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THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIMES SQUARE) – TEMPORADA 3 Y FINAL

The Deuce
HBO | 2019
Drama | 8 ep. de 58-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Lawrence Gilliard, David Krumholtz, Kim Director, Daniel Sauli, Michael Rispoli, Olivia Luccardi, Sepideh Moafi, Luke Kirby, Zoe Kazan, Aaron Dean Eisenberg, Mustafa Shakir, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante a fondo las historias principales. —

Empezamos la serie en 1971, con el nacimiento de la industria del porno, donde el barrio The Deuce de New York, en los bajos fondos de Time Square, tuvo bastante relevancia. Esta etapa dio un vuelco al mundo de la prostitución y a la forma de ganar dinero con el sexo, y para finales de la década (en la segunda temporada) los negocios relacionados estaban en su mejor época. Eso sí, el glamour del cine no tardó en llevárselo Los Ángeles, y New York se quedó con las migajas de este y con los aspectos más truculentos o incluso fuera de la ley.

En la tercera temporada saltamos a 1985. La industria ha exprimido el modelo del cine profesional, con estrellas y estrenos en salas, pero llega un punto de inflexión que cambia todo: la aparición del vhs y las cámaras de video ponen el porno y su creación al alcance de cualquiera, dando paso a las publicaciones en videoclubs al por mayor y a producciones hechas por aficionados.

Pero otros negocios aledaños también sufren reveses con los cambios políticos y sociales. Las cabinas de mirar y los clubes de prostitución se ven afectados por las campañas de limpieza de la zona propuestas por políticos (y eso que el ayuntamiento a duras penas consigue promover la llegada de inversionistas y negocios mejor vistos) y asociaciones civiles. Se llevan otro gran varapalo cuando las prostitutas descubren que pueden ir a domicilio (sobre todo a hoteles) sin necesidad de chulos. Y el SIDA llega para dar una última estocada, sobre todo a los sectores homosexuales. Las exitosas saunas gays se vacían de un año para otro porque la ciudad está sumida en el terror, pues cualquier puede coger “el bicho”. En un epílogo en situado en 2019 se señalan los últimos cambios drásticos en el mundo del sexo: la llegada de internet.

La visión de David Simon y su colaborador David Pelecanos muestra con una naturalidad asombrosa una época, un lugar y sus gentes, logrando una inmersión total del espectador. Las calles de The Deuce, los trabajos, las formas de vivir y sobrevivir en tiempos difíciles cobran vida ante nuestros ojos. Pero resulta algo menos compleja y detallada que en Treme (2010) y sobre todo The Wire (2002), con historias más previsibles de la cuenta, un repertorio de personajes que queda bastante lejos de aquellas, aunque unos pocos son deliciosos, y arrastra algunas carencias dignas de mención, sobre todo en esta temporada final, que está un poco por debajo de las anteriores.

Candy y Vincent han sido desde el principio los personajes principales, pero Lori Madison ha crecido mucho y en esta etapa comparte protagonismo. Da la sensación de que los autores vieron el gran talento latente en la actriz Emily Meade y lo han querido explotar (Simon afirma que es de los mejores intérpetes con los que ha trabajado), y ella ha cumplido a lo grande, dando el mejor papel de la serie y uno de los mejores del año televisivo.

Lori pasó de prostituta con un halo especial, tanto por belleza como por carisma, a actriz porno que enamoró al gremio y a los espectadores de medio mundo, convirtiéndose en una gran estrella. En este año abordan otra etapa habitual de este tipo de vidas: la caída en desgracia. El exceso de éxito se acompaña de sensación de soledad y de no controlar su vida, y acaba pasándose con las drogas. Si situación empeora cuando empieza a perder tirón y tiene que lidiar con trabajos por debajo del respeto y la libertad de los que había estado gozando. Cierto es que una vez se entiende que van a abordar esta historia se pueden intuir algunos aspectos, pero la descripción que hacen los guionistas de la depresión es muy buena, su trayectoria tiene aventuras de todo tipo muy bien hiladas, y Meade exprime al personaje con una interpretación colosal, llena de altibajos emocionales, giros sutiles y un tramo final demoledor. Atención a la escena en que cree estar siendo acosada por un tipo que aporrea la puerta del hotel pero todo está en su cabeza, en un torrente descontrolado de recuerdos de un padre abusón: pone los pelos de punta.

La sección de Candy ha sido la más predecible de toda la serie. En cuanto se presentaba su nuevo arco quedaba claro qué iban a contar, y siempre ha dado la sensación de que nunca enfrenta problemas muy serios, que todo le va saliendo bien. Sin llegar a sorprender, este año las cosas se le tuercen un poco más y tiene un final agridulce, y además mantiene lo que mejor funcionaba, las buenas lecturas sobre el ser humano (destacando la relación con gente de fuera del porno) y el mensaje feminista. En esto último cabe destacar algo sorprendente en estos tiempos, aunque no tanto viniendo de David Simon, que siempre ha tenido la cabeza muy bien puesta: vemos un ensayo sobre feminismo serio y con distintos frentes que no da nada mascadito ni tira por lo fácil y la corrección política. Cada personaje tiene su punto de vista según sus vivencias, algunos cambian con los tiempos, y en la lucha de la mujer por salir de la sombra del hombre y de la explotación, el mundo de la prostitución y el porno tiene más historias sórdidas y trágicas que luminosas. Maggie Gyllenhaal ha estado estupenda en toda la serie, y sus discusiones con Harvey Wasserman han sido siempre divertidísimas.

Vincent es el nexo que une a todos los personajes, pues muchos están muy separados. Aunque al lado de otras historias parezca que sus anécdotas como camarero y su romance tumultuoso con Abby no puedan aportar demasiado, ha mantenido su carisma y ha ganado en humanidad con los problemas de su hermano gemelo, Frankie. Y todo ello a pesar de que James Franco es un actor muy limitado que queda muy por debajo del resto.

Abby representaba a la mujer culta e idealista que lucha por un mundo mejor. En esta etapa se encuentra con que el mundo resulta demasiado complejo incluso para ella, y no termina de encontrar su lugar. El punto de inflexión en que se da cuenta de que lleva años estancada y tirando su vida es sutil y brillante: cuando está defendiendo a la ex-puta que quiere ser enfermera, los del jurado de recursos humanos del hospital le preguntan a qué se dedica ella, y después de haber sermoneado con todo el proceso de superación de su amiga, se da cuenta de que ella en cambio no está haciendo nada con su vida. Es un suspiro breve antes de decir “llevo un bar”, pero condiciona todo lo que hace después. La actriz de origen ruso Margarita Levieva, que por cierto tiene cuarenta años aunque aparente menos de treinta, es otro gran descubrimiento y tiene un gran futuro.

Pero fuera de estos, los secundarios apenas se sostienen por su simpatía. Algunos que aportaban detalle y globalidad a a este microuniverso en las primeras temporadas parece que ahora sobran, y a la vez se nota que les han faltado otros personajes para cumplir el rango de grupos sociales abarcados, porque los que fueron terminando sus historias no han sido sustituidos por otros que cobren el mismo protagonismo e interés.

Paul está descolgadísimo del resto, se mantiene por el cupo gay y el SIDA, pero su historia personal y laboral llegó a su tope y los autores no son capaces de aportar nada llamativo, así que sólo queda un cascarón melodramático que aburre por momentos. El intento de pasar a primer plano a Big Mike no funciona, y su destino no interesa, también obedece al intento de reforzar del drama del SIDA, pero el giro está metido con calzador e intenta descaradamente ser emotivo. Las tres putas que quedan, aparte de haberlas cogido de extras de las que ni te acuerdas de un año para otro, son intrascendentes, puro relleno, no se cuenta nada útil con ellas. La chica joven huidiza con un padre que maltratador ya está representada por Lori y Candy, la parte de Melissa y la aparición de su padre, por mucho que esté en manos del gran David Morse, no aporta nada. La que trabaja de camarera con Abby no sé de dónde salió, sería tan insignificante que ni me fijé en ella, y su ligue con un tipo no entiendo qué pretende aportar. La yonki, Shay, es la única que tenía más presencia antes y cuya parte atrae más.

Bobby y Frankie El Negro quedan relegados a secundarios cómicos, sólo se mueven un poco cuando las putas empiezan a independizarse; el hijo del primero (interpretado por el hijo de James Gandolfini, Michael) no sé muy bien tampoco qué sentido tiene. Y seguimos con un problema importante: aunque ha mejorado la sección de los italianos, su poder sigue sin resultar del todo verosímil, son dos tipos que se supone que causan pavor a todos los demás personajes pero no se sabe por qué, porque no se muestra en ningún momento la fuerza y las ramificaciones de la mafia.

Un poco en tierra de nadie queda la parte política. Aporta algo esencial a la hora de conseguir la perspectiva tan amplia que siempre persigue Simon, pues sin mostrar la especulación inmobiliaria y los intentos del ayuntamiento por acabar con ella y limpiar los barrios céntricos no se pueden entender los cambios. Pero es otra sección demasiado separada del resto, y aunque amena y con personajes simpáticos, no veo que termine de conectar del todo, de influir realmente en la vida de los demás personajes, quedando un poco como unos apuntes anecdóticos de la época. Eso sí, dejan una de esas épicas frases marca Simon que definen media serie:

Nunca arreglamos a nadie. Nunca salvamos a nadie. Solo empujamos la mierda a otra esquina de la habitación.

Aparte, he echado mucho de menos a Gbenga Akinnagbe, el chulo Larry Brown que empezó a tantear ser actor porno. No he encontrado declaraciones o pistas de que el actor se fuera por voluntad propia o por problemas de algún tipo, simplemente ha desaparecido sin más. Quizá más adelante algún implicado suelte algo de información.

Añadiendo otros pequeños lastres, la narrativa no es todo lo fluida que debiera. Simon y Pelecanos, seguramente a sabiendas de que apuntaban otra vez a un público minoritario y podrían ser cancelados en cualquier momento dejando la historia a medias, optaron desde el principio por un estilo de miniserie, o sea, pocos capítulos y saltos temporales. Pero esto supone retos que a veces no sortean del todo.

En las dos primeras temporadas iba más suave la cosa, pero aquí hay demasiados saltos temporales que aceleran hechos más de la cuenta, requiriendo mucho esfuerzo por tu parte para enlazar cosas y aceptar cambios drásticos. A veces da la sensación de que se quedan sin recursos para dar forma a algunas elipsis (dos veces recurren al plano de una cama vacía para señalar un fallecimiento), y hay momentos que confunden al espectador (de repente aparecen en un entierro, y tienes que hacer malabares para saber de quién es). En la falta de soluciones más ingeniosas pesa mucho el epílogo, un giro demasiado sensacionalista y manipulador que desentona demasiado en esta serie y estos autores.

En la puesta en escena no tengo quejas. Como siempre, Simon opta por un estilo sobrio, que no sobresalga por buscar un virtuosismo deslumbrante, sino que deje hablar a los personajes y navegar a la historia. Y la ambientación de la época es estupenda, sobre todo en esta temporada, donde he notado más ambición en los exteriores, con más escenarios repletos de coches y extras.

En unos tiempos en que el cine y la televisión viven mucho de tratar de encandilar al espectador con la nostalgia por lo mejor y lo más idealizado de los años setenta y ochenta, The Deuce es una rara avis que muestra una realidad más sórdida y cruel. Como ensayo pseudo histórico ha sido estupendo, como serie ha sido de notable, pero en el rico panorama actual eso ya no es suficiente para destacar, y menos si arrastras la incomprensible etiqueta de autor elitista que lleva David Simon desde The Wire.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)
-> Temporada 3 y final (2019)

THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 2

The Deuce
HBO | 2018
Drama | 9 ep. de 63-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

Alerta de spoilers: Resumo por encima los eventos de la temporada. —

Dejamos la primera temporada con el inminente nacimiento de la industria de la pornografía a principios de los años setenta, y saltamos a 1977 para ver sus primeros pasos.

Algunas prostitutas, como Lori Madison, se van adaptando a los nuevos tiempos, haciéndose actriz, otras los empujan, como Candy, ahora metida a realizadora de cine porno, otros chocan contra el cambio, como los chulos, que ven peligrar su trabajo. El porno está pasando de negocio turbio a legal y exitoso, sus artífices de trabajar en la sombra a triunfar con fama y premios.

La percepción de la sociedad también madura, con la prostitución en la calle vista cada vez más como una lacra. Esto llega también a los clubs, sean normales o de alterne, y otros establecimientos relacionados con el sexo. Con el boom hay más competencia, y también llegan nuevas leyes y políticos con ideas de limpiar la zona. Por el otro lado, pesa también el control de las mafias italianas, que quieran o no los empresarios, han metido la zarpa en todas partes.

Todos los personajes evolucionan muy bien, tejiendo en conjunto historias con la complejidad y verosimilitud habituales de David Simon y George Pelecanos. El barrio The Deuce cobra de nuevo vida ante nuestros ojos, haciendo que formemos parte de ese ambiente y época como si estuviéramos allí. Encontramos infinidad de grandes momentos, sean detalles sueltos o conclusiones de alguna historia. El miedo de C.C. al cambio es muy realista, gracioso y a la vez triste, y por el lado contrario, Larry le echa coraje, planteándose ser actor como sus putas. El dúo que han formado Candy y Harvey Wasserman, su productor, nos deja multitud de peleillas geniales. La creciente implicación de Abby para salvar prostitutas es muy emotiva. El robo de uno de los chulos secundarios en una farmacia tiene giros muy locos para unos guionistas tan serios. Y el salto de Paul, el camarero gay, a sus propias movidas, puede quedar un tanto descolgado, como los problemas de Bobby con el puticlub, pero como en la primera temporada, son mis dos secundarios favoritos.

El único punto gris, salvo si queremos hilar fino y decir que no es una serie con la ambición y alcance de The Wire (2002) ni tampoco Treme (2010), es que la parte de los mafiosos está un poco limitada. Parece que sólo existen el jefe y el chófer/matón principal, con lo que no muestran todo el poder ni dan todo el miedo que deberían. Por una vez, a los guionistas les ha faltado ahondar en un aspecto de una de las tramas, aportar personajes secundarios que dieran más entidad a este grupo. Pero huelga decir que la huella de su presencia y acciones se sienten en los demás protagonistas en todo momento. Por ejemplo, el lío que monta Frankie pidiéndoles dinero para una de las películas de Candy es memorable.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2018)
Temporada 3 y final (2019)

THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIME SQUARE) – TEMPORADA 1

The Deuce
HBO | 2017
Drama | 8 ep. de 60-80 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe, Gary Carr, Dominique Fishback, Lawrence Gilliard, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Jamie Neumann, David Krumholtz, Kim Director, Don Harvey, Daniel Sauli, Michael Rispoli.
Valoración:

The Deuce es como se empezó a llamar popularmente a partir de los años cincuenta a la Calle 42 (42nd Street) de Manhattan, New York, donde ya abundaban los negocios relativos al espectáculo (teatros, pubs de conciertos…). Venía a ser los bajos fondos de Times Square, pues también destacaba por la prostitución y las drogas. La serie de mismo título narra como fue naciendo la industria del cine porno, ya que esta zona tuvo una importancia crucial. En España la HBO ha decidido subtitularla como Las Crónicas de Times Square, pues el original es un localismo difícil de vender.

David Simon tiene el cielo televisivo ganado con The Wire (2002), pero su carrera no acabó ahí, pues sigue deleitándonos con nuevas series que recrean lugares y períodos con un detallismo y profundidad novelescos, como la magnífica Treme (2010). La inspiración para The Deuce les llegó a Simon y a su colaborador habitual, George Pelecanos, por las vívidas historias de un conocido que vivió esa época, y tanto les gustaron que decidieron que esta sería su próxima producción.

En contraposición con la narrativa las dos series citadas, en plan novela río, sosegada, profunda, con mil curvas y ramificaciones, vamos al grano con más velocidad y menos complejidad. Acostumbrado a ese estilo, de primeras me han faltado algo de la meticulosidad en cada historia y personaje, la maduración a cocción lenta y llena de matices. Por ejemplo, en Treme la abogada e investigadora daba palos de ciego en cantidad, pero mientras lo hacía conocíamos los entresijos de Nueva Orleans; la cocinera pasó de un restaurante a otro varias veces, sin encontrar su sitio pero aprendiendo en cada uno cosas nuevas; etc. En la presente, una de las prostitutas decide querer hacer cine porno, y en un tris la tenemos en marcha; un camarero quiere montarse un pub, y ahí lo tenemos al poco; una joven universitaria abandona todo para buscar oportunidades, y sin muchos problemas encuentra donde asentarse; etc.

Pero hay que recalcar que el cambio de tono no implica que estemos ante un drama facilón y previsible, sino que sus autores han aspirado a menos. Creo que la experiencia con The Wire y Treme de jugársela a que por bajas audiencias puedan quedarse a medias los empujó a simplificar un poco e ir más rápido que de costumbre. Si ir más lejos, al poner en marcha el proyecto anunciaron que el plan son tres temporadas, con saltos temporales para abarcar las épocas importantes.

Es innegable que Simon sigue siendo uno de los mejores guionistas del momento, y aunque la ambición sea menor The Deuce mantiene su característica visión global de la temática tratada, que sigue superando de largo a muchas series dramáticas o históricas. A través de un sinfín de personajes muy humanos y atractivos va dando forma a una época y un lugar con un detallismo y verosimilitud fascinantes, de manera que desde el primer episodio el barrio The Deuce en 1970 y sus gentes cobran vida ante nuestros ojos.

Como es habitual en su obra, en cada entorno, gremio o grupo muestran distintos personajes, no usa un solo estereotipo para concentrar y resumir con lo básico. En las prostitutas tenemos a la independiente que se niega a venderse a un chulo y quiere labrarse un futuro estable, la joven perdida que es explotada por aquellos, la que quiere salirse de esta miseria, la que traga lo que le cae porque no conoce otra cosa… Tenemos camareros que viven con la prostitución en sus puertas, dueños de locales que explotan otras vertientes (videos, cabinas). Vemos agentes de policía aqueados por la situación y otros que la exprimen con trapicheos varios, pero todos atados de manos hasta que algún jefe finge hacer limpieza empujado por los políticos.

Todos los protagonistas aportan su semilla o se dejan llevar por la inercia social del momento: la visión sobre la pornografía está cambiando. De un negocio tabú y perseguido por la ley van permitiéndose pequeños chanchullos, y en el aire resuena la legalización paulatina. De tiendas oscuras con material de poca calidad pasamos a cabinas con bailarinas y máquinas de mirar videos cada vez mejor trabajados, y los más ambiciosos piensan a lo grande, planteando la posibilidad de tener películas porno en cines con gran distribución. Por otro lado, con la organización y el aumento de ingresos vienen también nuevos métodos para la prostitución: algunos van dirigiendo la prostitución en la calle y hoteluchos hacia clubes más selectos. Ahí conocemos también a las mafias italoamericanas, que tendrán más presencia en la segunda temporada.

Con tanto protagonista no voy a pararme a presentar a cada uno por separado, sólo a los más destacados y a algún secundario de mis preferidos. Vincent Martino es el tipo que vive de noche tras la barra, no sabe hacer otra cosa y esta le apasiona; su matrimonio está en la cuerda floja por ello. Su hermano gemelo, Frankie, es un vividor irresponsable que lo arrastra continuamente a sus problemas. Ambos los interpreta James Franco, el rostro más famoso pero el menos convincente. No está mal, pero le falta la naturalidad del resto del reparto, que es fantástico como siempre en la HBO, y como es habitual en Simon, recupera a algunos actores de sus otras series. Candy (Maggie Gyllenhaal) es la puta veterana y espabilada que sueña con encontrar un flujo de dinero estable, y por ello trata de introducirse en la incipiente industria del porno. C.C. (Gary Carr) y Larry Brown (Gbenga Akinnagbe) son los dos chulos más prominentes, el primero presumido por fuera y frío por dentro, el segundo más bruto en apariencia pero quizá con más corazón. Abigail (Margarita Levieva) es la chica culta que deja estudios y familia para vivir el mundo real, pero esa educación le permite esquivar la prostitución, mientras pueblerinas como Lori Madison (Emily Meade) y Darlene (Dominique Fishback) caen en sus garras de lleno. En un plano inferior tenemos a Chris Coy y al veterano Chris Bauer, dos actores siempre secundarios que me caen bien y aquí tienen personajes bastante interesantes: el primero es un camarero gay, Paul, para dar visibilidad a esa parte del gremio, el segundo es Bobby, un currante cualquiera (un obrero) que ve más dinero los recién creados locales de alterne.

En la puesta en escena los autores apuestan por mantener también su sello característico, la contención y dejar que la historia la cuenten los personajes. Lejos de la recreación ostentosa de tiempos pasados tipo Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010), con grandes decorados, panorámicas de ciudades hechas por ordenador y un aspecto visual muy artístico, The Deuce son cuatro calles y locales, muy bien aprovechados por una estupenda labor de vestuario, pero no especialmente espectaculares. Lo importante es lo que ocurre dentro, las vivencias de sus habitantes. La dirección es sobria pero muy sólida, manejando muy bien el tempo de escenas que cuentan con muchos personajes entrelazando sus historias. Por ejemplo, me cantan los desayunos donde se juntan muchos en el mismo bar, danzando con la cámara de mesa en mesa.

Como The Wire y Treme, no entiendo por qué se consideran series muy exclusivas y tienen tan poca audiencia. El éxito de la primera con el boca a boca demuestra que pueden llegar a mucha gente, pero también parece que cuesta entrar en ellas a pesar de que su supuesta dificultad se esfuma en cuanto ves un par de episodios y te enganchas a la corriente: quieres saber más de cada personaje, el ambiente es tan palpable que quieres seguir viviendo ahí.

Ver también:
-> Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)
Temporada 3 y final (2019)

THE HONOURABLE WOMAN – MINISERIE


BBC2 y SundanceTV | 2014
Drama, suspense | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Hugo Blick.
Intérpretes: Maggie Gyllenhaal, Stephen Rea, Lubna Azabal, Katherine Parkinson, Andrew Buchan.
Valoración:

El creador, guionista y director de The Honourable Woman es Hugo Blick, quien aquí multiplica por cien todos los vicios que frenaron el potencial de The Shadow Line. La historia es pura indefinición desde la premisa al estilo. No se sabe si quiere un drama familiar, un thriller de espionaje empresarial, una intriga política, un drama de denuncia… Salta entre estilos e ideas sin decantarse por ninguno, y la trama no llega a tomar una forma determinada ante nuestros ojos. Acumula muchos diálogos y escenas inflados con burda pedantería, pero no se encamina hacia nada concreto, resultando un galimatías caótico e insoportable.

El conflicto Israel-Palestina prometía una serie arriesgada, pero ni se acerca, porque realmente no trata nada relativo al tema. Que sí, que si vas a Gaza te metes en zona de guerra, y que cada bando se odia y comete atrocidades. Es decir, apenas señala lo obvio, y no hay más chicha. No puedes prometer abordar una temática determinada, y más una tan polémica, y luego esquivarla con tanto descaro. Llega a un nivel de desvergüenza alucinante: la protagonista se supone que da un par de grandes discursos sobre el asunto… pero lo único que se nos muestra es un chiste tonto, al final no hay discurso ni mensaje real. Además, sumerge a los personajes en el embrollo de forma muy forzada: el lío del secuestro, el secreto que trajeron de allí y la trama subsiguiente es de un exagerado que resulta insultante para la inteligencia y los sentimientos del espectador. Y ni con esas se moja en ofrecer un análisis, sea neutral o partidista, de la situación.

Como thriller de espías también hace gala de una torpeza alucinante. La concepción de Blick de la intriga es no contar nada. No gestiona los secretos, misterios y personajes ambiguos de forma que se genere un ambiente de intriga donde debas ir reconstruyendo poco a poco la trama y donde las revelaciones y giros te ofrezcan nuevas perspectivas además de sorpresas interesantes y coherentes. Lo que hace es guardarse todo, omitir la información, no decirte absolutamente nada y luego soltarlo sin más, y en no pocos casos el giro resulta entre forzado y completamente inverosímil, aunque lo normal es que se incline por lo insustancial. Por ejemplo, el gran giro en el ecuador de la serie, la sorpresa que supuestamente cambia todo, es que en la empresa alguien desvía fondos… Cuidado, no te cagues patas abajo con la sorpresa. Los conflictos entre agencias de inteligencia (MI6, CIA) se enmarañan sin sentido alguno, como si eso fuera narrar con inteligencia. Y los personajes crípticos sin venir a cuento me sacan de quicio. Aquí nadie dice ni hace nada, como si no tuvieran ganas de estar donde están. Y al final les ocurren las cosas porque sí o las resuelven por arte de magia sin que se vea cómo: el hermano de la protagonista sale airoso de una situación con el MI6 llamando a altos cargos estadounidenses… ¿Ese mindundi y patán tiene esos contactos? ¿Y no me lo explicas o lo insinúas antes para que el giro sea creíble?

El drama humano también tira por el amarillismo y el absurdo de ocultar las emociones, motivaciones y secretos y soltarlos más tarde, cuando le da la gana al guionista, sin haber creado el ambiente necesario. La protagonista central, Nessa Stein, es cargante como pocos personajes he visto. Da la sensación de que Blick buscaba un rol femenino central fuerte, decidido, capaz… Pero joder, lo que se ve es una pupas que va como zombi lamentándose todo el rato, y los puntos clave de su viaje emocional son de un sensacionalismo que en vez de congoja me hicieron reír por su falsedad, por inflar la trama con un melodrama demencial. Sumado a los otros principales, el desastre es digno de estudiar en como algo que no debe hacerse en el cine o televisión: no te exponen motivaciones ni intereses con claridad, ni siquiera te explican la posición de cada uno en la historia y las relaciones entre ellos. Tardas tres episodios en saber qué hace esa israelí/palestina (ni eso me queda claro) en casa de la pareja casada, cuando todos son protagonistas principales.

Y de los secundarios mejor ni hablar. Teniendo la ficha con el reparto delante soy incapaz de ubicar en la trama a los actores, qué personajes tenían y qué hicieron estos. Por ejemplo, veteranos como Tobias Menzies, Eve Best y Lindsay Duncan me son fácilmente reconocibles, pero que me aspen si recuerdo qué hacían aquí. Además, si ya son flojos de por sí, no digamos lo que se difumina su sentido en el argumento global cuando Blick los pierde en las subtramas anodinas que salpican el relato. No sé si la idea era jugar con la intriga, pero en casi todos los capítulos se va por las ramas con alguno de estos secundarios, dando vueltas en círculos solamente para darle un giro (generalmente matarlo) en una escena clásica del género. Por favor, meter una escena cliché porque sí (el taxi en las sombras, el matadero, etc.) no garantiza que funcione. Lo más gracioso es ver a Stephen Rea repitiendo exactamente el mismo papel de The Shadow Line. Sí, el intérprete vale para esa pose de tipo misterioso, pero sin guion detrás no sirve para nada.

Ni siquiera tiene un acabado visual digno de citar, la puesta en escena es rutinaria, nada virtuosa y sí con algunos lastres, como escenas pobremente fotografiadas e iluminadas cual culebrón televisivo. Así pues, estamos ante una serie completamente malograda, inestable y caótica en todos sus elementos: ritmo moroso, disperso, incapaz de enganchar, personajes insustanciales y sin sentido claro en el entramado, historia más que confusa incoherente y además salpicada de adornos fallidos. Los capítulos, todos de una hora, se hacen cuesta arriba hasta resultar insufribles. El esfuerzo de verla entera es infructuoso, no da nada que merezca la pena, sólo se ven peleles hablando sin transmitir ni una emoción, sin desarrollar ningún relato con sentido y capacidad de impresionar lo más mínimo.

El mejor ejemplo de la torpeza y negligencia del guion es que en el primer episodio secuestran al niño, pero a partir del tercero se olvida esta historia por completo hasta el final, e incluso los personajes actúan como si estuviéramos en otra serie distinta, todo porque ahora toca soltarte sin más otros misterios. Y el mejor ejemplo del sinsentido que Blick toma por trama intrigante y con sorpresas es la serie de muertes idiotas y las revelaciones sobre quiénes son los que mueven realmente los hilos, tan absurdas y ridículas que, vulgarmente hablando, me llegué a cagar en sus muertos. ¿De verdad los pocos críticos y espectadores que han recibido bien la miniserie se han tragado todo este galimatías pretencioso y soporífero, este desmadre sin pies ni cabeza? Me resulta difícil de creer. Más bien me parece que casi nadie ha sido capaz de acabarla, por eso hay tan poquísimas críticas y casi ninguna negativa; es más, de las positivas el noventa por ciento son de medios que cobran por hacer el publirreportaje de turno. El resto… han tenido que ver otra serie…

The Honourable Woman solamente te deja la sensación de haber estado varias horas en coma: no recuerdas nada, salvo que has perdido tiempo de vida. Pocas veces en los últimos años me he sentido tan estafado con una serie. Y tengo claro que no veré jamás nada nuevo de Hugh Blick. A la lista negra junto a Damon Lindelof.

También es surrealista el Globo de Oro a Maggie Gyllenhaal, pues lo único que hace es poner una repetitiva expresión entre ausente y lastimera, porque ciertamente el rol no da para más. Habiendo papelones como el de Allison Tolman en Fargo o el de Frances McDormand en Olive Kitteridge es incomprensible que se lo dieran, más teniendo en cuenta el poco impacto de la serie.