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STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LOS ACTORES

Uno de los aspectos clave para que Star Trek: La nueva generación (1987-1994) fuera un éxito, mantenga un buen recuerdo y sea capaz de atraer nuevos espectadores es su poco numeroso pero carismático repertorio de personajes y el gran talento, cohesión y química que mostró el reparto. Sólo algunos roces con productores de mala calaña empañaron este campo en las primeras temporadas, pero ya entonces todo el reparto se había encariñado con sus roles y la serie. La mayor parte de ellos ha afirmado que esta ha sido la mejor etapa de sus carreras.

Tres actores fueron anunciados con bastante antelación, LeVar Burton, Patrick Stewart y Jonathan Frakes, pues llamaron la atención de los productores por algunos de sus papeles. Luego fueron llegando los demás, con algunos cambios de última hora bastante habituales en cine y series pero no por ello menos curiosos; por ejemplo, a Denise Crosby y Marina Sirtis les intercambiaron los papeles tiempo después de haber hecho las audiciones.

Patrick Stewart (el capitán Jean Luc Picard), nació en 1940 en un pueblecito de Yorkshire, Reino Unido. Desde pequeño le apasionó la interpretación, y pronto se labró una buena carrera en teatro con la famosa Royal Shakespeare Company, aunque tuvo también esporádicas apariciones en series británicas, como Yo, Claudio (1976). En una visita a la Universidad de California, en alguna conferencia sobre Shakespeare, un productor menor de La nueva generación se fijó en él y se lo propuso a sus compañeros. A pesar de la anécdota de que Roddenberry se plantó diciendo “No podemos poner un capitán calvo”, se quedaron prendados de su porte regio que encajaba en la descripción del serio capitán francés (aunque lo cierto es que mantuvo un levísimo acento inglés).

Por el lado de los productores, sorprende que no les inquietara que en EE.UU. fuera un completo desconocido, y por el suyo, extraña que aceptara, porque suponía romper con toda su vida personal y laboral cuando hasta entonces no se había movido de un registro muy clásico, incluso había rechazado géneros como la ciencia-ficción. Más tarde declaró que en la primera temporada lo pasó bastante mal, sintiéndose desubicado con las formas de trabajar en la televisión estadounidense y con actores con un estilo y experiencias muy distintos. Pero en adelante se adaptó, surgió una gran amistad con los demás y se enamoró del personaje y de la valentía de la obra en temas trascendentales. Ha declarado en ocasiones que su papel favorito y la experiencia de su vida ha sido Picard y La nueva generación. De ahí que aceptara con entusiasmo volver al personaje en la nueva serie, Picard (2020).

Jonathan Frakes (el comandante y segundo oficial William Riker), nació en 1952 en Pensilvania, EE.UU. Estudiaba psicología cuando empezó a interesarse por el teatro, y terminó cambiando de ramo. Tenía una buena carrera en televisión, incluyendo algún culebrón pero también miniseries de prestigio, como Norte y Sur (1985). Al contrario que otros del reparto, no lo tenían en mente los productores, sino que pasó por las audiciones de rigor hasta conseguir el puesto.

LeVar Burton (el ingeniero Geordie La Forge, que empieza como teniente junior y pronto asciente a teniente comandante), nació en 1957 en un cuartel militar de EE.UU. en Alemania del Oeste. Estudió interpretación en California y lanzó su carrera en televisión con la famosa miniserie Raíces (1977), interpretando a la versión joven de Kunta Kinte. A esta le siguieron numerosos telefilmes y un programa educativo que presentó y produjo ganando bastantes premios, Reading Rainbow (1983). Inspirados por un fan enfermo, los productores hicieron que el personaje fuera ciego y tomara su nombre.

Brent Spiner (el teniente comandante Data), nació en 1949 en Houston, Texas. No llegó a acabar sus estudios de interpretación, y vivió como taxista hasta que fue encontrando trabajos como actor a finales de los setenta. También tenía bastante experiencia en televisión cuando fue contratado, y no ha tenido una mala carrera posteriormente, con algún papel tan prominente como el del científico de las dos entregas de Independence Day (1996, 2016).

Michael Dorn (el klingon Worf, teniente junior al principio y luego ascendiendo), nació en 1952 en Texas pero se crio en Pasadena, California, donde realizó un curso de radio y televisión en una universidad comunitaria (algo así como la formación profesional de España). Empezó como intérprete siendo extra en Rocky (1976), donde un agente se fijó en él. No tenía un currículo tan largo como los demás cuando llegó a La nueva generación, pero sí ha mantenido un buen ritmo de trabajo desde entonces, sobre todo poniendo su voz en muchas obras de animación. Además, entró a formar parte del elenco de Star Trek: Espacio Profundo Nueve a partir de su cuarta temporada. Con el sueldo de la serie consiguió realizar su gran sueño: ser piloto de aviación. Se sacó la licencia y llegó a volar con escuadrones de exhibición de renombre y a comprar varios aviones a reacción usados en este campo.

Marina Sirtis (la consejera Deanna Troi, teniente comandante), nacida en Londres, 1955, se apasionó por el teatro desde el instituto, y alternó teatro y televisión británica hasta que en 1986, con 31 años de edad, se fue a Estados Unidos buscando mejores oportunidades. La aceptaron en La nueva generación justo cuando se le acababa la visa y estaba a punto de volver a Reino Unido. Se quejó de que en las primeras temporadas era más bien una mujer florero, con escote y tramas románticas tontas, y tardaron en ponerle uniforme y meterla en acción más seria. Aparte de lentillas negras para hacer del personaje medio humano medio betazoide, le hicieron poner un extraño y marcado acento, a pesar de que ningún otro alienígena lo tiene, ni los de su raza. Su carrera tras la serie tiene bastantes papeles secundarios.

Gates McFadden (la comandante y jefa médica Beverly Crusher), Ohio, 1949, se graduó en artes escénicas con matrícula en una universidad privada en Massachusetts y luego siguió estudiando en París. Empezó trabajando como especialista en coreografías y movimientos de los muñecos de la compañía de Jim Henson, en películas como Laberinto (1986), y antes de La nueva generación apenas tenía cuatro papeles breves ante la cámara. En la segunda temporada no apareció porque se quejaba del machismo de los principales guionistas y productores ejecutivos, Gene Roddenberry y Maurice Hurley, y en cuanto este último ganó algo de poder la despidió. Pero a la larga ambos productores acabaron enemistados con todo el mundo y terminaron perdiendo autoridad o fuera de la serie, y así pudo volver en la tercera temporada. Después de Star Trek ha conseguido muy pocos papeles, pero ha trabajado bastante enseñando teatro en universidades varias. Fue la única del reparto que se mantuvo alejada de las convenciones, debido a un incidente con un acosador, pero volvió a ellas en 2014.

Will Wheaton (el joven Wesley Crusher, hijo de la doctora Beverly, que pronto toma el rango de cadete en funciones), Mississippi, 1972, entró en la serie con 14 años, pero ya tenía unos cuantos papeles a cuestas, destacando el protagonista de Cuenta conmigo (1986), que fue bastante aclamada y llamó la atención de varios productores. Pero Wesley pronto resultó un crío sabelotodo que muchos espectadores tenían por insoportable, y su protagonismo se vio reducido hasta tener apariciones muy esporádicas. Como los demás, tuvo una carrera larga pero en papeles secundarios y voces en series animadas. Cabe destacar su aparición en Big Bang Theory (2007) haciendo de sí mismo durante bastantes capítulos. Siempre ha sido un referente de la cultura friki, algo que él mismo ha fomentado en convenciones, blogs y apariciones como la citada serie.

Denise Crosby (teniente y jefa de seguridad en la primera temporada), nacida en Los Ángeles, 1957, alternaba papeles secundarios en televisión y cine antes de hacerse con el rol de Tasha Yar, aunque, como he señalado, audicionó para la consejera Troi. Pronto se sintió decepcionada con el nulo progreso de su personaje y decidió abandonar la serie para buscarse una carrera mejor. Logró algún buen trabajo (70 minutos para huir -1988-, El cementerio viviente -1989-), pero nada que le diera más empuje, y se fue encasillando en papeles breves en series hasta que hace pocos años consiguió alguno más recurrente. Sin embargo, al poco de dejar La nueva generación se arrepintió, fuera por el éxito de la serie o por el cariño que los demás actores cogieron a sus personajes, y mantuvo una buena relación con la saga, asistiendo a convenciones y consiguiendo apariciones en unos pocos capítulos que trataban de viajes en el tiempo y realidades alternativas.

Al reparto le pasó lo mismo que al de la serie original, quedaron encasillados en estos personajes y salvo Patrick Stewart, que tuvo el exitazo de la saga X-Men (año 2000 en adelante), ninguno consiguió volver a tener papeles protagonistas llamativos. Es algo que no entiendo, todos eran actores de primer nivel y la notable fama que les dio la serie debería haberles abierto puertas. No me extrañaría que vivan principalmente de las rentas de Star Trek, de las convenciones y poner voces en videojuegos de la saga. Muchos también aparecen en parodias varias, como The Orville (Seth MacFarlane, 2017).

Al menos Frakes se labró una buena carrera como director de multitud de series, incluyendo importantes participaciones en cada entregas de la franquicia, los largometrajes Primer contacto (1996) e Insurrección (1998) y las recientes Discovery (2017) y Picard (2020), así como en The Orville. LeVar Burton también ha dirigido, pero fuera de Star Trek su carrera no es tan extensa como la de aquel.

Siendo una serie de pocos personajes y escasa continuidad, los roles secundarios fueron poco numerosos y menos aún tuvieron bastante presencia, pero algunos que cité en el apartado de Star Trek: La nueva generación – La serie lograron dejar huella también en gran parte gracias al buen hacer de sus intérpretes.

Colm Meaney, quien desde entonces ha aparecido en infinidad de series y películas, aunque rara vez como protagonista, entró como extra sin nombre, gustaría lo suficiente cuando los escritores pensaron que necesitaban un oficial secundario se dieron cuenta que de que ya lo tenían, y le dieron el nombre de Miles O’Brien. Y a este le pusieron una mujer, la botánica Keiko, en manos de una encantadora Rosalind Chao. Aunque no caló entre el público por ser sustituir forzosamente a Beverly Crusher y parecer una imitación del doctor McCoy, la doctora Pulaski estaba muy bien encarnada por Diana Muldaur, una veterana de la televisión que había aparecido en casi toda serie de renombre de la época, incluyendo dos papeles secundarios en Star Trek La serie original. Majel Barrett, esposa de Roddenberry, puso voz a todos los ordenadores de la saga hasta su fallecimiento, pero también estuvo frente a la cámara en la presente como la madre de Troi, Lwaxana, otro rol cargante pero al que dio vida con energía. Aparte de la saga tuvo trabajos muy secundarios en televisión, hasta que se metió a productora de La Tierra: conflicto final (1997) y Andrómeda (2000), ideas que su esposo dejó en el aire.

En un grado inferior tenemos otros recurrentes muy interesantes. El oficial torpe y antisocial Barclay fue captado a la perfección por Dwight Shulze. Whoopi Golrdberg, gran fan de la saga, consiguió tener un papel bastante interesante, la enigmática pero simpática camarera Guinam. Es conocida por comedias y dramas de gran éxito como Sister Act (1990) y Ghost (1992). Michelle Forbes deslumbró con la alférez Ro Laren, una bajorana respondona, y ampliaron su papel hasta el punto de pensar en ella para Espacio Profundo Nueve… pero quiso buscar suerte en el cine y optaron por llevar allí a O’Brien y Keiko. Forbes tardó en tener éxito, y fue precisamente en televisión, con True Blood (2008), En terapia (2008), The Killing (2011)… John de Lancie dio rienda suelta al alocado y misterioso Q, que también apareció en otras secuelas. Y por afinidad, citaré a Andreas Katsulas, el mítico G’Kar de Babylon 5, que aquí apareció unas pocas veces como un alto mando Romulano que parecía que iba a convertirse en el archienemigo de Picard, aunque finalmente la rivalidad con esta raza no llegó a desarrollarse a fondo.

También es interesante practicar el juego del pillacaras. Numerosos actores bastante conocidos luego en televisión e incluso cine tuvieron algunos de sus primeros papeles aquí. Famke Janssen, Billy Campbell, Ashley Judd, Kelsey Grammer, Kirsten Dunst, Teri Hatcher

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LA SERIE

En 1986, a diecisiete años de su cancelación, Star Trek (1966-1969) era la serie más popular en las reposiciones de Estados Unidos, y por tanto un producto muy rentable para la filial de televisión del estudio Paramount. Y las películas con su tripulación iban ya por la cuarta entrega, dando cada vez mejores resultados también. Pero los ejecutivos estaban pensando que los salarios de las estrellas principales seguirían subiendo en cada nuevo largomentraje mientras la popularidad de la serie original en sus reposiciones no decaía, y pusieron en marcha una serie con nuevos protagonistas, La nueva generación (1987-1994). Eso sí, al final hicieron dos películas más antes de aprovechar el éxito de esta serie para cambiar de reparto en el cine.

El creador de la saga, Gene Roddenberry, fue reticente en principio. El trabajo que le dio la serie original fue exhaustivo y afectó a la relación con su familia. Y Paramount también dudó bastante de la viabilidad del proyecto. Primero, porque la relación con Roddenberry era tensa, pues no era alguien fácil de tratar, y al contrario que en las películas, donde fue apartado, en la serie tendría mayor control y libertad, tanto por imperativo legal, por los derechos como creador de la original, como por necesidades creativas, pues si querían mantener sus cualidades y el respeto inicial del público debían tenerlo a él al frente. Segundo, porque las principales cadenas (ABC, CBS, NCB y la recién nacida Fox) ponían exigencias para su producción que podrían salirles caras si el estreno no funcionaba como esperaban. Unas querían una miniserie y otras una temporada inicial de 13 episodios para ver si les gustaba y entonces extenderla. Era lo habitual, y sigue siéndolo en general, aunque no tanto en las recientes plataformas online. Pero la inversión que se necesitaba para ponerla en marcha era muy grande, y si la cadena no la adquiría sería una ruina.

Con el proyecto en el limbo, a algún directivo con visión se le ocurrió una idea revolucionara que les permitiría tener el control creativo frente a las cadenas de televisión y una proyección económica muy favorable. La producirían totalmente por su cuenta y ofrecerían emitirla directamente en sindicación, esto es, en vez de colaborar con una de las grandes y una vez alcanzado un buen número de temporadas venderla para las reposiciones a las cadenas pequeñas y locales, que en Estados Unidos ya eran cientos, la emitirían en todas las que quisieran aceptar la propuesta. Siendo una obra tan famosa y esperada, se unieron más de doscientas, de forma que llegó a todo el país de golpe. El acuerdo repartía los minutos de publicidad entre esas cadenas y Paramount, y al tener tantas emisiones en distintos horarios sacaron un rendimiento extraordinario en poco tiempo. Pero a la larga se vio como una estrategia aún más acertada, porque a medida que los costes de producción aumentaban, la rentabilidad también lo hacía porque ya había reposiciones de temporadas anteriores.

Ante el atractivo modelo de emisión, la promesa de tener libertad creativa y poder elegir los guionistas que trabajaran con él, Roddenberry aceptó. Se trajo a algunos colaboradores de la serie original, como los escritores D. C. Fontana y David Gerrold, y otros productores y puestos técnicos. Gerrold, un guionista con pocas pero importantes aportaciones (el famoso episodio Los tribbles y sus tribulaciones -213-) y autor de varios ensayos bastante aclamados por seguidores y respetados por los productores por sus acertadas críticas, fue contratado para desarrollar el concepto de la nueva serie y escribir la biblia. Esta viene a ser una descripción del universo imaginario y sus limitaciones, es decir, qué se puede hacer y qué hay que evitar; por ejemplo, él criticó que el capitán de la nave, Kirk, la abandonara cada dos por tres para meterse en peligros, así que en esta el capitán no dejaría el puente salvo extrema necesidad. Fontana empezó como secretaria de Roddenberry tiempo atrás, pero cuando se labró una digna carrera como guionsita volvió para colaborar con él en la serie original y luego fue productora ejecutiva en La serie animada (1973). A esta llegó como una de las principales guionistas y se le prometió algún puesto en la producción.

Aun así, un ejecutivo de Paramount, Rick Berman, fue elegido como productor para controlar a Roddenberry. Este no era fan de la serie ni de la ciencia-ficción, pero fue hábil en la lucha de despachos y ganándose a los demás productores y guionistas, y cuando Roddenberry enfermó y tuvo que aparterse en la tercera temporada acabó como principal productor ejecutivo, y de ahí pasó a controlar todas las series hasta Enterprise (2001-2005). Y por suerte, fue para bien.

Desde el principio hubo conflicto con Roddenberry, considerado por todo el equipo como el mayor lastre para la evolución de la serie a pesar de haber aportado precisamente su estilo sin igual. Su visión era demasiado inmovilista, quería eliminar cualquier atisbo de violencia y oscuridad en el ser humano, pensando en que en el futuro se habrían superado estos problemas, lo cual limitaba enormemente el argumento de cada episodio y prácticamente neutralizaba cualquier conflicto dramático entre personajes. Aparte, su talante de voceras y el abuso de numerosas drogas provocaba un mal ambiente en el trabajo. Le negó a Gerrold crédito por su aportación, a Fontana la ninguneó y esta tuvo que pelear por el puesto prometido. Las quejas fueron en vano, porque inicialmente tenía el apoyo de la productora y usó a su duro abogado, Leonard Maizlish, para doblegar a sus propios compañeros. Este incluso terminó metiendo mano en los guiones y la contratación de escritores.

La sangría de productores y guionistas se empezó a notar en mitad de la producción, costaba hacer nuevos fichajes porque en el gremio ya se oían rumores del mal ambiente. A esto se sumó la partida de una de las actrices principales, Denise Crosby, que interpretaba a la teniente Tasha Yar, quien con una sola temporada había dejado huella en los fans. Mientras tanto, Rick Berman fue moviendo ficha hábilmente, de forma que no parecía un intruso, implicándose más en el día a día de la producción. Pero todavía tenía al frente a Maizlish, quien con Roddenberry ya empezando a agobiarse y enfermar, se trajo a un amigo de ambos, Maurice Hurley, para tomar las riendas como jefe de guionistas, confiando en que mantuviera las normas de estilo que tan de cabeza traían a los escritores. Este mantuvo a flote la serie con sus notables aportaciones en muchos capítulos de la segunda mitad de temporada, pero también acabó peleado con otros guionistas e incluso chocando con los actores. De hecho, en cuanto llegó a productor ejecutivo en la segunda temporada despidió a Gates McFadden, la doctora Crusher. Por suerte, arrepentidos de haber matado hace poco a un personaje principal, Tasha, productores y guionistas estuvieron de acuerdo en apartarla con la excusa de tener otro destino, y pudieron traerla de vuelta en la tercera temporada.

En la lucha constante por el poder, Roddenberry perdió el control al terminar la segunda temporada, sobre todo porque su salud se deterioraba, agravada por el estrés y las drogas. Rick Berman se ganó al equipo y al estudio, tomando el control ante Hurley a partir de la tercera temporada. Atinó de lleno con Michael Piller como guionista principal, y ambos fueron probando nuevos escritores que traían nuevas ideas. Aunque Roddenberry fuera el autor original y tuviera ideas revolucionarias, Star Trek terminó de tomar forma por Berman, Piller, Ronald D. Moore, Brannon Braga y otros que fueron aportando distintas ideas al universo imaginario y al estilo de la saga.

Por otro lado, no he encontrado artículos o declaraciones que hablen de grandes conflictos con los numerosos directores, más allá del caos y las prisas de este tipo de trabajo. Corey Allen fue el artífice del episodio piloto, y volvieron a contar con él unas pocas veces en esta y en Espacio Profundo Nueve. Empezó como actor en teatro, pero fue encontrándose más a gusto en la dirección, y no tardó en acabar en la televisión. Desde finales de los sesenta pasó por incontables series, incluyendo pesos pesados como Dallas (1978) o Canción triste de Hill Street (1981), siendo las de Star Trek sus últimos trabajos importantes antes de retirarse. Cliff Bole y Les Landau fueron los más prolíficos, con unos veinte capítulos cada uno sólo en La nueva generación. Bole comenzó su carrera con El hombre de los seis millones de dólares (1974), y pasó por muchas muy populares, desde MacGyver (1985) a Expediente X (1993). Landau entró aquí como asistente de producción y ascendió a supervisor y director. No llegó a tener mucho éxito fuera de Star Trek, destacando apenas unas participaciones en Sensación de vivir (1990), Una chica explosiva (1994), y otros pocos episodios sueltos aquí y allá. Rob Bowman, a pesar de su juventud (27 años) e inexperiencia, dirigió doce episodios en las dos primeras temporadas, pero sólo volvió una vez más, porque se buscó nuevos aires como productor, destacando una serie que le dio bastante fama: Expediente X (1993). Saltó al cine con El imperio del fuego (2002), donde dejó buenas impresiones, pero la infame Elektra (2004) truncó su futuro y se centró de nuevo en la televisión.

Siendo planteada como serie de cabecera de la Paramount, el presupuesto fue generoso, al nivel de dramas famosos como Miami Vice (1984): 1,3 millones de dólares de la época por capítulo, que fue creciendo hasta 2 millones en las últimas temporadas (ajustando a la inflación, hoy en día serían de 3 a 3.5 millones, más o menos lo que cuesta The Expanse). Eso garantizó un aspecto visual de buen nivel, sobre todo comparado con la barata la serie original (190.000 dólares -1,5 millones ajustando- y reduciéndose por temporadas). Sin embargo, la ciencia-ficción es cara, sobre todo cuanto más se ambicione, y tenían que hacer malabares para mostrar todo lo que querían, habiendo episodios para ahorrar (con toda la narración ocurriendo en los decorados de la nave y con pocos efectos especiales) y recortes de lujos en el set (incluso de comida: alguna vez el reparto tuvo que colarse en otros platós para comer). Estos problemas los sufren prácticamente todas las series: es difícil encontrar un equilibrio entre riesgo y ganancia; sin ir más lejos, una década antes, Battlestar Galactica (Glen A. Larson, 1978) salió tan cara que fue cancelada a pesar de su gran éxito de audiencias.

Para las escenas de naves y el espacio se plantearon seriamente usar imágenes generadas por ordenador, pues los productores pensaban que la tecnología ya estaba madura y abarataría considerablemente los costes. Hicieron pruebas y estuvieron contentos con el resultado, pero al final decidieron ir sobre seguro con lo que conocían, las maquetas, porque así no dependían de compañías externas que podían fallar en las fechas de entrega o sufrir cambios bruscos en media serie (problemas laborales o económicos) que afectaran a su producción. Así que las naves, sobre todo el detallado Enterprise, se diseñaron con costosas maquetas, mientras que los demás efectos visuales se realizaron en postproducción con fondos pintados (planetas y espacios naturales) y unas pocas creaciones digitales (animaciones de las pantallas de la nave, efectos del espacio y las armas).

Hay que recalcar que fue una suerte enorme que se decantaran por las maquetas, porque hasta bien entrada la primera década del 2000 no se ha alcanzado en lo digital un nivel que parezca totalmente real (y eso en superproducciones), y las obras previas no aguantan bien el paso del tiempo, no digamos si nos vamos a la época de la serie y con presupuesto limitado. Pero, sobre todo, permitió tanto en esta como en la serie original una remasterización en alta definición que otras producciones semejantes (las siguientes de Star Trek, Babylon 5) no pueden tener sin encarecerse demasiado. Porque lo habitual en series era trabajar la postproducción (montaje, efectos especiales) con el negativo reducido a la calidad de emisión en televisión, no sobre el original de 35mm, pues resultaba muchísimo más barato. Los planos de las maquetas se rodaron en 35mm, pudiendo ser restaurados sin problemas más allá de tener que conservar el formato cuadrado (4:3) sobre el estándar panorámico posterior (16:9), mientras que los pocos efectos de ordenador que había se rehicieron de forma muy respetuosa. En cambio, en Espacio Profundo Nueve y Voyager y otras referentes del género como la citada Babylon 5, el uso de ordenador se hizo cada vez más habitual, y habría que rehacer gran cantidad de metraje con efectos digitales en alta definición, algo tan caro que es dudoso que vaya a ocurrir en fechas próximas… aunque las innovaciones en inteligencias artificiales que automatizan trabajos de edición de imagen desde luego son muy prometedoras.

El estreno fue un éxito. Desde la primera temporada empezó a recibir numerosas nominaciones a premios (incluyendo uno de los más relevantes de la ciencia-ficción, los Hugo) y en general mantuvo una buena recepción de los críticos y una muy entusiasta por parte de los fans, a pesar de algunas quejas iniciales porque el reparto fuera nuevo. Las audiencias fueron altas durante la primera emisión de las siete temporadas, en unos 10-12 millones de televidentes de media, que la ponía muchas veces entre las diez más vistas en sindicación y manteniéndose alrededor del puesto treinta contando a las cadenas principales, un estupendo buen resultado para una obra de ciencia-ficción; las producciones más seguidas en esa época rondaban los 20-25 millones: programas familiares y comedias como El show de Bing Crosby y Roseanne, o de reportajes, como 60 minutos. Se exportó muy bien al resto del mundo, y las reposiciones han conservado gran fidelidad a pesar de su antigüedad, de hecho sigue muy viva en la actualidad gracias a que Netflix le ha insuflado nueva vida a pesar de que los dvd y bluray han sido de los más vendidos en series de televisión.

Llegados a la séptima temporada, los directivos y los productores decidieron ponerle fin aun viendo los en apariencia buenos resultados. Las razones fueron principalmente monetarias, pues el aumento de costes iba disparándose y alcanzaría cifras astronómicas con la renovación de los contratos de los actores, y veían mucho más rentable empezar otras series desde cero y lanzar esta generación al cine. Pero también los productores y guionistas sentían que se había acabado la inspiración y tenían la nueva serie planteada, Espacio Profundo Nueve (1993-1999), para explorar otras opciones, así que no presionaron para seguir.

THE KILLING – TEMPORADA 2

AMC | 2012
Drama, suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Jamie Anne Allman, Brent Sexton, Billy Campbell, Michelle Forbes, Kristin Lehman, Eric Ladin, Liam James, Evan Bird, Seth Isaac Johnson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Me ha sido imposible hablar de la temporada sin revelar el asesino y otras sorpresas finales.–

El primer año de The Killing tuvo algunos momentos cumbre impresionantes, pero también tenía bajones dignos de mención. Esta segunda temporada en cambio ha sido muy equilibrada, y si bien lo ha hecho con el listón a un par de peldaños por debajo de aquellos gloriosos primeros episodios, se agradece que la narración haya estado más centrada y decidida, que el caso no haya dado vueltas que podrían considerarse largas o forzadas. De hecho incluso la trama política da la sensación de encajar mucho mejor en el conjunto.

El caso avanza pausadamente pero siempre con una dirección bien clara. Cada episodio aporta un granito de arena, una prueba o pista que mantiene la expectación, que refuerza una u otra teoría. No hay largos caminos que no llevan a nada, como los callejones sin salida que hubo en la anterior sesión, donde alguno resultó un poco insatisfactorio. Y la resolución destaca por encajar las piezas al milímetro. Como es esperable podían haber ocurrido dos cosas: que los guionistas buscaran una vuelta de tuerca sorprendente, situación que podría irse de madre fácilmente y resultar poco creíble, o que tiraran por lo realista, lo que podría implicar perder algo de fuerza e impacto. Se han decantado por la segunda opción, y si bien opino que la escena final con el culpable es muy clásica, prefiero eso que forzar las cosas.

Como era inevitable, porque si no hubiéramos tenido una trama paralela en su mayor parte inservible, el culpable estaba entre los políticos. Que sea Jamie no Gwen, o incluso el alcalde Adams, como venía diciendo no supone una gran revelación, ni en sorpresa ni en intensidad, pero los pasos hasta ese punto se dan con firmeza y además todo el jaleo con el casino, lugar crucial para llegar al desenlace, da muchos buenos momentos. No me gusta que en el último momento Jamie, un tipo muy serio, nos dé la típica escenita en que pierde los nervios y la lía parda (el suicidio por policía no podía ser más previsible), pero como digo el camino ha sido bien allanado, los personajes interesan y el típico momento en que no sabes quién ha disparado a quién está muy logrado.

Pero lo mejor viene después. Rápidamente se elimina la sensación de resolución estándar porque de repente se lanza hacia una sorpresa de mayor calado e impacto. La relación de Terry con la muerte de Rosie (ejecutora por ignorancia, o como queráis llamarlo) aporta la tragedia e intensidad que le falta a la caída de Jamie, ofreciendo un momento demoledor. Y también encaja muy bien en el relato, pues se puede intuir durante todo el año que ella guardaba remordimientos por alguna razón relacionada con el caso a través de la empresa de citas. Además añade una perla de realismo y oscuridad al desenlace: han cogido a los culpables… ¿pero quién es realmente el asesino? La vida puede dar muchas vueltas, las conspiraciones pueden acabar tan mal como un ataque de celos.

Sin embargo, en los últimos instantes olvidan todo este desarrollo de corte serio y realista obtenido a base de currarse un guión denso y sólido y de repente se marcan un epílogo de lo más facilón, sensiblero y por extensión manipulador, con el video de Rosie feliz que ve la familia toda juntita. ¡No me estropees el final con semejante memez! La salida de tono es horrible.

La pareja de detectives ha ganado en interés, y éste tenía el listón alto. Su relación se ha reforzado, y cuando se pone a prueba la fidelidad y amistad ofrece grandes instantes. Linden tras Holder cuando está desaparecido en el casino, éste dejándole su casa, el apoyo constante en el tramo final cuando están desamparados y perseguidos hasta por sus compañeros… La dinámica entre los dos, sus problemas personales, sus secretos que poco a poco salen a la luz, etc. forman unos protagonistas muy jugosos. Y tenemos un momento cumbre bestial, desgarrador, cuando Linden es internada a la fuerza en el psiquiatra. Por mucho que fuera evidente que saldría de ahí, hacía tiempo que no sufría tanto por el destino de un personaje, y el momento en que la psiquiatra está a punto de llegar a ella, al origen de todas sus penurias, pero se le escapa en el último momento, es brutal.

La familia Larsen mantiene un tono de drama muy correcto, muy bien desarrollado a pesar de estar ya algo alejado del caso (aunque siempre hay momentos en que se acercan de nuevo). Los problemas para criar a los hijos, el apoyo de Terry, las excelentes historias sobre cómo salir adelante tras una tragedia, las ideas sobre el perdón, la fe en uno mismo, etc., siempre han sido un excelente complemento al thriller, otorgándole un rango más amplio de lo habitual, consiguiendo gran realismo al mostrar la parte de las consecuencias de los crímenes sobre los ciudadanos. Lo único malo en esta temporada viene sin embargo de esta sección: la búsqueda espiritual de Mitch se hace pesada y no aporta mucho, ni al personaje ni a la trama global. Sin duda no sabían qué hacer con este rol.

De nuevo el reparto tiene actores que dan lo mejor de sí. Michelle Forbes esta vez queda un poco en segundo plano, pero eso implica que Jamie Anne Allman (su hermana Terry) gana protagonismo, y no lo desaprovecha, pues se marca un gran papel al lado de otra interpretación enorme, la de Brent Sexton. Y Mireille Enos y Joel Kinnaman como los detectives están de nuevos muy bien sumergidos en sus personajes.

Este segundo año de The Killing como thriller es modélico, más aún si tenemos en cuenta que no es nada fácil mantener el nivel alto durante trece episodios sin meter relleno. Como drama es muy intenso, describiendo personajes creíbles y atractivos que casi siempre tienen algo que aportar al conjunto. La puesta en escena sombría que aprovecha el oscuro y húmedo Seattle le da un toque personal no especialmente original pero muy eficaz. Se cierra un ciclo (el caso Rosie ha terminado, si siguen con la serie habrá uno nuevo) ofreciendo una temporada intensa, muy bien medida, con personajes que enganchan y una historia que atrapa aún más. Las quejas de que no es una obra maestra y por ello la serie es una gran decepción, que el primer año las hubo incomprensiblemente a patadas, aquí vuelven a repetirse, y sigo sin entenderlas. No todo puede ser una genialidad revolucionaria. Una historia bien contada tiene su valor también.

Edito (11-08-12): AMC ha decidido poner fin a la serie, supongo yo que pensando que no era un éxito, tenía críticas dispares y empezar un caso nuevo era muy arriesgado.

Edito (16-01-13): Inesperadamente, la cadena ha cambiado de opinión y ha confirmado una tercera temporada.

Ver también:
Primeras impresiones
Temporada 1 (2011)
-> Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 y final (2014)

THE KILLING – TEMPORADA 1


AMC | 2011
Drama, suspense | 13 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Jamie Anne Allman, Brent Sexton, Billy Campbell, Michelle Forbes, Kristin Lehman, Eric Ladin, Annie Corley, Brando Jay McLaren.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la historia y el final a fondo.–

La truculenta muerte de una joven llamada Rosie Larsen sacude la oscura y lluviosa Seattle, y la detective Sarah Linden se vuelca en el caso con su nuevo compañero Stephen Holder más de lo debido, tanto que deja de lado su mudanza con su nuevo novio y descuida la crianza de su hijo adolescente. Las primeras pistas apuntan a la campaña política de Darren Richmond para la alcaldía, pero también ponen en el punto de mira a un profesor árabe, Bennet Ahmed. Mientras, la familia Larsen debe lidiar con el terrible dolor que supone perder un hijo.

Como comenté en mis primeras impresiones, el inicio es memorable gracias a una puesta en escena subyugante, con una atmósfera tenebrosa y trágica, y por la seriedad de la propuesta y el exquisito desarrollo de la misma, que atrapa aunque no ofrezca un derroche de originalidad. Los dos episodios de presentación suponen un golpe tremendo en el espectador, tanto que la crítica la aclamó precipitadamente como la serie del año. Pero entrando ya en la temporada se hace evidente que mantener un caso durante trece episodios es complicado, y más si cada capítulo abarca un día de investigación.

El primer fallo importante, el que antes se ve, es que la trama de la candidatura a alcalde queda muy desligada del resto. Sí, de vez en cuando se cruzan protagonistas, pero no es de recibo que si la serie va sobre el crimen se pierda el tiempo con los problemas de la agenda del político, con las disputas triviales y las jugadas sucias contra el actual alcalde. De los protagonistas de esta parte sólo se salva Richmond, y eso gracias al carisma de Billy Campbell, porque sus ayudantes en la campaña en muchos momentos resultan repelentes. Además, el simple hecho de que aparezca este grupo de personajes ya garantiza que alguno debe ser culpable por narices… y claro, cuando tras las primeras pistas que apuntaban hacia ellos cambiamos de sospechoso y nos vamos tras el profesor, la sensación de que están descolgados del hilo principal es mayor.

Al contrario que esta insípida parte política la sección del citado tutor está muy bien tratada, pues encaja de maravilla en las líneas narrativas principales y además da para historias impactantes y de gran calado. Se trabaja muy bien el cómo puede afectar a la vida de un ciudadano el ser considerado sospechoso, pues en esas circunstancias la gente tiende a asumir que eres culpable y tu vida como la conocías probablemente nunca vuelva a ser la misma. Y esto llega a un extremo algo previsible pero no por ello menos emocionante cuando el padre de la fallecida opta por tomarse la justicia por su mano. Sin embargo, esta línea también acrecienta esa sensación de que se marea la perdiz para postergar la resolución del caso, sobre todo cuando, tras la paliza, el profesor se queda en coma hasta ser olvidado por completo.

Otro aspecto tratado con esmero y realismo son los problemas familiares propios de una tragedia de tal calibre. Michelle Forbes y Brent Sexton como los progenitores de la chica muerta se marcan unos papelones de infarto. De ella me lo esperaba, pues en toda serie donde la he visto llena la pantalla, pero él siempre ha sido un secundario poco aprovechado, aunque por suerte aquí ha tenido la oportunidad de lucirse. Pero no sólo la familia de Rosie vive con pena, pues la pareja de detectives protagonistas arrastra sus propios fantasmas.

Y lo mejor, nada se da mascadito, lo que no se va mostrando poco a poco en dosis muy bien medidas (los problemas de las drogas de Holder) se debe intuir por pistas y sutilezas. Poco a poco reunimos información hasta comprender que Sarah tuvo un caso similar con el que se encabezonó, o que Holder tiene problemas con su familia (a la que no llegamos a ver nunca). Así, los personajes, bien definidos e interesantes desde el principio, van ganando capas con el tiempo, adquiriendo mayor dimensión. Mireille Enos y Joel Kinnaman también están espléndidos en sus roles, aunque en un peldaño inferior a los anteriormente citados.

Es obvio que hay altibajos, episodios un poco más dispersos y menos impactantes que otros, tramos alargados o incluso algo faltos de credibilidad (¿cuántos vuelos va a perder Sarah?), así como muchas jugadas del despiste que pueden funcionar mejor o peor, pero dadas las características de la serie hubiera sido casi increíble que mantuviera un nivel perfecto en todos los capítulos. ¿Cómo van a estar soltando pistas válidas y giros impresionantes en una sola dirección durante toda la temporada sin llegar a resolver el caso justo hasta el último momento? No, tiene que haber pasos en falso y pistas hacia callejones sin salida, tanto para hacer tiempo como porque es otro aspecto realista de las investigaciones policiales, y tiene que haber tiempo destinado a los personajes (muy bueno resulta el episodio que se centra exclusivamente en la pareja de detectives).

La serie tiene innumerables virtudes que hacen de ella una propuesta prácticamente imprescindible para los aficionados a las producciones de primera calidad. La fuerza cautivadora del inicio no ha desaparecido, simplemente fue el momento álgido de la temporada (y visto lo visto, la gente no sabe disfrutar de una que no tenga el momento cumbre en su parte final). Es una temporada con deslices pero en general de gran nivel, capaz de atrapar de forma impresionante gracias a su impecable y sombría puesta en escena, su ritmo pausado pero siempre expectante y sus personajes melancólicos envueltos en un drama muy humano y realista.

Finalmente llegamos al desenlace, que necesita un comentario especial. Como es lógico, nuevas pistas y otras antiguas replanteadas llevan a nuevas revelaciones. Alguno de los personajes presentados a lo largo del año debe ser culpable. Y como decía, por narices debe estar relacionado con la campaña política. Todo encaja más o menos bien (el tema del casino es muy precipitado, pero funciona) y además se añaden sorpresas interesantes, como el tiroteo final o la clara posibilidad de que en realidad el caso haya sido una trama para hundir la carrera del político. Sin embargo, pese a que resulta un fin de temporada más que bueno la que se ha armado no se veía desde Perdidos, aunque en un grado menor, pues la fama de la serie es menor.

La crítica (en Estados Unidos, obviamente) se ha tirado de los pelos, ha puesto a parir el tramo final y han sonado repetidas veces las palabras traición y desastre. Y yo no lo veo. El cierre es coherente con la serie, más o menos bueno pero no una cagada ni una salida de tono equivocada. De hecho, el dejar sorpresas y cabos sueltos le da más interés, tanto a esta temporada como a la próxima. El tema de a qué juega Holder y para quién, asunto sobre el que se han soltado pistas sutiles (tanto que hasta el último momento no las vi) es el aspecto más atractivo y garantiza que, aunque haya un caso nuevo, no será un reset total, pues habrá cosas todavía coleando. Sin duda con el inicio de la serie las expectativas se pusieron por las nubes, pero maldita sea, una vez se entró en la dinámica estándar de los capítulos se vio que no era la producción más rompedora y excelente de la historia. No, este no ha sido un engaño como el de Perdidos, se ha mantenido en la línea y estilo elegidos para la historia, no me parece coherente tirar piedras contra un desenlace correcto si se ha disfrutado el resto. Y sobre todo, no me parece coherente imaginarte una serie en tu cabeza y cuando ves otra cosa criticarla por fallar a tu imaginación olvidando todas sus buenas cualidades.

Ver también:
Primeras impresiones
-> Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 y final (2014)

THE KILLING – PRIMERAS IMPRESIONES

Una detective de Seattle se enfrenta a un último caso antes de trasladarse con su hijo y su nuevo novio, pero será un caso difícil: el truculento asesinato de una joven donde las primeras pistas apuntan a un conocido político. Con un nuevo compañero se enfrenta pues a una investigación sórdida, oscura y que causa bastante impacto mediático.

Dije en el comentario de Downton Abbey que no importa si el género está gastado hasta casi provocar rechazo mientras sea abordado con profesionalidad e inteligencia. Si aquélla funcionó de maravilla en el muy sobado drama británico de época, The Killing (que además es un remake de una serie danesa) ha causado el mismo efecto en el policiaco y en el de misterio. La comparan hasta con Twin Peaks, en cierta manera madre de ambos géneros y de la propia televisión moderna en sí misma, pero aunque desde fuera parece lo mismo de siempre al introducirnos en ella nos encontramos con una producción modélica capaz de dejarte sin aliento en algunos tramos.

Después de diez años viviendo día a día con el estilo detectivesco del presente, el iniciado por CSI y explotado por mil clones que van de lo correcto (NCIS) a lo absurdo (bobadas como Numbers o Miénteme son intragables), con los sentimientos adormecidos por estos entretenimientos facilones que eluden el drama contundente, quién me iba a decir que la típica muerte de un personaje desconocido me iba a impactar tanto. En The Killing, con su atmósfera grisácea y deprimente y sus personajes tan humanos inmersos en la tragedia, el hallazgo de la víctima, que lleva como una hora de metraje lento, subyugante y perturbador, resulta un trago difícil de pasar. El papelón de Michelle Forbes (otro más que apuntar tras Battlestar Galactica e In Treatment) como la madre de la fallecida te agarra el corazón y te lo estruja de forma impresionante. Pero más duro es cuando el padre llega a la zona acordonada… Pocas veces en la televisión reciente lo he pasado tan jodidamente mal.

En la presentación, un fantástico episodio doble, se nos dan los retazos justos de los personajes para saber cómo es cada uno, saliendo unos mejores parados que otros: el político queda descolgado y resulta un poco aburrido, la familia que vive la tragedia está muy bien descrita, y la protagonista (Mireille Enos, vista en Big Love) interesa bastante mientras que su nuevo compañero queda algo desdibujado. El caso apenas pasa del hallazgo del cuerpo y las primeras pistas, terminando en la localización del lugar del asesinato, que dará para nuevas indagaciones. Así pues casi nada hemos visto en este inicio… casi nada en cuanto a trama, porque los sentimientos fluyen y la narración atrapa de principio a fin. Promete ser una historia lenta, clásica e inteligente de lo más apasionante.

Poquísimas producciones policíacas han brillado estos últimos años, y lo lograron por resultar rompedoras con todo modelo anterior: The Shield y The Wire. Pero en una misma temporada hemos tenido la suerte de encontrarnos con dos potenciales maravillas que optan por estilos más clásicos: The Chicago Code en la acción y The Killing en el drama. Bienvenidas sean.

Ver también:
-> Primeras impresiones
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 y final (2014)