Archivo de la etiqueta: Jonathan Frakes

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 1

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1987
Ciencia-ficción, suspense, drama | 25 ep. de 45-92 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Desine Crosby, Michael Dorm, Marina Sirtis, Gates McFadden, Will Wheaton.
Valoración:

Hay bastante consenso entre la mayoría de seguidores de Star Trek (o trekkies) en que la primera temporada de La nueva generación es la más floja junto a la séptima, que la serie no encontró realmente su camino hasta la tercera. Yo no lo comparto del todo. Aunque hay diferencias estilísticas y argumentales a partir de la tercera y en calidad media se puede considerar la mejor, la presente me parece superior a otras (segunda, séptima) y no puedo decir que sea claramente inferior a las restantes. A veces me da la impresión de que los fans miden la calidad según tengan algún gran episodio o no. ¿Y los otros veintitantos qué? Precisamente esta etapa tiene bastantes capítulos muy infravalorados.

Es cierto que hasta el tercer año no se adentran más a fondo en historias políticas y culturales de mayor recorrido y en episodios atípicos, temas y estilos aquí apenas presentados, pero en la línea de exploración y conflicto con lo desconocido (tanto ciencia como cultura), generalmente con subtextos de corte intelectual y ético, sienta unas bases estupendas que luego se repetirán mucho, rara vez aportando algo novedoso. Y en cuanto a los protagonistas, el carisma de estos brilla desde el primer momento, con unas personalidades y relaciones muy llamativas que te enganchan incluso en las aventuras menos logradas, pero salvo por un par de cambios de puestos apenas se moverán de su descripción inicial en los años venideros.

Se hizo evidente que la posición de algunos no fue la más acertada e hicieron algunos cambios en cuanto enfocaron la segunda temporada. Geordi es presentado aquí como timonel, pero el puente de mando está sobrecargado mientras en ingeniería tiran de personajes extras y excusas para que otros bajen allí, así que aparecerá como jefe de ingenieros sin más rodeos. Worf empieza como el alienígena de turno, pero su situación no queda clara, no es el tipo raro que debe adaptarse, lugar que ocupa Data, sino que empieza como segundo de Tasha Yar, la jefa de seguridad y encargada de la consola de combate, lo que es redundante y por ello estaba quedando relegado. Por suerte para él, la actriz abandona la serie al final de esta etapa y Worf toma su cargo y poco a poco adquiere mayor protagonismo, llegando a ser el personaje que más evoluciona o al menos el que más experiencias fuera del trabajo tiene.

En el acabado sí habrá modificaciones más llamativas. En cuestión de dirección es perdonable porque, como es de esperar, en el primer año falta práctica y dinero, y realmente sólo unos pocos capítulos acusan deficiencias dignas de mención, el resto ofrece un acabado muy bueno y no tardará en ir mejorando hasta ofrecer un estándar de calidad excepcional para una serie. Donde sí falla ostensiblemente es en una fotografía que acusa una iluminación que se quedaba vieja en esa época, pues era muy de la línea de la original, con focos puestos de mala manera de forma que hay sombras por todas partes, incluyendo los rostros de los actores. Tampoco en el vestuario empezaron con muy bien pie. La caracterización de personajes secundarios no ha envejecido bien, y para los principales diseñaron unos trajes elásticos un tanto cutres, que parecen pijamas, y que resultaban muy incómodos a los actores. En la tercera temporada, cuando Rick Berman toma el control de la producción, cambian ambas cosas muy para mejor.

La banda sonora se puede decir que tampoco se modernizó, optándose por una orquesta clásica, pero con el nivel de la composición de los dos músicos principales, Dennis McCarthy y Ron Jones, y la estupenda orquestación lograda, resulta por lo general muy versátil y tiene momentos estupendos. También hay capítulos o tramos donde está menos conseguida por las prisas, pero nunca como para lastrar el relato seriamente.

Como comenté en el apartado de la introducción, la producción fue un caos, los guionistas, productores menores y otros puestos técnicos seleccionados por el propio Gene Roddenberry entre amigos y colaboradores de la serie original (destacando a David Gerrold y D. C. Fontana, que trabajaron en la creación del concepto de la serie y el universo imaginario) acabaron todos enemistados con él por sus abusos laborales y personales, acrecentados por sus excesos con las drogas y su mal carácter, y fueron dejando la serie, y los relevos tampoco duraban. Sólo un escritor independiente, Tracy Tormé, también conocido de Roddenberry, se salvó o fue capaz de aguantar, y eso que sus ideas eran las más atrevidas y eran constantemente rechazadas o alteradas, primero por Roddenberry, luego por Maurice Hurley. Hurley, otro amigo cercano del creador, llegó poco antes de la mitad de temporada para tomar las riendas de la sala de guionistas, aunque no caía bien en el set y pronto empezó también a chocar con las formas de trabajar de Roddenberry.

Heredado de la serie clásica, la mayor parte de los episodios comienzan con una introducción narrada señalando donde está el Enterprise y cuál es su misión, y enseguida se presenta el conflicto, entrando así de lleno en materia sin necesitar varias escenas para situarnos. También hay narración a modo de resumen tras los fundidos en negro donde iban las pausas publicitarias, simulados como entradas del diario de abordo por parte del oficial al mando. Si bien denotan la estructura narrativa obligada para la televisión, no suelen resultar muy cargantes ni parecer algo demasiado viejo, pues son frases breves o aportan información y planes nuevos.

Aunque por el caos de los inicios de la producción algunos de los primeros capítulos quedaron algo cutres (Código de honor, Puerto) y otros vieron algo limitado su potencial (El último baluarte, Soledad en compañía), la maduración respecto a la serie madre se nota pronto, las bases del universo imaginario están mejor establecidas y son evidentes las mejoras presupuestarias y por tanto visuales. En el rango de historias empieza muy cerca de aquella, casi podemos decir que no se atreven a correr muchos riesgos, de hecho, el guion de El presente inexorable es una especie de continuación/remake de Horas desesperadas (107), y Un periodo de tiempo demasiado corto bebe mucho de los capítulos tipo Un lugar jamás visitado por el hombre (101). Pero pronto empieza a buscar sus propias historias de exploración (Donde nadie ha podido llegar), de choques culturales (Soledad en compañía, Ángel Uno), retos científicos y éticos inesperados (Números binarios, Suelo habitado) y conflictos con entes asombrosos y peligrosos (Datalore, La piel del mal).

Paulatinamente presentan las nuevas ideas que expandirán el universo. Las tramas iniciales de la holocubierta (El gran adiós) y Data (Datalore) no son redondas pero sientan unos precedentes para que en próximas temporadas las traten más a fondo. Las razas secundarias importantes van haciendo acto de presencia, siendo algunas nuevas y otras que apenas tuvieron desarrollo en la original: Los Klingon (Corazón de gloria), los Ferengi (El último baluarte, La batalla) y los romulanos (La zona neutral). Y hay unas pocas ideas de ciencia-ficción bastante complejas para la época: Números binarios trata informática avanzada cuando prácticamente nadie tenía ordenadores en casa, La zona neutral y Simbiosis parecen sacados de novelas del género.

La nueva generación resulta una actualización bastante buena, aprovechó las bases tan originales de la serie madre pero aportó su propia esencia. Llenó un hueco que tras la original y Galáctica, estrella de combate (Glen A. Larson, 1978) ninguna otra consiguió llenar, y lo hizo de forma que dejó poco margen a la competencia: la combinación de exploración y retos científicos (algunos como digo de nivel literario) con dramas y dilemas éticos de gran calado es fascinante, y todo se pone sobre los hombros de unos personajes con enorme magnetismo. Por ello es una obra muy perdurable en el tiempo, es decir, envejece bastante bien si exceptuamos los cutrecillos primeros episodios.

El estreno fue un éxito, con audiencias notables, más tratándose de un género minoritario, y gran rentabilidad gracias a emitir directamente en sindicación y a las ventas de derechos al resto del mundo. El fervor trekkie se mantenía vivo gracias a las películas de la tripulación original, pero La nueva generación lo llevó a donde nunca antes una serie había conseguido llegar.

Tras el salto incluyo el análisis por capítulos.
Sigue leyendo

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LOS ACTORES

Uno de los aspectos clave para que Star Trek: La nueva generación (1987-1994) fuera un éxito, mantenga un buen recuerdo y sea capaz de atraer nuevos espectadores es su poco numeroso pero carismático repertorio de personajes y el gran talento, cohesión y química que mostró el reparto. Sólo algunos roces con productores de mala calaña empañaron este campo en las primeras temporadas, pero ya entonces todo el reparto se había encariñado con sus roles y la serie. La mayor parte de ellos ha afirmado que esta ha sido la mejor etapa de sus carreras.

Tres actores fueron anunciados con bastante antelación, LeVar Burton, Patrick Stewart y Jonathan Frakes, pues llamaron la atención de los productores por algunos de sus papeles. Luego fueron llegando los demás, con algunos cambios de última hora bastante habituales en cine y series pero no por ello menos curiosos; por ejemplo, a Denise Crosby y Marina Sirtis les intercambiaron los papeles tiempo después de haber hecho las audiciones.

Patrick Stewart (el capitán Jean Luc Picard), nació en 1940 en un pueblecito de Yorkshire, Reino Unido. Desde pequeño le apasionó la interpretación, y pronto se labró una buena carrera en teatro con la famosa Royal Shakespeare Company, aunque tuvo también esporádicas apariciones en series británicas, como Yo, Claudio (1976). En una visita a la Universidad de California, en alguna conferencia sobre Shakespeare, un productor menor de La nueva generación se fijó en él y se lo propuso a sus compañeros. A pesar de la anécdota de que Roddenberry se plantó diciendo “No podemos poner un capitán calvo”, se quedaron prendados de su porte regio que encajaba en la descripción del serio capitán francés (aunque lo cierto es que mantuvo un levísimo acento inglés).

Por el lado de los productores, sorprende que no les inquietara que en EE.UU. fuera un completo desconocido, y por el suyo, extraña que aceptara, porque suponía romper con toda su vida personal y laboral cuando hasta entonces no se había movido de un registro muy clásico, incluso había rechazado géneros como la ciencia-ficción. Más tarde declaró que en la primera temporada lo pasó bastante mal, sintiéndose desubicado con las formas de trabajar en la televisión estadounidense y con actores con un estilo y experiencias muy distintos. Pero en adelante se adaptó, surgió una gran amistad con los demás y se enamoró del personaje y de la valentía de la obra en temas trascendentales. Ha declarado en ocasiones que su papel favorito y la experiencia de su vida ha sido Picard y La nueva generación. De ahí que aceptara con entusiasmo volver al personaje en la nueva serie, Picard (2020).

Jonathan Frakes (el comandante y segundo oficial William Riker), nació en 1952 en Pensilvania, EE.UU. Estudiaba psicología cuando empezó a interesarse por el teatro, y terminó cambiando de ramo. Tenía una buena carrera en televisión, incluyendo algún culebrón pero también miniseries de prestigio, como Norte y Sur (1985). Al contrario que otros del reparto, no lo tenían en mente los productores, sino que pasó por las audiciones de rigor hasta conseguir el puesto.

LeVar Burton (el ingeniero Geordie La Forge, que empieza como teniente junior y pronto asciente a teniente comandante), nació en 1957 en un cuartel militar de EE.UU. en Alemania del Oeste. Estudió interpretación en California y lanzó su carrera en televisión con la famosa miniserie Raíces (1977), interpretando a la versión joven de Kunta Kinte. A esta le siguieron numerosos telefilmes y un programa educativo que presentó y produjo ganando bastantes premios, Reading Rainbow (1983). Inspirados por un fan enfermo, los productores hicieron que el personaje fuera ciego y tomara su nombre.

Brent Spiner (el teniente comandante Data), nació en 1949 en Houston, Texas. No llegó a acabar sus estudios de interpretación, y vivió como taxista hasta que fue encontrando trabajos como actor a finales de los setenta. También tenía bastante experiencia en televisión cuando fue contratado, y no ha tenido una mala carrera posteriormente, con algún papel tan prominente como el del científico de las dos entregas de Independence Day (1996, 2016).

Michael Dorn (el klingon Worf, teniente junior al principio y luego ascendiendo), nació en 1952 en Texas pero se crio en Pasadena, California, donde realizó un curso de radio y televisión en una universidad comunitaria (algo así como la formación profesional de España). Empezó como intérprete siendo extra en Rocky (1976), donde un agente se fijó en él. No tenía un currículo tan largo como los demás cuando llegó a La nueva generación, pero sí ha mantenido un buen ritmo de trabajo desde entonces, sobre todo poniendo su voz en muchas obras de animación. Además, entró a formar parte del elenco de Star Trek: Espacio Profundo Nueve a partir de su cuarta temporada. Con el sueldo de la serie consiguió realizar su gran sueño: ser piloto de aviación. Se sacó la licencia y llegó a volar con escuadrones de exhibición de renombre y a comprar varios aviones a reacción usados en este campo.

Marina Sirtis (la consejera Deanna Troi, teniente comandante), nacida en Londres, 1955, se apasionó por el teatro desde el instituto, y alternó teatro y televisión británica hasta que en 1986, con 31 años de edad, se fue a Estados Unidos buscando mejores oportunidades. La aceptaron en La nueva generación justo cuando se le acababa la visa y estaba a punto de volver a Reino Unido. Se quejó de que en las primeras temporadas era más bien una mujer florero, con escote y tramas románticas tontas, y tardaron en ponerle uniforme y meterla en acción más seria. Su carrera tras la serie tiene bastantes papeles secundarios.

Gates McFadden (la comandante y jefa médica Beverly Crusher), Ohio, 1949, se graduó en artes escénicas con matrícula en una universidad privada en Massachusetts y luego siguió estudiando en París. Empezó trabajando como especialista en coreografías y movimientos de los muñecos de la compañía de Jim Henson, en películas como Laberinto (1986), y antes de La nueva generación apenas tenía cuatro papeles breves ante la cámara. En la segunda temporada no apareció porque se quejaba del machismo de los principales guionistas y productores ejecutivos, Gene Roddenberry y Maurice Hurley, y en cuanto este último ganó algo de poder la despidió. Pero a la larga ambos productores acabaron enemistados con todo el mundo y terminaron perdiendo autoridad o fuera de la serie, y así pudo volver en la tercera temporada. Después de Star Trek ha conseguido muy pocos papeles, pero ha trabajado bastante enseñando teatro en universidades varias. Fue la única del reparto que se mantuvo alejada de las convenciones, debido a un incidente con un acosador, pero volvió a ellas en 2014.

Will Wheaton (el joven Wesley Crusher, hijo de la doctora Beverly, que pronto toma el rango de cadete en funciones), Mississippi, 1972, entró en la serie con 14 años, pero ya tenía unos cuantos papeles a cuestas, destacando el protagonista de Cuenta conmigo (1986), que fue bastante aclamada y llamó la atención de varios productores. Pero Wesley pronto resultó un crío sabelotodo que muchos espectadores tenían por insoportable, y su protagonismo se vio reducido hasta tener apariciones muy esporádicas. Como los demás, tuvo una carrera larga pero en papeles secundarios y voces en series animadas. Cabe destacar su aparición en Big Bang Theory (2007) haciendo de sí mismo durante bastantes capítulos. Siempre ha sido un referente de la cultura friki, algo que él mismo ha fomentado en convenciones, blogs y apariciones como la citada serie.

Denise Crosby (teniente y jefa de seguridad en la primera temporada), nacida en Los Ángeles, 1957, alternaba papeles secundarios en televisión y cine antes de hacerse con el rol de Tasha Yar, aunque, como he señalado, audicionó para la consejera Troi. Pronto se sintió decepcionada con el nulo progreso de su personaje y decidió abandonar la serie para buscarse una carrera mejor. Logró algún buen trabajo (70 minutos para huir -1988-, El cementerio viviente -1989-), pero nada que le diera más empuje, y se fue encasillando en papeles breves en series hasta que hace pocos años consiguió alguno más recurrente. Sin embargo, al poco de dejar La nueva generación se arrepintió, fuera por el éxito de la serie o por el cariño que los demás actores cogieron a sus personajes, y mantuvo una buena relación con la saga, asistiendo a convenciones y consiguiendo apariciones en unos pocos capítulos que trataban de viajes en el tiempo y realidades alternativas.

Al reparto le pasó lo mismo que al de la serie original, quedaron encasillados en estos personajes y salvo Patrick Stewart, que tuvo el exitazo de la saga X-Men (año 2000 en adelante), ninguno consiguió volver a tener papeles protagonistas llamativos. Es algo que no entiendo, todos eran actores de primer nivel y la notable fama que les dio la serie debería haberles abierto puertas. No me extrañaría que vivan principalmente de las rentas de Star Trek, de las convenciones y poner voces en videojuegos de la saga. Muchos también aparecen en parodias varias, como The Orville (Seth MacFarlane, 2017).

Al menos Frakes se labró una buena carrera como director de multitud de series, incluyendo importantes participaciones en cada entregas de la franquicia, los largometrajes Primer contacto (1996) e Insurrección (1998) y las recientes Discovery (2017) y Picard (2020), así como en The Orville. LeVar Burton también ha dirigido, pero fuera de Star Trek su carrera no es tan extensa como la de aquel.

Siendo una serie de pocos personajes y escasa continuidad, los roles secundarios fueron poco numerosos y menos aún tuvieron bastante presencia, pero algunos que cité en el apartado de Star Trek: La nueva generación – La serie lograron dejar huella también en gran parte gracias al buen hacer de sus intérpretes.

Colm Meaney, quien desde entonces ha aparecido en infinidad de series y películas, aunque rara vez como protagonista, entró como extra sin nombre, gustaría lo suficiente para repetir ya con nombre, Miles O’Brien, y cuando los escritores pensaron que necesitaban un oficial secundario se dieron cuenta que de que ya lo tenían. Y a este le pusieron una mujer, la botánica Keiko, en manos de una encantadora Rosalind Chao. Aunque no caló entre el público por ser sustituir forzosamente a Beverly Crusher y parecer una imitación del doctor McCoy, la doctora Pulaski estaba muy bien encarnada por Diana Muldaur, una veterana de la televisión que había aparecido en casi toda serie de renombre de la época, incluyendo dos papeles secundarios en Star Trek La serie original. Majel Barrett, esposa de Roddenberry, puso voz a todos los ordenadores de la saga hasta su fallecimiento, pero también estuvo frente a la cámara en la presente como la madre de Troi, Lwaxana, otro rol cargante pero al que dio vida con energía. Aparte de la saga tuvo trabajos muy secundarios en televisión, hasta que se metió a productora de La Tierra: conflicto final (1997) y Andrómeda (2000).

En un grado inferior tenemos otros recurrentes muy interesantes. El oficial torpe y antisocial Barclay fue captado a la perfección por Dwight Shulze. Whoopi Golrdberg, gran fan de la saga, consiguió tener un papel bastante interesante, la enigmática pero simpática camarera Guinam. Es conocida por comedias y dramas de gran éxito como Sister Act (1990) y Ghost (1992). Michelle Forbes deslumbró con la alférez Ro Laren, una bajorana respondona, y ampliaron su papel hasta el punto de pensar en ella para Espacio Profundo Nueve… pero quiso buscar suerte en el cine y optaron por llevar allí a O’Brian y Keiko. Forbes tardó en tener éxito, y fue precisamente en televisión, con True Blood (2008), En terapia (2008), The Killing (2011)… John de Lancie dio rienda suelta al alocado y misterioso Q, que también apareció en otras secuelas. Y por afinidad, citaré a Andreas Katsulas, el mítico G’Kar de Babylon 5, que aquí apareció unas pocas veces como un alto mando Romulano que parecía que iba a convertirse en el archienemigo de Picard, aunque finalmente la rivalidad con esta raza no llegó a desarrollarse a fondo.

También es interesante practicar el juego del pillacaras. Numerosos actores bastante conocidos luego en televisión e incluso cine tuvieron algunos de sus primeros papeles aquí. Famke Janssen, Billy Campbell, Ashley Judd, Kelsey Grammer, Kirsten Dunst, Teri Hatcher

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LA SERIE

La estética que le otorgaron a Star Trek: La nueva generación (1987-1994) se debe a lo que en los años ochenta entendían por moderno, decorados de colores ocre llenos de curvas para los interiores de la nave y vestuario imitando licra. Pero por suerte optaron por un estilo minimalista, con diseños sencillos y elegantes que han envejecido muy bien comparando con otras horteradas de la época. Sólo el vestuario falló un poco inicialmente, con unos trajes muy ajustados que parecen chándales de mercadillo y que resultaban muy incómodos para los actores, pues les tiraban de los hombros, daban calor, olían mal… Hasta que estos empezaron a sufrir serios problemas de espalda no se decidieron a cambiarlos por unos de dos piezas y enteramente de algodón mucho más bonitos y versátiles, fórmula que han seguido en todas las series posteriores con pocos cambios.

En la recreación de la tecnología futura fueron, como en la original, unos visionarios en el uso y capacidades de los aparatos y ordenadores, pues se han ido haciendo realidad de forma muy parecida: pantallas planas táctiles, tabletas y móviles, diseño de menús… En cuanto a las naves, exprimieron los diseños rompedores de la serie original, ofreciendo un sinfín de navíos asombrosos y con cada raza teniendo su propio estilo muy diferenciado. En lo personal, diré que llegué a esta serie después de las películas de la tripulación original, y el Enterprise me pareció bastante feo en un principio… pero tras unos cuantos capítulos acabé encariñándome, sobre todo porque las maquetas son tan detalladas que parece real.

Aunque rodaron en 4:3, el formato cuadrado de televisión en la época, lo hicieron con un estándar de calidad cinematográfica, exceptuando una iluminación un tanto fallida en las dos primeras temporadas. El habitual primer plano y contra plano simplón de la mayor parte de series ha hecho que estas envejezcan muy rápido y mal, pero Star Trek: La nueva generación tiene un aspecto moderno y virtuoso. La estupenda fotografía de planos medios y la dirección muy cuidada permite que las escenas respiren con naturalidad, con varios personajes interactuando a la vez, y a partir del tercer año se pusieron las pilas también con la iluminación, sacando todo el partido a los interiores del Enterprise. Hay que destacar también un aspecto que suele pasar desapercibido para muchos, una banda sonora orquestal de gran calidad y versatilidad, compuesta principalmente por Dennis McCarthy.

Pero si por algo dejó huella Star Trek (1966-1969) y mantuvo La nueva generación es por sus historias tan originales e inteligentes, adelantadas a su tiempo y bastante profundas en temática. Cada capítulo ofrece elaborados dilemas éticos, conflictos sociales y culturales complejos y fascinantes, intrigas políticas y retos científicos muy variados a pesar de su tono fantasioso (incluyendo la famosa tecnojerga).

Gene Roddenberry y su equipo de guionistas exploran más a fondo la utopía soñada en la serie original. Tras siglos de desigualdades y guerras la humanidad dio un giro y ansía una sociedad pacífica dedicada al progreso en todo ámbito, no a la despiadada búsqueda de éxito personal y económico y la imposición sobre otras culturas. El dinero deja de existir, todos trabajan por el bien común y el estado, y la realización personal no se basa en pisotear a otros. (Curiosamente, en EE.UU. nunca ha arrastrado acusaciones de comunista). Así surge la Federación, un sistema de gobierno con una gran flota estelar que funciona más como organización científica que política y militar, pero que obviamente tiene que cuidar mucho las relaciones con otros pueblos.

La tripulación protagonista, a bordo del navío insignia, el Enterprise NCC-1701-D, viaja por la galaxia buscando nuevas formas de vida y adquiriendo conocimientos, siempre enarbolando los principios de la Federación. Los retos que van enfrentando los ponen a prueba en lo personal, en la ética y las normas por las que se rigen. Hay encuentros con razas alienígenas tan extrañas que se producen peligros inesperados. En el estudio de especies más atrasadas la norma es no intervenir en su evolución, algo que más veces de las que querrían genera grandes dilemas. Otras razas son hostiles, como los klingon y los romulanos, con los que hubo guerras recientes y todavía hay un ambiente explosivo, sobre todo con los últimos, con quienes se mantiene una tensa guerra fría.

En todos los conflictos la solución se busca a través de la razón, la ciencia y la negociación, por lo que es una serie de diálogos, pausas tensas y giros inesperados más que de acción. Batallas hay muy pocas, los capítulos de ritmo trepidante escasean. Pero es adictiva, porque siempre está narrando algo con calado a través de personajes con gran carisma.

Jean Luc Picard (Patrick Stewart) es un capitán serio, muy rígido a veces, pero de los que dan todo por su tripulación e ideales. Su segundo, William Riker (Jonathan Frakes), es el contrapunto perfecto para el mando, porque es la cara cercana y amable de los altos mandos, lo cual también parece frenar su carrera, pero como él dice, está a gusto en el Enterprise. El androide Data (Brent Spiner) es la nueva versión de Spock , el personaje críptico que trata de aprender cómo se comportan los humanos. Junto al ingeniero Geordi La Forge (LeVar Burton) forma un dúo memorable, siempre apasionados por su trabajo y ser mejores personas. Deanna Troi (Marina Sirtis), mitad humana mitad betazoide, una raza de telépatas, tiene capacidades empáticas, lo que la hace la perfecta consejera y psicóloga de abordo. Worf (Michael Dorn) es un klingon criado por humanos; su beligerancia y sus problemas familiares y culturales le traen constantes problemas, pero su posición en la nave nunca queda en entredicho. La doctora Beverly Crusher (Gates McFadden) aporta su madurez y férrea moral, además de una cercana amistad con Picard y un pasado en común. Su hijo, el joven Weasley (Wil Wheaton), supuso el único conflicto con los fans, porque pronto fue odiado por la representación del adolescente sabihondo y metomentodo que hacen, así que a las pocas temporadas optaron por apartarlo.

Hay unos pocos secundarios recurrentes, algunos tan interesantes que querrías que hubieran aparecido más, como la teniente Tasha Yar (Denise Crosby), el técnico O’Brien (Colm Meaney) y su novia la botánica Keiko (Rosalind Chao), pareja que acabaría en Espacio Profundo Nueve, la enfermera Ogawa (Patti Yasutake), la camarera Guinan (Whoopi Goldberg), siempre dipuesta a escuchar problemas, el enigmático Q (John de Lancie), experto en generarlos para su diversión, el hijo de Worf, Alexander (Brian Bonsall), el gemelo malvado de Data, Lore, y mis favoritos, la ruda teniente Ro Laren (Michelle Forbes) y el patoso teniente Barclay (Dwight Schultz). En el lado malo están la pesada madre de Troi, Lwaxana (Majel Barrett), que se llevó los capítulos más tontos y plomizos, y la doctora Pulaski (Diana Muldaur), quien sustituyó a Beverly Crusher en la segunda temporada por imposición de un productor y no sentó bien a los seguidores, lo que empeoró por su personalidad arisca tan forzada, una burda imitación a McCoy.

El reparto fue elegido con tino, todos mostraron gran química desde el principio, haciendo de cada reunión y disputa algo digno de ver. Sólo Jonathan Frakes estuvo algo perdido el primer año, pero fue cogiendo confianza poco a poco, amén de que la barba le dio un porte más digno. En cambio, Patrick Stewart deslumbró instantáneamente y tuvo intervenciones inolvidables en cantidad.

Pero Star Trek: La nueva generación arrastró carencias importantes que frenaron su potencial. Roddenberry concibió una serie muy constreñida en unas directrices concretas, lo que limitaba demasiado el rango de historias a contar, y su utopía iba demasiado lejos, eliminando cualquier conflicto entre tripulantes. Los otros productores principales, Rick Berman y Michael Piller, tomaron las riendas en la tercera temporada anunciando que acabarían con esas barreras, pero a la hora de la verdad apenas hubo evolución: el inmovilismo lastra sus siete años.

La progresión del drama personal es mínima, y casi todas las tramas de largo recorrido se quedan en el aire después de tantísimos capítulos como tuvieron para tratarlas con mejor tacto. Las relaciones interpersonales y laborales se basan en unas bases que exprimen bien… pero sin moverse de ahí, con miedo a cambiar de dirección, de avanzar hacia algo nuevo. Los romances en tensión no evolucionan un ápice (Troi y Riker, Beverly y Picard), las historias que dejen secuelas son escasas y se retoman en raras ocasiones. Prácticamente solo Worf tiene avances en lo personal, con las puntuales incursiones en su lado familiar, y solo los klingon sufren cambios políticos que afectan en siguientes episodios. Los romulanos, los borg, los cardasianos, las intrigas en el mando de la Federación… tantos frentes prometedores abiertos, y no se atrevieron a desarrollarlos. En Espacio Profundo Nueve (1993-1999) tomaron nota de esos fallos y cambiaron muy acertadamente de estilo.

Incluso en sus puntos fuertes se produce pronto un estancamiento, se abusa de la misma fórmula más de la cuenta. Sí, de vez en cuando consiguen aportar nuevas perspectivas, pero por lo general hay demasiados capítulos repetitivos y poco inspirados donde se reincide en algunos patrones demasiado: el conflicto con un ente alienígena desconocido que pone en peligro al Enterprise y se soluciona con palabrería tecno científica; la eminencia en negociaciones que tiene secretos que ponen en peligro las relaciones entre pueblos; la sociedad idílica que esconde algo; el bucle temporal que permite a los guionistas hacer cosas que en condiciones normales no se arriesgarían, pues al final harán un reset; el roce con los romulanos que no llevará a nada; etc.

Con todo, las virtudes obviamente se imponen en un conjunto con gran personalidad y que aguanta el paso del tiempo muy bien, pues Star Trek: La nueva generación sigue no sólo recordándose con agrado, sino ganando nuevos adeptos año tras año.