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BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 5


AMC | 2020
Drama, suspense | 10 ep. de 45-59 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn, Jonathan Banks, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Patrick Fabian, Tony Dalton, Mark Margolis, Kerry Condon.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la situación inicial de cada personaje.–

Con el nacimiento de Saul Goodman desde las cenizas de Jimmy McGill y a falta de solo una temporada más para acabar, Better Call Saul debería haber pegado un subidón, haber empezado a andar con paso firme hacia adelante, dejando atrás el miedo, la timidez y otros lastres innecesarios, pero sigue atascada en los mismos problemas de las etapas anteriores. Las vueltas en círculos para ralentizar la progresión y tener otro año más y las dos secciones tan diferenciadas y mal unidas nos dejan otra vez con la miel en los labios.

Sí, sin duda Vince Gilligan, Peter Gould y colaboradores son muy inteligentes y metódicos, capaces de exprimir la psicología de los protagonistas principales, mantener bastante alto el interés con poco (el cuidado al detalle es muy destacable), y construir puntos álgidos emocionales o de acción con una paciencia y habilidad pasmosas. Pero también está claro que se equivocaron con el concepto de la serie, con algunas elecciones iniciales, y no han sabido arreglarlo conforme ha pasado el tiempo.

En la primera temporada pensaba lo contrario. Creía que la experiencia adquirida con Breaking Bad (Gilligan, 2008), una obra muy experimental, les habría permitido conocer los límites de la narrativa y aquí irían con mayor seguridad en lo que hacían, a lo que se sumaba que el destino de Jimmy McGill es conocido, con lo que tendrían el rumbo bien determinado. Es decir, la serie madre resultaba muy irregular debido a tanta improvisación, y parecía que aquí iban a manejar mejor la contención, a hallar un mayor equilibrio. Pero ya la segunda etapa empezaba a mostrar claramente una parte de acomodamiento y otra de no tener los objetivos claros, y conforme pasaba el tiempo se ha ido imponiendo el miedo a cambiar de aires, a arriesgarse a dejar la zona de confort e ir más allá.

Y en una serie que precisamente habla sobre ello, es imperdonable. La historia de Jimmy y su alter ego Saul Goodman es la de romper con el sistema, con lo establecido, con su vida, y lanzarse al mundo que el que siempre ha jugado, el del caradura, el los pequeños rodeos bordeando la ilegalidad… el del crimen. Hemos estado esperándolo cuatro años, con amagos varios y a veces también bucles cansinos, y cuando llegan, las mejoras se ven empañadas por el poco riesgo en la progresión y la acentuación de los fallos.

La aceptación de su destino aporta al personaje y a su fantástica relación con Kim Wexler más matices y nuevas experiencias muy atractivas, dejando bien patente el mimo y la dedicación de los guionistas, directores y actores. En cada suspiro y mirada entendemos qué piensan, qué ocultan, qué pretenden. Tras cada decisión, traspiés y victoria ha habido una progresión muy cuidada. De nuevo brilla ese amor por el detalle, por cosas en apariencia mundanas que sirven como detonante de grandes avances. Por ejemplo, ha sido muy efectivo que Jimmy quiera guardar su apreciado termo del café que lo ha acompañado en su tormentoso viaje laboral… y que Kim lo encuentre por casualidad y vea el agujero de bala que destapa sus últimas mentiras. Aunque hay que señalar que también tiene algún fallo notorio en este aspecto: el helado engullido por hormigas como símil de la corrupción es irrisorio.

Para redondear estos fascinantes roles, Bob Odenkirk vuelve a estar estupendo en un personaje con muchísimos matices y cambios emocionales, y Rhea Seehorn, que ya apuntaba muy buenas maneras, tiene cada vez más espacio para deslumbrar con un torrente interpretativo admirable, capaz de pasar de lo enérgico a lo sutil en solo parpadeo.

Pero después del buen trabajo hecho con la psicología de los protagonistas, los autores desaprovechan su enorme potencial con historias muy previsibles y guiadas. Prácticamente todo se ve venir en cuanto se presenta, tanto en los problemas personales y laborales como en la entrada en el mundo del crimen. De esta forma, se echan muchísimo de menos los giros a lo Breaking Bad que hacían saltar en pedazos cualquier cosa que dieras por hecho. La relación con Lalo, lo que más instantes inesperados podría traer, se queda en lo más facilón, sabes cuándo acabarán uno en la órbita del otro, qué conflictos habrá, cuándo Jimmy sufrirá consecuencias, e incluso supuestos momentos álgidos, como presentarse en su casa, no sólo se intuyen, sino que te imaginas mucho antes cómo se desarrollarán.

En ocasiones, la excelente puesta en escena, con el pulso templado de la dirección y la deslumbrante fotografía, salvan muy bien los trastes, como en la espectacular odisea por el desierto. Otras veces, no hay manera de levantar el poco contenido: los dos últimos capítulos son insípidos y decepcionantes, no hay incertidumbre ni tensión alguna.

A ello hay que sumar que Saul y Kim forman parte de una serie, y por el otro lado tenemos otra muy distinta: las aburridas e intrascendentes disputas entre los líderes de los cárteles.

La obsesión por depender tanto de Breaking Bad ha sido otro error del que siguen sin ser conscientes. Había tanto que contar en los juegos con la ilegalidad de Jimmy, que volver la vista atrás para contar nimiedades de una historia ya cerrada en aquella serie es a todas luces una decisión fallida, agravada notablemente por la falta de novedades y valentía. Lalo Salamanca puede ser carismático gracias al papel de Tony Dalton, pero su historia está tan vista, es tan previsible, que acaba siendo una verdadera molestia. En cada aparición esperaba que fuera la última y pasáramos a otra cosa. Pero al final daría igual también, porque el resto es ver a Gus Fring serio, críptico e inquietante hacer cosas que ya conocemos de sobras.

Porque no hay más. Sólo ellos y otro par de capos representan el entramado de los cárteles, restándoles bastante credibilidad. Ya Breaking Bad metió bastante la pata cuando se embarcó en este camino de poner jefazos cada vez más poderosos, cual videojuego, dejando de bastante lado la credibilidad. ¿Dónde están los capitanes y tenientes, los mensajeros, los asesinos? Lalo, Fring y los Salamanca siempre están sólos sobre un entramado criminal fantasma, y resuelven todo con llamadas: aparece un contacto, un equipo de matones o de mercenarios bien equipados o lo que sea, y les soluciona el trabajo o no según requiera la trama, mientras ellos no hacen mucho más allá de poner caras de villano de dibujos animados. Conflictos internos momentáneos como la estúpida escena de las freidoras sucias llegan tarde y mal. Si no hay novedades, al menos que hubiera solidez y verosimilitud.

El único consuelo era que Nacho Varga y Mike Ehrmantraut iban aportando un poco más de emoción y variedad, una historia más humana y tangible. Pero también ha ido quedando claro a lo largo de estos cinco años que son relleno, que no tienen para ellos una historia bien planificada, y que la unión con Saul es anecdótica, como para recordar que estamos en el mismo universo. Ha habido tramos bien hilados que daban más interés a su presencia, como la construcción del laboratorio de droga, pero una vez superadas sus secuelas, en esta etapa no encontramos nada llamativo.

Mike está completamente estacando, con capítulos que hubieran tenido algo de sentido en el primer o segundo año, pero ahora parecen pura morralla. Los recesos en que queda en pausa total para hacer tiempo hasta que puedan volver a acercarlo a Saul son vergonzosos: la historia de la herida curada en aislamiento y el drama recordando a su hijo son ideas tan trilladas y llenas de clichés que parecen escritas por otros guionistas y empalmadas por la fuerza.

Nacho va peor encaminado. Al menos con Mike tenemos una personalidad bien definida, unos intereses personales y laborales claros. Nacho está metido en todo sin que sepamos todavía, a estas alturas de serie, qué lo mueve, qué quiere del mundo. El drama con el padre también está demasiado visto, la impostada tensión al quedar entre Lalo y Fring no va a ninguna parte, la rivalidad entre estos se acrecienta u olvida como si fuera una riña entre niños.

No olvidemos tampoco la obsesión por incluir tanto referencias veladas como homenajes claros a Breaking Bad, tiempo perdido para quienes esperamos que vaya al grano y siga su propio camino pero que parece hacer las delicias de los fanáticos que dan más valor a encontrar un guiño oculto a su obra endiosada que una buena historia propia. En este año tenemos la aparición estelar de Hank y su compañero, otro enlace tan gratuito y forzado que rompe el ritmo de mala manera. Y Lydia pasaba por aquí para decir “Holiiiii” y ya está.

Para colmo, el arco de Saul y Kim acaba en el octavo episodio. Apenas tocan un poco las consecuencias y el inicio de la nueva etapa en los dos siguientes con micro escenas que diluyen negligentemente su impacto dramático. Resulta que los autores estiman oportuno dejarlos en segundo plano y darle relevancia a una artificial subtrama de intriga y acción con los cárteles. Por mucho tiroteo que metan, no pueden disimilar la falta de interés que despierta esa sección y lo mal que le sienta a la temporada acabar con una distracción tan descarada.

Así, la tímida mejora en equilibrio y sensación de dirección del cuarto año se vuelve a disipar, y pesa más que nunca porque es un paso atrás justo cuando parecía mirar hacia adelante por fin.

PD: Robert Forster falleció en octubre, con lo que no llegó a ver sus escenas en El Camino y el primer episodio de esta temporada.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
Temporada 4 (2018)
-> Temporada 5 (2020)

EL MANDALORIANO – 108 – REDENCIÓN


108 – Redemption
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Taika Waititi.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano y sus compañeros se enfrentan a los imperiales.

Resumen:
Acorralados Mando, Greef y Cara por los imperiales, buscan desesperadamente una salida por las alcantarillas, pero sólo logran hacerlo con la llegada del robot IG pegando tiros y cuidando de Yoda. En la huida, este termina sacrificándose para salvarlos, y Mando lucha contra el líder imperial Moff Gideon. El grupo logra salir airoso, pero el imperial también sobrevive.

Notas:
-Gazapo: la armadura del pecho de Moff Gideon invierte los colores de los círculos de un plano a otro justo antes de empezar el flasback, sin duda debido a que han espejado la imagen para que mire para donde venía mejor.
-Bajo la máscara de uno de los soldados en moto está Jason Sudeikis, un actor y cómico bastante famoso: Saturday Night Live, El último hombre en la Tierra; el otro es Adam Pally, no tan conocido pero tampoco un don nadie.

Comentario:
Alerta de spoilers: Describo bastantes aspectos relevantes del final, pero es todo tan facilón y previsible que no hay sorpresa alguna. —

He llegado al término de la temporada con una desgana total. Viendo que las escasas pero prometedoras virtudes del primer episodio se desvanecieron pronto y la serie descarriló, no iba a importar mucho si a estas alturas recupera momentáneamente las formas. Y además, no lo hace.

La batalla final sigue ahogada en la narrativa simple y saturada de tópicos y momentos forzados. Los primeros son tantos que el relato aburre, se ve venir todo de lejos sin que se note en ningún instante una pizca de esfuerzo por aportar algún giro que le otorgue nueva savia. Las situaciones, acciones y conclusiones tan medidos añaden más laste a la sensación de previsibilidad, y esta vez además también generan incongruencias enormes. El universo La guerra de las galaxias, el presupuesto desorbitado y el toque western de nuevo quedan desaprovechadísimos.

El imperativo del robot es proteger al crío… y se mete en zona de guerra con él en una mochila en vez de largarse con la nave de Mando o esconderse en otra parte del planeta. En el poblado se enfrentan a por lo menos un centenar de soldados sin pestañear, en el río de lava una decena son considerados un obstáculo insalvable, todo para forzar el sacrificio de turno. Cara no es capaz de levantar a Mando y cargar con él, para que así tengamos el momento de redención con el robot… y luego sí carga con él como si nada.

Los tiempos tan estudiados para unir a los personajes y lanzar la acción son muy evidentes y chapuceros. El malo se pone a hablar en vez de sacar el arma grande de una vez, los buenos se lamentan en vez de buscar salidas desde el primer momento; luego el montaje del arma se estira para, ahora sí, dar tiempo a que busquen escapatorias; los soldados imperiales que llevan a Yoda se paran para hacer tiempo a que las demás líneas estén maduras para la entrada en acción del robot; etc. Para colmo, hacemos un larga pausa para tratar de dar forma al villano a última hora mediante un flashback que lo une con la historia de Mando. Este es bastante cargante, una repetición a cámara lenta de lo ya visto para que finalmente no aporte nada que no se intuyera ya a la vida de Mando y no le confiera al villano la necesaria aura de tipo peligroso. Con tanta espera y un desarrollo tan encorsetado, la tensión nunca llega a hacer acto de presencia, y sí lo hace el aburrimiento y la decepción.

Las peleas, cuando por fin llegan, son completamente inverosímiles. Los personajes se meten en un círculo de incontables soldados a pegar tiros, a sabiendas de que cada disparo es un enemigo caído mientras los malos no dan ni una o se acercan con armas de fuego a gente medio desarmada para que puedan incapacitarlos a tortas. Aunque no están mal rodadas, con ello se impide que resulten un espectáculo grato, amén de que es desperdiciar el talento de Taika Waititi, el director de Thor: Ragnarok. La escena de Mando subiéndose en el caza es la única que aporta algo novedoso, y dentro de la fantasía ante la que estamos, su exageración es más que aceptable.

El desenlace se ve venir de lejos en todos sus aspectos, incluso que el villano por supuesto sobrevive en un plano final con musiquita chunga y los secundarios deciden quedarse o irse a otro lado para que el mandaloriano continúe su periplo en soledad, o sea, para que todo vuelva al statu quo.

Aparte, hay otras muchas cosas que no me convencen. Greef ahora es un amigo simpático, menudo comodín de personaje. La relación entre Cara y Mando era interesante, pero podía dar más de sí: no me creo nada que lo deje herido, cuánto daño hace el obligar a que ciertas escenas sucedan. La conversación de los soldados en moto tiene momentos graciosos, como el pique de disparar y no atinar una, pero se extiende hasta resultar ridícula y cargante. La religión mandaloriana, con tonterías como sacrificarse para recoger unas cuantas armaduras de fallecidos y no quitarse el casco ni en caso de extrema necesidad, no resulta nada creíble.

Pero después de todo, pesar de sus notables carencias El mandaloriano ha enganchado a un montón de seguidores y se ha llevado bastantes buenas críticas, así que extenderán la agonía y espérate tú que no apliquen el mismo listón tan bajo a las siguientes series…

<- 107| Ajuste de cuentas

EL MANDALORIANO – 107 – AJUSTE DE CUENTAS

107 – The Reckoning
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Deborah Chow.
Valoración:

Sinopsis:
Mando decide plantar cara para salvar a su joven compañero y terminar con la persecución a la que están sometidos.

Resumen:
Greef Karga ofrece a Mando una acción conjunta contra el imperial que domina el pueblo donde vivían, pues si se unen contra él volvería a reinar la paz y tendrían libertad para seguir sus vidas. Mando acepta aun sabiendo las dificultades y traiciones que pueden presentarse. Forma un equipo con Cara Dune, Kuiig, y el robot que destruyó y este último ha arreglado y reprogramado. En los problemas que surgen por el camino se destapa la intención de Greef de traicionarlo, pero la situación, incluyendo al bebé-Yoda usando sus poderes para ayudar, fuerza aún más la idea de unirse contra el imperial. La batalla es cruenta y parece tornarse insalvable cuando aparece un alto rango imperial con muchas tropas.

Comentario:
Otro episodio algo más movidito y emocionante que los anteriores, pero tampoco como para echar cohetes. Todo se ve venir, no hay giros sorprendentes y sí demasiado facilones o forzados (que conveniente el ataque de los pájaros). Ni muertes ni peligros impresionan como debieran, porque todo se desarrolla de forma lineal, desde la formación del grupo (cada personaje pasa por un cutre no voy pero al final sí voy), las traiciones planeadas y cambios de opinión inesperados (que cargante es Greef Karga), la pelea de turno, el clímax final de apariencia insalvable… ¿Debe impresionarme el alto rango imperial del final? ¡Si no ha sido presentado debidamente!

Y otra vez Mando queda como un idiota de cuidado. ¿De dónde ha salido su fama? Hasta ahora hemos visto a un tipo poco inteligente que sobrevive de chiripa. Estamos ante otra aventura en que se mete de cabeza en todo embrollo sin pensar ni planear lo más mínimo. Al menos en la otra incursión a la guarida del villano hizo algo más elaborado, despistando a algunos soldados, atacando a otros con armas serias (¿qué fue de su rifle?)… Aunque viendo a los otros cazarrecompensas que acompañan a los protagonistas y contando también a los de los capítulos anteriores, parece que el retraso mental va con el gremio.

Tiene algunos buenos momentos, como la reprogramación del robot, las intervenciones de bebé-Yoda (por fin hace algo), la camaradería entre Mando y Cara y Kuiil, el diálogo con los soldados vigilantes… Pero no son suficientes para quitarse el halo previsible, la impresión de los autores apuntan muy bajo teniendo recursos y un universo con gran potencial. Lo vi con más desgana que pasión y no deja motivos para revisionarlo.

<- 106| El prisionero 108| Redención ->

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 4


AMC | 2018
Drama, suspense | 10 ep. de 42-61 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Rainer Bock.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo la temporada bastante a fondo. —

Better Call Saul se vuelve a encarrilar un poco, aunque no como para dar la gran serie que había latente. Con cuatro años a cuestas va siendo hora de admitir que ya no tiene sentido esperarla, más que nada porque sus principales carencias provienen de su concepción inicial. Pero al menos empieza a dejar atrás el estancamiento en que estaba enquistada.

En cierta manera, mis plegarias se han escuchado. Decía en la etapa anterior que Vince Gilligan y Peter Gould seguían empeñados en tener a Jimmy dando vueltas alrededor de la abogacía legal a través de personajes y tramas bien gastados, hasta el punto de que la temporada era una prácticamente repetición de la segunda. Señalaba también que era una pena que no exploraran más el lado ilegal de Jimmy, que tenía mayor potencial de historias que el gremio de los abogados. Y en esta ocasión se mueven un poco en ese sentido.

Incapacitado durante un año, a Jimmy McGill no le queda otra que buscar otros trabajos, y la dificultad de la situación, sumada al aburrimiento de algunos de los puestos que encuentra, lo llevan a trapichear y estafar de nuevo, a acercarse a su alter ego, Saul Goodman. La diversidad de escenarios, los timos y enredos en que se mete, son muy amenos y van cimentado una evolución más clara que antes: la relación con Kim se resiente, se aleja cada vez más de los bufetes normales, su ya de por sí débil brújula moral se va resquebrajando…

Pero el lastre que tenemos desde la primera temporada sigue ahí: hay otra serie paralela de mucho menor interés. Las intrigas de Mike Ehrmantraut, Gustavo Fring, Héctor Salamanca y Nacho Varga no tienen sentido, no enlazan lo más mínimo con las vivencias de Jimmy, no aportan nada a lo visto en Breaking Bad (2008). Es muy absurdo coger unos personajes secundarios con historias ya terminadas y que al acabar aquella serie ya empezabas a olvidar, y contar con ellos aventurillas irrelevantes que ocupan más o menos la mitad de todos los capítulos. Se salva porque Mike es una figura bastante magnética, pero también da tumbos sin dirección clara.

Hacia el final, una de estas historias es más entretenida. El lío de Mike, Fring y los alemanes para construir el laboratorio que usarían luego en Breaking Bad es más movidito y se ve una relación más clara con dicha serie… pero estamos en las mismas, pretenden darle una relevancia muy artificial a un detalle menor y ya superado: todo lo que había que contar de ese lugar y los implicados ya se ha hecho. Y claro, en esas circunstancias no sorprende que tiren de artificios para tratar de que impacte más. El conflicto con el jefe de la obra es muy predecible, y se remata con la forzada inclusión de un tipo de la banda de los Salamanca, que por bien que lo haga el actor, sabe a truco barato para potenciar peligros que en realidad no llegan a transmitir nada.

Me temo también que la parte de Jimmy no llega a cumplir del todo, que al final pierde bastante fuelle. Parece que por fin va a salir expulsado del ambiente legal después de tantas vueltas, que acabará en los márgenes de la ley como Saul Goodman, pero llegamos a ese esperadísimo punto de inflexión de una forma muy anticlimática y confusa, no quedando claro del todo si ha pasado lo que tanto esperábamos pero han fallado al narrarlo o si ha sido una especie de introducción torpe y luego lo desarrollarán más. Tras varios amagos cutres (qué cansinas y predecibles han sido las audiencias para devolverle la licencia) aparece por fin Saul, así sin más. Viendo cómo ocurre, podía haberlo hecho en cualquier otro momento de lo que llevamos de serie. Sabemos de sobra que Jimmy siempre juega en la frontera de la ética y la ley, pero por inercia y empuje social trataba de mantenerse en una vida considerada normal, así que lo más lógico y esperable es que hubiera una catarsis que lo expulsara por la fuerza de una vez por todas. Con Fring y demás narcotraficantes presentes, con sus propios líos personales y con sus puntuales movidas ilegales, había margen de sobra para desarrollar el ansiado momento cumbre de su vida. Pero ninguno de los grandes reveses que ha sufrido lo ha provocado, la conexión con el mundo del crimen ni amaga con realizarse, y cuando parece recuperar la compostura, la estabilidad y la licencia de abogado, de repente elige ser Saul Goodman sin motivo alguno. Cuatro temporadas esperando un clímax y han pasado de él. Más les vale que hayan ideado una transición más elaborada, porque desde luego por ahora la decepción es importante.

En la puesta en escena sigue siendo una serie de muy buena factura, pero también se nota que llevan tiempo sin la pasión que mostraban en sus inicios y en Breaking Bad. De nuevo hay muchas transiciones con montajes elaborados que parecen incluir porque es el sello de la saga, no porque transmitan algo esencial, y en cuestión de fotografía no se lo trabajan tanto como antes. Hay un momento crucial que me dejó muy malas sensaciones: la principal pelea entre Kim y Jimmy, cerca del final, en un aparcamiento elevado, tiene una puesta en escena lamentable.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
-> Temporada 4 (2018)
Temporada 5 (2020)

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 3


AMC | 2017
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Tina Parker.
Valoración:

Alerta de spoilers: Más o menos describo todo el argumento, pero sin entrar en detalles y sorpresas… y como realmente no hay novedades, no creo que se pueda considerarse muy revelador.–

Podría copiar el comentario de la segunda temporada enterito, porque el panorama es el mismo. Y obviamente, tras otros diez capítulos de estancamiento, la sensación de decepción pesa más. Lo que hemos avanzado desde el final de la primera sesión cabía en un par de episodios. Los guionistas hacen malabares para intentar disimular que no tienen material, con repetición de escenarios y vueltas en círculos que en realidad dejan ver demasiado sus costuras. Hay multitud de situaciones, incluso capítulos enteros, que los podríamos colar en medio del segundo año y no se notaría diferencia alguna.

Jimmy quiere ser un tío legal, trabajar desde una ética digna, caer bien. Pero el mundo, y más el sistema capitalista estadounidense (de nuevo la crítica que emerge del relato es bastante inteligente), le ponen mil trabas, a lo que se suma su torpeza para verlas venir y su inclinación por traicionar sus intenciones cuando las cosas se ponen difíciles. Pero todavía no vemos a Saul (sólo de dónde sale el nombre, un caramelo insuficiente), todavía Jimmy lucha incansablemente aunque todo se ponga en su contra, aunque sea incluso consciente de que muchas veces es él mismo quien termina de labrarse su tortuoso camino.

Y sus allegados sufren las consecuencias. Chuck es otro con debilidades concretas, y Kim se enfrenta también al capitalismo extremo. Sólo los más fuertes, los que no cometen ningún fallo, los que saben sortear las trampas del sistema y pisotear a los demás, logran salir adelante. Cayendo en la órbita de Jimmy, con sus deslices y desmanes, estos dos se vuelven aún más vulnerables. Chuck es obsesivo compulsivo, y cuando su mundo de adoración ciega a la ley se derrumba acaba refugiándose en una enfermedad mental. El rechazo hacia su hermano, siempre muy bien justificado, muy verosímil, es la gota que colma el vaso: con él cerca no parece que pueda librarse de su paranoia. Kim, por muy capaz y entregada que sea como abogada, no logra salir del bache laboral, y menos si cualquier problema externo te puede hundir el negocio (e incluso la vida) en un sistema económico, laboral y social propio del salvaje oeste. Y Jimmy la arrastra hacia unos cuantos baches.

Precisamente por ello la serie se sostiene: Jimmy es un protagonista enorme y está muy bien secundado. Nos adentramos a fondo en la psique de cada uno, resultando unos personajes muy reales y cercanos: conocemos sus sentimientos en todo momento, nos implicamos a fondo en su lucha diaria… Y el trabajo actoral termina de ganarte por completo: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn y Michael McKean están fantásticos. Pero me temo que hay tan poco movimiento en sus historias que no basta. Los tibios avances, los poquísimos puntos clave, no justifican los veinte capítulos que llevamos atascados en bucle.

Otra vez nos encontramos con flashbacks de Jimmy recordando sus viejos tiempos de timador, donde no sentía remordimientos y vivía al día sin preocuparse por nada. Otra vez tenemos un amago con ir a un bar y empezar a estafar de nuevo… pero resulta que lo meten en el armario. O sea, que en vez de avanzar retrocedemos. Otra vez con trabajillos y pequeños chanchullos para intentar salir adelante, la mayor parte repetidos hasta el hartazgo. Los líos con los anuncios y con las ancianas son los puntos álgidos de su nueva caída e intento de levantar cabeza… ¡pero si es lo mismo que llevamos viendo desde la primera temporada! Sinceramente, por esto me han dado ganas de olvidar las virtudes que quedan en la serie y darle un suspenso. El único momento original es cuando va a mirar un problema con el seguro de abogado y se le ocurre una forma de putear al hermano, pero es un oasis de inspiración en un año bien seco.

La dinámica con Chuck está bloqueada en la misma escena, la misma disputa, con la que nos la presentaron. La única novedad es el juicio que parecía apuntalar el final de la relación, pero se alarga de mala manera a pesar de que se ve de lejos todo su recorrido. La autoparodia con que la solución llega en plan Perry Mason (y todos los procedimentales legales antiguos) no oculta lo obvio: que es Perry Mason y semejantes, un truco muy viejo, muy fácil, que muestra la falta de ideas, la incapacidad para progresar. Porque, después de todo, el dichoso juicio no ofrece un cierre concreto, todavía damos otras pocas vueltas a pesar de tener el destino bien claro desde que empezó la serie. Cuando por fin llegamos al punto de inflexión, este no supone una revelación, un shock impactante, porque ya hace mucho que teníamos asumido lo que ocurriría, ya es tarde para que pueda sorprender.

El viaje de Kim es exactamente el mismo que hemos ido viendo. Es la colega laboral y social de Jimmy. Como follamiga, se apoyan y consuelan entre ellos en los malos tiempos; la relación es bonita, creíble… pero no muestra ningún movimiento. En el trabajo lucha por sacar adelante un caso que le viene grande, por eso de que hay que darlo todo para poder triunfar. Pero el único cambio que hemos visto en tres años es, literalmente, una fachada: el nombre de la compañía para la que trabaje en cada momento. El resto de retos, problemas y dilemas son siempre los mismos. Y acabamos igual, con un receso que huele a reinicio poco disimulado por mucho que hayan querido exagerar el giro para hacerlo espectacular.

Con Jimmy estamos en la misma tónica. Empezó desde abajo en un gran bufete, el de su hermano, pasó a uno más que pequeño, y luego acabó montándose una oficina propia con Kim. ¿Tenemos que exprimir a fondo cada escenario del mundo de los abogados, aunque en el fondo las desventuras, los conflictos y el aprendizaje sean los mismos, para dejar claro que no es capaz de trabajar desde dentro del sistema? Y, como decía, para colmo finalizamos con otro intento redentor, otra vez con Jimmy asumiendo sus errores e intentando encarrilar su vida. De nuevo a la casilla de salida. ¿Qué ha cambiado en él en estas dos últimas temporadas? Nada. ¿Qué ha cambiado en la relación con sus seres cercanos? Más bien nada, porque se deja en el aire, y además no es nada que no esperáramos desde hace mucho. ¿Qué ha cambiado en su relación con el mundo? Nada.

La cosa se agrava con la fallida sección de Mike… bueno, ya en realidad ni es suya, está repartida entre Nacho Varga, Hector Salamanca y Gus Fring. Este grupo forma parte de una serie cada vez más apartada, y aunque está igual de estancada, resulta mucho peor en cuanto a interés: un cero en originalidad, un cero en desarrollo, y, como es esperable, cero atractivo por lo que vendrá. Todo lo que nos cuentan con ellos son anécdotas irrelevantes, escenas sueltas que no muestran ninguna dirección, y aunque lo hicieran, ¿cómo pretendes que me enganche a una historia que parte de subtramas de Breaking Bad ya cerradas? Recalco eso por si no ha quedado claro el error de concepto que supone intentar vivir de las rentas: son subtramas ya agotadas por completo en la serie madre, ¿qué sentido tiene recuperarlas aquí en su mínima expresión? Y encima el punto álgido se basa en un recurso muy usado allí: envenenamiento.

En el primer año Mike molaba y daba la impresión de que trataban de unir su destino y el de Jimmy. Pero a partir del segundo se han ido separando y su parte está cada vez más diluida, de forma que sus apariciones parecen cada vez menos justificadas. De nada sirven los montajes típicos de Breaking Bad (muchos ubicados como prólogos) que resumen situaciones con un estilo visual distintivo, o sea, en plan videoclip, porque ninguno deja huella, muestran acciones muy simples adornadas con demasiado enredo (la búsqueda de un localizador en el coche se hace eterna) o canta mucho que buscan el efectismo inmediato por encima de la verosimilitud (es imposible que la droga de las zapatillas colgadas cayera en el parachoques trasero del camión… de hecho, tienen que evitar el plano general para intentar disimularlo).

Con este grupo enlazo también con la obsesión por el homenaje y la referencia a Breaking Bad. Parecen esforzarse más en incluir guiños y dar cabida a personajes de aquella, por muy intrascendentes que fueran (como la secretaria), que en desarrollar tramas originales. Eso sí, hace las delicias de los seguidores que tienen tiempo para buscar hasta el detalle más insignificante, como el logo de una empresa que sale aquí y allá. A mí no me convence. La unión de dos obras en un mismo universo debe ser orgánica, no tan forzada en aspectos relevantes (recuperar personajes con sus historias terminadas) y tan rebuscada en el detalle. Por no decir que no tengo ganas de volver a ver Breaking Bad para tenerlo todo fresco y poder pillarlo todo. Lejos de la sobrevaloración delirante a la que fue sometida por la explosión mediática alcanzada en sus últimas temporadas, fue una serie terriblemente irregular y caótica, y muy basada en la sorpresa, es decir, no tiene alicientes para echarle de nuevo tantas horas habiendo tantas series nuevas (muchas muy superiores) que ver. En resumen, me gustaría que Better Call Saul fuera una producción con entidad propia, como parecía que pretendían en su primera temporada. No quiero volver atrás para recordar aspectos de personajes que habían acabado su recorrido, ni me parece lógico tener que poner tanto esfuerzo en la atención al detalle cuando precisamente la perspectiva global se ha perdido.

Uno de sus puntos fuertes sigue presente, pero no en tan buena forma como antes. La labor de fotografía y dirección ofrece un acabado cinematográfico de primer orden… Pero se ve cierto acomodamiento, no hay escenas que quiten la respiración, e incluso se puede señalar que el tempo narrativo tan pausado se va convirtiendo en contraproducente, que requería un poco más de vidilla, porque sin contenido real la obra resultante va pasando de contenida pero fascinante a lenta y aburrida.

A estas alturas me parece más que claro que, a pesar de que la notable primera temporada parecía apuntar bastante alto, Vince Gilligan y Peter Gould se equivocaron con el planteamiento inicial, y más cuando es de esperar que la cadena les exigiría al menos cuatro o cinco temporadas si iban teniendo éxito. Han elegido una premisa muy básica y limitada y encima con la mitad del argumento ya conocido, y se están ahogando ahí. Desde un principio deberían haber puesto a Jimmy en otro escenario más elaborado y versátil (qué obsesión con mantenerlo dando vueltas en círculos en la abogacía), con más personajes y tramas latentes que permitieran temporadas con arcos largos más consistentes y entretenidos, de forma que el postergar la evolución hacia Saul Goodman se disimulara mejor. Tanto mencionar su pasado de timador, ¿por qué no haberse planteado esta etapa con él metido en alguna o varias estafas de largo recorrido? Quizá no sorprendiera, pero desde luego hubiera sido mejor que repetir con el intento de ser abogado, la más que previsible caída, y el proceso de levantarse otra vez mediante los mismos recursos (los ancianos y los anuncios). Y por supuesto, no debería tener una presencia tan grande la sección del narcotráfico, que a todas luces es irrelevante en la trayectoria de Jimmy, al menos en este punto. Quizá haya suerte y en la próxima temporada se unan las dos líneas, pero teniendo en cuenta que una está muy gastada y a la otra no le consiguen sacar sustancia, no sé yo sí podrán traer algo novedoso. Si quieren darle unos años más de vida necesita un cambio total de rumbo, algo difícil porque romper con el espíritu original a estas alturas puede ser incluso peor si no se hace muy bien.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
-> Temporada 3 (2017)
Temporada 4 (2018)
Temporada 5 (2020)

BREAKING BAD – TEMPORADA 4

AMC | 2011
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito, Jonathan Banks.
Valoración:

Alerta de spoilers: No leas si no has visto la temporada entera.–

Breaking Bad siempre ha sido amiga de los excesos, de jugar al ir más allá de lo esperado y aferrarse a las consecuencias de ello (es decir, no se monta giros absurdos para volver al statu quo). En consecuencia, es una serie arriesgada e impactante como pocas. Pero también ha sido notablemente irregular, con tramos de relleno no del todo eficaces, con subtramas de interés inferior a los asuntos de Walter y Jesse (por ejemplo, las historias de las esposas siempre han estado varios peldaños por debajo). Pero este cuarto año el equilibrio es mucho mayor. No perfecto, pero casi. Los guionistas han centrado y exprimido mucho más la narración, y lo han hecho precisamente en una temporada que lo necesitaba mucho, donde cualquier desliz podría dejar en evidencia los trucos del guion y la puesta en escena: la historia central es simple, y debe dar sensación de avance o sabrá a trampa o a desaprovechada. Básicamente había que montarse trece episodios de Walter vs. Gus, algo que en apariencia no podría estirarse demasiado.

Salvo un primer episodio al que le cuesta entrar en materia, la sesión al completo es pura adrenalina, tensión palpable en cada capítulo, en prácticamente cada escena. Afinando, se podría decir que es indudable que han alargado muchas secuencias para no acabar con capítulos demasiado cortos, pero siendo justos, ¿cuántos autores son capaces de meter en cada episodio tres o cuatro escenas de gente esperando sentada, time-lapses de adorno (las fiestas de Jesse), aspectos cotidianos de la vida diaria de los personajes, etc. que no saben a engaño, que funcionan como elemento intrigante, como dispensador de inquietud y desasosiego? Incluso partes enormes dedicadas a matizar algún aspecto concreto de los protagonistas, como el viaje a Méjico en el pasado y luego en el presente, importante para conocer a Gus, resulta una sección claramente resumible… pero entonces quizá perdería esa atmósfera de acojone constante. Sí, está claro que hay trucos… pero tan buenos que me dejo engañar con gusto.

Decía que las tramas secundarias han ganado. Lo han hecho en intensidad (la parte de Hank tiene mucho más interés, resulta más atractiva y dramática… y a la larga incluso da pena el hombre, con su obsesión), en consistencia (Skyler está plenamente sumergida en la trama de Walt, con el asunto del lavado de dinero) y en habilidad (qué bien hilado está el asunto del ex empleador de Skyler, y cuánto efecto causa en el tramo final del año). En la línea principal, la sombra de Gus sobre la vida de Jesse y Walter provoca constantes enfrentamientos entre ellos, y pasan toda la temporada sumidos en el caos y el terror. Momentos extremos de gran interés y emoción llegan cuando Gus se empeña en confiar en Jesse, es decir, en apartarlo de Walter, y sobre todo cuando Walt pone en marcha su plan final para traerlo de nuevo a su lado y unir fuerzas contra Gus. ¡Y vaya plan! Te hueles algo, pero no sabes qué; si es algo ideado por uno o por otro, si es casual… pero cuando lo descubres todo encaja a la perfección: con un solo plano (las flores…) todo lo visto en varios episodios (incluida la extraña escena de Walter dando vueltas a la pistola y mirando a no sabíamos qué…) adquiere sentido de forma magistral.

El villano merece una mención aparte. Hasta ahora no tenía una presencia tan importante. Era el inteligente y peligroso director de su propia distribución de drogas, un tipo silencioso, inquietante, frío y calculador… Pero aquí conocemos más a fondo su pasado, sus intenciones… y sobre todo sus capacidades. Se convierte en un auténtico dios del crimen, con escenas impactantes, perturbadoras, como el momento en que se queda de pie vacilando al francotirador o su Plan, así, con mayúsculas, con el que elimina a todo un cártel de golpe, plan que incluye tanto la venganza como el asegurarse su mercado. Además, el actor Giancarlo Esposito tiene obviamente más tiempo en pantalla, y no lo desaprovecha: otro papelón enorme que nos deja la serie.

La esperada muerte de semejante monstruo era el objetivo de la temporada, y como tal debía ser un gran momento. Ha estado francamente bien, pero tengo alguna queja: el golpe final no me convence. Primero, la bomba se ve pegada a la silla, joder, con mirar hacia abajo tendrían que haberla visto; ahí la credibilidad se va al traste. Y segundo, en una de las idas de olla habituales de la serie nos sacan un último plano de Gus tras la explosión, uno que no venía a cuento y que por exagerado y fantasioso queda ridículo: medio cuerpo destrozado, media calavera expuesta… Vamos, lo imposible. Y encima se ajusta la corbata. No, Gus no merecía un chiste en su muerte. Como ocurrió con el avión explotando en la segunda temporada, a veces el ir más allá se lleva demasiado lejos.

Breaking Bad tiene buenos guiones (inventivos, arriesgados, perfectamente estructurados…) y excelentes personajes encarnados por actores inmensos (no hace falta volver a repetir que están todos fantásticos y que Aaron Paul y sobre todo Bryan Cranston nos deleitan con algunas de las mejores interpretaciones de los últimos años), pero no me cabe duda de que sin la puesta en escena que posee seguramente no sería lo mismo. Más que en ninguna serie, el estilo otorgado desde la realización es crucial para su funcionamiento y calidad. El pulso siempre excelente de la dirección, que ofrece capítulos con un ritmo exquisito, la fotografía virtuosa, los juegos visuales asombrosos y cruciales (time-lapses, encuadres variados, montajes atípicos), la música que realza cada escena (algunas de forma magistral, como el clímax con Walter buscando desesperadamente su dinero para escapar… y encuentra que no está)… Todo en conjunto ofrece un aspecto visual soberbio. Sin duda Breaking Bad es una de las series mejor rodadas en la actualidad.

No es que parezca difícil mantener durante trece episodios tal nivel de expectación, es que se presupone que es imposible. Pero lo han conseguido, lo han conseguido. La próxima temporada será la última, y seguramente traiga otras tramas esperadísimas, como Walter y Jesse enfrentados definitivamente y sobre todo Hank descubriendo quién es Heisenberg. La espera será eterna.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
-> Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

BREAKING BAD – TEMPORADA 3


AMC | 2010
Drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Giancarlo Esposito.
Valoración:

Esta temporada confirma que no hay límites para los guionistas de Breaking Bad, que en la mejor tradición dejada por muy pocas series (el máximo exponente es The Shield) el ir más allá se hace con todas sus consecuencias. La separación del matrimonio White al final de la segunda sesión no se resuelve con un discursito elaborado por la ágil mente del cabeza de familia, sino que se desarrolla tanto con la lógica y coherencia esperada (una mujer normal no puede convivir con un narcotraficante) como con todas las repercusiones posibles que puede generar: la pérdida de la familia, aquello por lo que Walter en teoría (y matizaré lo de en teoría en un momento) estaba luchando, pone al protagonista al borde la locura.

Si en un principio la justificación de las acciones de Walter se basaba en garantizar el futuro económico de su familia ahora queda claro que no es un factor primordial, pues se está inclinando más hacia la expresión de su ego desmedido, su deseo de demostrar que es más inteligente que los demás, a lo que juraría que se le suma un poco de disfrute de la aventura y una nula capacidad de autocontrol, de poner fin a actos que tienen muchas consecuencias que pueden volverse en su contra. Y de hecho el dinero quizá nunca ha sido el desencadenante que le introdujo en este mundo, sino el romper con la monotonía de una vida estancada tanto en lo intelectual como en lo emocional. Es innegable que Walter sabe que está metido en un juego muy peligroso, pero para recuperar a su mujer no trata de volver a ser un buen padre de familia, sino que intenta fingirlo mientras sigue adelante con sus maquinaciones. En otras palabras, Walter definitivamente es un hijo de puta de cuidado, pero los guionistas han jugado tan hábilmente con la ambigüedad del carácter y la simpatía del espectador hacia él que se tarda tiempo en darse cuenta de ello, y aún así cada seguidor de la serie tendrá un punto de vista concreto sobre el mismo y sus acciones. Para un servidor, por si no había quedado claro con el asesinato de la novia de Jesse, el instante que me abrió los ojos y que además me ha marcado, que no olvidaré, que es sin duda el momento más perturbador de la serie y uno de los más duros que he visto en cualquier producción, es el de Walter invadiendo su casa y forzando su presencia aun a costa de que su mujer no lo quiere ahí (episodio I.F.T.); y la policía obviamente no puede hacer nada, pues no ha infringido leyes a pesar de que su acto es de una crueldad indescriptible. La escena está rodada magistralmente y deja muy mal cuerpo.

En cuanto al resto de personajes, estos siguen evolucionando de forma exquisita. Skyler trata de alejarse de Walter, y recuperar su trabajo de contable la pone en posición de entablar una nueva relación con un viejo jefe y amigo. Quizá esta historia se alarga mucho, de hecho algunas escenas me resultando aburridas, pero da pie a que el personaje madure, especialmente en un sentido inesperado: el que la inclina hacia colaborar con Walter con el lavado del dinero de las drogas. Jesse se ha recuperado de su adicción pero sigue sin poner un rumbo claro a su vida, y sus deseos de venganza llevan a algunas sorpresas interesantes. Pero más llamativo es su choque con Hank. El agente sigue llevando su carrera hacia la autodestrucción, llegando a un par de puntos de inflexión brutales (en One Minute): la paliza a Jesse y el atentado que sufre a manos del cartel, dos escenas espectaculares como la serie sabe ofrecer de vez en cuando. Por cierto, mención especial para la fascinante incorporación del matón principal de Gus, cuyo respeto por Walter es tanto divertido como escalofriante.

La temporada en general supera los altibajos y la ligera falta de ritmo del año anterior y ofrece los mejores episodios e instantes vistos desde sus estupendísimos dos o tres primeros capítulos. A los grandes instantes recién citados hay que sumar el espléndido Sunset, que pone los nervios a flor de piel al conseguir un larguísimo clímax de tensión con Walter y Jesse escondiéndose de Hank en la caravana. Podría ser el mejor episodio de la serie hasta ahora.

Pero el tramo final del año ha sido muy sobrevalorado, pues pierde algo de fuelle al ser demasiado previsible para los esquemas a los que me había acostumbrado la serie. Primero tenemos The Fly, horroroso episodio que algunos quieren ver como algo inteligente cuando no tiene absolutamente nada de contenido ni emoción. Los dos personajes principales están todo el capítulo encerrados persiguiendo una mosca, obteniendo una narración que no alcanza ni por asomo el mínimo de entretenimiento necesario para no desear apagar la proyección. Da la sensación de que se les acabó el presupuesto (con el que tienen bastantes problemas, pues es una serie más cara de lo que parece al haber exteriores tan exóticos) y se les ocurrió rellenar un capítulo sobre la marcha. Y en los dos siguientes (Half Measures y Full Measure), que forman el cierre de temporada, el desarrollo de los acontecimientos se ve venir muy claramente desde varios capítulos antes y no hay sorpresas grandes (salvo la del final del Half Measures, que muestra a White directamente en lo que se ha convertido, en un psicópata sanguinario sin límites), de hecho la escena final del año, con el clásico clímax de personajes apuntándose con armas, es sumamente decepcionante. Ambos episodios están muy bien realizados, escritos con el detallismo habitual y poseen algunos momentos francamente buenos, pero un cierre más redondo para esta temporada podría haberla convertido en una producción memorable.

Para mi sorpresa muchísima gente ya le ha otorgado a Breaking Bad la categoría de obra maestra. Es sin duda de lo más destacable del año, y no es nada descabellado decir que es prácticamente imprescindible para espectadores exigentes, pero no me parece que se pueda considerar como una serie perfecta, y más lejos aun está de merecer un sobresaliente.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
-> Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)