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SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 7 Y FINAL


FX | 2014
Acción, drama | 13 cap. de 50-80 minutos
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Drea de Matteo, David Labrava, Niko Nicotera, Michael Ornstein, Annabeth Gish.
Valoración:

Alerta de spoilers: Temporada final, spoilers a cascoporro.–

La última temporada de los Hijos de la Anarquía nos acerca a la caída al infierno de Jax Teller tras la cruel muerte de su amada, y su fiel club se ve arrastrado con él. El ataque de ira hace olvidar todos los planes de salir del crimen y dedicarse a negocios legales, dejando una temporada con regusto muy amargo: qué cerca estuvo, y qué bajo cae. El guionista Kurt Sutter nos sumerge en puro caos y tragedias donde las esperanzas por ver al club resurgir y a los personajes expiar sus pecados se desvanecen conforme avanza el año. Y aun así el tío es capaz de dar forma a un final de serie muy poético, gracias al simbolismo con que impregna el último tramo del fatídico viaje de Jax, por no decir que a pesar de su tono oscuro deja muy grato recuerdo gracias a que estamos ante otra temporada magistral.

En pocos días Jax ataca a todo el mundo, pero manteniendo la suficiente inteligencia como para no ir de frente como un loco, sino moviendo hilos de forma que las facciones se enfrenten entre sí, debilitándose. Todo forma parte de su objetivo de acabar con los chinos, en quienes recae la sospecha por el asesinato de Tara, y de paso con los negros de Augustus, enemigo principal de la zona y el único que puede oponérsele. La guerra supone una escalada de violencia brutal que no parece tener fin, todo Charming y el condado se estremecen.

Y mientras, Gemma arrastra sus remordimientos y miedos. Qué cruel es Sutter haciendo que ella sea artífice de la caída en desgracia de Jax. Mientras el club deja un reguero de muertos se mantiene la intriga por cómo y cuándo saldrá a la luz la verdad sobre la querida madre, porque indudablemente tendría que conocerse tarde o temprano. El segmento final efectivamente se lanza a cerrar esta dura historia: ¿puede seguir viviendo Jax sabiendo que fue Gemma quien mató a Tara en un arrebato de locura?, ¿puede ella sobrevivir a tan imperdonable crimen?, ¿se deshará el club con esta revelación? El desenlace es trágico en la vena shakesperiana habitual de la serie: muere hasta el apuntador.

El resto de protagonistas también da lo máximo de sí en esta etapa. La neutralidad de Wayne Unser es puesta a prueba con la desmedida respuesta de Jax. La otra gran traición por pagar, la de Juice, da muchísimo juego y no se libra de ser realmente triste, porque es difícil no cogerle cariño al chaval. La nueva sheriff como los anteriores resulta un pedazo de personaje: sus inclinaciones a jugar con el lado criminal para tratar de controlarlo un poco y la relación que forma con Chibs son muy interesantes. Los fieles Tig, Bobby y Happy se mantienen en su línea, alguno trayendo algo de luz (el romance gay de Tig aporta humor y sensibilidad en su justa medida) y otros oscuridad total (el destino de Bobby le estalla a Jax en la cara). Mi gran favorito tras Jax vuelve a ser Nero Padilla, en parte por el carisma nato de Jimmy Smits, en parte porque el personaje es una delicia. Por cierto, no entiendo cómo, siendo un protagonista principal desde hace varias temporadas, siguen sin poner al actor en los créditos como tal.

No me olvido tampoco de otros menos importantes pero igual de atractivos y que redondean uno de los grandes repertorios de personajes que ha dado la televisión. Chucky es un encanto. Wendy vuelve a cobrar protagonismo. Los miembros secundarios del club nunca se dejan como figurantes o pijamas, siempre se pone esfuerzo en darles algo de vida: Rabtoy y demás. Y con los de otras bandas igual: mejicanos, negros, etc. siempre son muy cuidados, nunca usados como simples objetos de la trama.

Kurt Sutter se marca otra temporada de infarto donde mueve todas las piezas del puzle de forma magistral: los numerosos personajes, sus relaciones y evoluciones, los distintos bandos, las tramas entrecruzadas una sobre otra hasta tener cuatro o cinco líneas encadenadas donde el movimiento de una afecta a las demás… El ritmo no es trepidante, es que llega a ser agobiante: ocurren tantas cosas a la vez, todas cruciales para los protagonistas, y la tensión es tan grande, que no puedes dejar de ver un episodio tras otro. Y de nuevo algunos superan la hora de longitud… y se hacen cortísimos.

Pero como también es habitual algún defecto de forma sí se puede señalar. El más conocido es su afán por siempre ir más allá, que a veces provoca giros exagerados y otras resulta demasiado teatrero. Pero aun así pocas situaciones de esta categoría se pueden citar, y sólo recuerdo dos que me hicieran chirriar los dientes: la masacre de negros que supone otro avance en las negociaciones de Jax (capítulo 706) está muy mal ejecutada, con todos disparando en círculo hacia el interior de forma que un tiro que no da en su objetivo es casi seguro que irá a uno de los tuyos; y la salida final de Jax del club fingiendo su ejecución y huida es manipuladora hasta decir basta, y desentona en un desenlace por lo demás redondo.

Y vaya si es redondo. Sutter hasta se atreve a distorsionar la barrera de la realidad: el número imposible de coches de policía persiguiendo a Jax, el camión fatídico con el conductor presentado tangencialmente, los cuervos, la vagabunda que sale en todas las temporadas (fantasma -real o figurado- de eventos pasados del club)… Todo se remata cerrando el círculo (Jax sigue los pasos de su padre) con gran emotividad, de forma que la fuerza narrativa del capítulo final pone la guinda a otra temporada gloriosa de una de las mejores series de los últimos años.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
-> Temporada 7 y final (2014)

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 6

FX | 2013
Drama, acción | 13 cap. de 50-90 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Art Linson, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Ron Perlman, Maggie Siff, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Rockmond Dunbar, CCH Pounder, Donal Logue, Drea de Matteo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada a fondo, muerte de personajes importantes inclusive.–

Parece que los guionistas, Kurt Sutter a la cabeza, han aprendido de los errores de la quinta temporada, pues este sexto año huye del sensacionalismo y la improvisación forzados que aquel arrastraba más de la cuenta, de la obsesión por ir siempre a más y de hacerlo a toda velocidad. Sutter ha bajado el ritmo, optando por dejar que los eventos calen en los personajes y en los espectadores, por no agotar la fórmula básica de la serie de tener constantemente un problema encima de otro. Hay conflictos en cantidad para todos los protagonistas, pero cada historia se toma su tiempo, se escribe meditando en cómo sacarle partido todo el tiempo que sea prudente hacerlo, sin abusar de los cierres exagerados y los giros salidos de madre, y sin repetir esquemas (recordemos que Jax y Gemma flojearon al exprimirse demasiado sus personalidades). Así pues, la aventura del Club no pierde intensidad, solo velocidad, y a cambio de asentar mejor las tramas. La tensión latente en cada minuto de cada episodio sigue siendo de primer nivel, y los personajes puteados al límite, esquivando problemas mientras hacen malabares al borde del abismo, son la tónica habitual.

Jax Teller sigue liderando el Club con coraje y determinación y tratando de no perder su objetivo deseado de terminar con los negocios más peligrosos, los que ponen a los Hijos de la anarquía en medio del fuego entre bandas y en la mira de la ley: el tráfico de armas y toda la violencia que le rodea. Su sueño de dirigirse hacia algo más legal parece acercarse por fin, ya lo saborea y lo toca con la punta de los dedos. La pornografía y los clubs de prostitución dan un jugoso dinero, y las nuevas alianzas (desde el ya amigo Nero Padilla al nuevo socio Barosky –Peter Weller-) van encaminadas a afianzar ese modelo de negocio. Pero la cosa como es habitual no resulta nada fácil: el Club es un nexo crucial en el entramado de la venta de armas, y hay que hacer muchas negociaciones. El IRA, los negros, los chinos, los latinos… todos quieren estabilidad o un trozo del pastel, y todos ponen sus propios impedimentos y condiciones. Las reticencias y cabezonería del IRA son el bache más grande y complicado de saltar; la muerte de dos de los simpáticos novatos y el ataque con bomba al Club no pueden olvidarse, y Jax se asegura de que el pirado de Gaalan termine pagando su precio sin por ello acabar en una guerra interminable con los terroristas.

En el lado de la ley, el sheriff del pueblo, Eli Roosevelt, tomó hace tiempo el camino de la resignación, pero siempre llega savia nueva. El loco de Lee Toric, un exMarshal que quiere hacer pagar al Club por la muerte de su hermana, o más bien busca algo que quemar en su camino de autodestrucción, trae el caos durante varios episodios, sobre todo a los encarcelados Clay y Otto. El actor Donal Logue aparece en todas partes, el tío, y su personaje está zumbado incluso para los cánones de la serie, pero como decía al principio, por suerte en esta temporada los guionistas andan con más cuidado y nunca se les va de las manos: su final llega pronto y es efectivo. Quien resulta más temible es la fiscal Patterson, en manos de otra veterana, CCH Pounder (encasillada en agentes de la ley: The Shield, Ley y Orden). Será una sombra constante sobre el Club y Tara, un hueso difícil de roer. Lo que no entiendo es qué pretendían con su jueguecito con la peluca.

Como siempre, hay también problemas internos. La lealtad de Juice sigue en entredicho, y Tara ha llegado a un punto de no retorno con la violencia: ve claro que sus hijos no pueden criarse en ese ambiente y decide iniciar su huida. Lo tiene dificilísimo, pues el Club actúa como una mafia: largarse sin más no es una idea segura. Así pues teje un plan digno de Gemma, pues de hecho si no supera al ingenio de aquella no puede salir airosa. La alianza con Wendy (ex de Jax y madre del niño mayor), el embarazo fingido, la trampa a Gemma y otras acciones forman parte del elaborado intento de llegar a un divorcio justificado por el entorno violento pero sin señalar ningún caso concreto que pueda acabar con algún miembro en la cárcel, evitando así ser señalada como una soplona. Y mientras, intenta librarse de la acusación de conspiración para asesinar a la enfermera (la hermana de Toric) que se cargó Otto, pues ella le llevó el crucifijo que usó como arma. Se suda de lo lindo al lado de Tara capítulo tras capítulo: ¿sería Jax capaz de hacerle daño?, ¿logrará huir? El pozo que se va cavando es cada vez más grande, y en el camino se convierte en el monstruo que siempre ha querido evitar ser: Gemma. Y Jax al final lo descubre todo: la reunión con la abogada es escalofriante, la posterior reunión con Tara más aún… Pero en un requiebro, en otra genialidad del gran Jax, aparece una gota de esperanza, se vislumbra una salida. Pero al final sale todo mal: el odio de Gemma es demasiado grande, y Tara acaba muerta de una brutal paliza.

También habitual es mantener a los secundarios con mil y un detalles: aunque haya protagonistas claros, los secundarios son muchos y tan imprescindibles como adorables. Unser y sus achaques, Chucky y sus tonterías, los fieles Chibs, Happy y Tig… Pero el que resulta mi favorito es el más reciente (apareció en la anterior sesión), Nero Padilla. Se han currado un personaje enorme, y hacia el final se torna además inquietante, con su incipiente rivalidad con Jax. El actor Jimmy Smits, otro mítico de la televisión, borda su papel. Hablando de actores, es ineludible citar de nuevo los papelones de Charlie Hunam (Jax Teller), Maggie Siff (Tara Knowles), Katey Sagal (Gemma Teller), así como el carisma de todos los demás.

El tono menos inquieto de la narración, la maduración de los personajes y la propia naturaleza de los momentos más importantes del año generan una situación sorprendente: los grandes instantes, las escenas más memorables, los puntos de inflexión más notables no son espectaculares secuencias de acción, épicos finales de personajes, tragedias o sorpresas inesperadas… son casi todos secuencias largas y pausadas, sin acción ni giros sobrecogedores, pero llenas de enorme fuerza y simbolismo e igualmente impactantes. De entre los muchos instantes que recordar me quedaría con dos. El primero es el largo y sentido discurso de Jax ante todas las sedes, exponiendo su plan, y que marca también el retorno de Bobby. El segundo es la esperada caída de Clay, que parecía que no iba a suceder nunca. La despedida no podía ser mejor. Hay odios y rencillas de por medio que todos saben que no pueden dejar atrás o limar, pero también hay una historia larga y que no se puede olvidar sin más. Además la ejecución es pieza fundamental en otro de los grandes planes de Jax: acabar con la sección beligerante del IRA y forzar sutilmente una más amistosa.

Como decía, en esta temporada no hay ningún problema, cualitativamente hablando, con los protagonistas ni con las tramas. Jax avanza muy poco a poco entre mil tropiezos, pero no da sensación de estancamiento o vueltas innecesarias; Gemma no cansa a pesar de su obsesión por los nietos (genial cuando los trata como si fueran sus hijos sin darse cuenta y delante de Tara); Clay aparece lo justo; los secundarios tienen todos su momento… No se nota desgaste, truco o agujero importante alguno. Sí que hay deslices, pero son cosas puntuales, no fallas notables en el desarrollo de la temporada.

El instante más exagerado del año sería la excesiva reacción del IRA: volar el Club es un atentado de gran calibre que atrae demasiado la atención de la ley, lo que debería perjudicar más a sus negocios de armas que pasar del Club o vengarse de forma paulatina, acosándolos y matándolos por separado. Por lo menos sus consecuencias dan mucho juego. También se podría decir que el final de temporada se inclina un poco hacia el sensacionalismo momentáneo e innecesario: está claro que Jax no va a ir a la cárcel, pues su pistola no es con la que disparan a Eli. Y finalmente, aunque esté muy bien expuesta y rematada, la muerte de Tara no me ha impactado como la caída de un personaje tan importante debería impactar. No sé si será porque uno está curado de espanto ante tantos fallecidos de forma espectacular o trágica, pero me apena que no me conmoviera el final tan duro de una protagonista tan querida; el final de Clay por ejemplo es perfecto. Pero mi queja más grande es de nuevo sobre las canciones, la manía de Sutter de acabar cada capítulo con un “videoclip de posicionamiento”, es decir, una cancioncita pesada sonando mientras los personajes se colocan de cara al final del episodio. La mayor parte de esos numeritos sobran o saben a fórmula repetitiva.

La estructura de la temporada es muy sólida y todo encaja a la perfección a pesar de que hay muchas capas que manejar. La aventura camina siempre con paso firme hacia adelante, sumergiéndose sin miedo en decenas de historias cruzadas cada cual más explosiva y espectacular, dejando todas el gran gustazo de mostrarse a la larga como perfectamente planeadas y magistralmente ejecutadas por los guionistas. Atrapa de principio a fin en cada uno de sus largos episodios (Sutter se ve justito otra vez para contarlo todo con trece capítulos), dejando claro, después del susto de la quinta etapa, que aún hay mucho que contar y que se puede hacer muy bien. El único pero es el de siempre: que no tenga la fama merecida a pesar de estar de nuevo entre las mejores del año.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
-> Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 5

FX | 2012
Drama, acción | 13 cap. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Art Linson, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Ron Perlman, Maggie Siff, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Winter Ave Zoli, Danny Trejo, Rockmond Dunbar, Benito Martínez.
Valoración:

Alerta spoilers: No leas si no has visto la temporada, cito todos los momentos cruciales.–

Desde la temporada segunda hasta la cuarta Sons of Anarchy mantuvo un nivel de calidad e interés excepcional, sublime, donde se veía claramente que su fuerza venía de una excelente planificación de tramas y una ejecución sensacional de estas en los guiones. Sin embargo, este quinto año parece una huida hacia adelante poco meditada, donde la improvisación y la necesidad de mantener el estilo de la serie (peligro constante, golpes de efecto, varias historias a la vez…) deja por ello entrever los trucos, los esquemas de guion predefinidos, los clichés, la repetición de elementos… y por extensión también la falta de rumbo en algunos personajes, la exposición de tramas un tanto aparatosa, la ejecución irregular de algunas secciones… No me malinterpreten, el año está lejos de resultar mediocre, la serie sigue siendo un buen producto de acción y drama, pero la grandeza de antaño desaparece casi por completo en favor de una visible improvisación. Desde mi punto de vista no puedo hablar de decepción, porque la cosa no decae tanto como para ello, pero sí deja algunas malas sensaciones en varios momentos importantes y en un par de protagonistas.

Lo peor de la sesión está en su tramo inicial, cuando aparece el nuevo súper villano de la temporada y este resulta bastante fallido. Después de todo lo que hemos visto en Charming, con varios grupos moteros, los cárteles, las agencias de la ley… resulta que no son nada comparado con este dios del crimen salido de la nada y que domina toda la región como le place. No resulta nada creíble que no se hubiera mencionado antes, que su presencia no se notara. La necesidad de ir más allá causa estragos aquí. Pero el error más grande con este carácter es el sorprendentemente erróneo casting: se espera que semejante rol esté interpretado por una figura imponente, temible… y nos encontramos con el pringadillo de Michael de Lost, el buenazo de Augustus de Oz: Harold Perrineau. No pega nada para el papel de gángster de alto nivel, de genio del crimen. Y como no pega, su actuación canta a fingida en cada escena. El físico, el porte, el aspecto, la mirada… es crucial para un personaje. No puedes poner para el rol de matón que ha ascendido al nivel Padrino a un jovenzuelo con cara de bueno. Es constante la sensación de que su segundo al mando da mucho más el pego, de que los papeles parecen cambiados.

Un problema menor sería que los personajes parecen algo estancados, habiendo llegado a la cima de su progresión y repitiendo el patrón que les define. No sería grave porque, primero, son caracteres muy bien escritos, y segundo, porque a veces las personas no cambian, de hecho de eso trata muchas veces las serie: del inmovilismo de los miembros del Club, de como las garras del crimen te atrapan y no te dejan escapar, de como el pasado de te acosa constantemente. El problema llega cuando en una de esas vueltas el guion pega un patinazo, o peor aun, cuando un personaje da tantos giros sobre sí mismo que termina desvirtuado.

En el primer caso puedo citar a Jax. Disfruto mucho viendo al nuevo Presidente atacar con su ímpetu e inteligencia habitual los mil problemas que le vienen encima, pero al final parece que lo único que hace es dar rodeos interminables con algún que otro achaque, como el tema del alcalde: con la absurda idea de que el nuevo local tiene que estar en una tierra del alcalde, como si no hubiese más zonas en alquiler en la región, Jax trata de chantajearlo en una trama que se alarga demasiado y también adolece de cierta falta de credibilidad, pues si quieres salirte del crimen qué demonios es eso de chantajear una figura de la ley de tan alto nivel. Pero repito que una escena malograda no echa por tierra el personaje, aunque sea un punto negativo para la temporada…

… Sin embargo lo que ocurre con Gemma es otro cantar, pues con ella se cae en un bucle que resulta fatídico. Su afán de dominar el cotarro y su obsesión por estar en la cúspide de la familia es algo inherente a su carácter, pero aquí se fuerza hasta salirse de madre. Y es una pena, porque la trayectoria de autodestrucción con que se iniciaba su historia en esta temporada era muy atractiva y coherente. Pero más adelante no saben qué hacer con ella, y la hunden en una cansina lucha por sus nietos, con giros rebuscados (el accidente de coche, recurrir a la ex de Jax, el acoso excesivo a Tara) y tramas muy alargadas e insistentes cuando hay cosas más interesantes que contar. Por suerte en el tramo final vuelve a mejorar cuando se incorpora en las tramas de Jax para salvar al Club de los tejemanejes de Clay.

Y sobre Clay decía el año anterior que su derrota ante Jax era un movimiento no por esperable y necesario menos atrevido, pues cambiaba por completo el statu quo de la serie. Sin embargo, aquí vemos que a los guionistas les cuesta tratar las repercusiones, y muchas veces da la sensación de que la presencia de Clay en el Club resulta forzada. No parece creíble que Jax acepte tener cerca a un monstruo que puso en serio peligro a su familia y su Club, y el plan de Clay a veces me resulta un poco exagerado (¿hundir el Club para volver a tomarlo? Puedo entender que prefiera la destrucción a no tener nada, pero no se desarrolla muy bien). Al final del año Jax consigue ponerle entre las cuerdas en otro movimiento espectacular, y la idea de Clay de ir por libre promete, pero da la impresión de que esto tenía que haber ocurrido en dos o tres episodios para que fuera más verosímil.

En cuanto a la escritura de las tramas de forma improvisada, debo decir que esto no tendría por qué haberse notado, pues la mayor parte de las historias funciona muy bien. El problema está en que una parte mal desarrollada desluce el resto. Aparte de lo citado con los protagonistas hay algunos instantes muy cogidos por los pelos, poco plausibles y cuyo desarrollo parece bastante mal orquestado. El asesinato de Ope, cuyas consecuencias en Jax (¡era su mejor amigo!) y en el Club no parecen existir, hace pensar en que se buscaba la muerte de un personaje principal por meter un golpe de efecto, sin pensar en la credibilidad o las consecuencias. Igual ocurre con la ejecución de la hija de Tig, precipitada, mal rodada, y confusa: el personaje no tenía relevancia, su implicación está metida con calzador y sabe a golpe de efecto apañado sobre la marcha. También podemos hallar algunos momentos cruciales no muy bien resueltos, como el desenlace del acoso de Pope a Tig y Jax en un tiroteo que no resulta nada verosímil (aunque la inteligente forma de endilgar el crimen a Clay es una buena sorpresa).

Pero el resto del año sigue siendo de gran calidad, ofreciendo de nuevo unos protagonistas muy atractivos envueltos en un sinfín de aventuras llenas de acción y violencia donde se maneja muy bien el ritmo (siempre activo, siempre intenso), las sorpresas y los efectos colaterales (cada acción tiene consecuencias previstas e imprevistas). Jax, sigue siendo un rol central de gran carisma, acompañado a la perfección por Tara y un gran número de gloriosos secundarios: geniales los problemas de confianza de Tig con Clay, la fidelidad de Chibs y Munson, la caída en desgracia de Juice tras su actuación como topo, etc. A ellos hay que sumar una incorporación espectacular: Nero Padilla, un criminal medio retirado que forja amistad con el Club. El personaje es magnífico, y en gran parte gracias a la excelente interpretación de Jimmy Smits, un actor secundario con larga carrera y grandes papeles (como el de candidato a presidente en El Ala Oeste o el de detective Simone en Policías de Nueva York).

Con Sons of Anarchy ha pasado lo que pasa cuando se alarga una serie más de la cuenta: se empieza a ver la falta de ideas, la expansión de historias y la improvisación de las mismas. Cuando se estaba gestando esta quinta temporada supimos que anunciaron también la sexta, pero por lo visto el contrato con Kurt Sutter, su creador, es para tres años, así que la séptima está prácticamente garantizada también. Así pues, tras terminar el grueso de historias en la cuarta temporada lo que hubiera planeado para el siguiente ciclo se ha tenido que alargar y/o postergar. Y aunque la serie sigue siendo más que buena, es evidente que acusa demasiado el tener el final tan lejano. Esperemos que en la sexta sesión los guionistas hayan tenido tiempo de planificar mejor las aventuras del Club.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
-> Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

EN TERAPIA – TEMPORADA 3 Y FINAL

In Treatment
HBO | 2010
Drama | 28 ep. de 22-30 min.
Productores ejecutivos: Paris Barclay, Hagai Levi, Stephen Levinson, Mark Wahlberg, Anya Epstein, Dan Futterman.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Amy Ryan, Dane DeHaan, Irrfan Khan, Debra Winger.
Valoración:

El tercer asalto a la vida del terapeuta o psicólogo Paul Weston supone un bajón considerable de calidad e interés en una serie que venía siendo magnífica, ofreciendo una temporada con tramos fallidos o poco sustanciosos y unos personajes mucho menos interesantes que sus predecesores. Sin duda se debe a que este remake de una producción israelí ya no se basa directamente en los personajes y capítulos escritos por Hagai Levi, sino que es una extensión que parte de cero donde por si fuera poco el principal artífice de la versión, Rodrigo García, parece que también dejó la serie en manos de su segundo, Paris Barclay, y me temo que los escritores de esta ronda no solventan el reto con el nivel de calidad necesario como para estar a la altura de los años anteriores. Esta temporada además consta únicamente de cuatro citas cada semana, dos emitidas los lunes y otras dos los martes, reduciendo así aún más el número de episodios con respecto a las etapas anteriores (28 en vez de 35 y 43).

Empezamos la semana con el paciente llamado Sunil, un indio que tras el fallecimiento de su mujer es traído a Estados Unidos por su hijo, quien está casado con una estadounidense. Dos desencadenantes principales hunden a Sunil en una depresión: el fallecimiento de su esposa, que le ha dejado sin el centro de su vida, y el aislamiento y choque de culturas que vive en su nuevo hogar. A Paul le cuesta llegar a él, y poco a poco descubre otros aspectos cruciales de su vida, como un amor arrebatado antes de la boda obligada por la cultura hindú. Sus sesiones son cada vez más intensas, pues empieza a indicar una conducta más que hostil hacia su nuera y Paul teme que se vuelva violento. El final de esta trama, por intentar ser original, queda un poco raro y forzado, pero el personaje resulta el más intenso e intrigante del año, y el actor Irrfan se marca otro de esos enormes papelones que ha dejado la serie.

Frances es una actriz bastante famosa, tanto en teatro como en cine. Su vida es un caos de sentimientos porque no sabe enfrentar muchos aspectos de su vida: el distanciamiento de su hija, el recuerdo de su madre que murió tras una larga enfermedad que ahora ataca a su hermana, la posibilidad de haber heredado ese cáncer de pecho y el miedo a que averiguarlo cuanto antes llevaría a la terrible decisión de si extirparse los senos o no… Pero todo esto no lleva a nada. Demasiada ambigüedad y demasiado frente abierto que no termina de centrarse nunca. Sus sesiones fueron las menos gratificantes de toda la serie, de hecho la mayoría resultaban aburridas y algunas un verdadero coñazo. Termina su terapia sin transmitir la sensación de haber contado algo, de haber llevado el personaje a alguna parte. Como es esperable, la conocida actriz Debra Winger lo hace de maravilla.

Jesse es un adolescente que de los problemas que arrastra no sabe qué lugar ocupa en el mundo, qué se espera de él y adónde se dirige. Por ello muestra una conducta errática, depresiva unas veces y autodestructiva otras. Ser gay en un mundo homófobo casi es poca cosa comparado con no recibir amor de los padres y descubrir además que es adoptado y los biológicos quieren ponerse en contacto con él. Dane DeHaan es otro actor que borda su interpretación, ofreciendo unas sesiones que oscilaban entre interesantes e intensas pero lidiando también con otras que aportaban muy poca cosa. Al personaje le faltó un poco más de garra y un rumbo más definido. Su final sabe a poco, con lo que acrecienta la sensación de que tampoco termina de ser una historia al nivel de las temporadas anteriores.

Tras acabar bastante mal con Gina y aumentar su distanciamiento con la lectura del libro que ella publica y donde se ve muy mal descrito en un personaje, Paul opta por buscarse otra terapeuta. Lo necesita, pues duerme fatal y todavía arrastra viejos temores (que su trabajo no sirva para nada y no esté ayudando a sus pacientes) y secuelas sobre el tema paterno (le obsesiona la posibilidad de haber heredado el párkinson). La cosa no empieza bien, porque entra en la dinámica de la terapia con arrogancia (qué joven es ella) y cerrando sus sentimientos, pero Adele, como buena profesional, termina cazándole y sacando cosas a la superficie. Paul, a trompicones, evoluciona… aunque sus incipientes sentimientos hacia ella (¿amor, dependencia, necesidad?) provocan nuevos problemas.

Las sesiones con Adele han sido para mí las más esperadas de este año, porque eran las que ofrecían un rumbo más claro y una carga dramática más tangible que ha sido muy bien manejada. Además, la actriz Amy Ryan (The Wire, The Office), una de mis favoritas de la tv (por belleza tanto como por calidad), está impecable en su rol y supone una gran réplica a Gabriel Byrne. Resulta una doctora simpática, no como Gina, que me caía bastante mal, pero también hay que decir que las sesiones están a un nivel algo inferior al de aquellas.

En cuanto a la trama personal del propio Paul, aparte del tema de su posible enfermedad tiene durante un tiempo a su hijo menor en casa y otras veces aparece una nueva novia, pero lo cierto es que estos dos caracteres aportan bien poco. Así, su historia no resulta tan completa y atractiva como el enamoramiento de la primera temporada o la denuncia de la segunda, con lo que da la sensación de que no hay una gran aventura que dirija al personaje central. Lo único que da juego son sus sesiones con Adele, de las que, como con el resto de personajes, ni todas son perfectas ni el desenlace termina de llenar del todo, sobre todo si la comparamos con la calidad ofrecida otros años o tenemos en cuenta que es el final de la serie y como cierre queda algo pobre.

En terapia ha sido una producción arriesgada y atrevida incluso para la televisión de hoy día, muy abierta a experimentos de toda clase. Ha supuesto un acertadísimo remake de una serie tan lejana a nuestra cultura que probablemente nunca la hubiéramos conocido (y de hecho no hay quien la encuentre, probablemente no se ha editado ni emitido fuera de Israel -y como anexo, otros países han hecho sus versiones-). Pero también fue difícil de rodar (requiere muchos capítulos, muchísimas líneas de diálogo e interpretaciones muy complejas; por lo visto Byrne acabó quemadísimo) y difícil de encajar en la parrilla de forma que llegase bien al público, porque también es una serie que no llama la atención fácilmente y que requiere esfuerzo, paciencia y un seguimiento constante. Incluso para la HBO ha sido una producción demasiado cerrada e exigente que no ha llegado a mucha gente. Por ello no pasó de tres temporadas, arrastrando durante poco tiempo rumores de que se pretendía seguir con Adele de protagonista. Y sin embargo, todo el que la ha visto habla maravillas de ella. Porque una vez introducidos en su dinámica se descubre una joya en bruto. Pocas veces he visto personajes ficticios tan de cerca, y muchas menos una serie tan aparentemente lenta y difícil me ha atrapado tanto. Así, aun con su tercera temporada decepcionante, la considero totalmente imprescindible para el espectador que busca calidad y riesgo artístico. Una obra de culto a reivindicar.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
-> Temporada 3 y final (2010)

EN TERAPIA – TEMPORADA 2

In Treatment
HBO | 2009
Drama | 35 ep. de 22-30 min.
Productores ejecutivos: Rodrigo García, Paris Barclay, Hagai Levi, Stephen Levinson, Mark Wahlberg.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Hope Davis, John Mahoney, Dianne Wiest, Alison Pill, Aaron Grady Shaw, Russell Hornsby, Sherri Saum, Glynn Turman.
Valoración:

Ha pasado tiempo desde el último episodio. Paul se ha divorciado y mudado. Tiene una nueva consulta en Brooklyn, donde se formó como psiquiatra, pero vuelve los fines de semana para ver a sus hijos y para su sesión con Gina, su maestra y terapeuta. Trata a sus nuevos pacientes mientras aún colean las repercusiones de la muerte del piloto de combate en el año anterior. El padre de aquél ataca a Paul con una denuncia que podría poner fin a su carrera, y en esa situación de estrés las pasa putas para conseguir mantener la cabeza fría y no tirar todo a la mierda.

En cuanto a sus nuevos pacientes, la semana empieza con Mia, a quien trató hace muchos años. Se conocieron cuando ella, entrando en la universidad, se enfrentó al dilema de si tener el bebé que esperaba y formar una familia o abortar y seguir estudiando para labrarse un futuro profesional. Optó por lo segundo y ahora, siendo una abogada cuarentona de éxito, se siente muy sola y enfrenta el final de su fertilidad con miedo. Mia resulta el personaje menos atractivo del año. Sus problemas parecen poca cosa y su cabezonería por ser triste sin motivos de gravedad no llenan tanto como el resto de protagonistas. Adquiere un interés extra por la simpatía y el papelón de la actriz Hope Davis, quien sabe encandilar en cada plano, pero nunca da la sensación de que su historia vaya a alguna parte o resulte especialmente trascendente.

April es una joven incapaz de asimilar que tiene cáncer, y eso puede suponer su muerte. No sabe enfrentarse a sus sentimientos, ni aceptar que ella es la enferma esta vez, y no su hermano autista. Paul desespera ante la posibilidad de que ir retrasando el tratamiento ponga en peligro su vida, y lidia con el problema ético de si forzarla él mismo o avisar a su familia. La situación llega a momentos muy tensos y dramáticos en varias sesiones. Diría que es el equivalente a Sophie, la chica de la temporada anterior: me moría por ver más y saber qué iba a pasar con ella, sufría con su agonía y la impotencia que sentía Paul. La actriz Alison Pill (Los pilares de la Tierra) lo hace de maravilla, y la réplica de Gabriel Byrne es no menos intensa.

Oliver (Aaron Grady Shaw) es un chaval que se enfrenta a la separación de sus padres. En cierta manera recuerda a las sesiones del caótico matrimonio de la primera temporada: en su presentación se hacen pesados y cuesta entrar en su dinámica, pero luego te atrapan por completo. Al principio los padres resultan deleznables, casi molestos, y esa es claramente la intención, pero claro, prefieres ver personajes con los que tienes más empatía. Pero conforme avanza la temporada se va comprendiendo mejor su situación, lo difícil que es hacer frente a esos sentimientos y problemas, y terminas casi queriéndoles ayudar a salir del bache. Y Oliver es la personificación de la esperanza perdida. El tramo final de esta historia es trágico y terriblemente demoledor, sobre todo porque sabes que es un trauma al que se enfrenta mucha gente: divorcio, nuevo hogar y colegio, terror a lo desconocido y a perder el amor de los padres… Paul se muere de asco intentando ayudar a Oliver, pero no hay mucho que pueda hacer.

Walter (John Mahoney) es un anciano empresario de éxito con una compañía enorme. Paul pronto ve que reprime todo sentimiento, que el estrés los ha escondido muy hondo y explotan de vez en cuando en ataques de ansiedad. Cuando la empresa se enfrenta a una crisis con fallecidos, Walter entra en una espiral de desgracias. Poco a poco Paul va desgranando qué eventos de su vida (traumas de la infancia, sobre todo) han forjado a este hombre. Mis sensaciones con el anciano fueron semejantes a las que tuve con el piloto del año anterior. Al estar tan cerrado en sí mismo al principio no parecía llevar a nada, pero conforme te introduces en él quieres saber más, y la intriga sobre su destino, sobre cómo Paul podrá entrar en él y sacarle de sus pesares, es constante. Diría que ha sido mi segundo personaje favorito del año. Y su tramo final también es trágico, con su intento de suicidio.

Paul expone sus problemas ante Gina (Dianne Wiest). En unas terapias cada vez más tensas ella intenta que él enfrente los sentimientos de odio y distanciamiento hacia su padre, quien le abandonó cuando era un crío. La proximidad del fallecimiento del mismo aumenta la desazón en Paul, llegando a entablar acaloradas discusiones con Gina que no parecen sacarle de su pozo de oscuridad. Además, el acoso del padre del piloto fallecido pone una gota extra de tensión usada con maestría: Paul está muchas veces al borde de la más absoluta desesperación.

El año tiene menos epsiodios con respecto al anterior (35 en vez de 43) debido a la dificultad logística de rodar tantos, y se emitieron dos cada domingo y tres cada lunes, al contrario del capítulo cada día laborable de la primera temporada. Quizá en la HBO pensaron que las bajas audiencias se debían a la forma de emitirla, pero esto tampoco funcionó.

Este recorte de dos semenas por paciente se nota ligeramente en las historias. No supone un bajón notabe con respecto a la primera temporada, pero sí se ve que no hay tiempo para desarrollar tramas tan largas y densas como la de Sophie. Habilmente alguna línea narrativa queda en suspenso (el tratamiento, al igual que la vida, sigue adelante), pero eso implica que se echa de menos un cierre más concreto y conocer el destino de personajes con los que el espectador se implica profundamente. Sea como sea, es otra temporada inmensa, de las que no se olvidan, y no puedo dejar de agradecer a Paris Barclay y Rodrigo García el esfuerzo de adaptar la serie original de Hagai Levi.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
-> Temporada 2 (2009)
Temporada 3 y final (2015)

EN TERAPIA – TEMPORADA 1

In Treatment
HBO | 2008
Drama | 43 ep. de 22-30 min.
Productores ejecutivos: Rodrigo García, Paris Barclay, Hagai Levi, Mark Walhberg, Stephen Levinson.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Melissa George, Mia Wasikowska, Josh Charles, Embeth David, Diane West, Michele Forbes, Mae Whitman, Glynn Turman.
Valoración:

Basándose en una serie israelí llamada BeTipul (de Hagai Levi), que supongo tendría bastante éxito o llamaría la atención por su estilo y calidad, Rodrigo García y Paris Barclay crean en la HBO su versión occidental, cambiando según se dice por internet lo mínimo, sólo aspectos culturales. Es la primera serie de emisión diaria de la cadena, y como era esperar la apuesta es atrevida y arriesgada como pocas. In Treatment (En terapia) sigue el día a día de un terapeuta con sus pacientes, mostrando casi únicamente esos personajes y la habitación donde trabaja. Nos centramos en un paciente al día (cinco por semana) al que seguimos en cada cita semanal hasta completar el ciclo de su vida que estamos viendo (llegando a la asombrosa cifra de cuarenta y tres episodios). Los capítulos son en formato corto, de 25-30 minutos.

Los protagonistas son de lo más dispares, resultando unos más atractivos que otros según las preferencias del espectador, aunque estoy seguro de que a la larga todos terminan con un huequecito en nuestro corazón. Siempre queremos saber más, queremos ahondar en sus problemas y en las razones subyacen en su psique y su pasado que les han llevado hasta estos momentos difíciles de sus vidas. Lleva la terapia Paul Weston (Gabriel Byrne), conocido por ser de los mejores del gremio, aunque pronto vemos que está extasiado, agobiado y distraído por sus propios fantasmas personales: la relación con su familia es prácticamente inexistente, y su mujer, Kate (Michele Forbes, que aparecerá puntualmente), inicia una aventura con otro. Así pues, decide ir a terapia él mismo, acudiendo a su vieja amiga y mentora los viernes (Gina, Diane West).

Los lunes nos encontramos con Laura (Melissa George, vista en Alias), una treintañera hermosísima con problemas para relacionarse con los hombres, con quienes no es capaz de conectar más allá del sexo desenfrenado del que luego suele arrepentirse. Hará tambalear los cimientos de la vida y trabajo de Paul cuando declara su amor por él, pues sus sentimientos hacia ella son también intensos y sobre todo conflictivos con su ética profesional.

Los martes nos visita un piloto de combate, Alex (Blair Underwood), altivo y pagado de sí mismo pero también muy dotado y exigente con lo que espera de sí mismo y de los demás. Es quien peor me caía al iniciar la serie, por su chulería y frialdad, y porque me daba la sensación de que su historia aportaba menos. Sin duda es el más difícil, porque es quien más guarda sus sentimientos; por ello mismo conforme vamos conociéndole se hace mucho más interesante: ¿pero qué le pasa a este tío, cuáles de las historias que transmite están realmente las relacionadas con sus penas? Los episodios en que por fin explota y admite tener serios problemas son sobrecogedores, y el desenlace de su historia y la aparición de su padre resultan memorables.

Los miércoles tenemos a Sophie (Mia Wasikowska), quien enamora desde la primera escena y se alza desde entonces como la favorita del público (todo artículo que he leído la reclama como tal). Es una gimnasta adolescente que parece haber intentado suicidarse y cuyo cerebro es un caos de sentimientos y conflictos. De estar pletórica y alegre pasa a la más profunda de las depresiones en un instante. Sus sesiones son las más intensas, caóticas e imprevisibles y sus historias las esperaba con un ansia que no se veía defraudada, porque la evolución del personaje es magistral. El tramo final es precioso, y la parte central, cuando Paul empieza a llegar al fondo de su mente, demoledora.

Los jueves la crisis del matrimonio de Jack y Amy (Josh Charles, Embeth David) zarandea hacia un lado (él, obsesivo y controlador) u otro (ella, distante y dañina para consigo misma) y, como la de parte de Alex, puede costar entrar en su dinámica, entender sus motivaciones, pero precisamente esa es la idea: no es fácil llegar al fondo de asuntos tan complejos, y no es hasta casi el final cuando se empieza a entenderles mejor; hasta entonces sus aventuras son menos centradas en los sentimientos y más en el conflicto directo: peleas, problemas paralelos, etc. Es la sección que me llegó con menos fuerza, pero lo cierto es que en ningún momento se me hizo pesada o pensé en saltar episodios para llegar a mis partes favoritas.

En terapia es todo diálogo, personajes exponiendo sus miserias, cataratas de sentimientos, luchas internas mientras Paul intenta introducirse en sus mentes y hacerles ver sus errores y cómo pueden salir adelante. Pero que no asuste su formato y estilo, pues en el fondo no difiere demasiado de un drama de personajes estándar. Quien espere acción obviamente no la va a encontrar, pero a pesar del limitado número de protagonistas el ritmo es siempre intenso, lleno de diálogos y situaciones que constantemente están transmitiendo algo o yendo en una dirección bien palpable y atractiva. En pocas frases se definen personajes y relaciones que no vemos (o lo hacemos de refilón, como los hijos de Paul) pero llegan a interesarnos y desde luego son cruciales para entender a los protagonistas. Los propios pacientes calan hondo rápidamente, tan bien construidos, mostrados y desarrollados se nos presentan, y los episodios saben a poco, pues siempre nos dejan queriendo saber más del carácter que acabamos de acompañar. Así, la mayor parte de las veces que me ponía a ver algún episodio me ventilaba una semana de golpe.

Siendo una serie centrada totalmente en los personajes, el reparto debía ser elegido con cuidado. Y qué mejor cadena a la hora de escoger actores que la HBO. Todos son perfectos para sus roles, todos están comprometidos al máximo y ofrecen unas interpretaciones excelentes, pero como es habitual alguno termina destacando sobre los otros. El primero en hacerlo es Gabriel Byrne, quien consigue una labor inmejorable en un personaje muy difícil, pues constantemente debe expresar dudas, vacilaciones, tensión o rabia de forma que los pacientes no lo noten pero el espectador sí lo haga, y todo ello evitando dar la sensación de que resulta forzado. Melissa George capta de forma magistral todos los matices de su carácter, que según estado de ánimo que se encuentra seductora o frágil, animada o ahogándose en un mar de lágrimas. Y en un mundo justo Mia Wasikowska habría arrasado en todos los premios televisivos, pero ya sabemos cómo son. Su papel es el más completo y espectacular. La joven muchacha llena la pantalla de forma arrolladora con una vitalidad increíble; sus largos discursos en llanto descarnado, sus rabietas impredecibles, sus explosiones de emociones o su hosca hostilidad consiguen como indicaba que el personaje sea el más fascinante del conjunto.

Como suele pasar, calidad y audiencias no van de la mano, y si le sumamos que el proyecto no es fácil de llevar a cabo (muchos episodios, y Gabriel Byrne, que aparece en todos, acabó quemado), En terapia ha sido otra más de la HBO aclamada por los espectadores exigentes pero poco vista, y tras su tercera temporada se le ha puesto fin.

Ver también:
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 y final (2015)