BLACK MIRROR – TEMPORADA 2.

Black Mirror
Channel 4 | 2013
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Hayley Atfield, Domhnall Gleeson, Lenora Crichlow, Tuppence Middleton, Chloe Pirrie, Jason Flemyng, Tobias Menzies, Daniel Rigby.

El impacto causado por Black Mirror con su sombría visión de nuestro futuro cercano fue impresionante, y Channel 4 lo ha aprovechado encargando otra temporada. El formato y estilo es el mismo: tres capítulos independientes cuya única relación es que todos analizan el impacto negativo de las nuevas tecnologías en la sociedad.

Alerta spoilers: No leas si quieres verla sin conocer nada.–

201. Vuelvo enseguida
Be Right Back


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Owen Harris.
Valoración:

Una joven pareja se retira al campo para huir del ajetreo de la ciudad. En uno de los viajes del traslado el chico fallece, y la desconsolada novia se enfrenta a la soledad y la pena hasta que una amiga le propone que utilice un programa informático que, recopilando toda la presencia de la persona objetivo en internet, genera una simulación de la misma con la que chatear. Más adelante también se le ofrece la posibilidad de crear un robot de apariencia humana que imite a esa persona.

Dicho en palabras parece poco creíble que alguien se vuelque en una versión informática de su ser amado, pero el capítulo lo expone todo de forma que resulta bastante creíble. La pena por la pérdida de un ser querido, la soledad, la necesidad de encontrar algo que te ate a la realidad que conocías y que no quieres perder… Se abren interesantes dilemas y problemas que ofrecen un capítulo intenso donde las emociones fluyen muy bien. Es imposible no conectar con Martha (ayuda bastante la correcta labor de Hayley AtwellLos pilares de la Tierra-), vivir su desolación y comprender por qué se aferra a una ilusión. Los altibajos de la nueva situación están muy bien desarrollados: el sexo es un alivio, las conversaciones íntimas están abocadas al desastre al no simularse del todo bien, etc.

Hacia el final queda claro que todo ha sido una mala idea, que el robot es un pobre sustituto, y el episodio podría haber terminado muy bien en la escena del acantilado (con un fundido en negro tras el grito que deja la situación abierta a interpretaciones), pero por alguna razón el guionista añade un epílogo que rompe ese aura de realismo y que en vez de dejar la historia abierta a lo que queramos imaginar pone un cierre malogrado, primero por innecesario y segundo porque tira por el único camino que no es verosímil atendiendo a la historia que hemos visto.

202. Oso blanco
White Bear


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Carl Tibbetts.
Valoración:

Decía en la primera temporada que el salto de fe que hay que hacer para entrar en la dinámica de la serie es grande en todos los episodios, pero sólo en Fifteen Million Merits dificultaba muy ligeramente la conexión del espectador con el argumento. Sin embargo en este White Bear el choque contra la barrera de inverosimilitud total que desprende el capítulo me ha impedido conectar lo más mínimo con él, hasta el punto de resultarme insoportable.

El problema es que carece de todo lo que hace bueno al resto, todo lo que daba vida, trasfondo y por extensión realismo a la trama. Todo el episodio es un golpe de efecto muy simple envuelto en cuarenta minutos de artificio sin tacto narrativo alguno. La exposición de caracteres, siempre correcta cuando no excelente, aquí desaparece: los protagonistas son cascarones vacíos, y además repelentes. La narración con intenciones de romper esquemas, remover conciencias y dejarte impactado no aparece hasta el momento de revelación final… y no funciona, porque la credibilidad hace aguas por todas partes y el mensaje se da tan machacado que parece que nos toman por tontos. El desarrollo de la historia, antes siempre con buen ritmo y un rumbo muy definido donde se describía el mundo presentado con bastante habilidad, aquí tampoco hace acto de presencia, pues la odisea de la protagonista es una carrera sin rumbo llena de trampas argumentales y visuales demasiado evidentes.

El capítulo ofrece cuarenta minutos de la más absoluta nada. La petarda de la protagonista corriendo y gritando sin ir realmente hacia ninguna parte; las absurdeces que campan en toda escena, en especial la tontería de la gente con los móviles, que pretende ser inquietante y resulta ridícula; las secuencias que cantan a trampa y sensacionalismo constantes: “qué está pasando”, repite la protagonista cada dos por tres, como si el guionista supiera que la situación no da para crear misterio; etc. En definitiva, la ausencia total de rumbo y consistencia de la trama hace del capítulo algo insufrible. Se ve claramente que como mucho había material para hacer un corto de menos de cinco minutos, y no especialmente destacable, con lo que sabe a engaño. En esta situación, los intentos de lanzar mensajes sobre la forma en que los medios y el moldeable público deforman la justicia y la moral resultan fallidos, y por si fuera poco al recalcarse tantísimo también parecen muy cutres y exagerados. White Bear es un episodio que no se acerca al nivel mínimo esperable no sólo para esta serie, sino para cualquiera.

203. El momento de Waldo
The Waldo Moment


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Bryn Higgins.
Valoración:

Una caricatura animada llamada Waldo hacer furor entre el público, y la cadena empuja a su creador a que exprima el éxito. Lo llevan incluso a participar en la campaña política local, presentándolo a las elecciones. Los políticos tradicionales se topan con este ser anárquico que les saca los colores cada dos por tres, y la gente se vuelca en Waldo haciendo tambalear el sistema.

Quitándome de encima la decepción brutal que supuso el anterior capítulo, aquí volvemos a la esencia de la serie: una idea potente que se expone con claridad y energía, y sobre todo haciéndola encajar hábilmente en la realidad. Son un tema actual y candente los conatos de revolución contra el sistema político inmovilista, ineficaz y corrupto que campa a sus anchas por toda Europa, y el argumento lo lleva más allá introduciendo en él el factor de la fuerza que las modas en internet son capaces de arrastrar. ¿Qué pasaría si el descontento de la población se canaliza en una caricatura en vez de en una respuesta real? La gente se desahoga señalando los errores pero sin ofrecer alternativas, con lo que realmente no hay cambio ninguno, como mucho una degradación mayor. Cuando el protagonista ve la luz ya es tarde, la avalancha es imparable. El desenlace, aunque un poco exagerado, pone de manifiesto muy bien el tono pesimista de la serie: ofrece siempre la perspectiva más sombría de las ideas que propone, para que veamos lo bajo que podemos caer y pensemos en cómo podríamos evitarlo.

Como en resto de episodios, el pequeño grupo protagonista se describe muy bien y muestra una evolución palpable y creíble con la que el espectador puede conectar, pero aunque tanto estos como la trama resultan bastante interesantes lo cierto es que anda algo falto de ritmo e intensidad, por no decir que todo resulta muy lineal y previsible, desde el romance al desenlace pasando por todas las acciones del personaje y sus repercusiones. O dicho de otra forma, no veo en él capacidad para impactar y dejar huella en la memoria, no hay un solo instante donde sorprenda o impresione. Y se supone que esa es la intención de la serie.

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