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EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD

El Camino: A Breaking Bad Movie
Netflix | 2019
Drama, suspense | 1 ep. de 122 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Diane Mercer.
Intérpretes: Aaron Paul, Matt Jones, Charles Baker, Jesse Plemons, Scott Macarthur, Scott Shepherd, Jonathan Banks, Krystin Ritter, Bryan Cranston.
Valoración:

Alerta de spoilers: Diría que señalo algunos aspectos del final, pero realmente no cuenta nada nuevo respecto a la serie y no revelo detalles concretos.–

Con Breaking Bad terminada por todo lo alto y una secuela que explora otras opciones (Better Call Saul) en marcha, ¿qué necesidad había de ofrecer un tardío epílogo? Cierto es que se puede pensar que siempre puede haber otra etapa en la vida de los personajes que relatar (hasta la muerte, obviamente), pero si no era relevante para desarrollarla durante la serie, y no hay una clara sensación de que se quedaron cosas en el tintero por falta de tiempo o recursos, ¿por qué andar mendigando resquicios por donde tirar seis años después? Viendo el resultado, está claro que en vez de trabajarse un homenaje que fluya con naturalidad mientras desarrollan una historia con novedades y bien trabajada que pueda despertar nuevo interés, Netflix y Vince Gilligan han buscado únicamente exprimir a los seguidores más fieles.

Ver a Jesse Pinkman en libertad era un buen final, no dejaba cabos sueltos, pues los enemigos estaban eliminados y la poderosa órbita de Walter White desaparecida, y tuvo el toque justo y necesario de emotividad: el calvario del joven ha terminado y puede intentar rehacer su vida. Volver atrás y tratar de aportar novedades a historias ya cerradas tiene todas las decepcionar, y más después de tanto tiempo, con la serie tan idealizada. Cada espectador se habrá imaginado un destino distinto para Jesse… y el que nos ofrecen no convence lo más mínimo. No aporta a su arco dramático nada que no estuviera claro o al menos se intuyera en aquel desenlace, y hasta llegar de nuevo a la conclusión hemos tenido dos horas perdidas en una lucha por la supervivencia muy floja en interés y calado.

Es decir, El Camino es puro relleno para llegar a la misma situación. Con libertad y sin ataduras tiene la posibilidad de retomar su vida como quiera y pueda, pero esa historia no hay necesidad de contarla. Por eso no lo han hecho aquí. Y que fueran conscientes de ello no hace sino confirmar que sabían que era una película innecesaria, un reclamo para fans.

La sensación de que es un episodio menor, de transición entre cosas más importantes que están por llegar, es constante. La serie era terriblemente irregular, pero aun así este capítulo se siente por debajo de los más flojos en ritmo y en contenido. Ninguna acción parece generar secuelas ni allanar un viaje emocional concreto y novedoso para el protagonista, todo son anécdotas sin trascendencia ni algún atractivo extra. Salvo en la inicial escena de persecución, bastante tensa, no se teme por lo que le pueda ocurrir, no te asombras con situaciones imprevistas que descolocan cualquier intuición que tuvieras sobre el porvenir, elementos que hicieron destacar a la serie, y el final es anticlimático a más no poder. El último clímax depende exclusivamente de si un tipo llama a la policía o no, y ninguna de las dos opciones promete nada extraordinario ni llega a ofrecerlo. Con las aventuras tan espectaculares y originales que hemos tenido durante las temporadas, ahora pretenden captar nuestra atención con una simplona huida de las autoridades y una artificial venganza contra un villano de poca monta que se han sacado de la manga, porque como decía, todas las tramas estaban bien cerradas.

La inspiración de Vince Gilligan también brilla por su ausencia en el acabado, que luce como una película de cine de presupuesto menor porque hay talento y experiencia de sobra, pero la inventiva de la que hacía gala en cada episodio, y seguramente con menos dinero y tiempo, aquí no está presente. Intenta unas cuantas escenas con los reconocibles enredos visuales, pero estas no logran impresionar ni agilizar tramos de menor interés. Por ejemplo, la búsqueda de dinero en el piso se alarga hasta aburrir.

El Camino vive exclusivamente de la referencia, de jugar con la añoranza del espectador. Para los seguidores que tienen endiosada la serie, se la han visto mil veces y buscan cualquier detalle para seguir alimentando su idolatría, Gilligan hace malabares para citar detalles rebuscados y mostrar fugazmente personajes muy, muy, muy secundarios que sólo ellos puedan identificar y así saciar su apetito. Para los que vimos la serie y seguimos adelante con nuestra vida buscando otras obras originales y de gran calidad, porque por mucho que digan sus fanáticos Breaking Bad no fue la mejor de la historia ni entra en la categoría de obra maestra, tiene también su ración de gominolas, estás más baratas: mete con calzador otras figuras más reconocibles pero que ya habían dicho todo lo que tenían que decir. Mike, Walter White y Jane Margolis no aportan absolutamente nada, de lo que canta el intento de conmover obtiene lo contrario, molesta porque intenta engañarte con trucos manipuladores. Sólo con Badger y Skinny Pete consigue un homenaje bonito y bien hilado. Todd en cambio no funciona del todo: resulta simpático, pero su presencia es puro relleno, una trama secundaria para matar el tiempo.

Gracias a la conexión con Jesse y el excelente papel de Aaron Paul, que tiene pocos diálogos pero logra transmitir bien su desesperación y miedos, el visionado logra engancharte lo suficiente para que esperes que la historia llegue a concretar algo y explote de una vez. Pero ni las partes más intensas, como la persecución inicial, la aparición de los falsos policías y el duelo con estos, logran mitigar la sensación de que El Camino carece de inspiración y esfuerzo en su creación. Apenas vale para pasar el rato, y no da lo suficiente como para dejar huella y pensar en volver a verla.

PD: Robert Forster rodó su parte (interpretando al dependiente de la tienda de aspiradoras) a pesar de sufrir un cáncer de cerebro. Murió justo el día de estreno de la película, el viernes 11 de octubre.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
-> El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

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BLACK MIRROR – TEMPORADA 4


Netflix | 2017
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 41-76 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker.
Intérpretes: Jesse Plemons, Cristin Milioti, Jimmi Simpson, Rosemarie DeWitt, Brenna Harding, Andrea Riseborough, Kiran Sonia Sawar, Maxine Peake, Douglas Hodge, Letitia Wright, Daniel Lapaine, Aldis Hodge.
Valoración:

En esta cuarta temporada, aparte de la irregularidad habitual, se observa algo de desgaste, pues Charlie Brooker vuelve sobre ideas ya exploradas y no consigue deslumbrar como en otras ocasiones. Pero también se ven intentos de seguir experimentando con historias y estilos distintos, lo que disimula un tanto la reutilización de algunos pensamientos. Y el esfuerzo en buscar un acabado visual de calidad también se agradece. Pero claro, de quien nos ha regalado joyas como El himno nacional, Blanca Navidad y En picado se espera mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que las temporadas son muy cortas y es difícil perdonar los bajones.

Tras el salto encontraréis el análisis por capítulos:
Sigue leyendo

FARGO – TEMPORADA 2

FX | 2015
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Noah Hawley, John Cameron, Warren Littlefield.
Intérpretes: Kirsten Dunst, Patrick Wilson, Jesse Plemons, Jean Smart, Ted Danson, Jeffrey Donovan, Angus Sampson, Bokeem Woodbine, Zahn McClarnon, Cristin Milioti, Rachel Keller, Allan Dobrescu.
Valoración:

Me sorprende mucho la fascinación que ha despertado la segunda temporada de Fargo a pesar de ser incapaz de repetir la fórmula mágica de la primera. Allí ya se veían algunos fallos (subtramas innecesarias, como la del rey de los supermercados) que aquí son la tónica habitual, lo que sumado a otros problemas se traduce en una patente falta de equilibrio narrativo. Donde antes teníamos una serie única y embriagadora, ahora queda un batiburrillo de ideas que no llevan a nada.

La esencia del filme en que se inspira parece estar ahí de primeras. Nos encontramos ante individuos raritos y un entorno de violencia que los engulle en una historia con un tono de humor entre absurdo y negro. Hay un montón de situaciones extrañas, con momentos que tiran al surrealismo, y tenemos diálogos grandilocuentes y monólogos recargados. Pero a la combinación le falta savia, inteligencia y cohesión. Y la cosa empeora cuando se ve que el guionista Noah Hawley parece poner el empeño en saturar el relato con muchas ideas en vez de concentrarse en narrar bien algo más concreto y centrado, en una fallida obsesión con abarcar más de la cuenta, cuando lo que funcionó en la película y la primera temporada fue la sencillez, exprimir al máximo unos pocos protagonistas envueltos en una odisea delirante que mezclaba hábilmente el thriller con un humor ácido, casi cruel. Aquí no se sabe si pretendía hacer cine del oeste, thriller, drama personal, retrato americano, épica criminal a lo El padrino, comedia negra… porque no hay un pilar firme que mueva la narrativa, todas las ideas e historias se meten descuidadamente y a la fuerza. Demasiados frentes, subtramas poco llamativas, anécdotas irrelevantes, personajes rebuscados metidos con calzador, y muy poco avance real. Como resultado, la temporada más que arrítmica carece de rumbo, dando tanto tiros al aire como vueltas en círculos, con lo que se hace larga y pesada.

El enfrentamiento entre bandas que atrapa a algunas personas normales resulta una historia floja y mal hilvanada, y alrededor se monta toda esa parafernalia ostentosa pero a la postre insustancial. El guion no es capaz de ir más allá de unos pocos protagonistas con potencial entre una serie de roles fallidos y unos diálogos que resultan muy artificiosos. Ni siquiera se cuida bien el entramado criminal de cada bando: no se sabe cuántas tropas tienen, aparecen y desaparecen soldados por arte de magia, no puedes hacerte una idea de quién lleva ventaja porque el siguiente capítulo puede empezar con una batalla de decenas de personas que no sabes de dónde han salido.

Sólo logré interesarme por los Blumquist y en menor medida por la pareja de sheriffs, pero su aventura está a años luz del fascinante periplo de Lester Nygaard y las vidas tan atractivas de Gus Grimly y Molly Solverson. El resto de caracteres resultan entre indiferentes y cargantes. Me importó un bledo la familia mafiosa, cuya descripción resulta tan predecible como el posterior desarrollo del conflicto. Sus rivales fueron puro humo, aquí no hay un villano temible como Lorne Malvo, ni siquiera funciona la imitación que hacen con el indio (aunque tiene un par de escenas bastante potentes a pesar de ser puro relleno). El asesino pedante Mike Milligan resulta insufrible, y para colmo es el mejor ejemplo del problema más evidente de la temporada: el artificio sobre la inteligencia y la coherencia. El tío sale en todos capítulos haciendo exactamente lo mismo, y de ahí no se mueve, como si tener un tipo rarito y unos monólogos inflados bastara para dar forma y profundidad al relato. El resto se estanca de la misma manera hasta que algún giro chorra cierra su historia: la vieja y su ambición, el hermano peleón y sus rabietas, la rubita tontita y sus visitas al asesino, el hermano que parece tonto pero es el único que pone algo de cordura… Todos los episodios y personajes repiten el mismo esquema. En la primera etapa los secundarios tenían su momento, sus apariciones espaciadas. Aquí tienen una presencia constante, pero al no tener un recorrido amplio, se limitan a repetir su característica de rigor en todas las escenas; y ese es tiempo que se quita a las figuras principales, me temo.

Por suerte esos protagonistas que funcionan lo hacen bastante bien y salvan el año, aunque haya que quitar mucha paja e incluso arrastre algún tramo que casi resulta soporífero. La línea de los tontos y torpes Blumquist es la única con una evolución dinámica, y los personajes son encantadores. Además los actores Jesse Plemons y Kirsten Dunst lo bordan, en especial esta última, que logra uno de los mejores papeles del año. El carisma de Ted Danson y Patrick Wilson realza bastante a los dos sheriffs, y aunque me temo que su viaje está algo más limitado tienen también algunos buenos momentos. Por lo demás, nada que destacar en una temporada que está cerca de resultar un despropósito. Hasta la puesta en escena, en la superficie muy llamativa por su notable aspecto visual, tiene sus carencias: va con el piloto automático puesto, hay demasiada exposición y vacile visual (muy bonito el encuadre, sí) cuando se tenía que buscar más energía y ritmo (que me dueeermo). Escenas dispersas, reiterativas, plomizas y sin objetivo a la vista hay a puñados.

Le ha pasado como a True Detective. Lo que nació como miniserie tiene que quedarse como miniserie, extenderla no funciona porque el guionista tiene que trabajar a destajo para estrenar un año después, cuando la escritura de la primera tanda fue realizada con mucho detenimiento. O si acaso, si ven que no llega a tiempo y con calidad, deberían convertirla en una producción coral, en conjunto con otros autores. Por suerte con la tercera temporada no van a forzar las cosas: no llegará hasta 2017. Curiosamente, la segunda sesión de True Detective fue vapuleada sin miramientos a pesar de tener algunas virtudes destacables, pero Fargo es aclamada sin verle ninguno de sus muchos fallos.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
-> Temporada 2 (2015)

OLIVE KITTERIDGE – MINISERIE

HBO | 2014
Drama | 4 ep. de 55-65 min.
Productores ejecutivos: Jane Anderson, Gary Goetzman, Steve Shareshian.
Intérpretes: Frances McDormand, Richard Jenkins, John Gallagher Jr., Peter Mullan, Zoe Kazan, Bill Murray, Jesse Plemons.
Valoración:

La HBO de vez en cuando se lanza a adaptar novelas conocidas o historias de personajes relevantes en forma de miniserie, como John Adams, Mildred Pierce, Elizabeth I y otras pocas. Olive Kitteridge es una novela de Elizabeth Strout que narra las vidas de distintos personajes de una pequeña localidad del Estado de Maine en Estados Unidos. La representación de las gentes y la forma de vida estadounidense es un valor que persiguen los premios Pulizter, y esta obra se alzó con el mismo en el año 2009. La miniserie de cuatro horas, escrita por Jane Anderson, autora bastante desconocida (sólo tiene algunos telefilmes en su currículo), recorta muchos personajes, que la novela parece tenerlos a puñados, pero mantiene el tono desestructurado, con idas y venidas en el tiempo que van desgranando a los personajes poco a poco.

Olive es una maestra y ama de casa un tanto amargada y poco simpática, o más bien muy seca y dura, y nunca dada a recular cuando su bocaza hiere a los demás. Su marido es amable, paciente y más que un encanto resulta empalagoso. La combinación de ambos anula algunas de sus debilidades o defectos, pero no siempre, con lo que el matrimonio tiene altibajos. Ella está cada vez más deprimida, y los golpes del destino no ayudan. Él se obsesiona con ayudar a una chiquilla en problemas, sin ser consciente de que a ojos de su familia traspasa bastante la línea, en especial viendo lo poco que atiende a su propio hijo. Este crece en un entorno frío de escaso amor, lo que explica que se largue a vivir lejos, aunque las secuelas y traumas no serán fáciles de dejar atrás.

Otros pocos secundarios, como la esposa del hijo cuando crece, otro profesor, un compañero de clase del chaval y su madre loca realzan el argumento e intenciones de la serie: narrar el drama de las gentes que no son capaces de sobreponerse a sus problemas y limitaciones. Hay tragedias, penurias, lamentaciones, unos cuantos suicidios y muertes inesperadas… Y aun así consigue transmitir un tono esperanzador y resultar un entretenimiento más emotivo que doloroso. ¿El truco? Una mezcla de naturalidad con un tono irónico logradísimo que recuerda mucho a A dos metros bajo tierra.

El dibujo de los personajes, aunque parezca encorsetado cada uno en una personalidad muy marcada, es estupendo, todos resultan verosímiles y enormemente cercanos. Sientes como si estuvieras ahí con ellos en ese ambiente tan humano, tan real. Y el punto de vista con un humor ácido ayuda a suavizar los golpes duros de la vida. Todos nos enfrentamos a cosas parecidas, qué menos que no cebarse en lo lacrimógeno en plan dramón, sino mostrarlo con el punto justo de sensibilidad y desparpajo.

Pero hay un momento que rompe el equilibrio: el atraco. No me convence, aunque las secuelas se manejen bien. Se mete con calzador, es exagerado e inverosímil y la tensión forzada de la situación no me gustó lo más mínimo. Por suerte es un traspiés breve, y momentos para el recuerdo hay muchos. Mis favoritos son los siguientes: la boda del hijo, la visita a la familia de este, el acercamiento de Olive al tipo que se encuentra tirado en un banco, la conversación con el amigo del hijo de adulto y el posterior rescate de una ahogada (sutil intervención de Olive y hermoso canto a la vida).

El trabajo actoral es estupendo, destacando a los más importantes, unos Frances McDormand y Richard Jenkins sumergidos completamente en sus roles. En la puesta en escena Lisa Cholodenko, que dirige los cuatro episodios, juega con la contención. Planos medios y ritmo suave pero muy fluido dan forma a una narrativa que parece sencilla pero que sin darte cuenta te atrapa bastante, porque consigue un tono de expectación constante muy logrado. Sumado eso a un guion complejo, profundo y detallista, obtenemos una serie que roza la excelencia, un drama muy recomendable para los amantes del género.

BREAKING BAD – TEMPORADA 5, PARTE 2 Y FINAL

AMC | 2013
Drama, suspense | 8 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Laura Fraser, Jesse Plemons.
Valoración:

Alerta de spoilers: Siendo la temporada final es imposible no analizarla a fondo revelando todo lo que ocurre en ella.–

LA TEMPORADA

Hacer dos temporadas de ocho episodios cada una (dieciséis en dos bloques en vez un año de trece) fue una estrategia obligada por la cadena AMC, que no quería desaprovechar el éxito de la serie en una sola tanda de episodios, pues rodar con más tranquilidad reduciría gastos y tener audiencia y premios dos años y durante más capítulos exprimiría el éxito. Nos han mareado de lo lindo a los espectadores con esta estrategia (la temporada 5 está editada en dvd, pero ahora resulta que hay otra temporada 5), y en muchos sitios se refieren a ella como temporada 6, que es lo que es (rodaje y estreno un año después, es sí o sí otra temporada), pero seguiré la designación oficial porque los sitios más importantes (imdb.com y semejantes) la usan, para no complicarlo más.

Eso sí, por suerte la cadena no impuso una disparatada opción que se presentó por sorpresa: el poderoso productor Jeffrey Katzenberg (presidente de Dreamworks) se enganchó a la serie y, creyéndose el rey del mundo (como muchos de su gremio), ofreció 75 millones de dólares (más de lo que cuesta una temporada entera de la superproducción Juego de tronos) para que realizaran aunque fueran tres capítulos más; además pretendía que se emitieran en extractos de seis minutos y cobrar por ellos para recuperar con creces la inversión. Menos mal que nadie se vendió al dinero en esta ocasión.

Vince Gilligan resolvió la quinta temporada parte 1 como pudo: se notaba que tenía bastante relleno, pero no decayó el nivel como para poner el grito en el cielo. Y se guardó todo lo bueno para el arco final, que resulta memorable, el mejor año de la serie justo cuando más difícil lo tenía y más se esperaba de ella. No se acobarda tirando por algo facilón y blando, ni se le va la pinza con el sensacionalismo barato al que muchos se inclinan para tratar de dar un cierre a lo grande, y desde luego no pierde el control sobre su criatura, sabe perfectamente hacia dónde llevarla y cómo debe hacerlo. Como en sus mejores momentos, la serie es arriesgada pero consecuente con todo lo que narra (nada de giros tramposos que luego se deshacen como si nada), y avanza con firmeza en direcciones más o menos impredecibles pero bien planificadas y teniendo siempre en cuenta que, a pesar ofrecer bastante acción y una narrativa que maneja los ritmos y emociones de forma muy visual, son los personajes los verdaderos y únicos protagonistas.

Nos encontramos, por dividir la crítica en elementos claros, ante las siguientes tramas. Una es el enfrentamiento con Hank, que no por obvio y esperado resulta menos trascendente e impactante. Otra es qué rol jugaría Jesse en esta guerra, que se presentaba como la gran incógnita del año. Otra es el conflicto familiar en el que se halla inmerso Walter, abocado a acabar mal pasara lo que pasara. Y finalmente podríamos citar como otra historia esencial el destino de Heisenberg, el cómo el rey de la droga que se esconde tras Walter White acabaría al finalizar la serie, arco que se presentaba también bastante impredecible. En todas estas secciones el año ha resultado sobresaliente, o como poco, simplemente perfecto. Solo tiene un par de claroscuros, pero no graves como para afear una sesión sobresaliente, digna de citar entre las mejores últimas temporadas de la historia.

Empiezo por lo único un tanto insatisfactorio a lo largo del desarrollo del año (los detalles sobre el capítulo final los comento luego). La empresaria Lydia no me termina de convencer. No me parece un rol con verosimilitud suficiente, ni su historia me resulta realmente llamativa o necesaria en el conjunto. Parece que querían un nuevo villano o contrincante para Heisenberg, pero entre que nace de tramas muy exageradas en la temporada anterior (todo el lío con ella y el asesinato increíble de no sé cuántos sicarios en diversas cárceles fue excesivo), que es una pija demasiado improbable en ese mundo y que su sección queda por lo general un poco descolgada, siempre he tenido la impresión de que el personaje no salió del todo bien.

El resto de lo que surge en ausencia de Heisenberg funciona de maravilla. Los nazis paletos que contrató Walter en sus crímenes han visto el potencial de su droga ahora que se ha retirado, y el chaval Todd, que trabajó Walter y Jesse un tiempo, intenta alcanzar su nivel sin lograrlo. Con la presión de conseguir un producto de la calidad esperada terminan secuestrando a Jesse. Este no tenía suficiente con su miserable vida, y ahora lo esclavizan. El dolor de ver sufriendo tanto a un personaje tan querido es palpable en cada instante, ya incluso desde antes del rapto. Su personalidad estaba casi completamente destruida tanto por el daño que causa el mundo de las drogas (desde el consumo a la violencia) como por el desgaste psicológico que sufrió al lado de Walter. Solamente quiere separarse de semejante monstruo, pero de vez en cuando cae en su maldita órbita. Imposible confiar en él, imposible creer una sola palabra de quien sólo suelta mentiras y manipula sin parar para lograr sus objetivos. Uno de los momentos más impresionantes y duros es cuando Walter le indica que es su familia y haría cualquier cosa por él, pero aun así vemos que lo intenta traer hacia su lado con engaños sutiles. Una vez encadenado, sólo quedaba esperar qué destino deparaban los guionistas para el pobre desgraciado.

El enfrentamiento con Hank, íntimamente relacionado con el lío familiar, es el plato fuerte de la temporada, y en todo momento está a la altura, de hecho está a un nivel sublime. Los primeros pasos del descubrimiento son desgarradores para Hank y Marie, y los guionistas no escatiman en lágrimas, dolor, frustración… Se vive con estos dos personajes todo lo que significaría descubrir que tus seres queridos son en realidad monstruos despiadados, criminales de la peor calaña que te han mentido durante años y te han puesto en grave peligro constantemente. El proceso de respuesta de Hank a la situación era complicadísimo, pero Gilligan lo escribe sin fallar en ninguna coma del guion. Marie cobra una fuerza y determinación que el hundido Hank tarda en recuperar, de hecho es admirable lo que ha crecido ella, cuando en los primeros años me resultaba una secundaria bastante simplona. Cuando Hank intenta pensar, las decisiones son todas demasiado difíciles y traen demasiadas consecuencias difíciles de controlar y sin duda cargadas de más dolor. La opción más lógica y ética, recurrir a la DEA, llega en su momento justo, cuando la pareja ha recorrido todo el tétrico proceso que provoca esta situación. Pero el hábil Gilligan nos da en la cara con otro sorpresón: el video de Walter no es una declaración de culpabilidad, sino un chantaje que impide a Hank moverse como esperaba.

En la familia directa, la reacción de Skyler también sigue un camino realista pero no por ello menos espectacular. Su mundo, ya de por si inestable, se empieza a derrumbar. La escena en que repite “¿Estoy detenida?” a Hank cuando él le revela que lo sabe, es demoledora. Y ella, como antes, no ve más opción que aferrarse a Walter, porque si no su familia será destruida.

A partir de cierto momento se ve como algo inevitable la caída de Hank, pero como decía, no por evidente es menos intensa y trascendente. Todo el jaleo que se monta con los barriles de dinero es brutal, y la muerte de Hank en el tiroteo resulta tremendamente impactante. Además Gilligan llena de simbolismo estas escenas: todo ocurre en el lugar del desierto donde Walter y Jesse cocinaron por primera vez en la caravana. El Walter oscuro, Heisenberg, nace y muere ahí, pues con el asesinato de Hank y el secuestro de Jesse ha fallado por completo en el único límite que se ponía: proteger a su familia. Cuando Skyler y Junior descubren lo que ha hecho, ya no hay mentiras, ni fantasías, ni esperanzas que puedan sostener una vida al lado de esa abominación. La escena en que lo rechazan, que acaba en pelea, es de las más grandes de la serie: el corazón en un puño, los brazos aferrados al asiento, la respiración contenida esperando que la mayor tragedia que ha vivido la familia no empeore mientras los golpes vuelan, los cuchillos apuntan (qué grito ahogué cuando parecía que alguien terminaría herido o muerto), los corazones se rompen y los lazos familiares se resquebrajan por completo. A Walter no le queda otra que huir.

No me olvido del apreciado secundario Saul Goodman, el abogado nervioso, ni de su guardaespaldas Huell, dos roles más sencillos pero también muy atractivos y cruciales en momentos clave. Hay que citar como excelentes detalles el momento en que el gordo Huell realiza otro sutil robo en el bolsillo de Jesse y la posterior secuencia en que Jesse, esperando el coche del tipo que le dará una nueva vida, de repente se da cuenta del asunto, le llega un momento de revelación y decide quedarse.

Tras un descanso, tras meditar aislado de todo en una cabaña perdida, Walter planea su retorno. En realidad está claro que iba a hacerlo sí o sí, pues él no se da por vencido, pero hasta que no se tranquiliza y le llega una buena idea (al ver a los amigos millonarios en la televisión) no sabía cómo hacerlo. El episodio final se inicia con el único instante en que el azar o la providencia salva al inteligente y minucioso Walter y le permite iniciar su plan redentor: la escena de las llaves cayendo del parasol es otra que consigue que aguantes la respiración durante varios minutos.

EL EPISODIO FINAL

El último capítulo, por su condición de final, obliga y limita algunas cosas, y por ello no es tan espectacular como los momentos más intensos, los grandes giros y locuras que ha dado la temporada y la serie en general. Resulta sin duda un excelente desenlace, ligeramente predecible en algunos aspectos porque el flujo lógico de acontecimientos se puede ver venir en cuanto asientan la línea narrativa que lleva a él, pero muy perdonable porque prima la coherencia y el darle una última puntada a los personajes sobre el efectismo sensacionalista. Así, quienes esperaban lo más de lo más en espectacularidad han quedado defraudados. Es lo que pasa cuando las expectativas se basan en lo más grande que puedes soñar, en vez de disfrutar del relato que se te ofrece tal y como es, sin señalarle faltas que no ha cometido. De todas formas, un par de detalles sin duda discutibles se pueden señalar.

Walter se redime por los pelos en los últimos instantes, únicamente gracias a que ha ganado un poco de autoestima en algunos de sus objetivos: el sustento de su familia y la liberación de Jesse, también considerado familia. Obligando a sus examigos triunfadores y multimillonarios Walter fuerza que Skyler y Junior acepten su dinero sin saber que viene de él, pues sino no lo querrían. Pone así un parche al rechazo y odio de su hijo, y afianza la justificación a la que se aferró durante mucho tiempo para mantener su imperio de la droga. En cuanto a Jesse, el rescate es lo único que puede hacer para reconciliarse algo con él: devolverle la vida y la libertad. También juega un papel fundamental el aceptar el camino que ha andado: seguramente porque es obvio que el perdón de sus seres queridos no puede alcanzarlo de ninguna manera, admite ante su mujer, en otra escena inolvidable, que todo lo que hizo fue por gusto, porque se sentía vivo, porque daba rienda suelta a su ego y se sentía realizado y superior. ¿Sin estas pequeñas victorias Walter habría terminado tan en paz como acaba? Yo tengo claro que no. Ahí estuvo Gilligan muy hábil: había poquísimos eventos en el mundo que pudieran sobreponerse a Heisenberg y traer de vuelta a White; por poco el guionista no se ata de manos y pies de forma que no hubiera podido escribir este final de forma creíble.

En cuanto a los aspectos criticables, son dos detalles importantes que se han comentado mucho entre los seguidores. Primero está la única concesión poética facilona que cuela el guionista en una serie que nunca ha sido de esas características. El plan de Walter para salvar a Jesse está demasiado improvisado y le sale demasiado bien, y queda todavía más forzado que mueran todos los objetivos tan rápidamente… menos los que tienen que hacerlo a manos de los protagonistas en un previsible y sensacionalista momento de venganza y liberación. También es muy evidente el recurso de la bala que alcanza a Walter, que le deja vivir el tiempo justo para redimirse ante Jesse y morir de la forma más perfecta posible. La idea subyacente a la escena, forjar la leyenda de Heisenberg como el rey de la droga (pues cae en el laboratorio donde Jesse fabricaba su producto), sí funciona a la hora de rematar la mitología del personaje y de la serie, pero es inevitable pensar que habría bastantes formas menos simplonas para llegar al mismo objetivo. También se puede argumentar que ambas secuencias simplifican tramas e ideas complejas y las centra en pocos minutos, que sirven como catalizadores del destino de los personajes de forma bastante eficaz. Así pues, queda en manos de cada espectador disfrutar más o menos de las escenas finales. En lo que a mí respecta, el rescate y la muerte de los enemigos sí me parece un tanto facilón y tramposo, pero la caída de Walter tiene fuerza de sobra para justificar cómo se produce.

El segundo punto negativo es que no queda nada claro cómo cuela Walter el sobre de veneno para Lydia. No le hace un cambio en plan trilero, porque ella no lo suelta, así que estaba ya en la mesa. ¿Adivina la mesa (juraría que no es donde ella se sienta casi siempre), o lo pone en varias, arriesgándose a que cualquiera se lo tome? Resulta un poco confuso y forzado cuando algo tan importante debería queda bien claro y creíble, y en este caso no encuentro justificación alguna, con lo que lo considero un fallo notable en un momento crucial.

Enfrentarse al final de una serie tan compleja era muy difícil, y Vince Gilligan ha estado a la altura. La trama final está muy bien expuesta, y aunque tenga esos dos deslices citados se usa muy sabiamente para llevar a los personajes hacia su destino último, y ese cierre en la vida de los protagonistas ha sido magnífico, emocionante y simbólico hasta resultar inolvidable. Hay que citar por enésima vez la extraordinaria labor de varios actores, como Anna Gunn y Aaron Paul, pero destacando sobre todo al inmenso Bryan Cranston, que ha dado uno de los mejores papeles de la historia de la televisión. También muy remarcable es la labor de los numerosos directores y equipo técnico (fotografía, localizaciones, música…) que han pasado por esta producción tan singular y arriesgada sabiendo estar siempre a la altura con una puesta en escena excelsa.

Para terminar, quiero dejar una reflexión sobre la desmedida recepción de la serie. La gente se ha entusiasmado tanto con la última temporada que la citan como una de las diez mejores series de la historia, y muchos incluso se atreven a decir que es la mejor. Basta pararse a pensar un poco, hacer una lista en plan rápido, para ver que no cabría ni en un top veinte. Quizá se quedaría a las puertas, y sin duda es una producción de enorme calidad y digna de citar como imprescindible, pero hay muchas obras maestras, y Breaking Bad no lo ha sido nunca. Parece que con este gran año final se han olvidado de que las primeras temporadas, aunque muy llamativas, distaban de ser perfectas, no digamos ya sobresalientes. Es una falta de perspectiva nada objetiva. Supongo que el tiempo la pondrá en su lugar.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
-> Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)