GRACIAS, PHOTOBUCKET…

Hace años, tras unos cambios forzados e imprevistos en el alojamiento del blog, decidí no poner todos los huevos en la misma cesta, dejando las imágenes en otro alojamiento que parecía muy respetable, especialmente para los que no ambicionamos tanto como para buscar sitios de pago: Photobucket. Si es que hasta podía organizar las imágenes por carpetas, algo que WordPress no me deja. Lo mismo han hecho miles y miles de usuarios, sea para compartir alguna imagen en un foro, para complementar sus páginas, sean blogs, perfiles de Ebay o Amazon, o como almacén en la nube de cosas personales.

Pues ahora van los de Photobucket y sin avisar con tiempo ni dar alternativas han secuestrado todas las imágenes enlazadas y piden rescate de ¡400 dólares anuales!. Un chantaje en toda regla, pero como lo metieron en alguna parte en letra pequeña, parece que es legal. Así que, como otros muchos, tengo gran parte del blog sin imágenes. Menos mal que las entradas de los úlitmos dos o tres meses no se han visto afectadas, pues decidí ir presciendiendo de sus servicios porque, en un movimiento previo a este giro en su política, implementaron otra medida de ahorro: la calidad de las imágenes se había visto muy reducida. Está claro que ganar dinero dando un servicio gratis (salvo que pagaras la cuenta premiun típica), sólo con la publicidad, no es fácil, pero de ahí a este robo a mano armada hay un paso enorme. Así pues, espero que se hundan y desaparezcan, cosa que probablemente vaya a pasar, porque joder a tanta gente no sale gratis.

Mientras, iré actualizando las entradas poco a poco.

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FALLECE NELSAN ELLIS, DE TRUE BLOOD.

Una insuficiencia cardía se ha llevado al actor Nelsan Ellis, que apenas contaba con 39 años. En True Blood nos dejó una interpretación memorable en un reparto ya de por sí colosal, la de Lafayette, el cocinero del Merlotte’s.

La verdad, no sé qué más decir…

Fuente: Variety. En castellano: El País. Filmografía, biografía.

THE KNICK CANCELADA.

Me puse a buscar la fecha de estreno de la tercera temporada de The Knick, la serie de Steven Soderbergh protagonizada por Clive Owen, pues me parecía estar retrasándose… y vaya si iba retrasándose, porque de haberse estrenado, atendiendo a las fechas de los dos años previos, hubiera sido seguramente en octubre de 2016. Con tanta serie uno se despista…

Pero en vez de fecha de estreno me encuentro con que fue cancelada, eso sí, en marzo de este año. La excusa oficial del canal Cinemax es que quieren centrarse en la acción, género del grueso de sus series, pero viendo la tardanza me imagino que habrá habido negociaciones largas donde al final no se concreta nada y se da por cancelada.

Fuentes: Hollywood Reporter. En castellano: El Mundo.

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 5.

Netflix | 2017
Drama, comedia | 13 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Lea DeLaria, Annie Golden, Kimiko Glenn, Lin Tucci, Dale Soules, Abigail Savage, Danielle Brooks, Uzo Aduba, Amanda Stephen, Vicky Jeudy, Laverne Cox, Adrienne C. Moore, Elizabeth Rodriguez, Selenis Leyva, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Jackie Cruz, Diane Guerrero, Laura Gómez, Rosal Colon, Daniella De Jesús, Miriam Morales, Nick Sandow, Beth Dover, Matt Peters, Alan Aisenberg, Brad William Henke, James McMenamin, Emily Tarver, Michael Torpey, Mike Houston, Taryn Manning, Emma Myles, Julie Lake, Blair Brown, Constance Shulman, Francesca Curran, Asia Kate Dillon, Kelly Karbacz.
Valoración:

Alerta de spoilers: Obviamente recomiendo haber visto las temporadas previas. De la presente no hay nada revelador hasta el siguiente aviso.–

Por si no estaba claro que Orange is the New Black es la serie que mejor ejemplifica el modelo de visionado en maratón, eso de devorar la temporada en muy pocos días con voracidad, llega esta cuarta temporada que prácticamente lo exige: más que nunca estamos ante un episodio dividido en trece horas. La idea de tener más de treinta personajes con sus historias propias que se cruzan con las demás según se desarrolla una o varias tramas más largas necesita una gran cantidad de metraje para que ninguna sección quede descolgada, y obviamente a la hora de abordar tamaño conjunto no se puede tratar de concentrar en episodios sueltos, hay que narrar mirando a largo plazo. Tienes que ver una o más temporadas enteras para reconstruir la vida de cada protagonista, y dar un paso atrás para abarcar el cuadro completo y poder vislumbrar el movimiento global. Esto ya lo hacían Oz y The Wire, pero aquí vamos a un nuevo nivel. En este año hemos llegado a un punto álgido explosivo en el que, para poder mostrar a todos los personajes en juego (ya vamos por unos cincuenta, con la inclusión de las nazis y nuevas latinas) y todas las caras de la historia en proceso, exige ampliar aún más la perspectiva. En el motín pasan tantas cosas, hay tantas ramificaciones, que en toda la temporada vemos únicamente cuatro días de tiempo de los personajes. Y en cada capítulo te quedas a cuadros diciendo: “¿Ya? ¡Quiero ver más, quiero saber más!”. Saca tiempo libre, porque una vez caes en la prisión de Litchfield no podrás salir.

La muerte de una de las reclusas más inocentes y queridas fue la gota que colmó el vaso en las injusticias habituales de la prisión, que habían alcanzado nuevas cotas de inmoralidad con la gestión privada de la empresa MCC (Gerencia y Correccionales en castellano). Al empeoramiento de las condiciones de vida (comida, sanidad -ni tampones tienen-) se sumó el aumento de los abusos por parte de unos guardias muy mal seleccionados. Gente sin preparación, exsoldados con traumas, tiranos, corruptos, incompetentes… Se juntó una tropa de cuidado que mantenía a las internas en un suplicio constante. Joe Caputo lidió como pudo contra los abusos corporativos y el desfalco de la anterior alcaide, pero el sistema capitalista promociona más la corrupción que la justicia social y económica, y esta compañía está dispuesta a explotar a las reclusas al máximo.

Todo esto es algo que ya denunciaba Oz a su manera tan sórdida y cruel, y Orange is the New Black retoma su legado con un estilo propio que oscila entre la comedia irónica y el drama ligero (aunque todavía tiene golpes muy duros). Y mientras que aquella era más directa y contundente, la presente hace gala de una sutileza e inteligencia asombrosas. Pero también amplía miras, por eso de contar con tantísimos personajes con vivencias propias, y obviamente ofrece una actualización del análisis. El tema racial está que arde en Estados Unidos: parece haber un retroceso en derechos sociales de las minorías, sobre todo negros, y aquí abordamos esta temática con determinación. Y con el motín también muestran la situación decadente del sistema carcelario, referenciando constantemente otros motines y tiroteos famosos. En otras palabras, es una serie valiente y comprometida, un reflejo de la sociedad que es capaz de llevarte a la reflexión cautivándote y entreteniéndote.

Una escena que probablemente a muchos les pareció un detalle trivial la veo como un ejemplo muy certero de la sutileza y naturalidad con que exponen los problemas de estas cárceles que sólo sirven para almacenar mano de obra barata, porque lo de reconducir y reconciliar ciudadanos para que vuelvan a ser aptos para vivir en sociedad es algo que si llegó a existir en Estados Unidos se perdió hace mucho. Hablo del momento en que una protagonista, con acceso a internet gracias a la rebelión, dice algo como “es imposible ponerse al día de todo lo que ocurre”. El aislamiento y la falta de actualización en las capacidades de las presas es tal que si algún día consiguen salir al mundo real estarán fuera de él igualmente. Aleida, a la que seguimos tras ser liberada, sufre eso en sus carnes: aparte de que por ser expresidiaria no la querrán contratar si no es para abusar de ella, no ha tenido preparación de ningún tipo que la ayude a encontrar trabajo. Y es que explotarlas en talleres de costura o de albañilería sale más barato que darles educación… pero además así tienen más posibilidades de acabar en la cárcel de nuevo y seguir siendo rentables.

El sistema está tan corrupto y amañado que en la oficina gobernador, cuando por fin parece que el motín los salpica, no piensan en las presas, sino en cómo afectaría económicamente a la empresa que subcontrataron y cómo un efecto bola de nieve podría llegar también a las demás compañías que gestionan otras cárceles. Lo triste es que las internas, con Taystee como principal vocera, e incluso con el apoyo de Caputo a veces, sueltan a las claras obviedades económicas que contradicen la política infame que sufren. Con un consultorio médico decente se ahorrarían caros viajes a urgencias, por ejemplo. Pero la crítica no ataca sólo a la política, también ofrece una completa y hábil perspectiva más humana. Los guardias, ahora presos, viven en sus carnes lo que les hacían a las internas; de hecho Linda Ferguson, la fría economista de MCC, tiene que disfrazarse de presa para pasar desapercibida y ve este mundo incluso más de cerca. Los grupos de internas otrora enfrentados, como las nazis y las latinas, acaban trabajando juntas por el bien común. Y un largo etcétera, porque los guionistas, con Jenji Kohan a la cabeza, ofrecen de nuevo un mosaico de historias impresionante, abarcando un rango muy variado de situaciones personales, de formas de pensar y enfrentar la vida, de reflexiones, de enseñanzas, o de simpáticas anécdotas con las que divertirse. ¿Y qué decir de los actores? Es probablemente el mejor reparto de los últimos años, lo cual resulta más asombroso porque la mayoría de intérpretes son grandes desconocidos. Este año destacaría a Danielle Brooks (Taystee), quien tiene las escenas más intensas, pero nadie se queda atrás.

Unas internas se implican y tratan de lograr una situación mejor, otras se mantienen al margen, otras viven la vida sin pensar en nada, como han hecho hasta ahora. Pero todas se enfrentan a la miseria del mundo, a las acciones de los demás, y a sus propios demonios internos. La tentación de Gloria por ayudar a los guardias retenidos a escapar y obtener beneficios (visitar a su hijo en el hospital) choca contra la visión global de Taystee de conseguir mejoras para toda la prisión. Esta última también quiere justicia para Poussey, pero la serie tiene muy en cuenta que en el mundo real la frontera entre buenos y malos está muy dispersa: seguimos viendo que Bayley, el guardia que acabó con su vida, no es un ogro como Piscatella, sino un niño que estaba en el lugar equivocado auspiciado por un sistema podrido. Dasha se ve empujada por la presión social a disparar otro guardia muy despreciado, Humps, lo que la entierra aún más en la miseria. Y por el lado contrario, Piper parece seguir obnubilada en sí misma, algo que su intermitente amante Alex Vause ve como un impedimento para estar juntas. Algunas siguen haciendo lo único que saben para seguir adelante: Boo ligar con todas las que puede, Lona refugiarse en sus delirios, Angie y Leanne matar el tiempo buscando formas de evadirse (drogas principalmente). Otras aprovechan la situación para imponerse por la fuerza, como la mayor parte de las latinas, que son las que intimidan a los guardias. Unas muestran madurez después de dar muchos tumbos, como Nicky, y otras han soportado más de lo que podían y caen en una espiral oscura, como Red y su obsesión por cazar a Piscatella. No falta la mención a la eterna separación de ricos y pobres: Janae representa el camino difícil de quienes nacen en la miseria y el sistema deja de lado, y Judy King las facilidades que ofrece el dinero.

Hay tantos personajes, tantísimas historias fascinantes y anécdotas enriquecedoras, que parece imposible lo bien narrada que está la serie, donde nada queda descolgado o forzado, donde todo fluye con un ritmo adictivo. Pegas hay unas pocas (algún giro que puede no complacer las expectativas), pero ninguna especialmente grave, y el conjunto resulta de nuevo deslumbrante, en cuanto acabas tienes ganas de empezar la temporada y la serie otra vez, no digamos ya el ansia que deja por ver nuevos capítulos.

Alerta de spoilers: Apartir de aquí destripo a fondo, incluido el final.–

Quizá se podría criticar el poco riesgo que corren en algunas situaciones clave. Piscatella muerto en vez de seguir molestando parece un poco forzado, o al menos da la sensación de que han desaprovechado una línea a la que le quedaba mucha vida para exponer las miserias del sistema y de la sociedad. De hecho, cuando oye que Vause es la que asesinó al tipo enterrado en el jardín daba por sentado que se la llevaría por delante cuando consiguieran acusarlo de algo. Eso sí, no me disgusta en sí su caída, inesperada y con mucha mala baba: muere a manos de incompetencia y abusos como los que él mismo generaba. No me sorprendería tampoco que haya quien le ponga algún pero a su flashback: cuando abordamos su psique por fin, esperando entender su comportamiento, puede que las expectativas jueguen una mala pasada al ver una historia clásica de desamores. Pero como de costumbre está muy bien escrita para el poco tiempo del que se dispone y encaja de maravilla en la trayectoria del personaje, en su descripción de matón: se encierra en su superioridad física para no enfrentar sentimientos dolorosos y decisiones potencialmente dañinas.

Más mosqueante si cabe sería lo de dejar el destino de las protagonistas principales (las quedan encerradas en la vieja piscina) en el aire, intentando transmitir forzadamente la sensación de que están en gran peligro. No me convence que muchas de ellas no se rindieran rápido para evitar más violencia innecesaria, y más cuando la mayoría son pacifistas o inofensivas. Quedarse ahí atrincheradas es provocar, y no sé muy qué pretenden al final poniéndose en círculo, si resistir o rendirse; y Frieda, con una pistola en su poder, es más confuso todavía: si quiere usarla que desenfunde, pero si no, por qué se la juega llevándola encima. Así pues, el capítulo final, después de los grandes desenlaces que nos ha dejado la serie, está un poquito por debajo de lo esperado en cuanto a capacidad de sobrecoger.

Por otro lado, también apena un poco que al haber tantos personajes a veces no quepan todos. El protagonismo de Piper está muy diluido otra vez; no pretendo que fuercen su presencia, ni menospreciar el fantástico trabajo de todo el reparto, pero es que cuando exprimen al personaje resulta una figura muy potente, en especial porque Taylor Shilling es una actriz espectacular que desaprovechan mucho. Mei Chang tiene una presencia anecdótica, la monja no vuelve a aparecer y Healy tampoco. Sophia Burset y Soso ven muy reducido su protagonismo conforme avanzamos. Maritza y Flaca por un lado y Angie y Leanne por el otro prácticamente quedan limitadas a receso cómico, pues aunque sufran un poco su viaje no se mueve nada. Y algunas quedan muy relegadas a secundarias, como Kukudio, Norma, Gina, DeMarco, la haitiana… Eso sí, se agradece que sigan formando parte de la serie, que lo normal es eliminar a secundarios que no parecen esenciales para las historias en progreso. Recordemos por ejemplo la de roles secundarios que se cargaron de mala manera en Juego de tronos para recortar dinero y esfuerzo… Aquí hay tanto personaje con vida propia, aunque en estos momentos no tengan una evolución llamativa, que parece que estamos ante la realidad misma, allí en Litchfield sufriendo con todas ellas.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

SENSE8 RESUCITADA PARA UN CAPÍTULO FINAL.

Que mejoren las relaciones públicas de Netflix, porque no puedes cancelar una serie en el canal que se anunciaba como el que no cancela series, el que se abre para todos los públicos indistintamente de la cantidad de audiencias, pensando en una globalización total, sin dar un discurso bien estudiado que calme a los suscriptores y al mercado. Has roto tu tendencia, tu imagen de marca, al poco de empezar la expansión global… qué menos que dar explicaciones y pedir excusas. Que al final lo entendemos: se embarcaron a lo loco en algunas series muy caras que veían cuatro gatos, y por mucho dinero que tengan eso no es rentable. Pero estaba claro que Marco Polo y The Get Down no tenía seguimiento fan, mientras que Sense8 tenía uno muy fuerte. Las excusas que dieron no gustaron mucho, y encima se mostraron tajantes. Habían cerrado de tan golpe la posibilidad en su momento que J. M. Straczynski, el productor ejecutivo principal junto a las Wachoswki, ya estaba soltando por twitter casi todo lo que tenían planeado para el futuro.

Y ahora va y la descancelan sin más para un episodio doble final. ¿Han visto una gran pérdida de suscriptores? ¿O han pensado en que nadie querría ver una serie inacabada y a la larga les daría mejores resultados invertir en su final? Espero que al menos no hubieran rescindido los contratos de los actores, porque renegociar sueldos y calendarios sería un lío enorme.

Ahora esperemos que se pongan las pilas y den un final de calidad que permita a la serie irse dejando un gran recuerdo, pues después de la fascinante primera temporada perdió mucho interés en la segunda.

MR. ROBOT – TEMPORADA 2.

USA Network | 2016
Suspense, drama | 12 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Sam Esmail, Steve Golin, Chad Hamilton.
Intérpretes: Rami Malek, Christian Slater, Portia Doubleday, Carly Chaikin, Michael Cristofer, Grace Summer, Azhar Khan, Sunita Mani, Martin Wallström, BD Wong, Stephanie Corneliussen,Gloria Reuben, Ron Cephas Jones, Michael Drayer, Omar Metwally, Joey Bada$$, Craig Robinson.
Valoración:

No compartí, ni entendí, el desmedido entusiasmo con que se recibió a la primera temporada de Mr. Robot, que fue la más hablada y laureada del verano de 2015, hasta el punto de llegar a los Globos de Oro como mejor drama a pesar de venir de fuera del circuito comercial estándar. Es cierto que tenía algunas buenas virtudes, pero el conjunto andaba bastante desequilibrado. El magnético personaje central, encarnado con entusiasmo por el entonces desconocido Rami Malek, cautivó rápidamente, los secundarios tenían bastante tirón también, y la estética vanguardista funcionaba, dándole a la serie un aire moderno y valiente que en su interior en realidad no llegó a tener. Y es que su autor, Sam Esmail, abraza desde el principio la grandilocuencia, la pretenciosidad, el vanguardismo impostado. La crítica al sistema, tan prometedora, no parecía llevar a nada, salvo a la típica conspiración imposible. Los dramas personales se iban viendo demasiado rebuscados unas veces y simplones otras, minando bastante la proyección de unos protagonistas inicialmente muy atractivos. En otras palabras, los malabares no ocultaban lo obvio, que la trama no se ha estudiado bien, que van escribiéndola improvisadamente, como suele ocurrir más de la cuenta.

Es cierto que la serie podía haber madurado, que los guionistas podían haber pulido los errores y encontrado un mejor equilibrio… Pero servidor ya tiene experiencia, se ve venir cuándo hay posibilidades de remontada y cuándo es todo humo. Por lo general, serie que empieza con tanta improvisación y artificio, serie que se estrella pronto. Para los que no supieron verlo en ese momento, la segunda temporada fue una decepción, hasta el punto de que la serie ha pasado al olvido en un visto y no visto. La audiencia media cayó a la mitad, y en internet la pasión se esfumó desde los primeros capítulos para no volver. Eso sí, no sé cómo cosechó buenas críticas todavía, aunque dejó de copar el top ten de los medios (¡la mayoría le dieron el primer puesto a la temporada inicial!), y con la inercia arañó de nuevo nominaciones en los Globos de Oro, aunque sólo para los actores.

Desde el primer capítulo de esta nueva etapa se ven los torpes requiebros que hace Esmail para disimular que no navegamos hacia ninguna parte. Como los débiles pilares van quedando expuestos, se empeña en soltar más humo y desviós de atención, a ver si así no nos damos cuenta de las carencias. Todos los misterios que dejó abiertos en el final de la primera temporada son estirados sin vergüenza alguna, apartados, mareados, retorcidos para, supuestamente, lograr que nos enganchemos sin poder apartar la mirada. Hasta los últimos episodios no sabemos quién llamó a la puerta de Elliot, cuál era la relación con Tyrell Wellick, dónde ha estado ocultándose este, quién llamaba y enviaba presentes a su esposa, hacia dónde va a dirigirse ahora el ataque contra Evil Corp, cuáles son los planes del CEO de la compañía y el misterioso chino llamado Whiterose por un lado y los del Dark Army por el otro.

Como es esperable en este panorama, no va a haber muchas respuestas efectivas, o al menos concluyentes. Algunas son obvias, la mayoría exageraciones, y unas pocas se vuelven a dejar en el aire. Por supuesto, la conspiración ofrece una nueva cara cada vez más improbable, el plan tiene una nueva fase supuestamente épica, y los personajes quedan en punto de inflexión muy forzado. En los spoilers me extiendo.

Hasta entonces entramos de lleno en el juego de marear la perdiz, abundan las trampas argumentales, las subtramas repetitivas, los giros sensacionalistas, los rellenos absurdos (esos prólogos y recesos a lo Breaking Bad, pero sin su gracia y espectacularidad). Y como el factor sorpresa ya no existe y la conexión con unos personajes estancados se diluye a marchas forzadas, los trucos cantan, el interés cae y el aburrimiento aflora. Tenemos más capítulos que en la primera temporada, algunos de una injustificable hora de duración. Si ves que no tienes material, agiliza la narración, haz episodios de cuarenta y cinco minutos, que entren rápido y destaquen los momentos clave. Pero, sobre todo, para conseguir sensación de intriga, para ganar nuestro interés por ir viendo cómo se llega a desentrañar el misterio, debes mostrar a los personajes trabajando en una dirección clara, soltar pistas que tengan lógica y sean creíbles. Relegando con engaños y trucos argumentales baratos sólo se genera frustración.

Los seguidores que quedan a estas alturas son los que alaban estos fuegos artificiales superficiales, los enredos visuales y técnicos sin coherencia real ni contenido. Sirva de ejemplo el tiroteo en una cafetería. Me resultó tan teatralizado en estilo e incoherente en el fondo que me puse a leer comentarios… Y encontré a gente flipando por el plano fijo y que la cuenta atrás del semáforo de los peatones marcaba también el inicio de los disparos. Yo en cambio puse mala cara al ver a unos tipos andando en moto con metralletas en plena ciudad a pesar de la histeria terrorista, me preguntaba de qué va este Dark Army tan poco creíble, por qué pretendían de repente matar a estos personajes, cómo dan con ellos, por qué la agente del FBI tan supuestamente lista no espera refuerzos…

La temporada está formada por infinidad de escenas de este tipo, descuidando de mala manera la progresión global de trama y personajes. Se retuerce tanto la historia que al final ni quedan claras las motivaciones, ni siquiera las acciones, de la mayor parte de los protagonistas. ¿Qué objetivos persiguen, cuál es el curso de acción que planean? A veces hacen movimientos contradictorios, sobre todo Angela, que da unos bandazos alucinantes. Lo único que saco en claro es que la pandilla se ha dado de bruces con la realidad y se ha acojonado, se ha dado cuenta de que sus ideas no tienen mucho sustento ni recorrido. Lo de tumbar el sistema económico capitalista, sustentado sobre todo por la todopoderosa Evil Corp, les estalla en la cara. El dinero será un valor virtual gestionado por una élite, y la especulación y otros males reprobables, pero sin él las familias pasan hambre, sin poner una alternativa de sistema económico la sociedad colapsa. Es decir, luchar contra el capitalismo desenfrenado está muy bien, pero destruirlo sin más y esperar que en la anarquía resultante todo se arregle solo es de niñatos imbéciles. Al final los protagonistas parecen ir dándose cuenta de eso y de que han sido peones de la conspiración, esa liderada por algunos poderosos que quieren manejar a los gobiernos a su antojo. Así pues, de cara a la próxima temporada cabría esperar el despertar y la revolución de los protagonistas ante el nuevo orden mundial en el que ellos mismos han colaborado, y quizá incluso se dé la paradoja de que luchen por volver a lo que tenían.

Este es el único atisbo de inteligencia y la única sensación de dirección, de contenido, que se puede extraer de la temporada. Esmail, aparte de censurar el capitalismo ahora también acusa con contundencia a las críticas inertes o dañinas. Con el Dark Army, los fanáticos protagonistas y los idiotas que los siguen se ataca muy bien a Anonymous y la turba de inmaduros que lloriquean en internet sin tener ni idea de nada ni proponer alternativas viables. Es un giro valiente y muy divertido, porque esta fauna es precisamente la que más se enganchó a la serie. Por el lado contrario, la crítica al capitalismo, donde señala que las mega corporaciones son las que mandan cada vez más en los países, se va desdibujando, ahogada en esa conspiración que resulta tan inverosímil y pasada de rosca que, cada vez que toma presencia, y por suerte son pocas ocasiones, por eso de avanzar lo mínimo y con misterios impostados, me daba la risa.

Por lo demás, los otros pilares de la serie están en el límite. Los personajes siguen manteniendo cierto tirón, sobre todo gracias al buen trabajo actoral, en especial Elliot y Rami Malek. La historia de hackers enfrentados al sistema, quitando toda la maraña de enredos narrativos, tiene atractivo y potencial todavía. Y la notable factura visual consigue hacer digeribles hasta a los episodios más aburridos… que ciertamente son la mayoría. Lo que queda es un mínimo aceptable si se pone bastante esfuerzo de tu parte: paciencia por la lentitud y hacer un poco la vista gorda a tanta gilipollez para quedarte con los pocos buenos momentos y los pocos avances. Pero, volviendo a hablar de la experiencia en series, esta que me dice que, salvo un inesperado milagro, es muy dudoso que Mr. Robot consiga remontar.

Alerta de spoilers: A partir de aquí analizo la temporada a fondo.

Es demencial cómo nos tienen siete capítulos, largos y aburridos todos, forzando la situación de Elliot, manteniendo ese limbo absurdo y cansino. Desde las primeras escenas de la temporada está claro que los dos nuevos personajes salidos de la nada sin una presentación natural tienen algo raro. Atendiendo a la premisa, está claro que estarían en la mente de Elliot o distorsionados por ella. Pero entre las órdenes de la cadena de alargar la serie y el plan narrativo de Esmail, los guionistas las pasan putas para no revelar el truco hasta el tramo final. Mientras tanto tragamos una y otra vez con la escena de la cancha de baloncesto, el acercamiento al negro grandote (Ray, Craig Robinson), la comida con el negro simpático (Leon, Joey Bada$$ -¡!-), todo ello mostrado con infinidad de conversaciones pretenciosas pero huecas, y con trampas, muchas trampas: cada vez que alguien habla con Leon la cámara lo enfoca de forma que parezca estar hablando con Elliot, para que nos creamos que es otra doble personalidad. Lo único llamativo que se puede sacar queda muy diluido: la batalla de Elliot contra Mr. Robot, la representación mental de su padre que controla muchos momentos de su vida, es muy repetitiva y rebuscada también. Trucos surrealistas, como el viaje en plan comedia setentera, con aparición de Alf incluida, no hacen sino seguir cavando la tumba de la serie, cada vez más manipuladora y rebuscada por fuera pero más insustancial y aburrida por dentro. Y, atención, porque en el octavo episodio no aparece Elliot, se reservan las respuestas del largo engaño para el noveno. Y por si fuera poco en él te lo dan todo bien mascado, reincidiendo demasiado en cosas obvias. Así, la sensación de que toman por tonto al espectador se hace cada vez más grande.

El resto de protagonistas están también atascados o deambulando sin rumbo. Darlene y los compañeros hackers no hacen nada, absolutamente nada, hasta el lío en la mansión que han ocupado (208). Sólo entonces surgen problemas reales, lidian por tomar decisiones difíciles, se ve en ellos esfuerzo, sufrimiento, y tememos por su futuro inmediato. Pero, por desgracia, esa intriga que se pone sobre sus hombros dura poco, de nuevo caemos en la más absoluta indiferencia con tramas muy trilladas, muy simples y adornadas malamente. Que caiga uno u otro en manos del FBI no causa congoja, porque sabemos que se librarán, que tengan que dejar todo para huir no duele, porque no conocemos nada de sus vidas, a quiénes aman, qué rutina abandonan.

En un mundo aparte está la mujer de Tyrell. Copa muchísimas escenas sin aportar nada tangible la serie, y el giro final donde resulta que quien la llamaba y enviaba regalos era el currante de E Corp al que Tyrell mató a su esposa en uno de sus arrebatos, no podía ser menos interesante. ¿Qué pinta aquí este culebrón? Supongo que forma parte del intento de mantener la expectación por el retorno de Tyrell, pero vaya chapuza. También quedan muy infrautilizados Cisco y la psiquiatra, que parecen más importantes de lo que luego llegan a dar de sí.

Tenemos un nuevo personaje, la agente del FBI Dominique DiPierro, pero me dice bien poco. Es el típico individuo obsesivo cuya vida se define únicamente por su trabajo. Como punto de partida no tiene por qué ser malo, de hecho para dirigir una investigación de gran calibre y como oponente de Elliot hace falta alguien así de dedicado. El problema es que no es un rol verosímil ni atractivo. Una actriz tan joven no pega como agente veterana, y esa posición de hecho no tiene sentido: no es nadie, es una más entre los miles que nos dicen que trabajan en el caso, pero por alguna razón aparece siempre metida en todo como si liderada la investigación… y no lo hace, tiene un jefe, pero este parece también un agente del montón, otro don nadie con un despacho pequeño y sin poder. Da la sensación de que la intentan mostrar como una agente la hostia de efectiva que lucha contra la cadena de mando para realizar lo imposible, pero a la hora de la verdad se ve claramente que no hay investigación ninguna, que se mueve de acá para allá y habla con algunos personajes, pero no hay trabajo real ni retos verosímiles. Menudo desastre de representación del FBI. Finalmente, al contrario que el resto del reparto, la actriz Grace Gummer no da la talla; quizá ella misma no se cree al personaje.

Angela ya patinaba en el primer año, y aquí vaga como un zombi. Su sección está demasiado separada del resto, y su viaje laboral y emocional es incompresible. Unas veces parece querer trabajar desde dentro para desmontar a los directivos de E Corp que se libraron de pagar por el vertido en que murió su madre, otras que sólo acepta trabajar para ellos por dinero, unas veces parece darle asco su jefe, otras caerle bien, en ocasiones pasa de todo para luego jugarse el pellejo… Resulta un galimatías total donde pone la puntilla la demencial conspiración. El secuestro en el tramo final, en el que la interroga una niña mediante un juego de ordenador arcaico con preguntas abstractas ridículas, es el último estertor de la serie, el “salto del tiburón” que deja claro que esto no es más que otro Perdidos que engatusa con su estética y sus misterios pero que en el fondo es una parida sin pies ni cabeza.

Y eso que ya había elementos muy salidos de madre. La conspiración apuntaba bajo, pero conforme se desgrana se va convirtiendo en una comedia involuntaria. Ese ministro chino travesti (Whiterose) que tiene tiempo para pasarse días fuera del país organizando una oscura agenda secreta sin que nadie se dé cuenta, el Dark Army o Ejército Oscuro que se pasea con ametralladoras por pleno Estados Unidos y que se suicidan en cuanto los pillan…

Para rematar, acabamos con Elliot con un tiro en el estómago a manos de Tyrell, a pesar de que lo necesita sí o sí para sus planes. Sabemos que es otro tipo inestable, pero joder, dale un par de hostias, no te lo cargues. Y sabemos que el protagonista no va a morir, así que el golpe de efecto no podía ser más cutre. El resto más o menos igual. Darlene en el FBI a pesar de que sabemos que saldrá airosa. El plano absurdo donde la agente del FBI muestra el tablero con los nombres y datos de Elliot y todos los demás del grupo, cuando durante toda la temporada nos han ido diciendo que no tienen nada, y en las pocas veces que encontraban una pista no les servía de mucho. Trenton y Mobley apuntaban a un final realista, huyendo por patas y tratando de rehacer sus vidas… pero la escena post créditos que pretende sorprender con ellos no hay quien la entienda. Aparte de larguísima, ¿por qué la aparición del negro simpático que conoció Elliot en la cárcel (Leon) se supone que ha de ser una gran revelación? No pinta nada en las tramas, no sabe nada de este grupo de hackers, ni de informática.

PD: A pesar de ser una serie muy cuidadosa en temas informáticos, con evidente asesoramiento y cuidado, hay una cagada incomprensible. Cuando Elliot localiza un número de teléfono haciéndose pasar por policía, le sale la ubicación en un mapa, con una flechita señalando la dirección, y con la propia dirección escrita en un globo. Pero va y abre una página que pone “localizador inverso de direcciones” (ya me dirás qué es eso), la escribe ahí… y le da la misma dirección pero en otro mapa, y es entonces cuando dice “Lo tengo”.
PD2: Hablando de Globos de Oro, no se entienden las nominaciones, en las dos temporadas, de Malek como mejor a actor de serie mientras a Christian Slater lo nominan a actor secundario de miniserie o película televisiva, como si fueran dos producciones distintas. Por no decir que Slater en esta temporada no destaca lo más mínimo.

Ver también:
Temporada 1.

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 3.


AMC | 2017
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Tina Parker.
Valoración:

Alerta de spoilers: Más o menos describo todo el argumento, pero sin entrar en detalles y sorpresas… y como realmente no hay novedades, no creo que se pueda considerarse muy revelador.–

Podría copiar el comentario de la segunda temporada enterito, porque el panorama es el mismo. Y obviamente, tras otros diez capítulos de estancamiento, la sensación de decepción pesa más. Lo que hemos avanzado desde el final de la primera sesión cabía en un par de episodios. Los guionistas hacen malabares para intentar disimular que no tienen material, con repetición de escenarios y vueltas en círculos que en realidad dejan ver demasiado sus costuras. Hay multitud de situaciones, incluso capítulos enteros, que los podríamos colar en medio del segundo año y no se notaría diferencia alguna.

Jimmy quiere ser un tío legal, trabajar desde una ética digna, caer bien. Pero el mundo, y más el sistema capitalista estadounidense (de nuevo la crítica que emerge del relato es bastante inteligente), le ponen mil trabas, a lo que se suma su torpeza para verlas venir y su inclinación por traicionar sus intenciones cuando las cosas se ponen difíciles. Pero todavía no vemos a Saul (sólo de dónde sale el nombre, un caramelo insuficiente), todavía Jimmy lucha incansablemente aunque todo se ponga en su contra, aunque sea incluso consciente de que muchas veces es él mismo quien termina de labrarse su tortuoso camino.

Y sus allegados sufren las consecuencias. Chuck es otro con debilidades concretas, y Kim se enfrenta también al capitalismo extremo. Sólo los más fuertes, los que no cometen ningún fallo, los que saben sortear las trampas del sistema y pisotear a los demás, logran salir adelante. Cayendo en la órbita de Jimmy, con sus deslices y desmanes, estos dos se vuelven aún más vulnerables. Chuck es obsesivo compulsivo, y cuando su mundo de adoración ciega a la ley se derrumba acaba refugiándose en una enfermedad mental. El rechazo hacia su hermano, siempre muy bien justificado, muy verosímil, es la gota que colma el vaso: con él cerca no parece que pueda librarse de su paranoia. Kim, por muy capaz y entregada que sea como abogada, no logra salir del bache laboral, y menos si cualquier problema externo te puede hundir el negocio (e incluso la vida) en un sistema económico, laboral y social propio del salvaje oeste. Y Jimmy la arrastra hacia unos cuantos baches.

Precisamente por ello la serie se sostiene: Jimmy es un protagonista enorme y está muy bien secundado. Nos adentramos a fondo en la psique de cada uno, resultando unos personajes muy reales y cercanos: conocemos sus sentimientos en todo momento, nos implicamos a fondo en su lucha diaria… Y el trabajo actoral termina de ganarte por completo: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn y Michael McKean están fantásticos. Pero me temo que hay tan poco movimiento en sus historias que no basta. Los tibios avances, los poquísimos puntos clave, no justifican los veinte capítulos que llevamos atascados en bucle.

Otra vez nos encontramos con flashbacks de Jimmy recordando sus viejos tiempos de timador, donde no sentía remordimientos y vivía al día sin preocuparse por nada. Otra vez tenemos un amago con ir a un bar y empezar a estafar de nuevo… pero resulta que lo meten en el armario. O sea, que en vez de avanzar retrocedemos. Otra vez con trabajillos y pequeños chanchullos para intentar salir adelante, la mayor parte repetidos hasta el hartazgo. Los líos con los anuncios y con las ancianas son los puntos álgidos de su nueva caída e intento de levantar cabeza… ¡pero si es lo mismo que llevamos viendo desde la primera temporada! Sinceramente, por esto me han dado ganas de olvidar las virtudes que quedan en la serie y darle un suspenso. El único momento original es cuando va a mirar un problema con el seguro de abogado y se le ocurre una forma de putear al hermano, pero es un oasis de inspiración en un año bien seco.

La dinámica con Chuck está bloqueada en la misma escena, la misma disputa, con la que nos la presentaron. La única novedad es el juicio que parecía apuntalar el final de la relación, pero se alarga de mala manera a pesar de que se ve de lejos todo su recorrido. La autoparodia con que la solución llega en plan Perry Mason (y todos los procedimentales legales antiguos) no oculta lo obvio: que es Perry Mason y semejantes, un truco muy viejo, muy fácil, que muestra la falta de ideas, la incapacidad para progresar. Porque, después de todo, el dichoso juicio no ofrece un cierre concreto, todavía damos otras pocas vueltas a pesar de tener el destino bien claro desde que empezó la serie. Cuando por fin llegamos al punto de inflexión, este no supone una revelación, un shock impactante, porque ya hace mucho que teníamos asumido lo que ocurriría, ya es tarde para que pueda sorprender.

El viaje de Kim es exactamente el mismo que hemos ido viendo. Es la colega laboral y social de Jimmy. Como follamiga, se apoyan y consuelan entre ellos en los malos tiempos; la relación es bonita, creíble… pero no muestra ningún movimiento. En el trabajo lucha por sacar adelante un caso que le viene grande, por eso de que hay que darlo todo para poder triunfar. Pero el único cambio que hemos visto en tres años es, literalmente, una fachada: el nombre de la compañía para la que trabaje en cada momento. El resto de retos, problemas y dilemas son siempre los mismos. Y acabamos igual, con un receso que huele a reinicio poco disimulado por mucho que hayan querido exagerar el giro para hacerlo espectacular.

Con Jimmy estamos en la misma tónica. Empezó desde abajo en un gran bufete, el de su hermano, pasó a uno más que pequeño, y luego acabó montándose una oficina propia con Kim. ¿Tenemos que exprimir a fondo cada escenario del mundo de los abogados, aunque en el fondo las desventuras, los conflictos y el aprendizaje sean los mismos, para dejar claro que no es capaz de trabajar desde dentro del sistema? Y, como decía, para colmo finalizamos con otro intento redentor, otra vez con Jimmy asumiendo sus errores e intentando encarrilar su vida. De nuevo a la casilla de salida. ¿Qué ha cambiado en él en estas dos últimas temporadas? Nada. ¿Qué ha cambiado en la relación con sus seres cercanos? Más bien nada, porque se deja en el aire, y además no es nada que no esperáramos desde hace mucho. ¿Qué ha cambiado en su relación con el mundo? Nada.

La cosa se agrava con la fallida sección de Mike… bueno, ya en realidad ni es suya, está repartida entre Nacho Varga, Hector Salamanca y Gus Fring. Este grupo forma parte de una serie cada vez más apartada, y aunque está igual de estancada, resulta mucho peor en cuanto a interés: un cero en originalidad, un cero en desarrollo, y, como es esperable, cero atractivo por lo que vendrá. Todo lo que nos cuentan con ellos son anécdotas irrelevantes, escenas sueltas que no muestran ninguna dirección, y aunque lo hicieran, ¿cómo pretendes que me enganche a una historia que parte de subtramas de Breaking Bad ya cerradas? Recalco eso por si no ha quedado claro el error de concepto que supone intentar vivir de las rentas: son subtramas ya agotadas por completo en la serie madre, ¿qué sentido tiene recuperarlas aquí en su mínima expresión? Y encima el punto álgido se basa en un recurso muy usado allí: envenenamiento.

En el primer año Mike molaba y daba la impresión de que trataban de unir su destino y el de Jimmy. Pero a partir del segundo se han ido separando y su parte está cada vez más diluida, de forma que sus apariciones parecen cada vez menos justificadas. De nada sirven los montajes típicos de Breaking Bad (muchos ubicados como prólogos) que resumen situaciones con un estilo visual distintivo, o sea, en plan videoclip, porque ninguno deja huella, muestran acciones muy simples adornadas con demasiado enredo (la búsqueda de un localizador en el coche se hace eterna) o canta mucho que buscan el efectismo inmediato por encima de la verosimilitud (es imposible que la droga de las zapatillas colgadas cayera en el parachoques trasero del camión… de hecho tienen que evitar el plano general para intentar disimularlo).

Con este grupo enlazo también con la obsesión por el homenaje y la referencia a Breaking Bad. Parecen esforzarse más en incluir guiños y dar cabida a personajes de aquella, por muy intrascendentes que fueran (como la secretaria), que en desarrollar tramas originales. Eso sí, hace las delicias de los seguidores que tienen tiempo para buscar hasta el detalle más insignificante, como el logo de una empresa que sale aquí y allá. A mí no me convence. La unión de dos obras en un mismo universo debe ser orgánica, no tan forzada en aspectos relevantes (recuperar personajes con sus historias terminadas) y tan rebuscada en el detalle. Por no decir que no tengo ganas de volver a ver Breaking Bad para tenerlo todo fresco y poder pillarlo todo. Lejos de la sobrevaloración delirante a la que fue sometida por la explosión mediática alcanzada en sus últimas temporadas, fue una serie terriblemente irregular y caótica, y muy basada en la sorpresa, es decir, no tiene alicientes para echarle de nuevo tantas horas habiendo tantas series nuevas (muchas muy superiores) que ver. En resumen, me gustaría que Better Call Saul fuera una producción con entidad propia, como parecía que pretendían en su primera temporada. No quiero volver atrás para recordar aspectos de personajes que habían acabado su recorrido, ni me parece lógico tener que poner tanto esfuerzo en la atención al detalle cuando precisamente la perspectiva global se ha perdido.

Otro de los puntos fuertes de Better Call Saul sigue presente, pero no en tan buena forma como antes. La labor de fotografía y dirección ofrece un acabado cinematográfico de primer orden… Pero se ve cierto acomodamiento, no hay escenas que quiten la respiración, e incluso se puede señalar que el tempo narrativo tan pausado se va convirtiendo en contraproducente, que requería un poco más de vidilla, porque sin contenido real la obra resultante va pasando de contenida pero fascinante a lenta y aburrida.

A estas alturas me parece más que claro que, a pesar de que la notable primera temporada parecía apuntar bastante alto, Vince Gilligan y Peter Gould se equivocaron con el planteamiento inicial, y más cuando es de esperar que la cadena les exigiría al menos cuatro o cinco temporadas si iban teniendo éxito. Han elegido una premisa muy básica y limitada y encima con la mitad del argumento ya conocido, y se están ahogando ahí. Desde un principio deberían haber puesto a Jimmy en otro escenario más elaborado y versátil (qué obsesión con mantenerlo dando vueltas en círculos en la abogacía), con más personajes y tramas latentes que permitieran temporadas con arcos largos más consistentes y entretenidos, de forma que el postergar la evolución hacia Saul Goodman se disimulara mejor. Tanto mencionar su pasado de timador, ¿por qué no haberse planteado esta etapa con él metido en alguna o varias estafas de largo recorrido? Quizá no sorprendiera, pero desde luego hubiera sido mejor que repetir con el intento de ser abogado, la más que previsible caída, y el proceso de levantarse otra vez mediante los mismos recursos (los ancianos y los anuncios). Y por supuesto, no debería tener una presencia tan grande la sección del narcotráfico, que a todas luces es irrelevante en la trayectoria de Jimmy, al menos en este punto. Quizá haya suerte y en la próxima temporada se unan las dos líneas, pero teniendo en cuenta que una está muy gastada y a la otra no le consiguen sacar sustancia, no sé yo sí podrán traer algo novedoso. Si quieren darle unos años más de vida necesita un cambio total de rumbo, algo difícil porque romper con el espíritu original a estas alturas puede ser incluso peor si no se hace muy bien.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.