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BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 4


AMC | 2018
Drama, suspense | 10 ep. de 42-61 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Rainer Bock.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo la temporada bastante a fondo. —

Better Call Saul remonta por fin, pero no como para dar la gran serie que había latente. Con cuatro años a cuestas va siendo hora de admitir que ya no tiene sentido esperarla, más que nada porque sus principales carencias provienen de su concepción inicial. Pero al menos empieza a dejar atrás el estancamiento en que estaba enquistada.

En cierta manera, mis plegarias se han escuchado. Decía en la etapa anterior que Vince Gilligan y Peter Gould seguían empeñados en tener a Jimmy dando vueltas alrededor de la abogacía legal a través de personajes y tramas bien gastados, hasta el punto de que la temporada era una prácticamente repetición de la segunda. Señalaba también que era una pena que no exploraran más el lado ilegal de Jimmy, que tenía mayor potencial de historias que el gremio de los abogados. Y en esta ocasión se mueven un poco en ese sentido.

Incapacitado durante un año, a Jimmy McGill no le queda otra que buscar otros trabajos, y la dificultad de la situación, sumada al aburrimiento de algunos de los puestos que encuentra, lo llevan a trapichear y estafar de nuevo, a acercarse a su alter ego, Saul Goodman. La diversidad de escenarios, los timos y enredos en que se mete, son muy amenos y van cimentado una evolución más clara que antes: la relación con Kim se resiente, se aleja cada vez más de los bufetes normales, su ya de por sí débil brújula moral se va resquebrajando…

Pero el lastre que tenemos desde la primera temporada sigue ahí: hay otra serie paralela de mucho menor interés. Las intrigas de Mike Ehrmantraut, Gustavo Fring, Héctor Salamanca y Nacho Varga no tienen sentido, no enlazan lo más mínimo con las vivencias de Jimmy, no aportan nada a lo visto en Breaking Bad (2008). Es muy absurdo coger unos personajes secundarios con historias ya terminadas y que al acabar aquella serie ya empezabas a olvidar, y contar con ellos aventurillas irrelevantes que ocupan más o menos la mitad de todos los capítulos. Se salva porque Mike es una figura bastante magnética, pero también da tumbos sin dirección clara.

Hacia el final, una de estas historias es más entretenida. El lío de Mike, Fring y los alemanes para construir el laboratorio que usarían luego en Breaking Bad es más movidito y se ve una relación más clara con dicha serie… pero estamos en las mismas, pretenden darle una relevancia muy artificial a un detalle menor y ya superado: todo lo que había que contar de ese lugar y los implicados ya se ha hecho. Y claro, en esas circunstancias no sorprende que tiren de artificios para tratar de que impacte más. El conflicto con el jefe de la obra es muy predecible, y se remata con la forzada inclusión de un tipo de la banda de los Salamanca, que por bien que lo haga el actor, sabe a truco barato para potenciar peligros que en realidad no llegan a transmitir nada.

Me temo también que la parte de Jimmy no llega a cumplir del todo, que al final pierde bastante fuelle. Parece que por fin va a salir expulsado del ambiente legal después de tantas vueltas, que acabará en los márgenes de la ley como Saul Goodman, pero llegamos a ese esperadísimo punto de inflexión de una forma muy anticlimática y confusa, no quedando claro del todo si ha pasado lo que tanto esperábamos pero han fallado al narrarlo o si ha sido una especie de introducción torpe y luego lo desarrollarán más. Tras varios amagos cutres (qué cansinas y predecibles han sido las audiencias para devolverle la licencia) aparece por fin Saul, así sin más. Viendo cómo ocurre, podía haberlo hecho en cualquier otro momento de lo que llevamos de serie. Sabemos de sobra que Jimmy siempre juega en la frontera de la ética y la ley, pero por inercia y empuje social trataba de mantenerse en una vida considerada normal, así que lo más lógico y esperable es que hubiera una catarsis que lo expulsara por la fuerza de una vez por todas. Con Fring y demás narcotraficantes presentes, con sus propios líos personales y con sus puntuales movidas ilegales, había margen de sobra para desarrollar el ansiado momento cumbre de su vida. Pero ninguno de los grandes reveses que ha sufrido lo ha provocado, la conexión con el mundo del crimen ni amaga con realizarse, y cuando parece recuperar la compostura, la estabilidad y la licencia de abogado, de repente elige ser Saul Goodman sin motivo alguno. Cuatro temporadas esperando un clímax y han pasado de él. Más les vale que hayan ideado una transición más elaborada, porque desde luego por ahora la decepción es importante.

En la puesta en escena sigue siendo una serie de muy buena factura, pero también se nota que llevan tiempo sin la pasión que mostraban en sus inicios y en Breaking Bad. De nuevo hay muchas transiciones con montajes elaborados que parecen incluir porque es el sello de la saga, no porque transmitan algo esencial, y en cuestión de fotografía no se lo trabajan tanto como antes. Hay un momento crucial que me dejó muy malas sensaciones: la principal pelea entre Kim y Jimmy, cerca del final, en un aparcamiento elevado, tiene una puesta en escena lamentable.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
-> Temporada 4 (2018)

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 3


AMC | 2017
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Tina Parker.
Valoración:

Alerta de spoilers: Más o menos describo todo el argumento, pero sin entrar en detalles y sorpresas… y como realmente no hay novedades, no creo que se pueda considerarse muy revelador.–

Podría copiar el comentario de la segunda temporada enterito, porque el panorama es el mismo. Y obviamente, tras otros diez capítulos de estancamiento, la sensación de decepción pesa más. Lo que hemos avanzado desde el final de la primera sesión cabía en un par de episodios. Los guionistas hacen malabares para intentar disimular que no tienen material, con repetición de escenarios y vueltas en círculos que en realidad dejan ver demasiado sus costuras. Hay multitud de situaciones, incluso capítulos enteros, que los podríamos colar en medio del segundo año y no se notaría diferencia alguna.

Jimmy quiere ser un tío legal, trabajar desde una ética digna, caer bien. Pero el mundo, y más el sistema capitalista estadounidense (de nuevo la crítica que emerge del relato es bastante inteligente), le ponen mil trabas, a lo que se suma su torpeza para verlas venir y su inclinación por traicionar sus intenciones cuando las cosas se ponen difíciles. Pero todavía no vemos a Saul (sólo de dónde sale el nombre, un caramelo insuficiente), todavía Jimmy lucha incansablemente aunque todo se ponga en su contra, aunque sea incluso consciente de que muchas veces es él mismo quien termina de labrarse su tortuoso camino.

Y sus allegados sufren las consecuencias. Chuck es otro con debilidades concretas, y Kim se enfrenta también al capitalismo extremo. Sólo los más fuertes, los que no cometen ningún fallo, los que saben sortear las trampas del sistema y pisotear a los demás, logran salir adelante. Cayendo en la órbita de Jimmy, con sus deslices y desmanes, estos dos se vuelven aún más vulnerables. Chuck es obsesivo compulsivo, y cuando su mundo de adoración ciega a la ley se derrumba acaba refugiándose en una enfermedad mental. El rechazo hacia su hermano, siempre muy bien justificado, muy verosímil, es la gota que colma el vaso: con él cerca no parece que pueda librarse de su paranoia. Kim, por muy capaz y entregada que sea como abogada, no logra salir del bache laboral, y menos si cualquier problema externo te puede hundir el negocio (e incluso la vida) en un sistema económico, laboral y social propio del salvaje oeste. Y Jimmy la arrastra hacia unos cuantos baches.

Precisamente por ello la serie se sostiene: Jimmy es un protagonista enorme y está muy bien secundado. Nos adentramos a fondo en la psique de cada uno, resultando unos personajes muy reales y cercanos: conocemos sus sentimientos en todo momento, nos implicamos a fondo en su lucha diaria… Y el trabajo actoral termina de ganarte por completo: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn y Michael McKean están fantásticos. Pero me temo que hay tan poco movimiento en sus historias que no basta. Los tibios avances, los poquísimos puntos clave, no justifican los veinte capítulos que llevamos atascados en bucle.

Otra vez nos encontramos con flashbacks de Jimmy recordando sus viejos tiempos de timador, donde no sentía remordimientos y vivía al día sin preocuparse por nada. Otra vez tenemos un amago con ir a un bar y empezar a estafar de nuevo… pero resulta que lo meten en el armario. O sea, que en vez de avanzar retrocedemos. Otra vez con trabajillos y pequeños chanchullos para intentar salir adelante, la mayor parte repetidos hasta el hartazgo. Los líos con los anuncios y con las ancianas son los puntos álgidos de su nueva caída e intento de levantar cabeza… ¡pero si es lo mismo que llevamos viendo desde la primera temporada! Sinceramente, por esto me han dado ganas de olvidar las virtudes que quedan en la serie y darle un suspenso. El único momento original es cuando va a mirar un problema con el seguro de abogado y se le ocurre una forma de putear al hermano, pero es un oasis de inspiración en un año bien seco.

La dinámica con Chuck está bloqueada en la misma escena, la misma disputa, con la que nos la presentaron. La única novedad es el juicio que parecía apuntalar el final de la relación, pero se alarga de mala manera a pesar de que se ve de lejos todo su recorrido. La autoparodia con que la solución llega en plan Perry Mason (y todos los procedimentales legales antiguos) no oculta lo obvio: que es Perry Mason y semejantes, un truco muy viejo, muy fácil, que muestra la falta de ideas, la incapacidad para progresar. Porque, después de todo, el dichoso juicio no ofrece un cierre concreto, todavía damos otras pocas vueltas a pesar de tener el destino bien claro desde que empezó la serie. Cuando por fin llegamos al punto de inflexión, este no supone una revelación, un shock impactante, porque ya hace mucho que teníamos asumido lo que ocurriría, ya es tarde para que pueda sorprender.

El viaje de Kim es exactamente el mismo que hemos ido viendo. Es la colega laboral y social de Jimmy. Como follamiga, se apoyan y consuelan entre ellos en los malos tiempos; la relación es bonita, creíble… pero no muestra ningún movimiento. En el trabajo lucha por sacar adelante un caso que le viene grande, por eso de que hay que darlo todo para poder triunfar. Pero el único cambio que hemos visto en tres años es, literalmente, una fachada: el nombre de la compañía para la que trabaje en cada momento. El resto de retos, problemas y dilemas son siempre los mismos. Y acabamos igual, con un receso que huele a reinicio poco disimulado por mucho que hayan querido exagerar el giro para hacerlo espectacular.

Con Jimmy estamos en la misma tónica. Empezó desde abajo en un gran bufete, el de su hermano, pasó a uno más que pequeño, y luego acabó montándose una oficina propia con Kim. ¿Tenemos que exprimir a fondo cada escenario del mundo de los abogados, aunque en el fondo las desventuras, los conflictos y el aprendizaje sean los mismos, para dejar claro que no es capaz de trabajar desde dentro del sistema? Y, como decía, para colmo finalizamos con otro intento redentor, otra vez con Jimmy asumiendo sus errores e intentando encarrilar su vida. De nuevo a la casilla de salida. ¿Qué ha cambiado en él en estas dos últimas temporadas? Nada. ¿Qué ha cambiado en la relación con sus seres cercanos? Más bien nada, porque se deja en el aire, y además no es nada que no esperáramos desde hace mucho. ¿Qué ha cambiado en su relación con el mundo? Nada.

La cosa se agrava con la fallida sección de Mike… bueno, ya en realidad ni es suya, está repartida entre Nacho Varga, Hector Salamanca y Gus Fring. Este grupo forma parte de una serie cada vez más apartada, y aunque está igual de estancada, resulta mucho peor en cuanto a interés: un cero en originalidad, un cero en desarrollo, y, como es esperable, cero atractivo por lo que vendrá. Todo lo que nos cuentan con ellos son anécdotas irrelevantes, escenas sueltas que no muestran ninguna dirección, y aunque lo hicieran, ¿cómo pretendes que me enganche a una historia que parte de subtramas de Breaking Bad ya cerradas? Recalco eso por si no ha quedado claro el error de concepto que supone intentar vivir de las rentas: son subtramas ya agotadas por completo en la serie madre, ¿qué sentido tiene recuperarlas aquí en su mínima expresión? Y encima el punto álgido se basa en un recurso muy usado allí: envenenamiento.

En el primer año Mike molaba y daba la impresión de que trataban de unir su destino y el de Jimmy. Pero a partir del segundo se han ido separando y su parte está cada vez más diluida, de forma que sus apariciones parecen cada vez menos justificadas. De nada sirven los montajes típicos de Breaking Bad (muchos ubicados como prólogos) que resumen situaciones con un estilo visual distintivo, o sea, en plan videoclip, porque ninguno deja huella, muestran acciones muy simples adornadas con demasiado enredo (la búsqueda de un localizador en el coche se hace eterna) o canta mucho que buscan el efectismo inmediato por encima de la verosimilitud (es imposible que la droga de las zapatillas colgadas cayera en el parachoques trasero del camión… de hecho, tienen que evitar el plano general para intentar disimularlo).

Con este grupo enlazo también con la obsesión por el homenaje y la referencia a Breaking Bad. Parecen esforzarse más en incluir guiños y dar cabida a personajes de aquella, por muy intrascendentes que fueran (como la secretaria), que en desarrollar tramas originales. Eso sí, hace las delicias de los seguidores que tienen tiempo para buscar hasta el detalle más insignificante, como el logo de una empresa que sale aquí y allá. A mí no me convence. La unión de dos obras en un mismo universo debe ser orgánica, no tan forzada en aspectos relevantes (recuperar personajes con sus historias terminadas) y tan rebuscada en el detalle. Por no decir que no tengo ganas de volver a ver Breaking Bad para tenerlo todo fresco y poder pillarlo todo. Lejos de la sobrevaloración delirante a la que fue sometida por la explosión mediática alcanzada en sus últimas temporadas, fue una serie terriblemente irregular y caótica, y muy basada en la sorpresa, es decir, no tiene alicientes para echarle de nuevo tantas horas habiendo tantas series nuevas (muchas muy superiores) que ver. En resumen, me gustaría que Better Call Saul fuera una producción con entidad propia, como parecía que pretendían en su primera temporada. No quiero volver atrás para recordar aspectos de personajes que habían acabado su recorrido, ni me parece lógico tener que poner tanto esfuerzo en la atención al detalle cuando precisamente la perspectiva global se ha perdido.

Uno de sus puntos fuertes sigue presente, pero no en tan buena forma como antes. La labor de fotografía y dirección ofrece un acabado cinematográfico de primer orden… Pero se ve cierto acomodamiento, no hay escenas que quiten la respiración, e incluso se puede señalar que el tempo narrativo tan pausado se va convirtiendo en contraproducente, que requería un poco más de vidilla, porque sin contenido real la obra resultante va pasando de contenida pero fascinante a lenta y aburrida.

A estas alturas me parece más que claro que, a pesar de que la notable primera temporada parecía apuntar bastante alto, Vince Gilligan y Peter Gould se equivocaron con el planteamiento inicial, y más cuando es de esperar que la cadena les exigiría al menos cuatro o cinco temporadas si iban teniendo éxito. Han elegido una premisa muy básica y limitada y encima con la mitad del argumento ya conocido, y se están ahogando ahí. Desde un principio deberían haber puesto a Jimmy en otro escenario más elaborado y versátil (qué obsesión con mantenerlo dando vueltas en círculos en la abogacía), con más personajes y tramas latentes que permitieran temporadas con arcos largos más consistentes y entretenidos, de forma que el postergar la evolución hacia Saul Goodman se disimulara mejor. Tanto mencionar su pasado de timador, ¿por qué no haberse planteado esta etapa con él metido en alguna o varias estafas de largo recorrido? Quizá no sorprendiera, pero desde luego hubiera sido mejor que repetir con el intento de ser abogado, la más que previsible caída, y el proceso de levantarse otra vez mediante los mismos recursos (los ancianos y los anuncios). Y por supuesto, no debería tener una presencia tan grande la sección del narcotráfico, que a todas luces es irrelevante en la trayectoria de Jimmy, al menos en este punto. Quizá haya suerte y en la próxima temporada se unan las dos líneas, pero teniendo en cuenta que una está muy gastada y a la otra no le consiguen sacar sustancia, no sé yo sí podrán traer algo novedoso. Si quieren darle unos años más de vida necesita un cambio total de rumbo, algo difícil porque romper con el espíritu original a estas alturas puede ser incluso peor si no se hace muy bien.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
-> Temporada 3 (2017)
Temporada 4 (2018)

BREAKING BAD – TEMPORADA 4

AMC | 2011
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito, Jonathan Banks.
Valoración:

Alerta de spoilers: No leas si no has visto la temporada entera.–

Breaking Bad siempre ha sido amiga de los excesos, de jugar al ir más allá de lo esperado y aferrarse a las consecuencias de ello (es decir, no se monta giros absurdos para volver al statu quo). En consecuencia, es una serie arriesgada e impactante como pocas. Pero también ha sido notablemente irregular, con tramos de relleno no del todo eficaces, con subtramas de interés inferior a los asuntos de Walter y Jesse (por ejemplo, las historias de las esposas siempre han estado varios peldaños por debajo). Pero este cuarto año el equilibrio es mucho mayor. No perfecto, pero casi. Los guionistas han centrado y exprimido mucho más la narración, y lo han hecho precisamente en una temporada que lo necesitaba mucho, donde cualquier desliz podría dejar en evidencia los trucos del guion y la puesta en escena: la historia central es simple, y debe dar sensación de avance o sabrá a trampa o a desaprovechada. Básicamente había que montarse trece episodios de Walter vs. Gus, algo que en apariencia no podría estirarse demasiado.

Salvo un primer episodio al que le cuesta entrar en materia, la sesión al completo es pura adrenalina, tensión palpable en cada capítulo, en prácticamente cada escena. Afinando, se podría decir que es indudable que han alargado muchas secuencias para no acabar con capítulos demasiado cortos, pero siendo justos, ¿cuántos autores son capaces de meter en cada episodio tres o cuatro escenas de gente esperando sentada, time-lapses de adorno (las fiestas de Jesse), aspectos cotidianos de la vida diaria de los personajes, etc. que no saben a engaño, que funcionan como elemento intrigante, como dispensador de inquietud y desasosiego? Incluso partes enormes dedicadas a matizar algún aspecto concreto de los protagonistas, como el viaje a Méjico en el pasado y luego en el presente, importante para conocer a Gus, resulta una sección claramente resumible… pero entonces quizá perdería esa atmósfera de acojone constante. Sí, está claro que hay trucos… pero tan buenos que me dejo engañar con gusto.

Decía que las tramas secundarias han ganado. Lo han hecho en intensidad (la parte de Hank tiene mucho más interés, resulta más atractiva y dramática… y a la larga incluso da pena el hombre, con su obsesión), en consistencia (Skyler está plenamente sumergida en la trama de Walt, con el asunto del lavado de dinero) y en habilidad (qué bien hilado está el asunto del ex empleador de Skyler, y cuánto efecto causa en el tramo final del año). En la línea principal, la sombra de Gus sobre la vida de Jesse y Walter provoca constantes enfrentamientos entre ellos, y pasan toda la temporada sumidos en el caos y el terror. Momentos extremos de gran interés y emoción llegan cuando Gus se empeña en confiar en Jesse, es decir, en apartarlo de Walter, y sobre todo cuando Walt pone en marcha su plan final para traerlo de nuevo a su lado y unir fuerzas contra Gus. ¡Y vaya plan! Te hueles algo, pero no sabes qué; si es algo ideado por uno o por otro, si es casual… pero cuando lo descubres todo encaja a la perfección: con un solo plano (las flores…) todo lo visto en varios episodios (incluida la extraña escena de Walter dando vueltas a la pistola y mirando a no sabíamos qué…) adquiere sentido de forma magistral.

El villano merece una mención aparte. Hasta ahora no tenía una presencia tan importante. Era el inteligente y peligroso director de su propia distribución de drogas, un tipo silencioso, inquietante, frío y calculador… Pero aquí conocemos más a fondo su pasado, sus intenciones… y sobre todo sus capacidades. Se convierte en un auténtico dios del crimen, con escenas impactantes, perturbadoras, como el momento en que se queda de pie vacilando al francotirador o su Plan, así, con mayúsculas, con el que elimina a todo un cártel de golpe, plan que incluye tanto la venganza como el asegurarse su mercado. Además, el actor Giancarlo Esposito tiene obviamente más tiempo en pantalla, y no lo desaprovecha: otro papelón enorme que nos deja la serie.

La esperada muerte de semejante monstruo era el objetivo de la temporada, y como tal debía ser un gran momento. Ha estado francamente bien, pero tengo alguna queja: el golpe final no me convence. Primero, la bomba se ve pegada a la silla, joder, con mirar hacia abajo tendrían que haberla visto; ahí la credibilidad se va al traste. Y segundo, en una de las idas de olla habituales de la serie nos sacan un último plano de Gus tras la explosión, uno que no venía a cuento y que por exagerado y fantasioso queda ridículo: medio cuerpo destrozado, media calavera expuesta… Vamos, lo imposible. Y encima se ajusta la corbata. No, Gus no merecía un chiste en su muerte. Como ocurrió con el avión explotando en la segunda temporada, a veces el ir más allá se lleva demasiado lejos.

Breaking Bad tiene buenos guiones (inventivos, arriesgados, perfectamente estructurados…) y excelentes personajes encarnados por actores inmensos (no hace falta volver a repetir que están todos fantásticos y que Aaron Paul y sobre todo Bryan Cranston nos deleitan con algunas de las mejores interpretaciones de los últimos años), pero no me cabe duda de que sin la puesta en escena que posee seguramente no sería lo mismo. Más que en ninguna serie, el estilo otorgado desde la realización es crucial para su funcionamiento y calidad. El pulso siempre excelente de la dirección, que ofrece capítulos con un ritmo exquisito, la fotografía virtuosa, los juegos visuales asombrosos y cruciales (time-lapses, encuadres variados, montajes atípicos), la música que realza cada escena (algunas de forma magistral, como el clímax con Walter buscando desesperadamente su dinero para escapar… y encuentra que no está)… Todo en conjunto ofrece un aspecto visual soberbio. Sin duda Breaking Bad es una de las series mejor rodadas en la actualidad.

No es que parezca difícil mantener durante trece episodios tal nivel de expectación, es que se presupone que es imposible. Pero lo han conseguido, lo han conseguido. La próxima temporada será la última, y seguramente traiga otras tramas esperadísimas, como Walter y Jesse enfrentados definitivamente y sobre todo Hank descubriendo quién es Heisenberg. La espera será eterna.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
-> Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

BREAKING BAD – TEMPORADA 3


AMC | 2010
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito.
Valoración:

Esta temporada confirma que no hay límites para los guionistas de Breaking Bad, que en la mejor tradición dejada por muy pocas series (el máximo exponente es The Shield) el ir más allá se hace con todas sus consecuencias. La separación del matrimonio White al final de la segunda sesión no se resuelve con un discursito elaborado por la ágil mente del cabeza de familia, sino que se desarrolla tanto con la lógica y coherencia esperada (una mujer normal no puede convivir con un narcotraficante) como con todas las repercusiones posibles que puede generar: la pérdida de la familia, aquello por lo que Walter en teoría (y matizaré lo de en teoría en un momento) estaba luchando, pone al protagonista al borde la locura.

Si en un principio la justificación de las acciones de Walter se basaba en garantizar el futuro económico de su familia ahora queda claro que no es un factor primordial, pues se está inclinando más hacia la expresión de su ego desmedido, su deseo de demostrar que es más inteligente que los demás, a lo que juraría que se le suma un poco de disfrute de la aventura y una nula capacidad de autocontrol, de poner fin a actos que tienen muchas consecuencias que pueden volverse en su contra. Y de hecho el dinero quizá nunca ha sido el desencadenante que le introdujo en este mundo, sino el romper con la monotonía de una vida estancada tanto en lo intelectual como en lo emocional. Es innegable que Walter sabe que está metido en un juego muy peligroso, pero para recuperar a su mujer no trata de volver a ser un buen padre de familia, sino que intenta fingirlo mientras sigue adelante con sus maquinaciones. En otras palabras, Walter definitivamente es un hijo de puta de cuidado, pero los guionistas han jugado tan hábilmente con la ambigüedad del carácter y la simpatía del espectador hacia él que se tarda tiempo en darse cuenta de ello, y aún así cada seguidor de la serie tendrá un punto de vista concreto sobre el mismo y sus acciones. Para un servidor, por si no había quedado claro con el asesinato de la novia de Jesse, el instante que me abrió los ojos y que además me ha marcado, que no olvidaré, que es sin duda el momento más perturbador de la serie y uno de los más duros que he visto en cualquier producción, es el de Walter invadiendo su casa y forzando su presencia aun a costa de que su mujer no lo quiere ahí (episodio I.F.T.); y la policía obviamente no puede hacer nada, pues no ha infringido leyes a pesar de que su acto es de una crueldad indescriptible. La escena está rodada magistralmente y deja muy mal cuerpo.

En cuanto al resto de personajes, estos siguen evolucionando de forma exquisita. Skyler trata de alejarse de Walter, y recuperar su trabajo de contable la pone en posición de entablar una nueva relación con un viejo jefe y amigo. Quizá esta historia se alarga mucho, de hecho algunas escenas me resultando aburridas, pero da pie a que el personaje madure, especialmente en un sentido inesperado: el que la inclina hacia colaborar con Walter con el lavado del dinero de las drogas. Jesse se ha recuperado de su adicción pero sigue sin poner un rumbo claro a su vida, y sus deseos de venganza llevan a algunas sorpresas interesantes. Pero más llamativo es su choque con Hank. El agente sigue llevando su carrera hacia la autodestrucción, llegando a un par de puntos de inflexión brutales (en One Minute): la paliza a Jesse y el atentado que sufre a manos del cartel, dos escenas espectaculares como la serie sabe ofrecer de vez en cuando. Por cierto, mención especial para la fascinante incorporación del matón principal de Gus, cuyo respeto por Walter es tanto divertido como escalofriante.

La temporada en general supera los altibajos y la ligera falta de ritmo del año anterior y ofrece los mejores episodios e instantes vistos desde sus estupendísimos dos o tres primeros capítulos. A los grandes instantes recién citados hay que sumar el espléndido Sunset, que pone los nervios a flor de piel al conseguir un larguísimo clímax de tensión con Walter y Jesse escondiéndose de Hank en la caravana. Podría ser el mejor episodio de la serie hasta ahora.

Pero el tramo final del año ha sido muy sobrevalorado, pues pierde algo de fuelle al ser demasiado previsible para los esquemas a los que me había acostumbrado la serie. Primero tenemos The Fly, horroroso episodio que algunos quieren ver como algo inteligente cuando no tiene absolutamente nada de contenido ni emoción. Los dos personajes principales están todo el capítulo encerrados persiguiendo una mosca, obteniendo una narración que no alcanza ni por asomo el mínimo de entretenimiento necesario para no desear apagar la proyección. Da la sensación de que se les acabó el presupuesto (con el que tienen bastantes problemas, pues es una serie más cara de lo que parece al haber exteriores tan exóticos) y se les ocurrió rellenar un capítulo sobre la marcha. Y en los dos siguientes (Half Measures y Full Measure), que forman el cierre de temporada, el desarrollo de los acontecimientos se ve venir muy claramente desde varios capítulos antes y no hay sorpresas grandes (salvo la del final del Half Measures, que muestra a White directamente en lo que se ha convertido, en un psicópata sanguinario sin límites), de hecho la escena final del año, con el clásico clímax de personajes apuntándose con armas, es sumamente decepcionante. Ambos episodios están muy bien realizados, escritos con el detallismo habitual y poseen algunos momentos francamente buenos, pero un cierre más redondo para esta temporada podría haberla convertido en una producción memorable.

Para mi sorpresa muchísima gente ya le ha otorgado a Breaking Bad la categoría de obra maestra. Es sin duda de lo más destacable del año, y no es nada descabellado decir que es prácticamente imprescindible para espectadores exigentes, pero no me parece que se pueda considerar como una serie perfecta, y más lejos aun está de merecer un sobresaliente.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
-> Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

BREAKING BAD – TEMPORADA 2

AMC | 2009
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito, Krysten Ritter.
Valoración:

Tomando ya la forma de temporada regular, aunque sea de las cortas (13 episodios), cosa que agradezco porque las de veintitantos se suelen alargar demasiado, Breaking Bad se puede analizar mucho mejor, y se agudizan tanto los aciertos como los aspectos mejorables.

Su principal valor es su tono de realismo dentro de un universo violento, rudo y cambiante. Los guionistas se atreven a sorprender con giros y tramas muy exageradas, extremas, pero luego lo encajan todo como si fuera un drama realista. Las repercusiones de los actos y la evolución de los personajes están exquisitamente planeados, desarrollados detalladamente y controlados con sumo cuidado. Es una gozada ver caracteres tan creíbles y complejos (y tan bien interpretados) moviéndose por caminos tan sórdidos, es una gozada comprobar como las sorpresas argumentales más descabelladas no están por encima de esos personajes (como sí pasó la última temporada de Perdidos, por poner un ejemplo de lo contrario) y que siempre prima la coherencia a largo plazo sobre el efectismo rápido y fácil. Pocas series tan arriesgadas y a la vez controladas he visto.

Como es obvio ahondamos en las personalidades de Walter, que cada vez se presenta más como un malnacido que como alguien desesperado por salvar a su familia, y Jesse, un joven que ha desperdiciado tantas oportunidades que todo el mundo (incluida su familia) le da la espalda. Como indicaba en la primera temporada, los guionistas no se cortan al mostrar como la pareja protagonista, con su modo de vida, arrastra la miseria hacia su círculo: la novia Jesse, el cuñado de Walter, la propia familia de este último… Siguiendo ese camino de realismo duro y sin concesiones nadie está a salvo de sufrir consecuencias trágicas. Hay que destacar también las acertadas incorporaciones de los personajes Saul Goodman como el abogado de los protagonistas y el Señor Pollo como el narcotraficante que domina la zona y contrata a Walter, quienes junto a los pocos amigos de Jesse suplen un aspecto que echaba en falta en el primer año: un plantel de secundarios un poco más amplio que dé más dinamismo y solidez a las tramas.

Pero también se hacen más notorias sus carencias principales, que impiden que este año sea tan redondo como el anterior o el tercero, donde vuelve a adquirir niveles muy gratificantes. A los guionistas les cuesta hallar un ritmo estable, cosa que puedo entender porque es una serie de contrastes (de un episodio de drama familiar se pasa a uno de aventuras peligrosas en el mundo de la droga), pero que desde luego lastra ligeramente la sesión. Hay unos cuantos capítulos a los que les falta la intensidad suficiente como para considerarlos buenos, y se hacen incluso largos, y en general la media de la temporada baja un escalón, dejando una constante sensación de que le falta algo a pesar de que todas las piezas del puzzle son francamente buenas.

En cuanto a los episodios, hay de todo al ser un año un poco irregular. Entre los más buenos destacaban Peekaboo, espeluznante historia centrada en una familia de drogadictos que tienen a su hijo medio abandonado, y 4 Days Out, espléndido momento donde los dos protagonistas se quedan aislados en el desierto durante días. Pero los dos grandes instantes de la temporada son los siguientes: el fatídico final de la novia de Jesse, que muestra al Walter más hijo de puta e inhumano (una escena durísima de ver), y el atentando contra la DEA que sufre el cuñado con una tortuga, una de las clásicas escenas exageradas pero espectaculares y eficaces de la serie.

El final de la temporada es un muy discutible y alucinante golpe de efecto. Lo de los aviones estrellándose es una fumada demencial, una ida de olla indescriptible. Tiene su repercusión en la tercera temporada, pero no como para considerarlo un golpe sorprendente y efectivo, sino uno desmedido e innecesario, una salida demasiado exagerada y fuera de lugar que implica a los personajes y tramas de la serie tan solo de refilón, y porque había que justificarlo. El final debería haberse centrado en los protagonistas, no en algo tan absurdo. Pero bueno, no puedo decir que en general afecte a la calidad de la serie, es solo un instante que no pinta nada ahí.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
-> Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)