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THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIMES SQUARE) – TEMPORADA 3 Y FINAL

The Deuce
HBO | 2019
Drama | 8 ep. de 58-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Lawrence Gilliard, David Krumholtz, Kim Director, Daniel Sauli, Michael Rispoli, Olivia Luccardi, Sepideh Moafi, Luke Kirby, Zoe Kazan, Aaron Dean Eisenberg, Mustafa Shakir, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante a fondo las historias principales. —

Empezamos la serie en 1971, con el nacimiento de la industria del porno, donde el barrio The Deuce de New York, en los bajos fondos de Time Square, tuvo bastante relevancia. Esta etapa dio un vuelco al mundo de la prostitución y a la forma de ganar dinero con el sexo, y para finales de la década (en la segunda temporada) los negocios relacionados estaban en su mejor época. Eso sí, el glamour del cine no tardó en llevárselo Los Ángeles, y New York se quedó con las migajas de este y con los aspectos más truculentos o incluso fuera de la ley.

En la tercera temporada saltamos a 1985. La industria ha exprimido el modelo del cine profesional, con estrellas y estrenos en salas, pero llega un punto de inflexión que cambia todo: la aparición del vhs y las cámaras de video ponen el porno y su creación al alcance de cualquiera, dando paso a las publicaciones en videoclubs al por mayor y a producciones hechas por aficionados.

Pero otros negocios aledaños también sufren reveses con los cambios políticos y sociales. Las cabinas de mirar y los clubes de prostitución se ven afectados por las campañas de limpieza de la zona propuestas por políticos (y eso que el ayuntamiento a duras penas consigue promover la llegada de inversionistas y negocios mejor vistos) y asociaciones civiles. Se llevan otro gran varapalo cuando las prostitutas descubren que pueden ir a domicilio (sobre todo a hoteles) sin necesidad de chulos. Y el SIDA llega para dar una última estocada, sobre todo a los sectores homosexuales. Las exitosas saunas gays se vacían de un año para otro porque la ciudad está sumida en el terror, pues cualquier puede coger “el bicho”. En un epílogo en situado en 2019 se señalan los últimos cambios drásticos en el mundo del sexo: la llegada de internet.

La visión de David Simon y su colaborador David Pelecanos muestra con una naturalidad asombrosa una época, un lugar y sus gentes, logrando una inmersión total del espectador. Las calles de The Deuce, los trabajos, las formas de vivir y sobrevivir en tiempos difíciles cobran vida ante nuestros ojos. Pero resulta una obra algo menos compleja y detallada que Treme (2010) y sobre todo The Wire (2002), con historias más previsibles de la cuenta, un repertorio de personajes que queda bastante lejos de aquellas, aunque unos pocos son deliciosos, y arrastra algunas carencias dignas de mención, sobre todo en esta temporada final, que está un poco por debajo de las anteriores.

Candy y Vincent han sido desde el principio los personajes principales, pero Lori Madison ha crecido mucho y en esta etapa comparte protagonismo. Da la sensación de que los autores vieron el gran talento latente en la actriz Emily Meade y lo han querido explotar (Simon afirma que es de los mejores intérpetes con los que ha trabajado), y ella ha cumplido a lo grande, dando el mejor papel de la serie y uno de los mejores del año televisivo.

Lori pasó de prostituta con un halo especial, tanto por belleza como por carisma, a actriz porno que enamoró al gremio y a los espectadores de medio mundo, convirtiéndose en una gran estrella. En este año abordan otra etapa habitual de este tipo de vidas: la caída en desgracia. El exceso de éxito se acompaña de sensación de soledad y de no controlar su vida, y acaba pasándose con las drogas. Si situación empeora cuando empieza a perder tirón y tiene que lidiar con trabajos por debajo del respeto y la libertad de los que había estado gozando. Cierto es que una vez se entiende que van a abordar esta historia se pueden intuir algunos aspectos, pero la descripción que hacen los guionistas de la depresión es muy buena, su trayectoria tiene aventuras de todo tipo muy bien hiladas, y Meade exprime al personaje con una interpretación colosal, llena de altibajos emocionales, giros sutiles y un tramo final demoledor. Atención a la escena en que cree estar siendo acosada por un tipo que aporrea la puerta del hotel pero todo está en su cabeza, en un torrente descontrolado de recuerdos de un padre abusón: pone los pelos de punta.

La sección de Candy ha sido la más predecible de toda la serie. En cuanto se presentaba su nuevo arco quedaba claro qué iban a contar, y siempre ha dado la sensación de que nunca enfrenta problemas muy serios, que todo le va saliendo bien. Sin llegar a sorprender, este año las cosas se le tuercen un poco más y tiene un final agridulce, y además mantiene lo que mejor funcionaba, las buenas lecturas sobre el ser humano (destacando la relación con gente de fuera del porno) y el mensaje feminista. En esto último cabe destacar algo sorprendente en estos tiempos, aunque no tanto viniendo de David Simon, que siempre ha tenido la cabeza muy bien puesta: vemos un ensayo sobre feminismo serio y con distintos frentes que no da nada mascadito ni tira por lo fácil y la corrección política. Cada personaje tiene su punto de vista según sus vivencias, algunos cambian con los tiempos, y en la lucha de la mujer por salir de la sombra del hombre y de la explotación, el mundo de la prostitución y el porno tiene más historias sórdidas y trágicas que luminosas. Maggie Gyllenhaal ha estado estupenda en toda la serie, y sus discusiones con Harvey Wasserman han sido siempre divertidísimas.

Vincent es el nexo que une a todos los personajes, pues muchos están muy separados. Aunque al lado de otras historias parezca que sus anécdotas como camarero y su romance tumultuoso con Abby no puedan aportar demasiado, ha mantenido su carisma y ha ganado en humanidad con los problemas de su hermano gemelo, Frankie. Y todo ello a pesar de que James Franco es un actor muy limitado que queda muy por debajo del resto.

Abby representaba a la mujer culta e idealista que lucha por un mundo mejor. En esta etapa se encuentra con que el mundo resulta demasiado complejo incluso para ella, y no termina de encontrar su lugar. El punto de inflexión en que se da cuenta de que lleva años estancada y tirando su vida es sutil y brillante: cuando está defendiendo a la ex-puta que quiere ser enfermera, los del jurado de recursos humanos del hospital le preguntan a qué se dedica ella, y después de haber sermoneado con todo el proceso de superación de su amiga se da cuenta de que ella en cambio no está haciendo nada con su vida. Es un suspiro breve antes de decir “llevo un bar”, pero condiciona todo lo que hace después. La actriz de origen ruso Margarita Levieva, que por cierto tiene cuarenta años aunque aparente menos de treinta, es otro gran descubrimiento y tiene un gran futuro.

Pero fuera de estos, los secundarios apenas se sostienen por su simpatía. Algunos que aportaban detalle y globalidad a a este microuniverso en las primeras temporadas parece que ahora sobran, y a la vez se nota que les han faltado otros personajes para cumplir el rango de grupos sociales abarcados, porque los que fueron terminando sus historias no han sido sustituidos por otros que cobren el mismo protagonismo e interés.

Paul está descolgadísimo del resto, se mantiene por el cupo gay y el SIDA, pero su historia personal y laboral llegó a su tope y los autores no son capaces de aportar nada llamativo, así que sólo queda un cascarón melodramático que aburre por momentos. El intento de pasar a primer plano a Big Mike no funciona, y su destino no interesa, también obedece al intento de reforzar del drama del SIDA, pero el giro está metido con calzador e intenta descaradamente ser emotivo. Las tres putas que quedan, aparte de haberlas cogido de extras de las que ni te acuerdas de un año para otro, son intrascendentes, puro relleno, no se cuenta nada útil con ellas. La chica joven huidiza con un padre que maltratador ya está representada por Lori y Candy, la parte de Melissa y la aparición de su padre, por mucho que esté en manos del gran David Morse, no aporta nada. La que trabaja de camarera con Abby no sé de dónde salió, sería tan insignificante que ni me fijé en ella, y su ligue con un tipo no entiendo qué pretende aportar. La yonki, Shay, es la única que tenía más presencia antes y cuya parte atrae más.

Bobby y Frankie El Negro quedan relegados a secundarios cómicos, sólo se mueven un poco cuando las putas empiezan a independizarse; el hijo del primero (interpretado por el hijo de James Gandolfini, Michael) no sé muy bien tampoco qué sentido tiene. Y seguimos con un problema importante: aunque ha mejorado la sección de los italianos, su poder sigue sin resultar del todo verosímil, son dos tipos que se supone que causan pavor a todos los demás personajes pero no se sabe por qué, porque no se muestra en ningún momento la fuerza y las ramificaciones de la mafia.

Un poco en tierra de nadie queda la parte política. Aporta algo esencial a la hora de conseguir la perspectiva tan amplia que siempre persigue Simon, pues sin mostrar la especulación inmobiliaria y los intentos del ayuntamiento por acabar con ella y limpiar los barrios céntricos no se pueden entender los cambios. Pero es otra sección demasiado separada del resto, y aunque amena y con personajes simpáticos, no veo que termine de conectar del todo, de influir realmente en la vida de los demás, quedando un poco como unos apuntes anecdóticos de la época. Eso sí, esta sección deja una de esas épicas frases marca Simon que definen media serie:

Nunca arreglamos a nadie. Nunca salvamos a nadie. Solo empujamos la mierda a otra esquina de la habitación.

Aparte, he echado mucho de menos a Gbenga Akinnagbe, el chulo Larry Brown que empezó a tantear ser actor porno. No he encontrado declaraciones o pistas de que el actor se fuera por voluntad propia o por problemas de algún tipo, simplemente ha desaparecido sin más. Quizá más adelante algún implicado suelte algo de información.

Añadiendo otros pequeños lastres, la narrativa no es todo lo fluida que debiera. Simon y Pelecanos, seguramente a sabiendas de que apuntaban otra vez a un público minoritario y podrían ser cancelados en cualquier momento dejando el relato a medias, optaron desde el principio por un estilo de miniserie, o sea, pocos capítulos y saltos temporales. Pero esto supone retos que a veces no sortean del todo.

En las dos primeras temporadas iba más suave la cosa, pero aquí hay demasiados saltos temporales que aceleran hechos más de la cuenta, requiriendo mucho esfuerzo por tu parte para enlazar cosas y aceptar cambios drásticos. A veces da la sensación de que se quedan sin recursos para dar forma a algunas elipsis (dos veces recurren al plano de una cama vacía para señalar un fallecimiento), y hay momentos que confunden al espectador (de repente aparecen en un entierro, y tienes que hacer malabares para saber de quién es). En la falta de soluciones más ingeniosas pesa mucho el epílogo, un giro demasiado sensacionalista y manipulador que desentona demasiado en esta serie y estos autores.

En la puesta en escena no tengo quejas. Como siempre, Simon opta por un estilo sobrio, que no sobresalga por buscar un virtuosismo deslumbrante, sino que deje hablar a los personajes y navegar a la historia. Y la ambientación de la época es estupenda, sobre todo en esta temporada, donde he notado más ambición en los exteriores, con más escenarios repletos de coches y extras.

En unos tiempos en que el cine y la televisión viven mucho de tratar de encandilar al espectador con la nostalgia por lo mejor y lo más idealizado de los años setenta y ochenta, The Deuce es una rara avis que muestra una realidad más sórdida y cruel. Como ensayo pseudo histórico ha sido estupendo. Como serie ha sido en general de notable, pero en el rico panorama actual eso ya no es suficiente para destacar, y menos si arrastras la incomprensible etiqueta de autor elitista que lleva David Simon desde The Wire.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)
-> Temporada 3 y final (2019)

GIRLS – TEMPORADA 5


HBO | 2016
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach, Jake Lacy, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay bastantes detalles reveladores. —

El grupo de chicas sigue andando el caótico camino de la vida. La iniciación en el mundo adulto continúa trayendo muchos palos, y de ellas depende aprender de ellos, sacarles algún provecho, o hundirse. Quizá la que mejor lo ejemplifica es Soshanna, la que tiene un trabajo más normal… dentro de lo que cabe, porque se fue hasta Japón. El exotismo nipón la tiene en una nube, el haber roto con todo y abrazar una nueva vida la empuja a pensar que ha madurado más que su círculo de amigas… pero de repente la nostalgia emerge y choca con los problemas que empieza a tener tanto en el trabajo como en las relaciones amistosas y románticas. Acaba volviendo a New York, pero allí muestra que la experiencia sí ha hecho que crezca mucho, con esas estupendas escenas en que saca de la miseria la cafetería de Ray.

Marnie por el lado contrario se muestra como la más inmadura, pues se lanza a la boda creyendo que es un paso obligatorio en su desarrollo como mujer, soñando que le traerá automáticamente un mundo perfecto. Pero la realidad le explota en la cara bien pronto: la relación con Desi no estaba bien asentada, ninguno de los dos tenían claros sus propios sentimientos. Jessa está en un limbo en cuanto a su situación personal, y se plantea estudiar de nuevo, un proyecto a largo plazo que parece no encajar en alguien tan impulsiva, pero los líos con las drogas parece que le han forzado a sentar la cabeza. En esta elección también pretendía huir de relaciones dañinas, y pensaba que la atracción entre Adam y ella apuntaba a eso, pues podría herir a Hannah, pero él insiste hasta que acaban juntos, con la consecuente pelea entre ambas y los remordimientos en Jessa. ¿Podrá llevar una relación sin sacrificar la otra?

En cuanto a los hombres, estos han terminado teniendo la misma prominencia que las mujeres. El estrafalario y caótico Adam mantiene su carisma y sinceridad bruta. Ray, el mayor y también el más maduro, lidia con el dolor de ver a Marnie echar su vida a perder, pero también de tener su trabajo hundiéndose (delirante la cafetería de hipsters que se lleva su clientela). Elijah, como Marnie, vive un sueño breve: el amorío con un famoso (un entregado Corey Stoll) pasa del idilio a la farsa en un abrir y cerrar de ojos. Desi es un torbellino, como un crío que no entiende sus sentimientos y pasa de la euforia a la depresión y la pataleta de golpe. Y Fran es el ejemplo de chico bueno y responsable, todo seriedad y cordura, lo que a veces lo hace un poco invisible para los demás.

Hannah continúa deambulando sin encontrar algo que la haga sentirse realizada y feliz. Su subconsciente boicotea la relación con Fran y el trabajo de profesora constantemente, como poniéndolos a prueba para ver si son lo bastante buenos para ella. Y cuando revelan que sí lo son, sale huyendo, pues no está preparada todavía, de hecho, aún parece estar lejos de ser una mujer completamente funcional. Entre sus grandes pifiadas deja algunas míticas, como el borrado de las fotos del móvil de Fran, la huida de la caravana en la que iba de vacaciones con él, la pelea con el examen (donde usa a una cría para atacarlo), la mamada en la furgoneta de Ray…

Como siempre, todas estas aventuras analizan y satirizan con gran inteligencia las relaciones humanas, el proceso de crecimiento, la lucha diaria por sobreponernos a las zancadillas de la sociedad y de nuestros propios errores y vicios. El capítulo de la boda (501), el mejor del año para mí (otros se quedan con la odisea por Central Park) define con maestría toda la esencia de la serie, su certera sutileza y profundidad, mediante una infinidad de sentimientos fingidos, explosiones de pánico, pullas, manías, sueños, choques contra la realidad… Momentos geniales tiene un montón, como la conversación sin palabras, la revelación de que no es el primer intento de boda de Desi, los líos con la peluquera… Los otros grandes son el citado Pánico en Central Park (506), el momento de ruptura de Marnie, narrado con un tono de cuento; Hello Kitty (507), con la original obra de teatro en un bloque de pisos entero; y la nueva recaída de Hannah en sus clásicas huidas de la vida real, De vuelta a casa (508), que se remata con Adam y Jessa cargando con el bebé de la hermana de aquel.

Pero esto es Girls, y mantiene todavía su irregularidad. El receso de Hannah y su madre en un retiro (505) trata de parodiar la tontería esa de las convenciones de superación personal y demás, pero en cuanto a humor y progresión de los personajes es un bache de interés bastante grande. La historia del padre saliendo del armario no me convence, resulta un poco artificial, y la situación de la madre en cambio es muy mundana y no consiguen darle el toque de humor cabrón habitual. Tampoco cambia el ego de Lena Dunham, que otra vez fuerza la presencia de su personaje en momentos que no debe: el capítulo de la boda se cierra con un largo plano sobre ella que nadie sabe qué quiere decir (está como pensativa), cuando es el momento de mostrar a Marnie, que es la que se casa, o al menos a todas juntas, que para eso son una pandilla; y el final de temporada nos cuela un plano congelado de su cara, como si pretendiera remarcar la importancia de su presencia cuando precisamente en esos momentos es el personaje menos relevante. Y eso por no hablar de la nueva tanda de desnudos injustificados con lo que se empeña en demostrar que sus muchos kilos de más no le dan vergüenza.

Queda una temporada para finalizar la serie. Dado su tono realista (aunque con una vuelta de tuerca ácida e irónica única), apuesto a que nos dejarán un final abierto, en plan la vida sigue, que en forzar giros bonitos que pongan a los personajes en un rumbo más idílico. Pero desde luego algunas cuestiones supongo que a todos los fans nos gustaría ver más o menos cerradas. Por ejemplo, yo agradecería ver la recuperación de la relación de Jessa y Hannah y conocer la posición de Adam en ella, y que Marnie deje atrás tanta tontería; porque en cierta manera Sosh parece haberse encontrado a sí misma ya, Ray lo logró hace tiempo, y el resto son más secundarios y no espero nada concreto más allá de que tengan un final interesante.