Archivo de la etiqueta: Mark Rowley

EL ÚLTIMO REINO (THE LAST KINGDOM) – TEMPORADA 4

Netflix | 2020
Aventuras, drama, histórico | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Nigel Marchant, Gareth Neame.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Eliza Butterworth, Millie Brady, Emily Cox, Ruby Hartley, Finn Elliot, Mark Rowley, Arnas Fedaravicius, James Northcote, Ewan Mitchell, Adrian Bouchet, Jeppe Beck Laursen, Toby Regbo, Timothy Innes, Cavan Clerkin, Adrian Schiller, Magnus Bruun, Amelia Clarkson, Jamie Blackley, Stefanie Martini, Eysteinn Sigurðarson, Dorian Lough, Richard Dillane.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas principales. —

Después de la magnífica tercera temporada de El último reino, esta nueva etapa parece un postre ligero, una extensión casi innecesaria. No creo que sea casualidad que el bajón llegue con la ausencia del principal productor ejecutivo y guionista, Stephen Butchard. No encuentro información que explique su partida, al no ser una serie de gran popularidad no ha trascendido la noticia. Pero sí, ha desaparecido por completo de los créditos, han entrado nuevos escritores y el siguiente productor, Nigel Marchant, ha pasado a primer plano, tanto en los créditos como de cara a las entrevistas promocionales.

Es cierto que a estas alturas se han encontrado con problemas intrínsecos a la serie. El estilo narrativo se empieza a hacer repetitivo (intrigas políticas que atrapan a Uthred y sus amigos) y el relevo de reyes obliga a una especie de reinicio en las historias principales. Pero también tenían las armas para evitarlos, y no parece que ni lo intenten. La maduración de la serie era patente también, cada vez contamos con más frentes abiertos, más personajes y maquinaciones políticas más elaboradas, pero en vez de seguir aportando nuevas capas incomprensiblemente han dado varios pasos atrás, reduciendo el número de aventuras secundarias y simplificando las principales.

El joven sajón criado como danés siempre ha estado más metido de lo que debiera en los líos de la corte. Una cosa es que las decisiones políticas afecten a su vida como mercenario y aventurero independiente, otra que en cada confrontación se piense en él para los planes, se tome en cuenta su opinión y estuviera incluso al frente de batallas. Hasta ahora los guionistas conseguían evitar que chirriase demasiado, siempre quedaba como lo que es, un don nadie del que se aprovechan, y la historia conjunta se movía por los designios de los nobles. Pero en esta etapa entra demasiado de lleno en la corte, se mueve casi todo a su son de forma directa o indirecta, cual Tito Pullo en Roma (Bruno Heller, William J. MacDonald, John Milius, 2005), rozando las incongruencias no sólo históricas, sino de coherencia dentro de la misma propia obra. Que un pagano sin sangre noble sea elegido rey de Mercia por encima de la sangre real y de condes con poder es ridículo. Pero además, era previsible el apaño que harían los guionistas para que Aethelflaed tomara pronto el puesto, así que es inevitable pensar que semajante salida de tono está totalmente injustificada.

El grupo de amigos y los cambiantes enemigos han mantenido el tipo y se han ido renovando muy bien. Los veteranos tan carismáticos como Finan, Osferth y Sihtric se amplían con el cada vez mayor protagonismo de Pyrlig y la reaparición de los hijos de Uthred como adolescentes, Stiorra (Ruby Hartley) y Uthred (Finn Elliot). Pero las relaciones con los viejos colegas están muy apagadas y las que se presentan con los nuevos son algo tontorronas y predecibles, típicos dramas de padres e hijos. Tampoco las rivalidades con Cnut y Haesten ofrecen algo novedoso, y por el otro lado, el conde de Bebbanburg vuelve a tener una aparición fugaz que no deja huella y la historia de recuperar su hogar queda como siempre en suspenso.

Antes se justificaban bien las pasiones de Uthred, el encaprichamiento con damas y causas varias, y sus conflictos internos llegaban con intensidad, ahora me está empezando a parecer desdibujado, sin que estén sus movimientos y decisiones plenamente justificados. Sus aventuras se limitan a carreras de un lado para otro para arreglar entuertos generados por los nobles, de forma que según vayan tomando forma los planes de uno u otro sabremos justo cuándo intervendrán Uthred y su banda. Así pues, sus historias no emocionan como antaño, no tenemos vivencias variadas, son todas más o menos iguales, y no hay sensación de incertidumbre y peligro. Algunas situaciones de suspense son tan forzadas que se las podrían haber ahorrado, como cuando los dejan a morir colgados de un árbol.

La única novedad es que el breve acercamiento a su meta soñada, reconquistar Bebbanburg, deja secuelas en su personalidad: el fatal resultado del ataque lo vuelve más prudente, tiene en cuenta las dificultades y peligros en que mete a sus seres queridos y amigos… pero no termina de aportar nada llamativo, si acaso lo único que hace es postergar decisiones: sabemos que aunque dude acabará metido en todo fregado. Es decir, el único amago con hacer que el personaje siga creciendo se ve frenado por las limitaciones de las tramas.

Con cada vez más presencia, la parte política había alcanzado un nivel excelente, digno de Los Tudor (Michael Hirst, 2007) y Juego de tronos (David Benioff, D. B. Weiss, 2011). Las tretas entre nobles para medrar en la corte, los roces entre reinos, los daneses entrando cada dos por tres en tierras sajonas deshaciendo cualquier plan… Era de suponer que seguiríamos con todos estos frentes apasionantes abiertos… pero el relato se ralentiza y acaba dando vueltas en círculos.

Seguimos los primeros pasos en el reinado de Edward tras la larga sombra de Alfred, quien desde Wessex tratará de unir los reinos circundantes como soñó su padre, los problemas de Aethelflaed en Mercia, con un marido, Aethelred, ambicioso pero más engreído que inteligente, y las incursiones de turno de los nórdicos, lideradas por Cnut y Haesten, con Brida como amante del primero.

Edward está bien interpretado por Timothy Innes, quien muestra adecuadamente la inexperiencia del joven rey y los intentos por encontrar su valía entre tanta víbora. Su consejero principal, Aethelhelm, y su madre Aelswith tienen formas muy distinta de ver las cosas, y tratan de ganarse su oído con palabras muy medidas. Adrian Schiller y Eliza Butterworth vuelven a estar estupendos. Y el destino de Aethelflaed se presenta interesante en una historia que descrita en palabras parece muy típica (una joven con coraje pero ninguneada en un mundo de hombres) pero empieza bastante bien, y Millie Brady cada vez convence más.

Pero los problemas narrativos también se vislumbran pronto y van creciendo. El romance de Uthred con Aethelflaed es poco verosímil en todos los sentidos: que ocurra, que nadie se entere, y en cuanto a química, pues no se transmite en ningún momento la supuesta pasión. Alexander Dreymon sigue siendo el eslabón más débil del reparto. En la corte de Wintanceaster funcionan los esfuerzos personales, pero no las intrigas tras ellos, que son muy facilonas. Que si entrar en la nueva campaña bélica o no, que si la madre ve peligrar su posición… hay poca sustancia real y un destino muy previsible. En Mercia y la campaña de Aethelred tampoco encontramos nada apasionante. Los dos nuevos personajes en su corte, los hermanos pelotas Eadith y Eardwulf, son roles muy arquetípicos, el trepa cobarde al que no le queda otra que seguir adelante para que las secuelas de sus artimañas no lo alcancen, y la más moralista, que empieza a tener dudas y remordimientos. Ella se redime un poco al ir cambiando, pero él está todo el rato urdiendo planes rastreros, donde aunque haya muertos de por medio parecen de nivel de peleas y celos de instituto. Tampoco ayudan los dos endebles intérpretes, Jamie Blackley y Stefanie Martini; en ella además se da un caso extraño: a pesar del estupendo maquillaje y peluquería de la serie, siempre parece demasiado limpia, con cejas depiladas y una peluca o tinte que canta mucho.

La conflagración de todos los frentes en una esperada batalla no hace remontar la temporada, sino todo lo contrario. No tenemos los acostumbrados giros que tuerzan las cosas cada dos por tres y lleven a situaciones impredecibles y nuevos e inesperados retos. Todo se va desarrollando paso por paso, y además con cada vez mayor lentitud. Las rivalidades y ambiciones de los nobles, las obsesiones del joven Edward, la pareja Uthred y Aethelflaed dando bandazos por medio, y los cansinos hermanos conspiradores repiten las mismas escenas durante un puñado de capítulos, llegando a resultar casi desesperante. Y la parte de Brida con los galeses queda demasiado descolgada y tampoco logra despertar mucho interés.

En las dos temporadas anteriores, cuando la serie encontró un mayor equilibrio, aparte de que las secciones de Uthred y la corte eran bastante más interesantes y moviditas, teníamos historias secundarias apasionantes y que reflejaban bien otros aspectos de la época, de forma que cuando había que hacer una pausa en las líneas principales estas tomaban protagonismo, impidiendo alargar tramas indebidamente y que apareciera el aburrimiento. La pena es que tenían a tiro dos historias que negligentemente dejan de lado. Una es una presentación más adecuada de Sigtryggr, el nuevo danés que pondrá en jaque a los reinos sajones durante unos años. Aparece de la nada, cuando podrían haberlo introducido poco a poco, si no en su reinado en Irlanda, sí deteniéndose más para presentar de dónde viene, sus nuevas motivaciones y objetivos. En vez de eso aparece siempre con un halo de “sé lo que hago, tengo planes” poco convincente, lo que empeora por la floja interpretación de Eysteinn Sigurðarson. La otra oportunidad perdida es la de ver a lady Aethelflaed afianzando su posición ante los otros nobles y en acción para asegurar sus fronteras. Después de tres temporadas siguiendo su arco personal y político es difícil perdonar que al llegar a la cumbre se deje de lado y sólo se mencione su destino por boca de otros personajes. La única sección paralela que tenemos es la de Brida en Wales, pero ni apasiona ni resulta una buena introducción de otros reinos que presumiblemente entrarán en juego pronto.

No sé si ha faltado dinero o coraje para abordar estas historias, pero cabe pensar las dos cosas, pues aparte de la falta de garra y profundidad en el guion da la sensación de que ha habido menos presupuesto, porque las batallas y los asedios importantes se representan por unas breves escaramuzas, cuando veníamos viendo escenas cada vez más espectaculares.

En vez de seguir creciendo, El último reino ha vuelto al nivel de la primera temporada, un buen entretenimiento y una obra histórica bastante recomendable, pero algo desequilibrada y predecible y que desaprovecha un potencial mayor, uno que ya estaba explotando en todo su esplendor. Esperemos que sea un bache temporal.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)
-> Temporada 4 (2020)

EL ÚLTIMO REINO (THE LAST KINGDOM) – TEMPORADA 3

Netflix | 2018
Aventuras, drama, histórico | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Nigel Marchant, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Ian Hart, Eliza Butterworth, Millie Brady, Emily Cox, Mark Rowley, Arnas Fedaravicius, Harry McEntire, James Northcote, Ewan Mitchell, Adrian Bouchet, Jeppe Beck Laursen, Toby Regbo, Timothy Innes, Cavan Clerkin, Adrian Schiller, Eva Birthistle, Tobias Santelman, Julia Bache-Wiig, Magnus Bruun, Thea Sofie Loch Næss, Ola Rapace.
Valoración:

El mundo de El último reino sigue ganando en complejidad, abriendo el horizonte, dando cada vez más relevancia y alcance a las intrigas políticas, poniendo más facciones e intereses en liza. Y no por ello se descuidan las aventuras de Uthred y sus amigos.

Sin duda chirría un poco que este don nadie como Uthred esté tan metido en la corte, se tomen decisiones pensando en su valía como mercenario y como líder en batallas, pero por ahora los autores (tanto Stephen Butchard al frente de la adaptación como supongo que Bernard Cornwell en las novelas) juegan bien con esta pequeña fantasía introducida en una obra histórica muy fiel. No traspasan las líneas hacia la incongruencia, Uthred es lo que es, un peón del que se aprovechan los nobles. Y eso lo exprimen bien, sus lealtades son puestas a prueba y sus planes personales alterados constantemente por los designios de otros, dando mucho juego a su de por sí ajetreada vida.

Este año ocurre de todo y todo se hilvana muy bien. Numerosos frentes danzan a la par, de forma que siempre hay acción y tensión: no sé sabe cómo saldrá airoso Uthred, cómo y cuándo estallará la guerra política y si se transformará en guerra civil, cuándo las incursiones danesas darán un vuelco inesperado… Los cada vez más numerosos y atractivos protagonistas se mueven cada uno por su terreno como pueden, sobreviviendo, intrigando, traicionando…

La salud de Alfred se debilita. Se cree que tendría una dolencia crónica, como la enfermedad de Crohn, porque tuvo problemas gastrointestinales durante media vida. Pero su resolución no se ve afectada, sigue trabajando por su sueño de una Inglaterra unida que evite guerras constantes entre los reinos locales y se defienda mejor contra las interminables invasiones danesas. Sin embargo, las dudas sobre su salud tienen a todos tensos, y empiezan a mover ficha para posicionarse antes de su fallecimiento.

¿Está el joven heredero Edward preparado para el trono? Alfred quiere dejarlo en buenas manos, pero con tantos intereses personales y políticos cruzados no logra afianzar su posición y educación. El rey de Mercia, Aethelred, se encuentra en un lugar privilegiado tras el matrimonio con la hija de Alfred, Aethelflaed, pero su debilidades como político frenan su potencial. Sus frustraciones las paga con ella, quien debe encontrar formas de defenderse y fortalecerse como persona. El apoyo inesperado en Uthred resulta crucial.

El sobrino destronado de Alfred, Aethelwold, encuentra en esta situación nuevas ganas por vivir, una meta que lo centra, una ambición que lo empuja a sobreponerse a su cobardía: ganarse adeptos para recuperar el trono. Sus juegos a dos bandas y sus grandes traiciones son espectaculares. Pero en la corte también tienen gran presencia la esposa del rey, Aelswith, que siempre se esfuerza por ser tenida en cuenta, la omnipresente religión, con varios representantes, como Beocca y Pyrlig, y algunos nobles, destacando al anciano Aethelhelm, que demuestra gran experiencia y prudencia.

Los daneses destacados en esta nueva ola de incursiones son Haesten, Sigurd Pelo Sangriento, y Cnut. Los enfrentamientos entre ellos lejos de facilitar el trabajo a Alfred traen más desconcierto y problemas, sobre todo porque Haesten es inteligente y maneja a su antojo a los sajones con alianzas engañosas.

Uthred y su peculiar banda están más en peligro que nunca. La relación con Alfred se tensa y afloja según los acontecimientos, aumentando las ya existentes dudas en su posición entre los sajones. Pasan por infinidad de etapas, de fidelidad bien recompensada, de confrontación que deja sus futuros en vilo, de enfrentamiento directo que los llevan fuera de la ley, lo que podrían empujar a Uthred a aliarse de nuevo con los daneses, con su hermano adoptivo Ragnar y su amiga Brida. Osferth, Sihtric y Finan son perros fieles que lo seguirán a donde vayan, pero Hild y Beocca no pueden arriesgar tanto. Aun así, la tormenta alcanzará a este último de formas inesperadas.

La combinación entre las aventuras de Uthred y la parte política es muy equilibrada, se alimentan la una a la otra de forma que no hay huecos, todo avanza siempre con paso firme y ritmo trepidante, y sobre todo, con incertidumbre y sorpresas en cantidad, de un episodio a otro cambia todo el tablero de formas imprevistas. Los personajes han crecido un montón, su dibujo y desarrollo es magnífico. El carisma de algunos (Finan) es arrollador, la simpatía de otros (Beocca) encantadora, pero no hay ningún eslabón débil, todos aportan unas vivencias propias atractivas y algo relevante al conjunto.

El reparto es bastante sólido, destacando de nuevo los papelones de David Dawson y Eliza Butterworth como Alfred y Aelswith, lo cómodo que se encuentran Adrian Schiller (Aethelhelm) e Ian Hart (Beocca), la magnética personalidad de varios secundarios (Mark Rowley como Finan, Cavan Clerkin como Pyrlig), y la selección de actores nórdicos para los vikingos. Sólo Alexander Dreymon como Uthred se mantiene bastante por debajo, pero tiene simpatía suficiente como para que no rompa la conexión.

En cuanto a fidelidad histórica, sigue siendo una de las mejores series que he visto. Mantiene la cronología de los hechos importantes sin alteraciones gratuitas que canten a la vista. Tampoco he hecho un análisis a fondo, pero de lo que conozco de la época y los vikingos no me rechina nada, no como en la más famosa Vikingos (Michael Hirst, 2013), donde mezclan eventos y figuras históricas sin ton ni son. Pero donde más destaca es de nuevo en el cuidado al detalle. Las formas de ser de la gente, los estratos sociales y también el vestuario son muy realistas. Me han encantado algunas vivencias secundarias propias de aquellos tiempos muy bien insertadas entre las grandes intrigas, como el miedo que infiere la bruja Skade y los conflictos de integración entre daneses y sajones que vemos a través de Beocca y Thyra. Respecto a las novelas en que se basan, Sajones, vikingos y normandos (The Saxon Stories) de Cornwell, según veo comentado sí parece que se va distanciando cada vez más.

Sin duda no tiene un presupuesto de superproducción que permita decorados de lujo, recreaciones de ciudades muy elaboradas y grandes batallas, pero la ambientación a pie de calle es perfecta y como digo muy fiel a la realidad, cada vez tenemos más localizaciones en decorados y exteriores, y las escaramuzas y batallas son cada vez más épicas. Sin duda podría haber resultado mejor con una dirección, fotografía y música de mayor nivel, pero cumple sin fallas notorias en un género difícil.

La maduración de El último reino ha llegado a su punto álgido, dando una temporada redonda, espectacular, donde toda historia personal engancha y el todo resulta tan equilibrado como absorbente. Que la floja Vikingos tenga tanto éxito mientras esta pasa tan desapercibida es algo incomprensible. Y dije el primer año que tenía la impresión de que muchos espectadores llegaron esperando encontrar otro Juego de tronos (David Benioff, D. B. Weiss, 2011) y al ser una de aventuras sencillas podrían acabar decepcionados, pero ahora no tiene nada que envidiarle. Ya sólo falta que no patine como aquella…

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
-> Temporada 3 (2018)
Temporada 4 (2020)

EL ÚLTIMO REINO (THE LAST KINGDOM) – TEMPORADA 2

BBC Two, Netflix | 2017
Aventuras, histórico | 8 ep. de 56-59 min.
Productores ejecutivos: Nigel Marchant, Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Ian Hart, Harry McEntire, Simon Kunz, Thure Lindhardt, Millie Brady, Eliza Butterworth, Cavan Clerkin, Arnas Fedaravicius, Christian Hillborg, Mark Rowley, Toby Regbo, Tobias Santelmann, Adrian Bouchet, Björn Begntsson, Perl Baumeister, Eva Birthsitle, Gerard Kearns, Erik Madsen, Magnus Samuelsson, Alexander Willaume, Ole Christoffer Ertvaag.
Valoración:

Tras su colaboración en la victoria del rey Alfred de Wessex contra los daneses, Uthred esperaba tener mejores posibilidades de recuperar su tierra natal, Bebbanburg, y hallar a su hermana Thyra, esclavizada por los vikingos Kjartan y su hijo Sven. Pero el destino le tiene preparado nuevos retos.

Los planes del soberano de aunar los distintos reinos en una utópica Inglaterra implican echar a los invasores nórdicos que campan en algunos de ellos y hacer alianzas con los estados libres. En lo bélico no puede dejar ir a un recurso tan valioso como Uthred, así que le exige mantenerse a su servicio. Pero las intrigas constantes de Alfred limitan su libertad, y para el rey, el impetuoso pagano roza la traición muchas veces, con lo que la relación nunca va del todo bien.

Tienen a los belicosos hermanos Erik y Sigefrid como inminentes rivales en la liberación de las tierras conquistadas, la nueva alianza con el torpe rey Guthred (Thure Lindhardt) y su pequeño estado de Cumberland que colinda con esos territorios, y la proyectada mediante el matrimonio de la princesa heredera, Aethelflaed (Millie Brady), con otro vecino noble, Aethelred (Toby Regbo).

Así pues, se amplían los frentes respecto a la primera temporada. Los planes de cada facción se entrecruzan, chocando o avanzando a la vez hasta que un nuevo obstáculo aparece, pero tampoco olvidemos a la omnipresente religión, que mete baza según sus intereses, y los conflictos personales, donde cada jugador del tablero piensa por sí mismo. Y en todo el meollo Uthred aguanta como puede, poniendo siempre su independencia y experiencia por delante aunque sea a costa de quedar mal con todos.

Pero también vivirá otras aventuras muy variadas, porque la temporada abarca de todo, pero todo con muy buen ritmo y coherencia. Nada se precipita, cada evento cala, incluso los saltos temporales y las historias que parecen secundarias, como el invierno que Uthred pasa esclavizado en Islandia o el romance del vikingo con la noble secuestrada, se trabajan con esmero, con secundarios potentes, y dejan secuelas. Y no todo son palos para el joven, porque mantiene amigos (el padre Beocca, la monja Hild), hace otros nuevos (los soldados Halig, Finan, el danés Sihtric…), y encuentra un nuevo amor en la hija de Guthred, Gisela (Peri Baumeister). Y no me olvido de su hermano adoptivo, Ragnar, y su amiga en común, Brida, que tendrán también sus momentos.

Se sigue cuidando muy bien el entorno histórico, tanto en la fidelidad a eventos y personajes como en la forma de actuar de las gentes. La influencia de religión, la forma de entender el mundo y expectativas de cada individuo según su clase y entorno, y el desarrollo de las invasiones son de nuevo mucho más fieles que en la exitosa Vikingos (Michael Hirst, 2013), donde la fidelidad se diluye o deforma en un espectáculo vacuo con personajes estrafalarios.

Con mayor número de escenarios tenemos también más decorados. Aquí se nota menos dinero que en Vikingos, pero dista de parecer una serie cutre. Sin embargo, es cierto también que le sigue faltando una puesta en escena de alta calidad que aproveche el potencial del género: todo son parajes naturales o decorados y el vestuario es estupendo, pero la forma de rodar es muy sencillita. Eso sí, hay un momento inesperadamente inspirado: el ataque al campamento donde secuestran a la princesa, narrado cámara en mano, es sobrecogedor. También cabe señalar que la música de John Lunn va ganando presencia, con mención especial para la voz de Eivør Pálsdóttir.

En cuanto a actores, destaco otra vez a David Dawson como Alfred, el estupendo idiota que consigue Thure Lindhardt en Guthred, el carisma de los vikingos Erik y Sigefrid, en manos de Christian Hillborg y Björn Bengtsson, y la veteranía de algunos secundarios como Ian Hart (Beocca) y Simon Kunz (Odda).

PD: Netflix se metió como coproductora junto a la BBC en esta segunda temporada, pero para la tercera ha adquirido la serie entera y sus derechos de emisión.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
-> Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)
Temporada 4 (2020)