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WESTWORLD – TEMPORADA 2

HBO | 2018
Drama, suspense, ciencia-ficción | 10 ep. de 55-90 min.
Productores ejecutivos: Jonathan Nolan, Lisa Joy, J. J. Abrams.
Intérpretes: Evan Rachel Wood, Thandie Newton, Jeffrey Wright, Ed Harris, Anthony Hopkins, James Marsden, Tessa Thompson, Simon Quaterman, Shannon Woodward, Rodrigo Santoro, Ben Barnes, Peter Mullan, Jimmi Simpson, Clifton Collins, Katja Herber, Zahn McClarnon.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo menciono un par de cosas del argumento que no me parecen cruciales. Tras el siguiente aviso sí entro a fondo en el final.–

Lo veía venir pero ya lo tengo claro: Westworld es la nueva Perdidos (J. J. Abrams, Damon Lindelof, 2004). Tiene en vilo a medio mundo seriéfilo con humo y sensacionalismo, con promesas que llevan a nuevas promesas, con amagos y requiebros que te dejan con la miel en los labios, pero casi nada de contenido real se vislumbra por ahora, y todo apunta a que así seguirá siendo, porque hemos llegado a puntos de inflexión clave en las tramas y no se ha avanzado casi nada con ellas y con los personajes. Los malabares que hacen los guionistas Lisa Joy y Jonathan Nolan para tratar de ocultar el escaso material que han sido capaces de explorar en un argumento con mucho potencial me han resultado exasperantes, incluso ofensivos a veces.

La primera artimaña es la narrativa fragmentada en el tiempo para ralentizar el avance de los hechos y para ocultar información al espectador y así tratar de generar intriga y expectación alrededor de la pobre trama sin que, en teoría, se note demasiado. Si los saltos temporales implicaran nuevas lecturas de la situación, si lograran una atmósfera de suspense efectiva, pero pronto se ve que son desvíos de atención y un intento de dificultar la comprensión del relato para que parezca más complejo. Llega a resultar bochornoso como usan la memoria de Bernard, que va recordando según conviene a los escritores, pero por lo general ni ponen excusas, tenemos línea temporal sobre línea temporal de forma que tienes que estar toda la temporada haciendo grandes esfuerzos para ponerlo todo en orden, un esfuerzo infructuoso porque al final la serie es bien simple, la mayor parte de lo que vemos no es nada más que viajar de un lugar a otro y descubrir alguna pista.

Para alargar la duración lo lógico hubiera sido hacerlo mediante aventuras secundarias de relleno, siempre y cuando estuvieran mínimamente relacionadas con la premisa principal y los personajes no decayeran en el proceso. Y lo cierto es que lo intentan con los episodios centrados en la parte japonesa del parque y con los indios, pero dejan mucho que desear, no hacen sino mostrar las carencias de los escritores, su incapacidad para coger una idea sencilla y desarrollarla bien. El lío japonés se ahoga en estereotipos vulgares y un ritmo plomizo. Qué forma de desaprovechar el dinero (decorados, puesta en escena) y los actores tan llamativos (Rinko Kikuchi, Hiroyuki Sanada). El de los indios sale mejor parado (destacando la sólida interpretación de Zahn McClarnon), pero aun así esa torpeza limita demasiado una historia de amor que prometía ser épica y hermosa y termina siendo previsible y repetitiva. Así, el efecto conseguido es el contrario: en vez de estar entretenido en espera de que vuelva a pasar algo importante tienes la sensación de que te han estafado con un añadido estéril y tedioso.

El segundo ardid son las falsas promesas y el sensacionalismo. El esqueleto de la trama es lo ya conocido, el despertar de los robots y la rebelión contra el hombre, pero en vez de ahondar en la temática y darle un recorrido más trabajado a los protagonistas los autores están empeñados en basarse únicamente en el artificio superficial, y terminan abusando demasiado de recursos que ya de por sí serían bastante cuestionables en pequeñas dosis. Todo forma parte del gran plan de Ford, pero como en Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2004), no hay otro plan que la improvisación de los guionistas. Da igual lo que ocurra, lo que se enmarañen las cosas (como digo, no mucho en el fondo, sólo en la narrativa), todo se justifica y explica como parte del imposible plan de Ford, quien muestra una anticipación a los eventos que ni Hari Seldon (el de La Fundación de Asimov). Pero hay más, mucho más…

Acabarás harto de menciones al Valle del Más Allá, la Cuna, la Forja, la clave en la mente de Abernathy padre… todo ello rodeado siempre de un halo de “va a pasar algo grande que te va a dejar flipado”, para luego ser lo que se veía venir, cosas mundanas muy exageradas: un servidor de datos, una clave de acceso, otra entrada y habitación secreta de las miles que parece haber por el parque. Esto ejemplifica el agotamiento de las pocas ideas que hay, pero por ahora parece que los espectadores siguen cayendo en estas burdas ilusiones. El dichoso Valle ya lo teníamos en la primera etapa en la forma del Laberinto, que no es sino una excusa para mover a la gente, porque si los dejan quietos se ve con mayor claridad que no está pasando nada; cada dos por tres sacan un nuevo enclave secreto con secretos de Ford que no son sino una extensión de lo mismo (¡el PLAN!); y ya he citado la memoria selectiva de Bernard y las idas y venidas en el tiempo que repiten lo mismo en pequeñas dosis (al final parece que ha habido como quince ataques al complejo de oficinas desde donde se dirige el parque).

Las vaguedades de la historia se contagian también al contenido de índole intelectual. Al empezar la serie todo parecía apuntar a que estábamos ante una obra trascendental e inteligente donde se abordarían cuestiones de diversa índole, pero todo se queda en cuatro flojos apuntes que están lejos de cumplir con las expectativas. El parque donde el ser humano puede dar rienda suelta a sus vicios ocultos o encontrarse a sí mismo daba para adentrarse en la psique humana, pero no encontramos ni una sola reflexión relacionada. Los apuntes sobre la conciencia y el libre albedrío, lo más relacionado con la premisa, se quedan en prácticamente nada, unos pocos diálogos pobretones. Las implicaciones éticas de la tecnología de los anfitriones tienen algo más de recorrido, sobre todo con pasajes como el centrado en Delos, pero teniendo infinidad de robots despertando daba para exponer distintas perspectivas, y en cambio los protagonistas están atascados en un bucle sin salida donde no se llega a contar nada con enjundia.

Ese el otro gran problema que se veía venir desde sus inicios y termina por explotar en esta etapa: los personajes tenían un potencial que no llegaron a aprovechar del todo, y aquí empeora la cosa, pues van perdiendo profundidad hasta quedarse en un esbozo inane. En los inicios de la serie al menos Dolores y Maeve resultaban bastante sugerentes, la temporada se sostenía e invitaba a seguir casi exclusivamente por ver su despertar, su lucha por tomar las riendas de sus vidas, pero una vez toman consciencia se ahogan en historias repetitivas que no permiten seguir explorando sus personalidades, y me temo que los poquísimos cambios que llegamos a ver resultan incluso incongruentes.

Dolores sólo quiere vengarse de los humanos por su cautiverio, para lo cual va reuniendo un ejército de anfitriones. Pero su objetivo no podía ser más vago, tanto que al mínimo análisis se cae a pedazos. Busca con ahínco el Valle del Más Allá, esa débil promesa de libertad y respuestas que ni se para a investigar cuando asalta las oficinas, donde sí tenía de información en cantidad al alcance de la mano… y también la salida al mundo real, con la estación de tren. Y para rematar lo que queda de personaje, a mitad del camino se carga a todos los anfitriones y sigue sola, e incluso altera los parámetros de personalidad de su amado Teddy para controlarlo mejor. ¿Por que? No se explica, simplemente se ha vuelto chunga porque sí. Maeve lo único que quiere es encontrar a su antigua hija. La idea de por sí es bastante ridícula: la anfitriona más despierta y capaz no se entera de que las vidas pasadas son constructos del hombre, guiones, y arriesga su vida y libertad y la de todos los que la rodean por sueños absurdos, cuando, de nuevo, lo lógico es ir al centro de mando y estudiar y arreglar la situación desde ahí. Además, tanta penuria con la niña resulta un drama cansino y otro objetivo que nunca parece llegar, porque siempre ofrece un giro que lo aleja un poco más en el último momento. Bernard, que fue el tapado de la primera temporada, cobrando protagonismo poco a poco, es engullido por el mal desarrollo de las tramas: toda su historia se limita a intentar recomponer sus recuerdos, pero ningún avance aporta algo tangible a su forma de ser, a sus motivaciones para seguir adonde quiera que vaya, porque pasa por todos los escenarios pero no como personaje, sino como objeto dosificador de la intriga. Supongo que por presencia se podría citar a Charlotte Hale como personaje principal también, pero esta es incluso peor, sólo sirve para canalizar la lucha de la empresa contra la rebelión, no tiene una forma de ser concreta con la que conectar, su existencia es otro macguffin de baratillo: “¡atención, atento, que trama algo!”. Después de unos pocos capítulos forzando ese misterio acabas deseando que deje de aparecer.

Como extensión de estos problemas los actores ven limitadas sus posibilidades. Tanto repetir las mismas situaciones en cada capítulo (paseo por el desierto, tiroteo de Dolores, llanto de Maeve, confusión de Bernard, soy mala y oculto algo de Charlotte) significa también una interpretación encorsetada: todo el rato con las mismas caras. El gran talento que mostraron en la primera temporada, sobre todo Thandie Newton y Evan Rachel Wood, se ha desperdiciado por completo, ahora incluso empiezan a resultar cargantes.

En un segundo plano tenemos al hombre de negro, o William de anciano, la esperada aparición de Delos (Peter Mullan), y las crípticas intervenciones de Ford. Estos aportan algo de información sobre el nacimiento del parque y su propósito, pero también terminan sobre utilizados como expositores de las tramas y artificios, perdiendo entereza como personajes y acercándose demasiado a convertirse en objetos inanimados. La aparición de la hija de William, Emily, intenta humanizarlo un poco, pero también resulta muy forzada: los encuentros imposibles, el drama familiar remarcadamente lacrimógeno… Sólo el buen hacer de Katja Herbers (ManhattanSam Shaw, 2014-) y Ed Harris les da algo de vida.

Ninguno de los secundarios se trabaja lo suficiente como para interesarte por sus vivencias y destinos. Hay bastantes con nombre (la banda de forajidos y los técnicos que llevan como rehenes), pero me importan un bledo sus desventuras, son entes que van andando por el desierto sin añadir nada claro a las historias o a los demás personajes. ¿Para qué incluir tantos roles si no tienen nada que aportar con ellos? Apenas logran despertar algo de simpatía con Hector, Elsie y Lee, pero porque sus intérpretes Rodrigo Santoro, Shannon Woodward y Simon Quarterman respectivamente están muy bien. El resto podrían desaparecer, que ni te darías cuenta, y con algunos de hecho acabarás deseándolo, como el cansino de Teddy y el no menos insufrible mejicano que se encuentra William cada dos por tres.

Ya la primera temporada era lenta y cabía en la mitad de capítulos, pero esta está completamente estancada, había material para dos o tres episodios como mucho. Terminamos dando apenas un tímido paso desde el final de aquella, porque en vez de avanzar hemos estado dando vueltas en círculos desde entonces. Unos anfitriones salen del parque hacia el mundo real, otros mueren en el intento, y en el proceso tanto estos como los humanos que los controlaban descubren cosas sobre sí mimos y el mundo que antes no conocían.

Como en aquella ocasión, tenemos un episodio final de hora y media que al contrario que los demás sí consigue ser bastante entretenido gracias a una buena dirección y una música efectiva que le confieren un ritmo bastante enérgico, pero claro, no es suficiente para esquivar la mala sensación de que estamos donde teníamos que estar hace diez horas, y para rematar, en el contenido los guionistas se quedan cortos después de tanto anunciar algo grandioso, porque siguen tirando de sensacionalismo más que en centrarse en ejecutar bien los pocos frentes abiertos. Es que ni si quiera se trabajan la coherencia: algunos personajes se han tirado estos diez capítulos viajando al valle para que ahora en el último momento otros se recorran el parque de lado a lado varias veces en minutos.

Alerta de spoilers: Salta al siguiente párrafo si no quieres destriparte el final.–

El dichoso valle no es más que otra ilusión virtual, el proyecto secreto de almacenar la personalidad de los visitantes se queda en el limbo para próximas temporadas, los que salen del parque no hacen nada concreto todavía, Williams al final no se sabe qué busca pero sigue buscándolo, el maldito plan de Ford sigue siendo una entelequia, etc., etc. Y los embustes cantan a distancia. Para qué tanta muerte con planos lentos para forzar el drama si sabemos que nadie está realmente muerto, que todos pueden ser resucitados, que cualquier humano puede ser un robot o convertirse en uno. Sin ir más lejos, la resurrección de Dolores no podía ser más tramposa, tras tanto dramón con Maeve pronto apuntan a su retorno también, y el epílogo con Williams en un futuro ya me diréis para que sirve salvo para sacar un “oh” al espectador facilón y permitir que los blogs que viven del clicbait ganen visitas anunciando explicaciones para quien no haya sido capaz de entender un giro tan efectista e innecesario; ojo también a la trampa de Dolores con la bala usada, que evidentemente no cabe de ninguna manera en el tambor del revólver, de hecho, no pueden mostrarnos cómo lo hace así que no lo vemos, así de manipuladores son… pero hay más, porque resulta que es tan estúpida que no la pone la primera, sino tres balas más allá, sencillamente porque los escritores necesitan extender el clímax.

Una vez unidos todos los grupos y personajes no hay una catarsis, una revelación, una suma que dé algo más grande, sino que cada uno sigue su camino por separado y ninguna de estas direcciones sorprende, la mayor parte sabe a poco o decepciona bastante. No puedes crear tanta expectación si no tienes nada que contar, el esfuerzo debería ir en contarlo bien. Así que no queda otra conclusión: Westworld es la nueva Perdidos, la nueva Battlestar Galactica… bueno, en realidad es peor, porque ni siquiera tiene un ritmo adictivo, un aspecto visual deslumbrante (más allá de alguna buena panorámica del desierto, sigo preguntándome cómo pudo costar tanto) y unos personajes que enganchen con los que pueda entender la admiración que despierta.

Ver también:
Temporada 1 (2016)

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FARGO – TEMPORADA 2

FX | 2015
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Noah Hawley, John Cameron, Warren Littlefield.
Intérpretes: Kirsten Dunst, Patrick Wilson, Jesse Plemons, Jean Smart, Ted Danson, Jeffrey Donovan, Angus Sampson, Bokeem Woodbine, Zahn McClarnon, Cristin Milioti, Rachel Keller, Allan Dobrescu.
Valoración:

Me sorprende mucho la fascinación que ha despertado la segunda temporada de Fargo a pesar de ser incapaz de repetir la fórmula mágica de la primera. Allí ya se veían algunos fallos (subtramas innecesarias, como la del rey de los supermercados) que aquí son la tónica habitual, lo que sumado a otros problemas se traduce en una patente falta de equilibrio narrativo. Donde antes teníamos una serie única y embriagadora, ahora queda un batiburrillo de ideas que no llevan a nada.

La esencia del filme en que se inspira parece estar ahí de primeras. Nos encontramos ante individuos raritos y un entorno de violencia que los engulle en una historia con un tono de humor entre absurdo y negro. Hay un montón de situaciones extrañas, con momentos que tiran al surrealismo, y tenemos diálogos grandilocuentes y monólogos recargados. Pero a la combinación le falta savia, inteligencia y cohesión. Y la cosa empeora cuando se ve que el guionista Noah Hawley parece poner el empeño en saturar el relato con muchas ideas en vez de concentrarse en narrar bien algo más concreto y centrado, en una fallida obsesión con abarcar más de la cuenta, cuando lo que funcionó en la película y la primera temporada fue la sencillez, exprimir al máximo unos pocos protagonistas envueltos en una odisea delirante que mezclaba hábilmente el thriller con un humor ácido, casi cruel. Aquí no se sabe si pretendía hacer cine del oeste, thriller, drama personal, retrato americano, épica criminal a lo El padrino, comedia negra… porque no hay un pilar firme que mueva la narrativa, todas las ideas e historias se meten descuidadamente y a la fuerza. Demasiados frentes, subtramas poco llamativas, anécdotas irrelevantes, personajes rebuscados metidos con calzador, y muy poco avance real. Como resultado, la temporada más que arrítmica carece de rumbo, dando tanto tiros al aire como vueltas en círculos, con lo que se hace larga y pesada.

El enfrentamiento entre bandas que atrapa a algunas personas normales resulta una historia floja y mal hilvanada, y alrededor se monta toda esa parafernalia ostentosa pero a la postre insustancial. El guion no es capaz de ir más allá de unos pocos protagonistas con potencial entre una serie de roles fallidos y unos diálogos que resultan muy artificiosos. Ni siquiera se cuida bien el entramado criminal de cada bando: no se sabe cuántas tropas tienen, aparecen y desaparecen soldados por arte de magia, no puedes hacerte una idea de quién lleva ventaja porque el siguiente capítulo puede empezar con una batalla de decenas de personas que no sabes de dónde han salido.

Sólo logré interesarme por los Blumquist y en menor medida por la pareja de sheriffs, pero su aventura está a años luz del fascinante periplo de Lester Nygaard y las vidas tan atractivas de Gus Grimly y Molly Solverson. El resto de caracteres resultan entre indiferentes y cargantes. Me importó un bledo la familia mafiosa, cuya descripción resulta tan predecible como el posterior desarrollo del conflicto. Sus rivales fueron puro humo, aquí no hay un villano temible como Lorne Malvo, ni siquiera funciona la imitación que hacen con el indio (aunque tiene un par de escenas bastante potentes a pesar de ser puro relleno). El asesino pedante Mike Milligan resulta insufrible, y para colmo es el mejor ejemplo del problema más evidente de la temporada: el artificio sobre la inteligencia y la coherencia. El tío sale en todos capítulos haciendo exactamente lo mismo, y de ahí no se mueve, como si tener un tipo rarito y unos monólogos inflados bastara para dar forma y profundidad al relato. El resto se estanca de la misma manera hasta que algún giro chorra cierra su historia: la vieja y su ambición, el hermano peleón y sus rabietas, la rubita tontita y sus visitas al asesino, el hermano que parece tonto pero es el único que pone algo de cordura… Todos los episodios y personajes repiten el mismo esquema. En la primera etapa los secundarios tenían su momento, sus apariciones espaciadas. Aquí tienen una presencia constante, pero al no tener un recorrido amplio, se limitan a repetir su característica de rigor en todas las escenas; y ese es tiempo que se quita a las figuras principales, me temo.

Por suerte esos protagonistas que funcionan lo hacen bastante bien y salvan el año, aunque haya que quitar mucha paja e incluso arrastre algún tramo que casi resulta soporífero. La línea de los tontos y torpes Blumquist es la única con una evolución dinámica, y los personajes son encantadores. Además los actores Jesse Plemons y Kirsten Dunst lo bordan, en especial esta última, que logra uno de los mejores papeles del año. El carisma de Ted Danson y Patrick Wilson realza bastante a los dos sheriffs, y aunque me temo que su viaje está algo más limitado tienen también algunos buenos momentos. Por lo demás, nada que destacar en una temporada que está cerca de resultar un despropósito. Hasta la puesta en escena, en la superficie muy llamativa por su notable aspecto visual, tiene sus carencias: va con el piloto automático puesto, hay demasiada exposición y vacile visual (muy bonito el encuadre, sí) cuando se tenía que buscar más energía y ritmo (que me dueeermo). Escenas dispersas, reiterativas, plomizas y sin objetivo a la vista hay a puñados.

Le ha pasado como a True Detective. Lo que nació como miniserie tiene que quedarse como miniserie, extenderla no funciona porque el guionista tiene que trabajar a destajo para estrenar un año después, cuando la escritura de la primera tanda fue realizada con mucho detenimiento. O si acaso, si ven que no llega a tiempo y con calidad, deberían convertirla en una producción coral, en conjunto con otros autores. Por suerte con la tercera temporada no van a forzar las cosas: no llegará hasta 2017. Curiosamente, la segunda sesión de True Detective fue vapuleada sin miramientos a pesar de tener algunas virtudes destacables, pero Fargo es aclamada sin verle ninguno de sus muchos fallos.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
-> Temporada 2 (2015)