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STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 1

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1987
Ciencia-ficción, suspense, drama | 25 ep. de 45-92 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Desine Crosby, Michael Dorm, Marina Sirtis, Gates McFadden, Will Wheaton.
Valoración:

Hay bastante consenso entre la mayoría de seguidores de Star Trek (o trekkies) en que la primera temporada de La nueva generación es la más floja junto a la séptima, que la serie no encontró realmente su camino hasta la tercera. Yo no lo comparto del todo. Aunque hay diferencias estilísticas y argumentales a partir de la tercera y en calidad media se puede considerar la mejor, la presente me parece superior a otras (segunda, séptima) y no puedo decir que sea claramente inferior a las restantes. A veces me da la impresión de que los fans miden la calidad según tengan algún gran episodio o no. ¿Y los otros veintitantos qué? Precisamente esta etapa tiene bastantes capítulos muy infravalorados.

Es cierto que hasta el tercer año no se adentran más a fondo en historias políticas y culturales de mayor recorrido y en episodios atípicos, temas y estilos aquí apenas presentados, pero en la línea de exploración y conflicto con lo desconocido (tanto ciencia como cultura), generalmente con subtextos de corte intelectual y ético, sienta unas bases estupendas que luego se repetirán mucho, rara vez aportando algo novedoso. Y en cuanto a los protagonistas, el carisma de estos brilla desde el primer momento, con unas personalidades y relaciones muy llamativas que te enganchan incluso en las aventuras menos logradas, pero salvo por un par de cambios de posiciones apenas se moverán de su descripción inicial en los años venideros.

Se hizo evidente que el puesto inicial de algunos no fue el más acertado e hicieron algunos cambios en cuanto enfocaron la segunda temporada. Geordi es presentado aquí como timonel, pero el puente de mando está sobrecargado mientras en ingeniería tiran de personajes extras y excusas para que otros bajen allí, así que aparecerá como jefe de ingenieros sin más rodeos. Worf empieza como el alienígena de turno, pero su situación no queda clara, no es el tipo raro que debe adaptarse, lugar que ocupa Data, sino que empieza como segundo de Tasha Yar, la jefa de seguridad y encargada de la consola de combate, lo que es redundante y por ello estaba quedando relegado. Por suerte para él, la actriz abandona la serie al final de esta etapa y Worf toma su cargo y poco a poco adquiere mayor protagonismo, llegando a ser el personaje que más evoluciona o al menos el que más experiencias fuera del trabajo tiene.

En el acabado sí habrá modificaciones más llamativas. En cuestión de dirección es perdonable porque, como es de esperar, en el primer año falta práctica y dinero, y realmente sólo unos pocos capítulos acusan deficiencias dignas de mención, el resto ofrece un acabado muy bueno y no tardará en ir mejorando hasta ofrecer un estándar de calidad excepcional para una serie. Donde sí falla ostensiblemente es en una fotografía que acusa una iluminación que se quedaba vieja en esa época, pues era muy de la línea de la original, con focos puestos de mala manera de forma que hay sombras por todas partes, incluyendo los rostros de los actores. Tampoco en el vestuario empezaron con muy bien pie. La caracterización de personajes secundarios no ha envejecido bien, y para los principales diseñaron unos trajes elásticos un tanto cutres, que parecen pijamas, y que resultaban muy incómodos a los actores. En la tercera temporada, cuando Rick Berman toma el control de la producción, cambian ambas cosas muy para mejor.

La banda sonora se puede decir que tampoco se modernizó, optándose por una orquesta clásica, pero con el nivel de la composición de los dos músicos principales, Dennis McCarthy y Ron Jones, y la estupenda orquestación lograda, resulta por lo general muy versátil y tiene momentos estupendos. También hay capítulos o tramos donde está menos conseguida por las prisas, pero nunca como para lastrar el relato seriamente.

Como comenté en su apartado de la introducción, la producción fue un caos, los guionistas, productores menores y otros puestos técnicos seleccionados por el propio Gene Roddenberry entre amigos y colaboradores de la serie original (destacando a David Gerrold y D. C. Fontana, que trabajaron en la creación de las bases narrativas y el universo imaginario) acabaron todos enemistados con él por sus abusos laborales y personales, acrecentados por sus excesos con las drogas y su mal carácter, y fueron dejando la serie, y los relevos tampoco duraban. Sólo un escritor independiente, Tracy Tormé, también conocido de Roddenberry, se salvó o fue capaz de aguantar, y eso que sus ideas eran las más atrevidas y eran constantemente rechazadas o alteradas, primero por Roddenberry, luego por Maurice Hurley. Hurley, otro amigo cercano del creador, llegó poco antes de la mitad de temporada para tomar las riendas de la sala de guionistas, aunque no caía bien en el set y pronto empezó también a chocar con las formas de trabajar de Roddenberry.

Heredado de la serie clásica, la mayor parte de los episodios comienzan con una introducción narrada señalando donde está el Enterprise y cuál es su misión, y enseguida se presenta el conflicto, entrando así de lleno en materia sin necesitar varias escenas para situarnos. También hay narración a modo de resumen tras los fundidos en negro donde iban las pausas publicitarias, simulados como entradas del diario de abordo por parte del oficial al mando. Si bien denotan la estructura narrativa obligada para la televisión, no suelen resultar muy cargantes ni parecer algo demasiado viejo, pues son frases breves o aportan información y planes nuevos.

Aunque por el caos de los inicios de la producción algunos de los primeros capítulos quedaron algo cutres (Código de honor, Puerto) y otros vieron algo limitado su potencial (El último baluarte, Soledad en compañía), la maduración respecto a la serie madre se nota pronto, las bases del universo imaginario están mejor establecidas y son evidentes las mejoras presupuestarias y por tanto visuales. En el rango de historias empieza muy cerca de aquella, casi podemos decir que no se atreven a correr muchos riesgos, de hecho, el guion de El presente inexorable es una especie de continuación/remake de Horas desesperadas (107), y Un periodo de tiempo demasiado corto bebe mucho de los capítulos tipo Un lugar jamás visitado por el hombre (101). Pero pronto empieza a buscar sus propias historias de exploración (Donde nadie ha podido llegar), de choques culturales (Soledad en compañía, Ángel Uno), retos científicos y éticos inesperados (Números binarios, Suelo habitado) y conflictos con entes asombrosos y peligrosos (Datalore, La piel del mal).

Paulatinamente presentan las nuevas ideas que expandirán el universo. Las tramas iniciales de la holocubierta (El gran adiós) y Data (Datalore) no son redondas pero sientan unos precedentes para que en próximas temporadas las traten más a fondo. Las razas secundarias importantes van haciendo acto de presencia, siendo algunas nuevas y otras que apenas tuvieron desarrollo en la original: Los Klingon (Corazón de gloria), los Ferengi (El último baluarte, La batalla) y los romulanos (La zona neutral). Y hay unas pocas ideas de ciencia-ficción bastante complejas para la época: Números binarios trata informática avanzada cuando prácticamente nadie tenía ordenadores en casa, La zona neutral y Simbiosis parecen sacados de novelas del género.

La nueva generación resulta una actualización bastante buena, es muy sugerente en historias y tiene personajes con gran magnetismo, siendo ambos elementos muy perdurables en el tiempo, es decir, envejece bastante bien si exceptuamos los cutrecillos primeros episodios. Pero se atasca en dos limitaciones graves durante sus siete temporadas: tiene unas bases muy restrictivas de las que apenas se moverá tímidamente, y resulta muy irregular, con numerosos capítulos flojos y otros bastante malos.

El estreno fue un éxito, con audiencias notables, más tratándose de un género minoritario, y gran rentabilidad gracias a emitir directamente en sindicación y a las ventas de derechos al resto del mundo. El fervor trekkie se mantenía vivo gracias a las películas de la tripulación original, pero La nueva generación lo llevó a donde nunca antes una serie había conseguido llegar.

Tras el salto incluyo el análisis por capítulos.
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THE EXPANSE – TEMPORADA 4

Amazon Prime Video | 2019
Ciencia-ficción, drama,
suspense, acción | 10 ep. de 44-52 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, David Strathairn, Cara Gee, Thomas Jane, Burn Gorman, Rosa Gilmore, Lyndie Greenwood, Jess Salgueiro, Paul Schulze, Dayle McLeod.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las tramas del año, aunque una vez presentadas se intuye todo y no avanzan nada, así que no te destriparás mucho si lees la crítica.–

Abordé The Expanse como a toda serie de ciencia-ficción, con recelo, porque a pesar de ser mi género favorito muy pocas han resultado realmente buenas. Pero me enganchó desde el primer capítulo dejando claro en pocos minutos la ambición y el buen hacer de sus autores, Mark Fergus y Hawk Ostby, adaptando las novelas de Daniel Abraham y Ty Franck. Varios frentes abiertos, dispares pero muy atractivos, intriga política de gran complejidad y un misterio fantasioso latente generando más incertidumbre ofrecían una temporada emocionante y magnífica. La segunda perdió un poco de fuelle, sobre todo en su tramo final, pues en vez de avanzar y crecer como prometía se frenó un poco y se tornó repetitiva. Parecía que la protomolécula iba a quedar como el argumento recurrente improvisado, en plan Expediente X (Chris Carter, 1993) con los esquivos extraterrestres, y los personajes habían llegado a su tope. Con todo, resultó una buena etapa.

Pero en la tercera sí dieron el salto argumental y cualitativo esperado. Es inevitable pensar que los guionistas se vieron venir la cancelación y se propusieron cerrar las tramas principales en desarrollo, pues parece haber dos temporadas en una, pero lejos de parecer precipitada resultó espectacular, una de las mejores temporadas de los últimos años. Pero entonces se confirmaron los temores de cancelación…

La pequeña empresa Alcon como productora y SyFy Channel como distribuidor apuntaron demasiado alto, pronto quedó claro que no podían mantener una producción tan cara (se estima en unos cuatro millones de dólares por episodio). Con Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) tuvieron más vista y mejor suerte, pues compartieron el esfuerzo con el canal inglés Sky One, desde el primer episodio las audiencias fueron notables y se vendió rápidamente al resto del mundo, mientras que The Expanse tenía entusiastas críticas y gran proyección en internet pero pocos espectadores reales en su emisión. Por suerte, estamos en la mejor época para las series, con plataformas como Netflix o Amazon Prime Video que permiten mejor retorno monetario al tener una proyección internacional sin necesidad de negociar con otras compañías. Estaba claro que acabaría distribuida en una las dos, salvo que en las negociaciones alguno de los productores se pusiera tonto.

Amazon fue quien ganó la puja, y desde entonces era obvio pensar que habría menos restricciones, como de número duración de episodios, de censura (temática, lenguaje, sexo, violencia), y quizá un mayor aporte de dinero también. Pero la cuarta temporada ha estado muy lejos de cumplir las expectativas, ofreciendo un retroceso brutal en ambición y calidad.

Cruzamos el anillo creado por la protomolécula para ir a otros sistemas solares. Pero el siguiente paso de la expansión de la humanidad arrastra los problemas mal cerrados de la etapa anterior. La débil paz entre la Tierra, Marte y el cinturón (divididos entre simpatizantes de la OPA y quienes quieren dejar el terrorismo atrás) no es sino una fachada tras la que se cuecen nuevos intereses.

Lo vive Chrisjen Avarasala en la campaña política, con una oponente populista ciega a los problemas reales. Lo descubre Bobbie en Marte, donde el gobierno militarista se desmorona y facciones criminales quieren hacerse ricas con las migajas. Lo intuyen Camina Drummer y Klaes Ashford intentando atajar a los cinturianos rebeldes y terroristas que quedan tratando de poner a todos en guerra otra vez. Y sobre todo lo enfrenta la tripulación de la Rocinante en Ilus, el planeta recién colonizado, donde refugiados del cinturón esperan formar una nueva vida mientras los mercenarios del gobierno llegan para disputar las nuevas riquezas.

Las maravillas del universo al alcance de la mano no bastan para cambiar al ser humano. La ambición egoísta, el rechazo cuando no odio a las distintas formas de pensar y vivir la vida, y los intereses políticos y económicos crean facciones que difícilmente pueden convivir. La serie mantiene así su estilo verosímil no sólo en ciencia espacial, sino sobre todo como reflejo de la realidad. Pero las tramas en las que subyace esta temática no tienen el ritmo, profundidad y fuerza de antaño.

Son muchas las carencias que van sumándose entre sí y limitando el demostrado potencial que puede alcanzar, y aparecen muy pronto, tanto que la decepción me envolvió en el primer episodio y no se desvaneció en adelante, sino que fue creciendo hasta que vi los últimos con gran desgana, cuando las temporadas anteriores las engullí y volví a ver en poco tiempo. Esta la quiero olvidar y esperar que la quinta remonte y la deje como un mal sueño.

Pensaba que volver a diez episodios contra los trece anteriores me iban a parecer poca cosa, pero se me ha hecho bastante larga. Avanza migajas en las tramas globales, los personajes no se mueven lo más mínimo, es todo una sucesión de aburridas vueltas en círculos con clímax forzados para intentar levantar el interés. La naturalidad e imprevisibilidad con que desarrollaban los hechos en las etapas anteriores no vuelve a verse. El ritmo trepidante, los múltiples frentes intrigantes, los personajes principales y secundarios en constante evolución tampoco están al mismo nivel. Y la fascinación por lo desconocido que se esperaba al abordar la exploración del universo no llega a aparecer en ningún momento.

Todo se cambia por historias predecibles, estancadas en nimiedades que se repiten episodio tras episodio. Una vez presentada, cada sección se mueve muy poco y en direcciones muy fáciles de ver venir. Desde el primer capítulo se sabe con certeza que Bobbie no encajará en Marte y volverá con Avasarala, que los cinturianos buscan gresca, que los gobiernos de Marte y la Tierra se quedan atrás mientras grupos misteriosos varios pasan al frente, que Holden y sus compañeros tratarán de arreglar el lío en la colonia, y que todo junto forma de nuevo un polvorín a punto de explotar.

Sólo algunos tramos de las aventuras de Camina y Klaes son llamativos, pero aparecen poquísimo. Sólo breves instantes de las elecciones en la Tierra resultan mínimamente intrigantes, y no es que sea una historia de altos vuelos comparada con las vivencias anteriores de Avasarala. Y sólo Bobbie aporta algo de emoción en la parte dramática, de forma que es el único personaje que recorre un camino demasiado evidente aportando al menos un conflicto interno llamativo. Por el otro lado, por desgracia la tripulación de la Rocinante no se mueve un ápice, cada uno se queda atascado en su característica más destacable de forma que en cada nuevo capítulo tienen su aportación obligada y ya está. Holden empeñado en salvar a todos, Amos bruto como él sólo, Alex buenazo sin enterarse de casi nada, Naomi idealista y apenada por tanto problema…

Y para rematar, una serie estupenda en cuanto a personajes secundarios, sin miedo a que entren y salgan constantemente de la acción, también patina un montón en este aspecto. Ninguno de los nuevos logra despertar el más mínimo interés, ni la banda de Marte, ni las familias, la doctora y la soldado de Ilus, ni mucho menos el líder mercenario enviado allí por la Tierra. Este villano, interpretado por el siempre sobreactuado Burn Gorman, empieza siendo cargante, pero pronto se torna ridículo por culpa un dibujo tan simple y a la vez excesivo que resulta impropio de esta producción incluso contando con el bajón generalizado.

La fascinación por lo desconocido, el factor descubrimiento tan esencial para que una obra de ciencia-ficción te maraville, no va más allá de las expectativas que te hayas generado en la espera por ver cómo empiezan a explorar el universo. La historia de supervivencia en un planeta desconocido es muy ramplona, y parece que los guionistas lo saben, porque tiran de sensacionalismo, de giros rebuscados y suspense barato cada dos por tres. Los problemas con la protomolécula y el conflicto entre los colonos y mercenarios resultan demasiado artificiales, puestos a designio de los escritores según necesiten una pausa, acelerar los hechos, intriga o drama. En todos los capítulos ese villano de pacotilla pasa de amenazar con matar a todos a trabajar en grupo, de estar cabreadísimo a pasearse entre colonos, la visión de Miller aparece y desaparece a conveniencia, la protomolécula amenaza con algún nuevo enredo absurdo, y los protagonistas se pasean sin terminar de hacer nada concreto para no acabar con las tramas antes de tiempo. Y a pesar de todo, aun tiene momentos en que sorprende para mal: la subtrama de la ceguera es patética, vergonzosa.

Si para el final esperabas una gran revelación con la protomolécula y que el polvorín de todo el sistema solar estalle en nuevas apasionantes historias, puedes darte con un canto en los dientes. El misterio con la protomolética tiene una resolución lastimera, lo demás queda todo en suspenso, sólo hay resoluciones secundarias, todas flojar cuando no penosas, como el cutre duelo final entre Holden y el villano.

La inteligente visión de la humanidad, la simpatía que todavía queda en los protagonistas, y el excelente acabado visual, que otorga ritmo y empaque a historias anodinas (atención a cómo en el planeta cambian el formato de imagen a panorámico), logran mantener a flote una temporada con más fallos que logros, con tramos bastante aburridos y una parte final sin savia alguna.

He pasado de pensar que a The Expanse le vino muy bien acelerar y concentrar las historias en el tercer año debido la sombra de la cancelación a temer que hayan optado por una narrativa a lo The Walking Dead y Vikingos ahora que pueden tener muchas temporadas por delante, esto es, estirar el chicle hasta que pierda toda sustancia. Lo que han contado en diez episodios cabía en uno, dos a lo sumo. Es la presentación de lo que deberían haber desarrollado en el resto, pero nos marean con tonterías y engaños y lo dejan para el siguiente año… y veremos cuánto avanzan ahí y cuánto se resiente la serie si mantienen este estilo. Por ahora me queda el consuelo de que difícilmente pueda seguir el nefasto rumbo de Battlestar Galactica, porque esa dejó claro la improvisación de sus tramas y personajes en el irregular primer año, con lo que no sorprendió que perdiera calidad rápidamente, mientras que The Expanse tiene unas bases muy sólidas, tanto por las novelas como por las tres buenas temporadas que llevamos.

PD: Hasta ahora la había visto con subtítulos de aficionados, y estos eran fieles al original (y cuando se confundían con las armadas marcianas lo podía arreglar sin problemas), pero cuando la serie la adquirió para España Netflix y luego Amazon resulta que estos cambian las iniciales de todas las organizaciones, haciéndolo muy confuso. ¿Te imaginas que en vez de FBI y CIA pusieran AFI y ACI o algo así? Cuando en pantalla ves OPA, MCRN y demás pero te subtitulan con unas letras que parecen elegidas al azar lo único que consiguen es marear al espectador. Ya sé que una es la armada de Marte y la otra la alianza de planetas exteriores, no me compliques las cosas. Y la traducción “cinturionianos” en vez de la natural y lógica “cinturianos” es horrible. No sé cómo habrán apañado la jerga de los planetas exteriores, algo desde luego complicado. El doblaje en sí no sé qué tal estará, como siempre, recomiendo la versión original.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)
Temporada 4 (2019)

BLACK MIRROR – TEMPORADA 5


Netflix | 2019
Drama, suspense, ciencia-ficción | 3 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Anthony Mackie, Yahya Abdul-Mateen II, Nicole Beharie, Andrew Scott, Damson Idris, Topher Grace, Miley Cyrus, Angourie Rice, Madison Davenport, Susan Pourfar, Pom Klementieff, Ludi Lin, Monica Dolan.
Valoración:

Alerta de spoilers: En los comentarios de los episodios entro a fondo.–

Si bien la segunda temporada rozó el desastre después de pelotazo de la primera, desde Blanca Navidad parecía que Charlie Brooker se encontraba más a gusto desarrollando historias originales y experimentando (aunque patinara alguna vez), sobre todo cuando Netflix le dio más recursos y episodios. Sin embargo, nos trae otro año en el que hay poco que rescatar.

Con el esfuerzo que llevó realizar Bandersnatch no les daba tiempo a estrenar otra una temporada de seis episodios, así que han vuelto a los tres con que se inició la producción en Channel 4. Pero bien podría haberse tomado Brooker un descanso más largo, o al menos contratar guionistas que aporten savia nueva, porque el desgaste mostrado en ese episodio se ha acrecentado en esta etapa.

Otrora, la serie se caracterizaba por mostrar elaborados mundos ficticios, generalmente en futuros cercanos, donde se analizaba la influencia de las nuevas tecnologías en la sociedad de forma muy tétrica pero plausible. Cada micro universo contenido en cada episodio resultaba fascinantegracias al mimo que ponía Brooker en su construcción y el cariño que les cogíamos a la mayor parte de los protagonistas, pero sobre todo por la inquietante moraleja que siempre dejaba. Prácticamente cada historia que hemos visto parece estar a punto de hacerse realidad en pocos, muy pocos años.

Este año apenas mantiene el tono en el tercer episodio, los otros dos son relatos mundanos anclados en un aburrido presente y carecen de lecturas profundas sobre nuestro porvenir, giros imprevisibles y finales trágicos, ofreciendo a cambio lecciones torpes, ritmo moroso sin sorpresas, y conclusiones sin garra.

Otro aspecto llamativo es que esta vez no se han dedicado a buscar autores de renombre para las labores de dirección y banda sonora: los directores y músicos alternativos de calidad brillan por su ausencia. ¿Habrán querido recortar dinero? Lo único llamativo es la presencia de Miley Cyrus interpretando una versión de sí misma.

Tras el salto encontraréis un análisis por capítulos.
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STAR TREK: DISCOVERY – TEMPORADA 2


CBS All Access | 2019
Ciencia-ficción | 14 ep. de 43-60 min.
Productores ejecutivos: Alex Kurtzman, varios.
Intérpretes: Sonequa Martin-Green, Doug Jones, Anson Mount, Shazad Latif, Anthony Rapp, Mary Wiseman, Michelle Yeoh, Jayne Brook, James Frain, Ethan Peck, Mia Kirshner.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento bastante de las tramas del año, y aunque estas son un misterio hasta bien entrada la temporada, no creo que tengan sorpresas suficientes como para echarlas a perder por saber de qué van. —

No se sabe cuáles fueron las audiencias de la primera temporada de Star Trek: Discovery, pues las cadenas implicadas no han dado datos. Tuvo críticas aceptables de los medios, muy malas de los seguidores de Star Trek, y los no fans parece que la recibieron mejor, aunque eso sí, lejos del gran resultado que dio la reinvención en cines de la por ahora trilogía iniciada en 2009. Sin embargo, la producción fue un caos muy grande y el presupuesto se disparó a límites inconcebibles (más de ocho millones de dólares por capítulo), y sin haber tenido una recepción unánime ni gran presencia en internet cabe pensar que las audiencias fueron débiles, así que en condiciones normales todo apuntaba a cancelación.

Pero ni las audiencias ni las críticas son vitales hoy en día, y para su continuidad hay que buscar otras razones. Discovery y The Good Fight (Robert King, Michelle King, 2017) fueron las series con las que anunciaron el estreno de la plataforma de emisión por internet de CBS, CBS All Access, y cancelar una de ellas nada más empezar daría muy mala imagen. Además, la venta de derechos a Netflix para emitirla en el resto del mundo les permitió recuperar el dinero invertido de golpe; y el propio Netflix sigue en proceso de crecimiento, acaparando todo lo que puede sin importar el coste y si las audiencias no son grandes, porque el que llega para ver esa serie y no le gusta, es posible que acabe probando otra y se quede. Así que, fuera como fuera tenían que aguantar.

Con esta inesperada segunda oportunidad había esperanzas en que los productores se pondrían las pilas y tratarían de dejar atrás los gravísimos errores de concepto y ejecución que convirtieron a la primera temporada en un desastre de los que hacen época, tanto en el lío de la producción como en la calidad final. Pero pensando en frío, ya a mediados de esa etapa los directivos eligieron el camino a seguir, y nada más anunciar la segunda quedó claro que se habían aferrado a él. Echaron a Bryan Fuller y su séquito para abandonar su estilo vanguardista y la narrativa de digestión lenta (aunque es justo decir que también su ostentación visual y la lentitud en rodar, en parte culpables de exceder el presupuesto), y se quedaron con la visión más comercial de Alex Kurtzman, pues los alrededor de 400 millones que hizo con J. J. Abrams en cada una de las tres entregas de la reinvención cinematográfica de 2009 a pesar de su escasísima calidad le han dado un buen blindaje.

Así que no han arreglado nada, sino que han dado carta blanca a la escritura a lo Perdidos (aunque Kurtzman no estuvo en ella, sí es de la misma cantera de guionistas) que ya fue emergiendo a mitad del primer año: basarse en el golpe de efecto y ya veremos luego cómo apañamos el resto, no asentar nada antes de meter con calzador otra historia, y personajes alterables para encajarlos en cada cambio de rumbo. Lo único que han hecho es poner un poco de maquillaje mal dado. ¿Que la gente se quejaba del innecesario y horrendo rediseño de los klingon? Pues les añadimos pelo para que se parezcan algo más al estándar de la saga. Pero, ¿y el resto de traiciones a la serie? Y lo más importante, ¿y las carencias del guion? Ni un solo cambio.

Tenemos otra trama que abarca toda la temporada, pero si el primer intento salió mal, este ha ido incluso peor. La guerra klingon al menos prometía abordar un tema interesante, y casi se podía perdonar que en la caótica producción no saliera nada bueno y trataran de dejarlo de lado disimuladamente. Pero en esta ocasión tenían tiempo para planificar y más estabilidad en la sala de guionistas como para desarrollarla adecuadamente, y nos han traído una parida que parece elegida al azar en una loca lluvia de ideas entre los escritores. Señales en el espacio, un misterioso ángel que aparece de vez en cuando, Spock que se supone que sabe algo pero no se sabe dónde está él… Cada nuevo micro avance se basa únicamente en ofrecer un subidón final de sensacionalismo barato que muchas veces ni se acuerdan de desarrollar en el siguiente episodio, porque sólo es un cebo. Así que acabarás harto de anuncios de que hoy por fin verás a Spock, conoceremos la naturaleza del ángel, y pasará algo grave e importantísimo.

Y todo para acabar soportando un dramón familiar plomizo, con la protagonista, la comandante Burnham, echando de menos a su mamá, teniendo repetitivos flashbacks con Spock que no llevan a nada, y para que cuando este aparezca por fin no aporte absolutamente nada a la trama y los personajes, sino que sea otro macguffin que sólo suelta frases chocantes aquí y allá. Todo para que el anunciado misterio sea un villano de cómic, un arquetipo de ser destructor encarnado por una inteligencia artificial, del que también se olvidan un capítulo sí y otro no y, cuando por fin lanzan el enfrentamiento, sea con un estilo de serial ochentero, todo peleas simplonas y mal rodadas, exageraciones absurdas, mucho ruido y peligros inverosímiles. Todo ello dando vueltas sobre la vaga amenaza de la destrucción de toda la vida en el universo, porque los guionistas querían dejarte sin aliento con una historia épica, ¿y qué más épico que el final del universo?

Si ya sabemos que al final harán un truco de cienci-magia y todo se resolverá sin secuelas, ¿por qué intentas engañarme?, ¡cuéntame algo tangible, con contenido real! En la Star Trek de toda la vida podían resolverse así muchos retos, pero lo que importaba era el conflicto político, social y cultural, el cómo enfrentaban los protagonistas todos los pasos del desafío según sus personalidades. Pero aquí no hay esencia alguna de Star Trek, la mayor parte de los personajes son amalgamas sin pies ni cabeza que cambian según las necesidades del guion, y la trama son fuegos artificiales huecos.

¿Quién es Michael Burnham, qué piensa, qué la motiva para luchar con ahínco en cualquier situación? Tras dos temporadas, no lo sé. Sólo sé que dirá si a todo y se tirará de cabeza en cualquier misión para hacer lo que sea, a pesar de que es una oficial científica. Ciencia poca, todo lo resuelve a hostias y tiros. Que le den un traslado a seguridad o la despidan, pues abandona sus obligaciones cada dos por tres. De vez en cuando nos dicen que cae bien a otros personajes. ¿Por qué? La interacción que tiene son escenas de acción. Diálogos que desarrollen un acercamiento, sentimientos mutuos y camaradería no hay. El serio Saru y el capitán Pike la admiran y respetan a pesar de su desobediencia e imprudencias constantes, y los compañeros a los que arrastra en misiones suicidas también. ¿Por qué? Porque los guionistas quieren un personaje principal comodín. Vale para todo y sufre por todo para intentar que el espectador conecte. La pobre Sonequa Martin-Green, competente de sobras, se pasa otra vez todo el tiempo poniendo caras de estar a punto de llorar.

Si he aguantado otra infame temporada es porque, aparte de que a la ciencia-ficción le doy más oportunidades que a otros géneros, Pike y Saru se sobreponen lo suficiente del resto de carencias de la serie como para tener algo a lo que aferrarse en la espera de vagas mejoras que, por desgracia, tampoco han llegado este año.

Saru vuelve a ser el comandante en el que se puede confiar porque no pierde los estribos, no falta a nadie, siempre tiene una respuesta inteligente y conciliadora. Su evolución es curiosa y efectiva. En uno de los pocos capítulos que tienen algo de contenido descubrimos que su especie está dominada por otra, impidiendo su desarrollo físico y emocional completo. Vamos, que están como castrados. Saru, fuera de ese dominio, se desarrolla plenamente, lo que significa ver acrecentados sus sentidos y ser más violento para defenderse de los depredadores. El tipo antes comedido y sobrio enfrenta emociones complejas, y tiene un buen periodo de aprendizaje para luego seguir siendo en el fondo él, pero más maduro. Es decir, que no cambia abruptamente para ajustarse a una nueva trama.

Christopher Pike está sacado de la serie original, pero apareciendo en un solo capítulo (el episodio piloto que fue rechazado y se recuperó décadas más tarde) no había temor a que mancillaran personajes principales como han hecho con Spock. Y lo cierto es que recuerda a él: es el capitán carismático al que todos querrían seguir porque es competente pero cercano, se gana a la gente escuchando y dando discursos de ánimo muy efectivos. Además, el actor Anson Mount (lo conocí en Hell on Wheels) está muy bien elegido, pues tiene un magnetismo arrollador. Cierto es que está metido con calzador, y quitan de en medio el Enterprise en gran parte del año con excusas poco trabajadas, pero su presencia y la dinámica con Saru y el resto de la tripulación es lo único salvable de la temporada.

¿No podían escribir a todos los protagonistas así de bien? ¿Es que los sortean entre los numerosos guionistas? Porque a Burnham y al resto del repertorio es para borrarlos y hacer como que no han existido. La cadete Tilly, otra que está metida a fondo en toda misión y labor a pesar de su nulo rango, es el estereotipo de gorda propio de una comedia tonta, es decir, aquí no pinta nada, pero además lo llevan al extremo más rancio y penoso que he visto. ¿Intentaron un rango bajo simpático y cercano, o insultar al espectador y sobre todo a la gente obesa? Lo segundo es lo que les ha salido. En cada una de sus apariciones resulta irritante, idiota, ofensiva. La pareja de científicos homosexuales sigue el mismo camino: son la representación del estereotipo y de la corrección política en su máxima expresión, con lo que resultan muy cargantes. Cada escena que tienen, sea en la misión que sea, se reserva un interludio para declarar su homosexualidad y su amor. Que estamos preparando un proyecto científico de vital importancia, pues paramos para que las almirantes alaben lo gays que son, para que quede claro que los superiores los respetan, o metemos una peleilla sin venir a cuento, para que los compañeros digan algo que a mí me sonó a un patético “pero si sois como las personas normales, pues os queréis y peleáis como los demás”. Y así episodio tras episodio. Hace más de veinte años desde que Urgencias (John Wells, 1994) y Buffy, la Cazavampiros (Joss Whedon, 1997), entre alguna otra, empezaron a incluir personajes homosexuales con una naturalidad asombrosa, sin dejar margen para que ni el más cavernícola sacara excusas para atacar, y a estas alturas cambiamos el chip al modo panfleto reivindicativo más torpe y contraproducente que puedas imaginar.

Entre los personajes comodín, con Ash Tyler ya rizaron el rizo de manera demencial el primer año, pero aquí siguen reutilizándolo. Ahora ya no es un medio humano medio klingon, sino un operativo de una agencia secreta de la Federación. Recuperan su lado klingon de sopetón en un episodio, como para darle un cierre, pero es un sindiós y además un coñazo. Y en adelante vuelve a ser otro que está en todo sin que se sepa por qué, y además vuelven a acordarse de vez en cuando de que había una especie de romance con Burnham, así que hablan y se besan un par de veces, y luego siguen como si nada. Señores guionistas, por favor, un poco de coherencia, aunque sea una pizca. La Georgiou terrana igual, no saben qué hacer con ella, pero la incluyen en toda historia sin esforzarse lo más mínimo en darle unas motivaciones; al menos esta resulta tan indiferente que no molesta.

Los otros tripulantes no tienen un dibujo concreto a pesar del tiempo que ocupan en pantalla. En The Orville (Seth MacFarlane, 2017), por hacer la comparación más obvia, tenemos un puñado de secundarios de los que rápidamente conocimos sus peculiaridades básicas, y algunos se hicieron entrañables. Aquí ponen caras de qué bien nos llevamos, pero apenas tienen un par de escenas útiles en todo el año. Y peor son esos que se acoplan de vez en cuando no se sabe por qué, como un par de almirantas. Luego intentan ponerlos en numerosos peligros, pero obviamente no funciona, salvo cuando de repente le dan más protagonismo a uno, porque aunque sabes que eso significa que morirá en breve al menos así cobra algo de interés por un rato. También hay otros momentos de vergüenza ajena, como los personajes corrompidos por la IA a los que les cambia el color de ojos o la voz para que sepamos que su lado malo los controla. No será tan inteligente la IA. O más bien los guionistas son unos cenutrios. Pero el colmo de los colmos es que en el tramo final hay un personaje que resulta crucial, la reina de un planeta… pero aparece sin más, como si llevara ahí varios capítulos. Tras mucho buscar resulta que la habían presentado en un corto promocional. ¡Con dos cojones!

Nada del sello de Star Trek encontramos otra vez, por mucho que metan personajes y naves de la serie original. Este pseudo Spock no recuerda en nada al vulcano que conocíamos, es un rarito insulso y el actor Ethan Peck anodino. ¿Qué necesidad había de meterlo aquí, y de forzar su historia conocida inventando que Burnham sea su hermana adoptiva? Sólo funciona la aventura secundaria que enlaza con el episodio La jaula (The Cage, 1966), y también está metida con calzador en las demás tramas de la serie. Como curiosidad, cabe indicar que Rebecca Romijn (X-Men) interpreta a la número uno del Enterprise que interpretó entonces Majel Barrett, y Melissa George a la mujer atrapada por los alienígenas telepáticos, papel que hizo en su momento Susan Oliver.

Ninguna trama, ningún conflicto personal, trata con seriedad temas de antropología, cultura, religión, política, ciencia… Sí, mencionan algunos de ellos, como la religión y la ciencia, pero es como si lo hicieran obligados, para decir “Veis, esto es Star Trek“, pero lo poco que abordan lo hacen superficialmente, con torpeza, sin visión alguna. Con el pueblo de los terrisanos, por ejemplo, parecía que iban a tomárselo más en serio, pero al final parece un capítulo del Equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983): una comunidad débil a la que defender, ningún conflicto complejo. La odisea del pueblo de Saru también prometía tratar temas culturales (la dominancia de una raza sobre otra ha dado muchos buenos dilemas éticos en las otras series), pero acaba a tortas sin más y metiendo el dichoso ángel, así que no llegan a profundizar en lo prometido. El choque con el mundo paralelo de las esporas parecía inclinarse por la línea de descubrimiento científico, pero termina siendo puro Discovery: caótico, forzado, aburrido.

En la perspectiva global y la trama larga tampoco hay rastros del espíritu original. La Federación parece un gobierno belicoso y lleno de traiciones y secretos, con excesos como esa oscura sección de espionaje. La investigación sobre el ángel y el conflicto con la IA no toca ningún tema interesante, todo es misterio y acción. Lo peor es cuando parece que los autores se dan cuenta de ello e incluyen una voz en off que parece improvisada a última hora para recalcar temas sobre sacrificio, deber, la ética de la Federación… cosas que luego realmente no se ven en el relato.

En los detalles, concretamente en la estética y la tecnología, estamos igual, parten de unas bases nada fieles y luego hacen chapuzas para parchear. Me sacó de quicio la gilipollez de decir que los hologramas no funcionan en el Enterprise por problemas técnicos y tienen que comunicarse a la antigua usanza. Si esto es como un universo paralelo con distinta tecnología, ve a saco con ello, no hagas lastimeros intentos de compaginar ambas series, porque entonces no me vengas desde el principio con un rediseño del Enterprise tan radical, tan en el estilo de las películas de Abrams y Kurtzman: una nave más grande y armada hasta los dientes (incluyendo como un centenar de cazas), unos interiores de paredes y mobiliario oscuros pero con luces chillonas y pantallas sobrecargadas por todos lados.

En lo visual encontramos el mismo estilo informe y sobresaturado del primer año. Da la sensación de que había algún productor metiendo baza en los rodajes: “Más ritmo”, “Pero qué hay del tempo de la escena, de mostrar el calado emocional en los personajes…”, “Ritmoo, mete ritmooo”. Un capítulo te marea con encuadres inclinados sin venir a cuento, otro abusa de los travellings, y todos te vuelven loco con un montaje frenético, reflejos, lucecitas… No sé qué hace Jonathan Frakes colaborando en este esperpento; supongo que le pagarán bien. La música tampoco destaca nada, cuando en la saga siempre ha tenido bastante prominencia y ha sido de bastante calidad.

El dinero luce un poco mejor porque tenemos algunos nuevos decorados de navíos y escenarios en planetas, pero no como para impresionar. Y los efectos digitales del espacio y las naves siguen siendo de muy, muy bajo nivel, y además parecen siempre acabados con prisas, sin planificar las batallas y movimientos: todo son borrones. Prometían un final legendario, y entre el guion estulto, las simplonas peleas a tortas y la batalla espacial tan fea, da más bien pena. Es comparar con The Orville o The Expanse (Mark Fergus, Hawk Ostby, 2015) y me pregunto cómo ha podido costar casi el doble que esas.

La primera temporada era muy floja y caótica, pero esta un galimatías alucinante. Por momentos te ríes de lo cutre que es, pero predomina el aburrimiento, el asco, e incluso el cabreo, porque llega a ser tan estúpida que parece un insulto deliberado o una broma de mal gusto. Y me inclino por lo primero, porque el penúltimo episodio es todo entero un anuncio de que van a pasar cosas en el último mientras en él no ocurre absolutamente nada, resultando un timo vergonzoso.

De nada sirve rezar para que la entierren y hagan como que no ha existido, pues siguen empeñados en tirar hacia adelante renovando esta y además aumentando el sacrilegio, pues tendremos otra serie de este estilo con Jean-Luc Picard de protagonista…

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

THE ORVILLE – TEMPORADA 2

Fox | 2019
Ciencia-ficción, drama | 14 ep. de 48 min.
Productores ejecutivos: Seth MacFarlane, Brannon Braga, varios.
Intérpretes: Seth MacFarlane, Adrianne Palicki, Penny Johnson Jerald, Scott Grimes, J. Lee, Peter Macon, Mark Jackson, Halston Sage, Jessica Szohr, Chad L. Coleman, Norm MacDonald.
Valoración:

En la primera temporada de The Orville dije que su inicio era bastante desalentador, pero que maduró rápidamente y terminó ofreciendo una correcta combinación de drama, humor y ciencia-ficción. Pero lo cierto es que tenemos otro año irregular que no sigue madurando como esperaba. Es una serie con cierta personalidad, unos protagonistas simpáticos y muy buen acabado, pero le sigue faltando algo de equilibrio y solidez.

Se profundiza en los personajes y las relaciones entre ellos, y a veces con historias como se espera de una hija espiritual de Star Trek, tocando temas morales y culturales trascendentales, pero otras muchas es a costa de exceso de dramones y repetición de argumentos. Pronto acabarás harto de los líos familiares de Bortus, plomizos y atascados siempre en lo mismo, y la relación en tensión entre el capitán Mercer y la comandante Grayson da demasiadas vueltas, con situaciones un tanto infantiles. Pero a la vez, el conflicto moral de las tradiciones del pueblo de Bortus es muy jugoso, y el lío amoroso tiene tramos muy logrados: el episodio de las refugiadas huidas su planeta es bastante bueno, y la doble joven de Grayson da para una correcta tragicomedia.

La relación que sí sale redonda de principio a fin es la de Claire con Isaac. El choque entre una doctora y madre que tiene que manejar muchos sentimientos y responsabilidades con una inteligencia artificial seca y fría que está aprendiendo lentamente tiene muchos momentos divertidos y otros tantos muy inteligentes que dejan buenas lecciones sobre amor, familia, conocerse a uno mismo, etc.

Además, esta parte enlaza directamente con la entrada en acción de la civilización de Isaac, los Kaylon. Esta versión de los borg de Star Trek con toques de los cybermen de Doctor Who trae las mejores historias de la temporada. Tienen buenas partes de acción pero también relevancia argumental: todos los personajes sufren su envite, la humanidad enfrenta un reto único, Isaac fascina y asusta a la vez… Pero también exponen las limitaciones en que se atasca la serie: una vez expuesta la premisa no son capaces de ofrecer buenos giros, todo se ve venir de lejos y se desarrolla con cierta sensación de dejadez, de ir con la inercia puesta. Las disputas morales en los cuarteles de la Unión son bastante parcas, por ejemplo.

Con este conflicto recuperan también el de los krill (el trasunto de los romulanos), que tras prometer bastante se había quedado un poco estancado. Religión, cultura, política, guerra… se mezclan varios temas jugosos aceptablemente bien, pero como en todo el año, dejando la impresión de que material había para mucho más.

Vuelven a experimentar también con capítulos de ciencia-ficción más ajena a la línea de Star Trek, acercándose de nuevo a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011) y también con sabor a clásicas distopías literarias. Impresiones duraderas (211) trata de como el teniente Gordon Malloy se enamora de una representación virtual de una mujer hecha con los datos de sus redes sociales. Como es de esperar, se mete en un buen entuerto que acaba con la moraleja de vivir en el mundo real. En Todo el mundo es un pastel de cumpleaños (205) hacen un primer contacto con una especie de utopía que pronto muestra ser lo contrario, una sociedad dictatorial a base de costumbres racistas y clasistas absurdas. Pero incluso estos paréntesis que resumen historias complejas en un solo episodio se muestran las fallas persistentes. Pesa la falta de ritmo, la sensación de que no son capaces de exprimir el potencial de cada historia, y también de que el humor cada vez tiene menos presencia y carece del ingenio necesario, mientras el drama romántico toma demasiado protagonismo.

Hay otro mal trago ajeno a los creadores: la partida de Halston Sage, la teniente Alara Kitan de seguridad, en busca de mejores papeles, justo cuando se estaba convirtiendo, si no lo era ya, en la favorita de la mayoría de los seguidores. La joven actriz había hecho suyo a un personaje con muchas aristas y un recorrido dramático muy bien trabajado, y se nos larga sin más. Además, su despedida es en un capítulo (Hogar, 203) con guion de telefilme de suspense muy tonto, lo que agrava el mal sabor de boca. Para sustituirla fichan a Jessica Szohr (vista en Gossip Girl -2007- y Shameless -2011-), que interpreta a la teniente Talla Keyali. Lo cierto es que de entrada parece una imitación descarada del personaje: misma raza, físico parecido… Pero por suerte, en un par de capítulos vemos que se han currado un rol muy distinto y la actriz es la mar de competente, y pronto se gana su hueco.

Volviendo a Star Trek, la esencia está ahí, y los homenajes también (destacando el final en plan El Enterprise del ayer), pero cada vez hay menos parodia y buscan más su propio camino, y eso a pesar de que hay implicados varios autores y actores de aquella. Brannon Braga sigue como productor ejecutivo y dirigiendo episodios, Jonathan Frakes dirige otro esta temporada (también uno en Discovery, pero ahí los enredos narrativos que usan se le atragantaron y le salió un galimatías), y Joe Menosky entra como coproductor ejecutivo y guionista de un capítulo. Entre los actores destaca Roberto Picardo, el doctor de Voyager (1995), Marina Sirtis, la consejera de La nueva generación (1987), Tony Todd, un secundario recurrente en aquella, el klingon Kurn… Y no faltan los cameos camuflados, como el de Bruce Willis poniendo voz a un alien-planta.

En cuanto a los actores principales, Seth MacFarlane (el capitán) sigue quedando por debajo del resto, pero al menos tiene bastante química con sus compatriotas, y Adrianne Palicki (la comandante), Penny Johnson Jerald (la doctora) y Scott Grimes (el piloto) están estupendos. La puesta en escena vuelve a ser bastante buena. Como en el resto de la saga clásica, buscan la sobriedad, dejar que las historias hablen por sí solas. Aun así, con el buen presupuesto del que dispondrán se permiten algunos planos llamativos del puente de mando y unos espectaculares escenarios imaginarios y rodar en parajes naturales vistosos. Y de nuevo cabe destacar el amor de MacFarlane por la música de cine, donde la labor de Joel McNeely y John Debney sigue siendo muy llamativa; en cambio, me temo que esta vez no han contado con Bruce Broughton.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

THE ORVILLE – TEMPORADA 1

Fox | 2017
Comedia, drama, ciencia-ficción, aventuras | 12 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Seth MacFarlane, Brannon Braga, varios.
Intérpretes: Seth MacFarlane, Adrianne Palicki, Penny Johnson Jerald, Scott Grimes, J. Lee, Peter Macon, Mark Jackson, Halston Sage, Chad L. Coleman, Norm MacDonald.
Valoración:

No me terminaba de gustar Seth MacFarlane, un guionista que saltó a la fama con Padre de familia (1999) y desde entonces todo lo que ha hecho en cine (la insoportable Mil maneras de morder el polvo -2014-) o televisión (todo derivados de la citada serie) sigue el mismo estilo de humor que combina lo bruto y zafio con referencias culturales metidas con calzador en guiones donde no suele encontrarse ingenio y tramas mínimamente elaboradas. En Padre made in USA (2005) y en Ted (2012) se nota la colaboración con otros escritores, que da más cohesión a personajes e historias, pero en solitario su fama no está a la par que su talento. Y como actor de voces en animación es la mar de competente, pero en imagen real muestra una falta de registro y carisma muy importante.

Por ello recibí con celos The Orville a pesar de que la ciencia-ficción es mi género favorito, el resto del reparto prometía y en lo visual también. Las críticas fueron feroces inicialmente, sobre todo las profesionales, pero al terminar la primera temporada ya iba siendo mejor considerada y tenía un buen grupo de fans, en especial trekkies que ven en ella un buen homenaje a Star Trek (Gene Roddenberry, 1966). Y en la segunda temporada el recibimiento está siendo bastante bueno, así que me he lanzado a verla.

Los dos primeros capítulos son un tanto desalentadores. Se caracterizan por ofrecer una parodia básica de Star Trek con dosis desganadas del humor MacFarlane, o sea, burradas y referencias frikis soltadas sin ton ni son, peor no en plan saturación como en Padre de familia, sino con cuentagotas. Pero la cosa mejora a ojos vista en los siguientes, y al final del año la maduración es bien patente, ofreciendo una buena mezcla de drama, aventuras y comedia y unos personajes muy simpáticos.

Se nota el cariño que tiene MacFarlane al género y más concretamente al universo Star Trek, el empeño en tratar de hacer un buen homenaje y una buena serie. Para ello ha buscado la colaboración con gente muy implicada en la saga, con quienes ha ido encontrando un tono más maduro para tras la simpleza inicial. Jonathan Frakes, que aparte de interpretar al comandante Riker de La nueva generación (1987) fue director de varios capítulos y películas, aquí también dirige uno. Y más importante aún, Brannon Braga, un guionista que creció en la sala de guionistas de aquella y luego saltó Voyager (1995) y Enterprise (2001), ejerce como uno de sus principales productores, escritores y directores. En lo visual también se nota su pasión: aparte de la influencia en el diseño artístico, MacFarlane defendió el uso de maquetas para las naves en los planos cercanos.

Los protagonistas crecen a ojos vista, pasando de estereotipos ramplones a figuras con vida propia, de hecho, hacia el final algunos resultan entrañables. Tenemos al capitán un tanto inmaduro, Ed Mercer, y la exnovia que no sabe muy bien lo que quiere de él, la comandante Kelly Grayson. MacFarlane encarna al primero, y no sorprende, pues le falta registro y carisma, pero como interpreta a un tontorrón bien intencionado por lo general convence lo justo. Adrianne Palicki (Friday Night Lights -2006-, Agentes de SHIELD -2013-) está bastante bien como una comandante joven pero competente. Muestra bien los momentos de duda y las peleas con Mercer, y tiene algunos momentos dramáticos muy buenos en el último episodio, muy centrado en ella y la relación.

En el resto de la tripulación encontramos de todo. El piloto idiota y loco pero muy hábil Gordon Malloy, que interpreta alguien que sí desborda personalidad, Scott Grimes (Urgencias -1994-, Hermanos de sangre -2001-). El navegante John LaMarr, con un desconocido J. Lee haciendo de negrata de barrio y tonto como puede pero aun así probablemente te saque de tus casillas en los primeros capítulos y no se recupere hasta que hacia el final le dan un arco más serio. A Mark Jackson no se le ve la cara tras Isaac, un avanzado robot (aunque de diseño retro, en otro homenaje al género), pero su voz es hipnótica, y el personajillo, el equivalente a Spock, un tipo serio y críptico que intenta entender mejor a la humanidad, resulta cada vez más interesante. La doctora Claire Finn, en manos de la veterana Penny Johnson Jerald (24 -2001-, El show de Larry Sanders -1992-, algunas apariciones en Espacio Profundo Nueve -1993-), es más secundaria, aunque el capítulo centrado en ella y sus hijos varados en un planeta con Isaac es de lo mejor de la temporada. Bortus es el tercero en rango, un alienígena serio y hosco pero competente, en la onda del klingon Worf; Peter Macon consigue expresarse a través de mucho maquillaje. La que más recorrido tiene este año es Alara Kitan, una chica muy joven metida a jefa de seguridad porque es de una de las razas más fuertes de la galaxia; Halston Sage saca todo el partido de los muchos conflictos personales y laborales que tiene. Y mención aparte merece Yaphit (voz de Norm MacDonald), un ser de consistencia gelatinosa (hecho por ordenador bastante bien) que parecía un chiste recurrente pero termina siendo un secundario de los que esperas su aparición en cada capítulo.

Aparte, en apariciones esporádicas tenemos algunos rostros muy conocidos en cine o televisión, como Victor Garber, Ron Canada, Kelly Hu, Jeffrey Tambor, Charlize Theron, Liam Neeson y un irreconocible Rob Lowe como el alienígena azul que siembra la cizaña en la relación de la pareja protagonista. También cabe destacar que el primer episodio lo dirige Jon Favreau (Iron Man -2008-). O hay mucho trekkie queriendo participar o MacFarlane tiene muchos amigos.

En las historias tenemos por lo general los roces abordo, tanto en el trabajo como fuera de él, y la misión de turno. Estas aventuras están en la mejor tradición de Star Trek, combinando la fascinación por descubrir nuevas cosas en el universo con diversos choques culturales, donde encontramos algunas lecturas morales muy efectivas. Hay conflictos éticos y políticos con otras especies, destacando su particular versión de los Romulanos, los Krill. Hay dilemas con la norma de no interferir en culturas atrasadas (en la onda de la famosa Primera Directiva), pues se encuentran con distopías, religiones, y demás que la ponen a prueba. También tenemos aventuras de supervivencia más clásicas pero que desarrollan temas jugosos con bastante gracia. Por otro lado, hay un episodio que se acerca más a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011): aquel sobre un planeta donde la ley funciona por lo que vote la gente en la red; quizá podían haber sacado algo más de él, pero no está mal.

Conforme entramos en la temporada cada vez hay menos chistes infantiles y diálogos breves, la fórmula MacFarlane de soltar la gracia en medio de cualquier situación en vez de trabajar esta para que provoque risa en su conjunto va disminuyendo. Se sigue echando de menos algo más de ingenio, y el equilibrio entre drama, aventuras y comedia no termina de ser perfecto, pero tras el flojo inicio los protagonistas dejan de ser recipientes para verbalizar los chistes y hay escenarios más elaboradas, gracias de largo recorrido (destacando algún pique entre personajes), eficaces bromas recurrentes (el alien que quiere poner un hilo musical en el ascensor) y, sobre todo, se va cogiendo el punto al humor de la vergüenza ajena y la sátira (aunque esta no sea deslumbrante) de los temas socio-culturales tratados.

Todo se remata con un acabado visual bastante espectacular: vestuario, maquillaje, decorados y efectos especiales son de muy bien nivel. Eso sí, en el maquillaje me refiero a la creación de alienígenas, porque el de los humanos está un tanto sobrecargado y hay planos donde parecen payasos. MacFarlane también ha aprovechado la oportunidad para dar rienda suelta a otra de sus aficiones: la música de cine. En la banda sonora ha tirado la casa por la ventana con una gran orquesta y fichando nada más y nada menos que un titán como Bruce Broutghton (Silverado -1985-, El secreto de la pirámideYoung Sherlock Holmes, 1985-), a un veterano como John Debney (La isla de las cabezas cortadas -1995-, La pasión de Cristo -2004-) y a Joel McNeely, no muy destacable como compositor pero un reconocido director de orquesta. Los tres han seguido el tono de homenaje a Star Trek, sonando muy a James Horner, Jerry Goldsmith y a Dennis McCarthy, pero también se oyen referencias a La guerra de la galaxias, Alien

Por todo ello, no hay trekkie que no considere que es mucho mejor entrega de Star Trek que la fallida presentación de Discovery (Alex Kurtzman, Bryan Fuller, 2017), tanto en respeto a la saga, como en guion, como en acabado, y eso que aquella habrá costando cuatro veces más.

The Orville no aspira a ser una gran serie, sino un entretenimiento muy agradable, y a pesar de algunos baches y carencias por ahora va muy bien encaminada. Y Seth MacFarlane está empezando a caerme muy bien.

THE EXPANSE – TEMPORADA 3

Syfy | 2018
Ciencia-ficción, drama, acción, suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, Terry Chen, David Strathairn, Cara Gee, Chad L. Coleman, Shawn Dyle, Fançois Chay, Elizabeth Mitchell, Byron Mann, Martin Roach, Nadine Nicole, Andrew Rotilio, Monica Stuart.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas de la temporada. —

En la segunda temporada de The Expanse acabé decepcionado. En vez de aumentar el nivel de complejidad y calidad como se esperaba, hubo un importante estancamiento en tramas y personajes y también la sensación de que el abultado presupuesto que se supone que tiene no lucía como debería. Pero los guionistas se han puesto las pilas a lo grande y el equipo técnico y los directores han exprimido cada céntimo, logrando un año redondo, espectacular.

Tiene dos partes bien diferenciadas, tanto que parecen temporadas distintas, pero ambas son tan buenas que el abrupto cambio de escenario no afecta al ritmo y el interés. Tan buenas que hubiera preferido un año completo dedicado a cada parte, pero quizá los autores veían la sombra de la cancelación sobre sus cabezas y aceleraron la historia para dejarla en un punto y aparte que pudiera servir como final. Ha sido una serie demasiado ambiciosa y cara para Syfy, un canal en el que desde el éxito de la adulta y oscura Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) por alguna razón prefirieron apostar por series menores y por lo general más bien juveniles. Finalmente, se cumplieron los malos augurios, y acabó cancelada al termina la emisión de esta etapa. Pero por suerte son otros tiempos, y todos esperábamos que Netflix, su principal distribuidora fuera de EE.UU. y Canadá, siguiera con ella… pero en una maniobra inesperada ha sido Amazon quien ha adquirido los derechos para continuarla.

Como resultado, tenemos en una temporada lo mejor de los dos subgéneros habituales de la ciencia-ficción espacial: la ficción político-social y la fantasía de exploración. Pero el cambio de rumbo también renueva casi por completo las tramas y muchos personajes, algo insólito en una serie, y cambia la acción por el suspense. La primera parte del año se centra en la inevitable conflagración bélica en el sistema solar, la segunda, en la revelación final de la protomolécula. Ambas prometen cambiar el curso de la historia de la humanidad para siempre.

La guerra trae mil frentes abiertos, planes desbaratados por factores inesperados o traiciones, batallas y muerte por doquier. Vemos las tribulaciones políticas del gobierno de la Tierra, con la ambición del pelele de Gillis alentada por el corrupto de Errinwright: el secretario general sopesa la difícil disyuntiva de actuar con prudencia y esperar que las cosas se calmen o aprovechar el conflicto y hacerse un nombre en la historia. Conocemos las dudas de lealtad de los almirantes principales y algunos capitanes, donde se suceden disputas y motines que desmiembran la flota, mientras la armada de Marte, con su fanatismo, se mantiene unida. Todo parece abocado al desastre a pesar de la presencia de la pacifista reverenda y doctora Anna Volovodov (Elizabeth Mitchell), una vieja conocida de Gillis que este ha contratado para asesorarlo; pero la mujer se encuentra en un nido de víboras con poco margen de maniobra.

La protomolécula, por más esfuerzos que ha hecho la tripulación de la Rocinante, ahora renombrada como Pinus Contorta, sigue en manos de Jules Pierre Mao. Pero por ahora su prioridad es encontrar a Mei, la hija del botánico Meng, y no inmiscuirse en el conflicto bélico, que bastante problemas han tenido ya. Pero la niña está en el núcleo de la tormenta, y así que acaban sorteando batallas y teniendo relevancia en el desarrollo de los eventos lo quieran o no. La secretaria Avasarala, con su guardaespaldas Cotyar y la marciana Bobbie, tratan de desenmascarar el complot de Mao y Errinwright, pero cayeron en su trampa y tienen que luchar a tiros por salir. ¿Lograran revelar pruebas de que la guerra ha sido provocada por intereses particulares?

El ritmo más que trepidante es demencial, no hay respiro, siempre surge un nuevo peligro. Los protagonistas principales recuperan el tono después de perder algo de fuelle. Cabe destacar la fantástica relación entre Amos y Meng, pero todos resultan de nuevo personajes llenos de matices y con gran magnetismo, y los actores están muy implicados. Muchos secundarios cobran mayor relevancia. Los almirantes Nguyen (Byron Mann) y Souther (Martin Roach) y sus principales oficiales ofrecen algunos de los momentos más tensos del año, pero tenemos un sinfín de historias menores con otros capitanes y soldados que potencian ese detallismo y realismo con el que se describe la historia del sistema solar.

En la segunda parte, la protomolécula salta a primer plano, habiendo creado en Venus un artefacto de propósito desconocido. Todo el sistema solar pone sus ojos en ello, pero la tensión en el aire es palpable, hay demasiadas heridas abiertas y rencillas pendientes, y juntar todos los bandos en un mismo sitio con tantos peligros y tanto miedo garantiza un polvorín. ¿Podrá la fascinación que despierta el objeto impedir la extensión de la guerra?

Conocemos a nuevos capitanes de Marte y la Tierra, más asesores varios, y el cinturón vuelve a requisar la nave generacional de los mormones y la envía llena de su gente al mando de Camina Drummer y el veterano comandante, pirata y terrorista Klaes Ashford. La tripulación de la Pinus Contorta acaba también metida en el meollo, con Jim Holden teniendo unas visiones extrañas justo cuando, por la fama adquirida, tienen unos periodistas abordo.

La inteligencia con que los escritores integran en la narración distintas visiones de lo que ocurre es digna de alabanza. La religión, la ciencia, la política, lo personal… todos los puntos de vista chocan ante una situación desconcertante que promete cambiar el entendimiento del universo. Cada personaje tiene una forma de reaccionar, y todos juntos mueven los acontecimientos. Mi sección favorita, aparte del grupo de Holden, son los líos de Ashford y Drummer y su población de cinturianos que comprende desde obreros resentidos a terroristas, todos con generaciones de odio a cuestas contra los planetas interiores por la larga historia de expolio y ninguneo. ¿Podrán la nueva situación aplacar la ira y dejar paso a la reconciliación? Dos colosos interpretativos, el conocido David Strathairm como Ashford y la joven pero sorprendente Cara Gee como Drummer, se alzan como los personajes secundarios del año, los comepantalla por excelencia: todas sus escenas, riñas y problemas son memorables.

Aquí también tenemos pequeños relatos que enriquecen la perspectiva global. Me ha encantado la del “saltador” (esos que hacen carreras de velocidad entre planetas y lunas), muy bien concentrada en pocos minutos y con un final alucinante, pero el capitán prudente de la nave insignia de la Tierra y la rica que se cuela en ella con Volovodod para estar en primera línea de los acontecimientos también son muy interesantes.

El único aspecto negativo, el único hilo suelto, es la presencia de Clarissa Mao (Nadine Nicole), otra del clan de los Mao que aparece para meter cizaña a su manera. Sus motivaciones no son nada verosímiles, por muy obsesionada que esté con la venganza por lo sufrido por su familia, no resulta creíble su viaje e intenciones. Pero aunque sea un personaje que rechina bastante, su interacción con los demás, los eventos que provoca con sus acciones, son muy variados. Por otro lado, cabe mencionar que el líder de la OPA, Dawes (Jared Harris), no aparece a pesar de que se lo menciona mucho y cabía esperar que dada su importancia estuviera presente; pensaba que sería por problemas de agenda del actor y que Ashford era un personaje creado para sustituirlo, pero por lo visto en los libros también se va dejando de lado.

En el aspecto visual prometió mucho en la primera temporada para, como señalaba, no crecer como se esperaba en la segunda. Pero este año es deslumbrante. Cada pocos capítulos aparecen nuevas naves con decorados muy elaborados y vistosos, de forma que parece una superproducción de cine. La puesta en escena maneja muy bien el ritmo ágil y la acción con muchos frentes abiertos a la vez, de forma que la historia fluye muy bien. Y hay con partes muy intensas en los escenarios bélicos y otros poblemas abordo, como el caos en que se sumerge la nave insignia de la Tierra con el frenazo. Las batallas espaciales no son tan numerosas como en Babylon 5 (J. M. Strackzynski, 1993) o Battlestar Galactica, pero resultan espectaculares, y eso a pesar del afán por hacerlas realistas.

La temporada resultante es colosal, con una ambición y realismo fascinantes como no se ha visto en el género desde Babylon 5. Sólo temo que después de este punto álgido no vuelva a tener historias tan llamativas, pero veremos qué nos ofrece, porque a partir de ahora no sabemos por dónde nos pueden llevar, salvo que obviamente hayas leído los libros, que van bastante por delante.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
-> Temporada 3 (2018)