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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 2


BBC Two | 2014
Drama, suspense | 6 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Joe Cole, Harry Kirton, Paul Anderson, Helen McCrory, Spophie Rundle, Sam Neill, Finn Cole, Tom Hardy, Charlotte Riley.
Valoración:

Se va materializando esa maduración de la que sus cada vez más numerosos seguidores anuncian, pero todavía me parece poco para hablar de una gran serie. Lo primero es que se observa es más esfuerzo en profundizar en la familia Shelby, pues en la primera etapa me quejaba de que los hermanos quedaban muy descolgados. Cada uno de ellos gana dimensión, vamos conociendo algo más allá de sus formas de ser, sus demonios internos, sus esperanzas sobre el futuro… Los problemas de Arthur para centrarse y su viaje con las drogas son muy interesantes, por ejemplo. Pero incluso con esas al final les roba protagonismo un nuevo personaje, un hermano dado en adopción tiempo atrás y que ahora quiere entrar en la familia. La historia del joven deslumbrado por el dinero y poder no es nueva, pero Michael, eficazmente interpretado por Finn Cole en su primer papel principal, es un rol que no deja la sensación de ser un estereotipo, sino que resulta atractivo y te interesas por su porvenir.

También hay mejora en las tramas, un tanto encorsetadas en la presentación de la serie, pero ahora algo más originales y elaboradas. Los planes de Thomas siguen siendo ambiciosos, de forma que los Shelby plantan cara a varios frentes y también se buscan otros nuevos, pero con su inteligencia y talante los va sacando adelante a pesar de los numerosos obstáculos. Entre ellos destacan los roces familiares, donde debe acallar voces y mantenerlos a todos cohesionados, en especial a su tía Polly.

La temporada es corta pero trepidante. Hay tantos planes, intrigas y giros inesperados (atención a la escena de un protagonista cavando su tumba) que engancha bastante y permite volver a verla, o incluso lo requiere, si te has perdido en alguna de las muchas maquinaciones cruzadas. Vuelve a destacar el papelón de Cillian Murphy, bien secundado por Helen McCrory, y la puesta en escena (cámara en mano, iluminación natural, escenarios sucios) que tan bien nos sumerge en el ambiente de la época. Momentos épicos hay unos cuantos, como la pugna entre Thomas y Alfie Solomons, encarnado por un imponente Tom Hardy, que ofrece un par de escenas inquietantes, la entrada gradual de Michael en la familia, la tensión creciente en el asalto al hipódromo…

Pero sigue habiendo aspectos mejorables y algunos giros un tanto pasados de rosca. Me ha dejado muy malas sensaciones el rival mafioso, el italiano. A pesar de contar con un buen actor como es Noah Taylor el personaje no impone, se queda en un villano de relleno dibujado con cuatro trazos, y palidece al lado del gran Alfie. Pero lo más grave es que incomprensiblemente nos traen de nuevo lo peor de la primera temporada cuando parecía que nos habíamos librado de ello. El pesado del detective Cambpell, ahora mayor, vuelve con el acento forzado de Sam Neill y su historia tan sensacionalista, con momentos de vergüenza ajena, como la violación. Y para rematar, también tenemos a Grace y la sosa Annabelle Wallis, con la relación amorosa en tensión más floja que recuerdo en años.

Así pues, Peaky Blinders todavía tiene mucho margen para mejorar.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)

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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 1

BBC Two | 2013
Suspense, crimen | 6 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Sam Neill, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Iddo Goldberg, Sophie Rundle, Joe Cole, Alfie Evans-Meese.
Valoración:

El guionista inglés Steven Knight se ha ganado bastante renombre en el cine gracias a algunos éxitos como Aliados (Robert Zemeckis, 2016), Un viaje de diez metros (Lasse Hallström, 2014), El caso Fisher (Edward Zwick, 2014) y sobre todo Promesas del Este (David Cronenberg, 2007). En televisión empezó a hacerse notar con Los detectives (Nic Phillips, 1993-1997), pero pegó el pelotazo con Taboo (Chips Hardy, Tom Hardy, y el propio Knight, 2017), que sin ser extraordinaria ha causado bastante impacto, quizá por el tirón de su protagonista, Tom Hardy. Antes de ella creó Peaky Blinders (2013), que ha ido ganando adeptos con el tiempo, más aún con la llegada de Taboo.

La serie se inspira en la mafia que le da título, los Peaky Blinders, que operaba en Birmingham, Reino Unido, desde finales del siglo XIX. Nos embarcamos en sus aventuras en su momento álgido, en el período de entreguerras, siguiendo las andanzas de una familia ficticia que la dirige, los Shelby. El joven Thomas vuelve de la Gran Guerra con fuerza y experiencia pero sobre todo con una gran ambición que lo empujarán a hacerse con el poder e ir expandiéndose. Su hermanos y su tía no conocen otra forma de vida, y darán todo por seguirlo en los negocios donde mejor florecen estos criminales, como las apuestas. Pero el hacerse notar también implica ganarse nuevos enemigos, sean otras familias o el gobierno, que envía a un duro detective contra ellos.

La premisa expuesta en los dos primeros capítulos no es muy alentadora. El dibujo de la familia mafiosa obedece a todos los clichés del género, recordando demasiado a Los Soprano (David Chase, 1999) y especialmente a Hijos de la anarquía (Kurt Sutter, 2008). La pugna del joven con visión contra los veteranos obtusos, la matriarca que ha tomado las riendas ante un padre ausente (aquí recuerda muchísimo a las andanzas de los moteros), la riña con la familia contrincante, los negocios típicos, las peleas, las fuerzas de la ley intentando darles caza… Lo peor son el policía, con Sam Neill forzando acento irlandés en un rol demasiado arquetípico, y la chica infiltrada, que resulta muy aburrida, en especial por la pobre interpretación de Annabelle Wallis.

Así pues, no parecía una obra con aspiraciones y potencial suficiente para destacar. ¿Qué me hizo seguir? Principalmente las críticas que hablan de gran subidón en las siguientes temporadas, pero también que posee bastante personalidad. La sociedad de la época queda bien retratada, destacando la dura vida de los barrios bajos. La puesta en escena logra un buen un aspecto visual sin alardes (no hay mucho dinero): las pocas calles y locales que vemos están muy bien ambientados, la iluminación y la cámara en mano consiguen una inmersión muy efectiva, y aunque no llegue a ser deslumbrante sí tiene muchos buenos momentos y algunos planos excelentes. Pero lo mejor es que Thomas es un personaje central muy jugoso, y la interpretación de Cillian Murphy magnífica desde el primer momento. Los traumas de la guerra le dan un poso dramático muy interesante, su determinación e inteligencia resultan bastante atractivos, y su lado humano, aunque sea con el predecible enamoramiento con la infiltrada, termina de formar un rol complejo que evoluciona a ojos vista y promete mucho más.

El problema es que no terminan de desarrollar a los demás protagonistas, a pesar de centrar algunos episodios en varios de ellos. El dibujo de los hermanos es mejorable, incluso cuesta saber cuántos son. De hecho, la pandilla crece y decrece según se necesite gente para una historia u otra. Lo peor es que el policía y la chica resultan cansinos, y su desenlace es lo más predecible en un repertorio de historias nada novedosas.

En conjunto resulta un entretenimiento muy digno. Los capítulos son largos, de una hora todos, pero siempre hay movimiento y sensación de que cada intriga y plan tendrá repercusiones, de forma que, aunque estas se vean venir, no hay tiempo para que aparezca el aburrimiento. Y Thomas sostiene la serie con un magnetismo arrollador, siempre quieres saber más de él, si superará los traumas de la guerra, si levantará a la familia, si será capaz de mantener la trama criminal, si vencerá al insistente policía… Deja algunas escenas bastante potentes, como cuando pone a prueba a la prometida de su hermano u obliga a otro a casarse para unir familias. Estas recuerdan que hay bastante potencial por explotar e invitan a seguir viendo la próxima temporada.

TABOO – TEMPORADA 1

BBC One | 2017
Thriller, drama, aventuras | 8 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Chips Hardy, Tom Hardy, Steven Knight.
Intérpretes: Tom Hardy, Jonathan Pryce, David Hayman, Jessie Buckley, Oona Chaplin, Edward Hogg, Stephen Graham, Franka Potente, Michael Kelly, Tom Hollander, Richard Dixon, Leo Bill, Jefferson Hall, Nicholas Woodeson, Mark Gatiss, Lucian Msamati.
Valoración:

Tras su buena experiencia con Peaky Blinders, Tom Hardy mantiene un pie en la televisión con una nueva producción levantada por él, su padre y su amigo el guionista Steven Knight, creador principal de aquella serie, entre otros trabajos (Locke, Aliados, Promesas del este). La premisa es de hecho del propio Hardy, aunque el desarrollo lo han llevado aquellos dos, más los directores elegidos, los nórdicos Anders Engström y Kristoffer Nyholm, conocidos por Wallander, Forbrydelsen y otras exitosas por esas tierras. El plan es hacer tres temporadas.

Estamos en 1814. En Inglaterra gobierna el regente estrafalario y enfermizo George IV mientras su padre agoniza, aunque la Compañía de las Indias Orientales ostenta gran poder también. Tras la guerra de indepencia de Estados Unidos de América, la tensión sigue estando latente entre los dos países en la reelaboración de las fronteras americanas, donde cada facción quiere su pieza del pastel.

En un entierro reaparece inesperadamente el hijo del fallecido, James Delaney, tras estar más de una década desaparecido. Su retorno pone la zancadilla a los planes de la corona y de la Compañía, que esperaban heredar la isla de Nootka (o Nukta) y su estrecho, una zona crucial en la costa noreste de América, sobre todo por el comercio marítimo con Asia. Pero Delaney viene con unas motivaciones claras respecto a esas tierras, y se lo pondrá difícil a todos los bandos, por muchos que estos se esfuercen.

En la onda de Peaky Blinders, Copper, Ripper Street y semejantes, Taboo es una de misterio que exprime bien la sordidez y violencia de la época retratada, sumergiéndonos en un ambiente sucio, mísero y caótico donde la odisea de los protagonistas siempre está cargada de pesares y dramas. Delaney (Tom Hardy) está acosado por fantasmas del pasado, como la relación con sus padres y una tragedia que vivió en sus viajes. Su hermana (Oona Chaplin) está casada con un tipo arisco y con arrebatos de violencia (Jefferson Hall), aunque no menos inquietante es la relación con Delaney, incesto incluido. La ambición desmedida de Stuart Strange (Jonathan Pryce) al mando de la Compañía es su propio pozo de tormentos. Y en los secundarios tenemos un repertorio muy interesante que sigue a rajatabla la fórmula: putas poco higiénicas, actrices que a duras penas sobreviven en un mundo de hombres, homosexuales ocultos, granjeros pobres, espías sin escrúpulos, asesinos despiadados… Delaney usa a todos como puede para sacar adelante su lucha incansable, a algunos con más tacto que a otros, y que Dios se apiade de estos últimos…

La ambientación es muy potente en lo visual a pesar de tener un presupuesto ajustado (unos doce millones de euros), con unos decorados y un vestuario que lucen muy bien, sobre todo gracias a una fotografía estupenda. Las labores de dirección son sólidas y el reparto es notable, destacando al inmenso Jonathan Pryce (Juego de tronos, Piratas del caribe), al carismático y sombrío Tom Hardy (Mad Max, Legend, El Caballero Oscuro: La leyenda renace), a su afligido mayordomo David Hayam (El niño del pijama de rayas), con una voz áspera que te dejará anonadado, más un repetorio de secundarios de lujo como Franka Potente (El caso Bourne, Copper), Stephen Graham (Boardwalk Empire), Michael Kelly (House of Cards, Wolf Hall), Mark Gatiss (Sherlock)… Por ello, la única intérprete algo floja se nota más de la cuenta: Oona Chaplin (Juego de tronos, Black Mirror) no está a la altura. Tampoco deslumbra la música, a pesar de ser de un gran compositor al que admiro desde sus primeros trabajos, Max Richter, que deslumbró fuera del círculo sinfónico-minimalista con la serie The Leftovers; su labor aquí resulta un tanto repetitiva. De igual manera, me gustan bien poco los títulos de crédito, sosos a más no poder.

Pero el gran problema de la temporada es el ritmo. Son sólo ocho episodios y se nota que les han sobrado varios, que en el tramo central hacen malabares para no avanzar con la trama antes de tiempo, con lo que resultan bastante, bastante pesados. La fascinación que despierta el personaje de Hardy, la solidez de los secundarios y el atractivo aspecto visual salvan esos capítulos por los pelos. Teniendo eso en mente, no se entiende cómo a veces los guionistas parecen dejar de lado cosas jugosas que podían haber dado más vidilla. Hay otros muchos personajes muy atractivos que podrían haber sido explotados mejor (el asesino, la prostituta, el mayordomo), pero sobre todo le pesa la sensación de que Delaney planea y ejecuta algunas cosas importantes fuera de pantalla. El ejemplo más claro es que se empeña en tener un barco, y al poco aparece con él, luego se lo queman en las peleas y se empeña en tener otro, pero se tira capítulos deseándolo, sin hacer nada concreto hasta que al final resulta que lo consigue así por las buenas. En cambio, le dedican demasiado tiempo al asunto de la pólvora, que parece menos crucial en los acontecimientos actuales. Igualmente, hay alguna subtrama un poco cogida por los pelos: la historia de la hermana no termina de despegar… y acaba sin haber dejado huella; y la sección del negro que trata de denunciar el esclavismo no aporta nada sustancioso.

Así pues, Taboo resulta un tanto irregular, sobre todo lenta, a pesar de guardar un potencial mayor, pero también tiene bastante personalidad y engancha incluso en sus peores bajones.

PD: El título no sé muy bien a qué hace referencia. El único tabú claro es el incesto. Sería más lógico que se llamara “Proscrito”, “Perseguido” o algo semejante, o incluso “Nootka”.
PD2: En EE.UU. se emitió en FX, cuando cabría pensar que lógico hubiera sido en BBC America. A España la ha traído la recién estrenada HBO, que ha visto que para competir con el repertorio de Netflix tiene que abrirse a producciones externas también.