareaban la perdiz temporadas enteras con el tema ovni. Apenas llegan a mostrarnos un poco de información nueva, la mayor parte nada original y carente de suspense, y desde luego nada que nos haga esperar con ansia más revelaciones, porque no parece haber mucho donde rascar: los persigue la típica corporación poderosa con tipos chungos, y de ahí no salimos. La fascinante idea de que se conectan las mentes después de todo no se llega a explorar mucho, no hay tensión, giros que añadan sorpresas efectivas, ni soluciones ingeniosas. Gorski se esconde y se droga para que Whispers no lo vea, lo que parece más una excusa para ir con cuentagotas que para generar una atmósfera de inquietud constante.

El único momento que amagan con buscar un giro que obligue a replantearse las cosas son los recuerdos del clúster de Angelica y Jonas, pero tampoco hay nada que sorprenda: gente cobarde, gente que cambia de bando, la BPO acosándolos. Nada que no hayamos visto ya en cualquiera del género, con la reciente Orphan Black a la cabeza. En cuanto al desenlace, no es que sea flojo, es que resulta realmente chapucero. Cuando creía que el capítulo final iba a acabar sin avanzar nada de la conspiración, sino centrándose únicamente en la última historia personal que quedaba pendiente (para colmo, la cansina y exagerada de Sun), saltan de golpe a un giro demencial donde aparecen metidos todos en la guarida de Whispers por arte de magia para salvar a Wolfgang, que fue encontrado por Whispers repentinamente después de gastar toda la temporada sin lograr transmitir miedo alguno por si cogería a alguien. Cuándo ha planeado eso el grupo, cómo lo han ejecutado, cómo han entrado y salido… No se explica nada, resulta tan forzado y mal narrado que me dejó muy malas sensaciones. En vez de estar todo el año dando vueltas en círculos y soltar cuatro datos sin garra, ¿no podían haberse metido de lleno en las dificultades de ese plan? Se da más relevancia al lío de Sun en la fiesta que a esto.

Las historias de Sun y Capheus se centraban sobre todo en su solitaria batalla contra el mundo, donde descubrían que se tenían el uno al otro y establecían una relación muy bonita. Pero esa conexión parece haber desaparecido, si interactúan entre ellos y otros del clúster es para compartir habilidades, no para encontrar apoyo emocional. Y por separado no ofrecen tampoco nada llamativo. En cierta manera Capheus sí avanza, porque se hace famoso y cae en la política, lo que le podría poner en bandeja el tratar de hacer un mundo mejor, que es lo que parecía ir con él… Pero la aventura en sí es muy básica y previsible, y se narra sin la intensidad que transmitía antes. El entusiasmo del personaje era contagioso, el intérprete Aml Ameen reflejaba con un carisma nato a un joven que vivía en la miseria pero poniendo siempre buena cara y con un espíritu de esperanza inquebrantable, y así enfrentaba esta nueva situación: abrazándola con pasión y aprovechándola al máximo. Pero el nuevo actor*, Toby Onwumere, pega más en un rol de panoli, y encima eso es lo que parecen haber hecho con el personaje: le va cayendo de todo encima sin que nada cale en él, agacha la cabeza y sigue adelante aunque no parezca querer estar ahí. No veo al Capheus que yo conocía.

Sun sigue siendo Sun, pero si la intriga corporativo-familiar era predecible, con el agotamiento de ideas se hunde más el interés. Su estancia en la cárcel se limita a repetir varios intentos de asesinato, su fuga se salva porque el detective que la persigue es un personaje con cierta solidez y su relación aunque muy clásica resulta agradable, pero el tramo final no se sostiene por ninguna parte. Los guionistas se empeñan en que busque venganza contra su hermano mediante la violencia, y no cuela que ella sea tan tonta y cabezota, ni mucho menos que los otros siete no sean capaces de juntar una neurona para deducir que, en un país del primer mundo, atentar a lo bruto en público contra un millonario, cuando eres la principal sospechosa de matar al padre y te buscan por tu fuga, es una gilipollez monumental. En serio, teniendo al infalible trío Nomi-Amanita-Bug, capaces de infiltrarse en aparatos electrónicos que parece imposible que estén conectados a internet (desde semáforos a… atención, la máquina de tickets de un aparcamiento, que te deja incluso hablar por el micrófono desde tu casa), es increíble que no se planteen hackear al hermano y la compañía para buscar pruebas, y si no las encuentran, para tenderle una trampa. Así pues, la justificación de la entrada en la fiesta y la persecución final, más que endeble es lastimera, y encima acaba con la ridícula escena en que parece que va a matar al hermano (delante de un montón de policías y testigos) pero lo deja libre no sé por qué. Si es tan idiota como para haberse metido en ese lío, por qué no llega hasta el final.

Estos dos muestran otro de los problemas de la temporada. La puesta en escena no logra una serie tan embriagadora y asombrosa. En parte es culpa del guion, que no consigue buen ritmo ni incluye tantas escenas moviditas, sean de acción pura o de líos personales (el culebrón de Lito era la mar de ajetreado), pero también se nota cierto bajón, como una falta de interés o de capacidad para alcanzar ese aspecto visual arrebatador. Ojo, calidad hay de sobra, pero de ahí a dejarte alucinando hay un trecho, y las partes de acción, otrora dignas de superproducciones para cine, han decaído bastante. Las peleas de Sun no están bien editadas: ni la de la cárcel donde intentan ahorcarla ni la del cementerio con el detective pasan el corte exigible en comparación con lo visto previamente. Es ponerlas al lado de las peleas en que Sun se metía en Capheus para salvarlo de los matones, y se nota bastante la diferencia: la fluidez de la escena, la claridad de los golpes (muchos se notan falsos ahora), la agilidad con que cambian de personaje. Las persecuciones son escasas y muy inferiores. Lo de Corea parece un paseo si recordamos los jaleos de Capheus que acabaron en una colosal persecución por las carreteras de Nairobi. Con Wolfgang, el otro que copaba elaboradas secuencias de acción, ocurre igual: se limita a algún tiroteo trivial. Sólo destacaría la pelea en el restaurante donde Lila trata de atentar contra su vida, porque tiene más gracia al jugar con cómo se reparten las hostias entre los distintos sensates.

Al menos la idea de incluir algún gran evento relacionado con las temáticas tratadas se mantiene: la fiesta del Orgullo Gay de São Paulo se aprovecha bien en unas pocas escenas espectaculares. Pero en líneas generales, Sense8 es una serie que rompió esquemas con su arrebatador nivel visual en una época con gran competencia, mientras que este año no ha dejado huella alguna. Se nota incluso en el apartado musical: en la primera temporada las canciones formaban parte intrínseca de los sentimientos y vivencias de los personajes, y las pocas veces en que había un “momento videoclip” te dejaban anonadado con la fuerza de las imágenes. Pero ahora me encuentro con lo de siempre: se usan como apaño narrativo de adorno o para sintetizar escenas de forma facilona. Hay demasiadas canciones, varias por capítulo, con sus cámaras lentas y su posicionamiento de personajes, pero sólo dos o tres del total establecen cierta conexión, y únicamente por la letra.

Lito y Nomi, acompañados por los adorables Amanita, Hernando y Daniela, eran los principales catalizadores de la parte más reivindicativa, porque Sense8 nunca ha disimulado nacer como homenaje y a la vez cruzada de la diversidad sexual y también de paso de la diversidad cultural en general. Pero Nomi está en modo Gorski, sólo sirve como comodín para resolver cosas por el ordenador, y de su vida y la de Amanita vemos poco material con gancho. Antes la pareja estaba todo el día peleando por hacerse un hueco en un mundo intolerante, empezando por los padres de Nomi, y para poner las cosas más difíciles le caía la persecución de Whispers encima, con lo que estábamos sudando en cada capítulo con si saldrían adelante y si podrían ser felices. Ahora se supone que están en una situación semejante, pero no se transmite en ningún momento el esfuerzo y las penas. El acoso del agente del FBI es anecdótico, lo de esconderse de Whispers y a la vez buscarlo se olvida por completo en largos tramos de la temporada, hasta el punto de que parecen estar viviendo una vida normal y pasándoselo bien como si nada las afectara. Y la boda de la hermana va directa a cumplir con los dos tópicos, el de la intolerancia y el de sale todo bien en un giro bonito. El camino de Lito es aún más predecible, paso a paso sabemos lo que ocurrirá, no es como en la primera temporada, donde le daban la vuelta a cada cliché con ingenio y sentido del humor de forma que incluso aunque pareciera la sección más intrascendente solía resultar la más divertida. En cuanto se empieza a ver que la industria de Méjico no lo quiere estaba cantado que acabaría en Hollywood. Al menos su viaje interno es muy completo, el más trabajado de los ocho de hecho: en todo momentos sabemos lo que está sufriendo, y conocemos al personaje lo suficiente para seguirlo con cierto interés aunque la historia en sí sea de lo más trillada.

Con ellos llegamos al último elemento en el que ha perdido mucho fuelle. Donde antes lograban una hermosa oda a la tolerancia, a las distintas formas de ver y entender el mundo, que nunca parecía forzada incluso en los momentos más excesivos, fueran los visuales (escenas de sexo gay sin tabúes) o argumentales (exprimiendo a lo grande algunos tópicos), ni farragosa a pesar de meterse en muchos ambientes y ángulos (nos sumergíamos en la espiritualidad hinduista de Kala y también en los conflictos religiosos y sociales de la India), ahora veo una serie más bien del montón, que trata estos temas como si tuviera que cumplir con ellos, quedándose en la superficie, ahogada en unos pocos clichés de los que no es capaz de sacar algo más natural, más conmovedor, quedando lejos de la originalidad y profundidad que mostró en la primera temporada, con tantas capas de historias y personajes ofreciendo innumerables perspectivas de los sentimientos, relaciones, sexualidad, cultura, religión… y luego abordando con tanta delicadeza cómo en todo hay algo que nos une.

Volviendo a los nuevos sensates, estaba claro que aparecerían nuevos clústeres, pero sólo vemos a dos personajes, bastante atractivos por sí solos inicialmente, pero son promesas que no llevan a nada. El vejete simpático explica un poco cómo funciona el mundo sensate, pero son todo obviedades: la unión que deben mantener en la sombra y muchas veces incluso aislados para que los malos no los alcancen. La sensual alemana, Lila (Valeria Bilello), sirve para… para… incluir algo de erotismo y sexo, nada más. En realidad vemos a muchos, a demasiados sensates nuevos, hasta parecerme excesivo: ahora resulta que medio planeta son sensates, o que da la casualidad de que tienen una relación de uno o dos grados con nuestros protagonistas. El traficante de poca monta que le vende drogas a Riley, la novia del mafioso con el que trata Wolfgang (Lila), ¡el novio de la hermana de Nomi! (¿será gratuito o tenían algo planeado?)… Incluso el simpático anciano es presentado de mala manera: ¿qué pinta este pueblerino escocés en una rave electrónica? Pero para rematar, ¿qué hace el camello de Riley paseando en moto por Seúl y cayendo justo donde Sun lo necesita en el momento clave? El momento me produjo muchísima vergüenza ajena.

Los episodios iniciales (empezando por las dos eternas horas del primero) se me hicieron bastante pesados, deseaba que acabaran de una vez para ver si en el siguiente empezaban a contar algo de una vez. En el tramo central mejora un poco y casi recupero la esperanza, pero para el final va disipándose, hasta acabar sin haber dado ningún avance relevante y estimulante. Así pues, la decepción que me ha dejado Sense8 después de apuntar tan alto es bastante grande. Se sostiene por el sólido lazo emocional establecido con los maravillosos personajes, y es justo decir que desarrollar tantas líneas narrativas distintas, cada una en un lugar y con sus personajes secundarios propios, sin caer en el caos o parecer que no hay vinculación argumental entre ellas, parece realmente difícil de escribir y de rodar, y han salido bastante airosos. Pero antes deslumbraron a lo grande y ahora han dado varios pasos atrás, no logran transmitir la misma emoción contagiosa.

Y nos quedaremos sin saber si remontaría, porque Netflix la ha cancelado. Aunque haya cierto culto alrededor la serie, no es lo que se dice un éxito para lo cara que resulta y el grandísimo esfuerzo que cuesta rodarla, y la compañía ha decidido no continuar. Esto rompe un poco la impresión de que Netflix sólo iba a cancelar producciones realmente fallidas, y a plantear la cuestión de si, teniendo tanto dinero y anunciándose como la cadena que no cancela, no sería lo más lógico y respetable darle un cierre digno, con unos pocos capítulos, o incluso uno solo de hora y media o dos horas. Es la esperanza a la que nos agarramos sus seguidores. Yo incluso agradecería también que resumieran esta temporada en dos o tres episodios a lo sumo…

Actualización 30/06/17: Netflix ha dado el visto bueno a un capítulo doble que sirva como final.

PD: El primer episodio lo adelantaron a fechas navideñas, cuando el estreno de la temporada ha sido en mayo, supongo que para crear expectación, porque entre una etapa y otra han pasado dos años, fruto del complicado rodaje que supone un proyecto tan ambicioso.
PD2: Como nombre del grupo de ocho sensates juraría que en la traducción española usan “clan”, que suena a grupo cultural o de amigos más que a una unión más bien biológica, donde para mí encaja mejor “clúster”. Aunque es cierto que la RAE no la acepta todavía, supongo que todo el mundo conoce su significado.
PD3: No sé por qué ese empeño en sacar a Doona Bae en ropa interior en todos los capítulos, a veces con excusas bastante cutres.
*Todo parece apuntar a que echaron a Aml Ameen por homófobo, ¿es que no sabía dónde se metía?

Ver también:
Temporada 1.

BLACK SAILS – TEMPORADA 3.

Starz | 2016
Drama, suspense, aventuras | 10 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Robert Levine, Jonathan E. Steinberg, Dan Shotz.
Intérpretes: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Jessica Parker Kennedy, Zach McGowan, Toby Schmitz, Clara Paget, Luke Roberts, Tom Hopper¸ Ray Stevenson, Patrick Lyster, Hakeem Kae-Kazim, Lise Slabber, Craig Jackson, Zethu Dlomo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas principales. En un párrafo bien señalado hay más detalles. —

El impresionante y demoledor final de la temporada anterior dejó a los protagonistas en un limbo muy intrigante. El comienzo de esta nueva etapa puede descolocar con esa larga y desganada introducción a Teach, más conocido como Barbanegra, pero las malas sensaciones se van rápido con el espectacular plano secuencia que nos muestra a la tripulación de Flint en su actuales quehaceres, esto es, sembrar el caos como venganza, labrarse una reputación de temibles para que Inglaterra se lo piense dos veces antes de mover ficha. Pero también sirve para mantener a los piratas de Nassau en sus filas, pues han realizado un pacto con Vane, Rackham, Max y unos pocos capitanes para mantenerse unidos defendiendo el oro de la Urca de Lima, el maltrecho fuerte y por extensión la isla.

Inglaterra sin embargo cuenta con un as en la manga: los conocimientos de la prisionera Eleanor sobre cada líder, de cada punto fuerte y debilidad. Con esa ventaja, más una flotilla bien armada en cañones y tropas, un estratega serio y experimentado como es Woodes Rogers tiene mucha confianza en su éxito ante cualquier respuesta violenta… Pero su inteligencia lo lleva a abordar el intento de controlar la isla primero con otros métodos: un perdón global. Mientras, la única esperanza de los piratas en el liderazgo en una respuesta por la fuerza es el hábil capitán Flint, pero parece haber muerto en una confrontación con el capitán Hornigold, que estaba persiguiéndolo.

Esto es sólo el punto de partida de otro año deslumbrante de esta colosal obra de intrigas políticas y personales. Damos otro paso en su crecimiento, mostrando una fantástica evolución en los personajes y unas historias aún más asombrosas en su complejidad y atractivo. La narrativa es casi sofocante, con su infinidad de tramas y personajes enredados uno sobre otro en una maraña de conversaciones y maquinaciones que mantienen una expectación de altísimo nivel donde estás siempre sin saber qué se acerca y cómo superarán cada nuevo giro de acontecimientos. Cada personaje y bando trata de sacar adelante su vida y sus planes a duras penas, chocando con las acciones e intereses de los demás, habiendo resultados inesperados y sorpresas prácticamente en cada capítulo que ponen todo patas arriba de nuevo y obliga a todos a rehacer sus intenciones y, a veces, también sus convicciones.

Flint perdió lo que le mantenía los pies en el suelo, y desata su ira en un círculo vicioso: más muerte no sacia la rabia y el dolor. Su cordura pende de un hilo, y son John Silver y Billy Bones quienes lo traen hacia la realidad. Billy nunca ha conseguido destacar, siendo un secundario más como puede serlo el contramaestre De Groot, pero Silver pasó de pícaro cargante en la primera temporada para dejar huella en la segunda como un protagonista principal irresistible. Ahora sigue madurando y ganando atractivo. Su implicación en la tripulación, alejándolo del individualismo previo, lleva una transición que engancha en cada paso, y su inteligencia la dedica ahora más a pensar a largo plazo que en la supervivencia diaria, aunque esto último no desparece, pues se ata a una relación simbiótica con Flint: en todo momento trata con este ego y su oscuro viaje intentando que no descarríe y se lleve a la tripulación con él. Suyas son algunas de las mejores escenas no de la serie, sino del año televisivo: el viaje en bote en plena calma chicha es el mejor ejemplo de ese tira y afloja constante, de las maniobras sutiles y las conversaciones tan inteligentes que tienes que hacer un esfuerzo para ir entendiendo cada pretensión, giro y resultado.

Vane también está embarcado en un proceso de cambio muy sugerente y, dada su posición inicial, sorprendente pero no inverosímil, pues también se ha trabajado con esmero. Es otro que ha empezado a pensar en el bien común, y enfrenta no pocos dilemas internos en su nueva posición. Algunas ofrecen otros de esos momentos de contener la respiración, como cuando debe elegir entre Flint y Teach; además estas situaciones las vamos viendo en su mirada y sus silencios meditabundos, mostrando que los realizadores también saben narrar sin diálogos cuando se ponen a ello. Rackham no cambia bruscamente, pero sí tiene virajes muy interesantes según se imponga su idea de dejar marca, de que su nombre se recuerde en la historia, o la obligación de trabajar en equipo. Entre sus muchos grandes momentos también hay alguno memorable, como su determinación tras su primera charla con Rogers.

Pero los que no cambian tanto también resultan personajes estupendos y están embarcados en odiseas que atrapan con gran fuerza. La relación entre Max y Anne nos es conocida ya, y Eleanor se encuentra inesperadamente en un lugar semejante al que empezó, pero esto no limita su rango de acción, dejando otra infinidad de intrigas personales enrevesadas y escenas geniales, como el tramo final, donde prácticamente las tres tienen el control de la isla en sus manos mientras los hombres batallan en el caos, y van moviendo los hilos como bien pueden para que no se venga todo abajo o, simplemente, para vivir un día más.

Y tenemos nuevos protagonistas magníficos. Se anunciaba a lo grande la llegada de Ray Stevenson (Tito Pullo en Roma) como Barbanegra, y desde luego resulta una figura seductora y temible a la vez, pero nos encontramos con un roba escenas de cuidado en Woodes Rogers, el inglés que tiene la misión de gobernar Nassau. El intérprete Luke Roberts era bastante desconocido, con una carrera corta y sin papeles que causaran impresión, pero el casting ha estado acertadísimo con él: está a punto de desbancar al mismísimo Toby Stephens (Flint) en porte y capacidad de absorber toda la escena, la solidez de su interpretación y la calidad del dibujo del personaje dejan otro protagonista memorable. Del resto de actores ya hablé en la segunda temporada: tenemos uno de los repartos más sólidos y carismáticos del año.

Esta vez he notado un mejor ritmo y equilibrio global, sin tramos que pierdan fuelle dignos de citar, aunque algún momento en que la conversación está claramente inflada sigue habiendo, como esa de Max y Bonny en la cueva hablando de la familia. Igualmente se puede detectar algún fallito o cuestión algo grisácea, aunque lo cierto es que son detalles, no agujeros grandes, y viendo la extraordinaria dificultad del conjunto se perdona.

Alerta de spoilers: Cito algunos momentos concretos, salta al siguiente párrafo si quieres evitar spoilers.–
Me pregunto cómo, del capítulo quinto al sexto, sabe Flint dónde estará Teach. Tampoco se explica cómo quedan Max y Bonny en el principio del séptimo (a las faldas de una pequeña loma) y cómo la segunda conoce la situación de Rackham, si no se han visto desde antes de los eventos que tratan. Me parece un poco cogida por los pelos la excusa que ponen para que Mr. Scott acabe en la isla de esclavos fugados justo en el momento clave, con esa frase cutre de “¿Conocéis vuestras instrucciones?”… pues claro que sí, lo han hecho mil veces (final del 304). Pero la única situación un poco más grave sería la forma en que Max actúa en la treta de la entrega falsa a Bonny hacia el final de temporada: sabiendo que se la iban a jugar y tenía muchas posibilidades de acabar muerta, no me creo que no pusiera algo más de esfuerzo para mejorar la situación, dado su íntima relación y lo que se mueve para arreglar las cosas.

La puesta en escena continúa mostrando un gran esfuerzo por lograr una recreación llamativa de la época y unas secuencias de acción que te dejen pasmado. Sigue pesándole la elección de ahorrar tiempo en algunas conversaciones acabándolas en un plano contra plano que desaprovecha el gran trabajo de fotografía y composición de escenarios, pero también ha ido madurando en este aspecto: se ha reducido un poco, y la cantidad de planos que van de lo excelente a lo hermoso es cada vez mayor, acabando con numerosos fotogramas dignos de enmarcar (la reunión en la loma cerca da playa de Anne y Max), escenas hipnóticas incluso en pequeñas habitaciones, planos secuencia sublimes, escenas marítimas acojonantes (cada vez mejor la recreacion de los barcos en alta mar), decorados que parecen de cine (el pueblo de esclavos) y una batalla que hace época.

Por desgracia, me temo que estamos otra vez ante la injusta falta de fama que está teniendo la serie en contraposición con su rival más directa, Juego de tronos, que está extremadamente sobreexpuesta. Incluso la fallida Vikingos tiene más respaldo popular. El asalto a la diligencia es probablemente el mejor plano secuencia visto en una serie, una maravilla al lado del simple paseo que se dieron entre casas en True Detective y ante el que la gente se emocionó de forma desmedida, pero ha pasado sin hacer ruido.

Aunque le costó desplegar todo su potencial, Black Sails se ha terminado alzando como una de las mejores series de los últimos años, y estoy seguro de que el paso del tiempo, el boca a boca, la pondrá en su lugar.

PD: El único fallo, e imperdonable, es que no hayan editado las bandas sonoras de las temporadas dos y tres todavía. El excelso trabajo de Bear McCreary merece más respeto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

TABOO – TEMPORADA 1.

BBC One | 2017
Thriller, drama, aventuras | 8 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Chips Hardy, Tom Hardy, Steven Knight.
Intérpretes: Tom Hardy, Jonathan Pryce, David Hayman, Jessie Buckley, Oona Chaplin, Edward Hogg, Stephen Graham, Franka Potente, Michael Kelly, Tom Hollander, Richard Dixon, Leo Bill, Jefferson Hall, Nicholas Woodeson, Mark Gatiss, Lucian Msamati.
Valoración:

Tras su buena experiencia con Peaky Blinders, Tom Hardy mantiene un pie en la televisión con una nueva producción levantada por él, su padre y su amigo el guionista Steven Knight, creador principal de aquella serie, entre otros trabajos (Locke, Aliados, Promesas del este). La premisa es de hecho del propio Hardy, aunque el desarrollo lo han llevado aquellos dos, más los directores elegidos, los nórdicos Anders Engström y Kristoffer Nyholm, conocidos por Wallander, Forbrydelsen y otras exitosas por esas tierras. El plan es hacer tres temporadas.

Estamos en 1814. En Inglaterra gobierna el regente estrafalario y enfermizo George IV mientras su padre agoniza, aunque la Compañía de las Indias Orientales ostenta gran poder también. Tras la guerra de indepencia de Estados Unidos de América, la tensión sigue estando latente entre los dos países en la reelaboración de las fronteras americanas, donde cada facción quiere su pieza del pastel.

En un entierro reaparece inesperadamente el hijo del fallecido, James Delaney, tras estar más de una década desaparecido. Su retorno pone la zancadilla a los planes de la corona y de la Compañía, que esperaban heredar la isla de Nootka (o Nukta) y su estrecho, una zona crucial en la costa noreste de América, sobre todo por el comercio marítimo con Asia. Pero Delaney viene con unas motivaciones claras respecto a esas tierras, y se lo pondrá difícil a todos los bandos, por muchos que estos se esfuercen.

En la onda de Peaky Blinders, Copper, Ripper Street y semejantes, Taboo es una de misterio que exprime bien la sordidez y violencia de la época retratada, sumergiéndonos en un ambiente sucio, mísero y caótico donde la odisea de los protagonistas siempre está cargada de pesares y dramas. Delaney (Tom Hardy) está acosado por fantasmas del pasado, como la relación con sus padres y una tragedia que vivió en sus viajes. Su hermana (Oona Chaplin) está casada con un tipo arisco y con arrebatos de violencia (Jefferson Hall), aunque no menos inquietante es la relación con Delaney, incesto incluido. La ambición desmedida de Stuart Strange (Jonathan Pryce) al mando de la Compañía es su propio pozo de tormentos. Y en los secundarios tenemos un repertorio muy interesante que sigue a rajatabla la fórmula: putas poco higiénicas, actrices que a duras penas sobreviven en un mundo de hombres, homosexuales ocultos, granjeros pobres, espías sin escrúpulos, asesinos despiadados… Delaney usa a todos como puede para sacar adelante su lucha incansable, a algunos con más tacto que a otros, y que Dios se apiade de estos últimos…

La ambientación es muy potente en lo visual a pesar de tener un presupuesto ajustado (unos doce millones de euros), con unos decorados y un vestuario que lucen muy bien, sobre todo gracias a una fotografía estupenda. Las labores de dirección son sólidas y el reparto es notable, destacando al inmenso Jonathan Pryce (Juego de tronos, Piratas del caribe), al carismático y sombrío Tom Hardy (Mad Max, Legend, El Caballero Oscuro: La leyenda renace), a su afligido mayordomo David Hayam (El niño del pijama de rayas), con una voz áspera que te dejará anonadado, más un repetorio de secundarios de lujo como Franka Potente (El caso Bourne, Copper), Stephen Graham (Boardwalk Empire), Michael Kelly (House of Cards, Wolf Hall), Mark Gatiss (Sherlock)… Por ello, la única intérprete algo floja se nota más de la cuenta: Oona Chaplin (Juego de tronos, Black Mirror) no está a la altura. Tampoco deslumbra la música, a pesar de ser de un gran compositor al que admiro desde sus primeros trabajos, Max Richter, que deslumbró fuera del círculo sinfónico-minimalista con la serie The Leftovers; su labor aquí resulta un tanto repetitiva. De igual manera, me gustan bien poco los títulos de crédito, sosos a más no poder.

Pero el gran problema de la temporada es el ritmo. Son sólo ocho episodios y se nota que les han sobrado varios, que en el tramo central hacen malabares para no avanzar con la trama antes de tiempo, con lo que resultan bastante, bastante pesados. La fascinación que despierta el personaje de Hardy, la solidez de los secundarios y el atractivo aspecto visual salvan esos capítulos por los pelos. Teniendo eso en mente, no se entiende cómo a veces los guionistas parecen dejar de lado cosas jugosas que podían haber dado más vidilla. Hay otros muchos personajes muy atractivos que podrían haber sido explotados mejor (el asesino, la prostituta, el mayordomo), pero sobre todo le pesa la sensación de que Delaney planea y ejecuta algunas cosas importantes fuera de pantalla. El ejemplo más claro es que se empeña en tener un barco, y al poco aparece con él, luego se lo queman en las peleas y se empeña en tener otro, pero se tira capítulos deseándolo, sin hacer nada concreto hasta que al final resulta que lo consigue así por las buenas. En cambio, le dedican demasiado tiempo al asunto de la pólvora, que parece menos crucial en los acontecimientos actuales. Igualmente, hay alguna subtrama un poco cogida por los pelos: la historia de la hermana no termina de despegar… y acaba sin haber dejado huella; y la sección del negro que trata de denunciar el esclavismo no aporta nada sustancioso.

Así pues, Taboo resulta un tanto irregular, sobre todo lenta, a pesar de guardar un potencial mayor, pero también tiene bastante personalidad y engancha incluso en sus peores bajones.

PD: El título no sé muy bien a qué hace referencia. El único tabú claro es el incesto. Sería más lógico que se llamara “Proscrito”, “Perseguido” o algo semejante, o incluso “Nootka”.
PD2: En EE.UU. se emitió en FX, cuando cabría pensar que lógico hubiera sido en BBC America. A España la ha traído la recién estrenada HBO, que ha visto que para competir con el repertorio de Netflix tiene que abrirse a producciones externas también.

VIKINGOS – TEMPORADA 4, PARTE 2.

Vikings
History | 2016-2017
Drama, aventuras, histórico | 10 ep. de 44-55 min.
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Sheila Hockin, James Flynn, Sherry Marsh…
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Gustaf Skarsgard, Alexander Ludwig, Alex Høgh, Marco Ilsø, David Lindström, Jordan Patrick Smith, Linus Roache, Moe Dunford, Maude Hirst, Jennie Jacques, Peter Franzén, Jasper Pääkkönen, Clive Standen, Alyssa Sutherland.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, muerte de algún personaje principal incluido.–

Los dos primeros años de Vikingos resultaron muy atractivos y guardaban gran potencial, pero para nuestra decepción, en vez de afianzar la serie, de cogerle el tono, su único guionista, Michael Hirst, ha ido perdiendo inspiración. Las dos siguientes etapas han dejado ver la pobreza de ideas que va ahogando a personajes y tramas, defecto que las partes de acción, las más interesantes gracias a una puesta en escena capaz de recrear batallas impresionantes, apenas conseguía disimular. Pero ahora también se ha visto sobrepasado por su éxito, pues los mandamases que ponen el dinero exigen más capítulos y más rápido: la cuarta temporada llega con el doble de longitud y menos tiempo para escribir y rodar bien. La primera parte ya anda floja, y en esta segunda la caída de interés continúa aumentando. Los personajes están casi todos gastadísimos, prácticamente ninguna sección navega hacia algo tangible y que resulte emocionante, y la combinación de todas deja una sensación de estancamiento enorme. Pero además hay que sumar un gran bajón de ritmo: apenas hay una escaramuza al final que no es suficiente para levantar el nivel.

Ragnar reaparece, pero es como si no estuviera. ¿Qué es lo que pretende? No sabemos absolutamente nada de sus pensamientos e intenciones. El empeño en regresar a Northumbria no se explica, el proceso no relata nada llamativo (intrascendentes peleas con los hijos que no llegan a formar una relación clara, previsible rechazo de la población porque es un viejo acabado), y cuando llega allí tenemos el peor tramo de toda la serie. Hirst se obsesiona con tratar de darle un gran adiós, un final melancólico, pero el guion hace aguas por todas partes y no ofrece nada a lo que agarrarse, ni en lo narrativo ni en lo emocional. En vez de apenarnos por su caída en desgracia e inquietarnos por su cada vez más evidente destino, surge un distanciamiento con las imágenes y también muchas preguntas. ¿Qué narices pretende hacer en la corte de Ecbert y por qué todo se muestra con tanta parsimonia y drama barato? Cabe pensar que espera que los hijos quieran vengarlo, y así los empuja a madurar y a tomar represalias por lo del campamento arrasado, pero no tiene mucho sentido, son vikingos, van a saquear aquí y allá tarde o temprano, y la semilla de la venganza por sus compatriotas ya estaba sembrada. La subtrama absurda del falso hijo no sé a qué viene, y no parece que Ragnar vaya allí por él, sino en plan suicida. Pero un vikingo de verdad muere en combate, no entregándose porque está cansado. La relación con Ecbert es más delirante aún: ¿pero por qué se supone que ahora son grandes amigos y aliados? Sois contrincantes que habéis pactado en alguna ocasión, pero ahora no hay razones para renovar alianzas, y más cuando el rey rompió el último trato y arrasó con el asentamiento vikingo. Así que, ¿qué esperaba Hirst conseguir con las largas y tediosas conversaciones entre Ragnar y Ecbert? Su muerte, cuando por fin llega, no me transmitió la conmoción y pena exigibles, primero, porque llevaba varios capítulos sin narrar nada, segundo, porque la atmósfera es contraproducente, forzada pero fría. ¿Qué costaba poner a Ragnar derrotado por Aelle y cumplir así con la muerte que le da la tradición? Tampoco entiendo el favoritismo que muestra por Ecbert sobre Aelle, en vez de tratarlos con una relevancia y objetividad más equilibradas. El capítulo La hora incierta antes de la mañana (414) no hay por dónde cogerlo y resulta soporífero, pero Todos sus ángeles (415) es verdaderamente insoportable.

Paralela a la aburrida despedida del protagonista principal tenemos el crecimiento de su relevo, los hijos. Esto se lleva otro puñado de historias simplonas, sin tirón ni rumbo claro. Todas sus apariciones se limitan a mostrar rencillas, peleas y reconciliaciones tontorronas, y lo único que sacamos en claro es que Ivar es un resentido violento. ¿La personalidad de Hvitserk, Sigurd y Ubbe? No llega ni a vislumbrarse. Floki se mantiene en el periplo caótico por donde lo estaba llevando, sin definir tampoco un carácter y una dirección clara. Cuando va al Mediterráneo con Bjorn, a él y a su mujer (Helga) los sumerge en otro viaje emocional caótico, ininteligible: de repente siente respeto por una cultura/religión ajena, y parece que duda sobre algo… aunque nunca se nos dice el qué; y Helga se encapricha de una esclava y la toma como hija. El culebrón resultante es bastante tonto y cansino, menos mal que nos libramos de ellas al final. Pero Floki, un rol desecho desde la tercera temporada, sigue ahí.

La sección de Lagertha está más movidita, pero como viene siendo habitual, tampoco se exponen bien los motivos de sus acciones. El repentino romance lésbico está claro que es para atraer audiencia, pero con la censura que se lleva la serie en su emisión en History Channel vamos apañados: sangre la que quieran, pero el sexo se recorta por completo. Eso sí, me he dado cuenta de que en bluray recuperan todo lo eliminado (la mayor parte son conversaciones subidas de tono, pero también algún desnudo… de Katheryn Winnick no, me temo), pero la serie no me llama como para esperar a que salgan a la venta o recuperar las temporadas pasadas; eso sí, esta tanda ha estado emitiéndola Amazon sin censura en algunos países. Volviendo a Lagertha, se embarca en otra aventura de conquistar pueblos vecinos, apuntando esta vez a Kattegat. Sí, los vikingos eran muy dados a las guerras constantes entre ellos, pero se hacía para medrar en fama y poder, para ganar adeptos para nuevas incursiones en el extranjero con las que enriquecerse, y en menor medida por tierras. Cuando ha logrado la conquista se decide a defender la ciudad porque es muy golosa (ha crecido mucho y tiene mercado y dinero en cantidad), pero el ataque no parece haber sido para ganar poder, no se la muestra nunca ambiciosa o con planes expansionistas concretos, y se supone que ya había luchado por tener un hogar propio; el escritor se inventa una torpe rivalidad con Aslaug, pero no me parece suficiente; lo único bueno que sale de todo esto que es la cansina de Aslaug muere por fin. Más adelante, el ataque que recibe, instigado por Harald y Halfdan, es bastante entretenido, pero tampoco ofrece nada consistente. Igual de ambiguos son los planes de estos dos: parecen tener celos del poder de Ragnar y Lagertha, pero deambulan de aquí para allá sin que se decidan por nada. La subtrama de la mujer por la que estaba encaprichado uno de ellos tampoco aporta nada a sus personalidades, es puro relleno para ir tirando mientras parece que esperan a que sus objetivos se mueran solos.

Bjorn es el único rol interesante que queda. Nunca me ha gustado mucho, pero es que en comparación con el resto muestra algo de carisma y sabes qué lo empuja, es un vikingo de pura cepa, no las amalgamas en que Hirst ha convertido a los demás. Su proyecto de ir al Mediterráneo ofrece por fin una historia más centrada y atrayente. La parte en que pacta con Rollo y el ataque a Algeciras son emocionantes y prometedores, y además cabe destacar que vemos la Hispania árabe, algo que en cine y series parece no existir por culpa del sesgo occidental. Lástima que dure tan poco y que ande por ahí Floki dando tumbos. Esperemos que en el futuro potencien estas aventuras, que funcionan mucho mejor que las intrigas políticas.

Para el tramo final se anunciaba algo grande: la invasión de Northumbria por el “Gran ejército pagano” dirigido por los hijos de Ragnar. Esto entra ya más en la historia real, porque hay muchas crónicas que relatan todo el conflicto con bastante detalle, al contrario que ocurre con la vida de Ragnar, con quien los historiadores concuerdan en que no hay forma de saber qué es real y de hecho le dan menos credibilidad que a otros muchos vikingos notables de la época. Aquí cabe señalar que en principio no creo que a nadie le importara mucho, ni al más fan de la Historia, que eligieran un personaje misterioso para contar con él cómo era la época vikinga sin tener un rango de acción tan restringido. Pero claro, no es que la fidelidad pareciera importarles a los productores desde un principio: el vestuario moderno (botas de motero, cuero negro, trajes y armaduras muy elaborados, peinados imposibles…) y las invenciones descaradas (las mujeres acompañaban a veces en los saqueos –más bien en los viajes destinados a colonizar- pero no hay pruebas de que lucharan, y menos liderando) siempre han dejado claras las intenciones comerciales, y si con las figuras mejor documentadas (Aelle, Ecbert, Rollo) Hirst juega como quiere, no parece que vaya a ser muy fiel ahora.

Por desgracia esta resulta ser otra trama difusa, irregular, con más fallos que aciertos. El primer problema es que no consigue lanzarla con el interés alto. El capítulo que por fin pone las cosas en movimiento (Venganza, 418) es desastroso, otro a olvidar en un año ya flojo de por sí; lo peor es la sensación de engaño: todo el rato anunciándote una batalla que luego omite abruptamente. ¿No había tiempo o dinero? Pues entonces nárralo de forma que la elipsis no resulte tramposa, molesta. El siguiente episodio por fin levanta cabeza, mostrando acciones más consistentes y llamativas: las distintas estrategias que quieren seguir los hijos y la correcta ejecución de la elegida no está nada mal, aunque ni sumando el conflicto en casa, en Kattegat, llegamos al nivel de épica acostumbrado. La batalla decisiva no llega hasta la finale, y es bastante espectacular, pero también muy básica y breve, y el resto del capítulo deshace las buenas impresiones ofreciendo un desenlace donde de nuevo Hirst elige mal lo que es importante y la atmósfera adecuada y todo sale torcido. El intento de dar una muerte emotiva a Ecbert es incomprensible, es un rol secundario, un enemigo, con lo que el tiempo dedicado a él resulta excesivo e impostado, aburriendo bastante. En cuanto a su vástago, Aethelwulf, sigue siendo insípido, y los líos de la corte con la mujer igual. Mientras, “la tropa Ragnar” no ha tenido ninguna escena destacable más allá de la estrategia de Ivar para la lucha contra los ingleses, y la reunión a la mesa con la exposición de sus planes es un vago posicionamiento para el próximo año.

Así pues, la temporada se despide sin un final de altos vuelos que, como el asalto a París en la tercera, disimule un poco su falta de pegada. Pero en realidad es más grave, porque no hablamos sólo de poca garra, sino de un guion tirando a desastroso, de una serie cada vez más diluida y mediocre.

PD1: Pese a su relevancia, el pueblo que hace las veces de corte de Ecbert (no recuerdo si le dan nombre) nunca se muestra al completo, sólo vemos la entrada por los establos una y otra vez, como si fuera una serie cutre, sin presupuesto. Teniendo en cuenta las recreaciones tan notables de París o Kattegat, resulta extraño.
PD2: Fallida también la presentación de Jonathan Rhys Meyers (Los Tudor) como el obispo Heamund, enfocando a su espada y mostrándolo como si fuera alguien que conoces y debe impresionarte, cuando es una figura histórica tan desconocida que en google da más resultados su breve referencia en la serie que páginas sobre su vida.
PD3: Ni siquiera la música (Trevor Morris más algunos temas tradicionales de grupos como Wardruna) ha funcionado bien este año, con poca presencia y algunos enredos electrónicos discordantes.

Ver también:
Temporada 4, Parte 1.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

COWBOY BEBOP – TEMPORADA Y PELÍCULA.

Kaubôi bibappu
TV Tokyo | 1998
Ciencia-ficción, aventuras, comedia, drama
26 ep. de 20 min; película: 115 min.
Productores ejecutivos: Shinichirō Watanabe, Keiko Nobumoto, Toshihiro Kawamoto, Masahiko Minami, Kazuhiko Ikeguchi.
Intérpretes: Kôichi Yamadera, Unshô Ishizuka, Megumi Hayashibara, Aoi Tada.
Valoración:

Alerta de spoilers: la sinopsis de cada capítulo va libre, pero los comentarios no.–

Spike Spiegel es un tipo que parece lleno de recursos y encantador de primeras, pero una vez conocido resulta un tanto temerario y de humor cambiante. Es un pistolero solitario con pasado oscuro al que Jet Black, su socio cazarrecompensas, ni intenta llegar, porque él también tiene lo suyo. Jet actúa como el cerebro de las misiones, mientras Spike va tras los maleantes. Operan desde la nave base, el Bebop, que hace las veces del hogar de ambos. Pronto se les unen dos extraños tripulantes, una niña experta en pirateo informático, llamada Edo, y una joven atractiva de caótica vida, Faye Valentine. Bueno, y también acaba con ellos un perro salido de un experimento científico. Sus vidas transcurren en la frontera de la ley, buscando fugitivos en barrios marginales, sin miedo al peligro o con necesidad de él porque no conocen otra cosa, saltando entre planetas y lunas adonde parezca haber una buena recompensa que les permita seguir tirando adelante.

Cowboy Bebop se estrenó en 1998 en Japón, y poco a poco se convirtió en un éxito mundial que contribuyó bastante a la dispersión del anime más adulto, considerado en aquella época todavía un gueto para frikis (las series juveniles, tipo Heidi y Campeones, eran otro cantar). En realidad su primera emisión fue un tanto fallida, pues censuraron casi la mitad de los capítulos, pero eso no impidió que fuera ganando fama, logrando un estreno completo en otro canal y luego una gradual proyección internacional. A España llegó en 2005, pasando por algunos canales autonómicos y finalmente por uno nacional. Ahora bien, el doblaje se hizo con pocos recursos, teniendo las mismas voces para personajes secundarios en todos los capítulos y algunos fallos de traducción importantes.

Parte de su tirón lo tuvo sin dunda su estilo más occidental, tanto en el dibujo (personajes sin rasgos asiáticos, ausencia de histrionismos habituales: la gotita en la cabeza, las bocas gigantes, etc.) como en las historias y la ambientación, de características más universales. Si bien al final había una trama seriada de estilo japonés, con yakuzas, traiciones, katanas y personajes estrafalarios, el hilo principal son las aventuras de estos cazarrecompensas. Pero quizá el aspecto crucial en su impacto global fue la visión de su principal artífice, Shinichirō Watanabe, que le imprimió un estilo y un carisma muy llamativos, es decir, aunque diste de ser una obra maestra Cowboy Bebop tiene una personalidad arrolladora.

El magnetismo extraño de sus protagonistas, que oscilan entre la simpatía y el patetismo, y la calidad de los secundarios, donde incluso el maleante más insignificante deja huella con una historia bien trabajada, te enganchan rápidamente, y el particular universo que va abriéndose ante tus ojos termina de atraparte. El futuro donde la humanidad ha colonizado a duras penas el Sistema Solar (la Tierra está arrasada por un accidente) se combina con toques de western, policíaco clásico, humor negro y drama personal. Se mantiene un ambiente melancólico, con protagonistas agobiados por traumas del pasado y problemas del presente, con historias que suelen acabar en tragedias, sobre todo para los bandidos y fugitivos, que por lo general se ven dirigidos por sus malas elecciones a un final desastroso. Pero no por ello resulta un dramón, ya que el grueso de los episodios se inclina más hacia la acción y aventuras con un toque de humor absurdo muy peculiar.

La animación está asombrosamente trabajada. Las peleas y batallas, con movimientos muy fluidos, son dignos de una película de buen presupuesto, y la ambientación es excelente, con escenarios muy variados. Y finalmente, otro factor clave fue la monumental banda sonora. La veterana y versátil Yōko Kanno cumplió de largo con el estilo musical que buscaban los creadores de la serie, un sonido jazzístico que abarcara todo el rango emocional requerido: vibrante para las partes de acción, tristón para los finales trágicos, grisáceo para los momentos más mustios, divertido para los más distendidos… El repertorio de grandes temas que nos regaló es inolvidable.

También cabe señalar algunas limitaciones, pues como decía, se recuerda más por su personalidad que por resultar redonda. La combinación de géneros no funciona tan bien cuando abordan el clásico thriller de mafias japonesas, que resulta un tanto forzado, dando la sensación de que se pierde un poco de verosimilitud para meter con calzador historias muy vistas y artificiosas. Por ello el final no me convence, merecía algo más original. Y en líneas generales al guion le falta una puntada para ser perfecto, pues a pesar de su corta duración hay muchos capítulos con problemas de ritmo, y unos pocos son bastante prescindibles.

Son veintiséis episodios, lo que supone también otra razón para su fácil propagación: no se estiró de mala manera, tiene un arco cerrado. Pero su notoriedad sí empujó a realizar un largometraje en 2001, si bien su estreno en cines fuera de Japón se limitó a unos pocos festivales, apuntando directamente al mercado doméstico, donde fue como la serie uno de los animes más vendidos en su época. Durante mucho tiempo ha habido intenciones de realizar, por parte de Hollywood, una adaptación cinematográfica con actores reales (con Keanu Reeves encabezando la lista de candidatos para interpretar a Spike), pero el proyecto, igual que el de Akira, nunca termina de concretarse. Aunque la cosa podría cambiar si la versión de Ghost in the Shell tiene éxito.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
Sigue leyendo

VIKINGOS – TEMPORADA 4, PARTE 1.

Vikings
History | 2016
Drama, aventuras, histórico | 10 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Sheila Hockin, James Flynn, Sherry Marsh…
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Clive Standen, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgard, Alexander Ludwig, Linus Roache, Amy Bailey, Moe Dunford, Lothaire Bluteau¸ Morgane Polanski, Owen Roe, Jennie Jacques, Alyssa Sutherland, Peter Franzén, Jasper Pääkkönen, Edvin Endre.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las historias principales, aunque sin ahondar en detalles concretos. El final lo comento bien señalado.–

La cuarta temporada de Vikingos se anunciaba como de veinte capítulos, el doble de lo habitual, pero llega con un largo parón en medio, al estilo The Walking Dead. Por lo demás, la narrativa mantiene el estilo y nivel de las etapas previas. Es decir, sigue siendo una serie muy irregular, donde los tramos más pausados o de transición no logran despertar mucho interés y es por sus colosales batalles por las que termina resultando un visionado llamativo. Y como el anterior, este año acusa demasiada irregularidad, teniendo capítulos bastante aburridos. Michael Hirst no termina de encontrar el tono, y a estas alturas no parece que vaya a superar el listón, así que esto es lo que hay.

En los primeros episodios tenemos los habituales conflictos políticos invernales, donde caen condes y se alzan nuevos, tanto en las tierras vikingas como inglesas, aunque ahora se añade también Frankia, o más concretamente París. Northumbria (Inglaterra) comienza con fuerza gracias a una buena batalla, pero en adelante se va diluyendo en los mismos líos de corte que hemos venido viendo: Ecbert ladino y ambicioso se hace poco a poco con más poder, el hijo (Aethelwulf) siendo un petardo que no aporta mucho, la esposa de este, Judith, aprendiendo a sobrevivir entre alimañas, la loca de Kwenthrith metiéndose en complots varios que termina explotando el inteligente Ecbert… Pero a pesar de haber bastante movimiento Hirst no imprime el tono absorbente y atractivo que ofrecía en Los Tudor, sino que aquí todo va con desgana, sin savia. La sección de París sigue el mismo camino, aunque entre la novedad y al tener a Rollo (más cercano a los vikingos) lo hace más atractivo. Pero me temo que a la larga acabamos peor, porque con Ecbert sabemos qué esperar, pero las motivaciones de Rollo para traicionar a su pueblo y masacrarlo no se explican lo más mínimo: la rivalidad con Ragnar no justifica el paso a desprenderse de su cultura y asesinar a los suyos. Igual están las decisiones del rey francés de cargarse a media corte: carece de trasfondo, de una lógica consistente. Más o menos estos eventos siguen a la Historia, pero si no hay datos suficientes para ahondar en los personajes invéntatelo, porque si no tenemos agujeros de guion muy grandes.

Con los vikingos tampoco tenemos algo deslumbrante. Parecía que por fin iba a lanzar el negligentemente postergado enfrentamiento entre Floki y Ragnar, pero termina siendo un largo amago: cual serial mediocre, pronto empieza a oler a cortina de humo para hacer un reset… Y así ocurre. A los pocos capítulos volvemos a que si están peleados y que si no, y Floki haciendo barcos como si nada hubiera pasado. La parte de Lagertha con sus riñas políticas es de nuevo monótona y confusa: sus planes no se explican, sus acciones no parecen justificadas por alguna razón concreta y además algunas no parecen verosímiles (lo de cargarse a un conde y que nadie se cuestione nada). Vaya forma de desaprovechar a un personaje con gran carisma, aunque sean en gran parte por el porte y estilo de la actriz.

En el ecuador de esta tanda nos vamos a un receso: el escritor estira o incluso aparca las tramas principales para no agotarlas, y entramos en un bucle de tres capítulos (del tercero al quinto) donde el aburrimiento hace bastante mella. Ragnar se encapricha de una esclava china y sus drogas, y aislándose en una cabaña las usa para evadirse de sus penurias. Pero es poco creíble que esta mente capaz de orquestar planes complejos y a largo plazo, que ha sufrido de todo en su lucha por el poder, se hunda de tal manera por traiciones que ya ha sobrellevado otras veces. Y desde luego el proceso es insípido y cargante. Bjorn también es puesto en la nevera, casi literalmente, porque se va a otra cabaña, una perdida en los bosques helados, a no se sabe qué. Nos lo ponen estudiando un mapa de Europa, con lo que vi con entusiasmo su partida para explorar nuevas tierra, pero luego resulta que va a buscar su yo interno, porque otra cosa no hace. El caso es que tampoco funciona, este personaje está bien maduro como para necesitar ese viaje. Y no sé si para rellenar, nos ponen una rivalidad incomprensible con algunos del pueblo de Lagertha, que están empeñados en matarlo; esta confusa y cargante trama dura casi toda la temporada, con momentos ridículos como esa visión en que Bjorn muere, una especie de burdo intento de forzar la intriga.

Mientras, a través de la reina Aslaug Hirst mete algunas pequeñas historias con los hijos de Ragnar. Por algo que ocurre en el final de temporada se entiende el intento de dotarlos de personalidad, pero es que no consigue hacerlo, de hecho cuesta distinguirlos y seguir su trayectoria; el único que destaca es Ivar, por resultar más llamativo por las piernas deformes y porque empieza a mostrar su conocida crueldad.

Pasado este suplicio por fin se van sentando las bases de la nueva incursión. Llegan nuevos líderes aliados pero sospechosos de convertirse en rivales en cualquier momento (Halfdan y Harald), Rollo ultima defensas de impresión, y todo se mueve un poco más, aunque no todas las secciones sean perfectas. La parte inglesa no parece llevar un rumbo claro y de hecho termina en el aire, siendo simplemente un previo de lo que esté por venir. En París tenemos partes buenas, como Rollo ganándose su sitio y a su esposa, y malas, como lo citado del rey matando sin venir a cuento a todo quisque. Hasta los vikingos tienen su lastre: la parte de Aslaug con el errante Harbard es un coñazo que tampoco parece apuntar a nada concreto.

Por lo demás, la incursión es de muy buen nivel. Como es habitual todo el proceso se narra con sumo detalle: los planes y esfuerzos de cada bando, los miedos y la tensión de cada personaje, las diversas estrategias, los fallos, los nuevos intentos… Las batallas son de nuevo distintas a todas las anteriores, y aunque la épica no llega al nivel del primer asedio a París sí resulta espectacular y manejan bien el factor sorpresa. El único pequeño pero es que cabría preguntarse si no resultan un poco forzados los fallos en la estrategia de Ragnar, porque oye, que hay como cinco condes más que no los han visto: no explorar la zona que pretendes asaltar (la charca del castillo, menuda cagada) y dejar sin vigilancia y tropas de reserva el campamento son cosas imperdonables, deberían ir de serie en cualquier misión.

Y esta vez el final no se ve venir, suponiendo un giro notable en la trayectoria de todos los personajes…

Alerta de spoilers: Revelo el final con detalle.–

Tras la derrota de Ragnar tenemos un salto temporal que nos lleva a la madurez de sus hijos, así que veremos cuánto de relevo generacional hay, qué le depara el futuro a Ragnar, Lagertha y demás figuras relevantes cuando los jóvenes quieran dejar huella… y la dejarán, a tenor de los hechos históricos. Ahora bien, tener a casi todos los protagonistas heridos tras la batalla y no mostrar el destino de ninguno excepto los Ragnar y Loki (y después del lapso), pues menuda cagada. El que más negro lo tiene es el propio Ragnar, primero porque el fracaso y la huída lo dejaron en muy mala posición, segundo porque la cosa empeora al descubrirse que sabía que el asentamiento de Northumbria fue masacrado, pero también que un hijo suyo nació en la corte inglesa. Esto última suena a drama y misterio barato, esperemos que dé algo de sí.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.