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TREME – TEMPORADA 3

HBO | 2012-2013
Drama | 10 ep. de 55-70 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, David Morse, Jon Seda, Phyllis Montana LeBlanc, Chris Coy, Sam Robards, Michael Cerveris, Ntare Guma Mbaho Mwine, Lance E. Nichols.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las historias principales, aunque obviamente será revelador si no has visto las temporadas anteriores.–

Nueva etapa en la vida de las gentes de New Orleans. Dos años han pasado desde que el Katrina arrasara la ciudad y dejara una huella más profunda de lo esperado por culpa de la incompetencia y corrupción del gobierno, y no parece haber cambiado la cosa, el renacer no ha servido para dejar atrás todo lo malo y aprender de los errores. Sus habitantes se resignan poco a poco, pues están batallando día a día para sacar adelante el trabajo y la familia, y salvo excepciones no parece haber una conciencia global que ayude a levantar la urbe como es debido.

McAlary explora nuevos proyectos que aparte de darle un sustento sirvan para aportar algo a la sociedad y la cultura, o al menos para no olvidar. Su ruta turística medio improvisada es un cachondeo y no da mucho de sí, pero tanto hablar de viejas glorias de la música lo empuja a tratar de recuperarlas en un álbum destinado, según él, a marcar una época y darles un justo beneficio a esos músicos dejados de lado. Janette, a pesar de su éxito como chef, no termina de encontrarse a gusto lejos de su hogar. Cuando recibe una oferta para llevar una cocina en New Orleans bajo la batuta de un magnate de la restauración recela del aspecto de empresario ambicioso de este tipo, pero las condiciones son demasiado buenas para dejarlas pasar. La llegada de un reportero, L. P. Everett (Chris Coy), a la ciudad agita el avispero de corrupción policíaca, pues parece obstinado en escarbar en casos como el de Abreu o Seals que llevaba Toni Bernette, de hecho no tardan en trabajar juntos y empezar a conseguir resultados poco a poco. ¿Conseguirán sacar a la luz toda esta inmundicia y que se haga algo al respecto? Colson intenta hacer lo mismo desde la comisaría, pero ni los jefes están de su lado. Y los tres sufrirán represalias constantes, lo que para Toni es cruel porque su hija es una víctima inocente. Sophia por su parte está en el proceso de maduración, con sus propios problemas.

Sonny parece haberse establecido bien con los vietnamitas, pero aún tiene que convencer al padre de su novia de que es un tipo responsable. Annie sigue por el camino al éxito como músico: apoyada por un mánager que ve en ella talento y posibilidades forma una banda con la que promocionar sus composiciones. Batiste le está cogiendo el gusto a la educación musical de los jóvenes, hasta el punto de implicarse emocionalmente en los conflictos de varios chavales. Nelson Hidalgo vuelve cuando se calman las aguas tras el último escándalo político, pero no parece haber un nuevo pastel al que hincar el diente y va tirando con chanchullos inmobiliarios menores, aunque con su gran visión tiene ideas para remontar el vuelo, de hecho pronto entra en juego un gran centro de jazz que hay proyectado. Delmond acaba como consejero en el proceso… ¿olerá la mierda que hay detrás y que la música les importa poco a estos tiburones? Mientras, su carrera musical sigue alternando entre la modernidad de New York y la tradición cerrada de New Orleans, sobre todo porque no quiere dejar a su padre, Albert, solo con tanto agobio. Este sigue tratando de terminar de arreglar su casa y salir a desfilar a tiempo con “Los guardianes de la llama” mientras lidia con el trabajo, pero tanta responsabilidad continua afectando a su estado de ánimo y su físico… aunque la degradación de esto último obtiene una respuesta inesperada: un cáncer amenaza con destruir todas sus esperanzas. Ladonna intenta sacar el bar adelante a pesar de la injusta política sobre el ruido y el acoso de algunos vecinos, a lo que se suma que el juicio por el asalto y violación se acerca, y los amigos de los culpables tratan de amedrentarla para que no testifique.

Como es habitual, todos los personajes resultan más o menos encantadores, tan vívidos y cercanos que sus historias se siguen con pasión. Además estas dejan grandes lecciones sobre la vida, y por supuesto infinidad de grandes momentos. Me encantó cuando Albert se sorprende porque Nelson conoce los locales de culto, como el Gigi, que no es solo un empresario sin escrúpulos, sino que se ha implicado en la vida local. El bajón de Sonny ante el miedo a la responsabilidad es algo típico, pero resulta bastante duro. Aunque para trágico, las represalias contra Toni y Sophia, que dejan unas pocas escenas muy inquietantes; y Colson también tiene momentos muy chungos, pero me encanta cómo levanta la cabeza y sigue adelante sin pestañear. Por el contrario, Annie como siempre ofrece el lado más luminoso, con su creciente éxito, y Batiste con los críos trae también muchos momentos de esperanza entre la miseria (la chica que no sabe leer pero puede tener un futuro porque le apasiona la música). Y su mujer Desiree gana presencia con su lucha contra el mangoneo que hay tras las reparaciones de las casas, mostrando eso de que se debe plantar cara o al menos hacer ruido, pues la injusticia no se va a ir sola. De nuevo, los que menos me han llenado han sido Ladonna y Albert, pues me resultan un poco cargantes con tantas penurias… aunque su acercamiento sentimental desde luego les da nueva vida. Y los que más adoro son McAlary y Janette, que contagian su entereza y entusiasmo. También cabe destacar el peculiar periodista, Everett, que engancha rápido.

Pero a la temporada le falta algo para llegar al nivel de las primeras, le pesa la sensación de que va con la inercia. Sí, seguimos adelante con buenas historias, pero sin aportar giros que sorprendan, sin abordar una nueva perspectiva sobre la situación de New Orleans. La única novedad digna de mención es que la odisea de McAlary sirve para homenajear a músicos veteranos que a pesar de su fama no han tenido el apoyo merecido, pues muchos trabajaron sin contrato o explotados y no tienen una jubilación digna. También está claro que la pasión de Batiste con las bandas infantiles es un homenaje y apoyo a la música, pero tampoco es una historia impactante, rompedora. Así pues, aunque tenemos otro año notable de este gran drama que ofrece un cuadro delicado y verosímil pero fascinante de una ciudad tan peculiar, lo cierto es que le falta una pizca para ser perfecto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

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TREME – TEMPORADA 2

HBO | 2011
Drama | 11 ep. de 58-90 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, David Morse, Jon Seda, Phyllis Montana LeBlanc.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento el punto de partida de cada trama y protagonista. —

En el salto a la segunda temporada de Treme no cambiamos abruptamente de escenario y grupo de personajes como ocurrió en The Wire, pero también se amplía el horizonte para abarcar nuevas perspectivas del embriagador retrato que David Simon nos está ofreciendo de New Orleans. En la primera etapa nos sumergíamos a fondo el ambiente social y cultural. La gastronomía, protagonizada por Janette y sus sueños rotos, las tradiciones únicas, como los indios de Albert Lambreaux, y sobre todo la música en todo su rango: los intérpretes callejeros (Annie, Sonny), los que han logrado ascender un poco y viven de las sesiones en locales (Batiste), los veteranos más o menos famosos (Delmond, los numerosos músicos reales que aparecen en cada capítulo), y los que están en su propio mundo, como McAlary y sus locuras. Ahora también conoceremos más detalladamente cómo funcionan el gobierno y las fuerzas de la ley, adentrándonos en el ayuntamiento y el cuerpo de policía.

La corrupción del gobierno local y federal y su especulación urbanística las vislumbramos previamente porque los personajes las sufren en sus carnes, pero ahora veremos con más detalle cómo se gesta en manos privadas y cómo se permite e incluso fomenta desde los supuestos servidores públicos. Por supuesto, Simon se basa escrupulosamente en los hechos reales, relacionando las acciones de los protagonistas con eventos relevantes para la vida de la ciudad, destacando la infame gestión del alcalde Nagin y la planificación urbana de tintes racistas. Nelson Hidalgo (un carismático Jon Seda) es joven pero tiene experiencia en los entresijos del mundillo, y viene dispuesto a hacerse rico. Se acerca al empresario con visión (Ligouri), se reúne con los políticos que haga falta, pide y da favores y dinero con un entusiasmo y una visión que parecen llevarlo directo a la cima. Con Sofia, la hija de Toni Bernette, trabajando como becaria para un concejal, relacionamos esta temática un poco más con los viejos conocidos, porque Nelson va bastante por libre.

En la policía teníamos un enlace gracias también a Toni y sus constantes investigaciones, pero aunque el gran David Morse (uno de esos secundarios de lujo allá por donde aparece) encarnara al Teniente Colson, este tenía muy poca presencia y no dejó gran huella. Sin embargo su historia se amplía aquí desde el principio. Asqueado de la corrupción e incompetencia de los demás policías y detectives, parece decidido a plantar cara, y más ahora que el crimen está desbocándose de nuevo tras la pausa que supuso el éxodo forzado por el Katrina. Pero ha de ir con pies de plomo, porque un paso en falso pondría a todo el cuerpo en su contra. Por su parte, Toni acepta un caso que nos acompañará durante mucho tiempo, canalizando estos temas de corrupción y ocultación de delitos: la muerte de un joven llamado Abreu apunta al departamento de policía. El rastro, tras tanto tiempo, está frío, pero cada piedrecita que levanta parece mostrar más inmundicia.

Por supuesto, todos nuestros queridos personajes están embarcados en nuevas etapas de sus vidas, lo que nos permite tanto disfrutar de sus deliciosas como vivencias adentrarnos más en New Orleans, en la vida y las gentes de tan peculiar y encantadora urbe. Davis McAlary se lanza tras en inumerables proyectos musicales con gran entusiasmo pero sin grandes resultados. Batiste necesita un trabajo fijo, y trata de formar un grupo a la vez que tantea la posibilidad de ser profesor en la banda de un instituto. Annie, saliendo ahora con McAlary y no con el destartalado Sonny, parece estar empezando a exprimir su potencial como músico, sobre todo gracias al apoyo de su amigo Harley (Steve Earle también es músico en la vida real). Delmon Lambreaux continúa saltando entre New York y New Orleans, tratando de conciliar el jazz moderno y la tradición, y sacar algo de dinero de este género tan poco vendido. Y entre una odisea y otra, aunque tiene relación sobre todo con la de Davis, vemos el resurgir de un género musical, o más bien el de un movimiento social: el bounce, una mezcla de dance, hip hop y vetas de jazz local cuya energía y letras críticas sirven para alzar la cabeza y gritar contra las injusticias y la incompetencia de los gobiernos.

Fuera de los músicos tenemos otros muchos relatos entrañables. Albert Lambreaux no parece encontrar nada que le traiga felicidad, por mucho que Delmond trate de ayudar; el documental sobre los indios y la idea de Delmond de combinar géneros jazzísticos parecen mantenerlo ocupado, pero su humor es intratable, y va siempre alicaído. Janette renunció a su restaurante y se ha atado a New York, donde hay trabajo de sobra para una chef de su nivel, pero no encuentra un lugar en el que sentirse a gusto. Sonny parece incapaz por sí sólo de salir adelante, pero el empujón de un colega de la banda de Batiste, donde es aceptado porque no había más candidatos, podría encarrilarlo: le encuentra un trabajo de pescador para mantenerlo lejos de fiestas y drogas y con un flujo de dinero estable. Laddona apenas sobrelleva la pérdida de su hermano cuando un asalto en su bar la embarcará en otro drama que la perseguirá constantemente.

Mis secciones favoritas han sido de nuevo las de Jannete y McAlary, seguidas de las desventuras de Batiste, la lucha constante de Toni, ahora acompañada de Colson, y la entrada triunfal de Nelson. Pero la sorpresa la da Sofia, que parecía simplemente ser la hija de Toni, simpática pero un complemento de la tragedia familiar que supuso el destino de Cray, pero aquí gana protagonismo muy bien, llevándote hacia la parte más oscura: evidentemente arrastra una depresión… ¿acabará como el padre o logrará salir de ella? Y en cuanto a escenas sueltas que me hayan marcado, hay muchas, pero por poner las primeras que me vienen a la mente, me encantó cuando Annie ve la foto de Sonny rescatando a gente, así como el giro con su amigo Harley; muy emotivo fue el momento en que Davis encuentra a Sofia borracha; divertidísimo cómo Jannette cierra un capítulo de su vida: lanzando una copa de sazerac (un extraño cóctel típico de New Orleans) a un crítico famoso; los líos de la banda de Batiste son numerosos y todos la mar de emocionantes; etc.

Hay también algunos puntos oscuros, aunque no especialmente graves. La novia que se había echado Albert desaparece de golpe; supongo que la actriz se daría el piro, y claro, deja un hueco raro. Pero más notable es que el propio Albert es el único cuya historia no avanza con fluidez y un destino más o menos claro. Da vueltas en círculos, se pasa el día refunduñando sin concretarse nada; ni siquiera queda claro si sigue trabajando como carpintero o si deja de coser al final o no, pero aun así hace su espectacular aparición con “Los guardianes de la llama”.

Se podría decir que en lo visual es una serie es bastante sencilla, cuando una localización con tanto encanto podría deslumbrar más, sobre todo teniendo en cuenta de que disponían de un presupuesto más holgado que en The Wire, pero eso no quiere decir que el acabado sea de poca calidad. Como en la recreación de Baltimore, Simon busca un estilo natural, que deje respirar a los personajes. Donde más se nota la sutil pero eficaz labor de los directores es en los momentos de gran complejidad, como los conciertos en bares abarrotados y los desfiles: pese a su dificultad las ruedan con una naturalidad asombrosa, permitiendo que te parezca estar ahí dentro con los personajes.

Treme vuelve a ofrecer otro año redondo, inteligente y hábil como pocos, pues a pesar de su realismo y contención consigue entrener y emocionar con gran facilidad mientras a la vez también te lleva a la reflexión con delicadeza.

Ver también:
Temporada 1.

TREME – TEMPORADA 1.

HBO | 2010
Drama | 10 ep. de 58-80 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss, David Mills.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, John Goodman, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, Phyllis Montana LeBlanc.
Valoración:

“Tres meses después”, reza un lacónico texto en pantalla. No hace falta más información, si no sabes que estamos en New Orleans tras el Katrina, quedará claro en pocos minutos. Según nos cuentan en esta serie, basada con enorme fidelidad en los hechos reales, tres meses es más o menos el lapso que tardó la ciudad en empezar a levantarse tras la devastación no sólo del huracán, sino también de una rampante y escandalosa incompetencia gubernamental que empeoró mucho las cosas. Sus gentes vuelven a sus casas, muchas de las cuales tuvieron al menos un metro de agua, y la mayoría acabó sin techo por los vientos y lluvias. Pero no hay dinero para reconstruirlas, porque abandonaron sus vidas y trabajos para huir a ciudades y estados vecinos, y vuelven sin nada. Los negocios se intentan poner en marcha, pero hay pocos habitantes todavía, y menos con las vidas rehechas como para poder gastar.

Si durante la catástrofe la respuesta del gobierno fue nefasta, con descoordinación entre agencias y un modus operandi desastroso e incluso salpicado de racismo, no creáis que se pusieron las pilas después. Las empresas de seguros hacen malabares para escaquearse, y tanto el gobierno local como el federal no parecen tratar de evitarlo… de hecho se suman al carro, poniendo ayudas que sólo son un nombre, escondiendo tras marañas de papeleo cualquier desembolso minúsculo. La población continúa sintiendo que los han abandonado, pero la realidad es peor que eso: los ciudadanos, sobre todo las clases bajas (encabezadas por los barrios negros), son un impedimento para la especulación, así que el hecho es que trabajan contra ellos. El ayuntamiento y las fuerzas de la ley estaban salpicados de corrupción antes de este gran incidente, y ahora ven nuevas oportunidades para llenarse los bolsillos u ocultar las fechorías previas. Si los barrios siguen vacíos un tiempo determinado, se categorizarán como abandonados y habrá vía libre para inventarse los proyectos urbanísticos que les den la gana. Así, se vallan urbanizaciones enteras para mantenerlas desocupadas y no se dan prisa en arreglar la distribución de agua y electricidad de zonas habitadas. Pero la gente quiere volver, porque es su hogar, pero también porque es una ciudad especial que no quieren dejar morir.

El escritor y guionista David Simon se marcó en su obra magna The Wire (Bajo escucha) un colosal ensayo sobre el fracaso del primer mundo como sociedad: tomando como base una ciudad muy característica (Baltimore, desbordada por el crimen) construyó un retrato universal de los principales males de los países supuestamente avanzados. Está claro que con la situación en New Orleans vio otra oportunidad de oro para recuperar estos temas, y se unió a un guionista que conocía bien la zona, Eric Overmyer, para elaborar otro gran estudio humanista. Es difícil describir su estilo y su calidad, hacer notar que una serie que en un primer vistazo puede parecer demasiado complicada, fría y lenta, sea tan profunda, apasionante y adictiva una vez te sumerges en ella.

Como The Wire y otras de la Edad de Oro de las series que inauguró principalmente la HBO (Los Soprano, A dos metros bajo tierra), Treme no es un drama que en cada episodio te cuenta una pequeña trama y quizá a la larga vaya desarrollando otra (que además probablemente estuviera improvisada según la respuesta del público). Incluso obras maestras como Urgencias han seguido este esquema. Aquí, para vislumbrar por dónde va un personaje tendrás que ver varios capítulos, y para abarcar por completo el viaje en que está embarcado hay que seguir la temporada o incluso la serie entera. Está claro que no es para impacientes… Pero aún hay más, porque aborda temáticas no tan populares como The Wire (el policíaco, aunque fuera en un estilo único), sino otras más cultas, pues la música protagonista está en las antípodas de lo comercial y la historia y la cultura de New Orleans son muy suyas también. La sutileza sí la mantiene, eso sí: la crítica emerge de las vivencias de los personajes, no de situaciones y discursos directos. El espectador común, el de seriales y procedimentales facilones, no aguantará ni un par de escenas. Incluso seriéfilos más curtidos han de tener al menos una pizca de interés y la mente muy abierta para lanzarse con entusiasmo a un relato de más de diez horas sobre las vidas corrientes de unos músicos y cocineros. Así pues, es indudable que esta obra tiene un público potencial minoritario, que es exigente y elitista como ella sola. Las floja audiencia de hecho lo confirmó. Y es una pena ese miedo, ese rechazo, porque si haces el esfuerzo te lo devuelve con creces, igual que pasó con The Wire: no es sólo una serie extraordinaria, sino también un relato atemporal y universal.

Simon pone las cámaras delante de los protagonistas y la ciudad, y estos son tan realistas, están tan vivos y tan bien interpretados, que uno no puede apartar la mirada del cuadro que van formando sus vidas. Es como un documental social que elige a los individuos e historias clave para que en conjunto formen un elaborado y agudo ensayo sobre cómo funciona una sociedad, cómo se vertebra, cómo respira, se ahoga, se levanta y se tropieza otra vez en un proceso complejo que se retroalimenta entre los muchos individuos que la forman. Pero esa complejidad aparente en realidad se desgrana poco a poco, con naturalidad, claridad y elegancia, formando una narrativa que parece pausada pero fluye sin una sola pausa o receso, siempre aportando algo estimulante, garantizando entretenimiento y emoción pero también ofreciendo infinidad de enseñanzas sobre la vida.

Los protagonistas se concentran en el barrio Tremé que da título a la serie. Tenemos perroflautas adorables como la dulce violinista Annie (Lucia Micarelli, que por cierto era músico y no actriz, pero está fantástica) o cansinos como su novio Sonny (Michiel Huisman), un matado de la vida que siente celos de las habilidades de ella. Encontramos gente con objetivos muy claros y dedicación plena, como Albert Lambreaux (interpretado por quien fue el gran Lester en The Wire: Clarke Peters) y su empeño por mantener las tradiciones; otros que luchan contra viento y marea tratando de no perder la sonrisa, como la chef Janette lidiando con el restaurante día a día (la actriz Kim Dickens me cae bien desde su participación en Deadwood), o Davis McAlary (Steve Zahn), un músico medio acabado que va tirando con trabajos que detesta. También hay quienes batallan contra los innumerables fallos del sistema, como la abogada Toni Bernette y su marido Creighton (Melissa Leo y John Goodman), o quienes avanzan más o menos torpemente (Antoine Batiste, en manos de Wendell Pierce, también aprovechado de las calles de Baltimore: era Bunk). Y no faltan quienes no parecen levantar cabeza, arrastrando heridas no cerradas, como Ladonna y la búsqueda de su hermano (Khandi Alexander, también conocida de Simon: The Corner), e incluso quienes dejaron la ciudad hace tiempo pero la familia, las raíces, lo arrastran de vuelta, como el trompetista de jazz Delmond Lambreaux (Rob Brown), el hijo de Albert.

Entre todas las deliciosas historias destacaría algunas, así como varios momentos concretos. Me abrumó la magnífica descripción de la depresión (evito dar el nombre del personaje), probablemente la mejor vista en una serie o película: está siempre ante tus ojos pero quizá no la veas hasta un punto de inflexión en el que todo se hace evidente. La salida de Albert como indio se hace esperar mucho, y si, como yo, no conocías esta pintoresca tradición, quedarás bastante impresionado. El final de la odisea de otro rol que me guardo es muy duro, con ese desgarrador plano a los camiones frigorífico llenos de cadáveres meses y meses después del huracán. La relación entre Janette y McAlary es encantadora, y la entereza de ambos a la hora de sobrellevar las zancadillas de la vida también; y atención al divertido lío de él en el hotel con un grupo de turistas. El encuentro de Sonny con un anciano que salvó durante la tormenta es muy emotivo (y más cuando parecía que era un fanfarrón). El juego que se trae Batiste con los taxistas es tronchante; y aparte, aunque por lo general resulta muy simpático, a veces dan ganas de abofetearlo por el desastre de vida familiar que lleva.

Pero también podría citar un par de fallos o partes que no parecen del todo bien resueltas. El Mardi Gras se hace de rogar y no decepciona, pues nos llevan dentro de la fiesta con habilidad, pero da la impresión de que al capítulo le han quitado media hora, dejando algunas transiciones un tanto bruscas: Delmond aparece sin más en un bar tocando con una banda a pesar de que estaba en una cita con su novia, Janette acaba borracha por ahí pero no se la ve participar en la fiesta a la que iba (y en cambio sí nos muestran todo el camino hasta allí), Davis y Annie decían de ir a comer con los vecinos del primero pero lo que se comen es la escena. Un fallo claro de montaje se ve en el penúltimo capítulo, cuando sabemos que Creighton está tomando un ferry pero de repente aparece momentáneamente en otro lado. Y la descripción de uno de los protagonistas cojea un poco: Albert Lambreaux es presentado inicialmente como si fuera un albañil o algo así, amagando con ir a reparar algunas casas, pero en seguida se olvidan de eso y el resto de la temporada sólo sale cosiendo y ensayando; de hecho en el principio de la segunda temporada me chocó mucho verlo currando, pensaba que estaba parado o jubilado… y ahí también se deja de lado ese supuesto trabajo y aparece siempre con otras cosas.

Como en The Wire (voy a gastar la expresión, pero me resulta inevitable usarla), la dedicación que David Simon pone en el desarrollo de la obra, heredada del periodismo de calidad*, queda bien patente en el resultado final. Logra introducirnos plenamente en el singular ambiente de la ciudad y su multiculturalidad, mostrando con una fidelidad asombrosa la vida y costumbres del lugar, captando el alma de los barrios, la forma de ser de la gente, cómo se vive la música y cómo se vive de ella. De hecho pasan ante nuestros ojos infinidad de músicos, sobre todo obviamente locales, y aunque la mayoría, admitámoslo, nos resultarán desconocidos a muchos, a la larga vas conociendo rostros, y si te gusta realmente la música acabarás escuchado a muchos de ellos; yo quedé prendado del gran Dr. John, referente ineludible en el rythm and blues y jazz oriundos.

Así pues, como Baltimore en su momento, New Orleans y el barrio Tremé se convierten en un protagonista más, en una urbe con vida propia, y cuando quieres darte cuenta eres un habitante más, sufres en tus carnes la angustia de ver el hogar destruido, el desarraigo ante una ciudad que no parece que pueda volver a ser la misma, la lucha constante por sobrevivir el día a día mientras el mañana parece negado por la corrupción y la incompetencia. Y con esto cabe señalar que nos ofrecen una historia rara vez contada: la vuelta a la vida tras una catástrofe. Los medios suelen olvidarse poco tiempo después de los desplazados y las infraestructuras derrumbadas, de las familias deshechas y el intento de volver a la normalidad, así que la serie ofrece un punto de vista muy atractivo y sobre todo lo hace desde una perspectiva muy intimista. Llegas a mitad de la temporada anhelando junto a los protagonistas que cuando llegue el Mardi Gras, el corazón y alma de la ciudad, lata con fuerza y entusiasmo para levantar las esperanzas y ánimos de todos, para señalar que, después de todo, a New Orleans todavía le queda aliento.

PD: El guionista y productor David Mills, que ya había trabajado con Simon en otras ocasiones, falleció poco antes del estreno de la serie.
*: Si leéis algunas opiniones y artículos suyos, como esta entrevista donde habla sobre el periodismo moderno, veréis que no lo digo por decir.

Entrada actualizada de la original publicada el 01/09/2010.

FEAR THE WALKING DEAD – TEMPORADA 2, PARTE 2

AMC | 2016
Drama, zombis | 8 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Dave Erickson, Robert Kirkman, David Alpert, Galen Anne Hurd, Greg Nicotero.
Intérpretes: Kim Dickens, Cliff Curtis, Frank Dillane, Mercedes Mason, Lorenzo James Henrie, Alycia Debnam-Carey, Colman Domingo, Karen Bethzabe, Paul Calderon, Danay García.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo a fondo la temporada, muertes incluidas.–

La segunda parte de la segunda temporada de Fear the Walking Dead no mejora las malas sensaciones que dejaba su primer segmento, de hecho las empeora, porque ningún tramo destacable nos deja. Para empezar, se hace patente definitivamente la elección de seguir los pasos de la serie madre en vez de buscar un estilo más diferenciado. La temporada inicial apuntaba a un drama humano de corte más realista, con un par de familias sumergidas en el inicio de un apocalipsis, una historia que The Walking Dead se saltó para abordar directamente la aventura de supervivencia post-apocalíptica. Pero aquí, sin exprimir lo que prometía, hemos pasado rápidamente a las mismas tramas de aquella: las típicas luchas contra tiranos, tarados y bandidos. Y el drama familiar remanente resulta por desgracia muy endeble, exasperante por momentos. Hay que decir que, comparando las temporadas enteras, la segunda de The Walking Dead me pareció algo peor, pero eso no hace buena a esta, y más teniendo en cuenta que los productores llevan seis años de experiencia a cuestas…

El primer capítulo pone de manifiesto la falta de rumbo de los guionistas, tanto en historias como en personajes. El periplo de Nick es insulso, totalmente contraproducente al no mostrar una personalidad y motivaciones claras y ofrecer una odisea de lo más intrascendente. El muchacho abandona a su familia justo cuando parecía estar formando una unión sólida con ellos y encontrando razones por las que vivir y abandonar el camino autodestructivo que llevaba. ¿Explica todo un capítulo centrado en él por qué toma estas decisiones, este camino tan indeterminado y peligroso? Nada de nada. Ni si quiera el flojo y redundante flashback aporta algo claro, es más, es que asombrosamente carece de relación con lo que nos están mostrando. Sin un motivo personal, lo único que queda son las aventurillas que fuera sufriendo… y son vulgares y aburridas. Así pues, el episodio, aparte de resultar un coñazo, no resuelve ni asienta nada, si acaso deja más preguntas en el aire: ¿Quién es esa gente que sale al principio? ¿Por qué no va con ellos si tan bien se llevan? ¿Adónde demonios va, qué busca? ¿Por qué al final se alegra de ver una comunidad, es que no tenía lo mismo con su familia y los nuevos amigos que hicieron?

El tramo central sigue esta fórmula de tener a cada protagonista o grupo por separado. Esto no me parece una imitación innecesaria de The Walking Dead, sino algo enriquecedor, pues permite más tramas, más situaciones distintas. Pero claro, si el guion no da la talla, de nada sirve arriesgarse a mostrar varios frentes. Ninguno es especialmente llamativo, de hecho varios resultan cargantes, y desde luego los pocos temas serios que se tratan se quedan en la superficie o dan traspiés escandalosos. Voy de peor a mejor:

Con Chris los realizadores perdieron el norte en el segmento anterior, y cada vez resulta más irritante, hasta el punto de que muchos espectadores sin duda han abandonado la serie por no aguantarlo, pues el muchacho ocupa varios episodios con su absurda locura. Y mira que, en lo de unirse a unos niñatos en busca de aventuras en vez de soportar a una familia que te pone límites, podría haber tenido su miga, en especial en el clásico dilema de sobrevivir manteniendo la humanidad, la ética, o ir en plan salvaje. Pero esto se queda en la más absoluta nada debido a la pobre escritura del personaje. No se sabe por qué le entran ganas de matar, por qué de repente no siente nada por su familia. Actúa como si se hubiera criado en entorno de familia rota y con violencia, cuando no nos han mostrado nada parecido. Y me temo que este sinsentido sigue arrastrando a Travis, un rol otrora complejo, veraz, que pierde muchísimo al permitir que un puto niñato de dieciséis años decida que, en pleno fin de la humanidad, con su familia al borde de la muerte cada día, irse con unos matones inmaduros es molón. No hay quien se crea que desde el primer momento no le diera tres hostias y lo arrastrara de vuelta. Por supuesto, con este nivel no sorprende que las escenas con los adolescentes asalvajados se desarrollen con una notable simpleza y falta de inteligencia, con lo que también son cansinas y predecibles hasta agotar la paciencia de cualquiera.

Nick haciéndose un hueco en el campamento mejicano continúa dejando muchos interrogantes. ¿Qué demonios ve en estas gentes para abrazarlas con tanto entusiasmo? ¿Sentirse integrado? ¿Luchar junto a otros por un mundo mejor? ¿Pero es que eso no lo tenía con su familia, con sus seres queridos? Difícilmente podamos conectar con un personaje cuyas motivaciones y viaje personal carecen de verosimilitud y coherencia. Y para colmo la trama que le ponen encima es muy básica, con varios personajes secundarios estereotipados al extremo, y se va estirando de mala manera para reservar la conclusión evidente hasta el final del año. Insípidos líos de convivencia y unos matones que los acosan, no hay más. Lo único que lo salva es el buen trabajo del actor Frank Dillane. Era uno de mis favoritos en la primera temporada y se ha quedado en un cascarón vacío.

Ofelia… ¿Se han dado cuenta de que no saben qué hacer con ella y se la han quitado de encima? Porque desaparece sin más para volver con dos anécdotas ñoñas e irrelevantes. Eso sí, parece que estas no cierran su historia, porque vuelve en el final de temporada. Aparte, su camino da para otra queja: qué fácil es sobrevivir aquí, todos encuentran caminos despejados, gasolina, y con un poco de maquillaje-sangre pasan entre los zombis; los del grupo de Rick en la serie madre quedan como inútiles al lado de todos estos.

Con Victor indiqué en la tanda previa que casi se lo cargan con esa innecesaria forma de exponer de golpe y mal todo lo que lo hacía misterioso, pero bueno, algo de carisma sigue manteniendo y aporta algunas reflexiones interesantes a la situación que se va gestando en el hotel. Esta es la única trama con algo más de enjundia: es más atractiva y entretenida, y tiene algo más de profundidad, tanto en los temas a tratar como en los personajes y problemas que van surgiendo. Por ejemplo destaca la gerente del hotel, bien perfilada a través de un flashback intenso y algo inquietante, emociones que en el resto de la temporada brillan por su ausencia con la citada facilidad con que esquivan a los zombis. En este sentido también funciona la limpieza del hotel, con el miedo a qué encontrarán en cada habitación. Y en cuanto a temas más profundos, tenemos el intento de supervivencia que ofrece Madison contra el que imperaba en el hotel, ofreciendo esa dualidad del imperio del más fuerte contra la construcción de una sociedad con reglas. Conforme avanzan la vida trae nuevos dilemas, aunque en realidad son obviamente muy, muy viejos: la coexistencia de distintas formas de ver el mundo, la justicia (con penas como el exilio), la inmigración que amenaza el equilibrio social y económico, etc.

Liderando esta sección, Madison es la única que no sólo mantiene el dibujo inicial, sino que va creciendo, cambiando sutilmente según los acontecimientos. La fuerza que le impregna la gran Kim Dickens ayuda mucho también. En cambio, a Alicia los escritores no logran encajarla en este atractivo panorama, sino que resulta otro lastre al ser otra figura con la que no saben hacia dónde ir. Cuando por fin intentan darle un drama personal se limitan a un lío de relación madre-hija de lo más tonto y que no lleva a ninguna evolución tangible.

El final de temporada no me ha parecido realmente malo, pero es que resulta taaaaan predecible que no logra emoción ninguna. Y para cumplir con el cupo, tiene un par de momentos en los que dan ganas de abofetear a los guionistas. También voy de menos a más:

Aunque la trama que lo llevó a la situación actual es lastimera, Travis cobra algo de fuerza con los remordimientos, la sensación de pérdida y de no saber qué hacer. La paliza a los chavales con los que se fue Chris se veía venir, pero bueno, era una conclusión bastante lógica y realza los temas de justicia vs. venganza, democracia vs. salvajismo. El problema es que echan por tierra bastante de su fuerza con la gilipollez de que los demás se queden mirando durante quince minutos a través de puertas de madera endeble y cristal. Pero sobre todo falla la cagada de mostrar el destino de Chris a través de un flashback, o medio, porque en realidad es la reconstrucción mental que hace Travis de la situación. Es de un ridículo indescriptible, de una torpeza como pocas veces he visto en una narración. ¿Pero cómo puedes matar a un personaje principal fuera de pantalla y encima mediante “pensamiento en off”? Ni si quiera tomando la dudosa opción de que querían dejar dudas sobre si ocurre realmente como dicen los adolescentes se puede perdonar tan fallida escena. Y como se hayan atrevido a “hacer un Glenn” es para matarlos…

El cierre a la trama del campamento mejicano se veía venir muy de lejos, justo desde los primeros segundos en que conoces cada rol-cliché. El líder que se mantiene con la fe, la chica que, representando al resto del pueblo, lo sigue a ciegas, el matón que lidera una banda y amenaza con venir a romper el idilio. Estaba claro que la fe se desmoronaría justo cuando los bandidos llegaran, y que Nick encontraría una forma de salvar la situación. Nada sorprende lo más mínimo y hay situaciones pobremente ejecutadas. Los malos entran en el campamento sin problema alguno para sortear una horda concentrada de unos 100 “sombras”, pero una vez dentro, con más espacio de maniobra (calles, tejados, refugios en cantidad) sucumben rápido (y la horda ahora parece de 500…). Pero al menos Nick vuelve a ganar interés al estar centrado en una historia, al mostrar un destino más concreto. Seguimos sin saber qué lo llevó aquí y qué lo hizo quedarse, pero al menos ahora tiene una trama encima que disimula las carencias. Y la escena en que trae una nueva forma de mantener la fe entre los habitantes es previsible pero bastante efectiva. El desenlace, con un giro inesperado que trae un nuevo gran peligro, trata de jugar con el qué va a pasar ahora. Como es habitual, nos han mareado todo el año con una trama endeble y al final nos enganchan con un truco barato. Qué fáciles somos.

La tormenta que abre Travis en el hotel también es interesante, porque son los propios personajes los que traen el caos y rompen el equilibrio, obligándolos a salir otra vez a la jungla. Ahora bien, podrían haber puesto un giro más elaborado que el cutre y esperable encuentro con el agonizante que señala el camino en su último suspiro. Y aparte de todo tenemos a Ofelia, que también está embarcada en otro viaje a no se sabe dónde ni por qué, y donde también nos cuelan otro giro-trampa para tratar de despertar el interés. Y si lo consiguen es en parte por ver al actor Dayton Callie (Deadwood, Sons of Anarchy), en parte porque, en combinación con los paletos que apalea Travis y aparentemente también con el grupo con que tropieza Nick, los autores han puesto en marcha una dura y efectiva crítica a un tema también viejo pero muy candente estos meses con las elecciones en EE.UU.: la inmigración, la xenofobia, las barreras entre ricos y pobres.

Pero hay que señalar lo obvio: ¿amagas con embarcarte en un tema social complejo en los últimos minutos de la temporada, con todas las oportunidades desperdiciadas que has tenido antes? Pues entre eso y los giros sensacionalistas, la próxima temporada viene con más humo y malas sensaciones que con verdadero interés. Pero probablemente la vea, por curiosidad, por tener tema de conversación, y porque siempre queda un resquicio de esperanza, de que los protagonistas alcanzarán el nivel que prometen por fin. En The Walking Dead remontaron aceptablemente bien, ¿por qué no lo iban a hacer aquí también?

Ver también:
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
The Walking Dead.

FEAR THE WALKING DEAD – TEMPORADA 2, PARTE 1


AMC | 2016
Drama, zombis | 7 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Dave Erickson, Robert Kirkman, David Alpert, Galen Anne Hurd, Greg Nicotero.
Intérpretes: Kim Dickens, Cliff Curtis, Frank Dillane, Mercedes Mason, Lorenzo James Henrie, Rubén Blades, Alycia Debnam-Carey, Colman Domingo, Marlene Forte.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo con detalle todo lo que ocurre.–

Qué decepción la segunda temporada de esta Fear the Walking Dead, serie hermana de The Walking Dead, cuyo equilibrado y sólido primer año me hacía pensar en que aspiraba a superar la irregularidad de aquella. El esfuerzo en buscar actores de calidad, en rodar mejor, y en narrar con mayor intensidad y verosimilitud la llegada del fin de la humanidad, dio como resultado una temporada inicial corta pero intensa y emocionante. Pero esta primera tanda de la segunda etapa ha empezado a heredar ese caos narrativo.

El comienzo no auguraba el desastre posterior. Empezamos huyendo por los pelos de la destrucción de Los Ángeles. Puede que en lo visual se quede algo corto, porque los efectos especiales no dan la talla de lo que quieren mostrar, pero en lo emocional sigue siendo bastante potente. Se aborda muy bien la clásica dualidad entre la supervivencia del más fuerte contra la reconstrucción de una sociedad con principios éticos. El grupo enfrenta diversas situaciones donde deben elegir entre cerrarse en banda para no correr riesgos o tratar de aportar algo a la humanidad, o sea, ayudar a los demás supervivientes. Este drama no podría funcionar sin unos protagonistas complejos y muy humanos. Cada uno enfrenta el ocaso de la civilización a su manera, evolucionando entre fallos y aciertos, predominando estos últimos porque aquí no hay héroes, sino ciudadanos normales en una situación extrema. Los miedos y egos tropiezan con la ética y vemos no pocos momentos de bajeza moral escalofriantes donde dan ganas de abofetearlos (terrible la decisión de abandonar a la chica de la barca). Las figuras más importantes siguen ganando enteros: Nick, Travis, Madison, Victor y Daniel me estaban resultando muy interesantes, más atractivos que todos los de las flojas dos primeras temporadas de la serie madre. Así, la lucha por la supervivencia es compleja y variada incluso teniendo en cuenta el limitado escenario (el barco y un par de costas). Y cuando bajan a tierra por primera vez tenemos un capítulo muy impactante (202, We All Fall Down), el de la familia de la reserva natural que acaba en una tragedia desgarradora.

Pero por desgracia esta ilusión dura poco, muy poco, porque ya en el tercer capítulo empiezan a surgir errores. De repente aparecen un par de personajes que se mueven y dialogan por ahí como si llevaran tiempo en la serie, pero en realidad no han aparecido antes. Es decir, su presentación y descripción es realmente confusa. Tuve que buscar en internet para cerciorarme de que no era un fallo garrafal de escritura. Y bueno, en cierta manera lo es: resulta que surgen de una serie promocional emitida en internet, o sea, una webserie, llamada Flight 462, una detestable tendencia que se está poniendo de moda. Entonces me sentí engañado. ¿En serio me vas a poner cosas que no puedo entender sin ver material extra que no quiero ver? Si vas a introducir nuevos caracteres, debes presentarlos en la propia obra, no en otra cosa aparte. Y aparte de la confusión generada consumen tiempo que podría haber ido a cosas más relevantes. Por suerte el llamativo destino de la chica suaviza un poco el encontronazo: los guionistas acaban utilizándola para uno de los momentos más duros del año, el dilema del grupo sobre qué hacer con los náufragos que encuentren, y luego reaparece con los piratas en una escena donde se le da algo de profundidad a su dibujo.

Pero donde empeora claramente la trayectoria de la temporada es en los capítulos cuatro y quinto, con una vulgar aventura de secuestro y rescate con piratas improvisados que aporta bien poco en novedades y contenido. Los villanos son aburridísimos, la tensión sobre el destino del grupo parece bastante impostada, y todo se agrava por lo previsible que resulta la trama. Cumple con lo justo como entretenimiento, pero esperaba mucho más. En esa parte también cometen otro fallo importante: el flashback que trata de relatar la vida de Victor Strand. Su propia existencia es innecesaria, contraproducente. ¿De qué me sirve saber a qué se dedicaba, por qué se supone que un romance homosexual debe sorprenderme o darle un giro al personaje? La historia, de simple y poco explicativa sobre sus habilidades (supervivencia, armas), rebaja la magia de un carácter con el que divagabas pensando en quién podría ser y qué secretos guarda. Por no hablar de que el flashback resulta redundante y cargante y que es sólo de cara al espectador, porque los demás compañeros no conocen esta historia.

Además, en este tramo los personajes infrautilizados empiezan a ir cuesta abajo. A Ofelia se le perdona su falta de interés porque todavía no la han puesto una aventura que la exprima, pero Alicia es un muermo, y ni siquiera evoluciona tras la pifiada que comete con los piratas (debería lamentarse, reflexionar, aprender, madurar). Y el más grave es Chris, que empieza a navegar en una dirección incomprensible. ¿Pero qué es lo que quieren decirnos con esta actitud? ¿Por qué de repente quiere hacer daño a su familia? ¿Al conocer a los zombis le han entrado ganas de ver sangre y vísceras y va a destripar a los que tenga a su alcance? Su actitud y sus acciones no parecen tener lógica, su locura no resulta creíble.

De ahí pasamos a la intriga de si el destino soñado (la casa en Méjico donde esperan a Victor) traerá seguridad y descanso o más problemas. En este género obviamente esperamos lo segundo… pero no que no se esfuercen por aportar nada nuevo, rompiendo definitivamente mis impresiones sobre las ambiciones de la serie. Resulta que la trama de la finca es una combinación de la granja de Hershell y la aldea del Gobernador. Gente que se niega a aceptar la realidad y vive en un delirio constante, cometiendo cagadas enormes como mantener a los zombis como si fueran enfermos e ir construyendo prisión psicológica para los vivos. Pero bueno, podría haber funcionado si exprimieran a los protagonistas tan bien como en la primera temporada y el tramo inicial de esta… De primeras sólo parece acusar falta de riesgo, estancamiento, pero de repente los guionistas pierden las buenas bases que habían puesto y destrozan a los personajes en un capítulo final lamentable, un caos donde nada se entiende, ni en eventos ni en motivaciones personales.

Chris no sé qué hace. Resumámoslo en que la lía. El problema es que arrastra a un rol tan sólido como Travis: pero hombre, dale tres hostias y enderézalo por la fuerza, que no encaja de ninguna manera en tu personalidad desmembrar la familia por la que tanto has luchado por la tontería pasajera del niñato. Lo de Daniel es alucinante. Un tipo tan curtido, prudente y resistente, se vuelve loco porque sí en una pobre excusa para hacerlos huir de la casa (el incendio) cuando estaban a punto de irse por ellos mismos al ver los desequilibrios mentales de Celia. Y que me expliquen la partida de Nick, que pasa de ser mi favorito a desaparecer, literalmente: se va sin que se explique qué lo lleva a tomar esa decisión. Así que al final sólo Madison queda reconocible. Terminamos con fuego y destrucción que los obliga a partir, con los habitantes locales persiguiéndolos con malas intenciones (¿tienen pruebas de que han sido ellos?) pero andando despacito para darles tiempo a unas despedidas pseudolacrimógenas muy cutres.

Me da la impresión de que pasó como en la segunda temporada de la serie madre: la cadena exigió el doble de capítulos respecto al primer año (aquí más todavía, porque serán quince) pero con el mismo o menos presupuesto. Porque no puede ser que teniendo media temporada en el barco no haya dinero para rodar bien los pocos momentos álgidos, rompiendo también el buen nivel de la primera etapa, que ofrecía una puesta en escena de calidad y con tramos muy logrados. Las escenas iniciales como decía no dan el tipo en efectos especiales, pero en cuestión de dirección tampoco impresionan mucho, y cuando llegan las partes difíciles se ve el bajón, hasta el punto de que el último capítulo está rodado y editado de forma muy mediocre, fallando así no sólo en el guion: la gente aparece en distintas partes de la casa repentinamente, haciendo otras cosas o habiendo solucionado algo que decían ir a hacer pero que no llegamos a ver. El clímax es confuso, precipitado, con otros tantos huecos en la velocidad de acontecimientos (el fuego cubre todo el lugar en un instante) y posición de los protagonistas.

Sencillamente, los autores han querido forzar un clímax final con algo de acción y la separación del grupo, y no les ha importado la coherencia global de los personajes ni de la narrativa de ese propio momento. Pues menuda pifiada. Este desenlace está a punto de hundir una temporada que, si bien iba siendo irregular, no lo era más que las de The Walking Dead cuando remontó (a partir del tercer año). Y así me cuesta elegir qué nota darle. Tiene un pico inicial de calidad bastante alto (el citado We All Fall Down, es memorable), un tramo central simplón pero aceptable, una parte final un poco sosa pero tampoco horrenda si no hubiera sido por esta desastrosa conclusión. Lo que tengo claro es que, por mucho que lloren los fanáticos, por ahora sigue siendo superior al tramo equivalente de The Walking Dead. La primera parte de la segunda temporada de aquella no tiene ni la mitad de dilemas éticos, de decisiones difíciles, de individuos puestos al límite que esta, era todo sandeces infantiles y vueltas en círculos sobre clichés muy pobres. Ahora bien, espero que no siga decayendo…

Ver también:
Temporada 1.
The Walking Dead.

FEAR THE WALKING DEAD – TEMPORADA 1

Fear the Walking Dead
AMC | 2015
Drama de supervivencia | 6 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Dave Erickson, Robert Kirkman, David Alpert.
Intérpretes: Kim Dickens, Cliff Curtis, Frank Dillane, Mercedes Mason, Lorenzo James Henrie, Rubén Blades, Alycia Debnam-Carey, Elizabeth Rodriguez, Patricia Reyes Spíndola, Sandrine Holt, Shawn Hatosy, Colman Domingo.
Valoración:

The Walking Dead se ha convertido en la serie más vista de la historia de la televisión por cable (mantiene 14 millones de espectadores de media) a pesar de su calidad irregular. ¿Cómo no iba a AMC a explotar su gallina de los huevos de oro? Además no sólo el universo planteado permite generar fácilmente historias paralelas, sino que también el propio guionista de los cómics, Robert Kirckman, estaba entusiasmado por colaborar.

Alguno dirá que con sólo seis capítulos no es difícil hacer una temporada de buen nivel, pero recordemos que las de The Walking Dead se dividen en tandas de ocho y ninguna sale realmente redonda, siempre tienen altibajos y fallos importantes. Pero con Fear the Walking Dead se nota un gran esfuerzo por lograr una serie más sólida, tanto en el guion como en la puesta en escena, obteniendo una temporada que supera a cualquiera vista de la serie madre, aunque no sea por mucho y quede por ver si se mantiene a lo largo del tiempo.

Ya el piloto llama la atención a pesar de tirar más hacia un pausado melodrama con toques de intriga que hacia la aventura gore, precisamente porque se toma su tiempo en poner unos pilares sólidos desde los que sustentar la odisea de los protagonistas. La presentación gradual de estos pasa de puntillas sobre algunos clichés necesarios, pues como se busca un drama humano han de tirar por historias realistas (matrimonios rotos, familias peleadas, hijo drogadicto…), y la llegada del holocausto difícilmente puede sorprender porque lo hemos visto mil veces, pero como digo, el esfuerzo de los realizadores se nota en todo momento. Se inclinan acertadamente por ponerte ante personas que parezcan verosímiles, tangibles, y las van introduciendo poco a poco en la situación de desconcierto previa al fin del mundo, para finalmente lanzarlas de lleno hacia la caída de la civilización. El clima de tensión y agobio creciente está muy logrado, y el destino de los personajes llega con intensidad.

De ahí en adelante la serie evoluciona de maravilla, exponiendo tramas sobre supervivencia al límite muy llamativas. Como en The Walking Dead, aquí el peligro mayor es el propio ser humano, pues enfrentado a situaciones extremas es capaz de lo peor. El caos en la ciudad, las revueltas, el gobierno desbordado, el dominio del más fuerte, los conatos de recuperar la sociedad… Constantemente vemos discusiones sobre moral, justicia, venganza, democracia contra anarquía y demás dilemas que sacaría a relucir un ambiente así, Y lo mejor, todas estas historias muestran muy bien ese afán por buscar un relato más consistente. Así, hay numerosas escenas estupendas que transmiten muchísimo mediante silencios (la visita al colegio que abre los ojos a la protagonista ante lo que está pasando realmente), a través de detalles (esta misma mujer pintando la casa como si nada pasara, en un vano intento de volver a la vida normal) y que tiran de lo sencillo pero emotivo (el destino del vecino). Y todo ello se desarrolla en una atmósfera de suspense de muy buen nivel: el peligro acecha en todo momento, tanto por la amenaza zombi como por el hombre, y los personajes están siempre al borde de la locura o desesperación.

Hay que matirzar que queda claro que es una obra sobre cómo la humanidad enfrenta el final de la civilización, porque parece mentira que después de tantas temporadas de la serie madre abordando estos temas todavía haya espectadores que lloran porque no es acción zombi básica sin nada detrás. Casi ningún caminante se ve en el piloto, y claro, ya echaron pestes para todo el año. Pues ellos se pierden una temporada notable llena de drama de buen nivel, intriga constante y lecturas muy atractivas sobre el ser humano.

Otra virtud relevante es la puesta en escena, pues aunque sigue siendo algo convencional y limitada, empieza algo por encima de un listón que The Walking Dead tardó unos cuatro años en alcanzar. Se exponen bien las situaciones más complicadas (atención a la huída entre el caos del tercer episodio), la atmósfera opresiva es muy efectiva, se manejan bien las escenas con muchos personajes en escenarios reducidos (pasan muchas cosas en la casa y nunca da la sensación de ser una serie pobre en recursos narrativos)… Finalmente el otro elemento crucial es el reparto, donde también se nota el cuidado por superar las notables cagadas anteriores, pues por The Walking Dead han pasado actores mediocres y también malos, de hecho pocos han dado la talla realmente. Los veteranos Kim Dickens (Deadwood, Treme) y Cliff Curtis (Trauma, numerosas películas) están excelentes como cabía esperar, y los jóvenes sorprenden con interpretaciones muy sólidas: Frank Dillane (hijo del gran actor inglés Stephen Dillane) consigue un rol entre miserable y lastimero, y Alycia Debnam-Carey saca bastante de la típica adolescente pasota. El resto mantiene el tipo, en especial Rubén Blades como el mejicano sin escrúpulos, aunque merece una mención especial el carismático rol secundario que logra Colman Domingo, aquel vendedor adinerado tan elocuente e inteligente.

Pegas pocas, aparte de que me parece un poco cobarde empezar con tan pocos episodios. Puedo señalar que el quinto pierde algo de fuelle, y que en el final la horda zombi desaparece cuando les resulta conveniente a los guionistas, pero nada más empaña una temporada que ofrece todo lo que debería haber sido The Walking Dead desde un principio pero tanto le costó conseguir y tanto le cuesta mantener. Así pues, démosle la bienvenida y esperemos que no sea un espejismo y siga por buen camino.

PD: Me parece surrealista que hayan contratado y dado crédito a un compositor ya de cierto renombre, Atticus Ross (La red social, Perdida, Millenium 1), para los pocos segundos de música, o más bien de efecto sonoro, que acompañan al cartel de la serie, porque títulos de crédito no tiene. Y seguro que no ha cobrado poco.