Archivo de la categoría: El mandaloriano

EL LIBRO DE BOBA FETT – 107 – EN NOMBRE DEL HONOR

In the Name of Honor
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Robert Rodríguez.
Valoración:

Sinopsis:
Boba Fett y el Mandaloriano se preparan para la batalla final contra los Pyke.

Resumen:
La batalla por el dominio de Mos Espa se desarrolla entre el grupo de Boba Fett y los Pyke. El primero cuenta con la ayuda de los jóvenes moteros, los veteranos Mando y Fennec Shand, más los refuerzos de la Ciudad Libre del marshal Cobb Vanth. Los mafiosos cuentan con sus numerosas tropas, pero además se han ganado al alcalde y a los otros sindicatos del crimen.

Pelean por las calles sin seguir ninguna una estrategia inteligente, disparando frente a frente, arrasando con todo. Aparecen Peli Motto, Grogu, y el apuntador. Y mientras tanto, Fennec ataca ella solita la base enemiga. Y ganan los protagonistas.

Análisis:
El final de temporada de El mandaloriano, perdón, de El libro de Boba Fett, está al nivel de los de aquella: fuegos artificiales salpicados de nostalgia y momentos muy convenientes apretados en un guion descuidado, caótico, lleno de idioteces y agujeros. El sentido del espectáculo y algún momento de lucimiento de los protagonistas no bastan para salvar el desastre. Voy escena a escena, pues todas cojean cuando no provocan vergüenza ajena.

Lo primero es lo chocante que resulta el atentado al bar. No se puede decir que Boba Fett sacara provecho del local de ninguna forma, es un ataque gratuito, una excusa muy forzada para lanzar la batalla final. Y esto lleva a señalar que lo cierto es que Fett y su reducida facción realmente no controlan ninguna parte concreta de la ciudad, ni edificios ni vías comerciales ni nada, es la lucha loca de un don nadie contra varios sindicatos del crimen. Normal que los mafiosos locales no quisieran pactar con él, no les ha ofrecido nada determinado, y se vayan con los más poderosos, los Pyke. Aunque realmente tampoco queda clara la posición de cada uno de ellos, son simples extras contra los que luchar.

El tráfico de la especia es el único y débil hilo conductor que hemos tenido para justificar el conflicto de Fett con los Pyke: les ha cortado el suministro, luchan por recuperarlo. Pero no se le ha dedicado el tiempo suficiente para que cale bien. Que la especia hace estragos en la sociedad, dicen… pues yo no lo he visto, ni he visto que se preocupen por ello. Ya de paso, he pensado que no hemos visto ninguna reacción del pueblo a los líos entre capos, si tienen favoritismo por uno u otro o ninguno, cuánto sufren con la tensa situación. De hecho, cabe pensar que estaban mejor antes de que llegara Boba Fett a agitar el avispero.

Pero parece que por fin se acuerdan de las gentes de Mos Espa, así que Fett y sus socios deciden quedarse en el bar para luchar contra los matones invasores y dar ejemplo. No, ellos no cuentan como matones invasores. No, después de decir que se van a hacer fuertes ahí, tampoco se quedan, sino que… ¡se dispersan por todas partes! Una cosa es enviar oteadores a zonas clave, otra dejar que todo tu músculo salga en desbandada. Y encima no se esconden. Se pasean con las vistosas motos por todas partes, el llamativo wookie Krrsantan se planta en medio de la plaza, los jabalíes que todo el mundo sabe con quién están, lo mismo.

Así que cabría pensar que una mafia tan poderosa y organizada como se supone que son los Pyke podría acabar con estos patanes en un momento sin mucho esfuerzo. Pero resulta que son igual de estúpidos. Para el primer ataque se plantan en la puerta y se lían a correr de lado a lado como patos en una galería de tiro, y para variar, su puntería es espantosa. No sorprende que Boba y Mando se los carguen a puñados, a pesar de que también son tan imbéciles como para salir de su refugio y ponerse en la línea de tiro. Ni ataques por los flancos, ni bombardear el edificio, ni francotiradores…

Cuando ya están inmersos en plena batalla, cuando han mandado fuera a sus reducidas tropas, deciden que Fennec se largue también. La idea no parece mala: atacar la base enemiga, ejecutar a sus líderes. Pero llega muy tarde: ¿de qué esperan que sirva cuando el ataque está ya en marcha? Y no tiene verosimilitud alguna: ella solita se monta el asalto sin despeinarse; tiene tiempo y todo para pararse a rescatar a los moteros inútiles que han reclutado.

Los malos al menos habían enviado al pistolero Cad Bane, el Lee Van Cleef azul, para intentar atajar el asunto antes de disparar. Este no puede dar miedo si parece un peluche achuchable y tiene voz seductora, así que le ponen ojos rojos y dientes afilados para que parezca algo chungo. Como es de esperar, no consigue su propósito, para que así podamos tener una batalla espectacular; si de verdad quisiera negociar no habría ido provocando. Y da igual todo, su presencia evidentemente es un reclamo de merchandising, está sacado de las series de animación infantiles para vender muñequitos entre los peques y tener un duelo supuestamente épico con nuestro héroe que supuestamente satisfaga a los adultos.

Al menos, esta parte ofrece el único momento rescatable del capítulo: la loca y tronchante negociación del pelota del ayudante del alcalde. Esto me lleva a comentar que esta serie está teniendo diálogos algo más ingeniosos y refinados que El mandaloriano, mientras que aquella tiene personajes principales y secundarios más carismáticos. Eso sí, en este episodio en concreto falta imaginación en los diálogos: hay demasiada tecnojerga rebuscada, sobre todo para enmascarar insultos.

Otro inciso tenemos para la llegada de Grogu. ¿Qué pinta aquí? ¿Qué se supone que aporta a la trama de cualquiera de los personajes? Nada de nada. Es otro reclamo barato.

Volviendo a la batalla, llegan los de la aldea del marshal Cobb Vanth, ahora llamada Ciudad Libre. ¡Qué enorme sorpresa en el último momento! Porque nadie se esperaba que aparecieran, ¿verdad? Este giro tan facilón se podría pasar por alto si cada bando no hiciera tanto hincapié en que vendrán o no vendrán, cuando realmente no se ha atado bien esta historia: Mando se fue de allí sin tener un sí claro, Cad Vane sin asegurarse de que su líder ha muerto y se han acojonado. Otra sorpresa lastimera que vemos en la escena post créditos es que Vanth vive. ¡Quién se iba a imaginar esto también!

Pues llegan tropas de refuerzo, y no cambia nada, porque los Pyke se multiplican y nadie se plantea ninguna estrategia que no sea dispararse frente a frente, así que todo sigue igual de lamentable. Para rematar, reaparece el wookie, ese que había sido herido de muerte, inmovilizado, derrotado… y sigue recibiendo heridas de todo tipo. Llega un momento en que no logro deducir si los guionistas no tienen sentido del ridículo o si en realidad quieren decirnos que el wookie es inmortal.

Después de haber perdido cuatro mil hombres o así, los Pyke mandan unos robots gigantes con escudos y fuertemente armados… con armas inútiles que no atraviesan paredes de barro y una puntería espantosa. Y yo no entiendo nada. Si tienen esas fuerzas, por qué no tienen naves con las que bombardearlos. Por qué no enviarlos al principio en vez de sacrificar vidas. Y lo más importante: cómo demonios esperan que unos robots tan grandes y lentos puedan perseguir a tropas huyendo por los incontables callejones… Ah, espera, que olvidaba que aquí todos son gilipollas perdidos. Los buenos se dan el piro en pelotón y en línea recta por la única avenida ancha de la zona, para que así tengamos otro rato más de batalla absurda. Y por supuesto, no tienen más idea que dedicarse a disparar constantemente a los escudos.

Entre medio tenemos endebles escenas de colegueo entre los secundarios y el reencuentro injustificado pero supuestamente entrañable de Mando y Grogu, que cómo no tiene la escena de lucimiento con la Fuerza que todos esperábamos.

El desenlace de la batalla es no menos triste. Fett se va a por el bantha, ese bicho tan grande, patoso y lento que tiene a tomar por culo en su cuartel, y al que no hemos visto entrenar ni una sola vez. Pero llega instantáneamente, y ahora resulta que ya no es el animal manso que nos decían, sino una máquina de matar. Y tras otro rato de espectáculo gratuito, vencen.

Al final, el pueblo adula a Fett y Shand por haber destruido media cuidad, pues así se ha reactivado la industria de la construcción. O eso creo que intentan contarnos los guionistas, porque Fett realmente quería dar vida al comercio y tal, pero en ningún momento se ha visto que trabaje por algo así. En cambio, el paseo de la victora resulta muy en plan El padrino: «Ahora mando yo, colmadme de regalos, arrodillaos». Así que su viaje redentor queda en un ramplón «He ganado la batalla, ya estoy bien conmigo mismo». Y peor parada sale Fennec Shand, que todavía no tiene una personalidad mínimamente definida. Pero eso sí, acabamos el episodio de su serie con Mando y Grogu dirigiéndose a una nueva aventura.

Con los imponentes decorados y efectos especiales es difícil que no quede un acabado grandilocuente, pero tenían a mano hacer algo deslumbrante, épico, incomparable a cualquier serie actual, y Robert Rodríguez vuelve a patinar con una dirección bastante ramplona. La planificación de las escenas de acción ya cojea desde el guion, y su falta de talento no ayuda. El montaje es especialmente basto en un muchos instantes, sobre todo las peleas cuerpo a cuerpo. El momento en que Fett se salva de Cad Bane con el truco de estar tirado en el suelo y de repente aparecer de pie, es penoso.

Y todavía me encuentro gente diciendo que «Jon Favreau y Dave Filoni han venido a salvar La guerra de las galaxias tras los desastres de la nueva trilogía». Cierto es que esta acabó mal con El ascenso de Skywalker, pero los dos episodios previos apuntaban muy alto tanto en el dibujo de los personajes como en la combinación de nostalgia y mirar a nuevas ideas. Pero los productores principales, Kathleen Kennedy a la cabeza, se asustaron de progresar hacia algo nuevo, y desde entonces se han empeñado en el inmovilismo y la nostalgia. Esa fallida entrega final no les valió para darse cuenta de su equivocación, y aquí andamos con Favreau y Filoni teniendo carta blanca para seguir embaucando a los fanáticos más facilones y decepcionando a los que esperamos algo de calidad e innovación.

La única esperanza que queda radica en que al haber tanta serie y película en marcha aparezcan autores con mejores ideas y más nivel a la hora de ejecutarlas.

<- 106| Del desierto llega un extraño

EL LIBRO DE BOBA FETT – 106 – DEL DESIERTO LLEGA UN EXTRAÑO

From the Desert Comes a Stranger
Guion: Dave Filoni, Jon Favreau.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Boba Fett planifica la batalla con los Pyke… pero no vemos nada de eso y nos vamos con otras historias de otros personajes de otras series.

Resumen:
Mando visita a Grogu, pero Ashoka lo convence para que no lo vea. Luke y Grogu entrentan correteando por el monte.

Los matones de los Pyke llegan a la aldea del marshal Cobb Vanth, y este acaba con ellos. Mando pide que se impliquen con la lucha de Fett aportando hombres, pero no termina de verlo claro. Un pistolero misterioso ataca al marshal como represalia, y este queda herido o muerto en el suelo.

Fett y su equipo planean la batalla final contra los Pyke.

Notas:
-Ya queda claro que «la especia» es una referencia a Dune de Frank Herbert.

Análisis:
Nuevo capítulo de El mandaloriano… No, de Ashoka Tano… no, de Luke Skywalker y Grogu… ¿Pero esto de qué va? El libro de Boba Fett ha pasado de ser una serie que apenas conseguía asentar su propio universo con unas historias muy simplonas y sin garra a una que da tumbos picando de todo un poco sin llegar a nada.

¿Que es habitual y aceptable hacer una pausa para posicionar personajes secundarios? Sí, pero si está en consonancia con lo narrado en esta historia. ¿Que resulta muy gratificante ver guiños a una saga tan querida? Sí, pero si están bien ubicados, no si todo se sustenta en la nostalgia barata. Hay momentos entrañables, para qué negarlo, pero todo desvía la atención sobre el argumento que estaba en marcha para a la hora de la verdad no ofrecer nada sustancial sobre estos personajes, nada que no se intuya sin necesidad de mostrarlo, nada que haga avanzar sus propias historias después de haberlas metido aquí con calzador.

Luke y Grogu entrenan. Claro, como ya suponíamos. ¿Ashoka? Pasa a saludar, y listo. ¿R2D2? De recadero, ¡y encima se echa una siesta y pasa de todo! El viaje de Mando, sin pies ni cabeza: «Hola, he venido con muchas ganas de veros… pero me voy, que tengo trabajo».

Por suerte, entre tanto también se encauza por fin la unión de Mando y Boba Fett. Recuperamos además a un carismático secundario de El mandaloriano, de los que ponen en evidencia la falta de buenos personajes en esta serie. El marshal Cobb Vanth (Timothy Olyphant) entra en juego conectando rápidamente con la historia principal, y la visita de Mando y el pistolero misterioso terminan de conformar unas escenas sencillas pero intensas y que ponen interés en el futuro. Eso sí, para variar, el personajillo este sale de alguna de las series de animación, y con eso lo dan por presentado.

Dave Filoni ofrece un acabado muy bien trabajado, exprimiendo al máximo los escenarios. Las escenas del planeta verde y frondoso son muy vistosas y ágiles, y la tensión en el duelo estilo western es palpable. Además, esta vez la recreación digital de Mark Hamill rejuvenecido es magistral, impecable, y eso a pesar de estar a plena luz del sol y con bastante interacción con el entorno y los personajes.

Y después de todo, lo más triste y a la vez gracioso es que al final este relleno resulta más entretenido y movidito que lo que veníamos viendo en los episodios centrados en Boba y Fennec, pues salimos de la monotonía con saltos a nuevos escenarios a través de personajes carismáticos que levantan cualquier aventura. Habrá sido tiempo perdido, pero bastante disfrutable.

<- 105| El retorno del mandaloriano 107| En el nombre del honor ->

EL LIBRO DE BOBA FETT – 105 – EL RETORNO DEL MANDALORIANO

Return of the Mandalorian
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Bryce Dallas Howard.
Valoración:

Sinopsis:
Mando sigue con su trabajo de cazarrecompensas, echando de menos a Grogu mientras intenta encontrar una nueva nave.

Resumen:
Mando sigue el rastro de miembros de su gremio, realizando los trabajillos que hagan falta para encontrar pistas. En los bajos fondos de una ciudad localiza a la forjadora y el grandullón que ya conoce de antes. Sin embargo, el encuentro no sale bien: ellos siguen a rajatabla las tendencias más fanáticas de su credo, y la presencia de Mando y su sable oscuro los pone en conflicto. Se va de allí, sintiéndose de nuevo desarraigado, echando de menos al pequeñín de Grogu. También busca una nueva nave, para lo cual recurre a Peli Motto. Esta se ha hecho con un caza de la Repúbica, y juntos intentan arreglarlo. Aprovechando que pasa por Tatooine, Fennec Shand lo recluta para servir con Boba Fett.

Análisis:
Este episodio rompe con la tónica y nos trae algo difícil de clasificar, porque no es uno de El libro de Boba Fett, sino uno de El mandaloriano. Ya de por sí, que no aparezca el protagonista a pesar de que la temporada tiene sólo siete capítulos se consideraría algo chocante, pero es que además la presencia de Mando no se relaciona con las historias aquí narradas, sino que es por completo una aventura de El mandaloriano, de hecho, ahonda tanto en sus tramas que debemos considerarlo el primer episodio de la tercera temporada.

Como entrega de El mandaloriano, se hacen patentes sus puntos débiles y fuertes, y estos hacen más visibles los más numerosos aspectos mejorables de El libro de Boba Fett.

El carisma de Mando incluso con casco es inmensamente superior al de los protagonistas de esta, y los secundarios también son más interesantes. Con ello, sus sencillas aventuras entre cazarrecompensas y criminales y otras anécdotas (el embarque con las armas, el vuelo de prueba) resultan muy simpáticas. El mayor rango de movimiento permite jugar mejor con el amplísimo universo de La guerra de las galaxias y aportar nuevos escenarios, como la espectacular ciudad anillo, aunque también cabe señalar que ahí tenemos otra absurda construcción con pasarelas al lado del vacío y sin vallas. Al tener una historia ya medio asentada permite conectar mejor con sus motivaciones y el propósito de su viaje, pues cada escena tiene un sentido más o menos claro.

Pero no todo lo que reluce es oro. La historia de los mandalorianos sigue viéndose lastrada por esa mitología construida con cuatro brochazos débiles y demasiadas fantasías excesivas, como la parida de no quitarse los cascos, que todo despenda de símbolos como la espada, o giros como ese duelo sin pies ni cabeza. Además, estaba claro que lo de dejar a Grogu con los jedi era un enredo temporal, y ya está volviendo a pensar en recuperarlo.

También pesa el exceso de nostalgia. La mitad del capítulo viene a ser una repetitiva y forzada referencia (el caza de La amenaza fanasma) con más referencias dentro (la barra que usan en el contenedor de basura en El Imperio contraataca), una premisa sin más utilidad que apelar a los sentimientos del espectador… y a su bolsillo, pues sin duda hará aumentar la venta de los Lego de la saga…

Otra mejora evidente viene del lado del acabado, pues Bryce Dallas Howard vuelve a demostrar su valía con un equilibrio formal clásico en la línea George Lucas y un tempo absorbente a pesar de que no se está contando nada de gran trascendencia o épica. El trabajo con decorados y efectos especiales también luce a lo grande en los nuevos escenarios. Esto nos saca de la monotonía de Tatooine y los episodios de factura mejorable.

La ganancia es palpable, hemos tenido un capítulo más entretenido y emocionante que los que veníamos viendo de El libro de Boba Fett. Ahora bien, de ahí ponerse como los fans a aplaudir como locos hay un trecho muy grande. Esto apenas es una gominola rancia al lado de todo lo que podrían estar contando con este rico universo y tantos recursos monetarios y humanos que han puesto.

También hay que decir que complica la narrativa de forma innecesaria. Si vas a meter el personaje de Mando aquí, hazlo con una historia conecte directamente con los eventos aquí relatados, no avanzando en su propia trama. Quien sólo esté viendo El mandaloriano se encontrará con que la tercera temporada empieza con un salto abrupto en las historias, y aquí resulta un receso fuera de lugar.

<- 104| Amenaza de tormenta 106| Del desierto llega un extraño ->

EL MANDALORIANO – 208 – EL RESCATE

The Rescue
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Peyton Reed.
Valoración:

Sinopsis:
Mando y su tropa van al rescate de Grogu asaltando el crucero imperial de Moff Gideon.

Resumen:
Mando, Fennec Shand, Bo-Katan y su amiga se abren paso a tiros, aprisa para que los Soldados Oscuros no se activen y Moff Gideon no tenga tiempo a reaccionar. En cambio Boba Fett se larga, y no se explica por qué.

Alcanzan el puente de mando y a Grogu, pero tienen que enfrentarse a Gideon y a los Soldados Oscuros. Pero un Jedi llega al rescate en el último momento.

Mando se despide de su protegido. Boba Fett sigue su camino, acompañado por Fennec Shand. Bo-Katan ha conseguido lo que quería pero ahora no lo quiere.

Análisis:
Alerta de spoilers: Destripo el episodio a fondo. —

Para el final de temporada han optado por abusar de fuegos artificiales. Sólo unos pocos brochazos sobre el universo planteado y la trama se dejan caer en una orgía de tiroteos poco trabajada y con más agujeros que giros atractivos. El ritmo trepidante a base de acción, sobrecarga de efectos especiales y música insistente, más el abuso de nostalgia en el tramo final, parecen haber extasiado a millones de espectadores que se contentan con bien poco. Pero a mí todo me ha dejado muy frío, y cuanto más analizo objetivamente el capítulo, más desastroso me parece.

Empezamos con la persecución a la lanzadera donde va el doctor que experimenta con Grogu, Pershing. Se puede suponer que habrán hecho un seguimiento al crucero y sus objetivos principales, pero no me convence, saltamos muy de sopetón de numerosos episodios de relleno intrascendente a estar en plena faena relacionada con la trama principal. En el encuentro con Bo-Katan también puedo aceptar que indagan o quedan fuera de pantalla para ahorrar tiempo en cosas innecesarias… pero entonces no me metas luego esa pelea propia de adolescentes para darle más tiempo a los personajes.

La siguiente escena es toda ella un sinsentido. Planifican de mala manera (como es habitual) el asalto al crucero, pero no queda claro si han secuestrado al doctor buscando información sobre la nave, porque lo tienen ahí mirando sus planes (menudo agujero de seguridad) pero no le preguntan nada, y de repente sale de él solito darles respuestas, como si tuviera alguna rencilla con el Impero o Moff Gideon que no se ha llegado a exponer. Y sin tener certeza sobre nada, se ponen a asaltar el crucero improvisadamente, como es costumbre de estos mercenarios supuestamente veteranos.

La entrada en la nave capital es espectacular, una combinación de los impecables efectos especiales y el único momento en que Jon Favreau se ha esforzado por narrar algo interesante y coherente. Pero en adelante se pasean por los pasillos pegando tiros y más tiros sin que parezca que tienen claro hacia donde van. Los personajes tanto como los autores de la serie, digo.

El que sí se va apenas empezando la misión es Boba Fett, sin que se expongan razones, a pesar de que dijo que no dejaría a Mando hasta tener a Grogu a salvo. Y hubiera venido bien su ayuda para acabar con los Soldados Oscuros, esos que lanzan al espacio y luego se olvidan de ellos, aun habiendo visto y sufrido su capacidad para volar. Lo dicho, vaya pandilla de incompetentes nos han mostrado a lo largo de la serie. O traducido: qué vagos son los guionistas.

En el proceso de abrirse paso a tiros no hay nada que rescatar. Los soldados imperiales caen como moscas, como siempre. Supongo que por eso las dos del equipo que no llevan armadura de beskar van al frente, escondiéndose pocas veces, mientras las que sí lo tienen van más tranquilas en la retaguardia, porque pasan de todo, sólo quieren la Espada Oscura. Alternamos también escenas de forzada tensión con los Soldados Oscuros despertándose. Hay muchas cosas oscuras aquí, pero tétrico o inquietante, nada. Cada segundo que pasa es crucial…pero todos van andando, no se han estudiado bien las rutas… Lo que sí está bien estudiado son los tiempos, cada situación está encajada por la fuerza para intentar impactar, justificar cosas, etc. Los soldados tardan en arrancar lo justo para tener antes escenas de acción varias, Mando llega justo a tiempo para que salga solo un soldado, y así sucesivamente.

No tengo nada en contra de que nos ofrezcan un grandilocuente episodio de acción. Pero eso no se ve por ninguna parte. Si el guion es paupérrimo, la dirección de Peyton Reed (el de Ant-Man -2015-, que ya dirigió La pasajera) no consigue levantar el listón. No hay virtuisismo ni parece que ganas en la puesta en escena, no hay imaginación en los escenarios ni se cuida la credibilidad. Lo único que hace el director es grabar a los actores corriendo hacia adelante con la pistola en alto (lo que en varios momentos resulta tan cutre como cómico), y ya apañarán algo con efectos sonoros y música en postproducción. Al menos el montaje no es nefasto como en el episodio de Robert Rodríguez, La tragedia. Pero es comparar con el anterior, El creyente, en manos de Rick Famuyiwa, y resulta muy decepcionante que un momento cumbre sea tan limitado, soso, mientras otro de relleno resulte espectacular. Sólo la lucha de Mando contra el soldado y luego contra Gideon tiene algo de fuerza y de tensión, pero no como para deslumbrar, y desde luego no hay sorpresas en el discurrir de ambos choques.

Al hacerse con Grogu y el puente de mando parece que vamos a dejar de lado el acto de acción y entrar en el grueso de la línea argumental. Pero esta venía siendo muy ramplona, y no aporta nada que sorprenda, todo se ve venir. El retorno de los soldados chungos, Gideon siendo rastrero hasta el último momento, el aislamiento en el puente forzando un momento de incertidumbre, y un jedi al rescate, el más obvio además. Hasta los diálogos te los puedes imaginar antes de que los digan, tan fácil y previsible resulta todo. Algunos dan especial lástima, como Gideon diciendo cual crío de colegio «si apenas has podido contra uno, verás ahora».

Llegando al clímax, de nuevo la atmósfera de tensión no podía ser más facilona y conveniente. Favreau necesitaba retrasar la entrada de los Soldados Oscuros en el puente para generar tensión, y no se le ocurre que estos busquen alternativas, conductos de ventilación, atravesar las cristaleras para acceder desde el exterior, ni tantean hacer un corto para abrir la puerta al estilo R2… En resumen, algo que dé la impresión de que pasan cosas reales, y algunas que los protagonistas no pueden controlar, generando así algo de inquietud por las dificultades que enfrentan. Lo único que hace esta generación superior de androides es… ponerse en fila y golpear la puerta, lo que da más risa que otra cosa. ¿Cuánto se ha gastado el Imperio en estas tropas?

Los protagonistas tampoco hacen ademán de buscar soluciones, volviendo a quedar como unos patanes. Y todo porque Favreau se ha atado al deus ex machina de turno. Pero si quería un buen episodio, debería haberse esforzado más, habernos despistado con los personajes trabajando en algo útil en vez de dejarlos pasmados mientras la narrativa se centra en forzar la supuestamente dramática y sobrecogedora entrada en acción del jedi. Tenemos música épica, hostias épicas, música épica, hostias épicas… y así hasta agotar la paciencia. Que pase algo, por favor. ¿Y la gente aplaude esto?

Al final hemos tenido algo, pero muy poco.

Bo-Katan no se puede llevar el sable oscuro ese, pobrecita, porque el honor no se lo permite, ya que no lo ha ganado en combate. La que se reía de que Mando no se quitara el casco y vive de hacer una guerra sucia, por no llamarlo terrorismo, se va a poner ahora tiquismiquis. Aparte, leo por internet que esto de «ganarse el sable» contradice al «canon», porque ya se sabe, esta historia que no se han dignado en desarrollar adecuadamente aquí referencia a no sé qué serie animada, cómic, videojuego o lo que sea, de esos que además un día son canon y al siguiente no.

La llegada de Luke Skywalker permite que Mando cumpla su misión. Hay una buena despedida lacrimógena, pues la conexión entre el mandaloriano y baby-Yoda era fuerte. Pero la situación es en conjunto muy anticlimática, otro intento de desviar nuestra atención de la realidad con sentimentalismo, porque en el fondo no hay contenido alguno. Hemos tenido al doctor Mengele, a Hitler-Gideon, la infiltración en su guarida, a todos los héroes juntos, la batalla final, Luke llevándose esta versión mini de Yoda… pero ninguna respuesta, ni tan siquiera una nueva pista, un somero avance en las historias presentadas. Nos vamos con un artificial subidón, pero totalmente vacíos de hechos tangibles y resoluciones.

Por no decir que la esperpéntica recreación de un Luke más joven de lo que está Mark Hamill ahora (hablamos de treinta años al menos) me terminó de fastidiar la pobre escena completamente. ¿Cómo hay espectadores entusiasmados? Que nos han clavado un «deep fake», una superposición de caras, de esos que hacen amateurs en Youtube y Twitter, en una serie de presupuesto descomunal, con Disney, ILM y décadas de experiencia con efectos especiales detrás. Lo han hecho los mismos que reconstruyeron a Leia y a Tarkin rozando la perfección, el realismo absoluto. Madre mía, qué destroce, qué risas. Y la gente haciendo la ola. Podrían haber puesto un muñeco inerte y aplaudirían igual. Y si fuera en su embalaje original quizá más.

Fennec Shand y Cara Dune de nuevo no aportan nada, han quedado como extras para hacer bulto; y no digamos Koska Reeves, la otra mandaloriana, de la que he tenido que buscar su nombre; supongo que por darle algo de protagonismo a esta última metieron la pelea estúpida en la cantina. Que Fennec se vaya a su propia serie con Boba es una ganancia para la presente, a ver si allí se la curran más. También decepcionan la primera oficial de Gideon, que desaparece o muere en segundo plano durante el tiroteo, y el doctor Pershing, que parecía importante pero tras su incomprensible escena también se olvida por completo, no se sabe si lo han ejecutado, detenido o qué.

Y después de quedarme con la sensación de engaño, de que esto es un coladero de agujeros de guion, vagancia de los escritores, trucos burdos de nostalgia y merchandising, incluyendo la escena postcréditos que sale de la nada (porque motivaciones de esos dos personajes que la expliquen no se han mostrado), empiezo a pensar también en las incongruencias que genera en la saga en general: a ver cómo justifican que Grogu y su relación con Luke, y Ashoka, no hayan tenido influencia alguna en la trilogía de secuelas.

La única escena que me ha gustado de todo el capítulo es la de los pilotos de la lanzadera intentando sobrevivir en un universo caótico y violento. Parece propia del anterior, El creyente, por su descripción del entorno, sus diálogos sencillos pero ágiles y con un toque de humor negro. El resto va cuesta abajo y sin frenos.

Y este episodio tiene un 9.9 en IMDb, y leo a gente diciendo que casi llora (y no de vergüenza ajena, sino de emoción), y los directivos de Disney toman nota de lo que quiere el público generalista, lo que vende, y me llevo las manos a la cabeza por lo que podemos esperar en las once… ¡once!… nuevas series que hay proyectadas…

Por otro lado, esto parece el final de la serie, aunque Disney asegura que habrá más temporadas. Y no puedo evitar pensar que en vez de seguir con el tema mandaloriano, con Mando uniéndose a Bo-Katan, tendremos un reset y vuelta al statu quo en los primeros minutos del primer capítulo del siguiente año, con algo que impida que Luke se quede con baby-Yoda y este vuelva a manos de Mando. No creo que abandonen el personaje-muñeco probablemente más rentable de la historia, ni que tengamos al cutre-Luke por ahí como personaje secundario.

PD: El 17 de diciembre falleció Jeremy Bulloch, quien estuvo bajo el traje de Boba Fett en la trilogía original, en El Imperio contraataca y El retorno del Jedi. Como ocurrió con Darth Vader, su voz fue doblada. Tenía 75 años, y llevaba varios sufriendo parkinson. Era habitual en las convenciones, por lo visto muy agradable con el público.

<- 207| El creyente

EL MANDALORIANO – 207 – EL CREYENTE

The Believer
Guion: Rick Famuyiwa.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
Buscan la ayuda de Mayfeld para localizar el crucero imperial de Moff Gideon, y propone asaltar una refiniería aislada y acceder ahí información del Imperio.

Resumen:
Cara Dune usa sus credenciales de marshal para sacar a Mayfeld de un campo de trabajos forzados de la Nueva República. Le proponen una aventura que lo aparte de la monotonía un rato: ayudarlos a encontrar el crucero imperial de Moff Gideon. Recomienda asaltar una refinería aislada y acceder desde allí a un terminal informático mediante sus viejas credenciales del Imperio.

Mando y Mayfeld se hacen pasar por soldados imperiales para infiltrarse, pero enfrentan algunas dificultades: el ataque de rebeles locales, la presencia inquisitiva de un oficial que no les quita ojo… Al final se abren paso a tiros, con ayuda de Cara Dune y Fennec Shand como francotiradoras y Boba Fett con su nave. Por la colaboración de Mayfeld, deciden dar parte de su defunción y dejarlo libre.

Mando envía a Moff Gideon un mensaje amenazando con ir a rescatar al pequeño.

Mejores frases:
-Mayfeld: Yo solo digo que todos somos iguales. Todos tenemos unos límites que solo traspasamos en apuros. Para mí, si consigues pasar el día y dormir por las noches, te va de lujo.

-Mayfeld: Estuve en Burnin Konn.
-Valin Hess: ¿Burnin Konn? Fue un día duro. Tuve que tomar decisiones desagradables.
-Y tanto. Arrasaron con la ciudad y sus habitantes. Perdimos a toda la división. Habría 5.000 ó 10.000 personas.
-Sí. Todos son héroes del Imperio.
-Sí. Todos muertos.
-Un pequeño sacrificio por el bien común.
-Depende de a quién se le pregunte.
-¿Qué insinúa, soldado?
-A esa gente, la que murió… ¿le hizo algún bien? A sus familias. A mis compañeros. Los pobres civiles murieron defendiendo sus hogares y luchando. ¿Les hizo algún bien?

Análisis:
Con dos aportaciones a El mandaloriano como guionista y tres como director, Rick Famuyiwa me empieza a parecer un autor con más inspiración y que pone más esfuerzo en lo que hace que los principales productores, Jon Favreau y Dave Filoni. Suyas son las historias más trabajadas, con personajes secundarios más llamativos, y los escenaros de acción mejor ejecutados.

En El niño sólo dirigió, pero levantó bastante un guion insulso. En El prisionero se quedó algo corto en guion, pero al menos aportó una serie de situaciones y un grupo de secundarios con más garra de lo habitual, y en la puesta en escena estuvo impecable, superando los desastres de otros directores en episodios previos. Y en este El creyente deja mejores sensaciones, se lo ve cada vez más cómodo. El escenario, el desarrollo de la misión, el cuidado del entorno y el detalle, los personajes secundarios y los diálogos son bastante enriquecedores después de varios capítulos endebles e insustanciales (algunos con la gravedad de anunciarse como cruciales en la trama global). La puesta en escena también ofrece un acabado mucho más redondo, resultando un espectáculo muy gratificante.

En la chatarrería se nota bastante el límite entre decorado y el fondo hecho con la tecnología Stagecraft, pero la selva luce de maravilla, la combinación de imágenes reales y esfectos especiales es imperceptible. Sabes que las peleas en el techo del vehículo se han rodado en estudio con pantallas de fondo, pero la inmersión, el engaño, es total, porque Famuyiwa imprime un ritmo casi estresante, maneja el escenario con soltura, deslumbrando con las coreografías y rematando todo con un montaje brillante.

Está claro que los protagonistas se saldrán con la suya, pero hay momentos de tensión por doquier, tanto en la carrera por los caminos como en la infriltración en la base. El clásico asalto al tren está bien desarrollado, con cada fase bien exprimida en cuanto a variedad de situaciones y golpes, con momentos de humor bien insertados. La incursión entre las tropas imperiales cambia por completo hacia el suspense, pero todavía te pone de los nervios. Y cuando aparece el oficial pesado buscando las cosquillas, con la inquietante intepretación de Richard Brake, terminas aguantando la respiración: ¿cuándo estallará todo?

Por fin vemos a Mando sin casco, y Pedro Pascal no desaprovecha el momento, todo el desconcierto y nerviosismo se ven en su rostro. Bill Burr (Mayfeld) va progresando de la resignación inicial al disimulo cuando entran en la base, y termina explotando de rabia de forma magistral. Sus escenas en el camión tienen diálogos sencillos pero con el toque justo de ingenio y sentimiento. Y es que todo el episodio resulta un estupendo proceso redentor de un personaje secundario que parecía ser de usar y tirar pero ahora estoy deseando volver a ver. Para rematar, hay buenos juegos con la ambigüedad moral de la galaxia, alejándolo de la simplista visión de «Imperio malos, República buenos» en que muchas veces parece atascarse la saga.

Pero mientras tanto, Cara Dune y Fennec Shand siguen sin levantar cabeza, y la falta de carisma de Gina Carano y Ming-Na Wen no ayuda. Qué poco me dicen, qué poco siguen aportando. Que Boba Fett esté tan relegado puedo perdonarlo, apenas es su segunda aparición y el protagonismo está centrado en otros, pero ellas ya llevan varios episodios, y parece que los productores no saben qué hacer con sus personajes. De hecho, su presencia está muy mal justificada, podíamos haber tenido la huida sin ellas, simplemente poniendo a Fett con su nave dando caña. Así eliminaríamos un gran agujero de guion: se recorren la selva andando (nada indica que usaran la nave, además de que cabe pensar que está bien apartada para no ser descubiertos), lo hacen además campo a través, y aun así tardan menos que los otros dos con el camión por caminos.

También arrastramos un par de detalles ya enquistados en la saga y en esta serie. Mira tú por dónde, esta vez los imperiales sí tienen una excelente puntería, en contra del ridículo que suelen hacer. Y la la aparición final del villano para recordarnos el objetivo y forzar la intriga me sobra, es muy de serial anticuado.

Aun con sus posibles mejoras, esto es lo que debería ser un episodio medio, de relleno, de transición, de El mandaloriano. Una aventura no especialmente ambiciosa en contenido pero sí con dosis justas de acción, drama y humor, personajes que calan con una sola o pocas apariciones, buen envoltorio de La guerra de las galaxias, y un espectáculo de calidad propiciado por un acabado visual de primera.

<- 206| La tragedia 208| El rescate ->

EL MANDALORIANO – 206 – LA TRAGEDIA


The Tragedy
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Robert Rodríguez.
Valoración:

Sinopsis:
Mando llega con su protegido al mundo donde este debería conectar con su lado jedi, pero en el proceso los alcanzan cazadores de recompensas y tropas imperiales.

Resumen:
Mando lleva a Grogu al templo al que lo remitió Ashoka Tano para que medite, pero las tropas imperiales de Moff Gideon atacan. Cuenta con la inesperada ayuda de Boba Fett y Fennec Shand, pero aun así son superados. El crío es secuestrado, y Mando va en busca de Cara Dune para que lo ayude a rescatarlo.

Análisis:
Si El mandaloriano va a fallar en lo único que la mantenía a flote, apaga y vámonos. En cuestión de dirección Carl Weathers había bajado bastante el listón en El asedio (204), pero Robert Rodríguez ha llegado para continuar por esa línea. Cierto es que otros capítulos han resultado peores por tener guiones chapuceros. Pero este, que se basaba en golpes de efecto y giros emocionales, debería haber contado con un acabado más cuidado para poder causar buenas impresiones, y se va al lado contrario, rozando la chapuza.

Pero no sólo la serie decepciona otra vez. En los foros donde me muevo hay más nivel, y los problemas que arrastra se comentan cada vez con más pena, pero el grueso más ruidoso del fandom está sumido en una especie de sueño febril alucinatorio, no se aceptan críticas, la serie es maravillosa, en cada episodio hablan del resurgir de La guerra de las galaxias al nivel de la trilogía original. Se llegan a ver ridículos como está crítica de Espinof. Vale que ya desde que se llamaba Blogdecine era un nido de clicbaits y polémicas gratuitas para buscar visitas, igual que toda la familia (Xakata y demás), pero por desgracia, conforme la calidad ha ido huyendo del sitio la popularidad e influencia ha ido creciendo, y casi cualquier búsqueda de cine o series que hagas en Google te referencia a este portal. Y como ya he comentado, si en Disney acaban pensando que esta es «La guerra de las galaxias que quiere la gente», pues estamos apañados.

Acción intensa y cuatro planos aéreos permitidos gracias al gran presupuesto no significa una buena labor de dirección. Cuando llega una escena compleja se ve la realidad. La planificación tosca, la nula visión del entorno y del progreso dramático, las fallas en credibilidad, el montaje torpe…

Esos enemigos que salen diez de la nave y en otro plano son veinte, y luego cuando han muerto por lo menos una docena sigue manteniéndose el número. Esos protagonistas que disparan a voleo sin ponerse a cubierto, obviamente a sabiendas de que por mucho soldado con armadura que haya, son unos inútiles con trajes vistosos de cartón y caerán como moscas. Esas carreras por crestas a la vista de todos mientras te disparan con ametralladoras, en vez de resguardarte con un paso al lado más que evidente. Esos soldados imperiales que se quedan quietos esperando la muerte (el tío que ve venir una roca enorme y no se aparta), o peor, a pesar de ir armados con rifles se acercan sin disparar al tipo que tiene una maza…

Así que la batalla no resulta inteligible ni verosímil. Cuesta saber dónde está cada personaje, no hay manera de justificar muchos de sus movimientos (fíjate en que cuando Fett pasa a la lucha cuerpo a cuerpo dejamos de ver el entorno, porque no hay quien se crea que no lo vean y lo acribillen), y los malos dan tanta pena que tienes que reírte… hasta que descubres que se han reservado los robots competentes para el final, y entonces pasas a sentirte engañado.

El episodio va tan justo en cuestión de dirección, fotografía y montaje que incluso encontramos muchos planos mal encuadrados, con rostros y cuerpos a medias, y hay algunos problemas de iluminación que dejan laterales de la imagen difuminados, borrosos (en la foto de al lado se puede ver).

Y esta vez el nivel de los efectos especiales tampoco da la talla: la integración de dobles reales y digitales da el cante en muchos instantes… aunque se le puede echar la culpa también al director por no planificar bien la escena y abusar de la postproducción para que le hagan otros el trabajo.

Por otro lado, sin que sea grave, se puede señalar el escenario natural tan poco llamativo. Estamos hartos de ver desiertos en la saga, pero al menos son espectaculares, sean los reales o los recreados con efectos especiales. Ahora tenemos otra especie de desierto pero en versión pobre, como si hubieran rodado en las traseras del estudio. En una historia que discurre por toda la galaxia hay margen para dejar volar la imaginación mucho más.

No sé si Robert Rodríguez ha sido elegido por ser amigo de Jon Favreau o si de verdad veían talento en él (porque hay quien lo ve). Parece ser que sustituyó a última hora a otro director, pero eso no confirma ni desmiente el valor que vieran en él. Porque hay que señalar lo obvio: su nombre se conoce por una carrera de llena de títulos cutres y frikis, la amistad con famosos (Tarantino, Favreau), y la suerte de contar con estrellas en su punto álgido: Antonio Banderas en Desperado (1995) y El mejicano (2003), George Clooney, Harvey Keitel y Tarantino en Abierto hasta el amanecer (1996). Pero ninguna obra de calidad ni ningún talento especial ha mostrado al mundo, por más que estas películas citadas fueran simpáticas a su manera. Y ciertamente, parece haber rodado en el jardín de su rancho de Texas improvisadamente a cuatro fans disfrazados corriendo y tirándose al suelo aleatoriamente, para luego unir todo con planos rápidos y mucha música épica para dar la sensación de acción y velocidad.

Pero el guion, dentro de sus ventajas respecto a otros episodios, tampoco se libra de mostrar graves carencias. La efectividad de los golpes de giros inesperados que ponen patas arriba el viaje de Mando y Grogu después de tanta historia repetitiva y sin peligros reales pierde bastante fuerza con la pobre puesta en escena, pero también cuando resultan tan evidentes los momentos dirigidos, las situaciones tan convenientes. Qué oportuno que Grogu no sólo medite, sino que se que se genere un campo de energía su alrededor que impida cogerlo y salir corriendo. De nuevo Mando parece un idiota sin experiencia en vez de un curtido mercenario: qué facilón resulta que se olvide la mochila propulsora para dificultar el combate y la persecución de los secuestradores, qué ridículo queda que se lance una y otra vez contra el muro de energía a sabiendas de que puede incapacitarlo para el combate.

Hay algún momento en que de nuevo se nota demasiado el tono de expositor de anuncios más que de serie con entidad propia: Tython es un planeta presentado en algún cómic o novela, qué sé yo, hay infinidad de merchandising, y si no sabes nada de él, pues que te jodan. Pero también hay que señalar que se han trabajado bien la entrada en juego de Boba Fett. Es obvio que no era necesario forzar el desmayo de Mando para dar más espacio a este, y que podría haber luchado a su lado en vez de tener a Fennec Shand, esa secundaria tan anodina que vuelve a mostrar que aquí nadie se queda realmente muerto. Pero Fett se luce muy bien, su personalidad y aptitudes se definen adecuadamente y se gana rápido su hueco en la serie. En ese sentido, también se agradece la continuidad en la relación, que no se acabe el capítulo con una vuelta al statu quo. Esperemos que sigan aprovechándolo y contándonos cómo ha llegado hasta donde está: el sarlacc, la armadura, su relación con el Imperio…

La acción frenética, aunque falle en el acabado, y los giros novedosos que nos sacan del repetitivo tedio, salvan por los pelos otro capítulo que también se queda lejos del potencial latente.

PD: Recomiendo el documental de cocina The Chef Show de Netflix, con Favreau cocinando con colegas varios, incluyendo a David Filoni y Robert Rodriguez. Porque aunque esta producción sea un disgustro tras otro, esta gente cae bien, se ve pasión en lo que hacen y cercanía con otros miembros del gremio y los espectadores.

<- 205| La jedi 207| -> El creyente

EL MANDALORIANO – 205 – LA JEDI

The Jedi
Guion: Jon Favreau, Dave Filoni.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Mando se encuentra con la jedi Ashoka Tano, quien lo aconseja sobre su protegido.

Resumen:
Mando llega a otro planeta, cuyo nombre importa bien poco, y se pelea con otros villanos, cuyes nombres importan bien poco. A cambio de su ayuda, Ashoka Tano le da nuevas pistas para que prosiga su viaje. Pero ayudarlo con baby-Yoda, al que Ashoka llama Grogu, no parece dispuesta, se quita el problema de encima mandándolos a otro planeta a no sé qué templo.

Análisis:
El quinto episodio, tras tantas promesas (la presencia jedi, esperadas explicaciones y avances, Michael Biehn y Rosario Dawson), ha resultado ser otro capítulo igual a todos los demás. Mando llega a un lugar, lucha porque sí en una misión suicida, sale airoso sin despeinarse, y al final le cae encima una pista vaga que lo dirige hacia otro lugar. Los autores incluyen cuatro referencias a las series Las Guerras Clon y Rebeldes y alguna escenita para vender merchandising, y tienen a todos los fans comiendo de la mano. Contenido y emoción reales poco o nada. La continuidad va tan a cuentagotas entre argumentos tan poco originales y previsibles, que en vez de engancharme me provoca cada vez mayor decepción.

Filoni y Favreau siguen manteniendo la fórmula obsoleta y simplona de las series de los años setenta y ochenta. Mientras la trilogía original bebía de grandes pilares de la literatura, el cómic y el cine y unía todo con un toque propio de genialidad y personalidad, aquí nos hemos quedado, como ya he comentado varias veces, en un cutre El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983) con presupuesto. Han cambiado la escena episódica en que drogan a B.A. Baracus para que se suba al avión por una de baby-Yoda haciendo muecas o comiendo cosas. El resto es prácticamente igual. Algún episodio se ha salvado por ser un simpático western, pero la mayor parte son tirando a estúpidos y llenos de agujeros. El imponente aspecto visual queda muy por encima del guion.

La recreación del nuevo mundo en el que aterrizamos trae al menos algunas novedades en la ambientación. El páramo de bosques sombríos y secos combina bien con la situación del poblado local: asfixiado, agotado. Pero ahí se queda la cosa, porque la descripción política y social es la misma de siempre: los remanentes del Imperio aprovechan para imponerse, un cacique termina de aplastar a la población. El intento de dar al lugar un toque distinto falla bastante: un estilo japonés perfilado con cuatro brochazos poco imaginativos y mal dados. Pero con la excusa de que Una nueva esperanza (1977) bebía de La fortaleza escondida (1958) de Akira Kurosawa, parece que se está perdonando tan poco esfuerzo.

Con esa desgana en la escritura, la batalla final de rigor termina dando vergüenza ajena. Ashoka perdiendo el tiempo con la pseudo japonesa: dale un golpe de fuerza o asfíxiala de una vez. Las tropas pelele cayendo sin esfuerzo (vaya tela meterse en los callejones para perder toda ventaja). Y esta vez, ni los secundarios dan la talla, la líder (Diana Lee Inosanto) y el matón principal (Michael Biehn) son unos pobres clichés del género, el villano semanal a despachar, y el entusiasta recibimiento a Rosario Dawson como Ashoka es excesivo, cumple con lo justo en un personaje que por ahora no dice nada, salvo incongruencias: tenemos una importante jedi por ahí desde tiempos de la República, y no sabíamos nada de ella hasta ahora.

En el aspecto visual vuelven a superarse. A través de una dirección, fotografía e iluminación impecables, la fusión de parajes naturales y decorados nos traslada a un escenario tan sugerente como espectacular. Así podemos perdonar el primer desliz notable en el diseño artístico: la muralla de cartón piedra canta cosa mala.

Pero el dinero por toneladas y el talento del equipo técnico no son suficientes para tapar las carencias narrativas. Entre el argumento repetitivo y que en los momentos en que parece que la historia va a avanzar se atasca en ritmo y no llega a mostrar apenas movimiento ni emoción (súper previsible el giro con la bolita… y… ¡paren las rotativas, que ahora sabemos su nombre!), el relato acaba siendo bastante aburrido. A pesar de tener tan pocos capítulos, ya cansa tanta repetición de argumentos y tan poca sustancia, y los finales en que con cuatro excusas poco trabajadas retornamos al statu quo.

Y para rematar, aquí vuelven a la obsesión de apoyarse demasiado en el «fan service», la sobre exposición de referencias y guiños exclusivas para fanáticos que han seguido todo lo que se ha ido sacando basado en este universo. Mientras que a los compadres mandalorianos del protagonista los presentaron adecuadamente en La heredera (203), Ashoka Tano entra de sopetón con una trama propia muy mal expuesta… porque resulta ser continuación de las series animadas. Nada de lo que dice o hace se entiende, su historia y motivaciones no se describen, los villanos que menciona no han sido presentados… Como he señalado ya en otras ocasiones, esto parece cada vez más un anuncio que una serie. Y cuando parece una serie, deja bastante que desear.

<- 204| El asedio 206| La tragedia ->