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LA MALDICIÓN DE HILL HOUSE – MINISERIE

The Haunting of Hill House
Netflix | 2018
Drama, terror | 10 ep. de 43-70 min.
Productores ejecutivos: Mike Flanagan.
Intérpretes: Michael Huisman, Carla Gugino, Henry Thomas, Elizabeth Reaser, Oliver Jackson-Cohen, Kate Siegel, Victoria Pedretti, Lulu Wilson, McKenna Grace, Paxton Singleton, Julian Hilliard, Violet McGraw, Timothy Hutton, Anthony Hutton, Annabeth Gish, Robert Longstreet.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sin datos reveladores de ningún tipo. —

Una familia compra una vieja mansión para reformarla y ganar un buen dinero vendiéndola. Viven de eso hasta que puedan permitirse “la casa para siempre”. Pero está encantada, y padre, madre y los cinco hijos empiezan a sufrir el acoso de diversos fantasmas hasta que algo grave ocurre y salen huyendo. Pero, ya de adultos, vemos que el crecimiento de los niños ha estado lastrado por esa infancia traumática, arrastrando todos alguna falla importante en su personalidad que los impide ser felices. Y las cosas se complican cuando la casa empieza a llamarlos de nuevo.

A nadie se le escapará que la premisa es bien vieja. No en vano, la novela homónima de Shirley Jackson en que se basa es de 1959, y desde entonces el género ha sido explotado de diversas formas en la literatura y el cine. No tanto en televisión, donde esta miniserie ha deslumbrado alzándose como una de las más exitosas y mejor valoradas del año. En el drama también he encontrado una influenia obvia, pues recuerda bastante a uno de los grandes referentes, A dos metros bajo tierra (Alan Ball, 2001): la vida alrededor de una gran casa y una funeraria y la descripción de personajes heridos de diversas formas la traen a la memoria en varias ocasiones. Entonces, ¿cómo ha podido causar tanta sensación? Pues mediante un truco viejo también: contar las cosas bien. Y en este caso hablamos de muy, muy bien. Pocas veces una serie ha logrado acojonar tanto, y más partiendo de algo tan poco original, pero en el drama es magnífica también.

Para provocar terror es esencial una narrativa muy cuidada. La historia debe ser coherente dentro de su fantasía para que podamos tener un marco de referencia al que aferrarnos, los personajes deben respirar vida propia para contagiarnos sus miedos, y la consecución de atmósferas adecuadas han de primar sobre los sustos sonoros cutres. Por desgracia, en el cine por lo general no se trabajan debidamente los personajes, se abusa del efectismo barato en las historias y de los sustos forzados. El creador Mike Flanagan se ha curtido en este ámbito con algunos títulos menores llenos de estos vicios pero que aun así tuvieron cierto éxito, porque por alguna razón el género es capaz de vender chorradas sin problemas. Sólo he visto la infame Oculus (2013), así que espero que Absentia (2011), Hush (2016), Ouija (2016) y El juego de Gerald (2017) sean algo mejores. Sea como sea, desde aquella a la presente muestra una maduración impresionante.

Rodeado de colaboradores habituales en el equipo técnico Flanagan hace gala de una narrativa inteligente y metódica. La fotografía de Michael Fimognari juega sabiamente con la oscuridad y las sombras, pero no forzando oscuridad, sino todo lo contrario, aprovechando al máximo la riqueza del escenario de la mansión. La música de los hermanos Newton es sencilla pero efectiva para darle la última puntilla a cada situación, aunque se mueven mejor en lo melancólico que en lo tenebroso.

Encontramos una armonía admirable entre la construcción de atmósferas inquietantes y la llegada de los sustos con el desarrollo de los personajes, todo ello además jugando con dos épocas distintas que se retroalimentan de maravilla. Porque los episodios combinan pasado y futuro (algo que el realizador ya probó brevemente en Oculus), presentando a los protagonistas y sembrando los misterios con cuentagotas, eso sí, sin abusar del “sigue mirando que luego te lo cuento”; sólo con la puerta roja se pasa un poco en ese aspecto. Además, por lo general centra cada capítulo en un personaje, aunque como su relación es estrecha se avanza con todos y con la historia global en todo momento. Los intérpretes (algunos también viejos conocidos del realizador) se dejan todo en personajes muy exigentes. Flanagan los muestra destrozados y abandonados, y poco a poco nos expone cómo han llegado ahí, y cómo son incapaces de superar sus problemas. Imposible destacar tan sólo un par de actores, hasta los chiquillos están impecables.

Con este buen trabajo delante y tras las cámaras la serie resulta conmovedora y sobrecogedora a partes iguales, sólo necesitan unas pocas escenas para contagiarnos la pesadumbre de los protagonistas y el ambiente malsano de la mansión, de forma que acabas ya desde el primer capítulo con mal cuerpo y unos cuantos sustos de los gordos. Y sí, hay muchas veces que sabes que viene una escena de fantasma… pero te acojona igual. Por cierto, atentos a la infinidad de espectros ocultos que salpican cualquier plano y a alguna estatua que cambia de postura sutilmente.

Ahora bien, el equilibrio de la fórmula se resiente un poco en el tramo final, de forma que es probable que a algunos espectadores les deje malas sensaciones. Flanagan deslumbra en los tres primeros episodios, cuando parece que va a aflojar el ritmo nos recupera en el quinto con el primer gran giro inesperado (La mujer del cuello torcido, aunque largo, efectivo) y a continuación nos deja anonadados con uno de los mejores capítulos de los últimos años, Dos tormentas. Este se compone de unos pocos planos secuencia de diez minutos o más donde se juntan todos los protagonistas, los dos escenarios principales (la funeraria y la mansión) y las dos líneas temporales en un colofón sin parangón. El rodaje fue una pesadilla, pero el resultado es un hito asombroso.

Sin embargo, desde esa altura caemos bastante. La confrontación final con la casa no sólo falla a la hora de dar el esperado subidón final de infarto, sino que en comparación con el resto de la miniserie queda un peldaño por debajo. Es buen final en concepto, pero a la hora de plasmarlo Flanagan y supongo que también los productores han cometido el error de alargarlo demasiado. Con ocho episodios y un cierre de aúpa podríamos estar hablando de una obra maestra. Pero el octavo baja la intensidad, y el noveno es descaradamente relleno para cumplir con los diez, todo el metraje son conversaciones que repiten lo ya conocido, además en escenarios muy parcos (coches sobre todo), como para descansar del esfuerzo del sexto capítulo. Así que abordamos el desenlace habiendo perdido esa atmósfera tan intrigante, y como optan por una solución blanda, emotiva, dejando el terror completamente de lado, puede decepcionar a más de uno. Lo cierto es que cierra bien la historia de cada personajes, tiene buenas sorpresas, y aunque algún giro se pueda intuir está bien ejecutado. Pero parece el epílogo tras un clímax que nunca llega.

Pero aun contando con ese bajón, La maldición de Hill House es una serie excelente, con picos extraordinarios, digna de citar como una de las grandes del año. Para los amantes del terror, desde luego es un visionado obligatorio.

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ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 6

Neflix | 2018
Drama, comedia | 13 ep. de 50-85 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Dale Soules, Danielle Brooks, Uzo Aduba, Adrienne C. Moore, Elizabeth Rodriguez, Selenis Leyva, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Jackie Cruz, Laura Gómez, Daniella De Jesús, Nick Sandow, Beth Dover, Matt Peters, James McMenamin, Emily Tarver, Mike Houston, Taryn Manning, Amanda Fuller, Susan Heyward, Lori Petty, Nicholas Webber, Laverne Cox, Shawna Hamic, Alysia Reiner, Mackenzie Phillips, Vicci Martinez, Henny Russell.
Valoración:

Cabía pensar que la renovación por tres años de golpe allá en la cuarta temporada daba a Jenji Kohan y su equipo de guionistas tiempo más que de sobra para planificar bien las historias a largo plazo y tener claro cómo abordar el tramo final, pero la sexta y penúltima etapa parece haber sido improvisada más de la cuenta. Ha dejado cierta decepción en el ambiente, pues Orange is the New Black ha pasado de copar las listas de lo mejor del año a un segundo plano. Continúa siendo una serie superior a la media, un entretenimiento de primera a la vez que un análisis sociológico magistral, pero el listón estaba alto y se esperaba que siguiera subiendo. El motín puso la expectación por las nubes. Muchos frentes, muchos problemas, y todo sobre un grandísimo trabajo con los personajes y la crítica social subyacente, nos dejaron en vilo y esperando ver más. Pero prácticamente hacemos un borrón y cuenta nueva y tenemos una temporada de relleno. Adictiva, espectacular a veces; encantadora, hasta el punto de hacerte vibrar con la mayor parte de sus numerosos personajes; didáctica y a la vez conmovedora, porque muestra la realidad con una visión compleja y delicada; pero, en el fondo, de relleno.

Las reclutas son repartidas en distintos pabellones de máxima seguridad. Muchos personajes desaparecen y conocemos otros nuevos, por sí solos interesantes (en especial los guardias y su jueguecito), pero puede mosquear que a estas alturas den la espalda a los que tenían un vínculo emocional ya establecido con el espectador y con los que se esperaba que abordaran sus arcos finales para irse por las ramas con novedades. La niñata pelota y las dos hermanas en guerra constante por liderar a las presas y mostrar su odio mutuo ofrecen aventurillas bastante moviditas, pero carentes del recorrido emocional tan trabajado y el contenido intelectual crítico al que nos tenían acostumbrados. Es decir, valdrían como tramas secundarias, de esas que salpican el día a día en la cárcel, pero me temo que toman protagonismo total a costa de dejar las secciones principales, las que esperábamos ver desarrolladas, en un plano inferior.

Las secuelas del motín se tratan con cuentagotas a través de unas pocas historias deshilvanadas y sin la garra y lecturas de antaño. La feroz crítica a las carencias del capitalismo y cómo promueve la corrupción (el sistema penitenciario, la justicia, los políticos…) solo se retoma en dos parejas de personajes. Por un lado tenemos el esperado juicio por el motín, que recae en Taystee y Caputo. Este resulta simplemente correcto y está extendido más de la cuenta para que abarque todo el año, dejando la sensación de que sabe a poco, de que cumplen con ello por obligación. Mejor funciona la odisea de Dayanara y su madre, ambas empujadas por el sistema a hundirse más y más: la primera ve que la cárcel es su futuro, y por consecuencia trata de hacerse fuerte con los grupos más violentos; la otra, se encuentra con que todo está diseñado para que vuelva al mundo del crimen. Pero fuera de ello apenas tenemos unos repetitivos amagos de traiciones entre las presas implicadas en el motín para salvar sus propios cuellos y un par de escenas dedicadas al estrés de los guardias. Todas las historias subyacentes (pobreza, racismo y demás injusticias sociales) que llevaron a las presas a la cárcel, en muchos casos injustamente, y fueron creciendo hasta acabar provocando la rebelión, se dejan de lado y nos vamos a un sinfín de historias secundarias.

Y no me malentendáis. Como indicaba, estas son de nuevo variadas y muy atractivas, y ofrecen un muestrario de vivencias y problemas realistas con una naturalidad asombrosa. Pero como llegan a costa de olvidar todo lo andado se pierde gran parte del interés, de la pasión con que seguíamos la serie. Además, no todas las historias funcionan, con algunas estamos dando vueltas en círculos todo el año: Frieda y sus miedos y Suzanne y su confusión terminan agotando. También debo quejarme de que continúan desaprovechando el grandísimo talento de Taylor Schilling al no darle al personaje historias más intensas con las que la actriz pueda lucirse como en las primeras temporadas; prácticamente lo único que ofrece es la rivalidad con la matona, que se hace cansina.

Así que esperemos que para la traca final vuelvan a la senda y deslumbren como antaño.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
-> Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)

DESENCANTO – TEMPORADA 1


Disenchantment
Netflix | 2018
Comedia, aventuras | 10 ep. de 28-36 min.
Productores ejecutivos: Matt Groening, Josh Weinstein
Intérpretes: Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon, John Dimaggio, Billy West, Maurice Lamarche.
Valoración:

Cuando se anunció Desencanto (paso de los paréntesis absurdos inventados por la distribuidora española), el retorno de Matt Groening con una serie nueva tras la (ya larguísima) decadencia de Los Simpson (1989) y el final de Futurama (1999), se generaron muchas expectativas sin motivos claros, principalmente porque la elaboración de ambas se llevó a cabo por muchos escritores. En la presente igual: actúa más de creador e ideólogo que de guionista.

Los aburridos primeros capítulos (¿era necesario pasar de la media hora de duración?) han segado rápidamente ese entusiasmo, presentando una serie poco inspirada y de narrativa aletargada. Por suerte mejora poco a poco, hasta desembocar en un buen final, y los protagonistas se hacen querer, pero es difícil perdonar un comienzo tan pobre más otro par de episodios flojitos en una temporada tan corta.

La premisa es sencilla: una chica rebelde, un padre conservador, unos secundarios graciosetes, y un entorno de fantasía medieval donde jugar con elfos, cíclopes y demás. Bean es la hija mayor del rey, una joven irresponsable, respondona y alcohólica que rechaza cualquier intento de los miembros de la corte para hacer algo con su vida. También es cierto que algunas circunstancias, como el matrimonio obligado, no ayudan a apaciguarla. Y es que el pobre rey Zog tiene muchas cosas con las que lidiar, pero todos parecen tomarlo por memo o por tirano: su querida esposa falleció, la actual es de una raza anfibia y fría y distante, el hijo con ella idiota perdido, los reinos vecinos traen mil problemas, etc. Bean se hace amiga de Elfo, un elfo desterrado, cursi e inocente que se topa con un mundo lleno de egoísmo y crueldad, y de Luci, un demonio enviado por una facción rival para desestabilizar el reino, pero que pasa un poco de todo y se va de juerga con ella.

No sé por qué, como más o menos todo el mundo, esperaba algo más elaborado. Viendo los avances parecía que versaría sobre aventuras fantásticas, pero al principio el escenario parece irrelevante, todo es un dramón adolescente que bien podía haberse ambientado en cualquier otra época, y la poca fantasía que encontramos es una decepcionante parodia tonta tipo Shrek (Andrew Adamson, Vicky Jenson, 2001). En Futurama era al revés: ciencia-ficción con vetas bien equilibradas de historias sobre amistad, maduración y romance. Pero una vez pasado el flojo inicio empieza a equilibrarse y madurar poco a poco, dejando entrever sus virtudes: en contra de lo bajo que apuntaba, veremos que no se queda en los estereotipos de ambos géneros, fantasía y adolescencia.

Entre las aventuras más delirantes de la familia real de Utopía (Dreamland), como la parodia de Hansel y Gretel, el exorcismo, la fiesta desmadrada en el castillo, etc., hay un trasfondo más serio que combina hábilmente la brutalidad inherente a la animación actual (Bean es borracha y malhablada) con una sorprendente delicadeza con que tratan los temas dramáticos. Con Bean se habla de la responsabilidad, de no ser capaz de encontrar algo que llene tu vida; el padre no es un cutre villano, sino un pobre desgraciado que no sabe cómo tratarla; tanto el demonio como sobre todo el elfo van mostrando aristas poco a poco… Y prácticamente todos los episodios tratan de alguna forma temas paterno filiales, de responsabilidad, de amistad…

Hay más dejes de Futurama que de Los Simpson, pero también poco a poco va formando su propia idiosincrasia. Los personajes secundarios ganan presencia (atención a los consejeros del rey), los reinos vecinos adquieren complejidad (hay rencillas familiares y políticas, conflictos culturales), algunas historias en apariencia secundarias cobran protagonismo (la sangre de elfo como elixir de la vida), y el sentido humor es más ingenioso y loco cada vez. Todavía le falta inteligencia y mordacidad, pero ya va teniendo más imaginación y gracia.

Y así llegamos a un tramo final rozando el notable, con momentos emotivos, giros inesperados muy logrados, humor cada vez mejor combinado con unos personajes que van creciendo a ojos vista y un universo cada vez más rico. Así que, después del gran desencanto inicial, he terminado esperando con interés la próxima temporada.

LOST IN SPACE – TEMPORADA 1


Netflix | 2018
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 10 ep. de 47-65 min.
Productores ejecutivos: Matt Sazama, Burk Sharpless, Neil Marshall, Marc Helwig, Jon Jashni, Zack Estrin.
Intérpretes: Molly Parker, Toby Stephens, Maxwell Jenkins, Taylor Russell, Mina Sundwall, Parker Posey, Ignacio Serricchio, Raza Jaffrey.
Valoración:

La serie original, creada por Irwin Allen en 1965, fue un producto familiar sencillo (hoy en día nos parecerá ingenuo, quizá incluso cutre) con bastante éxito popular, hasta el punto de que ha propiciado numerosas referencias en distintas películas y series (Los Simpson como siempre a la cabeza). El argumento parte del clásico drama familiar (conflictos paternos, educación de los hijos), pero el giro de tener aventuras en el espacio le daba un aire nuevo en aquellos tiempos; por ejemplo, el robot causó sensación.

En 1998 fue llevaba al cine como superproducción cinematográfica escrita por Akiva Goldsman (El cliente -1994-, Batman Forever -1995-, Batman y Robin -1997-) y dirigida por Stephen Hopkins (Depredador 2 -1990-, Los demonios de la noche -1996-), aunque de calidad anduvo tan escasa que el boca a boca la hundió rápido; ni con la estupenda música de Bruce Broughton y la presencia del insigne Gary Oldman se podía salvar. Hubo un intento de resucitarla como serie en 2004 bajo el título de The Robinsons: Lost in Space. A pesar de estar producida por grandes empresas (Warner Bros. y la cadena Fox) no salió nada bueno y se quedó en el episodio piloto. Puedes echarle un vistazo en Youtube si te atreves. En argumento y tono parece sacada de los años setenta, con lo que renovación poca, y pesar de estar dirigido por John Woo, con varias películas de acción a cuestas (Cara a cara -1997-, Acantilado rojo -2008-), el paupérrimo aspecto visual también empeora las malas sensaciones.

La nueva versión llega de la mano de varias productoras pequeñas y Netflix con dos guionistas que, viendo su corto y débil currículo, tiran un poco para atrás: Matt Sazama y Burk Sharpless tienen en su haber paridas como Drácula: La leyenda jamás contada (2014), El último cazador de brujas (2015), Dioses de Egipto (201) y Power Rangers (2017). Quizá si me hubiera fijado antes en sus nombres ni me habría acercado, pero llegué por el reparto y por el género, no puedo resistirme al espacio y las naves.

Por suerte, esta aproximación es bastante ambiciosa, tanto en lo visual, con un presupuesto sin duda descomunal muy bien aprovechado, como para mi sorpresa también en la escritura. Mantienen el tono para toda la familia, pero no es una cursilada llena de argumentos bobos, tópicos y moralina barata, sino que toman al espectador por inteligente, los autores son capaces de ofrecer aventuras emocionantes para los jóvenes y un envoltorio más complejo y serio para los adultos. Por comparar con otras del género recientes, me estoy acordando de los infumables dramones llenos de personajes estereotipados de Terra Nova (Kelly Marcel, Craig Silverstein, 2011) y Falling Skies (Robert Rodat, 2011), y no hay color.

Las aventuras son variadas y por lo general bastante completas. Se combina supervivencia en la naturaleza y contra el propio ser humano con ciencia-ficción bastante realista, habiendo poca tecnojerga y ciencimagia y más empeño en mostrar el esfuerzo físico pero también intelectual de los personajes de forma verosímil aunque los escenarios sean fantasiosos. Cabe señalar que se ven pronto las intenciones de describir la ciencia, el progreso y la pasión por descubrir cosas como algo que puede traer algún peligro pero siempre recompensas mayores. Un drama familiar tan progresista viniendo de EE.UU. hoy en día es algo atípico y muy valioso.

Los hechos calan en los personajes, no es una vuelta al statu quo tras cada resolución. Hay situaciones traumáticas en casi todos los episodios, con algunas disyuntivas de nivel, como cuando se presenta la elección de salvar a una persona arriesgando a muchas o dejarla morir ante sus narices. Los protagonistas son inesperadamente grises y falibles, incluso la villana crece muy bien tras una presentación que no apuntaba maneras. La perspectiva que esta tiene del mundo se trabaja bien para que su empeño en sobrevivir a costa de todos (por cobardía, incapacidad para ver el cuadro completo, etc.) no la convierta en un cliché con patas sino en un ser miserable muy atractivo. Esto permite otros dilemas interesantes: cómo tratar la justicia y el perdón en el nuevo mundo.

Es cierto que la familia responde inicialmente también a unos cuantos estereotipos. El matrimonio a punto de romperse por las ausencias del hombre por su trabajo, la madre perfecta, el niñito empollón, las adolescentes, una la bohemia y otra la chica de carrera… Pero tienen dimensión suficiente para resultar simpáticos, aunque, al menos todavía, no entrañables, y ocurren tantas cosas que no da tiempo a que se atasquen en sus descripciones iniciales, siempre hay movimiento en las historias y problemas en lo personal y lo ético que los exprimen adecuadamente. Pronto llega el robot, que aporta el toque de misterio. El diseño es espectacular y produce asombro e inquietud a la vez. Y no tardan en aparecer también nuevos grupos de supervivientes, todos bastante interesantes y aportando más historias y conflictos.

Uno de los alicientes que me llevaron a verla a pesar de las reticencias iniciales con que fuera una obra muy infantil es el reparto. Con dos grandes actores como Toby Stephens (Black Sails, 2014) y Molly Parker (Deadwood, 2004) me tenían medio ganado. Pero los chavales también están muy bien elegidos, sobre todo el más difícil, el jovencísimo Maxwell Jenkins, que logra una interpretación muy natural. Y Parker Posey (Superman Returns, 2006) como la malvada doctora Smith también está estupenda en un papel muy complicado: es capaz de mentir hablando pero mostrar su cobardía y sus planes con la mirada.

Lo único que se le puede achacar es que algunas historias personales se ven venir muy de lejos y que a veces pecan de buscar el escenario más grande y exagerado, saliéndose de la tónica realista para forzar algunos finales de episodio de infarto. Las disputas matrimoniales siguen todos los pasos esperables sin un atisbo de buscar novedades, de hecho, ocurre lo contrario, deciden que llega el momento de tener tal situación y la fuerzan, por ejemplo montando a los dos padres en el coche y haciendo que se queden varados por ahí para que tengan que trabajar juntos y acercarse otro poco. En cuanto a efectismo innecesario, hay varios momentos aquí y allá que hacen torcer el gesto un poco, pero la palma se la lleva la salida final al espacio, un despiporre de exageraciones y salvaciones en el último momento, para acabar en un giro tipo Perdidos (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004). Entiendo que había que tener un clímax apasionante, pero es tan artificial que resulta contraproducente, hay momentos en que da más bien vergüenza ajena.

En lo visual no hay ni una pega, tiene el nivel de superproducción de cine, tipo Prometheus (Ridley Scott, 2012) o El marciano (ídem, 2015). El vestuario es impresionante, pero los decorados, vehículos y efectos especiales son realmente asombrosos, y el rodaje en espectaculares exteriores garantiza un aspecto visual arrebatador. Es incluso decepcionante si se mira en el sentido de que hay un montón de grandes obras ciencia-ficción que se quedaron cortas (o incluso canceladas) por falta de dinero, y esta serie menor y algo tontorrona consigue tal despliegue. Directores de talento como Neil Marshall (The Descent -2005-, Centurión -2010-), Vincenzo Natali (Hannibal -2013-) y David Nutter (desde Expediente X -1993- a Juego de tronos -2011-) exprimen las posibilidades al máximo. Ya con las fastuosas panorámicas de hielo y montañas de los primeros capítulos me engancharon, pero partes como la del valle de tierra (donde hay otra nave estrellada a punto de caer por un acantilado) son alucinantes.

Si logran quitarse de encima las pocas limitaciones argumentales y consiguen mantener un interés constante sin inclinarse demasiado por artificios huecos, la serie puede crecer muy bien. Netflix no suelta datos sobre sus audiencias, pero parece que ha tenido buen recibimiento, así que tendremos segunda temporada para comprobar si madura adecuadamente.

PD: Netflix España está optando por no traducir ni un título. Me da rabia, teniendo muchos una traducción tan fácil y resultona.

BLACK MIRROR – TEMPORADA 4


Netflix | 2017
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 41-76 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker.
Intérpretes: Jesse Plemons, Cristin Milioti, Jimmi Simpson, Rosemarie DeWitt, Brenna Harding, Andrea Riseborough, Kiran Sonia Sawar, Maxine Peake, Douglas Hodge, Letitia Wright, Daniel Lapaine, Aldis Hodge.
Valoración:

En esta cuarta temporada, aparte de la irregularidad habitual, se observa algo de desgaste, pues Charlie Brooker vuelve sobre ideas ya exploradas y no consigue deslumbrar como en otras ocasiones. Pero también se ven intentos de seguir experimentando con historias y estilos distintos, lo que disimula un tanto la reutilización de algunos pensamientos. Y el esfuerzo en buscar un acabado visual de calidad también se agradece. Pero claro, de quien nos ha regalado joyas como El himno nacional, Blanca Navidad y En picado se espera mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que las temporadas son muy cortas y es difícil perdonar los bajones.

Tras el salto encontraréis el análisis por capítulos:
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SENSE8 – CAPÍTULO FINAL

Netflix | 2018
Acción, drama, ciencia-ficción | 1 ep. de 150 min.
Productores ejecutivos: Lana y Lilly Wachowski, J. Michael Straczynski, Grant Hill,
Intérpretes: Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Toby Onwumere, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, Daryl Hannah, Valeria Bilello, Paul Ogola.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay algún dato revelador, pero muy general.–

Sense8 ha sido una de las series más ambiciosas de los últimos años, tanto en la puesta en escena como en lo argumental, con una premisa compleja y valiente muy complicada de llevar a cabo. Las hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski lograron una primera temporada de ensueño, pero en la segunda el desgaste debido al esfuerzo creativo y de producción se hizo notar mucho. El presupuesto se disparó, llegando a nueve millones de dólares por episodio, y aun así no tuvieron fuerzas para mantener el nivel visual, principalmente porque Lilly Wachowki se bajó del carro. Pero el guion, aun contando con la ayuda de otros escritores, también había perdido bastante garra, diluyéndose muchísimo las grandes promesas iniciales. Viendo que la serie no iba a más y las audiencias tampoco, Netflix no se atrevió con otra temporada, siendo su segunda cancelación notable. La primera fue Marco Polo (2014), pero aquella no había conseguido un grupo de seguidores fieles que hicieran ruido por internet, y la campaña que estos montaron convenció a los directivos de darle un final que acallara las críticas. La imagen de ser el canal que no te deja colgado estaba muy en juego.

No llegué a este tardío desenlace con la pasión que mantenían otros fans, porque la segunda etapa me decepcionó mucho y pensaba que un capítulo doble (aunque ha terminado durando dos horas y media) no era suficiente para remontar y a la vez darle un cierre digno. Una vez visto, mi impresión es que sus autores también eran conscientes de que no podían cumplir con todo y han optado por un episodio superficial y complaciente para contentar lo justo a los fans menos exigentes. Pero para otros, en una serie que nació con tanta ambición y arrojo, acabar apuntando tan bajo nos ha supuesto que ver magnifica la decepción.

En la trama principal no terminan de asentar bien las cosas, narrando lo más básico, el conflicto de los protagonistas con la maligna corporación que persigue a los sensates de todo el globo, sin lograr profundizar ni impactar mucho, pero también incluyendo de vez en cuando información paralela que enmaraña innecesariamente las cosas. La trama se presentaba como lo más débil en lo que hemos tenido de serie, la típica organización inquietante que gobierna (no sabe cómo) medio mundo desde las sombras (la BPO), el villano misterioso (Whispers o Susurros), y el acoso a los personajes, o sea, la misma premisa de ciencia-ficción y suspense que hemos visto en mil series, Expediente X (1993) a la cabeza. Por el otro lado, apenas estábamos conociendo la parte novedosa, la naturaleza sensate y la vida de otros grupos, con las posibles facciones y motivaciones que estos tuvieran. Esta parte prometía más, y si la conspiración se hubiera ido desarrollando adecuadamente podrían haberse enriquecido mutuamente. Pero con la cancelación hemos pasado de la presentación al desenlace sin llegar a encontrar una historia que enganche como para interesarnos especialmente por cómo se resuelve.

Hacía falta esclarecer los bandos e intenciones de los clústeres de sensates principales (los de Angelica y Lila), y no embarullarlo con la presencia de otros innecesarios (el tipo salido y sus amigos) y menos aún con otros que sueltan mucha verborrea pero nada que parezca afectar directamente al núcleo de la historia (las ancianas místicas parecen salidas de un serial de fantasía de baratillo; la escena de la catedral derruida es lastimera). Se tendrían que haber centrado en potenciar el villano ya presentado y el concepto inicial (dominar o cazar a los sensates), no intentar abarcar de todo un poco para mostrar las cosas que tenían pensadas para el futuro. Nos atiborran de planes y conspiraciones varias sin que cale nada, sin que se vean implicaciones inmediatas en las vidas de los protagonistas. Por ejemplo, el tema de los drones queda ininteligible, cuesta hacerse una idea de dónde sale, cómo averiguan como funciona y cómo pueden dominarlo al final. El peor fallo es añadir a última hora otro villano, el Presidente de la compañía, que lo anuncian con mucho misterio sensacionalista y malignidad forzada (deforme y con máscara para respirar) hasta resultar una parodia involuntaria, un malo de cómic infantil. Whispers era el enemigo que conocíamos, tangible y presente, y deberían haberse centrado en él. Pero con la falta de dedicación acaba también siendo un poco desastre: no termina de mostrar unas motivaciones verosímiles ni se ve que tenga realmente un gran poder, quedando en un simple estereotipo que provoca más indiferencia que miedo.

Entiendo la necesidad de cerrar la trama de la BPO, pero a costa de centrarse en ello dejan completamente de lado las vidas personales de los protagonistas, y sin ellas Sense8 pierde su esencia básica. Era una serie que hablaba sobre el qué nos hace humanos y qué nos une pese a las diferencias culturales. Un drama intimista y romántico pero narrado con una visión extraordinaria, porque apuntaban a un espectro muy amplio de formas de ver y entender el mundo y jugaba y rompía con tabúes con una audacia nunca vista. Todo ello se hacía a través de unos personajes exquisitos y encantadores inmersos en aventuras algo clásicas (para que pudiéramos conectar rápidamente) pero muy bien desarrolladas, cuidando muchísimo los aspectos culturales, el sentido del humor, el amor y la esperanza… Y para rematar, la belleza de sus imágenes te dejaba anonadado. Era una serie que hacía gala de una sensibilidad única, que llegaba directa al corazón.

Para mí, sin duda esta era la prioridad, y creo había tiempo de sobras para cerrar la historia de cada uno mientras fomentaban la unión, dejando para un clímax final apoteósico esa confrontación que ocupa dos estiradas horas con altibajos, salidas innecesarias y poca concreción. La odisea política de Capheus, las intrigas empresariales de Sun, la carrera como actor de Lito, el matrimonio tambaleante de Kala, los problemas de integración de Nomi, el drama familiar de Wolfgang, el misterio de los pasados de Riley y Will… Todo desaparece sin más explicación y nos quedamos con que se han juntado, se llevan bien, y resuelven todo unidos. Ni siquiera asuntos esenciales, como el trío Kala-Wolfgang-Rajan, tiene un proceso, ocurre sin más. Incluso hay relaciones que quedan malogradas después de tanto prometer: ¿cómo es posible que tras tanto lío Capheus y Sun no acaben juntos? Este queda relegado a secundario cómico, y a ella le encasquetan un romance con el detective coreano que no hay quien se lo crea.

A base de aturdir con infinidad escenas de acción, rodadas lejos del nivel de espectacularidad de las temporadas (las peleas cuerpo a cuerpo son flojitas, los tiroteos carecen de épica), consiguen que a pesar de su longitud sea un episodio bastante entretenido. En ello también es crucial el sentido del humor y el carisma y química de los actores, que salvan escenas que podían haber caído en la comedia involuntaria, como la del autobús turístico. Pero no es suficiente para enmascarar sus muchas carencias. Hay mucho movimiento para dar ritmo, pero poco contenido real. Ni siquiera hay tensión, sensación de peligro por el destino de los protagonistas, que parecen estar pasándose lo bien, que se paran en plena huida a charlar entre ellos… Nunca parece que pueda morir alguien, por más balas que lluevan. El final, con la destrucción del helicóptero donde van todos los malos, parece demasiado fácil tras tantas huida, persecución y secuestro.

Por todo ello este episodio final se puede considerar un engaño. Trata de contentar pero sin contar nada, sino con fuegos artificiales. De hecho, el eterno epílogo en la torre Eiffel con la boda, las reuniones, las escenas de sexo y fuegos artificiales (estos ya reales), me resultó tremendamente empalagoso y aburrido, cuando en la primera temporada y en partes de la segunda en situaciones semejantes me embargaba toda la pasión con que narraban las vidas de los protagonistas. Sense8 entró a lo grande en el mundo de las series, pero me temo que se va en silencio, agonizando.

PD: Netflix cuenta este final como el episodio 12 de la segunda temporada, en vez de como un especial.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)

THE DEFENDERS

Netflix | 2017
Superhéroes | 8 ep. de 44-57 min.
Productores ejecutivos: Douglas Petrie, Marco Ramirez, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Krysten Ritter, Mike Colter, Finn Jones, Jessica Henwick, Scott Glenn, Sigourne Weaver, Rosario Dawson, Elden Henson, Deborah Ann Woll, Racherl Taylor, Simone Missick, Wai Ching Ho, Yutaka Takeuchi, Ramón Rodríguez, Elodie Young.
Valoración:

La miniserie ha sido llevada acabo por Douglas Petrie y Marco Ramírez, quienes tomaron las riendas de Daredevil en la segunda temporada, aunque como en las otras series, ha habido infinidad de productores y guionistas implicados. Y me temo que el bajón visto en su entrada se ha ido extendiendo también a los demás personajes, consolodidándose, por desgracia, la decepción de esta saga después de tanto prometer en sus inicios.

Lo mejor es que no se ha concebido como un evento espectacular pero ajeno, sino como una extensión de la historia de cada personaje. Además, con tan pocos episodios prometía ir al grano, y más cuando se ve que no fuerzan llegar a casi sesenta minutos en cada uno como en las largas temporadas de cada héroe por separado. En cuanto aparece cada uno de ellos estamos inmersos en su viaje y maduración, y cuando se juntan todos se enriquece el conjunto con sus disputas y la necesidad de unirse a pesar de las diferencias. Hay algunas situaciones y diálogos que apuntan maneras en el conflicto personal, además con buenas dosis de humor; la cena en el restaurante donde se refugian es la mar de movidita, por ejemplo. Luke debe aprender que las palabras bonitas no solucionan nada y a veces hay que dar un paso al frente. Matt ha de encontrar razones por las que vivir, aunque implique romper la promesa de arriesgar su vida y las de sus seres queridos por un bien mayor. Danny Rand debe madurar y asumir que en su lucha puede contar con aliados. Y Jessica Jones tiene que aprender a implicarse en algo de una vez por todas.

Pero hablo de un nivel correcto, nada que vaya cimentando una historia inteligente y atractiva y unos personajes de gran complejidad como debe tener una serie de primera división, como hubiéramos querido en el colofón de una saga tan esperada, aunque claro, con la caída gradual de calidad de la misma ya íbamos bastante avisados. Una vez en faena se ve que tiene tan poco que contar que va perdiendo fuelle rápidamente, para llegar a un tramo final muy decepcionante y aburrido.

El principal problema es que la premisa es enormemente previsible y los autores no parecen esforzarse por ocultarlo, van hacia adelante con desgana. A pesar de los amenos primeros contactos, la consumación de la unión de los superhéroes no podía ser más fácil, no encontramos ni una escena con profundidad o sorpresas que convierta lo inevitable en algo interesante. La trama en que se sumergen es insustancial, pues la Mano ha resultado ser lo que prometía: palabrería y sensacionalismo pero nada tangible, nada inquietante. Un grupo de chalados con poder, un poder que no se ve de dónde ha salido ni cómo se mantiene, porque nunca llega a vislumbrarse un entramado criminal y una conspiración verosímil, y cuando aparecen juntos los cinco líderes uno se pregunta cómo semejantes personajillos han durado tanto, pues cada uno actúa como le da la gana, atacando de frente a los enemigos, disputándose con sus compañeros migajas… Tanto prometer, tanto anunciar (incluso tirando del renombre de Sigourne Weaver), y todo ha quedado en nada. Sólo Madame Gao fue algo intrigante en algún momento, pero ha perdido toda autenticidad y garra.

En un limbo anodino quedan Stick y Elektra. Él es otra vez el mentor críptico que no suelta prenda; nada tiene que aportar hasta que los guionistas deciden que el personaje ha de hablar por fin… y luego tarda demasiado en cerrar la boca. Con Elektra es peor. Que si es mala, que si es buena, que si es un arma definitiva… Y lo único que vemos es a la insulsa Elodie Yung entrar en pantalla para soltar tres hostias y desaparecer hasta el siguiente episodio sin una razón concreta. Las decisiones que toma al final no se entienden, pero es que tampoco importan.

La aparición de los secundarios de cada héroe es anecdótica, por cumplir con ellos y ya está. Sólo Colleen Wing y Claire aportan algo, y no demasiado: Claire, como la única madura del grupo, suelta algún cliché sobre la unión y la responsabilidad, y Colleen tiene el esperable enfrentamiento contra Bakuto metido con calzador. El resto, aparcados en la comisaría como protección. Bueno, no todos. Los Meachum por alguna razón no aparecen. ¿Se quedaron sin dinero para más actores?

A estas alturas no sé si la confrontación de la Mano con los héroes era todavía esperada por algunos o una carga que quitarse de encima en espera de alguna historia más original y emocionante. Lo que está claro es que no recupera el interés ni ofrece un buen cierre. Sólo encontramos peleas cada dos por tres para rellenar hasta la batalla final, la mayor parte sin una justificación clara, sin giros que aporten algo digno a la trama, y con un sentido del espectáculo tirando a cutre. La intriga de la naturaleza y el propósito de la Mano es tan artificial, en plan Perdidos, que termina molestando. Dos temporadas (la segunda de Daredevil, la primera de Iron Fist) y otros tantos capítulos aquí mareando la perdiz con sus motivaciones ocultas, sus orígenes místicos, los artefactos mágicos supuestamente misteriosos, y el agujero de las narices. Al final, ninguna respuesta convincente, ninguna gran sorpresa. Que son malos porque sí, la búsqueda de la vida eterna, poderes que no se explican (¡lo hizo un mago!)… Para rematar, la forma de abrir por fin la pared mágica del fondo del agujero mágico para acceder al secreto mágico es de un ridículo que espanta.

El otro gran problema es el otro elemento crucial, la puesta en escena. Lo único que cuidaban en las otras series, tras despreocuparse de las coreografías trabajadas que tan bien resultaron en la primera etapa de Daredevil, era la fotografía. Pero aquí hasta eso abandonan, apoyándose en una cámara en mano muy facilona, dando la sensación de que no se planifican las escenas, simplemente se ruedan y ya se apañarán en la sala de postproducción. Las coreografías brillan por su ausencia, los golpes se ven muy falsos, y el montaje es tan malo que hay infinidad de cortes de plano mal dados que afean la escena y la hacen difícilmente comprensible a la par que poco espectacular. Lo peor es que cuanto más importante es la pelea menos empeño parecen poner, como si llegara la fecha del estreno y tuvieran que ir cada vez con más prisas. El esperadísimo enfrentamiento entre superhéroes y villanos, aparte de ser en un soso aparcamiento subterráneo, es una chapuza asombrosa. La mitad de las veces no sabes qué está pasando, quién golpea, quién recibe…

Y todo esto nos lleva a un despropósito de batalla final. Desde el guion es un despiporre, con la horda de peleles atacando en orden, disparando las armas de fuego únicamnete al que es inmune a ellas, Luke Cage, y usando armas blancas y puños contra los demás, los supervillanos apareciendo sólo de vez en cuando para lanzar a los protagonistas por el aire en vez de asestarles un golpe real, y giros ridículos como el sacrificio de uno de los superhéroes por… por… no hay motivos, es un cliché del género con el que se han empeñado en cumplir, igual que el penoso epílogo donde reaparece vivo sin más. En lo visual el desastre es épico. Golpes al aire, filigranas absurdas, un caos total donde no sabes quién es quién, y acabamos con un momento de vergüenza ajena suprema con los peleles atacando al ascensor como hormiguitas descerebradas a pesar de que es evidente que han perdido.

Quizá con un cierre digno podría haber salido algo mejor, porque lo cierto es que hasta entonces es un entretenimiento aceptable si vas sin exigencias, pero acaba tan mal que te quitan las ganas de seguir con la saga, y eso que ya veníamos escarmentados: la mayor parte de los que hemos pasado de Luke Cage ha sido por estar al día para poder seguir viendo Daredevil y Jessica Jones.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
-> The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)