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HOMELAND – TEMPORADA 5

Showtime | 2015
Drama, suspense | 12 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Avi Nir, Ran Telem, Gideon Raff, Lesli Linka Glatter.
Intérpretes: Claire Danes, Ruper Friend, Mandy Patinkin, Miranda Otto, Sebastian Koch, Alexander Fehling, Sarah Sokolovic, F. Murray Abraham, Nina Hoss, Atheer Adel.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la trama del año y los nuevos personajes.–

El nuevo escenario de Homeland es Europa, donde sus creadores nos ofrecen otro estupendo thriller que analiza el tema del terrorismo islámico y la inteligencia que trata de frenarlo. Y esta vez su visión ficticia ha chocado de lleno con la realidad, porque su previsión sobre los atentados en Europa, la desestabilización de Siria y alrededores y los problemas con los refugiados se adelantó meses a unos eventos que finalmente han ido ocurriendo más o menos como los narraron. Si en vez de idear la trama del atentado en Alemania la ubican en Francia, lo mismo nos encontramos con que tras los atentados de París no se atreven a emitir la parte final de la temporada para no herir sensibilidades. Pero no se queda ahí la cosa, porque con la otra historia del año también abordan otro asunto muy de actualidad: el robo de datos a la CIA, que saca a la luz intrigas oscuras de los gobiernos, se inspira obviamente en el caso Snowden.

Carrie dejó atrás la CIA y el mundo del espionaje para buscar un trabajo más pacífico que le permita estar con su hija. Pero no por ello descuida su objetivo de hacer del mundo un lugar mejor: colabora en una fundación de caridad en Berlín dedicada a crear lazos entre países y ayudar a personas de diversas etnias en sus líos con los gobiernos. Sin embargo, con su labor termina en el ojo de un huracán, y ella es como es: se tirará de lleno a la boca del lobo para tratar de arreglar las cosas.

Tenemos una trama a tres bandas. La filtración de la CIA ofrece por un lado los líos entre agencias de espionaje, y por el otro tenemos a Carrie yendo por su cuenta, pues es objetivo de una conspiración misteriosa. Mientras, de fondo se gesta el plan del Estado Islámico para atacar Europa. El thriller de intrigas entre espías y gobiernos es fantástico, se maneja de forma que no parece un género muy tratado, porque todo resulta genuino y adictivo. La sección centrada en Carrie mantiene la tensión sobre el destino de los protagonistas, en especial sobre ella, en un nivel agobiante en algunos tramos, como debe ser en el género. Y la amenaza terrorista sobre Europa permite la parte de acción en el segmento final del año. Además, el toque de crítica política sobre cosas tan actuales le otorga más trascendencia y atractivo al conjunto.

Su gran baza, aparte de que los guionistas desarrollan muy bien la intrincada trama, con pocos altibajos y muchos buenos momentos, son los estupendos personajes. A Carrie Mathison, Peter Quinn, Saul Berenson y los secundarios Dar Adal y Astrid (la agente alemana vista anteriormente aquí cobra algo más de protagonismo) los conocemos de sobras y no desaprovechan su buen bagaje… aunque no por ello se libran de un par de situaciones un tanto malogradas. Las diferencias entre Carrie y Saul lejos de aplacarse parecen crecer con el caso actual, llegando a tener momentos muy complicados en su relación. Carrie se ve sola contra el mundo en una aventura trepidante; la única pega es ese interludio en que se empeñan en volver a dejarla sin medicación, pues resulta bastante forzado a la par que manido. Saul tiene sus propios líos personales y con la CIA, de hecho termina en un punto de inflexión inquietante: tener que elegir bando mientras trata de averiguar quiénes son sus verdaderos amigos. Quinn sufre un periplo de lo más agitado e interesante, aunque es cierto que fallan bastante a la hora de hacer que pase de una historia a otra: qué mal queda el giro que lo introduce en la célula terrorista que precisamente planea el atentado; la casualidad es demasiado inverosímil. Por suerte, una vez en su nueva situación da mucho de sí.

Los nuevos habitantes del relato son todos magníficos y su parte en el complejo entramado se maneja muy bien. Otto Düring (Sebastian Koch, un peso pesado en Alemania y conocido en todo el mundo desde La vida de los otros) es el conciliador y fiel jefe de Carrie, Numam (Atheer Adel) el hacker que halla el archivo de la CIA que agita el avispero, Laura Sutton (Sarah Sokolovic) la activista y periodista que quiere sacarlo a la luz, y Jonas Hollander (Alexander Fehling) el nuevo novio y compañero de trabajo de Carrie (un puntazo que se parezca un montón a Brody). El relato danza entre unos y otros, con todos tratando de sobrevivir a la CIA, el gobierno y la inteligencia alemanes, los rusos, el Estado Islámico y diversos intereses personales. Sin embargo todos quedan eclipsados, incluso Carrie en algunos capítulos, ante la protagonista de gran parte de la temporada: Allison Carr, la jefa de la delegación de la CIA en Berlín. La importancia que le dan en la trama, los giros que la lanzan a una odisea de supervivencia al límite, las grandes sorpresas que guarda y las reacciones que generan sus acciones en los demás protagonistas conforman un personaje fascinante con un recorrido de impresión. Para rematar, el papelón de Miranda Otto es espectacular.

A la anterior etapa le costó algo entrar en materia y también tardó en sacar provecho a los protagonistas, pero cuando se lanzó resultó memorable. La presente en cambio es mucho más equilibrada, te atrapa con fuerza desde el principio y nunca te suelta, y el recorrido de los protagonistas es incluso más atractivo, destacando el de los nuevos implicados. Se puede decir que el desenlace se ve venir en algunos puntos, pues es fácil intuir cómo terminará el tema del atentado, pero hasta esos momentos finales el jaleo es impredecible y las sorpresas continuas, así que no sabes qué esperar y la temporada mantiene un nivel de intriga y tensión magistral. Los problemillas citados con los personajes son los únicos momentos que empañan el ritmo, sea porque nos llevan a dar alguna vuelta en círculo (otra vez la Carrie bipolar para aportar realmente bien poco con ello) o porque suponen un giro forzado (el cambio de rumbo de Quinn en el ecuador). Y aparte hay que alabar el completo y atrevido análisis sobre la situación global con el terrorismo, que esta vez es más valiente que nunca, tratando infinidad de aspectos relacionados: libertades individuales, políticas de seguridad, cooperación entre gobiernos, roces entre agencias de espionaje, vías para hallar respuestas pacíficas (no todos los musulmanes son terroristas sin alma)…

Quizá le ha faltado una pizca de robustez y eludir ese par de fallos dignos de mención para considerarla “excelente”, pero sí me parece evidente que es la mejor temporada desde la segunda y demuestra otra vez lo equivocados que están los ruidosos detractores que echan pestes cada vez que los guionistas se atreven a darle un nuevo giro a la historia.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2014)
-> Temporada 5 (2015)
Temporada 6 (2017)
Temporada 7 (2018)
Temporada 8 y final (2020)

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CAMELOT – TEMPORADA ÚNICA

Starz, GK-TV | 2011
Aventuras | 10 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Chris Chibnall, Michael Hirst.
Intérpretes: Jamie Campbell Bower, Joseph Fiennes, Claire Forlani, Eva Green, Sebastian Koch, Peter Mooney, Sean Pertwee, James Purefoy.
Valoración:

Decepcionante es la valoración prácticamente unánime que se puede ver en internet. Al menos en boca de los pocos que aguantamos la temporada entera, porque la expectación con que nacía la serie se diluyó rápidamente en los primeros episodios, y al llegar al desenlace ya no quedaba prácticamente ningún blog comentándola. La crítica y las audiencias tampoco han sido notables, y cuando escribo esto su cancelación parece tan segura como merecida.

Camelot está claramente destinada al público adulto. Está realizada por un canal de pago, Starz, y hay desnudos y sexo en cantidad, la mayor parte descaradamente gratuitos (ni siquiera ponen excusas para que Eva Green o Tamsin Egerton enseñen carne, lo hacen y punto). También cabe decir que su estreno parecía un intento de mantener y aumentar el prestigio y éxito ganado con Spartacus (Steven S. DeKnight , 2010) y Los pilares de la Tierra (John Pielmeier, 2010). Sin ir más lejos viene avalada por el renombre de su creador, Michael Hirst, quien fuera el artífice de la excelente Los Tudor (2007). Sin embargo, parece escrita para adolescentes. Parece que Hirst sólo habrá ayudado como productor, porque todos los guiones se acreditan a Chris Chibnall, quien no ha estado a la altura de lo esperado, pues ha desarrollado un drama muy débil, con personajes planos y aburridos, tramas políticas insustanciales e historias amorosas dignas de una serie de amoríos de instituto.

A lo largo de los diez soporíferos y repetitivos episodios vemos la rivalidad entre Arturo y Morgana para hacerse con el trono, reuniendo amigos y fieles para sus causas y tratando de dirigir el reino cada uno a su manera. Las intrigas y tácticas resultan flojas y anodinas, sin intensidad alguna y en muchos casos con poca credibilidad. No hay inteligencia ni complejidad, sólo excusas torpes para pasear personajes de acá para allá y meter algo de romance y un poco de acción. Cuántas veces los protagonistas están en peligro, o hay una aldea en peligro, y de repente se olvidan y se ponen a hacer otras cosas (como fiestas), o cuántas veces Morgana va a usar el truco de cambiar su cuerpo para hacerse pasar por otros (¿es el único recurso que hay para hacer avanzar las tramas?), por mencionar sólo los desatinos más notables, que partes endebles y agujeros de guion de risa hay bastantes.

Por desgracia, los personajes están escritos con la misma ineficacia y desgana. Salvo Morgana, la única con motivaciones claras (ambición y ansias de poder) y con algo de fuerza gracias a la calidad de la actriz, el resto son figuras completamente inertes. No es de recibo que en una temporada entera no se hayan expuesto las motivaciones de los protagonistas principales (y no hablemos de los secundarios, que se diferencian porque cada uno lo interpreta un actor distinto). Arturo se apunta a todas las aventuras porque sí, sin dedicarse un segundo a explicar por qué lo hace, qué pretende o cuánto sufre internamente en el proceso de maduración y aceptación de su enorme misión. Un momento cumbre de este vulgar protagonista es el lío con Ginebra, la mujer de su gran amigo: ¿pero por qué demonios se enrollan si ni siquiera se nos muestra que tenga interés por ella?

Termina la temporada y queda la sensación de que todo sigue como en el flojo episodio piloto. No se han terminado de definir los personajes ni sus objetivos y las tramas no han narrado nada digno de mención. En estas condiciones es lógico que el ritmo sea tan lento y disperso, que los episodios pasen sin dejar huella alguna. En cuanto al mito artúrico no estoy muy puesto, así que no puedo hablar sobre como lo han tratado.

Otro chasco sorprendente en una superproducción de un canal de cable es el aparente nulo cuidado que han puesto en el casting, que resulta digno de recordar como alguna clase de grotesco hito televisivo. La parte femenina funciona francamente bien; las guapísimas Claire Forlani y Tamsin Egerton cumplen con profesionalidad y Eva Green da una lección magistral de interpretación, carisma y erotismo que supone lo único digno de recordar de la serie. Pero la sección predominante, la masculina, de infame resulta indescriptible. El reparto parece elegido para protagonizar un clon de Merlose Place: jóvenes y guapos pero pésimos actores. No ayuda que los personajes estén huecos y el maquillaje se esfuerce más por ponerlos atractivos que por hacerlos creíbles en sus roles (en todo momento parecen estar posando para una revista, siempre perfectos). Jamie Campbell Bower (el ridículo Arturo), Philip Winchester (Leontes)… bueno, para qué perder el tiempo citándolos, todos dan pena cuando no asco. Pero el premio gordo se lo lleva el veterano Joseph Fiennes (Merlín). Este hombre va al revés de lo que dicta la lógica: con el tiempo y la experiencia se va volviendo cada vez peor actor.

La puesta en escena es normalita por lo general y poco eficaz en los momentos de acción. Las escenas de peleas a espada son pobretonas, y la “batalla” final es lamentable. Y batalla va entre comillas porque otro aspecto alucinante de la serie es que parece que en todo el reino hay doscientos habitantes y la confrontación es entre dos castillos habitados por cortes y ejércitos que no superan los cincuenta miembros. Y para colmo, como el guion es cutre atacan en grupos pequeños entrando por donde los buenos han puesto las trampas y esperando entre oleadas para que los protagonistas tengan tiempo de volver a prepararse. Los únicos elementos donde se nota el dinero echado y donde encontramos gente solvente es en la música, una bonita partitura de los hermanos Danna, y en el impresionante nivelazo del vestuario y atrezo, que resulta incluso demasiado bueno para una producción que en conjunto luce tan poco.

Lo cierto es que Camelot no llega a ser realmente mala, pero resulta un quiero y no puedo constante en el que no merece la pena perder el tiempo. Lo peor es la citada sensación de desencanto, de que se esperaba muchísimo más.

-Actualización: la serie no fue renovada, quedándose en una única temporada.

CAMELOT – EPISODIO PILOTO

Starz, GK-TV | 2011
Guion: Chris Chibnall, Michael Hirst.
Dirección: Ciarán Donnelly.
Intérpretes: Jamie Campbell Bower, Joseph Fiennes, Claire Forlani, Eva Green, Sebastian Koch, Peter Mooney, Sean Pertwee, James Purefoy.
Valoración:

La enésima versión del mito de Arturo y Camelot viene avalada por tener entre sus productores a Michael Hirst, autor de Los Tudor (2007), aquel magnífico drama de corte histórico con el que nos deleitaron durante cuatro años en Showtime. Camelot se ha gestado sin embargo en Starz, cadena incipiente pero con bastante potencial, como empezó a demostrar con la más que correcta Los pilares de la Tierra (John Pielmeier, 2010), otra ficción ambientada en el medievo que guarda notables parecidos con la que aquí comento. Pero el primer capítulo sabe mucho a decepción. En ningún momento se ve la huella de Hirst ni el abultado presupuesto que anuncian luce tanto como se esperaba.

No entiendo muy bien qué interés puede tener el recuperar una y otra vez una historia tan trillada, pero lo que desde luego no es de recibo es que se aborde con una presentación tan esquemática y simple de la trama y los personajes. No hay nada que llame la atención o sea digno de recordar en cincuenta rutinarios minutos que pasan por las etapas más predecibles de cualquier relato de reyes y conspiraciones por el poder y que se narran a través de unos personajes apenas dibujados. El dibujo de Arturo es sonrojantemente pobre, se apunta a todo porque sí sin dejarse entrever alguna motivación y maduración. Sólo el personaje de Morgana cala algo, y ello porque Eva Green borda su papel. Pero en principio es la única digna en un reparto que oscila entre lo mediocre, con el soso Arturo de Jamie Campbell Bower, y lo directamente infame, con un Joseph Fiennes que nos deleita con el peor Merlin posible. Aquí cabe hacerse unas cuantas preguntas: ¿quién llevó la selección de actores, que no vio el papelón de Fiennes en Flashforward (2009), y cómo demonios logró pasar las audiciones? Qué falta de presencia, de carisma, de dotes interpretativas, de soltura… Llega a provocar risa con su cabeza torcida y sus miradas de abajo a arriba.

La realización llama rápidamente la atención por su fotografía torpe y su montaje caótico que denotan claramente una nula planificación de las escenas. ¿De verdad Ciaran Donnelly dirige esto, con lo bien que lo hizo en Los Tudor? Cada vez que la cámara intenta torpemente encontrar un personaje que al moverse se ha salido del encuadre me saca completamente de la narración. Tengo esperanzas en que en este aspecto mejore, porque acreditados para la temporada tenemos algunos de los mejores directores de la televisión, como Jeremy Podeswa.

El vestuario es excelente y los decorados cumplen aunque todavía no hayamos visto ninguno de gran nivel. Sin embargo, la caracterización de los personaje me ha rechinado bastante: no me resultan creíbles, pues de lo limpios y arreglados que aparecen en cualquier circunstancia parecen gente disfrazada.

Sin ofrecer una pizca de tensión y emoción y desde luego incapaz de despertar interés, Camelot es una apuesta bastante dudosa. Mucho tendrá que mejorar para eliminar la sensación de serie menor y nada prometedora que ha mostrado en este inicio.