HOMELAND – TEMPORADA 7

Showtime | 2018
Suspense, drama | 12 ep. de 47-62 min.
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Lesli Linka Glatter, Howard Gordon, Claire Danes, varios.
Intérpretes: Claire Danes, Mandy Patinkin, Elizabeth Marvel, Linus Roache, Maury Starling, Morgan Spector, Dylan Baker, Beau Bridges, James D’Arcy, Catherine Curtin, Sandrine Holt, Costa Ronin, Amy Hargreaves.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante las tramas del año.–

Nos quedamos en jugoso e inquietante punto y aparte en la temporada anterior con el endurecimiento de la política de la presidenta Elizabeth Keane tras sobrevivir al intento de golpe de estado de sus propias fuerzas de seguridad. Carrie vio rápido el emergente totalitarismo de su otrora amiga y desde entonces vive con el dolor de ver su patria desgajada desde dentro. Pero sin trabajo y acogida por su hermana, todo lo que puede hacer es tragarse su resquemor. Saul sin embargo parece resignado, o pasando del tema, viendo que no hay mucho que hacer. Pero en el primer intento de limar asperezas la presidenta, presionada por su consejero David Wellington, promete empezar a liberar a presos políticos y darle a Saul el puesto asesor de la seguridad nacional. Su primera misión será dar caza al último disidente fugado, el locutor de radio Brett O’Keefe, pero la cosa no pinta nada bien, porque los paletos sureños están muy agitados y él lo exprime incitando una posible rebelión ciudadana. Otro de los principales artífices de esta situación, el general que lideró el atentado, McClendon, está entre rejas, pero Keane no tiene descanso tanto por el envite constante de O’Keefe por el lado mediático como el del senador Sam Paley por el político y legal. Y la cosa se complica cuando el general muere en extrañas circunstancias…

La intriga política empieza, como suele ser habitual en Homeland, con unos primeros capítulos más que pausados lentos, pero lo cierto es que aquí lo son bastante y cuesta perdonarlo porque las tramas ya estaban bien asentadas y venían con carrerilla, ergo no había la necesidad de pararse a exponer con detenimiento una historia nueva. Además, Carrie da bastantes tumbos en un drama muy visto: que si estoy loca, que si la hija, que si las peleas con la hermana… A estas alturas deberían haber buscado algo más original. El enérgico papel de Jake Weber como el locutor miserable que escupe bilis y conspiraciones cada día y la tensión con que los ultraconservadores amantes de las armas se alcen contra el gobierno es lo más llamativo del primer tercio del año. Sin embargo, me temo que el subidón gradual de esta sección no llega tan alto como se esperaba, porque prometía un episodio de acción espectacular de los que dejan todo patas arriba como venía siendo habitual en las temporadas previas, pero es un poco decepcionante al no ofrecer una gran batalla y dejar luego a O’Keefe muy de lado a pesar de su relevancia.

De todas formas, la lectura crítica que se expone no se puede pasar por alto, porque en estos dos últimos años de sutil tiene bien poco. Homeland siempre ha sido una producción dada a mostrar las malas artes del gobierno de Estados Unidos y que trataba de ofrecer una visión compleja y verosímil del panorama político de todo el mundo (desde el punto de vista del terrorismo y el espionaje), pero no se notaba tanto en sus dos primeros años, más centrada en la familia, lo militar y el miedo al musulmán, así que conforme fue abriendo el objetivo fue perdiendo el beneplácito aquellos que no habían se dado cuenta de que no era tan de derechas como pensaban. Porque por lo visto muchos no se enteraron de que Brody no se había convertido en islamista radical, sino que había conocido la miseria que deja su país por el mundo y quería ponerle fin acabando con sus dirigentes, pero ya en futuras etapas, cuando ponían musulmanes buenos (¡qué osadía!) y políticos corruptos e incompetentes más evidentes, se preguntaron qué hacían viendo una serie realista y volvieron a 24 (2001), la orgía fascista protagonizada por Kiefer Sutherland.

Pero ahora, estando Homeland tan bien asentada a estas alturas, su artífices principales, Howard Gordon y Alex Gansa, no tienen miedo de poner en la mira a la población civil también. El primer objetivo me parece muy acertado, de hecho logran que resulte perturbador: describen y machacan a lo grande a los O’Keefe del mundo, esos ultraconservadores con poder (mediático principalmente) cuando no fachas que viven en una burbuja inventada por ellos mismos sin conocer los problemas reales de la gente (sobre todo de las clases bajas) y se alimentan de soltar mierda y conspiraciones contra enemigos imaginarios, o sea, contra todo el que no comulgue con su paranoia; la principal referencia de esta figura parece ser el locutor y productor de documentales conspiranoicos Alex Jones; en España su equivalente serían Jiménez Losantos o Eduardo Inda (ni los voy dignificar poniéndolos en negritas). También van a saco a por el clásico “obrero de derechas”, en EE.UU. conocidos como “rednecks”, poniéndolos de ignorantes que no entienden el mundo y violentos contra todo lo que no piense como ellos. Pero en esto último deberían haber mostrado más perspectivas, creo yo que había tiempo para dibujar un cuadro más completo que abarcara distintas visiones del conflicto, o al menos haberlo hecho con más elegancia para que no pareciera una simplona generalización del estereotipo. Es decir, aquí sí habría razones para señalar un torpe giro hacia una torpe izquierda, pero por suerte no parecen quedar espectadores reaccionarios viéndola y pasa como lo que es, un fallo menor en un loable intento de mostrar cosas complejas.

Después de este punto de inflexión nos vamos a otra historia que puede parecer un poco metida de golpe inicialmente, pero no tarda en coger carrerilla y enganchar. Cabe destacar que el escenario planteado resulta tan plausible que Homeland de nuevo acierta de lleno prediciendo historias reales de la política mundial. La injerencia rusa (en concreto en EE.UU.), tanto mediante espías como sobre todo a través de las redes sociales, es un tanto turbadora como espejo de la realidad, pues la campaña de Hillary y Trump y la presidencia de este se han visto salpicadas de escándalos parecidos. En principio los productores tenían pensado otro arco distinto para las temporadas siete y ocho, pero la inesperada llegada de Trump al poder les pareció más relevante y lo tuvieron en cuenta en la presente.

Como trama de espionaje e intrigas políticas recuperamos pronto un nivel más acorde al estándar en la serie, con numerosos giros imprevisibles e infinidad de retos para Carrie, Saul y Keane. Tras volver Carrie al juego con una escena estupenda, esa en que vence a un hacker pervertido y vuelve a sentirse viva, recuperamos a la gran espía y todo parece unirse de nuevo y encaminarse a explotar a fondo la trama global. Pero me temo que vuelven a llevar a la protagonista hacia un dramón de cuidado, otra disputa por la dichosa niña y la cansina enfermedad. Sí, está bien escrito y como drama funciona, pero hay que ponerse en situación: a estas alturas está bastante agotado, tenían que haberlo cerrado hace tiempo. Por suerte, parece que todo apunta a ello en un tramo final bien trabajado y bastante emotivo, aunque entenderé que a alguno se le haga largo esperando el colofón de la historia principal.

Otra mejora posible es que se echa de menos algún agente secundario con más peso, pues sólo cabría mencionar a Thomas Anson (James D’Arcy), y está muy lejos de llegar al nivel de Peter Quinn. Tampoco termina de entusiasmar el nuevo amigo/amante de Carrie, Dante Allen (Morgan Spector), cuyas acciones requerían unas motivaciones más contundentes para resultar creíbles. También cabe decir que Max sigue resultando muy interesante, pero tras tanto tiempo no han ahondando casi nada en él; al menos está bien acompañado por otros secundarios nuevos interesantes, la analista y el joven hacker. Por el lado de la presidenta el resultado es mejor: David Wellington y el senador Paley tienen mucho peso en la trama y son unos personajes estupendos muy bien interpretados por Linus Roache (visto en Vikingos) y Dylan Baker (secundario en incontables series, como The Good Wife). De hecho, sus problemas y los conflictos políticos entre ellos acaban siendo más interesantes que el esperado desenlace…

Después de tanto prometer, los guionistas han fallado un poco también en los clímax principales; nada desastroso, pero Homeland nos tenía acostumbrados a un gran nivel y la cosa va algo justa. La ansiada visita Rusia resulta poco aprovechada y las escenas de tensión y acción son más artificiales que efectivas. El asalto a la casa segura donde se esconde la espía, los duelos entre embajadores y asesores de seguridad y el lío en la embajada (atención a los mediocres efectos especiales de la subida por la fachada) están lejos de alcanzar el listón de otros años. Y me temo que como epílogo tenemos dos giros forzados malogrados, uno con la presidenta, que no tiene razón de ser, y otro con Carrie donde se desanda lo andado con sus crisis emocionales y no promete nada bueno.

No sé qué deparará la octava y última temporada, porque casi todo está muy cerrado y será una historia nueva. Lo que sí deseo, viendo la irregularidad de esta etapa, es que se pongan las pilas y nos regalen un gran cierre.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2014)
Temporada 5 (2015)
Temporada 6 (2017)

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THE DEFENDERS

Netflix | 2017
Superhéroes | 8 ep. de 44-57 min.
Productores ejecutivos: Douglas Petrie, Marco Ramirez, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Krysten Ritter, Mike Colter, Finn Jones, Jessica Henwick, Scott Glenn, Sigourne Weaver, Rosario Dawson, Elden Henson, Deborah Ann Woll, Racherl Taylor, Simone Missick, Wai Ching Ho, Yutaka Takeuchi, Ramón Rodríguez, Elodie Young.
Valoración:

La miniserie ha sido llevada acabo por Douglas Petrie y Marco Ramírez, quienes tomaron las riendas de Daredevil en la segunda temporada, aunque como en las otras series, ha habido infinidad de productores y guionistas implicados. Y me temo que el bajón visto en su entrada se ha ido extendiendo también a los demás personajes, consolodidándose, por desgracia, la decepción de esta saga después de tanto prometer en sus inicios.

Lo mejor es que no se ha concebido como un evento espectacular pero ajeno, sino como una extensión de la historia de cada personaje. Además, con tan pocos episodios prometía ir al grano, y más cuando se ve que no fuerzan llegar a casi sesenta minutos en cada uno como en las largas temporadas de cada héroe por separado. En cuanto aparece cada uno de ellos estamos inmersos en su viaje y maduración, y cuando se juntan todos se enriquece el conjunto con sus disputas y la necesidad de unirse a pesar de las diferencias. Hay algunas situaciones y diálogos que apuntan maneras en el conflicto personal, además con buenas dosis de humor; la cena en el restaurante donde se refugian es la mar de movidita, por ejemplo. Luke debe aprender que las palabras bonitas no solucionan nada y a veces hay que dar un paso al frente. Matt ha de encontrar razones por las que vivir, aunque implique romper la promesa de arriesgar su vida y las de sus seres queridos por un bien mayor. Danny Rand debe madurar y asumir que en su lucha puede contar con aliados. Y Jessica Jones tiene que aprender a implicarse en algo de una vez por todas.

Pero hablo de un nivel correcto, nada que vaya cimentando una historia inteligente y atractiva y unos personajes de gran complejidad como debe tener una serie de primera división, como hubiéramos querido en el colofón de una saga tan esperada, aunque claro, con la caída gradual de calidad de la misma ya íbamos bastante avisados. Una vez en faena se ve que tiene tan poco que contar que va perdiendo fuelle rápidamente, para llegar a un tramo final muy decepcionante y aburrido.

El principal problema es que la premisa es enormemente previsible y los autores no parecen esforzarse por ocultarlo, van hacia adelante con desgana. A pesar de los amenos primeros contactos, la consumación de la unión de los superhéroes no podía ser más fácil, no encontramos ni una escena con profundidad o sorpresas que convierta lo inevitable en algo interesatne. La trama en que se sumergen es insustancial, pues la Mano ha resultado ser lo que prometía: palabrería y sensacionalismo pero nada tangible, nada inquietante. Un grupo de chalados con poder, un poder que no se ve de dónde ha salido ni cómo se mantiene, porque nunca llega a vislumbrarse un entramado criminal y una conspiración verosímil, y cuando aparecen juntos los cinco líderes uno se pregunta cómo semejantes personajillos han durado tanto, pues cada uno actúa como le da la gana, atacando de frente a los enemigos, disputándose con sus compañeros migajas… Tanto prometer, tanto anunciar (incluso tirando del renombre de Sigourne Weaver), y todo ha quedado en nada. Sólo Madame Gao fue algo intrigante en algún momento, pero ha perdido toda autenticidad y garra.

En un limbo anodino quedan Stick y Elektra. Él es otra vez el mentor críptico que no suelta prenda; nada tiene que aportar hasta que los guionistas deciden que el personaje ha de hablar por fin… y luego tarda demasiado en cerrar la boca. Con Elektra es peor. Que si es mala, que si es buena, que si es un arma definitiva… Y lo único que vemos es a la insulsa Elodie Yung entrar en pantalla para soltar tres hostias y desaparecer hasta el siguiente episodio sin una razón concreta. Las decisiones que toma al final no se entienden, pero es que tampoco importan.

La aparición de los secundarios de cada héroe es anecdótica, por cumplir con ellos y ya está. Sólo Colleen Wing y Claire aportan algo, y no demasiado: Claire, como la única madura del grupo, suelta algún cliché sobre la unión y la responsabilidad, y Colleen tiene el esperable enfrentamiento contra Bakuto metido con calzador. El resto, aparcados en la comisaría como protección. Bueno, no todos. Los Meachum por alguna razón no aparecen. ¿Se quedaron sin dinero para más actores?

A estas alturas no sé si la confrontación de la Mano con los héroes era todavía esperada por algunos o una carga que quitarse de encima en espera de alguna historia más original y emocionante. Lo que está claro es que no recupera el interés ni ofrece un buen cierre. Sólo encontramos peleas cada dos por tres para rellenar hasta la batalla final, la mayor parte sin una justificación clara, sin giros que aporten algo digno a la trama, y con un sentido del espectáculo tirando a cutre. La intriga de la naturaleza y el propósito de la Mano es tan artificial, en plan Perdidos, que termina molestando. Dos temporadas (la segunda de Daredevil, la primera de Iron Fist) y otros tantos capítulos aquí mareando la perdiz con sus motivaciones ocultas, sus orígenes místicos, los artefactos mágicos supuestamente misteriosos, y el agujero de las narices. Al final, ninguna respuesta convincente, ninguna gran sorpresa. Que son malos porque sí, la búsqueda de la vida eterna, poderes que no se explican (¡lo hizo un mago!)… Para rematar, la forma de abrir por fin la pared mágica del fondo del agujero mágico para acceder al secreto mágico es de un ridículo que espanta.

El otro gran problema es el otro elemento crucial, la puesta en escena. Lo único que cuidaban en las otras series, tras despreocuparse de las coreografías trabajadas que tan bien resultaron en la primera etapa de Daredevil, era la fotografía. Pero aquí hasta eso abandonan, apoyándose en una cámara en mano muy facilona, dando la sensación de que no se planifican las escenas, simplemente se ruedan y ya se apañarán en la sala de postproducción. Las coreografías brillan por su ausencia, los golpes se ven muy falsos, y el montaje es tan malo que hay infinidad de cortes de plano mal dados que afean la escena y la hacen difícilmente comprensible a la par que poco espectacular. Lo peor es que cuanto más importante es la pelea menos empeño parecen poner, como si llegara la fecha del estreno y tuvieran que ir cada vez con más prisas. El esperadísimo enfrentamiento entre superhéroes y villanos, aparte de ser en un soso aparcamiento subterráneo, es una chapuza asombrosa. La mitad de las veces no sabes qué está pasando, quién golpea, quién recibe…

Y todo esto nos lleva a un despropósito de batalla final. Desde el guion es un despiporre, con la horda de peleles atacando en orden, disparando las armas de fuego sólo al que es inmune a ellas, Luke Cage, y usando armas blancas y puños contra los demás, los supervillanos apareciendo solo de vez en cuando para lanzar a los protagonistas por el aire en vez de asestarles un golpe real, y giros ridículos como el sacrificio de uno de los superhéroes por… por… no hay motivos, es un cliché del género con el que se han empeñado en cumplir, igual que el penoso epílogo donde reaparece vivo sin más. En lo visual el desastre es épico. Golpes al aire, filigranas absurdas, un caos total donde no sabes quién es quién, y acabamos con un momento de vergüenza ajena suprema con los peleles atacando al ascensor como hormiguitas descerebradas cuando es evidente que han perdido.

Quizá con un cierre digno podría haber salido algo mejor, porque lo cierto es que hasta entonces es un entretenimiento aceptable si vas sin exigencias, pero acaba tan mal que te quitan las ganas de seguir con la saga, y eso que ya veníamos escarmentados: la mayor parte de los que hemos pasado de Luke Cage ha sido por estar al día para poder seguir viendo Daredevil y Jessica Jones

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
-> The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 (2018)
Daredevil – temporada 3 (2018)
Iron Fist – temporada 2 (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

IRON FIST – TEMPORADA 1


Netflix | 2017
Superhéroes | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Scott Buck, varios.
Intérpretes: Finn Jones, Jessica Henwick, Jessica Stroup, Tom Pelphrey, David Wenham, Wai Ching Ho, Rosario Dawson, Ramón Rodríguez, Carrie-Anne Moss, Sacha Dhawan.
Valoración:

Iron Fist no empieza mal, pero entiendo que no calara en sus inicios, pues se espera una de superhéroes y tenemos un drama de ricos peleándose por su empresa. Yo le di el beneficio de la duda. Primero hay que presentar de dónde viene el protagonista, su entorno. Luego su nacimiento como héroe. Y finalmente abordar alguna confrontación iniciática.

El primer paso se iba dando aceptablemente bien. Todos los personajes me han interesado desde sus primeras escenas con un dibujo correcto que promete ir a más. Los nuevos acontecimientos les hacen replantearse las cosas, viéndose en seguida una evolución, las relaciones entre ellos son jugosas, se maneja bien la doble moral, los intereses propios y los conflictos internos, y los actores secundarios son la mar de competentes.

Los herederos del imperio Rand/Meachum tras la muerte de sus padres y la desaparición del joven Danny Rand son los hermanos Joy y Ward Meachum, quienes manejan la empresa con determinación y pocos baches. Jessica Stroup resulta una actriz muy eficaz, y Tom Pelhrey, quien deslumbró en Banshee (2013), está estupendo, sobre todo cuando se tuercen las cosas. Esto sucede cuando reaparece Danny Rand (Finn Jones) reclamando lo que es suyo. Descubrimos entonces que Harold Meachum fingió su muerte y controla la empresa desde las sombras a través de Ward. David Wenham (dado a conocer como Faramir en El Señor de los Anillos: Las dos torres -2002-) exprime de maravilla un personaje con muchas luces y sombras, que no sabes si es villano o un pelele. En cambio, el eslabón más débil es el protagonista. Finn Jones (empezó a hacerse notar en Juego de tronos -2011-) anda algo justo de registro y carisma cuando ha de verse su cara heroica, y aunque en el tramo inicial da el pego lo justo como joven inmaduro que tropieza incontables veces mientras va aprendiendo, está claro que hacía falta alguien con más talento para atrapar con mayor fuerza.

En su faceta de héroe pronto conocemos a Colleen Wing, una joven que enseña artes marciales. Jessica Henwick, vista en Juego de tronos (2011) como una de las guerrilleras hijas de Oberyn Martell, tiene el encanto y el buen hacer que le falta a Jones, y menos mal que lo acompaña en muchas aventuras levantando el nivel. También nos encontraremos con la omnipresente Claire Temple (Rosario Dawson), que ha de lidiar con la inmadurez de Danny y el romance de adolescente que se trae con Wing. Por suerte, este último no es lastimero, y la relación entre los tres es bastante amena.

Como villanos no tenemos gran cosa. Seguimos con la siniestra Madame Gao (Wai Ching Ho), pero cuanto más la vemos más sensacionalista parece, un enemigo de folletín al que le irán dando o quitando poderes y protagonismo según improvisen las tramas. Así funciona también la organización misteriosa a la que pertenece, la Mano. Esta era un sin dios ya desde su presentación en la segunda de Daredevil. Es una entidad sin rostro, sin definición concreta más allá de una vulgar “son el mal en sí mismo y buscan destrucción” ¿De verdad a estas alturas, tras titanes como Fisk y el Kilgrave, esperan que esto impresione? Con el amago con el tipo que parece querer desligarse de la banda, Bakuto, se humaniza brevemente a un enemigo muy mal planteado, pero no llega a funcionar porque era un engaño breve y además el casting ha estado muy desatinado, pues Ramón Rodríguez ofrece un papel sin capacidad para conmover en sus discursos manipuladores o causar pavor cuando demuestra su verdadera cara. Harold Meachum termina resultando mejor villano, con su humanidad y ambigüedad y la conexión más directa con los protagonistas. Eso sí, en los últimos capítulos no saben muy bien qué hacer con él, el jaleo de las peleas con la Mano lo eclipsa un poco.

El problema principal, y es muy grave, es que la serie no madura, cuando ha de llegar el nacimiento del héroe y la confrontación se ahoga en una vulgaridad infantil que va perdiendo más y más fuelle conforme avanza. El material que hay valía para una temporada de seis u ocho episodio, y si alguno no tenía para llegar a los cincuenta minutos, pues así se tendría que quedar. Pero por el formato exigido han de tenerlos todos rozando los sesenta minutos y rellenar así trece eternos capítulos. No puedo evitar pensar que las carencias que arrastra la temporada quizá no habrían cantado o molestado tanto si no se hubiera estirado todo hasta quedar en casi nada. Ante este panorama, es normal que lo que empezó contagiando poco entusiasmo a los espectadores haya decepcionado tanto. Eso sí, no entiendo que por el otro lado Luke Cage tuviera una recepción tan superior. Sin duda Iron Fist se queda muy corta, pero aquella naufraga a lo grande.

Danny no se presentaba mal, pero con ese alargamiento de las tramas, sus dilemas y dudas acaban haciéndose pesados, dando la sensación que el personaje tan inmaduro y bobo que les queda no es el que buscaban. La cosa empeora porque el trasfondo de su historia tiene tantas vaguedades como el de los rivales de la Mano. El rollo místico y la supuesta relevancia de los monjes no cala lo más mínimo, de hecho hacia el final se torna cargante, con el cansino Bakuto y el monje que aparece como compañero de Rand, Davos, un tipo idiota y pesado y muy mal interpretado por Sacha Dhawan.

Con el poco interés despertado por las dos facciones, la confrontación tiene todas las de no funcionar… Y así sucede. Los guionistas se atascan en un bucle, incapaces de ir más allá de un par de encontronazos por capítulo malamente justificados (sin emoción en la lucha ni un espectáculo gratificante), poco avance real pero sí alguna dosis de intriga barata para que sigas enganchado, y un conato de romance y maduración sin la profundidad suficiente como para interesar lo más mínimo. Los pocos momentos clave (primer enfrentamiento con Gao, los líos con Bakuto, la indecisión de Wing, Bakuto desenmascarándose, los enfrentamientos finales) no aportan nada sustancioso, son más batallas de artes marciales poco trabajadas que no valen para levantar una trama poco trabajada. Si es que el conflicto familiar de los Meachum sigue siendo más interesante que los líos místicos y las conspiraciones supuestamente globales y tenebrosas pero en realidad huecas y poco verosímiles.

Conforme llegamos al final el interés no se levanta ni un ápice, se ve venir de lejos que va a seguir cayendo en la monotonía y mediocridad. No disfrutamos de un desenlace épico, ni obtenemos respuestas gratificantes, ni tan siquiera hay giros o sorpresas que te engañen y te hagan acabar la temporada con un ligero buen sabor de boca. De hecho, incluso se lastra a The Defenderse, cuya trama principal se apoya por desgracia en Danny y la Mano. Eso sí, ahí explican por fin qué es la Mano… y como se suponía es puro humo.

La falta de dinero agrava todas las carencias. Después de dejarnos anonadados con el nivel de las peleas en la primera temporada de Daredevil, las prisas ahogaron la saga. Las de Iron Fist son realmente malas, unas coreografías insulsas con mucho saltito pero poco golpe creíble y una puesta en escena mediocre que convierte muchas escenas en un paripé estúpido. Aunque la fotografía sí es bastante buena, los escenarios no impresionan lo más mínimo, y los exteriores tampoco. Las pocas veces que hay alguna promesa, como el vuelo a China o conocer Kun Lun, se cae en un ridículo indescriptible. El país asiático es obviamente cualquier otro callejón de Nueva York, y el clímax que ahí se ofrece es anodino. Pero más grave es que, tras tanto hablar de Kun Lun y del entrenamiento, no tengamos ni una escena decente, ni un flashbacks que muestre el lugar y el aprendizaje de Danny como es debido. Apañan un par de escenas cutres del accidente de avión y de la montaña y un plano lejano del monasterio, pero las pantallas de fondo, los matte paintings y los decorados enanos de cartón piedra son tan penosos que mejor se lo hubieran ahorrado.

El showrunner Scott Buck salió del equipo de guionistas y productores de una obra maestra como A dos metros bajo tierra (2001), pero no pareció servirle de mucho: luego pasó por la exitosa pero infame Dexter (2006) y recientemente tuvo un buen batacazo con otra de superhéroes, Inhumans (2017). Aquí no ha dado los resultados que se esperaban, porque al parecer se esperaba algo, y ha sido despedido, pero para la segunda temporada han fichado a alguien con un currículo más inquietante: Raven Metzner, aparte de alguna serie intrascendente, fue el guionista de aquella aberración de adaptación de Elektra (Rob Bowman, 2005, con Jennifer Garner de protagonista) y uno de los principales en el equipo de Falling Skies (2011), otro truño de cuidado. Viendo la deriva de esta saga y la escasísima calidad de la unión de todos los héroes en la miniserie The Defenders, yo creo que esto ya no hay quien lo remonte. Sólo queda esperar que Daredevil y Jessica Jones aguanten el tipo y dignifiquen un poco el género en televisión.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
-> Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 (2018)
Daredevil – temporada 3 (2018)
Iron Fist – temporada 2 (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

LUKE CAGE – TEMPORADA 1


Netflix | 2016
Superhéroes | 13 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Cheo Hodari Coker, varios.
Intérpretes: Mike Colter, Simone Missik, Rosario Dawson, Alfre Woodard, Mahershala Ali, Ron Cephas Jones, Frank Whaley, Theo Rossi, Erik LaRay Harvey, Karen Pittman, Parisa Fitz-Henley, Frankie Faison.
Valoración:

Aunque la lista de productores y guionistas es larga, como creador de la tercera entrega de la saga The Defenders ha sido elegido Cheo Hodari Coker, productor y escritor secundario en unas pocas series: Southland (2009), NCIS Los Ángeles (2009), Almost Human (2013) y Ray Donovan (2013). Viendo el resultado, o el proyecto le ha venido grande, o en Marvel Television, ABC Studios y Netflix han metido demasiada prisa y no ha dado tiempo a cuajar un buen material.

Los primeros episodios eran un poco lentos y repetitivos pero apuntaban maneras, dejaban entrever esfuerzo por buscar una personalidad propia para la serie y por dar forma al entorno del héroe antes de meterlo en faena. El barrio de Harlem se vive como si estuvieras ahí, con su historia, sus habitantes, sus peculiaridades, sus problemas y esperanzas. Quizá bebe demasiado de los clichés del género sin actualizarse debidamente, porque parece que estamos en la época en que nació el cómic, en los setenta, y no en la actualidad, pero como punto de partida funciona, y de todas formas, el tema racial sigue en boga. Por otro lado, la pareja de detectives Misty y Scarfe casi parece tener su serie propia, pero es muy interesante y prometedora: el carisma de los actores Simone Missick y Frank Whaley garantiza una gran química, y aunque los diálogos no son brillantes enganchan bastante con su dinámica.

Pero de lentitud pasamos a estancamiento, ni el argumento ni la calidad crecen. Se desarrolla una trama insustancial mediante unos personajes apenas correctos en el lado de los buenos y pésimos hasta parecer imposible hacerlo tan mal en el de los malos. Hoy en día esperamos que las obras de superhéroes dejen atrás los estereotipos y ofrezcan historias más complejas y originales, pero aquí nos traen una premisa muy limitada combinada con un thriller policíaco del montón, todo saturado de clichés rancios.

El principal problema es que quienes se presentan como los villanos aburren un montón, quedan a años luz de los memorables Kilgrave (Jessica Jones) y Wilson Fisk (Daredevil), dejando obviamente la sensación de que la saga ha dado enormes pasos atrás. El dueño de un pub (Cornell Stokes, alias Cottonmouth) y una política local (Mariah Dillard) del tres al cuarto no suponen un reto al nivel del héroe, ni de la saga, ni, como decía, de lo que espera el espectador a estas alturas en el género. El poco empeño que ponen en el dibujo de estos hunde rápidamente una serie que no empezaba deslumbrando pero tampoco vaticinaba tal descalabro. Sí, Cottonmouth tiene un flashback que supuestamente ahonda en su psique, pero roza el ridículo cosa mala: muchos minutos para exponer un simple concepto, que no quiere ser un amo del crimen, y todo para que no aporte nada tangible a su desarrollo, porque ahí está el tipo metido en el mundo del crimen pero sin que se sepa si ha sido empujado a ello o si le ha cogido el gustillo; es decir, ninguna de sus motivaciones y decisiones tiene una razón clara de ser, existe sólo porque ha de haber un gángster para cumplir con los preceptos del género. La política es nada más y nada menos que su hermana, pero no parece importarle a los medios y a ley, porque no se ve que ostente ningún cargo relevante ni tenga un proyecto concreto para la ciudad, el barrio o donde se suponga que trabaje. Eso sí, cada vez que hace algo chungo y la ley se acerca a ella, entonces sí resulta ser alguien importante e intocable.

Esa es la tónica: tenemos mucho postureo y sentencia supuestamente épica, pero estos dos archienemigos (palabra que uso con retintín) y sus secuaces no causan pavor alguno, no sabemos hasta dónde llegan sus garras, ni si quiera qué pretenden. Sólo los vemos soltando su verborrea y al extra de turno que tumbará Luke en la pelea de turno del capítulo, pero ninguna acción criminal llamativa, ninguna conspiración interesante. Mahershala Ali y Alfre Woodard me parecen buenos actores, pero es evidente que no están cómodos en unos roles tan limitados. Así, no hay quien se crea a ninguno de los dos personajillos ni a sus seguidores más llamativos (como el desaprovechado Theo Rossi -el de las gafas de sol-), y pronto resultan cargantes hasta desear que dejen de aparecer, pero copan escenas y escenas y más escenas.

Luke Cage prometía ya en Jessica Jones, y aunque mantiene cierto atractivo, conforme avanza el año se va observando que se sostiene principalmente por el buen hacer de Mike Colter, porque el personaje no se mueve hacia ninguna parte. Mucha cháchara existencialista y ética, muchas intenciones de actuar sin violencia, de encarrillar a su gente y hacer del barrio algo mejor, y al final todo son tortas, no se desarrolla ninguna trama que profundice en esos temas y Luke no aprende ni se cuestiona nada, está todo el día enfurruñado en la misma pose. La historia de su nacimiento como héroe y su vida anterior está metida con calzador y no tiene pegada alguna (al capítulo siguiente ya está todo olvidado), y las secuelas que pudiera tener se mencionan pero no se ven: habla de un gran amor (Reva) cuya pérdida no ha superado, pero está todo el día folleteando como adolescente despreocupado.

Su relación con Claire (Rosario Dawson), la enferma que está en todas las series, es más interesante, y Misty mantiene su simpatía a lo largo del año, pero no son suficientes para salvar el tedio que se va adueñando del relato. Y todo ello a pesar de que llega por fin un enemigo que se anuncia del nivel de Luke, o al menos con armas que pueden ponerlo en apuros. Se llama Diamondback… pero es prácticamente lo único que sabemos de él, se queda en un soy malo porque sí de lo más insípido. Erik LaRay Harvey lo remata con una interpretación pasadísima de rosca.

Todo se ve agravado por la apariencia de falta de dinero y prisas. En los primeros años de Daredevil y Jessica Jones disimularon bien la falta de escenarios llamativos con una puesta en escena muy cuidada y mucho movimiento en las tramas. Sí, rodaban en callejones poco espectaculares y unos interiores un tanto parcos, pero había historias y situaciones diversas y atractivas, así que no dio tiempo a que parecieran series baratas. Ya se sabe, el ingenio y la calidad eclipsan la falta de recursos. Pero en Luke Cage e Iron Fist parece que han contado con menos presupuesto o que las prisas por escribir y rodar para un estreno forzado han impedido a sus autores lograr una serie mejor y con mejor aspecto. Harto he acabado de la redundancia de conversaciones y acciones en la monótona barbería y el cansino pub, en ese cuchitril de comisaría, en cuatro calles anodinas, y también de las peleas sin alma, solo tiros y puñetazos sin buscar en ningún momento una escenificación más elaborada. Da la impresión de que en Marvel Television, ABC Studios y Netflix han pensando que el principal publico es adolescente y no tienen el nivel de exigencia de los espectadores de por ejemplo The Crown, y que las temporadas iniciales de Daredevil y Jessica Jones fueron magia salida de unos autores muy inspirados, porque el resto de la saga va cuesta abajo y sin frenos.

Al llegar al octavo episodio tiré la toalla y aparqué la temporada. Tuve que retomarla poco a poco hace pocas semanas, obligado porque quería ver The Defenders y la segunda de Jessica Jones. El endeble guion queda a partir de entonces totalmente deshilachado, la historia es bien simplona y carece de garra y verosimilitud, estando ahogada en un bucle. El dibujo de personajes cada vez se presenta más desganado y con algunos giros ridículos, como el agente traidor. Cada capítulo ha sido una agonía, acabando el año en la pura vergüenza ajena. ¿Cómo se puede hacer algo tan malo hoy en día, cómo pueden apuntar tan bajo cuando tanto se esperaba de esta saga? Lo alucinante es que se ha llevado mejores críticas que Iron Fist, cuando esa al menos ha sido entretenida y tiene más personajes medio interesantes. Son tantas las paridas, estupideces, agujeros, soluciones absurdas… que impera la sensación de que han cogido los guiones de una serie cutre de los años sesenta, rompiendo en mil pedazos aquella ilusión del resurgir de los superhéroes en la era dorada de la televisión. Enumero algunas de las cuestiones que más me molestaron en los últimos episodios, pero claro, son muchas más, es la penosa escritura global y el flojo acabado visual lo que convierte a Luke Cage en un desastre difícilmente perdonable.

Alerta de spoilers: Comento el tramo final a fondo.–

-Capítulo 108. ¿En serio el francotirador no podía disparar más veces en el primer ataque? ¿Y no podía haber ido un poco más deprisilla en el segundo? Luego se le encasquilla el arma y decide irse en vez de tratar de arreglarla mientras Luke sigue débil y tirado en el suelo tras quedar claro que los golpes ahora le afectan. Nooo, que hay que dejar escapar al bueno. Y luego se entretiene decidiendo si matar a Misty o no, sabiendo que si se demora llegarán refuerzos. Lo mismo ocurre más tarde: el malo se va del edificio en vez de tratar de rematar ahí a Luke. Este es igual de idiota, pues lanza a su enemigo por ahí en vez de partirle la cabeza de un puñetazo. Y el camión… anda que no estaba claro lo que iba a pasar. Por cierto, gazapo evidente con la distancia cambiante respecto a la acera.
-109. Se me hizo horrendo y larguísimo. El villano es de coña, ahí cargándose a todos… a no sabemos quién ni por qué, pero que salga matando otros malos implica que es el villano jefe, todo niño de ocho años lo sabe.
-109 ó 110. Lamentable el experimento improvisado con Luke, no podía ser más chapucero y cutre. Y ahora Reva es mala, después de dos temporadas como una santa; otro giro de folletín barato.
-110. Lamentable que los malos se pongan a disparar ante cien testigos y luego supongan que lo arreglarán todo intimidando a la gente.
-111. ¿Pero a qué espera Luke Cage para noquear a los cinco o seis malos y salir andando a dar explicaciones? ¿Por qué no hace más que buscar refugio escondiéndose improvisadamente, cuando sabemos que puede atravesar paredes? Vergonzoso el cliché de que el teléfono falla justo en el momento clave. Al final por supuesto el matón secundario nº3 llega justo a tiempo para sacar al jefe malo por un túnel.
-112. Nadie va con él en el furgón para pegarle un tiro si intenta soltarse. Y seguimos haciendo que el malo sea malo poniéndolo ahogando a uno de los suyos sin razón.
-113. El último ya lo vi a cachos para no soportar epílogos cansinos. Nada ocurre, no se materializa ninguna evolución llamativa en los personajes, hacen lo que llevaban toda la temporada haciendo. Y por supuesto quedan cosas (villanos) en el aire para seguir exprimiendo lo insalvable.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
-> Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 (2018)
Daredevil – temporada 3 (2018)
Iron Fist – temporada 2 (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

BLACK MIRROR – TEMPORADA 3

Netflix | 2016
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 52-90 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Alice Eve, Cherry Jones, James Norton, Wyatt Russell, Alex Lawther, Jerome Flynn, Gugu Mbatha-Raw, Mackenzie Davis, Sarah Snook, Kelly Macdonald, Faye Marsay, Benedict Wong.
Valoración:

A finales de 2015, Netflix se hizo con los derechos para producir nuevos capítulos de Black Mirror que tenía previamente la productora independiente Endemol Shine UK. Pero no quedó ahí la cosa, porque el canal que la emitía hasta entonces, Channel 4, también perdió pocos meses después la puja por los derechos de emisión. Eso sí, Netflix soltó la nada desdeñable cifra de 40 millones de dólares en esto último. No encuentro cuánto en lo primero ni cuál fue el presupuesto de la temporada, pero está claro que barata no ha salido la jugada, aunque viendo su éxito probablemente haya merecido la pena.

Desde el primer capítulo se nota el aumento de dinero, se ve que han intentado darle a la serie más categoría contratando a algunos directores bastante o muy conocidos y dejándoles algo de libertad creativa y un buen monto con el que imaginar los distintos futuros. Así, la estética (dirección, diseño artístico, fotografía) y la música (donde también fichan a varios talentos) cambian en cada episodio mucho más que antes y encontramos exteriores y escenarios más numerosos y mejor trabajados.

Lo que no hace Charlie Brooker es contratar guionistas que traigan nuevas ideas (no cuento los que han terminado bocetos suyos), amplificando el problema de las primeras temporadas: la irregularidad se hace más notable, pasando de un capítulo muy inpirado y cuidado a fondo a otro hecho con cuatro trazos mal dados sobre una idea basta. Si no fuera porque los aciertos resultan deslumbrantes está claro la serie no habría llegado tan lejos, pero aun así no se puede perdonar que en temporadas tan cortas haya episodios regulares o incluso malos.

Nota: En España han dejado sin traducir unos títulos y otros los han reinventado de mala manera. Yo he preferido seguir una traducción más fiel.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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HOMELAND – TEMPORADA 6


Showtime | 2017
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Gideon Raff, Avi NirLesli Linka Glatter.
Intérpretes: Claire Danes, Rupert Friend, Mandy Patinkin, Elizabeth Marvel, Maury Sterling, F. Murray Abraham, Hill Harper, Robert Knepper, Patrick Sabongui, Jake Weber, J. Mallory McCree, Nina Hoss, Dominic Fumusa.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo presento la trama del año.–

El cambio de escenario a Europa sorprendió de varias formas en la quinta temporada. Primero, por seguir explorando distintas historias relacionadas con el terrorismo con un realismo y originalidad como se ha visto pocas veces en cine o series. Segundo, por ofrecer un thriller de espionaje clásico complejo e inteligente, algo cada vez menos común en el género. Y tercero, por jugar muy bien con historias de actualidad, tan actuales que la trama vaticinó cosas que fueron ocurriendo de forma parecida. Viendo la premisa podría decir que en esta quinta etapa hay un giro conservador, volviendo a los inicios de la serie con el terrorismo en Estados Unidos, pero los guionistas mantienen su buen hacer persiguiendo de nuevo perspectivas originales y bien trabajadas y con muchas buenas sorpresas.

Empezamos con Carrie en Nueva York en otro trabajo sobre las relaciones culturales, esta vez ayudando a ciudadanos extranjeros que tienen problemas legales y políticos. Tiene entre manos un caso en apariencia típico, un joven que está siendo acusado (y acosado) por los cuerpos de la ley de ser un potencial terrorista.

Como suele pasar, encontramos unos capítulos iniciales sosegados, necesarios para asentar los cimientos de una buena historia, pero que pueden poner al límite la paciencia de algunos espectadores. Pesa un poco la apariencia de irrelevancia en las secciones principales, la Peter Quinn, la del chico y el trabajo de Carrie, pero como es habitual también, todo empieza a cobrar forma poco a poco y cuando menos te lo esperas estalla la tormenta en un giro brutal. A partir del espectacular y memorable episodio Casus Belli (605) todo lo que iba torcido acaba en un enredo en el que no se ve una salida fácil para nadie. Hay tantas ramificaciones, todas intrigantes y de futuro incierto, que no podemos apartar la mirada, y eso que este año las tramas son más cercanas e inquietantes que nunca.

Tiene lugar un atentado en la ciudad relacionado con el joven, pero Carrie sospecha que hay algo más detrás. La investigación empieza a destapar un complot que parece implicar a la CIA… Y es que la nueva presidenta, Elizabeth Keane, es un grano en el culo para los sectores más conservadores del país. En la radio, el infame Brett O’Keefe escupe insultos, mierda y bulos todos los días, pero en los altos estamentos del gobierno y la CIA se está cociendo algo más gordo. La conspiración que se abre ante nuestros ojos es espeluznante: esta vez el enemigo no se ha metido en tu casa, el enemigo es tu familia, tus amigos, tus vecinos y compañeros de trabajo.

Mantienen la apuesta por la verosimilitud, potenciando la proximidad de las tramas a temas de actualidad. Las campañas políticas saboteadas por miedo a que un candidato ajeno al sistema altere el statu quo, las agendas ocultas de políticos, la elaboración de enemigos fantasma para asustar y controlar a la población, los medios comprados y los periodistas sin ética son el pan de cada día en muchos países y destacaban especialmente en las fechas en que se estrenó la temporada, con la guerra política y mediática entre Hillary Clinton y Donald Trump. Lo cierto es que la ficticia presidenta Keane nada tiene que ver con Clinton, de hecho era opuesta en temas de intervención política y militar extranjera, ni tampoco con Trump, un titán económico metido a político ególatra, pero las historias con las que han rodeado al personaje sí resonaban mucho a realidad. Incluso podemos sacar muchos paralelismos con España, con el acoso contra Podemos desde los medios afines y desde las entrañas de un estado asustado ante quien anuncia que si llega al poder tendrá mano dura contra décadas de enquistamiento y corrupción.

Homeland nos ofrece otra temporada modélica en la trama de espionaje, valiente e inquietante en las implicaciones políticas, y muy movida en cuanto a la trayectoria de los protagonistas. Carrie, Peter y Elizabeth acaban inmersos en un berenjenal tan grotesco que ni Saul se lo puede creer, y quizá cuando lo haga sea tarde. Hay tramos que quitan la respiración, como el tiroteo con Peter en casa de Carrie, o el posterior en la cabaña, Max metiéndose en la sede secreta de manipulación mediática, las tendencias de Dar Adal, los envites del asqueroso de O’Keefe…

Pero también hay algún punto mejorable, aparte de la poca garra inicial. No convence el exagerado dramón en el que empezamos con Quinn, un personaje muy querido al que torturan demasiado y por momentos parecía que no sabían cómo mantener, pero también hay que decir que se olvida bastante a partir del tiroteo con una nueva y emocionante trayectoria. Otro dramón habitual es el de Carrie con su enfermedad y los líos con la niña. Se ve que como la serie empezó con gran parte de drama familiar se esfuerzan por mantenerlo, pero año tras año la recaída de turno de Carrie supone un pequeño lastre. Aquí se juega con que por sus problemas podría perder la custodia, lo cual no resulta muy atractivo hasta que uno de esos implicados en el complot amenaza con interceder en su contra si no deja de meter las narices donde no la llaman, pero claro, esto también tiene el problema de ser un recurso muy típico que no despierta mucho interés.

Por otro lado, nos encontramos con una nueva ventaja, pues los guionistas enfrentaron esta temporada sabiendo que tenían la serie renovada para otras dos más. Así, se han podido permitir una historia que continuará: la polémica presidencia de Elizabeth Keane todavía tiene mucho que dar de sí, las convicciones y lealtades de Carrie, Saul y Dar Adal han quedado muy trastocadas, y no sabemos dónde pueden acabar emocional y laboralmente.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BLACK MIRROR – ESPECIAL: BLANCA NAVIDAD

Channel 4 | 2014
Black Mirror Special: White Christmas
Drama, ciencia-ficción | 63 min.
Guion: Charlie Brooker.
Dirección: Carl Tibbetts.
Intérpretes: Jon Hamm, Rafe Spall, Oona Chaplin, Natalia Tena, Rasmus Hardiker, Janet Montgomery.
Valoración:

Cuando creíamos que en 2014 no íbamos a tener tercera temporada de Black Mirror, a finales de año llegó inesperadamente un capítulo especial que en realidad contiene hasta cuatro historias entrelazadas. Parece que había algún conflicto entre su creador y guionista Charlie Brooker y el canal que la emitía, Channel 4 o con la pequeña productora de la serie, Endemol Shine UK, o una incomprensible pasividad por parte de los directivos de una o ambas, pero el caso es que estaban dejando en el limbo una de sus series más populares e influyentes. La pasividad del canal se mantuvo durante el año siguiente, hasta el punto de que todos asumíamos la cancelación, pero por suerte la adquirió Netflix, tanto para producir como para emitir nuevas temporadas. Decidieron entonces colocar este episodio en la segunda temporada, para no tenerlo por ahí suelto.

En la primera de ellas vemos a un joven tímido (Rasmus Hardiker) utilizar un enlace audiovisual con el que está conectado con una especie de entrenador de ligues que trabaja desde su despacho (Jon Hamm). Es una idea muy lógica en cuanto a la evolución de las aplicaciones y páginas de contactos, pero como esto es Black Mirror veremos la parte más turbia del asunto, tanto los problemas inherentes a la tecnología como los más esperables, el abuso desde el lado humano (atención a los cabrones que lo observan para entretenerse). El tipo acaba inmerso en una pesadilla de cuidado, muy completa y muy bien escrita, más teniendo en cuenta su corta duración. No tiene ni una fisura en cuanto a verosimilitud y sí un gran detallismo y diálogos muy certeros. Además, rematándose con la naturalidad que desprenden Natalia Tena (el ligue) y Hardiker, resulta terriblemente cercana y un presagio funesto.

A continuación vemos otra versión del tema de los implantes, esta vez con una copia de tu personalidad que, introducida en tu mente y conectada a tu hogar, se convierte en tu ayudante personal más eficaz. Eso sí, para lograr la cooperación de tu clon digital hay que doblegarlo primero en un cruel proceso, realizado este también por el personaje de Hamm. Cabría pensar que el futuro son las inteligencias artificiales más que esto (ya hay aplicaciones del estilo, como Alexa), pero consiguen que te creas la situación desde el principio y sufras con la chica un montón. Lo único mejorable es que la protagonista del segmento, Oona Chaplin, no logra un papel tan desgarrador como el rol necesita.

En la siguiente, en realidad presentada desde el principio y latente desde entonces, asistimos a un thriller policíaco de realidades virtuales donde el investigador (de nuevo Hamm) juega con la mente del sospechoso (Rafe Spall) en un interrogatorio que, dado el mundo virtual, permite alterar la percepción del tiempo y otros espeluznantes recursos para doblegarte y conseguir cooperación o información. El final esta sección es escalofriante.

Íntimamente relacionada con ella está el caso investigado, donde asistimos a un drama también muy cercano con el que se conecta rápidamente y en el que, como se espera, la tecnología trae un inquietante giro. Brooker estima que cuando llevemos las redes sociales con nosotros a través de implantes en el cerebro la censura se convertirá en un asunto con sombrías implicaciones. Una mujer (Janet Montgomery) bloquea a su novio (Spall) en vez de terminar la relación como es debido, de forma que ella aparece en la visión de aquel como un borrón. Al no tener un cierre emocional como se merece, el tipo se obsesiona, y un trágico suceso le pone las cosas más difíciles. La espiral de acontecimientos lo lleva a otro infierno muy duro de ver.

Los dos actores que repiten entre historias están fantásticos. Hamm está en su salsa, interpretando, como en Mad Men (2007), a un empresario sin escrúpulos. Spall (Prometheus -2012-, El ritual -2018-) encarna a un individuo normal cuya vida se le escapa de las manos, y es capaz de mostrar con gran intensidad su dolor y frustración. El director Carl Tibbetts mantiene el pulso del episodio muy bien, sin amilanarse ante la dificultad del mismo debido a los cambios de tono y escenario. Los puntuales clímax los construye muy bien, y logra que no se pierda el interés al ir sentando las bases de la siguiente aventura.

Pero por supuesto, el fuerte es el guion de Charlie Brooker. La complejidad, profundidad y veracidad de todas las historias, y sobre todo su imaginación para vislumbrar tantas opciones de un futuro inmediato, forman el mejor capítulo de la serie hasta la fecha (contando también la tercera y cuarta temporadas). Atrapa de principio a fin sin que podamos apartar la mirada, sorprendiéndonos innumerables veces con sus inteligentes e inesperados giros, enganchándonos a través de personajes muy humanos sumergidos en aventuras de enorme originalidad y calado. Es emocionante y asombrosa como pocas obras en los últimos años, y deja muchas ideas sobre las que reflexionar, la mayor parte desagradables, tal es el repertorio de retorcidos augurios con el que nos atormenta Brooker.