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MANHATTAN – TEMPORADA 2 Y FINAL

WGN America | 2015
Drama | 10 cap. de 55 min.
Productores ejecutivos: Sam Shaw, Thomas Schlamme, David Ellison…
Intérpretes: John Benjamin Hickey, Ashley Zukerman, Rachel Brosnahan, Michael Chernus, Christopher Denham, Katja Herbers Harry Lloyd, Olivia Williams. William Petersen, Daniel London.
Valoración:

En la primera temporada de Manhattan el equilibrio distaba de ser perfecto, pero la combinación de drama de época, thriller de intrigas personales con un toque de espionaje, y recreación pseudohistórica de una de las grandes epopeyas científicas del hombre, ofrecía una serie muy llamativa cuyo excelente acabado visual (de la mano del gran Thomas Schlamme) terminaba de ensalzar su atractivo. Pero esta segunda etapa rompe el hechizo y la desestructurada narrativa termina bajando mucho el nivel. A pesar de tener menos capítulos (diez) se ha hecho menos interesante y más larga, con lo que las audiencias han respondido alejándose y ha terminado cancelada. Llegamos a la prueba Trinity con los protagonistas entrando en un nuevo rumbo en sus vidas, así que al menos hay sensación de final.

Los tres géneros se hayan ahora en casi total discordancia. El thriller cobra demasiado protagonismo, tanto el de intrigas personales como el de espionaje. De nuevo cada personaje está empecinado en sobreponerse a los demás a base de planes maquiavélicos e improvisaciones constantes, porque lo cierto es que cada capítulo añade buenas dosis de misterio y giros inesperados que cambian lo planificado. Otra cosa es que sean de calidad… Por ejemplo, que uno de los momentos cumbre en la carrera de Charlie venga de los cotilleos que escucha la esposa por el teléfono es un tanto simplón. Por si fuera poco, sobre todo este jaleo se potencia el espionaje. Una cosa es mostrar cómo el ejército lo tenía todo controlado y cómo emerge la obsesión comunista, otra convertir a la mitad de los personajes principales en topos (uno de Inglaterra, otro de Rusia, otro con sospecha de ser nazi)… y los que no lo son, tienen unas guerras abiertas con todos los demás que también rozan constantemente la traición.

Como extensión de estos problemas está la obsesión que cogen los guionistas con Frank Winter, quien copa demasiado metraje y tramas, engullendo a los demás, algunos de los cuales pierden demasiado protagonismo a pesar de su atractivo y potencial. Charlie y Paul prácticamente acaban siendo de relleno, y es una pena porque Ashley Zukerman y Harry Lloyd son los dos mejores intérpretes masculinos del reparto. Frank, el genio científico que lideraba el proyecto de implosión, acaba convertido en un paria, una especie de hippie o rojo anti bomba dispuesto a todo para frenar el proyecto. Sus convicciones no se trabajan lo suficiente para que nos creamos semejante cambio. Sí, lo sumergen de lleno en los líos de espionaje, con ese capítulo centrado en su cautiverio, pero no me parece suficiente como para un cambio tan radical. O al menos no está bien desarrollado, porque sabemos que era capaz de traicionar a cualquier por seguir sus ideales, y se puede entender que emerjan dudas sobre el uso que harán con la bomba, pero de ahí al extremo al que lo mandan hay un salto muy brusco que no se hace con la transición adecuada, y la exposición de esta nueva postura roza el ridículo en ocasiones: eso de que acabe de soldado raso chanchulleando de acá para allá no se sostiene de ninguna manera.

Así pues, tenemos topos sobre topos e intrigas sobre intrigas hasta que da la sensación de que nadie en The Hill está centrado realmente en su tarea excepto el general (William Petersen), con lo que parece que nadie trabaja de verdad en la bomba. Diez episodios supuestamente a contrarreloj porque ya tienen la fecha de la prueba, y apenas hemos visto un par de escenas donde parece que dediquen esfuerzos al “artefacto”. La mayor parte del tiempo están inmersos en todas estas peleas y en unos pocos dramas personales. Estos últimos eran el único eslabón débil de la primera etapa, pero aquí el nivel global baja, así que el de esta sección también lo hace.

Las odiseas de Abby y Liza son de nuevo puro relleno, a veces no se sabe qué pintan en toda esta historia salvo cumplir con el cupo femenino. No me malentendáis: me gusta que ofrezcan la visión de las mujeres, que había muchas familias completas, pero no si se hace con tan poco tacto. Las pocas penurias realistas que vemos (como Helen luchando contra el machismo) hubieran bastado para mostrar la vida en este lugar y época, pero hay más tiempo que rellenar y se montan líos matrimoniales y familiares bastante flojos. Las disputas y enredos amorosos resultan bastante insustanciales y a veces tontos incluso cuando quieren sacarles provecho. Por ejemplo, la aventura de Oppenheimer que quiere usar Abby para que Charlie ascienda la cité más arriba, pero luego continúa con la cargante historia de los remordimientos de ella y lo mal que resuelven el tema del embarazo. Por cierto, también se olvidan del otro hijo a conveniencia y lo recuperan para otro relleno familiar forzado: la irrelevante y cansina visita del padre de Charlie. Y mientras, Liza está aún más desaprovechada, no hace nada interesante, nada que aporte algo al conjunto. Y es una pena, porque Rachel Brosnahan y Olivia Williams son dos actrices enormes.

Con todas estas tramas algo rebuscadas y malogradas los guionistas terminan abandonando del todo la poca historia real que seguían. La vida de los protagonistas se aleja por completo de los científicos en los que se inspiraban, destacando que la aventura de Frank es a todas luces excesiva. Nada parece verosímil, y desde luego no se acerca lo más mínimo a la realidad. Por ejemplo, el clímax final en la torre con Frank y Meeks peleándose con que si sabotean la bomba o no es muy flojo, casi rozando la vergüenza ajena.

A Manhattan le ha pasado exactamente lo mismo que a Master of Sex: tras una primera temporada casi modélica sus creadores no han sabido hacia dónde llevar tramas y personajes y han improvisado de mala manera tomando rumbos algo fallidos. El nivel se resiente, el ritmo también, y como resultado tenemos una temporada muy normalita en una serie que nació en la primera división y con potencial para más. No es una cancelación que me duela, porque no parece que hubiera forma de remontarlo sin cambiar la serie tanto que quedara irreconocible. Lo que sí me duele es que han echado a perder una buena oportunidad para narrar unos hechos que me resultaban muy atractivos.

PD: Pienso seguir las carreras de Ashley Zukerman y Racher Brosnahan con atención, porque son una auténtica revelación.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
-> Temporada 2 (2015)

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MANHATTAN – TEMPORADA 1

WGN America | 2014
Drama. Suspense | 13 ep. de 45-56
Productores ejecutivos: Sam Shaw, Thomas Schlamme.
Intérpretes: John Benjamin Hickey, Olivia Williams, Ashley Zukerman, Harry Lloyd, Katja Herbers, Rachel Brosnahan, Christopher Denham, Michael Chernus, Daniel Stern, David Harbour.
Valoración:

Estamos ante una aproximación no documental al Proyecto Manhattan. El escenario y el objetivo es el mismo: construir en secreto la bomba nuclear para Estados Unidos antes de que la Alemania nazi y la URSS de Stalin consigan la suya, y acabar así de golpe con la aterradora Segunda Guerra Mundial. Un pueblecito (The Hill o La Colina) improvisado en medio desierto de Nuevo México es el lugar que no aparece en los mapas al que son enviadas las mentes científicas más grandes en la emergente ciencia nuclear. Algunos son jóvenes estrellas recién salidas de la universidad, otros veteranos que han huido de Europa ante el panorama actual. Bajo estricto control militar, Oppenheimer lidera la misión, y dos departamentos, uno con más recursos que otro (este relegado a plan b de poca confianza), trabajan a destajo bajo enorme presión.

Los protagonistas son inventados pero inspirados algunos de ellos en las figuras reales que trabajaron en el proyecto. Frank Winter es el protagonista principal y se basa en Seth Neddermeyer, quien sostenía que la implosión era el camino a seguir mientras la línea principal iba por derroteros más convencionales. Le siguen varios empleados que parecen fieles (todos personajes muy complejos e interesantes), pero la volátil situación en que viven amenaza con minar cualquier relación. Sin ir más lejos Frank está cegado por su obsesión de conseguir la bomba, porque cree que es el único que puede hacerlo, y no duda en usar a cualquiera en sus enrevesados planes para salir adelante. En el otro departamento nuestro protagonista es Charlie Isaacs, una joven promesa que se verá en el ojo de la tormenta por la ambición, tanto la suya como la de otros que intentan dirigirlo.

Paralelamente vemos cómo las esposas de ambos lidian con la difícil vida en medio de la nada. Liza Winter enfrenta la frustración de ser científica pero no empleada del tinglado, y además mujer, por lo que es ninguneada; siendo incapaz de estarse quieta y calladita como manda la sociedad y en este caso el estricto programa, empieza a preguntar y actuar más de la cuenta. Abby Isaacs trata de superar la depresión de estar ahí olvidada, y la amistad con otra compañera parece animarla aunque pronto la llevará por caminos inesperados.

De primeras me costó hacerme al Frank Winter de John Benjamin Hickey, porque tenía demasiado arraigado su buen papel de mendigo simpático en The Big C y no me pegaba en un personaje tan oscuro, pero se sumerge muy bien en su rol, captando muy bien su ambigüedad moral y el estrés al que está sometido, con lo que no tardé en adaptarme. Pero para sorpresa la de la otra figura principal, Ashley Zukerman como Charlie. El desconocido actor está inmenso en un papel complejo y exigente; las escenas en que está a punto de derrumbarse pero sigue luchando y las miradas que expresan de maravilla el torrente de emociones en que está sumergido consiguen uno de los mejores papeles de la temporada televisiva, un trabajo que ha pasado tan desapercibido como la serie, me temo. Del resto no voy a citar uno por uno, todos son muy competentes, ninguno se queda atrás. Sí diría que Harry Lloyd (The Fear, Viserys en Juego de tronos) tiene talento para más que un secundario, a ver si consigue trabajos más relevantes, y que Olivia Williams (Liza) es un mostruo de actriz que merecía ser más famosa.

Manhattan es principalmente un thriller con un pie en el espionaje, pues los científicos tienen que andar con sumo cuidado para no verse envueltos en acusaciones demenciales por culpa de la paranoia del servicio de inteligencia y de los militares al mando, y otro pie en la intriga personal, donde cada individuo se monta intrincados planes y traiciones con tal de sobrevivir, obtener prestigio, acercarse a la meta en primera posición, etc. En la línea de espías, la presencia del interrogador, un oscuro Richard Schiff, resulta tan inquietante como temible, porque una vez que aparece sabes que alguien será su víctima, sea culpable o no. Y en el otro lado las traiciones entre protagonistas llegan a ser muy dolorosas.

Pero también tiene mucho de drama, tanto histórico como de personajes, y si bien en líneas generales es bastante bueno, la mezcla con el thriller no funciona del todo cuando se sale de los problemas personales derivados del trabajo para meter alguna subtrama de relleno. El tema lésbico es un patinazo enorme, y llega además cuando la trama principal también está un poco en suspenso. Por ello el tramo central de la temporada pierde bastante fuelle, teniendo un par de capítulos algo sosos y lentos. Pero la irregularidad también se va al otro extremo: alcanza algunos picos de intriga y tensión magníficos. Los personajes exprimidos al límite garantizan emoción en grandes cantidades y te mantienen pegado al asiento en espera de su caída total o su resurgir de última hora, porque giros espectaculares los hay a montones. La pega es que el cierre de temporada no es redondo tampoco (predecible y adornado con sensacionalismo), con lo que vuelve a empañar sus muchas buenas cualidades.

Lo que sí destaca sin desfallecer en ningún instante es la excelente puesta en escena. El veterano Thomas Schlamme (El Ala Oeste de la Casa Blanca) lleva las riendas de la serie imponiendo un aspecto visual de primerísimo orden. La fotografía resulta memorable, de las mejores del año, y la composición de todas las escenas denota gran planificación y enorme visión artística. Hay momentos en los que parece quedarle grande a un guion algo imperfecto.

Aun con sus limitaciones, en conjunto me ha parecido una gran temporada, pues sus virtudes superan de largo sus fallos. Aun así le pondría otra pequeña limitación a la hora de llamar la atención del espectador: por su mezcla de temáticas (ciencia, thriller, drama muy clásico) parece no tener un público objetivo claro: quizá no sea suficiente para quien espera un thriller, y desde luego se queda corta para quien busque un drama realista. No la consideraría entre las imprescindibles del año, pero es un título que no defraudará al que, buscando buena televisión fuera de las series de más pegada o de moda, quiera probar con ella.

Ver también:
-> Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 3.

The Big C
Showtime | 2012
Género | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Laura Linney, Neal H. Moritz, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver, Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hickey, Gabourey Sidibe, Susan Sarandon.
Valoración:

Todos los protagonistas han cambiado mucho desde el inicio de la serie, pero en esta temporada la evolución es aún más notable. Adam sigue madurando y buscando la forma reafirmar su personalidad, lo que implica alejarse de los padres. Su inmersión en la religión no cuenta con el agrado de Cathy (genial el episodio de la subasta, cuando ella recupera el coche), pero él sigue adelante. Tras su infarto Paul ha cambiado su perspectiva de la vida y, como hizo Cathy con el cáncer, decide ir a por todas, no desperdiciar lo que le queda de existencia. Conoce a Joy (Susan Sarandon), una emprendedora de reuniones emocionales, de esas que dan charlas sobre cómo ser feliz, y termina metido en el mundillo hasta el cuello. Andrea ahora se hace llamar Ababuo, para acercarse a sus raíces africanas. Aparte de sus roces con la lucha racial se apunta con Paul como secretaria. Sigue sin ser un personaje tan definido como los demás, pero también sigue manteniendo su vitalidad y simpatía y funciona constantemente como brújula moral y contacto con la realidad para la disfuncional familia. El único que falla un poco es Sean, pues en esta sesión está un poco infrautilizado. Su parte es más de alivio cómico, y queda algo en segundo plano. Además, usar casi todo el año el tema de la línea erótica cansa, aunque luego lo mejoran con un trío amoroso delirante.

En Cathy, protagonista absoluta de la serie, el cambio es bien palpable también, pero además resulta más interesante pues ha ido dando poco a poco un giro hacia el lado oscuro. Parece que The Big C ya no versa sobre una Cathy desesperada viendo que el cáncer la engulle, situación que aprovechaba para intentar vivir y atar cabos con la familia, sino que ahora se ha dejado llevar por la inercia y usa la enfermedad como excusa para evadirse y renegar de su vida tal y como la conocía. La temporada se va volviendo cada vez más siniestra (desde un tono de comedia, ojo), poniendo a Cathy como una egoísta desenfrenada que a veces parece la villana de la función. Vive alguna tragedia que la pone de nuevo como víctima (el timo del embarazo), pero el resto del año se dedica a sus excesos y al distanciamiento de la realidad y de su familia. La doble vida en el bar o la escapada final casi parecen eliminar la posibilidad de redención en el personaje, pero supongo que el próximo año se abordará este tema.

Es indudable que The Big C ha perdido en cada nueva temporada un poco de la energía y calidad que ofreció en su inmenso primer año, pero lejos de algunas críticas que la ponen por los suelos, a un servidor le sigue pareciendo una dramedia de gran nivel, con personajes excelentes, un ritmo muy equilibrado y muchas historias gratificantes. Además, el capítulo final es enorme.

Showtime ha firmado por una cuarta y última temporada de cuatro episodios de una hora, un formato extraño que equivale a ocho episodios de media hora.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 2.

The Big C
Showtime | 2011
Género | 13 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Laura Linney, Neal H. Moritz, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver, Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hickey, Reid Scott, Gabourey Sidibe, Cynthia Nixon, Hugh Dancy, Boyd Holbrook.
Valoración:

Cathy se las ve putas para conseguir entrar en un estudio contra el cáncer que se presenta como su única oportunidad para luchar contra la enfermedad que amenaza su vida. Paul debe afrontar las consecuentes facturas médicas, problema que se agrava cuando es despedido; debe entonces empezar una carrera a contrarreloj para encontrar un trabajo… ¿pero quiere uno digno o necesita cualquier cosa que le dé dinero rápido? Esta situación le llevará a enfrentarse a facetas de su vida que no conocía (familia antes que honor), a conocer nuevos amigos (Mykail) e incluso enfrentarse a difíciles dilemas (los robos, la cocaína…). Mientras, Adam tropieza con los amores y deseos de los adolescentes, perdido y confuso como cualquier otro humano a esa edad, y Sean (el hermano de Cathy) parece encarrilar su vida, asentar la cabeza con la construcción de su propia familia… si es que los reveses de la vida no le mandan de vuelta a la casilla cero, es decir, a las locuras que provoca su enfermedad mental.

La narración sigue siendo muy fluida, con una evolución constante que sabe llevarlo todo siempre hacia delante sin tropezar ni andarse con rellenos poco atractivos: ni tramas ni personajes son los mismos de un episodio a otro. Los caracteres son de enorme calidad, todos con rasgos claros y numerosos matices que los hacen densos y realistas, aunque destacan principalmente por lo fácil que resulta conectar con ellos, con sus problemas, esperanzas y ambiciones. El bache en la carrera profesional de Paul, el propio cáncer de Cathy, los líos de Adam en la entrada a la adolescencia, las dificultades de Sean para relacionarse en sociedad y familia… No hay parte que pierda atractivo. Y el humor es constante, sea en la línea ligera o en la dura (cuántas veces se utiliza para afrontar miserias de la vida: el personaje Lee es clave para ello –magnífica su presentación con el atropello-).

Seguramente será porque el factor sorpresa ha desaparecido (ya conocemos a Cathy y sus excesos bipolares) y porque ya no tenemos el toque tan dramático que suponía guardar en secreto la enfermedad, pero esta temporada me ha resultado menos intensa que la anterior, que ofrecía un drama bastante más fuerte y duro que el mostrado en este año. Las tramas delirantes mezcladas hábilmente con la comedia de familias disfuncionales y personajes zumbados siguen siendo excelentes, pero se echan de menos esos momentos que te ponían al borde de la lágrima.

Pero tengo también otras pequeñas quejas. Primero, no me cuadra un aspecto del tramo final. Se supone que Cathy se mete a entrenar al equipo de natación como forma de ponerse a prueba, de superarse a sí misma, y que la propia lucha contra el cáncer, donde estima que si tiene efectos secundarios es que está ganando, es motivación más que de sobra para seguir adelante. Pero en los últimos episodios se empeña en la maratón, en que tiene que hacer algo para sentir todo lo que acabo de citar, olvidando que ya lo hacía, que ya tenía retos de sobra. Precisamente el desenlace de la parte del campeonato de natación queda muy en segundo plano, cuando antes se le estaba dando más importancia. En conclusión, no puedo dejar de pensar que los guionistas forzaron la presencia de la maratón para tener un final de año concreto. No es grave, porque funciona (el último plano es bonito, aunque sea bastante manipulador), pero sí queda un poco confuso o mal desarrollado. Y segundo, el amigo que hace en el estudio contra el cáncer es un pedazo de personaje que ofrece muy buenas historias y funciona de maravilla dentro del estilo de la serie (es decir, es otra buena muestra de los problemas de seres los humanos y cómo nos enfrentamos a ellos), pero no puedo quitarme la sensación de que es una repetición paso por paso del personaje de la vecina. Y hablando de la vecina, las visiones en plan A dos metros bajo tierra no me han aportado nada.

Así pues, aunque The Big C sigue siendo una serie deliciosa, con unos personajes fantásticos y gran habilidad para jugar con drama y comedia en una misma escena, es evidente que arrastra un ligero bajón con respecto a la primera temporada.

Ver también:
Temporada 1.

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 1.

The Big C
Showtime | 2010
Drama, Comedia | 13 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Laura Linney, Neal H. Moritz, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver, Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hickey, Phyllis Somerville, Reid Scott, Gabourey Sidibe.
Valoración:

Siguiendo los cánones de este apasionado género surgido hace pocos años que se ha terminado denominando dramedia (comedia más drama), The Big C mantiene un estilo que pasa de la comedia alocada, casi surrealista, al humor inteligente tan rápido que te deja sin aliento, para en la siguiente escena adentrarse de lleno en el drama de tono adulto propio de las cadenas privadas. Manteniendo además otra tendencia actual como es la de tener un personaje central tan fuerte como extravagante sobre el que gira toda la historia, The Big C se suma al cada vez más interesante repertorio que ofrece Showtime (Californication, Nurse Jackie, Weeds o Breaking Bad saliéndonos de la dramedia), y aunque por ahora no alcanza la repercusión de Weeds o Nurse Jackie a mí me ha parecido infinitamente mejor que esos dos sobrevalorados e intrascendentes aburrimientos.

Lo que esta producción nos propone es un drama familiar sencillo, centrado en muy pocos personajes y con aventuras que huyen de tramas complejas para centrarse en los sentimientos de sus protagonistas. Todos ellos se hacen querer rápidamente y sus estados de ánimo se transmiten tan bien que casi sentimos formar parte de la disfuncional familia, aunque la conexión más fuerte se establece obviamente con Cathy (Laura Linney), protagonista absoluta de los acontecimientos. Es una ama de casa conocida por ser aburrida y poco activa, pero su vida da un vuelco cuando descubre que tiene un cáncer con toda probabilidad mortal y decide que ya es hora de vivir aprovechando cada instante. Prácticamente se vuelve loca de remate, actuando impulsivamente, sin control, con el único límite auto-impuesto de proteger a su hijo.

El papel de Linney es de los que no se olvidan. Brillante es decir poco. En cada plano está absolutamente perfecta. Los estados de ánimo del personaje, que varían de golpe, los plasma de forma impecable. Las locuras que vive las hace creíbles. Es una de las mejores interpretaciones que he visto en mucho, muchísimo tiempo, y solo por ella la serie merece ser recordada.

El marido, Paul, es el clásico hombre incapaz de imaginar qué ha desmotivado tanto a su pareja, incapaz de ver la mella que hace la rutina y el estancamiento emocional en la vida en familia. Otrora era el alocado del matrimonio, el que mantenía viva la llama, así que ahora la crisis de Cathy y su repentino cambio de estado de ánimo provocará algunos choques importantes. La interpretación de Oliver Platt es excelente, como acostumbra este gran actor que, como tantos otros, ha sido siempre desaprovechado en papeles secundarios.

Otros personajes en liza son el hijo del matrimonio (Gabriel Basso), un adolescente normal que empieza a dar los pasos en el mundo adulto, quien al principio puede parecer un añadido poco aprovechado pero luego se desarrolla bastante mejor; el hermano de Cathy, un ecologista flipado que vive en plan vagabundo, hábilmente interpretado por John Benjamin Hickey (no es un papel fácil, está claro); y la vecina (Phyllis Somerville), una vieja cascarrabias con la que Cathy empieza a hacer migas sobre todo porque ambas viven de cerca sus momentos finales. En un plano más secundario nos encontramos a Gabourey Sidibe como una adolescente obesa por la que Cathy se interesa, un personaje que fascina a pesar de no ser tan importante como los demás, o el joven médico (Reid Scott), que también dará para unas cuantas buenas escenas (esos choques entre su timidez y la franqueza abrumadora de Cathy…).

Estamos ante un grupo de caracteres magistrales, perfectamente descritos, desarrollados e interpretados, tan adorables a pesar de lo descentrados que están que consiguen que la serie cale hondo. Además hay que decir que, en línea con la televisión actual de calidad, las historias no se estancan lo más mínimo, pues en esta breve temporada las relaciones pasan por un gran número de fases y problemas, siempre yendo más allá, arriesgándose los guionistas con una valentía y sabiduría que agradezco enormemente (odio las tramas y relaciones estancadas). Por ejemplo pensaba que Cathy nunca iba a hablar a nadie sobre el cáncer, o al menos no en unas cuantas temporadas, pero lo hace, abriendo más y más horizontes por donde llevar a los caracteres.

Su asombrosa habilidad para pasar del humor más agradable al drama más trágico sin sacarte de contexto ni resultar artificiosa y su un ritmo asombrosamente activo y directo (al estilo de Californication) hacen de esta primera temporada una serie prácticamente imprescindible. Creo que la palabra que mejor la define es hermosa. Un canto a la vida, una forma de ver la tragedia con humor. Ahora bien, te hartas a llorar de risa, pero también hay no pocas secuencias que humedecen los ojos de lo emotivas y duras que resultan, donde destaca con luz propia el maravilloso final de temporada, uno de los instantes más bonitos y lacrimógenos que he visto en televisión.