LUKE CAGE – TEMPORADA 1


Netflix | 2016
Superhéroes | 13 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Cheo Hodari Coker, varios.
Intérpretes: Mike Colter, Simone Missik, Rosario Dawson, Alfre Woodard, Mahershala Ali, Ron Cephas Jones, Frank Whaley, Theo Rossi, Erik LaRay Harvey, Karen Pittman, Parisa Fitz-Henley, Frankie Faison.
Valoración:

Aunque la lista de productores y guionistas es larga, como creador de la tercera entrega de la saga The Defenders ha sido elegido Cheo Hodari Coker, productor y escritor secundario en unas pocas series: Southland (2009), NCIS Los Ángeles (2009), Almost Human (2013) y Ray Donovan (2013). Viendo el resultado, o el proyecto le ha venido grande, o en Marvel Television, ABC Studios y Netflix han metido demasiada prisa y no ha dado tiempo a cuajar un buen material.

Los primeros episodios eran un poco lentos y repetitivos pero apuntaban maneras, dejaban entrever esfuerzo por buscar una personalidad propia para la serie y por dar forma al entorno del héroe antes de meterlo en faena. El barrio de Harlem se vive como si estuvieras ahí, con su historia, sus habitantes, sus peculiaridades, sus problemas y esperanzas. Quizá bebe demasiado de los clichés del género sin actualizarse debidamente, porque parece que estamos en la época en que nació el cómic, en los setenta, y no en la actualidad, pero como punto de partida funciona, y de todas formas, el tema racial sigue en boga. Por otro lado, la pareja de detectives Misty y Scarfe casi parece tener su serie propia, pero es muy interesante y prometedora: el carisma de los actores Simone Missick y Frank Whaley garantiza una gran química, y aunque los diálogos no son brillantes enganchan bastante con su dinámica.

Pero de lentitud pasamos a estancamiento, ni el argumento ni la calidad crecen. Se desarrolla una trama insustancial mediante unos personajes apenas correctos en el lado de los buenos y pésimos hasta parecer imposible hacerlo tan mal en el de los malos. Hoy en día esperamos que las obras de superhéroes dejen atrás los estereotipos y ofrezcan historias más complejas y originales, pero aquí nos traen una premisa muy limitada combinada con un thriller policíaco del montón, todo saturado de clichés rancios.

El principal problema es que quienes se presentan como los villanos aburren un montón, quedan a años luz de los memorables Kilgrave (Jessica Jones) y Wilson Fisk (Daredevil), dejando obviamente la sensación de que la saga ha dado enormes pasos atrás. El dueño de un pub (Cornell Stokes, alias Cottonmouth) y una política local (Mariah Dillard) del tres al cuarto no suponen un reto al nivel del héroe, ni de la saga, ni, como decía, de lo que espera el espectador a estas alturas en el género. El poco empeño que ponen en el dibujo de estos hunde rápidamente una serie que no empezaba deslumbrando pero tampoco vaticinaba tal descalabro. Sí, Cottonmouth tiene un flashback que supuestamente ahonda en su psique, pero roza el ridículo cosa mala: muchos minutos para exponer un simple concepto, que no quiere ser un amo del crimen, y todo para que no aporte nada tangible a su desarrollo, porque ahí está el tipo metido en el mundo del crimen pero sin que se sepa si ha sido empujado a ello o si le ha cogido el gustillo; es decir, ninguna de sus motivaciones y decisiones tiene una razón clara de ser, existe sólo porque ha de haber un gángster para cumplir con los preceptos del género. La política es nada más y nada menos que su hermana, pero no parece importarle a los medios y a ley, porque no se ve que ostente ningún cargo relevante ni tenga un proyecto concreto para la ciudad, el barrio o donde se suponga que trabaje. Eso sí, cada vez que hace algo chungo y la ley se acerca a ella, entonces sí resulta ser alguien importante e intocable.

Esa es la tónica: tenemos mucho postureo y sentencia supuestamente épica, pero estos dos archienemigos (palabra que uso con retintín) y sus secuaces no causan pavor alguno, no sabemos hasta dónde llegan sus garras, ni si quiera qué pretenden. Sólo los vemos soltando su verborrea y al extra de turno que tumbará Luke en la pelea de turno del capítulo, pero ninguna acción criminal llamativa, ninguna conspiración interesante. Mahershala Ali y Alfre Woodard me parecen buenos actores, pero es evidente que no están cómodos en unos roles tan limitados. Así, no hay quien se crea a ninguno de los dos personajillos ni a sus seguidores más llamativos (como el desaprovechado Theo Rossi -el de las gafas de sol-), y pronto resultan cargantes hasta desear que dejen de aparecer, pero copan escenas y escenas y más escenas.

Luke Cage prometía ya en Jessica Jones, y aunque mantiene cierto atractivo, conforme avanza el año se va observando que se sostiene principalmente por el buen hacer de Mike Colter, porque el personaje no se mueve hacia ninguna parte. Mucha cháchara existencialista y ética, muchas intenciones de actuar sin violencia, de encarrillar a su gente y hacer del barrio algo mejor, y al final todo son tortas, no se desarrolla ninguna trama que profundice en esos temas y Luke no aprende ni se cuestiona nada, está todo el día enfurruñado en la misma pose. La historia de su nacimiento como héroe y su vida anterior está metida con calzador y no tiene pegada alguna (al capítulo siguiente ya está todo olvidado), y las secuelas que pudiera tener se mencionan pero no se ven: habla de un gran amor (Reva) cuya pérdida no ha superado, pero está todo el día folleteando como adolescente despreocupado.

Su relación con Claire (Rosario Dawson), la enferma que está en todas las series, es más interesante, y Misty mantiene su simpatía a lo largo del año, pero no son suficientes para salvar el tedio que se va adueñando del relato. Y todo ello a pesar de que llega por fin un enemigo que se anuncia del nivel de Luke, o al menos con armas que pueden ponerlo en apuros. Se llama Diamondback… pero es prácticamente lo único que sabemos de él, se queda en un soy malo porque sí de lo más insípido. Erik LaRay Harvey lo remata con una interpretación pasadísima de rosca.

Todo se ve agravado por la apariencia de falta de dinero y prisas. En los primeros años de Daredevil y Jessica Jones disimularon bien la falta de escenarios llamativos con una puesta en escena muy cuidada y mucho movimiento en las tramas. Sí, rodaban en callejones poco espectaculares y unos interiores un tanto parcos, pero había historias y situaciones diversas y atractivas, así que no dio tiempo a que parecieran series baratas. Ya se sabe, el ingenio y la calidad eclipsan la falta de recursos. Pero en Luke Cage e Iron Fist parece que han contado con menos presupuesto o que las prisas por escribir y rodar para un estreno forzado han impedido a sus autores lograr una serie mejor y con mejor aspecto. Harto he acabado de la redundancia de conversaciones y acciones en la monótona barbería y el cansino pub, en ese cuchitril de comisaría, en cuatro calles anodinas, y también de las peleas sin alma, solo tiros y puñetazos sin buscar en ningún momento una escenificación más elaborada. Da la impresión de que en Marvel Television, ABC Studios y Netflix han pensando que el principal publico es adolescente y no tienen el nivel de exigencia de los espectadores de por ejemplo The Crown, y que las temporadas iniciales de Daredevil y Jessica Jones fueron magia salida de unos autores muy inspirados, porque el resto de la saga va cuesta abajo y sin frenos.

Al llegar al octavo episodio tiré la toalla y aparqué la temporada. Tuve que retomarla poco a poco hace pocas semanas, obligado porque quería ver The Defenders y la segunda de Jessica Jones. El endeble guion queda a partir de entonces totalmente deshilachado, la historia es bien simplona y carece de garra y verosimilitud, estando ahogada en un bucle. El dibujo de personajes cada vez se presenta más desganado y con algunos giros ridículos, como el agente traidor. Cada capítulo ha sido una agonía, acabando el año en la pura vergüenza ajena. ¿Cómo se puede hacer algo tan malo hoy en día, cómo pueden apuntar tan bajo cuando tanto se esperaba de esta saga? Lo alucinante es que se ha llevado mejores críticas que Iron Fist, cuando esa al menos ha sido entretenida y tiene más personajes medio interesantes. Son tantas las paridas, estupideces, agujeros, soluciones absurdas… que impera la sensación de que han cogido los guiones de una serie cutre de los años sesenta, rompiendo en mil pedazos aquella ilusión del resurgir de los superhéroes en la era dorada de la televisión. Enumero algunas de las cuestiones que más me molestaron en los últimos episodios, pero claro, son muchas más, es la penosa escritura global y el flojo acabado visual lo que convierte a Luke Cage en un desastre difícilmente perdonable.

Alerta de spoilers: Comento el tramo final a fondo.–

-Capítulo 108. ¿En serio el francotirador no podía disparar más veces en el primer ataque? ¿Y no podía haber ido un poco más deprisilla en el segundo? Luego se le encasquilla el arma y decide irse en vez de tratar de arreglarla mientras Luke sigue débil y tirado en el suelo tras quedar claro que los golpes ahora le afectan. Nooo, que hay que dejar escapar al bueno. Y luego se entretiene decidiendo si matar a Misty o no, sabiendo que si se demora llegarán refuerzos. Lo mismo ocurre más tarde: el malo se va del edificio en vez de tratar de rematar ahí a Luke. Este es igual de idiota, pues lanza a su enemigo por ahí en vez de partirle la cabeza de un puñetazo. Y el camión… anda que no estaba claro lo que iba a pasar. Por cierto, gazapo evidente con la distancia cambiante respecto a la acera.
-109. Se me hizo horrendo y larguísimo. El villano es de coña, ahí cargándose a todos… a no sabemos quién ni por qué, pero que salga matando otros malos implica que es el villano jefe, todo niño de ocho años lo sabe.
-109 ó 110. Lamentable el experimento improvisado con Luke, no podía ser más chapucero y cutre. Y ahora Reva es mala, después de dos temporadas como una santa; otro giro de folletín barato.
-110. Lamentable que los malos se pongan a disparar ante cien testigos y luego supongan que lo arreglarán todo intimidando a la gente.
-111. ¿Pero a qué espera Luke Cage para noquear a los cinco o seis malos y salir andando a dar explicaciones? ¿Por qué no hace más que buscar refugio escondiéndose improvisadamente, cuando sabemos que puede atravesar paredes? Vergonzoso el cliché de que el teléfono falla justo en el momento clave. Al final por supuesto el matón secundario nº3 llega justo a tiempo para sacar al jefe malo por un túnel.
-112. Nadie va con él en el furgón para pegarle un tiro si intenta soltarse. Y seguimos haciendo que el malo sea malo poniéndolo ahogando a uno de los suyos sin razón.
-113. El último ya lo vi a cachos para no soportar epílogos cansinos. Nada ocurre, no se materializa ninguna evolución llamativa en los personajes, hacen lo que llevaban toda la temporada haciendo. Y por supuesto quedan cosas (villanos) en el aire para seguir exprimiendo lo insalvable.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
-> Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 (2018)
Daredevil – temporada 3 (2018)
Iron Fist – temporada 2 (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

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BLACK MIRROR – TEMPORADA 3

Netflix | 2016
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 52-90 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Alice Eve, Cherry Jones, James Norton, Wyatt Russell, Alex Lawther, Jerome Flynn, Gugu Mbatha-Raw, Mackenzie Davis, Sarah Snook, Kelly Macdonald, Faye Marsay, Benedict Wong.
Valoración:

A finales de 2015, Netflix se hizo con los derechos para producir nuevos capítulos de Black Mirror que tenía previamente la productora independiente Endemol Shine UK. Pero no quedó ahí la cosa, porque el canal que la emitía hasta entonces, Channel 4, también perdió pocos meses después la puja por los derechos de emisión. Eso sí, Netflix soltó la nada desdeñable cifra de 40 millones de dólares en esto último. No encuentro cuánto en lo primero ni cuál fue el presupuesto de la temporada, pero está claro que barata no ha salido la jugada, aunque viendo su éxito probablemente haya merecido la pena.

Desde el primer capítulo se nota el aumento de dinero, se ve que han intentado darle a la serie más categoría contratando a algunos directores bastante o muy conocidos y dejándoles algo de libertad creativa y un buen monto con el que imaginar los distintos futuros. Así, la estética (dirección, diseño artístico, fotografía) y la música (donde también fichan a varios talentos) cambian en cada episodio mucho más que antes y encontramos exteriores y escenarios más numerosos y mejor trabajados.

Lo que no hace Charlie Brooker es contratar guionistas que traigan nuevas ideas (no cuento los que han terminado bocetos suyos), amplificando el problema de las primeras temporadas: la irregularidad se hace más notable, pasando de un capítulo muy inpirado y cuidado a fondo a otro hecho con cuatro trazos mal dados sobre una idea basta. Si no fuera porque los aciertos resultan deslumbrantes está claro la serie no habría llegado tan lejos, pero aun así no se puede perdonar que en temporadas tan cortas haya episodios regulares o incluso malos.

Nota: En España han dejado sin traducir unos títulos y otros los han reinventado de mala manera. Yo he preferido seguir una traducción más fiel.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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HOMELAND – TEMPORADA 6


Showtime | 2017
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Gideon Raff, Avi NirLesli Linka Glatter.
Intérpretes: Claire Danes, Rupert Friend, Mandy Patinkin, Elizabeth Marvel, Maury Sterling, F. Murray Abraham, Hill Harper, Robert Knepper, Patrick Sabongui, Jake Weber, J. Mallory McCree, Nina Hoss, Dominic Fumusa.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo presento la trama del año.–

El cambio de escenario a Europa sorprendió de varias formas en la quinta temporada. Primero, por seguir explorando distintas historias relacionadas con el terrorismo con un realismo y originalidad como se ha visto pocas veces en cine o series. Segundo, por ofrecer un thriller de espionaje clásico complejo e inteligente, algo cada vez menos común en el género. Y tercero, por jugar muy bien con historias de actualidad, tan actuales que la trama vaticinó cosas que fueron ocurriendo de forma parecida. Viendo la premisa podría decir que en esta quinta etapa hay un giro conservador, volviendo a los inicios de la serie con el terrorismo en Estados Unidos, pero los guionistas mantienen su buen hacer persiguiendo de nuevo perspectivas originales y bien trabajadas y con muchas buenas sorpresas.

Empezamos con Carrie en Nueva York en otro trabajo sobre las relaciones culturales, esta vez ayudando a ciudadanos extranjeros que tienen problemas legales y políticos. Tiene entre manos un caso en apariencia típico, un joven que está siendo acusado (y acosado) por los cuerpos de la ley de ser un potencial terrorista.

Como suele pasar, encontramos unos capítulos iniciales sosegados, necesarios para asentar los cimientos de una buena historia, pero que pueden poner al límite la paciencia de algunos espectadores. Pesa un poco la apariencia de irrelevancia en las secciones principales, la Peter Quinn, la del chico y el trabajo de Carrie, pero como es habitual también, todo empieza a cobrar forma poco a poco y cuando menos te lo esperas estalla la tormenta en un giro brutal. A partir del espectacular y memorable episodio Casus Belli (605) todo lo que iba torcido acaba en un enredo en el que no se ve una salida fácil para nadie. Hay tantas ramificaciones, todas intrigantes y de futuro incierto, que no podemos apartar la mirada, y eso que este año las tramas son más cercanas e inquietantes que nunca.

Tiene lugar un atentado en la ciudad relacionado con el joven, pero Carrie sospecha que hay algo más detrás. La investigación empieza a destapar un complot que parece implicar a la CIA… Y es que la nueva presidenta, Elizabeth Keane, es un grano en el culo para los sectores más conservadores del país. En la radio, el infame Brett O’Keefe escupe insultos, mierda y bulos todos los días, pero en los altos estamentos del gobierno y la CIA se está cociendo algo más gordo. La conspiración que se abre ante nuestros ojos es espeluznante: esta vez el enemigo no se ha metido en tu casa, el enemigo es tu familia, tus amigos, tus vecinos y compañeros de trabajo.

Mantienen la apuesta por la verosimilitud, potenciando la proximidad de las tramas a temas de actualidad. Las campañas políticas saboteadas por miedo a que un candidato ajeno al sistema altere el statu quo, las agendas ocultas de políticos, la elaboración de enemigos fantasma para asustar y controlar a la población, los medios comprados y los periodistas sin ética son el pan de cada día en muchos países y destacaban especialmente en las fechas en que se estrenó la temporada, con la guerra política y mediática entre Hillary Clinton y Donald Trump. Lo cierto es que la ficticia presidenta Keane nada tiene que ver con Clinton, de hecho era opuesta en temas de intervención política y militar extranjera, ni tampoco con Trump, un titán económico metido a político ególatra, pero las historias con las que han rodeado al personaje sí resonaban mucho a realidad. Incluso podemos sacar muchos paralelismos con España, con el acoso contra Podemos desde los medios afines y desde las entrañas de un estado asustado ante quien anuncia que si llega al poder tendrá mano dura contra décadas de enquistamiento y corrupción.

Homeland nos ofrece otra temporada modélica en la trama de espionaje, valiente e inquietante en las implicaciones políticas, y muy movida en cuanto a la trayectoria de los protagonistas. Carrie, Peter y Elizabeth acaban inmersos en un berenjenal tan grotesco que ni Saul se lo puede creer, y quizá cuando lo haga sea tarde. Hay tramos que quitan la respiración, como el tiroteo con Peter en casa de Carrie, o el posterior en la cabaña, Max metiéndose en la sede secreta de manipulación mediática, las tendencias de Dar Adal, los envites del asqueroso de O’Keefe…

Pero también hay algún punto mejorable, aparte de la poca garra inicial. No convence el exagerado dramón en el que empezamos con Quinn, un personaje muy querido al que torturan demasiado y por momentos parecía que no sabían cómo mantener, pero también hay que decir que se olvida bastante a partir del tiroteo con una nueva y emocionante trayectoria. Otro dramón habitual es el de Carrie con su enfermedad y los líos con la niña. Se ve que como la serie empezó con gran parte de drama familiar se esfuerzan por mantenerlo, pero año tras año la recaída de turno de Carrie supone un pequeño lastre. Aquí se juega con que por sus problemas podría perder la custodia, lo cual no resulta muy atractivo hasta que uno de esos implicados en el complot amenaza con interceder en su contra si no deja de meter las narices donde no la llaman, pero claro, esto también tiene el problema de ser un recurso muy típico que no despierta mucho interés.

Por otro lado, nos encontramos con una nueva ventaja, pues los guionistas enfrentaron esta temporada sabiendo que tenían la serie renovada para otras dos más. Así, se han podido permitir una historia que continuará: la polémica presidencia de Elizabeth Keane todavía tiene mucho que dar de sí, las convicciones y lealtades de Carrie, Saul y Dar Adal han quedado muy trastocadas, y no sabemos dónde pueden acabar emocional y laboralmente.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BLACK MIRROR – ESPECIAL: BLANCA NAVIDAD

Channel 4 | 2014
Black Mirror Special: White Christmas
Drama, ciencia-ficción | 63 min.
Guion: Charlie Brooker.
Dirección: Carl Tibbetts.
Intérpretes: Jon Hamm, Rafe Spall, Oona Chaplin, Natalia Tena, Rasmus Hardiker, Janet Montgomery.
Valoración:

Cuando creíamos que en 2014 no íbamos a tener tercera temporada de Black Mirror, a finales de año llegó inesperadamente un capítulo especial que en realidad contiene hasta cuatro historias entrelazadas. Parece que había algún conflicto entre su creador y guionista Charlie Brooker y el canal que la emitía, Channel 4 o con la pequeña productora de la serie, Endemol Shine UK, o una incomprensible pasividad por parte de los directivos de una o ambas, pero el caso es que estaban dejando en el limbo una de sus series más populares e influyentes. La pasividad del canal se mantuvo durante el año siguiente, hasta el punto de que todos asumíamos la cancelación, pero por suerte la adquirió Netflix, tanto para producir como para emitir nuevas temporadas. Decidieron entonces colocar este episodio en la segunda temporada, para no tenerlo por ahí suelto.

En la primera de ellas vemos a un joven tímido (Rasmus Hardiker) utilizar un enlace audiovisual con el que está conectado con una especie de entrenador de ligues que trabaja desde su despacho (Jon Hamm). Es una idea muy lógica en cuanto a la evolución de las aplicaciones y páginas de contactos, pero como esto es Black Mirror veremos la parte más turbia del asunto, tanto los problemas inherentes a la tecnología como los más esperables, el abuso desde el lado humano (atención a los cabrones que lo observan para entretenerse). El tipo acaba inmerso en una pesadilla de cuidado, muy completa y muy bien escrita, más teniendo en cuenta su corta duración. No tiene ni una fisura en cuanto a verosimilitud y sí un gran detallismo y diálogos muy certeros. Además, rematándose con la naturalidad que desprenden Natalia Tena (el ligue) y Hardiker, resulta terriblemente cercana y un presagio funesto.

A continuación vemos otra versión del tema de los implantes, esta vez con una copia de tu personalidad que, introducida en tu mente y conectada a tu hogar, se convierte en tu ayudante personal más eficaz. Eso sí, para lograr la cooperación de tu clon digital hay que doblegarlo primero en un cruel proceso, realizado este también por el personaje de Hamm. Cabría pensar que el futuro son las inteligencias artificiales más que esto (ya hay aplicaciones del estilo, como Alexa), pero consiguen que te creas la situación desde el principio y sufras con la chica un montón. Lo único mejorable es que la protagonista del segmento, Oona Chaplin, no logra un papel tan desgarrador como el rol necesita.

En la siguiente, en realidad presentada desde el principio y latente desde entonces, asistimos a un thriller policíaco de realidades virtuales donde el investigador (de nuevo Hamm) juega con la mente del sospechoso (Rafe Spall) en un interrogatorio que, dado el mundo virtual, permite alterar la percepción del tiempo y otros espeluznantes recursos para doblegarte y conseguir cooperación o información. El final esta sección es escalofriante.

Íntimamente relacionada con ella está el caso investigado, donde asistimos a un drama también muy cercano con el que se conecta rápidamente y en el que, como se espera, la tecnología trae un inquietante giro. Brooker estima que cuando llevemos las redes sociales con nosotros a través de implantes en el cerebro la censura se convertirá en un asunto con sombrías implicaciones. Una mujer (Janet Montgomery) bloquea a su novio (Spall) en vez de terminar la relación como es debido, de forma que ella aparece en la visión de aquel como un borrón. Al no tener un cierre emocional como se merece, el tipo se obsesiona, y un trágico suceso le pone las cosas más difíciles. La espiral de acontecimientos lo lleva a otro infierno muy duro de ver.

Los dos actores que repiten entre historias están fantásticos. Hamm está en su salsa, interpretando, como en Mad Men (2007), a un empresario sin escrúpulos. Spall (Prometheus -2012-, El ritual -2018-) encarna a un individuo normal cuya vida se le escapa de las manos, y es capaz de mostrar con gran intensidad su dolor y frustración. El director Carl Tibbetts mantiene el pulso del episodio muy bien, sin amilanarse ante la dificultad del mismo debido a los cambios de tono y escenario. Los puntuales clímax los construye muy bien, y logra que no se pierda el interés al ir sentando las bases de la siguiente aventura.

Pero por supuesto, el fuerte es el guion de Charlie Brooker. La complejidad, profundidad y veracidad de todas las historias, y sobre todo su imaginación para vislumbrar tantas opciones de un futuro inmediato, forman el mejor capítulo de la serie hasta la fecha (contando también la tercera y cuarta temporadas). Atrapa de principio a fin sin que podamos apartar la mirada, sorprendiéndonos innumerables veces con sus inteligentes e inesperados giros, enganchándonos a través de personajes muy humanos sumergidos en aventuras de enorme originalidad y calado. Es emocionante y asombrosa como pocas obras en los últimos años, y deja muchas ideas sobre las que reflexionar, la mayor parte desagradables, tal es el repertorio de retorcidos augurios con el que nos atormenta Brooker.

MINDHUNTER – TEMPORADA 1


Netflix | 2017
Suspense, drama | 10 ep. de 34-60 min.
Productores ejecutivos: Joe Penhall, David Fincher, Charlize Theron, Jennifer Erwin, Ceán Chaffin.
Intérpretes: Jonathan Groff, Holt McCallany, Anna Torv, Hannah Gross, Cotter Smith, Joe Tuttle, Alex Morf, Sonny Valicenti.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento trama y personajes. —

Tras casi cincuenta años en manos del ultraconservador J. Edgar Hoover, el FBI encara los años setenta muy alejado de una sociedad que a través de los agitados movimientos contraculturales (los hippies, la conciencia racial, rompedoras tendencias artísticas, etc.) ha cambiado y se ha modernizado mucho. John E. Douglas, un agente experto negociación con rehenes y con varios títulos de psicología y sociología, será un pilar fundamental en la actualización del cuerpo aportando una serie de estudios y libros que alterarán la forma de entender y perseguir a los criminales. Esta figura es tan relevante que sirvió de inspiración para el novelista Thomas Harris, pues basó en él su agente Jack Crawford, que además lo hemos visto en las distintas versiones cinematográficas y en la serie Hannibal (ahí encarnado por Laurence Fishburne).

El punto de inflexión que poco a poco promovió un giro en la mentalidad del cuerpo fue probablemente la tremenda conmoción que provocó la matanza de Charles Manson y sus acólitos. Entonces se puso más atención a los asesinatos peculiares y los múltiples, creándose el departamento “Unidad de ciencias del comportamiento”. El término “asesino en serie” se dice que lo acuñó el agente Robert K. Ressler cuando se unió a Douglas y a finales de la década pusieron en marcha un estudio de la personalidad de estos peculiares homicidas, lo que permitió después hacer perfiles de potenciales delincuentes y sospechosos de nuevos casos, abriendo una nueva época en el FBI. Durante el proceso contaron también con la psicóloga Ann Wolbert Burgess, sobre todo en casos de índole sexual. Los tres han publicado numerosos ensayos y libros sobre la materia, aunque del que parte la serie, Mindhunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit (Cazador de mentes: Dentro de la “Unidad de élite de asesinos en serie” del FBI), lo realizó Douglas con la colaboración del escritor Mark Olshaker.

El creador de la serie es Joe Penhall, un inglés criado en Australia con un currículo de cine y televisión bastante corto, donde solo cabría destacar el fantástico guion adaptado de La carretera de Cormac McCarthy; eso sí en teatro ha ido cosechando bastante reconocimiento y premios. Hay muchos productores implicados (incluyendo a Charlize Theron), pero la mano derecha creativa ha sido el gran David Fincher, que no debería necesitar presentación, pero por si acaso, cabe decir que fue el autor de una de las mejores películas de la historia, Seven (1995), más otros tantos títulos notables y de gran influencia. En esta adaptación han cambiado un tanto a los protagonistas principales (empezando por el nombre), dejando de lado el relato biográfico en la parte dramática y centrándose en su estudio, el retrato de la época, y los cambios que fueron trayendo. La representación de los criminales sí está muy cuidada y las entrevistas son fiel reflejo de las originales.

Un agente joven y ambicioso, Holden Ford (inspirado en Robert Ressler), ve que en el FBI se quedan atrás, tanto en la educación de los nuevos miembros, donde el sistema está obsoleto incluso en el vocabulario, que censura palabras malsonantes comunes entre la población, como en las técnicas de investigación. El veterano Bill Tench (basado en John E. Douglas) siente lo mismo cuando ejerce como asesor de otros cuerpos de la ley. Con estas inquietudes acaban juntos en la “Unidad de ciencias del comportamiento”, donde a finales de los setenta y principios de los ochenta, con la puntual colaboración de la psicóloga Wendy Carr (la versión de Ann Wolbert Burgess), ponen en marcha un proyecto de entrevistas a presos condenados por asesinatos múltiples especialmente violentos, esperando conocer la educación y problemas que tuvieron como para torcerse tanto, porque los tres tienen una visión más moderna que la de “el criminal nace así”. Con el posterior análisis psicológico y forense pretenden crear un manual de interpretación de sus personalidades y formas de cometer crímenes, pero para llegar a algo tienen que luchar contra la burocracia de un cuerpo de la ley muy conservador, contra todos los baches y problemas que surgen de unas propuestas tan novedosas, y por supuesto, contra sus propios conflictos personales.

Los dos cambian a ojos vista, todo lo que van viviendo los afecta de una manera u otra. Los pensamientos, los conflictos internos, las ideas que calan, el aprendizaje y la maduración se desarrollan con una fluidez y naturalidad asombrosas. Holden empieza como un joven entusiasta que lidera una lucha en apariencia fútil contra el sistema, pero sus primeras victorias lo envalentonan llevándolo hacia un peligroso camino: la arrogancia y las prisas. Bill es un veterano que encuentra en su nuevo puesto junto a Ford alicientes para seguir con un trabajo absorbente y duro, pero el fuego de aquel y los casos cada vez más truculentos empiezan a quemar sus reservas.

Estos dos tienen una presencia muy prominente, pero no por ello se descuidan los secundarios que orbitan a su alrededor, de forma que nunca parecen puestos al servicio de sus historias. El jefe no se queda en el tópico de figura conservadora repelente, y el nuevo agente que les encasquetan hacia el final no se limita a ser el enchufado y empanado, entendemos en todo momento sus dudas y conflictos, de hecho, más de una vez queremos que el superior le dé una bofetada a Ford para encarrilarlo. La psicóloga que termina colaborando con ellos tiene una personalidad arrolladora y es esencial para la investigación. Debbie Mitford, la joven hippie que se echa Ford de novia, es un encanto, muy relevante en su maduración; esta también hace las veces de conexión con el pueblo llano, pues aunque esté estudiando en la universidad las mismas ciencias implicadas en el proyecto, sirve para mostrar la distancia entre el encorsetado FBI y la sociedad. Y los asesinos en serie son retratos muy delicados de las figuras reales, resultando inquietantes y fascinantes a partes iguales, en especial Edmund Kemper, quien podría ser un amigo cualquiera tuyo.

La narrativa es metódica, sutil y profunda como ella sola. A más de un espectador se le atragantará tanta conversación larguísima y tan poca exposición visual. Cualquier otro autor se montaría unos flashbacks llenos de enredos visuales para exponer los homicidios mientras los reos los relatan a nuestros protagonistas, pero Penhall y Fincher huyen de artificios superficiales para centrarse en ahondar en la psique de los personajes, incluyendo los delincuentes. Así, tienes que estar siempre atento a cualquier frase, que puede transmitir más que las simples palabras, y a su respuesta visual, pues una mirada, un silencio o un suspiro puede definir las intenciones o el estado de ánimo.

También habrá a quien le cueste asimilar todo el subtexto que se va desgranando en el relato. Porque no estamos exactamente ante un policíaco, ni un thriller de asesinos en serie, ni un drama clásico. Aunque hay algunas investigaciones (intentos de poner en práctica sus teorías), no esperes ver lo típico, agentes del FBI persiguiendo sospechosos y resolviendo casos en cada episodio, es un drama documental que, como The Wire hizo en otros ámbitos relacionados, expone un todo muy complejo con una visión realista y reflexiva. Partimos del nacimiento de la ciencia criminal moderna, pero vamos mucho más allá, adentrándonos en un metódico y complejo ensayo sobre el ser humano. Se habla de la formación como personas, de la influencia materna y paterna, de las carencias en las relaciones sociales, del ego, de la pérdida de la brújula moral, de la conciencia de los actos y sus consecuencias… En definitiva, de los condicionantes que nos van formando como personas aptas para la sociedad o no.

Los capítulos no cuentan como unidades independientes, porque hay distintos arcos que abarcan varios de ellos. Primero tenemos los intentos de poner en marcha el sueño de cambio. Luego los pasos iniciales en el estudio, con salidas laterales hacia el asesoramiento de agentes de otros cuerpos de la ley (a pesar de todo, el FBI era el más moderno y capacitado). Seguimos con los primeros tímidos resultados (incluso ayudando en algún caso) y también algunas meteduras de pata. Y finalmente, aunque todavía no llegamos a conclusiones, pues se dejan para el futuro, también tenemos las primeras secuelas.

El primer acto es el mejor. Los capítulos iniciales son sublimes y el entusiasmo de Ford se contagia instantáneamente. Es imposible ver un episodio suelto, te dejan con enormes ganas de más. A pesar de la aparente lentitud, nunca hay sensación de que se estira o se rellena, pues hay tanta información y sensación de avance que no encontramos un minuto de descanso, tienes que estar, como indicaba, con los sentidos alerta en todo momento, y la recompensa es grata, pues hay capas y capas de contenido que desgranar y disfrutar.

Los otros dos actos son embriagadores también, pero hay que decir que no llegan a ser tan perfectos, pues caen en un par de pequeños bajones. El receso con Wendy y su lado privado (conocer a su pareja y su vida en casa) queda un poco anticlimático y descolgado, no está tan bien conectado con las distintas tramas como la trayectoria de los dos personajes principales. El otro fallo es que en el desenlace los autores olvidan las virtudes de la narrativa sosegada y con visión a largo plazo para intentar un clímax con un giro y un subidón que impacte y te deje en vilo, pero me temo que no consigue lo pretendido sino más bien pecar de rebuscado y forzado. Da la impresión de que conocer las primeras secuelas y problemas serios del proyecto y acabar con todo en suspenso en espera de ver cómo remontan era un buen punto y aparte dado el tono de la serie y no hacía falta tanto enredo.

El trabajo de los actores es notable. El joven Jonathan Groff (dado a conocer en la soberbia Boss -2011-) y el veterano Holt McCallany (secundario en muchas películas y series) aportan infinidad de matices a unos personajes sin rasgos especialmente marcados, pues son muy humanos. Anna Torv y Hannah Gross y demás secundarios cumplen de sobras. Pero si hay que destacar a alguien es a Cameron Britton como Edmund Kemper, el asesino más colaborador, sobre el que compone un ser inquietante y a la vez frágil que resulta simpático y repulsivo a partes iguales.

La puesta en escena es cien por cien Fincher, no en vano dirige varios episodios. Están todas sus virtudes, esa combinación de técnicas de fotografía y escenificación tan reconocibles. Consigue una impronta hipnótica en todas sus obras gracias a su esfuerzo porque la cámara siga a los personajes en una estudiada coreografía que atrapa la mirada y nos introduce en la escena como si estuviéramos allí. Por supuesto, eso no es todo: la iluminación, el montaje, la música y la ambientación de la época son magníficos también.

Cabe destacar una cosa curiosa: muchas imágenes tienen un importante tratamiento digital. En algunos casos es para pulir el detalle, como por ejemplo quitar elementos fuera de época de las calles, pero en otros parece bastante innecesario, como los casos en que añaden unos pocos árboles que no cambian en ningún sentido el cuadro. En otras muchas ocasiones es para ahorrar dinero, y lo hacen tan bien que no se nota: las escenas de viajes suelen tener mucha composición en postproducción para mostrar distintas ciudades y aeropuertos sin tener que tirar un dineral rodando en localizaciones. Esto es algo que lleva aplicando mucho Fincher desde Zodiac (2007), con la que la presente guarda también un obvio paralelismo en temática y estilo.

Mindhunter ha sido la serie tapada del año: pese a que cautiva a todo el que la ve, no la ha visto mucha gente. Extrañamente, no ha logrado aprovechar el tirón del renombre de David Fincher y su extraordinaria calidad, que la pone, junto la cuarta temporada de Black Sails, en la cima de esta etapa televisiva. Como extensión, al no copar portadas en los medios no ha llegado a los certámenes de premios habituales, pues los Emmy, Globos de oro y otros premian más la popularidad y las modas que la calidad. Pero a estas alturas no vamos a esperar que estos cambien, y centrémonos en propagar con nuestra palabra esta barbaridad de serie que, salvo batacazo o cancelación prematura en próximas temporadas, va camino de ser una de las grandes de estos años.

PD: Los títulos de crédito son un coñazo, para saltárselos siempre.

EL SÉQUITO – TEMPORADA 8 Y FINAL

Entourage
HBO | 2012
Comedia, drama | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein, Ally Musika.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Beverly D’Angelo, William Fichtner, Scott Caan, Rhys Coiro, Alice Eve.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante las tramas, incluyendo algún desenlace.–

Tras tantos años ya es difícil sorprender, y menos cuando las historias personales están encaminadas hacia líneas concretas. Así, se puede decir que vamos un poco con la inercia en los dos personajes más prominentes, Eric y Vince. “E” no tiene ningún conflicto laboral interesante, salvo los roces de siempre con el inmaduro de Scott Lavin. ¿Qué hay de la lucha por afianzar sus nuevos puestos como directores de la compañía? Nada se ofrece en este campo, Scott y él viven como dos empleados sin muchas preocupaciones. Y en lo personal van a lo más fácil en la relación con Sloan: las típicas disputas, el romance en eterna tensión, donde incluso con el consabido embarazo no se atreven a darles un cierre en un sentido u otro. Vince sale de rehabilitación como si nada hubiera pasado. No es adicto, dice, y continúa con su vida sin secuelas. Me parece un tanto cobarde no haber seguido explorando su caída al abismo y sus esfuerzos por salir a flote. En lo personal también lo embarcan en un idilio un tanto forzado, con ese precipitado enamoramiento con una periodista y el soso desenlace de la improvisada boda.

En ambos casos las historias funcionan aceptablemente bien por la simpatía de los personajes, las situaciones y diálogos ágiles marca de la casa y los giros imprevisibles. Así, lo del embarazo se convierte en una locura divertidísima cuando meten de por medio la aventura con Melissa, la madre de Sloan, y el padre, Terrance, aparece para imponerse. Vince tiene alguna situación más llamativa (atención al conocido que se pega un tiro), y en lo emocional hay que decir que sus intentos de ligar con la primera chica que lo rechaza son emocionantes, aunque la relación no tenga un recorrido ni un final elaborados y sorprendentes.

Las otras secciones traen más novedades y movimiento. Bueno, quizá la de Tortuga no es muy recordable, pero al menos sus líos con el tequila han influido en su personalidad, se lo ve más maduro, y sigue luchando por sacar nuevos proyectos adelante. Drama tiene la trama más tensa, con el lío en la serie de animación, donde su compañero de reparto inicia en una protesta absurda para cobrar más sin haberla estrenado aún. Hay una buena sensación de un destino incierto y se sufre bastante con el personaje, que no parece levantar cabeza ni cuando consigue un trabajo digno. El divorcio de Ari es la parte más valiente en cuanto a avanzar y profundizar en los protagonistas. Su viaje por el infierno, bien merecido en este ególatra machista, es la mar de ajetreado, y conforme se intuye el intento de arreglarlo hay que alegrarse porque no se resuelve con cuatro tópicos, sino paso a paso y con esfuerzo. El que peor parado vuelve a quedar es Lloyd, quien tras prometer bastante inexplicablemente fue relegado a secundario del montón.

El truco que tienen los productores para evitar que el desgaste pese mucho es condensar los diez o doce episodios que íbamos teniendo en ocho, de manera que todo ocurre con un ritmo vertiginoso muy bien exprimido, sobre todo en los capítulos finales, muy intensos y emocionantes. Y como siempre, las vivencias en el día a día son variadas y encantadoras, con momentos cómicos muy efectivos y las sorpresas que cada dos por tres alteran todo inesperadamente. Así, la ves de un tirón muy entretenido y acabas con una sonrisa en la boca, pues te lo has pasado tan bien como en otros años…

Pero al poco piensas que podían haber ofrecido algo más trascendente y mejor trabajado, que para ser el final se han quedado un tanto cortos. No se aporta nada novedoso en cuanto a la particular visión de Hollywood que veníamos viendo. Ni Vince ni Eric se sumergen en algún proyecto apasionante, como el siguiente paso obvio, dirigir un filme por parte del primero y mantener a flote la empresa el segundo. El salto a director se dejó para la película de cines que llegó en 2015, pero ahí hacen lo mismo, dejarlo de lado por aventuras menos complejas, sin la savia y energía que mostró la serie en sus mejores momentos.

Ver también:
Temporada 7.
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

FALLECE ISAO TAKAHATA, CREADOR DE HEIDI Y MARCO

Isao Takahata fue una figura fundamental en la animación, no solo la japonesa, pues su influencia abarcó el globo entero. Lupin III (1971), Heidi (1974), Marco (1976) y Ana de las Tejas Verdes (1979) dejaron una huella imborrable en televisión. En cine empezó con una menos conocida, Las aventuras de Hols: Príncipe del Sol (1968), pero cuando fundó el estudio Ghibli en 1985 con su amigo y colaborador Hayao Miyazaki empezó una carrera asombrosa con una obra maestra como La tumba de las luciérnagas (1988). Eso sí, no la recomiendo salvo que vayáis avisados de que es muy dura y deprimente.

Nació en 1935 en Ise (Japón). Falleció en Tokio el 5 de abril con 82 años.

Breve biografía y filmografía.