Archivo de la etiqueta: Rick Berman

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LA PRODUCCIÓN

En 1986, a diecisiete años de su cancelación, Star Trek era la serie más popular en las reposiciones de Estados Unidos, y por tanto un producto muy rentable para Paramount Pictures. Y las películas con su tripulación iban ya por la cuarta entrega, dando cada vez mejores resultados también. Pero los ejecutivos estaban pensando que los salarios de las estrellas principales seguirían subiendo y sería conveniente hacer un reemplazo. Primero se lanzaron a por una serie con nuevos protagonistas, y aunque luego también tantearon la posibilidad de hacer más películas yendo a la juventud de los personajes originales, la serie ya había cuajado con muy buenos resultados y cuando volvieron a pensar en cines lo hicieron con esta nueva tripulación. Eso sí, la premisa de Kirk y Spock de jóvenes, llamada Star Trek: The Academy Years (En la academia), fue usada finalmente en el reinicio de J. J. Abrams en 2009.

El creador de la saga, Gene Roddenberry, fue reticente en principio. El trabajo que le dio la serie original fue exhaustivo y afectó a la relación con su familia. Y Paramount también dudó bastante de la viabilidad del proyecto. Primero, porque la relación con Roddenberry era tensa, pues no era alguien fácil de tratar, y al contrario que en las películas, donde fue apartado, en la serie tendría mayor control y libertad, tanto por imperativo legal, porque los derechos como creador de la original se extienden a las secuelas, como por necesidades creativas, pues si querían mantener sus cualidades y el respeto inicial del público debían tenerlo a él al frente. Segundo, porque las principales cadenas (ABC, CBS, NCB y la recién nacida Fox) ponían exigencias para su producción que podrían salirles caras si el estreno no funcionaba como esperaban. Unas querían una miniserie y otras una temporada inicial de 13 episodios para ver si les gustaba y entonces extenderla. Era lo habitual, y sigue siéndolo en general, aunque no tanto en las recientes plataformas online. Pero la inversión que se necesitaba para ponerla en marcha era muy grande, y si la cadena no la adquiría sería una ruina.

Con el proyecto en el aire, a algún directivo con visión se le ocurrió una idea revolucionara que les permitiría tener el control creativo frente a las cadenas de televisión y una proyección económica muy favorable. La producirían totalmente por su cuenta y ofrecerían emitirla directamente en sindicación, esto es, en vez de colaborar con una de las grandes y una vez alcanzado un buen número de temporadas venderla para las reposiciones a las cadenas pequeñas y locales, que en Estados Unidos ya eran cientos, la emitirían en todas las que quisieran aceptar la propuesta. Siendo una obra tan famosa y esperada, se unieron más de doscientas, de forma que llegó a todo el país de golpe. El acuerdo repartía los minutos de publicidad entre esas cadenas y Paramount, y al tener tantas emisiones en distintos horarios sacaron un rendimiento extraordinario en poco tiempo. Pero a la larga se vio como una estrategia aún más acertada, porque a medida que los costes de producción aumentaban, la rentabilidad también lo hacía porque ya había reposiciones de temporadas anteriores.

Ante el atractivo modelo de emisión, la promesa de tener libertad creativa y poder elegir los guionistas que trabajaran con él, Roddenberry aceptó. Se trajo a algunos colaboradores de la serie original, como los escritores D. C. Fontana y David Gerrold, y otros productores y puestos técnicos. Aun así, un ejecutivo de Paramount, Rick Berman, fue elegido como productor para controlar a Roddenberry. Este no era fan de la serie ni de la ciencia-ficción, pero fue hábil en la lucha de despachos y no tardó en ir tomando mayor control creativo ante los problemas que fueron surgiendo con Roddenberry, y tras el fallecimiento de este se convirtió en el productor principal de todas las series hasta Enterprise. Y por suerte, fue para bien.

Desde el principio hubo conflicto con Roddenberry, considerado por todos los productores y escritores el mayor lastre para la evolución de la serie. Su visión era demasiado dogmática, quería eliminar cualquier atisbo de violencia y oscuridad en el ser humano, pensando en que en el futuro se habrían superado estos problemas, lo cual limitaba enormemente el argumento de cada episodio y prácticamente neutralizaba cualquier conflicto dramático entre personajes. Aparte, su talante de voceras y el abuso de numerosas drogas provocaba un mal ambiente en el trabajo. Las quejas fueron en vano, porque inicialmente tenía el apoyo de la productora y él usó a su duro abogado para doblegar a sus propios compañeros. Así, todo el equipo que contrató fue tirando la toalla el primer año, a lo que se sumó una de las actrices principales, Denise Crosby, que interpretaba a la teniente Tasha Yar, quien con una sola temporada había dejado huella en los fans.

A media temporada, con el caos agobiando y empezando a enfermar, cedió el puesto de productor ejecutivo a Maurice Hurley, quien se suponía que mantendría su concepto de la serie a rajatabla, pero pronto chocó también con las restrictivas ideas del creador, y tras varias peleas renunció al final de la segunda etapa. Además, este fue culpable de que ese segundo año Gates McFadden, la intérprete de la Doctora Beverly Crusher, fuera despedida porque no se llevaba bien con ella. Por suerte, arrepentidos de haber matado hace poco a un personaje principal, productores y guionistas estuvieron de acuerdo en apartarla con la excusa de tener otro destino, y pudieron traerla de vuelta el tercer año.

En la lucha constante por el poder, Roddenberry perdió el control al terminar la segunda temporada, sobre todo porque su salud se deterioraba, agravada por el abuso de drogas. Desde entonces, Rick Berman y Michael Piller tomaron el control creativo y fueron probando nuevos guionistas, de los cuales algunos se quedaron fijos. Aunque Roddenberry fuera el autor original, Star Trek terminó de tomar forma por Berman, Piller, Ronald D. Moore, Brannon Braga y otros que fueron aportando distintas ideas al universo imaginario y al estilo de la saga.

Siendo planteada como serie de cabecera de la Paramount, el presupuesto fue generoso, al nivel de dramas famosos como Miami Vice (1984): 1,3 millones de dólares de la época por capítulo, que fue creciendo hasta 2 millones en las últimas temporadas (ajustando a la inflación, hoy en día serían de 3 a 3.5 millones, más o menos lo que cuesta The Expanse). Eso garantizó un aspecto visual de buen nivel, sobre todo comparado con la barata serie original (190.000 dólares -1,5 millones ajustando- y reduciéndose por temporadas). Sin embargo, la ciencia-ficción es cara, sobre todo cuanto más se ambicione, y tenían que hacer malabares para mostrar todo lo que querían, habiendo episodios para ahorrar (con toda la narración ocurriendo en los decorados de la nave y con pocos efectos especiales) y recortes de lujos en el set (incluso de comida: alguna vez el reparto tuvo que colarse en otros platós para comer). Estos problemas los sufren prácticamente todas las series: es difícil encontrar un equilibrio entre riesgo y ganancia; sin ir más lejos, una década antes, Battlestar Galactica (Glen A. Larson, 1978) salió tan cara que fue cancelada a pesar de su gran éxito de audiencias.

Para las escenas de naves y el espacio se plantearon seriamente usar imágenes generadas por ordenador, pues los productores pensaban que la tecnología ya estaba madura y abarataría considerablemente los costes. Hicieron pruebas y estuvieron contentos con el resultado, pero al final decidieron ir sobre seguro con lo que conocían, las maquetas, porque así no dependían de compañías externas que podían fallar en las fechas de entrega o sufrir cambios bruscos en media serie (problemas laborales o económicos) que afectaran a su producción. Así que las naves, sobre todo el detallado Enterprise, se diseñaron con costosas maquetas, mientras que los demás efectos visuales se realizaron en postproducción con fondos pintados (planetas y espacios naturales) y unas pocas creaciones digitales (animaciones de las pantallas de la nave, efectos del espacio y las armas).

Hay que recalcar que fue una suerte enorme que se decantaran por las maquetas, porque hasta bien entrada la primera década del 2000 no se ha alcanzado en lo digital un nivel que parezca totalmente real (y eso en superproducciones), y las obras previas no aguantan bien el paso del tiempo, no digamos si nos vamos a la época de la serie y con presupuesto limitado. Pero, sobre todo, permitió tanto en esta como en la serie original una remasterización en alta definición que otras producciones semejantes (las siguientes de Star Trek, Babylon 5) no pueden tener sin encarecerse demasiado. Porque lo habitual en series era trabajar la postproducción (montaje, efectos especiales) con el negativo reducido a la calidad de emisión en televisión, no sobre el original de 35mm, pues resultaba muchísimo más barato. Los planos de las maquetas se rodaron en 35mm, pudiendo ser restaurados sin problemas más allá de tener que conservar el formato cuadrado (4:3) sobre el estándar panorámico posterior (16:9), mientras que los pocos efectos de ordenador que había se rehicieron de forma muy respetuosa. En cambio, en Espacio Profundo 9 y Voyager y otras referentes del género como la citada Babylon 5, el uso de ordenador se hizo cada vez más habitual, y habría que rehacer gran cantidad de metraje con efectos digitales en alta definición, algo tan caro que es dudoso que vaya a ocurrir.

El estreno fue un éxito. Desde la primera temporada empezó a recibir numerosas nominaciones a premios (incluyendo uno de los más relevantes de la ciencia-ficción, los Hugo) y en general mantuvo una buena recepción de los críticos y una muy entusiasta por parte de los fans, a pesar de algunas quejas iniciales porque el reparto fuera nuevo. Las audiencias fueron altas durante la primera emisión de las siete temporadas, en unos 10-12 millones de televidentes de media, que la ponía entre las treinta más vistas, un buen resultado para una obra de ciencia-ficción; las más vistas en esa época rondaban los 20-25 millones: programas familiares y comedias como El show de Bing Crosby y Roseanne, o de reportajes, como 60 minutos. Se exportó muy bien al resto del mundo, y las reposiciones han conservado gran fidelidad a pesar de su antigüedad, de hecho sigue muy viva en la actualidad gracias a que Netflix le ha insuflado nueva vida a pesar de que los dvd y bluray han sido de los más vendidos en series de televisión.

Llegados a la séptima temporada, los directivos y los productores decidieron ponerle fin a pesar de los en apariencia buenos resultados. Las razones fueron principalmente monetarias, pues el aumento de costes iba disparándose y alcanzaría cifras astronómicas con la renovación de los contratos de los actores, y veían mucho más rentable empezar otras series desde cero y lanzar esta generación al cine. Pero también los productores y guionistas sentían que se había acabado la inspiración y tenían la nueva serie planteada, Espacio Profundo 9, para explorar otras opciones, así que no presionaron para seguir.

Anuncios

STAR TREK – EL CREADOR, GENE RODDENBERRY

Eugene Roddenberry, más conocido como Gene, será recordado eternamente como el creador de Star Trek, y lo cierto es que para bien o para mal tanto su carrera como guionista como su vida personal estuvieron atadas a la saga.

Nacido en Texas en 1921, siguió los pasos de su padre y se preparó para ser policía. Pero su primer interés fue la aviación, y dada la época, lo más habitual era entrar como piloto en la armada. Tras casarse con su primera esposa, sirvió en la Segunda Guerra Mundial obteniendo varias distinciones.

Su afición por la lectura incluía algunos de los primeros referentes de la ciencia-ficción, como John Carter de Marte (Edgar Rice Burroughs, 1912), y pronto empezó a escribir relatos y poesía. Tras la guerra se lo tomó más en serio y comenzó a estudiar literatura mientras trabajaba como piloto de aerolíneas (1945). Pero si salió airoso de la guerra, la aviación civil acabó con sus ganas de volar. Tuvo un aparatoso accidente en 1947, donde a pesar de sus esfuerzos hubo quince fallecidos, y un año después dejó este trabajo para perseguir su sueño.

Cuando vio por primera vez la televisión pensó que había un gran futuro ahí. Así que tiró para Hollywood, donde es de suponer que malvivió con las pocas obras que vendía, porque acabó metiéndose a policía, siguiendo finalmente la estela de su padre. Eso sí, con su nivel cultural acabó ejerciendo como redactor en una unidad de información pública.

Poco a poco iba ganándose su hueco en el mundo de la televisión, con cada vez más guiones y colaboraciones, de forma que no pudo compaginar ambas labores y dejó el cuerpo en 1956 para continuar con su pasión. Su primer cargo superior fue como jefe de guionistas en The West Point Story (1956), que versaba sobre una academia militar. Participó en muchas otras producciones, principalmente sobre el Lejano Oeste, destacando la popular El pistolero de San Francisco (1957-1963), donde ganó un premio del gremio de guionistas. Mientras, intentaba vender alguna como creador y productor, donde tendría más libertad creativa, pero se las iban rechazando.

Su oportunidad llegó tras el éxito de El teniente (1963-1964), otra de temática militar. Ya con una posición más establecida, se lanzó hacia la ciencia-ficción. El género triunfaba en el cine y había empezaro a causar sensación en la pequeña pantalla con La dimensión desconocida (The Twilight Zone, Rod Serling, 1959). Desarrolló una premisa sobre una nave espacial que iría investigando distintos mundos, pero su visión iba mucho más allá que una de aventuras sin más, porque concebía un futuro sin problemas de la época, como los raciales y las guerras entre humanos, pues la humanidad se esforzaría constemente por ser mejor y aprender del universo.

En 1964 llevó la propuesta a una major, la MGM, pero no le hicieron ninguna oferta. Optó por una compañía más pequeña, Desilu Productions, donde le ofrecieron un contrato de tres años. El canal CBS pasó del tema, tenía entre manos su propia producción, Perdidos en el espacio (Irwin Allen, 1965). NBC en cambio mostró gran entusiasmo por el material que enseñó, y dieron luz verde a un episodio piloto.

Para este episodio, llamado La jaula (The Cage), Rodenberry se rodeó de actores y productores con lo que ya había trabajado antes. Caben destacar D. C. Fontana como asistenta de producción y los actores Leonard Nimoy y Majel Barrett. Los costes de producción se dividieron entre NBC y Desilu. Por desgracia, no convenció a los directivos, siendo considerado demasiado intelectual y farragoso. Pero, en un giro nada común en televisión, las partes implicadas aceptaron rodar otro capítulo de muestra, que se llamó Un lugar jamás visitado por el hombre (Where No Man Has Gone Before). En esta ocasión Roddenberry fue sin rodeos a atacar uno de los problemas que veía en el gremio, el racismo, y logró reunir una tripulación multicultural, manteniendo sólo a Nimoy del primer reparto.

Star Trek (luego conocida como Star Trek: La serie original para distinguirla entre las numerosas series y largometrajes) se estrenó en 1966 y duró tres temporadas sin causar un impacto inmediato. Si bien en pocos años empezó a calar y se generó alrededor de ella un culto que la convirtió en un fenómeno mundial que aún perdura, para su creador no fueron tan bien las cosas.

En lo personal, con la absorbente producción de Star Trek se distanció de su familia y esposa y fue teniendo aventuras con secretarias y actrices varias, incluyendo Nichelle Nichols y Majel Barrett, a las que enchufó en la serie por ello. En 1969 decidió divorciarse de su primera mujer y casarse con Majel, algo que iba aplazando por no lidiar con el trabajo y la separación a la vez. En lo económico, la cancelación de Star Trek y el divorcio lo dejaron en malas condiciones, lo cual se agravó porque en lo laboral fue dando un traspiés tras otro.

Entrando en los setenta, saltó al cine escribiendo y produciendo Querido profesor, protagonizada por Rock Hudson, Angie Dickinson y Telly Savalas. Pero no tuvo un buen recibimiento y se veía en la ruina, así que acabó explotando Star Trek de un modo nada común en esos tiempos, dando charlas y participando en convenciones sobre ella. Intentó embarcarse en otra serie de ciencia-ficción escribiendo algunos telefilmes que pudieran alargarse si tenían éxito, pero ni con Genesis II (1973), que tuvo bastante audiencia, llegó a conseguirlo. Mientras tanto, se dio el visto bueno a Star Trek: la serie animada (1973). En ella no puso mucho entusiasmo, relegando el trabajo en D. C. Fontana, y posteriormente afirmó que no debería considerarse canon en el universo de la saga.

Desde el 75 hubo intentos de poner en marcha una película de Star Trek, pero a Paramount no le convencían las propuestas de Roddenberry ni tampoco las de escritores famosos a los que tantearon, como Ray Bradbury y Harlan Ellison. Viendo que no eran capaces de sacar adelante un largometraje, volvieron a mirar a la televisión. La producción de Phase II en 1978 volvió a centrar a Roddenberry y a darle esperanzas. El desarrollo llegó casi a su conclusión, pero estando listos para el rodaje Paramount dio dos virajes repentinos, abandonando la idea de presentar un canal de televisión propio, donde se estrenaría la serie, y luego saltando de golpe de nuevo hacia la idea de una película para cines.

Roddenberry y el resto del equipo tuvieron que ajustar los guiones, escenarios y demás sobre la marcha con prisas, de forma que el proyecto fue un caos desde el principio. La cosa se agravó por sus disputas constantes con los demás productores y guionistas (Harold Livingston a la cabeza) sobre la autoría final de cada idea y línea de guion: a pesar de no tener el control total de la producción, él se intentaba imponer constantemente.

Star Trek: La película se estrenó en 1979, tuvo un rendimiento algo justo de taquilla, sobre todo porque el presupuesto se había disparado por el caótico rodaje, y recibió críticas bastante tibias. Entre eso y que Roddenberry era un grano en el culo (se había enzarzado continuamente en batallas legales sobre merchandising, dinero, autoría…), la Paramount decidió apartarlo del grueso de la producción de las siguientes entregas, pagándole un porcentaje de las ganancias a cambio de conservar únicamente el rol de consultor (sus notas podrían ser aceptadas o no) y que fuera la cara visible de la saga hacia el público. La fórmula funcionó, pues la taquilla y las críticas fueron mejores en los siguientes títulos. Pero Roddenberry no terminaba de aceptar que había sido dejado de lado, y no hacía más que escribir argumentos y guiones que nadie leía.

A pesar del nuevo tropiezo, las cosas volvieron a encauzarse porque con la buena acogida que iban teniendo las películas la productora encargó otra serie y, aunque inicialmente no querían a Roddenberry, al final claudicaron por la imagen de marca que generaba su nombre, porque nadie como él conocía el espíritu de la saga… y, sobre todo, porque a pesar de que hubiera sido apartado de las películas seguía teniendo el título de “creador” de la serie original, con lo que tenía base legal para vetar nuevas series.

Star Trek: La nueva generación llegó en 1987. Roddenberry obtuvo un salario muy abultado (tanto que lo celebró comprándose un Rolls Royce) y un control casi total. Se rodeó de guionistas y productores conocidos, y con mejores presupuesto y medios se permitió explorar más a fondo el futuro utópico que imaginaba en aspectos culturales y tecnológicos. Sumándole las primas de las películas y las cada vez más exitosas convenciones, estaba ganando una buena cantidad de dinero.

Pero el éxito y el sueño se empañaron pronto. Las dudas iniciales sobre si embarcarse en otro proyecto semejante, cuando la serie original fue muy estresante y afectó a su vida personal, se hicieron realidad pronto, sacando a relucir sus demonios internos hasta el punto de que por sus excesos y abusos la sala de guionistas estaba siempre con un ambiente tenso y turbulento. Pronto acabó enemistado con sus colaboradores de toda la vida, David Gerrold y D. C. Fontana, hasta el punto de azuzar a su duro abogado contra ellos como forma de atacarlos. Estos en consecuencia terminaron largándose de la serie el primer año, seguidos por una sangría de guionistas y productores en esa y la siguiente temporada. Se hizo evidente que llevaba años abusando de las drogas, era muy dado a montar numeritos y también a sembrar cizaña sutilmente (provocando con su abogado, cambiando guiones a escondidas…), y era inflexible con su concepto de la serie, lo que traía de cabeza a los demás escritores a la hora de desarrollar las historias. Todo esto se ocultó durante bastante tiempo, para no afectar a la imagen de la saga.

Su salud iba pagando el precio rápidamente: sufrió diabetes, problemas cardiovasculares y finalmente infartos que lo postraron en una silla de ruedas. Los productores principales, Rick Berman y Michael Piller, fueron tomando el control creativo ante el caos, y Roddenberry terminó apartado casi por completo al final de la segunda temporada. Falleció en 1991, no sin antes echar pestes y su última denuncia contra la última película de la tripulación original, Star Trek VI: Aquel país desconocido.

Pero su legado eclipsa su lado oscuro. El nombre de Gene Roddenberry sigue vivo en cada nueva serie de Star Trek y en cada revisionado de las antiguas. Esos personajes tan carismáticos, ese universo único, esas historias con calado atemporal perdurarán eternamente. Y otras de sus ideas vieron la luz póstumamente: su viuda Majel desempolvó varias en las que él estuvo trabajando y produjo dos series, La Tierra: conflicto final (1996) y Andromeda (2000). Ella falleció en 2008, tras numerosas apariciones en la saga.

STAR TREK – LARGA Y PRÓSPERA VIDA

La tripulación de la nave estelar Enterprise recorre la galaxia en busca de nuevas formas de vida, avances científicos y maneras de mantener la paz entre especies.

La originalidad y profundidad de las historias, la fascinante relación entre los tres protagonistas principales, Spock, Kirk y McCoy, los carismáticos secundarios y la fidelidad incansable de sus seguidores, convirtieron a Star Trek en un fenómeno mundial que aún tiene muchísimo tirón.

Cuando Gene Rodenberry creó la serie original en 1966 ya había en televisión varias de ciencia-ficción, algunas bastante exitosas y que aún hoy en día se recuerdan, como Perdidos en el espacio (Irwin Allen, 1965) y La dimensión desconocida (The Twilight Zone, Rod Serling, 1959), y venían otras de gran calado, como El prisionero (Patrick McGoohan, 1967). Pero su propuesta fue rompedora y tenía mucha personalidad, de forma que caló hondo… eso sí, con el tiempo. Quizá estuvo muy adelantada a su época y era demasiado peculiar para el público generalista, porque no tuvo una gran audiencia inicial y fue decayendo rápidamente, de forma que no pasó de las tres temporadas que habían firmado una pequeña productora y el canal NBC con demasiado entusiasmo. De hecho, iban a cancelarla al acabar la segunda, pero ya tenía fans que iniciaron una campaña de cartas y consiguieron una temporada más. Para hacerla rentable redujeron aún más su escaso presupuesto, y aun así no pudieron mantenerla en antena. Tras la cancelación vendieron la serie a la major Paramount Pictures, y estos inesperadamente se toparon con un filón en la venta de los derechos a otros canales menores para reposiciones (lo que se conoce como sindicación): entonces fue enganchando a numerosos espectadores, muchos de los cuales formaron un culto que hoy en día todavía se mantiene muy vivo.

Aunque con el creciente éxito póstumo tanto Rodenberry como la Paramount intentaron saltar a una película para cines, no terminaban de cuajar las ideas y sólo sacaron adelante una serie animada, llamada a secas Star Trek: The Animated Series (1973). Esta es más bien una anécdota, pues no tuvo mucho éxito, y ni siquiera Rodenberry la consideró canon en el universo de la saga. Pero finalmente fue tomando forma una serie, con la idea de estrenarla como cabecera del canal de televisión que planeaban los directivos de Paramount. Entre 1977 y 1978 estuvo a punto de rodarse Phase II (Segunda fase), un proyecto con Roddenberry al frente del reparto original (excepto Spock) en el que habían puesto bastante empeño: tenían ya escrita la primera parte de la temporada (13 episodios), creadas algunas maquetas y decorados… Pero, de repente, los directivos se echaron atrás con la costosa y difícil inversión del canal (que no vio la luz hasta diecisiete años más tarde, como UPN), y la producción fue cancelada. Pero la asombrosa popularidad de dos películas del género en esos años, La guerra de las galaxias (George Lucas) y Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg), los empujó definitivamente a moverse hacia el cine, mucho más rentable a corto plazo, y más con un panorama tan receptivo.

Star Trek: La película llegó en 1979 con Roddenberry al frente de la producción, un director veterano como Robert Wise (West Side Story -1965-, Sonrisas y lágrimas -1961-, El Yang-Tsé en llamas -1966-…) y un guion de Harold Livingston (Misión: Imposible -1966- y otras series) adaptando un libreto de Phase II, pues enlazaron un proyecto con el otro, tomando un guion y varios personajes secundarios nuevos escritos para la serie. No arrasó en taquilla ni críticas, pero tampoco apuntaba a un público amplio, y dio los réditos justos para que Paramount realizara una secuela, eso sí, apartando a Roddenberry del equipo y reduciendo el presupuesto para ver si cambiando un poco la fórmula mejoraban resultados. Así fue, porque La ira de Khan (1982) tuvo mejor recepción, y viendo su rentabilidad estrenaron una nueva entrega cada dos o tres años, hasta un total de seis, la última en 1991.

Con la fidelidad ganada por las reposiciones de la serie original y las nuevas películas, en 1987 la Paramount volvió a mirara a la televisión y dio luz verde a una serie con nueva nave y tripulación y con Roddenberry al mando de un grupo de guionistas y productores que fue creciendo y tomó el relevo cuando este falleció en 1991: Maurice Hurley, Rick Berman, Michael Piller, Jery Taylor, Ronald D. Moore, Brannon BragaLa nueva generación asentaría, más que las películas, la admiración por la saga, así como su estilo visual y narrativo y el universo imaginario.

El éxito de emisión, que en una hábil estrategia se llevó directamente a sindicación, fue tal que antes de acabar ya habían puesto en marcha otra producción, Espacio Profundo Nueve (Rick Berman, Michael Piller, Ira Steven Behr, 1993), y sin acabar esta, otra más, Voyager (Rick Berman, Michael Piller, Jeri Taylor, 1995), que ya se estrenó directamente en el recién creado canal UPN. También la tripulación de La nueva generación tuvo películas para cine, cuatro en total, desde 1994 a 2002.

Justo al acabar Voyager en 2001, enlazaron con otra, Enterprise (Rick Berman, Brannon Braga), pero aunque fueron al pasado de la línea temporal para intentar ofrecer algo distinto, la saga ya acusaba desgaste tanto en televisión como en cines y no tuvo tanto éxito, terminando con menos temporadas que las otras. Los siguientes intentos de crear una nueva producción no llegaron muy lejos.

Se considera que Star Trek es la franquicia más rentable de Paramount Pictures, pero seguramente sea también la saga más rentable de la pequeña pantalla. Desde luego es la más referenciada, citada y parodiada con diferencia, teniendo películas y series dedicadas exclusivamente a ello, como Galaxy Quest (Dean Parisot, Robert Gordon, David Howard, 1999) y The Orville (Seth MacFarlane, 2017).

En 2009, Paramount dio un giro inesperado lanzando un reinicio de la saga (en plan universo paralelo) de la mano de J. J. Abrams (Alias -2001-, Perdidos -2004-) con unas películas con un estilo comercial que nada se asemeja al original y de dudosa calidad, pero a cambio fueron un rotundo éxito de público: donde antes hacían entre 70 y 100 millones de dólares estas han logrado alrededor de 400. Posteriormente hicieron lo mismo con una serie, Discovery (Bryan Fuller, Alex Kurtzman, 2017), que también está dejando mucho que desear y es poco respetuosa con la saga, pero ha dado el suficiente rendimiento a la hora de empujar el nuevo canal online, CBS All Access, porque ya tienen marcha otras, incluyendo una con Jean Luc Picard, el capitán de La nueva generación, volviendo como protagonista.

Y aparte de las producciones paralelas oficiales, incluyendo numerosas novelas y videojuegos y el merchandising variado, el entusiasta seguimiento de sus fans, conocidos como trekkers o trekkies, ha llevado a algunos a hacer sus propias series. Las más ambiciosas incluso han contado con apariciones de algunos actores de las originales.

De una forma u otra, Star Trek, citando una de las frases más célebres de Spock, tendrá una larga y próspera vida.