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EL MANDALORIANO – 108 – REDENCIÓN


108 – Redemption
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Taika Waititi.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano y sus compañeros se enfrentan a los imperiales.

Resumen:
Acorralados Mando, Greef y Cara por los imperiales, buscan desesperadamente una salida por las alcantarillas, pero sólo logran hacerlo con la llegada del robot IG pegando tiros y cuidando de Yoda. En la huida, este termina sacrificándose para salvarlos, y Mando lucha contra el líder imperial Moff Gideon. El grupo logra salir airoso, pero el imperial también sobrevive.

Notas:
-Gazapo: la armadura del pecho de Moff Gideon invierte los colores de los círculos de un plano a otro justo antes de empezar el flasback, sin duda debido a que han espejado la imagen para que mire para donde venía mejor.
-Bajo la máscara de uno de los soldados en moto está Jason Sudeikis, un actor y cómico bastante famoso: Saturday Night Live, El último hombre en la Tierra; el otro es Adam Pally, no tan conocido pero tampoco un don nadie.

Comentario:
Alerta de spoilers: Describo bastantes aspectos relevantes del final, pero es todo tan facilón y previsible que no hay sorpresa alguna. —

He llegado al término de la temporada con una desgana total. Viendo que las escasas pero prometedoras virtudes del primer episodio se desvanecieron pronto y la serie descarriló, no iba a importar mucho si a estas alturas recupera momentáneamente las formas. Y además, no lo hace.

La batalla final sigue ahogada en la narrativa simple y saturada de tópicos y momentos forzados. Los primeros son tantos que el relato aburre, se ve venir todo de lejos sin que se note en ningún instante una pizca de esfuerzo por aportar algún giro que le otorgue nueva savia. Las situaciones, acciones y conclusiones tan medidos añaden más laste a la sensación de previsibilidad, y esta vez además también generan incongruencias enormes. El universo La guerra de las galaxias, el presupuesto desorbitado y el toque western de nuevo quedan desaprovechadísimos.

El imperativo del robot es proteger al crío… y se mete en zona de guerra con él en una mochila en vez de largarse con la nave de Mando o esconderse en otra parte del planeta. En el poblado se enfrentan a por lo menos un centenar de soldados sin pestañear, en el río de lava una decena son considerados un obstáculo insalvable, todo para forzar el sacrificio de turno. Cara no es capaz de levantar a Mando y cargar con él, para que así tengamos el momento de redención con el robot… y luego sí carga con él como si nada.

Los tiempos tan estudiados para unir a los personajes y lanzar la acción son muy evidentes y chapuceros. El malo se pone a hablar en vez de sacar el arma grande de una vez, los buenos se lamentan en vez de buscar salidas desde el primer momento; luego el montaje del arma se estira para, ahora sí, dar tiempo a que busquen escapatorias; los soldados imperiales que llevan a Yoda se paran para hacer tiempo a que las demás líneas estén maduras para la entrada en acción del robot; etc. Para colmo, hacemos un larga pausa para tratar de dar forma al villano a última hora mediante un flashback que lo une con la historia de Mando. Este es bastante cargante, una repetición a cámara lenta de lo ya visto para que finalmente no aporte nada que no se intuyera ya a la vida de Mando y no le confiera al villano la necesaria aura de tipo peligroso. Con tanta espera y un desarrollo tan encorsetado, la tensión nunca llega a hacer acto de presencia, y sí lo hace el aburrimiento y la decepción.

Las peleas, cuando por fin llegan, son completamente inverosímiles. Los personajes se meten en un círculo de incontables soldados a pegar tiros, a sabiendas de que cada disparo es un enemigo caído mientras los malos no dan ni una o se acercan con armas de fuego a gente medio desarmada para que puedan incapacitarlos a tortas. Aunque no están mal rodadas, con ello se impide que resulten un espectáculo grato, amén de que es desperdiciar el talento de Taika Waititi, el director de Thor: Ragnarok. La escena de Mando subiéndose en el caza es la única que aporta algo novedoso, y dentro de la fantasía ante la que estamos, su exageración es más que aceptable.

El desenlace se ve venir de lejos en todos sus aspectos, incluso que el villano por supuesto sobrevive en un plano final con musiquita chunga y los secundarios deciden quedarse o irse a otro lado para que el mandaloriano continúe su periplo en soledad, o sea, para que todo vuelva al statu quo.

Aparte, hay otras muchas cosas que no me convencen. Greef ahora es un amigo simpático, menudo comodín de personaje. La relación entre Cara y Mando era interesante, pero podía dar más de sí: no me creo nada que lo deje herido, cuánto daño hace el obligar a que ciertas escenas sucedan. La conversación de los soldados en moto tiene momentos graciosos, como el pique de disparar y no atinar una, pero se extiende hasta resultar ridícula y cargante. La religión mandaloriana, con tonterías como sacrificarse para recoger unas cuantas armaduras de fallecidos y no quitarse el casco ni en caso de extrema necesidad, no resulta nada creíble.

Pero después de todo, pesar de sus notables carencias El mandaloriano ha enganchado a un montón de seguidores y se ha llevado bastantes buenas críticas, así que extenderán la agonía y espérate tú que no apliquen el mismo listón tan bajo a las siguientes series…

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EL MANDALORIANO – 107 – AJUSTE DE CUENTAS

107 – The Reckoning
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Deborah Chow.
Valoración:

Sinopsis:
Mando decide plantar cara para salvar a su joven compañero y terminar con la persecución a la que están sometidos.

Resumen:
Greef Karga ofrece a Mando una acción conjunta contra el imperial que domina el pueblo donde vivían, pues si se unen contra él volvería a reinar la paz y tendrían libertad para seguir sus vidas. Mando acepta aun sabiendo las dificultades y traiciones que pueden presentarse. Forma un equipo con Cara Dune, Kuiig, y el robot que destruyó y este último ha arreglado y reprogramado. En los problemas que surgen por el camino se destapa la intención de Greef de traicionarlo, pero la situación, incluyendo al bebé-Yoda usando sus poderes para ayudar, fuerza aún más la idea de unirse contra el imperial. La batalla es cruenta y parece tornarse insalvable cuando aparece un alto rango imperial con muchas tropas.

Comentario:
Otro episodio algo más movidito y emocionante que los anteriores, pero tampoco como para echar cohetes. Todo se ve venir, no hay giros sorprendentes y sí demasiado facilones o forzados (que conveniente el ataque de los pájaros). Ni muertes ni peligros impresionan como debieran, porque todo se desarrolla de forma lineal, desde la formación del grupo (cada personaje pasa por un cutre no voy pero al final sí voy), las traiciones planeadas y cambios de opinión inesperados (que cargante es Greef Karga), la pelea de turno, el clímax final de apariencia insalvable… ¿Debe impresionarme el alto rango imperial del final? ¡Si no ha sido presentado debidamente!

Y otra vez Mando queda como un idiota de cuidado. ¿De dónde ha salido su fama? Hasta ahora hemos visto a un tipo poco inteligente que sobrevive de chiripa. Estamos ante otra aventura en que se mete de cabeza en todo embrollo sin pensar ni planear lo más mínimo. Al menos en la otra incursión a la guarida del villano hizo algo más elaborado, despistando a algunos soldados, atacando a otros con armas serias (¿qué fue de su rifle?)… Aunque viendo a los otros cazarrecompensas que acompañan a los protagonistas y contando también a los de los capítulos anteriores, parece que el retraso mental va con el gremio.

Tiene algunos buenos momentos, como la reprogramación del robot, las intervenciones de bebé-Yoda (por fin hace algo), la camaradería entre Mando y Cara y Kuiil, el diálogo con los soldados vigilantes… Pero no son suficientes para quitarse el halo previsible, la impresión de los autores apuntan muy bajo teniendo recursos y un universo con gran potencial. Lo vi con más desgana que pasión y no deja motivos para revisionarlo.

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EL MANDALORIANO – 106 – EL PRISIONERO

106 – The Prisoner
Guion: Christopher L. Yost, Rick Famuyiwa.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
Mando acepta un trabajo de un viejo conocido, el asalto a una nave prisión.

Resumen:
El asalto a una nave prisión es un encargo de un viejo amigo, pero el líder de la misión, el matón y el piloto son nuevos, Mando sólo conoce a la joven alocada Xi’An, que no parece muy de fiar. Pero al final ninguno del grupo es respetable, pues le tienden una trampa a Mando de la que se salva por los pelos.

Notas:
-Los tres pilotos que aparecen al final son cameos de los directores de la serie, Rick Famuyiwa, Dave Filoni y Deborah Chow.
-El humano de la nave prisión está interpretado por Matt Lander, quien pone la voz a Anakin Skywalker en videojuegos y series animadas.

Comentario:
Siguiendo la estela del western, hoy tenemos el clásico asalto a un tren o diligencia.

La mejora respecto a episodios precedentes es sustancial… pero todavía arrastra esa narrativa simplista que echa por tierra un potencial mucho mayor. La historia fluye con más naturalidad, sin atascarse en escenarios y transiciones tontorrones, sino sabiendo que estos están muy vistos y yendo al grano, buscando ritmo y un toque propio. Nada resulta deslumbrante, pero da lo justo para un entretenimiento sin pretensiones y tiene buenos momentos, sobre todo en cuanto a humor gamberro.

El problema está en que los personajes secundarios resultan lo justo de simpáticos y es imposible no pensar en que con un dibujo más trabajado, menos infantil, el capítulo habría mejorado mucho. La banda de atracadores de nuevo cumple con todos los tópicos de un serial televisivo de poca calidad: el bruto idiota, la loca impredecible, el jefe chulito pero incompetente…

Es una pena que así también desperdician a buenos actores. El amigo, Mark Boone Junior (Hijos de la anarquía, 2008), la chica, Natalia Tena (Harry Potter -2007-, Juego de tronos, 2008), Clancy Brown (Carnivàle, 2003) como el bruto, y en menor medida el cómico Bill Burr (aunque también aparece en un puñado de series y películas) como el líder, podían haber dado bastante más de sí.

También hay algunas partes fallidas. Volvemos a tener esos giros convenientes, forzados: en una escena los robots son un problema, pues los disparos no les hacen mucho, sólo para que Mando tenga su momento de lucimiento; en la siguiente caen como moscas al primer tiro. No entiendo que el robot vea en bebé-Yoda un peligro y el pequeño piense lo mismo del otro, es una secuencia de tensión bastante artificial.

Las escenas de lucha cuerpo a cuerpo están mejor rodadas que en los episodios precedentes y el dinero luce bastante esta vez. La estación espacial, el hangar y la nave prisión son dignas de una superproducción de cine. Y la banda sonora es buena, efectiva en la atmósfra de tensión y pegadiza en general.

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EL MANDALORIANO – 105 – EL PISTOLERO


105 – The Gunslinger
Guion: Dave Filoni, Jon Favreau.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Mando llega a Tatooine para hacer reparaciones en la nave, y como necesita dinero acepta el primer trabajo que encuentra.

Resumen:
Un cazarrecompensas persigue la nave de Mando a tiros. Aunque se libra, acaba necesitando reparaciones en el planeta donde ha conseguido aterrizar, Tatooine. Así que acepta un trabajo complicado con un novato como acompañante. Este al final lo traiciona, pero se lleva su merecido.

Comentario:
Apuntar tan bajo significa que, de cometer algunos fallos, descarrilarás por completo. El quinto episodio de El mandaloriano es lamentable, un desastre que termina de tirar por tierra cualquier esperanza en una serie que se presupone no sólo de primera división, sino una de la que se esperaba una ambición en calidad y acabado capaces de dejar huella.

De nuevo tenemos un relato enormemente predecible y dirigido. Todo resulta demasiado facilón y conveniente, los guionistas pasan con desgana por infinidad de clichés de seriales ochenteros de estilo western (cada vez más lejos queda el codearse con el cine clásico del género) y se aferran a las soluciones menos trabajadas, sea por vagancia o por incompetencia. Tenemos al protagonista que no puede rechazar un encargo en apariencia difícil porque necesita dinero rápido, y por lo mismo debe aceptar un compañero novato y medio idiota. La relación escupe todos los tópicos: el rechazo inicial, los conflictos, las lecciones, la maduración, y la decisión final. En lo último es lo único donde medio sorprenden, pues tiran por el giro oscuro, la traición, pero luego en la solución del problema el mandalorniano ni suda, y en consecuencia el espectador no se inquieta por su porvenir. El camino trae las etapas más vistas también en su mínima expresión: los encuentros con los indígenas y con el granjero o equivalente amable que ayuda (aquí encarnado por la mecánica, que no deja de ser otra versión de Kuiil), las pausas para desarrollar la relación entre protagonistas, y la pelea final en el desierto.

Hay no pocos instantes verdaderamente molestos por lo poco que se los han trabajado o por lo que han forzado la situación para que resulte como desean. Los diálogos son flojos, pero en la escena final donde la bandida convierte al cazarrecompensas provocan vergüenza ajena; la casualidad de que este tenga el dinero justo para que Mando pueda pagar las reparaciones es insultante; que la mecánica sea tan maja y le dé tanto margen en un pueblo lleno de gentuza no hay quien se lo crea; los inconvenientes son siempre evitados sin sufrimiento alguno: se quedan sin moto, pero les han puesto una montura a mano; cuántos tiros resiste la nave de Mando y qué rápido explota la de su enemigo; etc, etc. También se arrastran fallos anteriores: la nave tiene buen armamento, así que en la aventura previa demostró ser bien tonto por no usarlo contra el campamento enemigo y el AT.

En cuanto a la saga, hay también incontables referencias, hasta el punto de que saturan. Si la historia fuera buena quizá fluirían con mayor naturalidad, no cobrarían tanto protagonismo, pero al no contar nada llamativo parece que te están intentanto engañar con nostalgia, tratando de que pongas el esfuerzo en buscar detalles y así no veas los fallos. Y por extensión, cada vez más parece que el bebé-Yoda es un puto anuncio con patas.

En el acabado se le empiezan a ver muchas costuras, como si pusieran también menos cuidado. Las pantallas de fondo se hacen evidentes en muchísimas escenas, y eso que se supone que están usando la tecnología más avanzada en este campo (algo como esto, usado también en las películas). Por ello, los desiertos que lucían espectaculares en los primeros episodios aquí parecen muy falsos.

Y para rematar, el casting es nefasto. Ha cogido a una actriz conocida, Ming-Na Wen (Urgencias -1994-, Agentes de SHIELD -2013-), para hacer casi de extra. Para el principal secundario han seleccionado a un don nadie sin nivel alguno: a Jake Cannavale da lástima verlo, y encima tienen la desfachatez de presentarlo como a Han Solo, con las patas en lo alto de la mesa. Y la mecánica, aunque resulte algo simpática, termina molestando, porque Amy Sedaris está muy sobreactuada.

La premisa tan poco original, el desarrollo vulgar, los diálogos y situaciones simples tirando a estúpidos y unos actores irritantes consiguen que a pesar de durar sólo treinta minutos se haga eterno.

Pero aun así, el episodio ha vuelto a entusiasmar a muchísima gente, e incluso hay fans deseando que David Filoni y Jon Favreau tomen las riendas creativas de toda la saga La guerra de las galaxias, aduciendo que la trilogía protagonizada por Kylo y Rey es un desastre (y todo ello sin ver la última entrega, claro está, porque este es el nivel). Si los productores escuchan a las redes estaremos apañados.

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EL MANDALORIANO – 104 – REFUGIO


104 – Sanctuary
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Bryce Dallas Howard.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano busca refugio en planetas poco habitados.

Resumen:
Mando encuentra un planeta poco habitado donde cree que puede esconderse con el crío durante un tiempo. Allí se topa una con mercenaria conocida. Deciden ayudar a un poblado de granjeros contra unos bandidos y pedir cobijo a cambio. Estos cuentan con un AT, un caminante imperial, con lo que la batalla es complicada. Además, piensan que el jaleo armado atraerá miradas, y Mando opta por irse y dejar a la criatura al cuidado de los aldeanos. Pero entonces llega un cazarrecompensas, no tras él, sino tras el bebé, y tienen que huir juntos.

Comentario:
El mandaloriano, o Mando, como lo llaman algunos, acaba sirviendo de mercenario en un poblado inofensivo e indefenso que es atacado por bandidos de vez en cuando. Se podría decir que la premisa está en la onda del cine del oeste con que se iniciaba la serie… pero el resultado final es más propio de un serial anticuado, tipo El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983) o Kung Fu (Ed Spielman, Herman Miller, 1972). La comparación con la primera ya la hice en el episodio anterior, y es que no hay mucha mejora respecto a él.

Los clichés de este tipo de aventuras se empalman en fila india sin poner esfuerzo en aportar novedades, giros sorprendentes, detalles enriquecedores… El pueblo de gente inocente, el pseudo romance con una granjera, la hija de esta supuestamente simpática, los villanos deshumanizados, la pelea donde los héroes insuflan coraje a los aldeanos… Todo es una retahíla de tópicos simplones y aburridos.

El rol de Gina Carano, Cara Dune, no impresiona lo más mínimo, no tiene un dibujo llamativo ni una conexión electrizante con Mando, cosas que sí cumplía Kuiil. También hay algún momento en que el bebé Yoda parece demasiado un anuncio de muñecos, aunque otras muchas veces es entrañable.

Otra vez Mando parece gilipollas perdido, pero esta vez sus acompañantes también. ¿Por qué no usa la nave contra los enemigos? Me cuesta creer que no tenga armas ni poder de fuego como para acabar con el AT de un golpe. De todas formas, viendo cómo tumban bandidos a puñados entre Mando y su amiga, no necesitaban más ayuda. Lo único sustancioso es también muy facilón. Las reflexiones sobre la vida que lleva, la tentación de abandonar y conectar con la gente, no sorprenden ni emocionan nada.

En lo visual sí es algo más llamativo, pues el escenario natural es muy vistoso y los decorados bastante detallados. Pero la pelea final, a pesar de la expectación levantada con el AT imperial, es de lo más rutinaria. De nuevo cabe decir que tanto dinero invertido daba para mucho más. La actriz Bryce Dallas Howard debuta en la dirección de una producción de primer nivel (ha rodado unos cuantos cortos) cumpliendo con lo justo.

El capítulo se sigue aferrando a una narrativa de mínimos, y a estas alturas está claro que es lo poco que tiene que ofrecer la serie. Aparte de previsible, es demasiado forzado, dirigido, tirando a tedioso, y bastante decepcionante.

La aparición final de un cazarrecompensas deja algunas cuestiones en el aire. Los localizadores de objetivos, ¿cómo funcionan? Al principio pensaba que tenían información sobre su última posición conocida, pero cada vez más parecen seguir a la víctima cual gps, y no se explica cómo puede hacerlo sin que nadie le haya colocado un rastreador antes. Al menos sí responden a una pregunta que me estaba haciendo: sí, el mandaloriano come de vez en cuando y se quita el casco para ello.

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EL MANDALORIANO – 103 – EL PECADO


103 – The Sin
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Deborah Chow.
Valoración:

Sinopsis:
¿Se arrepentirá el mandaloriano de entregar a su última captura?

Resumen:
Mando entrega a la cría y se gana su gran recompensa de acero beskar con el que hacerse una flamante armadura nueva y quedar bien entre sus compañeros. Pero pronto se arrepiente y vuelve a la guarida del hampa con intenciones de luchar y rescatarla. Los soldados imperiales son numerosos, pero sale airoso… Hasta que se pone precio a su cabeza y todos los cazarrecompensas de la zona lo rodean en la aldea. Pero entonces llegan sus compatriotas mandalorianos para salvarlo, y puede huir con el bebé.

Comentario:
Alerta de spoilers: Os recuerdo que los análisis suelen tener muchos datos reveladores. —

El mandaloriano va perdiendo fuelle a marchas forzadas. Si el anterior episodio era simplón pero simpático y sobre todo muy vistoso gracias al portento de la puesta en escena, este no llega ni a esos mínimos. La simpleza cae en el rango de la estupidez más de la cuenta, y el acabado deja bastante que desear.

La línea de acontecimientos se veía venir de lejos, y los autores no hacen esfuerzo alguno por tratar de aportar alguna novedad, algún giro inesperado o al menos poner mayor cuidado al detalle. Todo resulta tan predecible y dirigido que aburre, y hay algunos clichés tan viejos y cutres que me he llevado las manos a la cabeza en varias ocasiones.

El breve duelo de marcar el territorio con un mandaloriano abusón es ridículo, parece que estamos viendo alguna de las series infantiles y no algo con mayor ambición. Además, esta cultura en vez de ganar complejidad e interés va pareciendo cada vez menos trabajada y más artificial, inverosímil. Las dudas sobre si entregar al bebé siguen el camino más fácil, y el desencadenante en el cambio de decisión (la bola de la palanca con la que quería jugar el crío) es rematadamente obvio. Pero aún caen más bajo con el tópico del personaje secundario, Greef Karga, salvado en el último momento por la protección “inesperada” en el pecho, lo que le permitirá volver en próximos episodios, algo digno de un serial de los años setenta y ochenta, en plan El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983). Y el protagonista vuelve a demostrar que inteligencia poca a pesar de su fama: se va de la guarida del hampa sin asegurarse de que ha eliminado a todos y comprobar si alguno ha dado señal de alarma; como es obvio, en cuanto sale ponen precio sobre su cabeza. Por cierto, los cazarrecompensas saben quién es el nuevo objetivo sólo con ver una luz parpadeante en el localizador; al menos podía tener una pantallita, que dinero para diseñar cacharritos hay de sobra.

En la esperada pelea no hay nada que rescatar, todo es disparar, pegar y esconderse sin la creación de una atmósfera impactante y que genere sin inquietud por el porvenir de los personajes, sin soluciones ingeniosas que aporten algo de sustancia y emoción. Lo único que va cambiando son las armas que usa el protagonista, y es algo muy gratuito y forzado. Va fuertemente armado pero se arriesga a varias luchas cuerpo a cuerpo, todo para vacilar de sus armas y recursos. Es descarado como meten con calzador la situación en que debe disparar las balas múltiples y que buscan blancos, algo que estaba claro que ocurriría en algún momento en cuanto las presentan, añadiendo otro momento predecible tonto a la lista. Entre eso y la falta de contenido real, parece que estamos viendo la partida de un videojuego de tiros sin guion, no un relato coherente y atractivo.

La estima que tenía en Jon Favreau como guionista empieza a tambalearse… Pero las buenas impresiones en el nivel de producción también se resquebrajan. La dirección, fotografía y montaje no están el nivel de los anteriores episodios ni de una serie con semejante presupuesto. La narrativa es caótica y torpe, no se ve ni entiende casi nada, los golpes resultan falsos, la credibilidad de cada escenario es escasa, y ese tono de videojuego va tomando protagonismo hasta que en el clímax final acabas viendo figuritas digitales volando y disparando sin ton ni son. La música, que defendí en los inicios de la serie ante las críticas, patina bastante en las escenas de acción, resultando ruidosa y sin implicación suficiente con las imágenes.

He de recalcar la situación en que nos encontramos. He pasado de alabar su sentido del espectáculo, el talento tras la cámara, el amor por el cine (las cosas bien hechas, referencias cultas en cantidad), a hablar de un acabado infantil y con un tono de videojuego de poca monta. Lo más triste es que la directora del episodio, Deborah Chow, ha sido elegida para encabezar la producción de la serie de Obi Wan Kenobi…

Todo navega peligrosamente hacia el ridículo de tal forma que no puedo entender el entusiasmo de muchos espectadores. Si este va a ser el nivel de exigencia, los productores no se esforzarán por levantar el listón en próximas series.

PD: ¿Por qué el mandaloriano volador del final le hace un saludo militar al protagonista?

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EL MANDALORIANO – 102 – EL NIÑO


102 – The Child
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano es ahora el perseguido por otros cazarrecompensas, y además se topa con problemas provocados por unos jawas.

Resumen:
La decisión de no entregar la cría al androide parece poner precio sobre la cabeza del mandaloriano: en el desierto enfrenta una banda de cazarrecompensas. Para colmo, su nave ha sido despiezada por una tropa de jawas, y en el intento de asaltar su fortaleza móvil sale escaldado. Kuiil se ofrece de nuevo para ayudarlo, negociando con estos chatarreros, pero el precio que demandan es caro: el delicioso huevo de una criatura muy peligrosa.

Mejores frases:
-¡Utini!

-¡El huevo, el huevo!

Comentario:
Tengo que volver a hablar de expectativas, pero esta vez cambiando el objetivo, porque en el primer episodio le había dado el beneficio de la duda y criticado a los fans impacientes, pero ahora pienso que Disney tenía que haber gestionado mejor la publicidad de El mandaloriano, haber dejado claro que era una serie en formato corto, propio de comedias (25-30 minutos), y con un estilo muy ligero y sencillo. Anunciar una producción con actores reales con más de cien millones de presupuesto a todos nos hizo pensar en una serie normal, de 45-60 minutos, y de gran ambición, pues forma parte de una saga muy dada a la épica espacial o space opera. Los tráileres y comunicados de prensa no dejaban entrever nada de su estilo, y tanto por el presupuesto y acabado como por el ingenio que se ve en el guion en momentos puntuales es imposible no pensar en que podían haber ofrecido algo más llamativo, así que empiezo a ponerme de parte de los espectadores decepcionados y confusos. Si Disney espera ganarse la fidelidad (ganas de revisionarla y por tanto seguir pagando mes tras mes) de sus clientes fans de La guerra de las galaxias apuntando tan bajo…

Sin créditos, este segundo capítulo se queda en 27 minutos, y en lo argumental no aporta nada sustancioso, es una aventurilla secundaria con pocos momentos recordables, esto es, intrascendente, salvada únicamente por su vistoso acabado. Y teniendo la temporada tan solo ocho entregas, los rellenos tan poco llamativos pesan demasiado.

Además, se le ven algunas costuras. El mandaloriano queda como un atontado e inexperto yendo de frente sin planear nada en dos ocasiones. Primero, ante el tanque de los jawas, donde salta a la vista que su desventaja es insalvable, que debería haberse encaramado con sigilo y analizado sus opciones. Luego, ante la criatura en la cueva, donde no muestra prudencia alguna, ni tantea un curso de acción, ni emplea recursos inteligentes. Además, parece demasiado conveniente y previsible que falle estrepitosamente con el “rinoceronte” y tenga que ser salvado.

Se podría pensar nos están presentado a un patán con más valentía que raciocinio, pero es que resulta demasiado estúpido en contraste con el episodio anterior, y canta a la vista que son justificaciones para las escenas de acción. También hay situaciones anodinas que dan ganas de saltarse, como el acto final dedicado a arreglar la nave, tan anticlimático y facilón que te hace terminar el visionado con un bajón.

Para aportar más confusión y sensación de que juegan con el espectador tanto en esta serie como con lo que se ve en los avances del Episodio IX – El ascenso de Skywalker, tenemos los personajes resucitados. Parece que ya nadie se queda muerto, que cualquiera puede reaparecer en cualquier momento. Exprimir el factor nostalgia se pone por encima del respeto al espectador y la coherencia narrativa. Además, el misterio con el niño es muy artificial. Esperemos que justifiquen todo bien y el relato tome rumbos más interesantes.

Las partes buenas son llamativas, pero no suficientes para evitar la sensación de intrascendencia, e incluso entendería quien lo considerada tiempo perdido. En mi caso, en un segundo visionado no fui capaz de verlo entero a pesar de su brevedad.

El primer acto en silencio es de nuevo cine del oeste del bueno, destacando el genial plano del asaltante reflejado en el caso del protagonista. El ataque a la fortaleza móvil de los jawas será muy forzado, pero en lo visual resulta espectacular, no sé qué es maqueta y qué ordenador, la combinación de técnicas es impecable, el realismo total.

Vuelve a verse también amor por el cine. La referencia a Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989), con el tanque intentando aplastar al protagonista contra las rocas, está bien hilada, y hay un plano al final en la nave muy del estilo de Centauros del desierto (John Ford, 1956), con los personajes en un marco a contraluz y el atardecer del desierto al fondo.

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