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MANHATTAN – TEMPORADA 2 Y FINAL

WGN America | 2015
Drama | 10 cap. de 55 min.
Productores ejecutivos: Sam Shaw, Thomas Schlamme, David Ellison…
Intérpretes: John Benjamin Hickey, Ashley Zukerman, Rachel Brosnahan, Michael Chernus, Christopher Denham, Katja Herbers Harry Lloyd, Olivia Williams. William Petersen, Daniel London.
Valoración:

En la primera temporada de Manhattan el equilibrio distaba de ser perfecto, pero la combinación de drama de época, thriller de intrigas personales con un toque de espionaje, y recreación pseudohistórica de una de las grandes epopeyas científicas del hombre, ofrecía una serie muy llamativa cuyo excelente acabado visual (de la mano del gran Thomas Schlamme) terminaba de ensalzar su atractivo. Pero esta segunda etapa rompe el hechizo y la desestructurada narrativa termina bajando mucho el nivel. A pesar de tener menos capítulos (diez) se ha hecho menos interesante y más larga, con lo que las audiencias han respondido alejándose y ha terminado cancelada. Llegamos a la prueba Trinity con los protagonistas entrando en un nuevo rumbo en sus vidas, así que al menos hay sensación de final.

Los tres géneros se hayan ahora en casi total discordancia. El thriller cobra demasiado protagonismo, tanto el de intrigas personales como el de espionaje. De nuevo cada personaje está empecinado en sobreponerse a los demás a base de planes maquiavélicos e improvisaciones constantes, porque lo cierto es que cada capítulo añade buenas dosis de misterio y giros inesperados que cambian lo planificado. Otra cosa es que sean de calidad… Por ejemplo, que uno de los momentos cumbre en la carrera de Charlie venga de los cotilleos que escucha la esposa por el teléfono es un tanto simplón. Por si fuera poco, sobre todo este jaleo se potencia el espionaje. Una cosa es mostrar cómo el ejército lo tenía todo controlado y cómo emerge la obsesión comunista, otra convertir a la mitad de los personajes principales en topos (uno de Inglaterra, otro de Rusia, otro con sospecha de ser nazi)… y los que no lo son, tienen unas guerras abiertas con todos los demás que también rozan constantemente la traición.

Como extensión de estos problemas está la obsesión que cogen los guionistas con Frank Winter, quien copa demasiado metraje y tramas, engullendo a los demás, algunos de los cuales pierden demasiado protagonismo a pesar de su atractivo y potencial. Charlie y Paul prácticamente acaban siendo de relleno, y es una pena porque Ashley Zukerman y Harry Lloyd son los dos mejores intérpretes masculinos del reparto. Frank, el genio científico que lideraba el proyecto de implosión, acaba convertido en un paria, una especie de hippie o rojo anti bomba dispuesto a todo para frenar el proyecto. Sus convicciones no se trabajan lo suficiente para que nos creamos semejante cambio. Sí, lo sumergen de lleno en los líos de espionaje, con ese capítulo centrado en su cautiverio, pero no me parece suficiente como para un cambio tan radical. O al menos no está bien desarrollado, porque sabemos que era capaz de traicionar a cualquier por seguir sus ideales, y se puede entender que emerjan dudas sobre el uso que harán con la bomba, pero de ahí al extremo al que lo mandan hay un salto muy brusco que no se hace con la transición adecuada, y la exposición de esta nueva postura roza el ridículo en ocasiones: eso de que acabe de soldado raso chanchulleando de acá para allá no se sostiene de ninguna manera.

Así pues, tenemos topos sobre topos e intrigas sobre intrigas hasta que da la sensación de que nadie en The Hill está centrado realmente en su tarea excepto el general (William Petersen), con lo que parece que nadie trabaja de verdad en la bomba. Diez episodios supuestamente a contrarreloj porque ya tienen la fecha de la prueba, y apenas hemos visto un par de escenas donde parece que dediquen esfuerzos al “artefacto”. La mayor parte del tiempo están inmersos en todas estas peleas y en unos pocos dramas personales. Estos últimos eran el único eslabón débil de la primera etapa, pero aquí el nivel global baja, así que el de esta sección también lo hace.

Las odiseas de Abby y Liza son de nuevo puro relleno, a veces no se sabe qué pintan en toda esta historia salvo cumplir con el cupo femenino. No me malentendáis: me gusta que ofrezcan la visión de las mujeres, que había muchas familias completas, pero no si se hace con tan poco tacto. Las pocas penurias realistas que vemos (como Helen luchando contra el machismo) hubieran bastado para mostrar la vida en este lugar y época, pero hay más tiempo que rellenar y se montan líos matrimoniales y familiares bastante flojos. Las disputas y enredos amorosos resultan bastante insustanciales y a veces tontos incluso cuando quieren sacarles provecho. Por ejemplo, la aventura de Oppenheimer que quiere usar Abby para que Charlie ascienda la cité más arriba, pero luego continúa con la cargante historia de los remordimientos de ella y lo mal que resuelven el tema del embarazo. Por cierto, también se olvidan del otro hijo a conveniencia y lo recuperan para otro relleno familiar forzado: la irrelevante y cansina visita del padre de Charlie. Y mientras, Liza está aún más desaprovechada, no hace nada interesante, nada que aporte algo al conjunto. Y es una pena, porque Rachel Brosnahan y Olivia Williams son dos actrices enormes.

Con todas estas tramas algo rebuscadas y malogradas los guionistas terminan abandonando del todo la poca historia real que seguían. La vida de los protagonistas se aleja por completo de los científicos en los que se inspiraban, destacando que la aventura de Frank es a todas luces excesiva. Nada parece verosímil, y desde luego no se acerca lo más mínimo a la realidad. Por ejemplo, el clímax final en la torre con Frank y Meeks peleándose con que si sabotean la bomba o no es muy flojo, casi rozando la vergüenza ajena.

A Manhattan le ha pasado exactamente lo mismo que a Master of Sex: tras una primera temporada casi modélica sus creadores no han sabido hacia dónde llevar tramas y personajes y han improvisado de mala manera tomando rumbos algo fallidos. El nivel se resiente, el ritmo también, y como resultado tenemos una temporada muy normalita en una serie que nació en la primera división y con potencial para más. No es una cancelación que me duela, porque no parece que hubiera forma de remontarlo sin cambiar la serie tanto que quedara irreconocible. Lo que sí me duele es que han echado a perder una buena oportunidad para narrar unos hechos que me resultaban muy atractivos.

PD: Pienso seguir las carreras de Ashley Zukerman y Racher Brosnahan con atención, porque son una auténtica revelación.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
-> Temporada 2 (2015)

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MANHATTAN – TEMPORADA 1

WGN America | 2014
Drama. Suspense | 13 ep. de 45-56
Productores ejecutivos: Sam Shaw, Thomas Schlamme.
Intérpretes: John Benjamin Hickey, Olivia Williams, Ashley Zukerman, Harry Lloyd, Katja Herbers, Rachel Brosnahan, Christopher Denham, Michael Chernus, Daniel Stern, David Harbour.
Valoración:

Estamos ante una aproximación no documental al Proyecto Manhattan. El escenario y el objetivo es el mismo: construir en secreto la bomba nuclear para Estados Unidos antes de que la Alemania nazi y la URSS de Stalin consigan la suya, y acabar así de golpe con la aterradora Segunda Guerra Mundial. Un pueblecito (The Hill o La Colina) improvisado en medio desierto de Nuevo México es el lugar que no aparece en los mapas al que son enviadas las mentes científicas más grandes en la emergente ciencia nuclear. Algunos son jóvenes estrellas recién salidas de la universidad, otros veteranos que han huido de Europa ante el panorama actual. Bajo estricto control militar, Oppenheimer lidera la misión, y dos departamentos, uno con más recursos que otro (este relegado a plan b de poca confianza), trabajan a destajo bajo enorme presión.

Los protagonistas son inventados pero inspirados algunos de ellos en las figuras reales que trabajaron en el proyecto. Frank Winter es el protagonista principal y se basa en Seth Neddermeyer, quien sostenía que la implosión era el camino a seguir mientras la línea principal iba por derroteros más convencionales. Le siguen varios empleados que parecen fieles (todos personajes muy complejos e interesantes), pero la volátil situación en que viven amenaza con minar cualquier relación. Sin ir más lejos Frank está cegado por su obsesión de conseguir la bomba, porque cree que es el único que puede hacerlo, y no duda en usar a cualquiera en sus enrevesados planes para salir adelante. En el otro departamento nuestro protagonista es Charlie Isaacs, una joven promesa que se verá en el ojo de la tormenta por la ambición, tanto la suya como la de otros que intentan dirigirlo.

Paralelamente vemos cómo las esposas de ambos lidian con la difícil vida en medio de la nada. Liza Winter enfrenta la frustración de ser científica pero no empleada del tinglado, y además mujer, por lo que es ninguneada; siendo incapaz de estarse quieta y calladita como manda la sociedad y en este caso el estricto programa, empieza a preguntar y actuar más de la cuenta. Abby Isaacs trata de superar la depresión de estar ahí olvidada, y la amistad con otra compañera parece animarla aunque pronto la llevará por caminos inesperados.

De primeras me costó hacerme al Frank Winter de John Benjamin Hickey, porque tenía demasiado arraigado su buen papel de mendigo simpático en The Big C y no me pegaba en un personaje tan oscuro, pero se sumerge muy bien en su rol, captando muy bien su ambigüedad moral y el estrés al que está sometido, con lo que no tardé en adaptarme. Pero para sorpresa la de la otra figura principal, Ashley Zukerman como Charlie. El desconocido actor está inmenso en un papel complejo y exigente; las escenas en que está a punto de derrumbarse pero sigue luchando y las miradas que expresan de maravilla el torrente de emociones en que está sumergido consiguen uno de los mejores papeles de la temporada televisiva, un trabajo que ha pasado tan desapercibido como la serie, me temo. Del resto no voy a citar uno por uno, todos son muy competentes, ninguno se queda atrás. Sí diría que Harry Lloyd (The Fear, Viserys en Juego de tronos) tiene talento para más que un secundario, a ver si consigue trabajos más relevantes, y que Olivia Williams (Liza) es un mostruo de actriz que merecía ser más famosa.

Manhattan es principalmente un thriller con un pie en el espionaje, pues los científicos tienen que andar con sumo cuidado para no verse envueltos en acusaciones demenciales por culpa de la paranoia del servicio de inteligencia y de los militares al mando, y otro pie en la intriga personal, donde cada individuo se monta intrincados planes y traiciones con tal de sobrevivir, obtener prestigio, acercarse a la meta en primera posición, etc. En la línea de espías, la presencia del interrogador, un oscuro Richard Schiff, resulta tan inquietante como temible, porque una vez que aparece sabes que alguien será su víctima, sea culpable o no. Y en el otro lado las traiciones entre protagonistas llegan a ser muy dolorosas.

Pero también tiene mucho de drama, tanto histórico como de personajes, y si bien en líneas generales es bastante bueno, la mezcla con el thriller no funciona del todo cuando se sale de los problemas personales derivados del trabajo para meter alguna subtrama de relleno. El tema lésbico es un patinazo enorme, y llega además cuando la trama principal también está un poco en suspenso. Por ello el tramo central de la temporada pierde bastante fuelle, teniendo un par de capítulos algo sosos y lentos. Pero la irregularidad también se va al otro extremo: alcanza algunos picos de intriga y tensión magníficos. Los personajes exprimidos al límite garantizan emoción en grandes cantidades y te mantienen pegado al asiento en espera de su caída total o su resurgir de última hora, porque giros espectaculares los hay a montones. La pega es que el cierre de temporada no es redondo tampoco (predecible y adornado con sensacionalismo), con lo que vuelve a empañar sus muchas buenas cualidades.

Lo que sí destaca sin desfallecer en ningún instante es la excelente puesta en escena. El veterano Thomas Schlamme (El Ala Oeste de la Casa Blanca) lleva las riendas de la serie imponiendo un aspecto visual de primerísimo orden. La fotografía resulta memorable, de las mejores del año, y la composición de todas las escenas denota gran planificación y enorme visión artística. Hay momentos en los que parece quedarle grande a un guion algo imperfecto.

Aun con sus limitaciones, en conjunto me ha parecido una gran temporada, pues sus virtudes superan de largo sus fallos. Aun así le pondría otra pequeña limitación a la hora de llamar la atención del espectador: por su mezcla de temáticas (ciencia, thriller, drama muy clásico) parece no tener un público objetivo claro: quizá no sea suficiente para quien espera un thriller, y desde luego se queda corta para quien busque un drama realista. No la consideraría entre las imprescindibles del año, pero es un título que no defraudará al que, buscando buena televisión fuera de las series de más pegada o de moda, quiera probar con ella.

Ver también:
-> Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 2

Netflix | 2014
Drama, comedia | 13 ep. de 55-90 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Uzo Abuda, Danielle Brooks, Michael Harney, Natasha Lyone, Taryn Manning, Kate Mulgrew, Jason Biggs, Laverne Cox, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Beth Fowler, Germar Terrell Gardner, Joel Marsh Garland, Annie Golden, Viky Jeudy, Selenis Leyva, Matt McGorry, Adrienne C. Moore, Matt Peters, Dascha Polanco, Alysia Reiner, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Yael Stone, Lorraine Toussaint, Samira Wiley, Laura Prepon, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Lolita Foster, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Julie Lake, Emma Myles, Dale Soules, Lin Tucci, Laura Gómez, Barbara Rosenblat, Constance Shulman, Pablo Schreiber, Lauren Lapkus, Michael Chernus, Maria Dizzia, Matt McGorry.
Valoración:

Después de la arrolladora y memorable primera temporada Orange is the New Black vuelve a lo grande marcándose otro capítulo inicial de infarto, de los de contar entre los mejores del año. Como el ingreso en la cárcel, el misterioso traslado sin previo aviso que sufre Piper Chapman es una auténtica pesadilla que se contagia magistralmente al espectador. Minuto a minuto sufrimos la indefensión de la mujer, el temor por su destino (todo apunta a una cárcel de máxima seguridad, por la agresión a la loca religiosa) y las penurias que sufre por el camino (guardias hostiles, ninguna información, situaciones incómodas e injustas -se le niega algo tan básico como hacer sus necesidades -). La creadora y guionista Jenji Kohan nos ofrece otro turbador viaje a través de la inmundicia del sistema penitenciario estadounidense desde la perspectiva de un personaje muy humano e interpretado con enorme intensidad por Taylor Schilling.

El destino no es el que esperábamos, pero tampoco es agradable. Testificar en el juicio del narcotraficante para el que trabajaron ella y Alex Vause mina la relación entre ellas porque el peligro de que puedan tomar represalias según lo que digan las pone en una situación muy delicada. Alex saldrá de la cárcel, pero fuera estará peor que dentro, temiendo día a día que vayan a por ella. Piper vuelve a su encierro de mínima seguridad, lo que supone a estas alturas una vuelta a la normalidad muy de agradecer. Sí, allí las cosas no son fáciles, pero podría ser peor y ya está bastante adaptada. La serie rebaja mucho el tono tras el demoledor inicio, dejando atrás el drama e inclinándose cada vez más por la aventura distendida y la comedia. No hay pérdida de calidad, pero a mí me ha apenado un poco, porque es impresionante lo que puede escribir Kohan cuando se pone dura.

También Piper pasa bastante a un segundo plano, pues el protagonismo está cada vez más repartido. Esto también me fastidia porque es un personaje que me trae loco, pero tampoco hay pérdida de calidad, el repertorio de habitantes de la cárcel mantiene el nivel e incluso mejora al conocerlos más a fondo. Los flashbacks que narran la situación que llevó a las mujeres a cumplir condena son cada vez más importantes, y algunos resultan muy impactantes al dar nuevas lecturas a protagonistas muy queridas, como el de Lorna Morello, que resulta espectacular y algo triste. No me voy a parar a describir cada historia con detalle porque no acabaría nunca con tantos personajes (entre veinte y treinta, todos imprescindibles en el conjunto y maravillosos individualmente), pero es ineludible decir que sus vidas cruzadas se narran con una habilidad pasmosa. El ritmo es siempre activo y atractivo, no hay un solo momento en que haya metraje que no aporte algo esencial, de hecho muchos capítulos rozan la hora de duración, de tantas cosas que hay para contar. Hasta los detalles cotidianos (humorísticos muchos de ellos) y las tramas más secundarias (por ejemplo el campeonato de ver quién folla más) aportan capas poco a poco.

Solo un fallo tiene la temporada, y queda pronto equilibrado: Vee. Esta veterana de las cárceles, narcotraficante de poca monta con aires de grandeza y afán de controlar el cotarro resulta algo cargante, arquetípica también, y su lucha por ser la más fuerte y poderosa se aleja un poco del tono verosímil habitual. Pero a cambio sirve como nexo alrededor del que hacer evolucionar un montón de caracteres. El grupo de afroamericanas se ve muy beneficiado al ganar protagonismo y poner puntos de conflictos importantes, y Red mantiene el tipo en una guerra que a veces peca de sensacionalista.

Mis partes favoritas del año, aparte de todo lo que atañe a Piper, serían las siguientes. Los intentos de Healy por servir para algo y superar sus limitaciones. Joe Caputo ganando a la corrupta Figueroa. El viaje loco de Lorna a la casa de su ex. El previsible pero efectivo romance entre el novio de Piper y su mejor amiga. Los viajes a quimioterapia de Rosa. El concurso de prepararse para entrevistas de trabajo. El drama que supone ser anciana en un sistema penitenciario y sanitario de risa. Y destaco también que nunca había visto tanta franqueza y naturalidad a la hora de hablar de sexo y relaciones femeninas.

Como la primera temporada, se presta a visionado maratoniano porque cada capítulo es solo parte de un todo y con su ritmo trepidante, sus personajes adorables y las historias tan humanas contadas con un tono de humor negro muy conseguido se hacen cortos y dejan siempre con ganas de ver más. Orange is the New Black es una orgía de emociones, capaz de hacerte pasar del lagrimón a la risa descontrolada, manteniéndote siempre inmerso codo con codo en las vivencias de las protagonistas. Es la serie más adictiva y que mejor recuerdo deja del momento (no solo te diviertes, te hace vibrar y también pensar), y obviamente de nuevo se alza como una de las mejores del año.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 1

Netflix | 2013
Drama, comedia | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Uzo Abuda, Danielle Brooks, Michael Harney, Natasha Lyone, Taryn Manning, Kate Mulgrew, Jason Biggs, Laverne Cox, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Beth Fowler, Germar Terrell Gardner, Joel Marsh Garland, Annie Golden, Viky Jeudy, Selenis Leyva, Matt McGorry, Adrienne C. Moore, Matt Peters, Dascha Polanco, Alysia Reiner, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Yael Stone, Lorraine Toussaint, Samira Wiley, Laura Prepon, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Lolita Foster, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Julie Lake, Emma Myles, Dale Soules, Lin Tucci, Laura Gómez, Barbara Rosenblat, Constance Shulman, Pablo Schreiber, Lauren Lapkus, Michael Chernus, Maria Dizzia, Matt McGorry.
Valoración:

A sus treinta y pocos años Piper Kerman (en la foto) parecía una mujer normal. Blanca de clase media-alta, familia llena de titulados en la universidad, prometida a su novio… Pero resulta que años antes, decidida a disfrutar de la vida al acabar los estudios, tuvo un romance con una mujer que se dedicaba al narcotráfico. Cuando aquella fue detenida acabó arrastrada a la cárcel también, por colaborar llevando dinero, con una condena de 15 meses. Como no es un viaje muy habitual dado su estatus social, sus amigos y familiares se interesaron mucho por sus vivencias, con lo que acabó escribiendo un libro, Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison (Naranja es el nuevo negro: mi año en una prisión para mujeres), de ahí saltó a a dar charlas sobre los derechos de las mujeres encarceladas, y finalmente su historia ha acabado en televisión. Jenji Kohan tomó las riendas de un proyecto que se ajustaba mucho a su experiencia, pues Weeds era otra dramedia centrada en una mujer en apariencia normal que acaba dedicándose a las drogas. La serie se produjo para Netflix, y resultó un éxito inmediato: fue la más vista en la por ahora corta historia de este canal de video bajo demanda (te suscribes y ves lo que quieres cuando quieres por internet), superando a House of Cards a pesar de no tener publicidad ni un reparto famoso ni inicialmente el beneplácito de la crítica, que suele inclinarse demasiado por las modas.

Hasta Orange Is the New Black no me había parado a pensar que no hemos visto ni en cine ni en televisión producciones llamativas que muestren la vida en las cárceles de mujeres. Es un género dominado por hombres, con las míticas Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994) y Oz (Tom Fontana, 1997) a la cabeza. Pero cuando ha llegado esta serie de repente me he dado cuenta de cuánto se echaba en falta el punto de vista femenino, vacío que llena de forma que será difícil encontrar otra producción que le haga sombra, porque apunta muy alto. Esta perspectiva expone tanto la forma en que las mujeres ven el mundo como los problemas relacionados con el género (abusos desde la parte masculina, principalmente) a través de historias muy realistas y llenas de detalles cotidianos. No falla tampoco en el análisis social y la crítica al sistema, pues saca a relucir la inmundicia de las cárceles estadounidenses y las carencias enormes del Estado y la sociedad a la hora de reconducir a los delincuentes. Como en Oz, queda claro que las prisiones son un almacén para olvidar a gente descarriada, que el gobierno no pone esfuerzo monetario y humano para arreglar las cosas y el pueblo está adormecido y no mueve un dedo para cambiar la situación. Sobre la influencia de Oz es difícil saber cuánto debe a ella y cuánto es casualidad por temática; tienen en común el tono realista, la crítica al sistema y mostrar mediante flashbacks qué hicieron las presas, entre otras cosas.

La serie ha acertado de pleno en dos formas de narración muy populares en esta era dorada de la televisión. La dramedia, es decir, comedia más drama, permite ofrecer una perspectiva de drama real pero con un tono de aventura distendida. La sonrisa es constante en cada episodio y da para carcajadas en no pocas ocasiones, y el drama es ligero pero no por ello superficial, de hecho la complejidad y profundad de todas las historias narradas es enorme, pero nunca llega a resultar un relato oscuro o duro, siempre tiene un punto socarrón y prima la aventura realista y pragmática sobre la tragedia humana.

El otro punto destacable es no mostrar buenos y malos muy marcados, sino tener protagonistas grises que pueden tanto cometer atrocidades como dar lo mejor de sí mismos. Ni las internas más peligrosas ni los guardas más duros hacen la función de villanos, es decir, de enemigos para las protagonistas y roles que odiar por el espectador, sino que son otro ejemplo de cómo la sociedad y las circunstancias y nuestras limitaciones nos moldean y nos pueden llevar a actuar desviándonos de la ética. Así, los guardias no son puestos como hijos de puta sádicos sin más, sino como seres tan falibles como los demás personajes. Cuando Healy (el más representativo en esta etapa) manda a aislamiento o maltrata psicológicamente a Chapman no se siente asco y ganas de que se vengue de él, sino indignación porque el sistema permita esa situación y lástima porque él no ha sido capaz de manejar sus problemas mejor y lo ha pagado con alguien más o menos inocente.

También ha sido muy inteligente mantener un reparto coral, no centrar el protagonismo exclusivamente en Piper Chapman (álter ego de Piper Kerman), algo esperable dado el material de origen. Su punto de vista es el principal, y como personaje central resulta memorable, pero el repertorio de secundarios es delicioso y el protagonismo está muy repartido. Todas las presas, desde la más loca a la más tranquila, tienen una personalidad definida a la perfección desde su primera aparición, y aunque por ahora no haya habido una gran evolución de personajes (exceptuando a Piper), poco a poco las relaciones y formas de ser van respondiendo a todos los eventos que van sucediendo en las numerosas tramas principales y secundarias. Es imposible no implicarse con las simpáticas Lorna y Nicky, seguir con interés la fachada de dura de Red, flipar con los tropiezos de guardas como Pornomostacho o Healy y disfrutar con los líos entre grupos (latinas, negras, blancas rednecks -paletas sureñas-).

Es difícil destacar a alguna actriz secundaria, todas son bastante desconocidas pero cumplen de maravilla mimetizándose completamente en sus personajes. La más reconocible y relevante es quien interpreta a la exnovia de Chapman (la traficante de drogas Alex Vause), Laura Prepon, quien fuera la pelirroja de Aquellos maravillosos 70, una comedia sencilla pero con bastante buen reconocimiento. Los hombres, más escasos, también cumplen (Michael Harney como Healy está soberbio), pero en este lado está el único punto negativo de la serie: el novio de Piper supone el único actor mal elegido. De verdad no sé cómo se coló en tan cuidado casting un manta como Jason Biggs (saga American Pie…), quien desaprovecha un buen personaje con su nula expresividad (se supone que está sufriendo la situación, pero su interpretación no lo refleja) y la ausencia total de química con Taylor Schilling (Piper).

Pero incluso en este rico panorama el rol principal, Piper Chapman, destaca resultando un personaje que sin duda va a hacer época. Siendo blanca, rubia, con estudios universitarios y bastante culta (las referencias a la cultura pop abundan, por cierto) da mucho la nota incluso en una prisión de mínima seguridad, y pronto su personalidad narcisista y victimista le hará pasar por varios encontronazos. Pero esa propia inteligencia y educación completa le permitirá adaptarse rápidamente y contar con ciertas ventajas. El choque de culturas y la extraordinaria situación que vive se exponen magistralmente en el episodio piloto, un capítulo memorable que atrapa por completo para el resto de la temporada. El proceso de adaptación es riquísimo en vivencias e interés, y en el tramo final empieza a plantar cara, a volverse más dura.

La interpretación de Taylor Schilling (dada a conocer en el poco exitoso drama de hospital Mercy) es la que necesitaba este rol: está plenamente sumergida en Chapman, consiguiendo un personaje fascinante desde el primer instante. Sus miedos quedan expuestos con una sola mirada, y el proceso de adaptación y superación va mostrándolo con gran habilidad. Junto a la otra gran mujer del año, Tatiana Maslany (Orphan Black), supuso toda una revelación y uno de los mejores papeles de las últimas temporadas televisivas, llegando ambas a recibir nominaciones a los Globos de Oro a pesar de que la crítica pasó bastante de sus series en favor de las más cercanas a las academias de premios. Aunque luego hicieron el ridículo dándoselo a Robin Wright por House of Cards en vez de a uno de estos dos portentos. Es una vergüenza que poco a poco el boca a boca va poniendo en su sitio: Orange Is the New Black fue probablemente la mejor serie del año y Taylor Schilling merece todas las alabanzas que se te puedan ocurrir.

Ver también:
-> Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)