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STAR TREK: PICARD – TEMPORADA 1

Amazon Prime Video | 2020
Ciencia-ficción, suspense, aventuras | 10 ep. de 42-58 min.
Productores ejecutivos: Alex Kurtzman, Akiva Goldsman, Kirsten Beyer, Michael Chabon.
Intérpretes: Patrick Stewart, Alison Pill, Isa Briones, Santiago Cabrera, Michelle Hurd, Harry Treadaway, Peyton List, Evan Evagora, Jery Ryan, Jonathan Frakes, Brent Spinner, Martina Sirtis, Jonathan del Arco, Orla Brady, Jamie McShane, Tamlyn Tomita, John Ales.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay bastante datos reveladores, incluso del final, pero toda trama y giro es tan previsible y estúpido que no importa mucho.–

EL CAÓTICO Y FALLIDO INTENTO DE RESICUTAR STAR TREK

A pesar de que Star Trek: Discovery (2007) deja muchísimo que desear en cuanto a calidad en las dos temporadas emitidas y las audiencias y la repercusión mediática no fueron espectaculares, se han juntado varios factores que han propiciado que siga adelante y además haya otras series proyectadas, como esta Star Trek: Picard y quizá otra con Michelle Yeoh, una de las protagonistas de la anterior.

La productora de televisión CBS/Paramount sabe que la marca Star Trek es muy valiosa y rentable a largo plazo, no en vano se estima que ha sido el producto más provechoso a lo largo de su historia. A eso se ha sumado que los nuevos modelos de negocio ofrecen resultados con rapidez, así que tienen más ventajas. El lanzamiento en Estados Unidos de su canal bajo demanda, CBS All Access, se publicitó con la resurrección de la saga en televisión, lo que atrajo bastantes suscriptores, y la emisión fuera de sus fronteras de Discovery en Netflix y Picard en Amazon Prime Video (la loca guerra de pujas es lo que tiene) permiten recuperar la inversión de sus presupuestos al instante. Así, a pesar del tropiezo inicial están empeñados en lograr una nueva época para la saga… o en llenar sus bolsillos con una franquicia de valor seguro sin esforzarse mucho, como más bien parece.

Veremos a largo plazo cómo funciona la cosa, porque por ahora es indiscutible que en lo artístico ambas series agonizan, mientras que en recepción que sólo la crítica especializada inexplicablemente las defiende, porque los trekkies desesperan por la aberración continuada en calidad y fidelidad y el resto del público está bastante dividido. Hay un sector que disfruta esta línea de acción espacial sin guion ni tan siquiera alma, porque al fin y al cabo vale como entretenimiento pasajero, pero volvemos al tema del respeto: si no vas a hacer algo fiel a Star Trek no uses su nombre.

A Alex Kurtzman (derecha en la foto) y Akiva Goldsman (izquierda), ya presentados en la primera temporada de Discovery, se les unen aquí dos colaboradores. Michael Chabon entró en el cine gracias a que adaptaron su novela Jóvenes prodigiosos (1995) con bastante éxito (Curtis Hanson, 2000), pero su breve currículo sólo incluye el fracaso de John Carter (2012) y una miniserie con muy buenas críticas pero que no parece haber causado gran impacto, Creedme (2019). Kirsten Beyer se ha formado en la mesa de guionistas de Discovery, así que es de suponer que habrá cogido todo lo malo de la nefasta forma de trabajar del equipo.

DÉBILES MEJORAS, PERO NO ES SUFICIENTE

El anuncio de Star Trek: Picard auguraba una traición mayor que la trilogía para cines y Discovery a tan querida saga. Coger a protagonistas clásicos y meterlos en esta actualización tan mal entendida tenía todas las de hacer más notoria la sangría de ideas y la falta de tacto que acusan el estudio y los productores y escritores elegidos (resulta que Kurtzman tiene un contrato de cinco años…).

Como ocurre en casi todas las obras de los implicados, desarrollan los guiones con una lluvia de ideas vagas cuando no estúpidas que intentan unir y dar sentido sobre la marcha utilizando recursos narrativos muy básicos y abusando de sensacionalismo. Pero parece que esta vez se han esforzado más, y encontramos algunas tibias mejoras…

La temporada comienza justa en interés y solidez, se sostiene a duras penas porque por suerte no han deformado a los viejos personajes como me temía, aunque con los nuevos es otro cantar, pues quedan muy por debajo, y en la aventura en que acaban sumergidos hay mayor sensación de dirección que en las paridas vistas en Discovery. De esta forma, tenemos figuras con las que conectar y sentir algo, y da la impresión de que no estamos perdiendo el tiempo, que el relato va hacia alguna parte y llegará a una conclusión.

Pero esas débiles esperanzas no llegan a fortalecerse conforme entramos en materia, sino que se van generando cada vez más dudas. Quieres creer que los errores iniciales se irán puliendo y el listón irá subiendo conforme avance y le cojan el tono. La añoranza te atrapa y sigues adelante esperando que resurja de una vez una serie a la altura de Star Trek… Pero no llega a ocurrir. Unos pocos capítulos correctos, la mayor parte muy justitos y algunos de llevarse las manos a la cabeza nos zarandean por media galaxia mientras una nada llamativa trama de misterio se expone con torpeza y nos saturan con enredos vacuos pero incapaces de dejar huella alguna. Los personajes clásicos no terminan de desplegar su potencial, y los secundarios acaban siendo un desastre.

HISTORIA ARTIFICIAL PERO ABURRIDA

De nuevo estos infames guionistas empiezan a construir la casa por el tejado, tratando de impactar con eventos de supuestas grandes proporciones y graves repercusiones, sin darse cuenta de que así no se hacen las cosas. No puedes entrar en el momento en que el universo planteado y los protagonistas sufren el cambio, tienes que presentarlos y asentarlos adecuadamente para que podamos entender el trasfondo histórico, la amenaza, lo que hay que defender y el valor de lo que se podría sacrificar.

El misterio que alcanza a Jean-Luc Picard es muy indeterminado y genera más humo que contenido. Un complot vago y sin garra, un pasado que resulta demasiado trágico y exagerado, y nostalgia para intentar que todo cale en el espectador se exponen caóticamente entre dramas forzados (¿cómo voy a llorar por el destino de personajes secundarios que no conozco?) y ciencimagia que incluso en esta saga parece excesiva (la reconstrucción de la escena del crimen en el piso es surrealista).

Cuando se abre un poco el horizonte, algunos aspectos empiezan a atraer con timidez: la aparición del cubo borg, el suspense con qué planean los romulanos con dicho artefacto y con lo que investiga Picard. Pero en esta parte también se atascan con intrigas con poca savia y muy estiradas (todos ocultan cosas, pero a la larga resultan no cruciales o poco impactantes) o que cantan a truco barato (los típicos juegos de señales misterioras que gustan a estos autores), y la información verdaderamente útil se dosifica sin disimulo (recuerdos, sueños y otras revelaciones).

El intento de Picard de buscar soluciones y colaboración mantiene la sensación de avance por los pelos, pero van pesando cada vez más los tropiezos y los parones aburridos y la sensación de que saltan al meollo de las cosas sin haberlas asentado como es debido. Las pausas para introducir nuevos personajes son lamentables, rompen el ritmo con explicaciones mal apañadas. Los giros que te lanzan hacia otra cosa pretendidamente más relevante y asombrosa mientras con la otra mano esconden los cebos que habían presentado antes son insultantes. El ejemplo más sangrante quizá sea spoiler, pero también conviene avisar para que no acabes cabreado: los borg no pintan nada, toda su presencia es un burdo engaño.

Cuando la trama logra tomar forma entre los vaivenes y golpes de efecto fallidos no adquiere un nuevo nivel de trascendencia, sino lo contrario, los autores demuestran de nuevo sus limitaciones y malas artes y todo resulta desalentador: otra vez un apocalipsis del universo en ciernes, un ente indefinido que quiere acabar con todo porque sí.

PERSONAJES DESAPROVECHADOS Y ABUSO DE NOSTALGIA

Como señalaba, la introducción de los protagonistas no está mal y logran transmitir simpatía, y algunos secundarios guardan potencial, aunque otros son bastante decepcionantes. Pero a la larga se ve la inepta mano de Kurtzman y colaboradores. Las motivaciones y las relaciones chocan con esa narrativa de brochazos improvisados y la idea de cumplir con factores como nostalgia y estereotipos comerciales, de forma que lo poco prometedor que hay se va viniendo abajo en vez de ir creciendo.

Empezamos con un Picard anciano, retirado. Pronto descubrimos que la a fuerza, por una crisis que no fue capaz de solucionar y en la que la Federación no estuvo a la altura. Cuando ve renacer el conflicto y posibilidades de arreglar las cosas vuelve al juego, contagiándonos parte de su entusiasmo, de su determinación por solucionar injusticias, sobre todo las cometidas contra quienes no pueden defenderse solos. Además, vemos al Picard que conocemos desde La nueva generación: incansable en su lucha y de moral inquebrantable, un hombre serio y frío (algo menos que antes, se ha suavizado con los años) pero capaz de ganarse la fidelidad de sus hombres por demostrar en cada paso estar por encima de todos en ética y coraje. Patrick Stewart está muy entregado, aunque desde luego se le nota la edad.

Pero estos guionistas no son capaces de escribir sin recurrir a su retahíla de recursos baratos, y por ello no son capaces de embarcar a Picard en una nueva aventura que aborde inteligentes dilemas éticos y soluciones logradas con su ingenio y perseverancia, sino que le tiran encima lo que ellos entienden por drama y épica de altos vuelos. Cierto es que hay discurso sobre el sentido de la vida y la fuerza de la amistad, pero es muy previsible y tontorrón, y en vez de adecentarlo se empeñan en centrarse en un reto de acción aparatoso y un clímax dramático de baratillo. En cuanto mencionan la chorrada de la anomalía en el cerebro que puede matarlo se ve venir manipulación emocional conveniente y tramposa en el final… y ahí lo tenemos, Picard estará a punto de morir justo cuando los guionistas quieren, intentarán que sufras y llores, y luego a golpe de ciencimagia aquí no ha pasado nada.

Sin llegar a deslumbrar, Soji resulta encantadora y acaba teniendo una trayectoria más lograda. Inicialmente parece que va a quedar como un objeto de la trama, el macguffin o excusa para moverlo todo, pero en general se ve que se esfuerzan por darle vida, que resulte un rol trágico que intenta levantar cabeza en un mundo demasiado complejo. Y la desconocida Isa Briones muestra muy bien sus conflictos internos, así que compartimos sus temores y esfuerzos en una evolución sencilla y predecible pero efectiva, y su dilema final es un buen momento álgido. Entre ella y Picard podrían haber logrado un buen clímax dramático, pero se obcecan con perseguir el típico final de acción y lo estropean todo.

La doctora Agnes Jurati parece que va a servir para adentrarnos más aún en la temática planteada, pero aparte de un par de explicaciones básicas y unas pocas escenas interesantes del choque con la nueva situación no llega a ofrecer nada que sorprenda, que ponga sobre ella dificultades tangibles y la mueva en alguna dirección. Va perdiendo protagonismo y sentido conforme nos adentramos en la galaxia, y a pesar de que tiene un giro que debería cambiarlo todo, estos hechos tan serios se olvidan como si nada en adelante, y el personaje se diluye hasta una pequeña intervención en el desenlace. Hubiera sido totalmente olvidable de no ser por la magnífica interpretación de Alison Pill, un talento nato que descubrí en En terapia (2008), aunque llevaba desde el 97 actuando en numerosos telefilmes, y desde entonces pienso que debería tener la fama de actrices multi premiadas como Jennifer Lawrence.

En la hacienda de Picard tenemos un par de colegas y ayudantes bastante atractivos, Laris (Orla Brady) y Zhaban (Jamie McShane)… pero por alguna razón se olvidan de ellos al iniciarse el viaje y nos meten con calzador otros que ni prometen tanto ni llegar a dar nada de sí. ¿Pero quién es esa Raffi? ¿Como una figura tan importante en su vida tiene una presentación tan simplona? ¿No había un rol clásico que hiciera su parte, como Geordi o Worf? Y que me expliquen por qué unas veces es una mujer capaz y decidida y otras se encierra a llorar como una niña. Si no fuera por la energía de la actriz Michelle Hurd sería un cero a la izquierda, porque, ¿qué aporta? Las únicas cosas que resuelve las logra con ordenadores, así que las podía haber realizado cualquier otro.

El romulano-samurai con pintas de elfo y nombre de elfo (Elnor) es el colmo. Otro receso dramático cutre (horrible el capítulo de la aldea romulana) nos trae a este muñeco sin vida, una especie de excusa para enganchar al público joven, porque por alguna razón se piensa que una obra actual de acción sin artes marciales no vende tanto. El personajillo es bien limitado y el actor Evan Evagora más aún, y sus aventuras de lealtad y sacrificio me han provocado arcadas

La historia del capitán Ríos también llega tarde y mal. Es carismático en cierta manera, pero no parece tener una personalidad concreta ni termina de ganarse su hueco en la odisea, sólo es un taxista. Pero de repente, en los últimos episodios, se acuerdan de dar forma a su vida, y cómo no, con dramones forzados. Después de ver a un tipo resuelto y lleno de vida pasamos a tener un alma en pena irreconocible, y para rematar, lo hacemos con la casualidad más increíble: ¡su historia tiene relación directa con los eventos que están transformando la galaxia! Por supuesto, tras este disparatado intervalo se recupera y sigue como si nada. Terminamos la temporada sin que quede claro de qué va, qué espera del mundo y de los demás, ni se aprecia cambio alguno en el proceso. La sensación es que el actor Santiago Cabrera vale para mucho más.

Por cierto, sus locos hologramas dan para hacer un inciso y hablar de lo pésimo que es el sentido del humor de la serie. Nulo tacto para saber cuándo es el momento de incluir un chiste, y por su puesto, ni gracia ni ingenio alguno.

Los romulanos, tan sugerentes en principio (y en el resto de la saga), pronto se vuelven muy cargantes. Son chungos y misteriosos porque ponen caras de serlo, y malos porque visten de negro y tienen naves negras. ¿Qué fue de los romulanos tan inteligentes y ladinos, de sus naves verde impresionantes y el vestuario tan característico? Ni fidelidad, ni interés. Apenas Harry Treadaway es capaz de salvar con su buen papel a Narek, porque Peyton List como Naryssa es cansina.

Los otros personajes de la saga también prometían en principio, pero a la larga se ve que los meten por la fuerza para chantajearnos con nostalgia, que no tenían una historia concreta para ninguno. Las entradas y salidas de escena de Siete de Nueve no tienen ni pies ni cabeza, y en general todo el tema borg está muy desaprovechado, pero al menos Jeri Ryan está espectacular (en talento y físico). Lo que no tiene perdón son los giros tan mal meditados con secundarios míticos como Maddox (nuevo intérprete respecto a La nueva generación, John Ales) y Hugh (este mantiene el actor, Jonathan Del Arco), otra muestra de que todo está mal planteado y desarrollado, otro insulto a los trekkies. ¿Qué costaba que Maddox fuera el centro de los episodios finales en vez del rebuscado personaje que se sacan de la manga, qué problema había con mantener a Hugh como un rol relevante en vez de la gilipollez del elfo? Para apartarlos en los momentos clave mejor ni los hubieras metido en la serie. Por otro lado, Data (Brent Spinner) debería haber tenido más presencia, pero su aparición al final es muy bonita.

El capítulo de Riker y Deanna parecía apuntar mejores maneras. Es el mejor escrito del año, con un ritmo pausado pero lleno de emoción en diálogos y situaciones, con historias secundarias entrañables (la hija, las relaciones entre amigos)… Este sí estaba resultando un descanso acertado para reposicionarse, tomar fuerzas, asentar las vivencias en los protagonistas, en especial la confianza de Soji en sí misma y sus nuevos amigos. Y el encanto contagioso de Jonathan Frakes y Marina Sirtis sigue presente. Pero llega el final, apañan una salida de mala manera (“He contratado un piloto, nos vamos”), y ale, aquí no ha pasado nada, ha sido añoranza engañosa, todo lo visto no vuelve a tener peso en la historia. Bueno, es un decir, porque todavía son capaces de cagarla más: de repente, justo cuando se lo necesita, Riker aparece al mando de una flota de la Federación… ¿Qué demonios hace un don nadie retirado dirigiendo una campaña de tal calibre? Ridículo.

EL FRÁGIL RELATO SE CAE A PEDAZOS

Avanzamos entre golpes de efectos y pausas explicativas encadenados sin mucho tacto, con la constante sensación de que se acuerdan de dar sentido a la lluvia de ideas que han planteado después de haber lanzado los fuegos artificiales, así que llegamos al final de la temporada sin que haya habido una historia bien desarrollada y unos personajes que evolucionen, y acabamos sin una conclusión digna para nada de lo que se ha presentado.

El desenlace es un patético y típico final de película de acción, fantasía y superhéroes: un villano monocromático en plan mal supremo, un artefacto desencadenante, una batalla, héroes dispuesto a todo… Lo hemos visto ya mil veces, de hecho, casi todas las obras Kurtzman son clónicas, está reutilizando la cutre premisa de Transformers (2007, 2009) y las nuevas películas de Star Trek… qué cojones, es prácticamente la misma historia que la de la segunda temporada de Discovery.

Así, las pocas cosas buenas que iban viéndose asomar de vez en cuando se acaban dejando de lado. Los personajes desandan lo poquísimo que se habían movido, se olvidan sin vergüenza alguna la poca intriga, ambigüedad y dilemas morales y personales que iba dejando entrever la trama global.

El monstruo final es propio de un videojuego simplón. Viene con una luz roja, es negro y hace ruidos inquietantes, para dejar claro que es el mal supremo a vencer. Ni siquiera cuidan la consistencia argumental: tenemos que creernos que estos seres tan avanzados no han detectado de dónde viene la señal, es decir, que es imposible no pensar en que volverán y los personajes deberían tenerlo en consideración, pero aquí todo acaba como si hubiera sido una victoria total, cuando lo único que han hecho es asustar a una avanzadilla. Es más, se supone que la señal es para que vayan a visitar a sus congéneres, así que, ¿por qué de repente parecen llegar en plan invasión?

Incluso apuntando tan bajo los autores son capaces de decepcionar: la “esperada” contienda final es un lastimero rifirrafe a puños y tiros entre los personajes, la gran batalla espacial no llega a ocurrir, dejándote con cara de gilipollas al que han timado, flipado porque ni en el limitado registro en que se mueven son capaces de cumplir con lo prometido.

Como es de esperar, un guion tan pobre acusa descuidos y huecos, cuando no negligencias flagrantes en cantidad. Por citar un par muy chocantes: qué fácil es colarse en un cubo borg fuertemente protegido por los otrora hábiles romulanos, y con dos pasos todo el mundo llega a donde quiere y encuentra a quien busca; la infiltrada romulana en el alto mando de la federación al final es también almirante suprema de la flota, está pluriempleada; el artefacto mágico que usan para enfrentar la flota es completamente inverosímil, ¿tan fácil es engañar los sensores de naves tan avanzadas con un truco tan simplón?, y además, tan poderoso como es, ¿no podían utilizarlo contra la baliza o el portal?

ACABADO GRANDILOCUENTE PERO FALLIDO

En consonancia con lo establecido en esta reinvención de la saga, el aspecto visual también intenta deslumbrar con equivocadas y facilonas florituras y moderneces absurdas en vez de mantener una coherencia estilística y cualitativa con las obras previas. En las anteriores series se buscaba una sobriedad formal que permitiera que los personajes y la historia respiraran, al contrario de la construcción de atmósferas que tratan de transmitir algo con trucos audiovisuales como hacen aquí, y además muy mal. La nueva generación tiene cuarenta (¡cuarenta!) años a cuestas y (sobre todo a partir de su tercera temporada) cuenta con una puesta en escena de primer nivel que supera con creces las chapuzas que hacen ahora con muchos más medios.

Para empezar, se creen que por rodar en formato cine (2.39) van a conseguir sin más mayor categoría. No tiene sentido, pues vas emitir directamente en televisión (1.78/16:9). ¿Por qué tenemos que perder media pantalla con franjas negras? Y todo para que luego parezca que se les atraganta esta fórmula, pues tienen que cortar frentes y cuerpos para mostrar de cerca los rostros. En planos amplios usan mejor la fotografía, pero qué más da, porque la planificación y el montaje de cada escena son bastante chapuceros. No puede ser que intentes forjar un aspecto y un ritmo de obra de acción a situaciones con personajes sentados dialogando, usando un montaje frenético, brillos, reflejos y demás filigranas excesivas. Acabas mareado en muchas escenas.

Para colmo, cuando llega la acción ni siquiera son capaces de estar a la altura de sus torpes pretensiones. Las luchas cuerpo a cuerpo son penosas, la falta de buenas coreografías y el mediocre montaje ni se acercan al mínimo exigible para una serie de primera división. En la misma línea están los pocos enfrentamientos de naves, que son anodinos, sin tensión ni sentido del asombro alguno, y para rematar, como señalaba, la anunciada batalla final es puro humo.

Cabe señalar que Jonathan Frakes dirige un par de episodios, siendo el único nombre conocido aparte de Akiva Goldsman, pero este estilo sigue atragantándosele, de hecho, ha dado los dos peores de la temporada (cuarto y quinto, el de la aldea romulana y el del bar donde encuentran a un personaje crucial), aunque cierto es que el guion es el principal problema.

Tampoco ayuda la floja música, una tonadilla hecha con ritmos de drama y tensión prefabricados. Qué bajo ha caído Jeff Russo después de las buenas impresiones que causó en Fargo (2014). Por extensión, los títulos de crédito son un coñazo, aunque en esto nunca ha destacado la saga.

Tenemos más localizaciones, tanto exteriores como interiores, que en Discovery, es decir, vemos más lugares de la galaxia… pero ninguno resulta especialmente llamativo. El cubo borg, y para de contar, porque el resto son desiertos, oficinas y bares, nada que nos recuerde que estamos en distintas y exóticas ubicaciones futuras y alienígenas. Ni la aldea romulana ni el planeta del final ofrecen algo imaginativo. La nave de Ríos por dentro es poco verosímil, un montón de espacio desaprovechado y una forma de pilotar muy cutre; qué obsesión con los hologramas y lucecitas.

El trabajo con lo digital ofrece también mejoras respecto a aquella, pero casi que da igual, porque sigue quedándose muy corta tanto en diseño artístico como en el resultado. Sólo salvo la nave de Ríos, bastante llamativa en su aspecto exterior, pero las romulanas son feísimas, y la flota de estos y de la federación parecen un corta pega de una sola nave. Pero lo peor es que las escenas en el espacio se ven como borrosas, escondidas en reflejos y planos rápidos, para que no cante la falta de calidad de las texturas. Es comparar esta y Discovery con The Expanse (Mark Fergus, Hawk Ostby, 2015), Lost in Space (Matt Sazama, Burk Sharpless, 2018) o Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2004), que ya tiene unos años, y da vergüenza ajena, es incomprensible cómo series tan caras lucen tan mal.

DESTROZANDO EL ESPÍRITU DE LA SAGA

La idea de que esto no fuera una extensión de La nueva generación es más que aceptable. Ya ha habido muchas entregas muy parecidas. Hay que aportar algo, mirar hacia adelante. El propio Patrick Stewart pidió no repetir lo ya conocido sin cambios si querían contar con su participación. Pero de ahí a traicionar el espíritu por completo para vender otra cosa totalmente distinta hay un salto imperdonable. Como he dicho, si no vas a hacer algo en consonancia con Star Trek, invéntate una serie nueva. Como no se parece en nada sólo tendrían que cambiar nombres. Pero intentar vivir de la fama de la saga y las esperanzas de los seguidores es deleznable.

Lo peor es que parece dar resultados. Se pasaron la fidelidad por el forro en la trilogía para cines de J. J. Abrams y Kurtzman, y como dio toneladas de dinero han mantenido el mismo estilo en televisión. Pero una cosa es vender un producto de consumo rápido en las salas gracias a una apariencia vistosa, estereotipos facilones y actores con tirón, y otra afianzar una serie de series de largo recorrido en televisión. Insultando a los fans y apuntando tan bajo difícilmente puedan conseguirlo…

A duras penas recuerda a Star Trek cuando se juntan varios protagonistas principales. Pero las incontables referencias y la aparición de secundarios no son suficientes, el universo construido es una amalgama que no tiene esencia alguna de la saga.

Como comenté en Discovery, la humanidad pasa de ser una sociedad avanzada, con modelos de comportamiento e ideales muy depurados, a ser un nido de incompetencia y corrupción. Los personajes dejan de representar esa moral superior, esa lucha constante por mejorar y tener gran respeto por lo logrado, a ser anárquicos, egoístas, de lealtades, intereses y moral demasiado volátiles. Incluso en el detalle patinan lo grande: en la Federación que conocemos no hay drogas, aquí todos fuman, se emborrachan, se meten de todo; los crímenes, sobre todo los capitales, se han superado, aquí hay un asesinato brutal que no deja secuela alguna.

Y en general en todas las series y películas se trataban temas de gran calado con delicadeza e inteligencia. Sin duda en muchos capítulos no estuvieron atinados, pero incluso en esos al menos lo intentaban. Aquí tenemos una chorrada de acción sin trasfondo, sin lecturas intelectuales y éticas. Esa lucidez y ambición garantizaba también relatos pioneros o como poco muy originales en ideas e historias… Aquí sólo se mira por el recurso fácil y directo para tratar de epatar con ruido. Nada te hace reflexionar, nada cala, nada sorprende.

NO HAGÁIS MÁS, POR FAVOR

Me encanta la ciencia-ficción. Me encanta Star Trek. Quería que me gustaran las nuevas películas, deseaba que Discovery abriera una nueva era en televisión. Pero menuda basura de acción comercial nos siguen intentando encasquetar. Picard aplica un extra de nostalgia para intentar tapar las carencias y conseguir enganchar al tercer intento a los trekkies, pero también se estrella estrepitosamente. He disfrutado bastantes momentos con los personajes, y desde luego tiene mejor tono y ritmo que Discovery y las películas, pero este universo es un desastre por culpa de unos productores y guionistas sin visión ni talento alguno. Para seguir por este camino de agonía mejor que dejen a la saga morir.

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 2

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1988
Ciencia-ficción, suspense, drama | 22 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry, Maurice Hurley.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Michael Dorm, Marina Sirtis, Diana Muldaur, Will Wheaton, Whoopie Goldberg, Colm Meaney.
Valoración:

Si la realización de la primera temporada de Star Trek: La nueva generación fue un caos que costó mil peleas, despidos y dimisiones de guionistas y productores, la segunda sumó además problemas externos, con lo fue un auténtico milagro que viera la luz, que acabara, y que se atrevieran a hacer una tercera.

Una gran huelga de guionistas tuvo en suspenso el inicio de la producción. Al final lograron ponerla en marcha con retraso (lo que retrasó también la emisión, de septiembre a noviembre), tirando de guiones que en otras condiciones no habrían elegido (uno de Phase II, la serie que estuvo a punto de hacerse con la tripulación original, y otros sin pulir del todo), reduciendo el número de episodios de veintiséis a veintidós, y con un final de temporada que tuvieron que apañar con escenas de otros capítulos para ahorrar tiempo y dinero.

Los productores ejecutivos (el equipo creativo que lleva la serie día a día) achacaron la irregularidad en la calidad a ese problema, eludiendo su parte de culpa. El ambiente de trabajo seguía inmerso en luchas de egos, relaciones tensas, e ideas visionarias contra otras que refrenaban la imaginación. Los directivos de Paramount volvían a mirar para otro lado, sin duda pensado que intervenir sacaría a la luz los trapos sucios y daría mala publicidad. El productor puesto por ellos para controlar el cotarro, Rick Berman, se mantuvo muy moderado, lo que se puede llamar cobardía también. Si la situación llevaba mucho tiempo salida de madre, ¿por qué no intervino con mayor contundencia?

El creador de la saga, Gene Roddenberry, continuaba turbando el ambiente con una actitud hostil, potenciada por el abuso de drogas diversas. Según ha ido comentado el resto del equipo a lo largo de los años, quizá no se hubieran torcido tanto las cosas de no ser por su paranoico abogado, Leonard Maizlish, que alienaba unos contra otros sembrando la cizaña e incluso acabó metiendo mano en decisiones creativas sin que nadie se atreviera a rechistar. Al final Berman consiguió deshacerse de él, pero el daño ya estaba hecho.

La llegada de Maurice Hurley (en la foto de arriba) como jefe de guionistas a mitad del primer año trajo un poco de orden, pero en el presente Roddenberry, ya enfermando, dejó la labor ejecutiva en sus manos, y este ascenso se le subió a la cabeza. Hurley se quejaba, como otros guionistas, de las restricciones del creador, de la falta de evolución dramática en los personajes, de la ausencia de problemas a bordo que dieran emoción, pero aun así no se llevaba bien con nadie, era tan hosco y tenía tan poco tacto para la política como aquel, y alteraba guiones sin miramientos estropeando ideas que todos los demás consideraban con gran potencial.

Pero pongámonos también en la perspectiva de Roddenberry. Este se lamentaba de que gran parte de los guiones de escritores externos que le llegaban eran todos de acción sin más calado, llevando las premisas de los western y policíacos al espacio, sin esencia alguna de Star Trek. Y las historias que ofrecía su propio equipo también rompían muchas veces su visión idílica del futuro, añadiendo conflictos humanos que para él deberían estar superados.

El punto intermedio de estas dos visiones llegó tras su muerte, en Espacio Profundo Nueve, que no sabemos si hubiera aprobado, pero mostró lo bien que pudo evolucionar la saga con un poco más de libertad.

No menospreciemos tampoco la aportación artística de Hurley. De su mano salieron los mejores episodios de la primera etapa y algunos de los de la presente, y los borg fueron ideados principalmente por él. De hecho, su inventiva sería admirada por quienes llevaron la serie a partir del tercer año, Berman y Michael Piller, porque contaron con él para dos guiones más tiempo después.

En el resto del equipo quedaban algunos sobrevivientes del primer año, Tracy Tormé, Richard Manning y Hans Beimler, a los que se les unieron otros como Leonard Mlodinow y Scott Rubenstein. Tomaron puestos fijos como analistas de guiones y productores, o sea, que analizaban y modificaban los guiones que iban llegando y a veces aportaban los suyos propios. Más adelante entró Melinda M. Snodgrass, autora de La medida de un hombre, uno de los capítulos más aclamados, lo que le ganó el puesto. Muchos se quedaron cuando el viento empezó a soplar en otra dirección, pero Tormé acabó tan cabreado que no quiso volver a saber nada de la saga en el futuro.

Para el final de esta temporada Hurley acabó enemistado incluso con Roddenberry, mientras que este vio agravada su salud hasta terminar postrado en silla de ruedas y tuvo que apartarse del trabajo casi del todo, quedando como consultor. En la tormenta resultante quedaba por dilucidarse si La nueva generación seguiría y quién tomaría el relevo como productor ejecutivo principal. A pesar del caos, de la pérdida de calidad y algunos bajones de audiencia, Paramount dio un nuevo voto de confianza a la serie, pensando que los capítulos más notables tuvieron picos de audiencia excepcionales, siendo a veces la tercera emisión más seguida en sindicación, tras famosos programas como Jeopardy y La rueda de la fortuna, y sumaban elogios en los medios y por parte de los fans. Rick Berman, sin hacer ruido y con mejores contactos políticos, había quedado mejor posicionado que Hurley, así que la tercera temporada empezó con él al mando, y desde entonces las cosas tomaron un rumbo mucho más estable y decidido.

El rodaje en sí no fue tan movidito. Obviamente había prisas, estrés por sacarlo todo adelante con problemas de dinero y tiempo, y se produciría algún roce, pero no hubo grandes problemas. Con puntuales incorporaciones de otros realizadores, destacando la entrada de Winrich Kolbe, que será uno de los habituales, la temporada fue dirigida casi en su totalidad por el grupo principal del año anterior: Rob Bowman, Les Landau y Cliff Bole. Sus labores son por lo general muy buenas, manteniendo las acertadas formas cinematográficas. Planificaban cada escena con esmero a pesar del poco tiempo disponible, cuidando una fotografía de planos medios y el montaje final de forma que tenemos un elaborado juego de interacciones y reacciones entre numerosos protagonistas y un buen aprovechamiento de los estupendos decorados. Quedaba pues bastante por encima del estándar en televisión de aquellos tiempos, con el habitual plano y contra plano cerrado a rostros que se mantuvo vigente con pocas excepciones hasta entrados los noventa.

Aunque también tenía puntos débiles en el acabado. El director de fotografía Edward R. Brown continuó su labor, pero le obligaron a reducir el uso de focos tan del estilo añejo de la serie original, que creaba sombras por todas partes y empañaba un poco el logro artístico de la serie. Pero este se encontró entonces fuera de su terreno, y la temporada acaba con un aspecto visual más oscuro que las demás, lo que a veces remarca la atmósfera de intriga, pero en general limitaba un tanto el potencial visual. Además, la falta de luz forzaba a abrir el obturador, captando una imagen más granulada que no envejece bien. El cambio de tono a partir de la tercera temporada se agradeció mucho.

Todos los años se realizaron ligeras modificaciones en los decorados, aunque casi nada que saltase a la vista. En esta etapa destacan los asientos del puente, ahora con menos ángulo, pues antes los personajes estaban casi tumbados y quedaba un poco raro. Más llamativa es la aparición de la cantina, el Ten Forward (en la proa de la cubierta 10, con vistas espectaculares), aunque en el doblaje en castellano rara vez lo traducen, dejándolo como cantina o cubierta diez. Cabe señalar también que Paramount permitió gastar mucho dinero en capítulos puntuales, siempre que tuvieran claro que habría que hacer otros muy baratos para equilibrar. De esta forma, pudimos disfrutar de los espectaculares Elemental, querido Data y ¿Qué Q?

Como indiqué en la primera temporada, con algunos personajes parecía que no tenían del todo claro su lugar en la nave, y se hicieron algunos cambios. Worf toma el puesto de jefe de seguridad y la consola de comunicaciones y combate en el puente, Geordi abandona este para quedarse en la sala de máquinas como ingeniero jefe, aunque subirá a menudo. Pero más notoria es la desaparición de la doctora Crusher, sustituida por la doctora Pulaski. Gates McFadden se encaró con Hurley y fue largada, en otra de esas ocasiones en que nadie plantó cara. Por suerte, viendo que se arrepintieron de matar a Tasha Yar hicieron que tomara otro puesto por si decidían traerla de nuevo. Y así fue, porque Pulaski fue un mal remedo de McCoy de la serie original, un buen médico pero una persona arisca, bruta, con un rechazo a la tecnología que roza lo absurdo y un pique personal con Data que no gustó a nadie. La encarnó Diana Muldaur, que ya había aparecido brevemente en la serie original, y se dice que no llevó del todo bien el rechazo del púbico y la integración con el reparto. Su papel es más que correcto, pero difícilmente podía caer bien.

Los protagonistas mantienen la dinámica habitual de la serie, con personalidades magnéticas y relaciones fascinantes bien potenciadas por la gran química del reparto, pero no se mueven un ápice de la descripción inicial, prácticamente ningún conflicto personal o laboral deja huella y produce cambios en ellos.

El Jean Luc Picard de Patrick Stewart sigue espectacular como capitán rígido pero admirable, una brújula moral para sus hombres. Jonathan Frakes (el comandante Riker) apareció con barba y los productores le dijeron que no se la quitara, que le daba un porte señorial, y no se equivocaron. Además, el actor, el punto más débil del reparto, va cogiendo soltura y dándole una personalidad más concreta a su rol, y para Cuestión de honor y La medida de un hombre ha madurado mucho. Con Picard y Riker vuelven a mostrar tímidamente la combinación de capitán distante y primer oficial afable, algo que se explorará mejor en adelante.

LeVar Burton (Geordi) y Brent Spiner (Data) terminan de forjar su dinámica tan adictiva. Geordi se afianza como un ingiero de primera, resuelto e incansable. Data continúa explorando su humanidad en vivencias tratadas por lo general con mucha inteligencia. Will Wheaton es buen actor, más teniendo en cuenta la edad, pero Wesley sigue dando bandazos entre unas pocas historias de aprendizaje dignas y otras que se inclinan hacia tonterías de adolescentes metomentodo. Marina Sirtis (Troi) puede demostrar mejor sus dotes dramáticas, aunque fue en algunos capítulos un tanto fallidos. Tanto esta consejera como la doctora suelen quedar en un rango más secundario, pero son unas protagonistas fuertes que aportan mucho en cada situación en que son requeridas.

Worf es el único que consigue entrar en un arco que irá cambiando durante la serie (se presenta más de su pueblo e inicia la relación que dará lugar a su hijo Alexander), porque Riker tiene un episodio centrado en su familia pero se olvida en seguida y no aporta nada. Michael Dorn aprovecha bien el aumento de protagonismo en un papel como el de Spiner con Data, bastante difícil porque tiene una forma de ser y unos gestos muy marcados, donde logra no resultar forzado sino entrañable a su peculiar manera.

En los secundarios tenemos el retorno de Q, que me resulta casi siempre pesado y caótico a pesar del solvente John Lancie y el favor de los trekkies; la presentación de los borg bien se podría haber hecho sin él. Más interesantes son O’Brien y Guinan. Colm Meaney aparecía desde el episodio piloto de vez en cuando como oficial con diálogo, y cuando decidieron que necesitaban un secundario recurrente era la elección más obvia, así que pronto toma nombre: Miles O’Brien. Whoopie Goldberg era fan de la original desde que vio a Uhura en la serie original, un personaje de peso protagonizado por una actriz negra, y pidió aparecer en La nueva generación… algo que inicialmente los productores no creían, dado que era una estrella de cine. Encarnó a la misteriosa camarera Guinan, del Ten Forward, quien escucha los problemas de la tripulación con paciencia y buenos consejos.

La falta de entendimiento en la sala de guionistas impedía a la serie creer, y la huelga de guionistas puso dificultades extra. El estancamiento cuando no retroceso y la irregularidad aún más marcada restan valor a una obra que empezó con bastante fuerza, sobre todo en originalidad y valentía: estamos en su temporada más floja. La innovación en ideas y la evolución en historias ya presentadas es muy escasa, se repiten con desgana premisas ya vistas el primer año y también en la serie original. Hay unos pocos capítulos buenos y un par de los que conmueven y no se olvidan, pero los flojos y los mediocres se acumulan en tramos que se hacen cuesta arriba, y de vez en cuando aparece alguno que querrás olvidar.

La exploración espacial todavía tiene buenos momentos (Donde el silencio es esperanza, A contrarreloj), pero son pocos en comparación con la repetición de recursos ya usados. Tenemos invasiones de entes y virus varios: El niño, Selección no natural y Contagio, siendo este último el único destacable. Hay choques culturales que se atascan en el esquema cansino de un mediador famoso que esconde algo o embajadores que la lían de alguna manera: Fuerte como un susurro, El hombre esquizoide, El delfín. Algunos que intentan aportar algo más de drama con los personajes o historias más variadas y por lo tanto parecen prometedores acaban resultando más o menos decepcionantes al fallar bastante (El Royale, El factor ícaro, Señuelo samaritano, Que entren los clones) o quedarse cortos (Gesta suprema).

Los klingon tienen un par de apariciones bastante llamativas (Cuestión de honor, La emisaria), pero no se entrará a fondo en esta cultura ni en la romulana hasta el tercer año. Presentan a los borg en el inquietante ¿Qué Q?, pero solo vuelven a mencionarlos otra vez hacia el final. La holocubierta asienta sus apariciones anuales con el infame Buscando pareja, que incluye también la visita de turno de la insoportable Lwaxanna Troi, y el eficaz Elemental, querido Data, que además tendrá una secuela fantástica tiempo después (Una nave en una botella, 612).

Los mejores son obviamente los más singulares y arriesgados, los que miran más allá y escribieron con mayor dedicación: Amigos por correspondencia es un notable ensayo sobre contactos con especies más atrasadas y el dilema ético de si ayudar o no (la Primera Directiva), y La medida de un hombre, con su análisis sobre si Data es un ser con voluntad y derechos propios, es inolvidable, uno de los mejores de la toda la saga.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 1

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1987
Ciencia-ficción, suspense, drama | 25 ep. de 45-92 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Desine Crosby, Michael Dorm, Marina Sirtis, Gates McFadden, Will Wheaton.
Valoración:

Hay bastante consenso entre la mayoría de seguidores de Star Trek (o trekkies) en que la primera temporada de La nueva generación es la más floja junto a la séptima, que la serie no encontró realmente su camino hasta la tercera. Yo no lo comparto del todo. Aunque hay diferencias estilísticas y argumentales a partir de la tercera y en calidad media se puede considerar la mejor, la presente me parece superior a otras (segunda, séptima) y no puedo decir que sea claramente inferior a las restantes. A veces me da la impresión de que los fans miden la calidad según tengan algún gran episodio o no. ¿Y los otros veintitantos qué? Precisamente esta etapa tiene bastantes capítulos muy infravalorados. Y hay que contar en la valoración también la originalidad en la visión del futuro imaginado y la asombrosa inteligencia subyacente en las diversas aventuras que vive la fascinante tripulación protagonista. No había nada parecido en televisión desde la serie original, y aunque todavía no aporta novedades como para deslumbrar a lo grande, sí tiene mucho atractivo y va labrando su propio camino rápidamente.

Es cierto que hasta el tercer año no se adentran más a fondo en historias políticas y culturales de mayor recorrido y en episodios atípicos, temas y estilos aquí apenas presentados, pero en la línea de exploración y conflicto con lo desconocido (tanto ciencia como cultura), generalmente con subtextos de corte intelectual y ético, sienta unas bases estupendas que luego se repetirán mucho, rara vez aportando algo novedoso. Y en cuanto a los protagonistas, el carisma de estos brilla desde el primer momento, con unas personalidades y relaciones muy llamativas que te enganchan incluso en las historias menos logradas, pero salvo por un par de cambios de puestos apenas se moverán de su descripción inicial en los años venideros.

Se hizo evidente que la posición de algunos no fue la más acertada e hicieron algunos cambios en cuanto enfocaron la segunda temporada. Geordi es presentado aquí como timonel, pero el puente de mando está sobrecargado mientras en ingeniería tiran de personajes extras y excusas para que otros bajen allí, así que aparecerá como jefe de ingenieros sin más rodeos. Worf empieza como el alienígena de turno, pero su situación no queda clara, no es el tipo raro que debe adaptarse, lugar que ocupa Data, sino que empieza como segundo de Tasha Yar, la jefa de seguridad y encargada de la consola de combate, lo que es redundante y por ello estaba quedando relegado. Por suerte para él, la actriz abandona la serie al final de esta etapa y Worf toma su cargo y poco a poco adquiere mayor protagonismo, llegando a ser el personaje que más evoluciona o al menos el que más experiencias fuera del trabajo tiene.

En el acabado sí habrá modificaciones más importantes. En cuestión de dirección es perdonable porque, como es de esperar, en el primer año falta práctica y dinero, y realmente sólo unos pocos capítulos acusan deficiencias dignas de mención, el resto ofrece un acabado muy bueno y no tardará en ir mejorando hasta ofrecer un estándar de calidad excepcional para una serie. Donde sí falla ostensiblemente es en una fotografía que acusa una iluminación que se quedaba vieja en esa época, pues era muy de la línea de la original, con focos puestos de mala manera de forma que hay sombras por todas partes, incluyendo los rostros de los actores. Tampoco en el vestuario empezaron con muy bien pie. La caracterización de personajes secundarios no ha envejecido bien, y para los principales diseñaron unos trajes elásticos un tanto cutres, que parecen pijamas, y que resultaban muy incómodos a los actores. En la tercera temporada, cuando Rick Berman toma el control de la producción, cambian ambas cosas muy para mejor.

La banda sonora se puede decir que tampoco se modernizó, optándose por una orquesta clásica, pero con el nivel de la composición de los dos músicos principales, Dennis McCarthy y Ron Jones, y la estupenda orquestación lograda, resulta por lo general muy versátil y tiene momentos estupendos. También hay capítulos o tramos donde está menos conseguida por las prisas, pero nunca como para lastrar el relato seriamente.

Como comenté en el apartado de la introducción, la producción fue un caos, los guionistas, productores menores y otros puestos técnicos seleccionados por el propio Gene Roddenberry entre amigos y colaboradores de la serie original (destacando a David Gerrold y D. C. Fontana, que trabajaron en la creación del concepto de la serie y el universo imaginario) acabaron todos enemistados con él por sus abusos laborales y personales, acrecentados por sus excesos con las drogas, y fueron dejando la serie, y los relevos tampoco duraban. Incluso Robert Lewin, que ejerció de productor y jefe de guionistas y desarrolló algunos de los mejores capítulos, tiró la toalla al final. Sólo unos pocos escritores lograron aguantar, destacando a Tracy Tormé, también conocido de Roddenberry, y eso que sus ideas eran las más atrevidas y eran constantemente rechazadas o alteradas, primero por Roddenberry, luego por Maurice Hurley. Hurley, otro amigo cercano del creador, llegó poco antes de la mitad de temporada para tomar las riendas como jefe de guionistas, aunque no caía bien en el set y pronto empezó también a chocar con las formas de trabajar de Roddenberry.

Heredado de la serie clásica, la mayor parte de los episodios comienzan con una introducción narrada señalando dónde está el Enterprise y cuál es su misión, y enseguida se presenta el conflicto, entrando así de lleno en materia sin necesitar varias escenas para situarnos. También hay narración a modo de resumen tras los fundidos en negro donde iban las pausas publicitarias, simulados como entradas del diario de abordo por parte del oficial al mando. Si bien denotan la estructura narrativa obligada para la televisión, no suelen resultar muy cargantes ni parecer algo demasiado viejo, pues cuando hacen de resumen son frases breves y en general suelen aportar información y planes nuevos.

Aunque por el caos de los inicios de la producción algunos de los primeros capítulos quedaron algo cutres (Código de honor, Puerto) y otros vieron algo limitado su potencial (El último baluarte, Soledad en compañía), la maduración respecto a la serie madre se nota pronto, las bases del universo imaginario están mejor establecidas y son evidentes las mejoras presupuestarias y por tanto visuales. En el rango de historias empieza muy cerca de aquella, casi podemos decir que no se atreven a correr muchos riesgos, de hecho, el guion de El presente inexorable es una especie de continuación/remake de Horas desesperadas (107), y Un periodo de tiempo demasiado corto bebe mucho de los capítulos tipo Un lugar jamás visitado por el hombre (101). Pero pronto empieza a buscar sus propias historias de exploración (Donde nadie ha podido llegar), de choques culturales (Soledad en compañía, Ángel Uno), retos científicos y éticos inesperados (Números binarios, Suelo habitado) y conflictos con entes asombrosos y peligrosos (Datalore, La piel del mal).

Paulatinamente presentan las nuevas ideas que expandirán el universo. Las tramas iniciales de la holocubierta (El gran adiós) y Data (Datalore) no son redondas pero sientan unos precedentes para que en próximas temporadas las traten más a fondo. Las razas secundarias importantes van haciendo acto de presencia, siendo algunas nuevas y otras que apenas tuvieron desarrollo en la original: Los klingon (Corazón de gloria), los ferengi (El último baluarte, La batalla) y los romulanos (La zona neutral). Y hay unas pocas ideas de ciencia-ficción bastante complejas para la época: Números binarios trata informática avanzada cuando prácticamente nadie tenía ordenadores en casa, La zona neutral y Simbiosis parecen sacados de novelas del género.

La nueva generación no muestra todavía una inventiva que rivalice con la revolucionaria serie original, pero resulta una extensión y actualización bastante buena, deja ver muy pronto su propia personalidad, sobre todo en el grupo protagonista. La combinación de exploración y retos científicos (algunos como digo de nivel literario) con dramas y dilemas éticos de gran calado es fascinante, y todo se pone sobre los hombros de unos personajes con enorme magnetismo. Por ello es una obra muy perdurable en el tiempo, es decir, envejece bastante bien si exceptuamos los cutrecillos primeros episodios.

El estreno fue un éxito, con audiencias notables, más tratándose de un género minoritario, y gran rentabilidad gracias a emitir directamente en sindicación y a las ventas de derechos al resto del mundo. El fervor trekkie se mantenía vivo gracias a las películas de la tripulación original, pero La nueva generación lo llevó a donde nunca antes una serie había logrado llegar.

Tras el salto incluyo el análisis por capítulos.
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STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LOS ACTORES

Uno de los aspectos clave para que Star Trek: La nueva generación (1987-1994) fuera un éxito, mantenga un buen recuerdo y sea capaz de atraer nuevos espectadores es su poco numeroso pero carismático repertorio de personajes y el gran talento, cohesión y química que mostró el reparto. Sólo algunos roces con productores de mala calaña empañaron este campo en las primeras temporadas, pero ya entonces todo el reparto se había encariñado con sus roles y la serie. La mayor parte de ellos ha afirmado que esta ha sido la mejor etapa de sus carreras.

Tres actores fueron anunciados con bastante antelación, LeVar Burton, Patrick Stewart y Jonathan Frakes, pues llamaron la atención de los productores por algunos de sus papeles. Luego fueron llegando los demás, con algunos cambios de última hora bastante habituales en cine y series pero no por ello menos curiosos; por ejemplo, a Denise Crosby y Marina Sirtis les intercambiaron los papeles tiempo después de haber hecho las audiciones.

Patrick Stewart (el capitán Jean Luc Picard), nació en 1940 en un pueblecito de Yorkshire, Reino Unido. Desde pequeño le apasionó la interpretación, y pronto se labró una buena carrera en teatro con la famosa Royal Shakespeare Company, aunque tuvo también esporádicas apariciones en series británicas, como Yo, Claudio (1976). En una visita a la Universidad de California, en alguna conferencia sobre Shakespeare, un productor menor de La nueva generación se fijó en él y se lo propuso a sus compañeros. A pesar de la anécdota de que Roddenberry se plantó diciendo “No podemos poner un capitán calvo”, se quedaron prendados de su porte regio que encajaba en la descripción del serio capitán francés (aunque lo cierto es que mantuvo un levísimo acento inglés).

Por el lado de los productores, sorprende que no les inquietara que en EE.UU. fuera un completo desconocido, y por el suyo, extraña que aceptara, porque suponía romper con toda su vida personal y laboral cuando hasta entonces no se había movido de un registro muy clásico, incluso había rechazado géneros como la ciencia-ficción. Más tarde declaró que en la primera temporada lo pasó bastante mal, sintiéndose desubicado con las formas de trabajar en la televisión estadounidense y con actores con un estilo y experiencias muy distintos. Pero en adelante se adaptó, surgió una gran amistad con los demás y se enamoró del personaje y de la valentía de la obra en temas trascendentales. Ha declarado en ocasiones que su papel favorito y la experiencia de su vida ha sido Picard y La nueva generación. De ahí que aceptara con entusiasmo volver al personaje en la nueva serie, Picard (2020).

Jonathan Frakes (el comandante y segundo oficial William Riker), nació en 1952 en Pensilvania, EE.UU. Estudiaba psicología cuando empezó a interesarse por el teatro, y terminó cambiando de ramo. Tenía una buena carrera en televisión, incluyendo algún culebrón pero también miniseries de prestigio, como Norte y Sur (1985). Al contrario que otros del reparto, no lo tenían en mente los productores, sino que pasó por las audiciones de rigor hasta conseguir el puesto.

LeVar Burton (el ingeniero Geordie La Forge, que empieza como teniente junior y pronto asciente a teniente comandante), nació en 1957 en un cuartel militar de EE.UU. en Alemania del Oeste. Estudió interpretación en California y lanzó su carrera en televisión con la famosa miniserie Raíces (1977), interpretando a la versión joven de Kunta Kinte. A esta le siguieron numerosos telefilmes y un programa educativo que presentó y produjo ganando bastantes premios, Reading Rainbow (1983). Inspirados por un fan enfermo, los productores hicieron que el personaje fuera ciego y tomara su nombre.

Brent Spiner (el teniente comandante Data), nació en 1949 en Houston, Texas. No llegó a acabar sus estudios de interpretación, y vivió como taxista hasta que fue encontrando trabajos como actor a finales de los setenta. También tenía bastante experiencia en televisión cuando fue contratado, y no ha tenido una mala carrera posteriormente, con algún papel tan prominente como el del científico de las dos entregas de Independence Day (1996, 2016).

Michael Dorn (el klingon Worf, teniente junior al principio y luego ascendiendo), nació en 1952 en Texas pero se crio en Pasadena, California, donde realizó un curso de radio y televisión en una universidad comunitaria (algo así como la formación profesional de España). Empezó como intérprete siendo extra en Rocky (1976), donde un agente se fijó en él. No tenía un currículo tan largo como los demás cuando llegó a La nueva generación, pero sí ha mantenido un buen ritmo de trabajo desde entonces, sobre todo poniendo su voz en muchas obras de animación. Además, entró a formar parte del elenco de Star Trek: Espacio Profundo Nueve a partir de su cuarta temporada. Con el sueldo de la serie consiguió realizar su gran sueño: ser piloto de aviación. Se sacó la licencia y llegó a volar con escuadrones de exhibición de renombre y a comprar varios aviones a reacción usados en este campo.

Marina Sirtis (la consejera Deanna Troi, teniente comandante), nacida en Londres, 1955, se apasionó por el teatro desde el instituto, y alternó teatro y televisión británica hasta que en 1986, con 31 años de edad, se fue a Estados Unidos buscando mejores oportunidades. La aceptaron en La nueva generación justo cuando se le acababa la visa y estaba a punto de volver a Reino Unido. Se quejó de que en las primeras temporadas era más bien una mujer florero, con escote y tramas románticas tontas, y tardaron en ponerle uniforme y meterla en acción más seria. Aparte de lentillas negras para hacer del personaje medio humano medio betazoide, le hicieron poner un extraño y marcado acento, a pesar de que ningún otro alienígena lo tiene, ni los de su raza. Su carrera tras la serie tiene bastantes papeles secundarios.

Gates McFadden (la comandante y jefa médica Beverly Crusher), Ohio, 1949, se graduó en artes escénicas con matrícula en una universidad privada en Massachusetts y luego siguió estudiando en París. Empezó trabajando como especialista en coreografías y movimientos de los muñecos de la compañía de Jim Henson, en películas como Laberinto (1986), y antes de La nueva generación apenas tenía cuatro papeles breves ante la cámara. En la segunda temporada no apareció porque se quejaba del machismo de los principales guionistas y productores ejecutivos, Gene Roddenberry y Maurice Hurley, y en cuanto este último ganó algo de poder la despidió. Pero a la larga ambos productores acabaron enemistados con todo el mundo y terminaron perdiendo autoridad o fuera de la serie, y así pudo volver en la tercera temporada. Después de Star Trek ha conseguido muy pocos papeles, pero ha trabajado bastante enseñando teatro en universidades varias. Fue la única del reparto que se mantuvo alejada de las convenciones, debido a un incidente con un acosador, pero volvió a ellas en 2014.

Will Wheaton (el joven Wesley Crusher, hijo de la doctora Beverly, que pronto toma el rango de cadete en funciones), Mississippi, 1972, entró en la serie con 14 años, pero ya tenía unos cuantos papeles a cuestas, destacando el protagonista de Cuenta conmigo (1986), que fue bastante aclamada y llamó la atención de varios productores. Pero Wesley pronto resultó un crío sabelotodo que muchos espectadores tenían por insoportable, y su protagonismo se vio reducido hasta tener apariciones muy esporádicas. Como los demás, tuvo una carrera larga pero en papeles secundarios y voces en series animadas. Cabe destacar su aparición en Big Bang Theory (2007) haciendo de sí mismo durante bastantes capítulos. Siempre ha sido un referente de la cultura friki, algo que él mismo ha fomentado en convenciones, blogs y apariciones como la citada serie.

Denise Crosby (teniente y jefa de seguridad en la primera temporada), nacida en Los Ángeles, 1957, alternaba papeles secundarios en televisión y cine antes de hacerse con el rol de Tasha Yar, aunque, como he señalado, audicionó para la consejera Troi. Pronto se sintió decepcionada con el nulo progreso de su personaje y decidió abandonar la serie para buscarse una carrera mejor. Logró algún buen trabajo (70 minutos para huir -1988-, El cementerio viviente -1989-), pero nada que le diera más empuje, y se fue encasillando en papeles breves en series hasta que hace pocos años consiguió alguno más recurrente. Sin embargo, al poco de dejar La nueva generación se arrepintió, fuera por el éxito de la serie o por el cariño que los demás actores cogieron a sus personajes, y mantuvo una buena relación con la saga, asistiendo a convenciones y consiguiendo apariciones en unos pocos capítulos que trataban de viajes en el tiempo y realidades alternativas.

Al reparto le pasó lo mismo que al de la serie original, quedaron encasillados en estos personajes y salvo Patrick Stewart, que tuvo el exitazo de la saga X-Men (año 2000 en adelante), ninguno consiguió volver a tener papeles protagonistas llamativos. Es algo que no entiendo, todos eran actores de primer nivel y la notable fama que les dio la serie debería haberles abierto puertas. No me extrañaría que vivan principalmente de las rentas de Star Trek, de las convenciones y poner voces en videojuegos de la saga. Muchos también aparecen en parodias varias, como The Orville (Seth MacFarlane, 2017).

Al menos Frakes se labró una buena carrera como director de multitud de series, incluyendo importantes participaciones en cada entregas de la franquicia, los largometrajes Primer contacto (1996) e Insurrección (1998) y las recientes Discovery (2017) y Picard (2020), así como en The Orville. LeVar Burton también ha dirigido, pero fuera de Star Trek su carrera no es tan extensa como la de aquel.

Siendo una serie de pocos personajes y escasa continuidad, los roles secundarios fueron poco numerosos y menos aún tuvieron bastante presencia, pero algunos que cité en el apartado de Star Trek: La nueva generación – La serie lograron dejar huella también en gran parte gracias al buen hacer de sus intérpretes.

Colm Meaney, quien desde entonces ha aparecido en infinidad de series y películas, aunque rara vez como protagonista, entró como extra sin nombre, gustaría lo suficiente cuando los escritores pensaron que necesitaban un oficial secundario se dieron cuenta que de que ya lo tenían, y le dieron el nombre de Miles O’Brien. Y a este le pusieron una mujer, la botánica Keiko, en manos de una encantadora Rosalind Chao. Aunque no caló entre el público por ser sustituir forzosamente a Beverly Crusher y parecer una imitación del doctor McCoy, la doctora Pulaski estaba muy bien encarnada por Diana Muldaur, una veterana de la televisión que había aparecido en casi toda serie de renombre de la época, incluyendo dos papeles secundarios en Star Trek La serie original. Majel Barrett, esposa de Roddenberry, puso voz a todos los ordenadores de la saga hasta su fallecimiento, pero también estuvo frente a la cámara en la presente como la madre de Troi, Lwaxana, otro rol cargante pero al que dio vida con energía. Aparte de la saga tuvo trabajos muy secundarios en televisión, hasta que se metió a productora de La Tierra: conflicto final (1997) y Andrómeda (2000), ideas que su esposo dejó en el aire.

En un grado inferior tenemos otros recurrentes muy interesantes. El oficial torpe y antisocial Barclay fue captado a la perfección por Dwight Shulze. Whoopi Golrdberg, gran fan de la saga, consiguió tener un papel bastante interesante, la enigmática pero simpática camarera Guinam. Es conocida por comedias y dramas de gran éxito como Sister Act (1990) y Ghost (1992). Michelle Forbes deslumbró con la alférez Ro Laren, una bajorana respondona, y ampliaron su papel hasta el punto de pensar en ella para Espacio Profundo Nueve… pero quiso buscar suerte en el cine y optaron por llevar allí a O’Brien y Keiko. Forbes tardó en tener éxito, y fue precisamente en televisión, con True Blood (2008), En terapia (2008), The Killing (2011)… John de Lancie dio rienda suelta al alocado y misterioso Q, que también apareció en otras secuelas. Y por afinidad, citaré a Andreas Katsulas, el mítico G’Kar de Babylon 5, que aquí apareció unas pocas veces como un alto mando Romulano que parecía que iba a convertirse en el archienemigo de Picard, aunque finalmente la rivalidad con esta raza no llegó a desarrollarse a fondo.

También es interesante practicar el juego del pillacaras. Numerosos actores bastante conocidos luego en televisión e incluso cine tuvieron algunos de sus primeros papeles aquí. Famke Janssen, Billy Campbell, Ashley Judd, Kelsey Grammer, Kirsten Dunst, Teri Hatcher

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LA SERIE

En 1986, a diecisiete años de su cancelación, Star Trek (1966-1969) era la serie más popular en las reposiciones de Estados Unidos, y por tanto un producto muy rentable para la filial de televisión del estudio Paramount. Y las películas con su tripulación iban ya por la cuarta entrega, dando cada vez mejores resultados también. Pero los ejecutivos estaban pensando que los salarios de las estrellas principales seguirían subiendo en cada nuevo largomentraje mientras la popularidad de la serie original en sus reposiciones no decaía, y pusieron en marcha una serie con nuevos protagonistas, La nueva generación (1987-1994). Eso sí, al final hicieron dos películas más antes de aprovechar el éxito de esta serie para cambiar de reparto en el cine.

El creador de la saga, Gene Roddenberry, fue reticente en principio. El trabajo que le dio la serie original fue exhaustivo y afectó a la relación con su familia. Y Paramount también dudó bastante de la viabilidad del proyecto. Primero, porque la relación con Roddenberry era tensa, pues no era alguien fácil de tratar, y al contrario que en las películas, donde fue apartado, en la serie tendría mayor control y libertad, tanto por imperativo legal, por los derechos como creador de la original, como por necesidades creativas, pues si querían mantener sus cualidades y el respeto inicial del público debían tenerlo a él al frente. Segundo, porque las principales cadenas (ABC, CBS, NCB y la recién nacida Fox) ponían exigencias para su producción que podrían salirles caras si el estreno no funcionaba como esperaban. Unas querían una miniserie y otras una temporada inicial de 13 episodios para ver si les gustaba y entonces extenderla. Era lo habitual, y sigue siéndolo en general, aunque no tanto en las recientes plataformas online. Pero la inversión que se necesitaba para ponerla en marcha era muy grande, y si la cadena no la adquiría sería una ruina.

Con el proyecto en el limbo, a algún directivo con visión se le ocurrió una idea revolucionara que les permitiría tener el control creativo frente a las cadenas de televisión y una proyección económica muy favorable. La producirían totalmente por su cuenta y ofrecerían emitirla directamente en sindicación, esto es, en vez de colaborar con una de las grandes y una vez alcanzado un buen número de temporadas venderla para las reposiciones a las cadenas pequeñas y locales, que en Estados Unidos ya eran cientos, la emitirían en todas las que quisieran aceptar la propuesta. Siendo una obra tan famosa y esperada, se unieron más de doscientas, de forma que llegó a todo el país de golpe. El acuerdo repartía los minutos de publicidad entre esas cadenas y Paramount, y al tener tantas emisiones en distintos horarios sacaron un rendimiento extraordinario en poco tiempo. Pero a la larga se vio como una estrategia aún más acertada, porque a medida que los costes de producción aumentaban, la rentabilidad también lo hacía porque ya había reposiciones de temporadas anteriores.

Ante el atractivo modelo de emisión, la promesa de tener libertad creativa y poder elegir los guionistas que trabajaran con él, Roddenberry aceptó. Se trajo a algunos colaboradores de la serie original, como los escritores D. C. Fontana y David Gerrold, y otros productores y puestos técnicos. Gerrold, un guionista con pocas pero importantes aportaciones (el famoso episodio Los tribbles y sus tribulaciones -213-) y autor de varios ensayos bastante aclamados por seguidores y respetados por los productores por sus acertadas críticas, fue contratado para desarrollar el concepto de la nueva serie y escribir la biblia. Esta viene a ser una descripción del universo imaginario y sus limitaciones, es decir, qué se puede hacer y qué hay que evitar; por ejemplo, él criticó que el capitán de la nave, Kirk, la abandonara cada dos por tres para meterse en peligros, así que en esta el capitán no dejaría el puente salvo extrema necesidad. Fontana empezó como secretaria de Roddenberry tiempo atrás, pero cuando se labró una digna carrera como guionsita volvió para colaborar con él en la serie original y luego fue productora ejecutiva en La serie animada (1973). A esta llegó como una de las principales guionistas y se le prometió algún puesto en la producción.

Aun así, un ejecutivo de Paramount, Rick Berman, fue elegido como productor para controlar a Roddenberry. Este no era fan de la serie ni de la ciencia-ficción, pero fue hábil en la lucha de despachos y ganándose a los demás productores y guionistas, y cuando Roddenberry enfermó y tuvo que aparterse en la tercera temporada acabó como principal productor ejecutivo, y de ahí pasó a controlar todas las series hasta Enterprise (2001-2005). Y por suerte, fue para bien.

Desde el principio hubo conflicto con Roddenberry, considerado por todo el equipo como el mayor lastre para la evolución de la serie a pesar de haber aportado precisamente su estilo sin igual. Su visión era demasiado inmovilista, quería eliminar cualquier atisbo de violencia y oscuridad en el ser humano, pensando en que en el futuro se habrían superado estos problemas, lo cual limitaba enormemente el argumento de cada episodio y prácticamente neutralizaba cualquier conflicto dramático entre personajes. Aparte, su talante de voceras y el abuso de numerosas drogas provocaba un mal ambiente en el trabajo. Le negó a Gerrold crédito por su aportación, a Fontana la ninguneó y esta tuvo que pelear por el puesto prometido. Las quejas fueron en vano, porque inicialmente tenía el apoyo de la productora y usó a su duro abogado, Leonard Maizlish, para doblegar a sus propios compañeros. Este incluso terminó metiendo mano en los guiones y la contratación de escritores.

La sangría de productores y guionistas se empezó a notar en mitad de la producción, costaba hacer nuevos fichajes porque en el gremio ya se oían rumores del mal ambiente. A esto se sumó la partida de una de las actrices principales, Denise Crosby, que interpretaba a la teniente Tasha Yar, quien con una sola temporada había dejado huella en los fans. Mientras tanto, Rick Berman fue moviendo ficha hábilmente, de forma que no parecía un intruso, implicándose más en el día a día de la producción. Pero todavía tenía al frente a Maizlish, quien con Roddenberry ya empezando a agobiarse y enfermar, se trajo a un amigo de ambos, Maurice Hurley, para tomar las riendas como jefe de guionistas, confiando en que mantuviera las normas de estilo que tan de cabeza traían a los escritores. Este mantuvo a flote la serie con sus notables aportaciones en muchos capítulos de la segunda mitad de temporada, pero también acabó peleado con otros guionistas e incluso chocando con los actores. De hecho, en cuanto llegó a productor ejecutivo en la segunda temporada despidió a Gates McFadden, la doctora Crusher. Por suerte, arrepentidos de haber matado hace poco a un personaje principal, Tasha, productores y guionistas estuvieron de acuerdo en apartarla con la excusa de tener otro destino, y pudieron traerla de vuelta en la tercera temporada.

En la lucha constante por el poder, Roddenberry perdió el control al terminar la segunda temporada, sobre todo porque su salud se deterioraba, agravada por el estrés y las drogas. Rick Berman se ganó al equipo y al estudio, tomando el control ante Hurley a partir de la tercera temporada. Atinó de lleno con Michael Piller como guionista principal, y ambos fueron probando nuevos escritores que traían nuevas ideas. Aunque Roddenberry fuera el autor original y tuviera ideas revolucionarias, Star Trek terminó de tomar forma por Berman, Piller, Ronald D. Moore, Brannon Braga y otros que fueron aportando distintas ideas al universo imaginario y al estilo de la saga.

Por otro lado, no he encontrado artículos o declaraciones que hablen de grandes conflictos con los numerosos directores, más allá del caos y las prisas de este tipo de trabajo. Corey Allen fue el artífice del episodio piloto, y volvieron a contar con él unas pocas veces en esta y en Espacio Profundo Nueve. Empezó como actor en teatro, pero fue encontrándose más a gusto en la dirección, y no tardó en acabar en la televisión. Desde finales de los sesenta pasó por incontables series, incluyendo pesos pesados como Dallas (1978) o Canción triste de Hill Street (1981), siendo las de Star Trek sus últimos trabajos importantes antes de retirarse. Cliff Bole y Les Landau fueron los más prolíficos, con unos veinte capítulos cada uno sólo en La nueva generación. Bole comenzó su carrera con El hombre de los seis millones de dólares (1974), y pasó por muchas muy populares, desde MacGyver (1985) a Expediente X (1993). Landau entró aquí como asistente de producción y ascendió a supervisor y director. No llegó a tener mucho éxito fuera de Star Trek, destacando apenas unas participaciones en Sensación de vivir (1990), Una chica explosiva (1994), y otros pocos episodios sueltos aquí y allá. Rob Bowman, a pesar de su juventud (27 años) e inexperiencia, dirigió doce episodios en las dos primeras temporadas, pero sólo volvió una vez más, porque se buscó nuevos aires como productor, destacando una serie que le dio bastante fama: Expediente X (1993). Saltó al cine con El imperio del fuego (2002), donde dejó buenas impresiones, pero la infame Elektra (2004) truncó su futuro y se centró de nuevo en la televisión.

Siendo planteada como serie de cabecera de la Paramount, el presupuesto fue generoso, al nivel de dramas famosos como Miami Vice (1984): 1,3 millones de dólares de la época por capítulo, que fue creciendo hasta 2 millones en las últimas temporadas (ajustando a la inflación, hoy en día serían de 3 a 3.5 millones, más o menos lo que cuesta The Expanse). Eso garantizó un aspecto visual de buen nivel, sobre todo comparado con la barata la serie original (190.000 dólares -1,5 millones ajustando- y reduciéndose por temporadas). Sin embargo, la ciencia-ficción es cara, sobre todo cuanto más se ambicione, y tenían que hacer malabares para mostrar todo lo que querían, habiendo episodios para ahorrar (con toda la narración ocurriendo en los decorados de la nave y con pocos efectos especiales) y recortes de lujos en el set (incluso de comida: alguna vez el reparto tuvo que colarse en otros platós para comer). Estos problemas los sufren prácticamente todas las series: es difícil encontrar un equilibrio entre riesgo y ganancia; sin ir más lejos, una década antes, Battlestar Galactica (Glen A. Larson, 1978) salió tan cara que fue cancelada a pesar de su gran éxito de audiencias.

Para las escenas de naves y el espacio se plantearon seriamente usar imágenes generadas por ordenador, pues los productores pensaban que la tecnología ya estaba madura y abarataría considerablemente los costes. Hicieron pruebas y estuvieron contentos con el resultado, pero al final decidieron ir sobre seguro con lo que conocían, las maquetas, porque así no dependían de compañías externas que podían fallar en las fechas de entrega o sufrir cambios bruscos en media serie (problemas laborales o económicos) que afectaran a su producción. Así que las naves, sobre todo el detallado Enterprise, se diseñaron con costosas maquetas, mientras que los demás efectos visuales se realizaron en postproducción con fondos pintados (planetas y espacios naturales) y unas pocas creaciones digitales (animaciones de las pantallas de la nave, efectos del espacio y las armas).

Hay que recalcar que fue una suerte enorme que se decantaran por las maquetas, porque hasta bien entrada la primera década del 2000 no se ha alcanzado en lo digital un nivel que parezca totalmente real (y eso en superproducciones), y las obras previas no aguantan bien el paso del tiempo, no digamos si nos vamos a la época de la serie y con presupuesto limitado. Pero, sobre todo, permitió tanto en esta como en la serie original una remasterización en alta definición que otras producciones semejantes (las siguientes de Star Trek, Babylon 5) no pueden tener sin encarecerse demasiado. Porque lo habitual en series era trabajar la postproducción (montaje, efectos especiales) con el negativo reducido a la calidad de emisión en televisión, no sobre el original de 35mm, pues resultaba muchísimo más barato. Los planos de las maquetas se rodaron en 35mm, pudiendo ser restaurados sin problemas más allá de tener que conservar el formato cuadrado (4:3) sobre el estándar panorámico posterior (16:9), mientras que los pocos efectos de ordenador que había se rehicieron de forma muy respetuosa. En cambio, en Espacio Profundo Nueve y Voyager y otras referentes del género como la citada Babylon 5, el uso de ordenador se hizo cada vez más habitual, y habría que rehacer gran cantidad de metraje con efectos digitales en alta definición, algo tan caro que es dudoso que vaya a ocurrir en fechas próximas… aunque las innovaciones en inteligencias artificiales que automatizan trabajos de edición de imagen desde luego son muy prometedoras.

El estreno fue un éxito. Desde la primera temporada empezó a recibir numerosas nominaciones a premios (incluyendo uno de los más relevantes de la ciencia-ficción, los Hugo) y en general mantuvo una buena recepción de los críticos y una muy entusiasta por parte de los fans, a pesar de algunas quejas iniciales porque el reparto fuera nuevo. Las audiencias fueron altas durante la primera emisión de las siete temporadas, en unos 10-12 millones de televidentes de media, que la ponía muchas veces entre las diez más vistas en sindicación y manteniéndose alrededor del puesto treinta contando a las cadenas principales, un estupendo buen resultado para una obra de ciencia-ficción; las producciones más seguidas en esa época rondaban los 20-25 millones: programas familiares y comedias como El show de Bing Crosby y Roseanne, o de reportajes, como 60 minutos. Se exportó muy bien al resto del mundo, y las reposiciones han conservado gran fidelidad a pesar de su antigüedad, de hecho sigue muy viva en la actualidad gracias a que Netflix le ha insuflado nueva vida a pesar de que los dvd y bluray han sido de los más vendidos en series de televisión.

Llegados a la séptima temporada, los directivos y los productores decidieron ponerle fin aun viendo los en apariencia buenos resultados. Las razones fueron principalmente monetarias, pues el aumento de costes iba disparándose y alcanzaría cifras astronómicas con la renovación de los contratos de los actores, y veían mucho más rentable empezar otras series desde cero y lanzar esta generación al cine. Pero también los productores y guionistas sentían que se había acabado la inspiración y tenían la nueva serie planteada, Espacio Profundo Nueve (1993-1999), para explorar otras opciones, así que no presionaron para seguir.