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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 4

BBC Two | 2017
Drama, suspense | 6 ep. de 57-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Caryn Mandabach, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Helen McCrory, Paul Anderson, Sophie Rundle, Finn Cole, Joe Cole, Aimee-Ffion Edwards, Harry Kirton, Natasha O’Keeffe, Kate Phillips, Packy Lee, Ian Peck, Ned Dennehy, Gaite Jansen, Tom Hardy, Adrien Brody, Aidan Gillen, Charlie Murphy.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la trama del año, no desvelo giros clave y muertes. —

El cuarto año de Peaky Blinders empieza con una remontada respecto al desastre del tercero. En sus primeros capítulos Steven Knight promete centrarse, volver a su orígenes, abordando una premisa menos ambiciosa, más sencilla y verosímil.

La historia de esta etapa emerge de hechos anteriores y es algo más terrenal y localizada que la anteriores, las fantasiosas intrigas políticas salidas de la nada y narradas con torpeza. En la lucha por hacerse un hueco entre las mafias de Birmingham, los Peaky Blinders eliminaron a un capo italiano, pero la parte de su familia que vive en Nueva York decide vengarse y ganar nuevos territorios al otro lado del charco, unos además muy jugosos para el contrabando con la Ley Seca.

Los Shelby ahora vuelven a ser una familia no muy grande, una mafia de barrio, en vez de un supuesto grupo súper poderoso de la temporada anterior que no había manera de creerse. Como tales, se acojonan ante el envite de una banda con mayores recursos y fuerza. Lo primero que tienen que hacer es volver a unirse, pues los desmanes de Tommy los enemistó… Aunque claro, esto parte de otra sandez sensacionalista con la que acabó la temporada anterior: la ley atrapándolos y mandándolos a la horca no se sabe muy bien por qué. Como era de esperar, en el primer capítulo se arregla todo, eso sí, con el drama forzado todavía coleando: en el último momento, justo cuando tensan las cuerdas, llega un forzado perdón que Tommy ha negociado con algún ministro.

Una vez en marcha el listón sube, encontramos una trama sólida, tangible, donde cada personaje es él mismo y no un ente cambiante según los locos giros que vaya apañando Knight. Los vemos planear cosas y trabajar en ellas en todo momento, buscar aliados, limar asperezas entre ellos, lidiar con sus mujeres, que tienen puntos de vista propios…

Al principio hay alguna pérdida de tiempo clásica (que si Polly está hundida y no quiere saber nada, que si John tiene su vida y Arthur trata de redimirse…), pero sabemos que más temprano que tarde volverán al redil. Por suerte, aquí Knight teje conflictos familiares interesantes y una transición lo justo de emotiva para entretenernos y sustanciosa como para dejar poso en los personajes. Todo ello ocurre bajo la sombra de la amenaza y la muerte inminente ante el envite de la mafia italiana, que se materializa trágicamente en un atentado que los deja muy maltrechos, subiendo así el nivel de tensión.

Hay secundarios nuevos y viejos interesantes, tanto que con lo corta que es la temporada se echa de menos más presencia. El mercenario Aberama Gold, encarnado por Aidan Gillen (The Wire -2002-, Juego de tronos -2011-), es ladino y pendenciero pero carismático, y el inquietante Alfie Solomons del gran Tom Hardy vuelve a deleitarnos con sus apariciones. La pena es que Michael Gray no recupera el protagonismo que parecía que iba a tener cuando entró en la serie, porque el actor Finn Cole encontró un papel más provechoso en Animal Kingdom (2016) y tuvieron que limitar sus apariciones. La activista comunista Jessie Eden (Charlie Murphy) trae más problemas al día a día de la familia, y muestra mejor la vida en la época que las locuras con los rusos y las intrigas del gobierno: la industrialización y los conflictos sociales y políticos se sienten bastante naturales.

Hay unas cuantas escenas espectaculares, de las de terminar dando un suspiro de alivio o un aplauso emocionado. El primer encuentro entre Tommy y Aberama es impresionante, se ponen a prueba y marcan el territorio con varias amenazas y juegos intelectuales de nivel; también pone de manifiesto el talento de Gillen, tan desaprovechado en Juego de tronos con el confuso rol de Meñique. Las siempre difíciles negociaciones con Alfie dan mucho juego. Los asesinatos de Tommy y Arthur a sendos italianos que iban tras ellos son espectaculares, bien violentos y sangrientos. La presentación del líder, Luca Changretta, entrando en el taller y el despacho de Tommy con toda la cara del mundo y dejando a las claras que está jugando con los Peaky Blinders antes de destruirlos, es acojonante. Muy emotivo resulta cuando Tommy cae en la trampa de Jessie Eden de recordar su pasado y tiene un momento de bajón (en un canal, junto a Lizzie Stark) que muestra el ser humano que hay tras el criminal y traerá inesperadas consecuencias.

Ojalá la serie mantuviera este nivel siempre… Pero ya en el tercer episodio empieza otra vez a dar bandazos, Knight va descuidando una historia tan bien presentada y con tanto potencial, y para el final vuelve a descarrilar a lo grande, hasta el punto de ofrecer un último capítulo lamentable e insultante, pues toma por tonto al espectador.

Los italianos dejan de imponer en cuanto pasan a primer plano. Changretta dio miedo porque el guion lo introdujo con esa certera escena en que se planta ante Tommy en su territorio, pero ya ahí se empieza a ver el error de casting. Adrien Brody da vergüenza ajena, está tan sobreactuado que parece un tipo cualquiera disfrazado en un carnaval diciendo tonterías. Los gestos de “mirad como junto los dedos y muerdo un palillo para dejar claro que soy un italiano”, las miradas forzadas, la voz falsa… Cuanto más lo ves, menos temor impone y más lástima da. Sus secuaces son peleles sin nombre, puestos como tontos más veces de la cuenta para que él quede como inteligente, así que la banda deja de parecer un reto auténtico para los Peaky Blinders. Los Shelby están un día escondidos muertos de miedo, al otro paseándose con cenas románticas o líos laborales secundarios, y cada vez que los italianos hacen algo llega en un momento muy previsible y en el que los protagonistas se han preparado.

Para el acto final Knight se aferra de nuevo la narrativa del sensacionalismo, del giro poco meditado, de resolver todo fuera de pantalla mientras te distrae con fuegos artificiales de baratillo. El desenlace es un engaño de los que hacen época, de los de enseñar en las academias de guionistas como formas de escribir a evitar.

De tener a Tommy trabajando en varios frentes a la vez volvemos a verlo poner caras de malote o compungido sin hacer nada, para cuando llega la acción resulta que ha preparado un plan la hostia de enrevesado no sabemos cómo ni cuándo. Señor Knight, no puedes cambiar el foco, tener una narración omnisciente sobre la familia Shelby y pasar a mostrar sólo partes de sus vivencias, mantenernos a los espectadores como partícipes y de repente relegarnos a testigos puntuales.

El último capítulo es todo engaños insultantes y estupideces sin pies ni cabeza. El plan secreto entre Tommy y Polly que no hemos visto gestar a pesar de estar todo el tiempo con ellos, la falsa muerte de un personaje principal ocultada al espectador mientras todos los protagonistas lo saben, la expectación forzada con tempos y enredos que en realidad resultan manipuladores y cutres…

Esta tanda la dirige David Caffrey, quien otorga un tono más sobrio al aspecto visual, y si bien hace buen trabajo, he echado de menos el uso más prominente de la cámara en mano de los años anteriores, que le otorgaba un toque más realista en general y visceral en las escenas de acción. La banda sonora sigue usando con habilidad temas rockeros, encabezados como siempre por Nick Cave y las versiones de su Red Right Hand, destacando la de PJ Harvey, con quien ya colaboró tiempo atrás (en 1996) en uno de sus grandes éxitos, Henry Lee.

La serie tenía cierto carisma en sus dos primeras temporadas, no como para el exitazo y alabanzas que se lleva, pero sí para pasar un buen rato si no buscas nada exigente. Pero con estos bandazos yo la doy por perdida ya. Tengo en cola auténticas seriazas que no se comen un rosco, como The Deuce (David Simon, 2017) o Mindhunter (David Fincher, 2017), y triunfan tonterías como esta.

PD: La calle Powis Street de Toxteth, Liverpool, que en la ficción representa el barrio Small Heath y la calle Watery Lane de Birmingham, donde viven los Shelby y tienen la casa de apuestas, fue restaurada por el ayuntamiento al terminar el rodaje de esta etapa, así que en las siguientes seguramente la familia se trasladará definitivamente.
PD2: En el estreno de la quinta temporada en 2019, Steven Knight ha afirmado que pretende llegar a siete.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2016)
-> Temporada 4 (2017)

THE ORVILLE – TEMPORADA 1

Fox | 2017
Comedia, drama, ciencia-ficción, aventuras | 12 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Seth MacFarlane, Brannon Braga, varios.
Intérpretes: Seth MacFarlane, Adrianne Palicki, Penny Johnson Jerald, Scott Grimes, J. Lee, Peter Macon, Mark Jackson, Halston Sage, Chad L. Coleman, Norm MacDonald.
Valoración:

No me terminaba de gustar Seth MacFarlane, un guionista que saltó a la fama con Padre de familia (1999) y desde entonces todo lo que ha hecho en cine (la insoportable Mil maneras de morder el polvo -2014-) o televisión (todo derivados de la citada serie) sigue el mismo estilo de humor que combina lo bruto y zafio con referencias culturales metidas con calzador en guiones donde no suele encontrarse ingenio y tramas mínimamente elaboradas. En Padre made in USA (2005) y en Ted (2012) se nota la colaboración con otros escritores, que da más cohesión a personajes e historias, pero en solitario su fama no está a la par que su talento. Y como actor de voces en animación es la mar de competente, pero en imagen real muestra una falta de registro y carisma muy importante.

Por ello recibí con celos The Orville a pesar de que la ciencia-ficción es mi género favorito, el resto del reparto prometía y en lo visual también. Las críticas fueron feroces inicialmente, sobre todo las profesionales, pero al terminar la primera temporada ya iba siendo mejor considerada y tenía un buen grupo de fans, en especial trekkies que ven en ella un buen homenaje a Star Trek (Gene Roddenberry, 1966). Y en la segunda temporada el recibimiento está siendo bastante bueno, así que me he lanzado a verla.

Los dos primeros capítulos son un tanto desalentadores. Se caracterizan por ofrecer una parodia básica de Star Trek con dosis desganadas del humor MacFarlane, o sea, burradas y referencias frikis soltadas sin ton ni son, peor no en plan saturación como en Padre de familia, sino con cuentagotas. Pero la cosa mejora a ojos vista en los siguientes, y al final del año la maduración es bien patente, ofreciendo una buena mezcla de drama, aventuras y comedia y unos personajes muy simpáticos.

Se nota el cariño que tiene MacFarlane al género y más concretamente al universo Star Trek, el empeño en tratar de hacer un buen homenaje y una buena serie. Para ello ha buscado la colaboración con gente muy implicada en la saga, con quienes ha ido encontrando un tono más maduro para tras la simpleza inicial. Jonathan Frakes, que aparte de interpretar al comandante Riker de La nueva generación (1987) fue director de varios capítulos y películas, aquí también dirige uno. Y más importante aún, Brannon Braga, un guionista que creció en la sala de guionistas de aquella y luego saltó Voyager (1995) y Enterprise (2001), ejerce como uno de sus principales productores, escritores y directores. En lo visual también se nota su pasión: aparte de la influencia en el diseño artístico, MacFarlane defendió el uso de maquetas para las naves en los planos cercanos.

Los protagonistas crecen a ojos vista, pasando de estereotipos ramplones a figuras con vida propia, de hecho, hacia el final algunos resultan entrañables. Tenemos al capitán un tanto inmaduro, Ed Mercer, y la exnovia que no sabe muy bien lo que quiere de él, la comandante Kelly Grayson. MacFarlane encarna al primero, y no sorprende, pues le falta registro y carisma, pero como interpreta a un tontorrón bien intencionado por lo general convence lo justo. Adrianne Palicki (Friday Night Lights -2006-, Agentes de SHIELD -2013-) está bastante bien como una comandante joven pero competente. Muestra bien los momentos de duda y las peleas con Mercer, y tiene algunos momentos dramáticos muy buenos en el último episodio, muy centrado en ella y la relación.

En el resto de la tripulación encontramos de todo. El piloto idiota y loco pero muy hábil Gordon Malloy, que interpreta alguien que sí desborda personalidad, Scott Grimes (Urgencias -1994-, Hermanos de sangre -2001-). El navegante John LaMarr, con un desconocido J. Lee haciendo de negrata de barrio y tonto como puede pero aun así probablemente te saque de tus casillas en los primeros capítulos y no se recupere hasta que hacia el final le dan un arco más serio. A Mark Jackson no se le ve la cara tras Isaac, un avanzado robot (aunque de diseño retro, en otro homenaje al género), pero su voz es hipnótica, y el personajillo, el equivalente a Spock, un tipo serio y críptico que intenta entender mejor a la humanidad, resulta cada vez más interesante. La doctora Claire Finn, en manos de la veterana Penny Johnson Jerald (24 -2001-, El show de Larry Sanders -1992-, algunas apariciones en Espacio Profundo Nueve -1993-), es más secundaria, aunque el capítulo centrado en ella y sus hijos varados en un planeta con Isaac es de lo mejor de la temporada. Bortus es el tercero en rango, un alienígena serio y hosco pero competente, en la onda del klingon Worf; Peter Macon consigue expresarse a través de mucho maquillaje. La que más recorrido tiene este año es Alara Kitan, una chica muy joven metida a jefa de seguridad porque es de una de las razas más fuertes de la galaxia; Halston Sage saca todo el partido de los muchos conflictos personales y laborales que tiene. Y mención aparte merece Yaphit (voz de Norm MacDonald), un ser de consistencia gelatinosa (hecho por ordenador bastante bien) que parecía un chiste recurrente pero termina siendo un secundario de los que esperas su aparición en cada capítulo.

Aparte, en apariciones esporádicas tenemos algunos rostros muy conocidos en cine o televisión, como Victor Garber, Ron Canada, Kelly Hu, Jeffrey Tambor, Charlize Theron, Liam Neeson y un irreconocible Rob Lowe como el alienígena azul que siembra la cizaña en la relación de la pareja protagonista. También cabe destacar que el primer episodio lo dirige Jon Favreau (Iron Man -2008-). O hay mucho trekkie queriendo participar o MacFarlane tiene muchos amigos.

En las historias tenemos por lo general los roces abordo, tanto en el trabajo como fuera de él, y la misión de turno. Estas aventuras están en la mejor tradición de Star Trek, combinando la fascinación por descubrir nuevas cosas en el universo con diversos choques culturales, donde encontramos algunas lecturas morales muy efectivas. Hay conflictos éticos y políticos con otras especies, destacando su particular versión de los Romulanos, los Krill. Hay dilemas con la norma de no interferir en culturas atrasadas (en la onda de la famosa Primera Directiva), pues se encuentran con distopías, religiones, y demás que la ponen a prueba. También tenemos aventuras de supervivencia más clásicas pero que desarrollan temas jugosos con bastante gracia. Por otro lado, hay un episodio que se acerca más a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011): aquel sobre un planeta donde la ley funciona por lo que vote la gente en la red; quizá podían haber sacado algo más de él, pero no está mal.

Conforme entramos en la temporada cada vez hay menos chistes infantiles y diálogos breves, la fórmula MacFarlane de soltar la gracia en medio de cualquier situación en vez de trabajar esta para que provoque risa en su conjunto va disminuyendo. Se sigue echando de menos algo más de ingenio, y el equilibrio entre drama, aventuras y comedia no termina de ser perfecto, pero tras el flojo inicio los protagonistas dejan de ser recipientes para verbalizar los chistes y hay escenarios más elaboradas, gracias de largo recorrido (destacando algún pique entre personajes), eficaces bromas recurrentes (el alien que quiere poner un hilo musical en el ascensor) y, sobre todo, se va cogiendo el punto al humor de la vergüenza ajena y la sátira (aunque esta no sea deslumbrante) de los temas socio-culturales tratados.

Todo se remata con un acabado visual bastante espectacular: vestuario, maquillaje, decorados y efectos especiales son de muy bien nivel. Eso sí, en el maquillaje me refiero a la creación de alienígenas, porque el de los humanos está un tanto sobrecargado y hay planos donde parecen payasos. MacFarlane también ha aprovechado la oportunidad para dar rienda suelta a otra de sus aficiones: la música de cine. En la banda sonora ha tirado la casa por la ventana con una gran orquesta y fichando nada más y nada menos que un titán como Bruce Broutghton (Silverado -1985-, El secreto de la pirámideYoung Sherlock Holmes, 1985-), a un veterano como John Debney (La isla de las cabezas cortadas -1995-, La pasión de Cristo -2004-) y a Joel McNeely, no muy destacable como compositor pero un reconocido director de orquesta. Los tres han seguido el tono de homenaje a Star Trek, sonando muy a James Horner, Jerry Goldsmith y a Dennis McCarthy, pero también se oyen referencias a La guerra de la galaxias, Alien

Por todo ello, no hay trekkie que no considere que es mucho mejor entrega de Star Trek que la fallida presentación de Discovery (Alex Kurtzman, Bryan Fuller, 2017), tanto en respeto a la saga, como en guion, como en acabado, y eso que aquella habrá costando cuatro veces más.

The Orville no aspira a ser una gran serie, sino un entretenimiento muy agradable, y a pesar de algunos baches y carencias por ahora va muy bien encaminada. Y Seth MacFarlane está empezando a caerme muy bien.

THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 1

The Deuce
HBO | 2017
Drama | 8 ep. de 60-80 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

The Deuce es como se empezó a llamar popularmente a partir de los años cincuenta a la Calle 42 (42nd Street) de Manhattan, New York, donde ya abundaban los negocios relativos al espectáculo (teatros, pubs de conciertos…). Venía a ser los bajos fondos de Times Square, pues también destacaba por la prostitución y las drogas. La serie de mismo título narra como fue naciendo la industria del cine porno, ya que esta zona tuvo una importancia crucial. En España la HBO ha decidido subtitularla como Las Crónicas de Times Square, pues el original es un localismo difícil de vender.

David Simon tiene el cielo televisivo ganado con The Wire (2002), pero su carrera no acabó ahí, pues sigue deleitándonos con nuevas series que recrean lugares y períodos con un detallismo y profundidad novelescos, como la magnífica Treme (2010). La inspiración para The Deuce les llegó a Simon y a su colaborador habitual, George Pelecanos, por las vívidas historias de un conocido que vivió esa época, y tanto les gustaron que decidieron que esta sería su próxima producción.

En contraposición con la narrativa las dos series citadas, en plan novela río, sosegada, profunda, con mil curvas y ramificaciones, vamos al grano con más velocidad y menos complejidad. Acostumbrado a ese estilo, de primeras me han faltado algo de la meticulosidad en cada historia y personaje, la maduración a cocción lenta y llena de matices. Por ejemplo, en Treme la abogada e investigadora daba palos de ciego en cantidad, pero mientras lo hacía conocíamos los entresijos de Nueva Orleans; la cocinera pasó de un restaurante a otro varias veces, sin encontrar su sitio pero aprendiendo en cada uno cosas nuevas; etc. En la presente, una de las prostitutas decide querer hacer cine porno, y en un tris la tenemos en marcha; un camarero quiere montarse un pub, y ahí lo tenemos al poco; una joven universitaria abandona todo para buscar oportunidades, y sin muchos problemas encuentra donde asentarse; etc.

Pero hay que recalcar que el cambio de tono no implica que estemos ante un drama facilón y previsible, sino que sus autores han aspirado a menos. Creo que la experiencia con The Wire y Treme de jugársela a que por bajas audiencias puedan quedarse a medias los empujó a simplificar un poco e ir más rápido que de costumbre. Si ir más lejos, al poner en marcha el proyecto anunciaron que el plan son tres temporadas, con saltos temporales para abarcar las épocas importantes.

Es innegable que Simon sigue siendo uno de los mejores guionistas del momento, y aunque la ambición sea menor The Deuce mantiene su característica visión global de la temática tratada, que sigue superando de largo a muchas series dramáticas o históricas. A través de un sinfín de personajes muy humanos y atractivos va dando forma a una época y un lugar con un detallismo y verosimilitud fascinantes, de manera que desde el primer episodio el barrio The Deuce en 1970 y sus gentes cobran vida ante nuestros ojos.

Como es habitual en su obra, en cada entorno, gremio o grupo muestran distintos personajes, no usa un solo estereotipo para concentrar y resumir con lo básico. En las prostitutas tenemos a la independiente que se niega a venderse a un chulo y quiere labrarse un futuro estable, la joven perdida que es explotada por aquellos, la que quiere salirse de esta miseria, la que traga lo que le cae porque no conoce otra cosa… Tenemos camareros que viven con la prostitución en sus puertas, dueños de locales que explotan otras vertientes (videos, cabinas). Vemos agentes de policía aqueados por la situación y otros que la exprimen con trapicheos varios, pero todos atados de manos hasta que algún jefe finge hacer limpieza empujado por los políticos.

Todos los protagonistas aportan su semilla o se dejan llevar por la inercia social del momento: la visión sobre la pornografía está cambiando. De un negocio tabú y perseguido por la ley van permitiéndose pequeños chanchullos, y en el aire resuena la legalización paulatina. De tiendas oscuras con material de poca calidad pasamos a cabinas con bailarinas y máquinas de mirar videos cada vez mejor trabajados, y los más ambiciosos piensan a lo grande, planteando la posibilidad de tener películas porno en cines con gran distribución. Por otro lado, con la organización y el aumento de ingresos vienen también nuevos métodos para la prostitución: algunos van dirigiendo la prostitución en la calle y hoteluchos hacia clubes más selectos. Ahí conocemos también a las mafias italoamericanas, que tendrán más presencia en la segunda temporada.

Con tanto protagonista no voy a pararme a presentar a cada uno por separado, sólo a los más destacados y a algún secundario de mis preferidos. Vincent Martino es el tipo que vive de noche tras la barra, no sabe hacer otra cosa y esta le apasiona; su matrimonio está en la cuerda floja por ello. Su hermano gemelo, Frankie, es un vividor irresponsable que lo arrastra continuamente a sus problemas. Ambos los interpreta James Franco, el rostro más famoso pero el menos convincente. No está mal, pero le falta la naturalidad del resto del reparto, que es fantástico como siempre en la HBO, y como es habitual en Simon, recupera a algunos actores de sus otras series. Candy (Maggie Gyllenhaal) es la puta veterana y espabilada que sueña con encontrar un flujo de dinero estable, y por ello trata de introducirse en la incipiente industria del porno. C.C. (Gary Carr) y Larry Brown (Gbenga Akinnagbe) son los dos chulos más prominentes, el primero presumido por fuera y frío por dentro, el segundo más bruto en apariencia pero quizá con más corazón. Abigail (Margarita Levieva) es la chica culta que deja estudios y familia para vivir el mundo real, pero esa educación le permite esquivar la prostitución, mientras pueblerinas como Lori Madison (Emily Meade) y Darlene (Dominique Fishback) caen en sus garras de lleno. En un plano inferior tenemos a Chris Coy y al veterano Chris Bauer, dos actores siempre secundarios que me caen bien y aquí tienen personajes bastante interesantes: el primero es un camarero gay, Paul, para dar visibilidad a esa parte del gremio, el segundo es Bobby, un currante cualquiera (un obrero) que ve más dinero los recién creados locales de alterne.

En la puesta en escena los autores apuestan por mantener también su sello característico, la contención y dejar que la historia la cuenten los personajes. Lejos de la recreación ostentosa de tiempos pasados tipo Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010), con grandes decorados, panorámicas de ciudades hechas por ordenador y un aspecto visual muy artístico, The Deuce son cuatro calles y locales, muy bien aprovechados por una estupenda labor de vestuario, pero no especialmente espectaculares. Lo importante es lo que ocurre dentro, las vivencias de sus habitantes. La dirección es sobria pero muy sólida, manejando muy bien el tempo de escenas que cuentan con muchos personajes entrelazando sus historias. Por ejemplo, me cantan los desayunos donde se juntan muchos en el mismo bar, danzando con la cámara de mesa en mesa.

Como The Wire y Treme, no entiendo por qué se consideran series muy exclusivas y tienen tan poca audiencia. El éxito de la primera con el boca a boca demuestra que pueden llegar a mucha gente, pero también parece que cuesta entrar en ellas a pesar de que su supuesta dificultad se esfuma en cuanto ves un par de episodios y te enganchas a la corriente: quieres saber más de cada personaje, el ambiente es tan palpable que quieres seguir viviendo ahí.

Ver también:
-> Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)
Temporada 3 y final (2019)

THE LAST KINGDOM – TEMPORADA 2

BBC Two, Netflix | 2017
Aventuras, histórico | 8 ep. de 56-59 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Ian Hart, Harry McEntire, Simon Kunz, Thure Lindhardt, Millie Brady, Eliza Butterworth, Cavan Clerkin, Arnas Fedaravicius, Christian Hillborg, Mark Rowley, Toby Regbo, Tobias Santelmann, Adrian Bouchet, Björn Begntsson, Perl Baumeister, Eva Birthsitle, Gerard Kearns, Erik Madsen, Magnus Samuelsson, Alexander Willaume, Ole Christoffer Ertvaag.
Valoración:

Tras su colaboración en la victoria del rey Alfred de Wessex contra los daneses, Uthred esperaba tener mejores posibilidades de recuperar su tierra natal, Bebbanburg, y hallar a su hermana, esclavizada por los vikingos Kjartan y su hijo Sven. Pero el destino le tiene preparado nuevos retos.

Los planes del soberano de aunar los distintos reinos en una utópica Inglaterra implican echar a los invasores nórdicos que campan en algunos de ellos y hacer alianzas con los estados libres. En lo bélico no puede dejar ir a un recurso tan valioso como Uthred, así que le exige mantenerse a su servicio. Pero las intrigas constantes de Alfred limitan su libertad, y para el rey, el impetuoso pagano roza la traición muchas veces, con lo que la relación nunca va del todo bien.

Tienen a los belicosos hermanos Erik y Sigefrid como inminentes rivales en la liberación de las tierras conquistadas, la nueva alianza con el torpe rey Guthred (Thure Lindhardt) y su pequeño estado de Cumberland que colinda con esos territorios, y la proyectada mediante el matrimonio de la princesa heredera, Aethelflaed (Millie Brady), con otro vecino noble, Aethelred (Toby Regbo).

Así pues, se amplían los frentes respecto a la primera temporada. Los planes de cada facción se entrecruzan, chocando o avanzando a la vez hasta que un nuevo obstáculo aparece, pero tampoco olvidemos a la omnipresente religión, que mete baza según sus intereses, y los conflictos personales, donde cada jugador del tablero piensa por sí mismo. Y en todo el meollo Uthred aguanta como puede, poniendo siempre su independencia y experiencia por delante aunque sea a costa de quedar mal con todos.

Pero también vivirá otras aventuras muy variadas, porque la temporada abarca de todo, pero todo con muy buen ritmo y coherencia. Nada se precipita, cada evento cala, incluso los saltos temporales y las historias que parecen secundarias, como el invierno que Uthred pasa esclavizado en Islandia o el romance del vikingo con la noble secuestrada, se trabajan con esmero, con secundarios potentes, y dejan secuelas. Y no todo son palos para el joven, porque mantiene amigos (el padre Beocca, la monja Hild), hace otros nuevos (los soldados Halig, Finan, el danés Sithric…), y encuentra un nuevo amor en la hija de Guthred, Gisela (Peri Baumeister). Y no me olvido de su hermano adoptivo, Ragnar, y su amiga en común, Brida, que tendrán también sus momentos.

Se sigue cuidando muy bien el entorno histórico, tanto en la fidelidad a eventos y personajes como en la forma de actuar de las gentes. La influencia de religión, la forma de entender el mundo y expectativas de cada individuo según su clase y entorno, y el desarrollo de las invasiones son de nuevo mucho más fieles que en la exitosa Vikingos (Michael Hirst, 2013), donde la fidelidad se diluye o deforma en un espectáculo vacuo con personajes estrafalarios.

Con mayor número de escenarios tenemos también más decorados. Aquí se nota menos dinero que en Vikingos, pero dista de parecer una serie cutre. Sin embargo, es cierto también que le sigue faltando una puesta en escena de alta calidad que aproveche el potencial del género: todo son parajes naturales o decorados y el vestuario es estupendo, pero la forma de rodar es muy sencillita. Eso sí, hay un momento inesperadamente inspirado: el ataque al campamento donde secuestran a la princesa, narrado cámara en mano, es sobrecogedor. También cabe señalar que la música de John Lunn va ganando presencia, con mención especial para la voz de Eivør Pálsdóttir.

En cuanto a actores, destaco otra vez a David Dawson como Alfred, el estupendo idiota que consigue Thure Lindhardt en Guthred, el carisma de los vikingos Erik y Sigefrid, en manos de Christian Hillborg y Björn Bengtsson, y la veteranía de algunos secundarios como Ian Hart (Beocca) y Simon Kunz (Odda).

PD: Netflix se metió como coproductora junto a la BBC en esta segunda temporada, pero para la tercera ha adquirido la serie entera y sus derechos de emisión.

Ver también:
Temporada 1 (2015)

BLACK MIRROR – TEMPORADA 4


Netflix | 2017
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 41-76 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker.
Intérpretes: Jesse Plemons, Cristin Milioti, Jimmi Simpson, Rosemarie DeWitt, Brenna Harding, Andrea Riseborough, Kiran Sonia Sawar, Maxine Peake, Douglas Hodge, Letitia Wright, Daniel Lapaine, Aldis Hodge.
Valoración:

En esta cuarta temporada, aparte de la irregularidad habitual, se observa algo de desgaste, pues Charlie Brooker vuelve sobre ideas ya exploradas y no consigue deslumbrar como en otras ocasiones. Pero también se ven intentos de seguir experimentando con historias y estilos distintos, lo que disimula un tanto la reutilización de algunos pensamientos. Y el esfuerzo en buscar un acabado visual de calidad también se agradece. Pero claro, de quien nos ha regalado joyas como El himno nacional, Blanca Navidad y En picado se espera mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que las temporadas son muy cortas y es difícil perdonar los bajones.

Tras el salto encontraréis el análisis por capítulos:
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THE DEFENDERS

Netflix | 2017
Superhéroes | 8 ep. de 44-57 min.
Productores ejecutivos: Douglas Petrie, Marco Ramirez, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Krysten Ritter, Mike Colter, Finn Jones, Jessica Henwick, Scott Glenn, Sigourne Weaver, Rosario Dawson, Elden Henson, Deborah Ann Woll, Racherl Taylor, Simone Missick, Wai Ching Ho, Yutaka Takeuchi, Ramón Rodríguez, Elodie Young.
Valoración:

La miniserie ha sido llevada acabo por Douglas Petrie y Marco Ramírez, quienes tomaron las riendas de Daredevil en la segunda temporada, aunque como en las otras series, ha habido infinidad de productores y guionistas implicados. Y me temo que el bajón visto en su entrada se ha ido extendiendo también a los demás personajes, consolodidándose, por desgracia, la decepción de esta saga después de tanto prometer en sus inicios.

Lo mejor es que no se ha concebido como un evento espectacular pero ajeno, sino como una extensión de la historia de cada personaje. Además, con tan pocos episodios prometía ir al grano, y más cuando se ve que no fuerzan llegar a casi sesenta minutos en cada uno como en las largas temporadas de cada héroe por separado. En cuanto aparece cada uno de ellos estamos inmersos en su viaje y maduración, y cuando se juntan todos se enriquece el conjunto con sus disputas y la necesidad de unirse a pesar de las diferencias. Hay algunas situaciones y diálogos que apuntan maneras en el conflicto personal, además con buenas dosis de humor; la cena en el restaurante donde se refugian es la mar de movidita, por ejemplo. Luke debe aprender que las palabras bonitas no solucionan nada y a veces hay que dar un paso al frente. Matt ha de encontrar razones por las que vivir, aunque implique romper la promesa de arriesgar su vida y las de sus seres queridos por un bien mayor. Danny Rand debe madurar y asumir que en su lucha puede contar con aliados. Y Jessica Jones tiene que aprender a implicarse en algo de una vez por todas.

Pero hablo de un nivel correcto, nada que vaya cimentando una historia inteligente y atractiva y unos personajes de gran complejidad como debe tener una serie de primera división, como hubiéramos querido en el colofón de una saga tan esperada, aunque claro, con la caída gradual de calidad de la misma ya íbamos bastante avisados. Una vez en faena se ve que tiene tan poco que contar que va perdiendo fuelle rápidamente, para llegar a un tramo final muy decepcionante y aburrido.

El principal problema es que la premisa es enormemente previsible y los autores no parecen esforzarse por ocultarlo, van hacia adelante con desgana. A pesar de los amenos primeros contactos, la consumación de la unión de los superhéroes no podía ser más fácil, no encontramos ni una escena con profundidad o sorpresas que convierta lo inevitable en algo interesante. La trama en que se sumergen es insustancial, pues la Mano ha resultado ser lo que prometía: palabrería y sensacionalismo pero nada tangible, nada inquietante. Un grupo de chalados con poder, un poder que no se ve de dónde ha salido ni cómo se mantiene, porque nunca llega a vislumbrarse un entramado criminal y una conspiración verosímil, y cuando aparecen juntos los cinco líderes uno se pregunta cómo semejantes personajillos han durado tanto, pues cada uno actúa como le da la gana, atacando de frente a los enemigos, disputándose con sus compañeros migajas… Tanto prometer, tanto anunciar (incluso tirando del renombre de Sigourne Weaver), y todo ha quedado en nada. Sólo Madame Gao fue algo intrigante en algún momento, pero ha perdido toda autenticidad y garra.

En un limbo anodino quedan Stick y Elektra. Él es otra vez el mentor críptico que no suelta prenda; nada tiene que aportar hasta que los guionistas deciden que el personaje ha de hablar por fin… y luego tarda demasiado en cerrar la boca. Con Elektra es peor. Que si es mala, que si es buena, que si es un arma definitiva… Y lo único que vemos es a la insulsa Elodie Yung entrar en pantalla para soltar tres hostias y desaparecer hasta el siguiente episodio sin una razón concreta. Las decisiones que toma al final no se entienden, pero es que tampoco importan.

La aparición de los secundarios de cada héroe es anecdótica, por cumplir con ellos y ya está. Sólo Colleen Wing y Claire aportan algo, y no demasiado: Claire, como la única madura del grupo, suelta algún cliché sobre la unión y la responsabilidad, y Colleen tiene el esperable enfrentamiento contra Bakuto metido con calzador. El resto, aparcados en la comisaría como protección. Bueno, no todos. Los Meachum por alguna razón no aparecen. ¿Se quedaron sin dinero para más actores?

A estas alturas no sé si la confrontación de la Mano con los héroes era todavía esperada por algunos o una carga que quitarse de encima en espera de alguna historia más original y emocionante. Lo que está claro es que no recupera el interés ni ofrece un buen cierre. Sólo encontramos peleas cada dos por tres para rellenar hasta la batalla final, la mayor parte sin una justificación clara, sin giros que aporten algo digno a la trama, y con un sentido del espectáculo tirando a cutre. La intriga de la naturaleza y el propósito de la Mano es tan artificial, en plan Perdidos, que termina molestando. Dos temporadas (la segunda de Daredevil, la primera de Iron Fist) y otros tantos capítulos aquí mareando la perdiz con sus motivaciones ocultas, sus orígenes místicos, los artefactos mágicos supuestamente misteriosos, y el agujero de las narices. Al final, ninguna respuesta convincente, ninguna gran sorpresa. Que son malos porque sí, la búsqueda de la vida eterna, poderes que no se explican (¡lo hizo un mago!)… Para rematar, la forma de abrir por fin la pared mágica del fondo del agujero mágico para acceder al secreto mágico es de un ridículo que espanta.

El otro gran problema es el otro elemento crucial, la puesta en escena. Lo único que cuidaban en las otras series, tras despreocuparse de las coreografías trabajadas que tan bien resultaron en la primera etapa de Daredevil, era la fotografía. Pero aquí hasta eso abandonan, apoyándose en una cámara en mano muy facilona, dando la sensación de que no se planifican las escenas, simplemente se ruedan y ya se apañarán en la sala de postproducción. Las coreografías brillan por su ausencia, los golpes se ven muy falsos, y el montaje es tan malo que hay infinidad de cortes de plano mal dados que afean la escena y la hacen difícilmente comprensible a la par que poco espectacular. Lo peor es que cuanto más importante es la pelea menos empeño parecen poner, como si llegara la fecha del estreno y tuvieran que ir cada vez con más prisas. El esperadísimo enfrentamiento entre superhéroes y villanos, aparte de ser en un soso aparcamiento subterráneo, es una chapuza asombrosa. La mitad de las veces no sabes qué está pasando, quién golpea, quién recibe…

Y todo esto nos lleva a un despropósito de batalla final. Desde el guion es un despiporre, con la horda de peleles atacando en orden, disparando las armas de fuego únicamnete al que es inmune a ellas, Luke Cage, y usando armas blancas y puños contra los demás, los supervillanos apareciendo sólo de vez en cuando para lanzar a los protagonistas por el aire en vez de asestarles un golpe real, y giros ridículos como el sacrificio de uno de los superhéroes por… por… no hay motivos, es un cliché del género con el que se han empeñado en cumplir, igual que el penoso epílogo donde reaparece vivo sin más. En lo visual el desastre es épico. Golpes al aire, filigranas absurdas, un caos total donde no sabes quién es quién, y acabamos con un momento de vergüenza ajena suprema con los peleles atacando al ascensor como hormiguitas descerebradas a pesar de que es evidente que han perdido.

Quizá con un cierre digno podría haber salido algo mejor, porque lo cierto es que hasta entonces es un entretenimiento aceptable si vas sin exigencias, pero acaba tan mal que te quitan las ganas de seguir con la saga, y eso que ya veníamos escarmentados: la mayor parte de los que hemos pasado de Luke Cage ha sido por estar al día para poder seguir viendo Daredevil y Jessica Jones.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
-> The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

IRON FIST – TEMPORADA 1


Netflix | 2017
Superhéroes | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Scott Buck, varios.
Intérpretes: Finn Jones, Jessica Henwick, Jessica Stroup, Tom Pelphrey, David Wenham, Wai Ching Ho, Rosario Dawson, Ramón Rodríguez, Carrie-Anne Moss, Sacha Dhawan.
Valoración:

Iron Fist no empieza mal, pero entiendo que no calara en sus inicios, pues se espera una de superhéroes y tenemos un drama de ricos peleándose por su empresa. Yo le di el beneficio de la duda. Primero hay que presentar de dónde viene el protagonista, su entorno. Luego su nacimiento como héroe. Y finalmente abordar alguna confrontación iniciática.

El primer paso se iba dando aceptablemente bien. Todos los personajes me han interesado desde sus primeras escenas con un dibujo correcto que promete ir a más. Los nuevos acontecimientos les hacen replantearse las cosas, viéndose en seguida una evolución, las relaciones entre ellos son jugosas, se maneja bien la doble moral, los intereses propios y los conflictos internos, y los actores secundarios son la mar de competentes.

Los herederos del imperio Rand/Meachum tras la muerte de sus padres y la desaparición del joven Danny Rand son los hermanos Joy y Ward Meachum, quienes manejan la empresa con determinación y pocos baches. Jessica Stroup resulta una actriz muy eficaz, y Tom Pelhrey, quien deslumbró en Banshee (2013), está estupendo, sobre todo cuando se tuercen las cosas. Esto sucede cuando reaparece Danny Rand (Finn Jones) reclamando lo que es suyo. Descubrimos entonces que Harold Meachum fingió su muerte y controla la empresa desde las sombras a través de Ward. David Wenham (dado a conocer como Faramir en El Señor de los Anillos: Las dos torres -2002-) exprime de maravilla un personaje con muchas luces y sombras, que no sabes si es villano o un pelele. En cambio, el eslabón más débil es el protagonista. Finn Jones (empezó a hacerse notar en Juego de tronos -2011-) anda algo justo de registro y carisma cuando ha de verse su cara heroica, y aunque en el tramo inicial da el pego lo justo como joven inmaduro que tropieza incontables veces mientras va aprendiendo, está claro que hacía falta alguien con más talento para atrapar con mayor fuerza.

En su faceta de héroe pronto conocemos a Colleen Wing, una joven que enseña artes marciales. Jessica Henwick, vista en Juego de tronos (2011) como una de las guerrilleras hijas de Oberyn Martell, tiene el encanto y el buen hacer que le falta a Jones, y menos mal que lo acompaña en muchas aventuras levantando el nivel. También nos encontraremos con la omnipresente Claire Temple (Rosario Dawson), que ha de lidiar con la inmadurez de Danny y el romance de adolescente que se trae con Wing. Por suerte, este último no es lastimero, y la relación entre los tres es bastante amena.

Como villanos no tenemos gran cosa. Seguimos con la siniestra Madame Gao (Wai Ching Ho), pero cuanto más la vemos más sensacionalista parece, un enemigo de folletín al que le irán dando o quitando poderes y protagonismo según improvisen las tramas. Así funciona también la organización misteriosa a la que pertenece, la Mano. Esta era un sin dios ya desde su presentación en la segunda de Daredevil. Es una entidad sin rostro, sin definición concreta más allá de una vulgar “son el mal en sí mismo y buscan destrucción” ¿De verdad a estas alturas, tras titanes como Fisk y el Kilgrave, esperan que esto impresione? Con el amago con el tipo que parece querer desligarse de la banda, Bakuto, se humaniza brevemente a un enemigo muy mal planteado, pero no llega a funcionar porque era un engaño breve y además el casting ha estado muy desatinado, pues Ramón Rodríguez ofrece un papel sin capacidad para conmover en sus discursos manipuladores o causar pavor cuando demuestra su verdadera cara. Harold Meachum termina resultando mejor villano, con su humanidad y ambigüedad y la conexión más directa con los protagonistas. Eso sí, en los últimos capítulos no saben muy bien qué hacer con él, el jaleo de las peleas con la Mano lo eclipsa un poco.

El problema principal, y es muy grave, es que la serie no madura, cuando ha de llegar el nacimiento del héroe y la confrontación se ahoga en una vulgaridad infantil que va perdiendo más y más fuelle conforme avanza. El material que hay valía para una temporada de seis u ocho episodio, y si alguno no tenía para llegar a los cincuenta minutos, pues así se tendría que quedar. Pero por el formato exigido han de tenerlos todos rozando los sesenta minutos y rellenar así trece eternos capítulos. No puedo evitar pensar que las carencias que arrastra la temporada quizá no habrían cantado o molestado tanto si no se hubiera estirado todo hasta quedar en casi nada. Ante este panorama, es normal que lo que empezó contagiando poco entusiasmo a los espectadores haya decepcionado tanto. Eso sí, no entiendo que por el otro lado Luke Cage tuviera una recepción tan superior. Sin duda Iron Fist se queda muy corta, pero aquella naufraga a lo grande.

Danny no se presentaba mal, pero con ese alargamiento de las tramas, sus dilemas y dudas acaban haciéndose pesados, dando la sensación que el personaje tan inmaduro y bobo que les queda no es el que buscaban. La cosa empeora porque el trasfondo de su historia tiene tantas vaguedades como el de los rivales de la Mano. El rollo místico y la supuesta relevancia de los monjes no cala lo más mínimo, de hecho hacia el final se torna cargante, con el cansino Bakuto y el monje que aparece como compañero de Rand, Davos, un tipo idiota y pesado y muy mal interpretado por Sacha Dhawan.

Con el poco interés despertado por las dos facciones, la confrontación tiene todas las de no funcionar… Y así sucede. Los guionistas se atascan en un bucle, incapaces de ir más allá de un par de encontronazos por capítulo malamente justificados (sin emoción en la lucha ni un espectáculo gratificante), poco avance real pero sí alguna dosis de intriga barata para que sigas enganchado, y un conato de romance y maduración sin la profundidad suficiente como para interesar lo más mínimo. Los pocos momentos clave (primer enfrentamiento con Gao, los líos con Bakuto, la indecisión de Wing, Bakuto desenmascarándose, los enfrentamientos finales) no aportan nada sustancioso, son más batallas de artes marciales poco trabajadas que no valen para levantar una trama poco trabajada. Si es que el conflicto familiar de los Meachum sigue siendo más interesante que los líos místicos y las conspiraciones supuestamente globales y tenebrosas pero en realidad huecas y poco verosímiles.

Conforme llegamos al final el interés no se levanta ni un ápice, se ve venir de lejos que va a seguir cayendo en la monotonía y mediocridad. No disfrutamos de un desenlace épico, ni obtenemos respuestas gratificantes, ni tan siquiera hay giros o sorpresas que te engañen y te hagan acabar la temporada con un ligero buen sabor de boca. De hecho, incluso se lastra a The Defenderse, cuya trama principal se apoya por desgracia en Danny y la Mano. Eso sí, ahí explican por fin qué es la Mano… y como se suponía es puro humo.

La falta de dinero agrava todas las carencias. Después de dejarnos anonadados con el nivel de las peleas en la primera temporada de Daredevil, las prisas ahogaron la saga. Las de Iron Fist son realmente malas, unas coreografías insulsas con mucho saltito pero poco golpe creíble y una puesta en escena mediocre que convierte muchas escenas en un paripé estúpido. Aunque la fotografía sí es bastante buena, los escenarios no impresionan lo más mínimo, y los exteriores tampoco. Las pocas veces que hay alguna promesa, como el vuelo a China o conocer Kun Lun, se cae en un ridículo indescriptible. El país asiático es obviamente cualquier otro callejón de Nueva York, y el clímax que ahí se ofrece es anodino. Pero más grave es que, tras tanto hablar de Kun Lun y del entrenamiento, no tengamos ni una escena decente, ni un flashbacks que muestre el lugar y el aprendizaje de Danny como es debido. Apañan un par de escenas cutres del accidente de avión y de la montaña y un plano lejano del monasterio, pero las pantallas de fondo, los matte paintings y los decorados enanos de cartón piedra son tan penosos que mejor se lo hubieran ahorrado.

El showrunner Scott Buck salió del equipo de guionistas y productores de una obra maestra como A dos metros bajo tierra (2001), pero no pareció servirle de mucho: luego pasó por la exitosa pero infame Dexter (2006) y recientemente tuvo un buen batacazo con otra de superhéroes, Inhumans (2017). Aquí no ha dado los resultados que se esperaban, porque al parecer se esperaba algo, y ha sido despedido, pero para la segunda temporada han fichado a alguien con un currículo más inquietante: Raven Metzner, aparte de alguna serie intrascendente, fue el guionista de aquella aberración de adaptación de Elektra (Rob Bowman, 2005, con Jennifer Garner de protagonista) y uno de los principales en el equipo de Falling Skies (2011), otro truño de cuidado. Viendo la deriva de esta saga y la escasísima calidad de la unión de todos los héroes en la miniserie The Defenders, yo creo que esto ya no hay quien lo remonte. Sólo queda esperar que Daredevil y Jessica Jones aguanten el tipo y dignifiquen un poco el género en televisión.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
-> Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)