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LOST IN SPACE – TEMPORADA 1


Netflix | 2018
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 10 ep. de 47-65 min.
Productores ejecutivos: Matt Sazama, Burk Sharpless, Neil Marshall, Marc Helwig, Jon Jashni, Zack Estrin.
Intérpretes: Molly Parker, Toby Stephens, Maxwell Jenkins, Taylor Russell, Mina Sundwall, Parker Posey, Ignacio Serricchio, Raza Jaffrey.
Valoración:

La serie original, creada por Irwin Allen en 1965, fue un producto familiar sencillo (hoy en día nos parecerá ingenuo, quizá incluso cutre) con bastante éxito popular, hasta el punto de que ha propiciado numerosas referencias en distintas películas y series (Los Simpson como siempre a la cabeza). El argumento parte del clásico drama familiar (conflictos paternos, educación de los hijos), pero el giro de tener aventuras en el espacio le daba un aire nuevo en aquellos tiempos; por ejemplo, el robot causó sensación.

En 1998 fue llevaba al cine como superproducción cinematográfica escrita por Akiva Goldsman (El cliente -1994-, Batman Forever -1995-, Batman y Robin -1997-) y dirigida por Stephen Hopkins (Depredador 2 -1990-, Los demonios de la noche -1996-), aunque de calidad anduvo tan escasa que el boca a boca la hundió rápido; ni con la estupenda música de Bruce Broughton y la presencia del insigne Gary Oldman se podía salvar. Hubo un intento de resucitarla como serie en 2004 bajo el título de The Robinsons: Lost in Space. A pesar de estar producida por grandes empresas (Warner Bros. y la cadena Fox) no salió nada bueno y se quedó en el episodio piloto. Puedes echarle un vistazo en Youtube si te atreves. En argumento y tono parece sacada de los años setenta, con lo que renovación poca, y pesar de estar dirigido por John Woo, con varias películas de acción a cuestas (Cara a cara -1997-, Acantilado rojo -2008-), el paupérrimo aspecto visual también empeora las malas sensaciones.

La nueva versión llega de la mano de varias productoras pequeñas y Netflix con dos guionistas que, viendo su corto y débil currículo, tiran un poco para atrás: Matt Sazama y Burk Sharpless tienen en su haber paridas como Drácula: La leyenda jamás contada (2014), El último cazador de brujas (2015), Dioses de Egipto (201) y Power Rangers (2017). Quizá si me hubiera fijado antes en sus nombres ni me habría acercado, pero llegué por el reparto y por el género, no puedo resistirme al espacio y las naves.

Por suerte, esta aproximación es bastante ambiciosa, tanto en lo visual, con un presupuesto sin duda descomunal muy bien aprovechado, como para mi sorpresa también en la escritura. Mantienen el tono para toda la familia, pero no es una cursilada llena de argumentos bobos, tópicos y moralina barata, sino que toman al espectador por inteligente, los autores son capaces de ofrecer aventuras emocionantes para los jóvenes y un envoltorio más complejo y serio para los adultos. Por comparar con otras del género recientes, me estoy acordando de los infumables dramones llenos de personajes estereotipados de Terra Nova (Kelly Marcel, Craig Silverstein, 2011) y Falling Skies (Robert Rodat, 2011), y no hay color.

Las aventuras son variadas y por lo general bastante completas. Se combina supervivencia en la naturaleza y contra el propio ser humano con ciencia-ficción bastante realista, habiendo poca tecnojerga y ciencimagia y más empeño en mostrar el esfuerzo físico pero también intelectual de los personajes de forma verosímil aunque los escenarios sean fantasiosos. Cabe señalar que se ven pronto las intenciones de describir la ciencia, el progreso y la pasión por descubrir cosas como algo que puede traer algún peligro pero siempre recompensas mayores. Un drama familiar tan progresista viniendo de EE.UU. hoy en día es algo atípico y muy valioso.

Los hechos calan en los personajes, no es una vuelta al statu quo tras cada resolución. Hay situaciones traumáticas en casi todos los episodios, con algunas disyuntivas de nivel, como cuando se presenta la elección de salvar a una persona arriesgando a muchas o dejarla morir ante sus narices. Los protagonistas son inesperadamente grises y falibles, incluso la villana crece muy bien tras una presentación que no apuntaba maneras. La perspectiva que esta tiene del mundo se trabaja bien para que su empeño en sobrevivir a costa de todos (por cobardía, incapacidad para ver el cuadro completo, etc.) no la convierta en un cliché con patas sino en un ser miserable muy atractivo. Esto permite otros dilemas interesantes: cómo tratar la justicia y el perdón en el nuevo mundo.

Es cierto que la familia responde inicialmente también a unos cuantos estereotipos. El matrimonio a punto de romperse por las ausencias del hombre por su trabajo, la madre perfecta, el niñito empollón, las adolescentes, una la bohemia y otra la chica de carrera… Pero tienen dimensión suficiente para resultar simpáticos, aunque, al menos todavía, no entrañables, y ocurren tantas cosas que no da tiempo a que se atasquen en sus descripciones iniciales, siempre hay movimiento en las historias y problemas en lo personal y lo ético que los exprimen adecuadamente. Pronto llega el robot, que aporta el toque de misterio. El diseño es espectacular y produce asombro e inquietud a la vez. Y no tardan en aparecer también nuevos grupos de supervivientes, todos bastante interesantes y aportando más historias y conflictos.

Uno de los alicientes que me llevaron a verla a pesar de las reticencias iniciales con que fuera una obra muy infantil es el reparto. Con dos grandes actores como Toby Stephens (Black Sails, 2014) y Molly Parker (Deadwood, 2004) me tenían medio ganado. Pero los chavales también están muy bien elegidos, sobre todo el más difícil, el jovencísimo Maxwell Jenkins, que logra una interpretación muy natural. Y Parker Posey (Superman Returns, 2006) como la malvada doctora Smith también está estupenda en un papel muy complicado: es capaz de mentir hablando pero mostrar su cobardía y sus planes con la mirada.

Lo único que se le puede achacar es que algunas historias personales se ven venir muy de lejos y que a veces pecan de buscar el escenario más grande y exagerado, saliéndose de la tónica realista para forzar algunos finales de episodio de infarto. Las disputas matrimoniales siguen todos los pasos esperables sin un atisbo de buscar novedades, de hecho, ocurre lo contrario, deciden que llega el momento de tener tal situación y la fuerzan, por ejemplo montando a los dos padres en el coche y haciendo que se queden varados por ahí para que tengan que trabajar juntos y acercarse otro poco. En cuanto a efectismo innecesario, hay varios momentos aquí y allá que hacen torcer el gesto un poco, pero la palma se la lleva la salida final al espacio, un despiporre de exageraciones y salvaciones en el último momento, para acabar en un giro tipo Perdidos (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004). Entiendo que había que tener un clímax apasionante, pero es tan artificial que resulta contraproducente, hay momentos en que da más bien vergüenza ajena.

En lo visual no hay ni una pega, tiene el nivel de superproducción de cine, tipo Prometheus (Ridley Scott, 2012) o El marciano (ídem, 2015). El vestuario es impresionante, pero los decorados, vehículos y efectos especiales son realmente asombrosos, y el rodaje en espectaculares exteriores garantiza un aspecto visual arrebatador. Es incluso decepcionante si se mira en el sentido de que hay un montón de grandes obras ciencia-ficción que se quedaron cortas (o incluso canceladas) por falta de dinero, y esta serie menor y algo tontorrona consigue tal despliegue. Directores de talento como Neil Marshall (The Descent -2005-, Centurión -2010-), Vincenzo Natali (Hannibal -2013-) y David Nutter (desde Expediente X -1993- a Juego de tronos -2011-) exprimen las posibilidades al máximo. Ya con las fastuosas panorámicas de hielo y montañas de los primeros capítulos me engancharon, pero partes como la del valle de tierra (donde hay otra nave estrellada a punto de caer por un acantilado) son alucinantes.

Si logran quitarse de encima las pocas limitaciones argumentales y consiguen mantener un interés constante sin inclinarse demasiado por artificios huecos, la serie puede crecer muy bien. Netflix no suelta datos sobre sus audiencias, pero parece que ha tenido buen recibimiento, así que tendremos segunda temporada para comprobar si madura adecuadamente.

PD: Netflix España está optando por no traducir ni un título. Me da rabia, teniendo muchos una traducción tan fácil y resultona.

HOMELAND – TEMPORADA 4

Showtime | 2014
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 45-53 min.
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Avi Nir.
Intérpretes: Claire Danes, Mandy Patinkin, Rupert Friend, Laila Robins, Nazanin Boniadi, Tracy Letts, Raza Jaffrey, Maury Sterling, Numan Acar, Nimrat Kaur, Raza Jaffrey, Mark Moses.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la temporada a fondo.–

Homeland ha sido una serie muy arriesgada desde el principio, no solo en temática (terrorismo tratado con inteligencia y buena crítica política y social), sino también en su forma de hacer avanzar la trama: cada poco tiempo (media o una temporada) un gran giro cambia el terreno de juego hasta tal punto de que puede cambiar el género. Empezó en el drama, con el retorno de Brody y su adaptación a la familia y la sociedad. A muchos espectadores les encantó este tramo, pero a mí me pareció algo falto de ritmo y fuerza, y estos se bajaron cuando saltó a primer plano la trama oculta: Brody estaba convertido en un terrorista. Tras un final de infarto nos lanzamos a la segunda y magistral temporada, donde Brody además era descubierto y vuelto a cambiar de bando. Emergió entonces un enorme thriller político, lleno de tensión y personajes magníficos llevados al límite. El aumento de la complejidad y trascendencia no fue bienvenido por todos, y otros tantos dejaron de verla. Peor fue en la tercera temporada, aún más valiente, pues los giros fueron más grandes: el destino de Brody, su vuelta a la acción, el plan y el arco final… Fue otro año impresionante, pero otros muchos se quejaron de que no era la misma serie y abandonaron.

Y esta es la maldición de Homeland: en cada nueva etapa se señala que ha saltado el tiburón, que ha dejado de ser una buena serie, sin esperar a ver cómo se desarrolla, poniendo prejuicios y gustos por encima de la objetividad. En la cuarta temporada ocurre lo mismo, porque sin Brody y con tramas nuevas pocos son los que tienen paciencia y esperan a analizar el conjunto con frialdad y criterio, el resto se lanza a las absurdas modas de odiar y criticar desde fuera. Así, indistintamente de la calidad de cada temporada, la serie arrastra un montón de críticas injustas que afean su recepción y prestigio más de la cuenta.

En esta etapa empezamos con Carrie enfrentando la monotonía de una vida normal. Como es habitual, la psicología de este enorme personaje central se expone muy bien, mostrando a una joven inteligente y capaz pero desequilibrada emocionalmente debido a su estado de bipolar. Enfrentarse al bebé y la pacífica vida familiar es demasiado estrés emocional para ella (atención a la escena de la bañera), pues ya sabemos que prefiere vivir en plena ebullición: el esfuerzo mental del trabajo y la adrenalina de ser espía le hacen sentirse viva y no pararse a pensar en sí misma. Por su parte, Saul busca qué hacer con su vida una vez relegado como director de la CIA, y Peter Quinn enfrenta el desgaste que produce este trabajo.

Pronto acaban todos en la embajada de Estados Unidos en Islamabad, Pakistán. Carrie como jefa de sección de la CIA, Peter tras ella porque su relación de dependencia mutua tira mucho, y finalmente Saul (no estoy seguro de si iba por algo concreto o sólo por ayudar en la transición). Este tramo baja el nivel después del petardazo que lo inicia (el ataque drone fallido), y si bien se puede entender que formar y lanzar nuevas tramas requería varios capítulos, también cabe pensar que se podría haber hecho con más ritmo y emoción. El romance con Aayan, el chico que podría ponerles en bandeja la captura del terrorista más buscado del momento, Haqqani, se trabaja bien desde la perspectiva de los personajes implicados, pero no desde el ritmo, pues va demasiado lento, transmitiendo la sensación de que no avanza hacia nada concreto y también de que la historia es muy sencilla para los estándares de la serie.

Los protagonistas aquí presentados son bastante interesantes, pero hasta el segmento final no terminan de destacar del todo. El citado Aayan resulta simpático, y su historia de desesperación y soledad por estar en medio del fuego es realista. La embajadora Martha Boyd tiene carácter, y las peleas políticas con el director de la CIA Andrew Lockhart y con los paquistaníes (Aasar Khan, inesperado aliado para Carrie, y la fría Tasneem) son muy atactivas, más cuando empieza todo el jaleo y se mete de por medio también su marido Dennis, que se ve atrapado entre la espada y la pared en las eternas intrigas de espías. Y Fara y Max vuelven al terreno de juego también.

El tercer segmento cobra interés, relegando esas impresiones de falta de fuerza y cambiándolas por la intriga y la desazón, porque el secuestro de Saul pone a los protagonistas en una situación extrema muy intensa. El capítulo del intercambio es acongojante de principio a fin, pero el instante que más destaca es cuando Saul pretende suicidarse y Carrie lo evita con engaños: una de las mejores escenas del año televisivo, sin duda. Y de ahí nos lanzamos al brutal arco final tras un giro tan potente e inesperado que te deja a cuadros: el plan de Haqqani de dominación total de Pakistán, con la implicación del propio gobierno del país. Aquí vemos que toda trama y personaje ha sido bien planeada por los guionistas, que las sorpresas las han ejecutado muy hábilmente; el mejor ejemplo es Dennis, quien parecía un secundario de relleno y termina siendo crucial en los eventos y fascinante en su historia personal.

El ataque a la embajada (para expulsar a Estados Unidos de ahí) es tan sorprendente como sobrecogedor, puro caos y tensión que pone a los protagonistas al borde de la muerte hasta el punto de que alguno muy querido cae: la pobre Fara. El que no palma es el patético Dennis: magistral la escena en que pide el cinturón para ahorcarse y acabar con la humillación (y traición a gran escala) en que se ha metido, pero tan cobarde es que no lo consigue.

Como capítulo final tenemos otro giro polémico. Los guionistas se arriesgan aun sabiendo las críticas que reciben, porque en vez de un cierre impactante que funcione como lanzamiento del próximo año se montan un epílogo centrado en personajes, pausado, emotivo, sin acción. Y es francamente bueno, porque saca gran partido de los protagonistas… pero al menos sí podían haberse esforzado más por mostrar un evento más trascendental como escena final, que queda un cierre muy sencillo que ha dado pie a otra tanda de espectadores quejicas diciendo que no verán más. Como hemos comprobado en todos los cambios de juego y todas las temporadas pasadas, el tiempo seguramente demostrará el error del pataleo precipitado y exagerado. Si los guionistas siguen como hasta ahora, a Homeland le queda mucha vida, y espero con ganas otra nueva historia sobre terrorismo tan arriesgada, inteligente y aguda como las que nos han ofrecido hasta ahora.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
-> Temporada 4 (2014)
Temporada 5 (2015)
Temporada 6 (2017)
Temporada 7 (2018)
Temporada 8 y final (2020)