Archivo de la etiqueta: Pablo Schreiber

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 2

The Wire
HBO | 2003
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, Chris Bauer, John Doman, Paul Ben-Victor, Idris Elba, Frankie Faison, Lawrence Gilliard Jr., Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, James Ransone, Pablo Schreiber, Al Brown, Delaney Williams, J.D. Williams, Tray Chaney, Bill Raymond.
Valoración:

Alerta de spoilers: Defino el argumento y posición inicial de los personajes por encima, sin contar cosas reveladoras ni giros importantes (salvo algunos detalles en el párrafo de mejores escenas).–

Si entrar en la dinámica de la primera temporada podía costar un poco por su densidad, enfrentarse a la segunda puede suponer un choque e incluso una ligera decepción, porque cambia tan de golpe el paisaje que cuesta varios episodios hacerse a la idea. Aunque vayas sabiendo que habrá un nuevo escenario no estamos acostumbrados a que una serie pegue un salto tan grande. De la comisaría y “El foso” pasamos a los trabajadores del puerto, se introduce de golpe un grupo amplio de nuevos personajes sin relación directa, en principio, con los que conocemos, y el caso policial tarda mucho en tomar forma y pasar al primer plano.

Como decía en la introducción a la serie, cada año se centra en un aspecto concreto de la lucha contra las drogas. Esta vez, a través del puerto de Baltimore, vemos cómo un grupo de ciudadanos corrientes, debido a las malas condiciones de la vida, puede acabar introduciéndose en el mundo del crimen para poder subsistir. Como es esperable estamos ante un cuadro completo de la situación: desde el currito desesperado al líder del sindicato, desde las mafias que introducen contrabando al destino final en las calles; y mientras, la policía hace lo que puede con todas las limitaciones ya mostradas en la primera temporada.

En el puerto, el trabajo alrededor del movimiento de mercancías está en uno de los momentos más difíciles de su ya de por sí complicada existencia. La economía no anda bien, y cada vez hay menos barcos. Frank Sobotka (Chris Bauer) es el líder del sindicato de estibadores, y lucha a todas horas para tratar de mejorar las condiciones del lugar, pero también para evitar que ante tal panorama sus amigos, trabajadores y también familia acaben tirando la toalla y opten por dedicarse al contrabando de drogas a tiempo completo (porque los trapicheos con electrodomésticos y otros bienes son conocidos y tolerados por todos). Sus hijos Ziggy (James Ransone) y Nick (Pablo Schreiber) son su principal preocupación. Ambos andan metidos en esos chanchullos negociando directamente con quien controla la mafia local: el griego Spiros Vondas (Paul Ben-Victor). Toda la situación explota cuando en un contenedor de carga aparecen numerosas prostitutas ilegales muertas, lo que atraerá demasiado la atención de la ley.

Como en la primera etapa, el caso no se inicia porque se haga un esfuerzo real en perseguir el crimen, sino porque los altos mandos usan sus influencias a su antojo. Es demencial cómo uno de estos jefes (el Mayor Valchek –Al Brown-, visto poco en el año anterior pero difícilmente olvidable: es uno de esos superiores despreciables) se cabrea con Sobotka por una rivalidad personal absurda y usa su poder para montar un destacamento que lo investigue para acabar con él. Así pues, con el prestigio adquirido con el caso Barksdale, Cedric tiene otra oportunidad de ir tras la droga en uno de sus puntos clave: su entrada en la ciudad y por extensión el país. El equipo que forma es el mismo: Lester, Kima, Carver, Herc, Prez… y más tarde se unirá la oficial lugareña Beadie (Amy Ryan). Mientras, McNulty está en la guardia costera, debido a todo lo que le tocó las pelotas a los jefes el año pasado (a Rawls principalmente). El destino es un chiste genial, porque ya en el primer capítulo de la serie los personajes bromeaban con que acabaría ahí. Se verá incluido en el meollo porque encuentra un cuerpo que podría estar relacionado con las otras prostitutas, y el tío, en plan venganza, en una sus míticas ocurrencias, calcula milimétricamente las fronteras juridiscionales y consigue encasquetárselo a Rawls.

Aunque muy lentamente y tras dar muchos palos de ciego, el caso toma rumbo, porque la droga apunta de nuevo al entramado de Barksdale, ahora liderado por Stringer Bell, y empiezan a acercarse también a un narcotraficante del lado Este de la ciudad, Proposition Joe (Robert F. Chew), o Joe Proposiciones. El proceso se narra de nuevo con gran realismo y exponiendo cada paso con detalle: las horas muertas mirando el programa de ordenador con el que controlan los contenedores desviados, las vigilancias constantes de esquinas y locales, las limitaciones técnicas y personales, las figuras misteriosas que no son capaces de alcanzar (los fantasmagóricos superiores de Spiros)…

Avon Barksdale sobrevive sin problemas en la cárcel, porque por su poder es intocable, y como no conoce otra forma de vida que el crimen no flaquea. Pero el joven “D” siempre ha tenido dudas, y le cuesta más mantenerse cuerdo. En la calle, el negocio peligra por la mala calidad de la droga, y Stringer plantea realizar un gran pacto con Joe Proposiciones, a lo que Avon, hombre de acción y mano dura, se opone: eso sería demostrar debilidad y ceder mucho. La tensión y diferencias entre ambos crecen cada vez más, y Stringer empieza a actuar a sus espaldas tomando algunas decisiones difíciles y peligrosas.

En un lugar más secundario siguen apareciendo Omar y su banda de asaltantes. Es una espina para Stringer, porque aparte de los robos sabe que se la tiene jurada por el asesinato de su novio. Conocemos también a un asesino a sueldo muy peligroso e intrigante: el extraño hermano Mouzone. El choque con Omar promete ser espectacular. Igualmente, aunque pasamos mucho tiempo fuera de la comisaría seguimos teniendo a Bunk y demás fauna. Y Bubbles aparece menos pero sigue siendo adorable.

Entre las numerosas grandes escenas del año cabe citar las siguientes: McNulty viendo que puede joder la vida Beadie a pesar de que le atrae; Prez siendo apaleado verbalmente por su tío y superior; McNulty incapaz de frenar a la prostituta cuando entra de incógnico en el burdel, y termina follándosela mientras lleva la escucha; Omar en el juzgado dejando en evidencia a los abogados; el destino del superior de Spiros, conocido como El Griego, así como sus conexión con altos mandos del país; aquella escena que enlaza la reacción de las parejas de varios agentes ante su elección de dedicarse al caso; el vendedor de droga blanco que viste y habla como un negro; Ziggy perdiendo la cabeza y liándose a tiros; de nuevo, cualquier conversación de Herc y Carver cogida al azar…

La temporada es de nuevo magnífica, densa, realista y dura pero a la vez muy entretenida y emocionante. Sin embargo también hay que decir lo evidente: no alcanza las cotas extraordinarias de las tres grandes temporadas, la primera, tercera y cuarta. Aun siendo soberbia, con los momentos gloriosos habituales de la serie y con sus personajes exquisitos, le pasa como a la quinta: le falta una pizca tanto de perfección como de genialidad que me permita considerarla una obra maestra. Se ve una ligera improvisación en la historia, una falta de definición que se traduce en un ritmo mejorable en su tramo inicial. O dicho de otra forma, le cuesta entrar en materia, tanto en los personajes del puerto, donde da varios rodeos hasta centrarse (vemos varias escenas en el bar que no aportan realmente mucho), como en el caso, que empieza con poca garra y algo disperso, como si David Simon no tuviera claro su desarrollo, como si pensara que no daba para la temporada entera y se viera obligado a postponerlo más de la cuenta. Tampoco ayuda que las historias estén bastante separadas: del puerto a la gente de Stringer hay un gran salto. En la tercera temporada vuelve a juntarse todo, y el relato vuelve a ser más compacto e impactante. Eso sí, huelga decir que el año es sobresaliente, que es mucho más que una obra policíaca y no hay ni una serie que se le parezca en ningún sentido: estilo, visión, acabado, alcance…

Ver también:
Temporada 1.
Presentación.

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 2

Netflix | 2014
Drama, comedia | 13 ep. de 55-90 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Uzo Abuda, Danielle Brooks, Michael Harney, Natasha Lyone, Taryn Manning, Kate Mulgrew, Jason Biggs, Laverne Cox, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Beth Fowler, Germar Terrell Gardner, Joel Marsh Garland, Annie Golden, Viky Jeudy, Selenis Leyva, Matt McGorry, Adrienne C. Moore, Matt Peters, Dascha Polanco, Alysia Reiner, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Yael Stone, Lorraine Toussaint, Samira Wiley, Laura Prepon, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Lolita Foster, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Julie Lake, Emma Myles, Dale Soules, Lin Tucci, Laura Gómez, Barbara Rosenblat, Constance Shulman, Pablo Schreiber, Lauren Lapkus, Michael Chernus, Maria Dizzia, Matt McGorry.
Valoración:

Después de la arrolladora y memorable primera temporada Orange is the New Black vuelve a lo grande marcándose otro capítulo inicial de infarto, de los de contar entre los mejores del año. Como el ingreso en la cárcel, el misterioso traslado sin previo aviso que sufre Piper Chapman es una auténtica pesadilla que se contagia magistralmente al espectador. Minuto a minuto sufrimos la indefensión de la mujer, el temor por su destino (todo apunta a una cárcel de máxima seguridad, por la agresión a la loca religiosa) y las penurias que sufre por el camino (guardias hostiles, ninguna información, situaciones incómodas e injustas -se le niega algo tan básico como hacer sus necesidades -). La creadora y guionista Jenji Kohan nos ofrece otro turbador viaje a través de la inmundicia del sistema penitenciario estadounidense desde la perspectiva de un personaje muy humano e interpretado con enorme intensidad por Taylor Schilling.

El destino no es el que esperábamos, pero tampoco es agradable. Testificar en el juicio del narcotraficante para el que trabajaron ella y Alex Vause mina la relación entre ellas porque el peligro de que puedan tomar represalias según lo que digan las pone en una situación muy delicada. Alex saldrá de la cárcel, pero fuera estará peor que dentro, temiendo día a día que vayan a por ella. Piper vuelve a su encierro de mínima seguridad, lo que supone a estas alturas una vuelta a la normalidad muy de agradecer. Sí, allí las cosas no son fáciles, pero podría ser peor y ya está bastante adaptada. La serie rebaja mucho el tono tras el demoledor inicio, dejando atrás el drama e inclinándose cada vez más por la aventura distendida y la comedia. No hay pérdida de calidad, pero a mí me ha apenado un poco, porque es impresionante lo que puede escribir Kohan cuando se pone dura.

También Piper pasa bastante a un segundo plano, pues el protagonismo está cada vez más repartido. Esto también me fastidia porque es un personaje que me trae loco, pero tampoco hay pérdida de calidad, el repertorio de habitantes de la cárcel mantiene el nivel e incluso mejora al conocerlos más a fondo. Los flashbacks que narran la situación que llevó a las mujeres a cumplir condena son cada vez más importantes, y algunos resultan muy impactantes al dar nuevas lecturas a protagonistas muy queridas, como el de Lorna Morello, que resulta espectacular y algo triste. No me voy a parar a describir cada historia con detalle porque no acabaría nunca con tantos personajes (entre veinte y treinta, todos imprescindibles en el conjunto y maravillosos individualmente), pero es ineludible decir que sus vidas cruzadas se narran con una habilidad pasmosa. El ritmo es siempre activo y atractivo, no hay un solo momento en que haya metraje que no aporte algo esencial, de hecho muchos capítulos rozan la hora de duración, de tantas cosas que hay para contar. Hasta los detalles cotidianos (humorísticos muchos de ellos) y las tramas más secundarias (por ejemplo el campeonato de ver quién folla más) aportan capas poco a poco.

Solo un fallo tiene la temporada, y queda pronto equilibrado: Vee. Esta veterana de las cárceles, narcotraficante de poca monta con aires de grandeza y afán de controlar el cotarro resulta algo cargante, arquetípica también, y su lucha por ser la más fuerte y poderosa se aleja un poco del tono verosímil habitual. Pero a cambio sirve como nexo alrededor del que hacer evolucionar un montón de caracteres. El grupo de afroamericanas se ve muy beneficiado al ganar protagonismo y poner puntos de conflictos importantes, y Red mantiene el tipo en una guerra que a veces peca de sensacionalista.

Mis partes favoritas del año, aparte de todo lo que atañe a Piper, serían las siguientes. Los intentos de Healy por servir para algo y superar sus limitaciones. Joe Caputo ganando a la corrupta Figueroa. El viaje loco de Lorna a la casa de su ex. El previsible pero efectivo romance entre el novio de Piper y su mejor amiga. Los viajes a quimioterapia de Rosa. El concurso de prepararse para entrevistas de trabajo. El drama que supone ser anciana en un sistema penitenciario y sanitario de risa. Y destaco también que nunca había visto tanta franqueza y naturalidad a la hora de hablar de sexo y relaciones femeninas.

Como la primera temporada, se presta a visionado maratoniano porque cada capítulo es solo parte de un todo y con su ritmo trepidante, sus personajes adorables y las historias tan humanas contadas con un tono de humor negro muy conseguido se hacen cortos y dejan siempre con ganas de ver más. Orange is the New Black es una orgía de emociones, capaz de hacerte pasar del lagrimón a la risa descontrolada, manteniéndote siempre inmerso codo con codo en las vivencias de las protagonistas. Es la serie más adictiva y que mejor recuerdo deja del momento (no solo te diviertes, te hace vibrar y también pensar), y obviamente de nuevo se alza como una de las mejores del año.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 1

Netflix | 2013
Drama, comedia | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Uzo Abuda, Danielle Brooks, Michael Harney, Natasha Lyone, Taryn Manning, Kate Mulgrew, Jason Biggs, Laverne Cox, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Beth Fowler, Germar Terrell Gardner, Joel Marsh Garland, Annie Golden, Viky Jeudy, Selenis Leyva, Matt McGorry, Adrienne C. Moore, Matt Peters, Dascha Polanco, Alysia Reiner, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Yael Stone, Lorraine Toussaint, Samira Wiley, Laura Prepon, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Lolita Foster, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Julie Lake, Emma Myles, Dale Soules, Lin Tucci, Laura Gómez, Barbara Rosenblat, Constance Shulman, Pablo Schreiber, Lauren Lapkus, Michael Chernus, Maria Dizzia, Matt McGorry.
Valoración:

A sus treinta y pocos años Piper Kerman (en la foto) parecía una mujer normal. Blanca de clase media-alta, familia llena de titulados en la universidad, prometida a su novio… Pero resulta que años antes, decidida a disfrutar de la vida al acabar los estudios, tuvo un romance con una mujer que se dedicaba al narcotráfico. Cuando aquella fue detenida acabó arrastrada a la cárcel también, por colaborar llevando dinero, con una condena de 15 meses. Como no es un viaje muy habitual dado su estatus social, sus amigos y familiares se interesaron mucho por sus vivencias, con lo que acabó escribiendo un libro, Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison (Naranja es el nuevo negro: mi año en una prisión para mujeres), de ahí saltó a a dar charlas sobre los derechos de las mujeres encarceladas, y finalmente su historia ha acabado en televisión. Jenji Kohan tomó las riendas de un proyecto que se ajustaba mucho a su experiencia, pues Weeds era otra dramedia centrada en una mujer en apariencia normal que acaba dedicándose a las drogas. La serie se produjo para Netflix, y resultó un éxito inmediato: fue la más vista en la por ahora corta historia de este canal de video bajo demanda (te suscribes y ves lo que quieres cuando quieres por internet), superando a House of Cards a pesar de no tener publicidad ni un reparto famoso ni inicialmente el beneplácito de la crítica, que suele inclinarse demasiado por las modas.

Hasta Orange Is the New Black no me había parado a pensar que no hemos visto ni en cine ni en televisión producciones llamativas que muestren la vida en las cárceles de mujeres. Es un género dominado por hombres, con las míticas Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994) y Oz (Tom Fontana, 1997) a la cabeza. Pero cuando ha llegado esta serie de repente me he dado cuenta de cuánto se echaba en falta el punto de vista femenino, vacío que llena de forma que será difícil encontrar otra producción que le haga sombra, porque apunta muy alto. Esta perspectiva expone tanto la forma en que las mujeres ven el mundo como los problemas relacionados con el género (abusos desde la parte masculina, principalmente) a través de historias muy realistas y llenas de detalles cotidianos. No falla tampoco en el análisis social y la crítica al sistema, pues saca a relucir la inmundicia de las cárceles estadounidenses y las carencias enormes del Estado y la sociedad a la hora de reconducir a los delincuentes. Como en Oz, queda claro que las prisiones son un almacén para olvidar a gente descarriada, que el gobierno no pone esfuerzo monetario y humano para arreglar las cosas y el pueblo está adormecido y no mueve un dedo para cambiar la situación. Sobre la influencia de Oz es difícil saber cuánto debe a ella y cuánto es casualidad por temática; tienen en común el tono realista, la crítica al sistema y mostrar mediante flashbacks qué hicieron las presas, entre otras cosas.

La serie ha acertado de pleno en dos formas de narración muy populares en esta era dorada de la televisión. La dramedia, es decir, comedia más drama, permite ofrecer una perspectiva de drama real pero con un tono de aventura distendida. La sonrisa es constante en cada episodio y da para carcajadas en no pocas ocasiones, y el drama es ligero pero no por ello superficial, de hecho la complejidad y profundad de todas las historias narradas es enorme, pero nunca llega a resultar un relato oscuro o duro, siempre tiene un punto socarrón y prima la aventura realista y pragmática sobre la tragedia humana.

El otro punto destacable es no mostrar buenos y malos muy marcados, sino tener protagonistas grises que pueden tanto cometer atrocidades como dar lo mejor de sí mismos. Ni las internas más peligrosas ni los guardas más duros hacen la función de villanos, es decir, de enemigos para las protagonistas y roles que odiar por el espectador, sino que son otro ejemplo de cómo la sociedad y las circunstancias y nuestras limitaciones nos moldean y nos pueden llevar a actuar desviándonos de la ética. Así, los guardias no son puestos como hijos de puta sádicos sin más, sino como seres tan falibles como los demás personajes. Cuando Healy (el más representativo en esta etapa) manda a aislamiento o maltrata psicológicamente a Chapman no se siente asco y ganas de que se vengue de él, sino indignación porque el sistema permita esa situación y lástima porque él no ha sido capaz de manejar sus problemas mejor y lo ha pagado con alguien más o menos inocente.

También ha sido muy inteligente mantener un reparto coral, no centrar el protagonismo exclusivamente en Piper Chapman (álter ego de Piper Kerman), algo esperable dado el material de origen. Su punto de vista es el principal, y como personaje central resulta memorable, pero el repertorio de secundarios es delicioso y el protagonismo está muy repartido. Todas las presas, desde la más loca a la más tranquila, tienen una personalidad definida a la perfección desde su primera aparición, y aunque por ahora no haya habido una gran evolución de personajes (exceptuando a Piper), poco a poco las relaciones y formas de ser van respondiendo a todos los eventos que van sucediendo en las numerosas tramas principales y secundarias. Es imposible no implicarse con las simpáticas Lorna y Nicky, seguir con interés la fachada de dura de Red, flipar con los tropiezos de guardas como Pornomostacho o Healy y disfrutar con los líos entre grupos (latinas, negras, blancas rednecks -paletas sureñas-).

Es difícil destacar a alguna actriz secundaria, todas son bastante desconocidas pero cumplen de maravilla mimetizándose completamente en sus personajes. La más reconocible y relevante es quien interpreta a la exnovia de Chapman (la traficante de drogas Alex Vause), Laura Prepon, quien fuera la pelirroja de Aquellos maravillosos 70, una comedia sencilla pero con bastante buen reconocimiento. Los hombres, más escasos, también cumplen (Michael Harney como Healy está soberbio), pero en este lado está el único punto negativo de la serie: el novio de Piper supone el único actor mal elegido. De verdad no sé cómo se coló en tan cuidado casting un manta como Jason Biggs (saga American Pie…), quien desaprovecha un buen personaje con su nula expresividad (se supone que está sufriendo la situación, pero su interpretación no lo refleja) y la ausencia total de química con Taylor Schilling (Piper).

Pero incluso en este rico panorama el rol principal, Piper Chapman, destaca resultando un personaje que sin duda va a hacer época. Siendo blanca, rubia, con estudios universitarios y bastante culta (las referencias a la cultura pop abundan, por cierto) da mucho la nota incluso en una prisión de mínima seguridad, y pronto su personalidad narcisista y victimista le hará pasar por varios encontronazos. Pero esa propia inteligencia y educación completa le permitirá adaptarse rápidamente y contar con ciertas ventajas. El choque de culturas y la extraordinaria situación que vive se exponen magistralmente en el episodio piloto, un capítulo memorable que atrapa por completo para el resto de la temporada. El proceso de adaptación es riquísimo en vivencias e interés, y en el tramo final empieza a plantar cara, a volverse más dura.

La interpretación de Taylor Schilling (dada a conocer en el poco exitoso drama de hospital Mercy) es la que necesitaba este rol: está plenamente sumergida en Chapman, consiguiendo un personaje fascinante desde el primer instante. Sus miedos quedan expuestos con una sola mirada, y el proceso de adaptación y superación va mostrándolo con gran habilidad. Junto a la otra gran mujer del año, Tatiana Maslany (Orphan Black), supuso toda una revelación y uno de los mejores papeles de las últimas temporadas televisivas, llegando ambas a recibir nominaciones a los Globos de Oro a pesar de que la crítica pasó bastante de sus series en favor de las más cercanas a las academias de premios. Aunque luego hicieron el ridículo dándoselo a Robin Wright por House of Cards en vez de a uno de estos dos portentos. Es una vergüenza que poco a poco el boca a boca va poniendo en su sitio: Orange Is the New Black fue probablemente la mejor serie del año y Taylor Schilling merece todas las alabanzas que se te puedan ocurrir.

Ver también:
-> Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)