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THE GOOD WIFE – TEMPORADA 7 Y FINAL


CBS | 2015
Drama | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Cush Jumbo, Christine Baranski, Jeffrey Dean Morgan, Chris Noth, Alan Cumming, Makenzie Vega, Michael J. Fox, Sarah Steele, Zach Grenier.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento la temporada bastante a fondo, sobre todo el final. —

Última temporada de The Good Wife. Cabía esperar que por fin echaran toda la carne en el asador, que movieran de una vez por todas a los personajes que no se atrevían a mover, empezando por Alicia. Que, ya sin miedo por el futuro, rompieran los tabúes conservadores a los que se aferran, limitando su potencial mucho más de la cuenta, hasta el punto de haber provocado algunas historias y giros bastante criticables a lo largo de la serie. Y más sabiendo que, al ser el final, se mira con especial atención ese riesgo o la falta de él y las elecciones que tomen a la hora de enfrentar el desenlace.

Pero en realidad no tenemos nada nuevo, es otro año más, con sus virtudes y limitaciones ya de sobras conocidas. Como en toda la serie, nos encontramos ante una narrativa encorsetada en directrices (a veces incluso absurdas) que limitan a unos guionistas que muestran un potencial muy superior. El notable dibujo de personajes (incluso los que tiene apariciones esporádicas), la sutileza con que narran algunas relaciones y pensamientos, y los subtextos tan inteligentes que suelen tener los casos del día a día (empezando porque tocan temas de actualidad bastante jugosos), de nuevo ven frenados su potencial por la obsesión de aferrarse a un esquema narrativo inmovilista y un tono conservador. Y sigue sorprendiendo que repiten el error de abordar tramas que saben que no pueden llevar a buen puerto por esas razones y acabarán obligados a darles carpetazo de mala manera. También, como ha sido más o menos la tónica, se pueden diferenciar tres fases. La que se centra en los casos sueltos, la que sigue una historia larga (en los primeros años, más de abogacía, en los últimos, con predominio de la política), y la que parece improvisada porque se han quedado sin material, pues siempre se ha notado que veintidós capítulos por año son demasiados. Normalmente seguían este mismo orden, pero aquí es el inverso.

El tramo inicial parece ir sin ganas, tirando sobre la marcha con rellenos poco sustanciosos (por suerte, como no es el final de temporada, no incluyen un giro sensacionalista). Y es que empezamos en una posición que ya critiqué en la etapa anterior. Qué sentido tiene volver a poner a Alicia empezando desde lo más bajo de la abogacía, y más cuando se ha hecho forzando, otra vez también, un distanciamiento hacia sus compañeros y amigos, más otro amago de acercamiento a su archienemigo, Canning. Llevan amagando con que se va a trabajar o no con él desde tiempos inmemoriales, mareando la perdiz sin llegar a nada. Y llevan el mismo tiempo jugando con que Alicia llega a lo alto del mundo laboral (encabezar un bufete importante, saltar a la política) para lanzarla al barro otra vez.

Consiguen mitigar un poco la sensación de paso atrás gracias a que los casos son bastante entretenidos y algunos incluso dejan buenas reflexiones, y a que en cierta manera dan un paso lateral que disimula un poco, ya que variamos ligeramente la dinámica de siempre en la relación con los clientes, pues sacan a Alicia de un despacho rodeada de abogados y la meten en las trincheras, peleándose por las migajas en la sala de vistas para fianzas primero, y luchando desde casa por levantar cabeza poco después. También se intenta aportar savia nueva. En seguida conocemos a Lucca Quinn, una abogada novata con la que empieza a colaborar porque se llevan bien. Esta es una de esas ocasiones en que un rol secundario termina ascendiendo a protagonista porque el actor es un roba escenas de cuidado: el buen hacer (y la buena presencia, claro) de Cush Jumbo le ganó pronto mantenerse durante toda la temporada, pero también ser recuperada en el spin off The Good Fight que encabeza Diane Lockhart.

Por desgracia, también aquí se materializa la nueva relación en tensión a través un mozo atractivo por el que Alicia se pone cachonda y duda durante media temporada sobre si irse con él o no. Lo cierto es que el personaje, Jason Crouse, tiene carisma y Jeffrey Dean Morgan le otorga más, pero la dinámica con los investigadores lleva siendo cansina desde hace mucho (qué pesados con Kalinda, y qué mal trataron a Robin en cambio), y si encima forma también parte del eterno triángulo amoroso, pues me pone en una situación difícil: por un lado, me cae bien, por el otro, parece hacer lo mismo en todos los capítulos, lo mismo que hacían otros personajes. Esto señala lo que venía diciendo, la obsesión por mantenerse a la fuerza fieles a la premisa y el tono conservador. Hay que tener un investigador que resuelva los casos con una llamada de último momento, y Alicia debe tener un conato de aventura mientras duda de si ser fiel a Peter para mantener a la familia, porque ha de haber movimiento dramático y tensión en el personaje pero a la vez el divorcio es tratado constantemente como una catástrofe, como un pecado (sí, estamos en el siglo XXI).

Además, es incomprensible que se centren tanto en Alicia teniendo a mano tantos protagonistas y tantas posibilidades con los diferentes frentes latentes. El bufete de Diane, Cary y Lee se mantiene de mala manera, con tramas secundarias entre tontorronas y lamentables. En vez tener casos paralelos que agilicen el ritmo, aparecen como para cumplir con el contrato de los actores. El lío con el viejo de Howard Lyman llega a resultar verdaderamente cansino, y rebaja de mala manera a grandes personajes como Diane y Cary. Los líos de racismo al contratar nuevos abogados aportan bien poco, salvo mantener la maldición de la serie de personajes que desaparecen: Monica Timmons (Nikki M. James) parecía estar ahí para largo, y se esfuma sin más; y hay que sumar otros casos recientes, como el encantador Finn Polmar (Matthew Goode), la anterior pieza del triángulo amoroso de Alicia que fue descartada cuando ya no servía, y el tal RD (Chris Platt), el del lobby republicano que parecía tan importante en las historias de Diane, hasta el punto de que lo citan en algunos roces ideológicos, pero que nunca vuelve a aparecer. Y aquí voy a mencionar que, como en las etapas anteriores, no aprovechan bien a la fauna de personajes recurrentes que construyeron en los primeros años, a pesar del tiempo a rellenar que había. Aparte de Canning apenas aparece Elsbeth Tascioni y un par de abogados y jueces.

Con Eli Gold también estamos estancados. El actor Alan Cumming tiene una presencia arrolladora capaz de levantar casi cualquier situación, y la hija (Marissa) es la mar de simpática, pero leches, repetir durante todos los capítulos el chiste del despacho enano, el momento de rencilla con la directora de campaña de Peter y las manías del personaje (ser ladino y manipulador), termina agotando. Sólo se recupera cuando se sincera con Alicia por haberle ocultado una llamada de Will Gardner hace unos años, un giro bien aprovechado ahora aunque en aquel entonces fuera el enésimo truco para poner en frío de nuevo la relación en tensión.

Este tramo logra entretener y ofrece algunos buenos momentos (destacando la dinámica con Lucca y que la religiosidad de la hija de Alicia se ha descartado inesperadamente y tiene algunos aportes interesantes, como su trabajillo como secretaria), pero la poco disimulada repetición del esquema narrativo se hace evidente demasiado pronto y afecta demasiado a los personajes secundarios, atascados en un bucle que roza la vergüenza ajena. Así pues, en esta reformulación de la premisa no parece haber suficiente para justificar el retroceso en el estado laboral y personal de Alicia, y como inicio de la temporada final deja más bien una sensación de agotamiento de ideas, de decepción, y más teniendo en cuenta todo lo que abarca, diez capítulos, casi la mitad de la temporada.

Con Eli y la directora de campaña Ruth Eastman, para la que ficharon a un peso pesado como Margo Martindale, iban manteniendo en segundo plano la carrera para la vicepresidencia de Peter. No ha ofrecido nada especialmente llamativo, más que nada porque se atasca con la dinámica repetitiva de Eli y Ruth, y cuando por fin cobra protagonismo no es que aporte algo extraordinario. Sí, es uno de esos tramos donde nos apartamos de la dinámica habitual de abogados y nos ofrecen una perspectiva muy realista de cómo funciona la política en Estados Unidos, pero ya hemos visto varias veces que, por mucho fuego artificial que lancen, al final harán un reset. Y vaya si lo hacen, con todo descaro. Pero, como en la serie en general, mantiene un nivel más que decente porque los personajes son bastante buenos y sus vivencias y sentimientos están bien exprimidos. Alicia está harta de todo y empieza a romper con todo sin miedos ni remordimientos. Va con Peter porque es bueno para la carrera de ambos, pero no parece sentir nada por él. Aguanta a Eli igual, y también parece que si lo llega a perdonar es por seguir adelante.

Así pues, aunque no ha sido espectacular, este tramo ha dado vidilla cuando la temporada no parecía dirigirse hacia ninguna parte, y dura poco, pues en seguida nos lanzamos al arco final, donde el procedimental de abogados ofrece lo mejor de sí y la trama creciente del nuevo juicio contra Peter salpica con un poco de intriga. El ritmo y el interés crecen con casos más llamativos, con personajes que se mueven más, y en general con una sensación de dirección, de que los productores sí se están trabajando el final de la serie.

Para empezar, inesperadamente terminan echándole huevos y llevando por fin a Alicia a una aventura auténtica con Jason, rompiendo el eterno triángulo amoroso con ella decidida a follar sin mirar atrás, a vivir la vida de una vez por todas. Por cierto, es graciosísimo ver que le cambian la peluca desde entonces por una más clara y medio despeinada, señalando actitud juvenil y desenfrenada. Los tejemanejes en el bufete dan lo mejor de sí después de un receso tan largo. Diane recupera su merecido protagonismo, Alicia y Quinn luchan por hacerse un hueco, los roces clásicos con Lee mantienen el tipo, hay unos pocos casos muy interesantes, como el del trasunto de Snowden, el de las armas, el la seguridad versus intimidad (el de los drones), y todo termina explotando con el acoso a Peter, donde Eli vuelve a estar en su salsa. La apoteosis llega en el capítulo de la fiesta en casa de Alicia (720, Party), el mejor del año.

Por supuesto, esta sección también tiene su lado malo, pues le sigue pesando la sensación que no han meditado bien algunas cosas. Resulta bastante cogido por los pelos (aunque a la vez se veía venir) que Alicia acabe otra vez en el bufete, y aunque iba predispuesto a perdonarlo porque así los teníamos a todos juntos, resulta que esto no es del todo así. Primero, la relación entre Alicia y Diane está un poco fría, no terminan de entrar en una dinámica llamativa de o guerra o recuperar la amistad profesional y personal. De hecho, tenemos una subtrama extraña: el intento de formar un bufete sólo de mujeres da vueltas sin concretar nada, y al final se esfuma en el aire. Y lo grave es que no queda claro qué quería Alicia, si estaba dispuesta a volver luchar por ascender o, como parecía, estaba más feliz siendo abogada de más bajo nivel. Pero el problema más claro es que parece que no sabían qué hacer con Cary, y lo van relegando y relegando hasta que deben quitárselo de encima. ¿Tanto se enamoraron los escritores de Lucca Quinn o de su intérprete que Cary ya no les encajaba? Es una lástima, era otro personaje principal notable y el joven Matt Czuchry ha estado espléndido todos estos años. También me pregunto por qué, cuando temen por el futuro de Peter, Eli pretende que sus donantes pasen a Alicia: ¿no estaba ella vetada en el partido?

El final trae polémica, una polémica que no he entendido muy bien, porque no veo salidas de tono de dudosa justificación o lo contrario, cobardía excesiva, como para ponerlo a parir. Hay varios frentes abiertos, y los principales, aunque difíciles, los cierran bien. Sólo con algún aspecto secundario tendría pegas. La bofetada de Diane a Alicia me parece otro momento de esos de forzar enemistades; lo mismo si tenemos dos capítulos más acaban juntas otra vez, que ya me conozco la jugada. Y la salida de Cary no me gustó, no tiene un final digno.

Lo más relevante es Alicia, pues de nuevo copa un protagonismo excesivo. El caso contra Peter se desarrolla bastante bien, con infinidad de baches y giros que mantienen un buen nivel de expectación. El trío amoroso se estira como siempre, pero sacan mucho partido de los sentimientos de Alicia, de su lucha interna por decidir si seguir con su familia, aunque ya no sienta nada por su marido, para mantener a sus hijos y su trabajo en un nivel de estabilidad y respetabilidad como exige la sociedad, o si sería mejor arriesgarse a perseguir una felicidad más idílica yéndose con Jason, un inmaduro lleno de promesas vagas pero atractivas. ¿Y por qué se decantan al final los autores? Por un término medio que me parece muy acertado. Alicia, que creía haber madurado, ofreciendo una cara muy dura al exterior, con cinismo incluso, trabajando duramente, incluso si era necesario doblegando la justicia y la ética, para salir adelante y sacar adelante su familia, en el momento clave demuestra no haber madurado del todo, sobre todo en cuanto a relaciones amorosas. Su indecisión, su lentitud a la hora de enfrentar sus sentimientos y contrastarlos con los deberes como cabeza de familia, le explotan en la cara, dejándola en un limbo: Jason huye, con Peter se ha vuelto a distanciar.

Supongo que muchos espectadores esperaban lo fácil, que se fuera con Crouse siguiendo la fantasía. Quizá otros pensaban que el acercamiento a Peter, aunque fuera desde el respeto y la responsabilidad más que desde el amor, auguraba que se quedaría con su familia. Pues yo me alegro de que los guionistas por una vez hayan optado por un movimiento valiente, y también un tanto cruel, melancólico: la vida sigue adelante, dándote bofetadas si no actúas con determinación. Prefiero un final abierto, que deje margen a la imaginación y a la reflexión, que uno que te lo dé todo mascadito, donde el único riesgo está en elegir entre dos opciones demasiado previsibles y que con toda probabilidad implican una recepción más dispar, dividida precisamente en dos. Por ello, remarco que no entiendo qué es lo que no ha gustado. Creo que, dada la serie que era y dada la trama final, no había mejor desenlace sin llegar a abandonar su espíritu.

PD: Ahora que me fijo, me sorprende la falsa publicidad de los pósteres de cada temporada, con Alicia vestida de rojo o en posturas eróticas, todo lo contrario a su estilo habitual.

Ver también:
Temporada 1 (2009)
Temporada 2 (2010)
Temporada 3 (2011)
Temporada 4 (2012)
Temporada 5 (2013)
Temporada 6 (2014)
-> Temporada 7 y final (2015)

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 4

CBS | 2012
Drama, suspense | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy, Ridley Scott, Tony Scott.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Makenzie Vega, Graham Phillips, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Zack Grenier.
Valoración:

La maduración de Alicia es paralela a la maduración de la serie. Ya han quedado atrás esos inicios donde me quejaba de que el personaje estaba aletargado y las tramas seriadas eran algo cobardes. Cada año que pasa el personaje se ha mostrado más activo, más complejo, sumergiéndose en tramas más movidas y problemas más atractivos. A la vez, la serie ha encontrado un buen equilibrio entre los casos del día y las historias largas, sacando gran provecho de los también excelentes personajes secundarios.

Las crisis en el bufete siguen siendo lo que más juego da. Ahora les azota la caída de la economía, y se ven obligados a abandonar un par de plantas del edificio, a reducir plantilla, a ahorrar costes por todas partes… La tormenta coge a Alicia de por medio, sea salpicándole con problemas varios (el auditor es un tipo extraño y nadie confía en él) o asustándola con responsabilidades inesperadas: la propuesta de hacerla socia le atrae aunque sea una jugada desesperada del bufete por encontrar capital. En cuanto a la relación en tensión con Will, esta temporada no tengo quejas, han sabido mantenerla apartada mientras los personajes seguían con sus vidas, y cuando ha vuelto a despertar la pasión ha resultado creíble y no forzado; además las dudas de Alicia ya se exponen claramente, no como en los dos primeros años de la serie, que no se sabía lo que la movía y qué la afligía. Es entendible también que vuelva con el marido, y se juega muy bien con la ambigüedad de su elección: ¿lo hace por mantener vivo el sueño de una familia o porque realmente lo ama y lo perdona?

Pero no solo de Alicia vive la serie, porque sin Diane y Will esto no sería lo mismo. Sus ambiciones se ven algo frustradas con el bache actual, pero su determinación no se ve afectada. Todo el jaleo en el bufete da un montón de tramas llenas de tensión y dificultades: no hay respiro, casi trabajan más en la supervivencia que en la abogacía. Las elecciones, con Peter y Eli, también se aprovechan muy bien en esta sesión. Las excentricidades y manipulaciones de Eli siguen dando juego, la petarda de la madre de Peter es cansina pero de forma divertidísima, y Peter ya tiene el protagonismo que merece después de estar casi siempre más olvidado de la cuenta.

Cary, que este año ha visto bastante reducido su protagonismo, salta de nuevo a primer plano cuando se harta de ser ninguneado (el colmo es que no lo hicieran socio como a Alicia) y empieza a formar su propio bufete, historia realmente interesante que promete dar mucho juego en el futuro, sobre todo cuando la temporada cierra con Alicia optando por seguirle. Dos nuevas secundarias muy interesantes hacen acto de presencia. La abogada militar que asqueada del cuerpo tras sufrir abusos sexuales se pasa a la abogacía civil, interpretada por Amanda Peet, resulta entrañable (primero por su historia triste, después por lo rápido que levanta la cabeza) y la amistad con Alicia da buenos momentos. Hablando de amistad, es muy interesante también la dinámica con Maddie Hayward (Maura Tierney), otra que relación que pasa de fría a caliente según los conflictos laborales que surgan (la primera compite como abogada, esta compite contra su marido).

Los casos del día a día también ganaron con el tiempo, dejando atrás la sensación de que son historias que despachar y olvidar, y a estas alturas la mayor parte son fantásticos y algunos magníficos. Cuando no tocan temas de actualidad son relativos a secundarios recurrentes (como el capo de la droga) o se montan historias realmente originales (el juicio con el juez de instrucción -en el forense-, la paranoia con el comité olímpico). Como es también marca de la serie todos se desarrollan con un ritmo vertiginoso, una habilidad extraordinaria para mantener en juego un montón de personajes y ubicaciones… y en otra de esas mejoras palpables hace ya tiempo, no se ven resoluciones forzadas, de hecho suelen tener buenos finales, y no siempre favorables a los protagonistas.

Este año pasan tantas cosas que se echan de menos otras: los abogados estrafalarios que pululan el universo de la serie ven muy limitadas sus apariciones. Por supuesto tenemos algún un caso con el malvado Michael J. Fox, y no falta otro con la loca pelirroja, pero salen poco y faltan otros. Los jueces tienen más presencia, porque son inevitables, y son todos tronchantes. No me olvido de los hijos de Alicia: salen lo justo para un par de historias secundarias bastante correctas y ya está, aunque aun así tenemos que tragarnos algo de la moralina barata de la que gastan en USA relativa al sexo y amores de adolescentes.

Pero este año también arrastra una historia fallida realmente horrible: la del marido de Kalinda. En serio, ¿en qué pensaban los guionistas? El personajillo es absurdo, completamente inverosímil, y la relación con Kalinda es sencillamente ridícula. Y por desgracia es una historia larga e insistente. Kalinda no gana interés hasta que contratan a otra investigadora y se pica por los aumentos de sueldo.

The Good Wife cada vez es mejor serie, y todavía tiene potencial para muchísimo más. Aunque sea poco a poco va superando las barreras impuestas y autoimpuestas (por la cadena, por los guionistas, por el género y estilo elegidos) y madura a ojos vista. Su existencia además da para una pequeña reflexión. Es una pena que en los noventa el referente de los canales en abierto fueran series como Urgencias, que a principios del nuevo milenio fuera El Ala Oeste (todavía con Urgencias coleando con mucha vida, por cierto), y que ahora el panorama esté copado por procedimentales vacíos y lo más cercano a un gran drama sea The Good Wife. Es sin duda una buena producción, pero sigue bastante lejos del nivel de las citadas, del nivel que dio la televisión en abierto no hace mucho. Pero es la situación que nos ha tocado vivir: los canales privados cada vez son más arriesgados con sus productos y más cuidadosos en cuanto a la calidad, porque la competencia es feroz y su público cada vez más exigente, mientras que el público mayorista está cada vez más alineado y estancado y las cadenas son cada vez más cobardes, formándose un círculo vicioso lamentable. El capítulo que parodia el uso de palabras malsonantes y su censura es muy descriptivo de esta situación: la serie se ríe de las limitaciones en su libertad pero es a la vez consciente de que no puede ir demasiado lejos.

Ver también:
Temporada 1 (2009)
Temporada 2 (2010)
Temporada 3 (2011)
-> Temporada 4 (2012)
Temporada 5 (2013)
Temporada 6 (2014)
Temporada 7 y final (2015)

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 3

CBS | 2011
Drama, suspense | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Makenzie Vega, Graham Phillips, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Zack Grenier.
Valoración:

Decía en la segunda temporada que mi temor a que el estilo de procedimental engullera un drama con tanto potencial se había acrecentado ligeramente. Las tramas repetitivas, con secciones de obligado cumplimiento en cada capítulo (las visitas de Kalinda a Cary son el mejor ejemplo) y la supeditación de la trama seriada al caso del día frenaban la evolución de historias y personajes. Sí, se veía bastante inteligencia y buen hacer en los guiones, pero siempre me daba la impresión de que la narración estaba demasiado encorsetada en unos parámetros muy estrictos. Pero con este tercer año para mi sorpresa las cosas han cambiado para bien.

La estructura de los episodios sigue obedeciendo a unos patrones bien visibles, pero no agobian al desarrollo de la trama. Las visitas al juzgado, las investigaciones de Kalinda, la estructura de los casos… todo se torna más flexible e impredecible, permitiendo más movilidad en historias y protagonistas. Además, la ya larga lista de secundarios permite cimentar un microcosmos muy interesante, donde jueces, abogados, investigadores y otros salen y entran de escena aportando un entramado de caracteres cada vez más completo que da mucho juego.

El estancamiento de la figura principal, Alicia, se desvanece casi por completo, pues por fin se muestran con claridad sus pensamientos, dudas y esperanzas y se pone en movimiento con numerosas acciones y planes. La tentación de irse a otro bufet para tener más tiempo y dinero (y no a uno cualquiera, sino al de Michael J. Fox, que encarna a un abogado que se puede considerar su archienemigo), la búsqueda de un nuevo hogar, las peleas con la suegra… Incluso la trama amorosa, antes lenta y muchas veces dejada de lado, avanza mejor y con mayor verosimilitud: los problemas de la relación con Will y el acercamiento al marido son muy interesantes. Igualmente, los casos, con la rivalidad con roles recurrentes, siempre dan buenas aventuras.

En el bufete el año anterior vimos grandes problemas que ponían en peligro a la firma, y aquí la lucha por sobrevivir no es menos intensa. El acoso a Will, que tuvo un desliz en el pasado, se desarrolla de maravilla, con gran uso de la tensión y una exposición magnífica de cómo afecta el asunto a todos los protagonistas. Además, su ausencia temporal abre la veda para ocupar su puesto, con Eli y David Lee (otro que gana protagonismo muy bien) a la cabeza. Sobre Eli, esta vez en su sección ha habido menos enjundia. El tema con su exmujer no me llenó nada y al estar sin campaña no pinta mucho en el bufete. No es hasta esa guerrilla interna cuando remonta.

Los hijos de Alicia tienen cada vez menos presencia, y esto es para celebrar, porque las aventuras de adolescentes fallan bastante. La serie es por lo general un poco conservadora, y con temas de sexo y maduración en adolescentes se estrella contra el impenetrable muro conservador estadounidense. Eso de que se tilde de catástrofe que alguien en su madurez sexual se interese por el amor y el sexo resulta a veces vergonzoso. Por otra parte, como muchos otros espectadores me pregunto si las inclinaciones lésbicas de la hija son casuales o intencionadas, y espero que salga del armario de una vez.

Pero hablando de sexo sí ha habido por suerte un importante paso adelante: la homosexualidad de Kalinda se expone con más naturalidad, y los besos con mujeres no se esconden de forma descarada. De hecho hay algunas escenas que, sin enseñar carne, pues no es necesario llegar tan lejos, son muy eróticas.

Lo único negativo digno de mención es que en el tramo final pierde algo de fuelle, pues las aventuras más trascendentes (lo de Will sobre todo) tienen su punto álgido a bastantes capítulos del desenlace. Sin nada llamativo que ofrecer, parece que optaron por el sensacionalismo, con la rebuscada trama de Kalinda y el plano final tramposo para crear expectación. Por lo demás, la maduración de The Good Wife es bien patente y muy atractiva. Espero que siga inclinándose hacia el drama seriado que tan buenos resultados ha dado en esta temporada.

Ver también:
Temporada 1 (2009)
Temporada 2 (2010)
-> Temporada 3 (2011)
Temporada 4 (2012)
Temporada 5 (2013)
Temporada 6 (2014)
Temporada 7 y final (2015)

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 2

CBS | 2010
Drama, suspense | 23 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Makenzie Vega, Graham Phillips, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Titus Welliver.
Valoración:

Me sorprenden las buenas críticas que recibe esta serie, adulaciones que además se han incrementado en su segunda temporada. Yo no veo que sea para echar cohetes. Sin duda es un entretenimiento inteligente, bien escrito y mejor realizado, pero tiene una lista de fallas bastante importantes. Tampoco encuentro evolución cualitativa alguna, es decir, no se pulen los problemillas que arrastraba la primera temporada, salvo algunos detalles relativos a unos pocos personajes. Se ha limitado la presencia de los hijos, y me alegro, porque ya no había mucho que contar y lo que nos mostraron anteriormente rozaba el ridículo, con esa insoportable moralina tan alejada de la realidad que tienen en Estados Unidos (¿pero cómo te vas a interesar por el sexo si eres un adolescente?); y por el lado contrario se potencia la presencia de Eli, porque el personaje y el actor (Alan Cumming) deslumbraron en sus primeras apariciones y no han querido desaprovecharlo. Tiene su lado malo, porque el marido de Alicia termina siendo absorbido por su figura (Cumming se ha ganado merecidamente la etiqueta de roba escenas) y alguna parte de la campaña queda algo coja por ello (es que hay veces que ni aparece, incluso en momentos cumbre).

Por lo demás, todo lo que pueda decir ya lo comenté extendidamente en la primera temporada, pues como digo sigue exactamente el mismo patrón. Los capítulos narran casos sueltos, aunque a veces algunos personajes (sobre todo los abogados) y determinadas repercusiones aparecen de nuevo. Son juicios que tratan temas muy de actualidad, bien desarrollados para el escaso tiempo que tienen, pero que a veces arrastran demasiado esas prisas y el tono de procedimental y, sobre todo, prácticamente ninguno deja huella. Se ven porque son entretenidos pero no calan lo más mínimo. Y entre medio tenemos la trama seriada. En dosis ínfimas. Alargada a veces demasiado, diluida, retenida de forma que muchas veces pierde credibilidad y en otras ocasiones resulta repetitiva hasta el hartazgo (cuántas veces va Kalinda a ver a Cary con excusas poco sólidas, por ejemplo). Lo mismo comenté en el primer año: no dejo de pensar que el estilo de drama estándar en vez de uno tan aferrado al procedimental hubiera sido mejor, aunque claro, entonces habría que ver si serían capaces de desarrollar estas historias sin meter otro tipo de rellenos, porque hay demasiados capítulos que realizar.

Lo bueno es que, como también indicaba anteriormente, los guiones, dentro de sus límites, son francamente buenos. Es decir, miden su tiempo de forma excelente, mueven a los numerosos protagonistas muy bien por la historia (salvo las citadas apariciones forzosas para cumplir con el esquema) y juegan bastante con sutilezas (diálogos con segundas, miradas, etc.) gracias a la excelente construcción de personajes… Pero precisamente eso agrava la sensación de que la serie está como enjaulada en unas directrices demasiado estrictas que le impiden explotar su potencial al completo. Sea como sea, hay algunas buenas tramas para recordar: Kalinda y sus secretos, Cary y sus intrigas, los líos en la dirección del bufete (sin duda lo mejor de la serie) y algunas líneas secundarias relativas a casos y abogados (las apariciones de Michael J. Fox) sobresalen entre todo el relleno y estiramiento descarados. También hay alguna cosilla digna de enterrar, como el episodio dedicado a Chávez, penoso de arriba abajo: parece escrito por un adolescente sin conocimientos sobre el mundo que le rodea que ha ido mostrando tópicos cutres sobre la política (ayyy, qué malo es el socialismo) y clichés casi xenófobos sobre extranjeros; y no olvido esa forma de sacar y no sacar a Chávez que resulta tan ridícula.

Como aportación nueva sí quiero añadir otro escollo que queda bien patente este año: la propia protagonista principal. Se supone que todo debería girar a su alrededor, que todo lo vemos a través de ella… Pero en realidad parece un simple nexo en la trama, la excusa de la serie para contar temas de abogados y de política. El personaje es el que menos potencial tiene y resulta también el menos desarrollado. Es un carácter frío, y no porque lo hayan descrito así, sino porque no transmite nada. ¿Qué piensa, por qué hace las cosas que hace? No sabemos nada de ella, no se nos muestra correctamente su forma de ser. Y eso se agrava este año, porque había más historias que requerían su actividad; y no hace nada, no pasa nada. Al final echa al marido, porque no queda otra y era imposible alargarlo más, pero siguen pasando muy por encima de sus sentimientos, sin dejar claro cómo le afecta la situación, qué espera conseguir, cómo prevé que afectará a su vida social y laboral, etc. Lo peor claro está es la clásica relación en tensión, con Will, su jefe. Alargada, desviada, olvidada, desarrollada a trompicones y rematada de forma tan previsible como precipitada (y a pesar de ello, no sé por qué la gente quedó encantada con las escenas finales). Sinceramente, el resto de personajes (sobre todo Eli, Kalinda, Cary y el marido) se comen al Alicia con patatas. Si no estuviera la serie podría funciona igual… o incluso mejor. Es más, si la actriz Juliana Margulies no fuera tan competente, podría haber sido algo catastrófico.

Para terminar, quiero recalcar de nuevo que en la puesta en escena no hay problema alguno. La realización es impecable, con una dirección que siempre maneja a la perfección el ritmo de los episodios, exprimiendo una fotografía y montaje de gran nivel, y los actores son todos figuras de demostrada calidad.

Me pregunto si me pasará como con CSI: también me entretenía muchísimo, pero a la larga el formato repetitivo y la falta de evolución me cansó y terminó resultándome una producción demasiado cargante. Es decir, pienso que The Good Wife tiene poco margen para pasar del pasatiempo al olvido.

Ver también:
Temporada 1 (2009)
-> Temporada 2 (2010)
Temporada 3 (2011)
Temporada 4 (2012)
Temporada 5 (2013)
Temporada 6 (2014)
Temporada 7 y final (2015)

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 1

CBS | 2009
Drama, suspense | 23 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Makenzie Vega, Graham Phillips, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Titus Welliver.
Valoración:

Alicia Florrick es la esposa del fiscal del distrito, al que acaban de detener por sus conspiraciones políticas y unos llamativos escándalos sexuales. Para mantener a flote a su familia ella deberá dejar de ser la obediente ama de casa y volver a ejercer como abogada, encontrando trabajo en el bufete que dirige un amigo de la universidad. Mientras lidia con una carrera profesional difícil debe hacer frente a los fantasmas de su conocido esposo, que le salpican de vez en cuando, y esperar con estoicismo un juicio que puede verter mucha inmundicia sobre su familia.

The Good Wife está a medio camino entre el drama de personajes, el thriller legal y el procedimental de investigación. Esta mezcla no me convence del todo, pues desde mi punto de vista el aspecto de procedimental desequilibra un conjunto que podría haber dado muchísimo más de sí si se hubiera desarrollado como un drama seriado (en plan Urgencias, vamos). Lo de juicio por día precipita historias secundarias que podrían (y a veces claramente hubieran debido) desarrollarse en varios episodios, exprimiendo su potencial y mostrándolas de forma menos precipitada (muchos casos se resuelven demasiado en plan CSI o House, con el hallazgo de último momento o la inspiración casual). También tenemos presente el otro gran problema que arrastran las series de este tipo: la trama principal apenas aparece en cada episodio, relegada a segundo plano por el caso del día aunque en realidad sea más interesante e importante. Aquí juega en contra también que hay que llenar veintitantos episodios, claro, pero esto me da más razón a la hora de defender que se alargasen las historias secundarias.

Otro aspecto negativo que a veces me mosquea es el poco riesgo que se corre con las historias. Resulta una serie excesivamente modosita, políticamente correcta y por momentos moralizante de forma cursi. Sirvan como ejemplos los casos siguientes: es una tragedia enorme que un adolescente se interese por el sexo, y por lo tanto hay que encerrarlo en su habitación; un esperado beso lésbico ni siquiera se muestra; en los casos se pone demasiado énfasis en separar el bien y el mal de forma maniquea y retorciendo la resolución de cada juicio para que los protagonistas queden siempre como héroes (aunque en el tramo final de la temporada empieza a madurar bastante); apenas se ahonda en qué piensa y qué quiere hacer Alicia respecto al mujeriego de su marido (y eso que es protagonista absoluta), y hasta cerca del final se muestra muy por encima su relación con su jefe (típico triángolo amoroso, pero aquí de débil intensidad). Y sobre esta relación hay que indicar también que el desenlace de la temporada sabe a poco porque el clásico cierre abierto resulta demasiado forzado además de ser una jugada demasiado evidente.

Así pues en general da la sensación de que ser una serie para una cadena generalista le pesa más de la cuenta. Incluso procedimentales como CSI Las Vegas son más atrevidos en temática. Como digo, no es hasta el tramo final cuando los casos adquieren algo más de enjundia, de realismo, cuando los abogados protagonistas empiezan a mirar antes el dinero que la moral (aunque sea con excusas a veces también cursis) y donde los personajes van algo más allá de lo políticamente correcto, aunque no sea demasiado. Muy destacable es el episodio dedicado al jurado, el único realmente distinto y el más arriesgado, donde se muestra lo falible del ser humano, que la moral cambia según la percepción del individuo y que el sistema de justicia tiene agujeros que pueden crear grandes injusticias.

Sin embargo The Good Wife es mucho más de lo que aparenta, y su tono en principio superficial y las limitaciones del estilo procedimental no son lastres tan graves como para impedir que sus guiones destilen elegancia e inteligencia, detallismo y profesionalidad. Visto desde fuera el caso del día puede resultar a veces simple y su resolución sacada de la manga parecer rebuscada, pero su desarrollo es ejemplar. La narración es veloz, entrelazando hábilmente historias y personajes donde cada uno aporta uno algo distinto al entramado. Avanza siempre de forma muy fluida, con la habilidad propia de los grandes dramas de acción para ubicar a los personajes justo donde deben estar y sacar de cada diálogo las emociones e información que son necesarios, y todo ello por supuesto sin perder de vista la idea de que estamos ante un entretenimiento ligero: no se olvida el humor, se buscan casos atractivos (actuales, de temas llamativos), los protagonistas resultan cercanos, sencillos pero creíbles…

La puesta en escena juega un papel importantísimo a la hora de mostrar un puzzle tan bien medido, y si bien es cierto que no buscan el arte más exquisito como sí hacen en la HBO por ejemplo, la realización es sólida como una roca. Hablando de procedimentales, diría que es el mejor desde CSI Las Vegas, pero además juega a su favor que no se limita a seguir a rajatabla el esquema de los mismos. La historia principal (la caída de la familia Florrick y el juicio al marido) se introduce correctamente en cada capítulo y avanza con dirección firme aunque sea en dosis pequeñas (mucho mejor que en Life, dondre la línea principal tenía potencial pero no terminaba de cuajar), mientras que los personajes están muy bien trabajados, con capas que poco a poco se van destapando y cuyas personalidades se van moldeando según sus vivencias influyen en ellos. Esta evolución de los protagonistas resulta tan sutil como acertada, basada más en detalles que en golpes de efecto concretos: dicen mucho las miradas y emociones contenidas, los diálogos muestran más de lo que aparentan y en general los roces con los compañeros y otros problemas laborales (la competencia es dura, el bufete se va a pique), los juicios y sobre todo los secretos (se intuye que un personaje es gay muchísimo antes de que se referencie claramente) van dirigiendo poco a poco las cosas hacia delante. Por ello diría que es una serie que gana viéndose diaria y no semanalmente: es fácil olvidar alguna sutil referencia que nos muestre cómo el personaje absorbe un nuevo ingrediente que formará parte de su personalidad.

Como con la puesta en escena, los caracteres plasmados en papel no hubieran funcionado en imágenes sin un reparto que los mostrara con acierto. La cabeza más visible es Juliana Margulies (que se dio a conocer en Urgencias), una intérprete siempre elegante (y atractiva, la edad no parece afectarle) y con la calidad suficiente como para expresarse sin problemas incluso únicamente a través de miradas (algo esencial en un personaje tan contenido y por momentos frío como es Alicia), pero no es ni mucho menos una figura central que deje en segundo plano a los demás: sus jefes y compañeros y su familia comparten equitativamente el protagonismo. El imponente Chris Noth como su marido (cuyos numerosos secretos hacen de él una figura inquietante), sus amigables superiores (Christine Baranski y Josh Charles –éste está espléndido-), sus compañeros, sea el competitivo Cary (Matt Czuchry) o la eficaz y gris Kalinda (Archie Panjabi, cuyo personaje ambiguo y su impresionante físico ha dejado sin aliento a más de uno)… Y el repertorio de secundarios que poco a poco se va presentando no resulta menos interesante: jueces peculiares (al estilo Ally McBeal), enemigos poderosos (el nuevo fiscal, Titus Welliver), figuras misteriosas (el carismático Alan Cumming)…

Resumiendo, The Good Wife no será, al menos en su primera temporada, una serie de las que causa impresión como para aclamarla como una de las grandes del año o un drama a tener en cuenta, pero su ritmo trepidante, sus personajes que llegan con facilidad, su excelente realización y sus guiones hábiles y precisos (aunque tengan las limitaciones citadas) dan una producción que entra de maravilla y deja muy buenas sensaciones. Incluso a mí, que en gran medida reniego de las temporadas tan largas y los procedimentales, me ha resultado un entretenimiento ligero muy correcto y sobre todo tan adictivo que lo he devorado en pocos días.

Ver también:
-> Temporada 1 (2009)
Temporada 2 (2010)
Temporada 3 (2011)
Temporada 4 (2012)
Temporada 5 (2013)
Temporada 6 (2014)
Temporada 7 y final (2015)