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LOST IN SPACE – TEMPORADA 1


Netflix | 2018
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 10 ep. de 47-65 min.
Productores ejecutivos: Matt Sazama, Burk Sharpless, Neil Marshall, Marc Helwig, Jon Jashni, Zack Estrin.
Intérpretes: Molly Parker, Toby Stephens, Maxwell Jenkins, Taylor Russell, Mina Sundwall, Parker Posey, Ignacio Serricchio, Raza Jaffrey.
Valoración:

La serie original, creada por Irwin Allen en 1965, fue un producto familiar sencillo (hoy en día nos parecerá ingenuo, quizá incluso cutre) con bastante éxito popular, hasta el punto de que ha propiciado numerosas referencias en distintas películas y series (Los Simpson como siempre a la cabeza). El argumento parte del clásico drama familiar (conflictos paternos, educación de los hijos), pero el giro de tener aventuras en el espacio le daba un aire nuevo en aquellos tiempos; por ejemplo, el robot causó sensación.

En 1998 fue llevaba al cine como superproducción cinematográfica escrita por Akiva Goldsman (El cliente -1994-, Batman Forever -1995-, Batman y Robin -1997-) y dirigida por Stephen Hopkins (Depredador 2 -1990-, Los demonios de la noche -1996-), aunque de calidad anduvo tan escasa que el boca a boca la hundió rápido; ni con la estupenda música de Bruce Broughton y la presencia del insigne Gary Oldman se podía salvar. Hubo un intento de resucitarla como serie en 2004 bajo el título de The Robinsons: Lost in Space. A pesar de estar producida por grandes empresas (Warner Bros. y la cadena Fox) no salió nada bueno y se quedó en el episodio piloto. Puedes echarle un vistazo en Youtube si te atreves. En argumento y tono parece sacada de los años setenta, con lo que renovación poca, y pesar de estar dirigido por John Woo, con varias películas de acción a cuestas (Cara a cara -1997-, Acantilado rojo -2008-), el paupérrimo aspecto visual también empeora las malas sensaciones.

La nueva versión llega de la mano de varias productoras pequeñas y Netflix con dos guionistas que, viendo su corto y débil currículo, tiran un poco para atrás: Matt Sazama y Burk Sharpless tienen en su haber paridas como Drácula: La leyenda jamás contada (2014), El último cazador de brujas (2015), Dioses de Egipto (201) y Power Rangers (2017). Quizá si me hubiera fijado antes en sus nombres ni me habría acercado, pero llegué por el reparto y por el género, no puedo resistirme al espacio y las naves.

Por suerte, esta aproximación es bastante ambiciosa, tanto en lo visual, con un presupuesto sin duda descomunal muy bien aprovechado, como para mi sorpresa también en la escritura. Mantienen el tono para toda la familia, pero no es una cursilada llena de argumentos bobos, tópicos y moralina barata, sino que toman al espectador por inteligente, los autores son capaces de ofrecer aventuras emocionantes para los jóvenes y un envoltorio más complejo y serio para los adultos. Por comparar con otras del género recientes, me estoy acordando de los infumables dramones llenos de personajes estereotipados de Terra Nova (Kelly Marcel, Craig Silverstein, 2011) y Falling Skies (Robert Rodat, 2011), y no hay color.

Las aventuras son variadas y por lo general bastante completas. Se combina supervivencia en la naturaleza y contra el propio ser humano con ciencia-ficción bastante realista, habiendo poca tecnojerga y ciencimagia y más empeño en mostrar el esfuerzo físico pero también intelectual de los personajes de forma verosímil aunque los escenarios sean fantasiosos. Cabe señalar que se ven pronto las intenciones de describir la ciencia, el progreso y la pasión por descubrir cosas como algo que puede traer algún peligro pero siempre recompensas mayores. Un drama familiar tan progresista viniendo de EE.UU. hoy en día es algo atípico y muy valioso.

Los hechos calan en los personajes, no es una vuelta al statu quo tras cada resolución. Hay situaciones traumáticas en casi todos los episodios, con algunas disyuntivas de nivel, como cuando se presenta la elección de salvar a una persona arriesgando a muchas o dejarla morir ante sus narices. Los protagonistas son inesperadamente grises y falibles, incluso la villana crece muy bien tras una presentación que no apuntaba maneras. La perspectiva que esta tiene del mundo se trabaja bien para que su empeño en sobrevivir a costa de todos (por cobardía, incapacidad para ver el cuadro completo, etc.) no la convierta en un cliché con patas sino en un ser miserable muy atractivo. Esto permite otros dilemas interesantes: cómo tratar la justicia y el perdón en el nuevo mundo.

Es cierto que la familia responde inicialmente también a unos cuantos estereotipos. El matrimonio a punto de romperse por las ausencias del hombre por su trabajo, la madre perfecta, el niñito empollón, las adolescentes, una la bohemia y otra la chica de carrera… Pero tienen dimensión suficiente para resultar simpáticos, aunque, al menos todavía, no entrañables, y ocurren tantas cosas que no da tiempo a que se atasquen en sus descripciones iniciales, siempre hay movimiento en las historias y problemas en lo personal y lo ético que los exprimen adecuadamente. Pronto llega el robot, que aporta el toque de misterio. El diseño es espectacular y produce asombro e inquietud a la vez. Y no tardan en aparecer también nuevos grupos de supervivientes, todos bastante interesantes y aportando más historias y conflictos.

Uno de los alicientes que me llevaron a verla a pesar de las reticencias iniciales con que fuera una obra muy infantil es el reparto. Con dos grandes actores como Toby Stephens (Black Sails, 2014) y Molly Parker (Deadwood, 2004) me tenían medio ganado. Pero los chavales también están muy bien elegidos, sobre todo el más difícil, el jovencísimo Maxwell Jenkins, que logra una interpretación muy natural. Y Parker Posey (Superman Returns, 2006) como la malvada doctora Smith también está estupenda en un papel muy complicado: es capaz de mentir hablando pero mostrar su cobardía y sus planes con la mirada.

Lo único que se le puede achacar es que algunas historias personales se ven venir muy de lejos y que a veces pecan de buscar el escenario más grande y exagerado, saliéndose de la tónica realista para forzar algunos finales de episodio de infarto. Las disputas matrimoniales siguen todos los pasos esperables sin un atisbo de buscar novedades, de hecho, ocurre lo contrario, deciden que llega el momento de tener tal situación y la fuerzan, por ejemplo montando a los dos padres en el coche y haciendo que se queden varados por ahí para que tengan que trabajar juntos y acercarse otro poco. En cuanto a efectismo innecesario, hay varios momentos aquí y allá que hacen torcer el gesto un poco, pero la palma se la lleva la salida final al espacio, un despiporre de exageraciones y salvaciones en el último momento, para acabar en un giro tipo Perdidos (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004). Entiendo que había que tener un clímax apasionante, pero es tan artificial que resulta contraproducente, hay momentos en que da más bien vergüenza ajena.

En lo visual no hay ni una pega, tiene el nivel de superproducción de cine, tipo Prometheus (Ridley Scott, 2012) o El marciano (ídem, 2015). El vestuario es impresionante, pero los decorados, vehículos y efectos especiales son realmente asombrosos, y el rodaje en espectaculares exteriores garantiza un aspecto visual arrebatador. Es incluso decepcionante si se mira en el sentido de que hay un montón de grandes obras ciencia-ficción que se quedaron cortas (o incluso canceladas) por falta de dinero, y esta serie menor y algo tontorrona consigue tal despliegue. Directores de talento como Neil Marshall (The Descent -2005-, Centurión -2010-), Vincenzo Natali (Hannibal -2013-) y David Nutter (desde Expediente X -1993- a Juego de tronos -2011-) exprimen las posibilidades al máximo. Ya con las fastuosas panorámicas de hielo y montañas de los primeros capítulos me engancharon, pero partes como la del valle de tierra (donde hay otra nave estrellada a punto de caer por un acantilado) son alucinantes.

Si logran quitarse de encima las pocas limitaciones argumentales y consiguen mantener un interés constante sin inclinarse demasiado por artificios huecos, la serie puede crecer muy bien. Netflix no suelta datos sobre sus audiencias, pero parece que ha tenido buen recibimiento, así que tendremos segunda temporada para comprobar si madura adecuadamente.

PD: Netflix España está optando por no traducir ni un título. Me da rabia, teniendo muchos una traducción tan fácil y resultona.

BLACK SAILS – TEMPORADA 3

Starz | 2016
Drama, suspense, aventuras | 10 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Robert Levine, Jonathan E. Steinberg, Dan Shotz.
Intérpretes: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Jessica Parker Kennedy, Zach McGowan, Toby Schmitz, Clara Paget, Luke Roberts, Tom Hopper¸ Ray Stevenson, Patrick Lyster, Hakeem Kae-Kazim, Lise Slabber, Craig Jackson, Zethu Dlomo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas principales. En un párrafo bien señalado hay más detalles. —

El impresionante y demoledor final de la temporada anterior dejó a los protagonistas en un limbo muy intrigante. El comienzo de esta nueva etapa puede descolocar con esa larga y desganada introducción a Teach, más conocido como Barbanegra, pero las malas sensaciones se van rápido con el espectacular plano secuencia que nos muestra a la tripulación de Flint en su actuales quehaceres, esto es, sembrar el caos como venganza, labrarse una reputación de temibles para que Inglaterra se lo piense dos veces antes de mover ficha. Pero también sirve para mantener a los piratas de Nassau en sus filas, pues han realizado un pacto con Vane, Rackham, Max y unos pocos capitanes para mantenerse unidos defendiendo el oro de la Urca de Lima, el maltrecho fuerte y por extensión la isla.

Inglaterra sin embargo cuenta con un as en la manga: los conocimientos de la prisionera Eleanor sobre cada líder, de cada punto fuerte y debilidad. Con esa ventaja, más una flotilla bien armada en cañones y tropas, un estratega serio y experimentado como es Woodes Rogers tiene mucha confianza en su éxito ante cualquier respuesta violenta… Pero su inteligencia lo lleva a abordar el intento de controlar la isla primero con otros métodos: un perdón global. Mientras, la única esperanza de los piratas en el liderazgo en una respuesta por la fuerza es el hábil capitán Flint, pero parece haber muerto en una confrontación con el capitán Hornigold, que estaba persiguiéndolo.

Esto es sólo el punto de partida de otro año deslumbrante de esta colosal obra de intrigas políticas y personales. Damos otro paso en su crecimiento, mostrando una fantástica evolución en los personajes y unas historias aún más asombrosas en su complejidad y atractivo. La narrativa es casi sofocante, con su infinidad de tramas y personajes enredados uno sobre otro en una maraña de conversaciones y maquinaciones que mantienen una expectación de altísimo nivel donde estás siempre sin saber qué se acerca y cómo superarán cada nuevo giro de acontecimientos. Cada personaje y bando trata de sacar adelante su vida y sus planes a duras penas, chocando con las acciones e intereses de los demás, habiendo resultados inesperados y sorpresas prácticamente en cada capítulo que ponen todo patas arriba de nuevo y obliga a todos a rehacer sus intenciones y, a veces, también sus convicciones.

Flint perdió lo que le mantenía los pies en el suelo, y desata su ira en un círculo vicioso: más muerte no sacia la rabia y el dolor. Su cordura pende de un hilo, y son John Silver y Billy Bones quienes lo traen hacia la realidad. Billy nunca ha conseguido destacar, siendo un secundario más como puede serlo el contramaestre De Groot, pero Silver pasó de pícaro cargante en la primera temporada para dejar huella en la segunda como un protagonista principal irresistible. Ahora sigue madurando y ganando atractivo. Su implicación en la tripulación, alejándolo del individualismo previo, lleva una transición que engancha en cada paso, y su inteligencia la dedica ahora más a pensar a largo plazo que en la supervivencia diaria, aunque esto último no desparece, pues se ata a una relación simbiótica con Flint: en todo momento trata con este ego y su oscuro viaje intentando que no descarríe y se lleve a la tripulación con él. Suyas son algunas de las mejores escenas no de la serie, sino del año televisivo: el viaje en bote en plena calma chicha es el mejor ejemplo de ese tira y afloja constante, de las maniobras sutiles y las conversaciones tan inteligentes que tienes que hacer un esfuerzo para ir entendiendo cada pretensión, giro y resultado.

Vane también está embarcado en un proceso de cambio muy sugerente y, dada su posición inicial, sorprendente pero no inverosímil, pues también se ha trabajado con esmero. Es otro que ha empezado a pensar en el bien común, y enfrenta no pocos dilemas internos en su nueva posición. Algunas ofrecen otros de esos momentos de contener la respiración, como cuando debe elegir entre Flint y Teach; además, estas situaciones las vamos viendo en su mirada y sus silencios meditabundos, mostrando que los realizadores también saben narrar sin diálogos cuando se ponen a ello. Rackham no cambia bruscamente, pero sí tiene virajes muy interesantes según se imponga su idea de dejar marca, de que su nombre se recuerde en la historia, o la obligación de trabajar en equipo. Entre sus muchos grandes momentos también hay alguno memorable, como su determinación tras su primera charla con Rogers.

Pero los que no cambian tanto también resultan personajes estupendos y están embarcados en odiseas que atrapan con gran fuerza. La relación entre Max y Anne nos es conocida ya, y Eleanor se encuentra inesperadamente en un lugar semejante al que empezó, pero esto no limita su rango de acción, dejando otra infinidad de intrigas personales enrevesadas y escenas geniales, como el tramo final, donde prácticamente las tres tienen el control de la isla en sus manos mientras los hombres batallan en el caos, y van moviendo los hilos como bien pueden para que no se venga todo abajo o, simplemente, para vivir un día más.

Y tenemos nuevos protagonistas magníficos. Se anunciaba a lo grande la llegada de Ray Stevenson (Tito Pullo en Roma) como Barbanegra, y desde luego resulta una figura seductora y temible a la vez, pero nos encontramos con un roba escenas de cuidado en Woodes Rogers, el inglés que tiene la misión de gobernar Nassau. El intérprete Luke Roberts era bastante desconocido, con una carrera corta y sin papeles que causaran impresión, pero el casting ha estado acertadísimo con él: está a punto de desbancar al mismísimo Toby Stephens (Flint) en porte y capacidad de absorber toda la escena, la solidez de su interpretación y la calidad del dibujo del personaje dejan otro protagonista memorable. Del resto de actores ya hablé en la segunda temporada: tenemos uno de los repartos más sólidos y carismáticos del año.

Esta vez he notado un mejor ritmo y equilibrio global, sin tramos que pierdan fuelle dignos de citar, aunque algún momento en que la conversación está claramente inflada sigue habiendo, como esa de Max y Bonny en la cueva hablando de la familia. Igualmente se puede detectar algún fallito o cuestión algo grisácea, aunque lo cierto es que son detalles, no agujeros grandes, y viendo la extraordinaria dificultad del conjunto se perdona.

Alerta de spoilers: Cito algunos momentos concretos, salta al siguiente párrafo si quieres evitar spoilers.–
Me pregunto cómo, del capítulo quinto al sexto, sabe Flint dónde estará Teach. Tampoco se explica cómo quedan Max y Bonny en el principio del séptimo (a las faldas de una pequeña loma) y cómo la segunda conoce la situación de Rackham, si no se han visto desde antes de los eventos que tratan. Me parece un poco cogida por los pelos la excusa que ponen para que Mr. Scott acabe en la isla de esclavos fugados justo en el momento clave, con esa frase cutre de “¿Conocéis vuestras instrucciones?”… pues claro que sí, lo han hecho mil veces (final del 304). Pero la única situación un poco más grave sería la forma en que Max actúa en la treta de la entrega falsa a Bonny hacia el final de temporada: sabiendo que se la iban a jugar y tenía muchas posibilidades de acabar muerta, no me creo que no pusiera algo más de esfuerzo para mejorar la situación, dado su íntima relación y lo que se mueve para arreglar las cosas.

La puesta en escena continúa mostrando un gran esfuerzo por lograr una recreación llamativa de la época y unas secuencias de acción que te dejen pasmado. Sigue pesándole la elección de ahorrar tiempo en algunas conversaciones acabándolas en un plano contra plano que desaprovecha el gran trabajo de fotografía y composición de escenarios, pero también ha ido madurando en este aspecto: se ha reducido un poco, y la cantidad de planos que van de lo excelente a lo hermoso es cada vez mayor, acabando con numerosos fotogramas dignos de enmarcar (la reunión en la loma cerca da playa de Anne y Max), escenas hipnóticas incluso en pequeñas habitaciones, planos secuencia sublimes, escenas marítimas acojonantes (cada vez mejor la recreacion de los barcos en alta mar), decorados que parecen de cine (el pueblo de esclavos) y una batalla que hace época.

Por desgracia, me temo que estamos otra vez ante la injusta falta de fama que está teniendo la serie en contraposición con su rival más directa, Juego de tronos, que está extremadamente sobreexpuesta. Incluso la fallida Vikingos tiene más respaldo popular. El asalto a la diligencia es probablemente el mejor plano secuencia visto en una serie, una maravilla al lado del simple paseo que se dieron entre casas en True Detective y ante el que la gente se emocionó de forma desmedida, pero ha pasado sin hacer ruido.

Aunque le costó desplegar todo su potencial, Black Sails se ha terminado alzando como una de las mejores series de los últimos años, y estoy seguro de que el paso del tiempo, el boca a boca, la pondrá en su lugar.

PD: El único fallo, e imperdonable, es que no hayan editado las bandas sonoras de las temporadas dos y tres todavía. El excelso trabajo de Bear McCreary merece más respeto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

BLACK SAILS – TEMPORADA 2

Starz | 2015
Drama, aventuras | 10 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Robert Levine, Jonathan E. Steinberg.
Intérpretes: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Jessica Parker Kennedy, Zach McGowan, Toby Schmitz, Clara Paget, Louise Barnes, Ruper Penry-Jones, Tom Hopper¸ Andre Jacobs, Roland Reed, Patrick Lyster.
Valoración:

Alerta de spoilers Sólo describo los personajes y la posición inicial de las tramas. En un párrafo bien señalado comento un par de cosas más detalladas.–

La breve primera temporada no empezó muy bien, mostrando unos capítulos iniciales algo torpes tanto en guion como en puesta en escena. Hacia el final ya empezaba a verse cómo sus autores se acercaban más al potencial latente en la serie, asentando la prometedora historia y aprovechando mejor el dinero echado en la producción. Esta segunda etapa explota por completo todas las promesas, llegando a ser impresionante, de las imprescindibles del año, y la única capaz de rivalizar con Juego de tronos en temática y acabado: un monumental thriller político embadurnado de épica de aventuras y rodado derrochando recursos. Sólo algunos fallos y excesos impiden que estemos ante una obra tan extraordinaria como parece que podría llegar a ser. Juego de tronos lleva cinco años en ese limbo, sin despegar del todo salvo por algunos capítulos espléndidos, a ver si Black Sails consigue llegar más lejos.

Desde el primer capítulo se observa el subidón, el mayor equilibrio en el dibujo de protagonistas y tramas y el acomodamiento de los directores a la hora de lidiar con un rodaje de gran tamaño y dificultad. Es asombroso cómo a lo largo del año los guionistas manejan tantos individuos y facciones que danzan uno alrededor del otro constantemente, de forma que cada movimiento de uno afecta a los demás y todos reaccionan según sus formas de ser. Ya no tenemos ningún rol que parezca monocromático, todos muestran una personalidad bien definida, y algunos de hecho resultan fascinantes. Los comento de más favorito a menos.

Flint es de los personajes más memorables de los últimos años, gracias a su porte, estilo y energía, a los flashbacks que van describiendo más a fondo su psique, motivaciones e intenciones (atención al plan a largo plazo que trata de realizar)… y sobre todo por la monumental interpretación de Toby Stephens. Rackham es la inteligencia personificada, y el actor Toby Schmitz es de nivel también; si elige bien sus próximos papeles puede llegar lejos. Y con él vienen Anne Bonnie, la mujer pirata y su aura melancólica, y Max, que se alza como otra hábil jugadora del juego de tronos a pesar de que parecía poca cosa en principio. John Silver es el gran superviviente; en la primera etapa me resultaba un poco forzado, pero aquí me ganó rápidamente: su carisma y su habilidad para sacar algo de cualquier situación, por desafortunada que parezca, garantizan infinidad de giros inesperados. Eleanor supera el escollo de la belleza y juventud de la actriz Hannah New, en parte porque logra un buen papel, pero sobre todo porque al conocerla mejor resulta una figura más verosímil: se muestran muy bien sus maquinaciones, su ambición y los mil problemas que enfrenta. Vane es el pirata bruto, impulsivo y dado a obsesionarse, pero no tanto como para ser estúpido: es capaz de hacer buenas jugadas individuales, pero el tablero global es demasiado complejo para él. Se realza su potencial con el físico y la voz de Zach McGowan, que causan pavor. Y no se descuidan los secundarios, que también aportan en mayor o menor grado factores en la ecuación de la vida en Nassau y alrededores: los tripulantes de los diversos barcos, las prostitutas, los ingleses de la historia de Flint…

Siendo una serie de piratas, los que no se ha puesto con ella (o se han quedado en el flojo inicio) pueden hacerse la equivocada idea de que es aventuras al estilo Piratas del Caribe, con batallas y tesoros y quizá motines. Pero como indicaba al empezar este comentario, es más un thriller de intrigas políticas y personales, y además con un pie en la ficción histórica, pues la recreación de la época y de los piratas es muy realista. Cada corsario, tripulación y grupo formado por alguna afinidad temporal (los capitanes pueden ser depuestos votando, así que hay alianzas y pugnas constantes) tiene sus propias ideas y planes que persigue con ahínco. Y luego tenemos la sombra de la ley, pues Inglaterra y España los proscriben y podrían ponerse serios en cualquier momento con el asentamiento en la isla.

Así, aunque hay bastante acción y espectaculares batallas navales, la serie es todo diálogo, maquinaciones, mentiras y un giro tras otro que obliga a cada personaje a replantearse su estrategia cada dos por tres, con lo que tenemos varias sorpresas enormes por capítulo que cambian todo de forma inesperada, formándose una atmósfera de tensión y desconcierto que desemboca en un tramo final inmenso, sobrecogedor. Las tramas globales son dos. Una es el oro del Urca de Lima que persigue la tripulación de Flint y que atrae muchas miradas a pesar de la intención de mantenerlo en secreto. La otra es el futuro de Nassau, que oscila entre los que quieren un estado utópico al margen de Europa, pero legal y aprobado, y los que sueñan con la libertad anárquica. Flint y Eleanor contra Vane, básicamente, pero con todas las tripulaciones, el pueblo y otros jugadores importantes (el capitán Hornigold por ejemplo) teniendo que ser convencidos por uno u otro bando.

Con tanto personaje fascinante, tanta trama enrevesada y llena de sorpresas, y el buen acabado visual, casi resulta un año perfecto… Casi. Aún le falta algo para la excelencia. Por un lado están los excesos. Se pasan un tanto de rosca a veces tratando de formar las intrigas más rebuscadas y poniendo una sobre otra hasta que parece imposible que puedan pasar tantas cosas: tenemos conspiración sobre conspiración hasta no saber qué conspiran. También se nota este tono grandilocuente en los diálogos, que de sobrecargados, densos y pedantes parecen impropios para muchos de los personajes (el esclavo negro se echa unos discursos imposibles para su educación, muchos piratas evidentemente poco cultos, como Vane, lo mismo). Muchas veces tienes que reconstruir el diálogo en tu cabeza y analizarlo para saber qué demonios han dicho. ¿Por qué ese empeño en parecer la serie más inteligente y compleja? Una norma de oro en la narrativa es ser claro, y otra trambién imprescindible es adecuarse al contexto. Aquí se las pasan por el forro un poco más de la cuenta, con lo que a veces queda algo artificial y empalagosa.

Además, en estas condiciones es complicado mantener siempre la coherencia más perfecta, y alguna escena un tanto fallida se puede encontrar.
Alerta de spoilers Sólo son un par de detalles, pero si no quieres saber nada salta al siguiente párrafo.–
Por ejemplo, una muy clara es que, tras estar Flint y Silver días sufriendo para que la tripulación los acepte de nuevo, resulta que son los únicos que bajan a Nassau al llegar allí. ¿De repente los demás tienen total confianza en ellos? No, no cuadra. Otra bastante cantosa ocurre en el episodio 205: no tiene lógica alguna que Flint, Miranda y Eleanor, cuando deben reunirse de emergencia porque todo está a punto de explotar, en vez de apartarse un poco en la playa para que no los oigan los demás, se van a la aldea, se meten en la taberna, echan a todo el mundo… Resulta una forma cutre de extender la intriga por cómo saldrá la discusión. Por suerte estas situaciones son escasas, y la gran mayoría de los giros son muy eficaces.

La puesta en escena es notable pero no impecable, pues también tiene algún aspecto que se puede mejorar. No me molesta que se note alguna digitalización (Charles Town canta un poco), porque obviamente tienen recursos limitados, y además lo que funciona bien de hecho resulta excelente: ya no sé distinguir qué barcos en alta mar son digitales y cuáles no. Además los decorados, sean barcos o Nassau, y el vestuario, son magníficos, garantizando una inmersión completa en la época retratada como pocas series se pueden permitir. Los directores, aparte de dar muy buen ritmo a una narración más pausada y tensa que trepidante, aprovechan muy bien todos esos recursos, consiguiendo un aspecto visual sensacional (la fotografía tiene planos embriagadores en cantidad) que te mantiene asombrado constantemente; además, cuando llegan las escenas de acción estas están a un nivel que sólo se ha visto en la HBO: ¡qué pedazo de batallas navales! Sin embargo un detalle del estilo narrativo elegido arrastra una restricción equivocada: el uso de primeros planos es a todas luces excesivo. Casi todas las conversaciones empiezan bien, situándonos adecuadamente en el escenario y la localización de cada personaje, pero se van cerrando a los rostros y acabando en un plano contra plano como si de una serie menor se tratase. Así se ahorran tiempo de planificar y rodar escenas más complejas, pero desaprovechan un poco el potencial, rompen más de la cuenta el hechizo de fascinación que podrían mantener en todo el capítulo. Es decir, en lo visual sí se quedan un peldaño por debajo de Juego de tronos.

PD: El actor del contramaestre Dufresne cambió por problemas de salud.

Ver también:
Temporada 1.