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TRUE BLOOD – TEMPORADA 2


HBO | 2009
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 45-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Deborah Ann Woll, Kristin Bauer.
Valoración:

Aclamada y odiada por igual, incomprendida y amada en medidas semejantes, True Blood sigue siendo una de las series que más da que hablar estas dos últimas temporadas. Extraña, caótica, divertida, carismática y con personajes tan odiosos como adorables (donde cada espectador se inclina por unos concretos). Es un éxito considerable (lo más visto en la HBO desde Los Soprano, se ha llevado múltiples premios, tiene una gran presencia en Internet) y desde luego es un plato interesante y altamente adictivo, pero creo que ni el seguidor más fanático puede ignorar lo obvio: no es la panacea y de hecho es notablemente irregular en ritmo. Además esta segunda temporada pierde fuelle con respecto a la anterior: le cuesta horrores arrancar, de hecho media temporada se hace algo larga e insustancial y si se salva es por la calidad de la realización y su reparto, que siempre ofrecen algo realmente digno de ver.

Es entendible que al crear las dos tramas centrales prácticamente desde cero (aunque ya habían sido debidamente presentadas en la sesión anterior) el ritmo se resienta, pero no que lo haga tanto. La trama de Maryann (una arrolladora Michelle Forbes) no parece llevar un rumbo concreto y da muchísimas más vueltas de lo debido sobre las mismas ideas, supongo que por la necesidad de rellenar los doce episodios. Eso sí, su desenlace es de primer nivel y no deja ningún mal sabor de boca. Por el lado contrario, la parte de la secta donde Jason se introduce goza de mayor equilibrio narrativo y su relación con el estado actual de los vampiros (magnífica la aparición del sheriff de los licántropos de la zona) ofrece momentos de gran interés. Además, en ella se encuentran los personajes más carismáticos e interesantes (el romántico pasmarote de Bill, el cabronazo de Eric, la alocada pero dulce Sookie, el imbécil simpático Jason y algunos secundarios muy atractivos), mientras que en la línea de Maryann se sustenta prácticamente por Sam Merlotte y sus aventuras, porque como eje central de la misma hay que aguantar a una Tara que todavía no encaja del todo en el conjunto (a pesar de las excelentes labores de la actriz el carácter es bastante tonto y pesado, y su nuevo novio más todavía) y algunos secundarios no tan llamativos. Un tanto descolgado de todo lo demás encontramos una pareja que trae una de cal y otra de arena: la del pueblerino (Hoyt) con la vampira adolescente, personaje éste que con Bill funciona dando momentos de gran humor, pero cuya relación amorosa con el anterior y la relación de éste con su propia madre son realmente cansinas.

La calidad de la producción es indiscutible en todos sus aspectos. La ambientación es sublime gracias al espléndido uso de la fotografía, las muy bien elegidas localizaciones, la música… La dirección es brillante, como es habitual esperar de la HBO, y tiene el mérito de hacer realmente interesantes y llevaderos capítulos de cincuenta minutos con poco contenido, aunque una vez terminados estos uno tenga la sensación de no haber visto avance alguno.

Y el reparto se ha elegido un tacto impresionante, como también es habitual en la mítica cadena: todas sus figuras son excepcionales y algunas realmente brillantes. Es difícil limitarse a destacar un par de actores, porque todos merecen un aplauso y muchos uno bien sonoro. Daría un puesto de honor Anna Pakin por ser la figura central y todavía estúpidamente criticada porque su personaje no cae bien a todo el mundo, y a Ryan Kwanten por tener entre manos un tipo de papel que no suele aclamarse, el de tontaina; su labor es simple y llanamente sublime. No menos efectivos son Rutina Weasley (Tara), Nelsan Ellis (Lafayette) o Sam Trammell (Sam), mientras que entre los secundarios hay también grandes figuras: sobresalientes Anna Camp y Michael McMillian como los líderes de la secta (sus papeles son de los difíciles) y la bellísima Deborah Ann Woll como la joven Jessica, amén de la citada Michelle Forbes. Citar también las breves pero intensas apariciones de Allan Hyde como Godric y Evan Rachel Wood como la poderosa vampira. Probablemente sea el mejor reparto de los últimos años, superando incluso al de Perdidos.

Ahora, a esperar con ganas la siguiente ración de excentricidades, piques entre vampiros, pueblerinos enfrentados a los sobrenatural, amoríos y calenturas, humor made in Allan Ball (realmente único) y sangre y sexo a raudales.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
-> Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 1

HBO | 2008
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

Como indiqué en su momento, el pre-air más que efectivo episodio piloto fue injustamente menospreciado, quizá por sus tramas atípicas y su tono un tanto excéntrico. Pero la llegada de la serie regular no tardó mucho tiempo en acallar las malas críticas, y al final se ha ido convirtiendo silenciosamente en el estreno más remarcable del año. Sin embargo, no se puede negar que True Blood no pasa de ser un entretenimiento muy bien confeccionado, y dudo que dadas sus características llegue a deslumbrar como una gran producción (sobran las comparaciones con A dos metros bajo tierra, por ejemplo). La creación del ya mítico Alan Ball tiene tanto puntos a favor como puntos en contra ciertamente remarcables, aunque el equilibrio entre ambos ofrece una obra fresca, original y sobre todo muy atractiva.

A su favor el punto más fuerte es el sólido y cohesionado reparto, donde todos los intérpretes dan vida de forma muy creíble a caracteres de lo más variopinto, a individuos con poderes paranormales o directamente monstruosos (vampiros, licántropos, telépatas), a extravagantes, paranoicos y demás bichos raros (el ligón imbécil, la chica fuerte por fuera y débil por dentro, el homosexual libertino que no se amilana ante la sociedad retrógrada donde vive, etc.). Entre todos ellos cabría mencionar el brillante y carismático papel de la siempre excelente Anna Paquin, de la que tengo que decir que su personaje es difícil de asimilar y hay a quienes les resulta cargante, pero eso no es excusa para atacar su magnífica labor. No se quedan atrás otros como Ryan Kwanten (su hermano Jason), quien también ha tenido menos reconocimiento del merecido por tener en sus manos un tipo de personaje que parece más cómico que otra cosa (el citado ligón tontaina). Su interpretación es exquisita, y más si tenemos en cuenta lo difícil que es hacer creíble a semejante individuo.

Muy logrado es también el ambiente en que se enmarcan los acontecimientos, esa sociedad sureña conservadora que poco a poco abre las puertas a la modernización social, a la aceptación de otras formas de vida. El choque cultural de la homosexualidad no es nada comparado con el vampirismo, con lo que la serie goza de un humor ciertamente cínico y surrealista, un clásico sello de Alan Ball.

La realización es de gran nivel, siendo lo que más impronta deja la excelente y a ratos bellísima fotografía. Mención especial para las escenas de suspense o las correctas inclusiones del citado sentido del humor, que mantienen el interés constante en las historias a pesar de que algún personaje pueda no atraernos tanto como los demás (a mí se me atragantó Tara y su historia de exorcismos, por ejemplo).

En el lado malo el aspecto más notable es la aburrida trama central, aquélla que versa sobre el asesino en serie. Si bien da para lanzar interesantes subtramas y para meter en el juego a todos los personajes que aparecen, estos mismos caracteres y el día a día en sus vidas terminan siendo más relevantes que dicha historia. Por si fuera poco la resolución de la misma es poco menos que mediocre y es el principal factor en la pequeña pérdida de ritmo y fuerza que aparece en los dos o tres episodios finales.

True Blood es en conjunto una producción original que ofrece un agradable visionado, y si le sumamos el sello de calidad de la HBO, que garantiza un nivel intelectual alto y una realización de gran nivel (amén de sangre y desnudos por doquier), tenemos lo que se dice un entretenimiento de primera.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

TRUE BLOOD – PRE-AIR EPISODIO PILOTO

True Blood (Original Pilot)
HBO | 2008
Drama, suspense, comedia | 55 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Guion: Alan Ball.
Dirección: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Brook Kerr, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

En un pequeño pueblo de Louisiana las cosas están a punto de cambiar para sus habitantes. La creciente aceptación de los vampiros en la sociedad por fin llega a este rincón tan apartado y causará tanto expectación como problemas varios. Sookie, una joven que tiene la capacidad de leer las mentes, se interesa especialmente en un misterioso vampiro que aparece en el bar donde trabaja.

¿Cómo definir el género y argumento de True Blood? Porque decir “va sobre vampiros” es tan cierto como injusto, pues con el cliché de los géneros al ver una etiqueta todos pensamos en las mismas historias de siempre. Atendiendo a esas barreras que producen los estereotipos cabe realizarse otra pregunta: ¿qué demonios hace Alan Ball, uno de los máximos exponentes del análisis crítico de las sociedades humanas en el cine (la espléndida American Beauty) y en la televisión (la aún mejor A dos metros bajo tierra) confeccionando una serie sobre vampiros? El visionado del pre-air (versión de prueba) del episodio piloto responde esas cuestiones y supone un curiosísimo y por ahora muy prometedor cruce de géneros.

True Blood es, en pocas palabras, una especie de A dos metros bajo tierra pero sustituyendo la homosexualidad por el vampirismo. Aquí no son los homosexuales el colectivo que tras muchos años de represión por fin goza de libertad y creciente respeto, sino los temidos e incomprendidos chupadores de sangre. La sociedad se encuentra ante un punto de inflexión donde florecerán nuevos sentimientos y problemas, donde el odio lidiará con la aceptación, donde habrá que luchar por ganarse el respeto o incluso por la supervivencia ante los más crueles fanáticos (en este caso, los que saben que la sangre de los vampiros es una poderosa droga). Los protagonistas son un grupo de amigos y familiares que suelen encontrarse, por amistad o trabajo, en un bar típico del centro-sur de Estados Unidos, entre los que destaca la joven Sookie, quien tiene el poder de leer las mentes. La presencia de los vampiros cambiará sus vidas para siempre.

True Blood es por tanto un drama de sociedad y personajes donde la fantasía solamente se utiliza para aportar un contexto distinto. Ahora aparecen nuevas preguntas: ¿calará esta extraña propuesta entre el público de la HBO y entre los numerosos seriéfilos de Internet? Veo en IMDB y TV.com que el piloto está siendo machacado por el público estadounidense, y si la cosa no cambia con el estreno de la temporada veremos si dura más de un año. A mí por el contrario esta presentación me ha gustado bastante. A la originalidad de la idea hay que sumarle el buen hacer de Ball en la construcción de personajes (todos muy bien presentados y descritos y además muy interesantes) y la elaboración de situaciones y diálogos creíbles, nada previsibles y sí muy originales y absorbentes. Además, una buena dirección (también de Ball), el carisma y la atípica belleza de Anna Paquin, y sobre todo la inquietante presencia de Stephen Moyer, el vampiro más vampiro que he visto nunca (y sin maquillaje alguno), son otros buenos alicientes. Se podría decir, sin que lo considere un fallo, que el episodio no ha relatado nada relevante, pues no se ha decantado por ofrecer sorpresas impactantes o tramas de altos vuelos, sino que ha sentado con tranquilidad las bases (o sea, ha presentado los personajes) de un drama muy suculento. Veremos qué da de sí la serie, pero desde luego promete bastante y la espero con muchas ganas.

Ver también:
-> Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)