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ALTERED CARBON – TEMPORADA 1


Netflix | 2018
Ciencia-ficción | 10 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Laeta Kalogridis, varios.
Intérpretes: Joel Kinnaman, Martha Higareda, James Purefoy, Chris Conner, Dichen Lachman, Ato Essandoh, Kristin Lehman, Renée Elise Godlsberry, Hiro Kanagawa, Waleed Zuaiter, Hayley Law, Will Yun Lee.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento y los personajes.–

Casi cuatrocientos años en el futuro los humanos han alcanzado dos de sus sueños, la inmortalidad y las estrellas. Pero, como suele ser habitual, no todos, sólo los ricos. Estos pueden permitirse clones (o “fundas”) que lleven sus “pilas”, las copias de sus personalidades, a cualquier parte, y además sin muchos temores a morir, porque sólo destruyendo todas sus copias alcanzarán la muerte verdadera.

Esta producción de Netflix se basa en la novela Carbono alterado de Richard Morgan publicada en 2003 (2005 en España), si bien el canal ha pasado de traducir el título, aunque no importa mucho porque nadie sabe qué quiere decir. No ha sido especialmente exitosa hasta la llegada de la serie, pero según dicen resulta un título bastante interesante en el género del ciberpunk, esto es, ciencia-ficción donde abundan los avances biotecnológicos y las realidades virtuales y una visión del futuro pesimista y oscura. Supongo que, como pasó con The Expanse (primera novela en 2011, la serie en 2015), muchos acabaremos leyéndola. La lista de productores ejecutivos es larga, pero como creadora se acredita a Laeta Kalogridis, guionista de pocas series y películas, entre las que llaman la atención la notable Shutter Island (2010) dirigida por Martin Scorsese y por el otro lado del espectro la flojísima Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015).

Sin llegar a ser sobresalientes, los primeros capítulos de esta ambiciosa adaptación resultan bastante llamativos. Un presupuesto sin duda abultado permite que sus autores recreen un futuro asombroso, y el origen literario se nota en la introducción a un universo complejo muy atractivo. Es evidente la influencia de las obras cumbres y de los autores primordiales del género. Vienen rápidamente a la memoria William Gibson (Neuromancer -1984-, Quemando cromo -1986-), Masamune Shirow (Ghost in the Shell, 1989) y sobre todo las obras cinematográficas más recordadas e influyentes, Blade Runner (Ridley Scott, 1982), la adaptación de Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995), y Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995), y recuerda también en algunos momentos al referente actual en televisión, Black Mirror (2011).

Tenemos todos los puntos en común típicos: las grandes corporaciones y los ricos poseen un enorme poder mientras el resto de la humanidad se arrastra en la miseria; las ciudades están sobrepobladas, son lóbregas y sucias, con grandes rascacielos por arriba y mucho tenderete improvisado a ras de suelo; vemos asombrosos avances en biotecnología, inteligencias artificiales y realidades virtuales en su vertiente más plausible e inquietante; y la semilla del cine negro está muy presente también, con un cuerpo de policía desbordado y corrupto y una detective protagonista que trata de desentrañar una trama farragosa mientras lidia con relaciones profesionales y amorosas caóticas.

El concepto de la serie queda muy bien apuntalado en pocos minutos y su personalidad y mitología propia se abren ante nuestros ojos con propuestas muy interesantes y grandes promesas. La idea de las pilas es muy jugosa y versátil, tanto en la trama como en los pensamientos subyacentes. Sirve como punto de partida de las historias principales (el renacimiento del protagonista, la investigación, el poder de los millonarios), da pie a giros de guion ingeniosos (gente en cuerpos de otros, clones varios), y sirven para dibujar ese futuro un tanto perturbador y que da pie a diversas reflexiones (la diferencia de clases, con los ricos inmortales).

Uno de estos millonarios quiere investigar un intento de asesinato contra él y no confía en la policía, así que se busca la personalidad de un convicto, un mercenario rebelde que trajo de cabeza al gobierno hace dos siglos. Si quiere su libertad y conservar la funda que le ha conseguido, Takeshi Kovacs tendrá que resolver el caso en un mundo que ha avanzado mucho en su ausencia, mientras lucha por adaptarse, superar su pasado y encontrar nuevas razones por las quevivir. Pero no tiene mucho tiempo para pararse a pensar, porque el tipo que lo ha traído de vuelva exige resultados, y además él mismo atrae los problemas allá por donde va. En su funda actual tenemos el eslabón más débil del reparto y primer punto gris de la serie: Joel Kinnaman estuvo muy bien en The Killing (2011) como detective amargado, pero aquí a pesar de tener un rol semejante anda perdidísimo. Se ve que los directores no supieron guiarlo a través de los numerosos líos emocionales que arrastra, pero es que tampoco tiene el carisma suficiente para funcionar como antihéroe de acción (algunas frases ingeniosas y socarronas salen de su boca pareciendo un tanto estúpidas). Sin ir más lejos, el cuerpo original del personaje está tan bien encarnado en los flashbacks por Will Yun Lee que en cada aparición te hace pensar en que él debería haber tenido el papel principal.

La suspicaz detective Kristin Ortega no le quita ojo al recién despertado, pues algo se huele o algo trama. Trabaja sin quejarse a pesar de estar en una comisaría y una ciudad infernal. Martha Higareda transmite muy bien su fuerza y, conforme nos adentramos en su psique, también sus penas. Poe es el dueño de un hotel con estética de las novelas del escritor del que toma el nombre, pero también es una inteligencia artificial venida a menos, así que cuando Kovacs se aloja allí y trae complicaciones puede salir de su aburrimiento. Lo encarna Chris Conner con un carisma arrollador, adueñándose en cada escena en la que aparece. Tanto Conner como Higareda son un gran descubrimiento, pues aunque tienen bastante experiencia no habían logrado papeles muy destacables, así espero que esta serie les consiga más fama.

Pronto Kovacs se busca un aliado, un tipo también en apuros llamado Vernon Elliot; Ato Essandoh ha pasado por infinidad de series, destacando Copper (2012), Elementary (2012), Vynil (2016) y Chicago Med (2016). Y en los flashbacks conocemos a sus antiguos allegados: su hermana Reileen (Dichen Lachman, desde Dollhouse -2009- vista en muchas series), y la líder de la rebelión, Quellcrist Falconer (Renée Elise Goldsberry, secundaria habitual en The Good Wife -2009-).

Laurens Bancroft es el multimillonario que quiere saber quién ha conseguido llegar a su torre inaccesible y superar casi todos los controles de seguridad para atentar contra su vida, pues al morir su cuerpo y tener que restablecer una copia hay horas que no recuerda. Lo interpreta el siempre excelente James Purefoy (Roma -2005-, The Following -2013-), que de nuevo deja claro que relegar a semejante titán a papeles secundarios es un desperdicio: pide a gritos una serie propia con un personaje tipo Tony Soprano con el que demostrar su valía. En su familia, aparte de unos pocos hijos ladinos y mimados y la abogada trepa, destaca su esposa, a la que da vida Kristin Lehman, también de The Killing, con una sensualidad y transparencias de infarto.

Los capítulos vienen siendo largos y pausados, a pesar de algunas dosis de acción, pero son bastante entretenidos y adictivos, pues combinan el drama, el policíaco, el ciberpunk y la distopía consiguiendo un relato bastante atractivo y coherente a pesar de la complejidad del mismo, y se mantiene siempre sensación de avance, de que vamos adentrándonos más en los personajes y el potente mundo presentado. El caso es intrigante, con el sabor a noir clásico del protagonista perdido en una situación que apenas entiende mientras le llueven palos por todas partes y no sabe qué hacer con su vida. Mientras, vamos adentrándonos en la deslumbrante visión del futuro, expuesta con un mimo y detallismo magnífico; por ejemplo, cabe mencionar la interesante aproximación a la religión, con el rechazo a la extensión no natural de la vida. Pero también saltamos al pasado, con la historia del huérfano Kovacs encontrando en una rebelión destinada al fracaso una familia y una vida.

Todo ello con se muestra con un envoltorio visual fastuoso. Entramos a lo grande en la serie con el renacimiento de Kovacs en la bolsa de plástico del nuevo cuerpo, y en seguida pasamos a descubrir la ciudad a través de unos impresionantes planos digitales de coches voladores y edificios que no tienen nada que envidiar a una buena superproducción cinematográfica. Los escenarios están muy cuidados también, y aunque al final te acabas cansando de ver la misma calle del hotel una y otra vez, desde luego los realizadores saben sacarles partido: la fotografía e iluminación, los decorados y el vestuario son impresionantes, la selección musical es muy atinada y, lo más importante, por lo general las labores de dirección son notables, no en vano hay talentos como Miguel Sapochnik (Juego de tronos, 2011) y Alex Graves (El Ala Oeste, 1999) tras las cámaras. Además, el tono para adultos se exprime al máximo: hay desnudos para todos los gustos (en mi caso, espectaculares Higareda y Lehman), peleas brutales y sangre por doquier. Una de las peleas finales contra una serie de clones en pelotas es alucinante, un ataque del gobierno a la rebelión, que acaba con una neblina de cenizas, está rodado con maestría aunque sea puro vacile, y el estilo de lucha de moda entre los ricos es épico también.

Sin embargo, me temo que tan seductora y prometedora como se va desarrollando en su primera mitad, a la larga los pequeños deslices y mejoras evidentes que se podían ir pasando por alto, por eso de que está empezando y todavía hay margen para madurar, van creciendo y acumulándose, y la serie empieza a torcerse y deshacerse a marchas forzadas, demasiado rápido si tenemos en cuenta que la temporada es muy corta. A partir de cierto momento comienza a hacerse un poco empalagosa, en plan me sobran flashbacks que no terminan de ir hacia ninguna parte, pero también porque una vez roto el hechizo se ven las intenciones de asombrar con lo visual (la pelea de rigor por capítulo aunque no venga a cuento) y con enredos (el interrogatorio virtual) más que con terminar de perfilar un guion con enorme potencial. Pero lo más grave es un bajón en el tramo final que resulta realmente decepcionante. Básicamente, hacen un Blade Runner. Aquella dejó de lado la sugerente línea de los replicantes y sus cuestiones filosóficas para desembocar en un policíaco del montón, con un desenlace de aburridos tiroteos y tortas. Aquí ocurre algo parecido…

Si bien el caso se cierra bastante bien (aunque a medio camino tiene momentos que parecen enmarañados innecesariamente), es algo que creo que todos esperábamos, porque parecía servir como introducción a las historias de largo recorrido, destacando una posible guerra entre ricos y pobres, otra rebelión a la que Kovacs se uniera o incluso iniciara… Y precisamente estas esperanzas quedan en el aire sin terminar de apuntar a nada concreto, mientras que como arco final se sacan se sacan de la manga un culebrón burdo, que empieza por la sorpresa del origen de la funda actual de Kovacs pero pega un salto delirante con la pésima introducción de un nuevo villano. Sus motivaciones son de un ridículo que espanta, por artificial, inverosímil y poco meditado en una serie que hasta entonces trabajaba bastante bien la psicología de sus personajes y venía mostrando un desglose de tramas y giros no brillantes pero sí bien aprovechados. El desenlace acaba patinando del todo en un drama personal pasadísmo de rosca y en una pelea final un tanto insípida.

El cambio de tono no se entiende, y todos los lectores de la novela lo achacan a que sin venir a cuento a media temporada se apartan cada vez más de ella. El esfuerzo en darle garra con el apartado visual apenas vale para mantener el tramo final como un entretenimiento sin pretensiones, cuando en su inicio se veía venir una serie de notable o más en un género donde hay pocos títulos serios y ambiciosos que rescatar. Pero también es cierto que menos es nada, y aunque al final pueda dejar malas sensaciones, el viaje merece bastante la pena y creo que cualquier fan de la ciencia-ficción puede darle una oportunidad. Veremos si de haber segunda temporada hilan mejor el arco del año mientras expanden el universo. Yo aún tengo ganas de ver más, de conocer los nuevos mundos de los que tanto hablan.

Ver también:
-> Temporada 1 (2018)
Temporada 2 (2020)

THE KILLING – TEMPORADA 2

AMC | 2012
Drama, suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Jamie Anne Allman, Brent Sexton, Billy Campbell, Michelle Forbes, Kristin Lehman, Eric Ladin, Liam James, Evan Bird, Seth Isaac Johnson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Me ha sido imposible hablar de la temporada sin revelar el asesino y otras sorpresas finales.–

El primer año de The Killing tuvo algunos momentos cumbre impresionantes, pero también tenía bajones dignos de mención. Esta segunda temporada en cambio ha sido muy equilibrada, y si bien lo ha hecho con el listón a un par de peldaños por debajo de aquellos gloriosos primeros episodios, se agradece que la narración haya estado más centrada y decidida, que el caso no haya dado vueltas que podrían considerarse largas o forzadas. De hecho incluso la trama política da la sensación de encajar mucho mejor en el conjunto.

El caso avanza pausadamente pero siempre con una dirección bien clara. Cada episodio aporta un granito de arena, una prueba o pista que mantiene la expectación, que refuerza una u otra teoría. No hay largos caminos que no llevan a nada, como los callejones sin salida que hubo en la anterior sesión, donde alguno resultó un poco insatisfactorio. Y la resolución destaca por encajar las piezas al milímetro. Como es esperable podían haber ocurrido dos cosas: que los guionistas buscaran una vuelta de tuerca sorprendente, situación que podría irse de madre fácilmente y resultar poco creíble, o que tiraran por lo realista, lo que podría implicar perder algo de fuerza e impacto. Se han decantado por la segunda opción, y si bien opino que la escena final con el culpable es muy clásica, prefiero eso que forzar las cosas.

Como era inevitable, porque si no hubiéramos tenido una trama paralela en su mayor parte inservible, el culpable estaba entre los políticos. Que sea Jamie no Gwen, o incluso el alcalde Adams, como venía diciendo no supone una gran revelación, ni en sorpresa ni en intensidad, pero los pasos hasta ese punto se dan con firmeza y además todo el jaleo con el casino, lugar crucial para llegar al desenlace, da muchos buenos momentos. No me gusta que en el último momento Jamie, un tipo muy serio, nos dé la típica escenita en que pierde los nervios y la lía parda (el suicidio por policía no podía ser más previsible), pero como digo el camino ha sido bien allanado, los personajes interesan y el típico momento en que no sabes quién ha disparado a quién está muy logrado.

Pero lo mejor viene después. Rápidamente se elimina la sensación de resolución estándar porque de repente se lanza hacia una sorpresa de mayor calado e impacto. La relación de Terry con la muerte de Rosie (ejecutora por ignorancia, o como queráis llamarlo) aporta la tragedia e intensidad que le falta a la caída de Jamie, ofreciendo un momento demoledor. Y también encaja muy bien en el relato, pues se puede intuir durante todo el año que ella guardaba remordimientos por alguna razón relacionada con el caso a través de la empresa de citas. Además añade una perla de realismo y oscuridad al desenlace: han cogido a los culpables… ¿pero quién es realmente el asesino? La vida puede dar muchas vueltas, las conspiraciones pueden acabar tan mal como un ataque de celos.

Sin embargo, en los últimos instantes olvidan todo este desarrollo de corte serio y realista obtenido a base de currarse un guión denso y sólido y de repente se marcan un epílogo de lo más facilón, sensiblero y por extensión manipulador, con el video de Rosie feliz que ve la familia toda juntita. ¡No me estropees el final con semejante memez! La salida de tono es horrible.

La pareja de detectives ha ganado en interés, y éste tenía el listón alto. Su relación se ha reforzado, y cuando se pone a prueba la fidelidad y amistad ofrece grandes instantes. Linden tras Holder cuando está desaparecido en el casino, éste dejándole su casa, el apoyo constante en el tramo final cuando están desamparados y perseguidos hasta por sus compañeros… La dinámica entre los dos, sus problemas personales, sus secretos que poco a poco salen a la luz, etc. forman unos protagonistas muy jugosos. Y tenemos un momento cumbre bestial, desgarrador, cuando Linden es internada a la fuerza en el psiquiatra. Por mucho que fuera evidente que saldría de ahí, hacía tiempo que no sufría tanto por el destino de un personaje, y el momento en que la psiquiatra está a punto de llegar a ella, al origen de todas sus penurias, pero se le escapa en el último momento, es brutal.

La familia Larsen mantiene un tono de drama muy correcto, muy bien desarrollado a pesar de estar ya algo alejado del caso (aunque siempre hay momentos en que se acercan de nuevo). Los problemas para criar a los hijos, el apoyo de Terry, las excelentes historias sobre cómo salir adelante tras una tragedia, las ideas sobre el perdón, la fe en uno mismo, etc., siempre han sido un excelente complemento al thriller, otorgándole un rango más amplio de lo habitual, consiguiendo gran realismo al mostrar la parte de las consecuencias de los crímenes sobre los ciudadanos. Lo único malo en esta temporada viene sin embargo de esta sección: la búsqueda espiritual de Mitch se hace pesada y no aporta mucho, ni al personaje ni a la trama global. Sin duda no sabían qué hacer con este rol.

De nuevo el reparto tiene actores que dan lo mejor de sí. Michelle Forbes esta vez queda un poco en segundo plano, pero eso implica que Jamie Anne Allman (su hermana Terry) gana protagonismo, y no lo desaprovecha, pues se marca un gran papel al lado de otra interpretación enorme, la de Brent Sexton. Y Mireille Enos y Joel Kinnaman como los detectives están de nuevos muy bien sumergidos en sus personajes.

Este segundo año de The Killing como thriller es modélico, más aún si tenemos en cuenta que no es nada fácil mantener el nivel alto durante trece episodios sin meter relleno. Como drama es muy intenso, describiendo personajes creíbles y atractivos que casi siempre tienen algo que aportar al conjunto. La puesta en escena sombría que aprovecha el oscuro y húmedo Seattle le da un toque personal no especialmente original pero muy eficaz. Se cierra un ciclo (el caso Rosie ha terminado, si siguen con la serie habrá uno nuevo) ofreciendo una temporada intensa, muy bien medida, con personajes que enganchan y una historia que atrapa aún más. Las quejas de que no es una obra maestra y por ello la serie es una gran decepción, que el primer año las hubo incomprensiblemente a patadas, aquí vuelven a repetirse, y sigo sin entenderlas. No todo puede ser una genialidad revolucionaria. Una historia bien contada tiene su valor también.

Edito (11-08-12): AMC ha decidido poner fin a la serie, supongo yo que pensando que no era un éxito, tenía críticas dispares y empezar un caso nuevo era muy arriesgado.

Edito (16-01-13): Inesperadamente, la cadena ha cambiado de opinión y ha confirmado una tercera temporada.

Ver también:
Primeras impresiones
Temporada 1 (2011)
-> Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 y final (2014)

THE KILLING – TEMPORADA 1


AMC | 2011
Drama, suspense | 13 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Piv Bernth, Mikkel Bondesen, Ingolf Gabold, Veena Sud, Soren Sveistrup.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Jamie Anne Allman, Brent Sexton, Billy Campbell, Michelle Forbes, Kristin Lehman, Eric Ladin, Annie Corley, Brando Jay McLaren.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la historia y el final a fondo.–

La truculenta muerte de una joven llamada Rosie Larsen sacude la oscura y lluviosa Seattle, y la detective Sarah Linden se vuelca en el caso con su nuevo compañero Stephen Holder más de lo debido, tanto que deja de lado su mudanza con su nuevo novio y descuida la crianza de su hijo adolescente. Las primeras pistas apuntan a la campaña política de Darren Richmond para la alcaldía, pero también ponen en el punto de mira a un profesor árabe, Bennet Ahmed. Mientras, la familia Larsen debe lidiar con el terrible dolor que supone perder un hijo.

Como comenté en mis primeras impresiones, el inicio es memorable gracias a una puesta en escena subyugante, con una atmósfera tenebrosa y trágica, y por la seriedad de la propuesta y el exquisito desarrollo de la misma, que atrapa aunque no ofrezca un derroche de originalidad. Los dos episodios de presentación suponen un golpe tremendo en el espectador, tanto que la crítica la aclamó precipitadamente como la serie del año. Pero entrando ya en la temporada se hace evidente que mantener un caso durante trece episodios es complicado, y más si cada capítulo abarca un día de investigación.

El primer fallo importante, el que antes se ve, es que la trama de la candidatura a alcalde queda muy desligada del resto. Sí, de vez en cuando se cruzan protagonistas, pero no es de recibo que si la serie va sobre el crimen se pierda el tiempo con los problemas de la agenda del político, con las disputas triviales y las jugadas sucias contra el actual alcalde. De los protagonistas de esta parte sólo se salva Richmond, y eso gracias al carisma de Billy Campbell, porque sus ayudantes en la campaña en muchos momentos resultan repelentes. Además, el simple hecho de que aparezca este grupo de personajes ya garantiza que alguno debe ser culpable por narices… y claro, cuando tras las primeras pistas que apuntaban hacia ellos cambiamos de sospechoso y nos vamos tras el profesor, la sensación de que están descolgados del hilo principal es mayor.

Al contrario que esta insípida parte política la sección del citado tutor está muy bien tratada, pues encaja de maravilla en las líneas narrativas principales y además da para historias impactantes y de gran calado. Se trabaja muy bien el cómo puede afectar a la vida de un ciudadano el ser considerado sospechoso, pues en esas circunstancias la gente tiende a asumir que eres culpable y tu vida como la conocías probablemente nunca vuelva a ser la misma. Y esto llega a un extremo algo previsible pero no por ello menos emocionante cuando el padre de la fallecida opta por tomarse la justicia por su mano. Sin embargo, esta línea también acrecienta esa sensación de que se marea la perdiz para postergar la resolución del caso, sobre todo cuando, tras la paliza, el profesor se queda en coma hasta ser olvidado por completo.

Otro aspecto tratado con esmero y realismo son los problemas familiares propios de una tragedia de tal calibre. Michelle Forbes y Brent Sexton como los progenitores de la chica muerta se marcan unos papelones de infarto. De ella me lo esperaba, pues en toda serie donde la he visto llena la pantalla, pero él siempre ha sido un secundario poco aprovechado, aunque por suerte aquí ha tenido la oportunidad de lucirse. Pero no sólo la familia de Rosie vive con pena, pues la pareja de detectives protagonistas arrastra sus propios fantasmas.

Y lo mejor, nada se da mascadito, lo que no se va mostrando poco a poco en dosis muy bien medidas (los problemas de las drogas de Holder) se debe intuir por pistas y sutilezas. Poco a poco reunimos información hasta comprender que Sarah tuvo un caso similar con el que se encabezonó, o que Holder tiene problemas con su familia (a la que no llegamos a ver nunca). Así, los personajes, bien definidos e interesantes desde el principio, van ganando capas con el tiempo, adquiriendo mayor dimensión. Mireille Enos y Joel Kinnaman también están espléndidos en sus roles, aunque en un peldaño inferior a los anteriormente citados.

Es obvio que hay altibajos, episodios un poco más dispersos y menos impactantes que otros, tramos alargados o incluso algo faltos de credibilidad (¿cuántos vuelos va a perder Sarah?), así como muchas jugadas del despiste que pueden funcionar mejor o peor, pero dadas las características de la serie hubiera sido casi increíble que mantuviera un nivel perfecto en todos los capítulos. ¿Cómo van a estar soltando pistas válidas y giros impresionantes en una sola dirección durante toda la temporada sin llegar a resolver el caso justo hasta el último momento? No, tiene que haber pasos en falso y pistas hacia callejones sin salida, tanto para hacer tiempo como porque es otro aspecto realista de las investigaciones policiales, y tiene que haber tiempo destinado a los personajes (muy bueno resulta el episodio que se centra exclusivamente en la pareja de detectives).

La serie tiene innumerables virtudes que hacen de ella una propuesta prácticamente imprescindible para los aficionados a las producciones de primera calidad. La fuerza cautivadora del inicio no ha desaparecido, simplemente fue el momento álgido de la temporada (y visto lo visto, la gente no sabe disfrutar de una que no tenga el momento cumbre en su parte final). Es una temporada con deslices pero en general de gran nivel, capaz de atrapar de forma impresionante gracias a su impecable y sombría puesta en escena, su ritmo pausado pero siempre expectante y sus personajes melancólicos envueltos en un drama muy humano y realista.

Finalmente llegamos al desenlace, que necesita un comentario especial. Como es lógico, nuevas pistas y otras antiguas replanteadas llevan a nuevas revelaciones. Alguno de los personajes presentados a lo largo del año debe ser culpable. Y como decía, por narices debe estar relacionado con la campaña política. Todo encaja más o menos bien (el tema del casino es muy precipitado, pero funciona) y además se añaden sorpresas interesantes, como el tiroteo final o la clara posibilidad de que en realidad el caso haya sido una trama para hundir la carrera del político. Sin embargo, pese a que resulta un fin de temporada más que bueno la que se ha armado no se veía desde Perdidos, aunque en un grado menor, pues la fama de la serie es menor.

La crítica (en Estados Unidos, obviamente) se ha tirado de los pelos, ha puesto a parir el tramo final y han sonado repetidas veces las palabras traición y desastre. Y yo no lo veo. El cierre es coherente con la serie, más o menos bueno pero no una cagada ni una salida de tono equivocada. De hecho, el dejar sorpresas y cabos sueltos le da más interés, tanto a esta temporada como a la próxima. El tema de a qué juega Holder y para quién, asunto sobre el que se han soltado pistas sutiles (tanto que hasta el último momento no las vi) es el aspecto más atractivo y garantiza que, aunque haya un caso nuevo, no será un reset total, pues habrá cosas todavía coleando. Sin duda con el inicio de la serie las expectativas se pusieron por las nubes, pero maldita sea, una vez se entró en la dinámica estándar de los capítulos se vio que no era la producción más rompedora y excelente de la historia. No, este no ha sido un engaño como el de Perdidos, se ha mantenido en la línea y estilo elegidos para la historia, no me parece coherente tirar piedras contra un desenlace correcto si se ha disfrutado el resto. Y sobre todo, no me parece coherente imaginarte una serie en tu cabeza y cuando ves otra cosa criticarla por fallar a tu imaginación olvidando todas sus buenas cualidades.

Ver también:
Primeras impresiones
-> Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 y final (2014)

THE KILLING – PRIMERAS IMPRESIONES

Una detective de Seattle se enfrenta a un último caso antes de trasladarse con su hijo y su nuevo novio, pero será un caso difícil: el truculento asesinato de una joven donde las primeras pistas apuntan a un conocido político. Con un nuevo compañero se enfrenta pues a una investigación sórdida, oscura y que causa bastante impacto mediático.

Dije en el comentario de Downton Abbey que no importa si el género está gastado hasta casi provocar rechazo mientras sea abordado con profesionalidad e inteligencia. Si aquélla funcionó de maravilla en el muy sobado drama británico de época, The Killing (que además es un remake de una serie danesa) ha causado el mismo efecto en el policiaco y en el de misterio. La comparan hasta con Twin Peaks, en cierta manera madre de ambos géneros y de la propia televisión moderna en sí misma, pero aunque desde fuera parece lo mismo de siempre al introducirnos en ella nos encontramos con una producción modélica capaz de dejarte sin aliento en algunos tramos.

Después de diez años viviendo día a día con el estilo detectivesco del presente, el iniciado por CSI y explotado por mil clones que van de lo correcto (NCIS) a lo absurdo (bobadas como Numbers o Miénteme son intragables), con los sentimientos adormecidos por estos entretenimientos facilones que eluden el drama contundente, quién me iba a decir que la típica muerte de un personaje desconocido me iba a impactar tanto. En The Killing, con su atmósfera grisácea y deprimente y sus personajes tan humanos inmersos en la tragedia, el hallazgo de la víctima, que lleva como una hora de metraje lento, subyugante y perturbador, resulta un trago difícil de pasar. El papelón de Michelle Forbes (otro más que apuntar tras Battlestar Galactica e In Treatment) como la madre de la fallecida te agarra el corazón y te lo estruja de forma impresionante. Pero más duro es cuando el padre llega a la zona acordonada… Pocas veces en la televisión reciente lo he pasado tan jodidamente mal.

En la presentación, un fantástico episodio doble, se nos dan los retazos justos de los personajes para saber cómo es cada uno, saliendo unos mejores parados que otros: el político queda descolgado y resulta un poco aburrido, la familia que vive la tragedia está muy bien descrita, y la protagonista (Mireille Enos, vista en Big Love) interesa bastante mientras que su nuevo compañero queda algo desdibujado. El caso apenas pasa del hallazgo del cuerpo y las primeras pistas, terminando en la localización del lugar del asesinato, que dará para nuevas indagaciones. Así pues casi nada hemos visto en este inicio… casi nada en cuanto a trama, porque los sentimientos fluyen y la narración atrapa de principio a fin. Promete ser una historia lenta, clásica e inteligente de lo más apasionante.

Poquísimas producciones policíacas han brillado estos últimos años, y lo lograron por resultar rompedoras con todo modelo anterior: The Shield y The Wire. Pero en una misma temporada hemos tenido la suerte de encontrarnos con dos potenciales maravillas que optan por estilos más clásicos: The Chicago Code en la acción y The Killing en el drama. Bienvenidas sean.

Ver también:
-> Primeras impresiones
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 y final (2014)