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EL MANDALORIANO – 107 – AJUSTE DE CUENTAS

107 – The Reckoning
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Deborah Chow.
Valoración:

Sinopsis:
Mando decide plantar cara para salvar a su joven compañero y terminar con la persecución a la que están sometidos.

Resumen:
Greef Karga ofrece a Mando una acción conjunta contra el imperial que domina el pueblo donde vivían, pues si se unen contra él volvería a reinar la paz y tendrían libertad para seguir sus vidas. Mando acepta aun sabiendo las dificultades y traiciones que pueden presentarse. Forma un equipo con Cara Dune, Kuiig, y el robot que destruyó y este último ha arreglado y reprogramado. En los problemas que surgen por el camino se destapa la intención de Greef de traicionarlo, pero la situación, incluyendo al bebé-Yoda usando sus poderes para ayudar, fuerza aún más la idea de unirse contra el imperial. La batalla es cruenta y parece tornarse insalvable cuando aparece un alto rango imperial con muchas tropas.

Comentario:
Otro episodio algo más movidito y emocionante que los anteriores, pero tampoco como para echar cohetes. Todo se ve venir, no hay giros sorprendentes y sí demasiado facilones o forzados (que conveniente el ataque de los pájaros). Ni muertes ni peligros impresionan como debieran, porque todo se desarrolla de forma lineal, desde la formación del grupo (cada personaje pasa por un cutre no voy pero al final sí voy), las traiciones planeadas y cambios de opinión inesperados (que cargante es Greef Karga), la pelea de turno, el clímax final de apariencia insalvable… ¿Debe impresionarme el alto rango imperial del final? ¡Si no ha sido presentado debidamente!

Y otra vez Mando queda como un idiota de cuidado. ¿De dónde ha salido su fama? Hasta ahora hemos visto a un tipo poco inteligente que sobrevive de chiripa. Estamos ante otra aventura en que se mete de cabeza en todo embrollo sin pensar ni planear lo más mínimo. Al menos en la otra incursión a la guarida del villano hizo algo más elaborado, despistando a algunos soldados, atacando a otros con armas serias (¿qué fue de su rifle?)… Aunque viendo a los otros cazarrecompensas que acompañan a los protagonistas y contando también a los de los capítulos anteriores, parece que el retraso mental va con el gremio.

Tiene algunos buenos momentos, como la reprogramación del robot, las intervenciones de bebé-Yoda (por fin hace algo), la camaradería entre Mando y Cara y Kuiil, el diálogo con los soldados vigilantes… Pero no son suficientes para quitarse el halo previsible, la impresión de los autores apuntan muy bajo teniendo recursos y un universo con gran potencial. Lo vi con más desgana que pasión y no deja motivos para revisionarlo.

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EL MANDALORIANO – 105 – EL PISTOLERO


105 – The Gunslinger
Guion: Dave Filoni, Jon Favreau.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Mando llega a Tatooine para hacer reparaciones en la nave, y como necesita dinero acepta el primer trabajo que encuentra.

Resumen:
Un cazarrecompensas persigue la nave de Mando a tiros. Aunque se libra, acaba necesitando reparaciones en el planeta donde ha conseguido aterrizar, Tatooine. Así que acepta un trabajo complicado con un novato como acompañante. Este al final lo traiciona, pero se lleva su merecido.

Comentario:
Apuntar tan bajo significa que, de cometer algunos fallos, descarrilarás por completo. El quinto episodio de El mandaloriano es lamentable, un desastre que termina de tirar por tierra cualquier esperanza en una serie que se presupone no sólo de primera división, sino una de la que se esperaba una ambición en calidad y acabado capaces de dejar huella.

De nuevo tenemos un relato enormemente predecible y dirigido. Todo resulta demasiado facilón y conveniente, los guionistas pasan con desgana por infinidad de clichés de seriales ochenteros de estilo western (cada vez más lejos queda el codearse con el cine clásico del género) y se aferran a las soluciones menos trabajadas, sea por vagancia o por incompetencia. Tenemos al protagonista que no puede rechazar un encargo en apariencia difícil porque necesita dinero rápido, y por lo mismo debe aceptar un compañero novato y medio idiota. La relación escupe todos los tópicos: el rechazo inicial, los conflictos, las lecciones, la maduración, y la decisión final. En lo último es lo único donde medio sorprenden, pues tiran por el giro oscuro, la traición, pero luego en la solución del problema el mandalorniano ni suda, y en consecuencia el espectador no se inquieta por su porvenir. El camino trae las etapas más vistas también en su mínima expresión: los encuentros con los indígenas y con el granjero o equivalente amable que ayuda (aquí encarnado por la mecánica, que no deja de ser otra versión de Kuiil), las pausas para desarrollar la relación entre protagonistas, y la pelea final en el desierto.

Hay no pocos instantes verdaderamente molestos por lo poco que se los han trabajado o por lo que han forzado la situación para que resulte como desean. Los diálogos son flojos, pero en la escena final donde la bandida convierte al cazarrecompensas provocan vergüenza ajena; la casualidad de que el este tenga el dinero justo para que Mando pueda pagar las reparaciones es insultante; que la mecánica sea tan maja y le dé tanto margen en un pueblo lleno de gentuza no hay quien se lo crea; los inconvenientes son siempre evitados sin sufrimiento alguno: se quedan sin moto, pero les han puesto una montura a mano; cuántos tiros resiste la nave de Mando y qué rápido explota la de su enemigo; etc, etc. También se arrastran fallos anteriores: la nave tiene buen armamento, así que en la aventura previa demostró ser bien tonto por no usarlo contra el campamento enemigo y el AT.

En cuanto a la saga, hay también incontables referencias, hasta el punto de que saturan. Si la historia fuera buena quizá fluirían con mayor naturalidad, no cobrarían tanto protagonismo, pero al no contar nada llamativo parece que te están intentanto engañar con nostalgia, tratando de que pongas el esfuerzo en buscar detalles y así no veas los fallos. Y por extensión, cada vez más parece que el bebé-Yoda es un puto anuncio con patas.

En el acabado se le empiezan a ver muchas costuras, como si pusieran también menos cuidado. Las pantallas de fondo se hacen evidentes en muchísimas escenas, y eso que se supone que están usando la tecnología más avanzada en este campo (algo como esto, usado también en las películas). Por ello, los desiertos que lucían espectaculares en los primeros episodios aquí parecen muy falsos.

Y para rematar, el casting es nefasto. Ha cogido a una actriz conocida, Ming-Na Wen (Urgencias -1994-, Agentes de SHIELD -2013-), para hacer casi de extra. Para el principal secundario han seleccionado a un don nadie sin nivel alguno: a Jake Cannavale da lástima verlo, y encima tienen la desfachatez de presentarlo como a Han Solo, con las patas en lo alto de la mesa. Y la mecánica, aunque resulte algo simpática, termina molestando, porque Amy Sedaris está muy sobreactuada.

La premisa tan poco original, el desarrollo vulgar, los diálogos y situaciones simples tirando a estúpidos y unos actores irritantes consiguen que a pesar de durar sólo treinta minutos se haga eterno.

Pero aun así, el episodio ha vuelto a entusiasmar a muchísima gente, e incluso hay fans deseando que David Filoni y Jon Favreau tomen las riendas creativas de toda la saga La guerra de las galaxias, aduciendo que la trilogía protagonizada por Kylo y Rey es un desastre (y todo ello sin ver la última entrega, claro está, porque este es el nivel). Si los productores escuchan a las redes estaremos apañados.

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EL MANDALORIANO – 104 – REFUGIO


104 – Sanctuary
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Bryce Dallas Howard.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano busca refugio en planetas poco habitados.

Resumen:
Mando encuentra un planeta poco habitado donde cree que puede esconderse con el crío durante un tiempo. Allí se topa una con mercenaria conocida. Deciden ayudar a un poblado de granjeros contra unos bandidos y pedir cobijo a cambio. Estos cuentan con un AT, un caminante imperial, con lo que la batalla es complicada. Además, piensan que el jaleo armado atraerá miradas, y Mando opta por irse y dejar a la criatura al cuidado de los aldeanos. Pero entonces llega un cazarrecompensas, no tras él, sino tras el bebé, y tienen que huir juntos.

Comentario:
El mandaloriano, o Mando, como lo llaman algunos, acaba sirviendo de mercenario en un poblado inofensivo e indefenso que es atacado por bandidos de vez en cuando. Se podría decir que la premisa está en la onda del cine del oeste con que se iniciaba la serie… pero el resultado final es más propio de un serial anticuado, tipo El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983) o Kung Fu (Ed Spielman, Herman Miller, 1972). La comparación con la primera ya la hice en el episodio anterior, y es que no hay mucha mejora respecto a él.

Los clichés de este tipo de aventuras se empalman en fila india sin poner esfuerzo en aportar novedades, giros sorprendentes, detalles enriquecedores… El pueblo de gente inocente, el pseudo romance con una granjera, la hija de esta supuestamente simpática, los villanos deshumanizados, la pelea donde los héroes insuflan coraje a los aldeanos… Todo es una retahíla de tópicos simplones y aburridos.

El rol de Gina Carano, Cara Dune, no impresiona lo más mínimo, no tiene un dibujo llamativo ni una conexión electrizante con Mando, cosas que sí cumplía Kuiil. También hay algún momento en que el bebé Yoda parece demasiado un anuncio de muñecos, aunque otras muchas veces es entrañable.

Otra vez Mando parece gilipollas perdido, pero esta vez sus acompañantes también. ¿Por qué no usa la nave contra los enemigos? Me cuesta creer que no tenga armas ni poder de fuego como para acabar con el AT de un golpe. De todas formas, viendo cómo tumban bandidos a puñados entre Mando y su amiga, no necesitaban más ayuda. Lo único sustancioso es también muy facilón. Las reflexiones sobre la vida que lleva, la tentación de abandonar y conectar con la gente, no sorprenden ni emocionan nada.

En lo visual sí es algo más llamativo, pues el escenario natural es muy vistoso y los decorados bastante detallados. Pero la pelea final, a pesar de la expectación levantada con el AT imperial, es de lo más rutinaria. De nuevo cabe decir que tanto dinero invertido daba para mucho más. La actriz Bryce Dallas Howard debuta en la dirección de una producción de primer nivel (ha rodado unos cuantos cortos) cumpliendo con lo justo.

El capítulo se sigue aferrando a una narrativa de mínimos, y a estas alturas está claro que es lo poco que tiene que ofrecer la serie. Aparte de previsible, es demasiado forzado, dirigido, tirando a tedioso, y bastante decepcionante.

La aparición final de un cazarrecompensas deja algunas cuestiones en el aire. Los localizadores de objetivos, ¿cómo funcionan? Al principio pensaba que tenían información sobre su última posición conocida, pero cada vez más parecen seguir a la víctima cual gps, y no se explica cómo puede hacerlo sin que nadie le haya colocado un rastreador antes. Al menos sí responden a una pregunta que me estaba haciendo: sí, el mandaloriano come de vez en cuando y se quita el casco para ello.

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EL MANDALORIANO – 103 – EL PECADO


103 – The Sin
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Deborah Chow.
Valoración:

Sinopsis:
¿Se arrepentirá el mandaloriano de entregar a su última captura?

Resumen:
Mando entrega a la cría y se gana su gran recompensa de acero beskar con el que hacerse una flamante armadura nueva y quedar bien entre sus compañeros. Pero pronto se arrepiente y vuelve a la guarida del hampa con intenciones de luchar y rescatarla. Los soldados imperiales son numerosos, pero sale airoso… Hasta que se pone precio a su cabeza y todos los cazarrecompensas de la zona lo rodean en la aldea. Pero entonces llegan sus compatriotas mandalorianos para salvarlo, y puede huir con el bebé.

Comentario:
Alerta de spoilers: Os recuerdo que los análisis suelen tener muchos datos reveladores. —

El mandaloriano va perdiendo fuelle a marchas forzadas. Si el anterior episodio era simplón pero simpático y sobre todo muy vistoso gracias al portento de la puesta en escena, este no llega ni a esos mínimos. La simpleza cae en el rango de la estupidez más de la cuenta, y el acabado deja bastante que desear.

La línea de acontecimientos se veía venir de lejos, y los autores no hacen esfuerzo alguno por tratar de aportar alguna novedad, algún giro inesperado o al menos poner mayor cuidado al detalle. Todo resulta tan predecible y dirigido que aburre, y hay algunos clichés tan viejos y cutres que me he llevado las manos a la cabeza en varias ocasiones.

El breve duelo de marcar el territorio con un mandaloriano abusón es ridículo, parece que estamos viendo alguna de las series infantiles y no algo con mayor ambición. Además, esta cultura en vez de ganar complejidad e interés va pareciendo cada vez menos trabajada y más artificial, inverosímil. Las dudas sobre si entregar al bebé siguen el camino más fácil, y el desencadenante en el cambio de decisión (la bola de la palanca con la que quería jugar el crío) es rematadamente obvio. Pero aún caen más bajo con el tópico del personaje secundario, Greef Karga, salvado en el último momento por la protección “inesperada” en el pecho, lo que le permitirá volver en próximos episodios, algo digno de un serial de los años setenta y ochenta, en plan El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983). Y el protagonista vuelve a demostrar que inteligencia poca a pesar de su fama: se va de la guarida del hampa sin asegurarse de que ha eliminado a todos y comprobar si alguno ha dado señal de alarma; como es obvio, en cuanto sale ponen precio sobre su cabeza. Por cierto, los cazarrecompensas saben quién es el nuevo objetivo sólo con ver una luz parpadeante en el localizador; al menos podía tener una pantallita, que dinero para diseñar cacharritos hay de sobra.

En la esperada pelea no hay nada que rescatar, todo es disparar, pegar y esconderse sin la creación de una atmósfera impactante y que genere sin inquietud por el porvenir de los personajes, sin soluciones ingeniosas que aporten algo de sustancia y emoción. Lo único que va cambiando son las armas que usa el protagonista, y es algo muy gratuito y forzado. Va fuertemente armado pero se arriesga a varias luchas cuerpo a cuerpo, todo para vacilar de sus armas y recursos. Es descarado como meten con calzador la situación en que debe disparar las balas múltiples y que buscan blancos, algo que estaba claro que ocurriría en algún momento en cuanto las presentan, añadiendo otro momento predecible tonto a la lista. Entre eso y la falta de contenido real, parece que estamos viendo la partida de un videojuego de tiros sin guion, no un relato coherente y atractivo.

La estima que tenía en Jon Favreau como guionista empieza a tambalearse… Pero las buenas impresiones en el nivel de producción también se resquebrajan. La dirección, fotografía y montaje no están el nivel de los anteriores episodios ni de una serie con semejante presupuesto. La narrativa es caótica y torpe, no se ve ni entiende casi nada, los golpes resultan falsos, la credibilidad de cada escenario es escasa, y ese tono de videojuego va tomando protagonismo hasta que en el clímax final acabas viendo figuritas digitales volando y disparando sin ton ni son. La música, que defendí en los inicios de la serie ante las críticas, patina bastante en las escenas de acción, resultando ruidosa y sin implicación suficiente con las imágenes.

He de recalcar la situación en que nos encontramos. He pasado de alabar su sentido del espectáculo, el talento tras la cámara, el amor por el cine (las cosas bien hechas, referencias cultas en cantidad), a hablar de un acabado infantil y con un tono de videojuego de poca monta. Lo más triste es que la directora del episodio, Deborah Chow, ha sido elegida para encabezar la producción de la serie de Obi Wan Kenobi…

Todo navega peligrosamente hacia el ridículo de tal forma que no puedo entender el entusiasmo de muchos espectadores. Si este va a ser el nivel de exigencia, los productores no se esforzarán por levantar el listón en próximas series.

PD: ¿Por qué el mandaloriano volador del final le hace un saludo militar al protagonista?

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EL MANDALORIANO – 102 – EL NIÑO


102 – The Child
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano es ahora el perseguido por otros cazarrecompensas, y además se topa con problemas provocados por unos jawas.

Resumen:
La decisión de no entregar la cría al androide parece poner precio sobre la cabeza del mandaloriano: en el desierto enfrenta una banda de cazarrecompensas. Para colmo, su nave ha sido despiezada por una tropa de jawas, y en el intento de asaltar su fortaleza móvil sale escaldado. Kuiil se ofrece de nuevo para ayudarlo, negociando con estos chatarreros, pero el precio que demandan es caro: el delicioso huevo de una criatura muy peligrosa.

Mejores frases:
-¡Utini!

-¡El huevo, el huevo!

Comentario:
Tengo que volver a hablar de expectativas, pero esta vez cambiando el objetivo, porque en el primer episodio le había dado el beneficio de la duda y criticado a los fans impacientes, pero ahora pienso que Disney tenía que haber gestionado mejor la publicidad de El mandaloriano, haber dejado claro que era una serie en formato corto, propio de comedias (25-30 minutos), y con un estilo muy ligero y sencillo. Anunciar una producción con actores reales con más de cien millones de presupuesto a todos nos hizo pensar en una serie normal, de 45-60 minutos, y de gran ambición, pues forma parte de una saga muy dada a la épica espacial o space opera. Los tráileres y comunicados de prensa no dejaban entrever nada de su estilo, y tanto por el presupuesto y acabado como por el ingenio que se ve en el guion en momentos puntuales es imposible no pensar en que podían haber ofrecido algo más llamativo, así que empiezo a ponerme de parte de los espectadores decepcionados y confusos. Si Disney espera ganarse la fidelidad (ganas de revisionarla y por tanto seguir pagando mes tras mes) de sus clientes fans de La guerra de las galaxias apuntando tan bajo…

Sin créditos, este segundo capítulo se queda en 27 minutos, y en lo argumental no aporta nada sustancioso, es una aventurilla secundaria con pocos momentos recordables, esto es, intrascendente, salvada únicamente por su vistoso acabado. Y teniendo la temporada tan solo ocho entregas, los rellenos tan poco llamativos pesan demasiado.

Además, se le ven algunas costuras. El mandaloriano queda como un atontado e inexperto yendo de frente sin planear nada en dos ocasiones. Primero, ante el tanque de los jawas, donde salta a la vista que su desventaja es insalvable, que debería haberse encaramado con sigilo y analizado sus opciones. Luego, ante la criatura en la cueva, donde no muestra prudencia alguna, ni tantea un curso de acción, ni emplea recursos inteligentes. Además, parece demasiado conveniente y previsible que falle estrepitosamente con el “rinoceronte” y tenga que ser salvado.

Se podría pensar nos están presentado a un patán con más valentía que raciocinio, pero es que resulta demasiado estúpido en contraste con el episodio anterior, y canta a la vista que son justificaciones para las escenas de acción. También hay situaciones anodinas que dan ganas de saltarse, como el acto final dedicado a arreglar la nave, tan anticlimático y facilón que te hace terminar el visionado con un bajón.

Para aportar más confusión y sensación de que juegan con el espectador tanto en esta serie como con lo que se ve en los avances del Episodio IX – El ascenso de Skywalker, tenemos los personajes resucitados. Parece que ya nadie se queda muerto, que cualquiera puede reaparecer en cualquier momento. Exprimir el factor nostalgia se pone por encima del respeto al espectador y la coherencia narrativa. Además, el misterio con el niño es muy artificial. Esperemos que justifiquen todo bien y el relato tome rumbos más interesantes.

Las partes buenas son llamativas, pero no suficientes para evitar la sensación de intrascendencia, e incluso entendería quien lo considerada tiempo perdido. En mi caso, en un segundo visionado no fui capaz de verlo entero a pesar de su brevedad.

El primer acto en silencio es de nuevo cine del oeste del bueno, destacando el genial plano del asaltante reflejado en el caso del protagonista. El ataque a la fortaleza móvil de los jawas será muy forzado, pero en lo visual resulta espectacular, no sé qué es maqueta y qué ordenador, la combinación de técnicas es impecable, el realismo total.

Vuelve a verse también amor por el cine. La referencia a Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989), con el tanque intentando aplastar al protagonista contra las rocas, está bien hilada, y hay un plano al final en la nave muy del estilo de Centauros del desierto (John Ford, 1956), con los personajes en un marco a contraluz y el atardecer del desierto al fondo.

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EL MANDALORIANO – 101 – CAPÍTULO 1


The Mandalorian – 101 – Chapter One
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Un cazarrecompensas mandaloriano persigue malechores por toda la galaxia.

Resumen:
Tras capturar a su último prófugo y pedir el pago, el cazarrecompensas mandaloriano no encuentra buenas ofertas y opta por aceptar la de un mafioso. Antes de partir, hace una visita a un poblado de su gente para honrar la tradición.

La guarida del nuevo objetivo es de difícil acceso y está muy vigilada, pero un foráneo lo ayuda a cruzar el desierto y un robot cazarrecompensas a luchar contra los numerosos mercernarios. Una vez hallado el supuesto malechor, este no resulta ser lo que esperaba.

Mejores frases:
-Mythrol: Tengo muchos créditos.

-Kuill: He hablado.

-IG-11: Iniciaré la secuencia de autodestrucción.

-El mandaloriano: Ahora solo hay que abrir la puerta.

Comentario:
Alerta de spoilers: No creo que haya nada que se considere revelador.–

Recuperando el tono de Una nueva esperanza (George Lucas, 1977), la introducción a El mandaloriano es una combinación de fantasía y película del oeste. O un corto más bien, pues dura 35 minutos sin créditos; bien podría ser una parte de La balada de Buster Scruggs de los hermanos Coen (2019).

Es una presentación sin gran ambición en cuanto a historia, pero a lo poco a lo que apunta acierta sin fallas llamativas: tiene lo justo de ingenio y bastante estilo como para enganchar para ver más. Eso sí, siempre que no seas de esos fans impacientes que esperaban lo más grande, complejo y épico desde el primer minuto, algo que probablemente tampoco satisfaría sus expectativas, porque cada uno se habrá imaginado cosas distintas.

Me gusta el cariño que veo en los personajes secundarios, descritos en instantes con buenos diálogos y situaciones sencillas pero efectivas. Las primeras escenas, con un toque de humor negro, parecen escritas por Joss Whedon, en una suerte de cruce con Firefly (2002). Está claro que Jon Favreau ha sido una buena elección como productor ejecutivo y guionista: sólo con el prólogo me ha ganado y garantizado una buena serie. Qué difícil es ver en cine o series hoy en día buenos repertorios de personajes, la mayor parte de autores necesitan largas exposiciones, aclaraciones obvias (la reciente JokerTim Miller, 2019- tiene mucho de ambos) y otros recursos vulgares.

El capturado en el prólogo (Horatio Sanz) es un puntazo, un pringado que se habrá metido en algún lío y acaba en manos de un cazarrecompensas, y para tratar de mejorar su situación únicamente es capaz de hablar y hablar. El gángster misterioso que contrata al protagonista (nada más y nada menos que Werner Herzog) resulta poco confiable, ofreciendo una descripción verosímil de los bajos fondos. El robot (voz de Taika Waititi), como siempre en la saga, tiene una personalidad muy peculiar. El solitario granjero es amable a su manera, pero también chocante; la voz se la pone Nick Nolte, con ese tono rasgado y ronco tan característico, pero o han hecho malabares con la cámara para que parezca muy bajito o tras el maquillaje hay un extra, porque Nolte mide casi dos metros. Sólo queda un poco por debajo el intermediario, Greef Carga (Carl Weathers), que no deja entrever mucho de su personalidad: ¿es un buen negociador o un paria que sobrevive como puede?

El mandaloriano del título es una incógnita, nos dicen lo justo de él con detalles sutiles, invitándote a seguir sus aventuras para saber más. En su primera aparición vemos a un tipo duro y frío que realiza su trabajo sin importarle a quién hace daño. En el cobro y la aceptación de un nuevo objetivo se describe a alguien necesitado de dinero rápido y sin miedo a arriesgarse para conseguirlo. Pero no parece que está en alguna situación precaria, de deber dinero a alguien más peligroso, porque deja lo ganado en la forja de sus compañeros. Ahí también muestra conexión con su pueblo y tradiciones, así como un breve flashback a sus duros orígenes, así que se constata que no es una fría máquina de matar, tiene apego por algo y arrastra traumas del pasado. Así hasta el final: cada escena añade un detalle nuevo, todo casi sin que suelte diálogos y sin enseñar el rostro. Lo único malo de esto último es que parece que van a desaprovechar a un actor con tanto carisma y talento como Pedro Pascal.

Y ese es el capítulo: la presentación del protagonista. No ofrece ni necesita una historia de altos vuelos, y apenas el giro final hace pensar en algo de continuidad. Tenemos un compendio de anécdotas y escenarios que van mostrando la vida del mandaloriano y el entorno por el que se mueve. Gracias al generoso presupuesto tenemos lugares variados y llamativos (un mundo helado, los bajos fondos de otro, un desierto espectacular), pero en contenido van al grano sin andarse con rodeos y complicaciones innecesarias. Entre el asombroso acabado visual, los encuentros con los atractivos personajes secundarios, algunas situaciones ingeniosas y diálogos breves pero con garra, cada paso de la aventura deja buenas impresiones.

Con todo, es entendible cierta decepción aunque no llevaras expectativas irreales, no hay que ser como esos fanáticos que critico que ponen listones imposibles. Sencillamente, 35 minutos, en una serie de 120 millones de dólares y sólo ocho episodios, ambientada en un universo con tantas posibilidades, saben a poco. ¿No podrían haberse esmerado algo más? No hace falta irse por las ramas metiendo escenas de acción para vacilar y tramas secundarias de relleno, podríamos haber tenido una mejor presentación del empleador del protagonista, algo más del mafioso que le da el trabajo con tanto secreto y las tropas imperiales que lo acompañan, y una visión más detallada del pueblo mandaloriano.

Referencias a la saga las hay por decenas, tanto para ofrecer un ambiente conocido como para deleitar al seguidor con detalles que puede ir descubriendo. En la ambientación reconocemos atrezo, alienígenas, estilos arquitectónicos… En el sonido hay efectos míticos, como el de la nave calándose. En los diálogos hay guiños muy rebuscados, como el Día de la Vida del Especial navideño de La guerra de las galaxias (Steve Binder, 1978), esa aberración de película televisiva navideña que mostraba la vida de la familia de Chewbacca y que intentaron enterrar y hacer como si no hubiera existido.

El cine del oeste también se lleva sus homenajes. La situación con el tipo solitario que trata de labrarse una vida en el desierto recién conquistado y que debe lidiar con forajidos es muy típica, la del protagonista aprendiendo a montar a “caballo” en plan Horizontes de grandeza (William Wyler, 1979) más aún; el tiroteo final con una “ametralladora automática” me trajo a la memoria Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969); y probablemente haya más que se me han escapado.

En el aspecto visual este inicio es deslumbrante, se nota el dinero (unos 15 millones de dólares por episodio, 120 la temporada completa), la experiencia y los recursos con los que cuentan. Sabe a La guerra de las galaxias, no a basura barata que venden con el nombre, como ha pasado hasta ahora cuando hacían series de algo famoso (Terminator y The Sarah Connor Chronicles, las series de Superman y otros héroes…).

En la dirección tenemos a Dave Filoni, uno de los principales artífices de las series animadas de La guerra de las galaxias y también productor ejecutivo en esta junto a Jon Favreau, pero lo cierto es que experiencia en imagen real no tiene, los productores han preferido su conocimientos de este universo. Sin embargo, cumple muy bien con su cometido. Acción y partes pausadas y escenarios diversos, la mayor parte con gran trabajo de efectos especiales, se combinan con la sobriedad y elegancia estándar en la saga. Cabe destacar que la pelea final está bien planificada, rodada y editada, así que cuando lleguemos a un gran clímax puede ser épico.

El vestuario y el maquillaje de los alienígenas y los decorados son numerosos y muy detallados. Los efectos especiales son magníficos, desde naves a criaturas (la de dos piernas es muy verosímil), sólo he notado un fondo falso cuando el mandaloriano otea el desierto. El sonido es fantástico, con un buen aprovechado del efecto envolvente que nada tiene que envidiar al cine. La música veo que está sembrando discrepancias, parece que muchos esperaban a John Williams o una imitación calcada, pero ya se ha abusado demasiado de su sonido: películas, series animadas, videojuegos, anuncios… Me alegro de que busquen otro estilo, de vez en cuando viene bien aportar algo de novedades y renovación. Ludwig Göransson, quien deslumbró en Black Panther (2018), le otorga a la banda sonora un estilo característico propio entre el western, la ciencia-ficción imaginativa (toques modernos), y la sinfónica pero sin parecerse por ahora a Williams, lo que es muy arriesgado, pero por ahora promete bastante, tiene personalidad y se adapta muy bien a cada instante. Sobre la fotografía, no entiendo algunas quejas que he leído, parece que algunos han visto otra serie. Es fría en la parte del planeta de hielo, sombría en los bajos fondos, con buenos juegos de luces y sombras, y saca todo el partido al desierto con unos grandes planos estupendos y mucho colorido. Yo a eso lo llamo versatilidad y buen hacer. Lo único que no entiendo lo de rodar para televisión en formato pantalla de cine (2.39), pierdes pantalla sin tener ventajas claras: en formato de televisión panorámica (1.78 o 16:9) se puede hacer fotografía de cine con grandes angulares sin problemas.

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