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THE GOOD WIFE – TEMPORADA 7 Y FINAL


CBS | 2015-2016
Drama | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Cush Jumbo, Christine Baranski, Jeffrey Dean Morgan, Chris Noth, Alan Cumming, Makenzie Vega, Michael J. Fox, Sarah Steele, Zach Grenier.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento la temporada bastante a fondo, sobre todo el final. —

Última temporada de The Good Wife. Cabía esperar que por fin echaran toda la carne en el asador, que movieran de una vez por todas a los personajes que no se atrevían a mover, empezando por Alicia. Que, ya sin miedo por el futuro, rompieran los tabúes conservadores a los que se aferran, limitando su potencial mucho más de la cuenta, hasta el punto de haber provocado algunas historias y giros bastante criticables a lo largo de la serie. Y más sabiendo que, al ser el final, se mira con especial atención ese riesgo o la falta de él y las elecciones que tomen a la hora de enfrentar el desenlace.

Pero en realidad no tenemos nada nuevo, es otro año más, con sus virtudes y limitaciones ya de sobras conocidas. Como en toda la serie, nos encontramos ante una narrativa encorsetada en directrices (a veces incluso absurdas) que limitan a unos guionistas que muestran un potencial muy superior. El notable dibujo de personajes (incluso los que tiene apariciones esporádicas), la sutileza con que narran algunas relaciones y pensamientos, y los subtextos tan inteligentes que suelen tener los casos del día a día (empezando porque tocan temas de actualidad bastante jugosos), de nuevo ven frenados su potencial por la obsesión de aferrarse a un esquema narrativo inmovilista y un tono conservador. Y sigue sorprendiendo que repiten el error de abordar tramas que saben que no pueden llevar a buen puerto por esas razones y acabarán obligados a darles carpetazo de mala manera. También, como ha sido más o menos la tónica, se pueden diferenciar tres fases. La que se centra en los casos sueltos, la que sigue una historia larga (en los primeros años, más de abogacía, en los últimos, con predominio de la política), y la que parece improvisada porque se han quedado sin material, pues siempre se ha notado que veintidós capítulos por año son demasiados. Normalmente seguían este mismo orden, pero aquí es el inverso.

El tramo inicial parece ir sin ganas, tirando sobre la marcha con rellenos poco sustanciosos (por suerte, como no es el final de temporada, no incluyen un giro sensacionalista). Y es que empezamos en una posición que ya critiqué en la etapa anterior. Qué sentido tiene volver a poner a Alicia empezando desde lo más bajo de la abogacía, y más cuando se ha hecho forzando, otra vez también, un distanciamiento hacia sus compañeros y amigos, más otro amago de acercamiento a su archienemigo, Canning. Llevan amagando con que se va a trabajar o no con él desde tiempos inmemoriales, mareando la perdiz sin llegar a nada. Y llevan el mismo tiempo jugando con que Alicia llega a lo alto del mundo laboral (encabezar un bufete importante, saltar a la política) para lanzarla al barro otra vez.

Consiguen mitigar un poco la sensación de paso atrás gracias a que los casos son bastante entretenidos y algunos incluso dejan buenas reflexiones, y a que en cierta manera dan un paso lateral que disimula un poco, ya que variamos ligeramente la dinámica de siempre en la relación con los clientes, pues sacan a Alicia de un despacho rodeada de abogados y la meten en las trincheras, peleándose por las migajas en la sala de vistas para fianzas primero, y luchando desde casa por levantar cabeza poco después. También se intenta aportar savia nueva. En seguida conocemos a Lucca Quinn, una abogada novata con la que empieza a colaborar porque se llevan bien. Esta es una de esas ocasiones en que un rol secundario termina ascendiendo a protagonista porque el actor es un roba escenas de cuidado: el buen hacer (y la buena presencia, claro) de Cush Jumbo le ganó pronto mantenerse durante toda la temporada, pero también ser recuperada en el spin off The Good Fight que encabeza Diane Lockhart.

Por desgracia, también aquí se materializa la nueva relación en tensión a través un mozo atractivo por el que Alicia se pone cachonda y duda durante media temporada sobre si irse con él o no. Lo cierto es que el personaje, Jason Crouse, tiene carisma y Jeffrey Dean Morgan le otorga más, pero la dinámica con los investigadores lleva siendo cansina desde hace mucho (qué pesados con Kalinda, y qué mal trataron a Robin en cambio), y si encima forma también parte del eterno triángulo amoroso, pues me pone en una situación difícil: por un lado, me cae bien, por el otro, parece hacer lo mismo en todos los capítulos, lo mismo que hacían otros personajes. Esto señala lo que venía diciendo, la obsesión por mantenerse a la fuerza fieles a la premisa y el tono conservador. Hay que tener un investigador que resuelva los casos con una llamada de último momento, y Alicia debe tener un conato de aventura mientras duda de si ser fiel a Peter para mantener a la familia, porque ha de haber movimiento dramático y tensión en el personaje pero a la vez el divorcio es tratado constantemente como una catástrofe, como un pecado (sí, estamos en el siglo XXI).

Además, es incomprensible que se centren tanto en Alicia teniendo a mano tantos protagonistas y tantas posibilidades con los diferentes frentes latentes. El bufete de Diane, Cary y Lee se mantiene de mala manera, con tramas secundarias entre tontorronas y lamentables. En vez tener casos paralelos que agilicen el ritmo, aparecen como para cumplir con el contrato de los actores. El lío con el viejo de Howard Lyman llega a resultar verdaderamente cansino, y rebaja de mala manera a grandes personajes como Diane y Cary. Los líos de racismo al contratar nuevos abogados aportan bien poco, salvo mantener la maldición de la serie de personajes que desaparecen: Monica Timmons (Nikki M. James) parecía estar ahí para largo, y se esfuma sin más; y hay que sumar otros casos recientes, como el encantador Finn Polmar (Matthew Goode), la anterior pieza del triángulo amoroso de Alicia que fue descartada cuando ya no servía, y el tal RD (Chris Platt), el del lobby republicano que parecía tan importante en las historias de Diane, hasta el punto de que lo citan en algunos roces ideológicos, pero que nunca vuelve a aparecer. Y aquí voy a mencionar que, como en las etapas anteriores, no aprovechan bien a la fauna de personajes recurrentes que construyeron en los primeros años, a pesar del tiempo a rellenar que había. Aparte de Canning apenas aparece Elsbeth Tascioni y un par de abogados y jueces.

Con Eli Gold también estamos estancados. El actor Alan Cumming tiene una presencia arrolladora capaz de levantar casi cualquier situación, y la hija (Marissa) es la mar de simpática, pero leches, repetir durante todos los capítulos el chiste del despacho enano, el momento de rencilla con la directora de campaña de Peter y las manías del personaje (ser ladino y manipulador), termina agotando. Sólo se recupera cuando se sincera con Alicia por haberle ocultado una llamada de Will Gardner hace unos años, un giro bien aprovechado ahora aunque en aquel entonces fuera el enésimo truco para poner en frío de nuevo la relación en tensión.

Este tramo logra entretener y ofrece algunos buenos momentos (destacando la dinámica con Lucca y que la religiosidad de la hija de Alicia se ha descartado inesperadamente y tiene algunos aportes interesantes, como su trabajillo como secretaria), pero la poco disimulada repetición del esquema narrativo se hace evidente demasiado pronto y afecta demasiado a los personajes secundarios, atascados en un bucle que roza la vergüenza ajena. Así pues, en esta reformulación de la premisa no parece haber suficiente para justificar el retroceso en el estado laboral y personal de Alicia, y como inicio de la temporada final deja más bien una sensación de agotamiento de ideas, de decepción, y más teniendo en cuenta todo lo que abarca, diez capítulos, casi la mitad de la temporada.

Con Eli y la directora de campaña Ruth Eastman, para la que ficharon a un peso pesado como Margo Martindale, iban manteniendo en segundo plano la carrera para la vicepresidencia de Peter. No ha ofrecido nada especialmente llamativo, más que nada porque se atasca con la dinámica repetitiva de Eli y Ruth, y cuando por fin cobra protagonismo no es que aporte algo extraordinario. Sí, es uno de esos tramos donde nos apartamos de la dinámica habitual de abogados y nos ofrecen una perspectiva muy realista de cómo funciona la política en Estados Unidos, pero ya hemos visto varias veces que, por mucho fuego artificial que lancen, al final harán un reset. Y vaya si lo hacen, con todo descaro. Pero, como en la serie en general, mantiene un nivel más que decente porque los personajes son bastante buenos y sus vivencias y sentimientos están bien exprimidos. Alicia está harta de todo y empieza a romper con todo sin miedos ni remordimientos. Va con Peter porque es bueno para la carrera de ambos, pero no parece sentir nada por él. Aguanta a Eli igual, y también parece que si lo llega a perdonar es por seguir adelante.

Así pues, aunque no ha sido espectacular, este tramo ha dado vidilla cuando la temporada no parecía dirigirse hacia ninguna parte, y dura poco, pues en seguida nos lanzamos al arco final, donde el procedimental de abogados ofrece lo mejor de sí y la trama creciente del nuevo juicio contra Peter salpica con un poco de intriga. El ritmo y el interés crecen con casos más llamativos, con personajes que se mueven más, y en general con una sensación de dirección, de que los productores sí se están trabajando el final de la serie.

Para empezar, inesperadamente terminan echándole huevos y llevando por fin a Alicia a una aventura auténtica con Jason, rompiendo el eterno triángulo amoroso con ella decidida a follar sin mirar atrás, a vivir la vida de una vez por todas. Por cierto, es graciosísimo ver que le cambian la peluca desde entonces por una más clara y medio despeinada, señalando actitud juvenil y desenfrenada. Los tejemanejes en el bufete dan lo mejor de sí después de un receso tan largo. Diane recupera su merecido protagonismo, Alicia y Quinn luchan por hacerse un hueco, los roces clásicos con Lee mantienen el tipo, hay unos pocos casos muy interesantes, como el del trasunto de Snowden, el de las armas, el la seguridad versus intimidad (el de los drones), y todo termina explotando con el acoso a Peter, donde Eli vuelve a estar en su salsa. La apoteosis llega en el capítulo de la fiesta en casa de Alicia (720, Party), el mejor del año.

Por supuesto, esta sección también tiene su lado malo, pues le sigue pesando la sensación que no han meditado bien algunas cosas. Resulta bastante cogido por los pelos (aunque a la vez se veía venir) que Alicia acabe otra vez en el bufete, y aunque iba predispuesto a perdonarlo porque así los teníamos a todos juntos, resulta que esto no es del todo así. Primero, la relación entre Alicia y Diane está un poco fría, no terminan de entrar en una dinámica llamativa de o guerra o recuperar la amistad profesional y personal. De hecho tenemos una subtrama extraña: el intento de formar un bufete sólo de mujeres da vueltas sin concretar nada, y al final se esfuma en el aire. Y lo grave es que no queda claro qué quería Alicia, si estaba dispuesta a volver luchar por ascender o, como parecía, estaba más feliz siendo abogada de más bajo nivel. Pero el problema más claro es que parece que no sabían qué hacer con Cary, y lo van relegando y relegando hasta que deben quitárselo de encima. ¿Tanto se enamoraron los escritores de Lucca Quinn o de su intérprete que Cary ya no les encajaba? Es una lástima, era otro personaje principal notable y el joven Matt Czuchry ha estado espléndido todos estos años. También me pregunto por qué, cuando temen por el futuro de Peter, Eli pretende que sus donantes pasen a Alicia: ¿no estaba ella vetada en el partido?

El final trae polémica, una polémica que no he entendido muy bien, porque no veo salidas de tono de dudosa justificación o lo contrario, cobardía excesiva, como para ponerlo a parir. Hay varios frentes abiertos, y los principales, aunque difíciles, los cierran bien. Sólo con algún aspecto secundario tendría pegas. La bofetada de Diane a Alicia me parece otro momento de esos de forzar enemistades; lo mismo si tenemos dos capítulos más acaban juntas otra vez, que ya me conozco la jugada. Y la salida de Cary no me gustó, no tiene un final digno.

Lo más relevante es Alicia, pues de nuevo copa un protagonismo excesivo. El caso contra Peter se desarrolla bastante bien, con infinidad de baches y giros que mantienen un buen nivel de expectación. El trío amoroso se estira como siempre, pero sacan mucho partido de los sentimientos de Alicia, de su lucha interna por decidir si seguir con su familia, aunque ya no sienta nada por su marido, para mantener a sus hijos y su trabajo en un nivel de estabilidad y respetabilidad como exige la sociedad, o si sería mejor arriesgarse a perseguir una felicidad más idílica yéndose con Jason, un inmaduro lleno de promesas vagas pero atractivas. ¿Y por qué se decantan al final los autores? Por un término medio que me parece muy acertado. Alicia, que creía haber madurado, ofreciendo una cara muy dura al exterior, con cinismo incluso, trabajando duramente, incluso si era necesario doblegando la justicia y la ética, para salir adelante y sacar adelante su familia, en el momento clave demuestra no haber madurado del todo, sobre todo en cuanto a relaciones amorosas. Su indecisión, su lentitud a la hora de enfrentar sus sentimientos y contrastarlos con los deberes como cabeza de familia, le explotan en la cara, dejándola en un limbo: Jason huye, con Peter se ha vuelto a distanciar.

Supongo que muchos espectadores esperaban lo fácil, que se fuera con Crouse siguiendo la fantasía. Quizá otros pensaban que el acercamiento a Peter, aunque fuera desde el respeto y la responsabilidad más que desde el amor, auguraba que se quedaría con su familia. Pues yo me alegro de que los guionistas por una vez hayan optado por un movimiento valiente, y también un tanto cruel, melancólico: la vida sigue adelante, dándote bofetadas si no actúas con determinación. Prefiero un final abierto, que deje margen a la imaginación y a la reflexión, que uno que te lo dé todo mascadito, donde el único riesgo está en elegir entre dos opciones demasiado previsibles y que con toda probabilidad implican una recepción más dispar, dividida precisamente en dos. Por ello, remarco que no entiendo qué es lo que no ha gustado. Creo que, dada la serie que era y dada la trama final, no había mejor desenlace sin llegar a abandonar su espíritu.

PD: Ahora que me fijo, me sorprende la falsa publicidad de los pósteres de cada temporada, con Alicia vestida de rojo o en posturas eróticas, todo lo contrario a su estilo habitual.

Ver también:
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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THE GOOD WIFE – TEMPORADA 6


CBS | 2015
Drama | 22 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Christine Baranski, Matthew Goode, Archie Panjabi, Chris Noth, Alan Cumming, Zack Grenier, Mike Colter, Michael J. Fox.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay algunos spoilers importantes si no has visto esta y la anterior.–

He de decir que tras la quinta temporada abandoné The Good Wife, pues me sentía defraudado e incluso engañado. Le había costado varios años, pero parecía estar madurando lentamente, dejando atrás sus numerosas limitaciones (el tono procedimental, el potencial desaprovechado de las historias y su alcance), tanto que esa quinta etapa se había lanzado por fin echando toda la carne en el asador… Pero en su ecuador se vio que era todo humo, que sólo se habían atrevido desarrollar tramas de apariencia valiente porque un actor abandonaba el barco y podían hacer un reset descarado sin vergüenza alguna. Y a partir de ahí fue dando tumbos, estancándose en viejos y en nuevos errores.

No he retomado la serie porque haya mejorado en críticas, de hecho se le acusa de problemas semejantes en los dos últimos años, sino por afán completista, por curiosidad, y bueno, también porque en el fondo sigue teniendo buenas virtudes que la hacen muy entretenida, y esperaba que no volvieran a meter la zarpa de esa manera. Pero una vez vista queda claro que le ocurre en cierta manera lo mismo. Por suerte el bajón llega más tarde, en el tramo final, y no es tan grave, pues el giro que deja todo lo andado en el limbo no resulta un reinicio tan grande. Además, la parte buena lo es bastante.

Entre sus aciertos vuelve a figurar ese crecimiento. El tono de procedimental desaparece por completo, hasta el bajón, en dos tramas principales potentes y bastante bien llevadas, el juicio a Cary y el viaje en la política de Alicia, entre las que se alternan unos pocos casos bastante acertados, en especial a la hora de tratar temas de actualidad. En estos destacan los que tratan las violaciones en las universidades, el racismo en la policía, los temas de informática (aunque el hackeo al nuevo bufete da un poco de risa: ¿abogados de nivel cediendo a un chantaje cutre?) y otras nuevas tecnologías (el dilema de las armas llevado a las que se pueden hacer con impresoras 3D).

El proceso a Cary es iniciado por la fiscalía, eterno rival de nuestros protagonistas, para tratar de llegar a uno de sus clientes, el narcotraficante Lemond Bishop (Mike Colter). Su desenlace era obvio desde el principio, pero el trayecto mantiene el interés en todo momento con infinidad de problemas, algunos inesperados, y bastante tensión: se ve a los personajes sufrir y esforzarse en todo momento en este enorme revés que los azota justo cuando estaban poniendo en marcha su nuevo bufete. Paralelamente tenemos la campaña de Alicia para Fiscal del Estado, esa a la que no quería presentarse pero el entorno, encabezado por Eli, la empujó hasta que lo vio como un paso inevitable. Y eso es lo mejor de la temporada. Alicia más que nunca es la protagonista, y sabemos en todo momento qué piensa, qué sufre, qué quiere, qué la lleva a tomar unas decisiones u otras, incluyendo algunas en contra de su postura inicial (debe replantearse su ética cada dos por tres). Recordemos que en los inicios de la serie los guionistas no eran capaces de mostrar su interior con cercanía, era un rol plano, frío, y muchas veces engullido por los que se suponía que eran los secundarios. Ahora hasta tenemos escenas que nos introducen directamente en sus pensamientos, viendo las situaciones que imagina y analiza. Aquí es imprescindible citar el capítulo 604, Oppo Research (análisis del oponente), donde Eli le selecciona un director de campaña y buscan juntos todos los puntos oscuros y polémicos sobre ella que la oposición podría sacar durante la contienda. El drama personal tan bien tratado y el paso final que dan a la hora de abordar el análisis del sistema político estadounidense ofrecen el que probablemente sea el mejor episodio de la serie y uno de los grandes del 2015.

En plena carrera a las elecciones hay tramos en los que parece que estamos ante la hermana menor de El Ala Oeste de la Casa Blanca con toques de la campaña de Carcetti en The Wire: el funcionamiento del entramado político, sobre todo obviamente en el camino previo a las votaciones, es tratado con verosimilitud y detallismo. Incluso se atreven a aportar ciertas dosis de humor negro e ironía bastante sutiles. Los grupos de opinión, las presiones de todo tipo, los debates, las entrevistas, las recaudaciones… Vemos todas las caras de un sistema lleno de agujeros: el racismo, las posturas fingidas (decir que el matrimonio Alicia-Peter va viento en popa), los juegos sucios (sacar a la luz temas personales delicados), las influencias de un lado (los donantes ricos, como el viejo asqueroso) y de otro (los políticos, como los superiores del partido)… Pero aunque se roza el nivel eternamente prometido sigue chocando con algunas barreras que limitan su potencial. No me hubiera parecido muy grave si no fuera porque en el tramo final explota todo, pero aunque no fuera así tendría que citar estos puntos débiles del año, porque después de todo sigue estando presente en todo momento la sensación de que en algunos aspectos los autores no se atrevan a mojarse del todo. Es como si se hubiera abierto la veda para tratar la política, pero en los temas sociales (amores, amistades, matrimonios) y la religión siguiera siendo una serie muy conservadora.

La religión la incluyen pero hablan de ella con mucho miedo a herir sensibilidades, así que todo es forzadamente luminoso, todos se respetan, y Alicia acepta por fin que debe dejar la puerta abierta porque tarde o temprano Dios entrará… Y cada vez que aparece la hija, a la que los guionistas en vez de sacarla del armario la metieron en la iglesia, dan ganas de vomitar. En la misma onda rancia tenemos otra vez amagos de romance con Alicia, y varios además, que se quedan en nada, señalando claramente que los realizadores no se atreven a ir más allá del concepto “Santa Alicia”, eso de que las aventuras son un pecado y el matrimonio debe mantenerse a toda costa aunque esté podrido y sostenido en mentiras. Así, Alicia sólo se siente tentada cuando las cosas van mal y un hombre hecho y derecho la apoya en esos momentos de bajón (aunque una vez tiene un calentón por un instante de entusiasmo), pero luego se recupera y vuelve a ser la mujer perfecta: trabajadora, ama de casa y esposa calladita. Vale, quizá no sea una situación tan de blanco o negro, pero sí es cierto que a la hora de dar el paso definitivo en una acción o decisión siempre optan por barrerlo todo bajo la alfombra, sin atreverse a criticar a fondo tendencias sociales impuestas por los sectores conservadores. En esta falla cabe destacar lo desaprovechado que está el personaje de Finn, pues aunque Mathew Goode logra un rol atractivo en sus pocas frases los escritores se empeñan en tenerlo como sustituto pobre de Will, esto es, el romance en tensión que nunca llega a nada. Mira que cuando parecía que iban a lanzarse lograron un par de escenas geniales, como la del restaurante donde se va la luz y ponen velas, convirtiéndose inesperadamente en una cena romántica, pero en general lo incluyen con calzador en las tramas, como esos casos en los que aparece ayudando en el juzgado sin que se sepa por qué, puesto que no trabaja con ellos.

Y, aunque menos evidente a primera vista pero también relevante, tenemos que la esperada trama de rivalidad entre bufetes se deja de lado para centrarse en la sección política, y cuando parece que van a volver a ella la fulminan rápidamente: la firma de los protagonistas recupera las oficinas originales y poco a poco a todos los abogados, hasta al malvado de David Lee. ¿Qué necesidad había de aferrarse tanto al statu quo, por qué ese miedo a enfrentar a quienes antes eran amigos (la facilona forma en que Diane acabó trabajando con Alicia y Cary en vez de ser oponentes), por qué hacer amagos de guerras que no vamos a ver? Y no acaba aquí, porque como veréis más abajo, en los últimos capítulos repiten estos errores.

Esta barrera ideológica, sea autoimpuesta por los guionistas por miedo o imposición de la cadena, explota cuando, en un giro de folletín forzado, todo lo andado en diecinueve episodios se queda prácticamente en nada: ¡no se atreven a dar el paso de que Alicia llegue fiscal y vuelven a ponerla como una abogada cualquiera! La evolución lógica de la serie, y más dedicándole tanto tiempo a esa historia, era que acabara como fiscal. No puedes volver al punto de salida, a luchar por empezar en la abogacía desde abajo, ya lo hemos visto en sus dos versiones, como novata y formando un bufete. ¿Otra vez tenemos que lidiar con ello? ¿En el tramo final de la serie? ¿Cuando anuncias a bombo y platillo que vas a dar un gran paso al frente? ¿Repitiendo el lío de votaciones trucadas y con un giro trampa demencial que la hace dimitir sin tener culpa de nada y sin luchar ni un mísero minuto? Y para colmo todos los problemas y escándalos se eliminan de golpe: los donantes exigentes no le piden cuentas de su huida repentina, Peter no aporta nada a pesar de su posición como marido y gobernador, sea decirle que tire la toalla o ayudarla a plantar cara, y la sospecha de su relación con Bishop ya es obviamente irrelevante. Es decir, la trama se suspende porque le sale de ahí a los productores y/o escritores, y no se esfuerzan mucho en darle un cierre bien desarrollado que no deje flecos, dan un portazo y miran para otro lado, tal y como hicieron con la penosa muerte de Will, que se llevó por delante todo frente abierto sin disimulo alguno.

Ahí termina la temporada. Como en el año anterior, hay algunas secuelas en los personajes (Alicia está cansada y asqueada), pero son muy leves, intrascendentales y predecibles… así que intentan recuperar el ritmo metiendo más giros sensacionalistas absurdos. Que si Alicia se pelea con su bufete y la relación con sus compañeros y amigos se va al traste, que si va a ir a por todas para luchar contra ellos… Y esto se cierra con un abrazo y perdón cutre, fuera de pantalla además, igual que los roces con Cary que adornaron malamente su inicio en el bufete conjunto en el desenlace de la etapa anterior. Pero esto no da para cumplir con los capítulos que quedan, así que vuelven al procedimental incluyendo casos vulgares que parecen escritos con prisas. El del tipo retenido ilegalmente por la policía parecía volver a tratar temas serios, pero es el mejor ejemplo de que está tan encorsetado en el procedimental que no explora lo más mínimo sus posibilidades. Y en los últimos minutos del año nos tratan de colar otro giro forzado con la aparición de Canning, como si dijeran “ahora sí vamos a cambiar las cosas”. No veo por qué montar otro bufete, por mucho que sea con quien era un ferviente enemigo, va a ser más interesante que seguir con todas las historias tan jugosas que iban desarrollando. Por no decir que ya amagaron con ello hace tres temporadas.

Los otros puntos débiles tampoco son nuevos. Entiendo que no haya tiempo para todos los personajes recurrentes de este particular universo, pero es que no saben dosificar sus apariciones y salidas. Canning es el que mejor parado acaba al tener más tiempo, y la presencia de la encargada de hacer el seguimiento de los acusados (un puesto que no conocía, parecido al de agente de la condicional pero antes de pasar por prisión) funciona por la novedad. Pero con el resto rozamos el desastre. Robin desaparece sin más a los pocos episodios. Los abogados y jueces variopintos apenas cumplen su cupo, y da la impresión de que a veces intentan reforzar sus breves apariciones recalcando sus peculiaridades, como el tipo investigador que siempre lleva varios niños a cuestas, con el que en cada escena repiten el mismo patrón de forma cargante. Aunque la peor parada en esta categoría es Elsbeth Tascioni: lo que hacen con ella es surrealista y termina siendo un insulto a la gente con problemas tipo asperger, obsesión compulsiva, déficit de atención y semejantes; me sorprende que no hubiera una buena polémica. También vuelven a incluir una mujer en la órbita de Alicia y Peter… y de nuevo se queda en casi nada. Al menos el rol de Connie Nielsen se va cerrando su historia, porque los de Amanda Peet, Maura Tierney y Mellissa George se esfumaron sin más. ¿Y qué me decís de los dos abogados afroamericanos que se supone que son socios importantes pero se tiran toda la serie entrando y saliendo caóticamente? También se desvanece Gary, ese que confunden con Cary muchas veces. En fin, un pequeño desastre.

Entre los secundarios relevantes también tenemos achaques, como ese David Lee al que se empeñan en poner de malo pero sin ahondar en su psique, es decir, es malo porque sí. Pero Kalinda es la principal afectada de este problema… de nuevo. Con el caso de Cary empieza atascada en esta otra eterna relación en tensión que no termina de definirse, a lo que se suma ese lesbianismo raro en que la sumergen. En las primeras temporadas no se atrevían a mostrar un simple beso, y ahora que por fin hay escenas en que sale en la cama con el bellezón del FBI se empeñan en recalcar en todas las ocasiones que se acuesta con ella para sacarle algo de información. Sexo apasionado casual, amistad íntima, follamiga de toda la vida… nada, es como si todavía no se atrevieran a decir que es bisexual porque siente atracción, pasión y amor por los dos sexos, sino que es una buscavidas dispuesta a todo y que por esas transgresiones es una mujer triste y solitaria y acaba siempre metida en líos. Y después del juicio a Cary ya definitivamente no saben qué hacer con ella. Sólo aparece para dar la resolución mágica del caso del día, con una llamada telefónica que da la pista que resuelve las cosas a favor del bufete. Antes era un personaje limitado, pero al menos la veíamos investigar, luchar por sacar adelante su trabajo, compenetrarse o chocar con los compañeros… Ahora ni lanzándola a la órbita de Bishop remonta… de hecho ahí fallan estrepitosamente volviendo a una de las principales pegas de los primeros años: no quieren olvidarse de ella, ni de Bishop y su influencia en otros protagonistas, y aunque no aporten nada meten una escena clónica en cada episodio en vez de concentrar una historia más tangible en unos pocos. Por suerte, por fin se la quitan de encima largándola con la excusa de que teme por su vida por culpa de ese criminal.

Curiosamente, cuando se acerca el final de la historia política de Alicia empiezan a llevar a Diane hacia la suya propia. Pero aquí empezamos y acabamos metidos de lleno en la línea cobardica y superficial. El berenjenal de dilemas y discursos de izquierda y derecha o demócratas y republicados se expone con vaguedades, drama de postín y resoluciones facilonas. Por suerte Diane es un gran personaje que mantiene el tipo en todo momento; y bueno, lo cierto es que al menos exponen ciertos temas polémicos (las armas, el choque entre religión y matrimonio homosexual, los grupos de presión de los poderosos -lobbies, think tanks-), porque bien podrían haber pasado siquiera de intentarlo. Y por otro lado, Cary ve bastante reducido su protagonismo tras el juicio, pero mantiene presencia y personalidad suficiente.

Me ha costado bastante decidir qué nota darle. Sigue siendo un drama con unos puntos fuertes muy destacable: es realmente entretenido, sus personajes principales tienen mucho tirón (en parte por los buenos intérpretes), y los tramos más logrados son de muy buen nivel. Pero también tiene un potencial infrautilizado por culpa de ese tono bipolar incomprensible, tanto en el equilibrio cualitativo como en el rango ideológico de las historias. Es una serie que en un capítulo parece tocar el cielo, y en el siguiente es un procedimental del montón.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.