Archivo de la etiqueta: Starz

BLACK SAILS – TEMPORADA 3

Starz | 2016
Drama, suspense, aventuras | 10 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Robert Levine, Jonathan E. Steinberg, Dan Shotz.
Intérpretes: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Jessica Parker Kennedy, Zach McGowan, Toby Schmitz, Clara Paget, Luke Roberts, Tom Hopper¸ Ray Stevenson, Patrick Lyster, Hakeem Kae-Kazim, Lise Slabber, Craig Jackson, Zethu Dlomo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas principales. En un párrafo bien señalado hay más detalles. —

El impresionante y demoledor final de la temporada anterior dejó a los protagonistas en un limbo muy intrigante. El comienzo de esta nueva etapa puede descolocar con esa larga y desganada introducción a Teach, más conocido como Barbanegra, pero las malas sensaciones se van rápido con el espectacular plano secuencia que nos muestra a la tripulación de Flint en su actuales quehaceres, esto es, sembrar el caos como venganza, labrarse una reputación de temibles para que Inglaterra se lo piense dos veces antes de mover ficha. Pero también sirve para mantener a los piratas de Nassau en sus filas, pues han realizado un pacto con Vane, Rackham, Max y unos pocos capitanes para mantenerse unidos defendiendo el oro de la Urca de Lima, el maltrecho fuerte y por extensión la isla.

Inglaterra sin embargo cuenta con un as en la manga: los conocimientos de la prisionera Eleanor sobre cada líder, de cada punto fuerte y debilidad. Con esa ventaja, más una flotilla bien armada en cañones y tropas, un estratega serio y experimentado como es Woodes Rogers tiene mucha confianza en su éxito ante cualquier respuesta violenta… Pero su inteligencia lo lleva a abordar el intento de controlar la isla primero con otros métodos: un perdón global. Mientras, la única esperanza de los piratas en el liderazgo en una respuesta por la fuerza es el hábil capitán Flint, pero parece haber muerto en una confrontación con el capitán Hornigold, que estaba persiguiéndolo.

Esto es sólo el punto de partida de otro año deslumbrante de esta colosal obra de intrigas políticas y personales. Damos otro paso en su crecimiento, mostrando una fantástica evolución en los personajes y unas historias aún más asombrosas en su complejidad y atractivo. La narrativa es casi sofocante, con su infinidad de tramas y personajes enredados uno sobre otro en una maraña de conversaciones y maquinaciones que mantienen una expectación de altísimo nivel donde estás siempre sin saber qué se acerca y cómo superarán cada nuevo giro de acontecimientos. Cada personaje y bando trata de sacar adelante su vida y sus planes a duras penas, chocando con las acciones e intereses de los demás, habiendo resultados inesperados y sorpresas prácticamente en cada capítulo que ponen todo patas arriba de nuevo y obliga a todos a rehacer sus intenciones y, a veces, también sus convicciones.

Flint perdió lo que le mantenía los pies en el suelo, y desata su ira en un círculo vicioso: más muerte no sacia la rabia y el dolor. Su cordura pende de un hilo, y son John Silver y Billy Bones quienes lo traen hacia la realidad. Billy nunca ha conseguido destacar, siendo un secundario más como puede serlo el contramaestre De Groot, pero Silver pasó de pícaro cargante en la primera temporada para dejar huella en la segunda como un protagonista principal irresistible. Ahora sigue madurando y ganando atractivo. Su implicación en la tripulación, alejándolo del individualismo previo, lleva una transición que engancha en cada paso, y su inteligencia la dedica ahora más a pensar a largo plazo que en la supervivencia diaria, aunque esto último no desparece, pues se ata a una relación simbiótica con Flint: en todo momento trata con este ego y su oscuro viaje intentando que no descarríe y se lleve a la tripulación con él. Suyas son algunas de las mejores escenas no de la serie, sino del año televisivo: el viaje en bote en plena calma chicha es el mejor ejemplo de ese tira y afloja constante, de las maniobras sutiles y las conversaciones tan inteligentes que tienes que hacer un esfuerzo para ir entendiendo cada pretensión, giro y resultado.

Vane también está embarcado en un proceso de cambio muy sugerente y, dada su posición inicial, sorprendente pero no inverosímil, pues también se ha trabajado con esmero. Es otro que ha empezado a pensar en el bien común, y enfrenta no pocos dilemas internos en su nueva posición. Algunas ofrecen otros de esos momentos de contener la respiración, como cuando debe elegir entre Flint y Teach; además, estas situaciones las vamos viendo en su mirada y sus silencios meditabundos, mostrando que los realizadores también saben narrar sin diálogos cuando se ponen a ello. Rackham no cambia bruscamente, pero sí tiene virajes muy interesantes según se imponga su idea de dejar marca, de que su nombre se recuerde en la historia, o la obligación de trabajar en equipo. Entre sus muchos grandes momentos también hay alguno memorable, como su determinación tras su primera charla con Rogers.

Pero los que no cambian tanto también resultan personajes estupendos y están embarcados en odiseas que atrapan con gran fuerza. La relación entre Max y Anne nos es conocida ya, y Eleanor se encuentra inesperadamente en un lugar semejante al que empezó, pero esto no limita su rango de acción, dejando otra infinidad de intrigas personales enrevesadas y escenas geniales, como el tramo final, donde prácticamente las tres tienen el control de la isla en sus manos mientras los hombres batallan en el caos, y van moviendo los hilos como bien pueden para que no se venga todo abajo o, simplemente, para vivir un día más.

Y tenemos nuevos protagonistas magníficos. Se anunciaba a lo grande la llegada de Ray Stevenson (Tito Pullo en Roma) como Barbanegra, y desde luego resulta una figura seductora y temible a la vez, pero nos encontramos con un roba escenas de cuidado en Woodes Rogers, el inglés que tiene la misión de gobernar Nassau. El intérprete Luke Roberts era bastante desconocido, con una carrera corta y sin papeles que causaran impresión, pero el casting ha estado acertadísimo con él: está a punto de desbancar al mismísimo Toby Stephens (Flint) en porte y capacidad de absorber toda la escena, la solidez de su interpretación y la calidad del dibujo del personaje dejan otro protagonista memorable. Del resto de actores ya hablé en la segunda temporada: tenemos uno de los repartos más sólidos y carismáticos del año.

Esta vez he notado un mejor ritmo y equilibrio global, sin tramos que pierdan fuelle dignos de citar, aunque algún momento en que la conversación está claramente inflada sigue habiendo, como esa de Max y Bonny en la cueva hablando de la familia. Igualmente se puede detectar algún fallito o cuestión algo grisácea, aunque lo cierto es que son detalles, no agujeros grandes, y viendo la extraordinaria dificultad del conjunto se perdona.

Alerta de spoilers: Cito algunos momentos concretos, salta al siguiente párrafo si quieres evitar spoilers.–
Me pregunto cómo, del capítulo quinto al sexto, sabe Flint dónde estará Teach. Tampoco se explica cómo quedan Max y Bonny en el principio del séptimo (a las faldas de una pequeña loma) y cómo la segunda conoce la situación de Rackham, si no se han visto desde antes de los eventos que tratan. Me parece un poco cogida por los pelos la excusa que ponen para que Mr. Scott acabe en la isla de esclavos fugados justo en el momento clave, con esa frase cutre de “¿Conocéis vuestras instrucciones?”… pues claro que sí, lo han hecho mil veces (final del 304). Pero la única situación un poco más grave sería la forma en que Max actúa en la treta de la entrega falsa a Bonny hacia el final de temporada: sabiendo que se la iban a jugar y tenía muchas posibilidades de acabar muerta, no me creo que no pusiera algo más de esfuerzo para mejorar la situación, dado su íntima relación y lo que se mueve para arreglar las cosas.

La puesta en escena continúa mostrando un gran esfuerzo por lograr una recreación llamativa de la época y unas secuencias de acción que te dejen pasmado. Sigue pesándole la elección de ahorrar tiempo en algunas conversaciones acabándolas en un plano contra plano que desaprovecha el gran trabajo de fotografía y composición de escenarios, pero también ha ido madurando en este aspecto: se ha reducido un poco, y la cantidad de planos que van de lo excelente a lo hermoso es cada vez mayor, acabando con numerosos fotogramas dignos de enmarcar (la reunión en la loma cerca da playa de Anne y Max), escenas hipnóticas incluso en pequeñas habitaciones, planos secuencia sublimes, escenas marítimas acojonantes (cada vez mejor la recreacion de los barcos en alta mar), decorados que parecen de cine (el pueblo de esclavos) y una batalla que hace época.

Por desgracia, me temo que estamos otra vez ante la injusta falta de fama que está teniendo la serie en contraposición con su rival más directa, Juego de tronos, que está extremadamente sobreexpuesta. Incluso la fallida Vikingos tiene más respaldo popular. El asalto a la diligencia es probablemente el mejor plano secuencia visto en una serie, una maravilla al lado del simple paseo que se dieron entre casas en True Detective y ante el que la gente se emocionó de forma desmedida, pero ha pasado sin hacer ruido.

Aunque le costó desplegar todo su potencial, Black Sails se ha terminado alzando como una de las mejores series de los últimos años, y estoy seguro de que el paso del tiempo, el boca a boca, la pondrá en su lugar.

PD: El único fallo, e imperdonable, es que no hayan editado las bandas sonoras de las temporadas dos y tres todavía. El excelso trabajo de Bear McCreary merece más respeto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

BLACK SAILS – TEMPORADA 2

Starz | 2015
Drama, aventuras | 10 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Robert Levine, Jonathan E. Steinberg.
Intérpretes: Toby Stephens, Hannah New, Luke Arnold, Jessica Parker Kennedy, Zach McGowan, Toby Schmitz, Clara Paget, Louise Barnes, Ruper Penry-Jones, Tom Hopper¸ Andre Jacobs, Roland Reed, Patrick Lyster.
Valoración:

Alerta de spoilers Sólo describo los personajes y la posición inicial de las tramas. En un párrafo bien señalado comento un par de cosas más detalladas.–

La breve primera temporada no empezó muy bien, mostrando unos capítulos iniciales algo torpes tanto en guion como en puesta en escena. Hacia el final ya empezaba a verse cómo sus autores se acercaban más al potencial latente en la serie, asentando la prometedora historia y aprovechando mejor el dinero echado en la producción. Esta segunda etapa explota por completo todas las promesas, llegando a ser impresionante, de las imprescindibles del año, y la única capaz de rivalizar con Juego de tronos en temática y acabado: un monumental thriller político embadurnado de épica de aventuras y rodado derrochando recursos. Sólo algunos fallos y excesos impiden que estemos ante una obra tan extraordinaria como parece que podría llegar a ser. Juego de tronos lleva cinco años en ese limbo, sin despegar del todo salvo por algunos capítulos espléndidos, a ver si Black Sails consigue llegar más lejos.

Desde el primer capítulo se observa el subidón, el mayor equilibrio en el dibujo de protagonistas y tramas y el acomodamiento de los directores a la hora de lidiar con un rodaje de gran tamaño y dificultad. Es asombroso cómo a lo largo del año los guionistas manejan tantos individuos y facciones que danzan uno alrededor del otro constantemente, de forma que cada movimiento de uno afecta a los demás y todos reaccionan según sus formas de ser. Ya no tenemos ningún rol que parezca monocromático, todos muestran una personalidad bien definida, y algunos de hecho resultan fascinantes. Los comento de más favorito a menos.

Flint es de los personajes más memorables de los últimos años, gracias a su porte, estilo y energía, a los flashbacks que van describiendo más a fondo su psique, motivaciones e intenciones (atención al plan a largo plazo que trata de realizar)… y sobre todo por la monumental interpretación de Toby Stephens. Rackham es la inteligencia personificada, y el actor Toby Schmitz es de nivel también; si elige bien sus próximos papeles puede llegar lejos. Y con él vienen Anne Bonnie, la mujer pirata y su aura melancólica, y Max, que se alza como otra hábil jugadora del juego de tronos a pesar de que parecía poca cosa en principio. John Silver es el gran superviviente; en la primera etapa me resultaba un poco forzado, pero aquí me ganó rápidamente: su carisma y su habilidad para sacar algo de cualquier situación, por desafortunada que parezca, garantizan infinidad de giros inesperados. Eleanor supera el escollo de la belleza y juventud de la actriz Hannah New, en parte porque logra un buen papel, pero sobre todo porque al conocerla mejor resulta una figura más verosímil: se muestran muy bien sus maquinaciones, su ambición y los mil problemas que enfrenta. Vane es el pirata bruto, impulsivo y dado a obsesionarse, pero no tanto como para ser estúpido: es capaz de hacer buenas jugadas individuales, pero el tablero global es demasiado complejo para él. Se realza su potencial con el físico y la voz de Zach McGowan, que causan pavor. Y no se descuidan los secundarios, que también aportan en mayor o menor grado factores en la ecuación de la vida en Nassau y alrededores: los tripulantes de los diversos barcos, las prostitutas, los ingleses de la historia de Flint…

Siendo una serie de piratas, los que no se ha puesto con ella (o se han quedado en el flojo inicio) pueden hacerse la equivocada idea de que es aventuras al estilo Piratas del Caribe, con batallas y tesoros y quizá motines. Pero como indicaba al empezar este comentario, es más un thriller de intrigas políticas y personales, y además con un pie en la ficción histórica, pues la recreación de la época y de los piratas es muy realista. Cada corsario, tripulación y grupo formado por alguna afinidad temporal (los capitanes pueden ser depuestos votando, así que hay alianzas y pugnas constantes) tiene sus propias ideas y planes que persigue con ahínco. Y luego tenemos la sombra de la ley, pues Inglaterra y España los proscriben y podrían ponerse serios en cualquier momento con el asentamiento en la isla.

Así, aunque hay bastante acción y espectaculares batallas navales, la serie es todo diálogo, maquinaciones, mentiras y un giro tras otro que obliga a cada personaje a replantearse su estrategia cada dos por tres, con lo que tenemos varias sorpresas enormes por capítulo que cambian todo de forma inesperada, formándose una atmósfera de tensión y desconcierto que desemboca en un tramo final inmenso, sobrecogedor. Las tramas globales son dos. Una es el oro del Urca de Lima que persigue la tripulación de Flint y que atrae muchas miradas a pesar de la intención de mantenerlo en secreto. La otra es el futuro de Nassau, que oscila entre los que quieren un estado utópico al margen de Europa, pero legal y aprobado, y los que sueñan con la libertad anárquica. Flint y Eleanor contra Vane, básicamente, pero con todas las tripulaciones, el pueblo y otros jugadores importantes (el capitán Hornigold por ejemplo) teniendo que ser convencidos por uno u otro bando.

Con tanto personaje fascinante, tanta trama enrevesada y llena de sorpresas, y el buen acabado visual, casi resulta un año perfecto… Casi. Aún le falta algo para la excelencia. Por un lado están los excesos. Se pasan un tanto de rosca a veces tratando de formar las intrigas más rebuscadas y poniendo una sobre otra hasta que parece imposible que puedan pasar tantas cosas: tenemos conspiración sobre conspiración hasta no saber qué conspiran. También se nota este tono grandilocuente en los diálogos, que de sobrecargados, densos y pedantes parecen impropios para muchos de los personajes (el esclavo negro se echa unos discursos imposibles para su educación, muchos piratas evidentemente poco cultos, como Vane, lo mismo). Muchas veces tienes que reconstruir el diálogo en tu cabeza y analizarlo para saber qué demonios han dicho. ¿Por qué ese empeño en parecer la serie más inteligente y compleja? Una norma de oro en la narrativa es ser claro, y otra trambién imprescindible es adecuarse al contexto. Aquí se las pasan por el forro un poco más de la cuenta, con lo que a veces queda algo artificial y empalagosa.

Además, en estas condiciones es complicado mantener siempre la coherencia más perfecta, y alguna escena un tanto fallida se puede encontrar.
Alerta de spoilers Sólo son un par de detalles, pero si no quieres saber nada salta al siguiente párrafo.–
Por ejemplo, una muy clara es que, tras estar Flint y Silver días sufriendo para que la tripulación los acepte de nuevo, resulta que son los únicos que bajan a Nassau al llegar allí. ¿De repente los demás tienen total confianza en ellos? No, no cuadra. Otra bastante cantosa ocurre en el episodio 205: no tiene lógica alguna que Flint, Miranda y Eleanor, cuando deben reunirse de emergencia porque todo está a punto de explotar, en vez de apartarse un poco en la playa para que no los oigan los demás, se van a la aldea, se meten en la taberna, echan a todo el mundo… Resulta una forma cutre de extender la intriga por cómo saldrá la discusión. Por suerte estas situaciones son escasas, y la gran mayoría de los giros son muy eficaces.

La puesta en escena es notable pero no impecable, pues también tiene algún aspecto que se puede mejorar. No me molesta que se note alguna digitalización (Charles Town canta un poco), porque obviamente tienen recursos limitados, y además lo que funciona bien de hecho resulta excelente: ya no sé distinguir qué barcos en alta mar son digitales y cuáles no. Además los decorados, sean barcos o Nassau, y el vestuario, son magníficos, garantizando una inmersión completa en la época retratada como pocas series se pueden permitir. Los directores, aparte de dar muy buen ritmo a una narración más pausada y tensa que trepidante, aprovechan muy bien todos esos recursos, consiguiendo un aspecto visual sensacional (la fotografía tiene planos embriagadores en cantidad) que te mantiene asombrado constantemente; además, cuando llegan las escenas de acción estas están a un nivel que sólo se ha visto en la HBO: ¡qué pedazo de batallas navales! Sin embargo un detalle del estilo narrativo elegido arrastra una restricción equivocada: el uso de primeros planos es a todas luces excesivo. Casi todas las conversaciones empiezan bien, situándonos adecuadamente en el escenario y la localización de cada personaje, pero se van cerrando a los rostros y acabando en un plano contra plano como si de una serie menor se tratase. Así se ahorran tiempo de planificar y rodar escenas más complejas, pero desaprovechan un poco el potencial, rompen más de la cuenta el hechizo de fascinación que podrían mantener en todo el capítulo. Es decir, en lo visual sí se quedan un peldaño por debajo de Juego de tronos.

PD: El actor del contramaestre Dufresne cambió por problemas de salud.

Ver también:
Temporada 1.

CAMELOT – TEMPORADA ÚNICA

Starz, GK-TV | 2011
Aventuras | 10 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Chris Chibnall, Michael Hirst.
Intérpretes: Jamie Campbell Bower, Joseph Fiennes, Claire Forlani, Eva Green, Sebastian Koch, Peter Mooney, Sean Pertwee, James Purefoy.
Valoración:

Decepcionante es la valoración prácticamente unánime que se puede ver en internet. Al menos en boca de los pocos que aguantamos la temporada entera, porque la expectación con que nacía la serie se diluyó rápidamente en los primeros episodios, y al llegar al desenlace ya no quedaba prácticamente ningún blog comentándola. La crítica y las audiencias tampoco han sido notables, y cuando escribo esto su cancelación parece tan segura como merecida.

Camelot está claramente destinada al público adulto. Está realizada por un canal de pago, Starz, y hay desnudos y sexo en cantidad, la mayor parte descaradamente gratuitos (ni siquiera ponen excusas para que Eva Green o Tamsin Egerton enseñen carne, lo hacen y punto). También cabe decir que su estreno parecía un intento de mantener y aumentar el prestigio y éxito ganado con Spartacus (Steven S. DeKnight , 2010) y Los pilares de la Tierra (John Pielmeier, 2010). Sin ir más lejos viene avalada por el renombre de su creador, Michael Hirst, quien fuera el artífice de la excelente Los Tudor (2007). Sin embargo, parece escrita para adolescentes. Parece que Hirst sólo habrá ayudado como productor, porque todos los guiones se acreditan a Chris Chibnall, quien no ha estado a la altura de lo esperado, pues ha desarrollado un drama muy débil, con personajes planos y aburridos, tramas políticas insustanciales e historias amorosas dignas de una serie de amoríos de instituto.

A lo largo de los diez soporíferos y repetitivos episodios vemos la rivalidad entre Arturo y Morgana para hacerse con el trono, reuniendo amigos y fieles para sus causas y tratando de dirigir el reino cada uno a su manera. Las intrigas y tácticas resultan flojas y anodinas, sin intensidad alguna y en muchos casos con poca credibilidad. No hay inteligencia ni complejidad, sólo excusas torpes para pasear personajes de acá para allá y meter algo de romance y un poco de acción. Cuántas veces los protagonistas están en peligro, o hay una aldea en peligro, y de repente se olvidan y se ponen a hacer otras cosas (como fiestas), o cuántas veces Morgana va a usar el truco de cambiar su cuerpo para hacerse pasar por otros (¿es el único recurso que hay para hacer avanzar las tramas?), por mencionar sólo los desatinos más notables, que partes endebles y agujeros de guion de risa hay bastantes.

Por desgracia, los personajes están escritos con la misma ineficacia y desgana. Salvo Morgana, la única con motivaciones claras (ambición y ansias de poder) y con algo de fuerza gracias a la calidad de la actriz, el resto son figuras completamente inertes. No es de recibo que en una temporada entera no se hayan expuesto las motivaciones de los protagonistas principales (y no hablemos de los secundarios, que se diferencian porque cada uno lo interpreta un actor distinto). Arturo se apunta a todas las aventuras porque sí, sin dedicarse un segundo a explicar por qué lo hace, qué pretende o cuánto sufre internamente en el proceso de maduración y aceptación de su enorme misión. Un momento cumbre de este vulgar protagonista es el lío con Ginebra, la mujer de su gran amigo: ¿pero por qué demonios se enrollan si ni siquiera se nos muestra que tenga interés por ella?

Termina la temporada y queda la sensación de que todo sigue como en el flojo episodio piloto. No se han terminado de definir los personajes ni sus objetivos y las tramas no han narrado nada digno de mención. En estas condiciones es lógico que el ritmo sea tan lento y disperso, que los episodios pasen sin dejar huella alguna. En cuanto al mito artúrico no estoy muy puesto, así que no puedo hablar sobre como lo han tratado.

Otro chasco sorprendente en una superproducción de un canal de cable es el aparente nulo cuidado que han puesto en el casting, que resulta digno de recordar como alguna clase de grotesco hito televisivo. La parte femenina funciona francamente bien; las guapísimas Claire Forlani y Tamsin Egerton cumplen con profesionalidad y Eva Green da una lección magistral de interpretación, carisma y erotismo que supone lo único digno de recordar de la serie. Pero la sección predominante, la masculina, de infame resulta indescriptible. El reparto parece elegido para protagonizar un clon de Merlose Place: jóvenes y guapos pero pésimos actores. No ayuda que los personajes estén huecos y el maquillaje se esfuerce más por ponerlos atractivos que por hacerlos creíbles en sus roles (en todo momento parecen estar posando para una revista, siempre perfectos). Jamie Campbell Bower (el ridículo Arturo), Philip Winchester (Leontes)… bueno, para qué perder el tiempo citándolos, todos dan pena cuando no asco. Pero el premio gordo se lo lleva el veterano Joseph Fiennes (Merlín). Este hombre va al revés de lo que dicta la lógica: con el tiempo y la experiencia se va volviendo cada vez peor actor.

La puesta en escena es normalita por lo general y poco eficaz en los momentos de acción. Las escenas de peleas a espada son pobretonas, y la “batalla” final es lamentable. Y batalla va entre comillas porque otro aspecto alucinante de la serie es que parece que en todo el reino hay doscientos habitantes y la confrontación es entre dos castillos habitados por cortes y ejércitos que no superan los cincuenta miembros. Y para colmo, como el guion es cutre atacan en grupos pequeños entrando por donde los buenos han puesto las trampas y esperando entre oleadas para que los protagonistas tengan tiempo de volver a prepararse. Los únicos elementos donde se nota el dinero echado y donde encontramos gente solvente es en la música, una bonita partitura de los hermanos Danna, y en el impresionante nivelazo del vestuario y atrezo, que resulta incluso demasiado bueno para una producción que en conjunto luce tan poco.

Lo cierto es que Camelot no llega a ser realmente mala, pero resulta un quiero y no puedo constante en el que no merece la pena perder el tiempo. Lo peor es la citada sensación de desencanto, de que se esperaba muchísimo más.

-Actualización: la serie no fue renovada, quedándose en una única temporada.

CAMELOT – EPISODIO PILOTO

Starz, GK-TV | 2011
Guion: Chris Chibnall, Michael Hirst.
Dirección: Ciarán Donnelly.
Intérpretes: Jamie Campbell Bower, Joseph Fiennes, Claire Forlani, Eva Green, Sebastian Koch, Peter Mooney, Sean Pertwee, James Purefoy.
Valoración:

La enésima versión del mito de Arturo y Camelot viene avalada por tener entre sus productores a Michael Hirst, autor de Los Tudor (2007), aquel magnífico drama de corte histórico con el que nos deleitaron durante cuatro años en Showtime. Camelot se ha gestado sin embargo en Starz, cadena incipiente pero con bastante potencial, como empezó a demostrar con la más que correcta Los pilares de la Tierra (John Pielmeier, 2010), otra ficción ambientada en el medievo que guarda notables parecidos con la que aquí comento. Pero el primer capítulo sabe mucho a decepción. En ningún momento se ve la huella de Hirst ni el abultado presupuesto que anuncian luce tanto como se esperaba.

No entiendo muy bien qué interés puede tener el recuperar una y otra vez una historia tan trillada, pero lo que desde luego no es de recibo es que se aborde con una presentación tan esquemática y simple de la trama y los personajes. No hay nada que llame la atención o sea digno de recordar en cincuenta rutinarios minutos que pasan por las etapas más predecibles de cualquier relato de reyes y conspiraciones por el poder y que se narran a través de unos personajes apenas dibujados. El dibujo de Arturo es sonrojantemente pobre, se apunta a todo porque sí sin dejarse entrever alguna motivación y maduración. Sólo el personaje de Morgana cala algo, y ello porque Eva Green borda su papel. Pero en principio es la única digna en un reparto que oscila entre lo mediocre, con el soso Arturo de Jamie Campbell Bower, y lo directamente infame, con un Joseph Fiennes que nos deleita con el peor Merlin posible. Aquí cabe hacerse unas cuantas preguntas: ¿quién llevó la selección de actores, que no vio el papelón de Fiennes en Flashforward (2009), y cómo demonios logró pasar las audiciones? Qué falta de presencia, de carisma, de dotes interpretativas, de soltura… Llega a provocar risa con su cabeza torcida y sus miradas de abajo a arriba.

La realización llama rápidamente la atención por su fotografía torpe y su montaje caótico que denotan claramente una nula planificación de las escenas. ¿De verdad Ciaran Donnelly dirige esto, con lo bien que lo hizo en Los Tudor? Cada vez que la cámara intenta torpemente encontrar un personaje que al moverse se ha salido del encuadre me saca completamente de la narración. Tengo esperanzas en que en este aspecto mejore, porque acreditados para la temporada tenemos algunos de los mejores directores de la televisión, como Jeremy Podeswa.

El vestuario es excelente y los decorados cumplen aunque todavía no hayamos visto ninguno de gran nivel. Sin embargo, la caracterización de los personaje me ha rechinado bastante: no me resultan creíbles, pues de lo limpios y arreglados que aparecen en cualquier circunstancia parecen gente disfrazada.

Sin ofrecer una pizca de tensión y emoción y desde luego incapaz de despertar interés, Camelot es una apuesta bastante dudosa. Mucho tendrá que mejorar para eliminar la sensación de serie menor y nada prometedora que ha mostrado en este inicio.