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SILICON VALLEY – TEMPORADA 6 Y FINAL

HBO | 2019
Comedia | 7 ep. de 30-45 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Josh Brener, Chris Williams, Jimmy O. Yang, Chris Aquilino, Rachel Rosenbloom, Krishna Smitha, Chris Diamantopoulos, Aristotle Athiras, Helen Hong.
Valoración:

Alerta de spoilers: Entro a fondo, incluido el final.–

La quinta temporada de Silicon Valley mostró un importante desgaste, pero como es habitual esperábamos que en el final de la serie se pusieran las pilas y acabaran por todo lo alto. Pero me temo que el agotamiento de los guionistas se hace más patente. Han recortado otro episodio, acabando sólo con siete (aunque el último es de 45 minutos), y aun así no logran plantear un buen arco final y ejecutarlo con determinación.

Después de seis años desarrollando el proyecto soñado por Richard Hendricks de usar su genial algoritmo de compresión para conseguir una internet descentralizada y neutral, libre de la interferencia de empresas y gobiernos, no encaramos una última etapa de su trabajo y su lucha que atrape con la intensidad de los cuatro primeros años, ni tan siquiera transmite la sensación de que nos acercamos por fin a un destino concreto.

La pena es que en el primer capítulo apuntaba buenas maneras. Parece que Richard y su equipo tienen al alcance de la mano su ansiada meta. Las últimas campañas de financiación y el avance en su labor les ha permitido dar el salto a un edificio propio con cientos de empleados. El discurso en la vista ante el senado, genial parodia de cuando Mark Zuckerberg tuvo que responder por Facebook, deja clara las ideas y determinación de Richard en su utopía. Y el primer tropiezo es llamativo: el principal socio se inclina por romper sus líneas rojas, monitorizando la actividad de los usuarios y venderlos para incluir publicidad personalizada.

Pero ahí se queda la cosa. Tendríamos que estar todo el año expectantes ante el inminente lanzamiento de la nueva internet, con problemas de última hora no previstos, como se espera de una serie otrora tan inspirada e impredecible. E incluso podrían haber abordado los primeros pasos en la implantación, y haber dejado la puerta abierta a los nuevos retos. Ese sería un final muy acorde con la dinámica de la serie.

Pero los problemas que van apareciendo son repetición de cosas ya vistas, nos desviamos en mundanos líos de oficinas, los protagonistas pierden fuerza en aventuras secundarias sin savia ni gracia, el sempiterno conflicto con Gavin tampoco trae novedades llamativas… Y en el tramo final intentan impactar y emocionar con una mala mezcla de fuegos artificiales y añoranza.

La historio más relevante es el dilema de aceptar dinero sucio (de un hijo de dictadores sudamericanos), y resulta muy artificial, no tiene relación directa con la integridad de la red, y a estas alturas no aporta nada repetir con líos de financiación. También se extiende la guerra con Laurie Bream y Gavin Belson sin ofrecer nada nuevo, mientras que lo único que llamaba la atención, Jian Yang y su versión clónica de PiperNet que auguraba diversos conflictos corporativos y legales, termina dejándose de lado sin más, Bream dice que no funciona y se olvida como si nada.

Conforme entramos en la temporada, la sensación de que no hay dirección se va haciendo cada vez más patente. Y para el desenlace se montan enrevesada premisa de ciencia-ficción más propia de Black Mirror (Charlie Brooker, 2011). Como suele pasar, a falta de ideas, tiran por sensacionalismo y malabares que intenten tapar las carencias.

Resulta que en el proceso de darle vida a la nueva internet nuestros chicos han creado sin querer una inteligencia artificial maligna que podría liarla parda, y tienen que decidir si cobrar millones por el lanzamiento y salir por patas o si matar el proyecto en el último momento y callar, quedando como héroes anónimos. ¿De verdad pretendían los autores que esta salida por la tangente colara entre los seguidores? No puedes romper tus propias reglas en el último momento. Aunque fuera desde una perspectiva de parodia que afila los estereotipos hasta casi caer en el surrealismo, la serie siempre se ha mantenido verosímil en el fondo y dejaba lecturas muy humanas. Tras cada decisión absurda de Belson se mostraban magistralmente los desmanes de estas figuras egoístas, por citar la línea siempre más exagerada.

El demencial giro de las ratas referenciando descaradamente al flautista de Hamelín que da nombre a la compañía me hizo llorar de risa y tener que darle a pausa para recomponerme. La decisión final de si confiar en Dinesh o no es un buen momento de tensión que rompe muy acertadamente Gilfoyle, mostrando así que su peculiar amistad después de todo es inquebrantable. Pero no es suficiente para tapar la pésima elección que han tomado para finalizar la serie. Y como epílogo tenemos la típica reunión nostálgica de los amigos alrededor de una mesa, con la coña de “siempre azul”, pero es muy fácil y ya se ha usado mucho en infinidad de obras, aquí de hecho en más de una ocasión, así que resulta más irritante por intento de manipularme que emotiva de forma natural.

La irregular cuando no caótica y decepcionante temporada se sostiene a duras penas por el encanto de sus personajes, aunque arrastran grandes peros que limitan un potencial mucho mayor. Estos muestran una ligera maduración, de forma que enfrentan los retos de formas bastante distintas a como lo hacían en los primeros pasos de su odisea. Pero precisamente por ello es una pena que los desaprovechen en historias globales y subtramas que no están a su altura.

Richard y Gilfoyle son los que mejor parados salen. Todo este largo proyecto ha hecho de Richard alguien más seguro de si mismo, más valiente y decidido. Muestra dudas en dilemas complicados, pero llega con más rapidez y coraje a las soluciones, incluyendo algunas difíciles como rechazar grandes sumas de dinero por ética y mentir a todos sus empleados cuando lo considera necesario. Con todo eso en mente, ¿a qué viene la aventurilla en que un compañero lo acosa como a un pardillo? No encaja con el tono del resto de historias, es como un descarte de las primeras temporadas.

Gilfoyle va tomando consciencia de que es demasiado antisocial y pagado de sí mismo. La jefa de recursos humanos le toca las pelotas y empieza respondiendo de malas maneras, pero poco a poco se suaviza, formando una amistad muy interesante con Monica (algo que ya se había tanteado el año anterior) y haciendo nuevos amigos (el rarito de mantenimiento de los servidores). Pero da la impresión de que falta una trama larga que lo exprima mejor.

Jared inicialmente promete con una trayectoria también sembrada en la etapa previa. Richard ha llegado a un punto en que no lo necesita, y este debe encontrar nuevas razones por las que sentirse realizado. Pero los guionistas le encasquetan un interés que resulta una cagada estrepitosa. Primero, no hay sensación de que realmente trabaje en algo, sino que es un relleno para forzar intriga y no tardará en volver al redil. Y así ocurre, desandando lo andado como si nada, haciéndote pensar en que ha sido tiempo perdido. Pero lo peor es que su nueva meta es incómoda: el personaje de Gwert es grotesco, un insulto a las personas con taras físicas. Aquí han patinado a lo grande en el difícil equilibrio entre hacer gracia y conmover partiendo de un estereotipo y caer en la ridiculización de uno. Y entre todo ello realizan una especie de pausa donde Jared encuentra a sus padres biológicos… escena que pasa sin pena ni gloria. ¿Qué pretendían con ello, qué han intentado que aportara al personaje? No veo cambios en sus carencias de independencia e inseguridad.

Dinesh ya mostraba mucho desgaste en el quinto año, y sigue igual. Si eliminamos sus intervenciones hasta el final sería una mejora para el conjunto. Queda ahogado en su cliché de egoísmo y revanchismo, y la relación con un nuevo compañero, Gabe, en teoría tan peculiar como de costumbre en los personajes secundarios, canta a remedo cutre de su dinámica con Gilfoyle: sólo está ahí para sus piques. En el final entra en un buen dilema, su ego contra sus amigos, con giros efectivos, dándole así un desenlace digno que suaviza las malas impresiones. Pero no las eclipsa por completo.

Monica Hall queda en tierra de nadie. Que se uniera por fin a los chicos prometía mayor interacción laboral y personal y que abordarían la relación amorosa en tensión que fue surgiendo por sí sola con Richard. Pero no hace nada digno de mención. Está presente en cada discusión, pero de neutra llega a hacerse casi invisible. En los últimos episodios la meten en dos micro historias que no llevan a nada. En una se juega con la integración con los demás compañeros, pero en realidad es una aventura de Gilfoyle y ella está de pegote, los hechos no influyen en su personalidad. La otra es sobre feminismo, y tampoco aporta nada, es más, se queda a medio cocer y termina desapareciendo. Otra historia más que barren bajo la alfombra para forzar el arco final absurdo.

En los secundarios más relevantes estamos igual, caos y malas decisiones. Laurie Bream no tiene una aportación llamativa, cuando hubiera estado bien ver algo que la redima y humanice un poco. Gavin Belson va mejor encaminado, pero en los últimos pasos tropiezan. Sin duda su viaje lo estaba llevando hacia el hastío por su trabajo y mostraba algo de moderamiento en su desmedido ego, pero la transición hacia escritor de poca monta es precipitada, incomprensible por momentos. ¿Qué se supone que gana en lo emocional, qué consuelo y motivaciones encuentra? Es como si los guionistas hubieran elegido una opción al azar y se la tiran encima sin más. Además, el novelista al que se asocia resulta confuso: creía que era Denpok disfrazado, pero mirando la lista de actores resulta que no. ¿Qué pretendían con esto?

Por otro lado, se echa de menos una última aparición de cada uno de los secundarios míticos. Ron LaFlamme y Russ Hanneman son relevantes, el tipo críptico de los servidores da bastante juego, pero de los demás ni rastro, y podrían haber aparecido brevemente, en plan homenaje. Hasta Cabezón pierde protagonismo y coherencia: de mostrar una capacidad insólita (recordar la clave de seguridad, a la que ni se explica cómo accede) pasan a hacer un chiste sobre demencia pasadísimo de rosca.

Y no digamos ya lo que se echa de menos a Elrich Bachman. Que un protagonista principal no reaparezca en la despedida de la serie es muy triste, y más cuando lo mencionan tanto. Cabe pensar que la escena en la cabaña paradisíaca estaba escrita para él pero no lograron convencer al actor o cuadrar su agenda, y acabó llevándosela Jian Yang.

Cuando mejor parada sale la temporada es precisamente cuando los guionistas hacen una pausa en las flojas historias globales y se meten en una chorrada secundaria donde estuvieron más inspirados. El triatlón de Gavin y la búsqueda de firmas para adquirir Hooli en el tercer episodio recuerda el tono loco e imprevisible pero con un trasfondo muy realista (las guerras de despachos, los caprichos de los directivos…) que nos ha ofrecido Silicon Valley en gran parte de su trayectoria.

Como ocurre muchas veces en el mundo de las series, el final no ha estado a la altura, pero aun contando con este bajón ha sido una de las más originales e inteligentes de los últimos años y se puede revisionar una y otra vez sin problemas.

PD: En el último episodio hacen cameos varias figuras relevantes del mundillo (Bill Gates a la cabeza) así como algunos de los productores y consultores.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
-> Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 5

HBO | 2018
Comedia | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Josh Brener, Chris Williams, Jimmy O. Yang, Chris Aquilino, Rachel Rosenbloom, Krishna Smitha.
Valoración:

Esperaba que tarde o temprano Silicon Valley mostrara algo de desgaste. Es verdaderamente complicado mantener el altísimo nivel con el que empezó y que sostenía sin pestañear tras cuatro años. Pero suponía que sería gradualmente, no que tuviera un bajón tan notorio. Los propios autores son conscientes de que no llegaban y recortaron dos episodios en esta temporada y tres en la sexta y última.

Todavía mantiene gran parte del ingenio y la visión de antes, pues las historias sobre el mundo de las nuevas tecnologías y las aventuras de los protagonistas son inteligentes, muy certeras a la hora de describir ese entorno partiendo de estereotipos que humanizan y parodian a la vez con mucho tacto. Los enfrentamientos entre compañías y los egos de sus directivos ofrecen nuevas vivencias, como las tretas para robarse empleados para dejarte sin mano de obra y las absorciones de compañías para alterar el mercado. Las relaciones en el trabajo otras tantas, en Pied Piper con el nuevo entorno de trabajo rodeado de empleados, con piques y problemas como la efectiva subtrama del topo, mientras que por el otro lado Gavin Belson y Laurie Bream siguen con sus peculiares maneras de ver el mundo, destacando las búsquedas de Belson de nuevas formas de explotación laboral. Los protagonistas navegan contra viento y marea sorteando infinidad de nuevos retos, contando como siempre con sus propias limitaciones y patinazos. Dinesh descuida su trabajo, empeñado en la imagen y la emoción del momento (sea gastando en lujos o intentando humillar a Gilfoyle), Jared no asimila bien el distanciamiento con Richard, Gilfoyle sigue dejando de lado las relaciones sociales, el endurecimiento del otrora blandito de Richard lo está volviendo revanchista…

El desgaste que sufre la temporada viene por el lado del ritmo y del sentido del humor. Otrora resultaba un deslumbrante compendio de estilos: parodia inteligente, humor de la vergüenza ajena bien medido, personajes con tics entrañables, secundarios estrafalarios, lluvia de gags locos en cada escena … Todo ello daba forma a un relato frenético y divertidísimo, pero el tono de este año se presenta un tanto ahogado, adormecido. No hay agilidad y chispa en la tormenta de situaciones que viven los protagonistas y el tempo humorístico de cada escena se vuelve algo torpe, con lo que parece que la narración va a medio gas. Por momentos parece que estamos viendo una sitcom normalita, tipo The Big Bang Theory (Chuck Lorre, Bill Prady, 2007), donde sueltan un chiste básico y fuerzan una pausa para que te des cuenta de que tienes que reírte (y aparte dejo lo incomprensible que es que a estas alturas sigan existiendo las risas enlatadas).

La única línea humorística que mantiene el tipo sin problemas es la perspectiva irónica rozando el absurdo de los temas de nuevas tecnologías, quizá porque es la que va más hilada con las tramas y estas funcionan bastante bien. Y por el lado contrario, otra parte sale bastante mal parada. El humor sobre lo patético que antes te llevaban a una carcajada incómoda ahora ofrece muchas escenas que parecen salidas de tono. La rivalidad de Jared con el nuevo ayudante de Richard da bastante vergüenza ajena, sobre todo con la fallida parodia de terror; Dinesh y Gilfoyle no ofrecían gran evolución, son secundarios y como tales aportan el chiste de remate esperado en cada situación del grupo, pero con Dinesh no han sabido mantener el equilibrio, su presencia empieza a ser molesta… sobre todo cuando se utiliza durante todo el año para patrocinar a Tesla, algo tan descarado que a veces dan ganas de dejar de ver la serie.

Eso sí, aun con la pérdida general de calidad hay momentos que te dejan a cuadros y no se olvidan. Los nervios de Richard y sus vómitos; el desarrollador soso y poco hablador que Jared se empeña en que Richard conozca; las burradas que dice y hace Gavin con la explotación laboral; el robot femenino con inteligencia artificial; la firma con forma de pene; Jian Yang intentando hacerse con la herencia del desaparecido Eric Bachman, y luego plagiando Pied Piper.

Y se mantiene el final de infarto habitual. Los guionistas iban trabajando bien las historias, y las unen en un desenlace donde también han recuperado mucha inspiración, logrando un colofón lleno de sorpresas y giros espectaculares que deja todo patas arriba de nuevo.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
-> Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 4

HBO | 2017
Comedia | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Stephen Tobolowsky, Chris Williams, Jimmy O. Yang.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento brevemente algunas de las historias del año. —

El equipo de Richard Hendricks, la pequeña empresa Pied Piper, pasó de casi tocar el cielo a estar prácticamente en el punto de partida otra vez. El mundo de las nuevas tecnologías es caótico y cruel. La competencia brutal (Hooli), las tendencias cambiantes, las complicadas técnicas (programación, redes, etc.), las financieras caprichosas… Los mil obstáculos que sortearon como bien pudieron nuestros protagonistas toparon con un muro inesperado: ellos mismos. Cada uno a su manera, en especial Richard, son los principales constructores de sus propios destinos: estos jóvenes ilusionados y capaces precisamente no fueron capaces de ver que su plataforma era demasiado exclusiva para expertos informáticos como para que el público la aceptara.

Pero Richard no pierde la esperanza, sigue soñando con una internet descentralizada, libre de fronteras físicas y políticas, dispersa en los millones de dispositivos interconectados (móviles principalmente) gracias a su algoritmo de compresión sin igual. Los nuevos retos son en cierta manera conocidos, encontrar capital, superar barreras de imagen de medios y público y conseguir enfocar los amplios conocimientos del grupo en el trabajo sin que la infinidad de nuevos reveses que aparecen los distraigan.

Esta vuelta a los inicios podría parecer que supone un retroceso en la temática, originalidad y por tanto calidad de las historias. Pero en realidad sigue siendo asombroso cómo los guionistas, con Mike Fudge a la cabeza, logran captar toda la esencia del mundo de las nuevas tecnologías y sus gentes (los estratos sociales dentro del gremio, la parodia de figuras conocidas, etc.) en una infinidad de aventuras enormemente ingeniosas y divertidas y además llenas de giros sorpendentes (el más sorprendente, la alianza inesperada). El humor se mantiene brillante, con cada escena y prácticamente cada plano mostrando varios chistes en marcha a la vez, algo además potenciado el estupendo reparto y su gran química.

Encontramos un par de bajones de ritmo, dos episodios no tan brillantes como el resto, quizá ligerísimas indicaciones de cansancio. Da la sensación de que para concluir algunas partes los autores no logran ser tan concisos y enérgicos como antes y se alarga un poco más de la cuenta. La parte de Keenan Feldspar (Haley Joel Osment) y la de la pequeña empresa de seguros que los contrata (con el patoso cornudo) se dispersan un poco sin lograr ser tan chispeantes como de costumbre.

Sin embargo, es un bajón leve que no acusa estancamiento en cuanto a imaginación de las historias en sí. Aunque sea desde abajo otra vez, la odisea que seguimos muestra nuevas perspectivas de este mundillo (destacando al abogado trol de patentes y los virajes de Elrich con las financieras), avanza en las que ya conocíamos (Monica y Laurie Bream por un lado, Hooli por el otro) y, lo más importante, este año vemos una importante progresión en los personajes, sobre todo en Richard. Hasta el momento eran temporadas tan cortas y veloces que no me había parado a pensar que los protagonistas no se han movido un ápice de sus posiciones iniciales. Pero si entonces no se podía considerar un fallo, cierto es que a estas alturas cabe pensar en que la serie necesitaba una maduración.

La deriva actual hace mella poco a poco en el grupo. La unidad férrea se debilita, algunos trabajan temporalmente en otras cosas, poniendo cada vez más dudas en el futuro de Pied Piper. Richard pierde fuerza y, lo peor, los estribos alguna vez (las patadas a la puerta), de forma que se va nublando su juicio y su ética y empieza a tomar un giro hacia la desesperación: hacer trampa, quebrantar leyes… traicionar amistades.

El épico final con la Hooli-Con y los sucios ardides de Richard recuperan esas décimas perdidas en la nota media y dejan con muy sabor de boca, salvo quizá por un detalle. Como en otras temporadas, un inesperado y loco giro final vuelve a encauzar las cosas en el último momento. Esta vez me ha parecido un poco forzado y gratuito, hubiera venido mejor una transición más trabajada que explorara el lado oscuro de los protagonistas. Pero al menos el epílogo (la reunión de Richard con Belson) y el inicio de la quinta temporada dejan claro que estos cambios sí han dejado huella en ellos, sobre todo en Richard: es más valiente y decidido.

Como siempre, momentos geniales hay en cantidad: el pique entre Gavin Belson y Jack Barker, empezando con los viajes en avión; el despacho de Monica con vistas a los servicios de hombres, Russ Hanneman en el colegio equivocado diciendo burradas, el “chico de la sangre”; la que lía Dinesh al mando, con la entrada de menores en el chat, Cabezón acabando en la universidad de potra y de una forma que no esperaba, el chiste de la galleta, la intervención inesperada de Hoover en la Hooli-Con… Y por supuesto, cada aparición de los secundarios absurdos, como el abogado alcohólico o el tipo raro de la granja de servidores (“este es el sitio de la caja”).

Terminamos el año con una mala noticia, pues T. J. Miller, el actor de Elrich Bacham, deja la serie. Supongo que intentó dar el salto al cine, dado que estaba enlazando algunos papeles secundarios con bastante tirón (Deadpool 1 y 2 -2016, 2018-, Ready Player One -2018-).

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
-> Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 3

HBO | 2016
Comedia | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Stephen Tobolowsky, Chris Williams, Bernard White.
Valoración:

Richard Hendricks, con ayuda de sus amigos, continúa tratando de sacar adelante su visión de una plataforma multimedia de compresión que dispare el uso de la nube en internet, cambiando por completo el panorama mundial de las nuevas tecnologías. Pero el desarrollo de Pied Piper sigue escurriéndose de sus manos más de lo que querría. La competencia es feroz, los problemas tecnológicos incontables, los humanos también. Laurie Bream, de la compañía que lo financia, impone un CEO famoso, Jack Barker (Stephen Tobolowsky) y lo relega a CTO, sea, de director general a director tecnológico, de forma que el proyecto esté en manos de un empresario con experiencia y renombre y el equipo pueda dedicarse al desarrollo.

Ampliamos así la visión del mundo de las nuevas tecnologías, las empresas y gentes que viven en estos negocios, y eso que ya venía ofreciendo una descripción compleja y detallada. Los de abajo (los protagonistas), los de arriba (Hooli), los rechazados (Cabezón), las rémoras (bloggers y demás), las tecnologías, las financieras, las formas de vivir y pensar de cada individuo… El cuadro completo es hiperrealista, pero mantiene el tono irreverente y alocado de siempre.

Los personajes nunca dejan de ser reconocibles a pesar de la vorágine de eventos, cambiando gradualmente, chocando con mil baches, externos y propios, luchando por abrirse paso en un entorno muy hostil. El reparto se mantiene tan cohesionado y deslumbrante como de costumbre, la química que tienen es admirable. El repertorio de secundarios y recurrentes es alucinante: los abogados raritos, los “empresaurios” Barker y Gavin Belson, el diseñador pesado, el gurú, los currantes de Nucleus…

Cada capítulo te mantiene con una sonrisa constante, e incontables veces te lleva a la carcajada. Las capas de chistes entrelazados sigue siendo asombrosa: la parodia del universo informático es elegante, el humor de la vergüenza ajena está muy bien medido, el ingenio es inagotable, las paridas locas no desentonan nada, y la personalidad de cada rol es muy marcada y divertida.

Entre tanta genialidad destacaría algunos momentos inolvidables por una razón u otra: la guerra de monitores, el encuentro con los aviones privados, el sótano de servidores donde irá “la caja” y están los hombres topo, Richard llevando los planes secretos a la oficina y tropezándose, dejándolos a la vista, el pique de espacios o tabulaciones, la granja de clics, los grupos de opinión, la reunión final con soluciones inesperadas…

Silicon Valley ofrece cero desgaste y cero sensación de repetición en su tercera temporada, siendo de nuevo una de las grandes del año y asentándose como la mejor comedia desde The Office (Greg Daniels, 2005).

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
-> Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 2

HBO | 2015
Comedia | 10 cap. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer.
Valoración:

Richard Hendricks y sus amigos siguen tratando de adelante su empresa en el difícil mundo de las nuevas tecnologías, donde un día eres una estrella con aspiraciones millonarias y al siguiente puedes haber caído en el olvido y estar mendigando en las calles. Es impresionante la lluvia de aventuras en que los guionistas vuelven a sumergir al grupo de protagonistas sin mostrar ni un ápice desgaste. Conflictos personales, morales y legales, retos inesperados y estrés, mucho estrés, se acumulan casi sin darte respiro.

Con la idea de que la vida lleva por caminos inesperados, los autores juegan magistralmente la incertidumbre y la sorpresa, sobre todo porque a pesar de los mil giros y varapalos que van poniendo ante los protagonsitas, consiguen que respondan cada uno a su manera en todo momento, y eso que tienen personalidades dispares y muy marcadas, y las historias avancen en una dirección clara sin achaques ni trampas. Cabe destacar un aspecto que debería ser la envidia de infinidad de series: la facilidad que tienen para idear giros alocados y luego encontrar soluciones sorprendentes pero verosímiles dentro de lo absurdo de las situaciones. Por ejemplo, el genial desenlace de lo del nido de águila surge debido al buen trabajo que han hecho los protagonistas, es decir, no les cae encima sin más, han allanado el terreno para que cualquier nuevo factor en la ecuación tenga posibilidades de redundar a su favor.

No voy a describir a fondo la infinidad de acontecimientos que hay en tan solo diez capítulos de media hora (se agradecen un par más que el primer año, pero siguen sabiendo a poco), porque merece la pena vivirlo por uno mismo: Silicon Valley es de nuevo una de las grandes series del año. La veracidad en el tratamiento de los temas relacionados con las nuevas tecnologías y quienes viven a su alrededor es loable, especialmente en la descripción de los frikis. El microcosmos que han construido, en la onda de El séquito (como me veía venir), es fascinante, parece que estemos ante un mundo real donde existen Gavin Belson y demás personajes y empresas, y donde los protagonistas podrían ser tus amigos, no unas representaciones arquetípicas como los de The Big Bang Theory (2007). Los líos empresariales, las tendencias y aficiones, las figuras representativas… Todo el mundillo queda retratado con inteligente ironía.

El sentido del humor vuelve a ser deslumbrante. Se maneja con sabiduría la vergüenza ajena, se trabajan chistes de largo recorrido (la trayectoria de Cabezón…), hay bromas más simples y directas… Tenemos chiste sobre chiste y enredo sobre enredo hasta el punto de que necesitas ver la temporada otra vez para saborear bien la lluvia de información. Y cómo no, los personajes principales son encantadores y el repertorio de secundarios estrafalarios resulta maravilloso, y todos los actores mantienen el tipo. Ni un pero le puedo poner a otra temporada única en personalidad y calidad.

Entre algunos de los mejores momentos del año destacaría, sin revelar nada concreto, los siguientes. La presentación de la nueva jefa de Monica, el relato de la muerte del anterior (recordad que el actor falleció), Jared hablando alemán en sueños, el análisis de Gilfoyle y Dinesh sobre si contarle al tipo de deportes extremos que su cálculo está mal y va a matarse, las manías del multimillonario (las puertas del coche se abren hacia arriba o lateralmente), la contratación de una chica y el intento de Jared de que no se sienta acomplejada, el plan de Gavin Belson con Cabezón, y este sin enterarse de nada, la prueba del software de Gavin en un móvil y la presentación de su plataforma de streaming, el nido de águila y todo lo que desencadena…

Ver también:
Temporada 1 (2014)
-> Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 1

HBO | 2014
Comedia | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Josh Brener, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Christopher Evan Welch, Amanda Crew.
Valoración:

¿Qué mejor lugar para mostrar el mundo de las nuevas tecnologías que Silicon Valley? Para quien no lo conozca todavía, es una amplia región de San Francisco (EE.UU.) donde todas las compañías que se precien tienen su sede principal: Google, Twitter, Microsoft, Apple… Tener todo el meollo de innovación tecnológica en un mismo lugar facilita la búsqueda de talentos y finanzas, y estar donde empezaron los grandes da buena imagen para tu compañía. Así que todos los que sueñan con ser genios del gremio o fundar una empresa exitosa intentan ir allí. La mayor parte acaban estrellados sin llegar a nada, otros se estrellan tras una carrera fulgurante pero corta. Muy pocos llegan a multimillonarios que cambian el mundo. Las nuevas tecnologías y las modas son así. Un día Myspace domina la red, al otro nadie se acuerda de ello y le toca el turno a Facebook.

En este ambiente encontramos a nuestros protagonistas. Su descripción inicial parte de algunos estereotipos, si nos ponemos finos, pero era algo ineludible si tratas de representar un colectivo muy concreto. Tenemos al inteligente pero tímido Richard (Thomas Middleditch), cuyas aspiraciones de triunfar chocan con sus limitaciones a la hora de saber ser un triunfador: carece de coraje y determinación, le falta experiencia empresarial, etc. Contamos también con el charlatán que vive del cuento y de las rentas de algún trabajillo anterior, Erlich (T.J. Miller). No falta uno medio indio (pakistaní en realidad), que es la raza de moda en Estados Unidos y casi toda serie incluye uno, y cómo no es otro informático empollón: Dinesh (Kumail Nanjiani). Martin Starr es Gilfoyle, el tipo serio y críptico con salidas extrañas e inesperadas. Encontramos al empanao que es objetivo de las bromas del grupo, Big Head, o sea, Cabezón (Josh Brener). Sin catalogación posible está el nuevo en la pandilla, Jared (Zach Woods), que es antisocial pero competente. Y por supuesto tenemos algunas perspectivas del empresario millonario, destacando este año el agresivo sin escrúpulos Gavin Belson (Matt Ross, mítico en papeles de malvado) y el rarito con manías delirantes Peter Gregory (Christopher Evan Welch).

Todos los intérpretes del grupo de colegas tienen larga experiencia en televisión, pero salvo quizá Zach Woods (estuvo en The Office -2005- en un papel semejante), ninguno ha pasado por alguna producción que le diera algo de visibilidad, lo cual ayuda a hacernos a los protagonistas, porque no asocias los rostros a algún personaje anterior. Además, los actores se hacen al estilo característico de sus roles con rapidez, captando todos sus matices y excentricidades y logrando además una química fantástica con los demás. Destaca lo hábilmente que cogen el punto a lo más complicado: transmitir a través de miradas y gestos lo que el protagonista siente y sufre. Desde el primer episodio sabemos cómo puede reaccionar Richard, qué significa ese suspiro o por qué se muerde los labios; el tono de voz de Erlich señala que está en otro de esos intentos de afirmarse, de superar sus limitaciones; una mirada fugaz entre Dinesh y Gilfoyle puede exponerte su reacción a una situación sin requerir más diálogos. Pero hay que señalar una triste anécdota: Christopher Evan Welch falleció de cáncer antes del estreno de la temporada. A los guionistas no le queda otra que cambiar las tramas que giran a su alrededor en el segundo año.

Una vez hemos visto la vida en la zona y cómo trabajan los protagonistas, que anhelan la gloria pero están en puestos más precarios y con menos futuro del que esperaban, el proyecto de Richard salta a la luz como una obra posiblemente revolucionaria, eso que todos buscan con desesperación en Silicon Valley. Está programando un software de compresión de archivos sin pérdida de calidad que desterraría definitivamente el flac, mkv y semejantes (porque el mp3, divx y otros, con su notable pérdida, hace mucho que están obsoletos), lo que cambiaría por completo el manejo de información en internet, afianzando definitivamente el dominio de la nube. Pero el triunfo y el éxito no llegan sin más. Tiene que saber mostrarlo y distribuirlo sin que la competencia lo aplaste antes. Tiene que decidir entre ofertas varias, entre el dinero (venderlo y hacerse millonario) y la realización personal (sacarlo adelante y escribir su nombre en la historia). Tiene que luchar día tras día con marañas de papeleo, engaños y abusos. Sus amigos lo apoyan como pueden pero todos carecen de la experiencia y personalidad necesarias para enfrentarse a pesos pesados como los Belson y Gregory del mundo.

Silicon Valley puede parecer sencilla de primeras, pero en nada que empiezas a analizarla se ve toda su inteligencia y complejidad. Todas las escenas combinan magistralmente la certera presentación y desarrollo de los personajes y el entorno, el progreso veloz y firme de las tramas, las numerosas capas de chistes, tanto fugaces como de largo recorrido, la construcción paulatina de su particular universo (que apunta a cobrar vida propia como el de Entourage)… No, no es nada sencilla. Y ahí radica su genialidad: los guionistas lo mezclan todo de forma que el producto esté completamente equilibrado, resultando una serie cuya profundidad y sutilezas no impiden que parezca ligera y resulte entretenidísima.

Han realizado una labor de documentación meticulosa para recrear un entorno realista y respetuoso, y han tenido mucho cuidado para que el tono de autoparodia, como el patetismo de algunos personajes y los chistes basados en clichés (como el nulo tacto de los frikis con las mujeres) no alteren el equilibrio cayendo en el estereotipo. La idea de la serie nace de la experiencia personal de su creador Mike Judge, que con su graduado en física empezó a trabajar como programador y acabó asqueado del mundillo, sobre todo de la cultura de idolatría que muchos tienen alrededor de figuras famosas (Steve Jobs y Steve Wozniak -Apple-, Larry Page -Google-, Mark Zuckerberg -Facebook- y otros tantos). Se pasó a la televisión, y tras hacerse un nombre con las series de animación El rey de la colina (1997) y Beavis y Butt-Head (1993), alrededor de las que hay cierto culto, decidió mostrar ese ambiente desde una perspectiva satírica pero a la vez delicada. Sólo el tema de la “puntuación Weissman” (eso de medir el grado de compresión) es inventado, pero resulta creíble y sirve para sintetizar las tramas.

El esfuerzo puesto da resultado. Se puede tocar y sentir el ambiente de Silicon Valley y sus habitantes desde las primeras escenas. De la situación laboral del currito marginado a la del multimillonario excéntrico hay todo un rango fascinante, como los genios desaprovechados, los fracasados, los trepas cansinos, o los “apartados” (esos que son contratados para joder a la competencia y ubicados en puestos donde no tienen nada que hacer). El funcionamiento de las empresas se describe muy bien, las aspiraciones y problemas de los jóvenes mejor aún. Las referencias a figuras famosas y no tan famosas abundan, los personajes millonarios del relato dan para teorizar sobre en quiénes se inspiran. Tenemos mil detalles de la vida cotidiana convertidos en estupendos chistes: las fiestas para aparentar, las convenciones, los líos entre informáticos, los guiños frikis…

Hay humor directo y sencillo como el que puede verse en Big Bang Theory (2007), la más cercana en cuanto a género aunque juegue en una liga muy inferior, pero abunda más la parida ingeniosa y el giro inesperado mezclados hábilmente con chistes más sutiles y otros gags de largo recurrido muy bien desarrollados. Inevitablemente también tenemos mil referencias a las nuevas tecnologías (empresas, internet, personajes famosos, etc.), y en estos tiempos tampoco falta el toque de vergüenza ajena, los personajes que rozan lo patético. Las aventuras son amables y simpáticas por lo general (esta vez de drama casi no hay nada), pero encontramos bastante autocrítica del gremio y muchas enseñanzas sobre los temas tratados (conflictos laborales y limitaciones personales, principalmente).

Momentos geniales, chistes tronchantes y situaciones muy originales hay varias en cada episodio. Enseguida destaca la dinámica entre protagonistas, con sus chistes y piques recurrentes (como los líos entre Gilfoyle y Dinesh), las paranoias de Elrich, y, sobre todo, las excentricidades de los dos multimillonarios, cada cual más loco. Mis momentos favoritos son: el chaval programador y la que arma, el viaje absurdo de Jared en coche automático (el momento más surrealista de la temporada), la idea de Elrich de tomar setas alucinógenas para buscar un nombre para la empresa, las delirantes presentaciones en la convención (el tío de la estufa de microondas: “¡nooo la enciendas!”), los ataques de ansiedad de Richard (cuando moja los pantalones…), el médico bocazas, Jared incapaz de hacerse notar, el destino de Cabezón, la no-obsesión de Richard con una exnovia, Elrich y sus aventuras con las mujeres del juez de la convención…

Sólo le puedo poner un par de pegas. Primero, estoy a favor de las temporadas cortas, porque evitan el desgaste y estirar tramas con rellenos menos trabajados… pero ocho capítulos de treinta minutos saben a poquísimo, y más si son tan buenos. Le ocurre como a Transparent y Girls: da la impresión de que pasan demasiadas cosas en un corto espacio de tiempo. Sí, en este caso la trama lo justifica bien (trabajan a contrarreloj), pero eso no elimina la impresión de que se podría haber contenido el ritmo para que los personajes y sus aventuras calaran más gradualmente, y la mejor forma de hacer esto es con unos cuantos capítulos más. Pero claro, también alargarla podría implicar meter los citados rellenos, arriesgándose a perder una de sus mejores virtudes: ir al grano sin rodeos y con un ritmo adictivo que pide a gritos varios revisionados. En mi caso, en cuanto la acabé la vi de nuevo, porque me parecía que no la había saboreado bien, y pude comprobar que había pasado por alto numerosas sutilezas, tanto en chistes como en la evolución de los personajes, con lo que le saqué mucho más partido.

El único fallo importante es su giro final, donde se fuerza demasiado la cosa y se abandona momentáneamente el tono por lo general realista de las andanzas empresariales de los protagonistas. En ese momento cumbre tiran demasiado de topicazos y giros tramposos que se ven venir de lejos: cuando Richard deja a todos pasmados en el último instante me produjo vergüenza ajena, por cutre, por forzado, por tramposo y predecible. Parece impropio de una obra tan inteligente, la verdad. Se podía haber desarrollado el mismo planteamiento sin forzar tanto la situación, con más naturalidad: no va a sorprender, qué menos que mostrarlo de forma más verosímil. Esperemos que sea un desliz casual y la segunda temporada mantenga e incluso supere el buen tono con el que ha empezado la serie.

PD: Es horrible la cutre recreación de la fachada del edificio de la empresa Hooli, y cantan bastante los planos repetidos del exterior de la convención. No parece una serie de bajo presupuesto, se podían haber currado estos aspectos un poco más.

Ver también:
-> Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)