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JESSICA JONES – TEMPORADA 3 Y FINAL


Netflix | 2019
Superhéroes, drama, suspense | 13 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Melissa Rosenberg, varios.
Intérpretes: Krysten Ritter, Rachael Taylor, Eka Darville, Carrie-Anne Moss, Janet McTeer, John Ventimiglia, Benjamin Walker, Jeremy Bobb, Sarita Choudnhury, Aneesh Sheth.
Valoración:

Alerta de spoilers: Entro bastante a fondo. —

Al igual que Daredevil, y se suponía que también Iron Fist y Luke Cage, pero salieron muy malogradas, Jessica Jones nació con la intención de, potenciando el tono ya oscuro de los cómics, aportar una perspectiva más adulta y compleja a un género habitualmente muy luminoso y maniqueo, con la excepción de Batman y pocos más. Héroes impolutos o con problemas emocionales sencillos y conflictos con villanos arquetípicos basados en la fuerza o en un reto intelectual sin complicaciones serias son la tónica más habitual.

La premisa inicial es básica. Jessica Jones es superior físicamente y muy capaz en su trabajo y se dedica a hacer el bien. Pero en el fondo se habla sobre personas traumatizadas, familias rotas, una justicia muy falible y la frustración y dramas que eso conlleva, la fina frontera entre héroe, justiciero y villano… Por ello era lógico que en vez de ponerla ante el típico malo que vencer a tortas hubiera algo distinto. Y vaya si lo hubo.

En la primera temporada, Jones se enfrentó a probablemente el villano más temible que hemos visto en el género en cine y series, Kilgrave, un ser capaz de manipular las emociones de los que lo rodean. En la segunda, el enemigo era más cercano, su propia madre, con lo que el drama era de altos vuelos. En ambos casos la protagonista era puesta a prueba de las formas más crueles imaginables tanto en el lado emocional como en la responsabilidad del héroe. ¿Cómo enfrentar el reto sin destruirte como persona ni traicionar los límites morales?

Aunque fueron temporadas irregulares, más la segunda, los protagonistas estaban muy bien trabajados y cuando la confrontación alcanzó sus momentos álgidos el nivel fue muy alto. ¿Qué nos ofrece la tercera etapa? Repetición de ideas, vueltas en círculos y rellenos entre anodinos y cargantes.

Como en todas estas series relacionadas, salta a la vista que obligar a tener trece episodios por año no les ha sentado bien. Hasta en Daredevil en sus mejores momentos hacen esfuerzos evidentes para cumplir con el número. Quizá con seis episodios a lo sumo, yendo al grano, esta nueva historia de Jessica Jones habría resultado más amena, aunque fallara en las novedades y la profundidad. Pero con trece se hace muy cuesta arriba.

Los cinco primeros te los puedes saltar, no perderás el hilo conductor y ganarás tiempo de vida. Jessica y Trish están tristes por la muerte de la madre biológica de Jess, y tratan de rehacer sus vidas, pero nada llamativo, y mucho menos novedoso, ocurre. Odian sus vidas y trabajos, van como zombis por el mundo. Así todo el rato. Casi pasamos más tiempo con los secundarios, pero no funciona. No puedes pasar a primer plano a figuras que eran un apoyo puntual para las protagonistas principales, y menos con dramas tan artificiales, y esperar que ganen nuestra atención a estas alturas. La abogada Jeri Hogarth de repente tiene una enfermedad mortal, uy pobrecita, y trata de recuperar a una vieja amada para no sentirse sola. Nos torturan con infinidad de cansinas y repetitivas escenas de romance y peleíllas que en realidad no aportan nada a la serie. El investigador Malcolm Ducasse quiere hacer algo de valía, tener un trabajo respetable, pero hacerlo con Jeri significa tener éxito y dinero a costa de sacrificar la ética. Y duda, y duda, y así hasta la eternidad. He acabado hartito de las mimas muecas del limitado intérprete Eka Darville. Y para colmo, el simpático vecino latino de Jess desaparece sin dejar rastro, sea porque el actor se largó o porque los guionistas querían forzar otra relación amorosa en tensión con un nuevo personaje y no sabían qué hacer con ese obstáculo. El nuevo es Erik Gelden, un tipo misterioso que dice poder sentir la maldad en las personas, pero cuya lealtad e intereses Jess no logra descifrar. El actor Benjamin Walker juega muy bien con el amplio rango de actitudes que finge o sufre el rol: carisma, patetismo, cercanía, falsedad, traumas… Eso sí, su hermana no pinta nada, es para darle más minutos de relleno a Malcolm, igual que la novia que este se echa en el bufete.

Podrían haber puesto unos cuantos casos del día, que viéramos a Jess trabajar mientras intenta levantar cabeza, potenciando así el noir (¿qué fue también del detective rival, el asiático chungo?) en vez de tanto dramón impostado, y mostrar de tanto en tanto indicios breves de la trama de largo recorrido, como se ha hecho siempre, en vez de dejar todo en suspenso a base de repetir lo mismo una y otra vez.

En el sexto y séptimo episodios, ¡a mitad de temporada!, parece que va a remontar la cosa. Por fin sacan del armario a Trish, como intentando sorprender a pesar de que eran evidentes sus intenciones desde la temporada anterior. Está obsesionada con convertirse es una superheroína, pero finge querer hacer el bien cuando lo único que busca es superar a Jessica y dar rienda suelta a su ira a base de golpear a los malos.

Paralelamente presentan, ¡ya iba siendo hora!, al villano que será el hilo conductor de la misión y responsabilidad del héroe en esta etapa. Gregory Sallinger (un inquietante Jeremy Bobb) es otro enemigo acorde al estilo de la serie: sus capacidades vienen por el lado intelectual, pues es más inteligente que Jess y Trish y sabe urdir planes que atacan su estado mental y la percepción de la sociedad sobre ellas. Promete ser otro enemigo imponente que pondrá las cosas cada vez más difíciles.

Pero nada cuaja. El amago del remontada no vuelve a darse, en adelante siguen con la inercia, con más bajones que subidones, hasta acabar en un tramo final que decepciona incluso en estas débiles condiciones, sobre todo porque el undécimo capítulo es uno de esos de relleno cutre que se hacían en seriales baratos de cincuenta años atrás, donde se resume toda la temporada recopilando escenas ya vistas y añadiendo como mucho una nueva frase en cada una. ¡Menudo robo de tiempo y menudo insulto al espectador!

En el resto, el ritmo es plomizo y la historia se queda en su armazón más simplón y predecible. Estaba bien claro lo que iba a ocurrir, y en ello se atascan sin ser capaces de lograr el ambiente de las temporadas anteriores, lleno de tensión por cómo saldrán airosas las protagonistas y cuánto sufrirán en el proceso. Sallinger pondría a la opinión pública en contra de Jess y Trish, enemistaría a estas dos y a Hogarth al empujar a Trish a convertirse en villana y por extensión a Jess a replantearse qué se puede hacer para detener a los criminales, tanto a los que son seres queridos como a lo contrario, los psicópatas sin límites. Vamos, lo que hemos visto ya. Trish ofrece un remedo pobretón de la confrontación con la madre, y Sallinger es remedo de Kilgrave. Al final no se sabe muy bien cuáles eran las intenciones de este último, si matar a las heroínas o derrotarlas de cara al público, y qué tenía que ver con ello los asesinatos en serie previos. Parece que los escritores tampoco tenían muy muy clara la posición de este, porque en el tramo final parece que intentan blanquearlo para justificar que Jess interceda por él (por un tipo que ha torturado y matado a unas diez personas, incluyendo un ser querido), cuando el conflicto ético y legal es claro: no dejar que Trish mate a su antojo.

El enfrentamiento pasa por las escenas más predecibles, los dramas más forzados, los giros más facilones, y todo con una desgana que se contagia capítulo tras capítulo, en especial en la anticlimática confrontación final y las relamidas despedidas. Y atención al penoso epílogo con Jess dudando si me voy o no me voy, abandono o sigo. ¿A quién queréis engañar? Y la desgana también lleva al descuido, pues hay algunos patinazos asombrosos, como las incursiones de Jessica en las comisarías: en la del pueblo, por lo ridículo que es todo, en la de las pruebas de Sallinger, igual, pero rematado con la parida de que el detective deje abandonada sin protección la única evidencia sólida contra él, un cabello: aunque no hubiera desaparecido por la intervención de Jessica, la cadena de custodia se habría roto.

Ni siquiera la correcta puesta en escena, que consigue una personalidad atractiva para la serie, ni un rol central tan potente como Jessica Jones y el papelón de Krysten Ritter levantan el nivel de una temporada muy aburrida y olvidable.

Al final tenemos que alegrarnos de que Marvel/Disney o Netflix hayan decidido poner fin a este ciclo de héroes, porque si en tan poco tiempo se les han agotado las ideas, extenderlo hubiera sido terminar de rematar el recuerdo de su breve momento de brillantez.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
-> Jessica Jones – temporada 3 y final (2019)

THE KNICK – TEMPORADA 2 Y FINAL

Cinemax | 2015
Drama | 10 cap. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Gregory Jacobs, Steven Soderbergh.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Juliet Rylance, Eve Hewson, Cara Symour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Michael Angarano, Jeremy Bobb, Grainger Hines, Charles Aitken.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo esbozo las tramas del año.–

La vida en el hospital Knickerbocker sigue adelante con cada protagonista enfrentándose a sus demonios internos y a las zancadillas de un mundo hostil: las exigencias del trabajo, los problemas sociales, los conflictos con otros (familias, compañeros)… A duras penas consiguen mantener control sobre sus vidas y mucho más complicado es perseguir la felicidad. Y los guiones de Jack Amiel y Michael Begler mantienen el tono trágico y oscuro y la determinación de no ser idealistas con el retrato de una época muy dura, con lo que a los personajes les cae de todo encima.

Algernon continúa luchando contra el racismo imperante que le niega un futuro a pesar de sus grandes habilidades como cirujano. Cornelia sufre el matrimonio de conveniencia para mantener a flote la familia, y queda a merced del exigente padre de su esposo, con lo que la vida como mujer independiente y trabajadora parece escapársele de las manos a pesar de sus esfuerzos. La joven enfermera Elkins aprende a hacerse un hueco en el mundo de los hombres abriéndose de piernas, desoyendo los consejos con los que podría evitar tropezar en los errores que cometen muchas (elegir hombres equivocados, jugártelo todo a la baza de la sensualidad, etc.). La hermana Harriet enfrenta otras imposiciones sociales dañinas: la prohibición del aborto trae muchas desgracias, en especial para ella al ser pillada practicándolos.

La ciencia médica está en pañales y tiene tanto aciertos como patinazos monumentales (horrible el periplo de la mujer de Gallinger con los psiquiatras), y los avances conllevan mucho esfuerzo y sacrificio, con fracasos que perseguirán como fantasmas a los cirujanos (las visiones de Thackery con la chica). Chickering trata de labrarse una carrera lejos del caos que genera Thackery, pero también echará de menos su energía y pasión. Gallinger cree que Algernon le está quitando oportunidades, y se reafirma en su racismo para tratar de luchar contra él, embarcándose en los ideales de la eugenesia. El viaje de Thackery con las drogas sigue causando estragos en su vida personal y laboral, con lo que su ambición y visión pende de un hilo constantemente: podrían pillarlo y echarlo, puede pasarse con la dosis y acabar muerto, o hacer locuras fruto de la enajenación mental.

Hay otras historias más secundarias y muchas veces ajenas al resto, pero nunca parecen descolgadas y siempre resultan muy entretenidas, por no decir que también exponen temas interesantes de la época. La aventurilla de Tom Cleary, el conductor de ambulancia, con la hermana Harriet, es divertida y emotiva, lo que sirve para aligerar este dramón, pero ya de paso muestran algunos problemas básicos de aquellos tiempos: las relaciones y las vida de las clases bajas. Barrow continúa tratando de llevar la administración del hospital de forma que pueda sacar tajada, y la construcción del nuevo edificio es una mina de oro de especulaciones y robos. También va cobrando protagonismo Henry Robertson, hermano de Cornelia, uno de los miembros del consejo del hospital.

Como en el primer año, el mosaico de personajes realistas y complejos resulta fascinante, lo que sumado a la notable recreación de la época conforman un drama magnífico… aunque no impecable. En el tramo final el nivel baja ligeramente, perdiendo algo de intensidad y acumulando algunos fallos y decisiones cuestionables (muy pocos, eso sí). Hay una escena bastante malograda, aunque la intención fuera buena: Gallinger cambiando el frasco de medicina para hacer que Algernon falle es un giro clásico pero que no habría desentonado si no se hubiera ejecutado tan mal, porque lo hace delante de decenas de testigos y tenemos que creernos que nadie se da cuenta. Otra trama muy convencional sirve para cerrar el arco de los Robertson: el secreto oscuro que parece señalar a un personaje y finalmente en un giro repentino recae sobre otro resulta demasiado forzado e impropio de una serie que normalmente desarrolla las tramas de forma más verosímil, aunque tenga giros un tanto brutos a veces (como la que lía Barrow con su mujer y la prostituta). También supone un tropiezo la aparición de la esposa de Algernon, metida con calzador de mala manera para luego no aportar nada; no sé qué pretendían con esta historia, y la cosa empeora porque ella es bastante cargante.

Donde no hay pegas en la espléndida labor de Steve Soderbergh, que se encarga él solito (como hace siempre) de la dirección, fotografía y montaje, un trabajo que debe de ser arduo porque son diez horas por año. La materialización de la época es excelente gracias al estupendo vestuario y las abundantes localizaciones bien maquilladas (ayuda que los edificios de muchos barrios sean del estilo de los años retratados, desde luego), pero lo que destaca es el aspecto visual experimental y vanguardista que lejos de descolocar o parecer artificial ayuda a crear una atmósfera deslumbrante sin perder autenticidad: cámara en mano, iluminación natural y un gran esfuerzo por realizar escenas complejas de forma que parezcan fluir con espontaneidad nos sumergen en la serie como si estuviéramos al lado de los personajes.

Esta cámara en mano es la mejor labor de este estilo que he visto hasta ahora. Muchos realizadores se estrellan pensando en que basta con llevar la cámara de acá para allá y agitarla en las escenas de acción. Pero no, la escena debe ser trabajada, debe materializarse a través de una combinación de elementos que traten de transmitir las emociones buscadas. Y Soderbergh le ha cogido el punto de forma impresionante: los planos amplios y el montaje moderado recuerdan al cine clásico, donde los personajes se mueven por la escena y el enfoque de la misma persigue transmitir tal o cual sensación. Pero la combinación con ángulos extraños, movimiento constante y mucha composición sutil le confieren un estilo único donde logra numerosas secuencias que son auténticos portentos de la narrativa. Un gran ejemplo es el discurso que recibe Cornelia de su suegro: ella sentada en el tocador, él de pie tras su espalda, una mano apoyada en su hombro; él es el único que habla, pero la cámara sólo la enfoca a ella bajo una sombra amenazante que la priva de libertad. Pero así las hay por docenas, incluso algunas que parecen directamente un vacile, como el largo plano secuencia en la feria. No me olvido tampoco de otro elemento en principio discordante: la música electrónica de Cliff Martinez le va como anillo al dedo, aunque me temo que no parece haber compuesto temas nuevos para este año. Y finalmente hay que alabar también la notable interpretación de todos sus intérpretes, aunque si hubiera que citar a alguno yo me quedaría con Clive Owen (Thackery) y Juliet Rulance (Cornelia).

Actualización 06/07/17: En marzo Cinemax canceló la serie
Ver también:
Temporada 1 (2014)
-> Temporada 2 (2015)

THE KNICK – TEMPORADA 1

Cinemax | 2014
Drama | 10 ep. de 43-58 min.
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Steven Soderbergh, Gregory Jacobs.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Jeremy Bobb, Juliet Rylance, Eve Hewson, Michael Angarano, Cara Seymour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Maya Kazan, David Fierro.
Valoración:

Nueva York, año 1900. El nacimiento de la ciencia médica moderna cambia el mundo por completo. Los hospitales se reinventan sobre la marcha según las novedades van apareciendo. La electricidad, máquinas y tecnologías (como los rayos X) llegan para quedarse y apoyan con fuerza el resurgir del cirujano, que basándose en el método científico descubre enfermedades, curas y técnicas a diario. Y la sociedad empieza a disfrutar las mejoras en la calidad de vida, aunque sea lentamente, porque la barrera de la pobreza y la ignorancia siempre frenan el progreso.

La serie se inspira en hechos, lugares y personajes reales. El hospital Knickerbocker, el cirujano protagonista (basado en William Stewart Halsted) y alguno de sus hallazgos más relevantes sirven como punto de partida para ofrecer un retrato de la época muy realista, que no se anda con corrección política modernista (el racismo es un tema serio, no se resuelve en un giro simplón) ni endulza las miserias, problemas y brutalidad de aquellos tiempos. Es bastante más oscura y dura que Copper y Ripper Street, por citar dos de épocas semejantes. Y como impera en la buena televisión actual, los personajes no solo están llenos de humanas contradicciones y tienen un lado oscuro, sino que pueden ser unos verdaderos hijos de puta, o unos miserables, o unos matados de la vida que sobreviven como pueden aunque sea a costa de pisotear a otros.

Estos protagonistas luchan a diario contra un sinfín de problemas y limitaciones, destacando las costumbres de la época y las propias fallas personales. La resuelta Cornelia (Juliet Rylance) puede ver frenada su prometedora carrera si se casa como obliga la sociedad y la familia. El racismo niega oportunidades a un médico tan dotado como Algernon (André Holland), y no digamos la que se lía con las revueltas, donde hasta la policía persigue a la gente de color. El dilema moral de la monja Harriet (Cara Seymour) con el aborto genera conflicto constante entre su fe y la realidad social. El gerente Barrow (Jeremy Bobb) y sus problemas monetarios lo tienen siempre al límite y en terrenos pantanosos (prestamistas de mano dura). El cirujano Gallinger (Eric Johnson) lidia con una tragedia familiar que no parece tener fin, que siempre va a peor (terrible el destino de la esposa). El joven ayudante de cirujano Bertie (Michael Angarano) trata de crecer a la sombra de un padre dominante y un cirujano jefe que anda entre la genialidad y la locura. Este líder es Thackery, el protagonista principal, un enorme Clive Owen dando vida a un visionario cuya ambición es tanto su mayor virtud como su mayor maldición. La obsesión por ser el mejor le provoca celos, manías, errores y vicios que precisamente limitan su potencial. La cocaína es su sustento, porque una carrera tan fulgurante destrozaría a cualquiera sin energías extras, y el opio su forma de desconectar y evadirse, pero el precio a pagar por esos excesos promete alcanzarlo tarde o temprano. Ni siquiera la nueva enfermera, la joven Lucy Elkins (Eve Henson), que se interesa por él, parece que pueda traerlo de vuelta al buen camino.

Todos los personajes son magníficos en su dibujo inicial y mejoran a ojos vistas con su progresión. Los primeros capítulos se basan en su empaque para mantener el interés, porque como es obvio se necesita tiempo para presentar la época, el ambiente del hospital, las relaciones entre sus habitantes, el tono del relato y las tramas que se van a desarrollar. Podían haber empezado con algún golpe de efecto que diera más ritmo, porque es cierto que empieza muy despacito, pero lo que hay basta para ganar a cualquier espectador paciente. Y el esfuerzo pronto da resultados, porque no hace falta esperar a la segunda temporada para ver desplegado todo su potencial. A partir de su ecuador ya no hay vuelta atrás, te gana por completo con la evolución trágica de sus protagonistas y el ritmo cada vez más intenso y agobiante. El tramo final es soberbio, tanto por ese capítulo casi de relleno que supone uno de los mejores del año televisivo, el de las revueltas racistas, como porque la trayectoria de los caracteres alcanza su punto álgido. La caída en desgracia de Thack es impresionante, pero los demás no se quedan atrás, sea los que se ven arrastrados con él o lo que viven sus propias miserias (la que lía Barrow para intentar salir de su bache, por ejemplo).

Si el guion de Jack Amiel y Michael Begler es certero en la descripción del entorno, la composición de personajes y la maduración de las historias, la puesta en escena de Steven Soderbergh termina de redondear la serie. El realizador dejó hace tiempo lo comercial para decantarse por el cine de autor y la experimentación variada, aunque alguna vez ambas cosas han coincidido (Contagio), y ha visto claro que una serie de televisión tiene mucho más margen que un largometraje, de hecho aquí da rienda suelta a su vena juguetona y se marca una puesta en escena realmente atrevida y arriesgada. Desde los primeros planos se ve que hace suyo el producto… pero ni mucho menos se impone sobre el material escrito, pues lo capta con respeto y cuidado. La puesta en escena apuesta sin miedo por la cámara en mano, los encuadres inclinados o desde alturas no habituales, la música es en apariencia anacrónica (Cliff Martinez mantiene la onda electrónica de Contagio)… pero todo ello se hace con gran dominio de la narrativa, con un objetivo claro, no solo para vacilar, de forma que, aunque de primeras pueda parecer un envoltorio excesivo, pronto se ve que da buenos resultados, de hecho muy buenos, pues se consigue un aura de irrealidad que funciona muy bien a la hora de trasladarnos a una época remota y un ambiente malsano lleno de tragedias.

Por cierto, el plano final es una verdadera genialidad del humor negro.

Ver también:
-> Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)