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IRON FIST – TEMPORADA 1


Netflix | 2017
Superhéroes | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Scott Buck, varios.
Intérpretes: Finn Jones, Jessica Henwick, Jessica Stroup, Tom Pelphrey, David Wenham, Wai Ching Ho, Rosario Dawson, Ramón Rodríguez, Carrie-Anne Moss, Sacha Dhawan.
Valoración:

Iron Fist no empieza mal, pero entiendo que no calara en sus inicios, pues se espera una de superhéroes y tenemos un drama de ricos peleándose por su empresa. Yo le di el beneficio de la duda. Primero hay que presentar de dónde viene el protagonista, su entorno. Luego su nacimiento como héroe. Y finalmente abordar alguna confrontación iniciática.

El primer paso se iba dando aceptablemente bien. Todos los personajes me han interesado desde sus primeras escenas con un dibujo correcto que promete ir a más. Los nuevos acontecimientos les hacen replantearse las cosas, viéndose en seguida una evolución, las relaciones entre ellos son jugosas, se maneja bien la doble moral, los intereses propios y los conflictos internos, y los actores secundarios son la mar de competentes.

Los herederos del imperio Rand/Meachum tras la muerte de sus padres y la desaparición del joven Danny Rand son los hermanos Joy y Ward Meachum, quienes manejan la empresa con determinación y pocos baches. Jessica Stroup resulta una actriz muy eficaz, y Tom Pelhrey, quien deslumbró en Banshee (2013), está estupendo, sobre todo cuando se tuercen las cosas. Esto sucede cuando reaparece Danny Rand (Finn Jones) reclamando lo que es suyo. Descubrimos entonces que Harold Meachum fingió su muerte y controla la empresa desde las sombras a través de Ward. David Wenham (dado a conocer como Faramir en El Señor de los Anillos: Las dos torres -2002-) exprime de maravilla un personaje con muchas luces y sombras, que no sabes si es villano o un pelele. En cambio, el eslabón más débil es el protagonista. Finn Jones (empezó a hacerse notar en Juego de tronos -2011-) anda algo justo de registro y carisma cuando ha de verse su cara heroica, y aunque en el tramo inicial da el pego lo justo como joven inmaduro que tropieza incontables veces mientras va aprendiendo, está claro que hacía falta alguien con más talento para atrapar con mayor fuerza.

En su faceta de héroe pronto conocemos a Colleen Wing, una joven que enseña artes marciales. Jessica Henwick, vista en Juego de tronos (2011) como una de las guerrilleras hijas de Oberyn Martell, tiene el encanto y el buen hacer que le falta a Jones, y menos mal que lo acompaña en muchas aventuras levantando el nivel. También nos encontraremos con la omnipresente Claire Temple (Rosario Dawson), que ha de lidiar con la inmadurez de Danny y el romance de adolescente que se trae con Wing. Por suerte, este último no es lastimero, y la relación entre los tres es bastante amena.

Como villanos no tenemos gran cosa. Seguimos con la siniestra Madame Gao (Wai Ching Ho), pero cuanto más la vemos más sensacionalista parece, un enemigo de folletín al que le irán dando o quitando poderes y protagonismo según improvisen las tramas. Así funciona también la organización misteriosa a la que pertenece, la Mano. Esta era un sin dios ya desde su presentación en la segunda de Daredevil. Es una entidad sin rostro, sin definición concreta más allá de una vulgar “son el mal en sí mismo y buscan destrucción” ¿De verdad a estas alturas, tras titanes como Fisk y el Kilgrave, esperan que esto impresione? Con el amago con el tipo que parece querer desligarse de la banda, Bakuto, se humaniza brevemente a un enemigo muy mal planteado, pero no llega a funcionar porque era un engaño breve y además el casting ha estado muy desatinado, pues Ramón Rodríguez ofrece un papel sin capacidad para conmover en sus discursos manipuladores o causar pavor cuando demuestra su verdadera cara. Harold Meachum termina resultando mejor villano, con su humanidad y ambigüedad y la conexión más directa con los protagonistas. Eso sí, en los últimos capítulos no saben muy bien qué hacer con él, el jaleo de las peleas con la Mano lo eclipsa un poco.

El problema principal, y es muy grave, es que la serie no madura, cuando ha de llegar el nacimiento del héroe y la confrontación se ahoga en una vulgaridad infantil que va perdiendo más y más fuelle conforme avanza. El material que hay valía para una temporada de seis u ocho episodio, y si alguno no tenía para llegar a los cincuenta minutos, pues así se tendría que quedar. Pero por el formato exigido han de tenerlos todos rozando los sesenta minutos y rellenar así trece eternos capítulos. No puedo evitar pensar que las carencias que arrastra la temporada quizá no habrían cantado o molestado tanto si no se hubiera estirado todo hasta quedar en casi nada. Ante este panorama, es normal que lo que empezó contagiando poco entusiasmo a los espectadores haya decepcionado tanto. Eso sí, no entiendo que por el otro lado Luke Cage tuviera una recepción tan superior. Sin duda Iron Fist se queda muy corta, pero aquella naufraga a lo grande.

Danny no se presentaba mal, pero con ese alargamiento de las tramas, sus dilemas y dudas acaban haciéndose pesados, dando la sensación que el personaje tan inmaduro y bobo que les queda no es el que buscaban. La cosa empeora porque el trasfondo de su historia tiene tantas vaguedades como el de los rivales de la Mano. El rollo místico y la supuesta relevancia de los monjes no cala lo más mínimo, de hecho hacia el final se torna cargante, con el cansino Bakuto y el monje que aparece como compañero de Rand, Davos, un tipo idiota y pesado y muy mal interpretado por Sacha Dhawan.

Con el poco interés despertado por las dos facciones, la confrontación tiene todas las de no funcionar… Y así sucede. Los guionistas se atascan en un bucle, incapaces de ir más allá de un par de encontronazos por capítulo malamente justificados (sin emoción en la lucha ni un espectáculo gratificante), poco avance real pero sí alguna dosis de intriga barata para que sigas enganchado, y un conato de romance y maduración sin la profundidad suficiente como para interesar lo más mínimo. Los pocos momentos clave (primer enfrentamiento con Gao, los líos con Bakuto, la indecisión de Wing, Bakuto desenmascarándose, los enfrentamientos finales) no aportan nada sustancioso, son más batallas de artes marciales poco trabajadas que no valen para levantar una trama poco trabajada. Si es que el conflicto familiar de los Meachum sigue siendo más interesante que los líos místicos y las conspiraciones supuestamente globales y tenebrosas pero en realidad huecas y poco verosímiles.

Conforme llegamos al final el interés no se levanta ni un ápice, se ve venir de lejos que va a seguir cayendo en la monotonía y mediocridad. No disfrutamos de un desenlace épico, ni obtenemos respuestas gratificantes, ni tan siquiera hay giros o sorpresas que te engañen y te hagan acabar la temporada con un ligero buen sabor de boca. De hecho, incluso se lastra a The Defenderse, cuya trama principal se apoya por desgracia en Danny y la Mano. Eso sí, ahí explican por fin qué es la Mano… y como se suponía es puro humo.

La falta de dinero agrava todas las carencias. Después de dejarnos anonadados con el nivel de las peleas en la primera temporada de Daredevil, las prisas ahogaron la saga. Las de Iron Fist son realmente malas, unas coreografías insulsas con mucho saltito pero poco golpe creíble y una puesta en escena mediocre que convierte muchas escenas en un paripé estúpido. Aunque la fotografía sí es bastante buena, los escenarios no impresionan lo más mínimo, y los exteriores tampoco. Las pocas veces que hay alguna promesa, como el vuelo a China o conocer Kun Lun, se cae en un ridículo indescriptible. El país asiático es obviamente cualquier otro callejón de Nueva York, y el clímax que ahí se ofrece es anodino. Pero más grave es que, tras tanto hablar de Kun Lun y del entrenamiento, no tengamos ni una escena decente, ni un flashbacks que muestre el lugar y el aprendizaje de Danny como es debido. Apañan un par de escenas cutres del accidente de avión y de la montaña y un plano lejano del monasterio, pero las pantallas de fondo, los matte paintings y los decorados enanos de cartón piedra son tan penosos que mejor se lo hubieran ahorrado.

El showrunner Scott Buck salió del equipo de guionistas y productores de una obra maestra como A dos metros bajo tierra (2001), pero no pareció servirle de mucho: luego pasó por la exitosa pero infame Dexter (2006) y recientemente tuvo un buen batacazo con otra de superhéroes, Inhumans (2017). Aquí no ha dado los resultados que se esperaban, porque al parecer se esperaba algo, y ha sido despedido, pero para la segunda temporada han fichado a alguien con un currículo más inquietante: Raven Metzner, aparte de alguna serie intrascendente, fue el guionista de aquella aberración de adaptación de Elektra (Rob Bowman, 2005, con Jennifer Garner de protagonista) y uno de los principales en el equipo de Falling Skies (2011), otro truño de cuidado. Viendo la deriva de esta saga y la escasísima calidad de la unión de todos los héroes en la miniserie The Defenders, yo creo que esto ya no hay quien lo remonte. Sólo queda esperar que Daredevil y Jessica Jones aguanten el tipo y dignifiquen un poco el género en televisión.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
-> Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

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BANSHEE – TEMPORADA 4 Y FINAL

Cinemax | 2016
Acción | 8 ep. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Jonathan Tropper, Adam Targum.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Matt Servitto, Lili Simmons, Matthew Rauch, Tom Pelphrey, Chris Coy, Eliza Dushku, Frederick Weller, Casey LaBow.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo cuáles son las tramas principales, que empiezan con un pequeño salto temporal y un protagonista que aparece muerto: no lo considero spoiler porque es la primera escena del año, la premisa de la nueva trama principal, pero quien no quiera saber absolutamente nada no debe leer.–

El inicio es un tanto desalentador y confuso porque pega un salto temporal inesperado y caótico. Justo cuando Rebecca estaba en el punto álgido de su maduración, cuando por fin protagonizaba una aventura interesante que la alejaba de la mujer florero que era inicialmente, la convierten de mala manera en menos que una secundaria, en un macguffin inerte, o sea, el elemento sobre el que gira la historia. Aparece muerta y deben investigar quién fue. Sólo la vemos en sosos flashbacks que no desarrollan el personaje, sino que son de apoyo para otros. El primero es nuestro amado antihéroe, Lucas Hood, que estaba más que retirado aislado, huido del mundo tras culparse del secuestro de Job. Sobre él recaen las sospechas y debe volver al juego ante las miradas y resentimientos de casi todos, en especial de Proctor, con lo que de nuevo la relación se pone tensa. Lo bueno es que al ser una investigación policial permite sacar buen partido de las gentes de la comisaría: Brock continua ganando protagonismo y conocemos más a Bunker y sus líos familiares, lo que termina de introducir también el conflicto nazi. La que no funciona es la nueva agente: su juego a dos bandas podía haber dado más de sí.

Por otro lado, Carrie trata de salir adelante después de todo el caos, pero nos la presentan en una situación que muestra que no ha abandonado del todo su lado criminal (va cazando delincuentes para soltar adrenalina) y que tarde o temprano acabará enfrentada a Proctor también. Job sigue en un plano inferior pero mantiene su carisma: su viaje emocional evoluciona bien, y además su destino sirve como el otro misterio inicial.

La sección del asesino en serie sobre la que gira casi todo es la más floja. El villano, aunque en manos de un actor interesante, Frederick Weller (Al descubierto), no da miedo alguno, y al lado del imponente indio del año anterior resulta poco interesante; la agente del FBI que llega para apoyar en el caso tampoco es muy llamativa, y Elizha Dushku (Dollhouse) sigue pareciéndome una actriz muy limitada pero ahora además difícil de ver por lo anoréxica que está; y finalmente, la resolución de la investigación es muy básica. Pero se desarrolla con buena velocidad, entreteniendo en todo momento, que la serie no ha pretendido nunca ser otra cosa que una de acción adulta pero ligera. Y sobre todo, el conflicto interno de los protagonistas está bien expuesto: Lucas y Brock salen muy bien parados, con algunas escenas muy potentes como la de Hood sincerándose por fin o la frustración del sheriff con el caso.

El lío nazi no llega a ser tan épico como soñábamos, quedando casi en una disputa entre hermanos. Sí, Proctor está ahí metido, pero su línea es muy exagerada. En una de las paridas más grandes de la serie, ahora este criminal tan duro y ambicioso es el alcalde, y se dedica a montar la red de transporte de drogas más importante de la zona, dejando guerras y muertos que no despiertan sospechas entre la población. Pero aquí tampoco hay tiempo para el aburrimiento y tiene tramos buenos, como la tensión que sufre Kurt, en especial por el destino de la mujer de su hermano, víctima de esta loca familia de nazis (atención a cuando el padre sale de la cárcel). Y el propio hermano resulta un psicópata más inquietante que el asesino en serie, en parte por el buen intérprete elegido, el camaleónico Chris Coy (comparadlo con su papel de periodista blandengue en Treme). Pero aunque el desenlace funciona en lo emocional, porque pone a los protagonistas implicados en momentos muy difíciles, apena un poco que los guionistas no hayan usado esta línea para montase una guerra más grande y elaborada como muchos veníamos anhelando.

Los roces de Lucas y Carrie con Proctor tampoco deslumbran, da la sensación de los escritores también lo abordan porque había que cumplir con ello después de tanto anunciarlo, pero sin mucho esfuerzo por evitar que sea vaya a trompicones, no muy bien justificado y con giros un tanto forzados (como el secreto de Clay, el guardaespaldas). Pero de la misma manera tiene sus momentazos (la pelea en casa de ella) y de una forma u otra sirve para mover a los protagonistas por su viaje interno: la vida de violencia, las mentiras, los lazos amistosos y familiares son puestos a prueba, tienen que enfrentarse a sus demonios, tomar decisiones, cerrar puertas y abrir otras.

Así pues, la temporada se queda a medias en las tramas, pero no tanto como la segunda etapa, que sí flojeó bastante, y en cuanto a los personajes supone un cierre bastante bueno. Después del gran nivel e intensidad del año anterior esperaba más, pero no creo que pierda tanto como para hablar decepción.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
-> Temporada 4 y final (2016)

BANSHEE – TEMPORADA 3

Cinemax | 2015
Acción, suspense | 10 ep. de 46-58 min.
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, Greg Yaitanes, Peter Macdissi, Alan Ball.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Rus Blackwell, Matt Servitto, Trieste Kelly Dunn, Ryann Shane, Lili Simmons, Geno Segers, Matthew Rauch , Tom Pelphrey, Langley Kirkwood, Odette Annable.
Valoración:

Parece que los guionistas de Banshee (David Schickler y Jonathan Tropper a la cabeza) han sido conscientes de las limitaciones de la segunda temporada y se han puesto las pilas. Y vaya si el esfuerzo ha dado resultado, porque la serie ha llegado más alto de lo que esperaba. Tiene todas su llamativas virtudes en su máximo esplendor, y a la vez no se ven prácticamente ninguno de sus fallos. El ritmo vuelve a ser trepidante, sin rellenos ni recesos con poca sustancia, ofreciendo dos tramas importantes que denotan planificación y esfuerzo a la hora de desarrollarlas. Los protagonistas sencillos pero carismáticos son puteados al límite en un sinfín las historias de rivalidades, peleas y crímenes, teniendo así mejor recorrido, en especial los secundarios, que ya no parecen desaprovechados; incluso conocemos nuevos personajes que resultan fascinantes.

El conflicto con los indios explota del todo con el loco de Chayton dirigiendo su cruzada contra el hombre blanco invasor. Estamos ante un villano arquetipo como se espera en esta serie, y en ese estilo resulta ejemplar: cerrado de miras, temible y tan peligroso que se lo pone muy difícil a los protagonista. El actor lo han clavado: Geno Segers es imponente y su voz acojona. La guerra va con un ritmo estupendo, avanzando a través de escaramuzas, huidas y demás jaleos que impiden que la trama pierda fuelle. El momento álgido, el ataque a la comisaría, es memorable, y el tramo final en Nueva Orleans está muy bien también. Pero se puede señalar un ligero patinazo, la única escena malograda del año: el asalto de Lucas al campamento indio antes que llegue el FBI y le quite de sus manos la venganza es realmente absurdo incluso en alguien tan impetuoso como él, por no decir que los guionistas no atan bien los cabos: ¿ninguna secuela ni denuncia por parte del FBI? No hay quien se lo crea.

La otra gran historia es la del atraco monumental que planea la banda. El campamento militar que hay cerca de Banshee está apunto de trasladarse y llevarse consigo los millones y millones traídos de las giras en Irak y Afganistán. Es una locura de misión, pero cuándo eso ha frenado a Lucas, Job, Carrie y el ya considerado nuevo miembro Sugar. Los planes y preparativos son de lo más variado, y el robo resulta espectacular en la línea de la serie: una exageración casi en plan cómic. Pero no queda ahí la cosa, porque las repercusiones no tardan en llegar, regalando otros tantos capítulos de infarto donde no se ve salida para nuestros protagonistas. Aprovechan aquí para meter algunos flashbacks, como hicieron en las otras temporadas, pero esta vez son mucho más certeros a la hora de describir a los personajes y resultar entretenidos. Todo esto acaba con el clásico golpe de efecto final de un compañero secuestrado, para levantar la expectación de cara a la próxima etapa y exprimir un poco más la aventura.

En otro plano está Kai Proctor, con el que ya sabemos que irán postergando el enfrentamiento final con la policía, o más concretamente con Lucas, hasta probablemente el final de la serie. Pero por ahora siguen manejando muy bien la dinámica entre ellos: intrigas, roces, peleas puntuales… No, no podemos quejarnos de que lo mantengan en suspenso de mala manera. Y de nuevo salta a primer plano la posibilidad de que la enemistad se convierta en una relación laboral inquietante entre Kai y Lucas. Además su propia sección ha cobrado interés, tanto en lo personal (los líos con los padres) como en los tratos con el crimen, donde Rebecca en sus ansias de crecer la caga a lo grande y acaban teniendo una guerra contra otras mafias. Además esta parte da para que Lili Simmons demuestre que no está ahí sólo por el físico. Y no me olvido de destacar al guardaespaldas Clay Burton, inquietante y letal y quien que nos regala la mejor escena de la temporada y una de las más grandes del año televisivo: la pelea con la india Nola es un vacile visual sin igual que te dejará flipando.

Entre todas estas historias los personajes avanzan muy bien. La caída al abismo de Brook, los líos de confianza entre todos los policías, los problemas para asimilar tanta violencia, los intentos de Ava y Gordon por rehacer sus vidas, el rumbo desbocado de Deva (genial cuando Lucas hace más de mentor en los robos que de padre)… Hay muertes trágicas, tramas paralelas interesantes (Brook y su ex) y nuevos secundarios muy atractivos, como el indio metido a policía, o realmente deslumbrantes, como ese nazi, Kurt Bunker, que arrasa de forma espectacular en el poco tiempo que aparece: qué carisma, qué historia más prometedora, qué papelón hace Tom Pelphrey (y aquí se nota otra vez que el actor principal, Antony Star, va algo justito). El año que viene espero que lo expriman bien, porque supongo que se centrará por fin en los nazis.

Cómo no, la puesta en escena es impresionante y sin duda tiene detrás un trabajo largo y complicado. La planificación y el rodaje de tiroteos y peleas a puños, todas muy rebuscadas, tienen que suponer un quebradero de cabeza, sobre todo a la hora del montaje. Cabe destacar la incomparable lucha del guardaespaldas con la india, un ejercicio de coreografía y edición soberbio. Pero en líneas generales la serie es visualmente una gozada, con una fotografía fantástica llena de planos muy elaborados y un ritmo narrativo encomiable. Hay que citar también el extraño enredo en el asalto al campamento militar, narrado a través de cámaras: es un poco excesivo (en la onda de la serie, eso sí), pero bastante efectivo. Sólo una pega le puedo poner, y es que en tan excelente conjunto no se entiende esa chapuza que han hecho cuando los protagonistas montan en moto: una cutrísima pantalla de fondo. Desentona tanto que casi parece un chiste.

Banshee no sólo vuelve a recuperar el tono tras esa irregular y por momentos aburrida segunda temporada, sino que crece hasta meterse en la primera división, donde no esperaba que ni pretendiera llegar dado su tono de divertimento intrascendente. Es evidente que su estilo de acción desenfadada, descacharrante e histriónica sigue sin ser apta para todos los públicos, pero precisamente esas formas tan características combinadas con la alta calidad que está alcanzando quizá logren convertirla en una serie de culto.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
-> Temporada 3 (2015)
Temporada 4 y final (2016)