Archivo de la etiqueta: 2004

EL SÉQUITO – TEMPORADA 1

Entourage
HBO | 2004
Comedia | 8 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Debi Mazar, Perrey Reeves.
Valoración:

El séquito fue concebida por Mark Wahlberg, un actor de sobras conocido que empezó aquí su andadura como productor. El entorno (colaboradores, amigos) le indujo la idea de narrar la emocionante vida del séquito de amigos que lo acompañaba en su viaje por el mundo del cine, aunque al final optó por una versión muy ficcionada, dejando de lado el tono biográfico, en parte porque buscaba una comedia y su pasado oscuro (donde un atraco con agresión lo llevó a la cárcel) no encajaba, pero supongo que principalmente para tener libertad total a la hora de crear las historias.

El proyecto fue desarrollado por Doug Ellin, creador y guionista principal, quien no tenía una carrera llamativa pero aquí logró una serie con mucha personalidad, y los directores Julian Farino y Mark Mylod, que imprimieron un estilo de falso documental (ligera cámara en mano, montaje veloz) que proporciona gran naturalidad y un ritmo trepidante, aunque otros muchos actuaron como productores ejecutivos, como Rob Weiss, Eric Weinstein y Stephen Levinson.

Seguimos las andanzas de un grupo de amigos de Queens, un barrio de Nueva York, quienes dejan todo lo que hacían (que en algunos casos era nada) para acoplarse a uno de ellos en su carrera como actor en Hollywood (Los Ángeles), pues el mundo de posibilidades que abre el dinero y la fama son muy atractivos. Como dice este cabecilla, No me metí a actor para trabajar.

Vincent Chase, Vince para los amigos, es el joven con el talento principal que necesita un actor: ser guapo y caer bien con gran facilidad. Mientras la taquilla mande, la interpretación está en segundo lugar. Y parece que el éxito empieza a alcanzarlo: el estreno de Head On, coprotagonizada por Jessica Alba, ha pegado bastante fuerte y esperan que le abra las puertas para poder elegir guiones a su gusto. Este rol sería la versión ficcionada de Wahlberg, eso sí, como indicaba, en plan luminoso. El tío es un buenazo, no parece que le pase nada malo, nunca se agobia ni enfada, no se esfuerza mucho y las cosas suelen salirle bien… Pero pronto veremos que hay más tras esa idílica fachada, pues el personaje es realista y tiene sus áreas grises: tras el éxito fácil se esconde lo habitual, una figura llena de miedos e inseguridades y que no sabe valerse por sí misma. De ahí que su pandilla sea tan importante para él.

Eric Murphy, o E a secas (pronunciado “i” en inglés, en castellano juraría que omiten este apodo), es su amigo de la infancia y el pilar donde se sostiene. Él lo animó a meterse a actor porque veía cualidades y atractivo de estrella. En realidad tenía un trabajo como encargado en un restaurante italiano, pero aun así decidió seguir la aventura de Vince. Hace de mánager improvisado, leyendo los guiones, yendo a las reuniones con el agente y los productores. En seguida se ve también su posición en el grupo: es el más maduro, capaz y trabajador, y aunque Vince es el pegamento que los une, parece que sin él estarían muy perdidos. El personaje se inspira en dos de los productores de la serie, Eric Weinsten, amigo de toda la vida de Wahlberg, y Stephen Levinson, durante mucho tiempo su mánager.

Johnny Chase es el hermano mayor de Vince, apodado Drama por lo evidente: hace una montaña de todo. Tiene una pobre imagen de sí mismo y un humor cambiante, siendo por lo general muy pesimista. Vive a la sombra de la juventud y la prosperidad del otro, porque su carrera duró poco, un papel protagonista en la serie de culto Viking Quest y algunas apariciones esporádicas en procedimentales varios. Y ve que los años se le echan encima. La justificación para que siga viviendo bajo su techo es que se supone que es su entrenador y dietista, aunque el primero es un trabajo inexistente y en el segundo siempre acaba haciendo el desayuno para todos. Parece ser que no está basado en el hermano de Wahlberg, Donnie, con una carrera poco lustrosa, sino en un amigo de la familia al que Donnie encargó cuidar de Mark en su tumultuosa juventud.

Tortuga (Turtle en inglés, en español lo traducen o no según les dé), cuyo nombre real nadie recuerda ni a nadie le importa, es el chófer, recadero y conseguidor. Todos los pequeños amaños y tareas fuera del negocio del cine los aporta él: adquirir las drogas, montar las fiestas, llamar para que pongan el cable o arreglen la piscina… Con Drama forma una pareja de parias inseparables y eternas rémoras de Vince. Se basa en una figura semejante de la panda de Wahlberg, que falleció no mucho después de estrenarse la serie en un desafortunado ataque de asma. Como curiosidad, varios del séquito real llegaron a audicionar para la serie.

Ari Gold es el agente que negocia los guiones y aporta los contactos necesarios para medrar en la industria. Es un tiburón empresarial en toda regla: es famoso en el gremio por ser implacable y exigente, y en lo personal es considerado un tanto odioso (machista, homófobo y todo lo que le eches). Tanta dedicación mina su familia, de la que vemos poco por ahora pero nos hacemos una idea: el matrimonio está en el filo del precipicio. Está inspirado en el propio agente de Wahlberg y uno de los más importantes del mundillo, Ari Emanuel.

El resto de figuras relevantes son presentadas poco a poco. La publicista Shauna y sus pezones, el director indie Billy Walsh (una versión loca de Robb Weiss) y la mujer de Ari serán bastante relevantes, pero otros como los agentes que compiten con Ari, Josh Weinsten y Adam Davies (con los que es fácil liarse con quién es quién), aparecerán también de vez en cuando. Y es inevitable citar los cameos. Por la serie pasarán infinidad de actores haciendo de sí mismos (algunos de forma recurrente), lo que ayuda a mantener el tono de falso documental; incluso alguna vez vemos al propio séquito de Mark Wahlberg cruzarse con su versión ficticia. Este año nos encontraremos con Jessica Alba, Scarlett Johansson, Ali Larter, Jimmy Kimmel, Sarah Silverman, Larry David… Aunque la más destacada sería la aparición de Gary Busey explotando su lado más loco.

El séquito combina con habilidad dos temáticas, la amistad y el mundo del cine. Los ligues, las fiestas y demás vicios guían las vidas de la pandilla, y el trabajo es un medio para ese fin; como repite Vince algunas veces, si tienen que volver a Queens porque fracasa, volverá con la cabeza alta porque tiene a sus amigos. Obviamente esta vida está magnificada por los lujos que permite la incipiente fama: las fiestas en mansiones de famosos y los excesos de todo tipo (drogas, caprichos –a los coches de lujo los laman “juguetes”-) no se acaban nunca. Una vez presentada esta sección vamos introduciéndonos más a fondo en la otra, el funcionamiento de la industria cinematográfica. Entre una juerga y otra vemos las entrevistas, promociones y reuniones con las que debe cumplir Vince, a las que van con el mismo tono despreocupado y fiestero. Pero en la búsqueda del próximo guion vemos la parte más seria, siguiendo todas las fases de este proceso: lo que quiere el actor (algo que le motive), lo que necesita el agente (una película que dé fama y dinero rápido), lo que debe mediar el mánager (no dejar que ninguno de los anteriores pierda el juicio), las reuniones con los implicados en el proyecto, las peleas con las manías y exigencias de directores y productores, hacer concesiones y peticiones…

Y esto sólo es el principio, porque el universo paralelo al Hollywood real que va construyendo la serie conforme avanza cada vez resulta más complejo y atractivo. Veremos la larga y variada odisea de Vince, Ari y Eric por las principales fases que se viven en el mundo del cine en sus respectivos trabajos, llegando a tener una representación muy realista y detallada y sobre todo muy entretenida y divertida, porque aunque a veces cae en el drama siempre mantiene un tono de cuento de hadas gamberro muy seductor.

El ritmo es muy bueno, el humor ágil y sencillo pero nunca simplón, pues no es una comedia tontorrona para adolescentes, sino que busca un tono más inteligente, una perspectiva de la inmadurez y las relaciones entre jóvenes más elaborada. Las aventuras del grupo desbordan ingenio y simpatía, apoyándose sobre todo en la dinámica que mantienen entre ellos (las bromas, los piques y las excentricidades de cada uno). Estos encantadores y magníficos personajes son el factor clave para que esta corta primera temporada, en sus primeros capítulos un tanto predecible y poco prometedora, crezca a ojos vista hasta resultar muy entretenida y emocionante y dejar la sensación de que todavía puede llegar a más (y de hecho lo hace). Y los actores son cruciales en el proceso, mostrando todos una excelente química y gran carisma.

Adrian Grenier como Vince sería el único algo limitado, pero tiene la espontaneidad y candidez justa para que quieras hacerte su amigo. Al parecer fue un casting difícil, porque buscaban un actor con porte de estrella pero que a la vez no tuviera fama, para que fuera más fácil conectar con el personaje; Grenier tenía pocos papeles, lo justo para haber cogido experiencia. Jerry Ferrara (que también venía de unos pocos trabajos irrelevantes) como Tortuga transmite muy bien la mezcla de gracia y pena por parecer el tontito de la panda. Kevin Dillon tenía un currículo más abultado, pero fue esta serie la que le dio más visibilidad: como Drama se hace rápidamente a un rol difícil, el de fracasado con la autoestima rota que finge que todo va bien pero de vez en cuando estalla en ataques de ansiedad o ira; y mejora conforme el personaje evoluciona. Kevin Connolly (Eric) llevaba actuando desde crío, destacando Infelices para siempre, y se nota su soltura: su papel es el más sólido, dotando de gran personalidad a un rol que a primera vista no ofrece características tan llamativas como los otros, pues es el tipo más normal y maduro del cuarteto; es decir, su forma de actuar te describe el personaje antes de conocerlo a fondo: la relación con los demás, en especial con Vince, se construye por sus miradas, gestos y emociones contenidas. La figura más reconocible antes y sobre todo después de la serie es Jeremy Piven, quien con una carrera larga y variada tenía cierto renombre como actor secundario de gran calidad, pero aquí deslumbró a lo grande… Bueno, en realidad en este corto año apenas deja entrever su potencial, pero los realizadores lo vieron y lo aprovecharon al máximo, dándole en adelante un papel mucho más exigente que explotara sus cualidades. Así, Piven cogió a Ari Gold, el agente hiperactivo, estresado y ambicioso, y lo hizo suyo de forma impresionante, llegando conseguir una de las interpretaciones y uno de los personajes más memorables de la historia de la televisión.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 3

The Wire
HBO | 2004
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Idris Elba, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, J.D. Williams, Chad L. Coleman, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la historia del año para poder analizar su mensaje y alcance, y cito la trayectoria general de los personajes intentando no caer en cosas reveladoras ni giros importantes.–

Una nueva etapa se está gestando en la ciudad de Baltimore. Vientos de cambio se aproximan para los grupos que nos conciernen, políticos, policías y nacrotraficantes. David Simon utiliza este nuevo curso para exponer otras perspectivas sobre el fracaso legal, social y político de la lucha contra el narcotráfico, destacando el planteamiento de una cuestión no por antigua menos delicada: la legalización de las drogas.

El otro tema central es la cadena de mando. Ya vimos cómo trabajan los detectives y policías a pie de calle, y los altos mandos sólo aparecían para dar órdenes y fastidiar. Ahora conoceremos a fondo la estructura del cuerpo de policía en sus rangos superiores: mayores, capitanes, coroneles, comisarios y finalmente concejales y alcalde. Este alcalde, Royce (Glynn Turman), está hasta el cuello de homicidios, que van camino de batir récords, y mete presión para bajar esa cifra. Se esperan 275 asesinatos para el fin de año en una ciudad de dos millones de habitantes; como indican los personajes, si ese ritmo se diera en New York serían… ¡4.000 homicidios al año! El subcomisario Rawls y comisario Burrell son el nexo de unión del cuerpo de polícía con el ayuntamiento, y quienes se comen el marrón. Pueden rodar sus cabezas si no arreglan una situación que conocen muy bien como imposible de mejorar con el presupuesto y el personal disponibles. Pero aun así presionan con fuerza a los líderes de los distintos distritos de la ciudad, esperando un milagro imposible porque su visión es tan conservadora como la del resto de políticos y de gran parte de la sociedad. Se aferran a lo conocido, luchan con las mismas herramientas de siempre. Si antes nada de eso funcionaba, no lo va a hacer ahora.

Pensé en legalizar las drogas -Bunny Colvin.

Pero una mente inquieta emerge. Alguien asqueado del conservadurismo, la estrechez de miras y las tácticas obsoletas, alguien que no tiene nada que perder (está al borde de la jubilación) y decide experimentar a lo grande. El Mayor Bunny Colvin (Robert Wisdom), de una comisaría del distrito Oeste, decide seleccionar zonas deshabitadas y forzar que todo el tinglado de la droga se concentre ahí, prometiendo a los narcotraficantes más visibles (los que tienen fichados de las esquinas) que sus policías harán la vista gorda al tráfico en esas secciones pero serán implacables fuera de ellas. No será fácil, pero la respuesta no tarda en llegar: los vecinos de las zonas habitadas viven mejor, los crímenes de la lucha por territorio, es decir, la causa principal de los homicidios, descienden en picado. Y los drogadictos y vendedores hacen su agosto. Hamsterdam lo llaman.

Huelga decir que Colvin será visto como una oveja negra, como un lunático, en vez de aprovechar su visión para estudiar una vía que no pocos defienden con argumentos de peso. Sin ir más lejos, incluso otras personas también abiertas a nuevos conceptos sociales (humanistas, colaboradores en organizaciones sociales y religiosos implicados en las miserias el pueblo llano) le recriminan que lo ha hecho a lo bruto, sin pensar en las consecuencias ni explorar opciones adyacentes que podrían mejorar su plan: los niños que ya no son vigilantes y corredores de la droga quedan desamparados, la higiene no se cuida (agua potable, preservativos, agujas limpias), no hay ayuda para drogadictos en un sitio donde se podría llegar con fuerza a muchos de ellos, etc.

Además su acción supone un giro brutal a la ética vigente que chocará con las mentes simples. Sus agentes, encabezados por nuestros conocidos Carver y Herc, son completamente fieles y tienen mucha fe en él, porque resulta ser uno de los pocos superiores que se gana el respeto de sus hombres no siendo un hijo de puta que mira únicamente por sí mismo. Pero la situación atenta contra todo lo que conocen, supera a su escasa educación y su limitada visión del mundo. Es lastimero por ejemplo el momento en que Carver intenta que los jefes de las esquinas aporten dinero para ofrecer alternativas a los niños que se han quedado sin el trabajo que les daban, y Herc le recrimina que eso es comunismo, como si estuviera haciendo algo inadecuado o inadmisible. El capitalismo lava bien lavado los cerebros del populacho.

A más de diez años de esta temporada está pasando algo impensable: algunos estados están experimentando con la legalización total de la marihuana, viendo llegar pronto los esperables beneficios para la salud pública y el aumento de recaudación por impuestos. No puedo considerar a Simon un revolucionario sin parangón porque esto se lleva pidiendo muchos años, incluso en algunos lugares medio se hacía (Países Bajos), pero sí fue enormemente visionario e inteligente al ofrecer un análisis tan concienzudo del asunto. Episodio a episodio va removiendo conciencias sin forzar mensajes o una ideología concreta, solamente mostrando un complejo “y si…” que estudia todas las caras posibles de la situación. Como en toda la serie, la perspectiva es gris y se inclina hacia el fracaso sencillamente porque es un retrato realista de nuestro fracaso como personas y como sociedad, pero deja un gran poso para que pienses por ti mismo qué falla y qué se puede arreglar en el mundo.

El concejal Carcetti es otro con visión de futuro y aspiraciones. No acepta pasar al olvido en un puesto de segunda y sin poder para cambiar las cosas, y más mientras el alcalde se aferra al cargo sin mirar realmente por la ciudad, presionando al cuerpo de policía sin ofrecer alternativas tangibles. Así que empieza a tantear la posibilidad de presentarse a la carrera por la alcaldía. Lo tendrá difícil por ser blanco en una ciudad de mayoría negra, pero también por estar fuera de los círculos de influencia y poder habituales. Tiene que hacerse notar con su carisma nato, y es inteligente de sobras para escuchar consejo, plantearse las cosas paso a paso, buscar alianzas provechosas, esperar el momento oportuno… ¿Tendrá posibilidades ante la hegemonía de Royce? ¿Podrá su buena fe acabar con la infamia de la corrupción? Carcetti se alza desde sus primeras escenas como otro personaje de enorme magnetismo, siendo por lo general uno de los principales favoritos del público (tras McNulty, Omar y Stringer, el trío de oro, seguramente sea el siguiente). La interpretación entusiasta de Aidan Gillen (ahora conocido por su Meñique en Juego de tronos) es crucial, pero aprovecho para decir que como es habitual todos los actores están espléndidos y es difícil destacar a alguno, si se recuerdan unos más que otros es porque su personaje tiene algo que lo hace más apetitoso.

En las calles que conocíamos las cosas también están llegando a un punto de inflexión. Nos encontramos que, con Avon en la cárcel, Stringer ha tomado las riendas y está dirigiendo el mundo de la droga hacia algo nunca visto, una mafia más inclinada hacia la gestión económica que hacia el crimen. Con las torres que dominaban derruidas por un nuevo proyecto de construcción, hay que buscar nuevos territorios, y hay una opción mejor que liarse a tiros: ofrecer un producto de tal calidad que no sea rival para la competencia. Para ello cuenta con Proposition Joe, el proveedor mejor establecido, con quien sienta las bases de una alianza con los líderes de las distintas zonas de la ciudad. Mientras, también maneja otros planes a largo plazo: lavar el dinero de la droga y moverse hacia negocios más legítimos, o al menos mejor vistos, como las inversiones inmobiliarias y los sobornos políticos para ascender en la ciudad. Ahí se enfrentará a capos que juegan de una forma que no conoce, los políticos corruptos. Parece llegar un futuro muy próspero… pero varios jugadores y nuevos factores prometen desestabilizar este sueño…

Marlo (Jamie Hector) es el ambicioso y beligerante líder de una nueva banda con intenciones de hacerse un nombre en la ciudad, pero su estilo es a la antigua usanza, la violencia en la calle, por lo que no le atraen los beneficios de la cooperativa de Stringer. Huelga decir que él y su séquito (Snoop –Felicia Pearson-, Chris –Gbenga Akinnagbe-) forman otro grupo de personajes maravillosos que atrapan desde sus primeras apariciones. El otro problema es que Avon Barksdale sale de la cárcel y mantiene también su mentalidad callejera: como Marlo, su visión del mundo se limita a la pistola y la esquina, su vida es el éxtasis de la guerra, le domina el hambre de poder ganado por la fuerza. Lo que estaba construyendo Stringer choca con el método de Avon, y el liderazgo parece dividirse.

Sin un capo que deje un reguero de muertos, en el destacamento de Cedric no tienen a quien investigar, y matan el tiempo con intentonas infructuosas y acercamientos a otros individuos con perfil medianamente atractivo. Pero la inminente guerra con Marlo empieza a traer víctimas y su suerte podría cambiar… si no fuera porque se enfrentan a nuevos escollos. Los criminales aprenden con cada varapalo que les trae la policía. Las cabinas telefónicas y los buscas ya están obsoletos, son objetivos fáciles de las escuchas policiales. Ahora utilizan móviles prepago, y cómo no, manteniendo una cadena de mando muy estricta donde no se sueltan nombres. La tecnología del departamento y la ley en general van lentos adaptándose a estos cambios, y la habilidad de Stringer para no ensuciarse las manos es notable, poniendo ante los agentes retos muy complicados.

En esta situación McNulty se desespera, pues Stringer es su objetivo y su obsesión, no desea otra cosa que atraparlo. Tenemos una escena fantástica cuando Lester se harta y le echa en cara que su vida se limita a perseguir a Stringer y que quedará vacía cuando acabe la misión. ¿Conseguirá madurar? Mientras, Kima está convirtiéndose en McNulty: deja de lado la familia, miente, se emborracha más de la cuenta, trabaja para huir de la vida… El resto de personajes están en terreno conocido, pero también tienen mucho que decir. Lester y Prez hacen un fantástico trabajo de oficina, pero en cuanto este último pisa la calle mete la pata a lo grande. Cedric sigue lidiando con los superiores y Rhonda con la ley y los jueces, donde encuentran nuevos problemas (el lío de los prepago) pero también nuevas cosas buenas (su relación amorosa).

Como siempre, tenemos otras historias secundarias tan interesantes y hábilmente relacionadas con el resto que resultan deliciosas aunque de primeras no se sepa muy bien hacia dónde van. Por ejemplo el viaje de Cutty es una presentación muy larga de algo que se desarrollará en la cuarta temporada: el acercamiento a los jóvenes y niños. Este es un antiguo y famoso soldado que tras cumplir una larga condena sale para enfrentarse a un mundo que ha seguido adelante sin él. Los trabajos precarios lo llevan de nuevo a lo que conoce, el crimen, pero ahí se da cuenta de que matar ya no es lo suyo, y comienza un proyecto para devolver algo a la sociedad. Esta sección está bastante apartada del resto, por no decir que lo está por completo, pero Simon es un maldito genio y ni una de sus apariciones ralentiza el ritmo o baja el interés: la construcción del personaje es como siempre excelente, el actor Chad L. Coleman lo hace suyo inmediatamente, la historia interesa y enseña mucho sobre la vida. Tampoco olvidamos a otros viejos conocidos. Omar sigue su cruzada de asaltos varios mientras espera una oportunidad para vengarse de Avon y Stringer; su encuentro con Bunk o el choque con el asesino de la pajarita son muy emocionantes. Bubbles continúa su odisea del drogata, es decir, conseguir dinero para la dosis del día y sobrevivir un día más; y sus colaboraciones con McNulty y Kima son tan encantadoras como siempre.

En cuanto a los mejores instantes de la temporada, aparte de alguno que he ido citando, como también es habitual tenemos unos cuantos por capítulo. Qué menos se puede esperar de una genialidad de tal calibre. Menciono los que más recuerdo, pero se podrían poner muchos más. Avon cruzando el patio de la cárcel mientras los demás reclusos dejan de hacer deporte y esperan a que pase; el juego de las corbatas cortadas que se traen los detectives en una comisaría y el de las latas lanzadas al tejado en otra, que tardarás en ver explicado; la historia que cuenta Bunny sobre la bolsa de papel para esconder la bebida; las tensas reuniones del alto mando sobre cómo va el crimen en la ciudad; Cutty dejando la banda, y en otro momento pidiendo dinero a Avon; la fugaz visita de McNulty a Beadie; la tensión entre Avon y Stringer mostrada en varias escenas magistrales (la del piso es memorable); Stringer conociendo de primera mano la corrupción política y flipando en colores; cuando un esquinero novato intenta vender sin darse cuenta de que es el coche de un policía de alto rango (la radio encendida, el traje puesto); Cheese detenido y cantando por un asesinato que resulta ser su perro de peleas…

Esta temporada es tan colosal que el adjetivo de obra maestra se queda corto, es complicado describir tanta magnificencia con palabras. Su valiente análisis social, complejo y conmovedor hasta el punto de que parece que estás viendo la realidad misma. El grandioso mosaico de personajes, todos tan humanos y cautivadores que te interesas hasta por los más secundarios, pero los más queridos se hacen un hueco en tu corazón para siempre. La densa pero fascinante trama policíaca y criminal, con infinidad de historias, giros y detalles nunca vistos y sin perder nunca ese gran nivel de veracidad. El amplísimo reparto de actores enormes que se adaptan férreamente a sus roles, y a los que te enganchas tanto que eres capaz de ver otras series sólo porque salen ellos. Y finalmente la en apariencia sencilla puesta en escena, que hace gala de un tempo narrativo envidioso y desgrana la historia con gran fluidez. No hay serie más difícil y a la vez mejor ejecutada que The Wire, y las temporadas tres y cuatro suponen una cima creativa que parece inalcanzable.

PD: Robert F. Colesberry, aparte de interpretar al detective Ray Cole (uno de esos secundarios que pululan por la comisaría), era uno de los principales productores ejecutivos. Falleció por problemas de corazón y en la serie no se olvidan de matar al personaje, aunque fuera de escena. Su nombre se mantiene en los créditos toda la temporada.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

ARRESTED DEVELOPMENT – TEMPORADA 2

Fox | 2004
Comedia | 18 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mihcael Hurwitz, Ron Howard, Brian Gazer.
Intérpretes: Jason Bateman, Portia de Rossi, Will Arnett, Michael Cera, Alia Shawkat, Tony Hale, David Cross, Jeffrey Tambor, Jessica Walter.
Valoración:

La ley sigue con los ojos puestos en la empresa y las finanzas de los Bluth, y continúa la búsqueda del desaparecido George Bluth Senior. Michael trata de levantar la compañía mientras lidia con su incompetente familia, teniendo algunas meteduras de pata importantes: se le ocurre dar un puesto de responsabilidad a Job, con resultados desastrosos. Pero como toda acción, le sirve a la familia para madurar y aprender algunas cosillas. Responsabilidad, fidelidad, cuidar unos de otros, etc., son de nuevo los temas recurrentes, donde cada miembro de este peculiar grupo tiene sus achaques y limitaciones varios.

Tobias sigue reprimiendo su homosexualidad y siendo un padre lastimero y distante; su obsesión por los Hombres Azules lo lleva de un fracaso a otro, y los penosos intentos de acercarse a Maeby, como cuando se disfraza de criada, juegan muy bien con la vergüenza ajena para provocar risa. Lindsay con sus causas perdidas y fingidas tampoco logra reforzar el núcleo familiar. Maeby acaba por casualidades de la vida siendo productora de cine. George Michael Junior sigue con su novia Ann, a la que nadie nota y de la que nadie se acuerda. Buster sigue intentando independizarse, pero es difícil estando tan mimado, y emprende acciones poco meditadas, como meterse en el ejército. Lo mejor es cuando pierde la mano, pues el accidente y el garfio darán para mil chistes absurdos geniales.

George y su gemelo Oscar llevan las tramas más largas del año. El primero acaba escondido en el ático, formando una familia con las muñecas y arrastrando otros delirios. De vez en cuando reaparecen Kitty y las supuestas pruebas, mientras el juicio avanza poco a poco. Oscar acaba ocupando el lugar del hermano en el lecho de Lucille, que se sentía sola. Las nada sutiles referencias sobre la paternidad de Buster son descacharrantes, el mejor gag recurrente de la temporada.

Tenemos la misma locura que en la primera temporada: chistes de todo tipo cruzados de formas imposibles, personajes atascados en sus miserias e incompetencias, aprendiendo pequeñas cosas constantemente pero sin llegar a madurar nunca; tramas enrevesadas llenas de giros sorprendentes, el mismo microcosmos de personajes secundarios delirantes (el abogado estúpido sigue siendo mi favorito), los chistes reutilizados (la dichosa freidora) y las paridas innombrables (el muñeco racista de Job).

De hecho la estructura de la serie es tan compleja que en este segundo año se nota un ligero desgaste. No es realmente grave, pero sí se deja entrever que a los guionistas les cuesta mantener los finales de capítulos donde todo se junta y explota en un colofón extraordinario, porque cada vez son menos numerosos y menos elaborados. Con todo, los episodios siguen desbordando ingenio, el ritmo no se ve resentido como para protestar, y la esencia del humor de la serie sigue prácticamente intacta, aunque vuelvo a indicar que no es un humor de provocar carcajadas sonoras, sino de mantenerte con una sonsira constante a través del asombro que provocan sus capas y capas de chistes entrelazados.

Ver también:
Presentación
Temporada 1 (2003)
-> Temporada 2 (2004)
Temporada 3 (2005)